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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jesús Gómez Gutiérrez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jesus-gomez-gutierrez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jesús Gómez Gutiérrez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Querida casualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/querida-casualidad_129_13172901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70be670e-3281-4d6d-9c99-2f62c8e28822_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x692y839.jpg" width="1200" height="675" alt="Querida casualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace cien años, después de haber escrito críticas para el New York Herald durante una temporada, Lillian Hellman se mudó a la capital francesa y empezó a publicar relatos</p></div><p class="article-text">
        Este martes, por motivos que no vienen al caso, me puse a releer <em>El coloquio de los perros</em> y, al empezar la escena donde Berganza se arranca con &ldquo;los cuatro enfermos que la suerte y la necesidad&rdquo; hab&iacute;an llevado al Hospital de la Resurrecci&oacute;n, me dio por cambiar ligeramente de rumbo y tirar del hilo de los alquimistas en la literatura. En principio, s&oacute;lo quer&iacute;a unos cuantos comentarios al respecto, de modo que insist&iacute; con Cervantes, pas&eacute; por obras como el <em>Guzm&aacute;n de Alfarache </em>(Mateo Alem&aacute;n) y el <em>Libro de todas las cosas y otras muchas m&aacute;s</em> (Quevedo) y cerr&eacute; el asunto con la lectura de unos extractos de <em>El toque de alquimia</em>, el tratado que Richard Stanihurst present&oacute; a Felipe II en 1593. La casualidad no hab&iacute;a intervenido a&uacute;n; pero, en cumplimiento de una de sus costumbres, se agarr&oacute; al brazo del capricho y se present&oacute; con su tambi&eacute;n t&iacute;pico desparpajo.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que todos los caminos llevan a Roma, y dicen bien. Si no hubiera vuelto a pensar al d&iacute;a siguiente en el alquimista de los perros cervantinos, no me habr&iacute;a acordado de otros colegas suyos; entre otros, el que provoca la situaci&oacute;n de <em>El mortal inmortal </em>de Mary W. Shelley, que tengo en una excelente antolog&iacute;a de autoras de g&eacute;nero fant&aacute;stico (<em>La eva fant&aacute;stica</em>). Pues bien, como sab&iacute;a que estaba entre las primeras obras del texto, lo abr&iacute; calculando a ojo; y en lugar de dar con la londinense, di con otro perro, el supuesto fantasma de &ldquo;El relato del oficial holand&eacute;s&rdquo; (Catherine Crowe), cuya &uacute;ltima l&iacute;nea dice as&iacute;: &ldquo;Los hechos no valen de nada si no encajan en nuestras teor&iacute;as&rdquo;. El azar se hab&iacute;a enganchado a la canci&oacute;n del enga&ntilde;o, a pesar de que se hubiera alejado ya de aquellos precursores de la qu&iacute;mica que empezaron trasteando con las transmutaciones de la materia y acabaron estafando a los cr&eacute;dulos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En circunstancias normales, todo eso se habr&iacute;a quedado fuera de esta columna, por no formar parte&nbsp;de su objetivo. Sin embargo, lleg&oacute; el d&iacute;a del libro, y yo segu&iacute;a entre personajes literarios o sociedades enteras que se enga&ntilde;an, enga&ntilde;an a los dem&aacute;s, enga&ntilde;an por sobrevivir, enga&ntilde;an por vicio, etc&eacute;tera. Me volv&iacute; a re&iacute;r un rato con <em>El lazarillo de Tormes</em>, genialidad feroz donde las haya. Pas&eacute; por <em>Crimen y castigo</em> (Dostoievski), <em>Muerte de un viajante</em> (Arthur Miller) y <em>El Gran Gatsby</em> (Scott Fitzgerald). Recal&eacute; &mdash;por la &eacute;poca del autor de Minnesota&mdash; en unos versos de Dorothy Parker relativos al amor y la mentira (&ldquo;Recurrencia&rdquo;, de <em>Cuerda suficiente</em>) y, entonces, el arbitrario viaje me dej&oacute; ante una gran amiga suya, la persona de la que habr&iacute;a escrito de todas formas este domingo: Lillian Hellman, cuya obra no est&aacute; precisamente exenta de enga&ntilde;os personales y sociales.
    </p><p class="article-text">
        All&aacute; por 1926, despu&eacute;s de haber escrito cr&iacute;ticas para el New York Herald durante una temporada, Hellman se mud&oacute; a la capital francesa y empez&oacute; a publicar relatos, aprovechando que su marido de entonces (Arthur Kober) trabajaba en <em>The Paris Comet</em>. Eran &ldquo;historias muy t&iacute;picas&rdquo; de determinadas escritoras, como confesar&iacute;a m&aacute;s tarde, &ldquo;de esas en las que el hombre deja el tenedor en el plato y la mujer sabe que todo ha terminado&rdquo; (entrevista con John Phillips y Anne Hollander, 1964). Era consciente de que &ldquo;no eran muy buenas&rdquo; y, para empeorar las cosas, estaba atascada en una vida que no quer&iacute;a. Necesitaba una persona que le diera un empuj&oacute;n y que &ldquo;no se dejara impresionar ni incomodar por una joven extra&ntilde;a y dif&iacute;cil&rdquo; (<em>Una mujer inacabada</em>); una persona que apareci&oacute; pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, por otro tipo de casualidad: Dashiell Hammett, crucial en su evoluci&oacute;n literaria y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, Hammett no la anim&oacute; a tomar el camino del teatro, el que la har&iacute;a famosa; de hecho, &ldquo;siempre quiso que escribiera una novela&rdquo;. Lo que hizo fue algo tan diferente como ver &ldquo;el mundo tal como era&rdquo;, sin enga&ntilde;arse; algo tan sencillo como verlo sin m&aacute;s y, as&iacute;, por el sencillo procedimiento de acompa&ntilde;arla, contribuy&oacute; a que ella abriera una puerta que, hasta ese momento, apenas vislumbraba &ldquo;por una rendija&rdquo;, como dice en su autobiograf&iacute;a. Todos nos influimos entre nosotros; a veces, para bien y, con frecuencia, con el amor de por medio. No es de extra&ntilde;ar que aquella puerta llevara a Hellman a la habitaci&oacute;n de los grandes dramaturgos del siglo XX (yo empezar&iacute;a por <em>La calumnia</em>,<em> La loba </em>y <em>Juguetes en el &aacute;tico</em>). Sab&iacute;a que la verdadera literatura entra a saco en los conflictos, por muchos problemas que eso pueda causar, y a ella se los caus&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        No hace mucho, en estas mismas p&aacute;ginas, coment&eacute; que esta columna es deudora de creadores como Hellman, Hammett y, aunque no la mencion&eacute; entonces, Dorothy Parker, comprometidos todos con la II Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola y la causa de los trabajadores y las trabajadoras (&ldquo;Hacia el r&iacute;o&rdquo;); pero me ha parecido que hablar sencillamente del juego de la literatura, con su azar, sus caprichos y hasta las extra&ntilde;&iacute;simas v&iacute;as por las que se puede volver a ellos &mdash;alquimia incluida&mdash;, le habr&iacute;a gustado m&aacute;s a aquella magn&iacute;fica mujer de Nueva Orleans que apelar a otras cuestiones, de las que le preguntaron demasiadas veces a lo largo de su vida, obviando lo dem&aacute;s. Su mundo era el teatro, la palabra; y, por otra parte, da igual por qu&eacute; casualidad se llegue a un autor o a una autora: lo importante es leerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/querida-casualidad_129_13172901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 20:57:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Querida casualidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vudú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/vudu_129_13154216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd73ecb1-9f43-4e2f-af8a-82f2582f23c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x335y526.jpg" width="1200" height="675" alt="Vudú"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre Augie Meyers, fallecido en marzo en San Antonio (Texas) y aquel genio de Mineápolis llamado Prince —muerto hace diez años— hay caminos que a veces no se ven a simple vista. Por ejemplo, el de Tom Waits</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - Un sol de abril</p></div><p class="article-text">
        Bob Seger, quien por cierto est&aacute; de aniversario (cincuenta a&ntilde;os de su <em>Live Bullet</em>, nada m&aacute;s y nada menos) dijo en cierta ocasi&oacute;n que, yendo un d&iacute;a en su coche, muerto de calor, se cruz&oacute; con un tipo que iba &ldquo;todo de negro&rdquo;, paseando &ldquo;con camisa de manga larga y botas vaqueras&rdquo; a pesar de los treinta y tantos grados que hac&iacute;a. El tipo en cuesti&oacute;n se sobresalt&oacute; cuando Seger detuvo el veh&iacute;culo y lo llam&oacute; a gritos, &ldquo;pensando quiz&aacute; que yo era de la CIA&rdquo; por &ldquo;las gafas de sol&rdquo; que llevaba, el &ldquo;celular del coche y dem&aacute;s&rdquo;, lo cual no impidi&oacute; que aceptara su invitaci&oacute;n a subir a bordo. Era Tom Waits y, como Seger adoraba su trabajo, se interes&oacute; por lo que estaba haciendo en ese momento. &ldquo;Andar&rdquo;, contest&oacute; Waits literal&iacute;simamente y, a partir de ah&iacute;, la conversaci&oacute;n se hundi&oacute; del todo en el absurdo por culpa de &ldquo;las est&uacute;pidas preguntas que hice sobre sus canciones&rdquo;, como reconoci&oacute; el propio Seger. Al final, este le pregunt&oacute; si le pod&iacute;a dejar en alg&uacute;n lado. Waits dijo que s&iacute;, que donde lo hab&iacute;a recogido, de modo que dieron la vuelta y regresaron &ldquo;exactamente&rdquo; al punto de partida (<em>Wild Years: The music and myth of Tom Waits</em>, de Jay S. Jacobs).
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima frase que pronunci&oacute; aquella vez el polifac&eacute;tico artista californiano fue un &ldquo;seguir&eacute; andando&rdquo; que, en mi opini&oacute;n, resume bastante bien su vida. Compositor, cantante, poeta, actor y, en suma, magn&iacute;fico <em>zanni</em> de la <em>commedia dell'arte</em> moderna, admirado por m&uacute;sicos tan diferentes como Keith Richards, Iggy Pop y Bob Dylan &mdash;quien lo ten&iacute;a por uno de sus &ldquo;h&eacute;roes secretos&rdquo;&mdash; y admirador por su parte de gente tan distinta como Mose Alison, Kurt Weill, Thelonious Monk y Prince, al que volver&eacute; m&aacute;s tarde. Sin embargo, no creo que Waits necesite de presentaci&oacute;n alguna a estas alturas; si lo menciono hoy es por dos noticias de estos d&iacute;as, que han corrido una suerte dispar en nuestro pa&iacute;s: la primera, el fallecimiento poco mencionado de Augie Meyers, antiguo colaborador de Waits y fundador de los Texas Tornados y Sir Douglas Quintet; la segunda, la ruptura de su silencio musical, que ya duraba quince a&ntilde;os, con una feroz canci&oacute;n contra el autoritarismo y el militarismo cuyos beneficios ir&aacute;n a parar a la American Civil Liberties Union y el Immigrant Defense Project de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Al parecer, y seg&uacute;n el comunicado que ha aparecido en medios como <em>Rolling Stone</em>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/massive-attack-tom-waits-unen-cancion-criticar-politica-neofascista-trump_1_13147114.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Massive Attack le propuso &ldquo;hace muchos a&ntilde;os&rdquo; que hicieran algo juntos, y &eacute;l les envi&oacute; &ldquo;Boots on the Ground&rdquo;</a>, que ha estado esperando hasta ahora sin que &ldquo;el largo retraso&rdquo; del grupo brit&aacute;nico preocupara a Tom Waits. &ldquo;El hoy, al igual que todos los ayeres de la humanidad, garantiza que ese tipo de canciones no pasen nunca de moda&rdquo;, dice con sarcasmo y, por si no estuviera claro el porqu&eacute;, a&ntilde;ade sobre su otra contribuci&oacute;n al disco: &ldquo;La locura de los fracasos del hombre es un fest&iacute;n para las moscas. Por eso, la cara B del pr&oacute;ximo sencillo de Massive Attack, &lsquo;The Fly&rsquo;, recoge mi aprecio por esa molesta criatura alada&rdquo;. Algunos de ustedes ya habr&aacute;n o&iacute;do la canci&oacute;n y el poema de Waits cuando se publique este art&iacute;culo; pero, por si acaso, perm&iacute;tanme que extraiga unas l&iacute;neas de <em>Boots</em>, para que se hagan una idea de por d&oacute;nde van los tiros: &ldquo;Qui&eacute;n co&ntilde;o son esos cabrones del Gobierno federal?/ Escondidos en el Senado como una garrapata hinchada,/ holgazanes de mierda con aire acondicionado,/ sentados en una sala llena de carteles del ej&eacute;rcito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Guerras, beneficios econ&oacute;micos para un pu&ntilde;ado y m&aacute;s muertos de los que se puede contar. Toda una patada a lo que est&aacute; ocurriendo en el mundo de un tiempo a esta parte &ndash;recu&eacute;rdese que la letra no es de hace unos meses&ndash; y, como escribi&oacute; Gene Santoro en &ldquo;Waits, &iquest;heredero de Guthrie?&rdquo; (<em>The Nation</em>, 1999), con &ldquo;m&aacute;s de un atisbo de Brecht&rdquo; en la po&eacute;tica (<em>Innocent When You Dream</em>, de Mac Montandon, publicado en Espa&ntilde;a como <em>Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones</em>). Ahora bien, lo que a m&iacute; me llama m&aacute;s la atenci&oacute;n, lo que siempre me la llama en su caso, no es su constante y admirable compromiso pol&iacute;tico, sino su no menos asombrosa capacidad de mantenerse nuevo, al igual que el hombre al que se refiri&oacute; en &ldquo;20 preguntas&rdquo; (<em>Playboy</em>, 1988) cuando Steve Oney le pregunt&oacute; qu&eacute; artistas de la &eacute;poca le gustaba escuchar. &ldquo;Prince&rdquo;, contest&oacute; sin dudarlo; por no pasar &ldquo;por el aro&rdquo;, por asumir &ldquo;riesgos peligrosos&rdquo;, por ser &ldquo;un verdadero manantial&rdquo; y, de paso, b&aacute;sicamente, &ldquo;vud&uacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un 21 de abril de hace diez a&ntilde;os, aquel genio de Mine&aacute;polis que fund&oacute; el sonido que lleva el nombre de su localidad natal, fundiendo m&uacute;ltiples g&eacute;neros y siendo al mismo tiempo un inmenso guitarrista, falleci&oacute; en Chanhassen por una sobredosis de fentanilo. En apariencia, Waits no se parece nada a &eacute;l; en la pr&aacute;ctica, sus caminos no andan lejos de ese &ldquo;raro, rar&iacute;simo p&aacute;jaro ex&oacute;tico&rdquo; del que tambi&eacute;n habl&oacute; en su entrevista con Mark Rowland (&ldquo;Tom Waits est&aacute; volando bocabajo&rdquo;. <em>Musician</em>, 1987). Y aunque no es habitual que ese tipo de creadores lleguen r&aacute;pidamente a mayor&iacute;as, lo cierto es que el juicio de la Historia depende mucho de lo que Seger entendi&oacute; tan machadianamente en la an&eacute;cdota que abre este texto: hay quien se limita a repetir &ndash;que es tanto como estar parado&ndash; y hay quien no deja de experimentar, es decir, andar. Se entender&aacute;n m&aacute;s o se entender&aacute;n menos; pero, en el caso de los caminantes, todos sus aniversarios son canciones a la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/vudu_129_13154216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vudú]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Rock,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un sol de abril]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/sol-abril_129_13135560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61d56cb2-6a69-46d5-8bf5-2f664231caf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x249y181.jpg" width="1200" height="675" alt="Un sol de abril"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este nuevo aniversario de aquel mes luminoso que hizo feliz a Antonio Machado en 1931, me atrevo a recordar lo que escribió en una carta que, en mi opinión, no ha perdido vigencia</p><p class="subtitle">La anterior 'nota al pie' - Teléfono rojo</p></div><p class="article-text">
        Quien haya le&iacute;do bien a Corpus Barga, encontrar&aacute; dif&iacute;cil de creer que alguien pudiera contar alguna an&eacute;cdota de Ram&oacute;n Mar&iacute;a del Valle-Incl&aacute;n que &eacute;l desconociera; pero el autor de <em>Los pasos contados</em>, obra que no me cansar&eacute; de recomendar, se encontr&oacute; en esa situaci&oacute;n en uno de los peores y m&aacute;s tr&aacute;gicos episodios de nuestra Historia, pernoctando con un poeta que viajaba con su madre, su hermano Jos&eacute; y la mujer de este. El poeta en cuesti&oacute;n, Antonio Machado, beb&iacute;a &ldquo;una taza de leche condensada que no acababa de diluirse en el agua, por m&aacute;s que &eacute;l la remov&iacute;a con una cucharilla antes de cada sorbo&rdquo; (<em>Antonio Machado ante el destierro</em>). Faltaba poco para que cruzaran la frontera y, a pesar de estar &ldquo;extenuados de cansancio y de angustia&rdquo;, como escribir&iacute;a luego Jos&eacute; (<em>&Uacute;ltimas soledades del poeta Antonio Machado</em>) se pusieron a charlar &mdash;vuelvo a Barga&mdash; &ldquo;como en un caf&eacute; madrile&ntilde;o&rdquo; de otros tiempos, y Machado &ldquo;le hizo re&iacute;r&rdquo; con &ldquo;las m&aacute;s sabrosas&rdquo; aventuras y ocurrencias de uno de los dos mancos m&aacute;s brillantes de las Letras universales.
    </p><p class="article-text">
        Aquella noche, mientras &ldquo;hablaba un ca&ntilde;&oacute;n&rdquo; de cuando en cuando o &ldquo;gem&iacute;a una granada&rdquo;, entre mujeres con ni&ntilde;os y &ldquo;soldados heridos&rdquo; a los que &ldquo;la lluvia arrancaba sus vendajes&rdquo;, el poeta tambi&eacute;n habl&oacute; de otras cosas (Waldo Frank. <em>La salida de Espa&ntilde;a de Antonio Machado</em>). Dijo, por ejemplo, que hab&iacute;a intentado servir en el Ej&eacute;rcito republicano &ldquo;donde quiera que fuese&rdquo; y que, por supuesto, &ldquo;hab&iacute;a sido rechazado&rdquo;; dijo que ya s&oacute;lo quedaba &ldquo;una moneda en que podamos pagar nuestra deuda a nuestro pueblo: nuestras vidas&rdquo; y, aunque sab&iacute;a que el exilio &ldquo;significar&iacute;a para m&iacute; la muerte&rdquo; (Pascual Pla y Beltr&aacute;n. <em>Mi entrevista con Antonio Machado</em>), sus pensamientos tomaron precisamente el camino de Valle-Incl&aacute;n, de quien no ten&iacute;a duda de que habr&iacute;a sido el &ldquo;amigo m&aacute;s sincero&rdquo; y el &ldquo;admirador m&aacute;s entusiasta&rdquo; de los &ldquo;capitanes&rdquo; que hab&iacute;an plantado cara al fascismo (<em>Pr&oacute;logo a La corte de los milagros</em>, 1938) y que a&uacute;n resist&iacute;an en la zona centro. En plena oscuridad, apel&oacute; a un caminante &ldquo;infatigable&rdquo; que &ldquo;como don Quijote, no conoc&iacute;a el miedo, o no hab&iacute;a para &eacute;l miedo que no superase con el esp&iacute;ritu&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n con Corpus Barga, quien se desvivi&oacute; por el poeta y su familia, fue en buena medida un &uacute;ltimo y buscado sol joven antes del que aparecer&iacute;a en su &uacute;ltimo verso, &ldquo;estos d&iacute;as azules y este sol de la infancia&rdquo;. Quedaba en Machado un resto de esperanza y, al no haber variado un &aacute;pice en sus convicciones, se aferr&oacute; a lo que ni entonces ni m&aacute;s tarde pod&iacute;a cambiar: el triunfo en &uacute;ltima instancia de la gran literatura, personificada en el dramaturgo y novelista, y de la luz que segu&iacute;a brillando en &eacute;l mismo, id&eacute;ntica a la que hab&iacute;a ba&ntilde;ado &ldquo;el maravilloso campo&rdquo; castellano durante las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 (carta a Guiomar) y, especialmente, de la luz de dos d&iacute;as despu&eacute;s, cuando &ldquo;con las primeras hojas de los chopos y las &uacute;ltimas flores de los almendros llegaba al fin la segunda y gloriosa Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola&rdquo; (<em>El 14 de abril de 1931 en Segovia</em>). &ldquo;Un d&iacute;a profundamente alegre &mdash;muchos que ya &eacute;ramos viejos no record&aacute;bamos otro m&aacute;s alegre&mdash;, un d&iacute;a maravilloso en que la naturaleza y la historia parec&iacute;an fundirse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Memoria de la melancol&iacute;a</em>, Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n habla amargamente del momento en que su marido y ella se enteraron del fallecimiento del poeta. &ldquo;Pocos d&iacute;as anteriores a ese final de nuestras horas libres, escuchando la radio francesa, o&iacute;mos, entre dos anuncios, una peque&ntilde;a noticia que se deslizaba: &lsquo;Antonio Machado ha muerto en Colliure&rsquo;. No dijeron nada m&aacute;s. &iexcl;Para qu&eacute;!&rdquo;; y a continuaci&oacute;n, a&ntilde;ade que Rafael Alberti coment&oacute;: &ldquo;Ahora s&iacute; que todo ha terminado&rdquo;. En general, la gente tiende a interpretar que Alberti hablaba de la guerra, pero soy de la opini&oacute;n de que su contundente frase estaba m&aacute;s relacionada con el futuro de Espa&ntilde;a, porque el hombre de &ldquo;hoy es siempre todav&iacute;a&rdquo; (<em>Nuevas canciones</em>, 1924), el que cre&iacute;a en la &ldquo;po&eacute;tica&rdquo; del &ldquo;milagro musical&rdquo; de Valle-Incl&aacute;n en <em>La l&aacute;mpara maravillosa</em> (<em>Biograf&iacute;a cronol&oacute;gica y epistolario</em>, de Juan Antonio Hormig&oacute;n. Volumen III) se hab&iacute;a convertido en el alma intelectual y moral no del pa&iacute;s, sino de la mejor versi&oacute;n del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En este nuevo aniversario de aquel abril luminoso que hizo feliz a Antonio Machado, me atrevo a recordar lo que escribi&oacute; a Miguel de Unamuno en su carta del 24 de septiembre de 1921 (<em>Los complementarios</em>), refiri&eacute;ndose a una &eacute;poca gris en la que los supuestos progresistas destruyeron cualquier posibilidad de cambio real mediante el procedimiento de pasarse a &ldquo;la superstici&oacute;n mon&aacute;rquica&rdquo; y el &ldquo;servilismo palatino&rdquo;. Desde su punto de vista, hab&iacute;a que &ldquo;sacar las ascuas&rdquo; del republicanismo &ldquo;de la ceniza y hacer hoguera con le&ntilde;a nueva&rdquo;, cosa que al final hizo &ldquo;una juventud realmente joven&rdquo;, luego destrozada (<em>Declaraci&oacute;n al semanario Ahora</em>, 1936). &ldquo;Conviene que alguien escuche&rdquo;, repite eternamente Juan de Mairena en <em>El oyente de la clase de ret&oacute;rica</em>, y creo que eso lo dice todo. Ojal&aacute; que alg&uacute;n d&iacute;a salgamos a su sol; si no por nosotros, que ya ser&iacute;a motivo suficiente, por la indiscutible raz&oacute;n de que estamos en deuda con &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/sol-abril_129_13135560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 20:18:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un sol de abril]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teléfono rojo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/telefono-rojo_129_13119504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9029749-7ed2-45c2-9696-ee4f3bae8bd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x300y165.jpg" width="1200" height="675" alt="Teléfono rojo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El poder siempre es consciente de la importancia de un buen cuento, de una historia grande que oculte lo demás, tapando cualquier barbaridad tras un chicle de fresa</p><p class="subtitle">El anterior nota al pie - Tened cuidado</p></div><p class="article-text">
        El cinco de abril de 1963, seis meses despu&eacute;s de la crisis de los misiles de Cuba, el Gobierno de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica acept&oacute; la propuesta de su contraparte estadounidense de establecer una l&iacute;nea directa entre Washington y Mosc&uacute; para situaciones urgentes. En realidad, la propuesta original hab&iacute;a partido de la URSS, que ya hab&iacute;a expresado su preocupaci&oacute;n por la posibilidad de que se declarara accidentalmente una guerra, como se afirma en el <em>Memor&aacute;ndum de entendimiento </em>que se firm&oacute; en Ginebra en junio de aquel a&ntilde;o (la copia del acuerdo est&aacute; disponible en el archivo digital del Departamento de Estado). Y la primera frase que se transmiti&oacute; por el flamante sistema dec&iacute;a as&iacute;, en may&uacute;sculas: <em>THE QUICK BROWN FOX JUMPED OVER THE LAZY DOG'S BACK 1234567890</em>, que vendr&iacute;a a ser, descontando los n&uacute;meros, &ldquo;el raudo zorro marr&oacute;n salt&oacute; sobre el lomo del perezoso perro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dean Rusk, secretario de Estado con John Fitzgerald Kennedy y Lyndon B. Johnson, contaba que el gran ministro de Asuntos Exteriores que fue Andrei Gromiko (sus <em>Memorias</em> son alt&iacute;simamente recomendables) le lleg&oacute; a preguntar qu&eacute; demonios significaba la frase de marras. Teniendo en cuenta que los traductores rusos lo averiguaron enseguida, es obvio que Gromiko estaba ironizando con el pragm&aacute;tico <em>halc&oacute;n</em>, tan capaz de parar los pies a Douglas MacArthur en Corea como de defender la guerra de Vietnam, que cost&oacute; la vida de entre dos y tres millones de personas; pero, sea como sea, el mensaje estaba tan poco codificado como la respuesta sovi&eacute;tica (una descripci&oacute;n de una puesta de sol en Mosc&uacute;, seg&uacute;n el Criptomuseo de los Pa&iacute;ses Bajos): era un pangrama, es decir, una frase que contiene todas las letras de un abecedario determinado y que, en el caso del zorro y el perro, se sol&iacute;a utilizar para practicar mecanograf&iacute;a o probar m&aacute;quinas de escribir, teclados de ordenadores, tipograf&iacute;as y, en efecto, sistemas de comunicaci&oacute;n entre superpotencias.
    </p><p class="article-text">
        A veces, la realidad es m&aacute;s sencilla de lo que parece. Lo &uacute;nico verdaderamente relevante de esa an&eacute;cdota es el motivo de que se usaran may&uacute;sculas, y solo lo es por la importancia de lo trivial: que la m&aacute;quina no ten&iacute;a min&uacute;sculas, lo cual nos lleva al quid de la cuesti&oacute;n. En el imaginario de la mayor&iacute;a de la gente, aquella &ldquo;l&iacute;nea caliente&rdquo; entre la URSS y EEUU era un tel&eacute;fono; en parte, por esa maravilla cinematogr&aacute;fica llamada <em>Dr. Strangelove</em> que surgi&oacute; del encuentro de <em>Red Alert</em> (Peter George) con el siempre genial y subversivo Stanley Kubrick y el no menos subversivo Terry Southern, de quien se acaba de reeditar su feroz <em>Candy</em> en castellano, de la que no hablar&eacute; porque me toca directamente. Sin embargo, ni era el tel&eacute;fono rojo de la pel&iacute;cula ni lo pod&iacute;a ser, por las limitaciones inherentes al lenguaje hablado. Era un teletipo y, aunque no evit&oacute; jam&aacute;s ninguna guerra, entretuvo bastante a sus operadores, que se dedicaron durante a&ntilde;os a intercambiar relatos de Mark Twain, Ant&oacute;n Ch&eacute;jov y dem&aacute;s para pasar el rato o asegurarse de que la l&iacute;nea segu&iacute;a operativa, como comenta Rusk en <em>As I Saw It</em>, no traducido a nuestro idioma.
    </p><p class="article-text">
        Desconozco qu&eacute; intercambiar&aacute;n ahora por la red de sat&eacute;lites y fibra &oacute;ptica que acab&oacute; sustituyendo al t&eacute;lex. La <em>guerra fr&iacute;a </em>tambi&eacute;n fue una guerra cultural &ndash;si es que no lo fue sobre todo&ndash; y, al no haber ya una verdadera contraposici&oacute;n de modelos culturales, es posible que tampoco se sientan en la necesidad de competir en dichos t&eacute;rminos o, simplemente, de fingirse cultos. De lo que no cabe&nbsp;duda es de que, con independencia del tipo de <em>materiales</em> que intercambien por chat y correo electr&oacute;nico, la ficci&oacute;n sigue teniendo m&aacute;s peso a efectos colectivos que la sobria y cargante realidad. Por mucho tiempo que pase y mucho que se explique, aquel trasto de color negruzco seguir&aacute; siendo un tel&eacute;fono y, adem&aacute;s, rojo. No es algo propio de la &ldquo;cultura pop&rdquo;, como se ha dicho durante d&eacute;cadas, sino de nuestra especie, aunque solo sea por la razonable pretensi&oacute;n de adornar o simplificar lo complejo. Queremos cosas f&aacute;ciles y bonitas, f&aacute;bulas que no nos incordien. Si hay un Kubrick de por medio, liberan; si no, condenan. Y nuestra querencia, que en el ejemplo propuesto en este art&iacute;culo no tuvo consecuencias graves, puede ser suicida.
    </p><p class="article-text">
        Antes de ser secretario de Estado, Dean Rusk estuvo en el Departamento de Guerra de los EEUU y, a pesar de la situaci&oacute;n del Extremo Oriente en aquella &eacute;poca, descubri&oacute; que los &uacute;nicos documentos que hab&iacute;a en sus archivos sobre esa zona del mundo eran &ldquo;un ejemplar&rdquo; de una gu&iacute;a tur&iacute;stica (la <em>Murray&rsquo;s Tourist Handbook</em>), un informe de 1925 de un &ldquo;agregado militar&rdquo; brit&aacute;nico y &ldquo;un caj&oacute;n de art&iacute;culos&rdquo; del <em>New York Times</em>. Dusk afirma &ndash;y no parece dudable&ndash; que corrigi&oacute; el problema, pero imaginen qu&eacute; pasa cuando la incompetencia se suma a formas de hacer pol&iacute;tica que consisten b&aacute;sicamente en un mont&oacute;n de propaganda medi&aacute;tica. Los oficiales estadounidenses de entonces no sab&iacute;an d&oacute;nde estaba Indochina, y qui&eacute;n sabe si los de hoy sab&iacute;an lo suficiente de Ir&aacute;n. De lo que s&iacute; son conscientes todos, siempre, es de la importancia de un buen cuento, de una historia enorme que oculte lo dem&aacute;s, tapando cualquier barbaridad tras un chicle de fresa. Pi&eacute;nselo cuando sigan, como yo mismo, la evoluci&oacute;n de la Artemis 2. Estando en medio un imperio, ni hay tel&eacute;fonos rojos ni cohetes que despegan cuando m&aacute;s le conviene al poder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/telefono-rojo_129_13119504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 20:23:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Teléfono rojo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Guerra en Irán,Irán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tened cuidado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tened-cuidado_129_13106312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b89772b7-235e-4965-91e0-8e015248b0b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tened cuidado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Willem Dafoe, autor del mensaje del Día Internacional del Teatro de este año, afirma en él varias cosas que también se oyeron esta semana en el Teatro de la Comedia de Madrid, durante la 39 edición de los premios de la Asociación de Directores y Directoras de Escena de España</p><p class="subtitle">Nota al pie - Los idus de marzo</p></div><p class="article-text">
        En 1948, reci&eacute;n empezada la <em>guerra fr&iacute;a</em>, un grupo de profesionales de las artes esc&eacute;nicas decidieron crear el Instituto Internacional del Teatro (IIT), con el apoyo de la UNESCO y de su primer director general. Dicho as&iacute;, parece poco; pero si se a&ntilde;ade que dicho director se llamaba Julian Huxley, hermano del autor de <em>Un mundo feliz</em> y, especialmente, que el principal defensor de la nueva organizaci&oacute;n era el dramaturgo brit&aacute;nico J.B. Priestley, casi se adivinan sus objetivos fundacionales. Priestley, siempre perseguido por sus ideas socialistas &ndash;Orwell lo lleg&oacute; a denunciar a los servicios secretos brit&aacute;nicos&ndash; lo resumi&oacute; de este modo al a&ntilde;o siguiente: &ldquo;Una comedia bien escrita puede hacer m&aacute;s que cincuenta discursos de pol&iacute;ticos bienintencionados. Un mundo en el que se encuentra s&oacute;lidamente establecido un Instituto Internacional del Teatro es un mundo mucho m&aacute;s seguro y civilizado que uno en el que el arte dram&aacute;tico est&aacute; encarcelado entre altas barreras nacionales&rdquo; (<em>El Correo de la UNESCO</em>, agosto de 1949).
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, la apuesta del IIT por la comprensi&oacute;n mutua y la paz mundial no fue bien recibida en Washington. Estados Unidos se ha retirado varias veces de la UNESCO a lo largo de su Historia; y todas ellas, con independencia de la excusa que se pusiera, por lo que el autor de <em>La visita del inspector</em>, <em>El tiempo y los Conway</em> y <em>Yo estuve aqu&iacute; una vez</em> hab&iacute;a denunciado en 1947: su pretensi&oacute;n de &ldquo;imponer su cultura al mundo mediante el uso de todos los medios t&eacute;cnicos a su alcance&rdquo; (<em>New York Times</em>, 14 de noviembre). Sin embargo, el IIT sobrevivi&oacute; y, tras fundar el Teatro de las Naciones en Par&iacute;s, rompiendo el bloqueo que sufr&iacute;an el Berliner Ensemble, el Teatro del Arte de Mosc&uacute; y la &oacute;pera de Pek&iacute;n, dio un paso m&aacute;s e instaur&oacute; el D&iacute;a Internacional del Teatro, que se celebra cada 27 de marzo desde 1961 y que siempre cuenta con un mensaje de una figura relevante del sector. B&uacute;squenlos, si tienen tiempo; en mi opini&oacute;n, leer a gentes como Jean Cocteau, Arthur Miller, Miguel &Aacute;ngel Asturias, Peter Brook, Antonio Gala y Dar&iacute;o Fo no est&aacute; nunca de m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se publique este art&iacute;culo, ya habr&aacute;n pasado unos d&iacute;as desde la distribuci&oacute;n del mensaje de este a&ntilde;o, cuyo responsable es un actor impresionante, Willem Dafoe. En &eacute;l, afirma un par de cosas que tambi&eacute;n se mencionaron esta semana en el Teatro de la Comedia de Madrid, durante la 39&ordf; edici&oacute;n de los premios de la Asociaci&oacute;n de Directores y Directoras de Escena de Espa&ntilde;a (ADE); al fin y al cabo, las palabras tienden a converger &mdash;por muy distintas que sean&mdash; cuando coinciden las preocupaciones, los afectos, el compromiso, la necesidad. &ldquo;Hay que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser remplazado por relaciones con dispositivos &mdash;dice Dafoe, refiri&eacute;ndose en parte a la IA&mdash;. Aunque cierta tecnolog&iacute;a nos pueda ser de utilidad, el problema de no saber qui&eacute;n est&aacute; en el otro extremo del c&iacute;rculo de comunicaci&oacute;n es grave, y contribuye a una crisis de verdad y realidad&rdquo;. Una crisis que justifica otra afirmaci&oacute;n del actor de Wisconsin: &ldquo;Socialmente, pol&iacute;ticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensi&oacute;n del mundo y de nosotros mismos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; teatro? La pregunta tiene la suficiente relevancia como para que Dafoe puntualice que los creadores se enfrentan hoy a un desaf&iacute;o, el de &ldquo;impedir la corrupci&oacute;n del teatro entendido exclusivamente como una empresa comercial de distracci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;como seco conservador institucional de tradiciones&rdquo;. Se trata de conectar &ldquo;personas, comunidades y culturas&rdquo; y, &ldquo;por encima de todo, de cuestionarnos hacia d&oacute;nde vamos&rdquo;, algo imposible si se encubren los conflictos, empezando por la creciente precariedad. A veces se olvida que lo primero que necesita el teatro son medios; las obras cuestan dinero, y la combinaci&oacute;n de entrega, talento y sacrificio ya no basta para salir adelante en pa&iacute;ses cuya pol&iacute;tica cultural consiste en regatear las migajas a los creadores &mdash;cuando hay migajas&mdash; y dejar el resto al <em>mercado</em>. Si no se quiere que el arte acabe en capricho de unos cuantos privilegiados, hay que afrontar el problema con urgencia, y eso implica lo que pidi&oacute;&nbsp;&Aacute;ngel Fern&aacute;ndez Montesinos, presidente de honor de la ADE, en la sede de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico: plantar cara y plantarla en serio.
    </p><p class="article-text">
        En el acto de Madrid, sobre el que sobrevol&oacute; la m&aacute;xima de que &ldquo;si el teatro fuera un verbo, &eacute;ste ser&iacute;a <em>recordar</em>&rdquo; (Anne Bogart, <em>La preparaci&oacute;n del director</em>), se oyeron muchas voces dignas de o&iacute;rse; y casi todas las personas que subieron al escenario se refirieron de uno u otro modo a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n del sector, pero sin apartarse un mil&iacute;metro del contexto pol&iacute;tico, sin dejar de enfrentarse a &ldquo;tanta guerra y tanta chuler&iacute;a, a tanto delincuente que ensucia con sus palabras la verdad&rdquo;, como declar&oacute; Emilio Guti&eacute;rrez Caba tras recibir el premio Juan Antonio Hormig&oacute;n por toda una vida dedicada a la escena. Y en determinado momento, gracias a la direcci&oacute;n de Aitana Gal&aacute;n &mdash;que estuvo a cargo de la gala&mdash; y al gran trabajo de Nuria Gallardo y Cr&iacute;spulo Cabezas, Bertolt Brecht volvi&oacute; a gritar ir&oacute;nicamente desde su &ldquo;Canci&oacute;n de los poetas l&iacute;ricos&rdquo; (<em>Poemas y canciones</em>): &ldquo;&iexcl;Tened cuidado! &iexcl;No pod&eacute;is prescindir de nosotros!&rdquo;. Porque el poder puede, sin duda; pero la humanidad, no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tened-cuidado_129_13106312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tened cuidado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los idus de marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/idus-marzo_129_13087681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e57b352b-1ab0-412a-962c-3d1cb1949659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x312y239.jpg" width="1200" height="675" alt="Los idus de marzo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La manipulación informativa no es un invento de los siglos XX y XXI; en esencia, lo único que ha cambiado es el canal principal por donde se distribuye</p></div><p class="article-text">
        No sabemos cu&aacute;l fue la primera biblioteca p&uacute;blica de la Historia; te&oacute;ricamente, la que fund&oacute; Pis&iacute;strato en Atenas, aunque no hay pruebas que demuestren lo que sin duda ser&iacute;a otro punto a favor del tirano griego. No contento con instaurar las Grandes Dionisias, que hicieron posible el nacimiento del teatro &ndash;a trav&eacute;s del primer ganador de dichos festivales, el actor y dramaturgo Tespis&ndash;, tambi&eacute;n fue quien orden&oacute; la construcci&oacute;n del primer Parten&oacute;n y el supuesto responsable de que se recopilaran y editaran nada m&aacute;s y nada menos que la <em>Iliada</em> y la <em>Odisea</em>, por fortuna para Homero y el mundo. Pero, volviendo a los libros, es indiscutible que la primera biblioteca p&uacute;blica de la que tenemos constancia real fue la que fund&oacute; Cayo Asinio Poli&oacute;n en el Atrium Libertatis de Roma en el a&ntilde;o 39 a.e.c., llevando a la pr&aacute;ctica uno de los muchos planes de otro tirano: Julio C&eacute;sar, naturalmente, quien seg&uacute;n Suetonio (<em>Vidas de los doce c&eacute;sares</em>) &ldquo;se propon&iacute;a formar bibliotecas p&uacute;blicas griegas y latinas, tan nutridas como fuera posible&rdquo; en beneficio del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Qued&eacute;monos un momento con ese concepto que ya ha surgido dos veces, el de tirano. En la antig&uuml;edad, no ten&iacute;a siempre las connotaciones negativas que adquiri&oacute; luego; con frecuencia, s&oacute;lo se refer&iacute;a al detalle de conseguir el poder &ldquo;contra derecho&rdquo; y, como el derecho tiende a defender los intereses de los ricos y no de la mayor&iacute;a, tambi&eacute;n era frecuente que el tirano en cuesti&oacute;n fuera un reformador que contaba con el apoyo de la gran masa de excluidos. Si las apariencias enga&ntilde;an, las palabras enga&ntilde;an el doble; y qu&eacute; decir de las palabras al servicio del poder. Salvando las distancias, que son muchas, este 22 de marzo tenemos un excelente caso de impostura en tal sentido: el cobarde asesinato de Pedro I de Castilla y su posterior criminalizaci&oacute;n a manos de autores como Pedro L&oacute;pez de Ayala, buen poeta por lo dem&aacute;s. Afortunadamente para el &uacute;ltimo rey castellano de la casa de Borgo&ntilde;a, su mala fama empez&oacute; a cambiar pronto; entre otras cosas, porque Isabel la Cat&oacute;lica era tataranieta del gran amor de Pedro I, Mar&iacute;a de Padilla. En cambio, la fascinante mujer que lleg&oacute; al trono <em>post mortem </em>tard&oacute; siglos en liberarse de apelativos como traidora, ambiciosa y bruja.
    </p><p class="article-text">
        Hay que tener cuidado con las leyendas negras. Sin Pis&iacute;strato, de quien Arist&oacute;teles afirma que gobern&oacute; &ldquo;m&aacute;s como ciudadano com&uacute;n&rdquo; que como dictador (v&eacute;ase la <em>Constituci&oacute;n de los Atenienses</em>), no se habr&iacute;an sentado las bases de la posterior democracia griega y, en cuanto a Julio C&eacute;sar, todos sabemos de qu&eacute; cala&ntilde;a era y qu&eacute; pretend&iacute;a realmente la <em>nobilitas</em> senatorial que lo mat&oacute;, aunque no todos los conjurados fueran unos canallas. La manipulaci&oacute;n informativa no es un invento de los siglos XX y XXI; en esencia, lo &uacute;nico que ha cambiado es el canal principal por donde se distribuye, que en la actualidad es el periodismo en sus distintas manifestaciones y &ndash;dentro de la creaci&oacute;n art&iacute;stica&ndash; el cine. C&eacute;sar ten&iacute;a buenas intenciones al querer fundar bibliotecas p&uacute;blicas en un mundo donde el libro era privilegio de unos pocos, pero la palabra no libera si no se desarrolla el criterio, y eso tambi&eacute;n es v&aacute;lido en lo tocante a la historiograf&iacute;a, tan abarrotada de sesgos y olvidos que a veces hay m&aacute;s verdad en la ficci&oacute;n absoluta; por ejemplo, en la de un novelista y dramaturgo muy relacionado con la imagen que tenemos del gran pol&iacute;tico, militar y escritor: Thornton Wilder.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de unas semanas, se cumplir&aacute;n cien a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de su primera obra, <em>La C&aacute;bala</em>, cuya acci&oacute;n se desarrolla en una Roma distinta, la de entreguerras. Tras aquella &oacute;pera prima, llegaron &ndash;entre otras&ndash; los dos textos que lo convirtieron en el primer autor en ganar el Pulitzer de narrativa y teatro (<em>El puente de San Luis Rey</em> y <em>Nuestra ciudad</em>, respectivamente) y, ya en 1948, public&oacute; la extraordinaria novela de estructura epistolar que justifica mi comentario sobre la ficci&oacute;n total: <em>Los idus de marzo</em>, de la que &eacute;l mismo afirma en el pr&oacute;logo que no tiene ning&uacute;n af&aacute;n de &ldquo;reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo; y que se limita a ser &ldquo;una fantas&iacute;a sobre determinados acontecimientos y personas de los &uacute;ltimos d&iacute;as de la Rep&uacute;blica romana&rdquo;, con el hombre al que asestaron &ldquo;veintitr&eacute;s pu&ntilde;aladas&rdquo; (Eutropio, <em>Breviarium</em>) como personaje central. Imaginaci&oacute;n pura, fundamentalmente; una simple hip&oacute;tesis novelada, &ldquo;pero una hip&oacute;tesis que tal vez supere la realidad&rdquo; (Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, 1981).
    </p><p class="article-text">
        Thornton Wilder, quien por cierto tuvo una relaci&oacute;n tan directa con nuestro pa&iacute;s que fue especialista en Lope de Vega y hasta influy&oacute; en nuestro teatro contempor&aacute;neo a trav&eacute;s de su amigo William Layton (maestro de Jos&eacute; Pedro Carri&oacute;n, Nuria Gallardo, Fernando San Segundo, Juan Margallo, etc&eacute;tera), pod&iacute;a ser un hombre bastante conservador. Los animo a investigar por qu&eacute; dijo Tennessee Williams que &ldquo;a este tipo no le han dado buen revolc&oacute;n en su vida&rdquo; (y en mi opini&oacute;n, lo dijo con raz&oacute;n, teniendo en cuenta lo que Wilder le hab&iacute;a soltado antes); pero, si hay alg&uacute;n conservadurismo en su obra m&aacute;s famosa, no est&aacute; en el lado de la literatura, sino en el car&aacute;cter de lo real, curiosamente, incluso en el terrible y permanente factor premonitorio que Julio C&eacute;sar desprecia, harto de supersticiones. Un factor que, al final, nos acecha a nosotros y, como se est&aacute; viendo, con una ceguera no m&aacute;s peque&ntilde;a que la suya ni menos relacionada con la advertencia pol&iacute;tica que Shakespeare resumi&oacute; as&iacute;: &ldquo;Cu&iacute;date de los idus&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/idus-marzo_129_13087681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 20:47:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los idus de marzo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fieramente humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fieramente-humano_129_13068372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0962445-c8be-41d9-bebd-6c90f4b44f4c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138702.jpg" width="950" height="534" alt="Fieramente humano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es posible que la poesía siga siendo ‘un arma cargada de futuro’, como afirmó Gabriel Celaya; pero si lo es, lo es por poetas como él y como Blas de Otero, nacido un 15 de marzo en Bilbao</p><p class="subtitle">Nota al pie - Lecciones del pasado</p></div><p class="article-text">
        Es posible que la poes&iacute;a siga siendo &ldquo;un arma cargada de futuro&rdquo;, como afirm&oacute; Gabriel Celaya en <em>Cantos iberos</em>; posible y conveniente para esa nave llamada <em>Humanidad</em> que siempre va orzando contra su propio viento, a punto de detenerse al primer error; pero si lo es, cosa de la que no tengo la menor duda, se debe a que algunos y algunas poetas se suman al tomar &ldquo;partido hasta mancharse&rdquo; del autor de Hernani y al intenso amor por la vida de un gran amigo suyo, Blas de Otero, de quien este domingo se cumplen un siglo y diez a&ntilde;os de su nacimiento. &ldquo;Para qu&eacute; tantos libros, tantos papeles, tantas pamplinas&rdquo; &mdash;escribi&oacute; en <em>Expresi&oacute;n y reuni&oacute;n</em>&mdash; cuando se puede &ldquo;callejear a la deriva&rdquo; y vivir el verdadero libro, uno &ldquo;de tama&ntilde;o natural/ lleno de gente, tiendas, puestos de peri&oacute;dicos, casas en construcci&oacute;n/ y otros versos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquel magn&iacute;fico poema, cuya presentaci&oacute;n lo dice todo (&ldquo;Dios nos libre de los libros malos/ que de los buenos ya me librar&eacute; yo&rdquo;), es uno de los mejores cantos a la literatura que se han hecho desde la necesidad de &ldquo;cambiar la vida&rdquo; (Rimbaud) y la de cambiar el mundo. No es casual que, al hablar de las cosas realmente bonitas de la existencia, empiece con &ldquo;una pierna de mujer/ la izquierda a ser posible&rdquo; y acabe en &ldquo;un buque norteamericano ca&iacute;do en poder del enemigo&rdquo;. <em>C&aacute;ntico espiritual</em>, <em>&Aacute;ngel fieramente humano</em>, <em>Ancia</em>, <em>Redoble de conciencia</em>: se equivoca quien afirme que Blas de Otero hila m&aacute;s fino en ellos que en <em>Pido la paz y la palabra</em> o, por ejemplo, <em>Historias fingidas o verdaderas</em>, de t&iacute;tulo cervantino y nexos feroces: tan pronto arranca con un verso de Machado (&ldquo;se borra el camino&rdquo;) para advertir del peligro de que &ldquo;se desparramen los cad&aacute;veres&rdquo; como salta a la guerra de Vietnam, nos sit&uacute;a frente a una v&iacute;ctima &ldquo;con el pecho y el vientre impecablemente reventados por una bomba de fragmentaci&oacute;n&rdquo; y a&ntilde;ade que los mira y le parece &ldquo;que esperan, bajo los cielos/ verse una tibia ma&ntilde;ana/ cubiertos de brotes nuevos&rdquo;, tirando esta vez de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez se entienda mejor su car&aacute;cter y su propia concepci&oacute;n de la poes&iacute;a a partir de la cita que eligi&oacute; para su antolog&iacute;a de 1963, publicada originalmente en San Juan de Puerto Rico. Dice as&iacute;, en la traducci&oacute;n del texto original: &ldquo;Esto no es un libro./ Quien vuelve sus p&aacute;ginas, toca un hombre&rdquo; (Walt Whitman, <em>Hojas de hierba</em>). Aunque no sea relevante desde el punto de vista del sentido de los versos, que adem&aacute;s dan t&iacute;tulo a la compilaci&oacute;n, muchos se dar&iacute;an cuenta de que hab&iacute;a quitado algo importante, la primera palabra de todas, el sujeto a quien el poeta de West Hills se estaba dirigiendo: &ldquo;camarada&rdquo;, claro est&aacute;; y eso, siendo como era comunista y teniendo una relaci&oacute;n intensamente personal con Cuba. Pero a Blas de Otero, como a todos los autores grandes, le gustaba jugar. Esa ausencia es, al mismo tiempo, juego literario y manifestaci&oacute;n de la importancia del contexto hist&oacute;rico &mdash;empezando por el individual&mdash; en cualquier obra, porque si hubiera puesto &ldquo;camarada, esto no es un libro&rdquo;, m&aacute;s de uno y de una habr&iacute;a pensado absurdamente que estaba enfatizando en exceso su ideolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista de 1968, que apareci&oacute; primero en <em>&Iacute;nsula</em> y poco m&aacute;s tarde en <em>Espa&ntilde;a Republicana </em>(ver <em>La poes&iacute;a hist&oacute;rica de Blas de Otero</em>, de Elena Perulero Pardo-Belmonte), nuestro gran poeta cerr&oacute; el falso debate entre &ldquo;poes&iacute;a social&rdquo; y cualquier otro tipo de poes&iacute;a con una facilidad digna de aplauso; Antonio N&uacute;&ntilde;ez le pregunt&oacute; si conceb&iacute;a la creaci&oacute;n po&eacute;tica &ldquo;dentro del partidismo&rdquo; o la consideraba inaceptable y, tras dejar claro que lo &ldquo;importante es que el poeta sienta unos temas con plena fuerza y sinceridad&rdquo;, Blas de Otero sentenci&oacute; que, a partir de dicha condici&oacute;n, no hay diferencia entre un poema &ldquo;en defensa del pueblo vietnamita&rdquo; y un &ldquo;poema de amor&rdquo;, por la sencilla raz&oacute;n de que ser&iacute;an lo mismo. Lo esencial para &eacute;l era, l&oacute;gicamente, el idioma; su valor, su peso, hasta d&aacute;ndole matices tan pol&iacute;ticos como los de <em>En castellano</em>, que no se public&oacute; en Espa&ntilde;a hasta 1977. Y con una puntualizaci&oacute;n que tambi&eacute;n aparece en sus <em>Historias fingidas y verdaderas</em>: &ldquo;que nadie se salva por un libro sino apostando todo a una palabra, la &uacute;nica que escoge el poeta a cambio de su propia vida expresada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quienes duden de su vigencia en la actualidad, lo tiene tan f&aacute;cil como leer o releer alguna de las obras que he citado o alguna de las que he dejado en sus m&aacute;rgenes (cosas del espacio y la intenci&oacute;n). Me atrevo a afirmar que no perder&aacute; el tiempo y, sobre todo, que se volver&aacute; a topar con la m&aacute;xima de que un buen poema suele tener el cuerpo en el futuro, con independencia de d&oacute;nde clave las u&ntilde;as de los pies. Celaya acertaba en <em>Cantos &iacute;beros</em> al hablar de la poes&iacute;a, y no hay contradicci&oacute;n entre eso y el hecho dif&iacute;cilmente discutible de que, &ldquo;el mundo, siempre bello&rdquo; brilla &ldquo;sin conciencia&rdquo; tras muerte del poeta (<em>Paz y concierto</em>). Y sin embargo, por muy indiferente que sea tal destello, Blas de Otero no ha dejado de hacer lo que prometi&oacute; aqu&iacute;: &ldquo;Cuando yo muera, el cartero continuar&aacute; tray&eacute;ndome cartas durante algunos d&iacute;as. Y yo contestar&eacute; a esas cartas, poniendo fecha atrasada&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fieramente-humano_129_13068372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 21:36:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fieramente humano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Castellano,Lenguaje]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lecciones del pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lecciones-pasado_129_13049543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e9fb836-0680-42c9-b80a-17c15dd4a8a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138167.jpg" width="635" height="357" alt="Lecciones del pasado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los hechos de Irán demuestran que Francisco de Vitoria (1483-1546) sigue muerto para la derecha política del Reino, ese sector que acaba de redescubrir las delicias de oponerse al derecho internacional</p></div><p class="article-text">
        A poca distancia del sal&oacute;n del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hay una r&eacute;plica de una tablilla de arcilla muy particular: el tratado de paz que, en el a&ntilde;o 1269 a.e.c., firmaron el fara&oacute;n Rams&eacute;s II y Hattusili III, rey de los hititas. La original se encontr&oacute; a principios del siglo XX en Anatolia (Turqu&iacute;a) y, como bien se dice en el cat&aacute;logo de obsequios de la ONU, es decir, de las obras de arte y dem&aacute;s que donan los Estados miembros &ndash;no, no se <em>obsequian</em> a nadie&ndash; &ldquo;promete amistad eterna, paz duradera, integridad territorial, no agresi&oacute;n, extradici&oacute;n y ayuda mutua&rdquo;. Como se ve, el derecho internacional es ligeramente m&aacute;s viejo de lo que se suele creer, y no solo por lados tan conocidos como el mencionado tratado de Kadesh, los <em>synth&#275;kai</em> de la Grecia cl&aacute;sica y, por supuesto, el fundamental <em>ius gentium</em> (derecho de gentes) de Roma. Hasta se adelanta a los hechos, algo tan obvio que el sovi&eacute;tico Yevgeny Korovin ya estaba hablando del espacio exterior y las normas aplicables a &eacute;l en 1934 (<em>La conquista de la estratosfera y el derecho internacional</em>), mucho antes del lanzamiento del Sputnik 1.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la existencia de leyes e instituciones como la Corte Internacional de Justicia y la propia ONU no han impedido nunca que los matones dominantes hagan lo que quieran, cuando quieran y como quieran; ni lo han impedido ni lo pueden impedir, salvo que as&iacute; lo deseen los matones en cuesti&oacute;n. Bajo su verborrea <em>civilizatoria</em> habitual se esconde sistem&aacute;ticamente esta afirmaci&oacute;n de Georg Lasson, escrita en 1871: &ldquo;Las normas del derecho internacional no son m&aacute;s que reglas de sabidur&iacute;a estatal que el Estado sigue teniendo en cuenta por su propio bienestar, y de las que puede desviarse en cuanto lo exijan sus intereses vitales&rdquo;. A decir verdad, lo &uacute;nico que ha cambiado desde entonces es que ya no hay nadie que se atreva a negar la validez de dichas normas en voz alta, por as&iacute; decirlo; o m&aacute;s bien, no hab&iacute;a, porque el derrumbe del precario y a veces hip&oacute;crita marco que se cre&oacute; tras la II Guerra Mundial est&aacute; dando tantas alas a los ide&oacute;logos de la fuerza bruta que empiezan dar sus verdaderas opiniones, sin preocuparse por inventar cuentos de hadas que vender a la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Lo sucedido estos d&iacute;as con la agresi&oacute;n de Israel y Estados Unidos a Ir&aacute;n es un buen ejemplo. Los propagandistas de esas cosas no han renunciado a&uacute;n a las excusas &ndash;algunas, tan incre&iacute;bles y capciosas como la apelaci&oacute;n a los derechos humanos&ndash;, pero tiempo al tiempo. Comp&aacute;renlo con el enorme esfuerzo de manipulaci&oacute;n informativa que facilit&oacute; la invasi&oacute;n de Irak, a costa de la credibilidad de los grandes medios estadounidenses y brit&aacute;nicos (&iquest;les suena la fantas&iacute;a de las &ldquo;armas de destrucci&oacute;n masiva&rdquo;?), y lo ver&aacute;n con claridad. Hasta hace relativamente poco, se pod&iacute;a afirmar lo que escribi&oacute; en su d&iacute;a el gran Eugeny B. Pasukanis, tambi&eacute;n sovi&eacute;tico: &ldquo;que los juristas que predican el culto a la fuerza en las relaciones internacionales&rdquo; son &ldquo;in&uacute;tiles para la burgues&iacute;a&rdquo; y &ldquo;peligrosos&rdquo; para ella, &ldquo;porque comprometen la paz y la tranquilidad que incluso un ladr&oacute;n necesita cuando se ha saciado y est&aacute; digiriendo su bot&iacute;n&rdquo; (<em>Obras escogidas</em>). Sospecho que hoy no escribir&iacute;a lo mismo, y no porque no sea cierto en circunstancias normales, sino porque estamos en plena redistribuci&oacute;n de la tarta mundial, un proceso inseparable de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los grandes actores de la obra, en el terreno de los pa&iacute;ses pol&iacute;ticamente secundarios, hay factores que a&ntilde;aden inter&eacute;s al asunto por v&iacute;as poco mencionadas en la prensa. Estoy seguro de que la&nbsp;mayor&iacute;a de los ciudadanos desconoce que los padres del derecho internacional son espa&ntilde;oles: el dominico Francisco de Vitoria (1483-1546) y el jesuita Francisco Su&aacute;rez de Toledo (1548-1617), fundador el primero e hijo el segundo de esa maravilla del pensamiento que fue la Escuela de Salamanca, asociada a intelectuales de la talla de Diego de Covarrubias, Domingo de Soto, Bartolom&eacute; de las Casas, Melchor Cano, Domingo B&aacute;&ntilde;ez, Mart&iacute;n de Azpilcueta, Luis de Alcal&aacute; y Tom&aacute;s de Mercado. No cito ninguna de sus obras aqu&iacute; porque el resultado ser&iacute;a abrumador, pero los animo a investigar por su cuenta y, en &uacute;ltima instancia, como hice yo mismo hace a&ntilde;os, a empezar por obras generales como <em>Res publica, el pensamiento pol&iacute;tico de Francisco de Vitoria</em> (de Joaqu&iacute;n Miras Albarr&aacute;n) o<em> La escuela de Salamanca: La primera versi&oacute;n de la modernidad</em> (de David Torrijos y Jorge Luis Guti&eacute;rrez). La Historia de este pa&iacute;s no es la que se ha contado.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, por motivos evidentes, originalmente aferrados a la guerra mundial <em>de facto</em> que hay detr&aacute;s del conflicto Reforma-Contrarreforma en los siglos XVI y XVII y m&aacute;s tarde empeorados por la desidia de los borbones espa&ntilde;oles y el <em>anticulturalismo</em> del r&eacute;gimen de Franco, la historiograf&iacute;a mundial dio la espalda a Francisco de Vitoria y le concedi&oacute; la paternidad del derecho internacional al calvinista holand&eacute;s Hugo Grocio (1583-1645), quien fusil&oacute; &ndash;en el sentido literario del t&eacute;rmino&ndash; al fil&oacute;sofo, te&oacute;logo y jurista de Burgos. Tanto es as&iacute; que, si no recuerdo mal, la primera traducci&oacute;n que se hizo al ingl&eacute;s de sus obras fue la de Anthony Pagden y Jeremy Lawrance (<em>Political Writings</em>, de 1991); pero, en cualquier caso, los hechos de Ir&aacute;n demuestran que sigue muerto para la derecha pol&iacute;tica del Reino, ese sector que, no contento con cambiar su supuesto catolicismo por el sionismo, acaba de redescubrir las delicias de oponerse al derecho internacional y, de paso, apoyar a imperios que no son precisamente el espa&ntilde;ol del Siglo de Oro. Deduzcan ustedes qu&eacute; entienden algunos y algunas por <em>patriotismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        En espera de lo que pase con el &uacute;ltimo juego de los grandes, creo que deber&iacute;amos mirar de nuevo la tablilla de Kadesh. No queda demasiado de ella, aunque el texto sigue grabado en los muros de los templos de Ra y Am&oacute;n en Karnak, en la antigua Tebas. Tres mil trescientos a&ntilde;os de Historia, y cada vez hay m&aacute;s gente que quiere estamparla contra una pared; quiz&aacute;, porque se est&aacute; olvidando lo que hizo que Francisco de Vitoria gozara de gran autoridad &ldquo;no solo ante sus correligionarios, sino ante todo el pueblo&rdquo;, como escribi&oacute; Luis Vives a Erasmo de R&oacute;terdam en 1527. Antonio Machado siempre tiene raz&oacute;n cuando recuerda desde <em>El dios ibero</em> que &ldquo;ni el pasado ha muerto/ ni est&aacute; el ma&ntilde;ana &ndash;ni el ayer&ndash; escrito&rdquo;. Todo se puede cambiar y, si no tenemos cuidado, si nos negamos a aprender las lecciones importantes, se cambiar&aacute; a peor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lecciones-pasado_129_13049543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 21:37:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lecciones del pasado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nannarella eterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/nannarella-eterna_129_13029464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32e46d0f-1ecb-41e8-96e3-6ab17569e15e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x475y513.jpg" width="1200" height="675" alt="Nannarella eterna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No seremos pocos los que brindemos por Anna Magnani el próximo 7 de marzo, aniversario de su nacimiento. Por la ‘loba y vestal’, que dijo Federico Fellini; por la actriz que logró, según Eduardo de Filippo, que hasta ‘el empedrado de Roma’ gritara a su muerte</p><p class="subtitle">Nota al pie - Tres días</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Fellini, hablando de <em>La Dolce Vita</em> (1960), que para desilusi&oacute;n de bastantes, el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula &ldquo;no ten&iacute;a ninguna intenci&oacute;n moralista o denigrante&rdquo;; su Roma, es decir, esa Roma suya en concreto, s&oacute;lo ten&iacute;a un significado: &ldquo;que, a pesar de todo, la vida tiene una dulzura profunda de la que no se puede renegar&rdquo; (<em>Conversaciones con Fellini</em>, de Giovanni Grazzini). Ni frecuentaba Via Veneto ni le interesaban en principio los <em>nobles</em> ni entend&iacute;a lo suficiente de org&iacute;as como para rodar el pen&uacute;ltimo episodio; y hasta eso encaja en el significado en cuesti&oacute;n, como demuestra el hecho de que, crey&eacute;ndolo un entendido en la materia, invitara a Pasolini a cenar y este le contestara que &ldquo;de org&iacute;as burguesas&rdquo; no sab&iacute;a nada y que, adem&aacute;s, no conoc&iacute;a a nadie que hubiera participado en una. Aquella Roma era &ldquo;una ciudad interior&rdquo;, un planteamiento distinto al de esa maravilla de tintes documentales que es su <em>Roma</em> de 1972.
    </p><p class="article-text">
        Albert Einstein se sum&oacute; a una afirmaci&oacute;n literaria verdaderamente antigua cuando, en su carta de p&eacute;same a la familia de su difunto amigo Michelle Besso (1955), escribi&oacute; aquello de que &ldquo;la distinci&oacute;n entre pasado, presente y futuro no es m&aacute;s que una obstinadamente duradera ilusi&oacute;n&rdquo;; una ilusi&oacute;n que salta por los aires en la pel&iacute;cula del 72 y que, desde mi punto de vista, lo hace de forma especial a trav&eacute;s de una actriz que vuelve sola a casa, rechaza a un Fellini empe&ntilde;ado en entrevistarla (&ldquo;no me f&iacute;o de ti&rdquo;, le endilga) y se despide de &eacute;l con un cortante &ldquo;buenas noches&rdquo; en el portal de su domicilio real de entonces, lo que Tennessee Williams llamo &ldquo;los altos&rdquo; del Palazzo Altieri en sus <em>Memorias</em>. Nadie pod&iacute;a saber que ser&iacute;a la &uacute;ltima pel&iacute;cula del <em>simbolo della citt&agrave;</em>, &ldquo;loba y vestal&rdquo; a la vez, como la define el propio director en la secuencia: Anna Magnani, <em>Nannarella</em> de roman&iacute;simo apodo, nacida un 7 de marzo &ndash;no seremos pocos los que brindemos por ella esta semana&ndash; y fallecida un 26 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        Magnani fue muchas mujeres romanas durante su larga carrera cinematogr&aacute;fica; entre otras, la novia del antifascista en <em>Roma ciudad abierta</em>, de Roberto Rossellini; la verdulera de <em>Abajo la riqueza</em>, de Gennaro Righelli; la artista frustrada en <em>Bell&iacute;sima</em>, de Luchino Visconti; la prostituta de <em>Mamma Roma</em>, de Pier Paolo Pasolini y ella misma, como ya se ha dicho. Muchas mujeres o muchas Romas, seg&uacute;n se entienda, y todas ellas establecen una conexi&oacute;n atemporal en su despedida callejera de Fellini con la <em>despedida</em> de los frescos que se difuminan en la escena de la obra del Metro, al contacto con el aire exterior. No es que sean lo mismo, obviamente; tampoco es igual el descreimiento y la iron&iacute;a de una actriz cansada que esa protesta contra la intromisi&oacute;n de la modernidad que parece haber en los rostros policromados que miran brevemente a los operarios y desaparecen; pero, del mismo modo en que Anita Ekberg y Marcello Mastroianni apelan en <em>La Dolce Vita </em>a la &ldquo;dulzura profunda&rdquo; de vivir, Magnani y nuestros antepasados apelan a la de la todas las vidas y todos los tiempos que han sido y ser&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo es importante, porque no se trata de una enso&ntilde;aci&oacute;n; ni siquiera en el sentido de la ficci&oacute;n que &ldquo;genera una nueva realidad, la realidad del arte&rdquo;, en palabras de Visconti (<em>Il cinema antropomorfico. </em>Revista <em>Cinema</em>, 1943), sino de la propia realidad, a secas. Magnani es Magnani en <em>Roma</em>; los fugaces rostros, nosotros. Se podr&iacute;a afirmar, sin dejar todav&iacute;a al realizador lombardo, que no son finales como los de Pietro Germi y Vittorio de Sica en <em>El camino de la esperanz</em>a y <em>Milagro en Mil&aacute;n</em>, respectivamente; no son cosas que &ldquo;no existen en la realidad social&rdquo; (<em>Storia di una crisi in &lsquo;Bellissima&rsquo;</em>); y al entrar en contacto con el car&aacute;cter de <em>Nannarella</em>, cercano a la descripci&oacute;n que hace Fellini en <em>Roma</em>, a&ntilde;ade un factor de permanencia que multiplica el efecto. Al fin y al cabo, era &ldquo;la mujer menos convencional&rdquo; de la Tierra, como recuerda un hombre tan poco convencional como su gran amigo Williams en sus mencionadas <em>Memorias</em>, que por cierto no deber&iacute;an faltar en la biblioteca de ning&uacute;n amante del teatro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, el hijo de la grand&iacute;sima actriz declaraba esto al diario <em>La Stampa</em>, de Tur&iacute;n: &ldquo;Prueba a preguntar a un adolescente qui&eacute;n era Anna Magnani. Te responder&aacute; que lo desconoce, y la culpa no es suya, sino de los que permiten que se olvide la &eacute;poca m&aacute;s grande del cine italiano&rdquo;. Como se ve, la deconstrucci&oacute;n cultural que sufrimos en otros pa&iacute;ses coincide plenamente con la que sufre nuestra hermana Italia. El sistema es as&iacute;. Pero cuando la ola pase &ndash;y todas las olas pasan&ndash;, se volver&aacute; a entender la autenticidad del poema que cierra este art&iacute;culo, gracias a la dramaturga y directora de escena Aitana Gal&aacute;n; lo escribi&oacute; su tambi&eacute;n amigo Eduardo de Filippo cuando supo que su puerta se hab&iacute;a cerrado, y dice as&iacute;: &ldquo;Confundi&eacute;ndose con la lluvia/ sobre la acera/ caen los ojos que ve&iacute;an/ los ojos de <em>Nannarella</em>/ que segu&iacute;an la marcha/ lenta, desanimada,/ cada paso perdido de la pobre gente./ El empedrado de Roma/ ha gritado/ y las piedras del mundo/ lo han o&iacute;do&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/nannarella-eterna_129_13029464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 22:52:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nannarella eterna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Arte,Italia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres días]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tres-dias_129_13010203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a889fc8c-1dec-4be9-a132-1ed7c6761ddb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137158.jpg" width="824" height="464" alt="Tres días"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La creación artística no es ni ha sido nunca fácil. No lo fue para Robert Duvall en sus inicios y, por supuesto, tampoco lo fue para Frederick Wiseman y Tom Noonan, fallecidos todos esta semana</p><p class="subtitle">Nota al pie - El mundo recibido</p></div><p class="article-text">
        Pocos recordaban su nombre <a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/muere-tom-noonan-actor-series-csi-the-blacklist-74-anos_1_13002522.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando ve&iacute;an a Tom Noonan en la pantalla</a>, aunque la mayor&iacute;a lo reconoc&iacute;a al instante; sobre todo, por sus interpretaciones de villanos o personajes dudosos, de los que despiertan sospechas: Dolarhyde en <em>Manhunter</em>; Ca&iacute;n en <em>RoboCop 2</em>; <em>The Ripper</em> en <em>El &uacute;ltimo gran h&eacute;roe</em>; Gary Jackson en <em>Asesino oculto </em>y el se&ntilde;or Ulman en <em>La casa del diablo</em> &mdash;entre otras&mdash;, aunque a &eacute;l le habr&iacute;a gustado que su carrera siguiera por caminos como los de <em>La puerta del cielo</em>, de Michael Cimino y la igualmente recomendable <em>Mystery Train</em>, de Jim Jarmusch. &ldquo;Me habr&iacute;a gustado tener m&aacute;s &eacute;xito como actor&rdquo;, dijo una vez en una entrevista para <em>Los &Aacute;ngeles Times</em> y, quiz&aacute; por encerrar su decepci&oacute;n entre los muros de la iron&iacute;a, a&ntilde;adi&oacute; que ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que s&oacute;lo le llamaban para darle trabajo cuando estaban &ldquo;cambiando de canales en plena madrugada&rdquo; y se lo encontraban en una pel&iacute;cula de relleno.
    </p><p class="article-text">
        La creaci&oacute;n art&iacute;stica no es f&aacute;cil; tampoco entre los actores que tienen la suerte de trabajar de forma habitual y, en consecuencia, de cobrar habitualmente, algo que ni puede decir la mayor&iacute;a de los trabajadores y trabajadoras de dicho gremio ni, desde luego, de los escritores, directores de escena, bailarines, traductores literarios y dem&aacute;s. Como tambi&eacute;n comentaba Noonan en la entrevista citada, tirando de la met&aacute;fora del carro de Fortuna, los &ldquo;de la carroza del desfile&rdquo; est&aacute;n &ldquo;arriba, saludando y agitando la mano mientras a nosotros nos aplastan las ruedas&rdquo;; y como suelen ser profesiones de vocaci&oacute;n, se sigue adelante hasta la visita de la Parca: En el caso de Noonan, entre los guiones que escrib&iacute;a y la sala de teatro que fund&oacute; en la d&eacute;cada de 1990, la Paradise Factory; en el caso <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/muere-director-fredrick-wiseman-maestro-cine-documental-96-anos_1_12996462.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del genial documentalista Frederick Wiseman</a>, gan&aacute;ndose la admiraci&oacute;n de unos cuantos y el desconocimiento general con pel&iacute;culas como <em>Titicut Follies</em>, censurada durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os por el gobierno estadounidense, <em>Welfare, Boxing Gym</em> y <em>Ex Libris: La biblioteca p&uacute;blica de Nueva York</em>, con la que gan&oacute; el premio de la Federaci&oacute;n Internacional de Prensa Cinematogr&aacute;fica en el Festival de Venecia.
    </p><p class="article-text">
        Huelga decir que s&oacute;lo un pu&ntilde;ado de afortunados &mdash;perd&oacute;nenme el sarcasmo&mdash; llega el d&iacute;a de su muerte a peri&oacute;dicos y televisiones; y cuando encima coinciden en la fecha o, por lo menos, en el momento en que los medios se enteran, el tratamiento comparativo que reciben es digno de estudio sociol&oacute;gico. El resto pasa perfectamente desapercibido, aunque luego llegue la Historia y afirme, por ejemplo, que fue el poeta o novelista m&aacute;s influyente de su &eacute;poca; pero dejando a un lado ese tema, el recorrido anterior, esa cosa llamada <em>vida</em>, se parece con frecuencia al hombre de <em>Welfare</em> que entra una ma&ntilde;ana en el centro de ayuda en cuesti&oacute;n (el Waverly Center de la Calle 14), saca el mont&oacute;n de documentos que lleva en el bolsillo y los acaba tirando al suelo ante la inutilidad de sus gestiones; con toda seguridad, para volver a intentarlo horas despu&eacute;s. En mi opini&oacute;n, es una pena que Wiseman, a quien Errol Morris llam&oacute; &ldquo;el mejor cineasta&rdquo; de Estados Unidos, no rodara un documental espec&iacute;fico sobre la totalidad del sector creativo, tan sujeto a los problemas que aparecen en la obra del maestro bostoniano (vivienda, desempleo, burocracia, etc&eacute;tera) como a los derivados del intento de vivir de su profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo de los tres d&iacute;as del t&iacute;tulo de este art&iacute;culo fue el 18 de febrero, el del fallecimiento de Noonan; para entonces, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/muere-robert-duvall-aclamado-actor-apocalyse-now-padrino-95-anos_1_12995853.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la huella de la desaparici&oacute;n de Robert Duvall</a> hab&iacute;a <em>ahogado</em> ya el inter&eacute;s medi&aacute;tico por estos asuntos, y lo dem&aacute;s qued&oacute; en un segundo plano que el propio Duvall habr&iacute;a sufrido de haber coincidido su muerte con la de alguien de mayor fama. La condici&oacute;n humana es como es. Sin embargo, no lo he dejado para el final por eso, sino porque Duvall fue en sus comienzos, cuando a&uacute;n no se hab&iacute;a ganado el apoyo popular por sus papeles en el cine, un prototipo de compromiso con otro g&eacute;nero, el teatro, desde su paso por la Gateway Playhouse de Bellport hasta sus estrenos del off-Broadway y el Broadway a secas. Por si lo dudan, echen un vistazo a las obras de este brev&iacute;simo resumen: <em>El gato y el canario</em>, de John Willard; <em>Las brujas de Salem</em> y <em>Panorama desde el puente</em>, de Arthur Miller; <em>Soy una c&aacute;mara</em>, de John van Druten; <em>Un tranv&iacute;a llamado deseo</em>, de Tennessee Williams; <em>La profesi&oacute;n de la se&ntilde;ora Warren</em>, de George Bernard Shaw y <em>American Buffalo</em>, de David Mamet.
    </p><p class="article-text">
        Si quieren honrar la memoria del gran Robert Duvall, honren por el camino a los autores que amaba (les aseguro que no hay ninguno malo en la lista anterior); si quieren honrar la de Frederick Wiseman, busquen las obras que lo convirtieron en una leyenda del documentalismo, porque sospecho que es casi un desconocido en nuestro pa&iacute;s; si quieren honrar a Tom Noonan, acu&eacute;rdense de &eacute;l la pr&oacute;xima vez que est&eacute;n cambiando de canales, plataformas o redes sociales en plena madrugada: a fin de cuentas, hasta en las obras no tan buenas hay c&oacute;micos que, como recomend&oacute; William Shakespeare por boca de Hamlet, tienen el detalle de creer de verdad que &ldquo;la acci&oacute;n debe corresponder a la palabra, y esta a la acci&oacute;n, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tres-dias_129_13010203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 20:55:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres días]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cineastas,Arte,Artistas,Actores,Documentales,Cine documental,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo recibido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mundo-recibido_129_12991703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/019e4397-4f1c-44c8-b7e1-07a533790d14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x398y98.jpg" width="1200" height="675" alt="El mundo recibido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que hoy se ve en colegios e institutos es un reflejo directo de la sociedad actual, además de anunciar males peores. Y bajo todo ello, subyace algo que, desde mi punto de vista, es el verdadero signo de estos tiempos: la palabra ‘indefensión’</p><p class="subtitle">Nota al pie - El ingeniero</p></div><p class="article-text">
        A principios de enero de este a&ntilde;o, la Confederaci&oacute;n de Sindicatos de Trabajadores y Trabajadoras de la Ense&ntilde;anza (STE&ndash;Intersindical) public&oacute; un informe sobre la situaci&oacute;n del sector en Espa&ntilde;a del que seguramente habr&aacute;n tenido noticia por los medios de comunicaci&oacute;n. Su t&iacute;tulo es tan ilustrativo que casi lo dice todo (<em>Causas del estado de malestar docente</em>) y, en cuanto a las opiniones de los profesores, recogidas en &eacute;l a modo de encuesta, son de indiscutible gravedad: salarios insuficientes, masificaci&oacute;n de las aulas, falta de recursos materiales, falta de apoyo institucional y burocracia excesiva, que se define como &ldquo;puro teatro&rdquo; consistente en &ldquo;rellenar hojas con protocolos infinitos&rdquo;; pero lo que m&aacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n de la mayor&iacute;a de los medios no fue eso, por crucial que sea, sino el aumento de las &ldquo;agresiones verbales y/o f&iacute;sicas&rdquo; por parte de los alumnos y sus familias.
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado el peculiar detalle de que los defectos estructurales de la educaci&oacute;n p&uacute;blica alarmen menos que los excesos de unos cuantos, es obvio que el panorama tambi&eacute;n es preocupante en ese sentido. Lo que hoy se ve en colegios e institutos es un reflejo directo de la sociedad actual y un anuncio de males peores. Agravios, ofensas, injurias, amenazas, agresiones f&iacute;sicas y, como resumen del problema en conjunto &mdash;es decir, m&aacute;s all&aacute; del puramente disciplinario&mdash;, una palabra terrible que, desde mi punto de vista, es el verdadero signo de estos tiempos: &ldquo;indefensi&oacute;n&rdquo;. En tales circunstancias, los comentarios que salpican el estudio no deber&iacute;an sorprender. &ldquo;Tenemos que ser psic&oacute;logos, asistentes sociales y enfermeros sin formaci&oacute;n ni recursos&rdquo;. &ldquo;Las familias nos exigen, pero no nos apoyan; somos culpables de todo y h&eacute;roes de nada&rdquo;. Y en las conclusiones, entre quejas como la relativa al &ldquo;desfase creciente entre los ingresos y el coste de la vida&rdquo; (con la especulaci&oacute;n inmobiliaria de por medio, claro), una consecuencia inevitable: que el objetivo de ense&ntilde;ar est&aacute; pasando a segundo plano, hasta el punto de que &ldquo;una buena parte&rdquo; del profesorado ya &ldquo;s&oacute;lo busca sobrevivir hasta la jubilaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de dejar a un lado el estudio de la STE, qu&eacute;dense con esta frase: &ldquo;sin docentes no hay escuela; sin escuela no hay educaci&oacute;n; sin educaci&oacute;n no hay ciudadan&iacute;a&rdquo;. Antonio Machado, habitual en esta columna por buenas y creo que necesarias razones, coment&oacute; en su indispensable <em>Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor ap&oacute;crifo</em> (1936), que sus alumnos no aprender&iacute;an otra cosa de &eacute;l que &ldquo;lo que tal vez os convenga ignorar toda la vida, a desconfiar de vosotros mismos&rdquo;. Evidentemente, no se refer&iacute;a a alimentar la inseguridad; nuestro gran poeta, quien confesaba tener un diablo dentro, tiraba de su t&iacute;pica sorna para enfatizar que abogaba por la creaci&oacute;n de pensamiento cr&iacute;tico, no por la obediencia o la <em>correcci&oacute;n</em> acad&eacute;mica (&ldquo;yo soy la incorrecci&oacute;n misma&rdquo;, avisaba); y como republicano integral que era, sab&iacute;a de sobra que la educaci&oacute;n p&uacute;blica no es separable de un proyecto concreto de pa&iacute;s. Ya en 1913, el hombre que &ldquo;tuvo la fortuna de ser alumno de don Francisco Giner de los R&iacute;os y otros extraordinarios maestros&rdquo; de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza (<em>Antonio Machado, historia y poes&iacute;a</em>, de Juan Marichal) hab&iacute;a puntualizado que no se puede &ldquo;formar espa&ntilde;oles&rdquo; si no se sabe o no importa en qu&eacute; consiste eso (<em>El liberal</em>, 5 de marzo).
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los grandes pedagogos y pedagogas de la Historia, desde Juan Luis Vives (<em>Introductio ad sapientiam</em>) hasta Jean Piaget y Paulo Freire, pasando por Francisco Ferrer Guardia (<em>La escuela moderna</em>), Ant&oacute;n Mak&aacute;renko (<em>Poema pedag&oacute;gico</em>) o Manuel Bartolom&eacute; Coss&iacute;o, impulsor adem&aacute;s de las Misiones Pedag&oacute;gicas de nuestra II Rep&uacute;blica (busquen su antolog&iacute;a en la librer&iacute;a del Ministerio de Educaci&oacute;n), desestim&oacute; nunca la importancia del marco pol&iacute;tico. Formar seres libres no es lo mismo, no implica el mismo esfuerzo y, por supuesto, exige de muchos m&aacute;s recursos que fabricar vulgares tornillos de la m&aacute;quina social. Eso es as&iacute; en cualquier caso y, cuando se opta por lo segundo en un contexto de individualismo capitalista extremo y se combina con un desprecio general de la cultura, una abrumadora extensi&oacute;n de la precariedad y la m&aacute;s que justificada sospecha de que el futuro ser&aacute; peor que el presente, no se puede esperar que las aulas sean un ejemplo de rebeld&iacute;a bien entendida. Los j&oacute;venes, todos los j&oacute;venes de todas las generaciones, son hijos del mundo que han recibido; no son la causa de los problemas, aunque sin duda los pueden empeorar, sino su efecto.
    </p><p class="article-text">
        En el n.&ordm; 3 del <em>Bolet&iacute;n de la escuela moderna</em>, Ferrer Guardia, fusilado por el r&eacute;gimen mon&aacute;rquico el 13 de octubre de 1909 pese a la indignaci&oacute;n internacional, las protestas de autores como Gabriel Alomar y Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s y las denuncias de medios como<em> El Pueblo </em>(de Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez), hizo un llamamiento &ldquo;a los intelectuales&rdquo; con este objetivo: librar al mundo, a trav&eacute;s de sus obras y actitudes, &ldquo;de dogmas autoritarios, sofismas vergonzosos y convencionalismos rid&iacute;culos como los que desgraciadamente forman el mecanismo de la sociedad presente&rdquo;; y ese es el quid de la cuesti&oacute;n, porque mejorar la educaci&oacute;n en serio implica mejorar la sociedad, y no se va a mejorar nada mientras sigamos en el c&iacute;rculo vicioso de la insolidaridad y la indiferencia ante la destrucci&oacute;n del bien com&uacute;n. Con tales mimbres, ni siquiera cabe la razonable petici&oacute;n del profesor Antonio Machado en su<em> Juan de Mairena</em>: &ldquo;un poco de amistad y ese m&iacute;nimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas durante algunas horas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mundo-recibido_129_12991703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 21:22:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mundo recibido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ingeniero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ingeniero_129_12972162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/556e681d-bbaa-4f0f-8802-7dd7b05eedd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x608y102.jpg" width="1200" height="675" alt="El ingeniero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este año se cumple un siglo del rodaje de una de "las mejores obras de la Historia del cine", en palabras de Orson Welles: 'El maquinista de La General', de Buster Keaton</p><p class="subtitle">Nota al pie - Gato por liebre</p></div><p class="article-text">
        Cuando se firm&oacute; el armisticio de la I Guerra Mundial, el Estado Mayor del Ej&eacute;rcito de Estados Unidos envi&oacute; tres divisiones enteras a una peque&ntilde;a localidad de Burdeos, donde estuvieron varios meses. Eran m&aacute;s de cuarenta mil soldados y, al no haber sitio para tanta gente, se vieron obligados a dormir todo ese tiempo &ldquo;en suelos de graneros, molinos y s&oacute;tanos&rdquo;, cuyas corrientes de aire estuvieron a punto de dejar &ldquo;sordo como una tapia&rdquo; a un cabo de infanter&iacute;a: Buster Keaton (<em>My Wonderful World of Slapstick</em>, localizable en castellano como <em>Slapstick</em>, sin m&aacute;s); y una noche, volviendo &ldquo;de una partida de cartas&rdquo;, Keaton lleg&oacute; a su acuartelamiento y no oy&oacute; ni el santo y se&ntilde;a que le pidi&oacute; el centinela ni los dos gritos que le peg&oacute; despu&eacute;s. Por fortuna, su &ldquo;sexto sentido&rdquo; estaba en mejores condiciones que su capacidad auditiva, y tuvo la cortes&iacute;a de sentir el &ldquo;clic&rdquo; del fusil amartillado, detenerlo &ldquo;en seco&rdquo; e impedir la ejecuci&oacute;n de un genio en aplicaci&oacute;n de la normativa castrense.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o se cumple un siglo del rodaje de una de &ldquo;las mejores obras de la Historia del cine&rdquo;, en palabras de Orson Welles, <em>The General</em> (<em>El maquinista de La General</em>). Como se sabe, Keaton sac&oacute; el guion de un libro que le hab&iacute;a regalado Clyde Bruckman, codirector con &eacute;l de la pel&iacute;cula (<em>Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure</em>, de William Pittenger); y como necesitaba un <em>underdog</em>, es decir, alguien que siempre lleva las de perder, dio la vuelta al asunto y convirti&oacute; al protagonista en ingeniero de la Confederaci&oacute;n. Por supuesto, no ha faltado quien, recientemente, ha intentado ver una toma de partido en ello, salt&aacute;ndose a la torera el car&aacute;cter, las actitudes y el esp&iacute;ritu de la cinematograf&iacute;a de aquel californiano de Woodland Hills, hasta el extremo de que directores tan poco sospechosos de simpatizar con el Sur como Quentin Tarantino han tenido que salir a defenderlo; pero, antes de abandonar ese cap&iacute;tulo, quiz&aacute; convenga recordar lo que dijo &eacute;l mismo en su autobiograf&iacute;a &mdash;escrita en colaboraci&oacute;n con Charles Samuels&mdash; a prop&oacute;sito de la &uacute;nica guerra en la que particip&oacute;, aunque fuera haciendo &ldquo;el baile de la serpiente y otras rutinas&rdquo; de <em>burlesque</em> para entretener a la tropa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En primer lugar, yo no entend&iacute;a por qu&eacute; los franceses, los ingleses y nosotros est&aacute;bamos luchando contra los alemanes y los austr&iacute;acos&rdquo;, declar&oacute;. Aun no siendo ni mucho menos &ldquo;un internacionalista&rdquo; como su amigo Charles Chaplin (respuesta al senador William Langer, 1945), conoc&iacute;a a demasiados artistas del otro bando como para creer lo que dec&iacute;an &ldquo;nuestros peri&oacute;dicos&rdquo;; de hecho, le costaba &ldquo;tomarse en serio aquella guerra&rdquo;, y la mayor opini&oacute;n <em>pol&iacute;tica</em> que expres&oacute; al respecto fue por su &ldquo;rid&iacute;culo&rdquo; uniforme, que le quedaba gigante porque &ldquo;el intendente general no hab&iacute;a anticipado que alguien de un metro sesenta y cinco pudiera unirse al ej&eacute;rcito de los Estados Unidos&rdquo;. Cuesta no ver una relaci&oacute;n indiscutible entre su experiencia militar y su pel&iacute;cula de 1930, <em>Doughboys</em> (<em>Reclutas</em>), que por cierto tuvo versi&oacute;n directa en castellano (<em>De frente, marchen</em>). Que su vida no se pareciera nada a la del personaje central, un pijo de Rolls-Royce que intenta contratar un ch&oacute;fer en una oficina de reclutamiento &mdash;sin ser consciente de d&oacute;nde est&aacute;&mdash;, no significa que no se sacara alguna espina.
    </p><p class="article-text">
        Una vez, en respuesta a un periodista que le preguntaba sobre <em>The General</em>, Buster Keaton enfatiz&oacute; un t&eacute;rmino que ya ha aparecido aqu&iacute;: <em>ingeniero</em>, y no lo enfatiz&oacute; por el protagonista de la ficci&oacute;n. Se hab&iacute;a criado en el mundo del vodevil, volando literalmente por los aires (Harry Houdini, colaborador de su padre, le puso <em>Buster</em> por eso), y tan pronto calculaba fachadas de dos toneladas para que no lo mataran al caer (<em>Steamboat Bill Jr.</em>, traducida en Espa&ntilde;a como <em>El h&eacute;roe del r&iacute;o</em>) como proyectaba y se marcaba el asombroso mont&oacute;n de proezas de la pel&iacute;cula que justifica este art&iacute;culo, sin maquetas ni efectos especiales y, naturalmente, sin nadie que se jugara el pescuezo en su lugar. Harvey Parry, uno de los grandes dobles de la &eacute;poca dorada del cine, declar&oacute; en su d&iacute;a que ni &eacute;l mismo podr&iacute;a haber sido doble suyo en el imposible caso de que Keaton hubiera querido algo tan opuesto a concepci&oacute;n del espect&aacute;culo (<em>Hollywood, the pioners</em>, de Kevin Brownlow), y no s&oacute;lo por ser un acr&oacute;bata consumado, sino porque &ldquo;&eacute;l no se limitaba a resbalar y caer. Hac&iacute;a muchas cosas antes de caer&rdquo;, y &ldquo;no puedes ser doble de un tipo as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que el tiempo pone las cosas en su sitio; en mi opini&oacute;n, lo que hace es ponerlas en <em>alg&uacute;n</em> sitio, que no es precisamente lo mismo; pero, sin &aacute;nimo de ironizar sobre los cuentos infantiles, a veces hace una excepci&oacute;n y, lejos de levantar sus t&iacute;picos monumentos a la infamia, se decanta por la justicia. El <em>maquinista de La General </em>es una de esas excepciones. El p&uacute;blico y desde luego los cr&iacute;ticos le dieron la espalda en su d&iacute;a, y ahora no hay ninguna lista respetable que no la tenga entre las diez o veinte mejores pel&iacute;culas de la historia, por muy buenas razones. En <em>El gran Buster</em>, el documental de Peter Bogdanovich, el mencionado Quentin Tarantino a&ntilde;ad&iacute;a un par de motivos que no se suelen colocar entre los primeros, aunque sean obvios para cualquier cin&eacute;filo o cin&eacute;fila: que, de paso, es &ldquo;una magn&iacute;fica pel&iacute;cula de acci&oacute;n&rdquo; y una demostraci&oacute;n de que Keaton fue tambi&eacute;n un precursor por su forma de dirigir, por haber pasado de usar la c&aacute;mara para contar un chiste a lograr que el cine, &ldquo;en s&iacute; mismo&rdquo;, fuera el chiste.
    </p><p class="article-text">
        Si tienen un rato, vuelvan a verla; no se arrepentir&aacute;n. Su centenario es tan buena excusa como cualquier otra y, adem&aacute;s, dar&aacute;n m&aacute;s sentido todav&iacute;a a las palabras que cierran <em>My Wonderful World of Slapstick</em>, escritas a cuenta de la promesa que le hab&iacute;a hecho su m&eacute;dico, el doctor Avedon: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n no querr&iacute;a vivir cien a&ntilde;os en un mundo donde hay tantas personas que recuerdan con gratitud y afecto a un hombrecillo de cara de palo que los hizo re&iacute;r hace mucho tiempo, cuando ellos y yo &eacute;ramos j&oacute;venes?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ingeniero_129_12972162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 21:03:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ingeniero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Actores,Quentin Tarantino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gato por liebre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/gato-liebre_129_12952897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfb2cfdd-33d3-485b-bd52-baa6a62861e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135521.jpg" width="750" height="422" alt="Gato por liebre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace un par de años, Noam Chomsky, Ian Roberts y Jeffrey Watumull escribían en el New York Times que resulta ‘cómico y trágico al mismo tiempo que se dedique tanto dinero y atención a algo tan insignificante’ como la falsa IA que nos están vendiendo</p></div><p class="article-text">
        A mediados de este mes, alrededor de 800 escritores y creadores estadounidenses de todo tipo pusieron en marcha la campa&ntilde;a <em>Stealing isn&rsquo;t Innovation</em> (&ldquo;robar no es innovar&rdquo;), dependiente de la Human Artistry Campaign, una coalici&oacute;n de m&aacute;s de 180 organizaciones internacionales comprometidas con una utilizaci&oacute;n responsable de la Inteligencia Artificial generativa (IAG). Por supuesto, su preocupaci&oacute;n no era la de determinadas instituciones asociadas al poder, cuyo concepto de la <em>pirater&iacute;a</em> excluye sistem&aacute;tica y convenientemente a los grandes ladrones, sino justo la contraria: afirmaban, como la plana mayor de los artistas de todo el mundo, que lo que han hecho y siguen haciendo las megacorporaciones tecnol&oacute;gicas con su producto es &ldquo;simple y puro latrocinio&rdquo;; un robo generalizado de obras, sin m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Robar es una cosa curiosa. Si ustedes y yo encontramos el modo de piratear todo lo que se publica, pueden estar seguros de que la Justicia se dar&aacute; un fest&iacute;n con nosotros; si lo hacen unas cuantas grandes empresas, la Justicia procurar&aacute; no mirar y, si adem&aacute;s lo hacen con alguna excusa bonita &ndash;la modernidad, el progreso de la humanidad, etc&eacute;tera&ndash;, se premiar&aacute; al ladr&oacute;n y denigrar&aacute; a la v&iacute;ctima. Nada nuevo bajo el sol, dir&aacute;n; no, nada, ciertamente; pero, en este caso, los multimillonarios que as&iacute; act&uacute;an est&aacute;n destruyendo sectores culturales enteros, y no hay semana que no se rebele alguien m&aacute;s, como tambi&eacute;n ha pasado en enero con una de las principales convenciones de c&oacute;mic de Estados Unidos, la Comic-Con de San Diego, que se ha negado a aceptar materiales creados &ldquo;parcial o totalmente&rdquo; con IAG. Cuanto m&aacute;s tiempo pasa, m&aacute;s claro queda que el objetivo &uacute;ltimo de los supuestos <em>innovadores</em> es el que comentaba otro grupo de escritores el a&ntilde;o pasado: &ldquo;eliminarnos completamente de la ecuaci&oacute;n para que los que est&aacute;n en la c&uacute;spide de la estructura capitalista se beneficien a&uacute;n m&aacute;s de lo que ya se benefician de nuestro trabajo&rdquo; (<em>An Open Letter from Writers to Publishers</em>).
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera que conozca el asunto sabe lo que se va a intentar; nuestros queridos ejecutivos pretenden cerrar el conflicto en falso, gan&aacute;ndose a las grandes intermediarios de la cultura &ndash;periodismo incluido&ndash; con unos cientos de millones que, por supuesto, no llegar&aacute;n a los bolsillos de los damnificados, los trabajadores y trabajadoras del sector. Personalmente, espero que el combativo ejemplo que est&aacute;n dando organizaciones como la FADIP, la federaci&oacute;n de ilustradores profesionales de Espa&ntilde;a, se extienda y contribuya a romper la <em>omert&aacute;</em> que rige aqu&iacute;, la ley del silencio. Sin embargo, y por mucho da&ntilde;o que nos est&eacute; haciendo a los creadores, la IAG s&oacute;lo es una parte del problema de la IA en general, que <em>grosso modo</em> no deja de ser otra estratagema para transferir rentas del trabajo a un pu&ntilde;ado de ricos. Y para empeorarlo todo, resulta que, tecnol&oacute;gicamente hablando, s&oacute;lo hay un t&eacute;rmino de los dos de la IA que sea correcto: &ldquo;artificial&rdquo;, porque hasta un botijo tiene m&aacute;s posibilidades de acabar siendo &ldquo;inteligente&rdquo; que la farsa que se est&aacute; vendiendo.
    </p><p class="article-text">
        En junio del 2025, el escritor brit&aacute;nico Adrian Tchaikovsky, uno de los m&aacute;s conocidos de la ciencia ficci&oacute;n actual (si no lo conocen, empiecen &ndash;por ejemplo&ndash; por <em>Linaje ancestral</em> o <em>Herederos del tiempo</em>) declaraba esto a la revista <em>Nautilus</em>: &ldquo;Lo que la mayor&iacute;a de la gente describe como IA no es IA. La investigaci&oacute;n actual en inteligencia artificial lleva seguramente 10 o 20 a&ntilde;os de retraso&rdquo;; en parte, a&ntilde;ad&iacute;a, porque &ldquo;los fondos que deber&iacute;an ir a proyectos v&aacute;lidos est&aacute;n acabando en ese disparate&rdquo;. Ni siquiera hace falta acudir a fil&oacute;sofos como John Searle y su experimento de &ldquo;la habitaci&oacute;n china&rdquo; (<em>Mentes, cerebros y programas</em>) para saber que nos est&aacute;n dando gato por liebre, y que lo m&aacute;ximo que se puede sacar por ah&iacute;, aparte de destruir decenas millones de puestos de trabajo y destrozar un sinf&iacute;n de sistemas que funcionaban bien, es que determinadas personas se hagan pasar por dibujantes, m&uacute;sicos o relatistas gracias al gigantesco <em>collage</em> de la IAG o que la mayor&iacute;a nos enteremos m&aacute;s o menos de lo que significa una frase en suajili con alguno de los necesariamente chapuceros traductores autom&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia no est&aacute; en ese camino. Es posible que Terry Pratchett tuviera raz&oacute;n al afirmar en <em>Pap&aacute; Puerco </em>que &ldquo;la estupidez real siempre vence a la IA&rdquo;, pero estamos muy lejos de algo parecido al <em>Yo, robot</em> de Isaac Asimov o del magn&iacute;fico Mike/Michelle de Robert A. Heinlein en <em>La luna es una cruel amante</em>. Hace un par de a&ntilde;os, Noam Chomsky, Ian Roberts y Jeffrey Watumull escrib&iacute;an en el <em>New York Times</em> que resulta &ldquo;c&oacute;mico y tr&aacute;gico al mismo tiempo, como Borges quiz&aacute; habr&iacute;a mencionado, que se dedique tanto dinero y atenci&oacute;n a algo tan insignificante&rdquo;; sobre todo, porque esa forma falsa de IA puede &ldquo;degradar nuestra ciencia y envilecer nuestra &eacute;tica al incorporar a nuestra tecnolog&iacute;a una concepci&oacute;n fundamentalmente errada del lenguaje y el conocimiento&rdquo; (<em>La falsa promesa de ChatGPT</em>). Ojal&aacute; que esa preocupaci&oacute;n vaya m&aacute;s all&aacute; de unos pocos ling&uuml;istas y un ej&eacute;rcito de creadores precarizados. La distop&iacute;a no es, aunque lo parezca, una simple pesadilla literaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/gato-liebre_129_12952897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 21:20:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gato por liebre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un país extranjero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/pais-extranjero_129_12933005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44a117a8-8391-409a-a494-1436c3555621_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un país extranjero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los treinta y cinco años transcurridos desde el rodaje de 'Riff-Raff' no han hecho otra cosa que ensanchar y profundizar la herida que mostró Bill Jesse, el guionista de la obra de Ken Loach.</p><p class="subtitle">El error</p></div><p class="article-text">
        No recuerdo d&oacute;nde la vi por primera vez; quiz&aacute;, en los desaparecidos cines Alphaville, uno de los reductos para cin&eacute;filos que quedaban en Madrid a principios de la d&eacute;cada de 1990, tras la desaparici&oacute;n de la mayor&iacute;a de los cinestudios; pero, fuera donde fuera, recuerdo lo que pens&eacute; al salir de la sala. Aquello no era &ldquo;burgu&eacute;s de la cabeza a los pies&rdquo;, como escribi&oacute; Lindsay Anderson en <em>&iexcl;Salga y empuje!</em>, uno de los manifiestos del movimiento de los j&oacute;venes airados; no daba la espalda a las consecuencias de los procesos de privatizaciones y tercerizaciones que se hab&iacute;an puesto en marcha la d&eacute;cada anterior; no se encog&iacute;a de hombros ante lo que luego se llamar&iacute;a <em>gentrificaci&oacute;n</em> y, adem&aacute;s de denunciar lo que pasaba, tambi&eacute;n nos representaba a un segmento concreto de los j&oacute;venes a trav&eacute;s de Susan y Steve, los personajes interpretados por Robert Carlyle y Emer McCourt, respectivamente. La pel&iacute;cula se llamaba y se llama <em>Riff-Raff; </em>el director, Ken Loach.
    </p><p class="article-text">
        Tuve ocasi&oacute;n de conocer bastante la Inglaterra de finales de los ochenta; no el Londres de la obra, sino el norte, el escenario de la masiva huelga minera que estuvo a punto de hundir a la madre de casi todo lo que ha pasado despu&eacute;s, Margaret Thatcher. Los resultados de su &ldquo;no hay alternativa&rdquo; (al neoliberalismo, claro) estaban por todas partes, en la oscura gama de grises de la precariedad generalizada y la destrucci&oacute;n de los v&iacute;nculos comunitarios. Por supuesto, no era eso lo que aparec&iacute;a en los grandes medios; entonces, como ahora, pintaban el mundo con colorines de &ldquo;capitalismo popular&rdquo;, otra de las demag&oacute;gicas ocurrencias de la dama en cuesti&oacute;n; y por debajo, anunciando males peores, sobresal&iacute;a el problema m&aacute;s determinante en &uacute;ltima instancia: que se hab&iacute;a abandonado la lucha desde lo pol&iacute;tico hasta lo cultural, sindicalismo incluido. Se estaba empezando a pasar, como dijo el propio Ken Loach en &mdash;al hilo de <em>El viejo roble</em> (2023)&mdash; &ldquo;de la memoria de aquella solidaridad y su reactivaci&oacute;n&rdquo; a la &ldquo;amargura y la ira&rdquo; ciegas, tan aprovechables por los vendedores de humo.
    </p><p class="article-text">
        Una vez, pidieron a Gabriel Celaya que preparara una antolog&iacute;a de sus textos. Nuestro gran poeta, que desde luego ten&iacute;a claro lo que quer&iacute;a decir y a qui&eacute;n se quer&iacute;a dirigir, reuni&oacute; los poemas que consider&oacute; apropiados, se molest&oacute; en a&ntilde;adir apostillas para que los lectores j&oacute;venes entendieran mejor el contexto y le puso un t&iacute;tulo sacado de una cita de Engels: <em>El hijo rojo</em>, el que &ldquo;sirve de gu&iacute;a&rdquo; a quien pretende comprender la Historia. Celaya sab&iacute;a que las generaciones que desconocen dicho hilo se condenan a s&iacute; mismas y, en consecuencia, jug&oacute; con su propia obra para enfatizar la importancia de agarrarlo, cuidarlo y, en &uacute;ltima instancia, pasarlo a otros. La Inglaterra que yo conoc&iacute; ya lo estaba despreciando; ya rechazaba la experiencia y los conocimientos que, en el&nbsp;argumento de <em>Riff-Raff</em>, representa Larry (el actor y activista Ricky Tomlinson<strong>)</strong>. Espa&ntilde;a tardar&iacute;a un poco m&aacute;s; pero, cuando se perdi&oacute; la experiencia heredada, sin la que no se habr&iacute;a podido organizar &mdash;por ejemplo&mdash; el mayor movimiento de desobediencia civil desde la guerra de Vietnam, se cay&oacute; en algo muy parecido.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a Loach, seguro que algunos y algunas de ustedes se acuerdan del momento en que Susan pregunta a Steve si no se deprime nunca, y &eacute;l responde: &ldquo;No, las depresiones son para la clase media. Los dem&aacute;s nos tenemos que levantar a primera hora&rdquo;. Sarcasmo al margen, se nota que los treinta y cinco a&ntilde;os transcurridos desde el rodaje de la pel&iacute;cula no han hecho otra cosa que ensanchar y profundizar la herida que mostr&oacute; Bill Jesse, el antiguo obrero de la construcci&oacute;n y marino mercante que escribi&oacute; el guion para el director brit&aacute;nico. Las condiciones materiales, nuestra posici&oacute;n en la vida, lo que creemos ser, lo que de hecho somos. Y al fondo, detr&aacute;s de la c&aacute;mara, un creador que siempre parte de m&aacute;ximas como esta: &ldquo;Tenemos que contar la historia de la clase trabajadora, contar la historia de sus luchas&rdquo; para que se sepa &ldquo;qu&eacute; podr&iacute;amos haber ganado, c&oacute;mo lo podr&iacute;amos haber ganado y qu&eacute; fuerzas est&aacute;n contra nosotros&rdquo; (<em>Red Pepper Media. </em>Entrevista de Hilary Wainwright).
    </p><p class="article-text">
        Estar&iacute;a bien que el pasado fuera &ldquo;un pa&iacute;s extranjero&rdquo;, como afirm&oacute; L.P. Hartley en <em>El intermediario</em>, cuya versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica es hija de dos gigantes (Joseph Losey y Harold Pinter); estar&iacute;a bien porque, si no le diera por invadir el presente, nos podr&iacute;amos limitar a visitarlo de vez en cuando y regresar a nuestro tiempo sin un solo rasgu&ntilde;o. Sin embargo, la realidad es m&aacute;s prosaica, y lo que dice a trav&eacute;s de la obra de Ken Loach nos sigue mandando a urgencias todos los d&iacute;as. <em>Riff-Raff</em>, <em>Lloviendo piedras</em>, <em>Ladybird, Ladybird</em>, <em>Mi nombre es Joe</em>, <em>Pan y Rosas, </em>elijan<em>.</em> O, por lo que tiene de absoluta y desgraciadamente actual, <em>La cuadrilla</em>, con sus cinco trabajadores afectados por la <em>liberalizaci&oacute;n</em> de los ferrocarriles brit&aacute;nicos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/pais-extranjero_129_12933005.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 21:22:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un país extranjero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ken Loach,Cine,Cineastas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El error]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/error_129_12915429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbd7b7d4-22db-42d0-8d45-629c7046f510_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x234y91.jpg" width="1200" height="675" alt="El error"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La maquinaria mediática oculta la realidad y la sustituye por el ruido del espectáculo; lo que Gilles Deleuze, de cuyo nacimiento se cumplen ciento un años, llamó en términos comunicativos una ‘inflación de proposiciones sin interés’</p><p class="subtitle">La verdad de Anna</p></div><p class="article-text">
        Conseguir que la humanidad &ldquo;luche por su esclavitud como si se tratara de su salvaci&oacute;n&rdquo; no es tan dif&iacute;cil, como bien sab&iacute;a el autor de la cita, Spinoza. Desde luego, la &eacute;poca del fil&oacute;sofo neerland&eacute;s no era esta, y donde entonces hablaba de la religi&oacute;n como principal excusa para inculcar miedo, sospecho que hoy hablar&iacute;a de otras cosas. Pero esa es la &uacute;nica diferencia <em>de facto</em>: el tipo de cadenas que se usan. Que hoy no nos sometan con cruces, estrellas de David y medias lunas &mdash;al menos aqu&iacute;, y al menos de momento&mdash; no significa que el poder no nos doblegue con otras herramientas de similar contundencia, que funcionan incuestionablemente bien en sociedades donde &ldquo;hasta la discusi&oacute;n es tenida por sacrilegio&rdquo; y &ldquo;los prejuicios&rdquo; imbuidos en las mentes &ldquo;no dejan a la sana raz&oacute;n lugar alguno, ni para la simple duda&rdquo; (<em>Tratado teol&oacute;gico&ndash;pol&iacute;tico</em>, 1670).
    </p><p class="article-text">
        Echen un vistazo al instrumento habitual de la Edad Contempor&aacute;nea para alcanzar dicho objetivo; me refiero a los medios de comunicaci&oacute;n, por supuesto. En principio, son el no va m&aacute;s de la discusi&oacute;n, justo lo contrario a lo que Spinoza achacaba a los turcos en su tratado. Ahora bien, &iquest;de qu&eacute; se discute en ellos? Con contad&iacute;simas excepciones, de nada relacionado con los problemas de millones y millones de personas, que se ningunean tanto como los debates econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos necesarios para encontrar una soluci&oacute;n. De hecho, parte de lo que algunos llaman <em>desafecci&oacute;n</em> no es sino el resultado final de no tener casa, no llegar a fin de mes o no poder encender un radiador en invierno y observar que, entre tanto, d&iacute;a tras d&iacute;a, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, la maquinaria medi&aacute;tica va mucho m&aacute;s all&aacute; de vender &ldquo;intereses particulares como si fueran de todos&rdquo; (Herbert Marcuse): adem&aacute;s, oculta la realidad misma y la sustituye por un ceremonial de espect&aacute;culo y ruido, una &ldquo;inflaci&oacute;n de proposiciones sin inter&eacute;s&rdquo; (Gilles Deleuze, <em>Conversaciones</em>). Grosso modo, como la religi&oacute;n en otros tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Este domingo se cumplen precisamente ciento un a&ntilde;os del nacimiento de Deleuze, uno de los pensadores m&aacute;s originales del siglo XX. Pues bien, en una entrevista publicada en el n.&ordm; 1 de la revista francesa <em>Futur Ant&eacute;rieur</em>, afirmaba que hemos entrado en un sistema que no funciona como antes, a base de &ldquo;disciplina y su t&eacute;cnica principal, el encierro&rdquo;, sino &ldquo;por control continuo y comunicaci&oacute;n instant&aacute;nea&rdquo;. Lo dec&iacute;a en respuesta a una pregunta del entrevistador, un tal Antonio Negri (<em>Marx m&aacute;s all&aacute; de Marx</em>, <em>El tren de Finlandia</em>, <em>Imperio</em>, etc&eacute;tera), quien quer&iacute;a saber si, desde su punto de vista, la <em>sociedad de la informaci&oacute;n</em> pod&iacute;a facilitar la &ldquo;utop&iacute;a marxista de los <em>Grundisse, </em>una organizaci&oacute;n transversal de individuos libres&rdquo;. Ahora, varias d&eacute;cadas despu&eacute;s y visto lo visto, sabemos que lo que facilita no es ni mucho menos la emancipaci&oacute;n de nadie; pero ya entonces (1990), Deleuze insinu&oacute; que hab&iacute;a m&aacute;s posibilidades de que ese control continuo provocara que hasta los peores encierros de anta&ntilde;o nos llegaran a parecer &ldquo;pertenecientes a un pasado delicioso y ben&eacute;volo&rdquo; en comparaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es obvio que la Historia no permite volver atr&aacute;s. Vivimos en el mundo en el que vivimos, y el propio Marcuse afirmaba en <em>El hombre unidimensional </em>que &ldquo;el precondicionamiento&rdquo; de la gente no empieza con &ldquo;los mass-media&rdquo; y sus formas de manipular la realidad; es anterior, con independencia de lo que puedan empeorar por s&iacute; mismos y, a decir verdad, ni siquiera ser&iacute;a relevante si la acci&oacute;n pol&iacute;tica activa y el pensamiento cr&iacute;tico fueran la norma y no la excepci&oacute;n: en ese caso, la propia fortaleza de una sociedad que crea, lucha, se organiza y se niega a que se escondan los conflictos generar&iacute;a los anticuerpos culturales suficientes para equilibrar la balanza. Incluso es posible &mdash;ocurre con frecuencia&mdash; que arrastrara el sistema medi&aacute;tico hacia sus posiciones, porque ser productor de informaci&oacute;n no es lo mismo que ser simple consumidor de esta. El &ldquo;liderazgo intelectual y moral&rdquo; (Gramsci, <em>Cuadernos de la c&aacute;rcel</em>) tiene <em>algo</em> que ver con el concepto de hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Empezaba este texto con la iron&iacute;a de Spinoza, tan querido para Gilles Deleuze, y lo termino con la de Mark Horkheimer y Theodor W. Adorno en <em>Dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n. Fragmentos filos&oacute;ficos</em>. En su conocida obra, se lee que hubo un tiempo en que los artistas firmaban sus cartas &ldquo;design&aacute;ndose <em>siervos humild&iacute;simos</em> mientras minaban las bases del trono y el altar&rdquo;, y que &ldquo;hoy se tutean con los jefes de Estado y est&aacute;n sometidos, en cualquiera de sus impulsos art&iacute;sticos, al juicio de sus iletrados patrones&rdquo;. Esperemos que nuestras sociedades no sigan cometiendo el mismo error con la pol&iacute;tica, porque lo que se juegan, lo que nos jugamos, es el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/error_129_12915429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 21:49:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El error]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad de Anna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/anna_129_12898510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d99db29-154a-41d2-a343-d127634798b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134025.jpg" width="280" height="158" alt="La verdad de Anna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es poco probable que vayamos a caer en situaciones vagamente parecidas a la de la Guerra de los Treinta Años; en cambio, es muy fácil que la ocultación de la guerra más larga de todas nos termine arrastrando a otro tipo de barbarie</p><p class="subtitle">Nota al pie - El traductor</p></div><p class="article-text">
        La mujer se llama Anna Fierling, aunque pocos lo recuerdan al final de la obra. Vende, trapichea, tira de una carreta y, en su momento m&aacute;s doloroso (la escena XII), est&aacute; cantando al cad&aacute;ver de su hija, cuyo nombre procede de H&eacute;cate, la pureza o la tortura seg&uacute;n la etimolog&iacute;a griega que se elija: Kattrin, Catalina en castellano. La han matado cuando tocaba un tambor; lo tocaba por salvar a su madre, dura a la fuerza, superviviente nata. Anna conoce su lugar en el mundo y, como se gana la vida con lo que est&aacute; pasando en el suyo, tiene una opini&oacute;n contundente al respecto: &ldquo;No dejar&eacute; que me amarguen la guerra. Dicen que extermina a los d&eacute;biles, pero tambi&eacute;n los exterminan en tiempos de paz; con la diferencia de que la guerra alimenta mejor a su gente&rdquo;. La obra, como se habr&aacute; adivinado, es <em>Madre Coraje y sus hijos</em>, de Bertolt Brecht; el contexto hist&oacute;rico, la Guerra de los Treinta A&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as se est&aacute; hablando bastante del final de aquel conflicto, la Paz de Westfalia, base del concepto de soberan&iacute;a nacional y del Estado-naci&oacute;n moderno. Se afirma que el nuevo emperador lo ha puesto en peligro, como si hasta ayer estuvi&eacute;ramos en el l&uacute;cido y republicano programa que propuso Inmanuel Kant en <em>Sobre la paz perpetua</em> y no en algo parecido a un neofeudalismo de las grandes corporaciones, gracias a la globalizaci&oacute;n neoliberal. Se afirma que ha abierto la caja de Pandora en lo relativo a las relaciones internacionales, como si esa caja no se hubiera abierto una y otra vez desde Westfalia ni hubiera perdido la tapa tras la ca&iacute;da de la URSS (v&eacute;anse Yugoslavia, Irak, Libia, Afganist&aacute;n, Siria, etc.). Se afirman muchas cosas inexactas que, no obstante, invitan correctamente a curarse en salud, porque las rupturas sustanciales de lo que Maquiavelo llam&oacute; &ldquo;leyes antiguas&rdquo; &ndash;refiri&eacute;ndose, por supuesto, al <em>status</em> anterior que proceda&ndash; est&aacute;n enganchadas a este aviso para navegantes: &ldquo;todos los profetas armados han triunfado, y fracasado todos los que carec&iacute;an de armas&rdquo; (<em>El pr&iacute;ncipe</em>). Trump lo sabe, y huelga decir que tiene su propia idea del <em>Leviat&aacute;n</em> (Hobbes).
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, las componendas de los grandes y los discursos que utilizan para salirse con la suya, donde el derecho siempre est&aacute; tan de su lado como anta&ntilde;o lo estaba Dios, no nos deber&iacute;an confundir. La violencia es inherente al poder (vuelve Hobbes); eso no es una invenci&oacute;n del nuevo emperador, cuya &uacute;nica contribuci&oacute;n <em>de facto </em>a los anales de la extravagancia es decir con tanta brutalidad como descaro lo que en general se oculta tras eufemismos a la opini&oacute;n p&uacute;blica. Si queremos salir de &ldquo;la era de la explotaci&oacute;n&rdquo; de la que hablaba Brecht en <em>Refugio nocturno</em>, hay que mirar la realidad de frente y, una vez asumida esta, trabajar por otra realidad. Nunca ha surgido nada &uacute;til de ning&uacute;n debate sobre el sexo de los &aacute;ngeles; no en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, puesto que se crean precisamente para impedir que se vean los problemas reales, como es l&oacute;gico. Pero quien prefiera una fantas&iacute;a a una dura verdad, har&iacute;a bien en asegurarse de no estar m&aacute;s cerca del mundo de Anna Fierling de lo que imagina.
    </p><p class="article-text">
        Es poco probable que vayamos a caer &ndash;por lo menos, de momento&ndash; en situaciones vagamente parecidas a la de la Guerra de los Treinta A&ntilde;os, que Friedrich Engels resumi&oacute; as&iacute; en su introducci&oacute;n a <em>En memoria de los furibundos patriotas de 1806&ndash;1807</em>, del revolucionario alem&aacute;n Sigismund Borkheim: todo fue &ldquo;hambre, enfermedad, ca&iacute;da general en la barbarie&rdquo; y, de paso, &ldquo;quiebra universal&rdquo; y &ldquo;colapso de los viejos Estados y su convencional sabidur&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo;. Uno de los autores de nuestro Siglo de Oro, cuya &uacute;ltima fase coincide con aquellas d&eacute;cadas del siglo XVII, lo expres&oacute; con un sarc&aacute;stico &ldquo;ahora todo es guerra&rdquo; que, desde luego, no era ninguna exageraci&oacute;n (Luis V&eacute;lez de Guevara, en <em>El diablo Cojuelo</em>). En cambio, es muy f&aacute;cil que la guerra m&aacute;s larga de todas, la de clases, nos termine arrastrando a otro tipo de barbarie por el simple hecho de no reconocerla, de negar su existencia. Se ha convencido a la gente de que eso es cosa del pasado y, en lugar de unirse a los suyos para plantar cara, se han hecho adictos a las cabezas de turco que les ofrece la reacci&oacute;n y el propio sistema central.
    </p><p class="article-text">
        En sus notas a <em>Madre Coraje y sus hijos</em>, Bertolt Brecht dice que &ldquo;los que miran las cat&aacute;strofes mal esperan que los involucrados aprendan algo&rdquo;, y puntualiza que cuando &ldquo;las masas son <em>objeto</em> de la pol&iacute;tica&rdquo; &ndash;no sujeto, se sobreentiende&ndash; achacan su desgracia al destino y &ldquo;aprenden tan poco de la cat&aacute;strofe como el conejo de un cient&iacute;fico aprende de biolog&iacute;a&rdquo;. Anna, mujer fuerte, obligada por los acontecimientos, acaba &ldquo;creyendo en la guerra al final&rdquo;, incluso despu&eacute;s de que maten a su hija. Le canta al cad&aacute;ver; pierde la raz&oacute;n durante unos instantes, crey&eacute;ndola dormida; pero luego se levanta y grita un definitivo &ldquo;&iexcl;Llevadme!&rdquo; al regimiento que pasa junto a ella. Lean la obra, si no la han le&iacute;do ya. Digan lo que digan, no estamos obligados a tropezar todas las veces en las mismas piedras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/anna_129_12898510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 21:45:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La verdad de Anna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El traductor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/traductor_129_12884160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d5cc832-7ac0-45d3-a9f9-ea7d6d2993f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133652.jpg" width="300" height="169" alt="El traductor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El día 31 de diciembre, a primera hora de la mañana, falleció uno de los mejores traductores literarios de nuestro país, Antonio Rivas Gonzálvez.
</p><p class="subtitle">Nota al pie - Una leyenda</p></div><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar que, al salir del hospital, me viniera a la cabeza <em>El tal&oacute;n de hierro</em>, de Jack London. Cada cual afronta su duelo como puede, y supongo que algo opt&oacute; en m&iacute; por atajarlo un rato, concentrarse en el dist&oacute;pico contexto y derivar el dolor y la rabia hacia un espacio donde la raz&oacute;n no se sintiera impotente: el de las salas abarrotadas, la falta de medios, los guardias de seguridad por todas partes, la manifiesta pobreza de la mayor&iacute;a. Habr&aacute; quien lo considere imposible, pero eso se puede cambiar; no es, a diferencia del motivo que me hab&iacute;a llevado all&iacute;, irrevocable. Hasta la ciudad lo afirmaba tras el paisaje de la hora, que sumaba el p&aacute;ramo de la madrugada que era, &uacute;ltima del a&ntilde;o, 31 de diciembre, al p&aacute;ramo de cualquier madrugada en los barrios de trabajadores cuando el alba ya se barrunta.
    </p><p class="article-text">
        Arriba, en la esquina de una estancia larga y estrecha, un padre y una madre velaban a su hijo, el esposo de la mujer que los acompa&ntilde;aba y sosten&iacute;a el mundo entero con sus menguadas fuerzas mientras el hombre al que amaba se acercaba a su &uacute;ltimo minuto, por culpa de un ictus. &ldquo;No me lo puedo creer&rdquo;, dijo ella, Marisa, en determinado momento; nadie pod&iacute;a, puede. Hab&iacute;a sido repentino, sin proceso anterior, imprevisible; hab&iacute;a sido &ndash;es todav&iacute;a, y lo seguir&aacute; siendo&ndash; un suceso de los que cuesta asumir no s&oacute;lo por su importancia, sino tambi&eacute;n por su arbitrariedad y su rapidez, en mitad de una frase, interrumpiendo para siempre la narraci&oacute;n. De hecho, no tiro de met&aacute;fora al plantearlo en esos t&eacute;rminos, porque el hombre al que vel&aacute;bamos, Antonio Rivas Gonz&aacute;lvez, Gorinkai, hab&iacute;a hecho de la literatura su forma de vida, y todos los que compartimos esa forma de vida estamos permanente y literalmente en alg&uacute;n tipo de narraci&oacute;n; en su caso, como uno de los mejores traductores literarios que ha habido nunca en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Conociendo a Antonio, me consta que le habr&iacute;a parecido divertido que me acordara de London en semejante situaci&oacute;n. &iquest;El tal&oacute;n de hierro? &iquest;Y por qu&eacute; no Huxley en Un mundo feliz, o J. G. Ballard, Dick, el Vonnegut de Matadero cinco? Ni yo mismo lo s&eacute;. Pero de ninguna manera se podr&iacute;a afirmar que fue un detalle extempor&aacute;neo; la literatura es la literatura y, si adem&aacute;s se comparten &ndash;como compart&iacute;amos nosotros&ndash; preocupaciones sociales, el resto se adivina sin necesidad de explicaciones. La emoci&oacute;n busca lo que necesita, y es obvio que mi rabia no iba a buscar, por ejemplo, <em>La noche a trav&eacute;s del espejo</em>, de nuestro querido Fredric Brown, llena de lo que mi amigo describi&oacute; una vez como &ldquo;un universo de Lewis Carroll salpicado de asesinatos, robos de bancos y casas encantadas&rdquo;; ni eso ni ninguna de las obras donde tuvimos ocasi&oacute;n de trabajar juntos, desde La verdadera guerra de los mundos (Jo&atilde;o Barreiros) y Espadas en la niebla (Fritz Leiber) hasta Solo (Stanford Whitmore), cuya correcci&oacute;n corri&oacute; a su cargo. Habr&iacute;a sido demasiado personal, demasiado doloroso, justo lo que mi enfado pol&iacute;tico intentaba impedir.
    </p><p class="article-text">
        El oficio de traductor literario est&aacute; entre los m&aacute;s desagradecidos del desagradecido oficio de crear. En Espa&ntilde;a, se paga tan mal que muy pocas personas pueden vivir de ello y, para empeorar las cosas, se considera una ocupaci&oacute;n menor, indigna de reconocimiento alguno. Tiene gracia que uno de los aspectos m&aacute;s complejos de la palabra escrita y, en consecuencia, del pensamiento, reciba ese trato; dice mucho sobre esta esquina de Europa. Sin embargo, y como he adelantado antes, el hombre que falleci&oacute; alrededor de las nueve de la ma&ntilde;ana del mi&eacute;rcoles pasado en un hospital del sur de Madrid, cerca del barrio donde se cri&oacute; (Villaverde Alto), viv&iacute;a de y para la traducci&oacute;n literaria contra viento y marea, como se suele decir. No estaba en ella para el imposible de que las instituciones nacionales reconocieran su amplia trayectoria; amaba la literatura y, como era un magn&iacute;fico profesional y una gran persona, su muerte ha dejado conmocionado al sector donde m&aacute;s se prodigaba, el de la ciencia ficci&oacute;n y la fantas&iacute;a, el m&aacute;s comprometido &ndash;al menos, por el lado de los lectores y lectoras&ndash; de todo el sector de la edici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Quien no tuviera el honor de conocerlo y quiera saber qui&eacute;n fue, qui&eacute;n sigue siendo en el coraz&oacute;n de los que jam&aacute;s le olvidaremos, lo tiene tan f&aacute;cil como leer los mensajes de escritores, traductores y editores en los rincones donde la verdad cuenta y lo importante importa, es decir, lejos de los grandes medios, cuyo negocio es otro. Quien no conozca su trabajo, descubrir&aacute; que el problema no es encontrarlo, sino elegir: <em>H&eacute;roe en las sombras</em> (David Gemmell); <em>Metropol</em> (Walter Jon Williams); <em>Bill, h&eacute;roe gal&aacute;ctico </em>(Harry Harrison), en colaboraci&oacute;n con Natalia Cervera de la Torre; <em>El jinete de la onda del shock</em> (John Brunner); <em>La caida </em>(George R.R. Martin); <em>La jungla de cemento</em> (Charles Stross); <em>El f&eacute;nix en la espada </em>(Robert E. Howard), etc&eacute;tera, etc&eacute;tera, hasta llegar a los &uacute;ltimos tiempos, que eran los de la Saga de los huesos verdes, de Fonda Lee, con quien estuvimos cenando en noviembre tras su paso por el XVII Festival Sui G&eacute;neris, &ldquo;consagrado a la memoria, la imaginaci&oacute;n y la disidencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Creo recordar que el estado en el que me encontraba cuando sal&iacute; del hospital rozaba la definici&oacute;n de casi totalmente disociativo; incluso ahora, he acudido a &eacute;l para escribir este texto sin perder la perspectiva necesaria, deformarla con el ego&iacute;smo del sentimiento mal entendido o, peor a&uacute;n, ser incapaz de terminar.  Que Antonio Rivas Gonz&aacute;lvez formara parte de mi familia elegida no es relevante aqu&iacute;; que mejorara el mundo por el procedimiento de crear y haberse convertido en modelo a seguir, lo es sobradamente. Hab&iacute;a nacido un 4 de enero de 1965 y, para ser sordo, nos ganaba a bastantes en o&iacute;do literario. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/traductor_129_12884160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jan 2026 21:29:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El traductor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llega Jano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/llega-jano_129_12873114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/245ccebc-6d22-4996-a6fa-4c3b5afc7131_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x521y431.jpg" width="1200" height="675" alt="Una leyenda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay algo ciertamente irónico en el hecho de que la última fecha grande del año –descontada la Nochevieja– sea nada más y nada menos que el Día de los Inocentes. Pero luego llega el bifronte y, según dicen, todo vuelve a empezar</p><p class="subtitle">Nota al pie - Una leyenda</p></div><p class="article-text">
        Supongamos que nacer fuera opcional; es decir, que se pudiera elegir si se nace o no. En tal caso, y suponiendo igualmente que se eligiera que s&iacute;, que bueno, que lo de venir al mundo parece interesante, quedar&iacute;an varias decisiones <em>&ndash;</em>en realidad, varios cientos&ndash; que podr&iacute;an retrasar bastante el feliz episodio si en lugar de depender de la suerte dependieran tambi&eacute;n del candidato o candidata. A fin de cuentas, el diablo est&aacute; en los detalles. D&oacute;nde se nace, de qu&eacute; mujer se nace y, tras muchas deliberaciones, hasta cu&aacute;ndo, qu&eacute; d&iacute;a, a qu&eacute; hora. Pero, descontados los masoquistas, nadie elegir&iacute;a ser pobre y, a excepci&oacute;n hecha de un pu&ntilde;ado de atrevidos, cuesta creer que se presentaran muchas instancias para nacer en la &ldquo;fecha temible&rdquo; del 28 de diciembre, con sus &ldquo;bromas o chascos m&aacute;s o menos soportables&rdquo;, que dijo Pedro de Alarc&oacute;n (<em>&Uacute;ltimos escritos</em>); entre otros motivos, porque la inocentada mayor ya se habr&iacute;a sufrido con la canallada del libre albedr&iacute;o aplicada al nacimiento propio. Imaginen una vida entera repitiendo: &ldquo;Y encima, lo eleg&iacute; yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, todo ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil si no se recordara haber elegido; m&aacute;s f&aacute;cil, m&aacute;s entretenido y m&aacute;s placentero, teniendo en cuenta que los juegos se estropean un poco cuando sabemos que est&aacute;n ama&ntilde;ados. En realidad, la &uacute;nica forma de evitar complicaciones absurdas en esa antigua hip&oacute;tesis literaria ser&iacute;a no recordar nada en absoluto y, aun as&iacute;, cabr&iacute;a la posibilidad de que nos top&aacute;ramos con alg&uacute;n problemilla t&eacute;cnico como el de Douglas Quail en <em>Podemos recordarlo todo por usted </em>(Philip K. Dick), con la diferencia de que no empezar&iacute;amos de agente encubierto en Marte, sino con pa&ntilde;ales y de beb&eacute;. La identidad es tan peliaguda como las consecuencias de las decisiones. Que se lo digan a P&iacute;o Baroja, Inocencio de segundo nombre &ndash;y para m&aacute;s inri, nacido el D&iacute;a de los Inocentes&ndash;, quien se lleg&oacute; a quejar en estos t&eacute;rminos: &ldquo;No me perdono haber nacido en tal d&iacute;a, porque a m&iacute; me parece que siempre hay cierta analog&iacute;a entre el momento en que uno nace y el esp&iacute;ritu que se va a formar&rdquo; (<em>El liberal ilustrado</em>, 30 de enero de 1915). Y eso que, por lo que sabemos, la decisi&oacute;n no fue suya.
    </p><p class="article-text">
        Visto desde nuestra &eacute;poca, quiz&aacute; no se entienda la retranca del novelista de San Sebasti&aacute;n. El D&iacute;a de los Inocentes ha perdido el empaque que tuvo, y casi se puede decir lo mismo del <em>April Fool&rsquo;s Day</em> de los anglosajones y el <em>Poisson d'Avril</em> franc&eacute;s. En general, no va m&aacute;s all&aacute; de las t&iacute;picas ocurrencias de los medios, que raramente est&aacute;n tan bien desarrolladas como el supuesto robo de un le&oacute;n del Congreso en 1907, narrado en un peri&oacute;dico de Madrid con pormenores de los que hacen cre&iacute;ble un relato; y tampoco suele haber autores que se trabajen tanto las inocentadas como George Washington Cable (lean <em>Viejos d&iacute;as criollos</em>), quien logr&oacute; que docenas y docenas de poetas, periodistas, editores y dem&aacute;s escribieran cartas a su amigo Mark Twain para rogarle que les enviara un aut&oacute;grafo. &ldquo;Las dos o tres primeras me dejaron perplejo, estupefacto&rdquo;, confesar&iacute;a luego a John Horne (19 de junio de 1895), pero se puso a firmar de todas formas y, cuando se dio cuenta de &ldquo;qu&eacute; d&iacute;a del a&ntilde;o era&rdquo;, se lo tom&oacute; como un halago. &ldquo;Me hizo un gran favor. Pasar&aacute; mucho antes de que me desprenda de esos aut&oacute;grafos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, no todas las inocentadas son inofensivas y, aunque lo sean, hasta Baroja acab&oacute; harto de que le mentaran el Inocencio y a los Santos Inocentes una y otra vez. En principio, el hombre de &ldquo;la m&aacute;scara de hiena&rdquo;, como lo defini&oacute; Corpus Barga sin &aacute;nimo cr&iacute;tico alguno, habr&iacute;a canjeado el 28 de diciembre por, por ejemplo, el 20 de enero, festividad del patr&oacute;n de Donosti; en principio, puntualizo, porque su afirmaci&oacute;n sobre el momento en que se nace y el car&aacute;cter que se desarrolla es la de un gran escritor, y ning&uacute;n escritor grande desprecia los cambios de contexto. Adem&aacute;s, no hay fechas buenas o malas a priori y, mucho menos, alrededor del solsticio de invierno, que se acuesta un siglo con la libertad de la Saturnalia, se levanta otro con todo lleno de cruces y acaba en una farsa con un tipo de la Coca-Cola (Pap&aacute; Noel, claro). Qui&eacute;n sabe qu&eacute; ser&aacute;n ma&ntilde;ana. Con las vueltas que da el mundo, podr&iacute;an volver a las obras sat&iacute;ricas, las fiestas subidas de tono y los verd&iacute;simos villancicos del siglo XVII (las monjas de las Descalzas tuvieron un disgusto al respecto en 1663, Inquisici&oacute;n mediante).
    </p><p class="article-text">
        Cambia el contexto, cambia la gente, cambian los sentidos de las cosas. No se puede negar que hay algo ciertamente ir&oacute;nico en el hecho de que la &uacute;ltima fecha importante del a&ntilde;o &ndash;Nochevieja al margen&ndash; sea nada m&aacute;s y nada menos que el D&iacute;a de los Inocentes, pero s&oacute;lo es eso, veinticuatro horas que, por lo dem&aacute;s, ya no son lo que eran; y como no lo son, me perdonar&aacute;n si les doy la espalda, pongo fin al peque&ntilde;o pasatiempo de hoy y termino esta columna con el deseo de que el a&ntilde;o entrante se porte bien con ustedes. Llega Jano, el bifronte, dios de los principios y los finales, la mano que &ldquo;todo lo abre y lo cierra&rdquo; y, seg&uacute;n los <em>Fastos</em> de Ovidio, de donde naturalmente procede esa frase, le preocupa el universo y le preocupamos nosotros. No est&aacute; mal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/llega-jano_129_12873114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Dec 2025 19:19:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Llega Jano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una leyenda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/leyenda_129_12861511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/245ccebc-6d22-4996-a6fa-4c3b5afc7131_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x521y431.jpg" width="1200" height="675" alt="Una leyenda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En mi opinión, lo que convirtió a Espronceda en uno de los grandes poetas del Romanticismo y en un hombre que tan pronto cuidaba enfermos como se batía en las barricadas estaba en su carácter de joven permanente</p><p class="subtitle">Nota al pie - Para alcanzar la luz</p></div><p class="article-text">
        Hay muchas maneras de ser joven. De cuando en cuando, llegan unas cuantas d&eacute;cadas y ponen a Narciso de modelo absoluto, bien por atento s&oacute;lo a s&iacute; mismo o &mdash;en la versi&oacute;n del actual capitalismo <em>avanzado</em>&mdash; a los objetos que toque desear, es decir, a la vanidad pura en un sentido cl&aacute;sico o a la algo m&aacute;s contaminada del tener. No suelen ser &eacute;pocas precisamente creativas, salvo quiz&aacute; en la forma que tome el espect&aacute;culo del inevitable ahogamiento final. Si la suerte est&aacute; de buenas, no dejan huella; si est&aacute; de malas, son el caballo de Atila. Pero nunca pasa demasiado tiempo antes de que el siglo en cuesti&oacute;n se marque un proverbial &ldquo;donde dije digo, digo Diego&rdquo; y, en cualquier caso, siempre hay personas que no se dejan llevar por la corriente, como el grupo del que voy a hablar a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los chavales que se encontraban el 7 de noviembre de 1823 en la puerta principal de los Estudios de San Isidro, frente a la Plaza de la Cebada de Madrid, eran de los que creen en vivir la vida por encima de todo y, en consecuencia, por quererlo de verdad, en los hechos y no las enso&ntilde;aciones, de los que necesitan ser y cambiar el mundo. Ese mismo a&ntilde;o, como reacci&oacute;n ante la reinstauraci&oacute;n del absolutismo &mdash;gracias a la invasi&oacute;n francesa de los 100.000 hijos de San Luis&mdash; hab&iacute;an fundado una sociedad secreta de car&aacute;cter revolucionario (Los Numantinos) estrechamente vinculada a un foro literario (la Academia del Mirto). Todos, menores de edad; todos o casi todos, escritores y, desde aquella ma&ntilde;ana de oto&ntilde;o, decididos a acabar con el r&eacute;gimen que ejecut&oacute; ante sus ojos, p&uacute;blicamente, al general Rafael del Riego. Entre ellos, estaban Jos&eacute; de Espronceda, Ventura de la Vega y Patricio de la Escosura, quien narrar&iacute;a lo sucedido en su serie de art&iacute;culos para <em>La Ilustraci&oacute;n Espa&ntilde;ola y Americana</em>, bajo el t&iacute;tulo general de <em>Recuerdos literarios</em>.
    </p><p class="article-text">
        Si el tema les interesa, les recomiendo la ficci&oacute;n de Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s en <em>El terror de 1824</em> y, muy especialmente, la monumental y recurrentemente acallada <em>Historia de la revoluci&oacute;n espa&ntilde;ola</em>, de Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, con pr&oacute;logo de Francisco Pi i Margall. He empezado con la afirmaci&oacute;n de que hay muchas maneras de ser joven y, por supuesto, aunque no sea materia de este art&iacute;culo, eso incluye la juventud de los adultos que no se agostan, como los dos novelistas citados y el presidente de nuestra primera Rep&uacute;blica, cuya voz sigue advirtiendo sobre los &ldquo;gobiernos liberales pero d&eacute;biles&rdquo; que dan paso a &ldquo;partidos reaccionarios y tir&aacute;nicos&rdquo; en el tramposo juego de la monarqu&iacute;a. Sin embargo, ninguno de los chicos presentes en la ejecuci&oacute;n se desanim&oacute;, acobard&oacute; o dio la espalda a su causa y, al cabo de &ldquo;dos o tres d&iacute;as&rdquo;, se reunieron de nuevo en el s&oacute;tano de una vieja&nbsp;botica de la calle de Hortaleza &mdash;no lejos de Infantas&mdash; y continuaron con sus actividades subversivas durante varios meses, hasta que un delator entreg&oacute; el acta de la reuni&oacute;n a &ldquo;la terrible polic&iacute;a&rdquo; de Fernando VII.
    </p><p class="article-text">
        Para entonces, Jos&eacute; de Espronceda hab&iacute;a sustituido a Escosura al frente de los Numantinos, y siempre habr&aacute; quien diga que su bien merecida leyenda empez&oacute; con su reclusi&oacute;n y el exilio posterior, confundiendo efectos y causas. En mi opini&oacute;n, lo que convirti&oacute; a Espronceda en uno de los grandes poetas del Romanticismo y en un hombre que tan pronto se bat&iacute;a &ldquo;bravamente y sucio de p&oacute;lvora y fango&rdquo; en las barricadas (<em>Los Apost&oacute;licos</em>, de Gald&oacute;s) como cuidaba a enfermos en plena epidemia de c&oacute;lera estaba en su car&aacute;cter de joven permanente, en su necesidad de buscar caminos nuevos y su vital&iacute;simo compromiso con la realidad, similar &mdash;a pesar de sus obvias diferencias formales&mdash; al de su querido George Gordon Byron. Se le pueden aplicar las siguientes palabras de Antonio Machado, porque no estaba entre los que &ldquo;por dar al viento trabajo/ cos&iacute;a con hilo doble/ las hojas secas del &aacute;rbol&rdquo; (<em>Nuevas canciones</em>) y, adem&aacute;s de no estarlo, sab&iacute;a que hab&iacute;a que &ldquo;aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante&rdquo; por el procedimiento de despertar &ldquo;al dormido&rdquo; (<em>Sigue hablando Mairena a sus alumnos</em>. <em>Hora de Espa&ntilde;a</em>, enero de 1937).
    </p><p class="article-text">
        <em>El estudiante de Salamanca</em>, <em>El diablo mundo</em>, <em>Sancho Salda&ntilde;a o el castellano de Cu&eacute;llar</em>, <em>Blanca de Borb&oacute;n, </em>etc&eacute;tera. Tras la portada de todas sus obras, est&aacute;n sistem&aacute;ticamente la libertad y el amor, de uno u otro modo, lo cual incluye sus precios. No es de extra&ntilde;ar que media humanidad pueda recitar casi entera su &ldquo;Canci&oacute;n del pirata&rdquo; y tampoco lo es que, como dijo Emilia Pardo Baz&aacute;n en la celebraci&oacute;n de su centenario (Ateneo de Madrid, 1908), personificara &ldquo;las aspiraciones nuevas de una Espa&ntilde;a removida por hondos sacudimientos y despertada del anodino sue&ntilde;o de su Arcadia cl&aacute;sica&rdquo;. A decir verdad, no ha dejado nunca de personificarlas, sin llegar siquiera al detalle de que se acabara convirtiendo en un personaje literario, que aparece directamente o como trasunto en autores de lo m&aacute;s diverso, desde algunos de los mencionados hasta Rosa Chacel (<em>Teresa</em>) y Antonio Buero Vallejo (<em>La detonaci&oacute;n</em>). Preguntado una vez por &eacute;l (<em>El Heraldo de Madrid</em>, julio de 1933), Federico Garc&iacute;a Lorca resumi&oacute; el asunto por la popular v&iacute;a de la exclamaci&oacute;n: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; poeta Jos&eacute; de Espronceda!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, hay muchas maneras de ser joven, y la suya era, desde la infancia, de las mejores que cualquiera pueda imaginar. Quien lo dude, deber&iacute;a leer la an&eacute;cdota de Patricio de la Escosura sobre c&oacute;mo conoci&oacute; a su gran amigo, que lejos de llegar a pie al patio de su casa de la antigua Calle del Lobo &mdash;de la que ya se ha hablado en esta columna&mdash; encontr&oacute; un medio notoriamente m&aacute;s veloz. Ser&aacute; cierto que &ldquo;a sus diez u once a&ntilde;os&rdquo; no iba m&aacute;s all&aacute; de ser &ldquo;un muchacho listo y travieso, terror de la vecindad entera y calentura perpetua de su madre&rdquo;, pero ya ten&iacute;a trazas de h&eacute;roe rom&aacute;ntico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/leyenda_129_12861511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 21:18:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una leyenda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para alcanzar la luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/alcanzar-luz_129_12843709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d87ec5f4-18e1-4e73-a2ea-00b69499c385_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x207y48.jpg" width="1200" height="675" alt="Para alcanzar la luz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1925, dos de los grandes poetas de la Generación del 27 fundaron la imprenta Sur y, a través de ella, más
tarde, la mítica revista ‘Litoral’: Manuel Altolaguirre y Emilio Prados</p></div><p class="article-text">
        La imprenta<em> Sur</em>, de la que este a&ntilde;o se ha celebrado su centenario, &ldquo;ten&iacute;a forma de barco, con sus barandas, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas mar&iacute;timas, cajas de galletas y vino para los naufragios&rdquo;. Quien as&iacute; habla es Manuel Altolaguirre (<em>Vida y poes&iacute;a: cuatro poetas &iacute;ntimos</em>), aunque el objeto de su descripci&oacute;n no es tanto el recuerdo de aquel espacio como el de su compa&ntilde;ero y alma del proyecto editorial: Emilio Prados, &ldquo;el hombre m&aacute;s generoso del mundo&rdquo;. Que dos de los grandes autores de la Generaci&oacute;n del 27 se unieran alrededor de &ldquo;unas pocas m&aacute;quinas&rdquo; al servicio de la Rep&uacute;blica de las letras s&oacute;lo pod&iacute;a tener un resultado m&iacute;tico; al menos, trat&aacute;ndose de personas como ellos, hijos del sentido original del t&eacute;rmino <em>poeta</em> (hacer, fabricar, producir) y contrarios absolutos del temperamento &ldquo;dom&eacute;stico&rdquo; que ataca Le&oacute;n Felipe en <em>Llamadme publicano</em> y <em>Versos del merolico o del sacamuelas</em>, para empezar. Cre&iacute;an en la creaci&oacute;n y, cuando se cree de verdad en ella, pasan cosas.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Jos&eacute; Andrade Mart&iacute;n -tip&oacute;grafo de Sur- que, un d&iacute;a, mientras preparaban la edici&oacute;n de <em>Litoral</em> en homenaje a Luis de G&oacute;ngora, les empez&oacute; a molestar la cantidad de moscas que hab&iacute;a por all&iacute;; Altolaguirre alcanz&oacute; entonces unas tijeras y, tras decir &ldquo;esto es muy f&aacute;cil&rdquo;, cort&oacute; &ldquo;una mosca en dos&rdquo; en pleno vuelo, lo cual contribuy&oacute; bastante a la curiosa fama que ya ten&iacute;a: la de ser un &aacute;ngel, ni m&aacute;s ni menos (<em>Litoral: la revista de una generaci&oacute;n</em>, de Julio Neira). Octavio Paz contaba que sus amigos lo llamaban as&iacute; &ldquo;con una sonrisa&rdquo; y sus enemigos, &ldquo;con la boca torcida&rdquo; (<em>Tres recuerdos de Manuel Altolaguirre</em>) y, quiz&aacute; en demostraci&oacute;n de que la frontera entre amistad y enemistad es muy difusa, Luis Cernuda, gran amigo suyo, lleg&oacute; a afirmar que en su &ldquo;af&aacute;n de parecer un &aacute;ngel&rdquo; contribuy&oacute; a que no se conociera &ldquo;al poeta admirable que en &eacute;l hubo&rdquo; (<em>Desolaci&oacute;n de la quimera</em>), como si &eacute;l hubiera tenido la culpa de que otros nacieran ciegos. Pero el malague&ntilde;o, que &ldquo;sab&iacute;a mucho y present&iacute;a m&aacute;s&rdquo; (Vicente Aleixandre, en su evocaci&oacute;n de 1957), sigui&oacute; por su camino, dando p&aacute;ginas a quien no las ten&iacute;a, detalle no tan habitual entre los creadores.
    </p><p class="article-text">
        Cuidado con los nombres y apellidos del primer <em>Litoral</em>, es decir, sin mencionar siquiera su breve continuaci&oacute;n en el exilio de M&eacute;xico (1944) y su renacimiento de 1968, con ediciones tan magn&iacute;ficas como la dedicada a Pedro Garfias. Por ella pasaron desde Federico Garc&iacute;a Lorca hasta Bergam&iacute;n, Jorge Guill&eacute;n, Gerardo Diego, Hinojosa, Falla, Picasso, Benjam&iacute;n Palencia, Juan Gris, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Rafael Alberti, los propios Cernuda y Aleixandre, etc. Evidentemente, no s&eacute; si la an&eacute;cdota de la mosca y las tijeras es fiable; lo que s&eacute; y cualquiera que vea puede saber es que Altolaguirre ten&iacute;a mucho del &ldquo;div&aacute;n de leyendas&rdquo; del que habl&oacute; Emilio Prados en <em>Tiempo. Veinte poemas en verso</em>, refiri&eacute;ndose a la noche. La generosidad que achacaba correctamente al fundador de Sur (el &ldquo;cazador de nubes&rdquo;, en palabras de Lorca) era tambi&eacute;n suya y, de paso, de la no suficientemente reconocida Concha M&eacute;ndez, como demuestra el hecho de que fueran ellos quienes publicaran el segundo poemario de Miguel Hern&aacute;ndez (<em>El rayo que no cesa</em>) en sus Ediciones H&eacute;roe, cuando las bombas de los socios de Hitler ya empezaban a destruir lo que Antonio Machado defini&oacute; con contundente claridad como &ldquo;la Espa&ntilde;a leal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngel Caffarena, sobrino de Prados, escribi&oacute; en cierta ocasi&oacute;n que la Generaci&oacute;n del 27 se deber&iacute;a llamar &ldquo;Generaci&oacute;n de <em>Litoral&rdquo;</em>; por mi parte, estoy m&aacute;s de acuerdo con Bergam&iacute;n, quien propuso que se llamara &ldquo;de la Rep&uacute;blica&rdquo; por el destierro que sufri&oacute; la mayor&iacute;a de sus creadores en 1939; pero, en todo caso, es cierto que dicha revista tuvo un papel crucial y, en consecuencia, la propia generaci&oacute;n ser&iacute;a inseparable de los dos poetas que fundaron <em>Sur</em> y <em>Litoral</em> y decidieron publicar a otras personas a costa de su tiempo y esfuerzo, incluso en situaciones verdaderamente dif&iacute;ciles. Quien haya le&iacute;do las inconclusas memorias de Manuel Altolaguirre (<em>El caballo griego</em>) recordar&aacute; sin duda la historia del &ldquo;peque&ntilde;o molino&rdquo; donde &eacute;l y otros miembros del XI Cuerpo del EPR se dedicaron a publicar boletines literarios durante la guerra, haciendo papel con &ldquo;banderas enemigas, chilabas de moros y uniformes de soldados italianos y alemanes&rdquo;. Cuando hay alguien capaz de crear de barcos como el de la descripci&oacute;n que abre esta columna, la anchura de lo posible es casi imposible de medir; cuando ese alguien no est&aacute;, lo posible es una mota entre la entelequia y el vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dicen que soy un &aacute;ngel/ y, pelda&ntilde;o a pelda&ntilde;o,/ para alcanzar la luz/ tengo que usar las piernas&rdquo;:&nbsp;as&iacute; ironizaba Altolaguirre en 1946 sobre el car&aacute;cter que le hab&iacute;an atribuido (<em>Nuevos poemas de las islas invitadas</em>) y, desde luego, as&iacute; alcanzaron la luz Emilio Prados y &eacute;l. Sus contempor&aacute;neos tuvieron la inmensa suerte de disfrutar de sus obras y, adem&aacute;s, de encontrarlos entre planchas, prensas, tintas y tipos de imprenta; a veces, esa comuni&oacute;n produc&iacute;a libros y revistas que seguimos celebrando -y algunos, leyendo- cien a&ntilde;os despu&eacute;s y, a veces, hasta facilitaba el amor con un verso <em>dividido</em> en ocho p&aacute;ginas: el famoso &ldquo;escucha mi silencio con tu boca&rdquo; (<em>Un verso para una amiga</em>), que impresion&oacute; a Concha M&eacute;ndez y la acerc&oacute; al hombre con quien se casar&iacute;a en el madrile&ntilde;o barrio de Chamber&iacute;, con Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez gritando &ldquo;&iexcl;Viva la poes&iacute;a! &iexcl;Viva el arte!&rdquo; (<em>Memorias habladas, memorias armadas</em>). Como se ve, hay pocas cosas que una buena edici&oacute;n no pueda conseguir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/alcanzar-luz_129_12843709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Dec 2025 20:54:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Para alcanzar la luz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores,Editoriales]]></media:keywords>
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