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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jesús Gómez Gutiérrez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jesus-gomez-gutierrez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jesús Gómez Gutiérrez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las cadenas que nos preparan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cadenas-preparan_129_13521594.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/498167d9-e40d-42f8-a72e-6a6acca99dda_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151547.jpg" width="853" height="480" alt="Las cadenas que nos preparan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Decía Marat que ‘nada es más propicio’ para crispar los ánimos y dividir a la gente que introducir el competitivo deseo de lo superfluo en la sociedad y elevarlo ‘a la categoría de lo necesario’</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - Lo que está en nuestra mano
</p></div><p class="article-text">
        En 1774, diecinueve a&ntilde;os antes de ser asesinado, Jean-Paul Marat escribi&oacute; un libro que dice bastante sobre los motivos que llevar&iacute;an a la Revoluci&oacute;n Francesa, es decir, sobre la atroz situaci&oacute;n de la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n antes de que empezara a liberarse de sus amos. Me refiero a <em>Les cha&icirc;nes de l&rsquo;esclavage</em> (<em>Las cadenas de la esclavitud</em>), de la que pueden encontrar fragmentos en castellano en una obra sin duda recomendable para empezar con &eacute;l: los <em>Textos escogidos</em> que seleccion&oacute; y prolog&oacute; el especialista Michel Vovelle a principios de la d&eacute;cada de 1970. Como en tantas ocasiones, las partes que cito aqu&iacute; son traducci&oacute;n directa de la obra original, que tambi&eacute;n dice algo sobre periodos que quiz&aacute; les resulten cercanos. Cosas de que a la Historia le encante lo c&iacute;clico, y de que los grandes autores vivan en m&aacute;s tiempos que el suyo, aun siendo los m&aacute;s atentos a su presente.
    </p><p class="article-text">
        Hablando del comercio, Marat comentaba que &ldquo;cuando la riqueza se acumula en manos de los especuladores&rdquo;, se produce una reacci&oacute;n en cadena donde al final &ldquo;se impone la usura, se desenfrena la codicia y las artima&ntilde;as no conocen l&iacute;mites&rdquo;, empeorada por el hecho de que los comerciantes normales toman ese mismo camino porque dejan de ganar lo suficiente para satisfacer las &ldquo;necesidades nuevas&rdquo; que &ldquo;el lujo les ha creado&rdquo;. Como se ve, el periodista y pol&iacute;tico de la localidad suiza de Boudry no se refer&iacute;a a los obreros y campesinos, que con la monarqu&iacute;a no ten&iacute;an ni para comer, sino a uno de los escasos sectores ajenos a la &eacute;lite que hab&iacute;an podido acceder a determinados bienes, a productos que un segmento importante de los ciudadanos y ciudadanas de hoy dar&iacute;an por sentado: a fin de cuentas, su status est&aacute; m&aacute;s cerca de dicho sector que del concepto <em>pueblo</em>, en el que no se suelen reconocer. Y al no poder satisfacer las necesidades mencionadas, su cultura peque&ntilde;oburguesa los llevaba a sufrir una involuci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ese momento &ndash;contin&uacute;a Marat&ndash; se suced&iacute;an &ldquo;todos los vicios del detestable ego&iacute;smo, la frialdad, la dureza, la crueldad y la barbarie&rdquo;, en un mundo dominado por una sed de dinero que resecaba &ldquo;los corazones&rdquo; hasta el extremo de cerrarse &ldquo;a la piedad&rdquo;, hacer caso omiso &ldquo;a la voz de la amistad&rdquo; y no anhelar otra cosa que &ldquo;la fortuna&rdquo;. Ni los lazos familiares sobreviv&iacute;an. Acababan convertidos en &ldquo;instrumentos de opresi&oacute;n o de servidumbre&rdquo; por haber apartado &ldquo;la mirada del bien com&uacute;n&rdquo;, desde luego; pero especialmente, por haberse dejado engatusar por lo que el autor define as&iacute;: las &ldquo;guirnaldas de flores&rdquo; con las que adornan &ldquo;las cadenas que nos preparan&rdquo;, las que &ldquo;ahogan el sentimiento de libertad en nuestras almas y nos hacen amar la esclavitud&rdquo;. Quer&iacute;an volver a ser lo que hab&iacute;an sido o lo que pensaban que iban a ser, y la ruptura de esas expectativas sembraba &ldquo;nuevas semillas de discordia&rdquo;, confirmando la m&aacute;xima del autor de que &ldquo;nada es m&aacute;s propicio&rdquo; para crispar los &aacute;nimos y dividir a la gente que introducir el competitivo deseo de lo superfluo en la sociedad y elevarlo &ldquo;a la categor&iacute;a de lo necesario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quien se atreva a leer a <em>Les cha&icirc;nes de l&rsquo;esclavage</em> (en franc&eacute;s, porque no me consta que se haya publicado entero en ninguno de nuestros idiomas), observar&aacute; enseguida que va mucho m&aacute;s all&aacute; de las afirmaciones anteriores y el campo en el que est&aacute;n insertas. Si he enfatizado ese aspecto es por el paisaje sociocultural que ense&ntilde;a, muy parecido en mi opini&oacute;n al del siglo XXI en general, que algunos consideramos un XVIII sin pelucas en el que a&uacute;n no se atisba ning&uacute;n tipo de liberaci&oacute;n. Sin embargo, la obra de Jean-Paul Marat, escrita durante su exilio en Londres, est&aacute; abarrotada de elementos fundamentales para entender el proceso que llev&oacute; a 1789 y el simple hecho de que &eacute;l llegara a ser uno de los l&iacute;deres populares m&aacute;s queridos de la Historia de la humanidad, aunque la reacci&oacute;n hiciera y haga lo posible por reducirlo a una especie de pr&iacute;ncipe del terror. Y puede que la mejor denuncia de ese cinismo est&eacute; en un libro que se public&oacute; un siglo m&aacute;s tarde en Inglaterra y Estados Unidos a la vez: <em>Un yanqui en la corte del rey Arturo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Mark Twain consideraba que, si tuvi&eacute;ramos memoria y la tuvi&eacute;ramos en cuenta, si no nos hubieran ense&ntilde;ado &ldquo;a estremecernos y llorar&rdquo; por un terror menor que &ldquo;apenas dur&oacute; unos meses&rdquo; y a pasar por alto el terror mayor, que dur&oacute; &ldquo;mil a&ntilde;os&rdquo; y provoc&oacute; precisamente el primero, comprender&iacute;amos esto: que &ldquo;la memorable y bendita Revoluci&oacute;n&rdquo; se limit&oacute; a liquidar &ldquo;esa vieja deuda en proporci&oacute;n de media gota de sangre por cada tonel que se hab&iacute;a arrancado al pueblo mediante lentas torturas, durante el agotador trecho de diez siglos de tanta injusticia, verg&uuml;enza y miseria que s&oacute;lo se podr&iacute;an haber igualado en el infierno&rdquo;. Los hechos son los hechos, y lo son con independencia de que siempre haya quien elimina el contexto hist&oacute;rico para que no se entienda nada y quien juzga a personas de otros siglos con la moral de hoy. Habr&aacute; que ver c&oacute;mo se nos juzga a nosotros en el futuro, qu&eacute; papel interpretamos en el mundo que nos toc&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cadenas-preparan_129_13521594.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2026 20:09:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las cadenas que nos preparan]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Lo que está en nuestra mano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/mano_129_13504529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21eb16ca-ccc1-4855-9a6a-d243856d7e1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x206y92.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que está en nuestra mano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni estamos todavía en el mundo feliz de Huxley ni nos llegaremos a encontrar en algo parecido si nos negamos a formar parte del problema. Y eso empieza por romper las dinámicas que asoman tras el último informe Pisa</p><p class="subtitle">Palabra de Eros
</p></div><p class="article-text">
        En el Acto V de <em>La tempestad</em>, Shakespeare hace decir a Miranda: &ldquo;&iexcl;Oh, bravo nuevo mundo, que alberga tales gentes!&rdquo; y, en contestaci&oacute;n, Pr&oacute;spero afirma con sarcasmo que s&oacute;lo es nuevo para ella. Nada que no sepa cualquier amante de la literatura cl&aacute;sica; nada que no sepa cualquier amante de la ciencia ficci&oacute;n, porque la frase de la joven es el t&iacute;tulo de la novela m&aacute;s conocida de Aldous Huxley, <em>Brave New World </em>(traducido a nuestro idioma como <em>Un mundo feliz</em>) y, si me apuran, hasta nada que no sepa cualquier aficionado a la historia de los nombres propios, teniendo en cuenta que fue William Shakespeare quien introdujo ese castellan&iacute;simo <em>Miranda</em> en la tradici&oacute;n inglesa. Cuando se tira del hilo, se encuentran cosas. De hecho, hay montones de cosas que no se entienden del todo &ndash;si es que se entienden algo&ndash; si no se tira del hilo.
    </p><p class="article-text">
        No estoy entre los que creen que la costumbre de indagar se est&aacute; perdiendo ahora; en mi opini&oacute;n, es un defecto m&aacute;s viejo que Matusal&eacute;n, en el que se ahogan casi todas las grandes palabras, como <em>libertad</em>, <em>justicia </em>o <em>democracia.</em> Quien no busca, se queda naturalmente con la primera impresi&oacute;n y, si encima le llega a trav&eacute;s de los intermediarios de masas &ndash;medios, plataformas digitales, etc&eacute;tera&ndash;, cuyo objetivo est&aacute; m&aacute;s cerca de imponer una visi&oacute;n del mundo que de mostrar, informar o animar a la gente a desarrollar criterio propio, es f&aacute;cil que d&eacute; por buenas sus interpretaciones y se las crea. En <em>Un mundo feliz</em>, ese problema ha quedado atr&aacute;s: ya se ha arrastrado a la sociedad a donde se pretend&iacute;a; ya se ha logrado que pase de ser consumidora de productos a ser ella misma el producto. El autor nos da un resultado posible de un proceso con el que deber&iacute;amos estar familiarizados (al fin y al cabo, estamos en &eacute;l) y, al d&aacute;rnoslo, cumple una de las funciones de cierta literatura: inmunizar, impedir en el caso propuesto que ese mundo de alfas y epsilones llegue a ser realidad. Pero no lo hace &uacute;nicamente por la narraci&oacute;n de unos hechos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s libera en &uacute;ltima instancia de la palabra escrita est&aacute; en el simple acto de leer o escribir, de prestar atenci&oacute;n y desarrollarla al prestarla, de a&ntilde;adir recursos ling&uuml;&iacute;sticos, estil&iacute;sticos y filos&oacute;ficos a nuestro bagaje. Que seamos conscientes de ello o nos pase desapercibido es harina de otro costal. Nos mejora tanto m&aacute;s cuanto m&aacute;s contribuya a ensanchar nuestros registros y estructuras mentales, y tanto menos &ndash;si no nos envenena&ndash; cuanto m&aacute;s nos acostumbre a las simplezas, entre las que destacan las formas hiperestandarizadas de expresarse. Lo grave del &uacute;ltimo informe Pisa no es que los alumnos empiecen a tener dificultades &ldquo;con textos de m&aacute;s de 400 palabras&rdquo;; lo grave es que, al igual que sucede con sus mayores, su capacidad de concentraci&oacute;n es cada vez m&aacute;s escasa. Total, &iquest;de qu&eacute; cuatrocientas palabras estamos hablando? Por triste que sea, hace tiempo que el lector medio se atraganta, se aburre y deja la lectura ante cualquier f&oacute;rmula relativamente compleja o da la espalda a g&eacute;neros enteros (poes&iacute;a, teatro) por desconocimiento de sus claves b&aacute;sicas, que ni les ense&ntilde;aron ni se molestaron en afrontar.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado un par de a&ntilde;os desde que los firmantes del <em>Manifiesto off</em> afirmaran que &ldquo;estamos asistiendo a un desaprendizaje&rdquo; de &ldquo;funciones consustanciales al ser humano&rdquo; como &ldquo;la memoria, la orientaci&oacute;n, el razonamiento y la capacidad cr&iacute;tica&rdquo;. Comparto su an&aacute;lisis general, aunque no creo en absoluto que se pueda corregir sin ir al fondo de la cuesti&oacute;n. El modelo productivo produce lo que necesita y lo produce a prop&oacute;sito, es decir, no es casualidad; y para empeorar el asunto, ha metido un zorro nuevo en el gallinero: la Inteligencia Artificial, el intermediario por excelencia, el brujo o comisario pol&iacute;tico definitivo. Pero ni estamos todav&iacute;a en <em>Un mundo feliz </em>ni llegaremos a estar en algo parecido si nos negamos a formar parte del problema, que en lo tocante a este art&iacute;culo consiste en algo tan sencillo como esforzarse en seguir leyendo cuando la vagancia intelectual nos pide lo contrario. En circunstancias normales, somos nosotros quienes nos concedemos la posibilidad de aprender o la rechazamos, neg&aacute;ndonos descubrimientos y revelaciones que no llegar&aacute;n por otras v&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        De momento, algunos nos contentar&iacute;amos con alejar la situaci&oacute;n actual del argumento de una obra de J. G. Ballard, <em>El rascacielos</em>, donde unos miles de personas que se podr&iacute;an definir como culturalmente peque&ntilde;oburguesas dan el paso siguiente al desprecio del bien com&uacute;n y se lanzan a la lucha por la supervivencia sin complejo alguno. Ahora bien, se equivoca quien piense que la realidad de Huxley es imposible porque calcul&oacute; mal al escribir a Anita Loos (carta del 13 de octubre de 1945) que ese &ldquo;bravo nuevo mundo&rdquo; con el que ironiza el Pr&oacute;spero de Shakespeare estaba a &ldquo;s&oacute;lo un par de generaciones de distancia&rdquo;. S&iacute;, sin duda, sac&oacute; m&aacute;s conclusiones de la cercan&iacute;a del nazismo que de la lucha contra &eacute;l, que devolvi&oacute; el espectro a su cripta durante unas cuantas d&eacute;cadas. L&aacute;stima que el aplazamiento de una pena no sea su suspensi&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/mano_129_13504529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2026 19:43:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que está en nuestra mano]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palabra de Eros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/palabra-eros_129_13488634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f15f9dac-e4d4-4406-bf4e-c0e2bb8bb176_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150504.jpg" width="960" height="540" alt="Palabra de Eros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Digan lo que digan, hay pocas cosas más serias que el sexo y el erotismo. Sobre todo, para la literatura, que no se ha alejado de ellos desde que una autora sumeria escribió el primer poema erótico del que tenemos noticia</p></div><p class="article-text">
        Lo raro es que no pasara antes. Era un seis de septiembre o, dicho de otra manera, un seis del nueve, 69; y como no hay minuto en el que varios cientos de millones de personas &mdash;por no decir miles&mdash; no est&eacute;n pensando en las cosas del altamente did&aacute;ctico <em>Kamasutra</em> (loor a Vatsiaiana), unas cuantas tiraron de la famosa posici&oacute;n y fundaron el D&iacute;a Mundial del Sexo Oral. &ldquo;Nada serio&rdquo;, dir&aacute;n algunos de ustedes, desconociendo quiz&aacute; que no es la celebraci&oacute;n con m&aacute;s sorna de ese palo de la baraja (tambi&eacute;n est&aacute;n el D&iacute;a del Filete y la Mamada y el D&iacute;a de la Tarta y el Cunnilingus, por ejemplo). Pero, con independencia del inter&eacute;s que tengan dichas iniciativas, hay pocas cosas m&aacute;s serias que el sexo y el erotismo, ese algo &ldquo;emparentado con las formas m&aacute;s altas del esp&iacute;ritu&rdquo; que siempre ser&aacute; sospechoso, &ldquo;diga lo que diga cualquier legislaci&oacute;n futura&rdquo; al respecto (<em>Sobre el amor</em>, de Carl Gustav Jung).
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 1956, Marilyn Monroe se marc&oacute; una sentencia dif&iacute;cil de superar, ni siquiera por parte de los autores y autoras que citar&eacute; despu&eacute;s. Durante una entrevista con Pete Martin, publicada en <em>The Saturday Evening Post</em>, confes&oacute; lo que hab&iacute;a contestado a un escritor cuando este se interes&oacute; sobre su opini&oacute;n sobre el sexo, claro: &ldquo;Forma parte de la naturaleza, y yo me llevo bien con la naturaleza&rdquo;. Conciso, rotundo, sin tonter&iacute;as, una forma perfecta de cerrar el asunto y abrirlo al mismo tiempo. Total, ya dijo Arist&oacute;teles en el Libro I de su <em>Pol&iacute;tica</em> que &ldquo;la naturaleza no hace nada en vano&rdquo; y, si eso es cierto, se entiende que nuestra original especie fuera m&aacute;s lejos e inventara el erotismo, del que Jung nos da una definici&oacute;n interesante al afirmar que en realidad es vinculaci&oacute;n, armon&iacute;a de instinto y psique. Todo lo contrario de lo que deja caer Luciano de Sam&oacute;sata en los <em>Di&aacute;logos de los dioses</em>, donde Zeus pierde la paciencia con Eros porque est&aacute; harto de que lo manipule constantemente y le haga transformarse en s&aacute;tiro, cisne y toro &mdash;entre otras sutilezas&mdash; por culpa del deseo.
    </p><p class="article-text">
        Sospecho que la responsable del primer poema er&oacute;tico del que tenemos noticia estaba m&aacute;s de acuerdo con el psic&oacute;logo y ensayista suizo que con el genio de la Siria romana. Se encontr&oacute; en una tablilla sumeria (de alrededor del siglo XXI a. e. c.), y es un canto donde la dama en cuesti&oacute;n se jacta de que sus caricias son &ldquo;m&aacute;s dulces que la miel&rdquo; y ruega a su novio que se deje tocar y la toque a su vez. Tiene prisa, evidentemente; no entra en descripciones como las de Ovidio en la &lsquo;Inesperada siesta con Corina&rsquo; (<em>Amores</em> 1,5) ni toma rodeos pastoriles que desembocan en un &ldquo;tuve que hacer cuanto quiso&rdquo; (<em>Libro del buen amor</em>, del Arcipreste de Hita) ni juega con met&aacute;foras de barro y sangre, como Quevedo en su soneto &lsquo;A Amarili, que ten&iacute;a unos pedazos de b&uacute;caro en la boca y estaba muy al cabo de com&eacute;rselos&rsquo; (<em>Poes&iacute;a original completa</em>). Los 29 versos de la desconocida autora est&aacute;n hechos de intenci&oacute;n y determinaci&oacute;n. Quiere a su amante, y lo atrae con la palabra escrita, adelant&aacute;ndose unos miles de a&ntilde;os &mdash;siguiendo con los ejemplos&mdash; a Pauline Re&aacute;ge, pseud&oacute;nimo de Anne Desclos, quien escribi&oacute; su famosa <em>Historia de O</em> para seducir al escritor Jean Paulhan.
    </p><p class="article-text">
        A decir verdad, la literatura universal est&aacute; tan abarrotada de erotismo que no se puede hacer una lista de textos er&oacute;ticos sin que sea un simple aperitivo y una arbitrariedad en la que se suelen incluir un pu&ntilde;ado de libros indiscutibles: el <em>Decamer&oacute;n</em> (Giovanni Boccaccio), <em>La lozana andaluza </em>(Francisco Delicado), <em>Fanny Hill</em> (John Cleland), <em>Justine o los infortunios de la virtud</em> (Marqu&eacute;s de Sade), <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em> (Henry Miller), <em>Delta de Venus</em> (Ana&iuml;s Nin), <em>Miedo a volar</em> (Erica Jong) o, en esquinas menos visitadas, <em>Teleny o El reverso de la medalla</em> (atribuida a Oscar Wilde) y la feroz e ingenua <em>Candy</em>, de Terry Southern y Mason Hoffenberg. Y es l&oacute;gico que la gente vuelva a ellos una y otra vez, porque todos ellos, a pesar de sus diferencias, tienen lo que llev&oacute; a decir a Henry Miller: &ldquo;El sexo es una de las nueve razones para reencarnarse. Las otras ocho carecen de importancia&rdquo; (<em>Sexus</em>, la primera novela de <em>La crucifixi&oacute;n rosa</em>). 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si los creadores del D&iacute;a Mundial del Sexo Oral han le&iacute;do alguna de esas obras. Imagino que s&iacute;, porque su atrevimiento tiene un punto literario que tira de espaldas. Pero me consta que bastantes lectores de los que abren sus p&aacute;ginas por primera vez los viven como una revelaci&oacute;n y aprenden cosas por el viejo procedimiento de divertirse, el mejor m&eacute;todo did&aacute;ctico con diferencia. Especialmente, cuando se va m&aacute;s all&aacute; de la <em>historia</em> &mdash;algo siempre recomendable&mdash; y se disfruta de lo m&aacute;s er&oacute;tico que tienen: el particular uso de la palabra escrita que exige la tensi&oacute;n sensual, su objetivo com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/palabra-eros_129_13488634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2026 19:46:51 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Las literaturas exiliadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/literaturas-exiliadas_129_13473477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db2c0b4c-c0e7-4849-947c-1aa8a50036d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150062.jpg" width="599" height="337" alt="Las literaturas exiliadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Julio Álvarez del Vayo se equivocó al pensar que los Estados Unidos no salvarían a Franco a cambio de unas cuantas bases militares, como afirmó en ‘El último optimista’. Pero es esa especie, la de los optimistas, la que puede cambiar el mundo</p></div><p class="article-text">
        Cuando Julio &Aacute;lvarez del Vayo sali&oacute; de Espa&ntilde;a en 1949, ten&iacute;a el convencimiento de que los estadounidenses no permitir&iacute;an que su Gobierno vendiera nuestro pa&iacute;s &ldquo;por segunda vez&rdquo;, salvando a &ldquo;su opresor de la bancarrota&rdquo;. Siempre hab&iacute;a sido lo que dice el t&iacute;tulo de las memorias a las que pertenecen esas palabras (<em>El &uacute;ltimo optimista</em>, publicado en ingl&eacute;s en 1950); cre&iacute;a en &ldquo;la victoria final del pueblo espa&ntilde;ol&rdquo;, y sab&iacute;a que lo &uacute;nico que pod&iacute;a impedir que el franquismo cayera era precisamente lo que &eacute;l se negaba a creer: que Washington apoyara a Franco a cambio de unas cuantas bases militares. Hasta las personas m&aacute;s realistas, perceptivas e inteligentes se ciegan a veces; unas, por no ver la realidad y otras, como en su caso, por verla de sobra y desde dentro, porque &Aacute;lvarez del Vayo, condenado a muerte <em>in absentia</em>, uno de los l&iacute;deres republicanos m&aacute;s perseguidos por el r&eacute;gimen, se hab&iacute;a atrevido a cruzar la frontera con identidad falsa para tomar el pulso a la calle e informarse &ldquo;de primera mano&rdquo; de lo que estaba pasando.
    </p><p class="article-text">
        En su opini&oacute;n, el riesgo que corr&iacute;a estaba justificado en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos por &ldquo;la desmoralizaci&oacute;n que hasta cierto punto exist&iacute;a entre las filas republicanas&rdquo; y el &ldquo;nuevo resurgimiento&rdquo; de la resistencia tras algunos de los peores a&ntilde;os de nuestra Historia. No se trataba <em>&uacute;nicamente</em> de la represi&oacute;n y las muertes; tambi&eacute;n estaban el estancamiento, la corrupci&oacute;n generalizada y las cat&aacute;strofes derivadas de la autarqu&iacute;a econ&oacute;mica y de la intenci&oacute;n de castigar a los vencidos, empezando &ndash;como recordaba &Aacute;ngel Vi&ntilde;as hace unos meses en este mismo peri&oacute;dico- por el hambre de la posguerra, que provoc&oacute; la muerte de alrededor de 200.000 personas entre 1939 y 1942 (<em>La hambruna espa&ntilde;ola</em>, de Miguel &Aacute;ngel del Arco). Tanto es as&iacute; que, a pesar de lo que supon&iacute;a intentar salir de aqu&iacute;, la gente se jugaba la vida constantemente por ello: &ldquo;Si se dieran facilidades, media Espa&ntilde;a se marchar&iacute;a. El &eacute;xodo ser&iacute;a mayor que el de 1939&rdquo;, le coment&oacute; un compatriota a &Aacute;lvarez del Vayo. &ldquo;Si los franceses abrieran la frontera, el &uacute;nico que se quedar&iacute;a aqu&iacute; ser&iacute;a Franco. Hasta su mujer y su hija se ir&iacute;an&rdquo;, ironiz&oacute; otro.
    </p><p class="article-text">
        Quien tenga dudas al respecto, deber&iacute;a echar un vistazo a la emigraci&oacute;n econ&oacute;mica de las d&eacute;cadas de 1950 y 1960: m&aacute;s de tres millones de espa&ntilde;oles, cuya huida al extranjero no pes&oacute; menos en el supuesto milagro desarrollista que la propia emigraci&oacute;n interna, de la que muchos somos hijos e hijas, aunque algunos prefieran olvidar de d&oacute;nde vienen. Pero, volviendo al autor del <em>El &uacute;ltimo optimista</em>, el suyo no fue ni mucho menos un error de an&aacute;lisis de la realidad espa&ntilde;ola, sino del contexto mundial, algo desconcertante en un hombre que hab&iacute;a estado entre los m&aacute;s firmes defensores de la pol&iacute;tica de &ldquo;resistir es vencer&rdquo;, apoyada en el hecho luego demostrado de que la II Guerra Mundial estaba a punto de estallar. En cierto modo, &Aacute;lvarez del Vayo hizo lo mismo que Max Aub, de quien hablaba en esta columna el domingo pasado: regresar a Espa&ntilde;a para confirmar sus posiciones, con la diferencia de que el pa&iacute;s que se encontr&oacute; Aub ya era el que hab&iacute;a creado Estados Unidos en 1953 con los Pactos de Madrid, salvando efectivamente al franquismo y asegur&aacute;ndose la restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica.
    </p><p class="article-text">
        Es una pena que <em>El &uacute;ltimo optimista </em>siga sin traducirse al castellano. Hasta la equivocaci&oacute;n mencionada contiene una lecci&oacute;n v&aacute;lida para nuestros d&iacute;as, tan atrapados en el &ldquo;gran juego&rdquo; de la pol&iacute;tica internacional como aquellos -miren Ceuta, por ejemplo- y tan deudores de ellos que hubo que esperar al a&ntilde;o 2008 para que el Partido Socialista devolviera la militancia a t&iacute;tulo p&oacute;stumo a &Aacute;lvarez del Vayo, Juan Negr&iacute;n, Max Aub, Matilde de la Torre, Amaro del Rosal y tres decenas m&aacute;s de expulsados por creer <em>excesivamente</em> en &ldquo;la victoria final del pueblo espa&ntilde;ol&rdquo;. Sin embargo, no se puede decir que el caso del libro que hoy les propongo sea excepcional: hay demasiadas obras y publicaciones de autores y pol&iacute;ticos de la &eacute;poca que siguen en el limbo de la edici&oacute;n o en un olvido nada inocente, quiz&aacute; con intenci&oacute;n de que todo &ldquo;se pierda irreparablemente&rdquo;, como escribi&oacute; Francisco Caudet en &lsquo;El ensayo durante el exilio&ldquo;, su aportaci&oacute;n a <em>Las literaturas exiliadas en 1939</em> (que pueden localizar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas, intentando acceder a las in&eacute;ditas <em>Presencias y evocaciones </em>de Margarita Nelken, me top&eacute; con una an&eacute;cdota de la que fue protagonista horas antes de que se iniciara la primera batalla de la Defensa de Madrid, en noviembre de 1936. Nelken se hab&iacute;a quedado en la capital, ayudando en lo que pod&iacute;a, y una tarde se acerc&oacute; al Ministerio de Guerra para pedir que alg&uacute;n ministro la acompa&ntilde;ara a Carabanchel a animar a las tropas. La contestaci&oacute;n que recibi&oacute; fue que no hab&iacute;a ninguno disponible y que se fuera sola, cosa que hizo. Cuando volvi&oacute; al centro, el Gobierno hab&iacute;a huido a Valencia, pero a ella le dio igual: se puso a disposici&oacute;n de Jos&eacute; Miaja y, a partir de entonces, trabaj&oacute; con m&aacute;s ah&iacute;nco que nunca (frecuentemente, con Federica Montseny a su lado). Estuvo a la altura donde otras y otros no lo estuvieron, y lo estuvo porque ella tambi&eacute;n pertenec&iacute;a a la especie que salva el mundo cuando se puede salvar: los &uacute;ltimos optimistas, desde luego. Raz&oacute;n de m&aacute;s para buscar sus textos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/literaturas-exiliadas_129_13473477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2026 19:46:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las literaturas exiliadas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la indiferencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/indiferencia_129_13460208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f035d97d-4fe7-4b51-ab6c-22ff7ad93743_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x539y507.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la indiferencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quien lea hoy ‘La gallina ciega’, el resultado literario del viaje de Max Aub por la España de 1969, se puede llevar una sorpresa con la vigencia de muchas de sus afirmaciones</p></div><p class="article-text">
        El 23 de agosto de 1969, Max Aub vino a Espa&ntilde;a. Lo de <em>vino</em> es relevante, porque acota exactamente el terreno de sus intenciones: &ldquo;Vengo &ndash;digo&ndash;, no vuelvo. Es decir, vengo a dar una vuelta, a ver, a darme cuenta, y me voy&rdquo;. En teor&iacute;a, necesitaba recopilar informaci&oacute;n para <em>Luis Bu&ntilde;uel, novela</em>; en la pr&aacute;ctica, y como bien afirma Manuel Aznar Soler en su pr&oacute;logo a <em>La gallina ciega</em>, quer&iacute;a &ldquo;cerciorarse de que era imposible volver&rdquo;. No se enga&ntilde;aba a s&iacute; mismo. Sab&iacute;a que su patria ya no exist&iacute;a, y que lo &uacute;nico que quedaba de ella eran las paredes, los &aacute;rboles de sitios que ni &ldquo;var&iacute;an ni cambiar&aacute;n&rdquo; (la Casa de Campo, el Pardo, etc&eacute;tera) y, desde luego, la que los exiliados se fabrican &ldquo;en el aire&rdquo;, como le escribi&oacute; Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n en una de sus cartas: <em>La amistad, patria de los sin patria</em>, frase y t&iacute;tulo a la vez de uno de los epistolarios de la impresionante &lsquo;Biblioteca del exilio&rsquo;, una de las mejores colecciones que se hayan hecho nunca en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Quien lea hoy el resultado literario de aquel viaje de Max Aub se puede llevar una sorpresa con muchas de las afirmaciones que contiene. Descontados unos cuantos nombres del mundo de la cultura y la pol&iacute;tica, las p&aacute;ginas de <em>La gallina ciega </em>nos hablan tanto de aquella Espa&ntilde;a como de la actual y, para empeorar el asunto, tambi&eacute;n hablan de lo que est&aacute; por venir. Cuesta no re&iacute;rse con ese personaje desconcertante y lamentablemente actual &ndash;en medio mundo&ndash; que, ante la pregunta de &ldquo;c&oacute;mo muri&oacute; San Juan de la Cruz&rdquo;, responde sin titubear: &ldquo;lo fusilaron los rojos&rdquo;. Hay que hacer  esfuerzos para no reconocer el resultado de demasiados a&ntilde;os de indiferencia general, de gente que no quiere &ldquo;saber nada de nada&rdquo;, de situaciones donde solo viven &ldquo;como Dios&rdquo; los &ldquo;sinverg&uuml;enzas&rdquo; y otras especies parecidas &ldquo;y, claro est&aacute;, los turistas que encuentran lo que buscan, al precio deseado&rdquo;. Pero, aciertos intemporales al margen, soy de la opini&oacute;n de que la mejor lecci&oacute;n del libro es la actitud de Aub, que lo escribe aunque &ldquo;no sirva para maldita la cosa&rdquo; sin &ldquo;buscar acuerdos&rdquo; ni preocuparse en absoluto por &ldquo;las consecuencias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa actitud no era ni mucho menos exclusiva de &eacute;l. Est&aacute; en Antonio Machado, en Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, en Miguel de Unamuno (si no han le&iacute;do esa joya de la invectiva po&eacute;tica que es <em>De Fuerteventura a Par&iacute;s</em>, corran a leerlo); est&aacute; en bastantes periodistas de la &eacute;poca y, desde luego, en un sector de la prensa, que visto desde ahora resulta envidiable por atrevimiento y seriedad intelectual, incluso en cuestiones alejadas de cualquier tipo de beligerancia, como el simple hecho de dar verdadera importancia a la cultura. &iquest;Cu&aacute;ntos peri&oacute;dicos actuales publicar&iacute;an hoy, como hizo el <em>Heraldo de Madrid</em> en agosto de 1926, los textos de Rivas Cherif sobre el escenario teatral? Se dir&iacute;a que no dan dinero, que el lector quiere ruido: y ser&iacute;a cierto, pero &iquest;qui&eacute;n lo ha acostumbrado al ruido, sino los medios, para empezar? Y por la misma raz&oacute;n, no se encontrar&iacute;a junto a uno de esos textos ni a un Valle&ndash;Incl&aacute;n entrevistado por un Jos&eacute; Luis Salado (<em>Tiros al blanco. Periodismo bajo las bombas</em>) ni a un Carlos Arniches entrevistado por un Federico Navas (<em>Las esfinges de Tal&iacute;a. Encuesta sobre la crisis del teatro</em>).
    </p><p class="article-text">
        Para cambiar la realidad, hay que atreverse a cambiar la realidad, cosa dif&iacute;cil &ndash;por no decir imposible&ndash; cuando se respetan los m&aacute;rgenes de lo preestablecido. Por supuesto, no es estrictamente necesario que se llegue a extremos como los del compa&ntilde;ero de Unamuno en su exilio de Fuerteventura: el casi m&iacute;tico Rodrigo Soriano (busquen su biograf&iacute;a de Dar&iacute;o de Regoyos, <em>Historia de una rebeld&iacute;a</em>), quien se atrevi&oacute; a batirse en duelo con personajes como el general Valeriano Weyler, el propio Primo de Rivera y un ministro de Gobernaci&oacute;n de Antonio Maura. Se trata de reconstruir los puentes con la destruida cultura pol&iacute;tica republicana y de recuperar la actitud subversiva de Max Aub y de la mayor&iacute;a de los autores que han aparecido en estas l&iacute;neas, quienes  compart&iacute;an sin duda otra de sus confesiones de <em>La gallina ciega</em>: &ldquo;No soy indiferente a nada que tenga que ver con la justicia o la inteligencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, la obra de Aub est&aacute; muy lejos de ser un manual sobre lo que somos o debemos ser. Se limit&oacute; a ejercer de testigo y a pasear su dolor con menos iron&iacute;a de la que a &eacute;l mismo le habr&iacute;a gustado y con alg&uacute;n olvido que le desconcert&oacute;, como el hecho de estar en Madrid y no pensar en la guerra o en entrar &ldquo;en el Teatro de la Zarzuela para recordar la <em>Numancia</em> de Rafael y Mar&iacute;a Teresa&rdquo;. &iquest;Ser&aacute; &ndash;se preguntaba&ndash; que &ldquo;a la vejez lo que le resube a uno de los adentros es la vida, sus principios&rdquo; y &ldquo;no lo m&aacute;s cercano&rdquo;? Ser&aacute;. Y convendr&iacute;a que le escuchemos, aunque solo sea para no tener que decir al final, como &eacute;l: &ldquo;Espa&ntilde;a est&aacute; mal. Ya se le pasar&aacute;. No hay raz&oacute;n en contra ni en pro; pero si basta para la Historia, para m&iacute;, no&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/indiferencia_129_13460208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 19:56:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra la indiferencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Saturno detuvo los trenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/saturno-detuvo-trenes_129_13447326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13cd6e3f-6b7e-4e5e-a04f-3be73ccc85b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149296.jpg" width="1142" height="642" alt="Cuando Saturno detuvo los trenes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras las tropas de Yagüe asesinaban a miles de personas en Badajoz, sus socios granadinos se presentaron en la casa de Luis Rosales y detuvieron a Federico García Lorca. Eran las dos caras de una misma estrategia</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - El lugar de un corazón</p></div><p class="article-text">
        El 30 de agosto de 1936, el Chicago Tribune<em> </em>public&oacute; la conocida columna de Jay Allen sobre la masacre de Badajoz, <em>City of horrors</em>. La hab&iacute;a enviado el d&iacute;a 25 a la oficina de tel&eacute;grafos de T&aacute;nger, pero &ldquo;el mensaje se perdi&oacute; en alg&uacute;n punto del trayecto o acab&oacute; en la papelera de un censor&rdquo; &ndash;como se public&oacute; despu&eacute;s en el peri&oacute;dico&ndash;, lo cual le oblig&oacute; a buscar &ldquo;otra ruta&rdquo;. Su contenido era importante. El periodista afirmaba que, desde la ca&iacute;da de la ciudad, las tropas franquistas hab&iacute;an asesinado a 4.000 hombres y mujeres; y por supuesto, la maquinaria propagand&iacute;stica de los sublevados empez&oacute; inmediatamente a negarlo y a difamar a Allen, como denunci&oacute; un colega suyo, John T. Whitaker, en <em>We cannot escape history</em> (<em>No podemos escapar de la Historia</em>, de 1943). De hecho, los revisionistas lo siguen negando todo, y con bastante &eacute;xito. Es lo que pasa cuando se entierra la verdad durante d&eacute;cadas para que no se sepa qu&eacute; sonaba, adem&aacute;s del <em>Cara al sol</em>, durante bastantes fusilamientos: la <em>Marcha Real</em>, el himno mon&aacute;rquico (<em>La guerra apasionada</em>, de Peter Wyden).
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia para los blanqueadores del fascismo, hay pruebas m&aacute;s que suficientes. El propio Juan Yag&uuml;e &ldquo;se re&iacute;a al o&iacute;r los desmentidos sobre las matanzas&rdquo;, como escribi&oacute; Whitaker, corresponsal del <em>New York Herald Tribune</em> y, adem&aacute;s de re&iacute;rse, se jactaba de lo sucedido. &ldquo;Naturalmente que los fusilamos &ndash;me dijo&ndash;. &iquest;Qu&eacute; esperaba usted? &iquest;Que me llevara a cuatro mil rojos conmigo con mi columna avanzando contra reloj?&rdquo;. Los africanistas cre&iacute;an en &ldquo;la estrategia del terror&rdquo; (<em>Vicente Rojo, el general que humill&oacute; a Franco</em>, de Carlos Blanco Escol&aacute;); la experiencia les dec&iacute;a que daba buenos resultados y, en todo caso, ten&iacute;an el convencimiento de que la memoria desaparecer&iacute;a antes de dejar ninguna huella. A fin de cuentas, la Historia es casi siempre &ldquo;una lecci&oacute;n in&uacute;til&rdquo; (&lsquo;El a&ntilde;o nuevo&rsquo;, de Pedro Antonio de Alarc&oacute;n), y puede ser algo peor que &ldquo;in&uacute;til&rdquo; cuando se falsea o deforma la realidad, porque conduce a lo que dijo Rojo en <em>As&iacute; fue la defensa de Madrid</em>: &ldquo;a que la vida social se desarrolle sobre ficciones, a que los pueblos vivan enga&ntilde;ados y a que sus obras resulten infecundas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los soldados de Yag&uuml;e eliminaban a alrededor del 10% de la poblaci&oacute;n de Badajoz y solventaban el problema de los cad&aacute;veres mediante &ldquo;la incineraci&oacute;n masiva&rdquo; (M&aacute;rio Neves, citado por Francisco Espinosa Maestre en <em>La columna de la muerte</em>), sus socios granadinos detuvieron a Federico Garc&iacute;a Lorca. Era un 16 de agosto, domingo. Hab&iacute;a pasado un mes desde que se hab&iacute;a despedido de Rafael Mart&iacute;nez Nadal en la estaci&oacute;n de Atocha, tras haberle dicho supuestamente que aquellos campos &ldquo;se iban a llenar de muertos&rdquo; (&lsquo;El &uacute;ltimo d&iacute;a de Federico Garc&iacute;a Lorca en Madrid&rsquo;. <em>Residencia</em>, 1963). A quien lea su<em> Poema doble del lago Eden </em>(<em>Poeta en Nueva York</em>) le costar&aacute; no ver una premonici&oacute;n en estos versos: &ldquo;As&iacute; hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes/ y la bruma y el Sue&ntilde;o y la Muerte me estaban buscando&rdquo;; particularmente, si se combinan con el &ldquo;comprend&iacute; que me hab&iacute;an asesinado&rdquo; de la &lsquo;F&aacute;bula y rueda de los tres amigos&rsquo;. Las palabras son as&iacute;. Reflejan lo que quieren cuando el autor termina su trabajo y, aunque a veces no tenga nada que ver con la imagen original, lo parece.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n historiadores como Ian Gibson y Paul Preston, la suerte de Lorca qued&oacute; echada cuando Queipo de Llano orden&oacute; a sus captores que le dieran &ldquo;caf&eacute;, mucho caf&eacute;&rdquo; (acr&oacute;nimo, como bien sabemos, de &ldquo;Camaradas, arriba Falange Espa&ntilde;ola&rdquo;). Han pasado noventa a&ntilde;os desde entonces, y el simple hecho de que sigamos sin conocer el lugar d&oacute;nde est&aacute; enterrado dice todo lo que hay que decir sobre la Espa&ntilde;a que sustituy&oacute; a la del poeta gracias a las armas de Hitler y Mussolini. Vicente Rojo acert&oacute; de lleno al alertar sobre los efectos del olvido y la manipulaci&oacute;n de la Historia, y no s&oacute;lo por el lado de las grandes cuestiones pol&iacute;ticas y sociales. Tambi&eacute;n est&aacute; lo personal, lo que hizo que alguien tan consciente de lo que hab&iacute;a detr&aacute;s del alzamiento del 18 de julio se subiera a aquel tren y regresara a Granada, haciendo caso omiso de las advertencias. Y en ese aspecto, puede que no haya declaraci&oacute;n m&aacute;s relevante que la de Gabriel Celaya, quien hab&iacute;a coincidido con &eacute;l unos meses antes, en San Sebasti&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para Celaya, Lorca confiaba en que &ldquo;el hombre es siempre humano&rdquo;, en que &ldquo;un amigo, fascista o no, es un amigo&rdquo;; y desde su punto de vista, fue eso lo que le cost&oacute; la vida, porque &ldquo;fueron unos amigos, amigos que &eacute;l contaba entre sus mejores, quienes en el &uacute;ltimo momento resultaron ser ante todo y sobre todo fascistas&rdquo; (<em>Realidad</em>, abril de 1966). Formaban parte, aunque no lo ejecutaran con sus propias manos, de la misma estrategia que se segu&iacute;a cobrando v&iacute;ctimas en Badajoz el 16 de agosto: la de matar al pueblo y matar la cultura a la vez. La Rep&uacute;blica tard&oacute; en comprender el verdadero alcance de lo que estaba pasando y, desde luego, Federico Garc&iacute;a Lorca no crey&oacute; que fueran capaces de llegar a tales extremos. Pero lo eran, lo son y lo ser&aacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/saturno-detuvo-trenes_129_13447326.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 20:37:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lugar de un corazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lugar-corazon_129_13434742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac6cb06f-1f9b-4309-834f-bab9e3cdf616_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148932.jpg" width="409" height="230" alt="El lugar de un corazón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los principales beneficiarios de los programas de ayuda a la cultura del ‘New Deal’ no fueron los creadores y las creadoras que pudieron salir de la pobreza gracias a ellos: fue el conjunto de la población, como bien sabía Nicholas Ray</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - El primer deber de un artista
</p></div><p class="article-text">
        Eran otros tiempos, sin duda; concretamente, los de la d&eacute;cada de 1930, con el mundo hundido en uno de los batacazos c&iacute;clicos del capitalismo: el que Herbert Hoover, presidente de los EEUU entre 1929 y 1933, hab&iacute;a definido con el entonces eufemismo de &ldquo;gran depresi&oacute;n&rdquo; por no usar expresiones tan poco ilusionantes como &ldquo;gran crisis&rdquo;, que no se llevan bien con las cuberter&iacute;as de plata. Y en mitad de aquel desastre de explotaci&oacute;n y pobreza, Franklin D. Roosevelt sucedi&oacute; en el cargo a Hoover, se dej&oacute; de supercher&iacute;as ling&uuml;&iacute;sticas y afront&oacute; el problema con un gigantesco plan de inversiones p&uacute;blicas, reformas sociales y medidas de control real de los <em>mercados</em>, en demostraci&oacute;n de que, en efecto, eran otros tiempos. Hab&iacute;a nacido el <em>New Deal</em> (nuevo trato), una respuesta m&iacute;nima a la ruptura del &ldquo;contrato social&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los programas del <em>New Deal</em> hab&iacute;a uno muy particular, espec&iacute;ficamente dirigido al sector de la cultura. Se llamaba <em>Federal Project Number One</em> (Proyecto Federal N.&ordm; 1) y ten&iacute;a cinco divisiones distintas cuyo alcance se puede resumir mediante la experiencia del Proyecto Federal de Escritores: adem&aacute;s de dar empleo a miles de libreros, editores y autores (algunos, tan conocidos luego como John Cheever, Saul Bellow y Richard Wright), potenci&oacute; la investigaci&oacute;n y la creaci&oacute;n literaria en el pa&iacute;s, y le dio un &ldquo;detallado retrato de s&iacute; mismo&rdquo; con sus m&uacute;ltiples publicaciones y estudios (&lsquo;Mirror to America&rsquo;. <em>Time</em>, 3 de enero de 1938). Si sienten curiosidad al respecto, les recomiendo que empiecen por los famosos <em>Relatos de esclavos: una historia popular de la esclavitud en Estados Unidos</em>, que contiene grabaciones, fotograf&iacute;as y m&aacute;s de dos mil trescientas entrevistas. Una obra verdaderamente monumental &ndash;y de dominio p&uacute;blico, por cierto&ndash;, que no se habr&iacute;a llevado a cabo si el Estado se hubiera cruzado de brazos ante la situaci&oacute;n de los artistas estadounidenses.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el Proyecto de Escritores se dedicaba a esas tareas, los del teatro y la m&uacute;sica hac&iacute;an lo propio en sus respectivos campos y, a veces, gracias a los esfuerzos de creadores que la mayor&iacute;a tiene asociados a otros g&eacute;neros. Por ejemplo, Nicholas Ray, nacido un 7 de agosto en Gallesville (Wisconsin), quien se dedic&oacute; a viajar por todos los rincones de EEUU en compa&ntilde;&iacute;a del etnomusic&oacute;logo Alan Lomax, con la misi&oacute;n de recuperar, preservar y estudiar la despreciada m&uacute;sica popular. Lomax, que se hab&iacute;a hecho amigo suyo gracias a Charles Seeger &ndash;padre del cantautor Pete Seeger&ndash; le ense&ntilde;&oacute; un camino que ya no abandonar&iacute;a, y no s&oacute;lo porque su casa se convirtiera en refugio de Woodie Guthrie, Lead Belly y Aunt Molly Jackson, sino por lo que cont&oacute; el gran actor y director John Housseman en <em>Unfinished Business. Memoirs 1902-1988</em>: que &ldquo;la experiencia personal de Nick&rdquo; con lo que descubri&oacute; en sus viajes, la cara oculta del <em>sue&ntilde;o americano</em>, le permiti&oacute; &ldquo;recrear&rdquo; en su cine &ldquo;la realidad emocional de aquel mundo de poblaciones m&iacute;seras, granjas abandonadas y caba&ntilde;as escu&aacute;lidas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En palabras de Ray, &ldquo;me sumerg&iacute; en un arte que daba voz y dignidad a los desfavorecidos y los marginados&rdquo;, en el lugar &ldquo;donde siempre ha estado mi coraz&oacute;n&rdquo;. Pero la m&uacute;sica no era la &uacute;nica expresi&oacute;n que le interesaba, ni mucho menos. Fuera adonde fuera, hablaba con la gente, les preguntaba por sus problemas y, a continuaci&oacute;n, llevaba dichos problemas &ldquo;a obras de teatro que hac&iacute;a en esas mismas comunidades, con actores locales&rdquo; (<em>Citizen Nick</em>, de James I. Deutsch y Lauren R. Shaw). De hecho, nunca se cans&oacute; de repetir que &ldquo;haber trabajado en todos los oficios del teatro&rdquo; le hab&iacute;a ayudado enormemente en su carrera cinematogr&aacute;fica, como confes&oacute; a Juan Cobos, F&eacute;lix Martiala y Miguel Rubio en mayo de 1963, durante una entrevista para la revista <em>Film Ideal</em>. Que a&uacute;n no se hubiera puesto detr&aacute;s de una c&aacute;mara no quer&iacute;a decir que no la llevara dentro, lo cual explica en parte lo que dijo una vez Jean-Luc Godard en <em>Cahiers du cin&eacute;ma</em>, adelant&aacute;ndose a declaraciones similares de Wim Wenders y Jim Jarmusch, entre otros: que el cine era Nicholas Ray.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a pasado si el <em>New Deal </em>no le hubiera ofrecido una forma de salir adelante y de crecer como artista en su juventud? Digan lo que digan los cuentos de hadas, las condiciones materiales son determinantes en cualquier caso y en cualquier &eacute;poca. Y si el poder no entiende o no quiere entender que los creadores tambi&eacute;n &ldquo;necesitan comer&rdquo; &ndash;como lleg&oacute; a decir Harry Hopkins, responsable del programa de ayuda de Franklin D. Roosevelt&ndash;, lo &uacute;ltimo que se debe hacer es lo que ataca Nicholas Ray en <em>I was interrupted</em> (recientemente traducida al castellano como <em>Me quitaron de en medio) </em>hablando de la importancia de la mirada en la interpretaci&oacute;n: apartar la vista, por supuesto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lugar-corazon_129_13434742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 20:22:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El lugar de un corazón]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El primer deber de un artista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/primer-deber-artista_129_13422903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a67be66-4cb9-45c2-9222-ce2408538fe5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1256y268.jpg" width="1200" height="675" alt="El primer deber de un artista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Fritz Lang, fallecido el 2 de agosto de 1976, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades éticas, el determinismo, la complejidad de la condición humana. Pero no iba a permitir que el mundo le estropeara los planes</p></div><p class="article-text">
        Fran&ccedil;ois Truffaut no descubri&oacute; la luna al afirmar en <em>Las pel&iacute;culas de mi vida </em>que las gentes supuestamente respetables &ndash;en el sentido clasista del adjetivo&ndash; son &ldquo;unos cabrones&rdquo;; pero la obviedad queda m&aacute;s que justificada cuando se pone en esa cosa que lo explica casi todo y se tiende a obviar con frecuencia: el contexto. En este caso, el de una pel&iacute;cula &ldquo;subversiva y generosa&rdquo; que enfatiza el contraste entre &ldquo;la bajeza&rdquo; de ciertos estratos y &ldquo;la nobleza&rdquo; de una pareja &ldquo;asocial&rdquo;, la protagonista de S<em>&oacute;lo se vive una vez</em>. A su director, un tal Fritz Lang &ndash;fallecido el 2 de agosto de 1976&ndash;, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades &eacute;ticas, la culpa, la fatalidad, el  determinismo, la complejidad de la condici&oacute;n humana; y a juicio de Truffaut, eran preocupaciones sometidas al &ldquo;primer deber del artista&rdquo;, que es &ldquo;mostrar la belleza de lo que se considera feo&rdquo; y su contrario, es decir, la fealdad de lo que se considera bello.
    </p><p class="article-text">
        La siempre inteligente Lotte H. Eisner, conservadora de la Cinemateca Francesa durante treinta a&ntilde;os y autora de un texto fundamental para cualquier interesado en el cine expresionista (<em>La pantalla diab&oacute;lica</em>), consideraba que la opini&oacute;n de Truffaut era aplicable a toda la filmograf&iacute;a del cineasta nacido en Viena. Desde luego, Eisner sab&iacute;a de lo que estaba hablando; en parte, porque era una buena amiga de Lang, con quien sol&iacute;a discutir y hasta re&ntilde;ir &ldquo;de vez en cuando&rdquo; sobre sus pel&iacute;culas y, en parte, porque &eacute;l termin&oacute; legando &ldquo;todos sus guiones estadounidenses&rdquo; a la instituci&oacute;n donde ella trabajaba, como recuerda en el pr&oacute;logo del libro que le dedic&oacute; (<em>Fritz Lang</em>, sin m&aacute;s). En efecto, &ldquo;su m&eacute;todo y sus temas&rdquo; asoman &ldquo;con bastante claridad&rdquo; en <em>S&oacute;lo se vive una vez</em> y, por si eso fuera poco, tambi&eacute;n es un gran ejemplo de &ldquo;su caracter&iacute;stica obsesi&oacute;n por el detalle&rdquo;. Pero, desde mi punto de vista, el hombre que fue se muestra mejor en lo que est&aacute; despu&eacute;s de dicho pr&oacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Quien se tome la molestia de localizar el libro de Eisner, descubrir&aacute; que contiene cinco p&aacute;ginas del propio Fritz Lang, apenas un suspiro entre las cuatrocientas p&aacute;ginas largas de la obra. Es una de las autobiograf&iacute;as m&aacute;s cortas de la historia del arte, y lo es por un motivo tan digno y poco habitual como el que dio a su amiga para justificar el laconismo: que &ldquo;mi vida privada no tiene nada que ver conmigo [como director] ni con mis pel&iacute;culas&rdquo; y que, por tanto, se negaba a seguir adelante. De hecho, Eisner no tuvo m&aacute;s remedio que respetar sus deseos y abstenerse de escribir ella su &ldquo;biograf&iacute;a personal&rdquo;, aunque incluyera &ldquo;comentarios de personas que hab&iacute;an trabajado con &eacute;l&rdquo; y &ldquo;fragmentos espor&aacute;dicos de las cartas que me hab&iacute;a escrito&rdquo;. La vida que a Lang le interesaba contar era la que est&aacute; en <em>Metr&oacute;polis</em>, <em>M.</em>, <em>Los verdugos tambi&eacute;n mueren</em>, <em>Furia</em>, <em>Perversidad</em>, <em>M&aacute;s all&aacute; de la duda</em> o <em>Mientras la ciudad duerme</em>, traducida curiosamente aqu&iacute; como <em>Mientras Nueva York duerme.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, las cinco p&aacute;ginas en cuesti&oacute;n son una excelente declaraci&oacute;n de intenciones profesionales e ideol&oacute;gicas. Si descontamos los nombres de su padre y su madre &ndash;con los que empieza, por cierto&ndash; y una breve referencia a su timidez y su relaci&oacute;n con las mujeres, no contienen pr&aacute;cticamente nada que no est&eacute; asociado al contexto social y pol&iacute;tico y la creaci&oacute;n art&iacute;stica, empezando por su matrimonio con Thea von Harbou. Lo que importa es la pintura, la literatura, el cabaret, el cine; lo que importa es el mundo, sin m&aacute;s puntualizaci&oacute;n que su negativa a permitir que le estropeara los planes, como le estuvo a punto de pasar en Berl&iacute;n durante el levantamiento espartaquista, que coincidi&oacute; con su primera pel&iacute;cula, <em>Halbblut</em>. &ldquo;Me pararon reiteradamente de camino a los estudios, pero se habr&iacute;a necesitado mucho m&aacute;s que una revoluci&oacute;n para impedir que yo dirigiera por primera vez&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese <em>mucho m&aacute;s</em> lleg&oacute; en 1932 y, en gran parte, por la feroz represi&oacute;n que sufrieron los espartaquistas y la inevitable involuci&oacute;n posterior, que acabar&iacute;a con un austr&iacute;aco de una peque&ntilde;a localidad situada al norte de Salzburgo (Braunau am Inn) en la canciller&iacute;a imperial. &ldquo;Cuando los nazis llegaron al poder&rdquo; &ndash;cuenta Lang&ndash;, prohibieron &ldquo;<em>El testamento del doctor Mabuse</em>, donde yo hab&iacute;a puesto consignas nazis en boca de un criminal patol&oacute;gico&rdquo;; pero, para su sorpresa, Goebbels lo llam&oacute; y le inform&oacute; de que el f&uuml;hrer hab&iacute;a visto <em>Metr&oacute;polis</em> y estaba tan encantado con su trabajo que quer&iacute;a que dirigiera la industria cinematogr&aacute;fica del r&eacute;gimen. En respuesta, Fritz Lang dej&oacute; Alemania &ldquo;esa misma noche&rdquo;, y no volvi&oacute; hasta dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, parcialmente obligado por la caza de brujas del famoso Comit&eacute; de Actividades Antiamericanas.  Era, como dijo Truffaut, un &ldquo;artista genial&rdquo; y, al mismo tiempo, &ldquo;el m&aacute;s aislado y el m&aacute;s incomprendido de los cineastas contempor&aacute;neos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/primer-deber-artista_129_13422903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 21:12:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El primer deber de un artista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tesoro de conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tesoro-conciencia_129_13407139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62658b90-644f-4b66-8c2c-344cef4e0c48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x226y136.jpg" width="1200" height="675" alt="Un tesoro de conciencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana se ha estado celebrando el 90 aniversario de un tipo de olimpiada muy particular: la Olimpiada Popular de Barcelona de 1936, convocada en respuesta a la exaltación nazi de las Olimpiadas de Berlín</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - No un abismo, sino un puente</p></div><p class="article-text">
        No todas las olimpiadas son deportivas. Tambi&eacute;n las hay culturales y, dentro de esa categor&iacute;a, aunque lejos de las t&iacute;picas muestras que se organizan desde mediados del siglo XX alrededor de los JJOO, hasta lleg&oacute; a haber olimpiadas culturales de intenci&oacute;n antisist&eacute;mica: por ejemplo, la Olimpiada Internacional de Teatro Proletario de 1933, celebrada en Mosc&uacute;, que tuvo bastante influencia en nuestro pa&iacute;s a trav&eacute;s del grupo Nosotros, fundado por C&eacute;sar Falc&oacute;n (v&eacute;ase &lsquo;La escena madrile&ntilde;a durante la Segunda Rep&uacute;blica&rsquo;, de Manuel Aznar Soler). El simple hecho de que sus representantes, entre los que estaban autores como Ram&oacute;n J. Sender, Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n y Ram&oacute;n Puyol, entraran en contacto con Piscator &ndash;y seg&uacute;n parece, Meyerhold&ndash;, bast&oacute; para introducir elementos de vanguardia en nuestro pa&iacute;s que luego aparecer&iacute;an en las Guerrillas del Teatro, Altavoz del Frente, etc&eacute;tera. Toda una l&iacute;nea de expresi&oacute;n e investigaci&oacute;n que, por motivos obvios, salt&oacute; por los aires con la entrada de las tropas franquistas en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana se ha estado celebrando el 90 aniversario de otro tipo de olimpiada, igualmente excepcional: la que deb&iacute;a empezar en Barcelona el 19 de julio de 1936, en respuesta a la exaltaci&oacute;n nazi de las Olimpiadas de Berl&iacute;n, apoyadas por el COI. M&aacute;s de cinco mil de atletas de 22 pa&iacute;ses y alrededor de tres mil miembros de ateneos y asociaciones culturales (su nombre oficial era Semana Popular del Deporte y el Folclore) a los que se rinde homenaje ahora con una serie de actos, incluida una exposici&oacute;n que seguir&aacute; abierta hasta septiembre: <em>Barcelona 1936. La Olimpiada que no fue</em>. Deportistas contrarios a Hitler y Mussolini, delegaciones de naciones sin estado (Argelia, el Rif) y exiliados italianos y alemanes que, en bastantes casos, por cierto, decidieron quedarse a luchar en Espa&ntilde;a y formaron el germen de las Brigadas Internacionales, como recordaba estos d&iacute;as Dom&egrave;nec Mart&iacute;nez, coordinador de la Comissi&oacute; 90 Aniversari. Y todo ello, bajo obras de valor tan innegable como su himno, <em>El canto ol&iacute;mpico</em>, de Hans Eisler, colaborador habitual de Bertolt Brecht.
    </p><p class="article-text">
        Aquella olimpiada, que se iba a clausurar el 26 de julio, muri&oacute; sin haber empezado. Pau Casals, que estaba ensayando la IX Sinfon&iacute;a de Beethoven el d&iacute;a 18, cuenta que, &ldquo;justo cuando el coro iba a cantar&rdquo;, apareci&oacute; un emisario del Gobierno catal&aacute;n y les inform&oacute; de que el concierto se ten&iacute;a que suspender porque &ldquo;las tropas amotinadas&rdquo; se dispon&iacute;an a &ldquo;atacar la ciudad&rdquo; (<em>Conversations avec Pablo Casals</em>, de Jos&eacute; Mar&iacute;a Corredor). Su reacci&oacute;n es de sobra conocida: en lugar de desalojar el lugar inmediatamente, propuso a los m&uacute;sicos y cantantes que siguieran tocando &ldquo;hasta el final de la sinfon&iacute;a&rdquo; y, tras obtener su entusiasta visto bueno, &ldquo;cantamos el himno inmortal a la fraternidad&rdquo;. No sab&iacute;an cu&aacute;ndo se volver&iacute;an a ver &ndash;si es que se volv&iacute;an a ver&ndash; y, aquella misma noche, Casals se jur&oacute; que dirigir&iacute;a la IX en Barcelona y Madrid cuando &ldquo;la situaci&oacute;n del pa&iacute;s volviera a la normalidad&rdquo;; pero no volvi&oacute;, y acab&oacute; muriendo en el exilio con la pena de &ldquo;no haber tenido ocasi&oacute;n de ver cumplido ese deseo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el manifiesto de la Olimpiada Popular hay unas cuantas cosas que, desde mi punto de vista, se deber&iacute;an tener en cuenta en la actualidad. Quiz&aacute; no tengamos una Italia o una Alemania &ndash;al menos, todav&iacute;a&ndash; que &ldquo;abusen del deporte, explot&aacute;ndolo para sus fines militaristas&rdquo; y redirigiendo &ldquo;el af&aacute;n y el entusiasmo&rdquo; de la juventud hacia el &ldquo;camino de la guerra&rdquo;. Sin embargo, tenemos la misma base &ldquo;chovinista y mercantilizada&rdquo; que se denunciaba entonces, y sus intenciones no pasan precisamente por impulsar el &ldquo;progreso y el fomento de la Cultura&rdquo;. Se nota hasta en los aspectos simb&oacute;licos, en detalles de apariencia irrelevante como el de una selecci&oacute;n que s&oacute;lo desfila por zonas adineradas, tras ponerse en marcha a la sombra de un Arco del Triunfo muy particular: el &uacute;nico del mundo que honra a los asesinos de su propio pueblo. Se nota en la descarada manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica de los &eacute;xitos deportivos, en los discursos reduccionistas asociados a la naci&oacute;n que toque &ndash;con su inevitable invenci&oacute;n de traidores y ap&aacute;tridas&ndash;, en el empe&ntilde;o de enterrar los problemas reales bajo toneladas de banderas.
    </p><p class="article-text">
        Las olimpiadas a las que me he referido hoy pretend&iacute;an exactamente lo contrario. Quer&iacute;an liberar, no esclavizar; abrir mentes, no cerrarlas. En el primer caso, huelga decir que esa pretensi&oacute;n se estrell&oacute; contra el estalinismo, como bien supo Meyerhold, fusilado en 1940 y rehabilitado tras el fallecimiento de Stalin; en el segundo, no tenemos que dar ni un paso para saber por qu&eacute; se destroz&oacute; en su d&iacute;a y se ha acallado durante d&eacute;cadas. Todo ha estado siempre a la vista, delante de nuestros ojos. Y como bien dijo Antonio Machado en el Congreso Internacional de Escritores de 1937, s&oacute;lo falta una cosa: despertar &ldquo;al dormido&rdquo;. Porque, &ldquo;para nosotros, defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tesoro-conciencia_129_13407139.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jul 2026 20:47:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Olimpiadas,Guerra Civil Española,Deporte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No un abismo, sino un puente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/no-abismo-puente_129_13394525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b330bab7-53a2-4f72-a822-0ed176325c53_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147819.jpg" width="1990" height="1119" alt="No un abismo, sino un puente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tenía razón Carlos Fuentes cuando afirmó que ‘las aguas del Mediterráneo fluyen del Bósforo y Andalucía a las Antillas y el Golfo de México’. Buen motivo para celebrar el Día de Iberoamérica y, sobre todo, para plantar cara al supremacismo cultural de EEUU</p></div><p class="article-text">
        Ha pasado mucho tiempo desde el 19 de julio de 1991, cuando los jefes de Estado y de Gobierno de 21 pa&iacute;ses hermanos subscribieron la Declaraci&oacute;n de Guadalajara (M&eacute;xico), de la que se deriv&oacute; la constituci&oacute;n de la Conferencia Iberoamericana y la creaci&oacute;n del D&iacute;a de Iberoam&eacute;rica, que volveremos a celebrar este domingo. Las palabras de aquel texto eran lo que suelen ser en ese tipo de casos: una suma de inconcreciones, buenas intenciones y gestos para la galer&iacute;a, pero sentaron las bases de un proceso que sigue adelante, aunque s&oacute;lo sea por los v&iacute;nculos de nuestras sociedades, que son muy anteriores a &eacute;l y se seguir&aacute;n reforzando al margen del grado de inter&eacute;s de sus dirigentes y de las circunstancias de cada momento. Nos unen demasiadas cosas; tantas, como para que los desencuentros e indiferencias ocasionales no pongan en peligro lo sustancial.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Fuentes, ferviente defensor de la causa de Iberoam&eacute;rica, escribi&oacute; lo siguiente en uno de sus libros (<em>En esto creo</em>): &ldquo;El Atl&aacute;ntico no es para m&iacute; abismo, sino puente. Las aguas del Mediterr&aacute;neo fluyen del B&oacute;sforo y Andaluc&iacute;a a las Antillas y el Golfo de M&eacute;xico&rdquo; y, por supuesto, las del Caribe y el Pac&iacute;fico hacen lo mismo en direcci&oacute;n contraria. No necesitan de ninguna estructura pol&iacute;tica com&uacute;n para seguir fluyendo; de hecho, son ellas las que podr&iacute;an forzar lo dem&aacute;s si se considera oportuno alg&uacute;n d&iacute;a, y lo son porque &ndash;gusten o no, se quieran navegar o no&ndash; lo que llevan de un lado a otro es nuestra cultura, nuestros idiomas, nuestro arte. Nada que ver con la t&iacute;pica demagogia institucional. Nada que merezca las afiladas frases con las que respondemos en nuestros distintos pa&iacute;ses a las tonter&iacute;as de unos cuantos, desde el leve &ldquo;vete a fre&iacute;r esp&aacute;rragos&rdquo; al &ldquo;espacio lejano, vago e indeterminado&rdquo; del &ldquo;vete a la chingada&rdquo;, que tan maravillosamente defini&oacute; Octavio Paz en <em>El laberinto de la soledad</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Somos el Territorio de la Mancha&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a Fuentes en su libro. &ldquo;Los escuderos de Don Quijote&rdquo;, seres &ldquo;manchados, impuros, mestizos, abiertos por fuerza a la comunicaci&oacute;n, las migraciones, la confianza en nuestra aportaci&oacute;n al mundo&rdquo;. Y por mucho que esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n estuviera espec&iacute;ficamente ligada al castellano &ndash;volvi&oacute; a insistir en ello en el CILE de Cartagena de Indias&ndash;, es obvio que sobrepasa el &aacute;mbito de la lengua de Cervantes, de la literatura y de la propia palabra, del mismo modo en que la vieja y bella m&aacute;xima de &ldquo;la patria es el idioma&rdquo; (aferrada al Unamuno de &lsquo;La sangre de mi esp&iacute;ritu&rsquo;) resulta igualmente v&aacute;lido para la m&uacute;sica o la pintura, claro est&aacute;. Hasta me atrevo a afirmar que parte de la crisis general, la asociada a lo que Paz llam&oacute; en 1988 el &ldquo;crep&uacute;sculo de la idea de futuro&rdquo;, ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil de superar si se empezara a afrontar desde lo que somos culturalmente, la tierra que pisamos, la tierra que nos hace; empezando, por ejemplo, por cada rinc&oacute;n del plural espacio del que trata este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a la Declaraci&oacute;n de Guadalajara, seguro que habr&aacute;n notado que los pa&iacute;ses firmantes eran veintiuno, no veintid&oacute;s. Faltaba Andorra, por la simple y pura raz&oacute;n de que a&uacute;n no era independiente. Pues bien, junto a ese detalle anecd&oacute;tico hay uno bastante grave, que se podr&iacute;a resumir a partir del famos&iacute;simo microrrelato de Augusto Monterroso: &ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;. En realidad, los pa&iacute;ses deber&iacute;an ser veintid&oacute;s y pico, por as&iacute; decirlo; pero ni lo son ni lo pueden ser porque el dinosaurio en cuesti&oacute;n, los EE.UU., se hizo y se hace a partir de la exclusi&oacute;n de su alma latina, que va m&aacute;s all&aacute; de los territorios robados a M&eacute;xico en 1848, en virtud del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Y escondido detr&aacute;s, aunque a la vista de todos, se esconde un modelo descaradamente supremacista &ndash;deudor de un concepto muy determinado de lo anglosaj&oacute;n&ndash; que nunca ha abandonado el objetivo de debilitar, subalternizar y disgregar al <em>otro</em>, que aqu&iacute; somos nosotros, desde luego.
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;ngalo presente cuando intenten recordar por qu&eacute; es tan importante que reforcemos lo que nos une. S&iacute;, en efecto, las cumbres iberoamericanas dejan bastante que desear. S&iacute;, es indiscutible que, si nuestra cultura hubiera dependido de semejantes cosas, hoy no hablar&iacute;amos ni portugu&eacute;s ni guaran&iacute; ni castellano ni quechua. Sin embargo, seguimos siendo lo que quer&iacute;a decir Fuentes con su met&aacute;fora atl&aacute;ntica y, mientras lo seamos, hasta tendremos la posibilidad de llegar a ser todo lo que podr&iacute;amos, algo que siempre depende de asumir nuestra herencia en su totalidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/no-abismo-puente_129_13394525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 19:40:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No un abismo, sino un puente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Iberoamérica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre silencios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/silencios_129_13373413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b18c9c3c-2ec2-4e31-9544-6e3acc49f428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x452y430.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre silencios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se puede avanzar mucho en términos de salarios y dignidad profesional si los actores, traductores, escritores, ilustradores y demás seguimos luchando estrictamente en nuestro campo, afrontando a solas la creciente precariedad</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - La tienda de Floridablanca</p></div><p class="article-text">
        Hace tres a&ntilde;os, el departamento de comunicaci&oacute;n de la fundaci&oacute;n AISGE, que gestiona los derechos de actores, bailarines, dobladores y directores de escena, public&oacute; un informe bastante representativo de lo que sucede en todo el &aacute;mbito de la creaci&oacute;n cultural, incluido el m&aacute;s importante en t&eacute;rminos econ&oacute;micos y de influencia internacional, el del libro. Entre otras cosas, afirmaba que s&oacute;lo el 23% de los profesionales gana m&aacute;s de 1.000 euros brutos al mes, que el 44% est&aacute; por debajo de la l&iacute;nea de la pobreza y que, en consecuencia, m&aacute;s del 50% se ve obligado a ejercer empleos no relacionados con su profesi&oacute;n, con lo que eso implica (<em>Estudio sociolaboral</em>, 2023). El objetivo de &ldquo;vivir dignamente de su trabajo se halla m&aacute;s cuestionado que nunca&rdquo; &mdash;se dec&iacute;a en ese momento&mdash; y, por si eso fuera poco, la &ldquo;degradaci&oacute;n de las condiciones laborales&rdquo; y la derivada &ldquo;sobreoferta de productos&rdquo; conduc&iacute;an a una &ldquo;p&eacute;rdida de valor de los mismos&rdquo; que har&iacute;a &ldquo;insostenible&rdquo; gran parte del sector.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, ACE Traductores ha puesto en marcha la encuesta de su nuevo <em>Libro blanco de la traducci&oacute;n editorial en Espa&ntilde;a</em>, que cuando est&eacute; concluido ser&aacute; el tercero de los que haya elaborado. Quien no est&eacute; informado al respecto, puede pensar que, hasta entonces, no hay forma de saber en qu&eacute; situaci&oacute;n se encuentra ese grupo de trabajadores de la cultura, que tambi&eacute;n son aut&oacute;nomos en su mayor&iacute;a; pero, teniendo en cuenta que la precarizaci&oacute;n no ha dejado de aumentar desde la publicaci&oacute;n del texto anterior (del a&ntilde;o 2010), es dif&iacute;cil que sus conclusiones se alejen positivamente de lo que sabemos hoy: &ldquo;tarifas estancadas o a la baja&rdquo;, &ldquo;trivializaci&oacute;n y devaluaci&oacute;n de la producci&oacute;n social&rdquo;, indefensi&oacute;n generalizada, imposibilidad de verificar las ventas de libros (de las que dependen las liquidaciones de derechos) y lo que se defin&iacute;a en suma, quiz&aacute; con excesiva suavidad, como &ldquo;alto grado de incumplimiento de la ley de propiedad intelectual por parte de los editores&rdquo;. Como resultado, m&aacute;s del 70% no se pod&iacute;a dedicar en exclusiva a su oficio cuando se public&oacute; el <em>Informe de valor econ&oacute;mico de la traducci&oacute;n editorial</em> (2017).
    </p><p class="article-text">
        Por si les parece que los ejemplos anteriores son excepciones a la norma, a&ntilde;adir&eacute; algunas de las afirmaciones de la <em>Encuesta de an&aacute;lisis del sector profesional de la ilustraci&oacute;n</em> (2025), que ser&aacute; la base de otro tercer libro blanco, el correspondiente a las circunstancias actuales de los ilustradores e ilustradoras de nuestro pa&iacute;s: &ldquo;ocho de cada diez&rdquo; trabajadores &ldquo;han visto congelados o reducidos sus ingresos desde 2019&rdquo;, un 70% tiene problemas de &ldquo;demora o impago por sus servicios&rdquo; y una &ldquo;amplia mayor&iacute;a ingresa menos de 1.000 euros al mes&rdquo;, lo cual explica que en el a&ntilde;o 2005 ya se diera el caso de que el 17% de los encuestados ni siquiera ganaran lo suficiente &ldquo;para cubrir los gastos de la Seguridad Social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como se ve, es el mismo brete, y pr&aacute;cticamente en la misma gama de cifras; con dos agravantes que quiz&aacute; habr&aacute;n imaginado: la brecha hist&oacute;rica de g&eacute;nero, imposible de cerrar con sueldos cada vez m&aacute;s bajos y la aparici&oacute;n de la IA, que est&aacute; expulsando a miles de profesionales y da&ntilde;ando la calidad de las obras sin m&aacute;s <em>utilidad</em> real que la de aumentar los beneficios de las grandes empresas y de cuatro multinacionales.
    </p><p class="article-text">
        Algunos de los que pertenecemos a dichos sectores &mdash;no cito m&aacute;s por falta de espacio&mdash; somos muy conscientes de que nada de lo planteado aqu&iacute; tiene soluci&oacute;n si no rompemos el silencio, nos movilizamos y desvelamos la imagen de la cultura en Espa&ntilde;a, que desde luego no es la de un pu&ntilde;ado de famosos televisivos; y al tratarse de ocupaciones tan diversas, tampoco se puede avanzar mucho si los actores, traductores, escritores, ilustradores, m&uacute;sicos y dem&aacute;s seguimos luchando estrictamente en nuestro campo, por la sencilla raz&oacute;n de que la propia disgregaci&oacute;n nos resta fuerza y, de paso, impide un m&aacute;s que necesario intercambio de experiencias, algo particularmente grave cuando se trabaja en el mismo sitio, como sucede a menudo en el teatro. Pero, por supuesto, falta un factor esencial, el motivo de que se haya llegado a semejante situaci&oacute;n: el desinter&eacute;s de las administraciones p&uacute;blicas espa&ntilde;olas, que a diferencia de casi todos los pa&iacute;ses de nuestro entorno, ni siquiera han sentado las bases de una verdadera pol&iacute;tica cultural, que pasa por conceder un tratamiento espec&iacute;fico a los creadores y creadoras.
    </p><p class="article-text">
        El grand&iacute;simo Peter Brook declar&oacute; en <em>Between two silences</em> que &eacute;l nunca hab&iacute;a tenido problemas de dinero a la hora de dirigir, y no porque fuera rico &mdash;que no lo era&mdash;, sino porque puenteaba la cuesti&oacute;n por el procedimiento de limitarse a &ldquo;usar los medios disponibles&rdquo;, es decir, lo que hubiera, por poco que fuese; de hecho, es lo normal cuando la creaci&oacute;n es una forma de vida. Lamentablemente, el mundo donde dijo eso no es el mundo en el que estamos: aunque la UNESCO insista en recordar que la cultura es la clave del futuro de la humanidad (<em>Informe mundial sobre pol&iacute;ticas culturales</em>), los hechos dicen que la creaci&oacute;n ya no da ni para pagar medio alquiler en una ciudad media. Estoy seguro de que, al final, se caer&aacute; en la cuenta del tremendo error que se est&aacute; cometiendo. Esperemos que no sea demasiado tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/silencios_129_13373413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 19:52:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre silencios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Industria cultural,Políticas culturales,Salarios,Precariedad laboral,Precariedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tienda de Floridablanca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tienda-floridablanca_129_13355535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2f11b7c-217e-4f62-8a4f-a8bad0504e5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146709.jpg" width="2012" height="1132" alt="La tienda de Floridablanca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Según cuenta Constancia de la Mora en sus siempre recomendables memorias, Indalecio Prieto tenía gustos bastante conservadores. Tanto, que quizá cometió un error al acudir al mítico establecimiento de Inés Muñoz y Zenobia Camprubí en busca de muebles</p></div><p class="article-text">
        Un buen d&iacute;a, Indalecio Prieto encarg&oacute; unos muebles para su domicilio. El pol&iacute;tico socialista no tuvo que buscar mucho, porque la tienda adonde acudi&oacute; estaba pegada a las Cortes: en la antigua Calle de Floridablanca, que el Congreso de los Diputados absorbi&oacute; d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, convirti&eacute;ndola en <em>patio</em>. El establecimiento en cuesti&oacute;n ten&iacute;a pocos a&ntilde;os de vida; su historia hab&iacute;a empezado en 1928, junto al Ateneo de Madrid &ndash;en Santa Catalina&ndash; y, por motivos que se ver&aacute;n pronto, estaba a punto de terminar; pero, a pesar de su juventud, ya era un local m&iacute;tico. Se llamaba Arte Popular Espa&ntilde;ol, y no ten&iacute;a ese nombre por capricho. Sus fundadoras, In&eacute;s Mu&ntilde;oz y Zenobia Camprub&iacute; Aymar se hab&iacute;an asociado con intenci&oacute;n de recuperar la artesan&iacute;a de nuestro pa&iacute;s, desde la cester&iacute;a a los bordados de Lagartera, pasando por el vidrio, la forja, la alfarer&iacute;a, etc&eacute;tera. Sab&iacute;an lo que hac&iacute;an, y lo hac&iacute;an bien. Al fin y al cabo, eran deudoras intelectuales de &ldquo;la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza&rdquo;, como afirma la propia Camprub&iacute; en <em>Diario de juventud</em>.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;modesta industria&rdquo; que hab&iacute;an creado las dos mujeres, con la colaboraci&oacute;n posterior de familiares como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez &ndash;quien lleg&oacute; a ejercer de dise&ntilde;ador y escaparatista&ndash; y amigas como Olga Bauer y Constancia de la Mora, dej&oacute; huella en varios campos. Crearon talleres en Moguer, Calzada de Calatrava y Caleruela; rompieron din&aacute;micas en oficios que sol&iacute;an estar reservados a los hombres; reintrodujeron t&eacute;cnicas que se empezaban a perder e hicieron una labor social que, por supuesto, se estrell&oacute; contra el 18 de julio. Sin embargo, los golpistas segu&iacute;an sin estar preparados para alzarse en armas cuando Prieto se empez&oacute; a preocupar por sus muebles; se limitaban a seguir con su premeditado &ldquo;plan de atentados&rdquo;, echando &ldquo;m&aacute;s le&ntilde;a al fuego&rdquo; (<em>Testimonio de dos guerras</em>, de Manuel Tag&uuml;e&ntilde;a Lacorte) y, aunque la situaci&oacute;n era muy grave, quedaba la esperanza de que las autoridades reaccionaran y les pararan los pies. La sangre no se hab&iacute;a convertido a&uacute;n en la medida de todas las cosas. Hasta cab&iacute;a el humor en lo puramente cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuenta Constancia de la Mora en sus siempre recomendables memorias (<em>Doble esplendor</em>), Indalecio Prieto ten&iacute;a gustos bastante conservadores. Le encantaban &ldquo;los muebles pesados y feos&rdquo; y, como le espantaba la idea de que su casa de Carranza acabara llena de &ldquo;ligeras mesas modernas&rdquo; y sillas sin florituras, consult&oacute; el asunto con &ldquo;todos sus amigos&rdquo; por pura inseguridad y acab&oacute; pidiendo opini&oacute;n a un correligionario de criterio indiscutible, un &ldquo;amigable y simp&aacute;tico profesor de fisiolog&iacute;a&rdquo; que se present&oacute; en la tienda de Floridablanca. Y es ah&iacute; donde una an&eacute;cdota de apariencia inocente se transforma en otra cosa, en demostraci&oacute;n de que la autora madrile&ntilde;a no daba puntada sin hilo: Aquel hombre, que ca&iacute;a &ldquo;extraordinariamente bien&rdquo; a De la Mora y su esposo (Ignacio Hidalgo de Cisneros, nacido un 11 de julio), era nada m&aacute;s y nada menos que el doctor Juan Negr&iacute;n, quien estudi&oacute; el mobiliario con detenimiento y sentenci&oacute;, poniendo fin al problema: &ldquo;es espl&eacute;ndido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Doble esplendor</em> se public&oacute; en diciembre de 1939: es decir, meses despu&eacute;s de que unos personajes convencidos de que pod&iacute;an negociar con Francisco Franco &ndash;y de que la inminencia de una guerra mundial era un cuento de Negr&iacute;n&ndash; traicionaran a la Rep&uacute;blica y acabaran con ella. Constancia de la Mora estaba al tanto de lo todo lo sucedido. Lo hab&iacute;a estado desde el principio, desde los d&iacute;as en que su marido la informaba sobre la &ldquo;ceguera&rdquo; de los Aza&ntilde;a y los Casares Quiroga (lean <em>Cambio de rumbo</em>), convencidos en su caso de que la situaci&oacute;n se encontraba bajo control cuando empez&oacute; el verano de 1936. Hab&iacute;a visto lo que hab&iacute;a ver y, al escribir su libro, opt&oacute; por hacer lo que llama &ldquo;un peque&ntilde;o chiste&rdquo; a cuenta de la an&eacute;cdota de Prieto, que en realidad funciona en dos direcciones: la primera, como cr&iacute;tica pol&iacute;tica, por la evoluci&oacute;n del pol&iacute;tico de Oviedo; la segunda, como &uacute;ltimo abrazo a la normalidad y la luz de una Espa&ntilde;a que iba a morir.
    </p><p class="article-text">
        Si tienen tiempo y ganas, g&iacute;rense hacia el Parlamento la pr&oacute;xima vez que pasen por delante y piensen unos segundos en las mujeres que sostuvieron Arte Popular. Estaba en el antiguo n&uacute;mero 3 de la calle que ver&aacute;n enfrente, cerrada con una verja y, durante ocho a&ntilde;os, fue la ni&ntilde;a de sus ojos. Evidentemente, su manzana desapareci&oacute; con la extensi&oacute;n del complejo; pero nada impide que la imaginaci&oacute;n llene los vac&iacute;os hist&oacute;ricos que tiende a dejar la arquitectura al servicio del poder. Y si la imaginaci&oacute;n les falla, h&aacute;ganse un favor: vayan al ep&iacute;logo de <em>Doble esplendor </em>y lean las tres &uacute;ltimas palabras. Les aseguro que son un buen resumen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tienda-floridablanca_129_13355535.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 20:10:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tienda de Floridablanca]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para cambiar la realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/cambiar-realidad_129_13337330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d7543c4-fcbc-40b6-b1eb-67783651b064_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para cambiar la realidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre la situación social del 28 de junio de 1931 y la del 28 de junio del año 2026 hay tantas diferencias que intentar resumirlas sería una pérdida de tiempo. Pero, como decía Valle-Inclán, ‘la vida crea lo que hace falta’</p></div><p class="article-text">
        Todo est&aacute; perdido hasta que est&aacute; ganado. Desde luego, la frase tambi&eacute;n funciona en sentido contrario; pero, en tiempos como estos &ndash;tirando a depresivos&ndash;, conviene recordar que el futuro no est&aacute; escrito, que la secuencia de acontecimientos depende de muchas variables y que hasta las situaciones pol&iacute;ticamente m&aacute;s seguras pueden tener un fondo como el que llev&oacute; a Valle-Incl&aacute;n a exclamar en una entrevista, pensando en la cuesti&oacute;n religiosa: &ldquo;&iexcl;Si todo era una farsa!&rdquo; (<em>El Sol</em>, 20 de noviembre de 1931). De hecho, la farsa suele estar m&aacute;s presente de lo que se cree. Y en cualquier caso, los procesos s&oacute;lo siguen el rumbo previsto si no pasa nada que los trastoque.
    </p><p class="article-text">
        En la entrevista mencionada, nuestro autor tuvo que responder a esta pregunta de Francisco Lucientes: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo cree usted que anda de hombres la Rep&uacute;blica, don Ram&oacute;n?&rdquo;. Hab&iacute;an pasado muy pocos meses desde las elecciones generales del 28 de junio (las Constituyentes, donde triunf&oacute; de largo la Conjunci&oacute;n Republicano-Socialista) y, como Valle-Incl&aacute;n no se andaba con tonter&iacute;as cuando el asunto le importaba, par&oacute; los pies al entrevistador. &ldquo;La revoluci&oacute;n no tuvo nunca hombres &ndash;afirm&oacute;&ndash;. Es absurdo decir que en Espa&ntilde;a no hay hombres para la revoluci&oacute;n; la revoluci&oacute;n es vida, y por tanto, crea lo que hace falta&rdquo;. Desde su punto de vista, ser&iacute;a la propia evoluci&oacute;n del pa&iacute;s surgido el 14 de abril la que crear&iacute;a las personas que se necesitaban para llevar a cabo los cambios, del mismo modo en que la reacci&oacute;n anterior a la monarqu&iacute;a y su dictadura hab&iacute;an <em>creado</em> a Manuel Aza&ntilde;a, a quien &ldquo;s&oacute;lo conoc&iacute;an los amigos&rdquo; hasta seis meses antes. &ldquo;Lo que no se puede hacer &ndash;a&ntilde;adi&oacute; a continuaci&oacute;n&ndash; es seguir pensando a lo Lerroux&rdquo;, intentando reincorporar &ldquo;muertos putrefactos&rdquo; a la pol&iacute;tica. Lo nuevo ten&iacute;a y tiene que ser distinto.
    </p><p class="article-text">
        Como se vio durante el <em>bienio negro</em> y, particularmente, en la conjura que llev&oacute; al 18 de julio, Valle-Incl&aacute;n estuvo acertado al afirmar tambi&eacute;n que aqu&iacute; no se hab&iacute;an agotado &ldquo;las matrices que suelen producir&rdquo; cierta clase de &ldquo;esperpentos&rdquo;. Ya se tem&iacute;a que se estuviera fraguando otra &ldquo;dictadura militar&rdquo; (<em>Valle-Incl&aacute;n y la II Rep&uacute;blica</em>, de Dru Dougherty, citado por Manuel Aznar Soler en su <em>Gu&iacute;a de lectura de Martes de Carnaval</em>), y concret&oacute; su temor en el verano de 1935, en una de sus columnas para el peri&oacute;dico <em>Ahora</em>: &ldquo;A Espa&ntilde;a, en todos sus intentos de regeneraci&oacute;n, le sale siempre la misma sarna de perros patriotas&rdquo; (<em>Los &uacute;ltimos art&iacute;culos de Valle-Incl&aacute;n</em>, de Emma Susana Speratti Pinero). Sin embargo, y con independencia de lo que pas&oacute;, su afirmaci&oacute;n sobre lo que se necesita para cambiar la realidad sigue siendo v&aacute;lida. Obviamente, no se habr&iacute;a llegado a la Rep&uacute;blica sin el fort&iacute;simo movimiento cultural de finales del siglo XIX y principios del XX, m&aacute;s importante en algunos aspectos que el fort&iacute;simo movimiento obrero; pero ser&iacute;a el propio proceso el que crear&iacute;a lo que hasta entonces hab&iacute;a parecido imposible. Y lo estaba creando cuando los mon&aacute;rquicos tiraron de <em>africanistas</em> para recuperar el poder.
    </p><p class="article-text">
        Entre la situaci&oacute;n social del 28 de junio de 1931 y la del 28 de junio del a&ntilde;o 2026 hay tantas diferencias que intentar resumirlas ser&iacute;a una p&eacute;rdida de tiempo especialmente in&uacute;til. En teor&iacute;a, el pa&iacute;s actual no da para mucho m&aacute;s que una involuci&oacute;n lenta o r&aacute;pida y, al igual que sucede en casi todas partes, estamos m&aacute;s cerca del fondo de un pozo que de la salida de un t&uacute;nel. Abandonar la participaci&oacute;n pol&iacute;tica real y entregarse a la pasividad tiene consecuencias graves. Renunciar al pensamiento cr&iacute;tico y sustituirlo por la fe en el Santo Evangelio medi&aacute;tico &ndash;que suele estar en manos de demagogos&ndash; equivale a regalar la realidad a nuestros depredadores y aceptar la narraci&oacute;n que nos vendan, por falsa que sea. Y lo es; falsa, quiero decir; empezando por su empe&ntilde;o en convencernos de que las cosas no tienen vuelta de hoja, de que no es cierto lo que escribi&oacute; uno de nuestros exiliados m&aacute;s desconocidos, Juan Rejano, en un rinc&oacute;n de su <em>Libro de los homenajes</em>: &ldquo;La sed vive/ en nosotros lo mismo que ayer. Vamos/ hacia lo que en el sue&ntilde;o fulguraba despierto,/ hacia lo que ya canta por las calles del mundo/ encendiendo el espacio, llevando el nuevo polen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Soy de la opini&oacute;n de que a nuestra &eacute;poca le falta calle y le sobran sondeos y previsiones cargadas de sesgos. Incluso se ha empezado a creer en supuestas inteligencias artificiales que, ciertamente, tienen inteligencia detr&aacute;s, aunque no la que se vende por ah&iacute; (si tienen ocasi&oacute;n, lean &lsquo;La m&aacute;quina que gan&oacute; la guerra&rsquo;, de Isaac Asimov). Nadamos entre datos tendenciosos que se pretenden innegables; nos atrapan entre los muros de un futuro cerrado que no llaman <em>Destino</em> porque no queda moderno y, a veces, se nos olvida que hay algo m&aacute;s all&aacute; de la farsa de los grandes medios y sus pol&iacute;ticos. Algo como la vida, por ejemplo, esa cosa a la que apelaba Ram&oacute;n Mar&iacute;a del Valle-Incl&aacute;n en 1931.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/cambiar-realidad_129_13337330.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 20:28:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Para cambiar la realidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Temer el fuego y acercarse al fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/temer-fuego-acercarse-fuego_129_13319221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1590bba6-02ea-4b91-a51c-a9fabc81c482_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Temer el fuego y acercarse al fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura universal está abarrotada de referencias al solsticio que estamos a punto de celebrar, saltando hogueras y quemando lo sobrante, como hace miles de años</p><p class="subtitle">La anterior 'nota al pie' - Una pionera
</p></div><p class="article-text">
        Como todos sabemos, los solsticios son puertas en la cultura grecolatina: la <em>Janua Coeli</em> (Puerta del Cielo) y la que nos toca estos d&iacute;as, la <em>Janua Inferni</em> (Puerta del Infierno). Por mi parte, siempre me ha parecido que lo infernal de la segunda est&aacute; m&aacute;s relacionado con el clima de nuestros pa&iacute;ses que con el inframundo y, a trav&eacute;s de eso, con la permanente e inevitable protesta a cuenta de la temperatura, de la que ya se mofaba Luciano de Sam&oacute;sata en <em>El c&iacute;nico</em>: &ldquo;en invierno, ped&iacute;s verano; en verano, invierno; cuando hace calor, fr&iacute;o y, cuando hace fr&iacute;o, calor; como los que est&aacute;n enfermos, que nunca est&aacute;n contentos&rdquo;. Pero descontadas las quejas, que han cobrado m&aacute;s sentido con el cambio clim&aacute;tico y otras maravillas del modelo econ&oacute;mico (por ejemplo, el urbanismo de asfalto y plazas <em>duras</em>, sin fuentes ni &aacute;rboles), los solsticios siguen siendo un momento de celebraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En otra de sus obras (<em>Sobre la danza</em>), Luciano afirmaba que &ldquo;no es posible encontrar ning&uacute;n rito antiguo de iniciaci&oacute;n&rdquo; que carezca de baile y, desde luego, tambi&eacute;n cuesta encontrar alguno donde el fuego, el agua y la libertad dionisiaca no est&eacute;n presentes. En el solsticio de verano, rito inici&aacute;tico donde los haya, eran sus principales elementos simb&oacute;licos desde mucho antes de que se instaurara la fiesta de Fors Fortuna, y aunque nos limit&aacute;ramos a sus hogueras y a sus altamente desenfadados paseos por el T&iacute;ber &ndash;de los que habla Ovidio en sus <em>Fastos</em>&ndash;, nos quedar&iacute;amos cortos sin a&ntilde;adir que llegaban un par de semanas despu&eacute;s de la Fiesta de Vesta, guardiana de la llama sagrada. Hasta los que compartimos el descreimiento de Luciano en materia de divinidades encontramos curioso este detalle: que el imperio romano occidental se hundiera menos de un siglo despu&eacute;s de que a Teodosio I le diera por apagar la llama en cuesti&oacute;n, como confirmando la leyenda de la cat&aacute;strofe que su extinci&oacute;n producir&iacute;a. O m&aacute;s bien, demostrando que nada se sostiene mucho tiempo cuando a la ausencia de pan se suma la ausencia de circo.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte para la humanidad, ni la &eacute;poca posterior fue tan oscura como dec&iacute;a el poeta Francesco Petrarca ni Grecia y Roma quedaron completamente destruidas bajo los pe&ntilde;ascos del monote&iacute;smo. Los sustratos culturales no desaparecen con facilidad, y si algo en esencia pagana como &ldquo;las tradiciones de las saturnales sobrevivieron en el carnaval de la Edad Media&rdquo; (<em>La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento</em>, de Mija&iacute;l Bajt&iacute;n), c&oacute;mo no iba a sobrevivir lo que estaba y est&aacute; oculto tras la noche m&aacute;s m&aacute;gica y famosa de junio. De hecho, su p&eacute;rdida actual de contenido no se debe a los cirios y blandones de los oficios lit&uacute;rgicos, que ya no son lo que fueron, sino a la destrucci&oacute;n de los v&iacute;nculos comunitarios &ndash;capitalismo mediante, c&oacute;mo no&ndash; y, por supuesto, a la simple y pura evoluci&oacute;n de la moda y las costumbres. Pero, a pesar de ello, estoy seguro de que muchos y muchas de ustedes saltar&aacute;n esta semana por encima de unas llamas y pedir&aacute;n deseos o quemar&aacute;n lo viejo para que nazca lo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, la literatura universal est&aacute; abarrotada de referencias directas e indirectas al solsticio que estamos a punto de celebrar. Quien no se haya sumergido nunca en los enredos del Lope de Vega de <em>La noche de San Juan </em>y el Shakespeare de <em>El sue&ntilde;o de una noche de verano</em>, merece que Hades le haga un Pers&eacute;fone y no intervenga Zeus. Quien no se haya adentrado en el juego mitol&oacute;gico de Calder&oacute;n en <em>El mayor encanto, amor </em>o, salvando las distancias, en esa conflictiva joya de <em>La se&ntilde;orita Julia </em>(August Strindberg), no sabe lo que se pierde. Y, sin embargo, lo primero que me ha venido a la cabeza al pensar en las contradicciones de tan simb&oacute;lico festejo no pertenece a ninguna de esas obras, sino a las <em>Novelas amorosas y ejemplares</em> y ejemplares de Mar&iacute;a de Zayas, donde se lee lo siguiente: &ldquo;Amar el d&iacute;a, aborrecer el d&iacute;a,/ llamar la noche y despreciarla luego,/ temer el fuego y acercarse al fuego,/ tener a un tiempo pena y alegr&iacute;a; estar juntos valor y cobard&iacute;a,/ el desprecio cruel y el blando ruego,/ temor valiente, entendimiento ciego,/ atada la raz&oacute;n, libre osad&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Si quieren saber c&oacute;mo termina el soneto, b&uacute;squenlo. Es uno de los mejores poemas sobre el amor que se han escrito, y les adelanto que no tiene m&aacute;s <em>sanjuanes </em>que los que cupieran metaf&oacute;ricamente en la autora del Siglo de Oro tras hablar con un tal Fabio a trav&eacute;s de &ldquo;una reja&rdquo;; lo que tiene es pasi&oacute;n, subversi&oacute;n y frescura, es decir, un esp&iacute;ritu muy similar al que buscamos en las hogueras cuando lo prosaico nos vence, como ocurre con frecuencia. Que se encuentre o no, depende de muchas cosas. Pero si miles a&ntilde;os de Historia lo recomiendan, qui&eacute;nes somos nosotros para llevarles la contraria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/temer-fuego-acercarse-fuego_129_13319221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 19:50:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Temer el fuego y acercarse al fuego]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una pionera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/pionera_129_13298687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cf6def3-5173-4d90-9e60-aa9f594269bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una pionera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dice Gabino Diego que Cristina Rota era y es ‘una luchadora’, y añade que España está en deuda con ella, opinión que comparto. A fin de cuentas, es de la estirpe de las grandes maestras, desde Uta Hagen hasta Stella Adler
</p></div><p class="article-text">
        Uta Hagen era muy joven cuando descubri&oacute; que no le gustaba su trabajo. Seg&uacute;n cuenta en <em>Respeto por la interpretaci&oacute;n</em>, hab&iacute;a cometido el error de adoptar &ldquo;los m&eacute;todos y actitudes&rdquo; de los malos profesionales y se hab&iacute;a llenado de &ldquo;trucos&rdquo; como los que hab&iacute;a usado en 1938 en <em>La gaviota</em> de Ch&eacute;jov, donde interpretaba el papel de Nina. Sab&iacute;a que, si sal&iacute;a por &uacute;ltima vez del escenario sin prestar atenci&oacute;n al efecto que su actitud tuviera en el p&uacute;blico, el patio de butacas reaccionaba con l&aacute;grimas y silencio absoluto; sab&iacute;a que, si echaba &ldquo;bravamente la cabeza hacia atr&aacute;s&rdquo; en el preciso instante en que llegaba a la puerta, se ganaba un aplauso. Y puesta a elegir entre l&aacute;grimas y aplausos, eleg&iacute;a los segundos. Pero el dominio del efectismo y la rutina de lo que de repente parec&iacute;a algo mec&aacute;nico provocaron en ella una &ldquo;aversi&oacute;n por la actuaci&oacute;n&rdquo; que le dur&oacute; hasta que tuvo que trabajar a las &oacute;rdenes de Harold Clurman (cofundador del Group Theater con Lee Strasberg y Cheryl Crawford), que por supuesto le quit&oacute; todos los trucos.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Parm&eacute;nides que &ldquo;nada surge de la nada&rdquo;. Gracias a Clurman, Hagen se volvi&oacute; a enamorar de su profesi&oacute;n y, adem&aacute;s de convertirse en una magn&iacute;fica actriz, se puso en el camino que la llev&oacute; hasta un antiguo alumno de Max Reinhart que hab&iacute;a sido profesor en el Dramatic Workshop de Erwin Piscator: el m&iacute;tico Herbert Berghof, con quien aprendi&oacute; a compartir lo que hab&iacute;a aprendido y&nbsp;a compartirlo sin psicologismos de ninguna clase, porque Hagen no estaba en la l&iacute;nea de los que &ldquo;dicen ense&ntilde;ar interpretaci&oacute;n y se adentran en aspectos de la vida de los actores que no tienen cabida ni en un aula ni en un escenario&rdquo;. Ella era ella, con sus propias ideas, y le daba igual si coincid&iacute;an o no con las de Strasberg, Sandford Meisner o Stella Adler, vieja conocida de esta columna (v&eacute;ase &lsquo;Dos problemas y una mujer&rsquo;). Era una <em>pionera</em>, exactamente la misma definici&oacute;n que me dio hace unos d&iacute;as un gran actor espa&ntilde;ol, Gabino Diego, al preguntarle sobre la maestra con quien estudi&oacute;: Cristina Rota, que acaba de publicar sus memorias (<em>Una historia de teatro y resistencia</em>).
    </p><p class="article-text">
        Siempre hay alguien que deja huella, aunque no siempre se les aprecia cuando se debe, es decir, en vida. Afortunadamente, Rota no necesita de presentaciones, como tampoco las necesitan &ndash;sin salir de nuestro pa&iacute;s, con independencia de que algunos que ya no est&eacute;n con nosotros&ndash; William Layton, Zulema Katz, Jaroslaw Bielski y Socorro Anad&oacute;n, &Aacute;ngel Guti&eacute;rrez, Jorge Eines, Juan Pastor, Alicia Hermida, F&eacute;lix Belencoso y Matilde Fluix&aacute;, por ejemplo. Cualquiera que sepa algo de teatro, deber&iacute;a saber qui&eacute;nes fueron o qui&eacute;nes son. Cualquiera que sepa algo de este terrible y precioso juego &ldquo;lleno de ruido y de furia, que no significa nada&rdquo; (William Shakespeare, claro est&aacute;) sabe que, si Rota no ha querido dar demasiadas explicaciones sobre su trabajo en sus memorias, no es ciertamente porque no tenga nada que decir al respecto, sino porque, en &uacute;ltima instancia, un autor o una profesora de actores es, sobre todo, el sitio de donde viene, la tierra que est&aacute; bajo sus pies, llena de &ldquo;desaparecidos, que quedan aqu&iacute;, inmutables, perennes, j&oacute;venes y hermosos en nuestro recuerdo&rdquo;, como su querido Diego Botto, asesinado por los Videla y compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dice Gabino Diego que Cristina Rota era y es &ldquo;una luchadora&rdquo;, y a&ntilde;ade que Espa&ntilde;a est&aacute; en deuda con ella. No puedo estar m&aacute;s de acuerdo con nuestro actor. Y tirando un poco de lo que comentaba&nbsp;antes sobre el car&aacute;cter de Uta Hagen, debo citar una an&eacute;cdota de la directora Aitana Gal&aacute;n &ndash;quien tambi&eacute;n fue alumna de la maestra argentina&ndash; que, en mi opini&oacute;n, resume bien un factor esencial de la ense&ntilde;anza: en determinado momento, casi imaginable al escuchar sus palabras, Rota declar&oacute; que &ldquo;un profesor de interpretaci&oacute;n es como un amante&rdquo;, en el sentido de que &ldquo;lo que le sirve a uno, no le sirve a otro&rdquo;. En t&eacute;rminos absolutos, hay propuestas mejores y peores; en t&eacute;rminos relativos, la sensibilidad de cada persona es extraordinariamente relevante, y no hay did&aacute;ctica que funcione si no se tiene eso en consideraci&oacute;n. Parafraseando al Rafael Alberti de &ldquo;Nocturno&rdquo;, las palabras sirven para lo que sirven, e incluso no estando de por medio la destrucci&oacute;n de una naci&oacute;n entera a manos de un grupo de delincuentes, la realidad tiende a superarlas.
    </p><p class="article-text">
        Quien busque en <em>Una historia de teatro y resistencia</em> lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer desde un punto de vista art&iacute;stico, buscar&aacute; en vano. Los hijos de la autora lo dejan claro al puntualizar en el pr&oacute;logo que es un libro de &ldquo;sue&ntilde;os, infancias, pobreza, riqueza, lucha, humor&rdquo; y &ldquo;amor&rdquo;. Pero, sin &aacute;nimo de discutirles la afirmaci&oacute;n, sin duda atinada, las respuestas aparecen a lo grande cada vez que menciona a Federico Garc&iacute;a Lorca y Ant&oacute;n Ch&eacute;jov, de quien cito unas l&iacute;neas que quiz&aacute; sean &uacute;tiles para todos (carta a Olga Knipper, 4 de octubre de 1899): &ldquo;El arte, especialmente el teatro, es un reino al que no se puede acceder sin sufrir alg&uacute;n tropiezo. A&uacute;n te esperan muchos d&iacute;as de fracasos, temporadas enteras de fracasos. Las cosas saldr&aacute;n terriblemente mal, sufrir&aacute;s enormes decepciones; pero tienes que estar preparada para ello; tienes que contar con ello, mantenerte firme y seguir tu propio camino&rdquo;. Sospecho que Rota dir&iacute;a lo mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/pionera_129_13298687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una pionera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soga tras el caldero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/soga-caldero_129_13280973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d0b4965-2297-41e9-bbb0-15c1d4602ca3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x455y400.jpg" width="1200" height="675" alt="La soga tras el caldero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es una pena que el tema de estos días no sea la búsqueda de ninguna Dulcinea, sino la visita del Papa. Más que nada, porque quien busca utopías, encuentra soluciones: por ejemplo, la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de la II República</p><p class="subtitle">La anterior 'nota al pie' - Un cuento de Stromboli</p></div><p class="article-text">
        Hay frases que, de puro acertadas, se convierten en refranes; o por lo menos, en alguno de sus muchos familiares y reflejos, que los amantes de la palabra buscaban antes &mdash;y algunos seguimos buscando&mdash; en tesoros como el <em>Diccionario de sin&oacute;nimos</em> de Mar&iacute;a Moliner, el de Garc&iacute;a-Molins y el de Roque Barcia. A veces, ni siquiera ten&iacute;an la intenci&oacute;n que se les achaca; a veces la adquieren con el paso del tiempo, y tampoco es raro que pierdan sutilezas por el camino. Seguro que esta les suena: &ldquo;Con la Iglesia hemos dado, Sancho&rdquo;, donde el <em>dado</em> acab&oacute; en <em>topado. </em>Naci&oacute; en el cap&iacute;tulo IX de la segunda parte del <em>Quijote</em> y, a base de utilizarse en el sentido que todos conocemos, se tiende a olvidar que es un asunto de chasco y sorna, nada m&aacute;s. A fin de cuentas, el caballero de la triste figura (definici&oacute;n procedente del libro III del <em>Clari&aacute;n de Landanis</em>, de Jer&oacute;nimo L&oacute;pez) no andaba esa madrugada con ganas de filosofar sobre el clero, precisamente; s&oacute;lo intentaba localizar el palacio de Dulcinea, creyendo que pod&iacute;a estar &ldquo;despierta&rdquo; a esas horas.
    </p><p class="article-text">
        Si Cervantes hubiera querido decir algo diferente, lo habr&iacute;a dicho. Su obra es abiertamente cr&iacute;tica y, desde luego, sab&iacute;a todo lo que hab&iacute;a que saber de los poderes de la &eacute;poca, Iglesia incluida. A diferencia de nosotros, &eacute;l no ten&iacute;a que leer &mdash;por ejemplo&mdash; <em>La econom&iacute;a en la Espa&ntilde;a moderna</em> (Alfredo Alvar Ezquerra), <em>Las clases sociales en la Espa&ntilde;a del Antiguo R&eacute;gimen</em> (Antonio Dom&iacute;nguez Ortiz) o <em>Iglesia y Estado en la Espa&ntilde;a del siglo XVII</em> (Quint&iacute;n Aldea) para entender lo que pasaba. Lo sab&iacute;a y lo sufr&iacute;a y, en consecuencia, no le habr&iacute;a importado que su frase adquiriera el matiz actual. Pero, desde mi punto de vista, lo que Cervantes hizo fue m&aacute;s subversivo: por el sencillo procedimiento de enfrentar el &ldquo;bulto grande y sombra&rdquo; del edificio eclesi&aacute;stico al bello &ldquo;alc&aacute;zar&rdquo; de su mujer deseada (&ldquo;de o&iacute;das&rdquo;, por cierto), consigue que simpaticemos con cualquier cosa menos con la Iglesia en cuesti&oacute;n. Y como no le parece suficiente, enzarza a Quijote y Sancho en una discusi&oacute;n inmobiliaria, donde habr&iacute;a hasta inmatriculaciones si no fuera porque el tema sigue siendo ella.
    </p><p class="article-text">
        Es una pena que el tema de estos d&iacute;as no sea una utop&iacute;a como Dulcinea. De serlo, no habr&iacute;a que recordar que este mes se ha cumplido otro aniversario de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de la II Rep&uacute;blica (1933), tan avanzada que, en comparaci&oacute;n, lo que tenemos ahora es un chiste de mal gusto. Tanto es as&iacute; que, en su comunicado del pasado 2 junio &mdash;al hilo de la visita del Papa&mdash;, el catolic&iacute;simo Moceop (Movimiento por el celibato opcional) denunciaba los &ldquo;m&aacute;s de 100.000 bienes inmatriculados&rdquo; de la Iglesia en Espa&ntilde;a y exig&iacute;a que se rompan los acuerdos con el Estado, que proporcionan &ldquo;muy importantes beneficios econ&oacute;micos y no pocos privilegios&rdquo; a los representantes de lo que, de facto, es un pa&iacute;s extranjero, el Vaticano. Vamos, que la protesta no viene &uacute;nicamente de las m&aacute;s de sesenta organizaciones laicas que han convocado manifestaciones y concentraciones en sitios como Barcelona y Madrid mientras la plana mayor de los dirigentes del Reino corre a hacerse la foto con Le&oacute;n XIV y bloquea los espacios p&uacute;blicos (transportes incluidos) para que los feligreses campen a sus anchas.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si recuerdan lo que pas&oacute; en la capital hace tres lustros, en agosto del a&ntilde;o 2011. Entonces, nos visitaba un Papa m&aacute;s reaccionario &mdash;en principio, porque la Iglesia maneja bien los juegos de m&aacute;scaras&mdash; y, para sorpresa de bastantes, la Delegaci&oacute;n del &uacute;ltimo Gobierno de Zapatero prohibi&oacute; el recorrido original de la manifestaci&oacute;n de los laicos con el argumento de que el turismo religioso era esencial para el pa&iacute;s, a diferencia de las movilizaciones populares. Eran los d&iacute;as del 15M y, por supuesto, el desprecio no se recibi&oacute; como ahora, de brazos cruzados: decenas de miles de personas salieron a la calle y se atrevieron a expresar lo que pensaban de Benedicto XVI y su Jornada Mundial de la Juventud, lo cual les vali&oacute; unas cuantas <em>caricias</em> de las fuerzas de orden p&uacute;blico. Pero se expresaron. No perdieron la jornada, que es lo que se hace cuando la gente&nbsp;calla por miedo, decepci&oacute;n o comodidad y acaba tirando &ldquo;la soga tras el caldero&rdquo; al fondo del pozo. Comprendieron, aunque fuera brevemente, que la hegemon&iacute;a cultural se gana a trav&eacute;s de la lucha, no de la palabrer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El cap&iacute;tulo mencionado del <em>Quijote</em> tiene un subt&iacute;tulo t&iacute;pico del genio de Alcal&aacute; de Henares: &ldquo;Donde se cuenta lo que en &eacute;l se ver&aacute;&rdquo;, una forma ciertamente ir&oacute;nica y elegante de decir que, si quieres saber lo que pasa, lo leas y te dejes de gaitas. Y si eso es v&aacute;lido para ese fant&aacute;stico hito de la literatura universal que llaman &ldquo;novela&rdquo; (de alg&uacute;n modo hay que llamarlo), tambi&eacute;n lo es para la vida, para lo que conviene hacer con ella. Hasta buscar palacios imaginarios por El Toboso es menos irracional que esperar a que las cosas cambien sin mover un dedo, empezando por los excesos de cualquier religi&oacute;n. Adem&aacute;s, s&oacute;lo hay una forma segura de no encontrar a Dulcinea: renunciar a encontrarla, claro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/soga-caldero_129_13280973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 19:52:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La soga tras el caldero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel de Cervantes,Don Quijote de la Mancha,Iglesia católica,Papa León XIV,Vaticano,Laicismo,Segunda República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuento de Stromboli]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cuento-stromboli_129_13262988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e87643e-ed83-4514-b18f-1155a431eb12_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144186.jpg" width="725" height="408" alt="Un cuento de Stromboli"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Roberto Rossellini le habría encantado la última historia de las islas de Eolo, con Mike Jagger y Dakota Johnson de por medio. No es tan romántica como la suya, pero hasta lo anecdótico esconde volcanes.</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie' - El áspero camino de la justicia
</p></div><p class="article-text">
        Han pasado unos cuantos siglos desde que Eolo ech&oacute; de su isla flotante a Odiseo. Ten&iacute;a sus motivos, sin duda. Para empezar, y como bien sabemos, que despu&eacute;s de agasajarlo durante un mes, regalarle un odre con todos los vientos malos, cerrarlo con un &ldquo;hilo de plata&rdquo; para que no escapara &ldquo;ni el menor soplo&rdquo; (Homero, Canto X de la <em>Odisea</em>) y poner el C&eacute;firo a su disposici&oacute;n para que lo llevara directo a Itaca, se qued&oacute; dormido y permiti&oacute; que sus hombres abrieran el odre, crey&eacute;ndolo lleno &ldquo;de oro y plata&rdquo;. Desde que a Pandora le dio por abrir una tinaja que no deb&iacute;a &mdash;lo de <em>caja</em> es una mala traducci&oacute;n de Erasmo de R&oacute;terdam&mdash;, los humanos no hemos dejado de abrir cosas y, a veces, con una sorprendente ignorancia pol&iacute;tica, como el bueno de Odiseo. Ni siquiera se hab&iacute;a acordado de que Eolo no era un dios y que, en consecuencia, no pod&iacute;a tener bajo su techo a un individuo que se hab&iacute;a ganado la animadversi&oacute;n de sus inmortales jefes con su tremenda irresponsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, la figura del guardi&aacute;n de los vientos, que la literatura elev&oacute; m&aacute;s tarde a la categor&iacute;a de divinidad, no gener&oacute; tantos debates hist&oacute;ricos como la simple y pura localizaci&oacute;n de su domicilio. Hay quien dice que estaba en la siciliana isla de Pantelaria, y hay quien dice que se encontraba en las sicilianas Islas Eolias, que estos d&iacute;as han vuelto a la prensa por un suceso tirando a extravagante. Por lo visto, Mick Jagger, Dakota Johnson, Isabella Rossellini y otros artistas se hab&iacute;an reunido en la biblioteca de Stromboli para celebrar el final del rodaje de una pel&iacute;cula cuando los carabinieri se presentaron y les pidieron que quitaran la m&uacute;sica en aplicaci&oacute;n de una norma de la vecina isla de L&iacute;pari. Pero, a partir de ah&iacute;, lo que contaba la mayor&iacute;a de los medios era tan absurdo que me sent&iacute; en la necesidad de investigarlo: algunos afirmaban que no se pod&iacute;a escuchar m&uacute;sica los mi&eacute;rcoles, quiz&aacute; en posaplicaci&oacute;n del &ldquo;ni te cases ni te embarques&rdquo; de los martes; otros, que el alcalde de L&iacute;pari es un sujeto de ideas peregrinas y, por supuesto, tambi&eacute;n estaban quienes lo llevaron por unos pijos con pasta montando foll&oacute;n, situaci&oacute;n desgraciadamente habitual que, en este caso, no obstante, result&oacute; ser falsa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad suele ser menos entretenida que la ficci&oacute;n y, en general, algo m&aacute;s sobria. Cualquiera que hubiera investigado la prensa italiana, en lugar de correr a copiar lo que dec&iacute;a la anglosajona, habr&iacute;a descubierto que lo que hab&iacute;a detr&aacute;s era vagamente m&aacute;s complejo: desde ciertas normativas contra ciertos aspectos del turismo &mdash;correctas o no, es otra cuesti&oacute;n&mdash; hasta nada m&aacute;s y nada menos que una petici&oacute;n de autonom&iacute;a administrativa de la isla de Stromboli, que no quiere estar ligada a L&iacute;pari (<em>Il Fatto Quotidiano</em>, 23 de mayo). De hecho, el 41% de los electores de la primera presentaron hace poco una petici&oacute;n a las autoridades de la regi&oacute;n siciliana para no tener que depender de la segunda y, de repente, los famosos de marras se hab&iacute;an convertido en arma arrojadiza de una pelea que no ten&iacute;a nada ver con la potencia de un altavoz. Como es l&oacute;gico, la bronca pol&iacute;tica subyacente era menos interesante que una frase en la que aparece el apellido <em>Jagger</em> y, entre eso y que Espa&ntilde;a e Italia tienen una relaci&oacute;n incre&iacute;blemente escasa a pesar de su largu&iacute;sima Historia en com&uacute;n, el asunto deriv&oacute; en tonter&iacute;as como lo del mi&eacute;rcoles, que por supuesto no era un mi&eacute;rcoles, sino todos los d&iacute;as de entre semana, es decir, laborables.
    </p><p class="article-text">
        Solventado el enigma, lo que me vino a la cabeza fue lo que me habr&iacute;a venido al principio en circunstancias normales: Isabella Rossellini, porque su madre y su padre (nacido en mayo de 1906) se enamoraron precisamente en Stromboli durante el rodaje de la pel&iacute;cula del mismo nombre, como ella misma ha recordado. En cuanto el grand&iacute;simo Roberto se baj&oacute; del avi&oacute;n, los medios ya estaban diciendo que ten&iacute;a &ldquo;una relaci&oacute;n secreta&rdquo; con Ingrid Bergman, a pesar de que &ldquo;ni siquiera nos hab&iacute;amos visto todav&iacute;a&rdquo; (<em>Il mio metodo. Scritti e interviste</em>, no publicado en castellano); y entre acusaciones volc&aacute;nicas, Hollywood se dedic&oacute; a boicotearla a ella, a boicotearlo a &eacute;l y a boicotear la obra, a la que cort&oacute; veinte minutos con argumentos como el de que Bergman no era &ldquo;sensual&rdquo;. Por dura que fuera &mdash;y lo es&mdash; la realidad que se encuentra la protagonista cuando llega a la isla, el nivel de &ldquo;educaci&oacute;n y de inteligencia de los directivos&rdquo; de la <em>Meca</em> del cine, convencidos de que &ldquo;la edad mental del p&uacute;blico es la de un ni&ntilde;o de doce a&ntilde;os&rdquo;, era &ldquo;m&aacute;s brutal e incivilizado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, ese convencimiento no est&aacute; lejos de la raz&oacute;n por la que los medios nos venden humo todos los d&iacute;as, sin profundizar ni en an&eacute;cdotas tan irrelevantes como la de Jagger y el resto del elenco. Ahora bien, los <em>consumidores</em> de im&aacute;genes y supuesta informaci&oacute;n no somos inocentes. No lo somos en absoluto, aunque estemos atrapados en lo que dec&iacute;a Roberto Rossellini sobre <em>Alemania, a&ntilde;o cero</em>, en un mundo &ldquo;que ha llegado a los l&iacute;mites de la desesperaci&oacute;n porque ha perdido la fe&rdquo;. Desde luego, el&nbsp;director romano lo dec&iacute;a en t&eacute;rminos religiosos, como bien anuncia el cap&iacute;tulo donde habla de ello (&lsquo;El mensaje de <em>Las florecillas de San Francisco</em>&rsquo;), pero es cierto que no saldremos del atolladero si no volvemos a creer que debemos ser pol&iacute;tica y culturalmente de otro modo. Hasta entonces, crucen los dedos y pidan a los vientos que se limiten a devolvernos al hogar de su guardi&aacute;n y nos ahorren las desgracias posteriores; a ser posible, sin que Circe, siempre chistosa, nos convierta en cerdos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cuento-stromboli_129_13262988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 20:21:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un cuento de Stromboli]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Italia,Sicilia,Cine,Historia,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El áspero camino de la justicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/aspero-camino-justicia_129_13243928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9bdb2268-ec70-4d76-ad89-1020130a7354_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El áspero camino de la justicia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para tener fama de arrogante, Max Aub renunciaba con frecuencia a cierto tipo de protagonismos. Sobre todo, si la obra en la que estaba trabajando era tan importante como Sierra de Teruel</p></div><p class="article-text">
        En 1958, cuando Max Aub volvi&oacute; a ver <em>Sierra de Teruel</em>, le pareci&oacute; &ldquo;distinta de la que hicimos&rdquo;, m&aacute;s &ldquo;hier&aacute;tica, quieta&rdquo;. La experiencia lo llev&oacute; a buscar una explicaci&oacute;n en el hecho de que &ldquo;el tiempo y la historia nutren con su savia las obras de arte&rdquo; y las var&iacute;an, lo cual lo llev&oacute; a su vez a pensar que &ldquo;los hombres solos no sabemos nunca, exactamente, lo que hacemos&rdquo;. Ten&iacute;a raz&oacute;n, por supuesto; y la tuvo incluso sin tenerla, porque a pesar de recordar la filmaci&oacute;n &ldquo;plano por plano&rdquo;, no repar&oacute; en los cortes que se le hab&iacute;an hecho desde 1939. Solo se dio cuenta de que, en los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito, faltaban los nombres del &ldquo;excelente escen&oacute;grafo&rdquo; (Vicente Petit), del &ldquo;viejo actor que encarn&oacute; al aviador alem&aacute;n&rdquo; (Pedro Codina, a quien Aub dobl&oacute; la voz) y de una antigua &ldquo;gloria del Paralelo, es decir, del vodevil&rdquo; (Jos&eacute; Sempere). Su memoria le hab&iacute;a fallado un poco en cuestiones art&iacute;sticas, pero no le hab&iacute;a fallado en lo tocante a las personas y la causa.
    </p><p class="article-text">
        Quien quiera saber m&aacute;s sobre las vicisitudes de la pel&iacute;cula de Andr&eacute; Malraux, de la que se ha presentado una copia en el Festival de Cannes, encontrar&aacute; un buen resumen en un ensayo de un profesional esencial en el campo de la restauraci&oacute;n cinematogr&aacute;fica, Ferr&aacute;n Alberich Rodr&iacute;guez, quien la restaur&oacute; hace tiempo para la Filmoteca Espa&ntilde;ola: &ldquo;Sierra de Teruel: una coproducci&oacute;n circunstancial&rdquo; (<em>Cuadernos de la Academia,</em> n&ordm; 5). Ahora bien, volviendo a las palabras de Max Aub, procedentes de su pr&oacute;logo al guion de <em>Sierra de Teruel</em> que public&oacute; Ediciones Era en 1968, habr&iacute;a sido dif&iacute;cil que olvidara a la gente que hizo posible el rodaje; al fin y al cabo, no se limit&oacute; a ser ayudante de direcci&oacute;n, dialoguista y traductor al castellano: cuando no estaba probando actores, eligiendo localizaciones o fotografiando campesinos &ldquo;como posibles figurantes&rdquo;, estaba yendo y viniendo con materiales y hasta jug&aacute;ndose el cuello, como en la conocida an&eacute;cdota de los Messerschmitts que estuvieron a punto de derribar su Fokker y acabaron despreciando una &ldquo;presa tan poco apetecible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, una de las pocas labores que no asumi&oacute; Aub aquella vez fue la de escribir el guion, con independencia de que su mano est&eacute; en los di&aacute;logos, como ya se ha dicho. &Eacute;l mismo se qued&oacute; sorprendido al verse como guionista en aquella copia cortada y manipulada de la pel&iacute;cula y, tras puntualizar que eso hab&iacute;a estado a cargo del propio Andr&eacute; Malraux y de &ldquo;Boris Paskine, Denis Marion y Louis Page&rdquo;, ironiz&oacute; con que lo suyo era &ldquo;desga&ntilde;itarse&rdquo;, &ldquo;dormir poco y, para descansar, discutir con Hemingway&rdquo; en el Majestic tras preparar &ldquo;el trabajo del d&iacute;a siguiente&rdquo;. Desde luego, nadie le habr&iacute;a podido acusar de no aplicarse una de las muchas y muy relevantes cosas que dijo el 20 de julio de 1938 a los miembros del equipo, para explicarles el proyecto y sus intenciones (el discurso entero aparece en <em>Hablo como hombre</em>, publicado en M&eacute;xico en 1967): &ldquo;No olvidemos que trabajamos para el pueblo, no para satisfacer nuestras peque&ntilde;as pasiones&rdquo; personales.
    </p><p class="article-text">
        Salvando las distancias, su negativa a aceptar autor&iacute;as no buscadas estuvo cerca de lo que coment&oacute; el doble de una de las escenas despu&eacute;s de salirse de una carretera y caer por un barranco &ndash;acompa&ntilde;ado de un perro&ndash; en un coche sin motor: &ldquo;Soy acr&oacute;bata, no ch&oacute;fer&rdquo;, aunque Max Aub fuera lo uno, lo otro y bastante m&aacute;s. Para tener fama de arrogante, renunciaba con frecuencia a cierto tipo de protagonismos, como hizo con su &ldquo;h&eacute;roe&rdquo; por excelencia (no dejen de leer <em>Luis Bu&ntilde;uel, novela</em>) en <em>Los olvidados</em>, donde ni Juan Larrea ni &eacute;l aparecen como coautores del guion de Luis Alcoriza y el genial cineasta de Calanda. Adem&aacute;s, <em>Sierra de Teruel</em> no se estaba haciendo por el capricho de un pu&ntilde;ado de creadores, sino por la necesidad de mostrar al mundo lo que estaba pasando en Espa&ntilde;a y, con suerte, contribuir a que Estados Unidos permitiera &ldquo;el env&iacute;o de material de guerra&rdquo; a la Rep&uacute;blica a trav&eacute;s de la &ldquo;enmienda Nye&rdquo;, que se iba a presentar en enero de 1939.
    </p><p class="article-text">
        En la alocuci&oacute;n que dirigi&oacute; a los actores, trabajadores y t&eacute;cnicos antes de empezar a trabajar, Aub cit&oacute; a Durruti para dejar claro que pod&iacute;an renunciar a cualquier cosa &ldquo;menos a la victoria&rdquo;, porque estaban buscando &ldquo;el puerto de la libertad por el camino siempre &aacute;spero de la justicia&rdquo; y la ocasi&oacute;n lo exig&iacute;a. Que el rodaje no cumpli&oacute; sus objetivos, es evidente; la pel&iacute;cula se termin&oacute; demasiado tarde, cuando &ldquo;hac&iacute;a meses que el fascismo hab&iacute;a ganado la guerra&rdquo; y, para empeorar la situaci&oacute;n, no se pudo proyectar entonces &ldquo;por la ceguera de los m&aacute;s y la prudencia o c&aacute;lculos equivocados de otros&rdquo;, lo cual la mantuvo escondida &ldquo;durante la noche m&aacute;s tr&aacute;gica de Europa&rdquo;. Sin embargo, los supervivientes siguieron buscando ese puerto hasta el final de sus vidas, &ldquo;de la misma manera en que los campesinos de la parte final&rdquo; de la obra &ldquo;levantan silenciosos el pu&ntilde;o a los cielos inclementes&rdquo;. Y <em>Sierra de Teruel</em> sigue &ldquo;aqu&iacute;&rdquo;, como tambi&eacute;n enfatiz&oacute; nuestro gran autor al recordar aquellos d&iacute;as, intentando creer que &ldquo;tal vez, las lecciones no se pierden nunca del todo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/aspero-camino-justicia_129_13243928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 21:12:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El áspero camino de la justicia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matar, no te mataré, pero te echaré de España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/matar-no-matare-echare-espana_129_13226188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce17f33b-d447-4314-9786-5f5d383cbc47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matar, no te mataré, pero te echaré de España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay algo en común entre Jack Taylor y las vedettes como Mary Santpere y Tania Doris, fallecida el martes pasado. Con el paso del tiempo, el concepto de ‘serie B’ se ha ampliado tanto que casi engloba cualquier expresión artística ajena al comercialismo audiovisual</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se nos fue Jack Taylor, un grande de lo que a&uacute;n se llama &ldquo;serie B&rdquo;. No es una expresi&oacute;n que me agrade demasiado; en mi opini&oacute;n, oculta m&aacute;s de lo que ense&ntilde;a y tiende a no definir gran cosa: en primer lugar, porque no hay subg&eacute;neros absolutos; en segundo, porque hay obras buenas, regulares y malas en cualquier forma de expresi&oacute;n y, en tercero, porque los tratamientos y las tramas de lo que vendr&iacute;a a ser &mdash;por contraposici&oacute;n&mdash; una <em>serie A</em> se han vuelto tan reiterativos y previsibles en general que, por mi parte, los considero una especie de <em>pulp</em> burgu&eacute;s. Ni la vieja y m&aacute;s seria diferencia de presupuesto econ&oacute;mico, que trazaba una l&iacute;nea divisoria, dice nada a estas alturas. Y frente a un planteamiento <em>comercial</em> atascado, de tap&oacute;n pasado de rosca que gira y gira sobre s&iacute; mismo sin abrir botella alguna, hasta las obras de menor calidad t&eacute;cnica parecen joyas si ponen algo nuevo sobre la mesa.
    </p><p class="article-text">
        En circunstancias normales, este art&iacute;culo ser&iacute;a un homenaje a aquel actor estadounidense que trabaj&oacute; a las &oacute;rdenes de directores como Corona Blake, Jes&uacute;s Franco, Paul Naschy, John Millius y Roman Polanski y dej&oacute; dos autobiograf&iacute;as sin duda interesantes (<em>Cuento lo que mi disco duro me permite</em> y <em>Mis 100 a&ntilde;os de cine</em>). Lo ser&iacute;a porque lo merece, y tambi&eacute;n lo ser&iacute;a por la importancia que tuvo para mi generaci&oacute;n y alguna m&aacute;s, que crecimos viendo sus pel&iacute;culas en un mundo ya desaparecido; en uno donde era f&aacute;cil que hubi&eacute;ramos visto casi todo el cine cl&aacute;sico al llegar a la adolescencia y, adem&aacute;s, por poner el asunto en contexto, se fuera adicto a todo lo que proyectaban los cinestudios. Pero supongo que el domingo, cuando se publiquen las l&iacute;neas que tienen ante ustedes, la prensa habr&aacute; hecho justicia a Taylor y al g&eacute;nero que le hizo famoso, a diferencia de lo que habr&aacute; pasado con otro g&eacute;nero y otra artista, fallecida igualmente el martes: Tania Doris, una de las pocas vedettes del antiguo Paralelo barcelon&eacute;s que segu&iacute;a con vida, tras la muerte hace unos meses de Merche Mar.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que los espect&aacute;culos de variedades ocupaban un espacio central en el paisaje cultural de nuestro pa&iacute;s. Durante d&eacute;cadas, contaron con espectadores &ndash;y a veces protagonistas indirectos&ndash; de la categor&iacute;a que mencion&eacute; una vez aqu&iacute; mismo, como apellidos como Barga y Valle-Incl&aacute;n (ver &ldquo;Los pasos contados&rdquo;) y, cuando los <em>nacionales</em> destruyeron la pr&aacute;ctica totalidad de lo bueno que se pod&iacute;a destruir, siguieron siendo espacios de libertad, aunque limitados por la moral y las leyes del r&eacute;gimen. Se hac&iacute;a lo que se pod&iacute;a; al principio, desde n&uacute;meros y chistes tan blancos como el que cont&oacute; la grand&iacute;sima vedette que fue Mary Santpere en la entrevista que le hizo Pablo Lizcano en &ldquo;Autorretrato&rdquo; (TVE-1, 1985); despu&eacute;s, tras la apertura relativa de la d&eacute;cada de 1960, con m&aacute;s filo y, frecuentemente, entre apariencias como la del descubridor de Lina Morgan y Tania Doris, Mat&iacute;as Colsada, que ocult&oacute; su pasado republicano y se invent&oacute; o le inventaron una identidad y una biograf&iacute;a completas que le permitieron convertirse en uno de los principales empresarios de paredes.
    </p><p class="article-text">
        Quien tenga inter&eacute;s en la aventura de Colsada deber&iacute;a echar un vistazo al cap&iacute;tulo que Juan Antonio R&iacute;os Carratal&aacute;, autor de textos tan relevantes como <em>Los consejos de guerra de Miguel Hern&aacute;ndez</em>, le dedica en <em>De mentiras y franquistas</em>. Pero, volviendo a la revista, el vodevil, el cabaret y dem&aacute;s, lo que acab&oacute; convirti&eacute;ndolos en una clase distinta de &ldquo;serie B&rdquo;, la derivada de la p&eacute;rdida de influencia social, de acabar en un &aacute;mbito minoritario, no fue ni la censura ni la competencia de las salas cinematogr&aacute;ficas; fue la comodidad del cine grabado (ahora ser&iacute;an las plataformas) y una serie de decisiones pol&iacute;ticas que se demostraron nefastas, como ocurri&oacute; con el sector de Taylor tras la ley Mir&oacute;, que se carg&oacute; el cine fant&aacute;stico espa&ntilde;ol con la fant&aacute;stica excusa de hacer obras <em>de calidad</em>. B&aacute;sicamente, lo que dice el chiste de Santpere, sobre un tipo que est&aacute; disparando a los p&aacute;jaros durante horas y que al final, harto de no cobrarse una pieza, pega otro tiro y suelta: &ldquo;Matar, no te matar&eacute;, pero te echar&eacute; de Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si no nos andamos con cuidado, llegar&aacute; un d&iacute;a en que todas las expresiones art&iacute;sticas ajenas al comercialismo audiovisual se consideren marginales y lo sean en la pr&aacute;ctica, por falta de p&uacute;blico o de lectores, porque una parte de la m&uacute;sica y la literatura tambi&eacute;n sufre esa situaci&oacute;n. Por ejemplo, es cierto que nuestras tablas no han tenido nunca tantos problemas como tienen ahora, pero lo es a&uacute;n m&aacute;s que jam&aacute;s se han le&iacute;do menos obras de teatro, para verg&uuml;enza del pa&iacute;s y desaprovechamiento de nuestra magn&iacute;fica y altamente entretenida historia dram&aacute;tica. En un mundo donde todo tiene que ser igual, todo lo que no lo sea es &ldquo;serie B&rdquo;; aunque, en este caso, los monstruos de cart&oacute;n piedra no pertenezcan precisamente a ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/matar-no-matare-echare-espana_129_13226188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 20:11:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matar, no te mataré, pero te echaré de España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Artistas,Actrices]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Colombine no era mujer de tiempos bobos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/colombine-no-mujer-tiempos-bobos_129_13208735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5eed9e8-f4ad-49ca-82e0-fff84cd4b2c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x347y329.jpg" width="1200" height="675" alt="Colombine"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En mi opinión, la peor consecuencia de rechazar los consejos de Galdós en ‘Cánovas’ no es de carácter político, sino cultural. Pero eso se puede corregir de muchas formas; por ejemplo, a través de una buena amiga suya, Carmen de Burgos</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - Windhoek</p></div><p class="article-text">
        Cada vez que alguien tergiversa, rebaja o anula directamente la actitud pol&iacute;tica y social de Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, cosa habitual en los aniversarios redondos de su nacimiento (10 de mayo) o en fechas asociadas a sus <em>Episodios Nacionales</em>, me acuerdo del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>C&aacute;novas</em>, el XXVIII.<em> </em>Nuestro gran novelista, republicano convencido, cede la palabra a &ldquo;la Madre&rdquo; y le hace acu&ntilde;ar un concepto tan v&aacute;lido para aquella restauraci&oacute;n borb&oacute;nica como para la siguiente: los &ldquo;tiempos bobos&rdquo;, una &eacute;poca de &ldquo;aton&iacute;a, de lenta par&aacute;lisis, que os llevar&aacute; a la consunci&oacute;n y a la muerte&rdquo; si no se le pone fin. Pero, lejos de quedarse en la cr&iacute;tica, indica el camino a seguir: &ldquo;Declaraos revolucionarios, d&iacute;scolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeld&iacute;a&rdquo;. Y como no le parece suficiente, a&ntilde;ade un &ldquo;sed constantes en la protesta&rdquo; que enseguida afina por el lado vital con un sed &ldquo;rom&aacute;nticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco tiempo, tirando del hilo de la fundaci&oacute;n de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, de la que se cumplir&aacute; siglo y medio este a&ntilde;o, acab&eacute; en una obra que, en principio, no ten&iacute;a nada que ver con el asunto, aunque su autora &mdash;correligionaria pol&iacute;tica y buena amiga de Gald&oacute;s&mdash; tambi&eacute;n estuviera muy relacionada con la ILE. Mientras consultaba la correspondencia entre Francisco Giner de los R&iacute;os y Emilia Pardo Baz&aacute;n, me encontr&eacute; con la frase donde la segunda ironiza sobre sus habilidades literarias por el procedimiento de parafrasear al Espronceda del &lsquo;Canto a Teresa&rsquo;: &ldquo;Que haya un <em>fiasco</em> m&aacute;s, &iquest;qu&eacute; importa al mundo?&rdquo;, se pregunta; y entre unas cosas y otras, ligadas en cualquier caso a ese magn&iacute;fico grupo de escritores, pedagogos y fil&oacute;sofos que tanto hicieron por sacar a Espa&ntilde;a de los &ldquo;tiempos bobos&rdquo;, el poeta de Almendralejo me llev&oacute; a otro &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, el de <em>Mis viajes por Europa</em>, de Carmen de Burgos, <em>Colombine</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sed &ldquo;rom&aacute;nticos&rdquo;, insiste Gald&oacute;s en el trasfondo, y no se puede negar que Carmen de Burgos lo era. Evidentemente, podr&iacute;a haber cerrado la narraci&oacute;n de su visita a Portugal de muchas formas, pero eligi&oacute; una que estaba y est&aacute; cargada de rebeld&iacute;a. A partir de la an&eacute;cdota de las dos &uacute;ltimas pesetas de Espronceda, que tir&oacute; &ldquo;al r&iacute;o Tajo porque no quer&iacute;a entrar en tan gran capital con tan poco dinero&rdquo; (&lsquo;De Gibraltar a Lisboa&rsquo;, publicado originalmente en <em>El Pensamiento</em>, 1841), <em>Colombine</em> re&uacute;ne de nuevo al autor con su paisana m&aacute;s famosa, Carolina Coronado. De repente, un libro de viajes extiende las alas y se convierte en algo distinto, en un canto contra la reacci&oacute;n y la &ldquo;gazmo&ntilde;er&iacute;a&rdquo; y en un reconocimiento apasionado de aquella poeta y precursora del feminismo. &ldquo;Salv&oacute; a sus amigos cien veces de los peligros&rdquo;, recuerda Colombine; &ldquo;los revolucionarios de aquella &eacute;poca ten&iacute;an amparo en su casa, y alguna vez se interpuso en el despacho de un ministro entre la crueldad de la justicia y la grandeza de alg&uacute;n reo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, la peor consecuencia de rechazar los consejos de la Madre en <em>C&aacute;novas</em> no es de car&aacute;cter pol&iacute;tico, sino cultural; sobre todo, porque no puede haber cambios pol&iacute;ticos reales, de fondo, si nuestra cultura es la de la estructura que se pretende cambiar. Seguro que estamos de acuerdo en que, normalmente, las casas no se empiezan por el tejado. Se necesitan &ldquo;personas capaces de concebir un ideal, de gobernar con sustantividad su propia vida&rdquo;, como reza uno de los principios b&aacute;sicos de la antigua Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, a la que volver&eacute; en otra ocasi&oacute;n; y la obra de Carmen de Burgos es uno de los caminos obligados que se han de tomar para acercarse a ese objetivo. Solo hay que hacer una cosa: leerla y, a ser posible, de primera mano, sin intermediarios, como estoy haciendo yo mismo esta semana con <em>F&iacute;garo</em> y la <em>Gloriosa vida y desdichada muerte de D. Rafael del Riego</em> <em>(Un crimen de los borbones).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;</em>En la situaci&oacute;n a que llegar&eacute;is andando los a&ntilde;os &mdash;nos sigue advirtiendo Gald&oacute;s&mdash;, el ideal revolucionario, la actitud ind&oacute;mita si quer&eacute;is, constituir&aacute;n el &uacute;nico s&iacute;ntoma de vida&rdquo;. Colombine era muy consciente de ello, y lo demostr&oacute; con creces el 8 de octubre de 1932, cuando se dio cuenta de que le quedaban pocas horas. Aquel d&iacute;a, estaba en un acto organizado por el C&iacute;rculo Radical Socialista, hablando nada m&aacute;s y nada menos que de educaci&oacute;n sexual; pero, seg&uacute;n el diario <em>El Sol</em>, desaparecido en 1939 por motivos evidentes, mantuvo el aplomo y dijo, a manera de despedida: &ldquo;Muero contenta, porque muero republicana&rdquo;. No era mujer de tiempos bobos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/colombine-no-mujer-tiempos-bobos_129_13208735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:27 +0000]]></pubDate>
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