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    <title><![CDATA[elDiario.es - Liz Perales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/liz-perales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Liz Perales]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Don Juan Tenorio, mi mayor disparate]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/don-juan-tenorio-mayor-disparate_1_11919480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6d3aa98-974c-4d5e-a254-be8ab69024ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Don Juan Tenorio, mi mayor disparate"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra más representada del teatro español, Don Juan Tenorio, tuvo en su propio autor, José Zorrilla, a su crítico más virulento</p><p class="subtitle">Archiletras - ‘Electrolinera’, y no ‘electrera’ o ‘electricidadera’
</p></div><p class="article-text">
        Con el oto&ntilde;o vuelve la tradici&oacute;n teatral de representar <em>Don Juan Tenorio</em> desde la v&iacute;spera de Todos los Santos hasta el D&iacute;a de los Muertos. Es curioso que, mientras algunos teatros la mantienen hoy a duras penas, sean cada vez m&aacute;s los municipios que la han rescatado e instituido como fiesta cultural. 
    </p><p class="article-text">
        En Alcal&aacute; de Henares se escenifica al aire libre desde 1984, con c&eacute;lebres actores en los papeles protagonistas, y en Guadalajara son un centenar de aficionados los que en el Palacio del Infantado de la familia Mendoza reviven el llamado <em>Tenorio Mendocino</em>. Representaciones parecidas del Tenorio se dan por todo el pa&iacute;s, signo del favor popular conquistado por una obra de teatro como no lo ha logrado ninguna otra del repertorio espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Este drama procur&oacute; fama y popularidad a su autor en vida, y gracias a &eacute;l Jos&eacute; Zorrilla (1817-1893) se coron&oacute; como el gran poeta dram&aacute;tico del romanticismo espa&ntilde;ol. Sin embargo, resulta llamativa la relaci&oacute;n conflictiva que tuvo con ella. Es natural que los autores se averg&uuml;encen de alguna obra de juventud, pero su caso no es el repudio puntual a un ejercicio de principiante. El poeta fue cr&iacute;tico con todas sus obras dram&aacute;ticas, pero su relaci&oacute;n con el <em>Tenorio </em>se volvi&oacute; obsesiva, y cada vez m&aacute;s creciente su desafecto por el personaje que hab&iacute;a creado. Lo prueban las distintas acometidas que le dispens&oacute; a lo largo de su vida en escritos y actos p&uacute;blicos. Lleg&oacute; a decir: &ldquo;Mi don Juan es el mayor disparate que he escrito... No hay drama donde yo haya acumulado m&aacute;s locuras e inverosimilitudes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Zorrilla se convirti&oacute; en su cr&iacute;tico m&aacute;s virulento, especialmente en su madurez, cuando por necesidad se vio obligado a dejar el gremio de los poetas por el de los periodistas buscando sustento para su familia y para &eacute;l. Entonces abandona el verso y con 64 a&ntilde;os comienza a publicar por entregas una serie de art&iacute;culos en prosa en <em>Los Lunes de El Imparcial</em> bajo el t&iacute;tulo <em>Recuerdos del tiempo viejo</em>, fundamentalmente recuerdos de su aventurera y farandulera vida por Espa&ntilde;a, Europa y Am&eacute;rica, y en los que leemos en repetidas ocasiones: &ldquo;Don Juan mantiene en el mes de octubre todos los teatros de Espa&ntilde;a y las Am&eacute;ricas espa&ntilde;olas. &iquest;Es justo que el que mantiene a tantos muera en el hospital o en el manicomio por haber producido su Don Juan en un tiempo en que no exist&iacute;a la ley de propiedad literaria?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Tenorio </em>lo escribi&oacute; Zorrilla muy joven, con 27 a&ntilde;os, y lo estren&oacute; inmediatamente, en la primavera de 1844 en el Teatro de la Cruz de Madrid, con una acogida regular que fue a m&aacute;s en los meses siguientes y que se convirti&oacute; en el gran &eacute;xito del teatro espa&ntilde;ol hasta bien entrado el siglo XX. 
    </p><p class="article-text">
        El autor vendi&oacute; la obra cuando no se reconoc&iacute;a ni proteg&iacute;a legalmente el derecho de propiedad intelectual y le irritaba que otros se enriquecieran a costa de ella mientras &eacute;l deb&iacute;a contentarse con la fama, los homenajes y las funciones a su beneficio. Es comprensible que a un hombre que anduvo toda su vida preocupado por el dinero, peleando con empresarios y editores por cuestiones econ&oacute;micas, embarc&aacute;ndose en negocios varios y quej&aacute;ndose de que &ldquo;no podemos los poetas vivir del aire&rdquo;, le fastidiara la irretroactividad de una flamante ley que no proteg&iacute;a el mayor &eacute;xito teatral del momento, su <em>Tenorio</em>, pero tampoco el resto de sus obras dram&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n de amor-odio de Zorrilla con su <em>Don Juan</em> encuentra muchas otras razones: se conjetura un caso de suplantaci&oacute;n del poeta por su personaje que merecer&iacute;a el div&aacute;n del psicoanalista. Por su parte, el dramaturgo Jos&eacute; Luis Alonso de Santos apunta una raz&oacute;n m&aacute;s acad&eacute;mica: un ajuste de cuentas con el movimiento rom&aacute;ntico que de joven hab&iacute;a representado en un momento en el que tiene que volver a escribir por necesidad, cuando ya es un escritor maduro en un ambiente literario dominado por el realismo y el naturalismo. 
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente <em>Don Juan Tenorio</em> es fruto de la imaginaci&oacute;n de un joven poeta rom&aacute;ntico, mientras la autocr&iacute;tica pertenece a un viejo escritor que ve que su &eacute;poca ha pasado y al que le reprochan que no haya sabido retirarse a tiempo: &ldquo;Los veintid&oacute;s a&ntilde;os que estuve ausente de mi patria me mataron civilmente en el esp&iacute;ritu de la generaci&oacute;n que no me ve&iacute;a, y yo volv&iacute; como un resucitado que sufre los efectos y presencia el espect&aacute;culo de su fama p&oacute;stuma&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El poeta amag&oacute; varias veces con publicar un ensayo que iba a titular <em>Don Juan ante la conciencia de su autor</em> y en el que relatar&iacute;a la conflictiva relaci&oacute;n moral con su personaje. Nunca lo hizo. Pero seg&uacute;n el profesor Piero Menarini, s&iacute; escribi&oacute; mucho sobre el tema, especialmente a partir de 1877, cuando estren&oacute; su adaptaci&oacute;n de la obra a zarzuela; luego, en una funci&oacute;n a beneficio que le brind&oacute; el empresario Felipe Ducazcal en el Teatro Espa&ntilde;ol en noviembre de 1879 y en la que ley&oacute; unas redondillas al final de la representaci&oacute;n de su drama; y m&aacute;s tarde en el art&iacute;culo &ldquo;Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio&rdquo;, aparecido el 10 de mayo de 1880 en <em>El Imparcial</em> (e incorporado y aumentado en el primer volumen de <em>Recuerdos del tiempo viejo</em>).
    </p><h2 class="article-text"><strong>La maldici&oacute;n de don Juan</strong></h2><p class="article-text">
        En las redondillas que lee en el Teatro Espa&ntilde;ol confiesa que sufre la maldici&oacute;n de don Juan, pues su personaje (gracias a la fama que ha alcanzado) lo arrastra consigo all&aacute; donde vaya, con la diferencia de que, mientras don Juan siempre es joven, &eacute;l envejece. Sufre una especie de esquizofrenia: don Juan existe gracias a &eacute;l, pero ya vive solo, no necesita del autor; por el contrario, Zorrilla, que se march&oacute; del pa&iacute;s, sigue siendo recordado por el p&uacute;blico gracias al personaje:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Feliz malogrado af&aacute;n! </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al volver de tierra extra&ntilde;a, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>me hall&eacute; que hab&iacute;a en Espa&ntilde;a </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>vivido por m&iacute; don Juan.</em>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s extensa y detallada es la autocr&iacute;tica de la obra que hace en el art&iacute;culo de <em>El Imparcial</em>. Cuenta que recibi&oacute; el encargo de escribir un drama para el actor Carlos Latorre que deb&iacute;a resolver en veinte d&iacute;as. Pretend&iacute;a una refundici&oacute;n de <em>El burlador de Sevilla</em> de Tirso de Molina y sin otra referencia literaria empez&oacute; por el segundo acto, a partir de unos ovillejos amanerados que se le ocurrieron una noche de insomnio. 
    </p><p class="article-text">
        Luego traz&oacute; un plan para conservar &ldquo;la mujer burlada de Moreto, y hacer novicia a la hija del Comendador, a quien mi don Juan deb&iacute;a sacar del convento para que hubiese escalamiento, profanaci&oacute;n, sacrilegio y todas las dem&aacute;s puntadas de semejante zurcido&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Se comprende f&aacute;cilmente que no pod&iacute;a salir buena una obra tan mal pensada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este drama el joven Zorrilla volc&oacute; muchas de sus inquietudes y deseos en retratar a su h&eacute;roe, que al principio funciona como su alter ego. &Eacute;l mismo confiesa en sus memorias: &ldquo;Al escribir esta cuarteta, m&aacute;s era yo quien la dec&iacute;a que mi personaje don Juan&rdquo;. Es tambi&eacute;n una obra que enfrenta a padres con hijos, reflejo quiz&aacute; de la conflictiva relaci&oacute;n que tuvo el autor con su progenitor y que, como revela en sus memorias, atormentaron su conciencia a lo largo de toda su vida. Lo significativo de la autocr&iacute;tica es que Zorrilla cambia de bando al alinearse ahora con los padres al comportarse como tal frente a su depravado hijo literario.
    </p><p class="article-text">
        Su cr&iacute;tica es fundamentalmente un juicio moral a don Juan, en el que lo desmitifica y desaprueba desde la perspectiva de escritor maduro, hombre de car&aacute;cter disconforme y de robusta fe cristiana que cre&oacute; una criatura, un golem, que ya no puede enderezar. Por ello prefiere sustituir a su h&eacute;roe por la monja do&ntilde;a In&eacute;s: &ldquo;Mi obra tiene una excelencia que la har&aacute; durar largo tiempo sobre la escena (&hellip;) la creaci&oacute;n de mi do&ntilde;a In&eacute;s cristiana. (&hellip;) Quien no tiene car&aacute;cter, quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra es don Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina y le da relieve es do&ntilde;a In&eacute;s; yo tengo orgullo en ser el creador de do&ntilde;a In&eacute;s y pena por no haber sabido crear a don Juan. El pueblo aplaude a &eacute;ste y le r&iacute;e sus gracias, como su familia aplaudir&iacute;a las de un calavera mal criado (&hellip;). Don Juan desatina siempre, do&ntilde;a In&eacute;s encauza siempre las escenas que &eacute;l desborda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su an&aacute;lisis se&ntilde;ala errores dramat&uacute;rgicos del primer acto, donde en una hora ocurre todo porque &ldquo;estas horas de doscientos minutos son exclusivamente propias del reloj de mi don Juan&rdquo;. Y se mofa de la falta de verosimilitud de algunos de los versos m&aacute;s famosos (los de la llamada escena del sof&aacute;, que, por cierto, no hay sof&aacute; que valga en las acotaciones) que don Juan dice cuando huye a todo correr de tantos como quieren vengar sus enga&ntilde;os: &ldquo;En esta situaci&oacute;n altamente dram&aacute;tica, aquel enamorado que por su pasi&oacute;n ha atropellado y est&aacute; dispuesto a atropellar cuanto hay respetable y sagrado en el mundo, cuando &eacute;l sabe muy bien que no van a poder permanecer all&iacute; cinco minutos, no se le ocurre hablar a su amada m&aacute;s que de lo bien que se est&aacute; all&iacute; donde se huelen las flores, se oye la canci&oacute;n del pescador y los gorjeos de los ruise&ntilde;ores&rdquo;. Ello explica, a su juicio, que no haya actor que pueda decir bien estos versos.
    </p><p class="article-text">
        Justifica con iron&iacute;a su derecho a juzgar su obra y, ya metido en el oficio de cr&iacute;tico, expresa hasta c&oacute;mo debe ser la cr&iacute;tica teatral: &ldquo;&iquest;Ser&iacute;a posible, aunque para m&iacute; inconcebible ser&iacute;a, que se ofendiera la cr&iacute;tica de que yo, a mis sesenta y cuatro a&ntilde;os, al ajustar cuentas con mi conciencia, dijera de mi Don Juan lo que ella, o por consideraci&oacute;n al autor o por no atreverse a ir contra la corriente de la opini&oacute;n, no ha dicho en los mismos treinta y tres a&ntilde;os? Es imposible; la cr&iacute;tica tiene que ser hidalga y leal en Espa&ntilde;a, como lo es su pueblo, y no puede tornarse nunca en injusta, corrigiendo s&oacute;lo al autor, no concedi&eacute;ndole ni permiti&eacute;ndole nada, ni a&uacute;n reconocer y corregir sus defectos sin corregir el mal gusto, cuando extrav&iacute;a los juicios del p&uacute;blico y el arte de los actores, ocasionando los excesos y faltas de las empresas: todo lo cual constituye lo que se llama el teatro, que no es s&oacute;lo la palabra escrita del poeta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liz Perales]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/don-juan-tenorio-mayor-disparate_1_11919480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Dec 2024 21:12:17 +0000]]></pubDate>
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