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    <title><![CDATA[elDiario.es - Bernabé Aldeguer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/bernabe-aldeguer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Bernabé Aldeguer]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gobernar la DANA: participación ciudadana y legitimidad democrática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/gobernar-dana-participacion-ciudadana-legitimidad-democratica_1_11959401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eda8190d-2d4c-4a91-846a-79256549e7cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gobernar la DANA: participación ciudadana y legitimidad democrática"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La incompetencia autonómica en la gestión inicial del 29O, la debilidad estructural de las Administraciones Públicas, la banalización del riesgo ambiental, la confusión mediática reaccionaria y la deficiente planificación urbanística: en este escenario, la participación ciudadana y la legitimidad democrática de las gestiones debería ofrecer un impulso a los límites deseables y de lo posible y deberían actuar como un dique de contención frente a la reacción ideológica que cuestiona el cambio climático y agrava las posibilidades de recuperación</p></div><p class="article-text">
        El fracaso y la desafecci&oacute;n social que est&aacute; caracterizando la gesti&oacute;n de la emergencia todav&iacute;a vigente tras la riada del pasado 29-O reclama efectuar un inventario exhaustivo de los factores que han definido lo que podr&iacute;amos denominar el <em>Gobierno de la DANA. </em>Se trata de analizar todas variables institucionales que definen la gesti&oacute;n del riesgo, la emergencia y la todav&iacute;a pendiente reconstrucci&oacute;n tras la cat&aacute;strofe ambiental. De manera preliminar estar&iacute;amos en disposici&oacute;n de enumerar algunos factores que complementar&iacute;an los formidables trabajos de investigaci&oacute;n ya publicados por <em>elDiario.es</em> y, de entre los que, entre much&iacute;simos otros, cabr&iacute;a destacar los siguientes: 
    </p><p class="article-text">
        1.- La incompetencia manifiesta en la prevenci&oacute;n, alerta y gesti&oacute;n inicial del riesgo y de la emergencia durante las primeras horas del triple desastre humanitario, material y ambiental. Es evidente la cadena tr&aacute;gica de incumplimientos por parte de la Generalitat Valenciana en la activaci&oacute;n de los planes y protocolos necesarios, la comunicaci&oacute;n y notificaci&oacute;n de la emergencia, la coordinaci&oacute;n de servicios (ya desde el d&iacute;a previo) o la informaci&oacute;n continua posterior. Fueron precisamente estos errores (de los que cabe plena exigencia de responsabilidades y dimisiones que ya debieran haberse producido al m&aacute;ximo nivel de la Generalitat Valenciana), los que impidieron evitar el mayor de los males: la p&eacute;rdida de vidas humanas, as&iacute; como los centenares de procesos de duelo, los shocks postraum&aacute;ticos y la epidemia de salud p&uacute;blica por problemas de salud mental que, por mucho tiempo, arrastrar&aacute;n las zonas afectadas. La respuesta anticipatoria y preventiva de la Universitat de Val&egrave;ncia de suspender las clases el 29O, criticada p&uacute;blicamente por Maz&oacute;n, dan cuenta del curso alternativo que los acontecimientos hubiesen tenido de haberse extendido esta medida al conjunto de la poblaci&oacute;n en un contexto de aviso meteorol&oacute;gico de nivel rojo por parte de la AEMET y que advierte de &ldquo;fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos no habituales, de intensidad excepcional y con un nivel de riesgo para la poblaci&oacute;n muy alto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        2.- La debilidad de unas Administraciones P&uacute;blicas reiteradamente vaciadas y debilitadas por proyectos pol&iacute;ticos que, con un creciente apoyo social, han venido cuestionando el papel crucial de <em>lo p&uacute;blico </em>debilitando los instrumentos que requieren activarse ahora, ante situaciones de emergencia, a pesar del aprendizaje social que debi&eacute;ramos haber obtenido de la pandemia y que, evidentemente, no hemos atesorado. Esta debilidad institucional, fruto de un programa pol&iacute;tico consciente y planificado, se evidenci&oacute;, por ejemplo, con la supresi&oacute;n de la Unidad Valenciana de Emergencias. Este enflaquecimiento administrativo aporta contexto, adem&aacute;s, para entender los fallos actuales en el funcionamiento de los servicios p&uacute;blicos y la gesti&oacute;n de las ayudas que est&aacute;n lastrando los tr&aacute;mites destinados a la valoraci&oacute;n, reconocimiento y liquidaci&oacute;n de las ayudas a v&iacute;ctimas y personas, familias, entidades, comercios y empresas afectadas. 
    </p><p class="article-text">
        3.- La banalizaci&oacute;n de los potenciales escenarios a los que nos enfrentamos en situaciones de riesgo ambiental como consecuencia del &eacute;xito creciente y ampliamente difundido por distintos canales de comunicaci&oacute;n social vinculados al negacionismo, ideol&oacute;gicamente sesgados en el espacio reaccionario de la derecha, y en el que juegan un papel esencial actores econ&oacute;micos relacionados con la producci&oacute;n y la distribuci&oacute;n energ&eacute;tica. Estos actores act&uacute;an como agentes moralizadores en relaci&oacute;n con el reparto de responsabilidades. No olvidemos, por otra parte, en este contexto de banalizaci&oacute;n, aquella desafortunada declaraci&oacute;n de una Consellera de la Generalitat Valenciana proclamando, de forma fr&iacute;vola y negligente, que &ldquo;si algo bueno trae el cambio clim&aacute;tico es, precisamente, la extensi&oacute;n de la temporada tur&iacute;stica&rdquo; (Nuria Montes sic).
    </p><p class="article-text">
        4.- La distorsi&oacute;n medi&aacute;tica provocada por sectores reaccionarios que, negando la necesidad de la acci&oacute;n internacional (como la que supone la Agenda 2030), act&uacute;an en un contexto de confusi&oacute;n, alarma social y debilitamiento democr&aacute;tico, pretendiendo obtener r&eacute;dito y mejorar sus cuotas de poder canalizando la rabia social o el fracaso institucional. 
    </p><p class="article-text">
        5.- Una irresponsable, deficiente y, en ocasiones, carente planificaci&oacute;n urban&iacute;stica que dispara los riesgos humanos, materiales y ambientales en zonas indudables, especialmente en las m&aacute;s cercanas al litoral, aunque cada vez m&aacute;s sobre todo tipo de &aacute;reas geogr&aacute;ficas como consecuencia de la intensidad y extensi&oacute;n de los episodios meteorol&oacute;gicos. 
    </p><p class="article-text">
        6.- Si bien, de entre todas las variables de car&aacute;cter institucional o social, debiera interesarnos, a nivel colectivo, un factor instrumental que garantiza una adecuada relaci&oacute;n eficaz y constructiva entre el &aacute;mbito de las Administraciones P&uacute;blicas y la sociedad civil y que deber&aacute; definir decisiones tan trascendentales como a las que nos obliga el actual escenario de calentamiento global: me refiero a la participaci&oacute;n ciudadana. Sin embargo, conscientes de la importancia de esta para el &eacute;xito de las medidas de adaptaci&oacute;n y mitigaci&oacute;n necesarias, son muchas las vulnerabilidades a las que se enfrenta la participaci&oacute;n ciudadana, tal y como evidencian las amenazas procedentes de discursos, pol&iacute;ticas y actores que ven en riesgo sus negocios y cuotas de poder e influencia. Echemos un vistazo de prueba a esta realidad. 
    </p><p class="article-text">
        Gobernar el cambio clim&aacute;tico mediante decisiones eficaces requiere, inevitablemente, de un programa estructural de participaci&oacute;n por parte de m&uacute;ltiples actores de la sociedad civil organizada. Las medidas, para ser eficaces, requieren de legitimidad suficiente y necesitan que la sociedad las asuma como propias sin que interfieran distorsiones interesadas procedentes de &eacute;lites sumamente organizadas y ancladas en un sistema econ&oacute;mico generador y acelerador del propio cambio clim&aacute;tico. Numerosas investigaciones han constatado que los procesos de recuperaci&oacute;n y de atenci&oacute;n a emergencias han arrojado datos de mejora estructural m&aacute;s r&aacute;pidos y con resultados &oacute;ptimos a largo plazo cuando se han acompa&ntilde;ado de convocatorias amplias de di&aacute;logo, participaci&oacute;n y concertaci&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        La asimetr&iacute;a de recursos y de situaciones con que comparecen los distintos discursos y actores no nos deben impedir seguir buscando, con entusiasmo y esperanza, respuesta al interrogante de c&oacute;mo gobernar la mitigaci&oacute;n y, en otros casos, la adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico y el calentamiento global. El lema del Oceanogr&aacute;fic para el a&ntilde;o 2024 puso de manifiesto un lema revelador que apelaba a los seres humanos como v&iacute;ctimas vulnerables del cambio clim&aacute;tico, pero tambi&eacute;n como la &uacute;nica especie capaz de cambiar el cambio clim&aacute;tico: tales mensajes permiten condensar las distintas dimensiones potenciadoras que requiere tomar conciencia del papel que la participaci&oacute;n individual o colectiva y organizada puede suponer en el curso futuro de los acontecimientos. El &eacute;xito de las medidas que necesariamente han de venir y vendr&aacute;n, en ocasiones como consecuencia del papel pedag&oacute;gico y sensibilizador que lamentablemente nos aportan las cat&aacute;strofes, depender&aacute;n, en gran medida, del grado de legitimidad que la participaci&oacute;n permita generar entre la sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        A su vez, la participaci&oacute;n ciudadana requiere de incentivos favorables que animen a la ciudadan&iacute;a a asumir los costes que esta pr&aacute;ctica c&iacute;vica supone. Tras el 29O hemos asistido a m&uacute;ltiples formas de participaci&oacute;n ciudadana a la hora de organizar el voluntariado o mediante la comparecencia masiva en concentraciones y manifestaciones c&iacute;vicas destinadas a la exigencia de responsabilidades pol&iacute;ticas, tras un proceso reflexivo y de canalizaci&oacute;n colectiva del malestar y la rabia. Estas expresiones aportan un punto de apoyo para el optimismo en cuanto a la consideraci&oacute;n c&iacute;vica de una importante parte de la ciudadan&iacute;a valenciana que ayuda a vertebrar la sociedad, la solidaridad y la participaci&oacute;n de forma democr&aacute;tica. Pero tambi&eacute;n es cierto que para hacer sostenible la participaci&oacute;n ciudadana es preciso que los frutos de las peticiones y las demandas planteadas sean visibles, viables y reales, y que desde las Administraciones P&uacute;blicas se ayude, en definitiva, a que la ciudadan&iacute;a entienda que participar vale la pena. Participar tiene un coste (informarse, dedicar tiempo, discriminar los enga&ntilde;os), mientras que el resultado a lograr (la mitigaci&oacute;n o, en su caso, la adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico) es sumamente complejo y quiz&aacute;s puede interpretarse inalcanzable dado el grado de irreversibilidad de los hechos. El coste de participar se enfrenta a la gravedad del deterioro ambiental, lo cual puede disuadir a la ciudadan&iacute;a de, ni tan siquiera, involucrarse a la hora de buscar alternativas de acci&oacute;n que, a la altura del tiempo presente en que nos encontramos, no pueden ser ya sino radicales, estructurales y sostenibles. 
    </p><p class="article-text">
        La propia experiencia nos ofrece, sin embargo, notas pesimistas, pero tambi&eacute;n positivas. As&iacute;, algunos casos de &eacute;xito como los procesos participativos DecidimVLC, Decide Madrid o Decidim Barcelona impulsados a partir de 2015 (y ahora desmanteladas, especialmente en las primeras dos ciudades), nos muestran c&oacute;mo algunas de las principales prioridades expresadas por la ciudadan&iacute;a fueron las medioambientales, avalando, impulsando, agendando y materializando intervenciones pioneras y de vanguardia en cuanto a las pol&iacute;ticas frente al cambio clim&aacute;tico en el &aacute;mbito urbano. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, no podemos ignorar que, frente al desasosiego que genera un futuro sombr&iacute;o, amplios sectores sociales prefieran evadirse mediante atajos emocionales que sirvan de anclaje y &eacute;xito a discursos negacionistas que, de acceder al poder, no har&aacute;n sino ahondar todav&iacute;a m&aacute;s en la crisis clim&aacute;tica. Sectores econ&oacute;micos que invirtieron recursos econ&oacute;micos y medi&aacute;ticos en la negaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico de forma especial durante los a&ntilde;os ochenta, ahora se suman a la estrategia masiva de marketing representada por el &nbsp;<em>greenwashing </em>de un ecocapitalismo moralizante que mercantiliza los valores medioambientales con el prop&oacute;sito de evitar la regulaci&oacute;n p&uacute;blica, la intervenci&oacute;n institucional y el control de recursos que, en definitiva, supone gobernar el cambio clim&aacute;tico: <em>cambiemos el sistema, no el clima</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Los discursos dist&oacute;picos llevan al colapso a los argumentos y las discusiones constructivas. Y estas narrativas dist&oacute;picas han sido, precisamente, algunas de las que han protagonizado parte de los esquemas mentales con que se ha pretendido modelar, interesadamente, la percepci&oacute;n social sobre una multitud de asuntos, incluyendo el cambio clim&aacute;tico, as&iacute; como en otros tiempos lo hicieron sobre otro tipo de cat&aacute;strofes naturales (terremotos, erupciones volc&aacute;nicas, maremotos, meteoritos) o en relaci&oacute;n con situaciones de tensi&oacute;n internacional como lo fueron la Guerra Fr&iacute;a y la Destrucci&oacute;n Mutua Asegurada, los desastres nucleares o, m&aacute;s recientemente, las consecuencias apocal&iacute;pticas de la tecnolog&iacute;a y la inteligencia artificial. Estos marcos dist&oacute;picos, muy rentables econ&oacute;micamente y atractivos en t&eacute;rminos de ocio, pueden convertirse, sin embargo, en obst&aacute;culos para un debate social eficaz. Lamentablemente, la percepci&oacute;n sobre las consecuencias dram&aacute;ticas de las cat&aacute;strofes ya no son im&aacute;genes apocal&iacute;pticas en las pantallas, sino que, de forma directa o, al menos, cercana, cada vez har&aacute; que sean m&aacute;s numerosas las ocasiones en que recibiremos el impacto de distintos episodios meteorol&oacute;gicos, como ha sucedido con motivo de la reciente riada del 29-O. 
    </p><p class="article-text">
        Frente al mito inmovilista y reaccionario de la distop&iacute;a, la raz&oacute;n de la ciencia debe servir como marco de referencia mediante un conocimiento exhaustivo y completo, que acompa&ntilde;e, acompase y sirva de referencia s&oacute;lida para disponer de medidas listas para su implementaci&oacute;n, lejos de banalidades acerca de un futuro sombr&iacute;o que, por inevitable, no invita a la participaci&oacute;n responsable, sino al cinismo, el colapso y la b&uacute;squeda de atajos de tipo emocional y reaccionario. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el margen de acci&oacute;n y el campo de lo posible se va estrechando a medida que avanzamos en el deterioro de las realidades ambientales y las cifras que las miden, por lo que actuar con anticipaci&oacute;n supondr&aacute;, adem&aacute;s, poder actuar con mayor margen de maniobra y mediante decisiones de m&aacute;s calidad. Y en este escenario, algunas variables que permitir&aacute;n rentabilizar un margen de maniobra apropiado en un futuro pr&oacute;ximo ser&aacute;n la creatividad social, la innovaci&oacute;n institucional, la riqueza de conocimiento cient&iacute;fico y el perfeccionamiento t&eacute;cnico resultante de la inversi&oacute;n p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        Los valores medioambientales est&aacute;n ligados al acervo inmaterial que fundamentalmente a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n ciudadana puede aflorar de forma conveniente para una gesti&oacute;n preventiva de los riesgos naturales. Tenemos ejemplos de ello en el &aacute;mbito valenciano a trav&eacute;s de instituciones tales como los tribunales consuetudinarios o las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas sostenibles, que practican principios de gesti&oacute;n h&iacute;drica basadas en el reconocimiento de la dependencia que los humanos tenemos de la naturaleza para la existencia misma desde una perspectiva democr&aacute;tica y justa, tal y como instituciones como la UNESCO han puesto de relieve. El acervo de conocimiento que atesoran instituciones como el Tribunal de las Aguas de la Vega de Val&egrave;ncia nos ense&ntilde;a la importancia de gestionar el agua en un sentido sostenible que vele por la gesti&oacute;n y ordenaci&oacute;n del recurso garantizando su propia disponibilidad en un sentido sostenible. Se evidencia, as&iacute;, la estrecha relaci&oacute;n de dependencia entre el patrimonio ambiental, el material (infraestructuras adecuadas), el inmaterial (los valores) y la participaci&oacute;n ciudadana (la pr&aacute;ctica y los mecanismos instrumentales de gesti&oacute;n). 
    </p><p class="article-text">
        El litoral valenciano ha dado origen a multitud de pr&aacute;cticas enraizadas en una gesti&oacute;n sostenible de recursos naturales de todo tipo y a los que las Administraciones P&uacute;blicas han dado la espalda en muchas ocasiones como fuentes v&aacute;lidas de conocimiento que transferir a la gesti&oacute;n p&uacute;blica. La costa valenciana (la mediterr&aacute;nea peninsular, en su conjunto) se est&aacute; convirtiendo en la membrana de interacci&oacute;n entre un Mar Mediterr&aacute;neo en constante elevaci&oacute;n de su temperatura media de una parte y, de otra parte, en un complejo entramado en el que, de forma desordenada, se han ubicado, sin planificaci&oacute;n adecuada, especialmente a lo largo de los &uacute;ltimos setenta a&ntilde;os, toda una multitud de usos humanos que han elevado el impacto, el nivel y la complejidad de los riesgos naturales sobre la propia vida humana. 
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a organizada y orientada por criterios informados de naturaleza cient&iacute;fica se convierte en un reservorio de responsabilidad social para tensionar los l&iacute;mites de lo posible en el campo de la mitigaci&oacute;n clim&aacute;tica y opera, a su vez, como dique de contenci&oacute;n frente a los retrocesos que la actual reacci&oacute;n negacionista pretende imponer. Para ello, no basta con una mera cr&iacute;tica o una radiograf&iacute;a exquisita de la motivaci&oacute;n y la acci&oacute;n ideol&oacute;gica reaccionaria, sino que es preciso un programa de acci&oacute;n en positivo para el que no solamente basta una consistente inversi&oacute;n presupuestaria p&uacute;blica, sino un fortalecimiento institucional y de capacidades en favor de las Administraciones P&uacute;blicas que, frente a la emergencia, la crisis, el riesgo y la alerta, impongan un escenario habitable, no solo en t&eacute;rminos ambientales, sino tambi&eacute;n de una m&iacute;nima dignidad social.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bernabé Aldeguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/gobernar-dana-participacion-ciudadana-legitimidad-democratica_1_11959401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Jan 2025 10:49:22 +0000]]></pubDate>
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