<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Daniel Soufi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/daniel-soufi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Daniel Soufi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1052676/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Del cigarrillo al gimnasio: la reinvención del artista maldito en la era del bienestar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cigarrillo-gimnasio-reinvencion-artista-maldito-bienestar_1_12859701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2d1fad8-3175-4a83-89c6-11c1e449a20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del cigarrillo al gimnasio: la reinvención del artista maldito en la era del bienestar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La figura del creador atormentado, marginal, autodestructivo, que durante décadas ha fascinado al público, se ha desdibujado en una era obsesionada con la salud</p><p class="subtitle">Guillermo Carazo rinde el mejor homenaje a su abuela Facunda con un fotolibro sobre su alzhéimer

</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente a los malditos se les ve con mejor color. Como si alguien les hubiera obligado a pasear al sol o a hacer yoga a las siete de la ma&ntilde;ana. La figura del artista atormentado, marginal, autodestructivo, que durante d&eacute;cadas ha fascinado al p&uacute;blico, se ha desdibujado en una era obsesionada con el bienestar, en la que la salud emocional y f&iacute;sica son prioridad. La gente quiere vivir m&aacute;s y mejor. Y eso, qued&aacute;ndose toda la noche escribiendo poemas en la esquina oscura de un bar, entre <em>roncolas </em>y humo de tabaco, suele ser complicado.
    </p><p class="article-text">
        Hasta <a href="https://www.eldiario.es/cultura/lana-del-rey-mito-pop-revienta-yugo-exigencia-autenticidad_1_9743938.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lana del Rey</a> se ha pasado al vaper. Pero no es la &uacute;nica. El a&ntilde;o pasado, antes de aparecer vestida de monja en la portada de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/pobre-casta-obediente-rosalia-quita-habito-mainstream-lux_129_12743887.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lux</em></a>, Rosal&iacute;a dijo en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/rosalia-pone-sentimental-omega-nueva-cancion-ralphie-choo_1_11679952.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Omega</em></a>, su canci&oacute;n con Ralphie Choo: &ldquo;Ya no bebo, ya no fumo, no consumo y lo presumo&rdquo;. Se ha terminado fardar de fumar muchos porros o meterse rayas de coca&iacute;na &ldquo;como la M-30&rdquo;. Los borrachos dan pereza. El orgullo es abstemio. Si alguien quiere alardear de algo mejor hacerlo de los d&iacute;as seguidos sin fallar en el <em>gym </em>o de haber sacado un 90 sobre 100 en la app Sleep Cycle. Incluso Fernando G&aacute;lvez, AKA <a href="https://www.eldiario.es/cultura/yung-beef-condenado-pagar-35-000-euros-trabajador-despido-improcedente_1_9629369.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Yung Beef</a>, maldito entre los malditos, ingres&oacute; en una cl&iacute;nica de desintoxicaci&oacute;n el a&ntilde;o pasado para dejar la mala vida. &ldquo;Acab&eacute; conectando con mi ni&ntilde;o interior&rdquo;, dijo quien ha sido el gran pionero del trap en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los s&iacute;ntomas del giro del malditismo hacia la cultura del <em>wellness </em>es c&oacute;mo ha cambiado el mito del vampiro. El personaje naci&oacute; con Polidori, m&eacute;dico italiano que acompa&ntilde;&oacute; a los Shelley y a Lord Byron en aquel c&eacute;lebre verano narrado por Gonzalo Su&aacute;rez en <em>Remando al viento </em>(1988). De ese juego literario surgieron <em>Frankenstein </em>y tambi&eacute;n<em> El vampiro</em>, cuyo protagonista estaba inspirado en el propio Byron: seductor, hedonista, entregado al exceso. Un maldito en toda regla. M&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, tras innumerables adaptaciones, el vampiro de nuestra &eacute;poca es Bryan Johnson, el multimillonario que quiere vivir 150 a&ntilde;os, cena a las once y media de la ma&ntilde;ana y presume de beber la sangre de su hijo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-XyTk7qJN23A-8375', 'youtube', 'XyTk7qJN23A', document.getElementById('yt-XyTk7qJN23A-8375'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-XyTk7qJN23A-8375 src="https://www.youtube.com/embed/XyTk7qJN23A?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        La industria global del bienestar alcanz&oacute; una valoraci&oacute;n de 6,32 billones de d&oacute;lares en 2023, seg&uacute;n el Global Wellness Institute. Es un aumento del 26% respecto a 2019. Al mismo tiempo, todo un ecosistema econ&oacute;mico, cultural y m&eacute;dico se ha articulado en torno a la promesa de vivir m&aacute;s tiempo. El nuevo estatus socioecon&oacute;mico es la juventud y la longevidad. En 2024 se publicaron casi 6.000 <em>papers</em> sobre longevidad en PubMed, cinco veces m&aacute;s que hace dos d&eacute;cadas. El Financial Times contaba que, en los centros financieros de Londres y Nueva York, ha dejado de presumirse de agendas imposibles o millas a&eacute;reas: ahora el orgullo pasa por las ocho horas de sue&ntilde;o registradas por un anillo Oura o por los minutos resistidos en una sesi&oacute;n de crioterapia.
    </p><h2 class="article-text">Los artistas malditos</h2><p class="article-text">
        Esta tendencia va en contra de uno de los rasgos que define a los artistas malditos: la brevedad de sus vidas. El caso m&aacute;s evidente es el c&eacute;lebre <em>Club de los 27</em>, integrado por m&uacute;sicos que murieron de forma prematura &mdash;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/jimi-hendrix-showman-tocaba-guitarra-dientes_1_8609076.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jimi Hendrix</a>, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse&mdash; convertidos con el tiempo en parte imprescindible de la mitolog&iacute;a del malditismo. Hay quienes ni siquiera encajan en ese supuesto canon porque se fueron antes, como Ian Curtis, el l&iacute;der de Joy Division, que muri&oacute; con 23 a&ntilde;os. O Isidore Ducasse, el Conde de Lautr&eacute;amont, poeta autor de <em>Los cantos de Maldoror </em>(1869)<em>, </em>admirado por el grupo de surrealistas de Andr&eacute; Breton, que falleci&oacute; a los 24.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1037624.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1037624.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1037624.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1037624.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037624.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037624.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037624.jpg"
                    alt="Jimi Hendrix durante un concierto en Estocolmo en 1967"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jimi Hendrix durante un concierto en Estocolmo en 1967                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El culto al malditismo viene de lejos. Siempre ha habido personajes dispuestos a autodestruirse, y seguramente siempre se haya encontrado algo fascinante en ellos. El primero en ponerle nombre a esta estirpe de artistas fue el poeta franc&eacute;s Paul Verlaine, en su libro <em>Los poetas malditos</em> (1884). En &eacute;l, analizaba la figura de varios autores franceses entre los que se encontraban Stephane Mallarm&eacute; o Arthur Rimbaud, examante del propio Verlaine, y por entonces ya retirado de la poes&iacute;a. Franciso Umbral escribi&oacute; un ensayo &mdash;brillante en su atrevimiento&mdash; en el que retrataba a Federico Garc&iacute;a Lorca como un poeta maldito. Ah&iacute; da una definici&oacute;n muy precisa de este g&eacute;nero de artistas: &ldquo;Un desarraigado, un desclasado, un ser que sufre complejo de autodestrucci&oacute;n y que hace de ese complejo y esa autodestrucci&oacute;n su obra de arte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al p&uacute;blico burgu&eacute;s, todav&iacute;a con un poso rom&aacute;ntico en las venas, le gustan las historias de descarriados: bohemios bebedores, genios rotos por su propio talento. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/segundo-premio-fiel-planetas-planetas-2024_129_11388497.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Segundo premio</em></a> (2024), de Isaki Lacuesta, reconstruye el universo de Los Planetas, un grupo cuya trayectoria real est&aacute; marcada por adicciones, conflictos internos y autodestrucci&oacute;n. Fernando Navarro, coguionista del filme, explica por tel&eacute;fono que lo que verdaderamente se romantiza en un personaje maldito son los restos de ternura que a&uacute;n conserva. &ldquo;Si es un autodestructivo narcisista que se comporta como un imb&eacute;cil, el espectador lo percibir&aacute; exactamente as&iacute;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1095723.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1095723.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1095723.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1095723.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1095723.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1095723.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/684b4f1b-bf74-4d8b-a17b-532fa98fcbd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1095723.jpg"
                    alt="El grupo que protagoniza &#039;Segundo premio&#039;, de Isaki Lacuesta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El grupo que protagoniza &#039;Segundo premio&#039;, de Isaki Lacuesta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sugiere Navarro que el malditismo, para que exista, siempre ha de venir de fuera. No se puede ser maldito por elecci&oacute;n, ni por marketing. &ldquo;Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio&rdquo;, dec&iacute;a Lorca. &ldquo;El malditismo no deja de ser un disfraz bajo el que se oculta alguien con una herida&rdquo;, a&ntilde;ade el guionista. Y sostiene que esa figura hoy vende menos que nunca. &ldquo;Ahora todos quieren ser su propia empresa. Hay una sensaci&oacute;n de que el capitalismo lo ha ocupado todo: la imagen, la autopromoci&oacute;n en redes, la cultura del cuidado y la salud. Hay artistas que hablan como si fueran delegados del Gobierno. Ese autocuidado no s&eacute; si es igual de m&aacute;scara que el malditismo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La romantizaci&oacute;n de la locura</h2><p class="article-text">
        Antes de <em>Los Planetas</em> estuvo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ultimo-arrebato-documental-analiza-enigma-ivan-zulueta-traves-super-8-amigos-juventud_1_12802720.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Arrebato</em></a><em> </em>(1979), la &uacute;ltima pel&iacute;cula de Iv&aacute;n Zulueta, un director convertido en figura maldita en parte por su adicci&oacute;n a la hero&iacute;na. Es una obra misteriosa, incomprendida en su estreno y que el tiempo ha rescatado hasta el punto de que El Pa&iacute;s la nombr&oacute; recientemente la mejor pel&iacute;cula espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os. Pero quiz&aacute; el caso m&aacute;s paradigm&aacute;tico sea el de Leopoldo Mar&iacute;a Panero, hijo del poeta Leopoldo Panero y uno de los protagonistas de <em>El desencanto</em> (Jaime Ch&aacute;varri, 1976). Pas&oacute; m&aacute;s de treinta a&ntilde;os internado en un psiqui&aacute;trico. Aunque uno de sus bi&oacute;grafos, Benito Fern&aacute;ndez, asegur&oacute; que en realidad estaba cuerdo, el propio Panero escribi&oacute; en un verso: &ldquo;La locura fue mi Beatriz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta romantizaci&oacute;n de la locura choca de frente con la fuerte sensibilizaci&oacute;n actual en torno a la salud mental. Durante d&eacute;cadas, el sufrimiento y la autodestrucci&oacute;n se leyeron casi como s&iacute;ntomas de genialidad. Pero en una generaci&oacute;n que ha llegado a la adultez acompa&ntilde;ada por psic&oacute;logos, mediaci&oacute;n y un abanico de diagn&oacute;sticos, ese mito ha ido perdiendo fuerza. Rosana Corbacho, psic&oacute;loga especializada en artistas musicales, celebra que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se hable con naturalidad de los problemas de salud mental en la m&uacute;sica, sin recurrir al morbo. &ldquo;Hay una conexi&oacute;n natural entre salud mental y artistas porque muchos vienen de un pasado traum&aacute;tico y han utilizado la m&uacute;sica para canalizar esos sentimientos&rdquo;, explica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1119367.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1119367.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1119367.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1119367.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119367.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119367.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d1766b82-e806-4b87-900a-c160919ae357_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119367.jpg"
                    alt="Iván Zulueta en los decorados cinematográficos aportados por Samuel Bronston para el pabellón español de la Feria Mundial de Nueva York de 1964"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Iván Zulueta en los decorados cinematográficos aportados por Samuel Bronston para el pabellón español de la Feria Mundial de Nueva York de 1964                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El problema, advierte Corbacho, es que un artista no puede depender de sus traumas ni de sus heridas personales para sostener una carrera. Si muchos lo hacen es, en parte, porque persiste el t&oacute;pico del creador atormentado. &ldquo;En el proceso creativo puede servirte para un momento puntual de inspiraci&oacute;n, pero para desarrollar un trabajo sostenido es mejor estar sereno y en buenas condiciones mentales&rdquo;. Lo mismo ocurre con el consumo de sustancias: &ldquo;El problema aparece cuando se asocia la creatividad con los estupefacientes y se construye la falsa idea de &lsquo;yo solo puedo componer si estoy ciego&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os tambi&eacute;n ha cambiado la relaci&oacute;n entre drogas y creatividad. Durante d&eacute;cadas existi&oacute; una asociaci&oacute;n casi autom&aacute;tica entre el consumo de sustancias y la inspiraci&oacute;n art&iacute;stica: ah&iacute; est&aacute;n los experimentos de la generaci&oacute;n Beat &mdash;Burroughs, Kerouac, Ginsberg&mdash; o, m&aacute;s atr&aacute;s, la enso&ntilde;aci&oacute;n opi&aacute;cea con la que Coleridge escribi&oacute; Kubla Khan. Esa idea de que la genialidad exig&iacute;a atravesar zonas oscuras, peligrosas o directamente autodestructivas ha sido sustituida por la era de la microdosis. Inspirados por los gur&uacute;s y multimillonarios de Silicon Valley, muchos creadores buscan hoy la chispa sin destrozarse el cuerpo: producir el destello sin pagar la resaca. Una inspiraci&oacute;n calibrada e higi&eacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Las tendencias cambian. Lo que antes parec&iacute;a revolucionario hoy suena antiguo. Dante Spinetta, hijo del m&iacute;tico m&uacute;sico argentino Luis Alberto Spinetta, lo resume en su camerino antes de un concierto: lo m&aacute;s subversivo ahora es no drogarse. &ldquo;Yo crec&iacute; en un ambiente de rock and roll y vi a gente perderlo todo por la droga. Yo ya dije desde chico: &lsquo;En esta mierda no me meto&rsquo;. No necesitas cosas externas para poder <em>flashear </em>y tener ideas y alcanzar esa psicodelia tambi&eacute;n&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Lo inaceptable de lo maldito</h2><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han activado mecanismos muy visibles para denunciar comportamientos inapropiados o inaceptables. Muchas figuras malditas, tan fascinantes desde fuera, resultan moralmente inestables o directamente da&ntilde;inas para quienes las rodean. Fernando Savater sosten&iacute;a que, en la vida real, &ldquo;los malditos suelen ser inaguantables&rdquo;. Benito Fern&aacute;ndez, bi&oacute;grafo de Panero, coincide. En sus encuentros con el poeta, confiesa, esperaba casi con alivio la hora de devolverlo al manicomio. Ah&iacute; est&aacute; Bukowski &mdash;dif&iacute;cil de admirar tras verlo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=d_WAcoiALAU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pegar</a> a su mujer en directo&mdash; o el caso m&aacute;s reciente de Cecilio G., cuyos v&iacute;deos, consumido por la droga y detenido una y otra vez, muestran el reverso menos rom&aacute;ntico de lo que antes se le&iacute;a como rebeld&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por mucho que guste ver a estos personajes rehabilitados, lo cierto es que ni ellos mismos terminan de creerse eso de comer verduras y levantarse pronto para ver la luz del d&iacute;a. En una de las <a href="https://www.youtube.com/watch?v=lyxG8KcTvj8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevistas</a> que S&aacute;nchez Drag&oacute; le hizo a Joaqu&iacute;n Sabina, el cantante apareci&oacute; rejuvenecido, con buen color y la mirada despejada. Lo hab&iacute;a dejado todo despu&eacute;s de un serio percance de salud. El presentador celebr&oacute; su buen estado, pero Sabina, aun consciente de que es lo que le toca, lo dej&oacute; claro: &ldquo;Lo cambiar&iacute;a todo por un cigarrillo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cigarrillo-gimnasio-reinvencion-artista-maldito-bienestar_1_12859701.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Dec 2025 21:29:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e2d1fad8-3175-4a83-89c6-11c1e449a20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1142756" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e2d1fad8-3175-4a83-89c6-11c1e449a20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1142756" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Del cigarrillo al gimnasio: la reinvención del artista maldito en la era del bienestar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e2d1fad8-3175-4a83-89c6-11c1e449a20c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artistas,Amy Winehouse,Música,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿En qué momento se ha convertido en normal compartir la geolocalización?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/momento-convertido-normal-compartir-geolocalizacion_1_12704036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/505cfcf6-d87c-408a-879e-25971c4b3eb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿En qué momento se ha convertido en normal compartir la geolocalización?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez más jóvenes comparten su ubicación permanente, un hábito cotidiano que redefine los límites de la intimidad</p><p class="subtitle">“Te dicen que eres malo constantemente”: así viven las personas narcisistas</p></div><p class="article-text">
        Estudiar d&iacute;a a d&iacute;a y no dejarlo todo para el final, guardar todos los meses algo de dinero para la cuenta de ahorro, o acordarse realmente de mandar <em>ese</em> mensaje para confirmar que has llegado a casa despu&eacute;s de salir por la noche son cosas al alcance de pocas y muy concretas personas. Para esta &uacute;ltima, la de avisar que hemos llegado sanos y salvos, se ha inventado un remedio tecnol&oacute;gico: el env&iacute;o de la geolocalizaci&oacute;n permanente, una pr&aacute;ctica que se ha extendido gracias a la nueva concepci&oacute;n de la intimidad que tienen los j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Todo el mundo ha mandado alguna vez la ubicaci&oacute;n por WhatsApp. Pero esto es distinto. La ubicaci&oacute;n se queda de manera permanente. Una <a href="https://civicscience.com/how-location-sharing-is-shaping-connectivity-among-americans/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a> de CivicScience muestra que el 65% de los j&oacute;venes de la generaci&oacute;n Z comparte su ubicaci&oacute;n con al menos una persona. Por su parte, un <a href="https://www.life360.com/en-eu/blog/gen-z-location-sharing-study" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> elaborado por Life360 &mdash;una empresa con m&aacute;s de 50 millones de usuarios que permite compartir geolocalizaci&oacute;n&mdash;, revela que el 94% de los j&oacute;venes considera que compartir su ubicaci&oacute;n tiene un efecto positivo en su vida. Esta <em>app</em> no es la &uacute;nica forma de compartir ubicaci&oacute;n. Los usuarios de iPhone, por ejemplo, pueden utilizar una aplicaci&oacute;n que en Espa&ntilde;a se llama &ldquo;Buscar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres, m&aacute;s expuestas a los peligros de <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/calle-noche-todavia_1_4131268.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">volver solas a casa</a> por la noche, encuentran en esta herramienta una forma de sentirse protegidas sin tener que esperar a que la amiga se acuerde de mandar el mensaje al llegar. As&iacute; le ocurri&oacute; a Carmen, periodista, que se fue sola a hacer el Camino de Santiago: &ldquo;Mi mejor amiga me dijo que activara la funci&oacute;n de localizaci&oacute;n del iPhone para poder seguirme. Si dejaba de ver movimiento, me escrib&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otras lo tienen ya completamente interiorizado en sus vidas. Elena, una dise&ntilde;adora de 25 a&ntilde;os, comparte su ubicaci&oacute;n con sus amigas del pueblo y con las del barrio. Lo utiliz&oacute; por primera vez en un viaje, para encontrarse cuando el grupo se divid&iacute;a. &ldquo;Era &uacute;til para la t&iacute;pica situaci&oacute;n de salir de fiesta y que alguna quisiera volver antes&rdquo;, explica. Suele consultarla casi siempre que regresa a casa tras una noche de fiesta, para asegurarse de que sus amigas han llegado bien. Tambi&eacute;n cuando viaja. Este verano, por ejemplo, se fue de Interrail y consiguieron incluso que el grupo de chicos que las acompa&ntilde;aba activara la funci&oacute;n en sus m&oacute;viles. &ldquo;Cost&oacute; un poco, y creo que se la pusieron porque iban un poco borrachos&rdquo;, bromea.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, Elena reconoce que muchas veces esta herramienta sirve para &ldquo;cotillear&rdquo; lo que hacen otras amigas. En una ocasi&oacute;n, se enteraron a trav&eacute;s de la geolocalizaci&oacute;n de que una de ellas hab&iacute;a vuelto con su ex. &ldquo;Vimos que el ex hab&iacute;a subido una &lsquo;storie&rsquo; desde Aranjuez, y nos pareci&oacute; raro que estuviese all&iacute; solo. Nos metimos en la aplicaci&oacute;n y vimos que, efectivamente, nuestra amiga tambi&eacute;n estaba en ese pueblo. Ella nos hab&iacute;a dicho que se quedaba en Madrid&rdquo;. Admite que es un poco peligroso, porque dificulta la mentira, aunque a ella no le preocupa demasiado perder cierta intimidad: &ldquo;Como lo tengo solo con mis amigas m&aacute;s cercanas, me da un poco igual&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como lo tengo solo con mis amigas más cercanas, me da un poco igual [perder cierta intimidad]

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elena</span>
                                        <span>—</span> diseñadora, 25 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Patricia G&oacute;mez, investigadora del &aacute;rea de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Santiago de Compostela, reconoce que este tipo de aplicaciones puede ser &uacute;til en situaciones puntuales, pero en el momento en el que es permanente &ldquo;la privacidad se muestra comprometida&rdquo;. Lo que han observado, sin embargo, es que los j&oacute;venes no lo perciben as&iacute;, no lo sienten como una invasi&oacute;n de la intimidad. Una de las razones, explica, es que la costumbre de compartir la geolocalizaci&oacute;n a menudo nace en casa, a petici&oacute;n de los propios padres, como una forma de asegurarse de que sus hijos est&aacute;n protegidos.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de Marina, de 27 a&ntilde;os, que comparte su ubicaci&oacute;n con un grupo de amigas. La costumbre empez&oacute; por su padre, que le pon&iacute;a como condici&oacute;n estar geolocalizada para poder hacer determinadas cosas. &ldquo;Me tuvo geolocalizada hasta muy tarde, hasta el punto de que pas&eacute; muy poco tiempo sin estarlo. Cuando me hice mayor, ya no le ment&iacute;a a mi padre y prefer&iacute;a seguir as&iacute;. A mi hermano peque&ntilde;o tambi&eacute;n lo tiene geolocalizado: es una regla para que est&eacute; m&aacute;s tranquilo. Lo que aprend&iacute; es que tienes que ser m&aacute;s creativa con las mentiras&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Este hábito hace que les resulte más difícil distinguir entre control y amor, o entre control y amistad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Patricia Gómez</span>
                                        <span>—</span> investigadora del área de Ciencias del Comportamiento de la USC
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        G&oacute;mez se&ntilde;ala que pedir la geolocalizaci&oacute;n a los hijos puede llevar a confundir la protecci&oacute;n con la sobreprotecci&oacute;n. &ldquo;Sabemos que, a largo plazo, la sobreprotecci&oacute;n los deja m&aacute;s indefensos: no les ayuda a madurar ni a desarrollar autonom&iacute;a&rdquo;, explica. &ldquo;Adem&aacute;s, este h&aacute;bito hace que les resulte m&aacute;s dif&iacute;cil distinguir entre control y amor, o entre control y amistad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Natalia Franco, psic&oacute;loga del centro &Aacute;rea Humana, confirma que cada vez m&aacute;s j&oacute;venes llegan a su consulta con ansiedad derivada del hecho de compartir su ubicaci&oacute;n, ya sea <a href="https://www.eldiario.es/era/si-apago-novia-igual-piensa-enganando-auge-parejas-comparten-localizacion-movil_1_12520551.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con sus parejas</a> o con amigas. &ldquo;Lo vemos mucho en parejas j&oacute;venes: se medio obliga a la otra persona a decir d&oacute;nde est&aacute; como acto de confianza, pero en realidad funciona como una herramienta de control. Lo que tratamos de ense&ntilde;ar es que no es, en absoluto, un gesto de amor, sino algo que genera malestar emocional, tanto en las relaciones de pareja como entre amigos o familiares&rdquo;. Franco explica que este tipo de funciones son potencialmente peligrosas en personas con falta de confianza o apego ansioso. &ldquo;A veces este tipo de sinceridad puede ser patol&oacute;gica o excesiva&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un <a href="https://embedded.substack.com/p/the-new-tiktok-surveillance-state?s=r" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">post</a> de su <em>newsletter</em> Embedded, la periodista Kate Lindsay advert&iacute;a de la llegada de la era de la hipervigilancia, impulsada por redes como TikTok, en la que cualquiera corre el riesgo constante de ser &ldquo;cazado&rdquo; &mdash;como la famosa pareja grabada en un concierto de Coldplay&mdash; haciendo o diciendo algo socialmente inconveniente. Una din&aacute;mica que recuerda al universo planteado por George Orwell en <em>1984</em>, donde el Gran Hermano lo observa todo. Por eso, este tipo de tecnolog&iacute;a les genera rechazo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo vemos mucho en parejas jóvenes: se medio obliga a la otra persona a decir dónde está como acto de confianza, pero en realidad funciona como una herramienta de control</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Natalia Franco</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Luc&iacute;a, de 29 a&ntilde;os, es una de las pocas de su grupo que no comparte su ubicaci&oacute;n con las dem&aacute;s. &ldquo;Me parece terrible. Mis amigas lo hacen por la gracia, para cuando viajan poder ver en qu&eacute; punto est&aacute; cada una. A m&iacute; me resulta agobiante, me genera ansiedad pensar que alguien pueda saber d&oacute;nde estoy en cada momento&rdquo;. De hecho, el otro d&iacute;a una amiga le propuso activar tambi&eacute;n la funci&oacute;n de compartir el calendario, para que as&iacute; fuera m&aacute;s f&aacute;cil encontrar el d&iacute;a que mejor les viniera para quedar. &ldquo;Le dije: ni por encima de mi cad&aacute;ver&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cristina, de 27 a&ntilde;os, vive desde hace tres en M&eacute;xico, en una regi&oacute;n con altos niveles de delincuencia, y aun as&iacute; se niega a utilizar este tipo de tecnolog&iacute;as, pese a que varias amigas se lo han recomendado. &ldquo;A m&iacute;, la verdad, me da m&aacute;s miedo que existan tecnolog&iacute;as y personas que sepan lo que est&aacute;s haciendo y con qui&eacute;n est&aacute;s en cada momento que los criminales&rdquo;, dice. Y a&ntilde;ade que en estas aplicaciones ve el potencial de un uso t&oacute;xico, tanto en parejas como entre padres e hijos o incluso entre amigas: &ldquo;Es una forma de controlarnos a nosotros mismos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me resulta agobiante, me genera ansiedad pensar que alguien pueda saber dónde estoy en cada momento</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lucía</span>
                                        <span>—</span> 29 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Franco recomienda que, m&aacute;s que prohibir, se eduque a los j&oacute;venes en el uso adecuado de las nuevas tecnolog&iacute;as. Al mismo tiempo, se observa una corriente de j&oacute;venes que intentan <a href="https://www.eldiario.es/era/odio-el-telefono/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">moderar la presencia digital</a> en sus vidas, a trav&eacute;s de <a href="https://www.eldiario.es/era/vez-gente-paga-planes-telefono-movil-primer-dia-sientes-falta-brazo_1_12337549.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espacios libres de m&oacute;viles</a>, encuentros de desintoxicaci&oacute;n tecnol&oacute;gica o el ejemplo de <em>celebrities</em> como Ed Sheeran, que ha reconocido haber dejado el tel&eacute;fono m&oacute;vil. Abandonar la red, recuperar la intimidad, puede tener un sencillo objetivo de fondo que el escritor Enrique Vila Matas expres&oacute; de manera brillante cuando, en <em>Doctor Pasavento</em>, le preguntan al protagonista de d&oacute;nde viene su obsesi&oacute;n por desaparecer.&nbsp;&ldquo;Ignoro de d&oacute;nde viene, pero sospecho que, parad&oacute;jicamente, toda esa pasi&oacute;n por desaparecer, todas esas tentativas, llam&eacute;moslas suicidas, son a su vez intentos de afirmaci&oacute;n de mi yo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/momento-convertido-normal-compartir-geolocalizacion_1_12704036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Oct 2025 19:54:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/505cfcf6-d87c-408a-879e-25971c4b3eb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="497064" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/505cfcf6-d87c-408a-879e-25971c4b3eb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="497064" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿En qué momento se ha convertido en normal compartir la geolocalización?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/505cfcf6-d87c-408a-879e-25971c4b3eb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Jóvenes,Generación Z,Tecnología,Relaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prebodas y posbodas: el boom de las "celebraciones eternas" que se alargan hasta tres días]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/prebodas-posbodas-boom-celebraciones-eternas-alargan-tres-dias_1_12594483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91a022b0-5acf-4654-91d4-4009b6d1e3de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prebodas y posbodas: el boom de las &quot;celebraciones eternas&quot; que se alargan hasta tres días"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las celebraciones ya no se limitan a una sola jornada, sino que se han convertido en maratones sociales que multiplican costes y exigencias para novios e invitados
</p><p class="subtitle">De publicar hasta el desayuno a las cero fotos: por qué mucha gente ya no comparte su vida en redes</p></div><p class="article-text">
        Las bodas se han complicado en los &uacute;ltimos tiempos. No solo porque el contrato matrimonial haya perdido atractivo, sino tambi&eacute;n porque el coste del &lsquo;d&iacute;a m&aacute;s importante en la vida de una persona&rsquo; es cada vez m&aacute;s elevado. A los invitados se les exige una entrega absoluta: pagar 200 o 300 euros ya no es suficiente. Adem&aacute;s, deben liberar su agenda para asistir a dos nuevas celebraciones que han convertido los casamientos en una suerte de festivales: las prebodas y las posbodas.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia se ha convertido en el eje central. La llamada <em>endless wedding</em> &mdash;la &ldquo;boda eterna&rdquo;&mdash; gana terreno, especialmente en las celebraciones de destino donde el formato habitual se reparte en tres jornadas. Las prebodas suelen organizarse la v&iacute;spera del enlace y adoptar la forma de cenas o c&oacute;cteles informales que re&uacute;nen a familiares y amigos llegados de fuera. En el mejor de los casos son encuentros fugaces, concebidos para ofrecer a los invitados una primera toma de contacto. Pero en ocasiones se desbordan y llegan a exigir incluso un atuendo pensado exclusivamente para esa noche.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La gente llegó al hotel a las seis de la mañana, incluidos los novios. Al día siguiente, el estómago está en otra dimensión</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Raquel</span>
                                        <span>—</span> wedding planner
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Gran D&iacute;a solo hay uno: es fundamental que nadie lo olvide. Esta idea, capital, la repiten varias veces las dos <em>wedding planners</em> entrevistadas para este reportaje: Ana Bernia, de Tu D&iacute;a Perfecto, y Raquel (pseud&oacute;nimo a petici&oacute;n de la entrevistada), de La &Uacute;nica Eventos. Para las prebodas suelen recomendar un plan sencillo: una copa de bienvenida, algo de picoteo y, sobre todo, que no se alargue demasiado. Ambas insisten en un punto clave: limitar el alcohol. &ldquo;No queremos que la gente llegue cansada a la boda&rdquo;, afirma Bernia. &ldquo;Si alguien, por ejemplo, pide un <em>gin-tonic</em>, el camarero habla con los novios y conmigo, y solemos restringirlo&rdquo;. Raquel recuerda una boda en Sevilla en la que se organiz&oacute; una preboda que en teor&iacute;a iba a ser un c&oacute;ctel muy econ&oacute;mico: &ldquo;La gente lleg&oacute; al hotel a las seis de la ma&ntilde;ana, incluidos los novios. Al d&iacute;a siguiente, el est&oacute;mago est&aacute; en otra dimensi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la boda se celebra en una ciudad con patrimonio hist&oacute;rico cercana a Madrid, como Toledo o Segovia, a veces se organizan visitas guiadas el d&iacute;a anterior. En opini&oacute;n de Bernia, el motivo principal por el que las prebodas se han hecho m&aacute;s populares en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es que muchas veces los novios viven lejos de la ciudad de origen de los invitados, que tienen que desplazarse, y resulta natural organizar algo el d&iacute;a anterior para recibirlos. Tambi&eacute;n influye que uno de los novios sea extranjero o que hayan estudiado fuera y mantengan un n&uacute;cleo de amigos en otras ciudades. &ldquo;Es el modelo que se est&aacute; imponiendo &uacute;ltimamente, aunque necesitas un presupuesto que pueda costearlo&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7156165734123572486"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Mart&iacute;n, de 30 a&ntilde;os, se casar&aacute; dentro de unos meses en Mallorca y tiene claro que habr&aacute; preboda. &ldquo;La hacemos porque nos apetece mucho reunir a nuestros amigos, sobre todo los que vienen de fuera, para ponernos al d&iacute;a y agradecerles el esfuerzo de venir hasta la isla&rdquo;, explica. En su caso, la cita estar&aacute; reservada &uacute;nicamente a los invitados j&oacute;venes, mientras que sus padres organizar&aacute;n por su cuenta un picoteo con t&iacute;os y amigos de la familia.
    </p><p class="article-text">
        No quiere un evento formal, sino algo sencillo: quedar para tomar unas ca&ntilde;as y compartir unas horas sin la presi&oacute;n del d&iacute;a siguiente. &ldquo;Tambi&eacute;n creo que es positivo porque el d&iacute;a de la boda tienes que saludar a un mont&oacute;n de gente, y as&iacute; te quitas una parte&rdquo;, reconoce. A su juicio, la preboda permite que los grupos se conozcan entre s&iacute; y que la fiesta del enlace arranque con &ldquo;m&aacute;s complicidad&rdquo;. Eso s&iacute;, incluso lo m&aacute;s informal requiere cierta planificaci&oacute;n. Calcula que ser&aacute;n unos cien invitados j&oacute;venes, lo que obliga a reservar un local en el centro de Palma. La cita durar&aacute; apenas tres horas &mdash;de siete a diez de la noche&mdash; para que todos se acuesten pronto y lleguen descansados al gran d&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hacemos la preboda porque nos apetece mucho reunir a nuestros amigos, sobre todo los que vienen de fuera, para ponernos al día y agradecerles el esfuerzo de venir hasta la isla</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Martín, 30 años</span>
                                        <span>—</span> novio
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Pasar la resaca en compa&ntilde;&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Las resacas, en buena compa&ntilde;&iacute;a, pueden convertirse en grandes momentos de ligereza y evasi&oacute;n. Esa es una de las razones por las que muchos novios deciden alargar la celebraci&oacute;n un d&iacute;a m&aacute;s. Las posbodas suelen prolongar la fiesta con comidas, excursiones o encuentros m&aacute;s relajados al d&iacute;a siguiente. Aun as&iacute;, son menos frecuentes que las prebodas. &ldquo;La gente suele estar cansada despu&eacute;s de la boda&rdquo;, explican las organizadoras. Cuando se organizan, lo habitual es un <em>brunch: </em>un picoteo o una paella. No pueden empezar demasiado tarde porque, si la boda ha sido fuera, muchos invitados deben madrugar para hacer el <em>check-out</em> del hotel. Raquel, por ejemplo, nunca ha organizado una posboda: &ldquo;A veces se hace algo familiar, como una comida, pero ya no quieren tanta organizaci&oacute;n, sino algo m&aacute;s cercano, sin nervios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de eventos suele costar en torno a 50 euros por persona, frente a los 30 de media de las prebodas. Bernia se muestra sorprendida con la cifra de 21.000 euros que, seg&uacute;n algunas p&aacute;ginas web, cuesta una boda en Espa&ntilde;a. &ldquo;Es algo que comentamos cuando nos juntamos las <em>wedding planners</em>. Por ese precio, si contratas a una, apenas te da para el catering y nada m&aacute;s&rdquo;. Calcula que el coste real ronda los 35.000 euros para una boda de unos 100 invitados &ldquo;vistosilla&rdquo;. Raquel coincide: &ldquo;Depende del lugar de Espa&ntilde;a y del n&uacute;mero de invitados. En nuestro caso, el tique medio suele estar m&aacute;s cerca de los 80.000 o 90.000&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7414812385057312032"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Efectivamente, seg&uacute;n el&nbsp;<a href="https://www.bodas.net/articulos/libro-imprescindible-de-las-bodas--c8622" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Libro imprescindible de las bodas</em></a><a href="https://www.bodas.net/articulos/libro-imprescindible-de-las-bodas--c8622" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;</a>de Bodas.net, el coste medio de un enlace en Espa&ntilde;a en 2023 ascendi&oacute; a 21.056 euros. El informe a&ntilde;ade, adem&aacute;s, que un 57% de las parejas financi&oacute; la celebraci&oacute;n con el dinero recibido en forma de regalos.
    </p><p class="article-text">
        La creciente popularidad de las prebodas y posbodas recuerda a las celebraciones prolongadas de otros pa&iacute;ses. En India o Marruecos, por ejemplo, los enlaces pueden durar tres, cinco o incluso siete jornadas, con rituales de henna, banquetes, procesiones y cambios de vestuario. En Nigeria es habitual organizar dos ceremonias distintas &mdash;una tradicional y otra religiosa&mdash; que se reparten en d&iacute;as diferentes, mientras que en algunos pueblos griegos todav&iacute;a sobreviven bodas que se extienden durante todo un fin de semana.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7393153678842154246"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Este cambio de costumbre no siempre convence a todos los invitados. Pilar, de 63 a&ntilde;os, recuerda la boda de la hija de una de sus mejores amigas, en la que se celebr&oacute; una preboda a la que ella no fue invitada. &ldquo;Eran unas copas pensadas m&aacute;s para la gente joven&rdquo;, explica. En su opini&oacute;n, como hoy las parejas ya no se casan para poder vivir juntas, el verdadero motivo de la ceremonia es la fiesta. &ldquo;Si en vez de un d&iacute;a de fiesta se puede alargar a dos o incluso tres, mejor todav&iacute;a&rdquo;, comenta. En aquella boda tambi&eacute;n percibi&oacute; uno de los riesgos de estas nuevas tendencias: el af&aacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/era/gran-boda-instagram-si-quiero-espectaculo_1_11751465.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">imitar lo que muestran los </a><a href="https://www.eldiario.es/era/gran-boda-instagram-si-quiero-espectaculo_1_11751465.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>influencers</em></a><em>.</em> &ldquo;Igual si ves que otros hacen posbodas, a ti tambi&eacute;n te entran ganas de hacerlo. Y hacerlo porque lo has visto en Instagram me parece una chorrada&rdquo;, sentencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestro papel también es ponerles los pies en la tierra y recordarles el presupuesto que tienen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Bernia</span>
                                        <span>—</span> wedding planner
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Pues sinceramente, se nos ha ido un poco de las manos, y te lo digo yo que me dedico a hacer bodas&rdquo;, reconoce Ana Bernia. La <em>wedding planner</em> percibe que las celebraciones se han convertido en una competici&oacute;n de &ldquo;a ver qui&eacute;n da m&aacute;s&rdquo;. Algunos novios, explica, llegan a obsesionarse con ser los m&aacute;s originales y plantean ideas cada vez m&aacute;s extremas. &ldquo;Nuestro papel tambi&eacute;n es ponerles los pies en la tierra y recordarles el presupuesto que tienen&rdquo;. Raquel coincide en se&ntilde;alar la influencia de las redes sociales. &ldquo;Pueden ser una herramienta de inspiraci&oacute;n y, en el lado negativo, de comparaci&oacute;n. Aunque en nuestro caso, el perfil que m&aacute;s nos encontramos no es el envidioso, sino el que busca inspiraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvaro, de 31 a&ntilde;os, que planea casarse pr&oacute;ximamente, admite que le gustar&iacute;a organizar alg&uacute;n evento paralelo, aunque siempre lejos de las tendencias que considera cursis. Si finalmente celebra su boda en el L&iacute;bano (de donde es su novia), cree que podr&iacute;a ser especialmente divertido para los invitados. Pero advierte de un riesgo: &ldquo;Nos hemos empe&ntilde;ado en que nuestra boda tiene que ser la m&aacute;s divertida y la m&aacute;s impresionante, y para eso parece que hay consenso en que hay elementos que no pueden faltar&rdquo;. Ese consenso, explica, puede volverse en contra de los novios, que terminan repitiendo f&oacute;rmulas y cayendo en la impersonalidad. &ldquo;Con lo de las prebodas y tal, como ahora las hace alguna gente, parece que las tiene que hacer todo el mundo, y para nada deber&iacute;a ser as&iacute;&rdquo;, reflexiona.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nos hemos empeñado en que nuestra boda tiene que ser la más divertida y la más impresionante, y para eso parece que hay consenso en que hay elementos que no pueden faltar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Álvaro</span>
                                        <span>—</span> 31 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Merece la pena? Bernia lo tiene claro: &ldquo;Yo prefiero que tengan una boda chula a que inviertan demasiado en una preboda&rdquo;. Para ella, basta con algo sencillo e improvisado, como convocar a los amigos en un sitio y ofrecer, literalmente, una copa. Lo que s&iacute; le parece un error es restar presupuesto al d&iacute;a principal: &ldquo;Da rabia quedarse con ganas de haber hecho cosas en la boda por haberlo invertido en prebodas o posbodas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Raquel sostiene que, para que merezca la pena organizar un evento tan complejo y costoso, m&aacute;s all&aacute; de decidir si habr&aacute; preboda o posboda, solo hay un elemento que no puede fallar: la actitud. &ldquo;Y estar en buenas condiciones: no estar de resaca, que no te duela nada, no pasar demasiado calor. Puede ser una boda a 55 grados, pero si vas con buena actitud, te lo pasas bien&rdquo;. Por muchas celebraciones que se acumulen, Gran D&iacute;a solo hay uno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/prebodas-posbodas-boom-celebraciones-eternas-alargan-tres-dias_1_12594483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Sep 2025 20:48:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/91a022b0-5acf-4654-91d4-4009b6d1e3de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="811353" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/91a022b0-5acf-4654-91d4-4009b6d1e3de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="811353" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Prebodas y posbodas: el boom de las "celebraciones eternas" que se alargan hasta tres días]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/91a022b0-5acf-4654-91d4-4009b6d1e3de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Matrimonio,Relaciones,Amistad,familia,Dinero,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/repartimos-cuenta-desigualdad-economica-amigos-arruina-mes-amistad_1_12534419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c68652e8-bfa6-4497-ae49-de3a81c526a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125042.jpg" width="1212" height="682" alt="¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las desigualdades económicas impactan en las relaciones de amistad, especialmente en ciudades donde la convivencia entre ingresos muy dispares es común</p><p class="subtitle">“Me siento mal por quedarme en casa”: cómo se ha atrofiado nuestra capacidad de disfrutar sin grandes planes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no tengo mucha hambre&rdquo;, murmura t&iacute;midamente la chica de la izquierda de la mesa. Los amigos han pedido croquetas, cecina, torta del casar. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; rico est&aacute; esto!&rdquo;, exclama uno de ellos. &ldquo;&iexcl;Pru&eacute;balo, Lauri, pru&eacute;balo!&rdquo;. Pero Laura, as&iacute; se llama la chica de la izquierda, ya ha dicho que no tiene hambre, que ella no va a cenar. No es del todo cierto. Lo que no quiere es gastarse 30 euros, como hace siempre que ve a estos amigos ingenieros &mdash;grandes amigos&mdash;, pero que no se dan cuenta de que ella no tiene su sueldo, ni de que es muy dif&iacute;cil disfrutar cuando en tu cabeza no deja de sonar la frase: &ldquo;Ya no puedes gastar m&aacute;s en lo que queda de semana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de situaciones cotidianas &mdash;como salir a cenar o compartir piso&mdash; se pone de relieve un conflicto silencioso pero habitual: c&oacute;mo el dinero (o la falta de &eacute;l) condiciona las din&aacute;micas del grupo, genera incomodidad en quienes tienen menos, y muchas veces no es visibilizado ni hablado abiertamente.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; demostrado: las grandes ciudades concentran desigualdad. En un mismo grupo de amigos pueden convivir quienes tienen sueldos precarios &mdash;becarios, <em>freelancers</em>, trabajadores del sector cultural o de la hosteler&iacute;a&mdash; con quienes, tras pasar por escuelas de negocios o grados en ingenier&iacute;a, han accedido r&aacute;pidamente a salarios altos en consultoras, tecnol&oacute;gicas o multinacionales. La diferencia de ingresos se traduce en diferencias de estilo de vida: en qu&eacute; barrio vives, si tienes o no tiempo para cocinar, si puedes permitirte cenar fuera varios d&iacute;as a la semana o <a href="https://www.eldiario.es/viajes/escapada-fin-de-semana-precios-mas-barato-belgica-que-sevilla_1_12419256.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cogerte un puente sin pensarlo</a>. Tambi&eacute;n en una fractura de trayectorias personales: mientras unos a&uacute;n comparten piso y se reparten las facturas con cuidado, otros empiezan a hablar de hipotecas, bonus o inversi&oacute;n en fondos indexados.
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://www.nature.com/articles/s42949-023-00104-1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de 2023</a> publicado en la revista <em>Nature </em>demuestra que en las ciudades europeas de mayor tama&ntilde;o la brecha entre ricos y pobres no solo es m&aacute;s amplia, sino m&aacute;s persistente y visible que en los entornos rurales o semiurbanos. Los ingresos m&aacute;s altos conviven con sueldos precarios en los mismos espacios &mdash;el metro, una terraza, una red social&mdash;, lo que intensifica las comparaciones sociales y la sensaci&oacute;n de injusticia. Esa desigualdad tiene efectos emocionales. El estudio sugiere que la comparaci&oacute;n constante con quienes ganan mucho m&aacute;s acaba generando tal nivel de frustraci&oacute;n y malestar que, al final, el ingreso extra que aporta vivir en una ciudad frente a vivir en un pueblo no compensa emocionalmente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy en día, demostrar que quieres a tus amigos muchas veces pasa por gastar dinero con ellos o para ellos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Parafraseando la c&eacute;lebre frase del fil&oacute;sofo Fredric Jameson, imaginar un ocio sin consumo resulta hoy m&aacute;s dif&iacute;cil que imaginar el fin del mundo. Una prueba de ello es el proyecto art&iacute;stico y cultural que se puso de nuevo en marcha este verano en el C&iacute;rculo de Bellas Artes: <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/abre-refugio-climatico-verano-circulo-bellas-artes-actividades-guarderia-plantas_1_11476271.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Refugio clim&aacute;tico</a>. La propuesta, tan sencilla como disruptiva, consiste en ofrecer un espacio en pleno centro de la ciudad donde cualquiera pueda refugiarse del calor y estar tranquilamente sin necesidad de consumir nada.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, demostrar que quieres a tus amigos muchas veces pasa por gastar dinero con ellos o para ellos. En una sociedad donde las emociones se han convertido en productos &mdash;como plantea la fil&oacute;sofa Eva Illouz en <em>Emotions as Commodities</em>&mdash;, la amistad tambi&eacute;n ha pasado a expresarse y sostenerse a trav&eacute;s de actos de consumo simb&oacute;lico: cenas, escapadas de fin de semana, regalos, cumplea&ntilde;os organizados como eventos, fotos compartidas. Estar presente, en muchas ocasiones, implica gastar.
    </p><p class="article-text">
        Como explica James McKellar en <a href="https://www.researchgate.net/publication/354099656_Social_Relations_and_Everyday_Consumption_Rituals_Barriers_or_Prerequisites_for_Sustainability_Transformation" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo</a> publicado en <em>Frontiers in Sociology</em>, estos &ldquo;rituales de consumo cotidianos&rdquo; son formas de afirmar los lazos sociales y de representar la pertenencia al grupo. Pero esa misma l&oacute;gica tambi&eacute;n puede excluir. Seg&uacute;n McKellar, estos rituales crean &ldquo;inclusi&oacute;n para algunos y exclusi&oacute;n para otros&rdquo;, dependiendo de la capacidad de cada uno para afrontar sus exigencias simb&oacute;licas y materiales. Quien no puede seguir el ritmo econ&oacute;mico del grupo corre el riesgo de quedarse fuera, no porque no sea querido, sino porque el afecto &mdash;como tantas otras cosas&mdash; se ha vuelto tambi&eacute;n una experiencia que se compra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuantos más años pasan, más posibilidades hay de que el nivel adquisitivo se desequilibre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estas desigualdades pueden aparecer especialmente en amistades forjadas hace tiempo. &ldquo;Cuantos m&aacute;s a&ntilde;os pasan, m&aacute;s posibilidades hay de que el nivel adquisitivo se desequilibre&rdquo;, opina Adriana, una lucense que lleva varios a&ntilde;os en Madrid. Hace unos meses tuvo que elegir entre mudarse a un piso m&aacute;s grande y en una zona menos ruidosa, o esperar a una de sus compa&ntilde;eras de piso &mdash;una amiga de toda la vida de Lugo, que trabaja en un laboratorio de investigaci&oacute;n&mdash; que no pod&iacute;a permitirse pagar m&aacute;s de lo que ya abonaba cada mes. &ldquo;Creo que, por lo general, hay que intentar ponerse a la altura de quien gana menos&rdquo;, propone.
    </p><p class="article-text">
        Numerosos estudios demuestran que, en realidad, lo habitual es relacionarse con personas de estatus socioecon&oacute;mico similar. Es un fen&oacute;meno conocido como homofilia. Y, seg&uacute;n un informe publicado en <em>American Journal of Sociology</em> en 2006, el nivel de ingresos familiares influye m&aacute;s que la raza en la formaci&oacute;n de amistades en las escuelas.
    </p><p class="article-text">
        Lo contrario &mdash;que personas de distinto nivel socioecon&oacute;mico se relacionen&mdash; tambi&eacute;n sucede y, seg&uacute;n <a href="https://www.bi.team/publications/social-capital-in-the-united-kingdom/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este estudio</a> publicado en marzo, tiene efectos positivos. El an&aacute;lisis de seis mil millones de amistades en Facebook entre 20 millones de adultos brit&aacute;nicos revel&oacute; que los ni&ntilde;os de entornos humildes que crecen en comunidades con v&iacute;nculos entre clases sociales ganan, de media, 5.100 libras m&aacute;s al a&ntilde;o en la edad adulta. Esta &ldquo;conectividad econ&oacute;mica&rdquo;, como la llaman los autores, resulta ser el segundo factor m&aacute;s determinante para ascender en la escala social.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Por qu&eacute; cuesta tanto hablar de dinero?</h2><p class="article-text">
        Emma, una publicista de 29 a&ntilde;os, recuerda cuando era becaria en su empresa y sal&iacute;a con compa&ntilde;eros mucho mayores, que ganaban tres o cuatro veces m&aacute;s que ella. En esas cenas o rondas de cervezas, sol&iacute;an ser ellos quienes pagaban. &ldquo;Me parec&iacute;a lo l&oacute;gico. Incluso forzado, cuando alguien joven con un sueldo &iacute;nfimo se ofrec&iacute;a a pagar. Hay cosas que se saben&rdquo;. Pero esa l&oacute;gica t&aacute;cita del &ldquo;quien m&aacute;s tiene, m&aacute;s pone&rdquo; no siempre se aplica entre amigos, donde hablar de dinero suele estar mal visto.
    </p><p class="article-text">
        Para ella, esa falta de claridad es precisamente el problema. Cree que si en un grupo se pudiera hablar abiertamente de cu&aacute;nto gana cada uno y de lo que est&aacute; dispuesto a gastar, ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil organizar planes que no incomoden a nadie. &ldquo;Como si fuera un impuesto progresivo&rdquo;, dice. &ldquo;Si en un Estado no todos contribuyen con la misma cantidad, quiz&aacute; tampoco en un grupo de amigos deber&iacute;a esperarse lo mismo de todos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Solo el 35 % de los padres habla con frecuencia de dinero con sus hijos y muchos reconocen sentirse incómodos o poco preparados para hacerlo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a &mdash;como en muchos pa&iacute;ses con una fuerte tradici&oacute;n cultural cat&oacute;lica o mediterr&aacute;nea&mdash; hablar abiertamente sobre el dinero suele resultar inc&oacute;modo o incluso tab&uacute;, especialmente en determinados contextos sociales. En 2022, un <a href="https://www.funcas.es/wp-content/uploads/2022/09/Chulia_Garrido_Miyar.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de Funcas y el Instituto de Estudios Financieros se&ntilde;alaba que solo el 35% de los padres hablaba con frecuencia de dinero con sus hijos, y muchos reconoc&iacute;an sentirse inc&oacute;modos o poco preparados para hacerlo. Hablar del sueldo tambi&eacute;n contin&uacute;a siendo un tab&uacute; arraigado en muchas empresas. Seg&uacute;n esta <a href="https://lewis-communications.prowly.com/240130-el-sueldo-ya-no-es-un-tabu-un-404-de-los-espanoles-saben-lo-que-cobran-sus-companeros-de-trabajo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a>, realizada por SD Worx, en Espa&ntilde;a solo el 40% de los trabajadores sabe lo que ganan sus compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La educaci&oacute;n financiera en Espa&ntilde;a no ha tenido una presencia expl&iacute;cita en los curr&iacute;culos escolares hasta tiempos muy recientes, cuando ha comenzado a incorporarse de forma transversal en otras asignaturas&rdquo;, afirma Roberto Espa&ntilde;a, jefe de la Divisi&oacute;n de Educaci&oacute;n Financiera del Banco de Espa&ntilde;a. El experto explica que, al igual que ocurr&iacute;a antes con la educaci&oacute;n c&iacute;vica o los primeros auxilios, la formaci&oacute;n financiera se dejaba por completo en manos del &aacute;mbito dom&eacute;stico, aunque en muchos hogares no se hable con total transparencia sobre los recursos de los que dispone la familia. &ldquo;La educaci&oacute;n financiera no consiste solo en adquirir conocimientos sobre el dinero. Es, sobre todo, la adquisici&oacute;n de h&aacute;bitos y comportamientos orientados a una gesti&oacute;n sana y responsable de nuestras finanzas. Somos partidarios de que en el seno de las familias se hable abiertamente sobre el dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo que hace falta es mirar hacia otros ecosistemas donde las diferencias econ&oacute;micas no parecen generar tanta incomodidad. &iquest;Cu&aacute;ntas veces hemos visto al s&eacute;quito de un futbolista o un rapero &mdash;ese grupo de amigos de toda la vida que aparece en sus <em>stories</em> en yates, resorts o <em>backstages</em>&mdash; disfrutando del lujo sin aparentes preocupaciones? Mientras exista la desigualdad, tal vez no quede otra que asumirla sin culpa, y dejar que los amigos inviten.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/repartimos-cuenta-desigualdad-economica-amigos-arruina-mes-amistad_1_12534419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Sep 2025 20:21:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c68652e8-bfa6-4497-ae49-de3a81c526a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125042.jpg" length="95047" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c68652e8-bfa6-4497-ae49-de3a81c526a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125042.jpg" type="image/jpeg" fileSize="95047" width="1212" height="682"/>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c68652e8-bfa6-4497-ae49-de3a81c526a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125042.jpg" width="1212" height="682"/>
      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Desigualdad,Desigualdad económica,Empleo,Gentrificación,Relaciones,Amistad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del mes completo a los días sueltos: ¿ha muerto el veraneo tal como lo conocíamos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mes-completo-dias-sueltos-muerto-veraneo-conociamos_1_12416902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/245119cd-4694-428e-8dab-52e42331e714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x967y1149.jpg" width="1200" height="675" alt="Del mes completo a los días sueltos: ¿ha muerto el veraneo tal como lo conocíamos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos años, la duración media de los viajes ha caído, el descanso se fragmenta y el clásico modelo de vacaciones de 30 días en agosto pierde importancia</p><p class="subtitle">Pagar un festival a plazos o pedir un minicrédito para ir de vacaciones: “Se nos ha inculcado que quedarse en casa es casi una derrota” </p></div><p class="article-text">
        Aunque perturbadora, la serie <em>Severance</em> plantea una desconexi&oacute;n del trabajo total y quir&uacute;rgica: al salir de la oficina, los empleados lo olvidan todo. En la vida real, no obstante, desconectar es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil. Tres o cuatro d&iacute;as de descanso pueden no ser suficientes para liberar a la mente del estr&eacute;s diario. Esta es una realidad que muchos han tenido que aceptar a medida que la tradici&oacute;n de tomarse un mes entero de vacaciones &mdash;habitualmente en agosto&mdash; se ha ido resquebrajando.
    </p><p class="article-text">
        Al comparar los datos del <a href="https://www.observatur.es/informes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe ObservaTUR</a> 2018 con los del informe de 2024, ya se aprecia una tendencia clara hacia estancias vacacionales m&aacute;s cortas. En 2018, el 29 % de los espa&ntilde;oles disfrutaba de m&aacute;s de 15 d&iacute;as de vacaciones; en 2024, este porcentaje se reduce al 10 %. Aunque esta organizaci&oacute;n no tiene registros anteriores, cabe pensar que la diferencia podr&iacute;a ser a&uacute;n mayor si se consideraran a&ntilde;os previos. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cifras del <a href="https://www.ine.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">INE</a>, los espa&ntilde;oles realizaron en 2023 m&aacute;s de 185 millones de viajes, un 8,5% m&aacute;s que el a&ntilde;o anterior, y en 2024 una cifra similar. Pero si miramos la duraci&oacute;n, el promedio apenas supera las cuatro noches por viaje. Aunque agosto sigue siendo el mes preferido para viajar, el dato de 2024 es el m&aacute;s bajo desde que se tienen registros en ObservaTUR. En paralelo, septiembre y julio ganan adeptos. Todo indica que las vacaciones tienden a ser m&aacute;s fragmentadas, m&aacute;s cortas y m&aacute;s frecuentes.
    </p><p class="article-text">
        Marcos Franco, socio fundador de ObservaTur, confirma esta impresi&oacute;n: &ldquo;Durante d&eacute;cadas, el modelo vacacional en Espa&ntilde;a se resum&iacute;a en un mes de verano, a menudo en agosto, con destino fijo, casa familiar o apartamento alquilado, y largas jornadas de descanso. Sin embargo, ese modelo ha dado paso a un nuevo patr&oacute;n: viajes m&aacute;s cortos pero m&aacute;s frecuentes a lo largo del a&ntilde;o&rdquo;. Desde ObservaTUR han seguido esta tendencia tambi&eacute;n entre los profesionales de las agencias de viaje. M&aacute;s del 60% de los agentes aseguraron que sus clientes prefieren repartir los d&iacute;as libres en varios periodos del a&ntilde;o, en lugar de concentrarlos todos en verano. &ldquo;Y no solo eso: tambi&eacute;n detectamos que m&aacute;s del 70% de los viajeros planea hacer al menos tres viajes en el a&ntilde;o&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">El turista espa&ntilde;ol ha cambiado</h2><p class="article-text">
        Para los destinos y empresas tur&iacute;sticas, esta tendencia representa una gran oportunidad: romper con la dependencia de la temporada alta y dise&ntilde;ar nuevos productos y experiencias adaptados a escapadas cortas durante todo el a&ntilde;o. &ldquo;En definitiva, podemos asegurar que el turista espa&ntilde;ol ha cambiado. Ya no busca tanto veranear como escaparse&rdquo;, afirma Franco. Y lo hace varias veces al a&ntilde;o, con viajes m&aacute;s breves, variados y personalizados. El descanso sigue siendo esencial, pero ahora se distribuye en momentos m&aacute;s frecuentes, flexibles y funcionales.
    </p><p class="article-text">
        Aitana, de 26 a&ntilde;os, es una de esas j&oacute;venes que ha optado por dosificar el descanso. El a&ntilde;o pasado se fue varias semanas a Colombia. Fue un viaje largo, intenso, de los que se recuerdan durante toda la vida. Desconect&oacute; de verdad, dice. Pero gast&oacute; todos los d&iacute;as de vacaciones y el resto del a&ntilde;o se le hizo interminable. Desde entonces ha decidido repartir sus d&iacute;as libres. &ldquo;As&iacute; se aten&uacute;a la monoton&iacute;a del trabajo&rdquo;, afirma. &ldquo;Y puedes ver m&aacute;s sitios. Adem&aacute;s, nunca sabes si vas a necesitar un d&iacute;a extra. Prefiero hacer viajes cortos. Si no, es como tener solo una bala y gastarla de golpe&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nunca sabes si vas a necesitar un día extra. Prefiero hacer viajes cortos. Si no, es como tener solo una bala y gastarla de golpe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adri&aacute;n tiene 29 a&ntilde;os y trabaja en recursos humanos. Cree que la preferencia por vacaciones cortas tiene que ver con c&oacute;mo ha cambiado la sociedad. &ldquo;Antes no hab&iacute;a tantos planes, ni tanta oferta cultural o de ocio&rdquo;, asegura. &ldquo;Ahora la gente organiza sus vacaciones en torno a actividades concretas. Tambi&eacute;n influye el miedo constante a perderse algo. El FOMO, puro y simple&rdquo;. Con el tiempo ha entendido otra cosa: repartir demasiado las vacaciones puede ser un arma de doble filo. Cada d&iacute;a libre es una obligaci&oacute;n de exprimir el tiempo al m&aacute;ximo: &ldquo;Es como si hubiera que sacarle partido a cada segundo&rdquo;, comenta. Por eso, este a&ntilde;o ha decidido hacer lo contrario. Tomarse unas vacaciones largas y reservarse unos d&iacute;as para no hacer absolutamente nada.
    </p><p class="article-text">
        Franco lo tiene claro: no es una sola causa, son varias. Habla de un cambio en el modo en que la gente se toma las vacaciones. Primero, menciona el trabajo. Jornadas intensivas, empleo flexible, teletrabajo. &ldquo;Todo eso permite organizar peque&ntilde;as escapadas fuera de la temporada alta&rdquo;, dice. Pero no es solo eso. Las nuevas generaciones, afirma, valoran m&aacute;s lo frecuente que lo excepcional. Buscan experiencias diversas, repartidas a lo largo del a&ntilde;o. Y tienen algo que sus padres no ten&iacute;an: herramientas digitales que hacen f&aacute;cil lo que antes era complicado. Planear un viaje, reservar, cambiar de idea a &uacute;ltima hora.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al clima, Franco apunta que las temperaturas m&aacute;s suaves durante buena parte del a&ntilde;o est&aacute;n empujando a muchos viajeros a trasladar sus vacaciones a septiembre o incluso octubre. &ldquo;Los destinos est&aacute;n menos demandados y el tiempo sigue siendo agradable&rdquo;, asegura. Seg&uacute;n datos recogidos por ObservaTUR, m&aacute;s del 40% de las agencias ha percibido un aumento significativo de reservas en meses que tradicionalmente se consideraban de temporada baja.
    </p><h2 class="article-text">Las vacaciones eran para descansar</h2><p class="article-text">
        Pilar tiene 62 a&ntilde;os y es aut&oacute;noma. Por la generaci&oacute;n a la que pertenece, ve con normalidad tomarse un mes entero de vacaciones. Cree que es lo que hace falta para desconectar de verdad. &ldquo;Algo que te ocupa todos los d&iacute;as, durante tantas horas, no se te va de la cabeza en tres d&iacute;as&rdquo;, dice. Le cuesta entender lo que hacen sus hijos. Se van una semana, pero teletrabajan tres d&iacute;as. &ldquo;Trabajas mal, y tampoco disfrutas de las vacaciones. &iquest;Qu&eacute; chapuza es esa?&rdquo;, se pregunta. Para ella, las cosas son m&aacute;s simples: &ldquo;Las vacaciones son para descansar. No para pasarse la mitad del tiempo trabajando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        David G&oacute;mez Mart&iacute;n, psic&oacute;logo y autor de <em>Un viaje hacia el amor (propio)</em> (Urano), subraya en conversaci&oacute;n telef&oacute;nica que las vacaciones tienen una importancia &ldquo;nuclear&rdquo; en la vida de las personas, ya que la mayor parte del tiempo lo dedicamos al trabajo. Por eso, en un mundo obsesionado con la productividad, muchos llegan al verano f&iacute;sica y mentalmente agotados. El descanso, en ese contexto, es una forma de cuidarse. No hay una &uacute;nica manera de desconectar, advierte. No es tanto una cuesti&oacute;n de tiempo como de calidad. &ldquo;Hay personas que en una semana se sienten nuevas&rdquo;, dice. &ldquo;Otras, incluso con un mes, siguen d&aacute;ndole vueltas al trabajo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay personas que en una semana se sienten nuevas. Otras, incluso con un mes, siguen dándole vueltas al trabajo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">David Gómez Martín</span>
                                        <span>—</span> Psicólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde su perspectiva profesional, David propone un enfoque distinto: &ldquo;Como psic&oacute;logo no hablo tanto de desconectar, sino de conectar con el aqu&iacute; y el ahora&rdquo;. Reconoce que es normal no olvidarse completamente del trabajo, pero insiste en que se pueden entrenar habilidades de atenci&oacute;n para vivir el presente con m&aacute;s conciencia.
    </p><p class="article-text">
        Descarta que unas vacaciones largas agraven el llamado s&iacute;ndrome posvacacional. De hecho, duda incluso del t&eacute;rmino. Le parece otra forma de convertir en patolog&iacute;a lo que es simplemente vida. &ldquo;Es normal sentirse triste o desanimado si, despu&eacute;s de un mes de descanso, tienes que volver a un entorno laboral hostil&rdquo;, dice. &ldquo;Igual no deber&iacute;amos llamarlo s&iacute;ndrome posvacacional, sino: es normal que no quieras ver la cara a tu jefe Jos&eacute; Luis&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvaro tiene 30 a&ntilde;os y vive en Alemania desde hace tiempo. All&iacute; trabaja y vive con su pareja. Su familia y buena parte de sus amigos est&aacute;n en Espa&ntilde;a. Por eso, cada septiembre, se reparte con precisi&oacute;n quir&uacute;rgica los d&iacute;as de vacaciones: un poco para ver a la familia, otra parte para viajar con ella, y algunos d&iacute;as extra para no perder contacto con sus amigos. Pero si no fuera por eso, dice, se coger&iacute;a todas las vacaciones de golpe. Por eso, en cuanto regrese definitivamente a Espa&ntilde;a, no descarta hacer lo mismo que ha visto toda la vida en sus padres y sus t&iacute;os: irse a pasar medio mes a Almer&iacute;a, donde su familia tiene una casa de veraneo. &ldquo;Es lo que hac&iacute;amos cuando &eacute;ramos peque&ntilde;os y, sinceramente, lo recuerdo como algunos de los mejores veranos de nuestras vidas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mes-completo-dias-sueltos-muerto-veraneo-conociamos_1_12416902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 20:27:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/245119cd-4694-428e-8dab-52e42331e714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x967y1149.jpg" length="3387877" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/245119cd-4694-428e-8dab-52e42331e714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x967y1149.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3387877" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Del mes completo a los días sueltos: ¿ha muerto el veraneo tal como lo conocíamos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/245119cd-4694-428e-8dab-52e42331e714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x967y1149.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones,Economía,Trabajo,Salarios,Precios,Ahorro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Me está afectando mucho, no se acaba nunca": por qué hay gente que lleva tan mal que llueva sin parar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/afectando-no-acaba-hay-gente-lleva-mal-llueva-parar_1_12153908.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5598bc6f-aa27-481b-946a-ad8fbac33d9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Me está afectando mucho, no se acaba nunca&quot;: por qué hay gente que lleva tan mal que llueva sin parar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las lluvias prolongadas de las últimas semanas han monopolizado la conversación, casi siempre para expresar hartazgo: "El buen tiempo te invita a salir de tu casa. El mal tiempo a resguardarte en un sitio cerrado"</p><p class="subtitle">Cenas con otros, polvos de una noche o mandar 'nudes': ¿qué significa poner los cuernos en 2025?</p></div><p class="article-text">
        La intensas lluvias de las &uacute;ltimas semanas han sembrado un ambiente de desesperaci&oacute;n y desquiciamiento. Es como si las ciudades enteras hubieran quedado atrapadas en un vag&oacute;n de metro un lunes a las nueve de la ma&ntilde;ana. Hay un &aacute;nimo alterado. La gente no pasea, solo huye. Son d&iacute;as nefastos para los fumadores, aunque algunos no apagar&iacute;an el cigarro ni flotando. Aun as&iacute;, es probable que dentro de un par de meses muchos recuerden estos d&iacute;as con a&ntilde;oranza cuando el term&oacute;metro supere los 35 grados. Entonces evocar&aacute;n aquella &eacute;poca en la que, al preguntar &ldquo;qu&eacute; tal&rdquo;, la respuesta era siempre la misma: &ldquo;Pues ya ves, con esta lluvia&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este ha sido uno de los marzos m&aacute;s lluviosos que se recuerdan. Las precipitaciones acumuladas en Espa&ntilde;a hasta el 16 de marzo superaron <a href="https://x.com/AEMET_Esp/status/1902276761569644700" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un 64%</a> la media habitual. En Catalunya se han empezado a levantar las <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/govern-levanta-restricciones-sequia-girona-no-queda-zona-emergencia_1_12142192.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">restricciones por sequ&iacute;a</a>, mientras que en ciudades como Sevilla ya ha habido dos semanas de lluvia, de las tres que van de mes. En <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/madrid-prepara-cortes-autovias-encuentren-riesgo-inundacion-lluvias-desembalse-rios_1_12148740.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Madrid</a>, adem&aacute;s, se ha batido un r&eacute;cord desde que se iniciaron los registros en la estaci&oacute;n de Madrid-Retiro. &ldquo;Esto es una puta pesadilla&rdquo;, comenta Carlota Regueiro, sentada en una terraza techada que apenas la protege de la tormenta. &ldquo;De verdad que me est&aacute; afectando mucho, no se acaba nunca&rdquo;. Para colmo, <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/manzanares-rebaja-caudal-madrid-tocar-techo-medianoche-cortes-trafico-suspendidas-clases-universitarias_1_12151758.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el r&iacute;o Manzanares</a>, junto a su casa, ha multiplicado su caudal por 15 en las &uacute;ltimas horas. El pasado mi&eacute;rcoles, Emergencias Madrid alert&oacute; a los vecinos sobre un posible desbordamiento que afecta a carreteras y autov&iacute;as de la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En los Pa&iacute;ses Bajos, un <a href="https://pure.rug.nl/ws/portalfiles/portal/49934184/1_s2.0_S016517811631112X_main.pdf%23:~:text=suggests%2520that%2520the%2520variable%2520sunshine,Introduction" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio </a>de 2017 sigui&oacute; durante seis inviernos a 291 personas diagnosticadas con Trastorno Afectivo Estacional (TAE), una forma de depresi&oacute;n que aparece c&iacute;clicamente con la llegada del oto&ntilde;o y el invierno. El objetivo era entender c&oacute;mo influye el clima &mdash;m&aacute;s all&aacute; del cambio de estaci&oacute;n&mdash; en quienes padecen este trastorno. Los resultados revelaron que las oscilaciones meteorol&oacute;gicas de una semana a otra, como una racha especialmente gris, fr&iacute;a y h&uacute;meda, pueden intensificar los s&iacute;ntomas depresivos incluso en un periodo ya de por s&iacute; sombr&iacute;o. Factores como la duraci&oacute;n de la luz solar, la radiaci&oacute;n global y la temperatura del aire demostraron tener un impacto directo en el estado de &aacute;nimo de los pacientes.
    </p><p class="article-text">
        Lara Martos, una joven malague&ntilde;a, confiesa que, acostumbrada al buen tiempo, le cuesta soportar estas semanas grises y fr&iacute;as. &ldquo;Si lo pienso bien, casi la &uacute;nica vez que he visto llover as&iacute; fue en octubre, durante la semana de la DANA, aunque por suerte mi pueblo, Fuengirola, no fue de los m&aacute;s afectados&rdquo;. Asegura que la lluvia cala de inmediato en su estado an&iacute;mico: &ldquo;El problema es que es constante, no cinco horas y ya. No puedes ir a una terraza con tus amigos porque sales volando o te empapas. Se me est&aacute; haciendo pesado&rdquo;. Aun as&iacute;, intenta ver la parte positiva: &ldquo;Al menos se habr&aacute;n llenado los embalses&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El buen tiempo te invita a salir de tu casa. El mal tiempo a resguardarte en un sitio cerrado. Al estar en actividades sociales experimentamos sensaciones más positivas que en soledad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan Molinero</span>
                                        <span>—</span> psicólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Juan Molinero, psic&oacute;logo, explica que uno de los motivos por los que nos afecta la lluvia es porque restringe nuestra actividad social: &ldquo;El buen tiempo te invita a salir de tu casa. El mal tiempo a resguardarte en un sitio cerrado. Al estar en actividades sociales experimentamos sensaciones m&aacute;s positivas que en soledad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La verdad es que &uacute;ltimamente vivo obsesionado con el tiempo&rdquo;, reconoce Carlos Noriega, madrile&ntilde;o de 27 a&ntilde;os. &ldquo;Me he dado cuenta de que utilizo la lluvia como excusa para justificar cualquier situaci&oacute;n negativa&rdquo;. Noriega, que califica la situaci&oacute;n de &ldquo;muy deprimente&rdquo;, ha decidido no consultar m&aacute;s las predicciones meteorol&oacute;gicas: &ldquo;Es infernal empezar la semana sabiendo que llover&aacute; los pr&oacute;ximos siete d&iacute;as&rdquo;. Y cuenta tambi&eacute;n el problema que ha experimentado con las treguas y los breves ratos de sol de estas &uacute;ltimas semanas: &ldquo;En cuanto asoma el sol, nos volvemos un poco locos. El otro d&iacute;a me pill&eacute; una borrachera sin sentido un martes solo porque salieron dos rayos de sol. La resaca con lluvia al d&iacute;a siguiente no mereci&oacute; la pena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mal tiempo no afecta por igual a todo el mundo. Un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32086180/%23:~:text=depression%2520being%2520self,odds%2520ratio%2520(OR)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio </a>realizado en China en 2016 analiz&oacute; las respuestas de casi 21.000 personas acerca de sus s&iacute;ntomas depresivos bajo distintas condiciones meteorol&oacute;gicas en el transcurso de un mismo d&iacute;a. Los resultados mostraron que el tipo de clima vivido durante la jornada influye en el estado de &aacute;nimo, y que los d&iacute;as nublados est&aacute;n m&aacute;s vinculados a s&iacute;ntomas depresivos, sobre todo en hombres y en personas de mediana o avanzada edad.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DHbRwhxsB2w/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/DHbRwhxsB2w/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/DHbRwhxsB2w/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de El Mundo Today (@elmundotoday)</a></p></div></blockquote>
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n influye la costumbre de cada uno a las temporadas lluviosas. Francisco Lago, residente en Madrid desde hace 10 a&ntilde;os pero originario de Santander, ha comprobado estas semanas que no est&aacute; tan inmunizado contra el diluvio como pensaba. &ldquo;Cre&iacute;a que s&iacute;, pero supongo que, tras tanto tiempo en Madrid, he perdido la inmunidad. Como un chubasquero que se queda sin cera&rdquo;, comenta. Aun as&iacute;, conserva la costumbre de salir aunque llueva, algo que &mdash;por su experiencia&mdash; &ldquo;la gente criada al sol&rdquo; no suele hacer. &ldquo;Que llueva no es sin&oacute;nimo para m&iacute; de quedarme en casa&rdquo;, dice. &ldquo;Porque de haberlo hecho no habr&iacute;a salido nunca de chaval&rdquo;. Finaliza, como muchos en este reportaje, con una frase de resignaci&oacute;n ante la borrasca: &ldquo;Nefastas semanas bajoneras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas semanas tambi&eacute;n han demostrado lo inmensamente diverso que es el ser humano. Hay quienes, ya sea por conciencia medioambiental o por motivos personales, agradecen la llegada del mal tiempo. Eva Santiago, una profesional del cine de 26 a&ntilde;os, disfruta de un buen rato en una terraza tomando vermut con sus amigos, pero tambi&eacute;n valora los aspectos positivos de la lluvia, que la invita a quedarse en casa y relajarse. &ldquo;Siento que si no hay un mes de lluvias as&iacute;, no paro. Me encanta saber que puedo estar en casa sin salir&rdquo;, comenta. El clima la afecta f&iacute;sicamente: sufre migra&ntilde;as y se le baja la tensi&oacute;n, as&iacute; que ni se plantea salir a la calle. En su lugar, aprovecha para hacer un trabajo introspectivo, meditar y analizarse. &ldquo;Ya que fuera no se puede estar, no queda otra que indagar hacia adentro&rdquo;, explica. &ldquo;Ya vendr&aacute; el buen tiempo, y entonces tocar&aacute; disfrutar de &eacute;l&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las temperaturas extremas, lluvia, humedad y nubosidad se asocian con un aumento de sentimientos negativos y una reducción de los positivos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otro <a href="https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0195750%23:~:text=We%2520conduct%2520the%2520largest%2520ever,events%2520occurring%2520within%2520our%2520data" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>, realizado en Estados Unidos entre 2009 y 2016, analiz&oacute; m&aacute;s de 3.500 millones de publicaciones en Facebook y X (entonces Twitter) para determinar si el clima influye en el estado de &aacute;nimo expresado en redes sociales. Concluy&oacute; que las condiciones meteorol&oacute;gicas tienen un impacto claro y medible en las emociones compartidas: temperaturas extremas, lluvia, humedad y nubosidad se asocian con un aumento de sentimientos negativos y una reducci&oacute;n de los positivos, incluso en publicaciones que no mencionan el tiempo directamente.
    </p><p class="article-text">
        En estas publicaciones se han podido ver y leer opiniones de todo tipo: desde negacionistas del cambio clim&aacute;tico que <a href="https://x.com/crismartinj/status/1902453282292842674" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reprochan</a> a la AEMET sus predicciones de sequ&iacute;a, hasta memes y comentarios de gran ingenio. Entre los m&aacute;s repetidos figura el que se&ntilde;ala a las personas que celebran el mal tiempo por el bien del planeta: &ldquo;Buenos d&iacute;as: menos a los que dicen que hace falta que llueva tras 11 d&iacute;as de lluvias constantes&rdquo;, dice una usuaria en X. &ldquo;Que llueva que hace falta. A m&iacute; personalmente no me hace falta, de hecho, me quita las ganas de existir. Soy muy alicantina para llevar 100 d&iacute;as seguidos lloviendo&rdquo;, protesta <a href="https://x.com/LauBernab/status/1902123490418762224" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otra</a>. &ldquo;&iquest;Alguien recuerda esa cosa brillante que estaba en el cielo?&rdquo;, se <a href="https://www.instagram.com/reel/DHJAib9MziY/?utm_source=ig_web_copy_link&amp;igsh=MzRlODBiNWFlZA==" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pregunta </a>ir&oacute;nicamente un usuario en Instagram.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1901664971919954378?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Quiz&aacute; haya sido en el sur, especialmente en Sevilla &mdash;que estos d&iacute;as ha acumulado m&aacute;s precipitaciones que zonas del norte como Asturias y Galicia&mdash; donde m&aacute;s se ha desatado el ingenio. Jorge Cadaval, de Los Morancos, public&oacute; un <a href="https://www.instagram.com/reel/DHJBKWxBzIp/?utm_source=ig_web_copy_link" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;deo </a>con acento gallego, supuestamente adquirido tras tanta lluvia en su Sevilla natal. &ldquo;Carallo, como chove&rdquo;, brome&oacute; el humorista, &ldquo;ya me va a salir verdina en los p&aacute;rpados&rdquo;. Uno de los <a href="https://x.com/elpaquito_2/status/1901700287901192533?ref_src=twsrc%255Etfw%257Ctwcamp%255Etweetembed%257Ctwterm%255E1901700287901192533%257Ctwgr%255E87f158d80421baec3202349e6ea72271ccece173%257Ctwcon%255Es1_c10&amp;ref_url=https://www.europasur.es/campo-de-gibraltar/mundo-reves-llueve-andalucia-memes-redes_0_2003562908.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">montajes </a>m&aacute;s virales en X sustituye el Puente de Triana por el Tower Bridge de Londres, acompa&ntilde;ado del texto: &ldquo;Un autob&uacute;s de dos plantas va hacia Triana&rdquo;. <a href="https://x.com/elpaquito_2/status/1901664971919954378?ref_src=twsrc%255Etfw%257Ctwcamp%255Etweetembed%257Ctwterm%255E1901664971919954378%257Ctwgr%255E565ca5dc421f835756ca6e34395885e8601b6f5a%257Ctwcon%255Es1_c10&amp;ref_url=https://www.diariodesevilla.es/sociedad/sevilla-convierte-londres-sur-memes_0_2003548155.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Otro</a>, en la misma l&iacute;nea, reemplaza la Giralda por el Big Ben, completando as&iacute; la transformaci&oacute;n de la capital andaluza en una nueva capital brit&aacute;nica del agua.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo lluvioso tambi&eacute;n ha acaparado muchas conversaciones en diversos grupos de WhatsApp, que en algunos casos se convierten en foros de terapia improvisados para sobrellevar el mal tiempo con el mejor &aacute;nimo posible. En esos chats pueden leerse mensajes tan bonitos y esperanzadores como el que Luci Lozano envi&oacute; el pasado martes al grupo que comparte con sus dos compa&ntilde;eras de piso: &ldquo;Algo que siempre pasa y que no descubr&iacute; hasta la primera vez que me mont&eacute; en un avi&oacute;n es: Encima de las nubes SIEMPRE siempre hay sol!!! Los d&iacute;as nublados siempre imagino un avi&oacute;n despegando y pasando las nubes y FIUUUM! Claridad, luz, azul, sol&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/afectando-no-acaba-hay-gente-lleva-mal-llueva-parar_1_12153908.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Mar 2025 21:33:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5598bc6f-aa27-481b-946a-ad8fbac33d9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="285613" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5598bc6f-aa27-481b-946a-ad8fbac33d9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="285613" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Me está afectando mucho, no se acaba nunca": por qué hay gente que lleva tan mal que llueva sin parar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5598bc6f-aa27-481b-946a-ad8fbac33d9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[lluvia,Psicología,Bienestar,Redes sociales,Meteorología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es la escalada la versión menos tóxica del gimnasio?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gimnasio-escalada-cuerpo-bienestar-salud-mental_1_12098066.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0365cd0-cd9e-43bb-8061-611d625aa124_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Es la escalada la versión menos tóxica del gimnasio?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchas personas han encontrado en el rocódromo un lugar donde practicar deporte menos intimidatorio, estresante o aburrido que el de las salas de musculación, aunque no libre de competición: "La escalada recupera un poco ese elemento de juego"</p><p class="subtitle">Marian Rojas Estapé y la falacia de la química cerebral: "Es pensamiento neoliberal disfrazado de neurociencia"</p></div><p class="article-text">
        Juan Pajares, t&eacute;cnico de sonido de 31 a&ntilde;os, ten&iacute;a un ejercicio mental para hacer m&aacute;s llevaderas sus jornadas en el gimnasio. &ldquo;Me imaginaba a Plat&oacute;n haciendo pesas. En teor&iacute;a, era muy asiduo del gimnasio, supuestamente estaba mazad&iacute;simo&rdquo;. Le serv&iacute;a para dejar de pensar que lo que estaba haciendo era absurdo. Al cabo de un tiempo, la t&eacute;cnica dej&oacute; de funcionarle y prob&oacute; otro deporte: la escalada. &ldquo;Haces menos ejercicio que en el <em>gym, </em>pero la sensaci&oacute;n de absurdo desaparece en gran medida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no van a desaparecer son los gimnasios. Como bien apunta Pajares, llevan existiendo desde la &eacute;poca de los griegos. Tampoco es una novedad que haya muchas personas que no acaben de encajar dentro del complejo ecosistema de las salas de musculaci&oacute;n. Hay quien vive situaciones de intimidaci&oacute;n, de estr&eacute;s, de complejo o, simplemente, de puro aburrimiento. Se puede ir al gimnasio como quien va un lunes al trabajo: por necesidad, pero detest&aacute;ndolo. Una buena noticia para los 'parias de la mancuerna' es que los roc&oacute;dromos est&aacute;n de moda, y parece que tienen un ambiente distinto.
    </p><p class="article-text">
        Nacho Fern&aacute;ndez, dise&ntilde;ador de 27 a&ntilde;os, era un &ldquo;irregular&rdquo; usuario de gimnasio hasta que hace aproximadamente un a&ntilde;o cambi&oacute; el peso muerto por las paredes verticales. Afirma sentirse &ldquo;muy c&oacute;modo&rdquo; en este nuevo espacio. &ldquo;Tengo la sensaci&oacute;n de que al gimnasio la gente va solo a <em>bucarse</em>, a levantar peso como un animal. La escalada recupera un poco ese elemento de juego&rdquo;. Adem&aacute;s, Fern&aacute;ndez critica el modo en que se suele interactuar dentro de las salas del gimnasio. &ldquo;Hay m&aacute;quinas alien&iacute;genas que nadie entiende y que nadie te explica, pero lo peor que puede pasar es que venga alguien a explic&aacute;rtelas, porque la mayor&iacute;a de las veces lo hace en un tono de superioridad o resulta intimidatorio&rdquo;, cuenta seg&uacute;n su experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Tiene algo el gimnasio que consigue estimular nuestro lado m&aacute;s territorial, de pronto nos vemos defendiendo a muerte nuestro peque&ntilde;o terru&ntilde;o de banco con vistas a un espejo. Beatriz, responsable de personal en el roc&oacute;dromo Arkose de Cuatro Caminos, destaca el ambiente &ldquo;colaborativo y poco competitivo&rdquo; que se respira entre las presas y las colchonetas: &ldquo;Da igual si llegas sin saber absolutamente nada, siempre hay alguien dispuesto a ayudarte&rdquo;. Eduardo Padr&oacute;n, contable de 27 a&ntilde;os, acude al roc&oacute;dromo una o dos veces por semana con un amigo. Destaca que, pese a que existe cierta competitividad, se trata de un &ldquo;pique sano&rdquo; centrado en &ldquo;aprender y no tanto en juzgar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La modalidad de escalada de interior, o bloque, practicada en grandes naves con muros de colores y suelos acolchados, ha pasado a formar parte del <em>mainstream </em>deportivo que antes se repart&iacute;a entre correr, nadar, jugar al p&aacute;del o machacarse con pesas. Junto a los <em>boxes </em>de <a href="https://www.eldiario.es/blog/micromachismos/musculos_132_1357751.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>crossfit</em></a><em>,</em> los roc&oacute;dromos urbanos han proliferado de forma notable en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Beatriz subraya, como otro punto positivo, la diversidad de perfiles que se re&uacute;nen en un roc&oacute;dromo: &ldquo;Desde estudiantes hasta personas con trabajazos&rdquo;. Reconoce, eso s&iacute;, que la escalada estuvo asociada a perfiles m&aacute;s alternativos: &ldquo;Antes era un deporte m&aacute;s de gente punk. Ahora es mucho m&aacute;s abierto. Da igual tu ideolog&iacute;a, aqu&iacute; lo que importa es escalar&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tengo la sensación de que al gimnasio la gente va solo a bucarse, a levantar peso como un animal. La escalada recupera un poco ese elemento de juego</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Nacho Fernández</span>
                                        <span>—</span> escala en rocódromo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 2018, Espa&ntilde;a contaba con unos 150 roc&oacute;dromos. Para enero de 2024, la cifra ascend&iacute;a a 366, un crecimiento considerable que se suma al aumento de las licencias de monta&ntilde;a. La Federaci&oacute;n Madrile&ntilde;a de Monta&ntilde;ismo registr&oacute; un salto de 8.000 licencias en 2009 a m&aacute;s de 21.300 en 2021. Aunque esas licencias abarcan distintas disciplinas, el auge de la escalada en interiores ha contribuido de manera decisiva a esta expansi&oacute;n. Adem&aacute;s, el deporte ha ganado mayor visibilidad tras su debut en los Juegos Ol&iacute;mpicos de Tokio 2020, donde el espa&ntilde;ol Alberto Gin&eacute;s obtuvo la medalla de oro.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s mujeres se apuntan a escalada, aunque a&uacute;n no se logra la equidad de g&eacute;nero. En 2019, un <a href="https://zaguan.unizar.es/record/123875/files/texto_completo.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio </a>en la provincia de Huesca evidenci&oacute; que en los roc&oacute;dromos hab&iacute;a seis hombres por cada mujer. A escala nacional, aunque los datos muestran cierta mejora respecto a otros deportes, persiste el desequilibrio: en 2020, solo el 34,2% de los deportistas federados en disciplinas en deportes de monta&ntilde;a eran mujeres. Seg&uacute;n datos de la International Health, Racquet &amp; Sportsclub Association (IHRSA), en muchos pa&iacute;ses la proporci&oacute;n femenina en los gimnasios ronda el 50%, e incluso en algunos casos supera a la masculina.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ffd54c0d-2f8c-4127-97b6-6cd52e0d4947_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Rogue Invitational Cross Fit - Aberdeen en The P&amp;J Live Arena (Aberdeen, Escocia, 2024)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Rogue Invitational Cross Fit - Aberdeen en The P&amp;J Live Arena (Aberdeen, Escocia, 2024).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Cultura del </strong><em><strong>gymbro</strong></em></h2><p class="article-text">
        Para muchas personas, no ir al gimnasio es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Israel Merino, joven periodista, dedic&oacute; una <a href="https://www.publico.es/opinion/columnas/dios-patria-gimnasio.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">columna</a> en <em>P&uacute;blico</em> a criticar el comportamiento de determinados hombres en las salas de musculaci&oacute;n, describi&eacute;ndolas como un &ldquo;territorio comandado por chavales obsesionados con mirar a todo Dios por encima del hombro&rdquo;. Merino relacionaba la cultura del <em>&ldquo;gymbro&rdquo;</em> con una ideolog&iacute;a reaccionaria y aseguraba que algunas de sus amigas hab&iacute;an dejado de frecuentar gimnasios convencionales para apuntarse a centros dirigidos a personas mayores.
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido hizo Marina Mu&ntilde;oz, <em>community manager</em> de 26 a&ntilde;os, quien recientemente se cambi&oacute; a un gimnasio exclusivo para mujeres: &ldquo;No quiero que un hombre me diga c&oacute;mo tengo que hacer las cosas, porque es que les encanta hacerlo&rdquo;, explica. &ldquo;Prefiero entrenar con mis chicas, que no vienen a explicarte nada cuando no se lo has pedido&hellip;como es normal. Adem&aacute;s, odio a los entrenadores que gritan demasiado en las clases&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Padr&oacute;n, el contable escalador, es de los que nunca ha acudido al gimnasio, &ldquo;ni piensa hacerlo&rdquo;. Lo asocia a unos valores en los que no cree. Asegura que fomenta un tipo de masculinidad que le har&iacute;a sentir inseguro. En contraposici&oacute;n, recuerda una vez que olvid&oacute; su camiseta para ir al roc&oacute;dromo y tuvo que escalar con una t&eacute;rmica ajustada que llevaba en la mochila. &ldquo;Tengo mis complejos, como todos, y me daba cosa que se me marcaran las <em>lorcillas</em>. Pero me sent&iacute; c&oacute;modo en todo momento. Eso dice mucho del buen ambiente de un roc&oacute;dromo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El rocódromo es un espacio abierto, diáfano y mucho más colorido, que te permite olvidarte de ti mismo por un rato</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan Carlos Menchén</span>
                                        <span>—</span> escalador
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No es solo la actitud de algunos usuarios lo que crea ese halo sofocante, sino tambi&eacute;n la propia configuraci&oacute;n de muchos gimnasios: espacios con poca luz natural y espejos por todas partes, supuestamente para ejecutar correctamente los ejercicios, pero que, en la pr&aacute;ctica, sirven a muchos para levantarse la camiseta y mirarse los abdominales. &ldquo;El roc&oacute;dromo es un espacio abierto, di&aacute;fano y mucho m&aacute;s colorido, que te permite olvidarte de ti mismo por un rato&rdquo;, compara Juan Carlos Mench&eacute;n, quien por ahora compagina la escalada con el entrenamiento con pesas. &ldquo;Es como estar en un parque infantil. Te retrotrae a la infancia. Muchos gimnasios parecen mazmorras o f&aacute;bricas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>No todo es bonito en los roc&oacute;dromos</strong></h2><p class="article-text">
        En la primera escena de <em>Terciopelo azul</em> (<em>Blue Velvet</em>, 1986) de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/muere-director-cine-david-lynch-autor-obras-maestras-terciopelo-azul-twin-peaks-78-anos_1_11970727.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Lynch</a> la c&aacute;mara se adentra en la hierba del jard&iacute;n de una casa para revelarnos un enjambre de hormigas y escarabajos repulsivos devor&aacute;ndose entre s&iacute;. Lynch nos est&aacute; diciendo que, detr&aacute;s de la fachada de la sociedad aparentemente perfecta, hay una realidad oscura y perturbadora que se oculta bajo la superficie. Al escarbar siempre se encuentran cosas, y el roc&oacute;dromo no se libra de esta regla. El propio Mench&eacute;n advierte que, si en el gimnasio existe &ldquo;el <em>mansplaining</em> de 'te ense&ntilde;o c&oacute;mo usar las m&aacute;quinas&rdquo;, en el roc&oacute;dromo est&aacute; la persona que se ofrece a portearte sin que se lo pidas. &ldquo;En ambos ambientes hay tipos que gritan y lucen b&iacute;ceps&rdquo;, afirma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_50p_1112760.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_50p_1112760.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_75p_1112760.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_75p_1112760.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_default_1112760.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_default_1112760.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9e722190-2a80-46a2-9bc0-abfb65e03dcb_16-9-aspect-ratio_default_1112760.jpg"
                    alt="&quot;En ambos ambientes hay tipos que gritan y lucen bíceps&quot;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;En ambos ambientes hay tipos que gritan y lucen bíceps&quot;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Patricia Albaladejo, que lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada escalando principalmente al aire libre, coincide en que el bloque de interior puede generar sus propias din&aacute;micas nocivas. &ldquo;En el roc&oacute;dromo las v&iacute;as son cortas y exigen mucha fuerza. A veces llega un t&iacute;o hipermazado, sin tener idea de la escalada, se saca un bloque que t&uacute; no consigues y eso afecta a tu ego. Puede volverse t&oacute;xico con una misma&rdquo;. Adem&aacute;s, comenta que, como mujer y sin el cuerpo &ldquo;hegem&oacute;nico&rdquo; de escaladora, a menudo despierta sorpresa si encadena un bloque dif&iacute;cil. &ldquo;Notas c&oacute;mo tres chavales te miran y piensan: 'Si ella puede, yo tambi&eacute;n'. Esa actitud competitiva est&aacute; a la orden del d&iacute;a en el roc&oacute;dromo&rdquo;, cuenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el rocódromo las vías son cortas y exigen mucha fuerza. A veces llega un tío hipermazado, sin tener idea de la escalada, se saca un bloque que tú no consigues y eso afecta a tu ego. Puede volverse tóxico con una misma</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Patricia Albaladejo</span>
                                        <span>—</span> escaladora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Manon Germes, que lleva escalando desde hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os, tambi&eacute;n ha tenido suficiente experiencia en este deporte como para haber encontrado aspectos potencialmente peligrosos para la salud mental de los participantes. &ldquo;En la escalada importa mucho la relaci&oacute;n entre tu peso y tu fuerza, porque es m&aacute;s f&aacute;cil si eres ligero. Eso deriva en muchos problemas alimenticios, sobre todo en deportistas de alto rendimiento&rdquo;. De hecho, La Federaci&oacute;n Internacional de Escalada Deportiva (IFSC) ha reconocido este problema y ha implementado medidas para abordarlo. En 2023, reintrodujo la medici&oacute;n del &Iacute;ndice de Masa Corporal (IMC) en las competiciones mundiales como parte de sus esfuerzos para combatir los trastornos alimenticios en el deporte.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la idea de que el roc&oacute;dromo representa una versi&oacute;n menos t&oacute;xica del gimnasio se sustenta en la experiencia de muchos usuarios que nunca han logrado encajar en el ambiente de las salas de musculaci&oacute;n. No obstante, tambi&eacute;n se han se&ntilde;alado aspectos potencialmente nocivos de la escalada, como el riesgo de obsesionarse con el peso. Ni el gimnasio es intr&iacute;nsecamente agresivo ni el roc&oacute;dromo est&aacute; libre de conductas perjudiciales, por lo que, al final, todo depende de las expectativas y valores que cada persona busque al elegir su espacio de ejercicio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gimnasio-escalada-cuerpo-bienestar-salud-mental_1_12098066.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Mar 2025 20:47:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a0365cd0-cd9e-43bb-8061-611d625aa124_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="462049" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a0365cd0-cd9e-43bb-8061-611d625aa124_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="462049" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Es la escalada la versión menos tóxica del gimnasio?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a0365cd0-cd9e-43bb-8061-611d625aa124_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ejercicio físico,Escalada,Gimnasios,Bienestar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comida lubricada: por qué los restaurantes se han llenado de platos que chorrean]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/comida-lubricada-restaurantes-han-llenado-platos-chorrean_1_12015770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/170d9a6a-4f68-46b1-854f-8df6ca563208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comida lubricada: por qué los restaurantes se han llenado de platos que chorrean"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hamburguesas, tartas de queso, tortillas, croquetas... Una de las tendencias gastronómicas más recientes, que abarca tanto la comida rápida como los platos tradicionales, es la apuesta por texturas extremadamente fluidas en las preparaciones</p><p class="subtitle">Mikel López Iturriaga: "Llamar a la gente vaga porque no cocina solo puede hacerse desde cierto privilegio"</p></div><p class="article-text">
        En tiempos l&iacute;quidos, hasta la comida parece adaptarse a la incertidumbre. Al menos esa podr&iacute;a ser la conclusi&oacute;n de quien observe los alimentos anunciados en enormes vallas urbanas o grabados con un iPhone para v&iacute;deos de TikTok. La pregunta que surge es: &iquest;en qu&eacute; momento los alimentos empezaron a chorrear?
    </p><p class="article-text">
        Una sencilla prueba que cualquiera puede realizar para constatar esta transformaci&oacute;n es examinar la evoluci&oacute;n de las fotograf&iacute;as publicitarias de hamburguesas. Un cartel de una Big Mac de 1973 muestra un plato en el que el queso apenas sobresale de la carne, casi imperceptible. Sin embargo, la b&uacute;squeda en Google de <a href="https://www.google.com/search?q=mejores+hamburguesas+2024&amp;sca_esv=061cf45e01aae854&amp;rlz=1C1CHBD_esES1076ES1076&amp;udm=2&amp;biw=1920&amp;bih=919&amp;ei=iUCjZ62xHb2Qxc8PwIHdYA&amp;ved=0ahUKEwjtmYe8rKyLAxU9SPEDHcBAFwwQ4dUDCBE&amp;uact=5&amp;oq=mejores+hamburguesas+2024&amp;gs_lp=EgNpbWciGW1lam9yZXMgaGFtYnVyZ3Vlc2FzIDIwMjQyBhAAGAcYHjIEEAAYHjIGEAAYCBgeMgYQABgIGB4yBhAAGAgYHjIGEAAYCBgeMgYQABgIGB4yBhAAGAgYHjIGEAAYCBgeMgYQABgIGB5I1BRQ-wRYnBBwAXgAkAEAmAGAAaABzQKqAQMwLjO4AQPIAQD4AQGYAgSgAoYDwgIFEAAYgASYAwCIBgGSBwMxLjOgB84S&amp;sclient=img" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;mejores hamburguesas 2024&rdquo;</a> arroja un conjunto de resultados con una composici&oacute;n muy similar: se apilan como torres, proyectan altura y poca compacidad, y en todas el queso fundido chorrea desde lo alto hasta empapar por completo el plato.
    </p><p class="article-text">
        Las hamburguesas no son el &uacute;nico alimento afectado por esta condici&oacute;n casi l&uacute;brica, en donde el queso fundido suele ostentar una importancia central. Sin ir m&aacute;s lejos, en estos d&iacute;as la franquicia Domino&rsquo;s Pizza promociona un nuevo producto, la Croissantizzima, que fusiona la receta cl&aacute;sica italiana con bordes inspirados en el hojaldre franc&eacute;s. En la foto del anuncio, se repite la f&oacute;rmula m&aacute;s popular del momento: un trozo de pizza separado del resto, con hilos de queso fundido chorreando, a punto de romper las leyes gravitatorias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_50p_1110948.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_50p_1110948.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_75p_1110948.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_75p_1110948.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_default_1110948.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_default_1110948.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9a186852-10f9-4f69-844f-1c50748e7d9d_16-9-aspect-ratio_default_1110948.jpg"
                    alt="Y debajo, una hamburguesa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Y debajo, una hamburguesa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es evidente que estas im&aacute;genes o <a href="https://www.eldiario.es/era/adoro-ver-disfrutas-pizza-fiebre-muk-bang-ver-comer-genera-placer-consecuencias_1_10589502.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;deos de comida</a> tan est&eacute;ticos y seductores no constituyen un fen&oacute;meno reciente: se conciben, ante todo, para estimular el apetito a trav&eacute;s del placer visual. De hecho, a este fen&oacute;meno se le conoce como <em>food porn</em> (porno de comida). Lo m&aacute;s fascinante es determinar hasta qu&eacute; punto esta forma de exhibir los alimentos ha modificado la manera de cocinarlos. Quiz&aacute; ya no sea el fot&oacute;grafo quien procura resaltar lo mejor de un plato ideado por el chef, sino el propio cocinero quien adapta sus creaciones para que luzcan impecables ante la c&aacute;mara. Un cambio de paradigma que ha transformado, incluso, recetas tradicionales de la gastronom&iacute;a espa&ntilde;ola como la tortilla de patatas, las croquetas o la tarta de queso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Hasta qué punto esta forma de exhibir los alimentos ha modificado la manera de cocinarlos? Quizá ya no sea el fotógrafo quien procura resaltar lo mejor de un plato ideado por el chef, sino el propio cocinero quien adapta sus creaciones</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El chef Txema Urda asegura que la b&uacute;squeda de texturas m&aacute;s fluidas, brillos sugerentes y acabados visualmente llamativos obedece a una evoluci&oacute;n en la percepci&oacute;n sensorial de los platos. &ldquo;No solo se prioriza el sabor, sino tambi&eacute;n la experiencia visual y emocional que evocan&rdquo;, afirma. Por su parte, Vinyet Capdet, directora del grado de Ciencias Culinarias de la Universidad de Barcelona, se&ntilde;ala que las texturas fluidas en la alta cocina emergieron en la d&eacute;cada de 1990 de la mano de Ferran Adri&agrave;. &ldquo;Sin duda, hoy son las im&aacute;genes que m&aacute;s venden y, en los nuevos conceptos de bar-restaurante o gastrobares, <a href="https://www.eldiario.es/viajes/gastrificacion-gentrificacion-gastronomia_1_10542001.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casi todos ofrecen algo similar</a>&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El crep&uacute;sculo de la tortilla mazacote</strong></h2><p class="article-text">
        En tiempos recientes, el interminable debate entre quienes prefieren la <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/espana-hablado-vence-tortilla-patata-cebolla-hecha_1_10517562.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tortilla de patata con o sin cebolla</a> ha convivido con otra controversia: &iquest;es mejor una tortilla m&aacute;s cuajada o poco hecha? Son muchos los que se asoman a la barra de un bar para comprobar si la tortilla expuesta est&aacute; &ldquo;babosa&rdquo; o, como suele decirse, es un &ldquo;mazacote&rdquo;, antes de pedir un pincho para desayunar. En realidad, vincular la calidad de una tortilla con un bajo grado de cocci&oacute;n es un fen&oacute;meno relativamente nuevo, salvando la excepci&oacute;n de la popular modalidad de Betanzos.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso hojear antiguos recetarios de cocina espa&ntilde;ola y comprobar que, anta&ntilde;o, las tortillas de patatas se apreciaban densas, firmes y compactas. El escritor y periodista Josep Pla dedic&oacute; varios cap&iacute;tulos de <em>Lo que hemos comido</em> a analizar distintos tipos de tortilla. En ellos, deja claro que para elaborar una de calidad, tanto el interior como el exterior deben cocerse de manera uniforme; incluso critica las malas tortillas que sirven en algunos lugares por estar crudas por dentro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/561713ef-b00c-4bac-b549-36c9ee63ef66_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Chorreante y con trufa, la tortilla amén de las tendencias de La Nobia (Madrid)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Chorreante y con trufa, la tortilla amén de las tendencias de La Nobia (Madrid).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La investigadora gastron&oacute;mica Ana Vega P&eacute;rez de Arlucea explica esta metamorfosis en un <a href="https://www.larioja.com/degusta/gastrohistorias/tortillas-crudas-20230204111055-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>: &ldquo;Desgraciadamente para m&iacute; &mdash;y m&aacute;s a&uacute;n para los amantes de la tortilla cuajada&mdash;, la simple melosidad tortillil se ha quedado anticuada. Ahora est&aacute; de moda ir mucho m&aacute;s all&aacute;, rozando los l&iacute;mites de lo crudo y sirviendo tortillas que, como si fueran un globo de agua, al pincharlas sueltan huevo l&iacute;quido a borbotones&rdquo;. A&ntilde;ade que, no hace tanto, en Bilbao se encontraba la sabrosa y densa 'tortilla de madera', en la que el huevo y la patata se cocinaban a la vez y cuyo punto perfecto de cocci&oacute;n se calculaba introduciendo un dedo protegido por un dedal.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hace 40 años, poner en riesgo tu vida por comer una tortilla líquida hubiera sido una locura. Sin embargo, hoy en día, la estética efímera y la experiencia sensorial inmediata dominan la narrativa culinaria</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Txema Urda</span>
                                        <span>—</span> chef
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para entender hasta qu&eacute; punto la fotograf&iacute;a y las redes sociales han influido en la consolidaci&oacute;n del reinado de la tortilla poco cuajada, basta con preguntarse cu&aacute;l de los dos formatos resulta m&aacute;s atractivo en un primer plano de c&aacute;mara. Txema Urda se&ntilde;ala que tambi&eacute;n hay un factor relacionado con la seguridad alimentaria: &ldquo;Hace 40 a&ntilde;os, poner en riesgo tu vida <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/riesgos-expones-si-gusta-tortilla-patatas-hecha_1_11413061.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por comer una tortilla l&iacute;quida</a> hubiera sido una locura. Sin embargo, hoy en d&iacute;a, la est&eacute;tica ef&iacute;mera y la experiencia sensorial inmediata dominan la narrativa culinaria&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las croquetas de Cocituber</strong></h2><p class="article-text">
        Se habla mucho del efecto burbuja que generan las plataformas digitales, pero quien se lo proponga puede dar con creaciones verdaderamente ins&oacute;litas. En YouTube, por ejemplo, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=nKzZ7i4xq94" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hay un v&iacute;deo muy particular</a> que re&uacute;ne a dos c&eacute;lebres <em>influencers</em> gastron&oacute;micos: Pablo Cabezali (Cenando con Pablo) y Alfonso Ortega (Cocituber). En apenas unos meses, Ortega logr&oacute; abrir cuatro restaurantes gracias a su tir&oacute;n medi&aacute;tico y a su habilidad para captar los anhelos culinarios del momento. Cenando con Pablo acudi&oacute; a probar uno de ellos, prometiendo una cr&iacute;tica sincera y manifestar &ldquo;lo que le salga de las bolas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/89690ebd-585f-47df-b82c-889a4fcf8370_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tarta casi líquida de queso."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tarta casi líquida de queso.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay varios motivos para detenerse en ese documento, m&aacute;s all&aacute; de presenciar &mdash;o padecer&mdash; la tremenda 'brasa' que Cenando con Pablo le propina a Cocituber (empapado en sudor antes de que llegue el segundo plato). El m&aacute;s interesante quiz&aacute; sea observar c&oacute;mo se manejan y presentan estos platos, y hasta qu&eacute; punto son 'cosificados' por su mera apariencia.
    </p><p class="article-text">
        El ritual es meticuloso: primero se graba el plato girando para destacar sus brillos; el alimento debe centellear. En el momento en que llegan las croquetas, se abren en primer plano para exhibir la bechamel chorreante, priorizando la lubricidad al sabor. El mismo juego se repite con la tarta de queso, descrita en la carta como &ldquo;extremadamente cremosa&rdquo; y pr&aacute;cticamente desparramada en el plato. El &eacute;xito de Cocituber &mdash;que lleg&oacute; a cerrar sus restaurantes por exceso de p&uacute;blico&mdash; tal vez se base en haber entendido a la perfecci&oacute;n ese matiz casi er&oacute;tico al que han evolucionado muchos platos de la gastronom&iacute;a espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n en el proceso de elaboraci&oacute;n de croquetas resulta tan evidente que basta con buscar unas cuantas recetas en Internet para ver que el principal reclamo es descubrir el secreto para un interior l&iacute;quido. Incluso se han popularizado trucos como la adici&oacute;n de gelatina a la bechamel, que da consistencia a la masa en fr&iacute;o pero la hace casi fluida al calentarse. En un evento reciente, celebrado en uno de sus establecimientos, los propietarios del grupo Arz&aacute;bal defendieron sus croquetas de interior firme frente a la moda de la croqueta l&iacute;quida, que, seg&uacute;n ellos, es la que triunfa hoy en todos los concursos.
    </p><p class="article-text">
        Txema Urda apunta que uno de los motivos por los que platos tradicionales como la tortilla de patatas, las croquetas o las tartas de queso han cambiado tanto su apariencia como su textura se debe a la evoluci&oacute;n de la cocina y la influencia de ciertos restaurantes vanguardistas. Menciona El Bulli, de Ferran Adri&agrave;, pionero en desarrollar nuevas t&eacute;cnicas, como la esferificaci&oacute;n &mdash;que encapsula l&iacute;quidos en una fina membrana&mdash; para lograr efectos visuales y sensoriales sorprendentes. &ldquo;En el fondo, las croquetas l&iacute;quidas actuales imitan la famosa 'esferificaci&oacute;n de croqueta l&iacute;quida' creada en ese restaurante&rdquo;, sostiene.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/29eea754-c8d0-4a17-81ce-08a70bbebd84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Croqueta cremosísima del restaurante Pandora (Avilés)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Croqueta cremosísima del restaurante Pandora (Avilés).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>La erotizaci&oacute;n de la comida</strong></h2><p class="article-text">
        El <em>food porn</em>, popularizado en redes sociales, encarna esta transformaci&oacute;n est&eacute;tica e identitaria de la gastronom&iacute;a. Se basa en la exageraci&oacute;n de texturas, brillos y movimientos seductores, para convertir los alimentos en un espect&aacute;culo visual irresistible. En este marco, el queso que se desliza, la bechamel que rebosa y la tarta de queso al l&iacute;mite del colapso no solo reflejan cambios en las t&eacute;cnicas culinarias, sino tambi&eacute;n una nueva forma de comercializar el deseo gastron&oacute;mico. Ya no se trata &uacute;nicamente de consumir comida, sino de contemplarla, fotografiarla y compartirla. Lo l&iacute;quido, lo cremoso y lo que desaf&iacute;a la gravedad se vinculan al placer, afianzando una tendencia en la que el impacto visual puede pesar m&aacute;s que el sabor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El queso que se desliza, la bechamel que rebosa y la tarta de queso al límite del colapso no solo reflejan cambios en las técnicas culinarias, sino también una nueva forma de comercializar el deseo gastronómico</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El fot&oacute;grafo Coke Riera duda de que la fotograf&iacute;a gastron&oacute;mica haya influido de manera directa en la cocina, aunque reconoce su impacto en la presentaci&oacute;n. A su juicio, la evoluci&oacute;n est&eacute;tica se debe sobre todo a t&eacute;cnicas de alta cocina &mdash;como la deconstrucci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n con texturas&mdash;, que han hecho los platos m&aacute;s atractivos sin descuidar el sabor. &ldquo;La experiencia comienza con la presentaci&oacute;n, el olor y, finalmente, el sabor&rdquo;, afirma. No obstante, admite que las redes sociales han reforzado la importancia de la apariencia, pues las im&aacute;genes sirven para atraer clientes. Aun as&iacute;, insiste en que la fotograf&iacute;a no es el factor determinante de esta transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que a menudo pasemos por alto &mdash;o incluso absorbamos de manera inconsciente&mdash; los mensajes que despiertan nuestros impulsos m&aacute;s primarios en torno a la comida. Basta con revisar los v&iacute;deos que el chef David Mu&ntilde;oz y la presentadora Cristina Pedroche publicaron en YouTube durante la pandemia. Cada degustaci&oacute;n conclu&iacute;a con gemidos del chef que, sacados de contexto, podr&iacute;an pertenecer m&aacute;s al guion de una producci&oacute;n er&oacute;tica que al de un sencillo v&iacute;deo de cocina. Como bien demostr&oacute; la directora Isabel Coixet en su serie <em>Foodies Love,</em> de la mesa a la cama hay solo un paso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/comida-lubricada-restaurantes-han-llenado-platos-chorrean_1_12015770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Feb 2025 21:29:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/170d9a6a-4f68-46b1-854f-8df6ca563208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="678238" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/170d9a6a-4f68-46b1-854f-8df6ca563208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="678238" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Comida lubricada: por qué los restaurantes se han llenado de platos que chorrean]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/170d9a6a-4f68-46b1-854f-8df6ca563208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Comida,Comida rápida,Gastronomía,Turismo gastronómico,Alimentación,Marketing,Publicidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La era del turrón souvenir: ¿ha perdido el dulce navideño su esencia por culpa del 'boom' gastronómico?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/turron-souvenir-dulce-navideno-boom-gastronomico_1_11931504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc39b1c6-6091-4e56-b44f-12948ee07ca6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La era del turrón souvenir: ¿ha perdido el dulce navideño su esencia por culpa del &#039;boom&#039; gastronómico?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos años, el consumo del dulce almendrado y sus múltiples variantes –algunas de sabores tan inesperados como gin tonic o nachos con queso– se ha disparado convirtiéndose en un fenómeno urbano, con los centros de ciudades plagados de establecimientos especializados, y viral en redes sociales</p><p class="subtitle">'Gastrificación' o por qué acabamos comiendo exactamente lo mismo en cualquier restaurante</p></div><p class="article-text">
        Es probable que estas navidades usted se haya preguntado por qu&eacute; en su m&oacute;vil le aparecen tantos v&iacute;deos de hombres <a href="https://www.tiktok.com/search?q=probando%20turr%C3%B3n&amp;t=1735491186189" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">probando turrones</a> de sabores extra&ntilde;os, como de <em>gin tonic</em>, pino fresco, y cosas as&iacute;. O puede que usted sea de los que, en pleno verano, sale a darse un paseo por el centro de su ciudad, se topa con un local perfectamente iluminado &mdash;del tama&ntilde;o suficiente para albergar dos equipos de f&uacute;tbol&mdash; dedicado exclusivamente a vender turrones, y se pregunta: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n demonios entra en estas tiendas?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El turr&oacute;n, o lo que queda de &eacute;l, se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de las navidades. En cierto modo siempre lo ha sido, pero ahora parece haberse sometido a un <em>lifting </em>integral &mdash;cara, cuello y cejas incluidos&mdash; para lucir como si tuviera 20 a&ntilde;os. Los art&iacute;fices de esta transformaci&oacute;n han sido las grandes firmas, en colaboraci&oacute;n con los grandes chefs espa&ntilde;oles &mdash;casi exclusivamente hombres&mdash;, quienes han dedicado parte del a&ntilde;o a idear cu&aacute;l ser&aacute; el turr&oacute;n estrella de estas fiestas. La apertura de decenas de tiendas especializadas en este alimento tambi&eacute;n ha contribuido significativamente, al punto de que casi es posible recorrer el centro de ciudades como Madrid o Barcelona saltando de una tienda de turr&oacute;n a otra.
    </p><p class="article-text">
        Se acabar&iacute;a antes diciendo los sabores que no se han utilizado este a&ntilde;o para reinventar este cl&aacute;sico dulce almendrado. Hoy, definirse como aficionado al tradicional turr&oacute;n de chocolate con arroz inflado de Suchard roza el conservadurismo. Los supermercados ofrecen opciones como tarta de queso, Donete, Kinder Bueno o tarta de zanahoria, que, al menos, mantienen el patr&oacute;n <em>dulce-dulce</em>. Pero tambi&eacute;n han surgido propuestas m&aacute;s atrevidas, capaces de generar alg&uacute;n que otro conflicto familiar, como los turrones de Nachos Cheddar, Jam&oacute;n Serrano o el de caf&eacute; con leche en Plaza Mayor, una brillante estrategia de <em>marketing </em>de LaCasa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Casi es posible recorrer el centro de ciudades como Madrid o Barcelona saltando de una tienda de turrón a otra</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En TikTok ha surgido toda una tendencia en torno a creadores de contenido que prueban estos dulces experimentales. Las creaciones m&aacute;s populares en redes suelen estar avaladas por figuras destacadas de la gastronom&iacute;a, como el turr&oacute;n de plancton de &Aacute;ngel Le&oacute;n, el de tarta de queso inspirado en La Pedroche y creado por Dabiz Mu&ntilde;oz &mdash;uno de los pioneros de esta tendencia&mdash; o la gama presentada por el <em>youtuber </em>gastron&oacute;mico Peldanyos. Pedro Ure&ntilde;a, portavoz de ASEMPAS, asociaci&oacute;n de pasteleros de Madrid, asegura que esta estrategia de colaborar con cocineros no es nueva, aunque nunca se hab&iacute;a llegado tan lejos como en 2024. Tambi&eacute;n destaca el auge de alianzas entre marcas, por ejemplo El Almendro y Estrella Galicia con su &ldquo;turr&oacute;n para cerveceros&rdquo;, o la fusi&oacute;n de Suchard con Oreo.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7442304886894644512"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Las cifras de ventas confirman la fiebre turronera. En 2023, aumentaron un 6,9%, y para la nueva campa&ntilde;a se espera un crecimiento adicional del 3-4% en las denominaciones de origen Jijona y Alicante, seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola del Dulce (Produlce). Adem&aacute;s, su llegada a las tiendas se adelanta cada vez m&aacute;s, con los primeros productos disponibles en los supermercados desde octubre. Sin embargo, los consumidores se enfrentan al <a href="https://www.eldiario.es/economia/grandes-chocolateras-empiezan-fusionarse-cacao-disparado-tendencia-alimentacion-saludable_1_11890434.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encarecimiento del cacao</a>, provocado por factores clim&aacute;ticos y la especulaci&oacute;n, lo que ha derivado en una subida generalizada de precios. Por otro lado, las ventas de mantecados y polvorones tambi&eacute;n han crecido, aunque de manera m&aacute;s moderada, mientras que el mazap&aacute;n registra un descenso, seg&uacute;n datos de ASEMPAS.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los fabricantes de turr&oacute;n celebran el inicio de una ligera desestacionalizaci&oacute;n, aunque el 80% de sus ventas a&uacute;n se concentren en Navidad. En las principales ciudades espa&ntilde;olas, especialmente en las zonas m&aacute;s c&eacute;ntricas, han aparecido grandes establecimientos de marcas como Vicens o 1880. Estos locales, a menudo abarrotados de clientes, se han multiplicado hasta el punto de que, en urbes como Madrid o Barcelona, es posible encontrar una docena de ellos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="El turrón, el dulce navideño que menos cae el consumo" aria-label="Interactive line chart" id="datawrapper-chart-QHh83" src="https://datawrapper.dwcdn.net/QHh83/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="566" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">!function(){"use strict";window.addEventListener("message",(function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r=0;r<e.length;r++)if(e[r].contentWindow===a.source){var i=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";e[r].style.height=i}}}))}();
</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        El motivo es su orientaci&oacute;n al turismo, que ve en el turr&oacute;n un <em>souvenir </em>perfecto de su visita. &ldquo;El turr&oacute;n no deja de ser uno de los dulces m&aacute;s exportados y reconocibles de Espa&ntilde;a&rdquo;, explica Ure&ntilde;a. &ldquo;Muchos de los pasteleros a quienes les instalan una turroner&iacute;a de firma cercana est&aacute;n satisfechos porque venden m&aacute;s. El extranjero que llega a una gran ciudad espa&ntilde;ola, despu&eacute;s de comprar el turr&oacute;n, tambi&eacute;n adquiere un dulce en la pasteler&iacute;a artesanal de al lado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un debate eterno</strong></h2><p class="article-text">
        Aunque los cl&aacute;sicos &mdash;turr&oacute;n duro y blando&mdash; contin&uacute;an liderando el mercado, la versi&oacute;n de chocolate gana cada vez m&aacute;s terreno entre el p&uacute;blico joven. De hecho, es muy probable que pocos miembros de la generaci&oacute;n zeta, nacidos a finales de los noventa y principios de los 2000, sepan qu&eacute; diferencia conceptualmente a un turr&oacute;n de una simple tableta de chocolate. &ldquo;La almendra, base fundamental de este dulce navide&ntilde;o, ha ido perdiendo protagonismo, aunque se siga utilizando &mdash;en menor medida&mdash; en casi todos los turrones&rdquo;, explica Jes&uacute;s Monedero, chef y repostero del restaurante Palio, en Toledo. &ldquo;Existen turrones de chocolate fascinantes, pero la realidad es que numerosos reposteros se han dejado influir por la bomboner&iacute;a a la hora de elaborarlos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La almendra, base fundamental de este dulce navideño, ha ido perdiendo protagonismo, aunque se siga utilizando —en menor medida— en casi todos los turrones</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jesús Monedero</span>
                                        <span>—</span> chef y repostero
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para quien busque aclarar qu&eacute; es el turr&oacute;n cl&aacute;sico, quiz&aacute; la mejor opci&oacute;n sea acercarse a El Horno de San Onofre, una pasteler&iacute;a de Madrid que huele a rosc&oacute;n desde la puerta. Aqu&iacute;, este dulce navide&ntilde;o se vende en barras tradicionales de pocos sabores, con materias primas de calidad y cortadas al gusto. Ana Guerrero, quien regenta la tienda junto a su hermana M&oacute;nica, ofrece un trato cercano y personal a cada cliente, incluso en plena vor&aacute;gine navide&ntilde;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>
<iframe title="Así se ha disparado el precio del turrón con la inflación" aria-label="Interactive line chart" id="datawrapper-chart-N1kPY" src="https://datawrapper.dwcdn.net/N1kPY/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="566" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">!function(){"use strict";window.addEventListener("message",(function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r=0;r<e.length;r++)if(e[r].contentWindow===a.source){var i=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";e[r].style.height=i}}}))}();
</script>
<br>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute;, el turr&oacute;n tiene una importancia m&aacute;xima&rdquo;, afirma Guerrero, con una finura dial&eacute;ctica que muchos pensadores envidiar&iacute;an, mientras atiende en el mostrador. &ldquo;En el Mediterr&aacute;neo ha servido durante cientos de a&ntilde;os para aliviar miedos, hacer m&aacute;s llevadera la estaci&oacute;n fr&iacute;a y sostener la nutrici&oacute;n durante el invierno&rdquo;. En su opini&oacute;n, es esencial que cualquier artesano conozca el componente mediterr&aacute;neo de este dulce y lo que ha significado para esta cultura. &ldquo;Lo simboliza la almendra de c&aacute;scara dura, que crece protegida, casi como en un &uacute;tero, para que nada entre ni salga&rdquo;. As&iacute;, explica Guerrero, el turr&oacute;n aporta los nutrientes necesarios para afrontar el invierno, duro y hostil.
    </p><p class="article-text">
        Tanto Ure&ntilde;a de ASEMPAS, como Monedero, del restaurante Palio, creen que la gran variedad de turrones lanzados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os evidencia el alto nivel de reposter&iacute;a en Espa&ntilde;a y no da&ntilde;a la esencia del producto.&nbsp;&ldquo;No existe una normativa que delimite claramente qu&eacute; separa lo artesanal de lo industrial&rdquo;, asegura Ure&ntilde;a. &ldquo;No se puede asegurar que los turrones de grandes firmas sean malos, de hecho, algunos cuentan con excelentes materias primas, aunque el proceso de elaboraci&oacute;n dista mucho del que encontramos en lugares como Casa Mira, en Madrid&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7443946246806506785"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Por su parte, Guerrero invita a equilibrar tradici&oacute;n e innovaci&oacute;n. Aunque ve con buenos ojos las nuevas propuestas, advierte del peligro de perder las ra&iacute;ces y el valor de &ldquo;los grandes cl&aacute;sicos, que son el coraz&oacute;n de la cultura mediterr&aacute;nea&rdquo;.&nbsp;A su juicio, innovar no debe limitarse a a&ntilde;adir ingredientes llamativos o <em>toppings </em>destinados a sorprender, sino a preservar la esencia del producto mientras se exploran nuevas posibilidades. &ldquo;Cuando veo un turr&oacute;n innovador con una gran carga energ&eacute;tica, me parece fant&aacute;stico&rdquo;, sostiene. &ldquo;Solo espero que reciba el cari&ntilde;o que merece para que no quede olvidado cuando pase la moda&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los nuevos turrones son pralinés. Aunque se les llame turrón, no tienen nada que ver con los turrones tradicionales, que son saludables si se consumen con moderación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Guerrero</span>
                                        <span>—</span> pastelera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la pastelera Ana Guerrero se&ntilde;ala la diferencia en lo saludable que resulta un turr&oacute;n cl&aacute;sico frente a las nuevas versiones: &ldquo;El turr&oacute;n es un alimento energ&eacute;tico con az&uacute;car, pero puede consumirse porque estamos en una estaci&oacute;n fr&iacute;a. Est&aacute; elaborado con materias primas propias de la dieta mediterr&aacute;nea: almendras, miel, clara de huevo y az&uacute;car. Los nuevos turrones, en cambio, son pralin&eacute;s. Aunque se les llame turr&oacute;n, no tienen nada que ver con los turrones tradicionales, que son saludables si se consumen con moderaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sorprende descubrir que el debate sobre la fiebre innovadora no es nuevo. Como revel&oacute; el periodista Javier Jim&eacute;nez en un <a href="https://www.xataka.com/magnet/espana-se-ha-obsesionado-sabores-turron-extranos-imaginables-1836-paso" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> publicado en Xataka el pasado diciembre, hace casi dos siglos, el escritor Josep Bernat i Baldov&iacute;, en<em> Los valencianos pintados por ellos mismos </em>(1859), ya ironizaba sobre turrones de chorizo, lomo o avellana, criticando la misma extravagancia culinaria que vemos hoy. Adem&aacute;s, la historiadora Ana Vega constat&oacute; que en 1747 exist&iacute;an m&uacute;ltiples &ldquo;turrones diversos&rdquo;. Todo esto demuestra que la llamada &ldquo;innovaci&oacute;n navide&ntilde;a&rdquo; no es reciente y que, con toda probabilidad, seguir&aacute; habiendo margen para calificar como turr&oacute;n casi cualquier dulce que se consuma durante las fiestas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="El turrón supone casi la mitad del gasto en dulces navideños" aria-label="Columnas apiladas" id="datawrapper-chart-XIPi1" src="https://datawrapper.dwcdn.net/XIPi1/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="539" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">!function(){"use strict";window.addEventListener("message",(function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r=0;r<e.length;r++)if(e[r].contentWindow===a.source){var i=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";e[r].style.height=i}}}))}();
</script>
<br>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/turron-souvenir-dulce-navideno-boom-gastronomico_1_11931504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Dec 2024 20:13:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cc39b1c6-6091-4e56-b44f-12948ee07ca6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="387046" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cc39b1c6-6091-4e56-b44f-12948ee07ca6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="387046" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La era del turrón souvenir: ¿ha perdido el dulce navideño su esencia por culpa del 'boom' gastronómico?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cc39b1c6-6091-4e56-b44f-12948ee07ca6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Gastronomía,Consumo,Navidad,Tendencias,Comida]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente que siempre está escuchando algo: ¿es sano acumular más de 30.000 minutos en Spotify?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/que-pasa-si-escucho-mucha-musica_1_11900032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/545af049-49ca-4723-bb7c-ef81d7946064_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gente que siempre está escuchando algo: ¿es sano acumular más de 30.000 minutos en Spotify?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos usuarios han alcanzado cifras impresionantes en el Wrapped de Spotify de 2024: 50.000, 70.000 o 100.000 minutos. ¿Qué revela de nosotros este dato? ¿Debemos celebrar que nunca en la historia se ha escuchado tanta música? ¿O debemos lamentar que nunca el silencio se ha escuchado tan poco?</p><p class="subtitle">¿Qué se escucha en elDiario.es? Estos son los Spotify Wrapped 2024 de la redacción</p></div><p class="article-text">
        Sara Ram&iacute;rez tiene 31 a&ntilde;os, trabaja gestionando las redes de una aseguradora veterinaria y, seg&uacute;n Spotify, durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha pasado alrededor del 35% del tiempo que est&aacute; despierta escuchando m&uacute;sica. Lo que ha conseguido Sara &mdash;y lo dice con orgullo cuando hablamos por tel&eacute;fono&mdash; es que su vida tenga una banda sonora.
    </p><p class="article-text">
        Igual que ella, que ha llegado a los 108.000 minutos, muchos usuarios han alcanzado cifras impresionantes en el <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/como-ver-spotify-wrapped-2024_1_11874514.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Wrapped de Spotify</a> de 2024: 50.000, 70.000, 100.000 o incluso 200.000 minutos. Y eso contando que en este resumen anual la aplicaci&oacute;n musical solo recopila datos de escucha desde el 1 de enero hasta el 31 de octubre. Es decir: solo se contabilizan diez meses. &iquest;Qu&eacute; revela de nosotros este dato? &iquest;Debemos celebrar que nunca en la historia se ha escuchado tanta m&uacute;sica? &iquest;O debemos lamentar que nunca el silencio se ha escuchado tan poco?
    </p><p class="article-text">
        Antes de adentrarnos en estas cuestiones vamos a profundizar en los h&aacute;bitos de consumo de estos mel&oacute;manos empedernidos. Marta Escudero, una veintea&ntilde;era que trabaja en una agencia de publicidad, ha llegado a los 95.000 minutos en 2024, el equivalente a reproducir m&uacute;sica ininterrumpidamente durante 66 d&iacute;as. Asegura que no esperaba llegar a una cifra tan elevada: el a&ntilde;o pasado sum&oacute; 80.000 minutos y no pens&oacute; que pudiera superarlo. Escucha m&uacute;sica desde que se levanta hasta que se acuesta: mientras trabaja, camina por la calle, hace deporte o lee. Solo deja de usar Spotify cuando est&aacute; con otras personas y el plan &mdash;cada vez menos frecuente&mdash; incluye estar en silencio. &ldquo;Alguna vez me he quedado dormida con el Spotify puesto&rdquo;, reconoce.
    </p><p class="article-text">
        Estos niveles tan altos de sonorizaci&oacute;n no se logran sin unas circunstancias personales y materiales que lo permitan. En el caso de Marta ha sido una elevada carga de trabajo, combinado con muchas tardes encerrada en su casa para terminar el Trabajo de Fin de Grado que ten&iacute;a pendiente. &ldquo;Lo que me ha confirmado esta cifra es que he llevado una vida bastante ermita&ntilde;a este a&ntilde;o&rdquo;, explica. A Sara, por ejemplo, le ayuda vivir sola y teletrabajar. Tiene un Alexa [el asistente virtual por voz de Amazon] en la cocina y otra en el sal&oacute;n, y asegura que en su casa siempre suena m&uacute;sica. Ambas coinciden en que el &uacute;nico momento en el que caminan por la calle sin estar acompa&ntilde;adas de una banda sonora es cuando olvidan sus cascos o se quedan sin bater&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que me ha confirmado esta cifra [95.000 minutos] es que he llevado una vida bastante ermitaña este año</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Escudero</span>
                                        <span>—</span> usuaria de Spotify
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto es algo que a H&eacute;ctor Villanueva, otro gran consumidor musical de 29 a&ntilde;os, no le ocurre nunca. &ldquo;El 99% del tiempo que voy caminando por la calle llevo auriculares; si se me olvidan, vuelvo a casa a por ellos aunque llegue tarde&rdquo;, afirma por WhatsApp. Este a&ntilde;o, ha tenido Spotify en reproducci&oacute;n durante exactamente 70.577 minutos, aunque no es su r&eacute;cord. Trabaja en una oficina siete horas al d&iacute;a, y durante el 80% de ese tiempo lleva los cascos puestos. Solo comiendo, cenando o desayunando prefiere dejar a un lado las canciones y consumir otro tipo de contenido. No tiene problema en considerarse &ldquo;totalmente dependiente de la m&uacute;sica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De la misma forma se define Laura San Juan, profesora en una escuela de m&uacute;sica de 25 a&ntilde;os, quien este a&ntilde;o ha alcanzado los 50.000 minutos en el Wrapped de Spotify, con la canci&oacute;n <em>Tus gafitas</em> de Karol G como tema m&aacute;s escuchado, y que asegura escuchar m&uacute;sica casi todo el tiempo, a veces incluso mientras duerme. &ldquo;S&iacute; que me siento dependiente de la m&uacute;sica&rdquo;, afirma por tel&eacute;fono. &ldquo;Para m&iacute;, es mi vida. Lo &uacute;nico es que esa dependencia a la actividad constante ahora est&aacute; vinculada con el consumo r&aacute;pido de m&uacute;sica, y ese no es mi caso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe una forma correcta de consumir m&uacute;sica? Un alquimista del siglo XVI llamado Paracelso lleg&oacute; a la c&eacute;lebre conclusi&oacute;n de que &ldquo;todo es veneno y nada es veneno; s&oacute;lo la dosis hace el veneno&rdquo;. Esto equivale a afirmar que ninguna sustancia o actividad es intr&iacute;nsecamente nociva sin considerar la cantidad en la que se consume o se lleva a cabo. Toda sustancia tiene una dosis t&oacute;xica y una dosis inocua. &iquest;Ocurre lo mismo con la m&uacute;sica? &iquest;Existe un umbral de consumo a partir del cual los efectos de la m&uacute;sica se vuelven perjudiciales para el oyente?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El 99% del tiempo que voy caminando por la calle llevo auriculares; si se me olvidan, vuelvo a casa a por ellos aunque llegue tarde</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Héctor Villanueva</span>
                                        <span>—</span> usuario de Spotify
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El tenor y divulgador musical Jos&eacute; Manuel Zapata se declara un ferviente defensor de &ldquo;vivir con una banda sonora eterna&rdquo;. Porque la m&uacute;sica, dice, tiene un gran poder sanador que mejora nuestras vidas. &ldquo;Imag&iacute;nate estar una semana sin m&uacute;sica, sin escuchar una sola sinton&iacute;a en el telediario. &iquest;Qu&eacute; suceder&iacute;a? Seguir&iacute;amos vivos, s&iacute;, porque no es agua ni aire, pero el tiempo se har&iacute;a eterno, y los d&iacute;as nos parecer&iacute;an el doble de largos&rdquo;. En su opini&oacute;n, es admisible decir que nunca se vivieron tiempos tan buenos como estos, en el que la m&uacute;sica est&aacute; siempre ah&iacute;, disponible en cualquier momento. &ldquo;Para m&iacute; no es Antes de Cristo y Despu&eacute;s de Cristo, sino Antes de Spotify y Despu&eacute;s de Spotify. Esta plataforma ha cambiado nuestras vidas. Me parece un progreso espectacular, porque ahora la m&uacute;sica es infinita, es libre y est&aacute; al alcance de todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sara, cuya canci&oacute;n m&aacute;s escuchada este a&ntilde;o ha sido <a href="https://www.eldiario.es/era/que-es-brat-summer_1_11609686.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Girl, so confusing</em></a><a href="https://www.eldiario.es/era/que-es-brat-summer_1_11609686.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de Charli XCX</a>, coincide con esta opini&oacute;n: &ldquo;No hay que preocuparse tanto por todo. No me pasa nada por escuchar mucha m&uacute;sica, no me afecta a la salud. A veces pienso en lo bendecida que soy por haber nacido en una &eacute;poca con este acceso infinito a la m&uacute;sica. Es una belleza il&oacute;gica&rdquo;. Admite que, en cierto modo, pasar gran parte del d&iacute;a conectada a una plataforma es una muestra del consumismo digital que afecta a nuestra sociedad. Pero ella se siente feliz en esta din&aacute;mica: &ldquo;Vivo en este mundo superfren&eacute;tico, pero me siento en sinton&iacute;a con ese frenetismo. Me encanta consumir mucho TikTok, mucho Spotify, mucho Instagram... y m&aacute;s todav&iacute;a si pudiera. Estoy de acuerdo con consumir a muerte. Seguramente sea un poco adicta a la sobreestimulaci&oacute;n, pero no me importa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que vivamos con <a href="https://www.eldiario.es/era/dopaminazo-abrazo-podcast-han-instalado-completo-rutinas_1_10659482.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una banda sonora constante</a> no alude solo a la cantidad de m&uacute;sica que consumimos, sino a c&oacute;mo altera nuestra percepci&oacute;n de la realidad, creando un filtro emocional que dramatiza o embellece lo cotidiano. Una calle cualquiera puede transformarse en el escenario de una pel&iacute;cula. &ldquo;La m&uacute;sica es la sal de nuestras emociones&rdquo;, sostiene Zapata. &ldquo;Cuando quieres potenciar un sentimiento, recurres a ella. Yo nunca he sido capaz de estar triste y ponerme una bachata. Necesito rasgarme las venas como Dios manda, llevar la tristeza al l&iacute;mite, saborearla intensamente. Es una apuesta por vivir de verdad, sin medias tintas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c88e617b-9a4d-4045-9634-85eb0d2a5afa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&quot;¿Quién, hoy en día, se sienta en el sofá a escuchar una canción con la misma atención con la que se acomoda bajo una manta para ver una película?&quot;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;¿Quién, hoy en día, se sienta en el sofá a escuchar una canción con la misma atención con la que se acomoda bajo una manta para ver una película?&quot;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Un lugar para el silencio</strong></h2><p class="article-text">
        La otra cara de la moneda es la que anhela una vida m&aacute;s callada, y una forma m&aacute;s consciente de consumir m&uacute;sica. El propio Zapata reconoce que el silencio tambi&eacute;n tiene su importancia. &ldquo;De hecho, basta con mirar las partituras de Bach o Beethoven para descubrir que el silencio es m&uacute;sica&rdquo;, defiende. Marta, por su parte, admite que a veces se siente abrumada por el constante ruido de fondo. &ldquo;A veces apago la m&uacute;sica porque siento que tengo mil cosas en la cabeza y necesito escuchar el silencio... o incluso el ruido de los coches&rdquo;. Laura tambi&eacute;n reconoce que, en ocasiones, se satura de vivir en una constante atm&oacute;sfera sonora. &ldquo;Es como cuando hueles demasiadas colonias y necesitas oler caf&eacute;&rdquo;, explica. En esos momentos, opta por cambiar a otros g&eacute;neros, como la m&uacute;sica cl&aacute;sica, o simplemente quedarse en silencio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La música es la sal de nuestras emociones. Cuando quieres potenciar un sentimiento, recurres a ella. Yo nunca he sido capaz de estar triste y ponerme una bachata. Necesito rasgarme las venas como Dios manda</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">José Manuel Zapata</span>
                                        <span>—</span> tenor y divulgador musical
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Elena Hern&aacute;ndez, voluntaria en el proyecto M&aacute;s que Silencio, reivindica la necesidad de un descanso sonoro. La iniciativa en la que participa es responsable de la apertura de un centro ubicado cerca de la Plaza de Espa&ntilde;a, en Madrid, con el prop&oacute;sito de ofrecer, de manera gratuita, un espacio de calma en mitad del estruendo de la ciudad. Para Hern&aacute;ndez, que forma parte de la Congregaci&oacute;n de las Dominicas, el silencio es fundamental: &ldquo;Aporta serenidad, equilibrio. Permite respirar, estar presente, reconocerse en lo que uno vive&rdquo;, afirma. &ldquo;El silencio ayuda a discernir, a no vivir con el piloto autom&aacute;tico puesto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo tecnol&oacute;gico, con invenciones como los <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/auriculares-conduccion-osea-son-seguros-oidos_1_10858308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">auriculares inal&aacute;mbricos</a>, los altavoces o plataformas musicales que ofrecen una oferta casi infinita de canciones, ha llenado nuestras vidas de sonido. Sin embargo, no es descabellado afirmar que el aumento progresivo del consumo musical ha terminado por restarle protagonismo a la m&uacute;sica. Hern&aacute;ndez se pregunta qui&eacute;n, hoy en d&iacute;a, se sienta en el sof&aacute; a escuchar una canci&oacute;n con la misma atenci&oacute;n con la que se acomoda bajo una manta para ver una pel&iacute;cula. &ldquo;La m&uacute;sica se ha convertido en un personaje muy familiar, s&iacute;, pero casi siempre en un actor secundario&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estar en silencio es un reto porque te enfrenta a lo que eres y te obliga a mirar de frente tu propia realidad. Y tienes que saber qué hacer con eso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elena Hernández</span>
                                        <span>—</span> voluntaria del proyecto Más Que Silencio
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Escuchar m&uacute;sica en exceso, opina Hern&aacute;ndez, puede llevarnos a desconectar de nosotros mismos y a perder lo esencial: &ldquo;A veces utilizamos el ruido de fondo para evitar encontrarnos con nosotros mismos. Llegar a casa y, de manera autom&aacute;tica, poner m&uacute;sica o la televisi&oacute;n hace que te pierdas cosas importantes&rdquo;. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que convivir con el silencio puede suponer un desaf&iacute;o: &ldquo;No siempre es agradable. Estar en silencio es un reto porque te enfrenta a lo que eres y te obliga a mirar de frente tu propia realidad. Y tienes que saber qu&eacute; hacer con eso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto no implica, ni siquiera para esta monja dominica, que la m&uacute;sica deje de ser uno de los mayores regalos de la vida, ni que la tecnolog&iacute;a no haya ideado formas nuevas y asombrosas de disfrutarla. Zapata habla de las canciones-regalo: esas que un buen amigo, consciente de que no est&aacute;s en tu mejor momento, te env&iacute;a por WhatsApp una tarde cualquiera con un enlace a Spotify. O esa otra que alguien impaciente te obliga a escuchar de inmediato, peg&aacute;ndote el m&oacute;vil a la oreja en la esquina de un bar &mdash;&iexcl;menudo pesado!&mdash;, pero que, para tu sorpresa, acaba convirti&eacute;ndose en una canci&oacute;n preciosa que figurar&aacute; entre tus favoritas del Spotify Wrapped de 2025.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/que-pasa-si-escucho-mucha-musica_1_11900032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Dec 2024 21:15:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/545af049-49ca-4723-bb7c-ef81d7946064_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39179" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/545af049-49ca-4723-bb7c-ef81d7946064_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39179" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gente que siempre está escuchando algo: ¿es sano acumular más de 30.000 minutos en Spotify?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/545af049-49ca-4723-bb7c-ef81d7946064_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Spotify,Música,Consumo,Bienestar,Redes sociales,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
