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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel Daniel Íñiguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel-daniel-iniguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel Daniel Íñiguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo que m&aacute;s nos extra&ntilde;a de la muerte o del sufrimiento sea que constituyen una fuente de consenso: no pueden discutirse y nuestra opini&oacute;n o voluntad no pueden disimularlos; (casi) nadie los quiere ni busca, sino que (casi) todos los rechazamos y esquivamos y tratamos de zafarnos de ellos o postergar el &aacute;spero encuentro con ellos hasta el &uacute;ltimo recodo del laberinto, donde la evidencia del tiempo y del dolor nos atrapan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que el car&aacute;cter concluyente de la muerte nos interrogue m&aacute;s, o que haya determinado m&aacute;s la cosmovisi&oacute;n de todas las variadas tradiciones culturales, pero admitamos que la muerte (natural) carece de misterio: es un irrefutable y prosaico hecho biol&oacute;gico que nos alcanza a todos y, por tanto, es perfectamente razonable y justo, en el sentido de igualitario (otra cosa es que nuestra inteligencia, tan bellamente dotada de capacidad creadora como para imaginar el futuro, y en particular un futuro de ultratumba, no acepte que esa prodigiosa capacidad no se corresponda con una naturaleza <em>lo bastante</em> divina; y que nuestra conciencia no pueda sino escandalizarse, por estremecedor contraste, ante los cuerpos despojados de conciencia). Sin embargo, el sufrimiento s&iacute; es un misterio, pues es totalmente arbitrario, y por eso condiciona, remueve la experiencia humana de forma m&aacute;s radical: su afectaci&oacute;n es intempestiva y veleidosa e inescrutable, y de este modo, perfectamente irrazonable e injusta, o al menos odiosamente discriminatoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muerte nos angustia porque no podemos evitarla y nos conmociona porque no podemos vencerla. El sufrimiento nos angustia porque no podemos evitarlo y nos violenta porque no podemos comprenderlo. Pero que el sufrimiento no pueda comprenderse, como no puede entenderse la maldad (a pesar de los esfuerzos psicoanal&iacute;ticos de tantos libros y pel&iacute;culas que, guiados por un determinismo que niega el libre albedr&iacute;o y las probabilidades terap&eacute;uticas de la ciencia, la fe o el arte, terminan motivando la m&aacute;s abyecta psicopat&iacute;a en rec&oacute;nditos traumas supuestamente insuperables), no significa que no pueda reaccionarse contra &eacute;l y vencerlo, es decir, dominarlo paliativamente o, incluso, sanarlo felizmente. Una sociedad que se resigna al sufrimiento es una sociedad derrotada, una sociedad <em>muerta.</em> La sociedad riojana todav&iacute;a no se ha resignado al sufrimiento, como acreditan los Premios Kil&oacute;metro Cero que entrega este peri&oacute;dico, pues los ganadores (Proyecto Hombre, El Llavero, RioxaNostra y el profesor Iv&aacute;n Fern&aacute;ndez) se rebelan, comprometen y trabajan para resta&ntilde;ar tantas ausencias y carencias, tantos padecimientos de distinta clase. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la controversia p&uacute;blica sobre el ejercicio de la eutanasia por Noelia Castillo ha permitido que asomen algunos signos preocupantes de resignaci&oacute;n al sufrimiento o, como m&iacute;nimo, de vacilaci&oacute;n &eacute;tica al respecto. No voy a polemizar sobre la eutanasia ni sobre su aplicaci&oacute;n a este caso concreto, entre otras razones porque, como jurista, su legalidad ha sido avalada judicialmente y por los informes t&eacute;cnicos preceptivos. Lo que voy a criticar es su tratamiento desenfocado en el foro o &aacute;gora de la discusi&oacute;n social y medi&aacute;tica (ya ven que la conformaci&oacute;n de una conversaci&oacute;n democr&aacute;tica madura es una de mis obsesiones). El debate se ha parapetado o enmascarado sustancialmente, y no de forma inocente (por la resonancia social o pol&iacute;tica y no s&oacute;lo personal de su decisi&oacute;n), detr&aacute;s del sufrimiento biogr&aacute;fico de la joven (padres divorciados, desahucio, internamiento en un centro de menores, agresiones sexuales, consumo de drogas, intento de suicidio), un sufrimiento que, no s&oacute;lo por acumulaci&oacute;n o aplastamiento, apela a nuestra m&aacute;s honesta ternura. Se ha justificado la decisi&oacute;n en esa atribulada biograf&iacute;a (me refiero, insisto, a la opini&oacute;n m&aacute;s frecuente, no al procedimiento administrativo), en la narraci&oacute;n de sus desgracias, m&aacute;s que en una enfermedad grave, cr&oacute;nica<em> </em>e irreversible o en las limitaciones intolerables de la autonom&iacute;a funcional cotidiana, que son los requisitos que exige la ley; desgracias contra las que otros se enfrentan y de las que, bien ayudados por profesionales y familiares y amigos, y con un esfuerzo encomiable, tratan de recuperarse y habitualmente lo consiguen. El debate se ha reorientado intencionalmente para inflamarlo de melodrama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es intelectualmente contradictorio y moralmente pueril que se confunda la compasi&oacute;n con la que nos debe conmover cualquier sufrimiento (o, incluso, con la que nos debe conmover, antes de su depuraci&oacute;n f&aacute;ctica, la percepci&oacute;n subjetiva que cada individuo pueda tener sobre su sufrimiento), con el apoyo institucional a que los sufrimientos biogr&aacute;ficos, siempre <em>irrazonables</em> y <em>arbitrarios,</em> puedan convertirse en <em>causa suficiente y justa</em> de una muerte asistida con recursos sanitarios p&uacute;blicos. Y, sin embargo, esa confusi&oacute;n se ha prodigado en demasiadas conversaciones durante los &uacute;ltimos d&iacute;as, de manera m&aacute;s abierta o subrepticia. Salvo quienes infligen sufrimiento de manera consciente y voluntaria, nadie merece sufrir en ning&uacute;n grado, precisamente porque tal sufrimiento siempre ser&aacute; anormal e injusto; pero es harto peligroso que nos resignemos a que la muerte sea la primera o una de las prioritarias soluciones al sufrimiento de una persona con una trayectoria vital turbulenta o abstrusa (y si nos resignamos, &iquest;a partir de qu&eacute; momento deviene en la &uacute;nica soluci&oacute;n?). Lo denuncio con dureza: esa tesis equivale a defender el suicidio, no la eutanasia. La muerte no es una <em>alternativa</em> o <em>salida</em> para el sufrimiento (biogr&aacute;fico), es la alternativa y la salida de la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa confusi&oacute;n acabar&iacute;a conduciendo, adem&aacute;s (y la amenaza es igualmente intimidante), a que se promueva la revisi&oacute;n sobre c&oacute;mo debe intervenir el Estado ante los sufrimientos de sus ciudadanos. &iquest;Acaso anhelamos que nos suministre medios que garanticen la prevenci&oacute;n y correcci&oacute;n de todos los sufrimientos que puedan cernirse cobre nosotros&hellip;? Por mi parte, me conformo con que las Administraciones P&uacute;blicas no acent&uacute;en los sufrimientos inherentes a cualquier itinerario vital. Y por eso me irrita que el mismo Estado que cumple eficazmente con la eutanasia solicitada por una ciudadana para acabar con su sufrimiento, permita que, cuando revisan incapacidades, los equipos m&eacute;dicos de la Seguridad Social se comporten como tribunales de tortura, tan alejados de la deontolog&iacute;a que deber&iacute;a inspirarlos (alejados no por el juicio cient&iacute;fico, que podr&aacute; depurarse, sino por la actitud inmisericorde: no les importa humillar al paciente). Y por eso me ofende que ese mismo Estado (en este caso, la gesti&oacute;n auton&oacute;mica del Gobierno vasco del PNV y del PSOE) fomente una interpretaci&oacute;n tan desviada del beneficio penitenciario de la semilibertad, que est&eacute; conllevando que terroristas de ETA que no se han arrepentido ni han colaborado con las autoridades, y que en algunos casos (como el de &lsquo;Anboto&rsquo;) han cumplido s&oacute;lo el 1% de su condena, regresen entre v&iacute;tores a las mismas calles donde viven los familiares de los asesinados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien quiere o necesita politizar el dolor s&oacute;lo buscar&aacute; incrementar tu sufrimiento.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 08:55:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué pasa con los cuerpos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pasa-cuerpos_129_13051905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La pregunta me asalt&oacute; o irrumpi&oacute; cuando observ&eacute; algunas fotograf&iacute;as de las reuniones del fen&oacute;meno <em>therian: </em>ya saben, esos j&oacute;venes que cubren sus rostros con m&aacute;scaras que evocan el esp&iacute;ritu animal que (se supone) verdaderamente les habita. Me han contado que no se trata de un fen&oacute;meno reciente, aunque quiz&aacute; ahora se haya encendido su p&aacute;bilo medi&aacute;tico para desacreditar a una juventud (presuntamente) adocenada, pero no es la novedad lo que me asombr&oacute;. Tambi&eacute;n me han explicado que algunos de esos adolescentes participan de la corriente como una diversi&oacute;n, pero no me desarm&oacute; el instinto l&uacute;dico que parte de su p&uacute;blico pueda imprimirle, por muy exc&eacute;ntrico que sea (&iquest;qu&eacute; afici&oacute;n verdadera no alcanza cierta cota de excentricidad?). Si se quiere diseccionar el fen&oacute;meno, hay que confesar que nos abruma (me abruma) la convicci&oacute;n con la que algunos <em>therian </em>teorizan su adhesi&oacute;n al movimiento y la naturalidad o facilidad o relajamiento de pudor con la que asumen y se expresan mediante conductas propias de animales (conductas, incluso, de apareamiento sexual).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, como creo que hasta los comportamientos deliberadamente rid&iacute;culos o lun&aacute;ticos tienen una explicaci&oacute;n (lo &uacute;nico que carece de explicaci&oacute;n es la maldad, a pesar de tantos libros o pel&iacute;culas que se esfuerzan por busc&aacute;rsela, y as&iacute; la justifican), rechazo tratarles con la condescendiente incredulidad que suelen profesarles los adultos, que se aproximan a los <em>therian</em> con una fingida ternura porque piensan que su perplejidad es fruto de la brecha generacional. Este rechazo se forja, principalmente, en que varios chicos que frisan la mayor&iacute;a de edad los perciben igualmente como una manifestaci&oacute;n extravagante: hay una incomodidad transversal sobre la que conviene reflexionar con m&aacute;s hondura. Esa mayor profundidad exige un cambio en el eje de la discusi&oacute;n. Muchas personas se lamentan: &iquest;Qu&eacute; pasa con las cabezas? Mientras que yo sostengo que la actitud o comportamiento <em>therian</em> es una respuesta a una relaci&oacute;n patol&oacute;gica (personal y social) con el cuerpo, con los cuerpos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, no me escandaliza el disfraz. El disfraz es un saludable y sofisticado s&iacute;mbolo de evasi&oacute;n, y con ese prop&oacute;sito se ha utilizado tanto en los rituales paganos como religiosos. En muchos sentidos, todo vivimos huyendo, pero el disfraz explicita una huida consciente, confesa, transitoria y reversible, y por ello terap&eacute;utica; es una rebeli&oacute;n c&iacute;nica contra la imagen f&iacute;sica (la que biol&oacute;gicamente recibimos y la que elegimos o nos dise&ntilde;amos) que proyecta sobre nosotros un crisol de prejuicios. El disfraz nos permite comunicar una versi&oacute;n menos convencional (menos sujeta a la interpretaci&oacute;n preestablecida) y, as&iacute;, m&aacute;s aut&eacute;ntica o genuina de nosotros mismos: parad&oacute;jicamente, el disfraz desenmascara los prejuicios. En cualquier caso, el disfraz sol&iacute;a sublimar nuestra necesidad de lo sensible y lo tangible, de lo sensual. Y aqu&iacute; radica la subversi&oacute;n <em>therian, </em>que merece ese pensamiento menos c&aacute;ndido o socarr&oacute;n del que com&uacute;nmente inquieta: el <em>therian </em>no recurre a la m&aacute;scara para liberar a su cuerpo de una visi&oacute;n prejuiciosa o para impregnarlo de un nuevo significado inevitablemente dotado de sensorialidad, sino para desligarse de su cuerpo. El disfraz no trasforma, pues, una identidad corp&oacute;rea, sino que nos indica cu&aacute;l es la &ldquo;psicolog&iacute;a&rdquo; o la &ldquo;conciencia&rdquo; o el &ldquo;alma&rdquo; en la que el <em>therian </em>se reconoce y por la que deber&iacute;amos reconocerle. El <em>therian </em>est&aacute; enfrentado a su cuerpo, est&aacute; ensimismado y quiere abstraerse de su cuerpo y lo espiritualiza, no acepta ser mat&eacute;rico o se opone a serlo en la forma en que lo es. Y esta escisi&oacute;n parte de una decisi&oacute;n <em>voluntaria </em>que se camufla detr&aacute;s acciones aparentemente livianas e ingenuas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; pueda extra&ntilde;ar este complejo cuando habitualmente se critica el &ldquo;culto al cuerpo&rdquo; que atraviesa e inunda nuestras sociedades, pero todo aquello a lo que se rinde culto presupone la existencia de un conflicto, irresuelto o probablemente irresoluble. Los adolescentes de todas las &eacute;pocas han (hemos) afrontado un conflicto con su (nuestro) cuerpo, claro; y es que no es inocuo el descubrimiento de que provoca est&iacute;mulos en los dem&aacute;s y que el cuerpo de los dem&aacute;s nos estimula, el descubrimiento de que el cuerpo es sexual no es inofensivo. Sin embargo, parece que muchos adolescentes de nuestro tiempo (los adolescentes, en particular) han transitado hacia un nuevo estadio de ese conflicto: la relaci&oacute;n directamente patol&oacute;gica con los cuerpos, una especie de asco o ira o pavor escatol&oacute;gico, de la que los <em>therian </em>constituyen un ep&iacute;tome extremo (lo patol&oacute;gico no es el conflicto, sino que el conflicto no conduzca a resolver el conflicto, que se perpet&uacute;e porque se convierte en una elecci&oacute;n vital).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puedo enumerar varias causas de nuestra procelosa actualidad que, creo, confluyen en este pernicioso proceso: el desprestigio intelectual del arte figurativo, la transformaci&oacute;n relacional que han propiciado la tecnolog&iacute;a digital y las redes sociales (y que infiltrado la competencia capitalista en el &ldquo;mercado de la seducci&oacute;n&rdquo;), el acceso prematuro e inmaduro a la pornograf&iacute;a,&nbsp;la publicidad que reemplaza la belleza gen&eacute;tica de los cuerpos por una belleza manufacturada (no ya solo reforzada), el consumismo que necesita azuzar la percepci&oacute;n propia de <em>insuficiencia </em>(confundiendo nuestras expectativas con las de los otros), la ideolog&iacute;a de la libre elecci&oacute;n de g&eacute;nero (que no la realidad cient&iacute;fica de la transexualidad) o la p&eacute;rdida de una cultura colectiva del erotismo (de sus gestos y s&iacute;mbolos, que demandan, como es inherente a toda insinuaci&oacute;n, de una comprensi&oacute;n m&aacute;s aguda y atenta sobre c&oacute;mo interpela un cuerpo). Estos factores han despojado a los cuerpos de su valor <em>real</em> de una manera u otra, han roto la vinculaci&oacute;n entre cuerpo (cuerpo carnal, directo, inmediato) y personalidad, han disminuido o han privado al cuerpo de su componente afectivo. Y es que, en este &uacute;ltimo sentido, al fondo de esas causas resuena un ego&iacute;smo aislacionista que acalla el di&aacute;logo de los cuerpos (y que, as&iacute;, atomiza la convivencia): importa exclusivamente c&oacute;mo uno mismo se reconoce en su cuerpo y se ignora su potencialidad para que importe a otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay profesionales cualificados que pueden ayudar a que cada individuo gestione esa relaci&oacute;n patol&oacute;gica con su cuerpo, as&iacute; que a ellos me remito.<em> </em>Yo s&oacute;lo quer&iacute;a subrayar que el fen&oacute;meno <em>therian </em>no debe tomarse a ligera porque es un s&iacute;ntoma de un malestar extendido en nuestras sociedades, la herida abierta de una desafecci&oacute;n t&iacute;picamente posmoderna. Y tambi&eacute;n porque me permite precaver de un riesgo pol&iacute;tico: por esa grieta, la de la relaci&oacute;n patol&oacute;gica con el cuerpo (y, secuencialmente, la de la insatisfacci&oacute;n del deseo), han penetrado las m&aacute;s abyectas manipulaciones, antes confesionales, ideol&oacute;gicas ahora. Si lo piensan detenidamente, antes que el control de las mentes, el poder ha rentabilizado mejor la claudicaci&oacute;n de los cuerpos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pasa-cuerpos_129_13051905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 12:06:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué pasa con los cuerpos?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La península de las palabras demudadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/peninsula-palabras-demudadas_129_12993509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante la posguerra, Blas de Otero clam&oacute; por una reivindicaci&oacute;n esperanzada: <em>&ldquo;Escribo en defensa del reino del hombre y su justicia. Pido la paz y la palabra&rdquo;. </em>Curiosamente, la ausencia de signos de exclamaci&oacute;n aumenta la persuasi&oacute;n imperiosa de los versos, pues la contundencia de su invocaci&oacute;n reside en la exacta desnudez de su sem&aacute;ntica, de su valioso significado intr&iacute;nseco, y no en al artificio de una expresi&oacute;n exasperada. En el mismo a&ntilde;o en que public&oacute; el poeta, Dreyer estren&oacute; <em>Ordet (La palabra), </em>cumbre de ese cine trascendente que entiende el arte como una revelaci&oacute;n m&iacute;stica (todav&iacute;a me sobrecojo cuando aguardo expectante, con fe, el milagro que s&eacute; inveros&iacute;mil o imposible). Como en los versos de Blas de Otero, una de las claves narrativas del largometraje es el poder (antropol&oacute;gico, sociol&oacute;gico, religioso) de la palabra: la sobrina del protagonista le implora que diga &ldquo;la palabra&rdquo;, sincera y radicalmente comprometida con su conciencia, que es lo &uacute;nico en que conf&iacute;a para salvar la vida de su madre.
    </p><p class="article-text">
        Habitualmente escuchamos que el Parlamento es &ldquo;el templo de la palabra&rdquo;. M&aacute;s all&aacute; de su cursiler&iacute;a, la denominaci&oacute;n t&oacute;pica peca de superficialidad, puesto que la palabra, que puede utilizarse de maneras tan leg&iacute;timas como arbitrarias, no constituye ontol&oacute;gicamente un instrumento democr&aacute;tico; es m&aacute;s, incluso puede atacarla. Los versos de Blas de Otero lo descubren agudamente: la palabra debe ser instrumento de justicia y paz, que son, a su vez, presupuestos insoslayables de la democracia (humanista); pero aquella palabra que carece de justicia y paz no &ldquo;defiende el reino del hombre&rdquo;, no defender&aacute; la democracia. Por su parte, a trav&eacute;s de una estilizada puesta en escena, Dreyer nos muestra c&oacute;mo la palabra mendaz o hip&oacute;crita o irresponsable o inconsciente carece de utilidad para &ldquo;salvar la vida&rdquo;. Durante las &uacute;ltimas semanas (quiz&aacute; como bullente crisol de las tendencias corrosivas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os), hemos asistido a varios episodios que ejemplifican c&oacute;mo la palabra, esto es, c&oacute;mo algunos usos indignos de la palabra, puede erosionar y no contribuir a la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La <em>palabra negada.</em> El t&iacute;tulo del art&iacute;culo parafrasea el de la exitosa novela de Ucl&eacute;s, el autor que instig&oacute; la pol&eacute;mica cuando renunci&oacute; a participar en las jornadas sobre la Guerra Civil que organiza P&eacute;rez-Reverte. El suceso me interesa (y preocupa) porque plasma la denuncia que Haidt y Lukianoff desarrollan en su ensayo <em>La transformaci&oacute;n de la mente moderna: </em>los campus universitarios de EE.UU. han exportado una concepci&oacute;n de que las palabras (las ideas) son una forma de violencia (sorprendentemente, con una dimensi&oacute;n muy <em>f&iacute;sica,</em> a la que tambi&eacute;n apel&oacute; Ucl&eacute;s); dicho de modo m&aacute;s preciso, que <em>&ldquo;el efecto percibido, sin atender a la intenci&oacute;n&rdquo; </em>de esas palabras o ideas es una forma de violencia. Naturalmente, quien siente o teme que una idea puede amenazarle o agredirle (me abstraigo, por supuesto, del contexto penal) exige una respuesta institucional coherente: protecci&oacute;n eficaz. Como ninguna protecci&oacute;n asegura m&aacute;s eficacia que la prohibici&oacute;n (al menos <em>a priori, </em>te&oacute;ricamente), el miedo se traduce en el rechazo y la ausencia de debate. Esta cancelaci&oacute;n acent&uacute;a el pensamiento tribal, <em>&ldquo;la pol&iacute;tica identitaria del enemigo com&uacute;n&rdquo;, </em>y redunda en el c&iacute;rculo vicioso. Ninguna palabra o idea deber&iacute;a excluirse <em>ad limine </em>(de entrada, desde el comienzo) del debate p&uacute;blico, sin perjuicio de que, &iexcl;claro!, haya muchas que deban refutarse porque contrar&iacute;an la justicia y la paz.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La <em>palabra emotivizada.</em> El emotivismo que propag&oacute; Hume ha alcanzado su paroxismo en este siglo: se abandonan los juicios &eacute;ticos racionales, ya que, en &uacute;ltima instancia, la validez del juicio siempre depende del sentimiento. El extremo enfrentamiento pol&iacute;tico y social sobre la inmigraci&oacute;n (que, por cierto, ha estallado despu&eacute;s de largos a&ntilde;os durante los que la pol&iacute;tica migratoria ha quedado relegada, como tab&uacute;, de un debate p&uacute;blico sereno: advi&eacute;rtanse las consecuencias de esa expulsi&oacute;n, de la <em>palabra negada)</em> es un paradigma de la perversi&oacute;n de la <em>palabra emotivizada. </em>A pesar de que muchos discursos sobre inmigraci&oacute;n se est&aacute;n tachando de sofistas, Gorgias perfeccion&oacute; los recursos ret&oacute;ricos para convencer h&aacute;bilmente a su audiencia de una <em>raz&oacute;n</em> (relativa, no absoluta, porque era esc&eacute;ptico) y no de una <em>emoci&oacute;n.</em> La divergencia es extraordinaria: pueden discutirse dial&eacute;cticamente los argumentos a favor y en contra de una determinada pol&iacute;tica migratoria, pero no puede hacerse lo mismo con los sentimientos (de angustia o xenofobia, de solidaridad o apego) que la inmigraci&oacute;n provoca a cada ciudadano. Lamentablemente, la opini&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; encerrada dentro de esta &uacute;ltima trampa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, la <em>palabra deformada. </em>Aunque Bertrand Russell nos leg&oacute; &ldquo;diez mandamientos&rdquo; que permear&iacute;an efectos beneficiosos para el debate p&uacute;blico democr&aacute;tico, su filosof&iacute;a anal&iacute;tica del lenguaje ha propalado, en la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, un axioma adverso: que el lenguaje crea la realidad. Russell propon&iacute;a esta teor&iacute;a para comprender la realidad (epistemolog&iacute;a), no para gobernarla (&eacute;tica). Son los estructuralistas y los postestructuralistas, como Foucault, quienes dotan de una connotaci&oacute;n <em>ideol&oacute;gica</em> a lo que originalmente era una tesis <em>l&oacute;gica.</em> El problema de la vivienda ha propiciado una de esas <em>palabras deformadas</em> contra las que me rebelo: <em>soluciones habitacionales </em>(sintagma harto feo, pero la est&eacute;tica administrativa, si esto no es un ox&iacute;moron, no puede producir otra cosa). Me rebelo porque la alteraci&oacute;n de la representaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica solo reorienta el debate p&uacute;blico (ya no hay que ofrecer <em>viviendas,</em> sino <em>alternativas residenciales, </em>llamadas con neologismos en ingl&eacute;s, que siempre implican compartir una vivienda), sin que se solvente la verdadera necesidad y demanda ciudadana, que permanece invariable (&iexcl;una vivienda para construir un hogar!). La <em>palabra deformada </em>no revoluciona la realidad, solo la rinde a un inter&eacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a la palabra <em>negada, emotivizada </em>y <em>deformada</em> que erosionan nuestra democracia, la palabra sincera y radicalmente comprometida con la conciencia, como instrumento de justicia y paz, es la que contribuye a una democracia (humanista) y puede preservarla y &ldquo;salvarla&rdquo;. Pidamos esa palabra en nuestro febril y empobrecido debate p&uacute;blico (la palabra digna de Blas de Otero y Dreyer, la palabra digna de la que se vali&oacute; Liliana S&aacute;enz, la hija de una de las v&iacute;ctimas del descarrilamiento de Adamuz), para que la mudez y la sordera no descompongan nuestra sociedad como hizo la ceguera en la ficci&oacute;n de Saramago.&nbsp;<em> </em>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/peninsula-palabras-demudadas_129_12993509.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 09:04:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La península de las palabras demudadas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La solución es otro imperio (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/solucion-imperio-ii_129_12905835.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Intuyo que EE.UU. no habr&iacute;a intentado la operaci&oacute;n en Venezuela si esta naci&oacute;n hubiera estado integrada en una estructura pol&iacute;tica imperial equivalente a la que sostiene al pa&iacute;s norteamericano: si hubiera temido o se hubiera sentido amenazado, prudentemente, por una respuesta proporcional contra su intervenci&oacute;n. Cabe recordar que la estrategia anglosajona de balcanizaci&oacute;n de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola, prolongada durante los siglos XX y XXI, ha pretendido protegerse de esa preocupaci&oacute;n: m&aacute;s que doblegar a la Monarqu&iacute;a hisp&aacute;nica, buscaba atomizar la Am&eacute;rica virreinal, que, cuando inici&oacute; su independencia, era m&aacute;s rica que la metr&oacute;poli; de lo contrario, ingleses y norteamericanos no se hubieran afanado tanto en azuzar y enconar una fragmentaci&oacute;n que depar&oacute; veinte nuevos Estados, demasiadas veces irreconciliables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abstray&eacute;ndome ahora de que Venezuela estaba (y contin&uacute;a estando) regida por un gobierno ilegal y criminal, su pertenencia a una estructura imperial le hubiera dotado de unos recursos (administrativos, diplom&aacute;ticos, econ&oacute;micos, tecnol&oacute;gicos, desde luego tambi&eacute;n militares) que habr&iacute;an podido respaldar, al menos con car&aacute;cter previo, una disuasi&oacute;n convincente. Por eso, ante la constataci&oacute;n rotunda de que EE.UU. y China han adoptado enfoques geoestrat&eacute;gicos <em>imperialistas </em>(mejor dicho, <em>colonialistas:</em> luego me explicar&eacute;), cada vez m&aacute;s depredadores, para repartirse el mundo seg&uacute;n &aacute;reas de influencia (la ret&oacute;rica de Jinping es m&aacute;s taimada que la de Trump, pero tampoco disimula sus ambiciones; y, francamente, la Rusia de Putin carece de la fortaleza suficiente para imponerse, aunque su peligrosidad surge de que su tentaci&oacute;n de dominio es la tentaci&oacute;n de un moribundo), Espa&ntilde;a solo podr&aacute; competir en el nuevo orden internacional si invoca y se convierte en adalid de la construcci&oacute;n de otra entidad <em>imperial.</em>
    </p><p class="article-text">
        El Estado-naci&oacute;n es la unidad pol&iacute;tica<em> (personaje)</em> que emergi&oacute; con las revoluciones americana y francesa de finales del siglo XVIII (por cierto, un personaje que creo que Espa&ntilde;a, debido a su realidad hist&oacute;rica, geoestrat&eacute;gica y cultural durante las Edades Media y Moderna, siempre ha sentido como un <em>disfraz </em>al que ha tenido que amoldarse, y de ah&iacute;, en parte, la conflictividad identitaria que precipit&oacute; cuatro guerras civiles; pero el debate de esta ajenidad excede del prop&oacute;sito de esta columna). Se afianz&oacute; en Europa durante el siglo XIX y, a trav&eacute;s de la expansi&oacute;n universal de las democracias liberales, se ha mantenido hasta nuestros d&iacute;as como la f&oacute;rmula de organizaci&oacute;n sociopol&iacute;tica preeminente (quiz&aacute; tambi&eacute;n porque las normas e instituciones internacionales post-II GM, dise&ntilde;adas por Occidente, reconocen al Estado-naci&oacute;n como su sujeto ordinario y principal). Sin embargo, EE.UU. y China han decidido que los modelos imperiales anteriores (me corrijo, de nuevo: <em>coloniales)</em> satisfacen mejor sus voraces apetitos, los confesos y los impl&iacute;citos; y parece obvio que, siquiera por la l&oacute;gica de econom&iacute;a de escala que alcanza a cualquier &aacute;mbito productivo, un Estado-naci&oacute;n est&aacute; condenado a rendirse o someterse a un imperio. Ya no basta con que cada Estado-naci&oacute;n teja una red de alianzas con otros Estados-naciones (que, no obstante, tantas veces se demuestra timorata y el&aacute;stica cuando se convoca), sino que hay que edificar una nueva y verdadera unidad pol&iacute;tica: otro imperio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La idea imperial est&aacute; muy denostada en nuestra &eacute;poca, cuando en otras precedentes (en las que el protagonismo de la tribu, la ciudad-Estado o el se&ntilde;or feudal, con sus inherentes limitaciones, era coet&aacute;nea o m&aacute;s reciente) se la admiraba como una suerte de &uacute;ltimo estado evolutivo de la civilizaci&oacute;n. Probablemente, el desprestigio surge de la confusi&oacute;n entre el paradigma imperial y el (devastador) paradigma colonial europeo del siglo XIX; paradigma al que creo, en puridad, responde el comportamiento de EE.UU. y China: de ah&iacute; que defienda que no son <em>imperialistas, </em>sino <em>colonialistas.</em> Sin embargo, me parece que la idea imperial debe reivindicarse, en particular cuando se observan algunos de sus m&aacute;s conspicuos ejemplos: es incontrovertible que el Imperio Romano, el Mongol, el Califato Abas&iacute;, el Azteca o el Espa&ntilde;ol se forjaron con una implacable violencia b&eacute;lica, pero, despu&eacute;s de la cruda conquista, su hegemon&iacute;a garantiz&oacute; una cohesi&oacute;n de recursos y una estabilidad a su tiempo (curiosamente, tambi&eacute;n para sus rivales) que propici&oacute; s&oacute;lidos avances en la prosperidad, la virtud c&iacute;vica institucional y el desarrollo social, cultural y cient&iacute;fico, por no hablar del esplendor art&iacute;stico. Por eso Maquiavelo emit&iacute;a, tanto desde la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica como &eacute;tica, un juicio positivo de los imperios (lo que demuestra, como ya anticipaba en la primera parte de este art&iacute;culo, que ambos an&aacute;lisis no se contradicen necesariamente). La idea imperial supera, aunque tambi&eacute;n incorpore, el inter&eacute;s mercantilista que predomina en la idea colonial, porque la metr&oacute;poli se esfuerza por <em>replicarse</em> o <em>reproducirse </em>en los territorios conquistados: se busca, por tanto, una asimilaci&oacute;n o integraci&oacute;n plena en todos los &oacute;rdenes de la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, cuando ahora reclamo que, frente a EE.UU. y China, la soluci&oacute;n ante el nuevo escenario internacional sea otro imperio, no espero que emerja una metr&oacute;polis poderosa que aglutine a las dem&aacute;s naciones, y menos por la fuerza; sino que los Estados que comparten una identidad cultural cedan extensamente su soberan&iacute;a en favor de una entidad supranacional m&aacute;s robusta (aqu&iacute; reside la diferencia con el concepto de <em>bloque), </em>sin perjuicio de la descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica y administrativa que, dentro de ese imperio, pueda regularse. Espa&ntilde;a tiene una posici&oacute;n privilegiada porque podr&iacute;a elegir a qu&eacute; imperio (de los que, aventuro, podr&iacute;an configurarse) se incorpora: si al europeo o al iberoamericano, nunca como l&iacute;der (en particular, en este segundo, donde ese liderazgo corresponder&iacute;a a M&eacute;xico o a Brasil), pero s&iacute; como un actor especialmente influyente. Desde esta &oacute;ptica, debe celebrarse Mercosur como una primera aproximaci&oacute;n, todav&iacute;a t&iacute;mida (aunque ser&aacute; raro que se desarrolle m&aacute;s all&aacute; de la fluidez comercial), a otro imperio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin, o Espa&ntilde;a vuelve a ser un imperio durante el siglo XXI <em>(a formar parte</em> de un imperio, en el sentido explicado) o no ser&aacute;. Claro que esto exige, por un lado, que se venza la tenaz resistencia del carlismo vasco y catal&aacute;n (tan trasnochado, el independentismo est&aacute; fuera de la din&aacute;mica <em>de escala </em>del nuevo contexto geopol&iacute;tico) y, por otro, un pacto de Estado para que la pol&iacute;tica exterior se proyecte al largo plazo y no al combate partidista interno. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/solucion-imperio-ii_129_12905835.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 14:58:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La solución es otro imperio (II)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La solución es otro imperio (I)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/solucion-imperio-i_129_12905828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La operaci&oacute;n estadounidense en Venezuela, cuya evoluci&oacute;n sigue resultando impredecible (igual que cualquiera de las inflexiones de &eacute;poca o <em>cambios de mundo</em> que nos ha precedido, de la que esta operaci&oacute;n solo es un s&iacute;ntoma: ya est&aacute;bamos inmersos en uno), ha sido estudiada y debatida prolijamente durante los &uacute;ltimos d&iacute;as. Sin embargo, los an&aacute;lisis han enjuiciado o marcado posici&oacute;n sobre <em>el hecho en s&iacute;,</em> pero raramente han profundizado, con proyecci&oacute;n prospectiva, en c&oacute;mo Espa&ntilde;a deber&iacute;a afrontar <em>sus consecuencias.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        La opini&oacute;n moderada europea ha encontrado una postura de consenso (la intervenci&oacute;n puede deparar efectos ben&eacute;ficos para Venezuela, pero agrede el derecho internacional) que destila nuestra actual tribulaci&oacute;n nost&aacute;lgica, de la que se deriva esa desesperante incapacidad o par&aacute;lisis para adoptar decisiones de gobierno <em>con</em> <em>iniciativa de futuro. </em>Se ha acompa&ntilde;ado de una salmodia jerem&iacute;aca que denuncia que Trump ha provocado el &ldquo;retorno de la ley del m&aacute;s fuerte&rdquo;, mientras que nuestro sistema &ldquo;basado en reglas&rdquo; se funda en que &ldquo;el fin no justifica los medios&rdquo;. Esta constante reivindicaci&oacute;n de un modelo de orden internacional (&iquest;y qu&eacute; significa <em>orden </em>cuando hablamos del poder?) que ya ha caducado<em>, </em>por mucho que nos disguste, y en el que pod&iacute;amos abrigarnos c&oacute;modos y seguros porque lo hab&iacute;amos confeccionado a la medida de nuestros intereses; este tormento (instigado por una inteligencia, tan l&aacute;nguida como rom&aacute;ntica, que carece de la perspicacia para anticiparse a los hechos) nos evoca o retrotrae fatalmente al que debieron sentir los arist&oacute;cratas cuando las revoluciones burguesas detonaron el Antiguo R&eacute;gimen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La repuesta p&uacute;blica mayoritaria al golpe de Trump contiene, pues, tres falacias ficcionales, que repetimos no s&eacute; si con m&aacute;s ingenuidad que hipocres&iacute;a. Tambi&eacute;n aquellos arist&oacute;cratas clamaban que su civilizaci&oacute;n se &ldquo;basaba en reglas&rdquo;, mientras se arrodillaban ante la guillotina: todas las sociedades de cualquier tiempo se han sustentado en &ldquo;reglas&rdquo; (de hecho, la supuesta &ldquo;ley del m&aacute;s fuerte&rdquo; es una regla). Por tanto, no es la mera existencia <em>formal</em> de reglas lo que determina la calidad de un r&eacute;gimen, sino su justicia <em>material </em>(en la verdad y por la paz) y su eficacia. Como jurista, solo puedo entristecerme de que, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se haya constatado la ineficacia del derecho y las instituciones internacionales que erigimos despu&eacute;s de la II Guerra Mundial; pueden ser razonablemente justos (afirmo que lo son desde la perspectiva de la cultura occidental, de la que nacen), pero no han podido evitar ni extinguir la invasi&oacute;n de Ucrania, la masacre de Gaza, el feminicidio de Ir&aacute;n o la dictadura de Venezuela. Para que &ldquo;el gobierno de las leyes&rdquo; prevalezca sobre el de &ldquo;los hombres&rdquo;, seg&uacute;n la cl&aacute;sica dogm&aacute;tica de Bobbio, la eficacia de esas leyes constituye una <em>conditio sine qua non: </em>si no, se reducen a discurso o entelequia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos enga&ntilde;amos, con escr&uacute;pulo recatado o inocencia complaciente, cuando ocultamos que esa eficacia depende de la coactividad. Y as&iacute; se descubre la segunda falacia: el derecho siempre necesita de una garant&iacute;a de fuerza o coerci&oacute;n para que se cumpla (solo despu&eacute;s llegar&aacute; la persuasi&oacute;n moral de los ciudadanos, y a&uacute;n entonces seguir&aacute; siendo necesaria). El derecho estiliza y sofistica la violencia (entendiendo violencia como el vencimiento de una voluntad adversa a la norma), de manera que, cuando triunfa, se debe esencialmente a que es &ldquo;el m&aacute;s fuerte&rdquo;. Ya sea en las democracias liberales (funcionales) o los totalitarismos (funcionales), el Estado monopoliza el ejercicio institucional de la fuerza, pero, en el siguiente nivel, el de las relaciones entre Estados, no hay un agente que lo haga o <em>que haya podido hacerlo </em>(me refiero, claro, a la ineficacia constitutiva, en origen o en la ra&iacute;z, de la ONU): de ah&iacute; que, en su ausencia, las potencias occidentales hayamos confiado a EE.U.U., el &ldquo;m&aacute;s fuerte&rdquo; de nuestros aliados, la preservaci&oacute;n, mediante una nada risue&ntilde;a hegemon&iacute;a militar, de un orden internacional que nos beneficiaba. En la pr&aacute;ctica, nos hemos valido de &ldquo;la ley del m&aacute;s fuerte&rdquo;, de la que solo nos quejamos ahora, cuando parece atacarnos o revolverse contra nuestros objetivos.
    </p><p class="article-text">
        La tercera falacia afecta a uno de los autores que m&aacute;s se cita de forma espuria: Maquiavelo. No solo es que el fil&oacute;sofo florentino nunca escribiese la m&aacute;xima de que &ldquo;el fin justifica los medios&rdquo;, sino que este ep&iacute;tome ni siquiera condensa su pensamiento fielmente. Maquiavelo nunca excluy&oacute; que se emitiera un juicio &eacute;tico de las acciones pol&iacute;ticas: postul&oacute; que, como el arte u otras disciplinas del saber y hacer humanos, <em>tambi&eacute;n</em> pueden evaluarse con criterios propios de <em>su ciencia</em> e independientes de convicciones &eacute;ticas o religiosas. Si lo aplicamos a la operaci&oacute;n yanqui en Venezuela: por supuesto que puede reprobarse &eacute;ticamente, pero, si la examinamos con los conceptos peculiares de la geopol&iacute;tica, quiz&aacute; tenga sentido. La pen&uacute;ltima astracanada de Trump de que &ldquo;no necesita el derecho internacional&rdquo; y de que &ldquo;su moral&rdquo; es el &uacute;nico l&iacute;mite para sus decisiones (y, as&iacute;, ha vuelto a presentarse como indeseable ejemplo para la dogm&aacute;tica de Bobbio, antes citada) no se compadece con la doctrina de Maquiavelo: aun c&iacute;nico o relativista (en la acepci&oacute;n filos&oacute;fica de ambos adjetivos), nunca defendi&oacute; que la moral <em>privada</em> de un individuo pudiera devenir en raz&oacute;n <em>p&uacute;blica</em> de Estado. As&iacute; pues, Trump no es maquiav&eacute;lico, sino trumpista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comparto la cr&iacute;tica &eacute;tica a la intervenci&oacute;n, pero, a la vez, demando, como har&iacute;a Maquiavelo, que nuestros gobernantes aborden el an&aacute;lisis geopol&iacute;tico <em>estricto </em>o pragm&aacute;tico,<em> </em>porque de ese esfuerzo (y ojal&aacute; que acierten) depender&aacute; que Espa&ntilde;a pueda ser competitiva en el nuevo mundo que est&aacute; sustituyendo aceleradamente al anterior, que, seamos realistas, ya ha pasado y no volver&aacute; (o, al menos, <em>no volver&aacute; a ser el mismo). </em>Ese an&aacute;lisis necesita, preliminarmente, el <em>desmontaje</em> de una cosmovisi&oacute;n narrativa obsoleta o fraudulenta o ilusoria, y a ello he querido dedicar la primera parte de mi art&iacute;culo. En la segunda, pretendo recoger las reflexiones <em>constructivas </em>sobre c&oacute;mo creo que Espa&ntilde;a deber&iacute;a posicionarse en el nuevo mundo y que se resumen en el t&iacute;tulo: la soluci&oacute;n es otro imperio. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/solucion-imperio-i_129_12905828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jan 2026 09:07:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La solución es otro imperio (I)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La elocuencia pornográfica de la polarización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/elocuencia-pornografica-polarizacion_129_12857084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Una de las caracter&iacute;sticas que m&aacute;s me asombra de la Biblia, en t&eacute;rminos de an&aacute;lisis literario, es su extraordinaria capacidad evocativa. La narraci&oacute;n que los Evangelios (los de San Mateo y San Lucas) ofrecen del nacimiento de Jesucristo exige que nuestra imaginaci&oacute;n trabaje o intervenga de una manera intensiva para completar todo aquello a lo que el texto parece apuntar, pero estrictamente no define. Comparen lo que se lee en los vers&iacute;culos evang&eacute;licos (Lc, 2, 6-7: <em>&ldquo;Y sucedi&oacute; que, mientras estaban all&iacute;, le lleg&oacute; a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primog&eacute;nito, lo envolvi&oacute; en pa&ntilde;ales y lo recost&oacute; en un pesebre, porque no hab&iacute;a sitio para ellos en la posada&rdquo;) </em>con la rica dramaturgia y puesta en escena de la que la piedad popular ha dotado al relato: mientras que el canon opta por una s&iacute;ntesis abocetada y as&eacute;ptica, puramente factual, para exponer uno de los principales misterios del cristianismo, la parad&oacute;jica encarnaci&oacute;n temporal de un Dios eterno, la tradici&oacute;n lit&uacute;rgica, que no hizo sino consolidar lo que la comunidad creyente ya ven&iacute;a imaginando sobre el suceso, ha a&ntilde;adido m&uacute;ltiples detalles (algunos de los cuales atesoran una elevada sofisticaci&oacute;n simb&oacute;lica) que se han acabado integrando en c&oacute;mo <em>recordamos </em>ese nacimiento. Por cierto, uno de los empe&ntilde;os que m&aacute;s admiro de ese esfuerzo creativo de la piedad popular es c&oacute;mo se afana en humillar al poder: no basta con que Dios se encarne en una situaci&oacute;n normal o t&iacute;pica (lo que, ya de por s&iacute;, resulta una novedad hist&oacute;rica en el discurso teol&oacute;gico), sino que debe hacerlo marginado a la humildad m&aacute;s precaria y extrema, incluso dentro de una cueva. Debe celebrarse que, antes como s&uacute;bditos, ahora como ciudadanos, podamos honrar al poder, pero que nunca le hayamos tolerado que ostente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no pretendo que este art&iacute;culo se convierta en una homil&iacute;a sobre la humillaci&oacute;n del poder ni la humildad del poder (por cierto, siempre tan reconfortantes, y habitualmente divertidas, por ir&oacute;nicas), ni mucho menos en una melod&iacute;a sobre el esp&iacute;ritu navide&ntilde;o en esta &eacute;poca de agitaci&oacute;n, sino en una reflexi&oacute;n de c&oacute;mo esa concisi&oacute;n o <em>laconismo elocuente</em> de la narraci&oacute;n evang&eacute;lica (que, por lo dem&aacute;s, suelen compartir las obras maestras de cualquier disciplina art&iacute;stica) constituye un remedio &uacute;til para combatir la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica y social que contin&uacute;a exacerb&aacute;ndose. Una advertencia preliminar, a este respecto: me sorprende que haya quienes se escandalicen de que una sociedad democr&aacute;tica pueda estar polarizada (m&aacute;s bien, me escandaliza que lo planteen como un ox&iacute;moron), cuando uno de los defectos inherentes a la democracia, por la diversidad de ideas y estilos vitales que promueve y debe amparar, es que genera enfrentamiento, divisi&oacute;n, fragmentaci&oacute;n; quienes prefieran sociedades unitarias o uniformes, que escojan un Estado totalitario, pero que luego soporten sus contrapartidas. El peligro (&iexcl;la corrupci&oacute;n!), y es a lo que nos estamos precipitando aceleradamente, es que la confrontaci&oacute;n deje de servir como un medio f&eacute;rtil para construir consensos sobre las soluciones que pueden reformar nuestros problemas y se convierta, sino ya en un fin en s&iacute; mismo (no son pocos los pol&iacute;ticos a los que no se les descubre otra misi&oacute;n que la batalla, desgraciadamente), s&iacute;, al menos, en un exclusivo instrumento para lograr triunfos electorales: y as&iacute; es c&oacute;mo, en lugar de <em>abono f&eacute;rtil,</em> la dial&eacute;ctica democr&aacute;tica termina en <em>tierra quemada.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las razones por las que sigue expandi&eacute;ndose la polarizaci&oacute;n es la sobreexposici&oacute;n <em>a la que est&aacute;n sometidos</em> nuestros pol&iacute;ticos: confieso que no sabr&iacute;a decantarme por si son ellos quienes estresan a los ciudadanos con esa ansiosa permanencia medi&aacute;tica o si somos nosotros quienes les obligamos a ella (probablemente sea una mezcla), as&iacute; que he elegido una f&oacute;rmula gramatical neutra. Nuestros pol&iacute;ticos tienen que estar hablando y diciendo cosas todo el rato, ya sea en los medios de comunicaci&oacute;n tradicionales o en las redes sociales, como si un lapso de oportuno silencio o de sobriedad informativa significaran su ostracismo. Esta verborrea desaforada provoca tres consecuencias que inciden en la polarizaci&oacute;n: i) cuanto mayor es su tiempo de exposici&oacute;n, menor es el tiempo que dedican a pensar, y la polarizaci&oacute;n se alimenta de la ausencia de un debate may&eacute;utico de ideas y de la simplificaci&oacute;n y la superficialidad y la confusi&oacute;n mixtificadora; ii) cuanto mayor es su tiempo de exposici&oacute;n, menor es el tiempo que dedican a <em>hacer</em> (aprobar planes o ejecutar medidas), y la polarizaci&oacute;n crece cuando el hecho se rinde a la percepci&oacute;n (por muy honesta o bienintencionada que sea), cuando no se busca <em>comprender la realidad</em> sino que <em>la realidad nos comprenda a nosotros;</em> y iii) cuanto mayor es su tiempo de exposici&oacute;n, m&aacute;s engorda (por muy recatado o t&iacute;mido que inicialmente sea el pol&iacute;tico) una inevitable vanidad de actor, una pulsi&oacute;n escondida (que en todos reside) hacia el exhibicionismo protag&oacute;nico, y la polarizaci&oacute;n aumenta cuando se discute y especula sobre personajes y no sobre propuestas. Es un malentendido cr&iacute;tico que esa <em>elocuencia pornogr&aacute;fica </em>(superflua y subjetiva) se considere una premisa para una democracia transparente; por el contrario, el <em>laconismo elocuente </em>(claro y concreto) s&iacute; que es una premisa para una democracia funcional, pac&iacute;fica: comunicar en democracia no es decir m&aacute;s, sino decirlo mejor. Si nuestros pol&iacute;ticos tuvieran que exponerse menos (insisto en que no s&eacute; si esa nociva circunstancia parte de su estrategia comunicativa o de una preferencia ciudadana, pero s&iacute; que se retroalimentan), pronostico que la polarizaci&oacute;n se rebajar&iacute;a r&aacute;pidamente. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n contribuir&iacute;a a ese deseable dominio de la polarizaci&oacute;n que la democracia recuperara su cierto sentido religioso fundacional (perm&iacute;tanme que regrese al tono del primer p&aacute;rrafo). La democracia no es una fe sagrada, claro, pero s&iacute; que posee unos rituales secularizados (los debates parlamentarios, sin ir m&aacute;s lejos) cuyo reciente menosprecio les niega su relevante para vincularnos, intelectual y emocionalmente, con la ontolog&iacute;a simb&oacute;lica de este sistema de gobierno. Pero la eficacia del rito demanda dos actitudes a sus participantes, tan ajenas a esa <em>elocuencia pornogr&aacute;fica </em>de la polarizaci&oacute;n: apertura al misterio (esto es, a la transcendencia que persigue cualquier artefacto antropol&oacute;gico, sistemas de gobierno incluidos) y humildad (en la medida que el individuo se disuelve en una forma o ceremonia universal). Para contar lo importante (&iexcl;lo verdadero!), tambi&eacute;n en democracia, el <em>laconismo elocuente </em>de Lucas resulta mucho m&aacute;s ben&eacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Les deseo una feliz Navidad y un pr&oacute;spero a&ntilde;o nuevo!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/elocuencia-pornografica-polarizacion_129_12857084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 10:36:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La elocuencia pornográfica de la polarización]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablemos de productividad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablemos-productividad_129_12779784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La productividad en Espa&ntilde;a se mantiene pr&aacute;cticamente estancada en lo que va de siglo y se rezaga del promedio europeo. Ese desempe&ntilde;o frustrante se traduce en que los salarios evolucionen a un ritmo inferior al europeo y en una progresiva desaceleraci&oacute;n de nuestra convergencia en el PIB per c&aacute;pita ajustado por paridad de poder de compra (PPA), que ya no alcanza el 90% de la media comunitaria. Son s&iacute;ntomas que delatan la fragilidad estructural (o, a la inversa, la fortaleza coyuntural) del satisfactorio rendimiento macroecon&oacute;mico del pa&iacute;s durante los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os: el crecimiento se ha alimentado principalmente de la incorporaci&oacute;n de m&aacute;s volumen de empleo (cantidad), pero no en la generaci&oacute;n de ventajas competitivas, de fuentes de eficiencia e innovaci&oacute;n (calidad). Paul Krugman, Nobel de Econom&iacute;a, cifraba en la productividad la clave del progreso econ&oacute;mico: <em>&ldquo;La productividad no lo es todo, pero en el largo plazo es casi todo&rdquo;. </em>Debemos estar, pues, alerta, en lugar de complacernos en &eacute;xitos tan inmediatos, como perecederos: adviertan que apelo a la responsabilidad de cada empresario y de cada trabajador, pues doy por descontado (no s&eacute; si ya m&aacute;s por despecho jerem&iacute;aco, que por resignaci&oacute;n) que el Gobierno (que por tercer a&ntilde;o consecutivo no va a presentar en plazo Presupuestos Generales del Estado) preferir&aacute; el oropel del instante, a la prudencia y el esfuerzo que exigen la previsi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Del p&eacute;simo comportamiento de nuestra productividad responden los dos factores en las que se sustenta: tanto el capital, como la mano de obra. La productividad del capital calcula cu&aacute;ntas unidades de producci&oacute;n, ya sean bienes o servicios, se obtienen por cada unidad de capital invertido: la Uni&oacute;n Europea, la Eurozona y EE.UU. oscilan alrededor de la tasa que exhib&iacute;an a principios de siglo, mientras que Espa&ntilde;a se ha desplomado casi siete puntos porcentuales (datos de 2024), porque todav&iacute;a prevalece el <em>gusto</em> por la (c&oacute;moda) inversi&oacute;n en activos inmobiliarios, en vez de la (arriesgada) inversi&oacute;n en productos relacionados con la propiedad intelectual y el capital tecnol&oacute;gico. Por su parte, la productividad del trabajo deduce cu&aacute;ntas unidades de producci&oacute;n se generan por cada hora de trabajo empleada. Si, de nuevo, contrastamos con un &iacute;ndice base en el a&ntilde;o 2000, la productividad del trabajo estadounidense es un 26% superior a la que acreditaba en los albores de la centuria, la de la Eurozona, un 16%, y la espa&ntilde;ola y la comunitaria, un 12% (lo que explica el aletargamiento econ&oacute;mico comparativo de toda la Uni&oacute;n): as&iacute; se verifica que la estructura de nuestro mercado laboral, inclinada mayoritariamente a actividades de servicios de bajo valor a&ntilde;adido (en el sentido de que son necesariamente intensivas en <em>horas de dedicaci&oacute;n),</em> no premia la optimizaci&oacute;n de los recursos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Perm&iacute;tanme denunciar tres causas que (creo) nos han arrastrado, y contin&uacute;an postr&aacute;ndonos, a esta preocupante situaci&oacute;n. Primero, nuestra legislaci&oacute;n laboral y de Seguridad Social ha articulado un r&eacute;gimen tan intervencionista y protector de los trabajadores que, por un lado, desincentiva la escala de los negocios (y la dimensi&oacute;n de las empresas ejerce un influjo positivo en la productividad del capital y de la mano de obra, y as&iacute; en las remuneraciones: Espa&ntilde;a tiene un 36% menos de empresas medianas que los pa&iacute;ses de nuestro entorno) y, por otro, ha conseguido que una razonable competencia entre empleados ya no se perciba como una <em>necesidad sist&eacute;mica,</em> sino como <em>un acto de</em> <em>voluntad individual </em>(entre otras cosas, y sin perjuicio de que la estacionalidad del empleo promueva una elevada volatilidad, nuestro mercado laboral adolece de rigideces estructurales que ofrecen suficiente margen de seguridad al trabajador <em>conservador</em> respecto del <em>competitivo: </em>compite, se desaf&iacute;a quien personalmente <em>quiere,</em> pero el contexto no le <em>obliga</em> a ello)<em>.</em> Segundo, en buena medida por patrones culturales que no se ha procurado modificar a trav&eacute;s de una educaci&oacute;n financiera m&aacute;s sofisticada y por la falta de consistencia de los incentivos fiscales al ahorro complementario, el inversor espa&ntilde;ol destina su ahorro financiero a la adquisici&oacute;n de patrimonio inmobiliario (que carece de efecto multiplicador para la econom&iacute;a en su conjunto, pero resulta muy rentable individualmente) un 150% m&aacute;s que el inversor medio de la Eurozona, mientras que canaliza a la de activos financieros (esto es, a la participaci&oacute;n directa en el accionariado de nuevas empresas o <em>start-ups </em>o en fondos de inversi&oacute;n que las nutran, lo que s&iacute; puede provocar ese posterior efecto multiplicador) un 33% menos que su hom&oacute;logo est&aacute;ndar europeo; as&iacute; pues, el ecosistema nacional no propugna que produzcamos <em>mejor </em>riqueza, sino, simplemente, <em>m&aacute;s </em>riqueza (sin que pueda profundizar ahora en la cuesti&oacute;n redistributiva, tan ligada a esa premisa). Y tercero, a pesar de que la productividad es, probablemente, la variable que refleja con mayor fidelidad el nivel de vida de una poblaci&oacute;n, parece que no permite construir un argumento electoral seductor (o su complejidad t&eacute;cnica no puede encerrarse en el manique&iacute;smo polarizado): ojal&aacute; que este art&iacute;culo les persuada para que hablen de la productividad y la reivindiquen como uno de los temas recurrentes del debate p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Y ya que les emplazo al di&aacute;logo sobre lo que he reflexionado en esta columna, y por a&ntilde;adir otra perspectiva m&aacute;s <em>psicol&oacute;gica </em>al an&aacute;lisis que haga ese di&aacute;logo m&aacute;s sugestivo, concluir&eacute; con la observaci&oacute;n de una paradoja (ir&oacute;nica) que nos brinda la realidad social. Si bien es cierto que, seg&uacute;n se ha expuesto, cada vez somos menos productivos en ese &aacute;mbito de nuestra vida (el laboral o el empresarial) en el que tenemos que serlo, cada vez se nos exige (o nos exigimos, por comparaci&oacute;n social) que lo seamos m&aacute;s en esos otros &aacute;mbitos (el familiar y el tiempo libre) que, muy al contrario, se concibieron para el descanso o, incluso a&uacute;n mejor, para todo aquello que no se eval&uacute;a por su resultado. &iquest;Quiz&aacute; otro de los motivos que subyace en la aton&iacute;a de nuestra productividad (aunque no sea, claro, el factor diferencial) es que la filosof&iacute;a de las redes sociales, apoyada en un fren&eacute;tico y superficial y agotador consumismo, en la incesante acumulaci&oacute;n num&eacute;rica de sensaciones placenteras, ha transformado c&oacute;mo vivimos nuestros ratos de deporte y ocio y cultura y convivencia familiar <em>(m&aacute;s deporte, m&aacute;s, m&aacute;s series, m&aacute;s, m&aacute;s festivales, m&aacute;s, m&aacute;s tardeos, m&aacute;s),</em> incluso cuando no las estamos usando?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablemos-productividad_129_12779784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2025 16:10:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hablemos de productividad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escuela de Salamanca y Guerra de Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/escuela-salamanca-guerra-gaza_129_12698481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El azar (que, curiosamente, suele ser el aliado m&aacute;s fiable de la intuici&oacute;n) me ha regalado el tema para esta columna o, al menos, el enfoque con el que congeniar sus temas. El domingo 12 de octubre se conmemor&oacute; el D&iacute;a de la Hispanidad: utilizo la denominaci&oacute;n culturalmente significativa porque la oficial (Fiesta Nacional), vestida de as&eacute;ptico luto burocr&aacute;tico, carece, como sintagma, no solo de trascendencia evocativa o literaria, sino de una m&iacute;nima eficacia explicativa aut&oacute;noma. El lunes 13 de octubre se firm&oacute; el Plan de Paz para Oriente Pr&oacute;ximo. Son dos acontecimientos que atraen el pensamiento, pues uno supuso (y no deber&iacute;amos dejar de recordar su contribuci&oacute;n a la configuraci&oacute;n del mundo moderno), y otro puede suponer, una honda inflexi&oacute;n en las din&aacute;micas geopol&iacute;ticas que acaban afectando a nuestra realidad m&aacute;s cotidiana. Y, como tratar&eacute; de exponer, guardan entre s&iacute; una insospechada relaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La magnitud del Descubrimiento de Am&eacute;rica desat&oacute; en Espa&ntilde;a un intenso debate intelectual y moral que erosion&oacute; (empez&oacute; a socavar) la tradicional doctrina del derecho de conquista: &iquest;eran los indios personas? Isabel la Cat&oacute;lica, con su grandeza de estadista visionaria, e influida por la espiritualidad franciscana de su confesor, el Cardenal Cisneros, aboli&oacute; la esclavitud de los ind&iacute;genas americanos (formal o jur&iacute;dicamente) mediante la Real Provisi&oacute;n de 20 de julio de 1500, y los declar&oacute; s&uacute;bditos libres de la Corona. Antes en la historia (y la excepcionalidad se extiende igualmente despu&eacute;s), ninguna soberana (pues cabe atribuirle el impulso genuino de una decisi&oacute;n tan asombrosa) se hab&iacute;a planteado que las personas nativas de los territorios conquistados no pudieran tratarse como meros bienes; decisi&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s admirable, por revolucionaria, si consideramos que la Reina posey&oacute; esclavos negros. No obstante, si bien cabe concederle la promoci&oacute;n regia de la actuaci&oacute;n legislativa, el debate no fue exclusivo de la conciencia de Isabel, sino que impregn&oacute; a toda la efervescente sociedad castellana del Renacimiento, que lideraba un cambio de &eacute;poca: juristas, pol&iacute;ticos, te&oacute;logos, fil&oacute;sofos, artistas. La evidencia emp&iacute;rica de los atentados contra los derechos de los indios, que siguieron cometi&eacute;ndose despu&eacute;s de la promulgaci&oacute;n de la norma (los medios punitivos de la Corona resultaban insuficientes), provoc&oacute; que Carlos I (cuya conducta, igual que la de su abuela, estaba hondamente atravesada por un sentido &eacute;tico del poder, por lo que continu&oacute; con la legislaci&oacute;n protectora de los indios, como las Leyes Nuevas de 1542) emitiese una Real C&eacute;dula en 1550 por la que suspend&iacute;a la conquista de Am&eacute;rica. La suspensi&oacute;n se levant&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s, cuando finalizaron las sesiones de la Controversia de Valladolid, durante las que se disput&oacute; (&iexcl;se puso en duda!, en un alarde de libertad de expresi&oacute;n contra el poder que hoy nunca patrocinar&iacute;a el propio poder) la legitimidad de la conquista.
    </p><p class="article-text">
        La Escuela de la Universidad de Salamanca, encabezada en particular por el profesor (jurista y te&oacute;logo) Fray Francisco de Vitoria, emerge como una corriente destacada de ese debate. Su producci&oacute;n intelectual devino en precursora del Derecho internacional moderno que, varios siglos y dolorosas experiencias hist&oacute;ricas despu&eacute;s, cristaliz&oacute; en la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos. La Escuela desarroll&oacute; los conceptos de un <em>ius inter gentes</em> (esto es, un derecho natural, consustancial a la dignidad inalienable de las personas, que deb&iacute;a ser com&uacute;n a todos los pa&iacute;ses) y de un <em>bien com&uacute;n internacional</em> (el <em>totus orbis </em>o &ldquo;comunidad universal de todos los pueblos organizados pol&iacute;ticamente&rdquo;). Imagin&oacute;, pues, la instauraci&oacute;n de un orden mundial, al que se subordinar&iacute;an las soberan&iacute;as estatales y que se regular&iacute;a por reglas basadas en los derechos humanos: la coordinaci&oacute;n de las relaciones internacionales no se sustentar&iacute;a en la fuerza, sino en la b&uacute;squeda de ese bien com&uacute;n global. Como consecuencia obvia de estas tesis, la Escuela reconoci&oacute; la <em>humanidad </em>y <em>personalidad </em>y capacidad jur&iacute;dica y de obrar plena de los indios, su libertad e inteligencia, a cuyos pueblos integraba en esa <em>sociedad universal.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta extraordinaria aportaci&oacute;n de Espa&ntilde;a a la historia universal (a la civilizaci&oacute;n, en la medida que propici&oacute; una evoluci&oacute;n cultural y jur&iacute;dica m&aacute;s respetuosa con la dignidad de la persona, como individuo y como comunidad) proyecta un violento contraste con la masacre que ha asolado Gaza durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o y que ha concluido en el citado Plan de Paz para Oriente Pr&oacute;ximo. Un Plan que no resulta esperanzador por su contenido, en s&iacute; mismo considerado, sino por la aplicaci&oacute;n fruct&iacute;fera que puede augurarle el debilitamiento de la subversiva Ir&aacute;n y la adhesi&oacute;n diplom&aacute;tica (movida por intereses econ&oacute;micos, financieros y comerciales) de los pa&iacute;ses &aacute;rabes a EE.UU.: lo cierto es que se asemeja m&aacute;s a un <em>armisticio</em> (ojal&aacute; que duradero, no obstante, para que al menos esta castigad&iacute;sima generaci&oacute;n de palestinos pueda prosperar; ahora a&uacute;n estamos asistiendo a las escaramuzas salvajes propias de la inestabilidad de una transici&oacute;n), a una paralizaci&oacute;n de las hostilidades entre dos partes beligerantes, que a una <em>paz</em> abarcadora. La Guerra de Gaza (y la de Ucrania, y otras tantas de nuestro convulso mundo) nos retrotrae, con espeluznante vigencia, al antiguo derecho de conquista que comenz&oacute; a superar la Escuela de Salamanca y que se presum&iacute;a anulado despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Y lo m&aacute;s preocupante es que ese derecho de conquista, con su pragmatismo utilitarista, ha prevalecido sobre la fragilidad de un modelo m&aacute;s justo que Occidente no ha <em>sabido</em> o <em>podido</em> (incluso podr&iacute;a sospecharse que no ha <em>querido)</em> defender: Netanyahu y Ham&aacute;s han demostrado que el uso de la fuerza, la negaci&oacute;n de la <em>humanidad rec&iacute;proca</em> del adversario, sigue compensado para alcanzar objetivos pol&iacute;ticos, y esto es lo que, siquiera incidentalmente (quiz&aacute; involuntariamente), viene a rubricar el Plan de Paz trumpista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La fragilidad del sistema occidental de derecho internacional, en acelerado retroceso, se debe, en primer lugar, a la timidez de nuestras sociedades, o a nuestra directa incapacidad, para invocarlo e instruirlo. Frente a las batallas ideol&oacute;gicas internas que denuestan la tradici&oacute;n en la que se funda ese sistema (unos repelen su sustrato cristiano para apelar a un positivismo yermo, los otros repelen su universalismo para encerrarse dentro de las fronteras nacionales), y si queremos que en Gaza o en Ucrania triunfe la paz y no meros armisticios, reivindiquemos los inspiradores principios de la Escuela de Salamanca: todos componemos una comunidad universal de personas igualmente dignas y <em>humanas,</em> por lo que no alcanzaremos el bien com&uacute;n de nuestras sociedades o pa&iacute;ses si no trabajamos por el de los dem&aacute;s. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/escuela-salamanca-guerra-gaza_129_12698481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Oct 2025 08:53:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Escuela de Salamanca y Guerra de Gaza]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Feliz año nuevo judicial?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/feliz-ano-nuevo-judicial_129_12606263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La an&oacute;mala erosi&oacute;n institucional que atraviesa Espa&ntilde;a tiene una significativa traducci&oacute;n en las solemnes aperturas de los a&ntilde;os judiciales que se celebran en el Tribunal Supremo: desde hace a&ntilde;os, y ante las tentaciones de instrumentalizaci&oacute;n autoritaria, los discursos de este foro se han alejado <em>(han tenido </em>que alejarse)<em> </em>de la realidad cotidiana y pr&aacute;ctica del funcionamiento de la Administraci&oacute;n de Justicia, para reivindicar principios constitutivos del sistema como la renovaci&oacute;n del CGPJ o la independencia del poder pol&iacute;tico. Sin embargo, no puedo dejar de lamentar que la gravedad de esa coyuntura institucional opaque el examen de los m&uacute;ltiples problemas concretos que afectan a la calidad de nuestro sistema judicial, que siguen creciendo y que, acumuladamente, rebasan la trascendencia de la primera; y es que el acto de apertura de este a&ntilde;o judicial, con su asegurada difusi&oacute;n medi&aacute;tica, se ha convertido en una nueva ocasi&oacute;n desperdiciada para sustanciar otros tantos debates urgentes. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Falta autocr&iacute;tica, pues muchos de los problemas los provocamos los propios agentes que participamos en el sistema, aunque el corporativismo acalle esa subversi&oacute;n (de la misma manera que justifica la ineficiencia y clasismo de que la actividad judicial se interrumpa, casi completamente, durante agosto); o quiz&aacute; se deba a la mediocridad a la que, consecuencia incidental inexorable, conduce el dise&ntilde;o de los procedimientos judiciales (la mediocridad sirve para apaciguar el conflicto). Tambi&eacute;n falta de empat&iacute;a con los ciudadanos, que perciben c&oacute;mo se habla de los derechos de los operadores jur&iacute;dicos, pero no de sus derechos cuando intervienen en un proceso judicial (a una sentencia argumentada de forma id&oacute;nea y a un expediente resuelto con agilidad, por ejemplo), o, a&uacute;n m&aacute;s doloroso, que solo se habla de los suyos, de soslayo, en la medida que resulten afectados por los de aqu&eacute;llos. A esa autocr&iacute;tica, basada en la experiencia directa y rutinaria como miembro del sistema (y, por eso, emp&aacute;tica), voy a dedicar este art&iacute;culo, con el prop&oacute;sito de que, en este inicio de a&ntilde;o judicial, pueda estimular la enmienda de todos sus agentes involucrados (clientes, abogados y jueces).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces se lamenta que los abogados generan pleitos, pero discrepo de esa reflexi&oacute;n: lo que m&aacute;s litigios produce, en el &aacute;mbito de materias sobre las que las partes pueden transigir, es la incapacidad de los clientes para negociar y alcanzar acuerdos. Auguro que los famosos MASC (Medios Adecuados de Soluci&oacute;n de Controversias), que la LO 1/2025 instaura como el principal instrumento para aliviar la congesti&oacute;n de los Juzgados y Tribunales, fracasar&aacute;n porque aqu&iacute; impera una cultura de <em>llevar la raz&oacute;n, </em>que implica una victoria completa, y no de <em>solucionar el problema, </em>que habitualmente exigir&aacute; cesiones. Detesto la manida met&aacute;fora de la <em>batalla legal</em> porque, en una sociedad cada vez m&aacute;s compleja en la que los matices resultan determinantes (en otras palabras, y si es que eso ha sido posible alguna vez, en la que es muy improbable que alguien pueda tener la <em>raz&oacute;n absoluta),</em> distorsiona el enfoque <em>privado</em> con el que deber&iacute;amos aproximarnos a las disputas: convertirlas en un canal propiciatorio de que cada parte pueda cumplir, de un modo equilibrado, con sus objetivos o expectativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los abogados tenemos una importante cuota de culpabilidad en las frustraciones del sistema (aunque, y no se me ocurre otra profesi&oacute;n en la que suceda este desplazamiento, somos quienes respondemos por los errores o negligencias de los dem&aacute;s agentes). &Eacute;ste es el pecado que m&aacute;s se nos puede achacar: que nos evadimos f&aacute;cilmente de la noci&oacute;n de que somos un filtro del sistema. Admito que el ejercicio introduce un sesgo hacia la parcialidad, apenas nos cuesta convencernos de que cualquier tesis merece defensa (incluso, m&aacute;s nos entusiasmamos cuanto m&aacute;s dif&iacute;cil se presenta esa defensa). Y, aunque sea una tendencia inevitable por la inherente estructura dial&eacute;ctica de nuestro trabajo, deber&iacute;amos esforzarnos por moderarla &eacute;ticamente, atendiendo a esa utilidad social de nuestra profesi&oacute;n: somos, efectivamente, el primer filtro del sistema, lo que reclama ecuanimidad para descartar los asuntos o intereses probablemente inviables (y educar al cliente en las razones de esa probable inviabilidad). En particular, quienes m&aacute;s se olvidan de esa funci&oacute;n, y puede parecer contradictorio para quien no est&aacute; acostumbrado a tratarlas, son los abogados de las Administraciones P&uacute;blicas: debe escandalizar que la Agencia Tributaria, que se halla en una situaci&oacute;n informativa privilegiada para que siempre triunfen sus pretensiones, pierda la mitad de sus juicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reservo para los jueces el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo. No se cansan de pedir m&aacute;s recursos, humanos y materiales, y es cierto que existen carencias acuciantes; pero, a veces, <em>tiene que sonar</em> a chivo expiatorio cuando la organizaci&oacute;n de su trabajo (reparto responsabilidades con su oficina) acent&uacute;a su saturaci&oacute;n: &iquest;C&oacute;mo puede ser que haya salas de vistas vac&iacute;as donde no se celebran juicios, cuando algunos Juzgados acumulan retrasos de dos horas en los se&ntilde;alamientos y emplazan a las vistas un a&ntilde;o despu&eacute;s de que se admita la demanda? &iquest;C&oacute;mo puede ser que la jurisdicci&oacute;n contencioso-administrativa de La Rioja tarde en emitir sus sentencias al menos un a&ntilde;o (de nuevo, desde la admisi&oacute;n de la demanda) cuando, seg&uacute;n datos de la &uacute;ltima memoria del TSJ, apenas recibe 1,3 casos por d&iacute;a, que se distribuyen entre tres &oacute;rganos? Adem&aacute;s, la redacci&oacute;n de las sentencias cada vez adolece de un lenguaje y una redacci&oacute;n m&aacute;s prosaicas, poco pulidas (no excusa la precipitaci&oacute;n por el exceso de expedientes); y, dado que el derecho no es sino una construcci&oacute;n abstracta de la que nos dotamos para regular nuestra convivencia, y que la materia prima de esa abstracci&oacute;n es la palabra, de una expresi&oacute;n descuidada se deduce un pensamiento incorrecto (y una apat&iacute;a por enriquecerlo), por muy enciclop&eacute;dico que sea el conocimiento de las normas. La autoridad se gana con competencia, nos lo advierten los cl&aacute;sicos, y no con la obsoleta concepci&oacute;n de una preeminencia social derivada del cargo, lo que debe aplicarse a jueces y abogados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque, afortunadamente, la mayor&iacute;a de los ciudadanos no frecuentan la Administraci&oacute;n de Justicia (y, por eso, sus deficiencias no exaltan manifestaciones), su experiencia raramente resulta satisfactoria, incluso aunque una resoluci&oacute;n estime sus pretensiones. La LO 1/2025 est&aacute; implantando, durante este a&ntilde;o, un profundo cambio organizativo en el sistema que, creo, hubiera merecido un an&aacute;lisis, cr&iacute;tico y propositivo, de sus principales representantes en ese acto de apertura del a&ntilde;o judicial: porque nuestra m&aacute;s inmediata preocupaci&oacute;n, como agentes que integramos la Administraci&oacute;n de Justicia, deber&iacute;a ser c&oacute;mo resolver esa paradoja.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/feliz-ano-nuevo-judicial_129_12606263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Sep 2025 10:08:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Feliz año nuevo judicial?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio a mi madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/elogio-madre_129_12548050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 23 de agosto mi madre, Olga P&eacute;rez, cumple sesenta a&ntilde;os. Naci&oacute; en Sanjuan de Paluezas, una aldea de El Bierzo que, seg&uacute;n acostumbramos, hemos visitado durante estos d&iacute;as y que tuvo que ser desalojada el pasado domingo por la inminencia de las llamas. Los incendios justifican, a&uacute;n m&aacute;s que la fecha, la pertinencia de este elogio. El cielo deprimido por humo y ceniza (y, quiz&aacute; a&uacute;n m&aacute;s, ese sol siempre roj&iacute;simo y crepuscular, dist&oacute;pico) ha inoculado en la poblaci&oacute;n un escepticismo peligrosamente disolvente para la democracia. La desconfianza en las instituciones sigue creciendo en apat&iacute;a y nihilismo: los ciudadanos est&aacute;n convencidos de que, a pesar de la tragedia, nada cambiar&aacute;, que los incendios se repetir&aacute;n el pr&oacute;ximo a&ntilde;o y que solo la calcinaci&oacute;n del ecosistema agotar&aacute; su pavorosa sucesi&oacute;n. Los calamitosos fallos sist&eacute;micos no deber&iacute;an rendirnos a la melancol&iacute;a, sino, m&aacute;s bien, convocarnos a la rebeli&oacute;n: la desesperanza arrasa la libertad porque alimenta, en espiral, los totalitarismos de todo signo (pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, cultural o religioso). Y de ah&iacute;, como dec&iacute;a, la pertinencia de este elogio. 
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica absorbe la opini&oacute;n ordinaria de la gente, mientras que cualquier elogio implica, por el contrario, una excepcional rebeli&oacute;n de alegr&iacute;a y esperanza. La celebraci&oacute;n de mi madre me brinda, y me permite brindarles, una oportunidad para que traduzcan mi elogio (no es un <em>retrato biogr&aacute;fico,</em> sino, lo subrayo, una <em>alabanza)</em> a su experiencia personal, aunque sea como una fugaz evocaci&oacute;n. No se puede negar que existen las malas madres, de la misma manera que existen los malos hijos, pero la maternidad es un v&iacute;nculo tan universalmente constitutivo (y, muchas veces, tan bellamente misterioso) que, quiz&aacute;, sea el que m&aacute;s nos fascina e interpela: el &uacute;nico que atesora suficiente esperanza para imponerse a la devastaci&oacute;n que nos rodea. 
    </p><p class="article-text">
        Mi madre es una mujer intr&eacute;pida, y en este sentido, como cualquier persona valiente, muy consciente de su propia dignidad. Siempre la ha defendido cuando se han abatido sobre ella los conflictos laborales y familiares o las desgracias familiares y de salud, que, tristemente, pre&ntilde;an su itinerario vital (las buenas personas provocan esc&aacute;ndalo, por contraste, en quienes no lo son: y por eso les atacan furiosamente). Fabular&iacute;a ingenuamente si dijera que ha vencido esas desafecciones y desencantos, esos desarraigos y hostilidades, pero s&iacute; puedo asegurar que nunca la han doblegado. Sin embargo, no es esa resistencia lo que me asombra (la resistencia no deja de ser una actitud pasiva, por muy robusta que sea), sino la capacidad creativa con la que siempre ha contraatacado: como si quisiera refutar con su propia vida a los ac&oacute;litos de un estricto determinismo conductual, mi madre ha sabido crear, para s&iacute; y las personas a las que ama, contextos y experiencias muy diferentes a los ejemplos que, promovidos por otros, le ha tocado padecer. Nuestra identidad surge, en parte, de la imitaci&oacute;n de nuestro entorno m&aacute;s cercano; pero la intuici&oacute;n moral de mi madre busc&oacute;, e incluso invent&oacute;, &eacute;mulos valiosos para sustituir a los nocivos referentes que antes hab&iacute;a descartado, hasta revelarse, a s&iacute; misma, como un modelo. Podr&iacute;a decirse, en fin, que ha sido desafortunada en muchas de esas cosas <em>que nos vienen dadas, </em>pero que ha elegido con acierto en &eacute;sas de las que somos <em>autores,</em> &eacute;sas <em>que libremente nos damos y construimos. </em> 
    </p><p class="article-text">
        Mi madre tambi&eacute;n es una mujer carism&aacute;tica. A&uacute;n seguimos concibiendo el carisma, seg&uacute;n la l&iacute;rica del romanticismo, como un don genial y arrebatado inherente a escogidos l&iacute;deres y artistas. Sin embargo, su carisma (probablemente, el carisma <em>socialmente &uacute;til)</em> tiene una escala menos genial o sublime y una dimensi&oacute;n m&aacute;s rutinaria y pr&aacute;ctica, y por eso m&aacute;s influyente: posee el raro encanto de las personas con las que otras personas quieren estar. Esa gracia nace de una combinaci&oacute;n de inteligencia discreta y de elegancia cl&aacute;sica en el comportamiento que funda r&aacute;pidamente la intimidad o confidencia con su interlocutor. No caer&eacute; (tampoco aqu&iacute;) en la trampa del romanticismo: si bien reconozco que su carisma es una <em>aptitud</em> genuina y natural, prefiero reconocerle la <em>actitud</em> con la que lo proyecta y ofrece; porque tambi&eacute;n pod&iacute;a reservarse ese carisma, en lugar de expandirlo, y porque, sin duda, la delicadeza, siempre justa, con la que escucha, reconforta y ayuda exigen esfuerzo y trabajo, voluntad de<em> ser y actuar </em>as&iacute;.  
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, mi madre es una mujer que ha satisfecho su vocaci&oacute;n prevalente: la conformaci&oacute;n de una familia, junto a mi padre. Confieso que la evidente devoci&oacute;n por sus hijos (que todav&iacute;a incurre a veces, aprovecho para record&aacute;rselo, en cierto sobreproteccionismo) me resulta parad&oacute;jica, en abstracto, para un car&aacute;cter tan intr&eacute;pido y carism&aacute;tico como el suyo: no parece que pueda congeniarse ese desprendimiento del ego con una individualidad tan acusada. No entiendo y me deja perplejo (en alguna medida, seguramente, porque todav&iacute;a no soy padre) que alguien pueda fiar lo m&aacute;s esencial de su personalidad, o su narraci&oacute;n, a la personalidad o a la narraci&oacute;n de otros: pero mi madre <em>quiere ser</em> (no solo asume que ser&aacute;) <em>lo que sus hijos contemos de ella; </em>no por un vetusto sentido de linaje, sino porque quiere definirse (quiere ser) <em>por lo que es para nosotros.  </em>
    </p><p class="article-text">
        Cuando era un ni&ntilde;o, rescatamos una cr&iacute;a de p&aacute;jaro, reci&eacute;n nacida, y perdida o abandonada. La acunamos dentro de una caja de cerillas, la calentamos con una l&aacute;mpara y la alimentamos, pero, a la ma&ntilde;ana siguiente, cuando regres&eacute; del colegio, hab&iacute;a desaparecido. Mi madre nos explic&oacute; que la madre del ave se hab&iacute;a colado en la habitaci&oacute;n y la hab&iacute;a salvado, lo que encendi&oacute; nuestra ilusi&oacute;n e imaginaci&oacute;n. Lo cre&iacute;, con tierna sinceridad (candor, credulidad), hasta hace pocos a&ntilde;os, cuando mi madre, sorprendida de que ni aun de adulto ya me hubiera percatado, me revel&oacute; que el animal hab&iacute;a muerto&hellip; Me parece que esta an&eacute;cdota compendia, a modo de conclusi&oacute;n, el elogio a mi madre (&iexcl;feliz cumplea&ntilde;os, mam&aacute;, te quiero!); y tambi&eacute;n, creo, la pertinencia de que se publique en una tribuna medi&aacute;tica mientras las llamas asolan Espa&ntilde;a: recomiendo volver a las madres, o al menos a las buenas madres, como desde luego lo es la m&iacute;a, cuando necesitemos que alguien espabile o mantenga viva nuestra esperanza.   
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/elogio-madre_129_12548050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Aug 2025 16:12:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Elogio a mi madre]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Madres,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los tópicos nihilistas de la corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/topicos-nihilistas-corrupcion_129_12402657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Poco m&aacute;s puedo decir sobre la corrupci&oacute;n que, por mor de la desaforada trama que asedia al PSOE y al Gobierno (que nos asedia a los ciudadanos), no se est&eacute; diciendo ya en todos los foros de opini&oacute;n dom&eacute;stica o p&uacute;blica. &iexcl;C&oacute;mo me entristece y subleva el despilfarro de los recursos p&uacute;blicos, con lo que cuesta facturar y tributar! Sin embargo, como los columnistas debemos ofrecer una perspectiva original, me esforzar&eacute; por desmentir tres t&oacute;picos en los que est&aacute; incurriendo esa orquesta de opiniones, con el riesgo de que se vulgarice el diagn&oacute;stico y se yerre en la soluci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        1.- Cada vez que emerge un caso de corrupci&oacute;n, se impone una percepci&oacute;n a la que se inviste de una apariencia de infalibilidad: &iquest;c&oacute;mo no va a haber pol&iacute;ticos corruptos en el pa&iacute;s de los p&iacute;caros? Esta l&oacute;gica nace de una petici&oacute;n de principio, una falacia de razonamiento circular. Dividamos la secuencia de este t&oacute;pico, contra el que me bato: los espa&ntilde;oles son corruptos (ontol&oacute;gicamente, adem&aacute;s, por su &eacute;tica mediterr&aacute;nea), luego sus pol&iacute;ticos son corruptos, lo que hace que los espa&ntilde;oles sean cada vez m&aacute;s corruptos, lo que hace que sus pol&iacute;ticos sean a su vez m&aacute;s corruptos&hellip; y as&iacute; sucesiva, infinitamente. Pero Espa&ntilde;a no es el pa&iacute;s de los p&iacute;caros, que es lo que venimos proyectando de nosotros mismos (fuera de contexto) desde que nuestros autores del Siglo de Oro crearan algunas de las obras maestras de la literatura picaresca; y no solo lo avala la discreta mirada al entorno de cada uno, sino las estad&iacute;sticas. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las principales conclusiones que acredita el estudio <em>Repensando la econom&iacute;a informal y el efecto Hugo, </em>de los economistas Pappad&agrave; y Rogoff, es la correlaci&oacute;n inversa entre crecimiento y econom&iacute;a sumergida: pa&iacute;ses como Alemania o Francia presentan una mayor volatilidad de la econom&iacute;a sumergida, medida por la fluctuaci&oacute;n de su volumen por ciclos econ&oacute;micos, que la tasa de Espa&ntilde;a. En otras palabras: lo que resulta decisivo para que Espa&ntilde;a tenga un nivel absoluto de <em>informalidad</em> superior en diez puntos al de Alemania (un pavoroso 24% del PIB) es que, seg&uacute;n Eurostat, durante este siglo hemos retrocedido un 19% en la convergencia en Paridad de Poder de Compra (PPA) con la media de la Uni&oacute;n Europea. Los espa&ntilde;oles no somos m&aacute;s p&iacute;caros <em>per se,</em> por lo que nuestros pol&iacute;ticos tampoco <em>est&aacute;n llamados</em> a serlo; sino que somos m&aacute;s pobres estructuralmente, y de ah&iacute; la proporci&oacute;n m&aacute;s elevada de conductas econ&oacute;micas <em>informales. </em>Y, en buena medida, lo somos porque las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas de nuestros gobiernos no han sido m&aacute;s que t&iacute;midamente liberales. 
    </p><p class="article-text">
        2.- Uno de los <em>claims</em> del PSOE y del Gobierno (perm&iacute;tanme el anglicismo, pero es que este t&eacute;rmino, propio del marketing, define mejor su naturaleza que la de <em>argumento)</em> insiste en que han &ldquo;fallado las personas&rdquo;, no la organizaci&oacute;n o la instituci&oacute;n (y no todas, claro, sino solo aquellas que <em>conviene</em> que caigan: no deben ser personas quienes eligen y deben vigilar a esas personas taimadas). Detr&aacute;s de ese <em>claim</em> subyace la cr&iacute;tica a la utilizaci&oacute;n de un argumento <em>ad hominen</em>, en concreto, una falacia inductiva por asociaci&oacute;n. Sin embargo, no se aprecia esa il&iacute;cita estrategia discursiva, sino que es el <em>claim </em>lo que resulta enga&ntilde;oso o fallido. Ciertamente, resulta aventurado que se cuestione una organizaci&oacute;n en su conjunto por las caracter&iacute;sticas de algunos de sus miembros; pero la perversi&oacute;n de la falacia por asociaci&oacute;n exige que la correspondencia o asimilaci&oacute;n de cualidades se base en una relaci&oacute;n intrascendente: y aqu&iacute; est&aacute; la clave, ya que el car&aacute;cter (intelectual, volitivo, &eacute;tico y an&iacute;mico) de los individuos no es intrascendente, sino capital, para las organizaciones de las que forman parte.  
    </p><p class="article-text">
        Es falaz quien asegura que, como Santos Cerd&aacute;n, &Aacute;balos o Koldo son corruptos, todos los cargos p&uacute;blicos del PSOE y del Gobierno son corruptos, porque la relaci&oacute;n entre ellos y el resto de los cargos p&uacute;blicos es accidental, contingente; pero no lo es quien asegura que, como aquellos lo son, el PSOE y el Gobierno tambi&eacute;n, pues el partido pol&iacute;tico no existir&iacute;a sin sus militantes ni sus representantes p&uacute;blicos, les vincula una relaci&oacute;n constitutiva. &iquest;Significa esto que la organizaci&oacute;n o instituci&oacute;n a la que pertenecen los corruptos deba desaparecer? En absoluto. &iquest;Significa que la organizaci&oacute;n o instituci&oacute;n contaminada debe revisarse <em>integralmente </em>(toda su infraestructura y todos sus medios humanos)? Desde luego: no basta con puniciones o remedios personales, sino reformas corporativas preventivas. 
    </p><p class="article-text">
        3.- La &uacute;ltima trampa dial&eacute;ctica, que aviva el fuego cruzado entre el Gobierno y la oposici&oacute;n, es que los casos de corrupci&oacute;n son comparables, que puede concebirse una clasificaci&oacute;n de gravedades. Esto puede ser aceptable desde la dimensi&oacute;n jur&iacute;dico-penal (tienen que graduarse las penas seg&uacute;n par&aacute;metros objetivos), pero no desde la &eacute;tica: toda corrupci&oacute;n es <em>igualmente</em> da&ntilde;ina y reprobable. Un inconveniente de ese utilitarismo relativista es que conduce a una justificaci&oacute;n evasiva<em> </em>de la responsabilidad. La valoraci&oacute;n moral de las acciones seg&uacute;n un c&aacute;lculo de sus consecuencias favorables y desfavorables nos expone a la extorsi&oacute;n, a transigir con un mal menor para evitar la amenaza de un mal mayor: no dimito ni convoco elecciones porque <em>&ldquo;</em>entregar las riendas del pa&iacute;s a PP y Vox ser&iacute;a una tremenda irresponsabilidad&rdquo;, en palabras de S&aacute;nchez (&iquest;la derecha no puede gobernar, si as&iacute; lo eligen los votantes?); o, en las de Feij&oacute;o, &ldquo;el PNV apoy&oacute; una moci&oacute;n de censura contra Mariano Rajoy por una causa que, comparativamente, hoy se considerar&iacute;a menor&rdquo; (cuidado, no soy equidistante: critico c&oacute;mo la oposici&oacute;n articula su mensaje, pero son el Gobierno y el PSOE los que deben responder por cavar una nueva tumba de degradaci&oacute;n democr&aacute;tica). Quiz&aacute; &eacute;ste sea uno de los efectos m&aacute;s perniciosos de la corrupci&oacute;n: somete el debate p&uacute;blico al chantaje, y el chantaje trastoca los incentivos racionales, arrasa con las convicciones y anula la libertad. &iexcl;El chantaje no es democr&aacute;tico!
    </p><p class="article-text">
        Advi&eacute;rtase que los tres t&oacute;picos encierran un angustioso pesimismo, porque se fundan en la resignaci&oacute;n: la corrupci&oacute;n es inevitable. Pero no, &iexcl;me niego!, las decisiones humanas de corromper y corromperse no son inevitables: solo lo ser&aacute;n si, entre otras cosas, seguimos creyendo en estos astutos ardides ret&oacute;ricos que aparentan querellarse contra la corrupci&oacute;n, cuando, en realidad, la sostienen.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/topicos-nihilistas-corrupcion_129_12402657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jun 2025 09:12:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los tópicos nihilistas de la corrupción]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dimite y convencerás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dimite-convenceras_129_12354743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A finales de octubre de 1555, en un conmovedor acto regido por la etiqueta de la Corte borgo&ntilde;ona, el emperador Carlos V, quien era el soberano m&aacute;s poderoso de su &eacute;poca, abdic&oacute;. Los historiadores aprecian este momento como uno de los m&aacute;s significativos de aquel siglo. No solo asombra la excepcionalidad de la voluntaria retirada de un monarca absoluto en la cumbre, sino los motivos que el emperador esgrimi&oacute; durante su discurso para justificar su decisi&oacute;n: la conciencia de que no podr&iacute;a culminar su proyecto pol&iacute;tico, en una Europa que se alejaba de su ideal imperial de la <em>Universitas Christiana</em> para fragmentarse en la Europa de las naciones que terminar&iacute;a definiendo la Paz de Westfalia cien a&ntilde;os despu&eacute;s; y la conciencia de su decadencia f&iacute;sica y an&iacute;mica, que le mermaba e imped&iacute;a afrontar la responsabilidad de gobierno con la plenitud que su agudo providencialismo le demandaba. Manuel Fern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, en su biograf&iacute;a <em>Carlos V. El c&eacute;sar y el hombre, </em>no se cansa de repetir que una de las principales cualidades de uno de los campeones m&aacute;s egregios de la historia europea era su &ldquo;sentido &eacute;tico de la existencia&rdquo;, debido a su humanismo cristiano de corte erasmista, que dej&oacute; traslucir tambi&eacute;n cuando, durante esa ceremonia de abdicaci&oacute;n, finaliz&oacute; su discurso disculp&aacute;ndose con todos sus s&uacute;bditos por los errores que hubiera podido cometer.
    </p><p class="article-text">
        Este mismo &ldquo;sentido &eacute;tico de la existencia&rdquo; es el que cabe atribuir a Adolfo Su&aacute;rez, acosado por mil turbulencias de todo signo pero sin haberse rendido a ellas, cuando el 29 de enero de 1981 explic&oacute; las razones de su dimisi&oacute;n. El discurso es admirable, por su madura serenidad y hondura intelectual y honesta lealtad, y revela que Su&aacute;rez se apart&oacute; porque hab&iacute;a llegado a la humilde convicci&oacute;n de que se hab&iacute;a agotado el &ldquo;servicio&rdquo; que, como Presidente en esa coyuntura, pod&iacute;a prestar a la patria: &ldquo;La continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democr&aacute;tico de convivencia sea, una vez m&aacute;s, un par&eacute;ntesis en la historia de Espa&ntilde;a&rdquo;. Advirti&oacute;, adem&aacute;s, otro de los motivos que le impuls&oacute; a una decisi&oacute;n tan ins&oacute;lita (por an&oacute;mala o rara, dentro de la trayectoria pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s desde el advenimiento del liberalismo en el s. XIX): quer&iacute;a que su gesto actuase como &ldquo;revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y las instituciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ambos estadistas evidenciaron, con su dimisi&oacute;n y otros gestos (Su&aacute;rez lo encarn&oacute; o sublim&oacute; con singular dignidad durante el Golpe de Estado del 23-F, y as&iacute; lo evoca la novela <em>Anatom&iacute;a de un instante, </em>de Javier Cercas), que su ejercicio del poder estaba subordinado a su &ldquo;sentido &eacute;tico de la existencia&rdquo;. Quiz&aacute; por la distancia pueda impresionarnos m&aacute;s la abdicaci&oacute;n de un monarca absoluto, pues no deja de parecernos una conducta o s&iacute;mbolo casi antisistema; pero la dimisi&oacute;n de un pol&iacute;tico democr&aacute;tico, cuando esa elecci&oacute;n todav&iacute;a puede interpretarse como una elecci&oacute;n libre y no una postrera decisi&oacute;n forzada o resignada (que suele conllevar la degradaci&oacute;n institucional, ya que el gobernante se agarra a ellas y las deforma para no precipitarse a lo que, teme, es su abismo), resuena con una ejemplaridad <em>universalizable,</em> contagiosa, que ontol&oacute;gicamente no puede alcanzar la potestad de un rey <em>&uacute;nico.</em>   
    </p><p class="article-text">
        Esta ejemplaridad universalizable es la que reivindica Javier Gom&aacute; (reivindicaci&oacute;n que me permito hacer m&iacute;a) en su ensayo <em>Universal concreto, </em>que sintetiza su planteamiento filos&oacute;fico: desde la perspectiva de la &eacute;tica democr&aacute;tica, el comportamiento de cualquiera de nosotros (un hecho <em>concreto)</em> puede imitarse por todas las personas que lo hayan observado y juzgado como bueno; y esa r&eacute;plica encadenada terminar&aacute; deparando la <em>universalizaci&oacute;n </em>del ejemplo ben&eacute;fico en toda la sociedad. Esta concepci&oacute;n, a la que (aun sin una expresi&oacute;n te&oacute;rica articulada) Carlos V y Su&aacute;rez estuvieron adscritos, se opone al tan sobado y peligroso aforismo de Lord Acton de que &ldquo;el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente&rdquo;, condescendiente excusa que convierte a la persona en pueril sujeto pasivo de sus propias acciones. No es el poder, no, y los casos de Carlos V y Su&aacute;rez lo demuestran: es la falta de &ldquo;sentido &eacute;tico de la existencia&rdquo;. Cuanto m&aacute;s democr&aacute;tico es un Estado (asumo que, como defienden el citado Gom&aacute; o Fukuyama, la democracia liberal representa el fin de la historia en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos), m&aacute;s exige de gobernantes y ciudadanos ese compromiso. Y por eso, detr&aacute;s de los gritos de dimisi&oacute;n que entonan las miles de personas que se re&uacute;nen peri&oacute;dicamente en Valencia para reclamar la de Maz&oacute;n, y la de otros tantos de miles que se congregaron en Madrid este domingo para reclamar la de S&aacute;nchez, percibo no solo el enfado por una gesti&oacute;n indolente, antip&aacute;tica y mendaz o por una corrupci&oacute;n espesa, anquilosante y crepuscular (ya desde la amnist&iacute;a), sino otro anhelo m&aacute;s profundo y transformador: que siga aquilat&aacute;ndose ese ejemplar &ldquo;sentido &eacute;tico&rdquo; sin el que la democracia no puede ser. 
    </p><p class="article-text">
        O, al menos, me gustar&iacute;a percibir ese anhelo, quiero imaginar esa aspiraci&oacute;n. La literatura apocal&iacute;ptica, cuyo estilo impregna tan frecuentemente este tipo de manifestaciones, conjuga una doble dimensi&oacute;n: la escatol&oacute;gica (el final) y la promisoria, la revelaci&oacute;n esperanzada (el nuevo principio que sucede a ese final). Pero si toda la movilizaci&oacute;n social solo persigue la satisfacci&oacute;n del deseo escatol&oacute;gico, es decir, que se confirme la extinci&oacute;n de una etapa o mandato que nos disgusta o hasta nos asquea, quienes participen en esas manifestaciones habr&aacute;n abandonado el ejemplar &ldquo;sentido &eacute;tico&rdquo; de la democracia por el que, sin embargo, se supon&iacute;a que protestaban (o, tal vez, por el que yo imaginaba que protestaban). Yo participar&eacute; en esas manifestaciones, este tiempo de crisis lo reclama, aunque propongo que coreemos un nuevo lema que, quiz&aacute; por su sugesti&oacute;n positiva (aunque ir&oacute;nica), resulte m&aacute;s estimulante para lograr la respuesta que pretendemos de los interpelados: &ldquo;Dimite y convencer&aacute;s&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dimite-convenceras_129_12354743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Jun 2025 08:55:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dimite y convencerás]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Simpleza política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/simpleza-politica_129_12281798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 15 de abril el Consejo de Gobierno aprob&oacute; el Plan de Simplificaci&oacute;n Administrativa, Calidad Normativa y Mercado Abierto de La Rioja para el periodo 2025-2029. Su portavoz lo present&oacute; adorn&aacute;ndolo con esa tetrarqu&iacute;a de palabras que se han convertido en dogma de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica contempor&aacute;nea; palabras que, intercambiadas indistintamente en cualquier contexto y para cualquier prop&oacute;sito, han acabado convertidas en fetiches de la ret&oacute;rica sin ideas: sostenibilidad, resiliencia, transversalidad, bienestar. Tampoco falt&oacute; la complaciente grandilocuencia cuando destac&oacute; que este &ldquo;ambicioso instrumento estrat&eacute;gico&rdquo; representa &ldquo;el mayor esfuerzo de simplificaci&oacute;n realizado por la Comunidad en su historia&rdquo;. Esfuerzo casi heroico; y de tan heroico, sobrenatural, lo que justificar&iacute;a que apelase a la esperanza de los feligreses, m&aacute;s que a la fiscalizaci&oacute;n de los votantes. As&iacute;, asegur&oacute; que el Plan nos &ldquo;convertir&aacute; en una de las Comunidades m&aacute;s &aacute;giles y eficaces de Espa&ntilde;a&rdquo;, una expectativa promisoria y no un objetivo mensurable: podemos ser primeros, terceros o s&eacute;ptimos (&iquest;y seg&uacute;n qu&eacute; m&eacute;tricas?: el Plan contiene algunos indicadores de evaluaci&oacute;n cuantitativa, pero no las cifras o t&eacute;rminos comparativos a los que se aspira), y que, en los tres supuestos, se venda feliz, ufanamente, que La Rioja se halla entre &ldquo;las Comunidades m&aacute;s &aacute;giles y eficaces&rdquo;. La exposici&oacute;n del portavoz no me inspir&oacute; confianza ni despert&oacute; mi optimismo (la expresi&oacute;n no es hueca, sino que <em>es hueco lo que se expresa),</em> pero esper&eacute; prudencialmente a estudiar el Plan.
    </p><p class="article-text">
        No lo he encontrado publicado en el Portal de Transparencia (&iexcl;oh, contradicci&oacute;n!), aunque s&iacute; en otra <a href="https://web.larioja.org/plan?n=pla-plan-de-simplificacion-administrativa-calidad-normativa-y-mercado-abierto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pesta&ntilde;a</a> de la web del Gobierno de La Rioja. Consta de unas veinticinco p&aacute;ginas de contenido neto que apenas desarrollan los anuncios que se proclamaron durante la rueda de prensa: las medidas son frecuentemente vagas y desiderativas, m&aacute;s propias de un programa electoral que de un plan de gobierno, del estilo (citar&eacute; una por cada l&iacute;nea estrat&eacute;gica del Plan) <em>&ldquo;establecer cauces de participaci&oacute;n de las organizaciones sociales y empresariales y avance en el mercado abierto&rdquo;, &ldquo;revisar todos los procedimientos administrativos aplicando los criterios de simplificaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;fomentar las evaluaciones de impacto normativo ex post&rdquo; </em>o <em>&ldquo;impartir formaci&oacute;n dirigida a todo el personal p&uacute;blico abordando los aspectos generales de la simplificaci&oacute;n administrativa&rdquo;. </em>Muchas veces no se atribuyen competencias a &oacute;rganos espec&iacute;ficos, tampoco se asocia la dedicaci&oacute;n de recursos humanos (por unidades funcionales dentro de cada departamento), el calendario de despliegue de las medidas (que no <em>acciones)</em> se corresponde casi siempre con el horizonte del propio Plan (2025-2029). No creo que sea la cautela lo que ha retra&iacute;do a la oposici&oacute;n de formular reproches al Plan, sino la actitud indolente, y as&iacute; indulgente (&iquest;quiz&aacute; aquiescente?), que est&aacute;n demostrando durante la legislatura. Yo no esperar&eacute; m&aacute;s a criticar el Plan, porque me preocupa mucho el funcionamiento de nuestras Administraciones P&uacute;blicas (me remito a una <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hora-motosierra_129_12069446.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">columna anterior</a>). &iquest;Qu&eacute; podemos exigir a los gobernantes, sino que las instituciones nos sirvan y funcionen <em>ya ahora,</em> de forma &oacute;ptima, siempre dirigidas a la vez hacia una <em>visi&oacute;n de un mejor ma&ntilde;ana?</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como corolario, debo decir que las medidas que se defienden como principales o cruciales ya est&aacute;n aprobadas normativamente, por lo que el enfoque del Plan deber&iacute;a ser otro: no se trata tanto de introducir nuevos mecanismos para ganar eficiencias (dicho en su terminolog&iacute;a, &ldquo;implantar&rdquo;, &ldquo;dise&ntilde;ar&rdquo; o &ldquo;elaborar&rdquo;), como de gestionar los recursos de los que est&aacute; dotada la Administraci&oacute;n, muy singularmente los humanos, para que los mecanismos existentes se ejecuten de manera &aacute;gil, rigurosa y accesible (sin embargo, los verbos gestionar u organizar no encabezan ni una de las acciones que enumera el Plan). As&iacute; pues, el actual Ejecutivo, que f&iacute;a su capital pol&iacute;tico a la gesti&oacute;n cotidiana (dado su tono apagado, parece que ha renunciado a abanderar un liderazgo estrat&eacute;gico, de proyecto vital, para La Rioja), se limita, en sustancial medida, a <em>prometer el presente, </em>lo que ya tenemos; inhibici&oacute;n que nunca puede conducir a la anhelada &ldquo;transformaci&oacute;n de la cultura del sector p&uacute;blico&rdquo; que invoc&oacute; el portavoz. M&aacute;s que un plan de simplificaci&oacute;n administrativa (en el que, por cierto, la IA solo se menciona una vez, y de soslayo), cabr&iacute;a calificarlo de simpleza pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Repasemos el elenco de esas medidas preponderantes. Las declaraciones responsables y las comunicaciones previas son, desde 2009, el r&eacute;gimen ordinario y preferente de intervenci&oacute;n administrativa para el reconocimiento de facultades o el inicio de actividades: no es una novedad. El silencio positivo ya es la soluci&oacute;n jur&iacute;dica prioritaria cuando la Administraci&oacute;n no responde a una solicitud del administrado, como puede comprobarse en el art. 24 Ley 39/2015: no es una novedad. El modelo de mercado abierto, que se origin&oacute; en la Ley de Unidad de Mercado de 2013, necesita que proliferen las leyes auton&oacute;micas (y solo est&aacute; vigente la de Madrid) que regulen el est&aacute;ndar normativo com&uacute;n o equivalente a partir del que pueda aplicarse el principio de eficacia en todo el territorio nacional, seg&uacute;n explic&oacute; la Sentencia del Tribunal Constitucional n&ordm; 79/2017, de 22 de junio de 2017: la adopci&oacute;n de un plan tampoco puede considerarse una novedad, en este sentido, cuando el proyecto de ley no ha entrado todav&iacute;a en el Parlamento (ni siquiera aparece, al menos con esa denominaci&oacute;n, en el Plan anual normativo de la CAR para 2025).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que las solicitudes del Cheque digitalizaci&oacute;n, una ayuda de la ADER, todav&iacute;a no se hayan resuelto desde el pasado 27 de enero (sin perjuicio de que sus bases reguladores anoten un plazo de concesi&oacute;n de seis meses, el doble de la regla supletoria, y encima con el denostado silencio negativo), no se soluciona con un pretendido plan de simplificaci&oacute;n burocr&aacute;tica, sino con una gesti&oacute;n m&aacute;s eficiente y eficaz del surtido de recursos disponible. Que no se resuelva, dentro de su plazo de seis meses, una reclamaci&oacute;n econ&oacute;mico-administrativa, un medio de impugnaci&oacute;n privativo del &aacute;mbito tributario, cuando aqu&eacute;lla se registr&oacute; el 28 de octubre de 2024 y se le asign&oacute; el n&uacute;mero de expediente 8/2024 (lo que proyecta una ratio de menos de un recurso por mes), no va a remediarse con este pretendido Plan, sino con esa gesti&oacute;n cotidiana de la que suele presumir el Gobierno. Con esas <em>peque&ntilde;as cosas, </em>que recitar&iacute;a Serrat, sin las que (prosigo con la canci&oacute;n y con la met&aacute;fora) nos matar&aacute; el tiempo y la ausencia.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/simpleza-politica_129_12281798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2025 18:18:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Simpleza política]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ecclesía y democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ecclesia-democracia_129_12247441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Desconozco cu&aacute;l es el m&eacute;todo estad&iacute;stico para censar a los creyentes de una religi&oacute;n (&iquest;cu&aacute;les son los criterios para integrar a una persona dentro de esa categor&iacute;a: su tradici&oacute;n cultural, su fidelidad teol&oacute;gica a una doctrina, la coherencia de su conducta?), pero me ha impresionado leer, en las cr&oacute;nicas por el fallecimiento del Papa Francisco, que la poblaci&oacute;n cat&oacute;lica alcanza 1.400 millones de feligreses. Si esa cifra rotunda se clasificase, como hace el CIS respecto del escenario nacional, en practicantes (y en qu&eacute; grado) y no practicantes (y en qu&eacute; grado), podr&iacute;amos formarnos una conciencia m&aacute;s certera de lo que a&uacute;n significa el catolicismo en un mundo transversalmente secularizado (no solo por el creciente laicismo, sino, especialmente, por una raz&oacute;n antropol&oacute;gica incluso m&aacute;s profunda: nuestra incapacidad, o quiz&aacute; sea horror metaf&iacute;sico, para asumir el misterio).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; tengo claro que cada uno de los miembros de ese universo cat&oacute;lico, y sus aleda&ntilde;os (los m&aacute;s pr&oacute;ximos y los m&aacute;s reacios), han demostrado un vigor inusitado como opinadores: es m&aacute;s, percibo una correlaci&oacute;n inversa entre ate&iacute;smo y profusi&oacute;n de opiniones. Todos nos estamos posicionando en el debate sobre c&oacute;mo la Iglesia deber&iacute;a conducir su apostolado evang&eacute;lico, si con una vocaci&oacute;n m&aacute;s progresista o conservadora, a pesar de que la amplia mayor&iacute;a de ese conjunto solo reza el padrenuestro cuando acuden a una boda como un rito folcl&oacute;rico y a&uacute;n m&aacute;s raramente colabora con las asociaciones cat&oacute;licas del tercer sector. Por lo dem&aacute;s, confieso que me parece un debate maniqueo (aunque literariamente atractivo) que olvida, como defiende Peter Heather en su ensayo <em>Cristiandad,</em> que la Iglesia cat&oacute;lica ha sido una instituci&oacute;n reformista y maleable, probablemente la que m&aacute;s se ha transformado durante la historia de Occidente, junto con la monarqu&iacute;a: adaptabilidad que explicar&iacute;a, entre otros instrumentos educativos y punitivos, su arraigo y longevidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta prevalencia de la opini&oacute;n frente a la participaci&oacute;n guarda un paralelismo manifiesto con el funcionamiento averiado de nuestra democracia, y esta es la reflexi&oacute;n que quiero subrayar en el art&iacute;culo y que la controversia sobre la sucesi&oacute;n papal (y sus consecuencias en la estrategia eclesi&aacute;stica) denuncia, por analog&iacute;a, de modo acusado. Recientemente, el CIS ha publicado una encuesta en la que, segmentados por grupos de edad, la muestra se decantaba por una mayor afinidad con la democracia o el autoritarismo (para el prop&oacute;sito de la columna no necesito juzgar la capciosa construcci&oacute;n t&eacute;cnica del estudio: la pregunta y las conclusiones que pretenden obtenerse de ella no se relacionan causal, inmediatamente). Su dise&ntilde;o habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s &uacute;til e interesante para evaluar el estado vigente y aspiraciones de nuestra democracia, si hubiese replicado el del bar&oacute;metro sobre definiciones en materia religiosa y sus pr&aacute;cticas; si la pregunta se hubiese formulado, por ejemplo, seg&uacute;n la siguiente redacci&oacute;n: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es su postura ante la democracia: dem&oacute;crata practicante, dem&oacute;crata no practicante (signifique lo que signifique este ox&iacute;moron, esta apor&iacute;a, tan indescifrable cuando se aplica a la de fe como a la pol&iacute;tica), indiferente, apol&iacute;tico, autoritario o anarquista?&rdquo; Imaginar&aacute;n que no reputo como dem&oacute;crata practicante a quien se limita a reproducir su voto elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n, es un aut&oacute;mata y no un dem&oacute;crata; aunque la militancia extenuante tambi&eacute;n me incomoda (qu&eacute; aburrida es esa gente que, sea cual sea el origen de una conversaci&oacute;n, siempre termina hablando de la lucha partidista), porque una politizaci&oacute;n atrofiada, de tan perenne, envenena la convivencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me parece aventurado sugerir que los resultados de esa encuesta reflejar&iacute;an una realidad similar o id&eacute;ntica a la de la Iglesia cat&oacute;lica: que toda la poblaci&oacute;n opina, pero solo una minor&iacute;a practica. El funcionamiento de la democracia espa&ntilde;ola, de las democracias occidentales en general, no est&aacute; averiado institucionalmente (sin perjuicio de los peligros permanentes, quiz&aacute; ahora m&aacute;s intensos, que la acechan: cualquier poder tiene la tentaci&oacute;n de convertirse en poder absoluto), sino moralmente. Perm&iacute;tanme recurrir a un s&iacute;mil deportivo: en cuanto a su pr&aacute;ctica de la democracia, muchos ciudadanos me evocan a esos aficionados que saben qu&eacute; tiene que hacer el entrenador del Real Madrid para ganar la Euroliga, pero luego no se involucran, en ning&uacute;n nivel organizativo, en el club, colegio o cantera donde juegan sus hijos. La Iglesia y la democracia comparten esta misma desafecci&oacute;n participativa, aunque con una diferencia que debe aumentar nuestra indignaci&oacute;n, el esc&aacute;ndalo: como creyente y como ciudadano tengo la oportunidad de cambiar las cosas si participo en los avatares de la comunidad y la sociedad, pero nunca voy a tener la oportunidad de entrenar al Real Madrid de baloncesto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El que fuera corresponsal de <em>El Mundo</em> en Rusia durante doce a&ntilde;os, Xavier Col&aacute;s, disecciona en <em>Putinist&aacute;n </em>la t&aacute;ctica con la que este psic&oacute;pata gobierna el pa&iacute;s sin una disidencia inquietante: inyectando la indiferencia a sus habitantes, logrando que ni siquiera se interesen por participar en la vida p&uacute;blica (y no solo a trav&eacute;s de mecanismos estrictamente represivos, sino m&aacute;s bien psicol&oacute;gicos o sociol&oacute;gicos). De modo que acuso a los indiferentes y apol&iacute;ticos (aunque nadie nace apol&iacute;tico, sino que le habr&aacute;n desapegado de la pol&iacute;tica) de que se asemejan demasiado a los dem&oacute;cratas no practicantes, y que el aquietamiento, la rendici&oacute;n de todo ellos, desarma nuestra democracia frente a la tiran&iacute;a. La encuesta del CIS que propon&iacute;a antes bien podr&iacute;a sintetizarse en base binaria: o dem&oacute;cratas practicantes o no dem&oacute;cratas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante estos d&iacute;as en que la Iglesia est&aacute; tan presente y la democracia parece tan amenazada, podr&iacute;amos recuperar la ra&iacute;z com&uacute;n, de car&aacute;cter filol&oacute;gico, que comparten en la palabra griega <em>eccles&iacute;a.</em> La eccles&iacute;a fue la principal asamblea de la Atenas cl&aacute;sica, donde los disc&iacute;pulos de los sofistas, que alumbraron la filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica (la &eacute;tica), se serv&iacute;an de sus habilidades ret&oacute;ricas para persuadir a la audiencia de sus ideas sobre la polis. Como se ve, por tanto (aunque no creo que est&eacute; descubriendo nada nuevo), la Iglesia y la democracia apelan a nuestra participaci&oacute;n desde su mismo origen etimol&oacute;gico. Pero el destino de la Iglesia concierne a sus creyentes, mientras que el destino de nuestra democracia nos concierne a todos: as&iacute; que har&iacute;amos bien en opinar menos y en participar m&aacute;s. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ecclesia-democracia_129_12247441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Apr 2025 09:13:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ecclesía y democracia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Iglesia católica,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los autónomos no tenían que declarar el IVA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/autonomos-no-tenian-declarar-iva_129_12192991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Despu&eacute;s de conocer las estad&iacute;sticas que publica el Consejo General del Poder Judicial, y de la entrada en vigor de la profunda transformaci&oacute;n del modelo procesal que afrontaremos durante los pr&oacute;ximos meses, hab&iacute;a pensado dedicar esta columna a reflexionar sobre algunos vicios de los que adolece la Administraci&oacute;n de Justicia, porque me inquieta que el foco del debate siempre se concentre en las dilaciones (parece que solo es defectuosa porque resuelve tarde) y no en la discutible capacidad de los profesionales que participamos en el sistema (cuando, lo m&aacute;s grave, es defectuosa porque resuelve mal). Despu&eacute;s de conocer el anuncio de los aranceles que Trump nos ha impuesto, surgi&oacute; el impulso de desplegar una encendida defensa del libre comercio frente a todos los que sospechan o abominan de sus beneficios, porque, muy al rev&eacute;s del autoproclamado t&iacute;tulo del D&iacute;a de la Liberaci&oacute;n, esas medidas me evocan otras reminiscencias b&iacute;blicas: no la apertura del Mar Rojo hacia una tierra prometida, sino el &aacute;ngel exterminador que asesina silenciosamente a los primog&eacute;nitos de Egipto. Pero ha sido la llamada de mi asesor, esta ma&ntilde;ana, la que ha terminado condicionando el art&iacute;culo: pueden acusarme de perentorio o prosaico, pero pagar impuestos me subleva m&aacute;s que el proteccionismo de Trump y los retrasos de la Administraci&oacute;n de Justicia. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Confieso que, como a todo aut&oacute;nomo o peque&ntilde;o y mediano empresario, el t&eacute;rmino de los trimestres, cuando hay que presentar las declaraciones de IVA, IRPF o IS, me induce a un estado de agitaci&oacute;n que me hace proclive a este tipo de manifestaciones subversivas. El fin del trimestre, y el esfuerzo fiscal que lleva aparejado, nos hace especialmente conscientes de una ecuaci&oacute;n ingrata: cu&aacute;nto trabajo tenemos que invertir para percibir una riqueza neta que tampoco rebosa (seg&uacute;n la informaci&oacute;n que publica la AEAT, la cifra media de rendimientos netos anuales de los aut&oacute;nomos pr&aacute;cticamente coincide con el salario neto anual medio de los trabajadores espa&ntilde;oles). Sin embargo, cuando lo razono, una vez aplacada la beligerancia reactiva inicial, no es que me subleve pagar impuestos (tampoco me apasiona, pero estoy suficientemente civilizado y aprecio suficientemente lo que la comunidad institucionalizada me ofrece, como para cumplir, de forma diligente, con mis obligaciones tributarias), sino que me subleva pagar m&aacute;s impuestos de los que me corresponder&iacute;a pagar. Y no esperen que vaya a navegar por debates abstractos sobre la presi&oacute;n, el esfuerzo o la competitividad fiscal, sino que me refiero a algo mucho m&aacute;s concreto, al menos en t&eacute;rminos normativos: la falta de trasposici&oacute;n de la Directiva (UE) 2020/285 del Consejo, de 18 de febrero de 2020. Somos europeos para reivindicar mutualizaciones de deuda con las que fortalecernos y rearmarnos en estos tiempos convulsos (como si fueran los Estados y sus gobiernos quienes m&aacute;s sufren las zozobras geopol&iacute;ticas), pero no somos europeos para aliviar la tributaci&oacute;n y burocracia de los casi tres millones y medio de aut&oacute;nomos, el 16% de nuestra poblaci&oacute;n activa, que, atendiendo al Ministerio de Trabajo, crecen y crecen en desempe&ntilde;os asociados a actividades de la m&aacute;s alta productividad (cuando, de la misma forma que sucede con la cadena del IVA, son los ciudadanos los que terminando soportando esas zozobras).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mediante un r&eacute;gimen de franquicia, esa Directiva exime del IVA a las empresas y aut&oacute;nomos cuyo volumen de negocios anual sea inferior a 85.000&euro;, lo que implica un dinamizador incentivo fiscal (todo o parte del 21% de cada factura podr&iacute;a destinarse al ahorro complementario, para asegurar la sostenibilidad de las pensiones, o a la inversi&oacute;n en innovaci&oacute;n, para incrementar nuestra depauperada productividad) y les permite simplificar su carga burocr&aacute;tica (dejar&iacute;an de presentar las autoliquidaciones trimestrales). &iexcl;De ah&iacute; el t&iacute;tulo de la columna: los aut&oacute;nomos espa&ntilde;oles <em>ten&iacute;amos derecho</em> a no declarar el IVA! (Una digresi&oacute;n t&eacute;cnica: los aut&oacute;nomos, como tal, <em>no pagamos </em>IVA, sino que operamos como recaudadores forzosos para Hacienda; quien paga el IVA es usted, el consumidor final de productos y servicios, as&iacute; que no dude que la falta de trasposici&oacute;n de la Directiva tambi&eacute;n le perjudica). La exenci&oacute;n deber&iacute;a haber comenzado a aplicarse a partir del 1 de enero de 2025, pero las Directivas, a diferencia de los Reglamentos, son normas que carecen de eficacia directa e inmediata en todos los Estados Miembros de la Uni&oacute;n Europea, sino que precisan de su introducci&oacute;n o adaptaci&oacute;n a los ordenamientos jur&iacute;dicos nacionales a trav&eacute;s de reformas legales que deben emprender los Gobiernos y aprobar los Parlamentos de los pa&iacute;ses. En este sentido, recuerdo que, desde que es presidente, S&aacute;nchez ha logrado convalidar 145 decretos-ley, pero se ha olvidado del que podr&iacute;a haber albergado esta medida, tan ben&eacute;fica, a pesar de que su plazo de trasposici&oacute;n finaliz&oacute; el pasado 31 de diciembre (sin embargo, no se olvid&oacute; de encarecer las cotizaciones sociales de los aut&oacute;nomos, mediante el Real Decreto-ley 13/2022: el nuevo modelo, vinculado a la progresividad de los ingresos estimados, obvi&oacute; establecer tramos o umbrales exentos, como s&iacute; se observan en los pa&iacute;ses de nuestro entorno). Esta infracci&oacute;n ha provocado que la Comisi&oacute;n amenace a Espa&ntilde;a con la apertura de un expediente sancionador, mientras las diferentes asociaciones de aut&oacute;nomos siguen denunciando la obstinaci&oacute;n de Hacienda en excluir, de los Foros que canalizan su di&aacute;logo con la Administraci&oacute;n, la negociaci&oacute;n del texto.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nese c&oacute;mo de estimulante podr&iacute;a ser el IVA franquiciado para nuestra econom&iacute;a, si el 60% de los aut&oacute;nomos espa&ntilde;oles declaran ingresos inferiores al SMI&hellip; Entonces escucho c&oacute;mo Trump llama a amigos a los pa&iacute;ses europeos, para despu&eacute;s zaherirles con aranceles calculados con la f&oacute;rmula m&aacute;s arbitraria y atrabiliaria posible, y pienso: &iquest;c&oacute;mo tendr&iacute;amos que llamar al Ministerio de Hacienda los aut&oacute;nomos y peque&ntilde;os empresarios espa&ntilde;oles?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/autonomos-no-tenian-declarar-iva_129_12192991.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Apr 2025 08:38:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los autónomos no tenían que declarar el IVA]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/menores_129_12154570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante las &uacute;ltimas semanas, los menores han ocupado un espacio medi&aacute;tico destacado entre las tribulaciones sociales. La Fiscal&iacute;a General del Estado ha alertado del despiadado aumento (en un 45%) de los delitos cometidos por menores de 14 a&ntilde;os. El asesinato de una educadora social en Extremadura, perpetrado por tres menores del piso tutelado que atend&iacute;a, nos ha espantado no solo por su ferocidad, sino, sobre todo, por la estupefacci&oacute;n del objetivo: ha sido v&iacute;ctima quien proteg&iacute;a a las v&iacute;ctimas. Y, por &uacute;ltimo, la agria disputa sobre el reparto de los menores migrantes, ahora hacinados en Canarias, exhibe esa pulsi&oacute;n latente e irresistible de la pol&iacute;tica hacia la crueldad: resulta desolador comprobar c&oacute;mo la dignidad humana se torna en un producto sujeto a las reglas de cualquier transacci&oacute;n comercial. Los llamamientos a filas y al rearme para defender Europa se quedar&aacute;n en un movimiento geopol&iacute;tico hueco si incurrimos en la hipocres&iacute;a de atacar los principios sobre los que se ha edificado nuestra civilizaci&oacute;n: la tradici&oacute;n grecolatina, la religi&oacute;n cristiana y la filosof&iacute;a de la Ilustraci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de estos hechos subyace una misma y acuciante pregunta, especialmente ante la depresi&oacute;n demogr&aacute;fica en la que hemos decidido instalarnos: &iquest;qu&eacute; papel interpretan los menores en nuestra sociedad? Mejor dicho: &iquest;qu&eacute; papel <em>queremos</em> o <em>les hacemos </em>que interpreten? Desde luego, es una pregunta muy amplia; mi acercamiento, con el prop&oacute;sito de averiguar un principio de reflexi&oacute;n, ser&aacute; jur&iacute;dico (por mi formaci&oacute;n y trayectoria, y porque el artefacto legal objetiva el consenso de una &eacute;poca sobre una cierta visi&oacute;n antropol&oacute;gica y sociol&oacute;gica). Puedo anticiparles una obviedad parad&oacute;jica: somos los adultos, quiz&aacute; por una inmadurez nost&aacute;lgica (o es que quiz&aacute; perdemos la empat&iacute;a para comprender el fen&oacute;meno desde la misma realidad con la que lo vivimos, en t&eacute;rminos de igualdad), quienes hemos infantilizado la legislaci&oacute;n sobre la infancia; quienes vemos a ni&ntilde;os y adolescentes como personas <em>en futuro,</em> como personas <em>en construcci&oacute;n </em>(mirada tierna, s&iacute;, pero de una ternura condescendiente),<em> </em>y no como personas <em>en presente. </em>Todos somos personas en permanente <em>construcci&oacute;n,</em> pero solo los adultos nos tratamos como personas <em>completas. </em>La evoluci&oacute;n de un car&aacute;cter no es lineal, como ilusoriamente dibujan las narraciones de las que nos hemos dotado para explicar nuestras vidas, sino que se secuencia por etapas: la persona es <em>completa</em> en cada una de esas etapas y conforme a esa etapa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Expondr&eacute; dos ejemplos normativos que, creo, delatan nuestra confusi&oacute;n sobre el papel que hacemos que los ni&ntilde;os y adolescentes interpreten en nuestra sociedad; y tratar&eacute; de refutar las premisas que los sostienen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primero: la inimputabilidad de los menores de catorce a&ntilde;os y el r&eacute;gimen punitivo singular que la ley les aplica cuando cometen los mismos hechos criminales que un adulto. &iquest;Acaso un asesinato, como el de la educadora social de Badajoz, merece menos reproche si lo consuman unos adolescentes que unos reci&eacute;n jubilados? &iquest;El hecho es menos grave? Esos adolescentes no carec&iacute;an de nociones intelectuales y volitivas suficientes para saber que matar est&aacute; mal: y, aun as&iacute;, mataron. Sin embargo, la legislaci&oacute;n los compadece, con un desd&eacute;n de superioridad, como ignorantes (personas <em>incompletas); </em>y, por eso, hace que el mismo hecho objetivo sea acreedor de un trato distinto por una contingencia tan accidental como la edad. No critico la orientaci&oacute;n hacia la reeducaci&oacute;n y reinserci&oacute;n social, pero s&iacute; que la propia perplejidad de los adultos hacia el mal (porque nos empe&ntilde;amos en explicarlo y entenderlo, cuando el mal no puede explicarse ni entenderse: existe) nos impida concebir que los menores tambi&eacute;n causan maldades de manera consciente y deliberada, siquiera por un conocimiento espejo (saben lo que a ellos les inflige dolor y da&ntilde;o, luego saben lo que inflige dolor y da&ntilde;o a los dem&aacute;s). Los menores causan maldades, no porque sean personas <em>en construcci&oacute;n </em>o <em>en futuro </em>(de lo contrario, todos ser&iacute;amos personas maravillosas en nuestra edad postrera),<em> </em>sino porque son personas <em>en presente: </em>y las personas <em>en presente,</em> menores o adultos, somos capaces del bien y del mal.&nbsp;<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        El segundo: la limitaci&oacute;n de la capacidad de obrar hasta el umbral arbitrario de los 18 a&ntilde;os, que restringe el ejercicio pleno de sus derechos y obligaciones. Aqu&iacute; la distorsi&oacute;n se introduce de otro modo: las aptitudes se asocian a la edad, cuando el nivel de madurez no depende ni cristaliza de la edad exclusivamente, ni siquiera fundamentalmente, sino, sobre todo, de la asimilaci&oacute;n de los conocimientos y experiencias que nos procuramos y nos procuran (es cierto que la legislaci&oacute;n prev&eacute; alivios a la norma general, como el derecho del menor a ser o&iacute;do y escuchado, en funci&oacute;n de su madurez, dentro de un proceso). La edad ampl&iacute;a la ventana de experiencias potenciales, pero hay personas de diecis&eacute;is a&ntilde;os que, por su actitud e inquietud, multiplican las experiencias que han vivido otras de treinta; y, sin embargo, la de treinta (menos madura) puede disponer de sus bienes libremente, mientras que la de diecis&eacute;is (m&aacute;s madura), no. El precedente cercano de la revoluci&oacute;n de la Ley 8/2021 puede impulsar el cambio de paradigma: se ha transitado desde un sistema indiscriminado, en el que se anulaba absolutamente la capacidad de obrar de las personas con discapacidad, hacia otro m&aacute;s matizado y razonable, en el que solo se complementan, a trav&eacute;s de medidas de apoyo quir&uacute;rgicas, los aspectos espec&iacute;ficos en los que esa capacidad pueda fallar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No reclamo, en fin, que nuestra legislaci&oacute;n equipare el papel de los menores con el de los adultos, que trate a los menores <em>como adultos:</em> sino que sea un papel tratado <em>de forma adulta.</em>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/menores_129_12154570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Mar 2025 13:09:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Menores]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué haremos en el nuevo mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/haremos-nuevo-mundo_129_12098474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Mar&iacute;a y Javier est&aacute;n preocupados: me lo confesaron (jurar&iacute;a que incluso al un&iacute;sono) durante el verm&uacute; de este domingo, que adquiri&oacute; un tono grave, apesadumbrado. Me dijeron que llevan durmiendo de forma superficial y fragmentaria durante las &uacute;ltimas semanas (y a&uacute;n no son padres); que esa agitaci&oacute;n no les abandona ni afloja, sino que permanece emboscada, y que preferir&iacute;an que llegara a derramarse antes que continuar instalados en esa expectaci&oacute;n vigilada o vigilancia expectante. Indagu&eacute; en su desasosiego para reconfortarles, pero no revelaron motivos concretos (ni desaires profesionales, ni insatisfacciones personales o familiares: ning&uacute;n hecho <em>suyo),</em> sino que descubr&iacute; una preocupaci&oacute;n abstracta, un desencanto fantasmag&oacute;rico. Y comprend&iacute; que esa abstracci&oacute;n acentuaba su angustia (que la angustia nac&iacute;a principalmente de esa naturaleza abstracta), pues, cuando tememos de verdad, siempre tememos a una idea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es que mi sue&ntilde;o de los domingos sea mi mejor sue&ntilde;o, siempre hostigado por el atropello que prometen las llamadas y correos y trabajos de los lunes, pero la preocupaci&oacute;n de Mar&iacute;a y Javier le infundi&oacute; una perturbaci&oacute;n m&aacute;s acusada: esos afanes son miedos concretos, mientras que su ansiedad, como digo, es abstracta. Quise recurrir a los estoicos, tan en boga, para despejar esa inquietud; pero la misma inquietud (tan l&uacute;cida, y por eso m&aacute;s peligrosa) me replic&oacute; que el estoicismo no ofrece una soluci&oacute;n, sino un placebo: &uacute;nicamente podr&iacute;a no preocuparme por lo que no controlo, si pudiese esconderlo o aislarlo. Sin embargo, es obvio que nos afecta lo que no controlamos y as&iacute;, forzosamente, es lo que m&aacute;s nos desvela, puesto que nos precipita hacia una huida infinita: vivimos huyendo de lo incontrolable, cuanto aprendemos y hacemos persigue domar la huida <em>entre</em> la incertidumbre. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La zozobra de Mar&iacute;a y Javier tiene un car&aacute;cter abstracto porque los &uacute;ltimos acontecimientos geopol&iacute;ticos la alimentan, pero no le <em>dan forma:</em> es una respuesta pura a la incertidumbre pura, y el puro miedo a tener que acelerar la huida infinita que esta provoca. No procede de que las convicciones en las que creemos se est&eacute;n sustituyendo por otras que rechazamos; no la provocan las voluntades de poder que, ya sin disimulo, aspiran a la absolutizaci&oacute;n de sus decisiones; no la incentiva la abierta defensa de la mercantilizaci&oacute;n del bien com&uacute;n y la dignidad humana (Trump zahiriendo a Zelenski resume estas tres razones); sino de que reconocen que nos estamos abrasando en la inflexi&oacute;n hacia una nueva era y que, en tiempos tales, la mayor certeza es, precisamente, lo incierto (siempre lo es, pero ahora se intensifica). No les espanta qu&eacute; pasar&aacute; con el mundo, ni el nuevo mundo que se atisba (aunque fuera la pregunta compasiva con la que expresaron su preocupaci&oacute;n este domingo), sino <em>qu&eacute;</em> <em>pasar&aacute; con ellos, </em>con <em>su mundo,</em> en ese nuevo mundo. &iquest;C&oacute;mo encajar&aacute;n? &iquest;C&oacute;mo encajaremos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;acaso necesitamos encajar? Los mundos han ido sucedi&eacute;ndose durante los siglos, impuestos siempre mediante diversas violencias, m&aacute;s b&aacute;rbaras, m&aacute;s sofisticadas (por cierto, para los europeos lo in&eacute;dito es que, en esta inflexi&oacute;n, no ostentamos una primac&iacute;a destacada de esas violencias). Y en todas las &eacute;pocas, dentro de la intrahistoria que concibi&oacute; Unamuno, han vivido con plenitud personas que no encajaban o que no quer&iacute;an encajar en el sistema regente. Desde luego que necesitaremos <em>adaptarnos,</em> pero no necesitaremos <em>encajar </em>en el nuevo mundo que se avecina, porque la vida cotidiana, esa vida inmediata a la que dedicamos la m&aacute;s importante cuota de nuestro tiempo y que es la que ordena nuestro destino (salvo para la min&uacute;scula corte de los personajes hist&oacute;ricamente prominentes), apenas var&iacute;a, tanto para sus adeptos como para sus disidentes, cuando se modifican los reg&iacute;menes. En otras palabras, es muy probable que <em>nuestro mundo</em> se mantendr&aacute; igual o sustancialmente igual en el<em> nuevo mundo: </em>as&iacute; que, en buena medida, podemos anticipar, a un nivel b&aacute;sico, pero crucial y tranquilizador, <em>qu&eacute;</em> <em>pasar&aacute; con nosotros.</em> Esta es una certeza cierta, entre la certeza de lo incierto; es un silencio que queda ahogado en medio del bullicio, pero que est&aacute; ah&iacute; y que podemos encontrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; Mar&iacute;a y Javier me achaquen que estas reflexiones tambi&eacute;n act&uacute;an como un placebo y no como un remedio para su inquietud. No obstante, podr&aacute;n descubrir una diferencia sutil pero significativa con la tesis estoica, y que hace que estas reflexiones s&iacute; puedan esbozar, al menos, un principio de soluci&oacute;n: la diferencia que media entre la resignaci&oacute;n y la aceptaci&oacute;n. No les sugerir&eacute; que ignoren el cambio (un objetivo imposible, y por eso frustrante), sino que acepten que es la m&aacute;s segura de nuestras certezas (tal vez la &uacute;nica), la certeza de lo incierto; y ninguna certeza puede convertirse en fuente de resistencia y preocupaci&oacute;n. La ignorancia nos acomoda, la aceptaci&oacute;n nos dispone: los europeos no podemos seguir acomodados, sino que debemos disponernos. Les dir&eacute;, en fin, que no deben (debemos) preocuparnos por el cambio, sino por c&oacute;mo se dispondr&aacute;n (dispondremos) a <em>cambiar el cambio, </em>hacia su siguiente evoluci&oacute;n que, con rapidez cada vez m&aacute;s implacable, relevar&aacute; al que ahora empieza. No es tanto qu&eacute; <em>nos pasar&aacute;</em> en el nuevo mundo, sino qu&eacute; <em>haremos</em> en el nuevo mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, ojal&aacute; podamos recuperar, &iexcl;cuanto antes!, la saludable trivialidad de los verm&uacute;s de los domingos&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/haremos-nuevo-mundo_129_12098474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Mar 2025 17:56:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qué haremos en el nuevo mundo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿La hora de la motosierra?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hora-motosierra_129_12069446.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La disyuntiva que Elon Musk ha trazado entre burocracia y democracia me produce estupor. O, como m&iacute;nimo, debilita la confianza que pod&iacute;a depositar en sus decididas intenciones de optimizar la Administraci&oacute;n federal de Estados Unidos. No porque me oponga a esa reforma sist&eacute;mica que es inaplazable (extrapolo su pertinencia a Espa&ntilde;a), ni siquiera porque atisbe taimados intereses detr&aacute;s de sus movimientos; sino porque, m&aacute;s all&aacute; de met&aacute;foras populistas, que carecen de refinamiento intelectual, pero s&iacute; gozan de una atractiva eficacia comunicativa (la <em>motosierra,</em> de Milei), la ret&oacute;rica de Musk descubre una grosera desviaci&oacute;n conceptual que me conduce a sospechar, todav&iacute;a m&aacute;s, de sus objetivos. En otras palabras (y perm&iacute;tame que, por su expresividad sint&eacute;tica, recurra a las met&aacute;foras populistas): yo abogo por la motosierra (el debate de d&oacute;nde y c&oacute;mo se poda exige mucha m&aacute;s hondura), pero no porque la burocracia sea enemiga de la democracia. Todo lo contrario: la burocracia puede ser enemiga de muchas cosas (del fomento de la inteligencia cr&iacute;tica de los funcionarios, de la r&aacute;pida adaptabilidad que demandan el desarrollo econ&oacute;mico o los servicios p&uacute;blicos o, desde luego, de la santa paciencia de los administrados), pero es un presupuesto intr&iacute;nseco a la democracia. Nadie discute que la burocracia vierte externalidades negativas, pero, como ya advirti&oacute; Weber en <em>Econom&iacute;a y sociedad, </em>la burocracia es un instrumento civilizatorio (emperadores romanos como Augusto, Constantino o Justiniano lo tuvieron claro, tambi&eacute;n los Reyes Cat&oacute;licos cuando empezaron a construir el Estado Moderno frente a la disgregaci&oacute;n feudal); y lo es porque institucionaliza una metodolog&iacute;a que <em>promueve</em> <em>(garantiza</em> me suena demasiado tajante) que las Administraciones p&uacute;blicas decidan a trav&eacute;s de procedimientos reglados, motivados, neutrales e igualitarios, y no por los caprichos, gustos o l&oacute;gicas clientelares de quienes ejercen el poder. Frente a todos los que la vituperan como si fuera una m&aacute;quina de abuso u opresi&oacute;n (aunque a veces s&iacute; lo parezca de tortura), me confieso un defensor de la burocracia: y esta perspectiva, que enfoca la orientaci&oacute;n de la columna, determina que no quiera destruirla, sino mejorar el entramado burocr&aacute;tico del que, como pa&iacute;s, nos hemos dotado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las <em>grietas de la irresponsabilidad,</em> junto con la hiperregulaci&oacute;n y el acceso y permanencia en el empleo p&uacute;blico,<em> </em>son algunos de los principales defectos de nuestra burocracia. S&eacute; que no son exclusivos de las Administraciones espa&ntilde;olas, pero mi t&eacute;rmino de comparaci&oacute;n no son otros Estados, sino el ambicioso ideal. Son defectos constituyentes que, desde el n&uacute;cleo, permean y van erosionando al sistema en su conjunto, y por eso su peligro es m&aacute;s acusado. Empecemos con las tres <em>grietas de la irresponsabilidad </em>que vician el funcionamiento de nuestras Administraciones: el derecho de repetici&oacute;n, la presunci&oacute;n de veracidad y la opacidad sobre la fiscalizaci&oacute;n judicial. Tanto el primer instituto como el segundo figuran expresamente en nuestra legislaci&oacute;n, pero el primero se ignora (cuando su uso deber&iacute;a incrementarse) y el segundo se sobreexplota (cuando lo m&aacute;s saludable ser&iacute;a abolirlo). Quiz&aacute; muchos lectores no lo sepan, pero la Administraci&oacute;n puede repercutir a los empleados p&uacute;blicos, directamente, la responsabilidad que un ciudadano le exija por una decisi&oacute;n lesiva o fallida: explicado de forma sencilla, el funcionario que emiti&oacute; el tr&aacute;mite o la resoluci&oacute;n terminar&iacute;a pagando, de su propio bolsillo, el perjuicio que su actuaci&oacute;n indebida irrogue a un ciudadano. No conozco ni una sola ocasi&oacute;n en la que se haya usado este recurso, quiz&aacute; porque se impone un corporativismo que siempre menoscaba la aptitud y la responsabilidad; y, as&iacute;, &iquest;qui&eacute;n no estar&iacute;a tentado a comportarse de forma menos diligente si el erario sufragara sus errores o veleidades?
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, muchos lectores (por lo menos, todos los que en alg&uacute;n momento hayan recibido una multa) s&iacute; que estar&aacute;n familiarizados con la segunda <em>grieta, </em>la de la presunci&oacute;n de veracidad. No pretendo confrontar ahora nuestro modelo continental, que ha generado un sector singular del derecho para ordenar las relaciones entre la Administraci&oacute;n y sus administrados, con el anglosaj&oacute;n, en el que las reglas que rigen la litigaci&oacute;n de un particular contra la Administraci&oacute;n son sustancialmente id&eacute;nticas a las que le rigen cuando litiga contra otro particular. Pero s&iacute; que me parece preciso denunciar el despotismo que se instala en los agentes de la autoridad cuando les protege un precepto que completa, autom&aacute;ticamente, su falta de diligencia (&iexcl;Y mi palabra es la ley&hellip;!). Lo ilustrar&eacute; con un ejemplo: si usted, como particular, quiere interponer una demanda para reclamar una deuda, procurar&aacute; armarse de las <em>m&aacute;s amplias y exhaustivas</em> pruebas para que triunfe su tesis. A la Administraci&oacute;n, sin embargo, <em>puede</em> <em>bastarle</em> con el acta de infracci&oacute;n elaborada por sus agentes de la autoridad, sin que se acompa&ntilde;e de ninguna otra prueba: se la considera, por su condici&oacute;n subjetiva y no por su fundamento objetivo, m&aacute;s cre&iacute;ble. &iquest;No les parece una <em>grieta de la irresponsabilidad?</em> Y podr&iacute;a suturarse con una reforma legal que anulase esta v&iacute;a, por la que, en nuestra burocracia, se cuela su ant&iacute;tesis de la arbitrariedad.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo: &iquest;sabe usted cu&aacute;ntos procedimientos judiciales pierde la Administraci&oacute;n frente a los ciudadanos? Yo tampoco (o no, al menos, de un modo lo suficientemente accesible y abarcador). No es solo que el dise&ntilde;o de los recursos administrativos sea ingenuo (les atraviesa un complaciente sesgo de confirmaci&oacute;n que solo ralentiza y entorpece la impugnaci&oacute;n del administrado), sino que, adem&aacute;s, carecemos de una estad&iacute;stica con la que podamos se&ntilde;alar a los &oacute;rganos administrativos cuyas decisiones revocan los Tribunales de forma m&aacute;s constante. Las sucesivas memorias de la Agencia Tributaria revelan que viene perdiendo alrededor de la mitad de los juicios que afronta (lo que, francamente, permite imputarles una despiadada rapacer&iacute;a: disponen de la mejor informaci&oacute;n para acertar, y aun as&iacute; no aciertan), pero no he hallado el dato hom&oacute;logo en el Anuario Estad&iacute;stico de La Rioja (2024) o en la Memoria anual (2024) del Observatorio de la Ciudad del Ayuntamiento de Logro&ntilde;o. La transparencia es fuente de responsabilidad, lo que me convence de que nuestra burocracia ser&iacute;a m&aacute;s operativa y fiable si pudi&eacute;ramos conocer esa concreta informaci&oacute;n a la que he aludido: es evidente que, si el Gobierno de La Rioja o el Ayuntamiento de Logro&ntilde;o perdiesen m&aacute;s de la mitad de los juicios, como sucede con Hacienda, se les podr&iacute;a achacar un funcionamiento deficiente, una din&aacute;mica destructiva, incluso corrupta (en el sentido de deterioro de la burocracia), lo que, siquiera por c&aacute;lculo electoral, les empujar&iacute;a a corregirse. Y, si no lo hiciesen, entonces s&iacute;, ya agotadas otras alternativas m&aacute;s ponderadas (como, creo, las que he sugerido) y absolutamente hartos, me unir&iacute;a a los que se deleitan pensando con que ha llegado la hora de la motosierra.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hora-motosierra_129_12069446.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Feb 2025 12:20:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿La hora de la motosierra?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Javier Milei,Multas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sesgo de la unanimidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sesgo-unanimidad_129_12023124.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La democracia es el gobierno de la discrepancia: con independencia de sus variaciones, todas las definiciones de la democracia contienen esta tesis impl&iacute;citamente. Cuando se abdica de ejercer el <em>derecho a la discrepancia,</em> el sistema confunde consenso con unanimidad. El consenso es la aspiraci&oacute;n de cualquier dem&oacute;crata que admite la pluralidad y que pretende transformar la sociedad a trav&eacute;s de las ideas y del ejemplo personal y colectivo (solo el consenso propicia transformaciones profundas y duraderas), porque es el resultado de una suma de inquietudes libres. Sin embargo, la unanimidad es el delirio que trabajan por imponer los oligarcas de todo signo, porque es el resultado de una suma de docilidades cobardes. La democracia se debilita cuando desaparece la discrepancia (como controversia de pensamiento, nunca como antagonismo beligerante). Y ese debilitamiento se acent&uacute;a cuando las dos tensiones se cruzan y realimentan: cuando, al mismo tiempo, se rechaza el consenso activamente (no es <em>batalla cultural,</em> sino <em>cultura de la batalla)</em> y se persigue la unanimidad, siquiera pasivamente (nada m&aacute;s lampedusiano que la unanimidad).
    </p><p class="article-text">
        En una democracia cualquier pol&iacute;tica deber&iacute;a ser objeto de permanente debate, siempre con el prop&oacute;sito de alcanzar consensos (el debate, como fin en s&iacute; mismo,<em> </em>puede ser estimulante, diletante, pero en absoluto pr&aacute;ctico), incluso para reformar el consenso antes alcanzado (el consenso como forma de hacer pol&iacute;tica es el mejor legado, el mejor capital de la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola). Desgraciadamente, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, est&aacute;n sucedi&eacute;ndose movimientos pol&iacute;ticos, el <em>wokismo</em> y la <em>nueva derecha,</em> que, influyendo vertiginosamente en las din&aacute;micas post-II Guerra Mundial de una democracia liberal y de bienestar, han negado el debate con el otro, y as&iacute; han anulado radicalmente <em>la posibilidad</em> del consenso; quieren erigir una aceptaci&oacute;n un&aacute;nime de su canon r&iacute;gido, ubicuo, dogm&aacute;tico. Comparten una l&oacute;gica confesional que, quiz&aacute; precisamente por ello, les llena de una soberbia mesi&aacute;nica: no buscamos la verdad, sino que ya tenemos la verdad. Una l&oacute;gica de esta clase no solo revela pereza, sino falta de ambici&oacute;n: lo &uacute;ltimo que desea una inteligencia, para la que la verdad es objeto de permanente b&uacute;squeda, es hallar la verdad (una hip&oacute;tesis puramente especulativa, por cierto), ya que entonces su vitalidad se convertir&iacute;a en aburrimiento irremediablemente. &iexcl;Quiz&aacute; en lo que m&aacute;s coinciden el <em>wokismo </em>y la <em>nueva derecha </em>es en su af&aacute;n de aburrirnos intelectualmente, porque saben que solo as&iacute; puede llegar a &ldquo;entretenernos&rdquo; su teatralizaci&oacute;n vac&iacute;a! De todas formas, la dial&eacute;ctica polarizadora no es exactamente novedosa, sino que nos recuerda a la de la Reforma y la Contrarreforma del siglo XVI o a la de la Revoluci&oacute;n y Contrarrevoluci&oacute;n de los siglos XIX y la primera mitad del XX. La novedad radica, m&aacute;s bien, en la falta de creatividad del enfrentamiento: con sus aciertos y defectos, aquellos tuvieron la capacidad de inventar nuevos mundos, mientras que el presente no invoca imaginarios nuevos (o por lo menos yo no soy capaz de percibirlos, o quiz&aacute; me falta perspectiva hist&oacute;rica para evaluarlos), sino que recicla los pasados. Y, &eacute;ste es otro peligro que advierto, y contra el que me rebelo, puesto que la unanimidad triunfa m&aacute;s f&aacute;cilmente (y la democracia de progreso se erosiona) donde se ha agotado la creatividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n del decreto-ley <em>&oacute;mnibus</em> nos ha ofrecido una manifestaci&oacute;n de todo lo que he expuesto. En primer lugar, en cuanto a la forma: el giro de guion sobre la bocina, el pacto entre PSOE y Junts, fue tan poco sorprendente como los de esas series de Netflix que dise&ntilde;a su algoritmo y que nos aburren a efectos digitales, pero nos privan del asombro genuino de una idea (ojal&aacute; que brillante). En segundo lugar, en cuanto al fondo: parece que la opini&oacute;n m&aacute;s conspicua de todo el espectro ideol&oacute;gico se orquest&oacute; para apoyar el contenido de la norma, con lo que, salvo las voces ahogadas de un pu&ntilde;ado de disidentes, se ha hurtado a la opini&oacute;n p&uacute;blica <em>el</em> <em>ejercicio de su derecho a discrepar</em> de la bondad o conveniencia de la actualizaci&oacute;n de las pensiones con el IPC, del mantenimiento de las subvenciones al transporte p&uacute;blico o de las garant&iacute;as ofrecidas a los propietarios de viviendas okupadas. Confieso que yo discrepo de todas esas medidas, porque defiendo otras que, creo, dotar&iacute;an a Espa&ntilde;a de un modelo m&aacute;s pr&oacute;spero, igualitario y sostenible; medidas que, desde luego, no merec&iacute;an un aislamiento autom&aacute;tico, sino an&aacute;lisis y discusi&oacute;n y afirmaci&oacute;n o refutaci&oacute;n. Pero el veleidoso Gobierno de S&aacute;nchez ha manejado astutamente <em>el sesgo de la unanimidad</em> para brindarse una nueva etapa en su huida hacia adelante, mientras que la adocenada oposici&oacute;n de Feij&oacute;o se ha acomodado o dejado arrastrar para eludir su obligaci&oacute;n de tejer discrepancias hacia nuevos consensos. Aqu&iacute; radica la inconsistencia que ha contagiado el funcionamiento de nuestra democracia (puedo ser un ingenuo, pero nada mejora salvo que se compare con un ideal): en que, con independencia de la votaci&oacute;n que lo convalide, no podr&aacute; proclamarse que el decreto-ley se ha aprobado por consenso, porque sus medidas no se han pensado y debatido, porque la <em>disputa</em> solo ha gravitado alrededor de los tacticismos partidistas y no ha habido <em>controversia</em> sobre las medidas adoptadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la ausencia de propuestas alternativas a esas medidas, al menos en el foro de la opini&oacute;n p&uacute;blica con m&aacute;s alcance, revela c&oacute;mo la unanimidad arrasa la creatividad y c&oacute;mo, a la inversa pero simult&aacute;neamente, la falta de creatividad conduce a la unanimidad irrevocable. Cierto es que nuestros gobernantes se han acostumbrado a licitar la consultor&iacute;a de los planes estrat&eacute;gicos de sus Administraciones para esconder su incapacidad creativa y su falta de personalidad: su gusto por el letargo y la unanimidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sesgo-unanimidad_129_12023124.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Feb 2025 18:00:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El sesgo de la unanimidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Política,Democracia,Partidos Políticos]]></media:keywords>
    </item>
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