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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jesús Gómez Gutiérrez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jesus-gomez-gutierrez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jesús Gómez Gutiérrez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Temer el fuego y acercarse al fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/temer-fuego-acercarse-fuego_129_13319221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1590bba6-02ea-4b91-a51c-a9fabc81c482_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Temer el fuego y acercarse al fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura universal está abarrotada de referencias al solsticio que estamos a punto de celebrar, saltando hogueras y quemando lo sobrante, como hace miles de años</p><p class="subtitle">La anterior 'nota al pie' - Una pionera
</p></div><p class="article-text">
        Como todos sabemos, los solsticios son puertas en la cultura grecolatina: la <em>Janua Coeli</em> (Puerta del Cielo) y la que nos toca estos d&iacute;as, la <em>Janua Inferni</em> (Puerta del Infierno). Por mi parte, siempre me ha parecido que lo infernal de la segunda est&aacute; m&aacute;s relacionado con el clima de nuestros pa&iacute;ses que con el inframundo y, a trav&eacute;s de eso, con la permanente e inevitable protesta a cuenta de la temperatura, de la que ya se mofaba Luciano de Sam&oacute;sata en <em>El c&iacute;nico</em>: &ldquo;en invierno, ped&iacute;s verano; en verano, invierno; cuando hace calor, fr&iacute;o y, cuando hace fr&iacute;o, calor; como los que est&aacute;n enfermos, que nunca est&aacute;n contentos&rdquo;. Pero descontadas las quejas, que han cobrado m&aacute;s sentido con el cambio clim&aacute;tico y otras maravillas del modelo econ&oacute;mico (por ejemplo, el urbanismo de asfalto y plazas <em>duras</em>, sin fuentes ni &aacute;rboles), los solsticios siguen siendo un momento de celebraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En otra de sus obras (<em>Sobre la danza</em>), Luciano afirmaba que &ldquo;no es posible encontrar ning&uacute;n rito antiguo de iniciaci&oacute;n&rdquo; que carezca de baile y, desde luego, tambi&eacute;n cuesta encontrar alguno donde el fuego, el agua y la libertad dionisiaca no est&eacute;n presentes. En el solsticio de verano, rito inici&aacute;tico donde los haya, eran sus principales elementos simb&oacute;licos desde mucho antes de que se instaurara la fiesta de Fors Fortuna, y aunque nos limit&aacute;ramos a sus hogueras y a sus altamente desenfadados paseos por el T&iacute;ber &ndash;de los que habla Ovidio en sus <em>Fastos</em>&ndash;, nos quedar&iacute;amos cortos sin a&ntilde;adir que llegaban un par de semanas despu&eacute;s de la Fiesta de Vesta, guardiana de la llama sagrada. Hasta los que compartimos el descreimiento de Luciano en materia de divinidades encontramos curioso este detalle: que el imperio romano occidental se hundiera menos de un siglo despu&eacute;s de que a Teodosio I le diera por apagar la llama en cuesti&oacute;n, como confirmando la leyenda de la cat&aacute;strofe que su extinci&oacute;n producir&iacute;a. O m&aacute;s bien, demostrando que nada se sostiene mucho tiempo cuando a la ausencia de pan se suma la ausencia de circo.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte para la humanidad, ni la &eacute;poca posterior fue tan oscura como dec&iacute;a el poeta Francesco Petrarca ni Grecia y Roma quedaron completamente destruidas bajo los pe&ntilde;ascos del monote&iacute;smo. Los sustratos culturales no desaparecen con facilidad, y si algo en esencia pagana como &ldquo;las tradiciones de las saturnales sobrevivieron en el carnaval de la Edad Media&rdquo; (<em>La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento</em>, de Mija&iacute;l Bajt&iacute;n), c&oacute;mo no iba a sobrevivir lo que estaba y est&aacute; oculto tras la noche m&aacute;s m&aacute;gica y famosa de junio. De hecho, su p&eacute;rdida actual de contenido no se debe a los cirios y blandones de los oficios lit&uacute;rgicos, que ya no son lo que fueron, sino a la destrucci&oacute;n de los v&iacute;nculos comunitarios &ndash;capitalismo mediante, c&oacute;mo no&ndash; y, por supuesto, a la simple y pura evoluci&oacute;n de la moda y las costumbres. Pero, a pesar de ello, estoy seguro de que muchos y muchas de ustedes saltar&aacute;n esta semana por encima de unas llamas y pedir&aacute;n deseos o quemar&aacute;n lo viejo para que nazca lo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, la literatura universal est&aacute; abarrotada de referencias directas e indirectas al solsticio que estamos a punto de celebrar. Quien no se haya sumergido nunca en los enredos del Lope de Vega de <em>La noche de San Juan </em>y el Shakespeare de <em>El sue&ntilde;o de una noche de verano</em>, merece que Hades le haga un Pers&eacute;fone y no intervenga Zeus. Quien no se haya adentrado en el juego mitol&oacute;gico de Calder&oacute;n en <em>El mayor encanto, amor </em>o, salvando las distancias, en esa conflictiva joya de <em>La se&ntilde;orita Julia </em>(August Strindberg), no sabe lo que se pierde. Y, sin embargo, lo primero que me ha venido a la cabeza al pensar en las contradicciones de tan simb&oacute;lico festejo no pertenece a ninguna de esas obras, sino a las <em>Novelas amorosas y ejemplares</em> y ejemplares de Mar&iacute;a de Zayas, donde se lee lo siguiente: &ldquo;Amar el d&iacute;a, aborrecer el d&iacute;a,/ llamar la noche y despreciarla luego,/ temer el fuego y acercarse al fuego,/ tener a un tiempo pena y alegr&iacute;a; estar juntos valor y cobard&iacute;a,/ el desprecio cruel y el blando ruego,/ temor valiente, entendimiento ciego,/ atada la raz&oacute;n, libre osad&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Si quieren saber c&oacute;mo termina el soneto, b&uacute;squenlo. Es uno de los mejores poemas sobre el amor que se han escrito, y les adelanto que no tiene m&aacute;s <em>sanjuanes </em>que los que cupieran metaf&oacute;ricamente en la autora del Siglo de Oro tras hablar con un tal Fabio a trav&eacute;s de &ldquo;una reja&rdquo;; lo que tiene es pasi&oacute;n, subversi&oacute;n y frescura, es decir, un esp&iacute;ritu muy similar al que buscamos en las hogueras cuando lo prosaico nos vence, como ocurre con frecuencia. Que se encuentre o no, depende de muchas cosas. Pero si miles a&ntilde;os de Historia lo recomiendan, qui&eacute;nes somos nosotros para llevarles la contraria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/temer-fuego-acercarse-fuego_129_13319221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 19:50:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Temer el fuego y acercarse al fuego]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una pionera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/pionera_129_13298687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cf6def3-5173-4d90-9e60-aa9f594269bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una pionera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dice Gabino Diego que Cristina Rota era y es ‘una luchadora’, y añade que España está en deuda con ella, opinión que comparto. A fin de cuentas, es de la estirpe de las grandes maestras, desde Uta Hagen hasta Stella Adler
</p></div><p class="article-text">
        Uta Hagen era muy joven cuando descubri&oacute; que no le gustaba su trabajo. Seg&uacute;n cuenta en <em>Respeto por la interpretaci&oacute;n</em>, hab&iacute;a cometido el error de adoptar &ldquo;los m&eacute;todos y actitudes&rdquo; de los malos profesionales y se hab&iacute;a llenado de &ldquo;trucos&rdquo; como los que hab&iacute;a usado en 1938 en <em>La gaviota</em> de Ch&eacute;jov, donde interpretaba el papel de Nina. Sab&iacute;a que, si sal&iacute;a por &uacute;ltima vez del escenario sin prestar atenci&oacute;n al efecto que su actitud tuviera en el p&uacute;blico, el patio de butacas reaccionaba con l&aacute;grimas y silencio absoluto; sab&iacute;a que, si echaba &ldquo;bravamente la cabeza hacia atr&aacute;s&rdquo; en el preciso instante en que llegaba a la puerta, se ganaba un aplauso. Y puesta a elegir entre l&aacute;grimas y aplausos, eleg&iacute;a los segundos. Pero el dominio del efectismo y la rutina de lo que de repente parec&iacute;a algo mec&aacute;nico provocaron en ella una &ldquo;aversi&oacute;n por la actuaci&oacute;n&rdquo; que le dur&oacute; hasta que tuvo que trabajar a las &oacute;rdenes de Harold Clurman (cofundador del Group Theater con Lee Strasberg y Cheryl Crawford), que por supuesto le quit&oacute; todos los trucos.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Parm&eacute;nides que &ldquo;nada surge de la nada&rdquo;. Gracias a Clurman, Hagen se volvi&oacute; a enamorar de su profesi&oacute;n y, adem&aacute;s de convertirse en una magn&iacute;fica actriz, se puso en el camino que la llev&oacute; hasta un antiguo alumno de Max Reinhart que hab&iacute;a sido profesor en el Dramatic Workshop de Erwin Piscator: el m&iacute;tico Herbert Berghof, con quien aprendi&oacute; a compartir lo que hab&iacute;a aprendido y&nbsp;a compartirlo sin psicologismos de ninguna clase, porque Hagen no estaba en la l&iacute;nea de los que &ldquo;dicen ense&ntilde;ar interpretaci&oacute;n y se adentran en aspectos de la vida de los actores que no tienen cabida ni en un aula ni en un escenario&rdquo;. Ella era ella, con sus propias ideas, y le daba igual si coincid&iacute;an o no con las de Strasberg, Sandford Meisner o Stella Adler, vieja conocida de esta columna (v&eacute;ase &lsquo;Dos problemas y una mujer&rsquo;). Era una <em>pionera</em>, exactamente la misma definici&oacute;n que me dio hace unos d&iacute;as un gran actor espa&ntilde;ol, Gabino Diego, al preguntarle sobre la maestra con quien estudi&oacute;: Cristina Rota, que acaba de publicar sus memorias (<em>Una historia de teatro y resistencia</em>).
    </p><p class="article-text">
        Siempre hay alguien que deja huella, aunque no siempre se les aprecia cuando se debe, es decir, en vida. Afortunadamente, Rota no necesita de presentaciones, como tampoco las necesitan &ndash;sin salir de nuestro pa&iacute;s, con independencia de que algunos que ya no est&eacute;n con nosotros&ndash; William Layton, Zulema Katz, Jaroslaw Bielski y Socorro Anad&oacute;n, &Aacute;ngel Guti&eacute;rrez, Jorge Eines, Juan Pastor, Alicia Hermida, F&eacute;lix Belencoso y Matilde Fluix&aacute;, por ejemplo. Cualquiera que sepa algo de teatro, deber&iacute;a saber qui&eacute;nes fueron o qui&eacute;nes son. Cualquiera que sepa algo de este terrible y precioso juego &ldquo;lleno de ruido y de furia, que no significa nada&rdquo; (William Shakespeare, claro est&aacute;) sabe que, si Rota no ha querido dar demasiadas explicaciones sobre su trabajo en sus memorias, no es ciertamente porque no tenga nada que decir al respecto, sino porque, en &uacute;ltima instancia, un autor o una profesora de actores es, sobre todo, el sitio de donde viene, la tierra que est&aacute; bajo sus pies, llena de &ldquo;desaparecidos, que quedan aqu&iacute;, inmutables, perennes, j&oacute;venes y hermosos en nuestro recuerdo&rdquo;, como su querido Diego Botto, asesinado por los Videla y compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dice Gabino Diego que Cristina Rota era y es &ldquo;una luchadora&rdquo;, y a&ntilde;ade que Espa&ntilde;a est&aacute; en deuda con ella. No puedo estar m&aacute;s de acuerdo con nuestro actor. Y tirando un poco de lo que comentaba&nbsp;antes sobre el car&aacute;cter de Uta Hagen, debo citar una an&eacute;cdota de la directora Aitana Gal&aacute;n &ndash;quien tambi&eacute;n fue alumna de la maestra argentina&ndash; que, en mi opini&oacute;n, resume bien un factor esencial de la ense&ntilde;anza: en determinado momento, casi imaginable al escuchar sus palabras, Rota declar&oacute; que &ldquo;un profesor de interpretaci&oacute;n es como un amante&rdquo;, en el sentido de que &ldquo;lo que le sirve a uno, no le sirve a otro&rdquo;. En t&eacute;rminos absolutos, hay propuestas mejores y peores; en t&eacute;rminos relativos, la sensibilidad de cada persona es extraordinariamente relevante, y no hay did&aacute;ctica que funcione si no se tiene eso en consideraci&oacute;n. Parafraseando al Rafael Alberti de &ldquo;Nocturno&rdquo;, las palabras sirven para lo que sirven, e incluso no estando de por medio la destrucci&oacute;n de una naci&oacute;n entera a manos de un grupo de delincuentes, la realidad tiende a superarlas.
    </p><p class="article-text">
        Quien busque en <em>Una historia de teatro y resistencia</em> lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer desde un punto de vista art&iacute;stico, buscar&aacute; en vano. Los hijos de la autora lo dejan claro al puntualizar en el pr&oacute;logo que es un libro de &ldquo;sue&ntilde;os, infancias, pobreza, riqueza, lucha, humor&rdquo; y &ldquo;amor&rdquo;. Pero, sin &aacute;nimo de discutirles la afirmaci&oacute;n, sin duda atinada, las respuestas aparecen a lo grande cada vez que menciona a Federico Garc&iacute;a Lorca y Ant&oacute;n Ch&eacute;jov, de quien cito unas l&iacute;neas que quiz&aacute; sean &uacute;tiles para todos (carta a Olga Knipper, 4 de octubre de 1899): &ldquo;El arte, especialmente el teatro, es un reino al que no se puede acceder sin sufrir alg&uacute;n tropiezo. A&uacute;n te esperan muchos d&iacute;as de fracasos, temporadas enteras de fracasos. Las cosas saldr&aacute;n terriblemente mal, sufrir&aacute;s enormes decepciones; pero tienes que estar preparada para ello; tienes que contar con ello, mantenerte firme y seguir tu propio camino&rdquo;. Sospecho que Rota dir&iacute;a lo mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/pionera_129_13298687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una pionera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soga tras el caldero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/soga-caldero_129_13280973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d0b4965-2297-41e9-bbb0-15c1d4602ca3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x455y400.jpg" width="1200" height="675" alt="La soga tras el caldero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es una pena que el tema de estos días no sea la búsqueda de ninguna Dulcinea, sino la visita del Papa. Más que nada, porque quien busca utopías, encuentra soluciones: por ejemplo, la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de la II República</p><p class="subtitle">La anterior 'nota al pie' - Un cuento de Stromboli</p></div><p class="article-text">
        Hay frases que, de puro acertadas, se convierten en refranes; o por lo menos, en alguno de sus muchos familiares y reflejos, que los amantes de la palabra buscaban antes &mdash;y algunos seguimos buscando&mdash; en tesoros como el <em>Diccionario de sin&oacute;nimos</em> de Mar&iacute;a Moliner, el de Garc&iacute;a-Molins y el de Roque Barcia. A veces, ni siquiera ten&iacute;an la intenci&oacute;n que se les achaca; a veces la adquieren con el paso del tiempo, y tampoco es raro que pierdan sutilezas por el camino. Seguro que esta les suena: &ldquo;Con la Iglesia hemos dado, Sancho&rdquo;, donde el <em>dado</em> acab&oacute; en <em>topado. </em>Naci&oacute; en el cap&iacute;tulo IX de la segunda parte del <em>Quijote</em> y, a base de utilizarse en el sentido que todos conocemos, se tiende a olvidar que es un asunto de chasco y sorna, nada m&aacute;s. A fin de cuentas, el caballero de la triste figura (definici&oacute;n procedente del libro III del <em>Clari&aacute;n de Landanis</em>, de Jer&oacute;nimo L&oacute;pez) no andaba esa madrugada con ganas de filosofar sobre el clero, precisamente; s&oacute;lo intentaba localizar el palacio de Dulcinea, creyendo que pod&iacute;a estar &ldquo;despierta&rdquo; a esas horas.
    </p><p class="article-text">
        Si Cervantes hubiera querido decir algo diferente, lo habr&iacute;a dicho. Su obra es abiertamente cr&iacute;tica y, desde luego, sab&iacute;a todo lo que hab&iacute;a que saber de los poderes de la &eacute;poca, Iglesia incluida. A diferencia de nosotros, &eacute;l no ten&iacute;a que leer &mdash;por ejemplo&mdash; <em>La econom&iacute;a en la Espa&ntilde;a moderna</em> (Alfredo Alvar Ezquerra), <em>Las clases sociales en la Espa&ntilde;a del Antiguo R&eacute;gimen</em> (Antonio Dom&iacute;nguez Ortiz) o <em>Iglesia y Estado en la Espa&ntilde;a del siglo XVII</em> (Quint&iacute;n Aldea) para entender lo que pasaba. Lo sab&iacute;a y lo sufr&iacute;a y, en consecuencia, no le habr&iacute;a importado que su frase adquiriera el matiz actual. Pero, desde mi punto de vista, lo que Cervantes hizo fue m&aacute;s subversivo: por el sencillo procedimiento de enfrentar el &ldquo;bulto grande y sombra&rdquo; del edificio eclesi&aacute;stico al bello &ldquo;alc&aacute;zar&rdquo; de su mujer deseada (&ldquo;de o&iacute;das&rdquo;, por cierto), consigue que simpaticemos con cualquier cosa menos con la Iglesia en cuesti&oacute;n. Y como no le parece suficiente, enzarza a Quijote y Sancho en una discusi&oacute;n inmobiliaria, donde habr&iacute;a hasta inmatriculaciones si no fuera porque el tema sigue siendo ella.
    </p><p class="article-text">
        Es una pena que el tema de estos d&iacute;as no sea una utop&iacute;a como Dulcinea. De serlo, no habr&iacute;a que recordar que este mes se ha cumplido otro aniversario de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de la II Rep&uacute;blica (1933), tan avanzada que, en comparaci&oacute;n, lo que tenemos ahora es un chiste de mal gusto. Tanto es as&iacute; que, en su comunicado del pasado 2 junio &mdash;al hilo de la visita del Papa&mdash;, el catolic&iacute;simo Moceop (Movimiento por el celibato opcional) denunciaba los &ldquo;m&aacute;s de 100.000 bienes inmatriculados&rdquo; de la Iglesia en Espa&ntilde;a y exig&iacute;a que se rompan los acuerdos con el Estado, que proporcionan &ldquo;muy importantes beneficios econ&oacute;micos y no pocos privilegios&rdquo; a los representantes de lo que, de facto, es un pa&iacute;s extranjero, el Vaticano. Vamos, que la protesta no viene &uacute;nicamente de las m&aacute;s de sesenta organizaciones laicas que han convocado manifestaciones y concentraciones en sitios como Barcelona y Madrid mientras la plana mayor de los dirigentes del Reino corre a hacerse la foto con Le&oacute;n XIV y bloquea los espacios p&uacute;blicos (transportes incluidos) para que los feligreses campen a sus anchas.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si recuerdan lo que pas&oacute; en la capital hace tres lustros, en agosto del a&ntilde;o 2011. Entonces, nos visitaba un Papa m&aacute;s reaccionario &mdash;en principio, porque la Iglesia maneja bien los juegos de m&aacute;scaras&mdash; y, para sorpresa de bastantes, la Delegaci&oacute;n del &uacute;ltimo Gobierno de Zapatero prohibi&oacute; el recorrido original de la manifestaci&oacute;n de los laicos con el argumento de que el turismo religioso era esencial para el pa&iacute;s, a diferencia de las movilizaciones populares. Eran los d&iacute;as del 15M y, por supuesto, el desprecio no se recibi&oacute; como ahora, de brazos cruzados: decenas de miles de personas salieron a la calle y se atrevieron a expresar lo que pensaban de Benedicto XVI y su Jornada Mundial de la Juventud, lo cual les vali&oacute; unas cuantas <em>caricias</em> de las fuerzas de orden p&uacute;blico. Pero se expresaron. No perdieron la jornada, que es lo que se hace cuando la gente&nbsp;calla por miedo, decepci&oacute;n o comodidad y acaba tirando &ldquo;la soga tras el caldero&rdquo; al fondo del pozo. Comprendieron, aunque fuera brevemente, que la hegemon&iacute;a cultural se gana a trav&eacute;s de la lucha, no de la palabrer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El cap&iacute;tulo mencionado del <em>Quijote</em> tiene un subt&iacute;tulo t&iacute;pico del genio de Alcal&aacute; de Henares: &ldquo;Donde se cuenta lo que en &eacute;l se ver&aacute;&rdquo;, una forma ciertamente ir&oacute;nica y elegante de decir que, si quieres saber lo que pasa, lo leas y te dejes de gaitas. Y si eso es v&aacute;lido para ese fant&aacute;stico hito de la literatura universal que llaman &ldquo;novela&rdquo; (de alg&uacute;n modo hay que llamarlo), tambi&eacute;n lo es para la vida, para lo que conviene hacer con ella. Hasta buscar palacios imaginarios por El Toboso es menos irracional que esperar a que las cosas cambien sin mover un dedo, empezando por los excesos de cualquier religi&oacute;n. Adem&aacute;s, s&oacute;lo hay una forma segura de no encontrar a Dulcinea: renunciar a encontrarla, claro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/soga-caldero_129_13280973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 19:52:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel de Cervantes,Don Quijote de la Mancha,Iglesia católica,Papa León XIV,Vaticano,Laicismo,Segunda República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuento de Stromboli]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cuento-stromboli_129_13262988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e87643e-ed83-4514-b18f-1155a431eb12_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144186.jpg" width="725" height="408" alt="Un cuento de Stromboli"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Roberto Rossellini le habría encantado la última historia de las islas de Eolo, con Mike Jagger y Dakota Johnson de por medio. No es tan romántica como la suya, pero hasta lo anecdótico esconde volcanes.</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie' - El áspero camino de la justicia
</p></div><p class="article-text">
        Han pasado unos cuantos siglos desde que Eolo ech&oacute; de su isla flotante a Odiseo. Ten&iacute;a sus motivos, sin duda. Para empezar, y como bien sabemos, que despu&eacute;s de agasajarlo durante un mes, regalarle un odre con todos los vientos malos, cerrarlo con un &ldquo;hilo de plata&rdquo; para que no escapara &ldquo;ni el menor soplo&rdquo; (Homero, Canto X de la <em>Odisea</em>) y poner el C&eacute;firo a su disposici&oacute;n para que lo llevara directo a Itaca, se qued&oacute; dormido y permiti&oacute; que sus hombres abrieran el odre, crey&eacute;ndolo lleno &ldquo;de oro y plata&rdquo;. Desde que a Pandora le dio por abrir una tinaja que no deb&iacute;a &mdash;lo de <em>caja</em> es una mala traducci&oacute;n de Erasmo de R&oacute;terdam&mdash;, los humanos no hemos dejado de abrir cosas y, a veces, con una sorprendente ignorancia pol&iacute;tica, como el bueno de Odiseo. Ni siquiera se hab&iacute;a acordado de que Eolo no era un dios y que, en consecuencia, no pod&iacute;a tener bajo su techo a un individuo que se hab&iacute;a ganado la animadversi&oacute;n de sus inmortales jefes con su tremenda irresponsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, la figura del guardi&aacute;n de los vientos, que la literatura elev&oacute; m&aacute;s tarde a la categor&iacute;a de divinidad, no gener&oacute; tantos debates hist&oacute;ricos como la simple y pura localizaci&oacute;n de su domicilio. Hay quien dice que estaba en la siciliana isla de Pantelaria, y hay quien dice que se encontraba en las sicilianas Islas Eolias, que estos d&iacute;as han vuelto a la prensa por un suceso tirando a extravagante. Por lo visto, Mick Jagger, Dakota Johnson, Isabella Rossellini y otros artistas se hab&iacute;an reunido en la biblioteca de Stromboli para celebrar el final del rodaje de una pel&iacute;cula cuando los carabinieri se presentaron y les pidieron que quitaran la m&uacute;sica en aplicaci&oacute;n de una norma de la vecina isla de L&iacute;pari. Pero, a partir de ah&iacute;, lo que contaba la mayor&iacute;a de los medios era tan absurdo que me sent&iacute; en la necesidad de investigarlo: algunos afirmaban que no se pod&iacute;a escuchar m&uacute;sica los mi&eacute;rcoles, quiz&aacute; en posaplicaci&oacute;n del &ldquo;ni te cases ni te embarques&rdquo; de los martes; otros, que el alcalde de L&iacute;pari es un sujeto de ideas peregrinas y, por supuesto, tambi&eacute;n estaban quienes lo llevaron por unos pijos con pasta montando foll&oacute;n, situaci&oacute;n desgraciadamente habitual que, en este caso, no obstante, result&oacute; ser falsa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad suele ser menos entretenida que la ficci&oacute;n y, en general, algo m&aacute;s sobria. Cualquiera que hubiera investigado la prensa italiana, en lugar de correr a copiar lo que dec&iacute;a la anglosajona, habr&iacute;a descubierto que lo que hab&iacute;a detr&aacute;s era vagamente m&aacute;s complejo: desde ciertas normativas contra ciertos aspectos del turismo &mdash;correctas o no, es otra cuesti&oacute;n&mdash; hasta nada m&aacute;s y nada menos que una petici&oacute;n de autonom&iacute;a administrativa de la isla de Stromboli, que no quiere estar ligada a L&iacute;pari (<em>Il Fatto Quotidiano</em>, 23 de mayo). De hecho, el 41% de los electores de la primera presentaron hace poco una petici&oacute;n a las autoridades de la regi&oacute;n siciliana para no tener que depender de la segunda y, de repente, los famosos de marras se hab&iacute;an convertido en arma arrojadiza de una pelea que no ten&iacute;a nada ver con la potencia de un altavoz. Como es l&oacute;gico, la bronca pol&iacute;tica subyacente era menos interesante que una frase en la que aparece el apellido <em>Jagger</em> y, entre eso y que Espa&ntilde;a e Italia tienen una relaci&oacute;n incre&iacute;blemente escasa a pesar de su largu&iacute;sima Historia en com&uacute;n, el asunto deriv&oacute; en tonter&iacute;as como lo del mi&eacute;rcoles, que por supuesto no era un mi&eacute;rcoles, sino todos los d&iacute;as de entre semana, es decir, laborables.
    </p><p class="article-text">
        Solventado el enigma, lo que me vino a la cabeza fue lo que me habr&iacute;a venido al principio en circunstancias normales: Isabella Rossellini, porque su madre y su padre (nacido en mayo de 1906) se enamoraron precisamente en Stromboli durante el rodaje de la pel&iacute;cula del mismo nombre, como ella misma ha recordado. En cuanto el grand&iacute;simo Roberto se baj&oacute; del avi&oacute;n, los medios ya estaban diciendo que ten&iacute;a &ldquo;una relaci&oacute;n secreta&rdquo; con Ingrid Bergman, a pesar de que &ldquo;ni siquiera nos hab&iacute;amos visto todav&iacute;a&rdquo; (<em>Il mio metodo. Scritti e interviste</em>, no publicado en castellano); y entre acusaciones volc&aacute;nicas, Hollywood se dedic&oacute; a boicotearla a ella, a boicotearlo a &eacute;l y a boicotear la obra, a la que cort&oacute; veinte minutos con argumentos como el de que Bergman no era &ldquo;sensual&rdquo;. Por dura que fuera &mdash;y lo es&mdash; la realidad que se encuentra la protagonista cuando llega a la isla, el nivel de &ldquo;educaci&oacute;n y de inteligencia de los directivos&rdquo; de la <em>Meca</em> del cine, convencidos de que &ldquo;la edad mental del p&uacute;blico es la de un ni&ntilde;o de doce a&ntilde;os&rdquo;, era &ldquo;m&aacute;s brutal e incivilizado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, ese convencimiento no est&aacute; lejos de la raz&oacute;n por la que los medios nos venden humo todos los d&iacute;as, sin profundizar ni en an&eacute;cdotas tan irrelevantes como la de Jagger y el resto del elenco. Ahora bien, los <em>consumidores</em> de im&aacute;genes y supuesta informaci&oacute;n no somos inocentes. No lo somos en absoluto, aunque estemos atrapados en lo que dec&iacute;a Roberto Rossellini sobre <em>Alemania, a&ntilde;o cero</em>, en un mundo &ldquo;que ha llegado a los l&iacute;mites de la desesperaci&oacute;n porque ha perdido la fe&rdquo;. Desde luego, el&nbsp;director romano lo dec&iacute;a en t&eacute;rminos religiosos, como bien anuncia el cap&iacute;tulo donde habla de ello (&lsquo;El mensaje de <em>Las florecillas de San Francisco</em>&rsquo;), pero es cierto que no saldremos del atolladero si no volvemos a creer que debemos ser pol&iacute;tica y culturalmente de otro modo. Hasta entonces, crucen los dedos y pidan a los vientos que se limiten a devolvernos al hogar de su guardi&aacute;n y nos ahorren las desgracias posteriores; a ser posible, sin que Circe, siempre chistosa, nos convierta en cerdos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cuento-stromboli_129_13262988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 20:21:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un cuento de Stromboli]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Italia,Sicilia,Cine,Historia,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El áspero camino de la justicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/aspero-camino-justicia_129_13243928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9bdb2268-ec70-4d76-ad89-1020130a7354_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El áspero camino de la justicia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para tener fama de arrogante, Max Aub renunciaba con frecuencia a cierto tipo de protagonismos. Sobre todo, si la obra en la que estaba trabajando era tan importante como Sierra de Teruel</p></div><p class="article-text">
        En 1958, cuando Max Aub volvi&oacute; a ver <em>Sierra de Teruel</em>, le pareci&oacute; &ldquo;distinta de la que hicimos&rdquo;, m&aacute;s &ldquo;hier&aacute;tica, quieta&rdquo;. La experiencia lo llev&oacute; a buscar una explicaci&oacute;n en el hecho de que &ldquo;el tiempo y la historia nutren con su savia las obras de arte&rdquo; y las var&iacute;an, lo cual lo llev&oacute; a su vez a pensar que &ldquo;los hombres solos no sabemos nunca, exactamente, lo que hacemos&rdquo;. Ten&iacute;a raz&oacute;n, por supuesto; y la tuvo incluso sin tenerla, porque a pesar de recordar la filmaci&oacute;n &ldquo;plano por plano&rdquo;, no repar&oacute; en los cortes que se le hab&iacute;an hecho desde 1939. Solo se dio cuenta de que, en los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito, faltaban los nombres del &ldquo;excelente escen&oacute;grafo&rdquo; (Vicente Petit), del &ldquo;viejo actor que encarn&oacute; al aviador alem&aacute;n&rdquo; (Pedro Codina, a quien Aub dobl&oacute; la voz) y de una antigua &ldquo;gloria del Paralelo, es decir, del vodevil&rdquo; (Jos&eacute; Sempere). Su memoria le hab&iacute;a fallado un poco en cuestiones art&iacute;sticas, pero no le hab&iacute;a fallado en lo tocante a las personas y la causa.
    </p><p class="article-text">
        Quien quiera saber m&aacute;s sobre las vicisitudes de la pel&iacute;cula de Andr&eacute; Malraux, de la que se ha presentado una copia en el Festival de Cannes, encontrar&aacute; un buen resumen en un ensayo de un profesional esencial en el campo de la restauraci&oacute;n cinematogr&aacute;fica, Ferr&aacute;n Alberich Rodr&iacute;guez, quien la restaur&oacute; hace tiempo para la Filmoteca Espa&ntilde;ola: &ldquo;Sierra de Teruel: una coproducci&oacute;n circunstancial&rdquo; (<em>Cuadernos de la Academia,</em> n&ordm; 5). Ahora bien, volviendo a las palabras de Max Aub, procedentes de su pr&oacute;logo al guion de <em>Sierra de Teruel</em> que public&oacute; Ediciones Era en 1968, habr&iacute;a sido dif&iacute;cil que olvidara a la gente que hizo posible el rodaje; al fin y al cabo, no se limit&oacute; a ser ayudante de direcci&oacute;n, dialoguista y traductor al castellano: cuando no estaba probando actores, eligiendo localizaciones o fotografiando campesinos &ldquo;como posibles figurantes&rdquo;, estaba yendo y viniendo con materiales y hasta jug&aacute;ndose el cuello, como en la conocida an&eacute;cdota de los Messerschmitts que estuvieron a punto de derribar su Fokker y acabaron despreciando una &ldquo;presa tan poco apetecible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, una de las pocas labores que no asumi&oacute; Aub aquella vez fue la de escribir el guion, con independencia de que su mano est&eacute; en los di&aacute;logos, como ya se ha dicho. &Eacute;l mismo se qued&oacute; sorprendido al verse como guionista en aquella copia cortada y manipulada de la pel&iacute;cula y, tras puntualizar que eso hab&iacute;a estado a cargo del propio Andr&eacute; Malraux y de &ldquo;Boris Paskine, Denis Marion y Louis Page&rdquo;, ironiz&oacute; con que lo suyo era &ldquo;desga&ntilde;itarse&rdquo;, &ldquo;dormir poco y, para descansar, discutir con Hemingway&rdquo; en el Majestic tras preparar &ldquo;el trabajo del d&iacute;a siguiente&rdquo;. Desde luego, nadie le habr&iacute;a podido acusar de no aplicarse una de las muchas y muy relevantes cosas que dijo el 20 de julio de 1938 a los miembros del equipo, para explicarles el proyecto y sus intenciones (el discurso entero aparece en <em>Hablo como hombre</em>, publicado en M&eacute;xico en 1967): &ldquo;No olvidemos que trabajamos para el pueblo, no para satisfacer nuestras peque&ntilde;as pasiones&rdquo; personales.
    </p><p class="article-text">
        Salvando las distancias, su negativa a aceptar autor&iacute;as no buscadas estuvo cerca de lo que coment&oacute; el doble de una de las escenas despu&eacute;s de salirse de una carretera y caer por un barranco &ndash;acompa&ntilde;ado de un perro&ndash; en un coche sin motor: &ldquo;Soy acr&oacute;bata, no ch&oacute;fer&rdquo;, aunque Max Aub fuera lo uno, lo otro y bastante m&aacute;s. Para tener fama de arrogante, renunciaba con frecuencia a cierto tipo de protagonismos, como hizo con su &ldquo;h&eacute;roe&rdquo; por excelencia (no dejen de leer <em>Luis Bu&ntilde;uel, novela</em>) en <em>Los olvidados</em>, donde ni Juan Larrea ni &eacute;l aparecen como coautores del guion de Luis Alcoriza y el genial cineasta de Calanda. Adem&aacute;s, <em>Sierra de Teruel</em> no se estaba haciendo por el capricho de un pu&ntilde;ado de creadores, sino por la necesidad de mostrar al mundo lo que estaba pasando en Espa&ntilde;a y, con suerte, contribuir a que Estados Unidos permitiera &ldquo;el env&iacute;o de material de guerra&rdquo; a la Rep&uacute;blica a trav&eacute;s de la &ldquo;enmienda Nye&rdquo;, que se iba a presentar en enero de 1939.
    </p><p class="article-text">
        En la alocuci&oacute;n que dirigi&oacute; a los actores, trabajadores y t&eacute;cnicos antes de empezar a trabajar, Aub cit&oacute; a Durruti para dejar claro que pod&iacute;an renunciar a cualquier cosa &ldquo;menos a la victoria&rdquo;, porque estaban buscando &ldquo;el puerto de la libertad por el camino siempre &aacute;spero de la justicia&rdquo; y la ocasi&oacute;n lo exig&iacute;a. Que el rodaje no cumpli&oacute; sus objetivos, es evidente; la pel&iacute;cula se termin&oacute; demasiado tarde, cuando &ldquo;hac&iacute;a meses que el fascismo hab&iacute;a ganado la guerra&rdquo; y, para empeorar la situaci&oacute;n, no se pudo proyectar entonces &ldquo;por la ceguera de los m&aacute;s y la prudencia o c&aacute;lculos equivocados de otros&rdquo;, lo cual la mantuvo escondida &ldquo;durante la noche m&aacute;s tr&aacute;gica de Europa&rdquo;. Sin embargo, los supervivientes siguieron buscando ese puerto hasta el final de sus vidas, &ldquo;de la misma manera en que los campesinos de la parte final&rdquo; de la obra &ldquo;levantan silenciosos el pu&ntilde;o a los cielos inclementes&rdquo;. Y <em>Sierra de Teruel</em> sigue &ldquo;aqu&iacute;&rdquo;, como tambi&eacute;n enfatiz&oacute; nuestro gran autor al recordar aquellos d&iacute;as, intentando creer que &ldquo;tal vez, las lecciones no se pierden nunca del todo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/aspero-camino-justicia_129_13243928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 21:12:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El áspero camino de la justicia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matar, no te mataré, pero te echaré de España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/matar-no-matare-echare-espana_129_13226188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce17f33b-d447-4314-9786-5f5d383cbc47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matar, no te mataré, pero te echaré de España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay algo en común entre Jack Taylor y las vedettes como Mary Santpere y Tania Doris, fallecida el martes pasado. Con el paso del tiempo, el concepto de ‘serie B’ se ha ampliado tanto que casi engloba cualquier expresión artística ajena al comercialismo audiovisual</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se nos fue Jack Taylor, un grande de lo que a&uacute;n se llama &ldquo;serie B&rdquo;. No es una expresi&oacute;n que me agrade demasiado; en mi opini&oacute;n, oculta m&aacute;s de lo que ense&ntilde;a y tiende a no definir gran cosa: en primer lugar, porque no hay subg&eacute;neros absolutos; en segundo, porque hay obras buenas, regulares y malas en cualquier forma de expresi&oacute;n y, en tercero, porque los tratamientos y las tramas de lo que vendr&iacute;a a ser &mdash;por contraposici&oacute;n&mdash; una <em>serie A</em> se han vuelto tan reiterativos y previsibles en general que, por mi parte, los considero una especie de <em>pulp</em> burgu&eacute;s. Ni la vieja y m&aacute;s seria diferencia de presupuesto econ&oacute;mico, que trazaba una l&iacute;nea divisoria, dice nada a estas alturas. Y frente a un planteamiento <em>comercial</em> atascado, de tap&oacute;n pasado de rosca que gira y gira sobre s&iacute; mismo sin abrir botella alguna, hasta las obras de menor calidad t&eacute;cnica parecen joyas si ponen algo nuevo sobre la mesa.
    </p><p class="article-text">
        En circunstancias normales, este art&iacute;culo ser&iacute;a un homenaje a aquel actor estadounidense que trabaj&oacute; a las &oacute;rdenes de directores como Corona Blake, Jes&uacute;s Franco, Paul Naschy, John Millius y Roman Polanski y dej&oacute; dos autobiograf&iacute;as sin duda interesantes (<em>Cuento lo que mi disco duro me permite</em> y <em>Mis 100 a&ntilde;os de cine</em>). Lo ser&iacute;a porque lo merece, y tambi&eacute;n lo ser&iacute;a por la importancia que tuvo para mi generaci&oacute;n y alguna m&aacute;s, que crecimos viendo sus pel&iacute;culas en un mundo ya desaparecido; en uno donde era f&aacute;cil que hubi&eacute;ramos visto casi todo el cine cl&aacute;sico al llegar a la adolescencia y, adem&aacute;s, por poner el asunto en contexto, se fuera adicto a todo lo que proyectaban los cinestudios. Pero supongo que el domingo, cuando se publiquen las l&iacute;neas que tienen ante ustedes, la prensa habr&aacute; hecho justicia a Taylor y al g&eacute;nero que le hizo famoso, a diferencia de lo que habr&aacute; pasado con otro g&eacute;nero y otra artista, fallecida igualmente el martes: Tania Doris, una de las pocas vedettes del antiguo Paralelo barcelon&eacute;s que segu&iacute;a con vida, tras la muerte hace unos meses de Merche Mar.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que los espect&aacute;culos de variedades ocupaban un espacio central en el paisaje cultural de nuestro pa&iacute;s. Durante d&eacute;cadas, contaron con espectadores &ndash;y a veces protagonistas indirectos&ndash; de la categor&iacute;a que mencion&eacute; una vez aqu&iacute; mismo, como apellidos como Barga y Valle-Incl&aacute;n (ver &ldquo;Los pasos contados&rdquo;) y, cuando los <em>nacionales</em> destruyeron la pr&aacute;ctica totalidad de lo bueno que se pod&iacute;a destruir, siguieron siendo espacios de libertad, aunque limitados por la moral y las leyes del r&eacute;gimen. Se hac&iacute;a lo que se pod&iacute;a; al principio, desde n&uacute;meros y chistes tan blancos como el que cont&oacute; la grand&iacute;sima vedette que fue Mary Santpere en la entrevista que le hizo Pablo Lizcano en &ldquo;Autorretrato&rdquo; (TVE-1, 1985); despu&eacute;s, tras la apertura relativa de la d&eacute;cada de 1960, con m&aacute;s filo y, frecuentemente, entre apariencias como la del descubridor de Lina Morgan y Tania Doris, Mat&iacute;as Colsada, que ocult&oacute; su pasado republicano y se invent&oacute; o le inventaron una identidad y una biograf&iacute;a completas que le permitieron convertirse en uno de los principales empresarios de paredes.
    </p><p class="article-text">
        Quien tenga inter&eacute;s en la aventura de Colsada deber&iacute;a echar un vistazo al cap&iacute;tulo que Juan Antonio R&iacute;os Carratal&aacute;, autor de textos tan relevantes como <em>Los consejos de guerra de Miguel Hern&aacute;ndez</em>, le dedica en <em>De mentiras y franquistas</em>. Pero, volviendo a la revista, el vodevil, el cabaret y dem&aacute;s, lo que acab&oacute; convirti&eacute;ndolos en una clase distinta de &ldquo;serie B&rdquo;, la derivada de la p&eacute;rdida de influencia social, de acabar en un &aacute;mbito minoritario, no fue ni la censura ni la competencia de las salas cinematogr&aacute;ficas; fue la comodidad del cine grabado (ahora ser&iacute;an las plataformas) y una serie de decisiones pol&iacute;ticas que se demostraron nefastas, como ocurri&oacute; con el sector de Taylor tras la ley Mir&oacute;, que se carg&oacute; el cine fant&aacute;stico espa&ntilde;ol con la fant&aacute;stica excusa de hacer obras <em>de calidad</em>. B&aacute;sicamente, lo que dice el chiste de Santpere, sobre un tipo que est&aacute; disparando a los p&aacute;jaros durante horas y que al final, harto de no cobrarse una pieza, pega otro tiro y suelta: &ldquo;Matar, no te matar&eacute;, pero te echar&eacute; de Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si no nos andamos con cuidado, llegar&aacute; un d&iacute;a en que todas las expresiones art&iacute;sticas ajenas al comercialismo audiovisual se consideren marginales y lo sean en la pr&aacute;ctica, por falta de p&uacute;blico o de lectores, porque una parte de la m&uacute;sica y la literatura tambi&eacute;n sufre esa situaci&oacute;n. Por ejemplo, es cierto que nuestras tablas no han tenido nunca tantos problemas como tienen ahora, pero lo es a&uacute;n m&aacute;s que jam&aacute;s se han le&iacute;do menos obras de teatro, para verg&uuml;enza del pa&iacute;s y desaprovechamiento de nuestra magn&iacute;fica y altamente entretenida historia dram&aacute;tica. En un mundo donde todo tiene que ser igual, todo lo que no lo sea es &ldquo;serie B&rdquo;; aunque, en este caso, los monstruos de cart&oacute;n piedra no pertenezcan precisamente a ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/matar-no-matare-echare-espana_129_13226188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 20:11:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matar, no te mataré, pero te echaré de España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Artistas,Actrices]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Colombine no era mujer de tiempos bobos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/colombine-no-mujer-tiempos-bobos_129_13208735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5eed9e8-f4ad-49ca-82e0-fff84cd4b2c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x347y329.jpg" width="1200" height="675" alt="Colombine"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En mi opinión, la peor consecuencia de rechazar los consejos de Galdós en ‘Cánovas’ no es de carácter político, sino cultural. Pero eso se puede corregir de muchas formas; por ejemplo, a través de una buena amiga suya, Carmen de Burgos</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - Windhoek</p></div><p class="article-text">
        Cada vez que alguien tergiversa, rebaja o anula directamente la actitud pol&iacute;tica y social de Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, cosa habitual en los aniversarios redondos de su nacimiento (10 de mayo) o en fechas asociadas a sus <em>Episodios Nacionales</em>, me acuerdo del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>C&aacute;novas</em>, el XXVIII.<em> </em>Nuestro gran novelista, republicano convencido, cede la palabra a &ldquo;la Madre&rdquo; y le hace acu&ntilde;ar un concepto tan v&aacute;lido para aquella restauraci&oacute;n borb&oacute;nica como para la siguiente: los &ldquo;tiempos bobos&rdquo;, una &eacute;poca de &ldquo;aton&iacute;a, de lenta par&aacute;lisis, que os llevar&aacute; a la consunci&oacute;n y a la muerte&rdquo; si no se le pone fin. Pero, lejos de quedarse en la cr&iacute;tica, indica el camino a seguir: &ldquo;Declaraos revolucionarios, d&iacute;scolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeld&iacute;a&rdquo;. Y como no le parece suficiente, a&ntilde;ade un &ldquo;sed constantes en la protesta&rdquo; que enseguida afina por el lado vital con un sed &ldquo;rom&aacute;nticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco tiempo, tirando del hilo de la fundaci&oacute;n de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, de la que se cumplir&aacute; siglo y medio este a&ntilde;o, acab&eacute; en una obra que, en principio, no ten&iacute;a nada que ver con el asunto, aunque su autora &mdash;correligionaria pol&iacute;tica y buena amiga de Gald&oacute;s&mdash; tambi&eacute;n estuviera muy relacionada con la ILE. Mientras consultaba la correspondencia entre Francisco Giner de los R&iacute;os y Emilia Pardo Baz&aacute;n, me encontr&eacute; con la frase donde la segunda ironiza sobre sus habilidades literarias por el procedimiento de parafrasear al Espronceda del &lsquo;Canto a Teresa&rsquo;: &ldquo;Que haya un <em>fiasco</em> m&aacute;s, &iquest;qu&eacute; importa al mundo?&rdquo;, se pregunta; y entre unas cosas y otras, ligadas en cualquier caso a ese magn&iacute;fico grupo de escritores, pedagogos y fil&oacute;sofos que tanto hicieron por sacar a Espa&ntilde;a de los &ldquo;tiempos bobos&rdquo;, el poeta de Almendralejo me llev&oacute; a otro &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, el de <em>Mis viajes por Europa</em>, de Carmen de Burgos, <em>Colombine</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sed &ldquo;rom&aacute;nticos&rdquo;, insiste Gald&oacute;s en el trasfondo, y no se puede negar que Carmen de Burgos lo era. Evidentemente, podr&iacute;a haber cerrado la narraci&oacute;n de su visita a Portugal de muchas formas, pero eligi&oacute; una que estaba y est&aacute; cargada de rebeld&iacute;a. A partir de la an&eacute;cdota de las dos &uacute;ltimas pesetas de Espronceda, que tir&oacute; &ldquo;al r&iacute;o Tajo porque no quer&iacute;a entrar en tan gran capital con tan poco dinero&rdquo; (&lsquo;De Gibraltar a Lisboa&rsquo;, publicado originalmente en <em>El Pensamiento</em>, 1841), <em>Colombine</em> re&uacute;ne de nuevo al autor con su paisana m&aacute;s famosa, Carolina Coronado. De repente, un libro de viajes extiende las alas y se convierte en algo distinto, en un canto contra la reacci&oacute;n y la &ldquo;gazmo&ntilde;er&iacute;a&rdquo; y en un reconocimiento apasionado de aquella poeta y precursora del feminismo. &ldquo;Salv&oacute; a sus amigos cien veces de los peligros&rdquo;, recuerda Colombine; &ldquo;los revolucionarios de aquella &eacute;poca ten&iacute;an amparo en su casa, y alguna vez se interpuso en el despacho de un ministro entre la crueldad de la justicia y la grandeza de alg&uacute;n reo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, la peor consecuencia de rechazar los consejos de la Madre en <em>C&aacute;novas</em> no es de car&aacute;cter pol&iacute;tico, sino cultural; sobre todo, porque no puede haber cambios pol&iacute;ticos reales, de fondo, si nuestra cultura es la de la estructura que se pretende cambiar. Seguro que estamos de acuerdo en que, normalmente, las casas no se empiezan por el tejado. Se necesitan &ldquo;personas capaces de concebir un ideal, de gobernar con sustantividad su propia vida&rdquo;, como reza uno de los principios b&aacute;sicos de la antigua Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, a la que volver&eacute; en otra ocasi&oacute;n; y la obra de Carmen de Burgos es uno de los caminos obligados que se han de tomar para acercarse a ese objetivo. Solo hay que hacer una cosa: leerla y, a ser posible, de primera mano, sin intermediarios, como estoy haciendo yo mismo esta semana con <em>F&iacute;garo</em> y la <em>Gloriosa vida y desdichada muerte de D. Rafael del Riego</em> <em>(Un crimen de los borbones).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;</em>En la situaci&oacute;n a que llegar&eacute;is andando los a&ntilde;os &mdash;nos sigue advirtiendo Gald&oacute;s&mdash;, el ideal revolucionario, la actitud ind&oacute;mita si quer&eacute;is, constituir&aacute;n el &uacute;nico s&iacute;ntoma de vida&rdquo;. Colombine era muy consciente de ello, y lo demostr&oacute; con creces el 8 de octubre de 1932, cuando se dio cuenta de que le quedaban pocas horas. Aquel d&iacute;a, estaba en un acto organizado por el C&iacute;rculo Radical Socialista, hablando nada m&aacute;s y nada menos que de educaci&oacute;n sexual; pero, seg&uacute;n el diario <em>El Sol</em>, desaparecido en 1939 por motivos evidentes, mantuvo el aplomo y dijo, a manera de despedida: &ldquo;Muero contenta, porque muero republicana&rdquo;. No era mujer de tiempos bobos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/colombine-no-mujer-tiempos-bobos_129_13208735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Colombine no era mujer de tiempos bobos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,Mujer,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Windhoek]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/windhoek_129_13188752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07cb5a14-4097-4653-9887-b19b8c24da10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Windhoek"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las grandes palabras no cambian nada por sí mismas, y tampoco lo cambian en lo tocante a la libertad de expresión, por razonable que fuera la declaración que dio pie al Día Internacional de la Libertad de Prensa. Pero, como decía Camus, hay quien sigue empeñado en rechazar la mentira</p></div><p class="article-text">
        En 1991, durante la vigesimosexta sesi&oacute;n de la Conferencia General de la UNESCO, se tom&oacute; una decisi&oacute;n de las que suelen perder valor con el tiempo; en este caso, por las complejidades del &aacute;mbito del que se discut&iacute;a &mdash;enseguida veremos por qu&eacute;&mdash; y por un hecho relativamente sencillo de entender: que no hay ni puede haber palabras que aseguren cierto tipo de cosas. Piensen en las constituciones pol&iacute;ticas, por ejemplo. Es obvio que, por mucho que la norma fundamental de un Estado asegure una serie de derechos, son las leyes inferiores las que determinan su cumplimiento y hasta su anulaci&oacute;n, como ocurre con el derecho a la vivienda en nuestro pa&iacute;s (art&iacute;culo 47). Y da igual que exista o no un &ldquo;principio de jerarqu&iacute;a normativa&rdquo; (art&iacute;culo 9) que intente aclarar qu&eacute; ley es la prioritaria. Al final, el conde de Romanones tiene raz&oacute;n con la conocid&iacute;sima frase que se le atribuye: &ldquo;Hagan ustedes las leyes, que yo har&eacute; los reglamentos&rdquo;. Aunque la forma normal sea la contraria, es decir, no hacerlos.
    </p><p class="article-text">
        El caso de la vivienda es un caso de falta de voluntad, m&aacute;s que otra cosa; se incumple esencialmente porque ning&uacute;n Gobierno lo ha querido desarrollar en la pr&aacute;ctica; pero hay cuestiones de trasfondo mucho m&aacute;s enrevesado, como el que est&aacute; detr&aacute;s de aquella reuni&oacute;n del organismo de Naciones Unidas: la decisi&oacute;n de celebrar cada 3 de mayo el aniversario de la Declaraci&oacute;n de Windhoek, conocido desde entonces como D&iacute;a Internacional de la Libertad de Prensa. &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; en contra, en principio, de una declaraci&oacute;n de generalidades con buena intenci&oacute;n? En general, ning&uacute;n gobernante m&iacute;nimamente democr&aacute;tico pone por escrito que est&eacute; bien que la gente pase hambre o no tenga d&oacute;nde caerse muerta y, por el mismo motivo, tampoco suele decir &mdash;no en estos t&eacute;rminos&mdash; que la libertad de expresi&oacute;n o de creaci&oacute;n sean males a extirpar. No lo necesita. Basta con dejar las cosas a la fuerza de los hechos consumados, que desde luego es, siempre, los intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos del sistema que corresponda.
    </p><p class="article-text">
        Los firmantes de aquella declaraci&oacute;n empezaban diciendo que &ldquo;el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de una prensa independiente, pluralista y libre son&rdquo; condici&oacute;n <em>sine qua non</em> de la democracia. A&ntilde;ad&iacute;an, muy razonablemente, que por &ldquo;prensa independiente debe entenderse una prensa sobre la cual los poderes p&uacute;blicos no ejerzan ni dominio pol&iacute;tico o econ&oacute;mico&rdquo; ni control sobre materiales, infraestructura, difusi&oacute;n, etc&eacute;tera; y puntualizaban que hab&iacute;a que eliminar los &ldquo;monopolios de toda clase&rdquo; y asegurar no ya el &ldquo;mayor n&uacute;mero posible&rdquo; de publicaciones, sino con &ldquo;la m&aacute;s amplia gama de opiniones dentro de la comunidad&rdquo;, algo sin duda m&aacute;s relevante. Grandes palabras, dir&aacute;n ustedes, y es verdad; ten&iacute;an y tienen pies de barro, como todas las grandes palabras, lo cual no quiere decir que no sean correctas. Especialmente, porque en Windhoek no intentaron ocultar lo esencial: la financiaci&oacute;n, de la que se habla bastante en t&iacute;tulos como el 10, el 11 y el 16 del texto. Sin dinero, no puede haber m&aacute;s prensa que la que no tenga &aacute;nimo de lucro. Sin dinero, no se llega a mayor&iacute;as sociales.
    </p><p class="article-text">
        Hubo una &eacute;poca en que se hac&iacute;an cosas en otros &aacute;mbitos. Yo mismo form&eacute; parte del movimiento de las radios comunitarias en la d&eacute;cada de 1980 y, m&aacute;s tarde, cuando Internet estaba naciendo, en un pu&ntilde;ado de publicaciones <em>libres</em> que hac&iacute;amos lo que pod&iacute;amos &mdash;bien o mal es cuesti&oacute;n aparte&mdash; por romper el discurso de los monopolios sist&eacute;micos. M&aacute;s que &ldquo;informar&rdquo;, algunos pretend&iacute;amos dar herramientas para que se entendiera d&oacute;nde empieza la manipulaci&oacute;n y qu&eacute; se puede hacer para no dejarse controlar por ella; pero, por encima de todo, intent&aacute;bamos cumplir con la declaraci&oacute;n de Windhoek en lo tocante a dar voz suficiente a los conflictos a los que no se da voz real. En el ejemplo propuesto antes, el de la vivienda, cualquiera puede ver que ocupa un espacio marginal en la prensa, aunque nos afecte grav&iacute;simamente a millones de personas. No es noticia habitual porque no se quiere que sea noticia habitual. Y si les parece que eso es malo, piensen que hay algo notablemente peor: lo que ocupa el espacio del gran creador de relatos que son los grandes medios cuando se esfuerza por tapar lo que es inconveniente para el poder.
    </p><p class="article-text">
        En una fant&aacute;stica obra de Mark Twain llamada <em>Europe and elsewhere</em>, de la que se ha hablado &uacute;ltimamente por la publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de un art&iacute;culo que aparece en ella (&ldquo;Los Estados Unidos del linchamiento&rdquo;), el autor de la Florida de Misuri afirma esto sobre la prensa alemana, refiri&eacute;ndose a una epidemia de c&oacute;lera en Hamburgo: &ldquo;Cuando llegue el D&iacute;a del Juicio Final, mencionar&aacute; la destrucci&oacute;n del mundo en un p&aacute;rrafo de tres l&iacute;neas, se dar&aacute; la vuelta y se volver&aacute; a dormir&rdquo;. El problema, que Twain conoc&iacute;a de sobra, est&aacute; en que lo que suelen hacer los peri&oacute;dicos &mdash;o las televisiones, canales y dem&aacute;s&mdash; no es dormirse, sino ocultar la verdad tras un mont&oacute;n de ruido, y as&iacute; se acaba linchando a media poblaci&oacute;n, porque alguien tiene que pagar el pato de lo que no funciona. Chesterton estaba en lo cierto al afirmar en <em>Ortodoxia</em> que, en &uacute;ltima instancia, los medios son &ldquo;por la naturaleza del asunto, los juguetes de unos pocos hombres ricos&rdquo;. Y no, el mal no est&aacute; en las redes sociales o Internet, los &uacute;ltimos en llegar al juego de las <em>noticias falsas</em>; est&aacute; desde el principio del periodismo, con independencia de en qu&eacute; formato se exprese.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La democracia depende de garantizar el derecho a la libertad de expresi&oacute;n&rdquo;, se lee en el &uacute;ltimo informe de la UNESCO sobre estas cuestiones (<em>Journalism: Shaping a World at Peace</em>), y es altamente improbable que se pueda garantizar eso cuando casi todos los medios de nuestros pa&iacute;ses est&aacute;n en manos de un pu&ntilde;ado de grandes grupos cuyo objetivo no es precisamente el bien com&uacute;n. Pero, como escribi&oacute; Albert Camus en 1939, en una columna que originalmente se iba a publicar en <em>Le Soir R&eacute;publicain</em> (&ldquo;El periodismo libre&rdquo;), todav&iacute;a hay quien &ldquo;sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas&rdquo;, una medida que por lo menos permite &ldquo;rechazar lo que ninguna fuerza en el mundo podr&iacute;a hacerle aceptar: servir a la mentira&rdquo;. T&eacute;nganlo en cuenta cuando se enfaden, como yo mismo, con tantas barbaridades como se leen, ven y oyen por ah&iacute;. Digan lo que digan, no somos todos iguales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/windhoek_129_13188752.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 19:53:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Windhoek]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Querida casualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/querida-casualidad_129_13172901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70be670e-3281-4d6d-9c99-2f62c8e28822_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x692y839.jpg" width="1200" height="675" alt="Querida casualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace cien años, después de haber escrito críticas para el New York Herald durante una temporada, Lillian Hellman se mudó a la capital francesa y empezó a publicar relatos</p></div><p class="article-text">
        Este martes, por motivos que no vienen al caso, me puse a releer <em>El coloquio de los perros</em> y, al empezar la escena donde Berganza se arranca con &ldquo;los cuatro enfermos que la suerte y la necesidad&rdquo; hab&iacute;an llevado al Hospital de la Resurrecci&oacute;n, me dio por cambiar ligeramente de rumbo y tirar del hilo de los alquimistas en la literatura. En principio, s&oacute;lo quer&iacute;a unos cuantos comentarios al respecto, de modo que insist&iacute; con Cervantes, pas&eacute; por obras como el <em>Guzm&aacute;n de Alfarache </em>(Mateo Alem&aacute;n) y el <em>Libro de todas las cosas y otras muchas m&aacute;s</em> (Quevedo) y cerr&eacute; el asunto con la lectura de unos extractos de <em>El toque de alquimia</em>, el tratado que Richard Stanihurst present&oacute; a Felipe II en 1593. La casualidad no hab&iacute;a intervenido a&uacute;n; pero, en cumplimiento de una de sus costumbres, se agarr&oacute; al brazo del capricho y se present&oacute; con su tambi&eacute;n t&iacute;pico desparpajo.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que todos los caminos llevan a Roma, y dicen bien. Si no hubiera vuelto a pensar al d&iacute;a siguiente en el alquimista de los perros cervantinos, no me habr&iacute;a acordado de otros colegas suyos; entre otros, el que provoca la situaci&oacute;n de <em>El mortal inmortal </em>de Mary W. Shelley, que tengo en una excelente antolog&iacute;a de autoras de g&eacute;nero fant&aacute;stico (<em>La eva fant&aacute;stica</em>). Pues bien, como sab&iacute;a que estaba entre las primeras obras del texto, lo abr&iacute; calculando a ojo; y en lugar de dar con la londinense, di con otro perro, el supuesto fantasma de &ldquo;El relato del oficial holand&eacute;s&rdquo; (Catherine Crowe), cuya &uacute;ltima l&iacute;nea dice as&iacute;: &ldquo;Los hechos no valen de nada si no encajan en nuestras teor&iacute;as&rdquo;. El azar se hab&iacute;a enganchado a la canci&oacute;n del enga&ntilde;o, a pesar de que se hubiera alejado ya de aquellos precursores de la qu&iacute;mica que empezaron trasteando con las transmutaciones de la materia y acabaron estafando a los cr&eacute;dulos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En circunstancias normales, todo eso se habr&iacute;a quedado fuera de esta columna, por no formar parte&nbsp;de su objetivo. Sin embargo, lleg&oacute; el d&iacute;a del libro, y yo segu&iacute;a entre personajes literarios o sociedades enteras que se enga&ntilde;an, enga&ntilde;an a los dem&aacute;s, enga&ntilde;an por sobrevivir, enga&ntilde;an por vicio, etc&eacute;tera. Me volv&iacute; a re&iacute;r un rato con <em>El lazarillo de Tormes</em>, genialidad feroz donde las haya. Pas&eacute; por <em>Crimen y castigo</em> (Dostoievski), <em>Muerte de un viajante</em> (Arthur Miller) y <em>El Gran Gatsby</em> (Scott Fitzgerald). Recal&eacute; &mdash;por la &eacute;poca del autor de Minnesota&mdash; en unos versos de Dorothy Parker relativos al amor y la mentira (&ldquo;Recurrencia&rdquo;, de <em>Cuerda suficiente</em>) y, entonces, el arbitrario viaje me dej&oacute; ante una gran amiga suya, la persona de la que habr&iacute;a escrito de todas formas este domingo: Lillian Hellman, cuya obra no est&aacute; precisamente exenta de enga&ntilde;os personales y sociales.
    </p><p class="article-text">
        All&aacute; por 1926, despu&eacute;s de haber escrito cr&iacute;ticas para el New York Herald durante una temporada, Hellman se mud&oacute; a la capital francesa y empez&oacute; a publicar relatos, aprovechando que su marido de entonces (Arthur Kober) trabajaba en <em>The Paris Comet</em>. Eran &ldquo;historias muy t&iacute;picas&rdquo; de determinadas escritoras, como confesar&iacute;a m&aacute;s tarde, &ldquo;de esas en las que el hombre deja el tenedor en el plato y la mujer sabe que todo ha terminado&rdquo; (entrevista con John Phillips y Anne Hollander, 1964). Era consciente de que &ldquo;no eran muy buenas&rdquo; y, para empeorar las cosas, estaba atascada en una vida que no quer&iacute;a. Necesitaba una persona que le diera un empuj&oacute;n y que &ldquo;no se dejara impresionar ni incomodar por una joven extra&ntilde;a y dif&iacute;cil&rdquo; (<em>Una mujer inacabada</em>); una persona que apareci&oacute; pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, por otro tipo de casualidad: Dashiell Hammett, crucial en su evoluci&oacute;n literaria y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, Hammett no la anim&oacute; a tomar el camino del teatro, el que la har&iacute;a famosa; de hecho, &ldquo;siempre quiso que escribiera una novela&rdquo;. Lo que hizo fue algo tan diferente como ver &ldquo;el mundo tal como era&rdquo;, sin enga&ntilde;arse; algo tan sencillo como verlo sin m&aacute;s y, as&iacute;, por el sencillo procedimiento de acompa&ntilde;arla, contribuy&oacute; a que ella abriera una puerta que, hasta ese momento, apenas vislumbraba &ldquo;por una rendija&rdquo;, como dice en su autobiograf&iacute;a. Todos nos influimos entre nosotros; a veces, para bien y, con frecuencia, con el amor de por medio. No es de extra&ntilde;ar que aquella puerta llevara a Hellman a la habitaci&oacute;n de los grandes dramaturgos del siglo XX (yo empezar&iacute;a por <em>La calumnia</em>,<em> La loba </em>y <em>Juguetes en el &aacute;tico</em>). Sab&iacute;a que la verdadera literatura entra a saco en los conflictos, por muchos problemas que eso pueda causar, y a ella se los caus&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        No hace mucho, en estas mismas p&aacute;ginas, coment&eacute; que esta columna es deudora de creadores como Hellman, Hammett y, aunque no la mencion&eacute; entonces, Dorothy Parker, comprometidos todos con la II Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola y la causa de los trabajadores y las trabajadoras (&ldquo;Hacia el r&iacute;o&rdquo;); pero me ha parecido que hablar sencillamente del juego de la literatura, con su azar, sus caprichos y hasta las extra&ntilde;&iacute;simas v&iacute;as por las que se puede volver a ellos &mdash;alquimia incluida&mdash;, le habr&iacute;a gustado m&aacute;s a aquella magn&iacute;fica mujer de Nueva Orleans que apelar a otras cuestiones, de las que le preguntaron demasiadas veces a lo largo de su vida, obviando lo dem&aacute;s. Su mundo era el teatro, la palabra; y, por otra parte, da igual por qu&eacute; casualidad se llegue a un autor o a una autora: lo importante es leerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/querida-casualidad_129_13172901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 20:57:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vudú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/vudu_129_13154216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd73ecb1-9f43-4e2f-af8a-82f2582f23c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x335y526.jpg" width="1200" height="675" alt="Vudú"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre Augie Meyers, fallecido en marzo en San Antonio (Texas) y aquel genio de Mineápolis llamado Prince —muerto hace diez años— hay caminos que a veces no se ven a simple vista. Por ejemplo, el de Tom Waits</p><p class="subtitle">La anterior 'Nota al pie'  - Un sol de abril</p></div><p class="article-text">
        Bob Seger, quien por cierto est&aacute; de aniversario (cincuenta a&ntilde;os de su <em>Live Bullet</em>, nada m&aacute;s y nada menos) dijo en cierta ocasi&oacute;n que, yendo un d&iacute;a en su coche, muerto de calor, se cruz&oacute; con un tipo que iba &ldquo;todo de negro&rdquo;, paseando &ldquo;con camisa de manga larga y botas vaqueras&rdquo; a pesar de los treinta y tantos grados que hac&iacute;a. El tipo en cuesti&oacute;n se sobresalt&oacute; cuando Seger detuvo el veh&iacute;culo y lo llam&oacute; a gritos, &ldquo;pensando quiz&aacute; que yo era de la CIA&rdquo; por &ldquo;las gafas de sol&rdquo; que llevaba, el &ldquo;celular del coche y dem&aacute;s&rdquo;, lo cual no impidi&oacute; que aceptara su invitaci&oacute;n a subir a bordo. Era Tom Waits y, como Seger adoraba su trabajo, se interes&oacute; por lo que estaba haciendo en ese momento. &ldquo;Andar&rdquo;, contest&oacute; Waits literal&iacute;simamente y, a partir de ah&iacute;, la conversaci&oacute;n se hundi&oacute; del todo en el absurdo por culpa de &ldquo;las est&uacute;pidas preguntas que hice sobre sus canciones&rdquo;, como reconoci&oacute; el propio Seger. Al final, este le pregunt&oacute; si le pod&iacute;a dejar en alg&uacute;n lado. Waits dijo que s&iacute;, que donde lo hab&iacute;a recogido, de modo que dieron la vuelta y regresaron &ldquo;exactamente&rdquo; al punto de partida (<em>Wild Years: The music and myth of Tom Waits</em>, de Jay S. Jacobs).
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima frase que pronunci&oacute; aquella vez el polifac&eacute;tico artista californiano fue un &ldquo;seguir&eacute; andando&rdquo; que, en mi opini&oacute;n, resume bastante bien su vida. Compositor, cantante, poeta, actor y, en suma, magn&iacute;fico <em>zanni</em> de la <em>commedia dell'arte</em> moderna, admirado por m&uacute;sicos tan diferentes como Keith Richards, Iggy Pop y Bob Dylan &mdash;quien lo ten&iacute;a por uno de sus &ldquo;h&eacute;roes secretos&rdquo;&mdash; y admirador por su parte de gente tan distinta como Mose Alison, Kurt Weill, Thelonious Monk y Prince, al que volver&eacute; m&aacute;s tarde. Sin embargo, no creo que Waits necesite de presentaci&oacute;n alguna a estas alturas; si lo menciono hoy es por dos noticias de estos d&iacute;as, que han corrido una suerte dispar en nuestro pa&iacute;s: la primera, el fallecimiento poco mencionado de Augie Meyers, antiguo colaborador de Waits y fundador de los Texas Tornados y Sir Douglas Quintet; la segunda, la ruptura de su silencio musical, que ya duraba quince a&ntilde;os, con una feroz canci&oacute;n contra el autoritarismo y el militarismo cuyos beneficios ir&aacute;n a parar a la American Civil Liberties Union y el Immigrant Defense Project de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Al parecer, y seg&uacute;n el comunicado que ha aparecido en medios como <em>Rolling Stone</em>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/massive-attack-tom-waits-unen-cancion-criticar-politica-neofascista-trump_1_13147114.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Massive Attack le propuso &ldquo;hace muchos a&ntilde;os&rdquo; que hicieran algo juntos, y &eacute;l les envi&oacute; &ldquo;Boots on the Ground&rdquo;</a>, que ha estado esperando hasta ahora sin que &ldquo;el largo retraso&rdquo; del grupo brit&aacute;nico preocupara a Tom Waits. &ldquo;El hoy, al igual que todos los ayeres de la humanidad, garantiza que ese tipo de canciones no pasen nunca de moda&rdquo;, dice con sarcasmo y, por si no estuviera claro el porqu&eacute;, a&ntilde;ade sobre su otra contribuci&oacute;n al disco: &ldquo;La locura de los fracasos del hombre es un fest&iacute;n para las moscas. Por eso, la cara B del pr&oacute;ximo sencillo de Massive Attack, &lsquo;The Fly&rsquo;, recoge mi aprecio por esa molesta criatura alada&rdquo;. Algunos de ustedes ya habr&aacute;n o&iacute;do la canci&oacute;n y el poema de Waits cuando se publique este art&iacute;culo; pero, por si acaso, perm&iacute;tanme que extraiga unas l&iacute;neas de <em>Boots</em>, para que se hagan una idea de por d&oacute;nde van los tiros: &ldquo;Qui&eacute;n co&ntilde;o son esos cabrones del Gobierno federal?/ Escondidos en el Senado como una garrapata hinchada,/ holgazanes de mierda con aire acondicionado,/ sentados en una sala llena de carteles del ej&eacute;rcito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Guerras, beneficios econ&oacute;micos para un pu&ntilde;ado y m&aacute;s muertos de los que se puede contar. Toda una patada a lo que est&aacute; ocurriendo en el mundo de un tiempo a esta parte &ndash;recu&eacute;rdese que la letra no es de hace unos meses&ndash; y, como escribi&oacute; Gene Santoro en &ldquo;Waits, &iquest;heredero de Guthrie?&rdquo; (<em>The Nation</em>, 1999), con &ldquo;m&aacute;s de un atisbo de Brecht&rdquo; en la po&eacute;tica (<em>Innocent When You Dream</em>, de Mac Montandon, publicado en Espa&ntilde;a como <em>Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones</em>). Ahora bien, lo que a m&iacute; me llama m&aacute;s la atenci&oacute;n, lo que siempre me la llama en su caso, no es su constante y admirable compromiso pol&iacute;tico, sino su no menos asombrosa capacidad de mantenerse nuevo, al igual que el hombre al que se refiri&oacute; en &ldquo;20 preguntas&rdquo; (<em>Playboy</em>, 1988) cuando Steve Oney le pregunt&oacute; qu&eacute; artistas de la &eacute;poca le gustaba escuchar. &ldquo;Prince&rdquo;, contest&oacute; sin dudarlo; por no pasar &ldquo;por el aro&rdquo;, por asumir &ldquo;riesgos peligrosos&rdquo;, por ser &ldquo;un verdadero manantial&rdquo; y, de paso, b&aacute;sicamente, &ldquo;vud&uacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un 21 de abril de hace diez a&ntilde;os, aquel genio de Mine&aacute;polis que fund&oacute; el sonido que lleva el nombre de su localidad natal, fundiendo m&uacute;ltiples g&eacute;neros y siendo al mismo tiempo un inmenso guitarrista, falleci&oacute; en Chanhassen por una sobredosis de fentanilo. En apariencia, Waits no se parece nada a &eacute;l; en la pr&aacute;ctica, sus caminos no andan lejos de ese &ldquo;raro, rar&iacute;simo p&aacute;jaro ex&oacute;tico&rdquo; del que tambi&eacute;n habl&oacute; en su entrevista con Mark Rowland (&ldquo;Tom Waits est&aacute; volando bocabajo&rdquo;. <em>Musician</em>, 1987). Y aunque no es habitual que ese tipo de creadores lleguen r&aacute;pidamente a mayor&iacute;as, lo cierto es que el juicio de la Historia depende mucho de lo que Seger entendi&oacute; tan machadianamente en la an&eacute;cdota que abre este texto: hay quien se limita a repetir &ndash;que es tanto como estar parado&ndash; y hay quien no deja de experimentar, es decir, andar. Se entender&aacute;n m&aacute;s o se entender&aacute;n menos; pero, en el caso de los caminantes, todos sus aniversarios son canciones a la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/vudu_129_13154216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vudú]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Rock,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un sol de abril]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/sol-abril_129_13135560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61d56cb2-6a69-46d5-8bf5-2f664231caf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x249y181.jpg" width="1200" height="675" alt="Un sol de abril"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este nuevo aniversario de aquel mes luminoso que hizo feliz a Antonio Machado en 1931, me atrevo a recordar lo que escribió en una carta que, en mi opinión, no ha perdido vigencia</p><p class="subtitle">La anterior 'nota al pie' - Teléfono rojo</p></div><p class="article-text">
        Quien haya le&iacute;do bien a Corpus Barga, encontrar&aacute; dif&iacute;cil de creer que alguien pudiera contar alguna an&eacute;cdota de Ram&oacute;n Mar&iacute;a del Valle-Incl&aacute;n que &eacute;l desconociera; pero el autor de <em>Los pasos contados</em>, obra que no me cansar&eacute; de recomendar, se encontr&oacute; en esa situaci&oacute;n en uno de los peores y m&aacute;s tr&aacute;gicos episodios de nuestra Historia, pernoctando con un poeta que viajaba con su madre, su hermano Jos&eacute; y la mujer de este. El poeta en cuesti&oacute;n, Antonio Machado, beb&iacute;a &ldquo;una taza de leche condensada que no acababa de diluirse en el agua, por m&aacute;s que &eacute;l la remov&iacute;a con una cucharilla antes de cada sorbo&rdquo; (<em>Antonio Machado ante el destierro</em>). Faltaba poco para que cruzaran la frontera y, a pesar de estar &ldquo;extenuados de cansancio y de angustia&rdquo;, como escribir&iacute;a luego Jos&eacute; (<em>&Uacute;ltimas soledades del poeta Antonio Machado</em>) se pusieron a charlar &mdash;vuelvo a Barga&mdash; &ldquo;como en un caf&eacute; madrile&ntilde;o&rdquo; de otros tiempos, y Machado &ldquo;le hizo re&iacute;r&rdquo; con &ldquo;las m&aacute;s sabrosas&rdquo; aventuras y ocurrencias de uno de los dos mancos m&aacute;s brillantes de las Letras universales.
    </p><p class="article-text">
        Aquella noche, mientras &ldquo;hablaba un ca&ntilde;&oacute;n&rdquo; de cuando en cuando o &ldquo;gem&iacute;a una granada&rdquo;, entre mujeres con ni&ntilde;os y &ldquo;soldados heridos&rdquo; a los que &ldquo;la lluvia arrancaba sus vendajes&rdquo;, el poeta tambi&eacute;n habl&oacute; de otras cosas (Waldo Frank. <em>La salida de Espa&ntilde;a de Antonio Machado</em>). Dijo, por ejemplo, que hab&iacute;a intentado servir en el Ej&eacute;rcito republicano &ldquo;donde quiera que fuese&rdquo; y que, por supuesto, &ldquo;hab&iacute;a sido rechazado&rdquo;; dijo que ya s&oacute;lo quedaba &ldquo;una moneda en que podamos pagar nuestra deuda a nuestro pueblo: nuestras vidas&rdquo; y, aunque sab&iacute;a que el exilio &ldquo;significar&iacute;a para m&iacute; la muerte&rdquo; (Pascual Pla y Beltr&aacute;n. <em>Mi entrevista con Antonio Machado</em>), sus pensamientos tomaron precisamente el camino de Valle-Incl&aacute;n, de quien no ten&iacute;a duda de que habr&iacute;a sido el &ldquo;amigo m&aacute;s sincero&rdquo; y el &ldquo;admirador m&aacute;s entusiasta&rdquo; de los &ldquo;capitanes&rdquo; que hab&iacute;an plantado cara al fascismo (<em>Pr&oacute;logo a La corte de los milagros</em>, 1938) y que a&uacute;n resist&iacute;an en la zona centro. En plena oscuridad, apel&oacute; a un caminante &ldquo;infatigable&rdquo; que &ldquo;como don Quijote, no conoc&iacute;a el miedo, o no hab&iacute;a para &eacute;l miedo que no superase con el esp&iacute;ritu&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n con Corpus Barga, quien se desvivi&oacute; por el poeta y su familia, fue en buena medida un &uacute;ltimo y buscado sol joven antes del que aparecer&iacute;a en su &uacute;ltimo verso, &ldquo;estos d&iacute;as azules y este sol de la infancia&rdquo;. Quedaba en Machado un resto de esperanza y, al no haber variado un &aacute;pice en sus convicciones, se aferr&oacute; a lo que ni entonces ni m&aacute;s tarde pod&iacute;a cambiar: el triunfo en &uacute;ltima instancia de la gran literatura, personificada en el dramaturgo y novelista, y de la luz que segu&iacute;a brillando en &eacute;l mismo, id&eacute;ntica a la que hab&iacute;a ba&ntilde;ado &ldquo;el maravilloso campo&rdquo; castellano durante las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 (carta a Guiomar) y, especialmente, de la luz de dos d&iacute;as despu&eacute;s, cuando &ldquo;con las primeras hojas de los chopos y las &uacute;ltimas flores de los almendros llegaba al fin la segunda y gloriosa Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola&rdquo; (<em>El 14 de abril de 1931 en Segovia</em>). &ldquo;Un d&iacute;a profundamente alegre &mdash;muchos que ya &eacute;ramos viejos no record&aacute;bamos otro m&aacute;s alegre&mdash;, un d&iacute;a maravilloso en que la naturaleza y la historia parec&iacute;an fundirse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Memoria de la melancol&iacute;a</em>, Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n habla amargamente del momento en que su marido y ella se enteraron del fallecimiento del poeta. &ldquo;Pocos d&iacute;as anteriores a ese final de nuestras horas libres, escuchando la radio francesa, o&iacute;mos, entre dos anuncios, una peque&ntilde;a noticia que se deslizaba: &lsquo;Antonio Machado ha muerto en Colliure&rsquo;. No dijeron nada m&aacute;s. &iexcl;Para qu&eacute;!&rdquo;; y a continuaci&oacute;n, a&ntilde;ade que Rafael Alberti coment&oacute;: &ldquo;Ahora s&iacute; que todo ha terminado&rdquo;. En general, la gente tiende a interpretar que Alberti hablaba de la guerra, pero soy de la opini&oacute;n de que su contundente frase estaba m&aacute;s relacionada con el futuro de Espa&ntilde;a, porque el hombre de &ldquo;hoy es siempre todav&iacute;a&rdquo; (<em>Nuevas canciones</em>, 1924), el que cre&iacute;a en la &ldquo;po&eacute;tica&rdquo; del &ldquo;milagro musical&rdquo; de Valle-Incl&aacute;n en <em>La l&aacute;mpara maravillosa</em> (<em>Biograf&iacute;a cronol&oacute;gica y epistolario</em>, de Juan Antonio Hormig&oacute;n. Volumen III) se hab&iacute;a convertido en el alma intelectual y moral no del pa&iacute;s, sino de la mejor versi&oacute;n del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En este nuevo aniversario de aquel abril luminoso que hizo feliz a Antonio Machado, me atrevo a recordar lo que escribi&oacute; a Miguel de Unamuno en su carta del 24 de septiembre de 1921 (<em>Los complementarios</em>), refiri&eacute;ndose a una &eacute;poca gris en la que los supuestos progresistas destruyeron cualquier posibilidad de cambio real mediante el procedimiento de pasarse a &ldquo;la superstici&oacute;n mon&aacute;rquica&rdquo; y el &ldquo;servilismo palatino&rdquo;. Desde su punto de vista, hab&iacute;a que &ldquo;sacar las ascuas&rdquo; del republicanismo &ldquo;de la ceniza y hacer hoguera con le&ntilde;a nueva&rdquo;, cosa que al final hizo &ldquo;una juventud realmente joven&rdquo;, luego destrozada (<em>Declaraci&oacute;n al semanario Ahora</em>, 1936). &ldquo;Conviene que alguien escuche&rdquo;, repite eternamente Juan de Mairena en <em>El oyente de la clase de ret&oacute;rica</em>, y creo que eso lo dice todo. Ojal&aacute; que alg&uacute;n d&iacute;a salgamos a su sol; si no por nosotros, que ya ser&iacute;a motivo suficiente, por la indiscutible raz&oacute;n de que estamos en deuda con &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/sol-abril_129_13135560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 20:18:55 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teléfono rojo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/telefono-rojo_129_13119504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9029749-7ed2-45c2-9696-ee4f3bae8bd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x300y165.jpg" width="1200" height="675" alt="Teléfono rojo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El poder siempre es consciente de la importancia de un buen cuento, de una historia grande que oculte lo demás, tapando cualquier barbaridad tras un chicle de fresa</p><p class="subtitle">El anterior nota al pie - Tened cuidado</p></div><p class="article-text">
        El cinco de abril de 1963, seis meses despu&eacute;s de la crisis de los misiles de Cuba, el Gobierno de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica acept&oacute; la propuesta de su contraparte estadounidense de establecer una l&iacute;nea directa entre Washington y Mosc&uacute; para situaciones urgentes. En realidad, la propuesta original hab&iacute;a partido de la URSS, que ya hab&iacute;a expresado su preocupaci&oacute;n por la posibilidad de que se declarara accidentalmente una guerra, como se afirma en el <em>Memor&aacute;ndum de entendimiento </em>que se firm&oacute; en Ginebra en junio de aquel a&ntilde;o (la copia del acuerdo est&aacute; disponible en el archivo digital del Departamento de Estado). Y la primera frase que se transmiti&oacute; por el flamante sistema dec&iacute;a as&iacute;, en may&uacute;sculas: <em>THE QUICK BROWN FOX JUMPED OVER THE LAZY DOG'S BACK 1234567890</em>, que vendr&iacute;a a ser, descontando los n&uacute;meros, &ldquo;el raudo zorro marr&oacute;n salt&oacute; sobre el lomo del perezoso perro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dean Rusk, secretario de Estado con John Fitzgerald Kennedy y Lyndon B. Johnson, contaba que el gran ministro de Asuntos Exteriores que fue Andrei Gromiko (sus <em>Memorias</em> son alt&iacute;simamente recomendables) le lleg&oacute; a preguntar qu&eacute; demonios significaba la frase de marras. Teniendo en cuenta que los traductores rusos lo averiguaron enseguida, es obvio que Gromiko estaba ironizando con el pragm&aacute;tico <em>halc&oacute;n</em>, tan capaz de parar los pies a Douglas MacArthur en Corea como de defender la guerra de Vietnam, que cost&oacute; la vida de entre dos y tres millones de personas; pero, sea como sea, el mensaje estaba tan poco codificado como la respuesta sovi&eacute;tica (una descripci&oacute;n de una puesta de sol en Mosc&uacute;, seg&uacute;n el Criptomuseo de los Pa&iacute;ses Bajos): era un pangrama, es decir, una frase que contiene todas las letras de un abecedario determinado y que, en el caso del zorro y el perro, se sol&iacute;a utilizar para practicar mecanograf&iacute;a o probar m&aacute;quinas de escribir, teclados de ordenadores, tipograf&iacute;as y, en efecto, sistemas de comunicaci&oacute;n entre superpotencias.
    </p><p class="article-text">
        A veces, la realidad es m&aacute;s sencilla de lo que parece. Lo &uacute;nico verdaderamente relevante de esa an&eacute;cdota es el motivo de que se usaran may&uacute;sculas, y solo lo es por la importancia de lo trivial: que la m&aacute;quina no ten&iacute;a min&uacute;sculas, lo cual nos lleva al quid de la cuesti&oacute;n. En el imaginario de la mayor&iacute;a de la gente, aquella &ldquo;l&iacute;nea caliente&rdquo; entre la URSS y EEUU era un tel&eacute;fono; en parte, por esa maravilla cinematogr&aacute;fica llamada <em>Dr. Strangelove</em> que surgi&oacute; del encuentro de <em>Red Alert</em> (Peter George) con el siempre genial y subversivo Stanley Kubrick y el no menos subversivo Terry Southern, de quien se acaba de reeditar su feroz <em>Candy</em> en castellano, de la que no hablar&eacute; porque me toca directamente. Sin embargo, ni era el tel&eacute;fono rojo de la pel&iacute;cula ni lo pod&iacute;a ser, por las limitaciones inherentes al lenguaje hablado. Era un teletipo y, aunque no evit&oacute; jam&aacute;s ninguna guerra, entretuvo bastante a sus operadores, que se dedicaron durante a&ntilde;os a intercambiar relatos de Mark Twain, Ant&oacute;n Ch&eacute;jov y dem&aacute;s para pasar el rato o asegurarse de que la l&iacute;nea segu&iacute;a operativa, como comenta Rusk en <em>As I Saw It</em>, no traducido a nuestro idioma.
    </p><p class="article-text">
        Desconozco qu&eacute; intercambiar&aacute;n ahora por la red de sat&eacute;lites y fibra &oacute;ptica que acab&oacute; sustituyendo al t&eacute;lex. La <em>guerra fr&iacute;a </em>tambi&eacute;n fue una guerra cultural &ndash;si es que no lo fue sobre todo&ndash; y, al no haber ya una verdadera contraposici&oacute;n de modelos culturales, es posible que tampoco se sientan en la necesidad de competir en dichos t&eacute;rminos o, simplemente, de fingirse cultos. De lo que no cabe&nbsp;duda es de que, con independencia del tipo de <em>materiales</em> que intercambien por chat y correo electr&oacute;nico, la ficci&oacute;n sigue teniendo m&aacute;s peso a efectos colectivos que la sobria y cargante realidad. Por mucho tiempo que pase y mucho que se explique, aquel trasto de color negruzco seguir&aacute; siendo un tel&eacute;fono y, adem&aacute;s, rojo. No es algo propio de la &ldquo;cultura pop&rdquo;, como se ha dicho durante d&eacute;cadas, sino de nuestra especie, aunque solo sea por la razonable pretensi&oacute;n de adornar o simplificar lo complejo. Queremos cosas f&aacute;ciles y bonitas, f&aacute;bulas que no nos incordien. Si hay un Kubrick de por medio, liberan; si no, condenan. Y nuestra querencia, que en el ejemplo propuesto en este art&iacute;culo no tuvo consecuencias graves, puede ser suicida.
    </p><p class="article-text">
        Antes de ser secretario de Estado, Dean Rusk estuvo en el Departamento de Guerra de los EEUU y, a pesar de la situaci&oacute;n del Extremo Oriente en aquella &eacute;poca, descubri&oacute; que los &uacute;nicos documentos que hab&iacute;a en sus archivos sobre esa zona del mundo eran &ldquo;un ejemplar&rdquo; de una gu&iacute;a tur&iacute;stica (la <em>Murray&rsquo;s Tourist Handbook</em>), un informe de 1925 de un &ldquo;agregado militar&rdquo; brit&aacute;nico y &ldquo;un caj&oacute;n de art&iacute;culos&rdquo; del <em>New York Times</em>. Dusk afirma &ndash;y no parece dudable&ndash; que corrigi&oacute; el problema, pero imaginen qu&eacute; pasa cuando la incompetencia se suma a formas de hacer pol&iacute;tica que consisten b&aacute;sicamente en un mont&oacute;n de propaganda medi&aacute;tica. Los oficiales estadounidenses de entonces no sab&iacute;an d&oacute;nde estaba Indochina, y qui&eacute;n sabe si los de hoy sab&iacute;an lo suficiente de Ir&aacute;n. De lo que s&iacute; son conscientes todos, siempre, es de la importancia de un buen cuento, de una historia enorme que oculte lo dem&aacute;s, tapando cualquier barbaridad tras un chicle de fresa. Pi&eacute;nselo cuando sigan, como yo mismo, la evoluci&oacute;n de la Artemis 2. Estando en medio un imperio, ni hay tel&eacute;fonos rojos ni cohetes que despegan cuando m&aacute;s le conviene al poder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/telefono-rojo_129_13119504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 20:23:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Teléfono rojo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Guerra en Irán,Irán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tened cuidado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tened-cuidado_129_13106312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b89772b7-235e-4965-91e0-8e015248b0b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tened cuidado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Willem Dafoe, autor del mensaje del Día Internacional del Teatro de este año, afirma en él varias cosas que también se oyeron esta semana en el Teatro de la Comedia de Madrid, durante la 39 edición de los premios de la Asociación de Directores y Directoras de Escena de España</p><p class="subtitle">Nota al pie - Los idus de marzo</p></div><p class="article-text">
        En 1948, reci&eacute;n empezada la <em>guerra fr&iacute;a</em>, un grupo de profesionales de las artes esc&eacute;nicas decidieron crear el Instituto Internacional del Teatro (IIT), con el apoyo de la UNESCO y de su primer director general. Dicho as&iacute;, parece poco; pero si se a&ntilde;ade que dicho director se llamaba Julian Huxley, hermano del autor de <em>Un mundo feliz</em> y, especialmente, que el principal defensor de la nueva organizaci&oacute;n era el dramaturgo brit&aacute;nico J.B. Priestley, casi se adivinan sus objetivos fundacionales. Priestley, siempre perseguido por sus ideas socialistas &ndash;Orwell lo lleg&oacute; a denunciar a los servicios secretos brit&aacute;nicos&ndash; lo resumi&oacute; de este modo al a&ntilde;o siguiente: &ldquo;Una comedia bien escrita puede hacer m&aacute;s que cincuenta discursos de pol&iacute;ticos bienintencionados. Un mundo en el que se encuentra s&oacute;lidamente establecido un Instituto Internacional del Teatro es un mundo mucho m&aacute;s seguro y civilizado que uno en el que el arte dram&aacute;tico est&aacute; encarcelado entre altas barreras nacionales&rdquo; (<em>El Correo de la UNESCO</em>, agosto de 1949).
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, la apuesta del IIT por la comprensi&oacute;n mutua y la paz mundial no fue bien recibida en Washington. Estados Unidos se ha retirado varias veces de la UNESCO a lo largo de su Historia; y todas ellas, con independencia de la excusa que se pusiera, por lo que el autor de <em>La visita del inspector</em>, <em>El tiempo y los Conway</em> y <em>Yo estuve aqu&iacute; una vez</em> hab&iacute;a denunciado en 1947: su pretensi&oacute;n de &ldquo;imponer su cultura al mundo mediante el uso de todos los medios t&eacute;cnicos a su alcance&rdquo; (<em>New York Times</em>, 14 de noviembre). Sin embargo, el IIT sobrevivi&oacute; y, tras fundar el Teatro de las Naciones en Par&iacute;s, rompiendo el bloqueo que sufr&iacute;an el Berliner Ensemble, el Teatro del Arte de Mosc&uacute; y la &oacute;pera de Pek&iacute;n, dio un paso m&aacute;s e instaur&oacute; el D&iacute;a Internacional del Teatro, que se celebra cada 27 de marzo desde 1961 y que siempre cuenta con un mensaje de una figura relevante del sector. B&uacute;squenlos, si tienen tiempo; en mi opini&oacute;n, leer a gentes como Jean Cocteau, Arthur Miller, Miguel &Aacute;ngel Asturias, Peter Brook, Antonio Gala y Dar&iacute;o Fo no est&aacute; nunca de m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se publique este art&iacute;culo, ya habr&aacute;n pasado unos d&iacute;as desde la distribuci&oacute;n del mensaje de este a&ntilde;o, cuyo responsable es un actor impresionante, Willem Dafoe. En &eacute;l, afirma un par de cosas que tambi&eacute;n se mencionaron esta semana en el Teatro de la Comedia de Madrid, durante la 39&ordf; edici&oacute;n de los premios de la Asociaci&oacute;n de Directores y Directoras de Escena de Espa&ntilde;a (ADE); al fin y al cabo, las palabras tienden a converger &mdash;por muy distintas que sean&mdash; cuando coinciden las preocupaciones, los afectos, el compromiso, la necesidad. &ldquo;Hay que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser remplazado por relaciones con dispositivos &mdash;dice Dafoe, refiri&eacute;ndose en parte a la IA&mdash;. Aunque cierta tecnolog&iacute;a nos pueda ser de utilidad, el problema de no saber qui&eacute;n est&aacute; en el otro extremo del c&iacute;rculo de comunicaci&oacute;n es grave, y contribuye a una crisis de verdad y realidad&rdquo;. Una crisis que justifica otra afirmaci&oacute;n del actor de Wisconsin: &ldquo;Socialmente, pol&iacute;ticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensi&oacute;n del mundo y de nosotros mismos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; teatro? La pregunta tiene la suficiente relevancia como para que Dafoe puntualice que los creadores se enfrentan hoy a un desaf&iacute;o, el de &ldquo;impedir la corrupci&oacute;n del teatro entendido exclusivamente como una empresa comercial de distracci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;como seco conservador institucional de tradiciones&rdquo;. Se trata de conectar &ldquo;personas, comunidades y culturas&rdquo; y, &ldquo;por encima de todo, de cuestionarnos hacia d&oacute;nde vamos&rdquo;, algo imposible si se encubren los conflictos, empezando por la creciente precariedad. A veces se olvida que lo primero que necesita el teatro son medios; las obras cuestan dinero, y la combinaci&oacute;n de entrega, talento y sacrificio ya no basta para salir adelante en pa&iacute;ses cuya pol&iacute;tica cultural consiste en regatear las migajas a los creadores &mdash;cuando hay migajas&mdash; y dejar el resto al <em>mercado</em>. Si no se quiere que el arte acabe en capricho de unos cuantos privilegiados, hay que afrontar el problema con urgencia, y eso implica lo que pidi&oacute;&nbsp;&Aacute;ngel Fern&aacute;ndez Montesinos, presidente de honor de la ADE, en la sede de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico: plantar cara y plantarla en serio.
    </p><p class="article-text">
        En el acto de Madrid, sobre el que sobrevol&oacute; la m&aacute;xima de que &ldquo;si el teatro fuera un verbo, &eacute;ste ser&iacute;a <em>recordar</em>&rdquo; (Anne Bogart, <em>La preparaci&oacute;n del director</em>), se oyeron muchas voces dignas de o&iacute;rse; y casi todas las personas que subieron al escenario se refirieron de uno u otro modo a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n del sector, pero sin apartarse un mil&iacute;metro del contexto pol&iacute;tico, sin dejar de enfrentarse a &ldquo;tanta guerra y tanta chuler&iacute;a, a tanto delincuente que ensucia con sus palabras la verdad&rdquo;, como declar&oacute; Emilio Guti&eacute;rrez Caba tras recibir el premio Juan Antonio Hormig&oacute;n por toda una vida dedicada a la escena. Y en determinado momento, gracias a la direcci&oacute;n de Aitana Gal&aacute;n &mdash;que estuvo a cargo de la gala&mdash; y al gran trabajo de Nuria Gallardo y Cr&iacute;spulo Cabezas, Bertolt Brecht volvi&oacute; a gritar ir&oacute;nicamente desde su &ldquo;Canci&oacute;n de los poetas l&iacute;ricos&rdquo; (<em>Poemas y canciones</em>): &ldquo;&iexcl;Tened cuidado! &iexcl;No pod&eacute;is prescindir de nosotros!&rdquo;. Porque el poder puede, sin duda; pero la humanidad, no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tened-cuidado_129_13106312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tened cuidado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los idus de marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/idus-marzo_129_13087681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e57b352b-1ab0-412a-962c-3d1cb1949659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x312y239.jpg" width="1200" height="675" alt="Los idus de marzo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La manipulación informativa no es un invento de los siglos XX y XXI; en esencia, lo único que ha cambiado es el canal principal por donde se distribuye</p></div><p class="article-text">
        No sabemos cu&aacute;l fue la primera biblioteca p&uacute;blica de la Historia; te&oacute;ricamente, la que fund&oacute; Pis&iacute;strato en Atenas, aunque no hay pruebas que demuestren lo que sin duda ser&iacute;a otro punto a favor del tirano griego. No contento con instaurar las Grandes Dionisias, que hicieron posible el nacimiento del teatro &ndash;a trav&eacute;s del primer ganador de dichos festivales, el actor y dramaturgo Tespis&ndash;, tambi&eacute;n fue quien orden&oacute; la construcci&oacute;n del primer Parten&oacute;n y el supuesto responsable de que se recopilaran y editaran nada m&aacute;s y nada menos que la <em>Iliada</em> y la <em>Odisea</em>, por fortuna para Homero y el mundo. Pero, volviendo a los libros, es indiscutible que la primera biblioteca p&uacute;blica de la que tenemos constancia real fue la que fund&oacute; Cayo Asinio Poli&oacute;n en el Atrium Libertatis de Roma en el a&ntilde;o 39 a.e.c., llevando a la pr&aacute;ctica uno de los muchos planes de otro tirano: Julio C&eacute;sar, naturalmente, quien seg&uacute;n Suetonio (<em>Vidas de los doce c&eacute;sares</em>) &ldquo;se propon&iacute;a formar bibliotecas p&uacute;blicas griegas y latinas, tan nutridas como fuera posible&rdquo; en beneficio del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Qued&eacute;monos un momento con ese concepto que ya ha surgido dos veces, el de tirano. En la antig&uuml;edad, no ten&iacute;a siempre las connotaciones negativas que adquiri&oacute; luego; con frecuencia, s&oacute;lo se refer&iacute;a al detalle de conseguir el poder &ldquo;contra derecho&rdquo; y, como el derecho tiende a defender los intereses de los ricos y no de la mayor&iacute;a, tambi&eacute;n era frecuente que el tirano en cuesti&oacute;n fuera un reformador que contaba con el apoyo de la gran masa de excluidos. Si las apariencias enga&ntilde;an, las palabras enga&ntilde;an el doble; y qu&eacute; decir de las palabras al servicio del poder. Salvando las distancias, que son muchas, este 22 de marzo tenemos un excelente caso de impostura en tal sentido: el cobarde asesinato de Pedro I de Castilla y su posterior criminalizaci&oacute;n a manos de autores como Pedro L&oacute;pez de Ayala, buen poeta por lo dem&aacute;s. Afortunadamente para el &uacute;ltimo rey castellano de la casa de Borgo&ntilde;a, su mala fama empez&oacute; a cambiar pronto; entre otras cosas, porque Isabel la Cat&oacute;lica era tataranieta del gran amor de Pedro I, Mar&iacute;a de Padilla. En cambio, la fascinante mujer que lleg&oacute; al trono <em>post mortem </em>tard&oacute; siglos en liberarse de apelativos como traidora, ambiciosa y bruja.
    </p><p class="article-text">
        Hay que tener cuidado con las leyendas negras. Sin Pis&iacute;strato, de quien Arist&oacute;teles afirma que gobern&oacute; &ldquo;m&aacute;s como ciudadano com&uacute;n&rdquo; que como dictador (v&eacute;ase la <em>Constituci&oacute;n de los Atenienses</em>), no se habr&iacute;an sentado las bases de la posterior democracia griega y, en cuanto a Julio C&eacute;sar, todos sabemos de qu&eacute; cala&ntilde;a era y qu&eacute; pretend&iacute;a realmente la <em>nobilitas</em> senatorial que lo mat&oacute;, aunque no todos los conjurados fueran unos canallas. La manipulaci&oacute;n informativa no es un invento de los siglos XX y XXI; en esencia, lo &uacute;nico que ha cambiado es el canal principal por donde se distribuye, que en la actualidad es el periodismo en sus distintas manifestaciones y &ndash;dentro de la creaci&oacute;n art&iacute;stica&ndash; el cine. C&eacute;sar ten&iacute;a buenas intenciones al querer fundar bibliotecas p&uacute;blicas en un mundo donde el libro era privilegio de unos pocos, pero la palabra no libera si no se desarrolla el criterio, y eso tambi&eacute;n es v&aacute;lido en lo tocante a la historiograf&iacute;a, tan abarrotada de sesgos y olvidos que a veces hay m&aacute;s verdad en la ficci&oacute;n absoluta; por ejemplo, en la de un novelista y dramaturgo muy relacionado con la imagen que tenemos del gran pol&iacute;tico, militar y escritor: Thornton Wilder.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de unas semanas, se cumplir&aacute;n cien a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de su primera obra, <em>La C&aacute;bala</em>, cuya acci&oacute;n se desarrolla en una Roma distinta, la de entreguerras. Tras aquella &oacute;pera prima, llegaron &ndash;entre otras&ndash; los dos textos que lo convirtieron en el primer autor en ganar el Pulitzer de narrativa y teatro (<em>El puente de San Luis Rey</em> y <em>Nuestra ciudad</em>, respectivamente) y, ya en 1948, public&oacute; la extraordinaria novela de estructura epistolar que justifica mi comentario sobre la ficci&oacute;n total: <em>Los idus de marzo</em>, de la que &eacute;l mismo afirma en el pr&oacute;logo que no tiene ning&uacute;n af&aacute;n de &ldquo;reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo; y que se limita a ser &ldquo;una fantas&iacute;a sobre determinados acontecimientos y personas de los &uacute;ltimos d&iacute;as de la Rep&uacute;blica romana&rdquo;, con el hombre al que asestaron &ldquo;veintitr&eacute;s pu&ntilde;aladas&rdquo; (Eutropio, <em>Breviarium</em>) como personaje central. Imaginaci&oacute;n pura, fundamentalmente; una simple hip&oacute;tesis novelada, &ldquo;pero una hip&oacute;tesis que tal vez supere la realidad&rdquo; (Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, 1981).
    </p><p class="article-text">
        Thornton Wilder, quien por cierto tuvo una relaci&oacute;n tan directa con nuestro pa&iacute;s que fue especialista en Lope de Vega y hasta influy&oacute; en nuestro teatro contempor&aacute;neo a trav&eacute;s de su amigo William Layton (maestro de Jos&eacute; Pedro Carri&oacute;n, Nuria Gallardo, Fernando San Segundo, Juan Margallo, etc&eacute;tera), pod&iacute;a ser un hombre bastante conservador. Los animo a investigar por qu&eacute; dijo Tennessee Williams que &ldquo;a este tipo no le han dado buen revolc&oacute;n en su vida&rdquo; (y en mi opini&oacute;n, lo dijo con raz&oacute;n, teniendo en cuenta lo que Wilder le hab&iacute;a soltado antes); pero, si hay alg&uacute;n conservadurismo en su obra m&aacute;s famosa, no est&aacute; en el lado de la literatura, sino en el car&aacute;cter de lo real, curiosamente, incluso en el terrible y permanente factor premonitorio que Julio C&eacute;sar desprecia, harto de supersticiones. Un factor que, al final, nos acecha a nosotros y, como se est&aacute; viendo, con una ceguera no m&aacute;s peque&ntilde;a que la suya ni menos relacionada con la advertencia pol&iacute;tica que Shakespeare resumi&oacute; as&iacute;: &ldquo;Cu&iacute;date de los idus&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/idus-marzo_129_13087681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 20:47:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los idus de marzo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fieramente humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fieramente-humano_129_13068372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0962445-c8be-41d9-bebd-6c90f4b44f4c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138702.jpg" width="950" height="534" alt="Fieramente humano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es posible que la poesía siga siendo ‘un arma cargada de futuro’, como afirmó Gabriel Celaya; pero si lo es, lo es por poetas como él y como Blas de Otero, nacido un 15 de marzo en Bilbao</p><p class="subtitle">Nota al pie - Lecciones del pasado</p></div><p class="article-text">
        Es posible que la poes&iacute;a siga siendo &ldquo;un arma cargada de futuro&rdquo;, como afirm&oacute; Gabriel Celaya en <em>Cantos iberos</em>; posible y conveniente para esa nave llamada <em>Humanidad</em> que siempre va orzando contra su propio viento, a punto de detenerse al primer error; pero si lo es, cosa de la que no tengo la menor duda, se debe a que algunos y algunas poetas se suman al tomar &ldquo;partido hasta mancharse&rdquo; del autor de Hernani y al intenso amor por la vida de un gran amigo suyo, Blas de Otero, de quien este domingo se cumplen un siglo y diez a&ntilde;os de su nacimiento. &ldquo;Para qu&eacute; tantos libros, tantos papeles, tantas pamplinas&rdquo; &mdash;escribi&oacute; en <em>Expresi&oacute;n y reuni&oacute;n</em>&mdash; cuando se puede &ldquo;callejear a la deriva&rdquo; y vivir el verdadero libro, uno &ldquo;de tama&ntilde;o natural/ lleno de gente, tiendas, puestos de peri&oacute;dicos, casas en construcci&oacute;n/ y otros versos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquel magn&iacute;fico poema, cuya presentaci&oacute;n lo dice todo (&ldquo;Dios nos libre de los libros malos/ que de los buenos ya me librar&eacute; yo&rdquo;), es uno de los mejores cantos a la literatura que se han hecho desde la necesidad de &ldquo;cambiar la vida&rdquo; (Rimbaud) y la de cambiar el mundo. No es casual que, al hablar de las cosas realmente bonitas de la existencia, empiece con &ldquo;una pierna de mujer/ la izquierda a ser posible&rdquo; y acabe en &ldquo;un buque norteamericano ca&iacute;do en poder del enemigo&rdquo;. <em>C&aacute;ntico espiritual</em>, <em>&Aacute;ngel fieramente humano</em>, <em>Ancia</em>, <em>Redoble de conciencia</em>: se equivoca quien afirme que Blas de Otero hila m&aacute;s fino en ellos que en <em>Pido la paz y la palabra</em> o, por ejemplo, <em>Historias fingidas o verdaderas</em>, de t&iacute;tulo cervantino y nexos feroces: tan pronto arranca con un verso de Machado (&ldquo;se borra el camino&rdquo;) para advertir del peligro de que &ldquo;se desparramen los cad&aacute;veres&rdquo; como salta a la guerra de Vietnam, nos sit&uacute;a frente a una v&iacute;ctima &ldquo;con el pecho y el vientre impecablemente reventados por una bomba de fragmentaci&oacute;n&rdquo; y a&ntilde;ade que los mira y le parece &ldquo;que esperan, bajo los cielos/ verse una tibia ma&ntilde;ana/ cubiertos de brotes nuevos&rdquo;, tirando esta vez de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez se entienda mejor su car&aacute;cter y su propia concepci&oacute;n de la poes&iacute;a a partir de la cita que eligi&oacute; para su antolog&iacute;a de 1963, publicada originalmente en San Juan de Puerto Rico. Dice as&iacute;, en la traducci&oacute;n del texto original: &ldquo;Esto no es un libro./ Quien vuelve sus p&aacute;ginas, toca un hombre&rdquo; (Walt Whitman, <em>Hojas de hierba</em>). Aunque no sea relevante desde el punto de vista del sentido de los versos, que adem&aacute;s dan t&iacute;tulo a la compilaci&oacute;n, muchos se dar&iacute;an cuenta de que hab&iacute;a quitado algo importante, la primera palabra de todas, el sujeto a quien el poeta de West Hills se estaba dirigiendo: &ldquo;camarada&rdquo;, claro est&aacute;; y eso, siendo como era comunista y teniendo una relaci&oacute;n intensamente personal con Cuba. Pero a Blas de Otero, como a todos los autores grandes, le gustaba jugar. Esa ausencia es, al mismo tiempo, juego literario y manifestaci&oacute;n de la importancia del contexto hist&oacute;rico &mdash;empezando por el individual&mdash; en cualquier obra, porque si hubiera puesto &ldquo;camarada, esto no es un libro&rdquo;, m&aacute;s de uno y de una habr&iacute;a pensado absurdamente que estaba enfatizando en exceso su ideolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista de 1968, que apareci&oacute; primero en <em>&Iacute;nsula</em> y poco m&aacute;s tarde en <em>Espa&ntilde;a Republicana </em>(ver <em>La poes&iacute;a hist&oacute;rica de Blas de Otero</em>, de Elena Perulero Pardo-Belmonte), nuestro gran poeta cerr&oacute; el falso debate entre &ldquo;poes&iacute;a social&rdquo; y cualquier otro tipo de poes&iacute;a con una facilidad digna de aplauso; Antonio N&uacute;&ntilde;ez le pregunt&oacute; si conceb&iacute;a la creaci&oacute;n po&eacute;tica &ldquo;dentro del partidismo&rdquo; o la consideraba inaceptable y, tras dejar claro que lo &ldquo;importante es que el poeta sienta unos temas con plena fuerza y sinceridad&rdquo;, Blas de Otero sentenci&oacute; que, a partir de dicha condici&oacute;n, no hay diferencia entre un poema &ldquo;en defensa del pueblo vietnamita&rdquo; y un &ldquo;poema de amor&rdquo;, por la sencilla raz&oacute;n de que ser&iacute;an lo mismo. Lo esencial para &eacute;l era, l&oacute;gicamente, el idioma; su valor, su peso, hasta d&aacute;ndole matices tan pol&iacute;ticos como los de <em>En castellano</em>, que no se public&oacute; en Espa&ntilde;a hasta 1977. Y con una puntualizaci&oacute;n que tambi&eacute;n aparece en sus <em>Historias fingidas y verdaderas</em>: &ldquo;que nadie se salva por un libro sino apostando todo a una palabra, la &uacute;nica que escoge el poeta a cambio de su propia vida expresada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quienes duden de su vigencia en la actualidad, lo tiene tan f&aacute;cil como leer o releer alguna de las obras que he citado o alguna de las que he dejado en sus m&aacute;rgenes (cosas del espacio y la intenci&oacute;n). Me atrevo a afirmar que no perder&aacute; el tiempo y, sobre todo, que se volver&aacute; a topar con la m&aacute;xima de que un buen poema suele tener el cuerpo en el futuro, con independencia de d&oacute;nde clave las u&ntilde;as de los pies. Celaya acertaba en <em>Cantos &iacute;beros</em> al hablar de la poes&iacute;a, y no hay contradicci&oacute;n entre eso y el hecho dif&iacute;cilmente discutible de que, &ldquo;el mundo, siempre bello&rdquo; brilla &ldquo;sin conciencia&rdquo; tras muerte del poeta (<em>Paz y concierto</em>). Y sin embargo, por muy indiferente que sea tal destello, Blas de Otero no ha dejado de hacer lo que prometi&oacute; aqu&iacute;: &ldquo;Cuando yo muera, el cartero continuar&aacute; tray&eacute;ndome cartas durante algunos d&iacute;as. Y yo contestar&eacute; a esas cartas, poniendo fecha atrasada&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fieramente-humano_129_13068372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 21:36:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fieramente humano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Castellano,Lenguaje]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lecciones del pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lecciones-pasado_129_13049543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e9fb836-0680-42c9-b80a-17c15dd4a8a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138167.jpg" width="635" height="357" alt="Lecciones del pasado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los hechos de Irán demuestran que Francisco de Vitoria (1483-1546) sigue muerto para la derecha política del Reino, ese sector que acaba de redescubrir las delicias de oponerse al derecho internacional</p></div><p class="article-text">
        A poca distancia del sal&oacute;n del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hay una r&eacute;plica de una tablilla de arcilla muy particular: el tratado de paz que, en el a&ntilde;o 1269 a.e.c., firmaron el fara&oacute;n Rams&eacute;s II y Hattusili III, rey de los hititas. La original se encontr&oacute; a principios del siglo XX en Anatolia (Turqu&iacute;a) y, como bien se dice en el cat&aacute;logo de obsequios de la ONU, es decir, de las obras de arte y dem&aacute;s que donan los Estados miembros &ndash;no, no se <em>obsequian</em> a nadie&ndash; &ldquo;promete amistad eterna, paz duradera, integridad territorial, no agresi&oacute;n, extradici&oacute;n y ayuda mutua&rdquo;. Como se ve, el derecho internacional es ligeramente m&aacute;s viejo de lo que se suele creer, y no solo por lados tan conocidos como el mencionado tratado de Kadesh, los <em>synth&#275;kai</em> de la Grecia cl&aacute;sica y, por supuesto, el fundamental <em>ius gentium</em> (derecho de gentes) de Roma. Hasta se adelanta a los hechos, algo tan obvio que el sovi&eacute;tico Yevgeny Korovin ya estaba hablando del espacio exterior y las normas aplicables a &eacute;l en 1934 (<em>La conquista de la estratosfera y el derecho internacional</em>), mucho antes del lanzamiento del Sputnik 1.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la existencia de leyes e instituciones como la Corte Internacional de Justicia y la propia ONU no han impedido nunca que los matones dominantes hagan lo que quieran, cuando quieran y como quieran; ni lo han impedido ni lo pueden impedir, salvo que as&iacute; lo deseen los matones en cuesti&oacute;n. Bajo su verborrea <em>civilizatoria</em> habitual se esconde sistem&aacute;ticamente esta afirmaci&oacute;n de Georg Lasson, escrita en 1871: &ldquo;Las normas del derecho internacional no son m&aacute;s que reglas de sabidur&iacute;a estatal que el Estado sigue teniendo en cuenta por su propio bienestar, y de las que puede desviarse en cuanto lo exijan sus intereses vitales&rdquo;. A decir verdad, lo &uacute;nico que ha cambiado desde entonces es que ya no hay nadie que se atreva a negar la validez de dichas normas en voz alta, por as&iacute; decirlo; o m&aacute;s bien, no hab&iacute;a, porque el derrumbe del precario y a veces hip&oacute;crita marco que se cre&oacute; tras la II Guerra Mundial est&aacute; dando tantas alas a los ide&oacute;logos de la fuerza bruta que empiezan dar sus verdaderas opiniones, sin preocuparse por inventar cuentos de hadas que vender a la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Lo sucedido estos d&iacute;as con la agresi&oacute;n de Israel y Estados Unidos a Ir&aacute;n es un buen ejemplo. Los propagandistas de esas cosas no han renunciado a&uacute;n a las excusas &ndash;algunas, tan incre&iacute;bles y capciosas como la apelaci&oacute;n a los derechos humanos&ndash;, pero tiempo al tiempo. Comp&aacute;renlo con el enorme esfuerzo de manipulaci&oacute;n informativa que facilit&oacute; la invasi&oacute;n de Irak, a costa de la credibilidad de los grandes medios estadounidenses y brit&aacute;nicos (&iquest;les suena la fantas&iacute;a de las &ldquo;armas de destrucci&oacute;n masiva&rdquo;?), y lo ver&aacute;n con claridad. Hasta hace relativamente poco, se pod&iacute;a afirmar lo que escribi&oacute; en su d&iacute;a el gran Eugeny B. Pasukanis, tambi&eacute;n sovi&eacute;tico: &ldquo;que los juristas que predican el culto a la fuerza en las relaciones internacionales&rdquo; son &ldquo;in&uacute;tiles para la burgues&iacute;a&rdquo; y &ldquo;peligrosos&rdquo; para ella, &ldquo;porque comprometen la paz y la tranquilidad que incluso un ladr&oacute;n necesita cuando se ha saciado y est&aacute; digiriendo su bot&iacute;n&rdquo; (<em>Obras escogidas</em>). Sospecho que hoy no escribir&iacute;a lo mismo, y no porque no sea cierto en circunstancias normales, sino porque estamos en plena redistribuci&oacute;n de la tarta mundial, un proceso inseparable de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los grandes actores de la obra, en el terreno de los pa&iacute;ses pol&iacute;ticamente secundarios, hay factores que a&ntilde;aden inter&eacute;s al asunto por v&iacute;as poco mencionadas en la prensa. Estoy seguro de que la&nbsp;mayor&iacute;a de los ciudadanos desconoce que los padres del derecho internacional son espa&ntilde;oles: el dominico Francisco de Vitoria (1483-1546) y el jesuita Francisco Su&aacute;rez de Toledo (1548-1617), fundador el primero e hijo el segundo de esa maravilla del pensamiento que fue la Escuela de Salamanca, asociada a intelectuales de la talla de Diego de Covarrubias, Domingo de Soto, Bartolom&eacute; de las Casas, Melchor Cano, Domingo B&aacute;&ntilde;ez, Mart&iacute;n de Azpilcueta, Luis de Alcal&aacute; y Tom&aacute;s de Mercado. No cito ninguna de sus obras aqu&iacute; porque el resultado ser&iacute;a abrumador, pero los animo a investigar por su cuenta y, en &uacute;ltima instancia, como hice yo mismo hace a&ntilde;os, a empezar por obras generales como <em>Res publica, el pensamiento pol&iacute;tico de Francisco de Vitoria</em> (de Joaqu&iacute;n Miras Albarr&aacute;n) o<em> La escuela de Salamanca: La primera versi&oacute;n de la modernidad</em> (de David Torrijos y Jorge Luis Guti&eacute;rrez). La Historia de este pa&iacute;s no es la que se ha contado.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, por motivos evidentes, originalmente aferrados a la guerra mundial <em>de facto</em> que hay detr&aacute;s del conflicto Reforma-Contrarreforma en los siglos XVI y XVII y m&aacute;s tarde empeorados por la desidia de los borbones espa&ntilde;oles y el <em>anticulturalismo</em> del r&eacute;gimen de Franco, la historiograf&iacute;a mundial dio la espalda a Francisco de Vitoria y le concedi&oacute; la paternidad del derecho internacional al calvinista holand&eacute;s Hugo Grocio (1583-1645), quien fusil&oacute; &ndash;en el sentido literario del t&eacute;rmino&ndash; al fil&oacute;sofo, te&oacute;logo y jurista de Burgos. Tanto es as&iacute; que, si no recuerdo mal, la primera traducci&oacute;n que se hizo al ingl&eacute;s de sus obras fue la de Anthony Pagden y Jeremy Lawrance (<em>Political Writings</em>, de 1991); pero, en cualquier caso, los hechos de Ir&aacute;n demuestran que sigue muerto para la derecha pol&iacute;tica del Reino, ese sector que, no contento con cambiar su supuesto catolicismo por el sionismo, acaba de redescubrir las delicias de oponerse al derecho internacional y, de paso, apoyar a imperios que no son precisamente el espa&ntilde;ol del Siglo de Oro. Deduzcan ustedes qu&eacute; entienden algunos y algunas por <em>patriotismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        En espera de lo que pase con el &uacute;ltimo juego de los grandes, creo que deber&iacute;amos mirar de nuevo la tablilla de Kadesh. No queda demasiado de ella, aunque el texto sigue grabado en los muros de los templos de Ra y Am&oacute;n en Karnak, en la antigua Tebas. Tres mil trescientos a&ntilde;os de Historia, y cada vez hay m&aacute;s gente que quiere estamparla contra una pared; quiz&aacute;, porque se est&aacute; olvidando lo que hizo que Francisco de Vitoria gozara de gran autoridad &ldquo;no solo ante sus correligionarios, sino ante todo el pueblo&rdquo;, como escribi&oacute; Luis Vives a Erasmo de R&oacute;terdam en 1527. Antonio Machado siempre tiene raz&oacute;n cuando recuerda desde <em>El dios ibero</em> que &ldquo;ni el pasado ha muerto/ ni est&aacute; el ma&ntilde;ana &ndash;ni el ayer&ndash; escrito&rdquo;. Todo se puede cambiar y, si no tenemos cuidado, si nos negamos a aprender las lecciones importantes, se cambiar&aacute; a peor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lecciones-pasado_129_13049543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 21:37:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lecciones del pasado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nannarella eterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/nannarella-eterna_129_13029464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32e46d0f-1ecb-41e8-96e3-6ab17569e15e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x475y513.jpg" width="1200" height="675" alt="Nannarella eterna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No seremos pocos los que brindemos por Anna Magnani el próximo 7 de marzo, aniversario de su nacimiento. Por la ‘loba y vestal’, que dijo Federico Fellini; por la actriz que logró, según Eduardo de Filippo, que hasta ‘el empedrado de Roma’ gritara a su muerte</p><p class="subtitle">Nota al pie - Tres días</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Fellini, hablando de <em>La Dolce Vita</em> (1960), que para desilusi&oacute;n de bastantes, el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula &ldquo;no ten&iacute;a ninguna intenci&oacute;n moralista o denigrante&rdquo;; su Roma, es decir, esa Roma suya en concreto, s&oacute;lo ten&iacute;a un significado: &ldquo;que, a pesar de todo, la vida tiene una dulzura profunda de la que no se puede renegar&rdquo; (<em>Conversaciones con Fellini</em>, de Giovanni Grazzini). Ni frecuentaba Via Veneto ni le interesaban en principio los <em>nobles</em> ni entend&iacute;a lo suficiente de org&iacute;as como para rodar el pen&uacute;ltimo episodio; y hasta eso encaja en el significado en cuesti&oacute;n, como demuestra el hecho de que, crey&eacute;ndolo un entendido en la materia, invitara a Pasolini a cenar y este le contestara que &ldquo;de org&iacute;as burguesas&rdquo; no sab&iacute;a nada y que, adem&aacute;s, no conoc&iacute;a a nadie que hubiera participado en una. Aquella Roma era &ldquo;una ciudad interior&rdquo;, un planteamiento distinto al de esa maravilla de tintes documentales que es su <em>Roma</em> de 1972.
    </p><p class="article-text">
        Albert Einstein se sum&oacute; a una afirmaci&oacute;n literaria verdaderamente antigua cuando, en su carta de p&eacute;same a la familia de su difunto amigo Michelle Besso (1955), escribi&oacute; aquello de que &ldquo;la distinci&oacute;n entre pasado, presente y futuro no es m&aacute;s que una obstinadamente duradera ilusi&oacute;n&rdquo;; una ilusi&oacute;n que salta por los aires en la pel&iacute;cula del 72 y que, desde mi punto de vista, lo hace de forma especial a trav&eacute;s de una actriz que vuelve sola a casa, rechaza a un Fellini empe&ntilde;ado en entrevistarla (&ldquo;no me f&iacute;o de ti&rdquo;, le endilga) y se despide de &eacute;l con un cortante &ldquo;buenas noches&rdquo; en el portal de su domicilio real de entonces, lo que Tennessee Williams llamo &ldquo;los altos&rdquo; del Palazzo Altieri en sus <em>Memorias</em>. Nadie pod&iacute;a saber que ser&iacute;a la &uacute;ltima pel&iacute;cula del <em>simbolo della citt&agrave;</em>, &ldquo;loba y vestal&rdquo; a la vez, como la define el propio director en la secuencia: Anna Magnani, <em>Nannarella</em> de roman&iacute;simo apodo, nacida un 7 de marzo &ndash;no seremos pocos los que brindemos por ella esta semana&ndash; y fallecida un 26 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        Magnani fue muchas mujeres romanas durante su larga carrera cinematogr&aacute;fica; entre otras, la novia del antifascista en <em>Roma ciudad abierta</em>, de Roberto Rossellini; la verdulera de <em>Abajo la riqueza</em>, de Gennaro Righelli; la artista frustrada en <em>Bell&iacute;sima</em>, de Luchino Visconti; la prostituta de <em>Mamma Roma</em>, de Pier Paolo Pasolini y ella misma, como ya se ha dicho. Muchas mujeres o muchas Romas, seg&uacute;n se entienda, y todas ellas establecen una conexi&oacute;n atemporal en su despedida callejera de Fellini con la <em>despedida</em> de los frescos que se difuminan en la escena de la obra del Metro, al contacto con el aire exterior. No es que sean lo mismo, obviamente; tampoco es igual el descreimiento y la iron&iacute;a de una actriz cansada que esa protesta contra la intromisi&oacute;n de la modernidad que parece haber en los rostros policromados que miran brevemente a los operarios y desaparecen; pero, del mismo modo en que Anita Ekberg y Marcello Mastroianni apelan en <em>La Dolce Vita </em>a la &ldquo;dulzura profunda&rdquo; de vivir, Magnani y nuestros antepasados apelan a la de la todas las vidas y todos los tiempos que han sido y ser&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo es importante, porque no se trata de una enso&ntilde;aci&oacute;n; ni siquiera en el sentido de la ficci&oacute;n que &ldquo;genera una nueva realidad, la realidad del arte&rdquo;, en palabras de Visconti (<em>Il cinema antropomorfico. </em>Revista <em>Cinema</em>, 1943), sino de la propia realidad, a secas. Magnani es Magnani en <em>Roma</em>; los fugaces rostros, nosotros. Se podr&iacute;a afirmar, sin dejar todav&iacute;a al realizador lombardo, que no son finales como los de Pietro Germi y Vittorio de Sica en <em>El camino de la esperanz</em>a y <em>Milagro en Mil&aacute;n</em>, respectivamente; no son cosas que &ldquo;no existen en la realidad social&rdquo; (<em>Storia di una crisi in &lsquo;Bellissima&rsquo;</em>); y al entrar en contacto con el car&aacute;cter de <em>Nannarella</em>, cercano a la descripci&oacute;n que hace Fellini en <em>Roma</em>, a&ntilde;ade un factor de permanencia que multiplica el efecto. Al fin y al cabo, era &ldquo;la mujer menos convencional&rdquo; de la Tierra, como recuerda un hombre tan poco convencional como su gran amigo Williams en sus mencionadas <em>Memorias</em>, que por cierto no deber&iacute;an faltar en la biblioteca de ning&uacute;n amante del teatro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, el hijo de la grand&iacute;sima actriz declaraba esto al diario <em>La Stampa</em>, de Tur&iacute;n: &ldquo;Prueba a preguntar a un adolescente qui&eacute;n era Anna Magnani. Te responder&aacute; que lo desconoce, y la culpa no es suya, sino de los que permiten que se olvide la &eacute;poca m&aacute;s grande del cine italiano&rdquo;. Como se ve, la deconstrucci&oacute;n cultural que sufrimos en otros pa&iacute;ses coincide plenamente con la que sufre nuestra hermana Italia. El sistema es as&iacute;. Pero cuando la ola pase &ndash;y todas las olas pasan&ndash;, se volver&aacute; a entender la autenticidad del poema que cierra este art&iacute;culo, gracias a la dramaturga y directora de escena Aitana Gal&aacute;n; lo escribi&oacute; su tambi&eacute;n amigo Eduardo de Filippo cuando supo que su puerta se hab&iacute;a cerrado, y dice as&iacute;: &ldquo;Confundi&eacute;ndose con la lluvia/ sobre la acera/ caen los ojos que ve&iacute;an/ los ojos de <em>Nannarella</em>/ que segu&iacute;an la marcha/ lenta, desanimada,/ cada paso perdido de la pobre gente./ El empedrado de Roma/ ha gritado/ y las piedras del mundo/ lo han o&iacute;do&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/nannarella-eterna_129_13029464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 22:52:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nannarella eterna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Arte,Italia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres días]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tres-dias_129_13010203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a889fc8c-1dec-4be9-a132-1ed7c6761ddb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137158.jpg" width="824" height="464" alt="Tres días"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La creación artística no es ni ha sido nunca fácil. No lo fue para Robert Duvall en sus inicios y, por supuesto, tampoco lo fue para Frederick Wiseman y Tom Noonan, fallecidos todos esta semana</p><p class="subtitle">Nota al pie - El mundo recibido</p></div><p class="article-text">
        Pocos recordaban su nombre <a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/muere-tom-noonan-actor-series-csi-the-blacklist-74-anos_1_13002522.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando ve&iacute;an a Tom Noonan en la pantalla</a>, aunque la mayor&iacute;a lo reconoc&iacute;a al instante; sobre todo, por sus interpretaciones de villanos o personajes dudosos, de los que despiertan sospechas: Dolarhyde en <em>Manhunter</em>; Ca&iacute;n en <em>RoboCop 2</em>; <em>The Ripper</em> en <em>El &uacute;ltimo gran h&eacute;roe</em>; Gary Jackson en <em>Asesino oculto </em>y el se&ntilde;or Ulman en <em>La casa del diablo</em> &mdash;entre otras&mdash;, aunque a &eacute;l le habr&iacute;a gustado que su carrera siguiera por caminos como los de <em>La puerta del cielo</em>, de Michael Cimino y la igualmente recomendable <em>Mystery Train</em>, de Jim Jarmusch. &ldquo;Me habr&iacute;a gustado tener m&aacute;s &eacute;xito como actor&rdquo;, dijo una vez en una entrevista para <em>Los &Aacute;ngeles Times</em> y, quiz&aacute; por encerrar su decepci&oacute;n entre los muros de la iron&iacute;a, a&ntilde;adi&oacute; que ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que s&oacute;lo le llamaban para darle trabajo cuando estaban &ldquo;cambiando de canales en plena madrugada&rdquo; y se lo encontraban en una pel&iacute;cula de relleno.
    </p><p class="article-text">
        La creaci&oacute;n art&iacute;stica no es f&aacute;cil; tampoco entre los actores que tienen la suerte de trabajar de forma habitual y, en consecuencia, de cobrar habitualmente, algo que ni puede decir la mayor&iacute;a de los trabajadores y trabajadoras de dicho gremio ni, desde luego, de los escritores, directores de escena, bailarines, traductores literarios y dem&aacute;s. Como tambi&eacute;n comentaba Noonan en la entrevista citada, tirando de la met&aacute;fora del carro de Fortuna, los &ldquo;de la carroza del desfile&rdquo; est&aacute;n &ldquo;arriba, saludando y agitando la mano mientras a nosotros nos aplastan las ruedas&rdquo;; y como suelen ser profesiones de vocaci&oacute;n, se sigue adelante hasta la visita de la Parca: En el caso de Noonan, entre los guiones que escrib&iacute;a y la sala de teatro que fund&oacute; en la d&eacute;cada de 1990, la Paradise Factory; en el caso <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/muere-director-fredrick-wiseman-maestro-cine-documental-96-anos_1_12996462.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del genial documentalista Frederick Wiseman</a>, gan&aacute;ndose la admiraci&oacute;n de unos cuantos y el desconocimiento general con pel&iacute;culas como <em>Titicut Follies</em>, censurada durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os por el gobierno estadounidense, <em>Welfare, Boxing Gym</em> y <em>Ex Libris: La biblioteca p&uacute;blica de Nueva York</em>, con la que gan&oacute; el premio de la Federaci&oacute;n Internacional de Prensa Cinematogr&aacute;fica en el Festival de Venecia.
    </p><p class="article-text">
        Huelga decir que s&oacute;lo un pu&ntilde;ado de afortunados &mdash;perd&oacute;nenme el sarcasmo&mdash; llega el d&iacute;a de su muerte a peri&oacute;dicos y televisiones; y cuando encima coinciden en la fecha o, por lo menos, en el momento en que los medios se enteran, el tratamiento comparativo que reciben es digno de estudio sociol&oacute;gico. El resto pasa perfectamente desapercibido, aunque luego llegue la Historia y afirme, por ejemplo, que fue el poeta o novelista m&aacute;s influyente de su &eacute;poca; pero dejando a un lado ese tema, el recorrido anterior, esa cosa llamada <em>vida</em>, se parece con frecuencia al hombre de <em>Welfare</em> que entra una ma&ntilde;ana en el centro de ayuda en cuesti&oacute;n (el Waverly Center de la Calle 14), saca el mont&oacute;n de documentos que lleva en el bolsillo y los acaba tirando al suelo ante la inutilidad de sus gestiones; con toda seguridad, para volver a intentarlo horas despu&eacute;s. En mi opini&oacute;n, es una pena que Wiseman, a quien Errol Morris llam&oacute; &ldquo;el mejor cineasta&rdquo; de Estados Unidos, no rodara un documental espec&iacute;fico sobre la totalidad del sector creativo, tan sujeto a los problemas que aparecen en la obra del maestro bostoniano (vivienda, desempleo, burocracia, etc&eacute;tera) como a los derivados del intento de vivir de su profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo de los tres d&iacute;as del t&iacute;tulo de este art&iacute;culo fue el 18 de febrero, el del fallecimiento de Noonan; para entonces, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/muere-robert-duvall-aclamado-actor-apocalyse-now-padrino-95-anos_1_12995853.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la huella de la desaparici&oacute;n de Robert Duvall</a> hab&iacute;a <em>ahogado</em> ya el inter&eacute;s medi&aacute;tico por estos asuntos, y lo dem&aacute;s qued&oacute; en un segundo plano que el propio Duvall habr&iacute;a sufrido de haber coincidido su muerte con la de alguien de mayor fama. La condici&oacute;n humana es como es. Sin embargo, no lo he dejado para el final por eso, sino porque Duvall fue en sus comienzos, cuando a&uacute;n no se hab&iacute;a ganado el apoyo popular por sus papeles en el cine, un prototipo de compromiso con otro g&eacute;nero, el teatro, desde su paso por la Gateway Playhouse de Bellport hasta sus estrenos del off-Broadway y el Broadway a secas. Por si lo dudan, echen un vistazo a las obras de este brev&iacute;simo resumen: <em>El gato y el canario</em>, de John Willard; <em>Las brujas de Salem</em> y <em>Panorama desde el puente</em>, de Arthur Miller; <em>Soy una c&aacute;mara</em>, de John van Druten; <em>Un tranv&iacute;a llamado deseo</em>, de Tennessee Williams; <em>La profesi&oacute;n de la se&ntilde;ora Warren</em>, de George Bernard Shaw y <em>American Buffalo</em>, de David Mamet.
    </p><p class="article-text">
        Si quieren honrar la memoria del gran Robert Duvall, honren por el camino a los autores que amaba (les aseguro que no hay ninguno malo en la lista anterior); si quieren honrar la de Frederick Wiseman, busquen las obras que lo convirtieron en una leyenda del documentalismo, porque sospecho que es casi un desconocido en nuestro pa&iacute;s; si quieren honrar a Tom Noonan, acu&eacute;rdense de &eacute;l la pr&oacute;xima vez que est&eacute;n cambiando de canales, plataformas o redes sociales en plena madrugada: a fin de cuentas, hasta en las obras no tan buenas hay c&oacute;micos que, como recomend&oacute; William Shakespeare por boca de Hamlet, tienen el detalle de creer de verdad que &ldquo;la acci&oacute;n debe corresponder a la palabra, y esta a la acci&oacute;n, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/tres-dias_129_13010203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 20:55:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres días]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cineastas,Arte,Artistas,Actores,Documentales,Cine documental,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo recibido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mundo-recibido_129_12991703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/019e4397-4f1c-44c8-b7e1-07a533790d14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x398y98.jpg" width="1200" height="675" alt="El mundo recibido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que hoy se ve en colegios e institutos es un reflejo directo de la sociedad actual, además de anunciar males peores. Y bajo todo ello, subyace algo que, desde mi punto de vista, es el verdadero signo de estos tiempos: la palabra ‘indefensión’</p><p class="subtitle">Nota al pie - El ingeniero</p></div><p class="article-text">
        A principios de enero de este a&ntilde;o, la Confederaci&oacute;n de Sindicatos de Trabajadores y Trabajadoras de la Ense&ntilde;anza (STE&ndash;Intersindical) public&oacute; un informe sobre la situaci&oacute;n del sector en Espa&ntilde;a del que seguramente habr&aacute;n tenido noticia por los medios de comunicaci&oacute;n. Su t&iacute;tulo es tan ilustrativo que casi lo dice todo (<em>Causas del estado de malestar docente</em>) y, en cuanto a las opiniones de los profesores, recogidas en &eacute;l a modo de encuesta, son de indiscutible gravedad: salarios insuficientes, masificaci&oacute;n de las aulas, falta de recursos materiales, falta de apoyo institucional y burocracia excesiva, que se define como &ldquo;puro teatro&rdquo; consistente en &ldquo;rellenar hojas con protocolos infinitos&rdquo;; pero lo que m&aacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n de la mayor&iacute;a de los medios no fue eso, por crucial que sea, sino el aumento de las &ldquo;agresiones verbales y/o f&iacute;sicas&rdquo; por parte de los alumnos y sus familias.
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado el peculiar detalle de que los defectos estructurales de la educaci&oacute;n p&uacute;blica alarmen menos que los excesos de unos cuantos, es obvio que el panorama tambi&eacute;n es preocupante en ese sentido. Lo que hoy se ve en colegios e institutos es un reflejo directo de la sociedad actual y un anuncio de males peores. Agravios, ofensas, injurias, amenazas, agresiones f&iacute;sicas y, como resumen del problema en conjunto &mdash;es decir, m&aacute;s all&aacute; del puramente disciplinario&mdash;, una palabra terrible que, desde mi punto de vista, es el verdadero signo de estos tiempos: &ldquo;indefensi&oacute;n&rdquo;. En tales circunstancias, los comentarios que salpican el estudio no deber&iacute;an sorprender. &ldquo;Tenemos que ser psic&oacute;logos, asistentes sociales y enfermeros sin formaci&oacute;n ni recursos&rdquo;. &ldquo;Las familias nos exigen, pero no nos apoyan; somos culpables de todo y h&eacute;roes de nada&rdquo;. Y en las conclusiones, entre quejas como la relativa al &ldquo;desfase creciente entre los ingresos y el coste de la vida&rdquo; (con la especulaci&oacute;n inmobiliaria de por medio, claro), una consecuencia inevitable: que el objetivo de ense&ntilde;ar est&aacute; pasando a segundo plano, hasta el punto de que &ldquo;una buena parte&rdquo; del profesorado ya &ldquo;s&oacute;lo busca sobrevivir hasta la jubilaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de dejar a un lado el estudio de la STE, qu&eacute;dense con esta frase: &ldquo;sin docentes no hay escuela; sin escuela no hay educaci&oacute;n; sin educaci&oacute;n no hay ciudadan&iacute;a&rdquo;. Antonio Machado, habitual en esta columna por buenas y creo que necesarias razones, coment&oacute; en su indispensable <em>Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor ap&oacute;crifo</em> (1936), que sus alumnos no aprender&iacute;an otra cosa de &eacute;l que &ldquo;lo que tal vez os convenga ignorar toda la vida, a desconfiar de vosotros mismos&rdquo;. Evidentemente, no se refer&iacute;a a alimentar la inseguridad; nuestro gran poeta, quien confesaba tener un diablo dentro, tiraba de su t&iacute;pica sorna para enfatizar que abogaba por la creaci&oacute;n de pensamiento cr&iacute;tico, no por la obediencia o la <em>correcci&oacute;n</em> acad&eacute;mica (&ldquo;yo soy la incorrecci&oacute;n misma&rdquo;, avisaba); y como republicano integral que era, sab&iacute;a de sobra que la educaci&oacute;n p&uacute;blica no es separable de un proyecto concreto de pa&iacute;s. Ya en 1913, el hombre que &ldquo;tuvo la fortuna de ser alumno de don Francisco Giner de los R&iacute;os y otros extraordinarios maestros&rdquo; de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza (<em>Antonio Machado, historia y poes&iacute;a</em>, de Juan Marichal) hab&iacute;a puntualizado que no se puede &ldquo;formar espa&ntilde;oles&rdquo; si no se sabe o no importa en qu&eacute; consiste eso (<em>El liberal</em>, 5 de marzo).
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los grandes pedagogos y pedagogas de la Historia, desde Juan Luis Vives (<em>Introductio ad sapientiam</em>) hasta Jean Piaget y Paulo Freire, pasando por Francisco Ferrer Guardia (<em>La escuela moderna</em>), Ant&oacute;n Mak&aacute;renko (<em>Poema pedag&oacute;gico</em>) o Manuel Bartolom&eacute; Coss&iacute;o, impulsor adem&aacute;s de las Misiones Pedag&oacute;gicas de nuestra II Rep&uacute;blica (busquen su antolog&iacute;a en la librer&iacute;a del Ministerio de Educaci&oacute;n), desestim&oacute; nunca la importancia del marco pol&iacute;tico. Formar seres libres no es lo mismo, no implica el mismo esfuerzo y, por supuesto, exige de muchos m&aacute;s recursos que fabricar vulgares tornillos de la m&aacute;quina social. Eso es as&iacute; en cualquier caso y, cuando se opta por lo segundo en un contexto de individualismo capitalista extremo y se combina con un desprecio general de la cultura, una abrumadora extensi&oacute;n de la precariedad y la m&aacute;s que justificada sospecha de que el futuro ser&aacute; peor que el presente, no se puede esperar que las aulas sean un ejemplo de rebeld&iacute;a bien entendida. Los j&oacute;venes, todos los j&oacute;venes de todas las generaciones, son hijos del mundo que han recibido; no son la causa de los problemas, aunque sin duda los pueden empeorar, sino su efecto.
    </p><p class="article-text">
        En el n.&ordm; 3 del <em>Bolet&iacute;n de la escuela moderna</em>, Ferrer Guardia, fusilado por el r&eacute;gimen mon&aacute;rquico el 13 de octubre de 1909 pese a la indignaci&oacute;n internacional, las protestas de autores como Gabriel Alomar y Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s y las denuncias de medios como<em> El Pueblo </em>(de Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez), hizo un llamamiento &ldquo;a los intelectuales&rdquo; con este objetivo: librar al mundo, a trav&eacute;s de sus obras y actitudes, &ldquo;de dogmas autoritarios, sofismas vergonzosos y convencionalismos rid&iacute;culos como los que desgraciadamente forman el mecanismo de la sociedad presente&rdquo;; y ese es el quid de la cuesti&oacute;n, porque mejorar la educaci&oacute;n en serio implica mejorar la sociedad, y no se va a mejorar nada mientras sigamos en el c&iacute;rculo vicioso de la insolidaridad y la indiferencia ante la destrucci&oacute;n del bien com&uacute;n. Con tales mimbres, ni siquiera cabe la razonable petici&oacute;n del profesor Antonio Machado en su<em> Juan de Mairena</em>: &ldquo;un poco de amistad y ese m&iacute;nimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas durante algunas horas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mundo-recibido_129_12991703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 21:22:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mundo recibido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ingeniero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ingeniero_129_12972162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/556e681d-bbaa-4f0f-8802-7dd7b05eedd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x608y102.jpg" width="1200" height="675" alt="El ingeniero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este año se cumple un siglo del rodaje de una de "las mejores obras de la Historia del cine", en palabras de Orson Welles: 'El maquinista de La General', de Buster Keaton</p><p class="subtitle">Nota al pie - Gato por liebre</p></div><p class="article-text">
        Cuando se firm&oacute; el armisticio de la I Guerra Mundial, el Estado Mayor del Ej&eacute;rcito de Estados Unidos envi&oacute; tres divisiones enteras a una peque&ntilde;a localidad de Burdeos, donde estuvieron varios meses. Eran m&aacute;s de cuarenta mil soldados y, al no haber sitio para tanta gente, se vieron obligados a dormir todo ese tiempo &ldquo;en suelos de graneros, molinos y s&oacute;tanos&rdquo;, cuyas corrientes de aire estuvieron a punto de dejar &ldquo;sordo como una tapia&rdquo; a un cabo de infanter&iacute;a: Buster Keaton (<em>My Wonderful World of Slapstick</em>, localizable en castellano como <em>Slapstick</em>, sin m&aacute;s); y una noche, volviendo &ldquo;de una partida de cartas&rdquo;, Keaton lleg&oacute; a su acuartelamiento y no oy&oacute; ni el santo y se&ntilde;a que le pidi&oacute; el centinela ni los dos gritos que le peg&oacute; despu&eacute;s. Por fortuna, su &ldquo;sexto sentido&rdquo; estaba en mejores condiciones que su capacidad auditiva, y tuvo la cortes&iacute;a de sentir el &ldquo;clic&rdquo; del fusil amartillado, detenerlo &ldquo;en seco&rdquo; e impedir la ejecuci&oacute;n de un genio en aplicaci&oacute;n de la normativa castrense.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o se cumple un siglo del rodaje de una de &ldquo;las mejores obras de la Historia del cine&rdquo;, en palabras de Orson Welles, <em>The General</em> (<em>El maquinista de La General</em>). Como se sabe, Keaton sac&oacute; el guion de un libro que le hab&iacute;a regalado Clyde Bruckman, codirector con &eacute;l de la pel&iacute;cula (<em>Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure</em>, de William Pittenger); y como necesitaba un <em>underdog</em>, es decir, alguien que siempre lleva las de perder, dio la vuelta al asunto y convirti&oacute; al protagonista en ingeniero de la Confederaci&oacute;n. Por supuesto, no ha faltado quien, recientemente, ha intentado ver una toma de partido en ello, salt&aacute;ndose a la torera el car&aacute;cter, las actitudes y el esp&iacute;ritu de la cinematograf&iacute;a de aquel californiano de Woodland Hills, hasta el extremo de que directores tan poco sospechosos de simpatizar con el Sur como Quentin Tarantino han tenido que salir a defenderlo; pero, antes de abandonar ese cap&iacute;tulo, quiz&aacute; convenga recordar lo que dijo &eacute;l mismo en su autobiograf&iacute;a &mdash;escrita en colaboraci&oacute;n con Charles Samuels&mdash; a prop&oacute;sito de la &uacute;nica guerra en la que particip&oacute;, aunque fuera haciendo &ldquo;el baile de la serpiente y otras rutinas&rdquo; de <em>burlesque</em> para entretener a la tropa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En primer lugar, yo no entend&iacute;a por qu&eacute; los franceses, los ingleses y nosotros est&aacute;bamos luchando contra los alemanes y los austr&iacute;acos&rdquo;, declar&oacute;. Aun no siendo ni mucho menos &ldquo;un internacionalista&rdquo; como su amigo Charles Chaplin (respuesta al senador William Langer, 1945), conoc&iacute;a a demasiados artistas del otro bando como para creer lo que dec&iacute;an &ldquo;nuestros peri&oacute;dicos&rdquo;; de hecho, le costaba &ldquo;tomarse en serio aquella guerra&rdquo;, y la mayor opini&oacute;n <em>pol&iacute;tica</em> que expres&oacute; al respecto fue por su &ldquo;rid&iacute;culo&rdquo; uniforme, que le quedaba gigante porque &ldquo;el intendente general no hab&iacute;a anticipado que alguien de un metro sesenta y cinco pudiera unirse al ej&eacute;rcito de los Estados Unidos&rdquo;. Cuesta no ver una relaci&oacute;n indiscutible entre su experiencia militar y su pel&iacute;cula de 1930, <em>Doughboys</em> (<em>Reclutas</em>), que por cierto tuvo versi&oacute;n directa en castellano (<em>De frente, marchen</em>). Que su vida no se pareciera nada a la del personaje central, un pijo de Rolls-Royce que intenta contratar un ch&oacute;fer en una oficina de reclutamiento &mdash;sin ser consciente de d&oacute;nde est&aacute;&mdash;, no significa que no se sacara alguna espina.
    </p><p class="article-text">
        Una vez, en respuesta a un periodista que le preguntaba sobre <em>The General</em>, Buster Keaton enfatiz&oacute; un t&eacute;rmino que ya ha aparecido aqu&iacute;: <em>ingeniero</em>, y no lo enfatiz&oacute; por el protagonista de la ficci&oacute;n. Se hab&iacute;a criado en el mundo del vodevil, volando literalmente por los aires (Harry Houdini, colaborador de su padre, le puso <em>Buster</em> por eso), y tan pronto calculaba fachadas de dos toneladas para que no lo mataran al caer (<em>Steamboat Bill Jr.</em>, traducida en Espa&ntilde;a como <em>El h&eacute;roe del r&iacute;o</em>) como proyectaba y se marcaba el asombroso mont&oacute;n de proezas de la pel&iacute;cula que justifica este art&iacute;culo, sin maquetas ni efectos especiales y, naturalmente, sin nadie que se jugara el pescuezo en su lugar. Harvey Parry, uno de los grandes dobles de la &eacute;poca dorada del cine, declar&oacute; en su d&iacute;a que ni &eacute;l mismo podr&iacute;a haber sido doble suyo en el imposible caso de que Keaton hubiera querido algo tan opuesto a concepci&oacute;n del espect&aacute;culo (<em>Hollywood, the pioners</em>, de Kevin Brownlow), y no s&oacute;lo por ser un acr&oacute;bata consumado, sino porque &ldquo;&eacute;l no se limitaba a resbalar y caer. Hac&iacute;a muchas cosas antes de caer&rdquo;, y &ldquo;no puedes ser doble de un tipo as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que el tiempo pone las cosas en su sitio; en mi opini&oacute;n, lo que hace es ponerlas en <em>alg&uacute;n</em> sitio, que no es precisamente lo mismo; pero, sin &aacute;nimo de ironizar sobre los cuentos infantiles, a veces hace una excepci&oacute;n y, lejos de levantar sus t&iacute;picos monumentos a la infamia, se decanta por la justicia. El <em>maquinista de La General </em>es una de esas excepciones. El p&uacute;blico y desde luego los cr&iacute;ticos le dieron la espalda en su d&iacute;a, y ahora no hay ninguna lista respetable que no la tenga entre las diez o veinte mejores pel&iacute;culas de la historia, por muy buenas razones. En <em>El gran Buster</em>, el documental de Peter Bogdanovich, el mencionado Quentin Tarantino a&ntilde;ad&iacute;a un par de motivos que no se suelen colocar entre los primeros, aunque sean obvios para cualquier cin&eacute;filo o cin&eacute;fila: que, de paso, es &ldquo;una magn&iacute;fica pel&iacute;cula de acci&oacute;n&rdquo; y una demostraci&oacute;n de que Keaton fue tambi&eacute;n un precursor por su forma de dirigir, por haber pasado de usar la c&aacute;mara para contar un chiste a lograr que el cine, &ldquo;en s&iacute; mismo&rdquo;, fuera el chiste.
    </p><p class="article-text">
        Si tienen un rato, vuelvan a verla; no se arrepentir&aacute;n. Su centenario es tan buena excusa como cualquier otra y, adem&aacute;s, dar&aacute;n m&aacute;s sentido todav&iacute;a a las palabras que cierran <em>My Wonderful World of Slapstick</em>, escritas a cuenta de la promesa que le hab&iacute;a hecho su m&eacute;dico, el doctor Avedon: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n no querr&iacute;a vivir cien a&ntilde;os en un mundo donde hay tantas personas que recuerdan con gratitud y afecto a un hombrecillo de cara de palo que los hizo re&iacute;r hace mucho tiempo, cuando ellos y yo &eacute;ramos j&oacute;venes?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Gómez Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ingeniero_129_12972162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 21:03:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ingeniero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Actores,Quentin Tarantino]]></media:keywords>
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