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    <title><![CDATA[elDiario.es - Palmira Déniz Verona]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/palmira-deniz-verona/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Palmira Déniz Verona]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Cuando llegar no significa estar a salvo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/llegar-no-significa-salvo_132_13450591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/174dc375-c98e-44de-9074-446b708abfac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando llegar no significa estar a salvo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo ocurrido este verano en Ceuta nos obliga a mirar de frente una realidad que no puede reducirse a la gestión de los flujos migratorios. Cuando hablamos de niñas hablamos de infancia, de derechos fundamentales y de protección frente a la violencia. Pero hablamos también de género</p></div><p class="article-text">
        Hay im&aacute;genes que deber&iacute;an interpelarnos m&aacute;s all&aacute; de cualquier debate pol&iacute;tico. Una ni&ntilde;a que llega sola a la frontera sur de Europa es una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Antes de preguntarnos de d&oacute;nde viene, cu&aacute;nto tiempo permanecer&aacute; aqu&iacute; o qu&eacute; Administraci&oacute;n debe hacerse cargo de ella, deber&iacute;amos formular una pregunta mucho m&aacute;s sencilla: <strong>&iquest;qu&eacute; necesita esta ni&ntilde;a para estar a salvo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido este verano en Ceuta nos obliga a mirar de frente una realidad que no puede reducirse a la gesti&oacute;n de los flujos migratorios. Cuando hablamos de ni&ntilde;as hablamos de infancia, de derechos fundamentales y de protecci&oacute;n frente a la violencia. Pero hablamos tambi&eacute;n de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia migratoria no es neutra. Ser ni&ntilde;a, estar sola, carecer de referentes familiares y encontrarse en situaci&oacute;n de vulnerabilidad puede incrementar el riesgo de sufrir violencia sexual, trata, explotaci&oacute;n, desaparici&oacute;n u otras formas de violencia contra las mujeres y las ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aplicar una perspectiva de g&eacute;nero no es una opci&oacute;n ideol&oacute;gica cuando hablamos de protecci&oacute;n de la infancia. Es una exigencia jur&iacute;dica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los hechos conocidos en Ceuta son especialmente graves. Varias menores migrantes no acompa&ntilde;adas han denunciado agresiones sexuales tras su llegada a la ciudad y los &oacute;rganos judiciales investigan algunos de estos hechos. Detr&aacute;s de estas cifras hay ni&ntilde;as con nombre, historia y derechos.
    </p><p class="article-text">
        Y hay algo que no deber&iacute;amos olvidar: <strong>una ni&ntilde;a no deja de ser ni&ntilde;a porque haya cruzado una frontera de manera irregular.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Derecho tampoco puede desaparecer en la frontera.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta del Estado ante una situaci&oacute;n migratoria extraordinaria debe estar sometida a la Constituci&oacute;n, a los tratados internacionales de derechos humanos y a la normativa de protecci&oacute;n de la infancia. El inter&eacute;s superior del menor no es una declaraci&oacute;n ret&oacute;rica. Es un principio jur&iacute;dico que debe orientar cualquier decisi&oacute;n que afecte a una ni&ntilde;a o a un ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Una menor no puede ser tratada como una cifra, un expediente administrativo o un problema de gesti&oacute;n. <strong>Es sujeto de derechos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y esa condici&oacute;n obliga a las instituciones: a identificarla, escucharla, conocer sus circunstancias, detectar posibles situaciones de trata o explotaci&oacute;n y garantizar asistencia jur&iacute;dica, sanitaria y psicol&oacute;gica adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Porque existe una diferencia esencial entre <strong>acoger a una ni&ntilde;a y protegerla</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La protecci&oacute;n no consiste &uacute;nicamente en disponer de una plaza. Consiste en garantizar que sea un espacio seguro, adecuado a sus necesidades y capaz de responder a los riesgos espec&iacute;ficos derivados de su condici&oacute;n de ni&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Canarias tampoco es ajena a esta realidad.
    </p><p class="article-text">
        Las investigaciones conocidas recientemente sobre redes relacionadas con menores migrantes, junto con las situaciones de riesgo y desapariciones que afectan a ni&ntilde;as acogidas en recursos de protecci&oacute;n, deber&iacute;an obligarnos a revisar nuestra idea de lo que significa estar a salvo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Llegar a tierra firme no significa necesariamente haber llegado a un lugar seguro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las redes de trata no siempre necesitan cadenas ni violencia visible. Tambi&eacute;n utilizan la soledad, el miedo, el enga&ntilde;o, la dependencia o la promesa de una vida mejor. Una ni&ntilde;a que no tiene d&oacute;nde dormir, a qui&eacute;n acudir o qui&eacute;n la proteja puede convertirse en un objetivo especialmente vulnerable.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, <strong>la mejor pol&iacute;tica contra la trata comienza antes de que aparezca la explotaci&oacute;n: comienza con la protecci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y proteger exige profesionales formados, protocolos eficaces, coordinaci&oacute;n entre Administraciones y capacidad para detectar tempranamente indicios de violencia, trata y explotaci&oacute;n sexual.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n exige comprender que el silencio puede ser una forma de supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        Una ni&ntilde;a que ha sufrido una agresi&oacute;n puede no denunciar inmediatamente. Puede sentir miedo, verg&uuml;enza o desconfianza. Puede no conocer sus derechos o incluso proteger a quien la est&aacute; da&ntilde;ando. Por eso, la ausencia de una denuncia inmediata no puede confundirse con la ausencia de violencia.
    </p><p class="article-text">
        La justicia con perspectiva de g&eacute;nero exige comprender estos mecanismos y evitar que los estereotipos sobre c&oacute;mo debe comportarse una v&iacute;ctima condicionen su protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la respuesta judicial frente a los casos investigados en Ceuta demuestra tambi&eacute;n que la protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y la investigaci&oacute;n de los delitos deben avanzar juntas. Las medidas dirigidas a evitar la revictimizaci&oacute;n de las menores son esenciales para garantizar una justicia verdaderamente protectora.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco podemos abordar estos hechos desde una l&oacute;gica de criminalizaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Quien comete una agresi&oacute;n sexual debe responder ante la justicia. Quien trata o explota a una menor debe responder ante la justicia. Y una ni&ntilde;a migrante, cualquiera que sea su nacionalidad o situaci&oacute;n administrativa, debe ser protegida por el Estado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una cosa no excluye la otra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las fronteras son necesarias para cualquier Estado, pero tienen l&iacute;mites jur&iacute;dicos. El Estado puede controlar sus fronteras; no puede suspender los derechos fundamentales de quienes se encuentran bajo su jurisdicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando quienes llegan son ni&ntilde;as solas, la obligaci&oacute;n de protecci&oacute;n se intensifica.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; este sea el verdadero debate que deber&iacute;amos mantener. No si debemos elegir entre seguridad y humanidad, sino <strong>qu&eacute; entendemos realmente por seguridad</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad segura no es aquella en la que una ni&ntilde;a consigue atravesar una frontera y despu&eacute;s queda expuesta a nuevos riesgos.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad segura es aquella en la que puede dormir protegida, recibir asistencia jur&iacute;dica, acceder a atenci&oacute;n sanitaria y psicol&oacute;gica, ser escuchada y contar con profesionales capaces de detectar si detr&aacute;s de su silencio existe una historia de violencia o explotaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad segura es aquella en la que <strong>las instituciones llegan antes que las redes; la protecci&oacute;n antes que la explotaci&oacute;n y la prevenci&oacute;n antes que el da&ntilde;o.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ceuta y Canarias nos est&aacute;n colocando ante una obligaci&oacute;n que no podemos eludir.
    </p><p class="article-text">
        No basta con gestionar llegadas. Hay que proteger personas.
    </p><p class="article-text">
        No basta con contabilizar menores. Hay que escuchar ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        No basta con abrir recursos. Hay que garantizar espacios seguros.
    </p><p class="article-text">
        Y no basta con proclamar derechos. Hay que hacerlos efectivos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una ni&ntilde;a llega sola a nuestras fronteras, la pregunta no deber&iacute;a ser &uacute;nicamente qu&eacute; hacemos con ella. La pregunta deber&iacute;a ser <strong>qu&eacute; estamos obligados a hacer por ella</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta est&aacute; en el Derecho, en la protecci&oacute;n de la infancia, en la igualdad y en la prevenci&oacute;n de la violencia contra las mujeres y las ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Una ni&ntilde;a no tiene que demostrar que merece ser protegida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es el Estado quien tiene que demostrar que sabe protegerla.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque la frontera no termina cuando una persona pisa tierra firme. La verdadera prueba comienza despu&eacute;s: cuando tenemos delante a una ni&ntilde;a vulnerable y debemos decidir si nuestras instituciones ser&aacute;n capaces de verla, escucharla y protegerla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ser ni&ntilde;a en la frontera sur no deber&iacute;a significar estar m&aacute;s cerca de la explotaci&oacute;n que de la protecci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Protegerlas no es caridad. No es una opci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es una obligaci&oacute;n jur&iacute;dica. Y tambi&eacute;n una obligaci&oacute;n humana.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Palmira Déniz Verona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/llegar-no-significa-salvo_132_13450591.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Aug 2026 18:01:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el lenguaje jurídico redefine los derechos de las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lenguaje-juridico-redefine-derechos-mujeres_132_13364829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cbc66279-6c9d-415a-95e7-e6d70a73b67f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el lenguaje jurídico redefine los derechos de las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Comunidad de Madrid no puede modificar la legislación estatal sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Tampoco esta ley convierte al concebido en sujeto de derechos fundamentales ni altera la doctrina del Tribunal Constitucional</p></div><p class="article-text">
        Hay leyes que modifican impuestos, otras que crean ayudas p&uacute;blicas y otras que pasan pr&aacute;cticamente desapercibidas. Pero existen normas cuyo verdadero alcance no est&aacute; tanto en lo que regulan como en la forma en que empiezan a nombrar la realidad. Y en Derecho, las palabras importan.
    </p><p class="article-text">
        La reciente <strong>ley aprobada por la Comunidad de Madrid</strong>, que reconoce al concebido no nacido como integrante de la unidad familiar para acceder a determinadas prestaciones administrativas, ha sido presentada como una medida para fomentar la natalidad y apoyar a las familias. Sin embargo, el verdadero debate no est&aacute; en la ayuda econ&oacute;mica, sino en el significado jur&iacute;dico y pol&iacute;tico de ese reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Conviene empezar por una precisi&oacute;n imprescindible. La Comunidad de Madrid no puede modificar la legislaci&oacute;n estatal sobre la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo. Tampoco esta ley convierte al concebido en sujeto de derechos fundamentales ni altera la doctrina del Tribunal Constitucional.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; ha generado tanta controversia?
    </p><p class="article-text">
        Porque el Derecho no cambia &uacute;nicamente cuando se aprueban grandes reformas. Muchas veces cambia antes, cuando modifica las categor&iacute;as con las que interpreta la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, el ordenamiento jur&iacute;dico espa&ntilde;ol hab&iacute;a mantenido un equilibrio delicado. El Tribunal Constitucional ha reconocido que <strong>el </strong><em><strong>nasciturus</strong></em><strong> merece protecci&oacute;n</strong> como bien jur&iacute;dico, pero tambi&eacute;n ha dejado claro que esa protecci&oacute;n no puede situarse por encima de los derechos fundamentales de la mujer gestante. Ese equilibrio ha permitido compatibilizar la protecci&oacute;n de la vida prenatal con la dignidad, la libertad, la integridad f&iacute;sica y moral y la autonom&iacute;a de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        La ley madrile&ntilde;a no rompe formalmente ese marco. Pero introduce una novedad significativa: por primera vez incorpora al concebido como integrante de la unidad familiar para determinados efectos administrativos.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecer un cambio menor. Jur&iacute;dicamente no lo es.
    </p><p class="article-text">
        Las normas no solo crean derechos y obligaciones. Tambi&eacute;n construyen significados. Deciden qui&eacute;n aparece en el centro de la protecci&oacute;n jur&iacute;dica y cu&aacute;les son los intereses que el Estado considera prioritarios.
    </p><p class="article-text">
        Ese componente simb&oacute;lico del Derecho suele pasar desapercibido, pero tiene consecuencias. Porque cuando una categor&iacute;a entra en el lenguaje jur&iacute;dico, deja de ser &uacute;nicamente una idea pol&iacute;tica para convertirse en un concepto susceptible de producir efectos en futuras interpretaciones legislativas y judiciales.
    </p><p class="article-text">
        Desde la perspectiva de g&eacute;nero, esta cuesti&oacute;n adquiere una especial relevancia.
    </p><p class="article-text">
        El embarazo no es una realidad abstracta. Tiene lugar en el cuerpo de una mujer y afecta directamente a su salud, a su autonom&iacute;a y a su proyecto de vida. Por eso, cualquier modificaci&oacute;n del tratamiento jur&iacute;dico del embarazo debe analizarse preguntando c&oacute;mo afecta a la posici&oacute;n de la mujer como titular de derechos fundamentales.
    </p><p class="article-text">
        La ley no establece que los derechos del concebido prevalezcan sobre los de la mujer. Tampoco modifica el r&eacute;gimen legal del aborto. Pero desplaza el foco del discurso jur&iacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, la protecci&oacute;n jur&iacute;dica del embarazo se articulaba principalmente desde la situaci&oacute;n de la mujer gestante. Con esta norma aparece un nuevo sujeto relevante para la actuaci&oacute;n administrativa.
    </p><p class="article-text">
        Ese desplazamiento es, precisamente, el centro del debate.
    </p><p class="article-text">
        No se trata &uacute;nicamente de una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica. Se trata de c&oacute;mo el Derecho define a los sujetos que protege y de qu&eacute; manera esa definici&oacute;n puede influir en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        La historia constitucional demuestra que los grandes cambios rara vez llegan de golpe. Primero cambian los conceptos. Despu&eacute;s evolucionan las interpretaciones. Finalmente se transforman las normas.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa que esta ley vaya a provocar necesariamente una modificaci&oacute;n del modelo constitucional vigente. Afirmarlo ser&iacute;a una conclusi&oacute;n precipitada. Pero tampoco puede ignorarse el contexto pol&iacute;tico en el que se produce.
    </p><p class="article-text">
        En distintas democracias occidentales se observa una tendencia a reforzar jur&iacute;dicamente la protecci&oacute;n del concebido mientras se cuestionan pol&iacute;ticas de igualdad y derechos sexuales y reproductivos. Espa&ntilde;a no es ajena a ese debate.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, reducir esta ley a una simple medida administrativa supone perder de vista la cuesti&oacute;n de fondo.
    </p><p class="article-text">
        La democracia constitucional no consiste &uacute;nicamente en que las mayor&iacute;as aprueben leyes. Tambi&eacute;n exige preservar un marco estable de protecci&oacute;n de los derechos fundamentales para que ninguna alternancia pol&iacute;tica pueda vaciar de contenido las libertades conquistadas.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta relevante, por tanto, no es si esta norma permitir&aacute; acceder antes a una ayuda p&uacute;blica. La verdadera cuesti&oacute;n es qu&eacute; idea de ciudadan&iacute;a y qu&eacute; concepci&oacute;n de la maternidad est&aacute; proyectando el legislador.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el Derecho comienza a reconocer nuevas categor&iacute;as jur&iacute;dicas alrededor del embarazo, resulta leg&iacute;timo preguntarse si ese reconocimiento fortalece los derechos de las mujeres o desplaza progresivamente el centro de la protecci&oacute;n hacia otros intereses.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el debate que merece una democracia madura.
    </p><p class="article-text">
        Porque las leyes nunca hablan solo del presente. Tambi&eacute;n dibujan el futuro hacia el que una sociedad decide avanzar.
    </p><p class="article-text">
        Y, como ha defendido Celia Amor&oacute;s, el feminismo es, ante todo, un proyecto de emancipaci&oacute;n que reclama el reconocimiento de las mujeres como sujeto pol&iacute;tico pleno. Quiz&aacute; esa sea la verdadera pregunta que plantea esta ley: qui&eacute;n ocupa el centro del reconocimiento jur&iacute;dico y desde qu&eacute; idea de ciudadan&iacute;a se construyen nuestros derechos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Palmira Déniz Verona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lenguaje-juridico-redefine-derechos-mujeres_132_13364829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 10:15:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el lenguaje jurídico redefine los derechos de las mujeres]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sombra del retroceso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sombra-retroceso_132_11848401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hoy, 25N, D&iacute;a Internacional de la Eliminaci&oacute;n de la Violencia contra las Mujeres, el panorama pol&iacute;tico global enfrenta una coyuntura inquietante.
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga y te&oacute;rica feminista Rosa Cobo ha reflexionado en un an&aacute;lisis reciente sobre la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del feminismo y los desaf&iacute;os actuales que enfrenta en el contexto de la cuarta ola. En un escenario global marcado por la creciente influencia de la ultraderecha, advierte sobre las amenazas que estos movimientos representan para los derechos de las mujeres y las ni&ntilde;as en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estos movimientos, liderados por figuras como Donald Trump en Estados Unidos, amenaza con desmantelar a&ntilde;os de progreso en justicia social, derechos humanos y protecci&oacute;n del bienestar. Estos movimientos ultraconservadores y populistas en nombre de la &ldquo;libertad de expresi&oacute;n&rdquo; y la &ldquo;soberan&iacute;a nacional&rdquo; han orquestado campa&ntilde;as para debilitar las pol&iacute;ticas de igualdad de g&eacute;nero y desmantelar los marcos legales que buscan proteger a las mujeres contra la violencia y la discriminaci&oacute;n. Ya en su mandato anterior, Donald Trump suprimi&oacute; medidas destinadas a combatir la discriminaci&oacute;n laboral, la brecha salarial, el acoso sexual en el trabajo y el abuso sexual en la escuela y la universidad, as&iacute; como el derecho al aborto. La defensa de los derechos de las mujeres se enfrenta a una ofensiva que amenaza con erosionar las bases mismas de la democracia, de las instituciones de derechos humanos y los logros de los movimientos sociales.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La sombra del retroceso en derechos</strong></h2><p class="article-text">
        El feminismo, en su historia de resistencia, transformaci&oacute;n y emancipaci&oacute;n, ha pasado por diversas etapas hist&oacute;ricas, cada una de ellas enfrentando desaf&iacute;os espec&iacute;ficos:&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con la primera Ola en el&nbsp; siglo XIX y principios del XX, donde la lucha en superar los obst&aacute;culos de <em><strong>iure</strong></em>, los derechos civiles y pol&iacute;ticos, como el voto y la participaci&oacute;n de las mujeres en la vida p&uacute;blica, los derechos de propiedad&hellip; marco el comienzo de una nueva etapa para las mujeres.&nbsp; En una segunda Ola, desde los a&ntilde;os 60 hasta finales de los 80, centrada en la desigualdad no-oficial, de <em><strong>facto</strong></em>, donde se aborda la igualdad de g&eacute;nero en el &aacute;mbito laboral, la autonom&iacute;a sexual y reproductiva, derecho al aborto y la denuncia de la violencia g&eacute;nero. Y es en la tercera Ola, d&eacute;cadas de 1990 a 2000, en pleno nuevo orden mundial neoliberal y conservador, surge el feminismo posmoderno, que camina hacia un feminismo del punto medio, nueva teor&iacute;a ecofeminista, ciberfeminismos y la eor&iacute;a queer, una filosof&iacute;a de la sospecha, desde donde se incorpora una perspectiva interseccional, sumando a la lucha feminista la denuncia de otras opresiones como el racismo, la homofobia y la discriminaci&oacute;n econ&oacute;mica. Desde 2010 hasta nuestros d&iacute;as, nos encontramos en la cuarta ola, caracteriz&aacute;ndose por su alcance global y digital, dando voz a mujeres de todo el mundo a trav&eacute;s de movimientos como #MeToo y Ni una Menos. Esta ola ha intensificado la lucha contra la violencia de g&eacute;nero, y con mayor claridad, la violencia sexual, mientras que aboga por una justicia social inclusiva.
    </p><p class="article-text">
        Es en este momento donde los desaf&iacute;os y retrocesos pol&iacute;tico hacen que esta cuarta ola de avances feministas se enfrente a un panorama complejo, en la ret&oacute;rica de l&iacute;deres de ultraderecha que ha buscado sistem&aacute;ticamente socavar la agenda de derechos de las mujeres. Para muchos de estos l&iacute;deres, el feminismo, la justicia social y las pol&iacute;ticas de inclusi&oacute;n han sido se&ntilde;alados como enemigos del &ldquo;orden tradicional&rdquo; o de una identidad nacional conservadora. No es coincidencia que uno de los primeros puntos de su agenda sea revertir las pol&iacute;ticas de igualdad. Estos l&iacute;deres han apoyado medidas que limitan el acceso a servicios esenciales para las mujeres, como la salud reproductiva, y han intentado, en numerosos casos, reducir los fondos destinados a la prevenci&oacute;n de la violencia de g&eacute;nero y desmantelar servicios de atenci&oacute;n y reparaci&oacute;n a mujeres v&iacute;ctimas de esta lacra.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Desmantelamiento del Estado de bienestar: El impacto en las mujeres</strong></h2><p class="article-text">
        El impacto de estas pol&iacute;ticas va m&aacute;s all&aacute; de la esfera individual y afecta a los cimientos de las sociedades democr&aacute;ticas. El Estado de bienestar, que brinda redes de seguridad y servicios b&aacute;sicos como salud, educaci&oacute;n y vivienda, se encuentra bajo ataque por estos movimientos. La reducci&oacute;n de programas sociales y el desmantelamiento de estructuras de apoyo afectan particularmente a las mujeres, quienes hist&oacute;ricamente han dependido m&aacute;s de estas redes por su posici&oacute;n de desventaja en el mercado laboral y la carga de trabajo no remunerado que soportan, totalmente cuantificada en el PIB de los pa&iacute;ses, en el apartado &ldquo;cuentas sat&eacute;lites&rdquo;. <em>La contabilidad sat&eacute;lite es en esencia un esquema anal&iacute;tico-funcional que permite estructurar mediciones f&iacute;sicas y monetarias de entidades espec&iacute;ficas con car&aacute;cter social, econ&oacute;mico o ambiental, vinculadas a procesos que resultan de fundamental relevancia para el bienestar y el desarrollo de los sectores institucionales de un pa&iacute;s: instituciones sin fines de lucro, y el sector de los hogares.</em>
    </p><p class="article-text">
        Los recortes en programas sociales tambi&eacute;n tienen un impacto directo en la capacidad de muchas mujeres para escapar de situaciones de violencia.&nbsp; Los servicios de apoyo a las v&iacute;ctimas, y las l&iacute;neas de ayuda, son esenciales en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero. Al debilitar estos programas, los gobiernos de ultraderecha est&aacute;n limitando gravemente las opciones de las mujeres que buscan protegerse y reconstruir sus vidas lejos de sus agresores.
    </p><p class="article-text">
        La instrumentalizaci&oacute;n de las mujeres en pol&iacute;ticas ultraliberales, que priorizan los intereses del mercado, podr&iacute;a exacerbar la explotaci&oacute;n y precarizaci&oacute;n laboral en sectores donde ellas ya enfrentan mayores desventajas.
    </p><p class="article-text">
        El peligro para la democracia y la justicia social
    </p><p class="article-text">
        La lucha contra la violencia de g&eacute;nero es tambi&eacute;n una lucha por la democracia. La igualdad y el respeto a los derechos humanos son pilares fundamentales de las sociedades democr&aacute;ticas, y su debilitamiento supone una amenaza para todos los ciudadanos. La violencia de g&eacute;nero y el menosprecio por las pol&iacute;ticas de igualdad reflejan una visi&oacute;n del mundo que legitima la discriminaci&oacute;n y el autoritarismo, y que busca eliminar cualquier resistencia al poder de los l&iacute;deres autoritarios.
    </p><p class="article-text">
        Este 25 de noviembre se llevar&aacute; a cabo en un contexto en el que millones de mujeres alrededor del mundo se ven no solo en riesgo de violencia, sino de una marginaci&oacute;n y vulnerabilidad profundizadas por estas pol&iacute;ticas. Las acciones de gobiernos ultraconservadores amenazan con borrar d&eacute;cadas de lucha y conquistas en favor de los derechos de las mujeres. En este sentido, el llamado a la movilizaci&oacute;n social es urgente. Organizaciones, activistas y ciudadanos en general tienen la responsabilidad de hacer valer la importancia de la igualdad, la justicia y la protecci&oacute;n de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        El D&iacute;a Internacional de la Eliminaci&oacute;n de la Violencia contra las Mujeres no puede quedarse en una conmemoraci&oacute;n simb&oacute;lica. La creciente influencia de las pol&iacute;ticas regresivas plantea el reto de defender los logros alcanzados y seguir trabajando en favor de un futuro en el que la igualdad de g&eacute;nero sea una realidad. Este 25 de noviembre, el mundo debe hacer un llamado colectivo para recordar que los derechos humanos son innegociables y que cualquier intento de socavarlos constituye una amenaza para la democracia y la dignidad humana.
    </p><p class="article-text">
        La violencia contra las mujeres es, en &uacute;ltima instancia, una manifestaci&oacute;n del deseo de dominaci&oacute;n y control. Las pol&iacute;ticas neoliberales no solo atacan a las mujeres, sino tambi&eacute;n a la base misma de sociedades democr&aacute;ticas y justas.
    </p><p class="article-text">
        La resistencia activa y el compromiso social son las &uacute;nicas armas para asegurar que este 25 de noviembre sea una oportunidad para reafirmar un compromiso global en defensa de la vida y la dignidad de las mujeres. No es un &ldquo;asunto de mujeres&rdquo;, sino un compromiso com&uacute;n de la humanidad por su propio futuro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        #25NoalaViolenciacontralasmujeres
    </p><p class="article-text">
        #LeycontralaTrata
    </p><p class="article-text">
        #Leyabolicionista
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Palmira Déniz Verona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sombra-retroceso_132_11848401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Nov 2024 09:15:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La sombra del retroceso]]></media:title>
    </item>
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