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    <title><![CDATA[elDiario.es - Isabel Ilzarbe López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/isabel-ilzarbe-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Isabel Ilzarbe López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Más allá del eslogan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/eslogan_129_12889309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Que vivimos tiempos extra&ntilde;os no se nos escapa a nadie. La realidad que nos rodea nos atropella y a veces no tenemos tiempo para analizar qu&eacute; ha pasado. Tampoco podemos tomarnos el tiempo necesario para desarrollar an&aacute;lisis detenidos sobre la situaci&oacute;n local, regional, estatal o internacional. Esto para una historiadora es especialmente duro: en nuestra profesi&oacute;n estamos acostumbrados a las reflexiones complejas, a cotejar m&uacute;ltiples fuentes y a aplicar distintos puntos de vista antes de lanzarnos a afirmar algo con cierta seguridad. &iquest;Se imaginan lo dif&iacute;cil que resulta intentar hacer esto con la &eacute;poca en la que nos ha tocado vivir cuando lo que prima es el exabrupto, la consigna?
    </p><p class="article-text">
        Nos gusta decir que estudiar Historia sirve, entre otras cosas, para desarrollar la capacidad del pensamiento cr&iacute;tico. Y es cierto: la necesidad del an&aacute;lisis complejo que requiere la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica solo pude cubrirse si hemos desarrollado esta capacidad. Sin embargo, es tan dif&iacute;cil hacerlo que a veces tendemos a encerrarnos en nuestro tema de investigaci&oacute;n y a salir de ah&iacute; lo m&iacute;nimo posible. Es nuestra zona de confort.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando los hechos recientes nos atropellan como un tren a toda velocidad, seguimos intentando que el pensamiento complejo prevalezca. A eso es a lo que he venido hoy: a intentar a&ntilde;adir informaci&oacute;n que, aunque est&aacute; ah&iacute;, estamos pasando por alto como sociedad en favor del slogan r&aacute;pido y, en ocasiones, sin fundamento. Es cierto que este espacio en el que escribo naci&oacute; con la intenci&oacute;n de hablar sobre historia de La Rioja e Historia de las Mujeres como temas centrales. Pero para poder hacer esto a veces hay que mirar m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras. Ya lo hice cuando intent&eacute; contar la Historia de Technion, y hoy intentar&eacute; hacerlo con la situaci&oacute;n actual de Venezuela.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del argumento que est&aacute; en boca de pol&iacute;ticas, periodistas y cientos de perfiles de redes sociales sobre lo bueno que es que caiga un dictador, la situaci&oacute;n en conjunto no es nada halag&uuml;e&ntilde;a. Est&eacute; de acuerdo o no, te guste o no el r&eacute;gimen que hasta hace nada encabezaba Maduro, la intervenci&oacute;n de Estados Unidos en el pa&iacute;s, bombardeo y secuestro del jefe del Estado mediante, responde a un regreso a ideas propias del siglo XIX y de las etapas m&aacute;s convulsas del XX. Me refiero, como estoy segura de que saben, a la Doctrina Monroe, pol&iacute;tica exterior de EE. UU. que advert&iacute;a a las potencias europeas no colonizar ni intervenir en Am&eacute;rica, a cambio de que EE. UU. no se involucrara en asuntos europeos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que empez&oacute; siendo una pol&iacute;tica defensiva ante una Europa que perdi&oacute; su dominio colonial sobre el continente acab&oacute; convirti&eacute;ndose con el tiempo en el argumentario que permiti&oacute; a Estados Unidos justificar sus distintas intervenciones en Am&eacute;rica Latina. Theodore Roosevelt ampli&oacute; la doctrina para permitir la intromisi&oacute;n del pa&iacute;s de la libertad si las naciones no se comportaban, previniendo la intervenci&oacute;n europea, lo que la convirti&oacute; en una herramienta de hegemon&iacute;a. De ah&iacute; las injerencias que durante el resto del siglo, especialmente en su segunda mitad, en el marco de la lucha contra el Comunismo o cualquier cosa que se le pareciera, desarroll&oacute; en Cuba, Rep&uacute;blica Dominicana, Hait&iacute;, Nicaragua, Panam&aacute;, Guatemala, Chile, Brasil o Bolivia.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente Donald Trump, el presidente del que se espera que reestablezca la Democracia pero que alent&oacute; el asalto al Capitolio cuando perdi&oacute; las elecciones, que es capaz de recortar derechos a las estadounidenses sin pesta&ntilde;ear y que capitanea una pol&iacute;tica atroz contra las personas migrantes, ha recuperado esta doctrina. No es que su intenci&oacute;n sea volver a 1823, sino m&aacute;s bien busca actualizarla. Nace as&iacute; la &ldquo;Doctrina Donroe&rdquo;, un gracios&iacute;simo juego de palabras entre &ldquo;Donald&rdquo; y &ldquo;Monroe&rdquo;. Este es el fundamento para la intervenci&oacute;n en Venezuela.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s divertido es que, en esta ocasi&oacute;n, ni siquiera ha intentado maquillar el asunto. Ha dicho claramente al mundo que el cimiento de este ataque a la soberan&iacute;a nacional venezolana es el acceso al petr&oacute;leo, que ser&aacute; Estados Unidos quien tutele la &ldquo;transici&oacute;n&rdquo; del pa&iacute;s, y que no prev&eacute;n convocar elecciones a corto plazo. Tampoco prev&eacute;n dejar el gobierno en manos de la oposici&oacute;n venezolana. Simple y llanamente, se han hecho con el control del Estado. Puede incluso que con apoyo interno, o puede que no.
    </p><p class="article-text">
        Estos hechos est&aacute;n sembrando un precedente muy peligroso: es posible intervenir en un tercer pa&iacute;s por la fuerza, descabezar el Estado y convertirlo en un t&iacute;tere que quedar&aacute; en tus manos el tiempo que t&uacute; consideres oportuno. Y ante esto, la Comunidad Internacional se mantiene en un limbo en el que parece no tener muy claro c&oacute;mo actuar. El Derecho Internacional parece que ya no sirve (algo que ya est&aacute;bamos teniendo claro con el caso del genocidio en Palestina), las organizaciones internacionales est&aacute;n atadas de pies y manos ante una agresi&oacute;n como esta. Todo ello sin saber muy bien qu&eacute; pasar&aacute; cuando el pa&iacute;s agredido sea otro. Porque si no lo detenemos ahora, cualquiera est&aacute; en peligro.
    </p><p class="article-text">
        Y, mientras todo esto sucede, la ciudadan&iacute;a se enzarza en discusiones basadas en &ldquo;es bueno que caiga un dictador, sea como sea la ca&iacute;da&rdquo;, &ldquo;mejor eso que el comunismo&rdquo;, &ldquo;no ten&eacute;is ni idea&rdquo; o &ldquo;los comunistas/rojos recib&iacute;s paguitas y por eso habl&aacute;is as&iacute;&rdquo;. Por cierto, esta &uacute;ltima me encanta, ya que tambi&eacute;n aplica cambiando comunista o rojo por feminista. Claro, cada vez que la escucho pienso que alguien se est&aacute; quedando con mi &ldquo;paguita&rdquo; y me da mucha rabia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Al margen del chascarrillo, me preocupa que esta sea la respuesta de buena parte de la sociedad ante lo que se perfila como una amenaza para el mundo entero. Como dec&iacute;a al principio, hechos como los que estamos presenciando y viviendo requieren de un an&aacute;lisis mucho m&aacute;s sosegado y complejo del que nos permiten los discursos pol&iacute;ticos actuales y las redes sociales. Tal vez sea el momento de que historiadores e historiadoras intentemos tomar parte, incluso nos posicionemos y generemos un debate que vaya m&aacute;s all&aacute; del titular facil&oacute;n. Ser&aacute; dif&iacute;cil, pero la humanidad nos va en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/eslogan_129_12889309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jan 2026 18:54:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Más allá del eslogan]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Venezuela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El martillo que machacó a las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/martillo-machaco-mujeres_129_12736676.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante siglos hemos arrastrado un error hist&oacute;rico que Hollywood y la cultura popular se han encargado de perpetuar con entusiasmo digno de mejor causa: la imagen de la Edad Media como una &eacute;poca oscura dominada por la hoguera y la caza de brujas. Pues bien, tengo noticias: la realidad es bastante m&aacute;s aburrida. La Inquisici&oacute;n medieval, esa instituci&oacute;n que tanto terror nos inspira retrospectivamente, apenas perdi&oacute; el tiempo con brujas y hechiceros. Para los inquisidores del medievo, la brujer&iacute;a era una superstici&oacute;n m&aacute;s bien rid&iacute;cula, cosa de pueblerinos cr&eacute;dulos. Los verdaderos enemigos &mdash;c&aacute;taros, valdenses, templarios&mdash; requer&iacute;an atenci&oacute;n seria. Las ancianas que vend&iacute;an p&oacute;cimas de amor o los curanderos rurales quedaban fuera del radar eclesi&aacute;stico, demasiado ocupado persiguiendo herej&iacute;as de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Todo cambi&oacute; a finales del siglo XV, cuando dos dominicos alemanes con demasiado tiempo libre, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, publicaron en 1487 el <em>Malleus Maleficarum</em>, el temible &ldquo;Martillo de las brujas&rdquo;. Y vaya si martillearon. Este manual de caza de brujas transform&oacute; lo que hab&iacute;a sido una preocupaci&oacute;n marginal en una obsesi&oacute;n continental. El libro codific&oacute; la brujer&iacute;a como herej&iacute;a suprema, estableci&oacute; procedimientos de interrogatorio y tortura con meticulosidad germ&aacute;nica, y sobre todo, feminiz&oacute; el crimen: las brujas eran mujeres porque las mujeres, seg&uacute;n los autores, eran m&aacute;s d&eacute;biles y propensas a la corrupci&oacute;n diab&oacute;lica. Misoginia con sello eclesi&aacute;stico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra se convirti&oacute; en un bestseller gracias a la imprenta &mdash;iron&iacute;a hist&oacute;rica donde las haya&mdash; y extendi&oacute; su veneno por toda Europa. As&iacute; comenz&oacute; la verdadera caza de brujas, no en los castillos medievales que imaginamos, sino en pleno Renacimiento, en los albores de la modernidad. La &eacute;poca que nos trajo el humanismo tambi&eacute;n desat&oacute; una de las persecuciones m&aacute;s crueles de la historia occidental.
    </p><p class="article-text">
        El contagio de la histeria fue fulminante. En el norte de Italia, Alemania y los Alpes suizos, pueblos enteros quedaron diezmados por las acusaciones. Bastaba que una mujer fuera denunciada bajo tortura para que se&ntilde;alara a otras, desencadenando una reacci&oacute;n en cadena imparable. En Tr&eacute;veris, entre 1581 y 1593, fueron ejecutadas m&aacute;s de trescientas personas; en Bamberg, seiscientas entre 1623 y 1633. N&uacute;meros de esc&aacute;ndalo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La locura atraves&oacute; los Pirineos y arraig&oacute; en el Pa&iacute;s Vasco y Navarra, donde la creencia en los akelarres &mdash;esas reuniones nocturnas con el diablo que tanto juego han dado al folclore&mdash; estaba profundamente enraizada. Fue precisamente all&iacute;, en nuestra tierra, en Logro&ntilde;o, donde en 1610 se celebr&oacute; el auto de fe m&aacute;s c&eacute;lebre de la historia espa&ntilde;ola de la brujer&iacute;a: once condenados fueron relajados al brazo secular, seis quemados en efigie por haber muerto en prisi&oacute;n &mdash;mal negocio para el espect&aacute;culo&mdash;, y otros cinco ardieron vivos ante miles de espectadores. Un sainete macabro que marcar&iacute;a un punto de inflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque aqu&iacute; viene lo parad&oacute;jico: la Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola, con toda su fama de sanguinaria, result&oacute; ser sorprendentemente ben&eacute;vola en materia de brujer&iacute;a comparada con sus hom&oacute;logas europeas. Mientras en Alemania, Suiza o Francia las hogueras consum&iacute;an a decenas de miles de acusados &mdash;entre 40.000 y 60.000 personas en toda Europa&mdash;, en Espa&ntilde;a las cifras son casi modestas. La Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola ejecut&oacute; entre 300 y 400 personas por brujer&iacute;a en toda su historia, una fracci&oacute;n m&iacute;nima comparada con las aproximadamente 25.000 ejecutadas por herej&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s revelador a&uacute;n: tribunales civiles protestantes como los de Escocia ejecutaron proporcionalmente diez veces m&aacute;s brujas que nuestro Santo Oficio. Tras el auto de Logro&ntilde;o, el inquisidor Alonso de Salazar Fr&iacute;as &mdash;h&eacute;roe discreto de esta historia&mdash; llev&oacute; a cabo una exhaustiva investigaci&oacute;n sobre los supuestos akelarres navarros. Su informe, un prodigio de escepticismo racionalista para la &eacute;poca, concluy&oacute; que no hab&iacute;a pruebas reales de brujer&iacute;a y que las confesiones eran producto del miedo y la tortura. Sentido com&uacute;n, vaya. A partir de entonces, la Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola adopt&oacute; una postura cada vez m&aacute;s esc&eacute;ptica, exigiendo pruebas materiales imposibles de obtener. Lo que en otros pa&iacute;ses era condena de muerte aqu&iacute; quedaba en poco m&aacute;s que penitencias menores.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la persecuci&oacute;n de brujas se escond&iacute;a tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n econ&oacute;mica que conviene no olvidar. Las viudas constitu&iacute;an un porcentaje desproporcionado entre las acusadas, y no por casualidad. Estas mujeres representaban una anomal&iacute;a en el orden patriarcal: viv&iacute;an sin tutela masculina, a menudo heredaban propiedades o negocios, y pod&iacute;an tomar decisiones independientes. Su autonom&iacute;a las convert&iacute;a en blanco perfecto de vecinos codiciosos, parientes resentidos por no haber heredado, o comunidades que ve&iacute;an con recelo a estas figuras dif&iacute;cilmente clasificables. La acusaci&oacute;n de brujer&iacute;a se convirti&oacute; as&iacute; en un mecanismo de control y redistribuci&oacute;n de la riqueza: una vez condenada, los bienes de la bruja eran confiscados. No es exagerado afirmar que la caza de brujas funcion&oacute;, en muchos casos, como un sistema de expropiaci&oacute;n legal de mujeres econ&oacute;micamente vulnerables pero jur&iacute;dicamente inc&oacute;modas. Pr&aacute;ctico.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima condena por brujer&iacute;a de la Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola es tan tard&iacute;a como reveladora. Ocurri&oacute; en 1781 &mdash;s&iacute;, casi en tiempos de Goya&mdash;, cuando Mar&iacute;a Dolores L&oacute;pez, una humilde curandera sevillana conocida como &ldquo;la Hechicera de Dos Hermanas&rdquo;, fue procesada por pacto diab&oacute;lico y sortilegios. Ten&iacute;a 64 a&ntilde;os y llevaba d&eacute;cadas gan&aacute;ndose la vida con remedios de hierbas y palabras susurradas. La sentencia fue extraordinariamente benigna: doscientos azotes, destierro temporal y abjuraci&oacute;n p&uacute;blica. Ni hoguera ni tormento; apenas un castigo simb&oacute;lico en una Europa ya ilustrada donde Voltaire llevaba d&eacute;cadas burl&aacute;ndose de la superstici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1783, la Inquisici&oacute;n dictar&iacute;a su &uacute;ltima disposici&oacute;n formal sobre brujer&iacute;a, prohibiendo definitivamente los procesamientos por considerarlos fruto de &ldquo;ignorancia y superstici&oacute;n&rdquo;. Mor&iacute;a as&iacute;, entre bostezos racionalistas, una obsesi&oacute;n que hab&iacute;a consumido vidas durante tres siglos, no con el estruendo de las llamas sino con el susurro vergonzante de quien reconoce haber perseguido fantasmas. Mejor tarde que nunca, supongo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/martillo-machaco-mujeres_129_12736676.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 12:14:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El martillo que machacó a las mujeres]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Controlar el cuerpo de las mujeres: la batalla por el aborto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/controlar-cuerpo-mujeres-batalla-aborto_129_12681532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No es casualidad que cada vez que se avanza en derechos reproductivos emerjan nuevas argumentaciones pseudocient&iacute;ficas para frenarlos. La m&aacute;s reciente es el llamado &ldquo;s&iacute;ndrome post aborto&rdquo;, una invenci&oacute;n sin respaldo en la comunidad cient&iacute;fica internacional que viene a reactualizar una vieja estrategia: convencer a las mujeres de que su propio cuerpo es su enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Para entender esta batalla, conviene echar la vista atr&aacute;s, y para eso tenemos este espacio. En la Roma antigua, el aborto era una pr&aacute;ctica frecuente y, sobre todo, legal. Las decisiones sobre la reproducci&oacute;n reca&iacute;an fundamentalmente en el <em>pater familias</em>, no en cuestiones morales abstractas. El Derecho Romano no castigaba el aborto porque consideraba que la vida del feto no era vida humana en el sentido jur&iacute;dico: la potestas paterna sobre la familia inclu&iacute;a decisiones reproductivas. Lo que preocupaba a los legisladores romanos no era la moral reproductiva femenina, sino la propiedad patrimonial.
    </p><p class="article-text">
        Durante la Edad Media, la Iglesia fue construyendo gradualmente un discurso condenatorio, pero incluso entonces la realidad era m&aacute;s compleja que la doctrina. Se debat&iacute;a cu&aacute;ndo entraba el alma en el feto (la famosa &ldquo;animaci&oacute;n&rdquo;), y en muchos lugares la pr&aacute;ctica continuaba, especialmente en los primeros meses de embarazo. As&iacute;, los sucesivos concilios en los que se trat&oacute; el tema incidieron en la pena de excomuni&oacute;n para aquellas mujeres que interrumpieran su embarazo, hacia quienes les ayudasen&hellip; Y para los cl&eacute;rigos que administraban remedios abortivos. Ya en la Edad Moderna se equipar&oacute;, desde el punto de vista moral, con el homicidio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante de este recorrido hist&oacute;rico es lo que revela: el cambio en la valoraci&oacute;n moral del aborto coincide exactamente con transformaciones en la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica y social que hicieron necesario controlar m&aacute;s estrictamente los cuerpos y la reproducci&oacute;n de las mujeres. La acumulaci&oacute;n de capital requer&iacute;a mano de obra. El aborto, permitido en contextos donde la reproducci&oacute;n era una cuesti&oacute;n privada o familiar, se criminaliz&oacute; cuando el Estado necesit&oacute; asegurar poblaciones &uacute;tiles para sus prop&oacute;sitos.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo XIX, cuando el movimiento feminista comienza a organizarse en torno a los derechos reproductivos, emergen argumentaciones sobre los supuestos da&ntilde;os f&iacute;sicos y mentales del aborto. Estas &ldquo;pruebas cient&iacute;ficas&rdquo; eran tan s&oacute;lidas entonces como lo es hoy el s&iacute;ndrome post aborto: inexistentes. Sin embargo, serv&iacute;an al mismo prop&oacute;sito: patologizar las decisiones de las mujeres sobre sus propios cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se ha presentado recientemente como una &ldquo;investigaci&oacute;n&rdquo; sobre el s&iacute;ndrome post aborto es precisamente eso: una estrategia discursiva sin fundamento. Las organizaciones de salud mental internacionales, la Academia Americana de Psiquiatr&iacute;a, la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, ninguna respalda esta categor&iacute;a diagn&oacute;stica. Los estudios rigurosos muestran que las mujeres que abortan no experimentan secuelas psicol&oacute;gicas diferentes a las de mujeres que llevan el embarazo a t&eacute;rmino, excepto en contextos donde el estigma, las restricciones legales o la falta de apoyo psicosocial crean verdaderos problemas emocionales.
    </p><p class="article-text">
        Lo nuevo no es la ciencia presentada, por ejemplo, en Madrid: es la audacia de inventarla sin molestarse en disimular.
    </p><p class="article-text">
        Porque eso es lo que est&aacute; en juego: la capacidad hist&oacute;rica del patriarcado para presentar como naturales, biol&oacute;gicas e inevitables las restricciones que impone sobre los cuerpos y las decisiones de las mujeres. Primero fue la &ldquo;naturaleza femenina&rdquo; que nos confinaba al hogar. Luego fue la &ldquo;inestabilidad emocional&rdquo; que nos imped&iacute;a votar. Ahora es el &ldquo;s&iacute;ndrome post aborto&rdquo; que nos impide decidir sobre nuestras propias vidas reproductivas.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia es siempre la misma: medicalizar lo que es esencialmente una batalla pol&iacute;tica. Convertir en &ldquo;problema de salud&rdquo; lo que es un conflicto de poder. As&iacute; se consigue algo valioso: que la restricci&oacute;n de derechos aparezca como un cuidado m&eacute;dico responsable, y que quienes se resisten aparezcan como irresponsables o negacionistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia ense&ntilde;a. La antig&uuml;edad romana se preguntaba por la propiedad y el patrimonio. La Iglesia medieval se preguntaba por la salvaci&oacute;n de almas. El siglo XIX se preguntaba c&oacute;mo asegurar poblaciones. Hoy, en pleno siglo XXI, seguimos pregunt&aacute;ndonos lo mismo de siempre: c&oacute;mo controlar la sexualidad y la capacidad reproductiva de las mujeres. Cuando vemos emerger nuevas &ldquo;pruebas cient&iacute;ficas&rdquo; precisamente en los momentos en que se avanzan derechos, no estamos ante ciencia: estamos ante pol&iacute;tica disfrazada. Y cuando vemos que esas &ldquo;pruebas&rdquo; contradicen la evidencia de organismos internacionales de salud, lo que vemos es un inter&eacute;s que va m&aacute;s all&aacute; de la medicina.
    </p><p class="article-text">
        Solo que ahora lo hacemos con m&aacute;s sofisticaci&oacute;n discursiva. Y eso, quiz&aacute;, es lo m&aacute;s peligroso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/controlar-cuerpo-mujeres-batalla-aborto_129_12681532.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 10:33:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Controlar el cuerpo de las mujeres: la batalla por el aborto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Aborto,mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acción de gracias, un santo recaudador de impuestos y la vendimia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/accion-gracias-santo-recaudador-impuestos-vendimia_129_12621123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando cada septiembre las calles de Logro&ntilde;o se llenan de m&uacute;sica, degustaciones y el bullicio caracter&iacute;stico de las Fiestas de San Mateo, no todos saben que est&aacute;n reviviendo una tradici&oacute;n que hunde sus ra&iacute;ces en los pergaminos medievales del siglo XI. La actividad comercial en Logro&ntilde;o exist&iacute;a ya antes de que Alfonso VI pusiera por escrito su famoso fuero en 1095, aprovechando la privilegiada posici&oacute;n de la villa en el Camino de Santiago, donde mercaderes y peregrinos se deten&iacute;an naturalmente para el intercambio de bienes. Lo que hizo aquel documento no fue crear el mercado, sino oficializarlo y darle un marco jur&iacute;dico s&oacute;lido que protegiera tanto a comerciantes como a la propia villa.
    </p><p class="article-text">
        El fuero de 1095, un precioso documento escrito en lat&iacute;n, no instaur&oacute; los mercados, sino que los regulariz&oacute;, estableciendo las bases legales para que el intercambio comercial que ya se produc&iacute;a de forma espont&aacute;nea pudiera desarrollarse con seguridad jur&iacute;dica. Alfonso VI concedi&oacute; a sus vecinos la &ldquo;ingenuidad de sus bienes y la libertad de sus personas&rdquo;, permiti&eacute;ndoles &ldquo;comprar y vender libremente tanto bienes muebles como inmuebles&rdquo;. Era un reconocimiento oficial de una realidad comercial preexistente, pero tambi&eacute;n una apuesta de futuro que transformar&iacute;a definitivamente el car&aacute;cter de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Un siglo despu&eacute;s, el 7 de febrero de 1195, Alfonso VIII dio un paso m&aacute;s con la concesi&oacute;n del privilegio de celebraci&oacute;n de ferias. Este documento no solo confirmaba la tradici&oacute;n comercial ya consolidada, sino que la elevaba a una nueva categor&iacute;a al eximir a los comerciantes de pagar impuestos durante la feria anual. De los dos grandes mercados anuales que se celebraban, el m&aacute;s importante ten&iacute;a lugar en el d&iacute;a de Acci&oacute;n de gracias, en septiembre, cuando los riojanos agradec&iacute;an las cosechas recogidas con actos religiosos. Esta combinaci&oacute;n de comercio, religiosidad y celebraci&oacute;n de la abundancia encontr&oacute; en San Mateo, el antiguo recaudador convertido en santo, su s&iacute;mbolo perfecto.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de septiembre para la gran feria no era casual: era el momento &oacute;ptimo cuando las cosechas estaban recogidas, los graneros llenos, y los caminos a&uacute;n permit&iacute;an el tr&aacute;nsito seguro antes de la llegada del invierno. Los mercaderes pod&iacute;an ofrecer los productos de la tierra junto a las mercanc&iacute;as que tra&iacute;an de sus largos viajes, mientras los lugare&ntilde;os dispon&iacute;an de recursos frescos para adquirir lo que necesitaran para los meses fr&iacute;os. El agradecimiento religioso por los frutos obtenidos se mezclaba naturalmente con la actividad mercantil, creando esa atm&oacute;sfera festiva que caracteriza hasta hoy nuestras celebraciones.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; el tiempo, las fiestas se siguieron celebrando y fueron evolucionando. As&iacute;, el salto definitivo hacia la configuraci&oacute;n moderna de los <em>Sanmateos</em> se produjo en 1957, cuando por primera vez se celebraron oficialmente como &ldquo;Fiestas de la Vendimia y de San Mateo&rdquo;. Esta transformaci&oacute;n no fue casual: se trataba de potenciar la identidad riojana vinculada al vino, conectando la antigua tradici&oacute;n del d&iacute;a de Acci&oacute;n de gracias con el momento &aacute;lgido de la cosecha de la uva. El ritual festivo se organiz&oacute; en torno al pisado de la uva y al desfile de carrozas homenajeando al mundo del vino, manteniendo los elementos tradicionales, pero a&ntilde;adiendo la dimensi&oacute;n espec&iacute;ficamente vin&iacute;cola que caracteriza incluso hoy en d&iacute;a a La Rioja. As&iacute;, las fiestas medievales de agradecimiento por las cosechas se reinventaron como celebraci&oacute;n espec&iacute;fica de la vendimia, sin perder su esencia de festividad de la abundancia y la gratitud.
    </p><p class="article-text">
        Las actuales Fiestas de San Mateo no son, por tanto, una invenci&oacute;n moderna ni el resultado de una decisi&oacute;n administrativa medieval aislada, sino la evoluci&oacute;n natural de una actividad comercial que se desarroll&oacute; org&aacute;nicamente durante siglos. La tradici&oacute;n que se inici&oacute; de forma espont&aacute;nea en los primeros tiempos del Camino de Santiago logr&oacute; institucionalizarse gracias a los fueros y privilegios reales, adaptarse a los cambios hist&oacute;ricos, y pervivir hasta nuestros d&iacute;as manteniendo su esencia: la celebraci&oacute;n comunitaria del intercambio, la abundancia y el agradecimiento por lo recibido.
    </p><p class="article-text">
        Dicho todo ello, solo espero que disfruten de las Fiestas de San Mateo, que no cometan muchos excesos y que no se olviden de que mientras aqu&iacute; celebramos la vida, la vendimia y la abundancia, en Gaza sigue el genocidio del pueblo palestino.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/accion-gracias-santo-recaudador-impuestos-vendimia_129_12621123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 08:11:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Acción de gracias, un santo recaudador de impuestos y la vendimia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[San Mateo,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién mató al rey?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mato-rey_129_12561681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        1 de septiembre de 1054, inmediaciones de Atapuerca. Los ej&eacute;rcitos de los reyes hermanos Fernando I de Le&oacute;n y Castilla y Garc&iacute;a S&aacute;nchez III, el de N&aacute;jera, se enfrentan en una batalla cuyo resultado marcar&aacute; los devenires de ambos reinos en los siguientes a&ntilde;os. Las causas del enfrentamiento parecen ser las disputas sobre parte de los territorios castellanos, aunque algunas fuentes no muy afines a don Garc&iacute;a nos hablan de la envidia que este ten&iacute;a hacia el piadoso don Fernando. En todo caso, todos los que no son hijos &uacute;nicos han tenido alg&uacute;n roce con sus hermanos y hermanas, solo que en la Edad Media las cosas se resolv&iacute;an de otra manera. Como resultado del enfrentamiento, el rey pamplon&eacute;s muere. Y es aqu&iacute; donde empieza el problema del que hablaremos hoy. No s&eacute; si podr&iacute;amos considerar esta columna como un true crime, pero supongo que va a ser algo muy parecido. Sabemos ya que el rey ha muerto, pero&hellip; &iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; al rey? Acomp&aacute;&ntilde;enme en esta investigaci&oacute;n para saber si seremos capaces de encontrar al culpable.
    </p><p class="article-text">
        Existen varias versiones sobre los hechos, todas ellas escritas tiempo despu&eacute;s de los acontecimientos que narran. Esto supone un primer problema, ya que no sabemos hasta qu&eacute; punto nos est&aacute;n contando la verdad, una media verdad o un relato inventado con alg&uacute;n fin concreto que va m&aacute;s all&aacute; de dar una explicaci&oacute;n a este misterio. Para empezar, las dividiremos en tres grandes bloques seg&uacute;n qui&eacute;nes son los acusados.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n m&aacute;s antigua y repetida es la que cuenta que unos caballeros de origen leon&eacute;s aprovecharon el fragor de la batalla para acabar con el pamplon&eacute;s. As&iacute;, vengaron la muerte del rey Bermudo III de Le&oacute;n, hermano de la esposa de Fernando I, do&ntilde;a Sancha, en Tamar&oacute;n. Seg&uacute;n la Legionense (anteriormente conocida como la Silense), &ldquo;estos militares, siendo en su mayor&iacute;a de la parentela del rey Bermudo, cuando se percatan del vivo deseo de su se&ntilde;or de coger vivo a su hermano m&aacute;s bien que muerto, seg&uacute;n creo por instigaci&oacute;n de la reina Sancha [nota de la autora: mujer ten&iacute;a que ser&hellip;], anhelaban singularmente vengar por s&iacute; la com&uacute;n sangre.&rdquo; Entre otras fuentes medievales, la Cr&oacute;nica Najerense narra exactamente la misma versi&oacute;n. Tiempo despu&eacute;s, ya en el siglo XV y fuera del &aacute;mbito pol&iacute;tico castellano, la Cr&oacute;nica de los reyes de Navarra del Pr&iacute;ncipe de Viana recoger&aacute; de nuevo este relato.
    </p><p class="article-text">
        Parece convincente, pero contiene numerosos matices que merecen nuestra atenci&oacute;n (sin descartar que contenga una carga de realidad hist&oacute;rica). El m&aacute;s importante, se trata de obras cuyos intereses son claramente pro-castellanos. En este sentido, no sorprende que, seg&uacute;n sus autores, estos hombres actuasen en contra del deseo del rey de Le&oacute;n y Castilla de prender a su hermano con vida.
    </p><p class="article-text">
        Hay otros sospechosos: unos caballeros navarros descontentos con su rey. Algunos autores, como el arzobispo Rodrigo Xim&eacute;nez de Rada en De Rebus Hispaniae, nos cuentan que esta sublevaci&oacute;n comienza cuando Garc&iacute;a el de N&aacute;jera rechaza la propuesta de paz que su hermano le hizo llegar a trav&eacute;s de sus embajadores. A&ntilde;ade, adem&aacute;s que esto ya estaban muy enfadados por las acciones previas del rey pamplon&eacute;s. As&iacute;, el nivel dram&aacute;tico se incrementa notablemente con la adici&oacute;n de la &ldquo;traici&oacute;n&rdquo; de dos magnates navarros que deciden abandonar a su rey y pasar a formar parte de las filas enemigas. En este caso, adem&aacute;s, se va a producir una hibridaci&oacute;n de dos versiones que viene a reforzar la imagen negativa de Garc&iacute;a S&aacute;nchez III, que ahora ha muerto a manos de sus propios hombres. Ha desaparecido cualquier menci&oacute;n hacia el deseo de revancha de do&ntilde;a Sancha, al menos en esta versi&oacute;n, y los leoneses, con su avance en medio de la batalla hasta la posici&oacute;n del soberano pamplon&eacute;s, han pasado a ser los meros precursores de la venganza de los navarros. De nuevo, este relato se repetir&aacute; en otras fuentes: tanto la Estoria de Alfonso X como la Cr&oacute;nica de Castilla mantendr&aacute;n esta versi&oacute;n de la muerte del rey a manos de los dos navarros desheredados.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n parece convincente, pero de nuevo plantea problemas. El primero de ellos es el tiempo transcurrido entre estas versiones y la anterior. Hay que tener en cuenta que han pasado pr&aacute;cticamente dos siglos, y eso es tiempo m&aacute;s que suficiente para que el relato de los hechos se deforme. Piensen en el juego del tel&eacute;fono escacharrado e imaginen qu&eacute; pasar&iacute;a si lo alargamos casi 200 a&ntilde;os. Adem&aacute;s, la adici&oacute;n de estos dos personajes navarros vendr&iacute;a a reforzar la imagen negativa de don Garc&iacute;a y la positiva de don Fernando, tendencia que se ven&iacute;a desarrollando desde hac&iacute;a mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Y llegamos as&iacute; a la tercera versi&oacute;n. Se trata de la que menos &eacute;xito tuvo en &eacute;poca medieval, ya que solo aparece recogida en una &uacute;nica fuente, pero que tuvo un largo recorrido en momentos posteriores. Seg&uacute;n los Anales Compostelanos, el regicida fue un &uacute;nico caballero pamplon&eacute;s que, aprovechando el fragor de la batalla, se veng&oacute; del rey don Garc&iacute;a despu&eacute;s de que este hubiera deshonrado a su esposa.
    </p><p class="article-text">
        Podemos apreciar el &eacute;xito a medio plazo de esta &uacute;ltima versi&oacute;n en obras de car&aacute;cter cron&iacute;stico o recopilatorio de sucesos hist&oacute;ricos, como la Historia de los reyes de Castilla de Prudencio de Sandoval (por otra parte, uno de los grandes manipuladores del pasado), autor que otorga toda credibilidad a esta al considerarla &ldquo;muy verdadera y escrita en aquellos tiempos&rdquo;. Lo mismo puede leerse en otros vol&uacute;menes elaborados por Diego de Colmenares o Juan Ferreras, por ejemplo. Es m&aacute;s, cuando abandonamos las obras hist&oacute;ricas o recopilatorias y nos adentramos en la producci&oacute;n puramente literaria nos damos cuenta de que &eacute;sta ser&aacute; la versi&oacute;n predilecta de varios autores, que la desarrollar&aacute;n hasta l&iacute;mites insospechados para formular historias y narraciones cargadas de una gran emotividad. Y as&iacute; llegamos hasta la representaci&oacute;n de la batalla que hoy en d&iacute;a podemos ver en Atapuerca.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;por qu&eacute; una versi&oacute;n que solo aparece recogida en un &uacute;nico documento y que en su propia &eacute;poca fue ignorada ha sido la que ha llegado hasta nuestros d&iacute;as y ha provocado r&iacute;os de tinta? Una posible respuesta a esta cuesti&oacute;n la encontramos en la aplicaci&oacute;n de los principios de las ciencias cognitivas al estudio de la literatura y los procesos de creaci&oacute;n de memoria hist&oacute;rica. Seg&uacute;n estos, aquellos relatos o historias que nos conmueven al tratar emociones que todos somos capaces de reconocer quedan grabados con mayor facilidad en nuestra memoria, siendo as&iacute; m&aacute;s f&aacute;ciles de transmitir de individuo a individuo. Sin embargo, ello no implica que esta sea la versi&oacute;n m&aacute;s cercana a la realidad, sino que es la que m&aacute;s se ha repetido y la m&aacute;s conmovedora.
    </p><p class="article-text">
        Y con ello volvemos a la pregunta inicial: &iquest;qui&eacute;n mat&oacute; al rey? Seamos francos: no lo sabemos. Probablemente nunca lo sepamos con certeza, y esto es algo que a las historiadoras nos pasa m&aacute;s a menudo de lo que pueden pensar. Puede parecer frustrante, pero al mismo tiempo es hermoso. &iquest;Qu&eacute; mejor que un buen misterio hist&oacute;rico para dejar volar la imaginaci&oacute;n e invitarles a visitar Atapuerca por motivos que van m&aacute;s all&aacute; de lo puramente arqueol&oacute;gico?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mato-rey_129_12561681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 16:59:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Quién mató al rey?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No: no ha sido así siempre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-no-sido_129_12552746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No s&eacute; ustedes, pero yo cada vez llevo peor las olas de calor. No s&eacute; si es porque me estoy haciendo mayor (algo por otra parte indiscutible) o porque el tiempo hace que las memorias de nuestra infancia se dulcifiquen, pero recuerdo los veranos de cuando era peque&ntilde;a y adolescente y siento que no eran iguales. Yo que soy navarra, recuerdo Sanfermines en los que hab&iacute;a que salir con una chaqueta porque refrescaba mucho, y meses de agosto en los que si un d&iacute;a era especialmente caluroso siempre terminaba con una refrescante tormenta de verano. Incluso recuerdo pensar &ldquo;Madre m&iacute;a, hoy dan 35 grados&hellip; Qu&eacute; calor&rdquo;. Imag&iacute;nense mi sufrimiento interno cuando anuncian dos o tres d&iacute;as consecutivos con m&aacute;ximas de m&aacute;s de 39 grados, con una casa en la que se alcanzan los 30 grados en su interior y sin aire acondicionado.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo es un tema muy interesante, pero no hemos venido aqu&iacute; a hablar de la brecha energ&eacute;tica y sus consecuencias para aquellos que no se pueden permitir determinadas cosas. Aqu&iacute; venimos a hablar de historia, y es lo que vamos a hacer. De hecho, puede que muchas de las cosas que les voy a contar ya les suenen, pero a&uacute;n as&iacute; me voy a arriesgar.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que el clima ha cambiado a lo largo de la historia de la Tierra, much&iacute;simo m&aacute;s larga que la nuestra, que solo es un suspiro en el tiempo en comparaci&oacute;n con la antig&uuml;edad de este, nuestro planeta. Y entre todos estos cambios, subidas y bajadas de temperaturas medias, hay dos que me interesan especialmente como medievalista: la &ldquo;Peque&ntilde;a Edad de Hielo&rdquo; y el &ldquo;&oacute;ptimo clim&aacute;tico&rdquo;. Si hay alguno de mis estudiantes leyendo esto seguro que se acuerda y sabe lo que voy a decir sobre ello.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; significan exactamente estos t&eacute;rminos que tanto manejamos los historiadores? Perm&iacute;tanme que les explique de forma sencilla estos dos fen&oacute;menos que, aunque pueden sonar muy t&eacute;cnicos, tienen mucho que ver con la vida cotidiana de nuestros antepasados.
    </p><p class="article-text">
        El &Oacute;ptimo Clim&aacute;tico Medieval (siglos X-XIV) y la Peque&ntilde;a Edad de Hielo (siglos XIV-XIX) son dos conceptos fundamentales en la historia del clima desarrollados por paleoclimat&oacute;logos como Hubert Lamb (1965) y Fran&ccedil;ois Matthes (1939). El primero define un per&iacute;odo de temperaturas relativamente elevadas que favoreci&oacute; el crecimiento demogr&aacute;fico, las cosechas abundantes y la expansi&oacute;n urbana en Europa, aunque su extensi&oacute;n geogr&aacute;fica global sigue siendo debatida por la comunidad cient&iacute;fica. En realidad, estudios recientes han demostrado que este concepto solo ser&iacute;a aplicable al continente europeo, en el que incluso el cultivo de la vid se extendi&oacute; hacia el norte.
    </p><p class="article-text">
        La Peque&ntilde;a Edad de Hielo, que sigui&oacute; a este per&iacute;odo c&aacute;lido, se caracteriz&oacute; por un enfriamiento modesto (menos de 1&deg;C) pero significativo en el hemisferio norte, especialmente documentado entre 1550-1850, con efectos devastadores en la agricultura y la sociedad europea que fueron estudiados pioneramente por historiadores como Emmanuel Le Roy Ladurie y Brian Fagan. A pesar de lo &ldquo;modesto&rdquo;, a m&iacute; me llegaron a decir en el instituto que eso de ver en las pel&iacute;culas que la gente iba siempre muy abrigada respond&iacute;a a este enfriamiento.
    </p><p class="article-text">
        Como hemos visto, no se trata de fen&oacute;menos aplicables a todo el mundo, y ni siquiera est&aacute; claro c&oacute;mo manejarlos actualmente. Es una de las dificultades que plantea la interdisciplinaridad, tan necesaria por otra parte. A veces nos falta perspectiva para analizar en toda su amplitud un fen&oacute;meno clim&aacute;tico hist&oacute;rico, o resulta complicado entremezclar los datos de una y otra disciplina para comprender las consecuencias sociales y econ&oacute;micas que estos cambios supusieron para los hombres y mujeres de cada &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me crispa cuando en televisi&oacute;n o en redes sociales (sobre todo en redes sociales) a&uacute;n hay quien niega la crisis clim&aacute;tica en la que ya estamos inmersos alegando que &ldquo;siempre ha habido cambios en el clima&rdquo;. Como si el ser humano no tuviera nada que ver con ello. Como si fuera normal que los fen&oacute;menos clim&aacute;ticos a los que nos exponemos sean m&aacute;s extremos, o que las olas de calor sean m&aacute;s largas. O que pa&iacute;ses enteros est&eacute;n en riesgo de desaparecer bajo las aguas. O, sin irnos demasiado lejos, que los incendios cada vez sean m&aacute;s devastadores y acaben con grandes superficies forestales o pueblos enteros.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, parece que negar la mayor y utilizar la historia como argumento les funciona bien para eludir responsabilidades. Si no existe un cambio clim&aacute;tico completamente diferente a los anteriores, no es necesario tomar medidas adicionales. No hace falta prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a nuestros montes durante todo el a&ntilde;o, ni preocuparse por dise&ntilde;ar espacios p&uacute;blicos que en verano no se conviertan en un horno, ni disminuir las superficies de cemento o similares incluyendo cubierta vegetal o sistemas de refrigeraci&oacute;n en &aacute;reas urbanas. No hace falta crear refugios clim&aacute;ticos reales en barrios. No es necesario hacer nada para evitar que haya personas coci&eacute;ndose en sus casas sin posibilidad de huir.
    </p><p class="article-text">
        Lo que parece que no saben es que la historia no les da la raz&oacute;n, y lo que deber&iacute;an saber en determinados medios y plataformas es que dar voz a este tipo de discursos es igual de grave que hacerlo con un antivacunas o un se&ntilde;or o se&ntilde;ora que nos cuenta que el lim&oacute;n cura el c&aacute;ncer. Se trata de una cuesti&oacute;n de responsabilidad y de respeto hacia el trabajo de muchas investigadoras de diversas disciplinas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-no-sido_129_12552746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Aug 2025 15:44:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No: no ha sido así siempre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un planazo veraniego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/planazo-veraniego_129_12477211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La Rioja est&aacute; llena de planazos para aprovechar los ratos ociosos del verano. Uno de ellos, probablemente el m&aacute;s conocido (y que me perdonen todos los dem&aacute;s) son las <em>Cr&oacute;nicas Najerenses</em>. Estas representaciones, que se vienen llevando a cabo desde 1969 en torno a la festividad de Santiago Ap&oacute;stol, sea o no festivo en nuestra regi&oacute;n, tienen un origen muy similar al de otras recreaciones. Un a&ntilde;o antes de que comenzasen su andadura, cuando el historiador najerino Justiniano Garc&iacute;a Prado ley&oacute; su obra &ldquo;La Paloma y el Azor&rdquo;, basada en la historia de su ciudad y del rey Garc&iacute;a de N&aacute;jera. El entusiasmo que despert&oacute; entre los asistentes fue tal que decidieron convertir este guion en un espect&aacute;culo teatral para dar a conocer la historia medieval de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Estas representaciones recrean diversos momentos de la historia de N&aacute;jera, desde sus primeros pobladores berones hasta el esplendor del Reino de N&aacute;jera en el siglo XI. Adem&aacute;s, se han convertido en un evento de gran relevancia dentro y fuera de La Rioja, tal y como demuestran los galardones y reconocimientos que han recibido a lo largo de todo este tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, es un planazo. Seguro que est&aacute;n esperando a que ahora hable sobre lo que se representa, entre en detalles, valore&hellip; Sin embargo, como medievalista que una es, lo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n desde un primer momento es la relaci&oacute;n entre el nombre de estas representaciones y la <em>Cr&oacute;nica Najerense</em> del siglo XII. Por ello, no comentar&eacute; las <em>Cr&oacute;nicas</em>, sino la <em>Cr&oacute;nica</em>.
    </p><p class="article-text">
        No voy a enga&ntilde;arles: lo que tienen en com&uacute;n es el t&iacute;tulo. La <em>Cr&oacute;nica Najerense</em> es uno de esos textos que las historiadoras utilizamos como fuentes con cierto cuidado, porque no todo lo que contienen es real, pero que resultan indispensables en nuestro trabajo. No conocemos el nombre de sus autores, como ocurre con la mayor&iacute;a de las <em>Cr&oacute;nicas</em> medievales, pero sabemos que fue escrita por un monje de Santa Mar&iacute;a La Real hacia mediados del siglo XII (aproximadamente entre 1150-1160), que entonces era un priorato de la poderosa abad&iacute;a francesa de Cluny. Este primer dato ya resulta relevante en s&iacute; mismo, ya que el fundador, Garc&iacute;a el de N&aacute;jera, no ten&iacute;a en mente fundar un monasterio. Tal y como se&ntilde;al&oacute; Cantera Montenegro, es mucho m&aacute;s probable que su intenci&oacute;n fuese que este centro religioso funcionase como sede episcopal, para competir con la de Valpuesta y eliminar el influjo que esta sede castellana ten&iacute;a en sus territorios.
    </p><p class="article-text">
        Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de analizar el contenido de esta cr&oacute;nica es el momento en el que fue creada. La obra se inscribe en el contexto de las tensiones pol&iacute;ticas y religiosas de la &eacute;poca, cuando los monasterios riojanos buscaban mantener su posici&oacute;n e influencia tras la incorporaci&oacute;n del Reino de N&aacute;jera a la Corona de Castilla. Narra la historia de los reinos hisp&aacute;nicos desde una perspectiva particular, prestando especial atenci&oacute;n a los acontecimientos relacionados con N&aacute;jera y su regi&oacute;n. La obra abarca desde los tiempos visigodos hasta el siglo XII, pero dedica especial atenci&oacute;n al per&iacute;odo del Reino de N&aacute;jera y sus monarcas.
    </p><p class="article-text">
        Es en este punto donde se pone interesante. Al menos para m&iacute;, que he estudiado la creaci&oacute;n de la imagen negativa de don Garc&iacute;a. Volver&eacute; a hablar sobre el rey, pero de momento solo dejar&eacute; por aqu&iacute; unos detalles sobre el contenido de la <em>Cr&oacute;nica Najerense</em>. El texto nos presenta a un rey iracundo, enfrentado con su hermano Fernando I de Le&oacute;n y Castilla y con pr&aacute;cticamente toda su familia. No olvidemos que uno de los episodios en los que el autor de la cr&oacute;nica se recre&oacute; fue la acusaci&oacute;n de adulterio contra su madre, por la que tuvo que peregrinar a Roma para expiar su pecado. Por el contrario, Fernando aparece retratado como un buen rey, temeroso de Dios. Vamos, el hermano bueno.
    </p><p class="article-text">
        Esta caracterizaci&oacute;n poco favorable de Garc&iacute;a el de N&aacute;jera no parece ser casual. Los monasterios riojanos, especialmente los vinculados a Cluny como Santa Mar&iacute;a de N&aacute;jera, hab&iacute;an experimentado cambios significativos tras la anexi&oacute;n del reino navarro-pamplon&eacute;s por Castilla. En este contexto, presentar una imagen cr&iacute;tica del &uacute;ltimo gran rey najerino independiente podr&iacute;a responder a una estrategia pol&iacute;tica: justificar la integraci&oacute;n en Castilla y congraciarse con los nuevos se&ntilde;ores castellanos.
    </p><p class="article-text">
        De esta manera, la <em>Cr&oacute;nica Najerense</em> medieval no solo constituye una fuente hist&oacute;rica sobre el pasado de la regi&oacute;n, sino tambi&eacute;n un testimonio de las tensiones y adaptaciones pol&iacute;ticas de los monasterios riojanos en el siglo XII, que buscaban mantener su influencia y privilegios en el nuevo contexto pol&iacute;tico castellano. Esto va a ocurrir en otros cenobios, como San Mill&aacute;n de la Cogolla, donde tambi&eacute;n se har&aacute; un esfuerzo creativo para reforzar esa imagen negativa del &uacute;ltimo rey pamplon&eacute;s de la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y es as&iacute; como las historiadoras tenemos que trabajar: cuidando no creer a pies juntillas lo que nos cuentan las fuentes, contrastando las cr&oacute;nicas con otro tipo de documentos y, en caso de duda, no afirmando cosas sin tener pruebas suficientes. Es complicado, pero al mismo tiempo muy gratificante. Como les he comentado, volver&eacute; a hablar sobre este rey, que adem&aacute;s es mi favorito, pero eso ser&aacute; m&aacute;s adelante, cuando toque volver a hablar de otra representaci&oacute;n en la que aparece como uno de los protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, disfruten de los planazos del verano. Y cu&iacute;dense del calor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/planazo-veraniego_129_12477211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jul 2025 08:57:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un planazo veraniego]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Historia,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sangre impura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sangre-impura_129_12427953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El calor y el ciclo menstrual a veces no son buenos aliados. Parece claro que las altas temperaturas pueden influir en nuestro estado de &aacute;nimo, en la duraci&oacute;n y volumen del sangrado menstrual, e incluso en la severidad de los s&iacute;ntomas premenstruales. Lo que no creo que est&eacute; tan claro es si tiene alg&uacute;n efecto sobre la incomodidad que a&uacute;n hoy genera hablar en p&uacute;blico sobre ello. Porque asumo que puede que parte de ustedes est&eacute;n sinti&eacute;ndose inc&oacute;modos con el tema de hoy. Es normal, y no me voy a molestar si es as&iacute;. Al fin y al cabo, no estoy tan lejos de aquella &eacute;poca en la que ocultaba mis tampones de las miradas ajenas cuando necesitaba cambiarme en el instituto o en la facultad. Y eso que en mi entorno el tema se trataba con bastante naturalidad. Cosas de haber crecido rodeada de una amplia mayor&iacute;a de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, ese malestar generalizado ante cualquier conversaci&oacute;n que implique a la regla no es nada nuevo. De hecho, recientemente he tenido que preparar un texto acad&eacute;mico en el que hablo sobre este asunto, y no he podido resistirme a tratarlo hoy con ustedes. Porque si en este espacio vamos a hablar de historia de las mujeres es propio tambi&eacute;n hablar sobre c&oacute;mo los hombres han construido el discurso hegem&oacute;nico sobre lo que nos pasa cada mes. O m&aacute;s o menos cada mes.
    </p><p class="article-text">
        Somos herederas de una cultura muy concreta, salpicada de ideas que nacen en la antig&uuml;edad y evolucionan con las aportaciones del espectro judeo-cristiano. As&iacute;, si echamos la vista atr&aacute;s podemos encontrar a numerosos autores que hablaron sobre qu&eacute; es la menstruaci&oacute;n y por qu&eacute; se produce. La cuesti&oacute;n no es balad&iacute;: conocer este discurso nos ayuda a entender c&oacute;mo ha evolucionado la concepci&oacute;n social de la fisiolog&iacute;a femenina y c&oacute;mo se ha creado la idea de que este es un tema del que no se habla en p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos hacer un viaje al pasado muy largo en nuestra m&aacute;quina del tiempo particular en busca de testimonios sobre lo terrible que es la menstruaci&oacute;n, pero vamos a hacer una primera parada en la cultura jud&iacute;a antigua. Es cierto que pod&iacute;a mencionar aqu&iacute; a Plinio el Viejo, que consideraba que la sangre menstrual contaminaba la tierra y provocaba abortos en los animales, pero como no puedo detenerme en todos y cada uno de los se&ntilde;ores que hablaron sobre la regla, voy a centrarme en otros. Aunque he de reconocer que es muy sugerente pensar que aquello que me dec&iacute;a mi madre de que no pod&iacute;a ayudarle a trasplantar los geranios si estaba en esos d&iacute;as tiene alguna relaci&oacute;n con el bueno de Plinio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; nos encontramos con varias citas en el Antiguo Testamento que nos lo dejan claro. En Lev&iacute;tico 15:19-30 deja claro que &ldquo;La mujer que padece un derrame, trat&aacute;ndose de su sangre, permanecer&aacute; en su impureza por espacio de siete d&iacute;as.&rdquo; Asimismo, el hombre que toque o yazca con una mujer menstruante se contagiar&aacute; de esa impureza, que permanecer&aacute; en &eacute;l incluso varios d&iacute;as. Establece cu&aacute;l deb&iacute;a ser el ritual que la mujer deb&iacute;a realizar para limpiarse (implica el sacrificio de dos t&oacute;rtolas, as&iacute; que no entrar&eacute; en detalles por si hiero la sensibilidad de alguna lectora o lector).
    </p><p class="article-text">
        Vamos a dar un salto en busca de la herencia que este punto de vista dej&oacute; en el cristianismo. Los Padres de la Iglesia mantuvieron en gran medida esta visi&oacute;n. Entre ellos podemos destacar a san Jer&oacute;nimo, que tambi&eacute;n defendi&oacute; la impureza de la mujer durante la menstruaci&oacute;n. Adem&aacute;s, con el paso del tiempo, los distintos tratados que intentaban explicar el porqu&eacute; de este sangrado peri&oacute;dico en las mujeres lo relacionaron con ideas propias de su &eacute;poca respecto a la fisiolog&iacute;a del cuerpo de la mujer.
    </p><p class="article-text">
        Los tratados m&eacute;dicos medievales consideraban el flujo menstrual como &ldquo;sangre corrupta&rdquo; producida por la incapacidad femenina para transformar adecuadamente los alimentos debido a su naturaleza fr&iacute;a y h&uacute;meda. Esta visi&oacute;n patologizante del ciclo natural femenino se justificaba mediante referencias a Arist&oacute;teles e Hip&oacute;crates, quienes vinculaban la periodicidad menstrual con la inestabilidad humoral femenina. Por su parte, autores como el hombre escondido bajo el apelativo Paucapalea afirmaba lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No se permite a las mujeres visitar una iglesia durante su per&iacute;odo menstrual o despu&eacute;s del nacimiento de un ni&ntilde;o. Esto es porque la mujer es un animal que menstr&uacute;a. Por tocar su sangre, las frutas no madurar&aacute;n. La mostaza se degenera, la hierba se seca y los &aacute;rboles pierden su fruto antes de tiempo. El hierro se enmohece y el aire se obscurece. Cuando los perros la comen, adquieren rabia.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Incluso la literatura de santos hablaba sobre la menstruaci&oacute;n, asoci&aacute;ndola a &ldquo;curaciones milagrosas&rdquo; de sus des&oacute;rdenes. Tenemos muchos ejemplos, pero vamos a mencionar solo uno, el de los santos Cosme y Dami&aacute;n, patronos de Arnedo. Se trata de un milagro post mortem, en el que la noble Justina sufr&iacute;a un flujo menstrual ininterrumpido durante tres a&ntilde;os (si unos cuatro o cinco d&iacute;as a veces son un calvario, imag&iacute;nense tres a&ntilde;os) que, seg&uacute;n los textos, &ldquo;la debilitaba hasta hacerla parecer un fantasma&rdquo;. Tras orar ante las reliquias de los santos m&eacute;dicos, el flujo ces&oacute; instant&aacute;neamente.
    </p><p class="article-text">
        La cosa no mejor&oacute; mucho con el paso de los siglos. La visi&oacute;n m&eacute;dica masculina de la menstruaci&oacute;n entre los siglos XVI y XIX estuvo profundamente marcada por la herencia gal&eacute;nica y la teor&iacute;a de los humores, que consideraba a las mujeres como seres intr&iacute;nsecamente desequilibrados y deficientes.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo XVI prevalec&iacute;a la tesis de que la influencia de la Luna era una prueba de que la mujer era &ldquo;un trabajo imperfecto de la naturaleza&rdquo;, mientras que los m&eacute;dicos interpretaban la menstruaci&oacute;n como una necesidad biol&oacute;gica derivada de la frialdad y humedad femenina seg&uacute;n las teor&iacute;as gal&eacute;nicas. La p&eacute;rdida mensual de sangre era considerada clave para estabilizar los humores, ya que se cre&iacute;a que las mujeres eran m&aacute;s d&eacute;biles e incapaces de mantener sus humores bajo control, lo que reforzaba la percepci&oacute;n de inferioridad femenina y justificaba m&uacute;ltiples restricciones sociales y religiosas, como no poder recibir la comuni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta visi&oacute;n alcanz&oacute; su punto m&aacute;s extremo a finales del siglo XIX, cuando algunos m&eacute;dicos estadounidenses cre&iacute;an que la menstruaci&oacute;n era una enfermedad, llegando a afirmar que actividades como estudiar durante la menstruaci&oacute;n pod&iacute;an interferir con el desarrollo reproductivo. Estas concepciones m&eacute;dicas, lejos de ser meramente te&oacute;ricas, se tradujeron en tratamientos herbarios y restricciones que limitaron la participaci&oacute;n femenina en la vida p&uacute;blica y acad&eacute;mica durante siglos. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.
    </p><p class="article-text">
        Parece evidente que la herencia que hemos recibido sobre estos aspectos de la vida femenina puede estar detr&aacute;s del d&eacute;ficit alarmante de estudios m&eacute;dicos centrados en los cuerpos de las mujeres, en la menstruaci&oacute;n y sus des&oacute;rdenes o en enfermedades exclusivamente femeninas como la endometriosis o el ovario poliqu&iacute;stico. Poco a poco vamos sacudi&eacute;ndonos estos restos de un pasado oscuro, pero a&uacute;n nos da verg&uuml;enza que se nos vea con un tamp&oacute;n o una compresa en la mano cuando estamos en p&uacute;blico y necesitamos cambiarnos. Y ello no es m&aacute;s que un signo de que a&uacute;n queda mucho por hacer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sangre-impura_129_12427953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Jul 2025 12:03:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sangre impura]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Mujer,Ciencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una decisión ética necesaria: La Universidad de La Rioja y el Technion]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/decision-etica-necesaria-universidad-rioja-technion_129_12370931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El grupo de investigación de la UR renuncia a seguir en el proyecto que lidera el centro israelí Technion
</p></div><p class="article-text">
        Una de las ideas que rondaba mi cabeza desde el mismo momento en el que decid&iacute; ser historiadora (si es que eso se puede decidir as&iacute; sin m&aacute;s) era hacer que mi trabajo resultase &uacute;til a toda la sociedad. Y con el t&eacute;rmino sociedad me refiero no solo a las gentes de mi entorno m&aacute;s cercano, sino a la humanidad entera. Creo que esa es una de las finalidades de esta profesi&oacute;n tan poco reconocida: servir de algo al conjunto de los seres humanos que pueblan el mundo. Eso se puede conseguir de muchas maneras: generando nuevos conocimientos e interpretaciones, nuevas perspectivas de estudio que nos permitan conocer la historia de las mujeres y hombres sin nombre, rastreando la historia riojana para que nos ayude a comprender c&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;&hellip; O, a veces, se&ntilde;alando el origen de aquellos con los que colaboramos.
    </p><p class="article-text">
        No es ninguna novedad para ustedes que la Universidad de La Rioja ha renunciado a colaborar en un proyecto de investigaci&oacute;n financiado con fondos europeos y liderado por el Instituto Tecnol&oacute;gico de Israel Technion. Ya se ha se&ntilde;alado qu&eacute; supon&iacute;a esta colaboraci&oacute;n y por qu&eacute; no resultaba &eacute;ticamente deseable que una de nuestras instituciones p&uacute;blicas mantuviera relaciones con un centro cuyo nacimiento est&aacute; &iacute;ntimamente ligado al sionismo. En otras palabras, a un movimiento ideol&oacute;gico, pol&iacute;tico y cultural que en realidad encierra un trasfondo profundamente nacionalista, excluyente y colonialista. Me explico: la idea de crear una instituci&oacute;n como esta fue debatida durante el Quinto Congreso Sionista, celebrado en Basilea en 1901. All&iacute;, Martin Buber, fil&oacute;sofo; Chaim Weizmann, bioqu&iacute;mico y futuro primer presidente de Israel; y Berthold Feiwel, periodista, defendieron la necesidad de crear un programa de cultura hebrea que inclu&iacute;a el establecimiento de un instituto educativo para ingenieros que apoyara el desarrollo del futuro estado. En este mismo evento se cre&oacute; el Fondo Nacional Jud&iacute;o (Keren Kayemet LeIsrael), cuyo objetivo era adquirir tierras en la Tierra de Israel que sean de &ldquo;eterna posesi&oacute;n del pueblo jud&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s se puso en marcha la maquinaria necesaria para recaudar fondos. En este caso, el fil&oacute;sofo sionista Ahad Ha-Am, seud&oacute;nimo de Asher Ginzberg (1856-1927), fue pr&aacute;cticamente el actor clave. Considerado el representante de la corriente del sionismo cultural que enfatizaba la importancia de desarrollar la cultura hebrea y las instituciones educativas, consigui&oacute; reclutar para el proyecto del Technikum al hijo del comerciante ruso Kalonymous Zeev Wissotzky. Esta acci&oacute;n se tradujo en una aportaci&oacute;n de 100.000 rublos, toda una fortuna para la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el Technion fue creado en 1912 bajo el Imperio Otomano, convirti&eacute;ndose en la universidad m&aacute;s antigua de lo que posteriormente ser&iacute;a Israel. Cabe destacar que el instituto fue concebido espec&iacute;ficamente para &ldquo;apoyar el desarrollo del futuro estado&rdquo; jud&iacute;o, seg&uacute;n se describe en los documentos hist&oacute;ricos oficiales de la instituci&oacute;n. Durante los a&ntilde;os previos a la independencia de Israel, el Technion se convirti&oacute; en un centro crucial para las &ldquo;tecnolog&iacute;as de defensa&rdquo;, algo que continu&oacute; despu&eacute;s de la Nakba.
    </p><p class="article-text">
        Y contin&uacute;a manteniendo relaciones estrechas con la pol&iacute;tica sionista que hoy en d&iacute;a est&aacute; justificando la masacre indiscriminada, el genocidio y el borrado cultural del pueblo palestino. Por poner un solo ejemplo que vaya m&aacute;s all&aacute; de los que se han mencionado en la prensa estos d&iacute;as (las armas &ldquo;testadas en combate&rdquo;, las excavadoras que destruyen n&uacute;cleos palestinos para favorecer la instalaci&oacute;n de colonos&hellip;), Daniel Hershkowitz, profesor de matem&aacute;ticas en esta instituci&oacute;n, fue presidente del partido sionista Habayit Hayehudi (El Hogar Jud&iacute;o) y actualmente es el director de la Comisi&oacute;n del Servicio Civil del gobierno israel&iacute;. Anteriormente, durante el gobierno de Netanyahu entre 2009-2013, sirvi&oacute; como Ministro de Ciencia y Tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cabe se&ntilde;alar que todas las fuentes que he consultado para realizar este texto que hoy les presento proceden de los documentos disponibles sobre los distintos congresos que organiz&oacute; el movimiento sionista, de los fondos digitalizados del Technion y de la Jewish Virtual Library. Ninguno de los datos aportados procede de fuentes que puedan ser acusadas de propalestinas, aunque la autora s&iacute; lo sea.
    </p><p class="article-text">
        Puede que los historiadores no tengamos coraz&oacute;n, como dec&iacute;a uno de mis maestros, y estemos m&aacute;s que acostumbrados a hurgar en los entresijos de la Historia en busca de respuestas. Es posible que a veces nos encontremos con cosas que no nos gustan, o que chocan con los prejuicios que, como seres humanos, tenemos asumidos sobre determinados temas. Sin embargo, s&iacute; tenemos alma. Y a veces tambi&eacute;n se nos rompe. Por ejemplo, cuando te llegan noticias a trav&eacute;s de conocidos sobre el asesinato de sus familias a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel (las mismas que tienen a Technion como su centro de investigaci&oacute;n de referencia). O cuando somos conscientes de que Israel est&aacute; dejando morir de hambre a miles de personas de forma deliberada. Tambi&eacute;n cuando vemos, una vez m&aacute;s, c&oacute;mo se intenta borrar a trav&eacute;s de la usurpaci&oacute;n de sus costumbres y de la fuerza de la historia la existencia e identidad de todo un pueblo. Y, por supuesto, cuando nos enteramos de que hay instituciones como las universidades espa&ntilde;olas, centros en principio dedicados al conocimiento, la investigaci&oacute;n y el desarrollo de un futuro en el que podamos ser mejores, que siguen colaborando con entidades sionistas a pesar de todo ello.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo no es el caso de nuestra universidad p&uacute;blica, que finalmente ha renunciado a participar en este proyecto. Y m&aacute;s all&aacute; de lo que se ha expresado respecto a esta decisi&oacute;n, estoy segura como historiadora de que el tiempo dejar&aacute; claro que ha sido la &uacute;nica posible y acertada. Y por eso la columna de hoy ha tratado sobre este tema, para que todos y todas comprendamos las implicaciones de esta decisi&oacute;n y de la que hubiera sido su contraria. Espero que, tal y como he deseado desde antes de ser oficialmente historiadora, lo que escribo sirva para algo &uacute;til.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/decision-etica-necesaria-universidad-rioja-technion_129_12370931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jun 2025 16:05:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una decisión ética necesaria: La Universidad de La Rioja y el Technion]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El primer Primero de Mayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/primer-mayo_129_12268760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace nada, como cada d&iacute;a 1 de mayo, los sindicatos convocaron una manifestaci&oacute;n (bueno, en realidad dos) que recorri&oacute; parte de las calles de Logro&ntilde;o. Entre sus reclamaciones se encontraba la reducci&oacute;n de la jornada laboral, la subida de los salarios, la protecci&oacute;n a trabajadores y trabajadoras&hellip; Es decir, cuestiones que siempre est&aacute;n sobre la mesa. Puede que parte de ustedes saliera a manifestarse, puede que parte no. Independientemente de ello, la mayor&iacute;a disfrutamos de un d&iacute;a de fiesta y no tuvimos que ir a trabajar. Y es que el Primero de Mayo se celebra el D&iacute;a Internacional de los Trabajadores, reconocido como tal por decenas de pa&iacute;ses en todo el mundo, con excepciones tan llamativas como la de Estados Unidos, aunque esa es otra historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n con la resaca del Primero de Mayo en el cuerpo nos puede surgir una pregunta curiosa: &iquest;cu&aacute;l fue el primer Primero de Mayo en Logro&ntilde;o? Una b&uacute;squeda r&aacute;pida en internet nos devuelve una fecha clara e inequ&iacute;voca: el 1 de mayo de 1891. Pues ya est&aacute;, ya lo tenemos claro. Podr&iacute;a incluso acabar aqu&iacute; mi columna, porque ya hemos respondido a la pregunta. Sin embargo, y ya me ir&aacute;n conociendo, no suelo conformarme con la primera respuesta que encuentro. Creo que lo llaman deformaci&oacute;n profesional.
    </p><p class="article-text">
        Si nos centramos en el caso de Logro&ntilde;o no podemos afirmar que esta fecha sea la m&aacute;s acertada para poner un punto de inicio a las manifestaciones o actos del Primero de Mayo. De hecho, parece que la jornada discurri&oacute; con calma, y solo los tip&oacute;grafos asociados se dirigieron al gobernador civil pidiendo la jornada laboral de 8 horas, uno de los puntos clave del Congreso Obrero de Par&iacute;s de 1889, origen de la Segunda Internacional. Precisamente ese mismo a&ntilde;o se registr&oacute; alg&uacute;n eco de reivindicaci&oacute;n asociada al primer d&iacute;a del quinto mes del a&ntilde;o en la provincia de Logro&ntilde;o, pero aun nada generalizado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; sucedi&oacute; por primera vez en mayo de 1891, aunque no en mayo sino a finales de a&ntilde;o, fue un <em>meeting</em> en el Liceo logro&ntilde;&eacute;s, organizado, seg&uacute;n las fuentes de la &eacute;poca, &ldquo;por algunos obreros anarquistas o socialistas&rdquo;. De este evento naci&oacute; la Asociaci&oacute;n de obreros logro&ntilde;eses, que parece que no tuvo un gran recorrido. La f&oacute;rmula se repiti&oacute; al a&ntilde;o siguiente, ahora s&iacute; en el Primero de Mayo, bajo la convocatoria de la Uni&oacute;n Obrera. En esta ocasi&oacute;n, celebrada seg&uacute;n las normativas de la &eacute;poca, que solo permit&iacute;an reuniones en locales cerrados y con la presencia de la autoridad, asisten m&aacute;s de cincuenta personas. Se habla de algo que resonar&aacute; durante much&iacute;simo tiempo como idea fundamental del movimiento obrero, llegando hasta nuestros d&iacute;as: la necesidad de la uni&oacute;n en la lucha por los derechos de los trabajadores, emulando a las manadas de animales que en la naturaleza se organizan en grupo para protegerse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas reuniones de obreros ganaran poco a poco un car&aacute;cter festivo no solo en Logro&ntilde;o, sino en general. Por ejemplo, en 1893, al <em>meeting</em> le sigui&oacute; un banquete al que asistieron m&aacute;s de sesenta comensales. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, coincidiendo con el auge del socialismo en la regi&oacute;n, en el acto se dar&aacute;n cita socialistas, Uni&oacute;n Obrera, sociedades de obreros del hierro, alba&ntilde;iles, tip&oacute;grafos&hellip; La masa cr&iacute;tica crec&iacute;a, y con ella la importancia de los actos en torno a esta fecha se&ntilde;alada del calendario. De hecho, con el paso de los a&ntilde;os, esta fue la tendencia general. Parece que solo las d&eacute;cadas del franquismo fueron capaces de frenar esta inercia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a continuar, pero no quiero abrumar a nadie, ni a m&iacute; misma, con m&aacute;s datos y fechas. Si quieren saber m&aacute;s sobre el tema, les invito a comenzar a indagar con la lectura de <em>Echarse a la calle: amotinados, huelguistas y revolucionarios: La Rioja, 1890-1936</em>, obra del historiador Carlos Gil (por si les cuesta encontrarlo, est&aacute; disponible en la Biblioteca de La Rioja). Les recomiendo un libro porque las b&uacute;squedas en internet no siempre nos devuelven informaciones acertadas, y a veces requiere un tiempo mayor del esperado encontrarlas a trav&eacute;s de esta v&iacute;a que, en principio, deber&iacute;a facilitarnos la vida. Por eso y porque, visto lo que hemos comentado hoy, parece que no es tan sencillo poner una fecha de inicio, determinar cu&aacute;l fue el primer Primero de Mayo en Logro&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como todo tema a tratar, la historia del movimiento obrero es compleja, y cualquier punto de inicio o final, o cualquier hito que queramos se&ntilde;alar no es m&aacute;s que un artificio que los historiadores e historiadoras utilizamos para poner l&iacute;mites a aquello que queremos estudiar y analizar. Por tanto, las fechas a menudo no son m&aacute;s que puntos del pasado que solo sirven para trocearlo, pero que f&aacute;cilmente pueden ser sustituidos por otros seg&uacute;n las necesidades del profesional que se adentra en la cuesti&oacute;n. Puede que alg&uacute;n d&iacute;a hablemos de ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/primer-mayo_129_12268760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 May 2025 08:43:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El primer Primero de Mayo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué llora María Magdalena?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/llora-maria-magdalena_129_12225867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Hay olores que llenan el ambiente durante Semana Santa. La canela y la leche caliente de las torrijas pueden ser los dos aromas que nos transportan a esta &eacute;poca del calendario lit&uacute;rgico y festivo con m&aacute;s facilidad. Pero hay otros, como el incienso que, junto al ruido de los tambores, nos lleva a las procesiones. Esas performances religioso-culturales en las que las cofrad&iacute;as toman las calles con sus pasos, todos ellos protagonizados por una imagen que refleja algunos de los momentos de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Aqu&iacute;, en Logro&ntilde;o, contamos adem&aacute;s con una imagen cuya solemnidad se transmite a la procesi&oacute;n silenciosa y doliente en la que es la &uacute;nica protagonista: la de Mar&iacute;a Magdalena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta, de autor an&oacute;nimo relacionado con el taller de Gaspar Becerra en el siglo XVI, que recuerda a la <em>Magdalena penitente</em> realizada para la casa profesa de los jesuitas de Madrid, durante un viaje que Pedro de Mena realiz&oacute; de Granada a la corte a mediados de los a&ntilde;os sesenta del siglo XVII, nos muestra una mujer en acto de penitencia, vestida con tela de saco y largos cabellos. Contempla una cruz con expresi&oacute;n de dolor en el rostro, mientras lleva su mano a su pecho. Y llora.
    </p><p class="article-text">
        No es extra&ntilde;o que las im&aacute;genes de Mar&iacute;a Magdalena se parezcan entre s&iacute;. De hecho, en general, la iconograf&iacute;a de todos los santos y santas est&aacute; pensada como un medio para que el espectador reconozca con un solo vistazo a qui&eacute;n se est&aacute; representando. En el caso que nos ocupa, las Magdalenas penitentes suelen ser representadas como mujeres semidesnudas, cubiertas con tela de saco o solo con su larga cabellera, con una cruz en una mano y con rostro apenado, doliente. Y lloran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La visi&oacute;n de estos atributos nos dice, a primera vista, que se trata de Mar&iacute;a Magdalena. Pero &iquest;por qu&eacute; llora? Puede que la respuesta autom&aacute;tica sea &ldquo;porque es una penitente&rdquo;, &ldquo;porque se arrepiente de sus pecados&rdquo;. Podr&iacute;a ser v&aacute;lida, y no pienso negarlo en este momento. Sin embargo, no solo las penitentes aparecen llorando. Cuando se representa la escena en la que Mar&iacute;a lava los pies a Jes&uacute;s en casa del fariseo Sime&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute; ba&ntilde;ada en l&aacute;grimas. Esto es lo que vemos, por ejemplo, en un magn&iacute;fico lienzo de la catedral de Santo Domingo de la Calzada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos casos el llanto de la Magdalena tiene un sentido narrativo: &ldquo;Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jes&uacute;s estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;&nbsp;y estando detr&aacute;s de &eacute;l a sus pies, llorando, comenz&oacute; a regar con l&aacute;grimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ung&iacute;a con el perfume&rdquo; (Reina Valera 1995, Lucas 7, 37-38). Sime&oacute;n, escandalizado porque el mes&iacute;as dejase que una mujer de esta cala&ntilde;a le lavara los pies, se lo echa en cara. La respuesta, muy apropiada para la imagen de Jes&uacute;s que nos regalan los evangelios, dice &ldquo;&iquest;Ves esta mujer? Entr&eacute; en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con l&aacute;grimas y los ha secado con sus cabellos.&nbsp;<sup><strong>&nbsp;</strong></sup>No me diste beso; pero ella, desde que entr&eacute;, no ha cesado de besar mis pies.&nbsp;No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con perfume mis pies. <sup><strong>&nbsp;</strong></sup>Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque am&oacute; mucho&rdquo; (Reina Valera 1995, Lucas 7, 44-47).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han visto algo raro en este pasaje? Efectivamente, en ning&uacute;n momento el Evangelio seg&uacute;n san Lucas nos dice que esta mujer sea Mar&iacute;a Magdalena. Y a pesar de ello, siempre la representamos llorando, repitiendo una y otra vez la escena y asoci&aacute;ndola a ella. Convertida en pecadora arrepentida, llora a los pies de Cristo, llora a los pies de la Cruz, y llora cuando huye al desierto para hacerse ermita&ntilde;a o penitente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; hemos hecho esto? La respuesta es bastante sencilla: Gregorio Magno, en su homil&iacute;a n&uacute;mero 25, identific&oacute; a esta mujer como Mar&iacute;a la de Magdala. Y con esta identificaci&oacute;n sembr&oacute; la idea de que se trataba de una pecadora, una prostituta que queda redimida por Jes&uacute;s, pero que siempre aparecer&aacute; llorando a nuestros ojos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Siempre llora? No, no siempre. Hay otro conjunto de representaciones art&iacute;sticas en las que no suele aparecer sumergida en su propio llanto, y que adem&aacute;s nos muestra un pasaje b&iacute;blico en el que se nos indica claramente que se trata de Mar&iacute;a Magdalena. Se trata del <em>Noli me tangere</em>, &ldquo;No me toques&rdquo; (Juan 20, 17). Hablamos del momento en el que Mar&iacute;a ve a Jes&uacute;s resucitado, siendo la primera persona a la que se presenta. Pueden buscar en internet algunas de las m&aacute;s hermosas muestras de estas representaciones, como la de Fra Angelico, Corregio o Alexander Ivanov. Hay algunas mucho m&aacute;s dram&aacute;ticas, como la de James Tissot, con Mar&iacute;a postrada a los pies de Cristo. Salvo estas excepciones, las Magdalenas representadas en estas escenas aparecen felices, exultantes, emocionadas. No hay dolor en sus rostros, ni pena, ni arrepentimiento.
    </p><p class="article-text">
        Nos surge ahora otra pregunta, que a su vez abre la puerta a muchas otras. Si no hay ninguna evidencia de que la pecadora de la casa de Sime&oacute;n sea Mar&iacute;a Magdalena, pero tenemos claro que ella fue la primera persona en ver a Cristo resucitado, &iquest;por qu&eacute; ha triunfado la imagen de la Magdalena doliente, la que llora? Buena parte de la culpa la tendr&iacute;an Gregorio Magno y todos los autores eclesi&aacute;sticos (varones en su ampl&iacute;sima mayor&iacute;a), que han repetido machaconamente esta asociaci&oacute;n. Y ello nos lleva a preguntarnos si pod&iacute;a existir un deseo impl&iacute;cito en la interpretaci&oacute;n de este pasaje por parte del Padre de la Iglesia. No en vano, la Iglesia tardoantigua ten&iacute;a menos remilgos que la medieval, moderna y contempor&aacute;nea con el hecho de que las mujeres ocupasen puestos de poder en su jerarqu&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, y solo tal vez, Gregorio Magno interpretaba que la Magdalena y la pecadora eran la misma mujer como forma de restar importancia al personaje que, por otra parte, hab&iacute;a visto al resucitado antes incluso que su propia madre. La cercan&iacute;a que debi&oacute; existir entre ambos, si atendemos a esta &uacute;ltima narraci&oacute;n, debi&oacute; ser muy estrecha (y no, no voy a entrar en especulaciones sobre un posible matrimonio, porque como historiadora no tengo ninguna prueba fehaciente que lo pueda afirmar). Ello, a su vez, abr&iacute;a la posibilidad a las mujeres a ocupar altos cargos de la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica.&nbsp;Y puede que esto no gustase demasiado y se hiciera necesario convertir a esta mujer en un personaje secundario, que con el tiempo se asoci&oacute; al pecado y la penitencia, dos ideas ligadas a la visi&oacute;n sobre lo femenino de estos hombres. En otras palabras: convertirla en la mujer que llora.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/llora-maria-magdalena_129_12225867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Apr 2025 09:03:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué llora María Magdalena?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[mujeres,Jesucristo,Semana Santa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni juntos ni revueltos... ¿Desde cuándo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/revueltos_129_12192973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En mi primera columna mencionaba la comunidad de ermita&ntilde;os y ermita&ntilde;as que surgi&oacute; en torno a san Mill&aacute;n (con min&uacute;sculas, porque hablamos del santo). Esto me record&oacute; una visita guiada en la que particip&eacute; como oyente. Durante ella, la gu&iacute;a coment&oacute; que en el lugar que ten&iacute;amos ante nosotros, un solar de dimensiones medianas en el que actualmente hab&iacute;a un campo de cereal, hubo anta&ntilde;o algo raro y excepcional: un monasterio d&uacute;plice. Porque, claro est&aacute;, deb&iacute;a ser cosa extra&ntilde;a en la oscura Edad media que existieran lugares as&iacute;, en los que hombres y mujeres compart&iacute;an espacio. Y yo no dije nada, pero en mi cabeza salt&oacute; una peque&ntilde;a alarma. &iquest;Por qu&eacute; cuesta tanto creer que pod&iacute;an existir lugares as&iacute;? &iquest;Acaso es cierto que solo hab&iacute;a unos pocos y que estos eran excepciones en un mundo donde los religiosos y las religiosas deb&iacute;an habitar espacios cerrados?
    </p><p class="article-text">
        No voy a mentir afirmando que el mundo religioso medieval no era mis&oacute;gino ni patriarcal. Tampoco voy a enga&ntilde;arles: para cuando estuve en aquella visita ya llevaba un tiempo trabajando sobre monasterios y sab&iacute;a perfectamente lo que voy a contarles hoy. Porque, en realidad, el monacato d&uacute;plice no fue una realidad tan extra&ntilde;a y descabellada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La hagiograf&iacute;a, la literatura de santos, habla a menudo sobre comunidades de anacoretas como la que aparece mencionada en la <em>Vita Sancti Emiliani</em>, con la que termin&eacute; la primera vez que me present&eacute; ante ustedes y con la que he comenzado hoy. Se trataba, a grandes rasgos, de grupos de hombres y mujeres que se alejaban del mundo para vivir en el desierto, en la monta&ntilde;a, en una soledad relativa que se romp&iacute;a cuando compart&iacute;an, por ejemplo, oficios lit&uacute;rgicos. Y este es el germen de lo que llamamos monacato d&uacute;plice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, hubo otras f&oacute;rmulas en las que se daba una convivencia entre hombres y mujeres dedicados a Dios a trav&eacute;s del ascetismo. Por ejemplo, los monasterios familiares. En este caso hablamos de familias que, en un momento dado, decid&iacute;an (no vamos a valorar o analizar de qu&eacute; manera) abrazar la vida mon&aacute;stica, pero no abandonaban su lugar de residencia, convertido a partir de ese momento en un peque&ntilde;o cenobio. Evidentemente, podemos hablar de viudas que tomaban esta decisi&oacute;n junto a sus hijas, y en este caso no se tratar&iacute;a de monacato d&uacute;plice. Sin embargo, esta no era la &uacute;nica posibilidad. Podemos encontrarnos monasterios familiares en los que estaban pap&aacute;, mam&aacute; y los hijos e hijas. As&iacute;, aunque estrictamente no se tratar&iacute;a de la misma realidad mon&aacute;stica, vemos que guardan una estrecha relaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si queremos hablar de monacato d&uacute;plice de forma m&aacute;s precisa tenemos que mencionar a aquellas comunidades en las que un grupo de hombres y otro de mujeres compart&iacute;an parte de los espacios del cenobio, generalmente el templo, mientras se dedicaban a las labores propias de su estado. Contaban con espacios habitacionales separados entre s&iacute;, a veces diferenciados de forma clara al existir un edificio dedicado a hombre y otro a mujeres. En tal caso, lo normal era que ni siquiera pudieran verse en las misas y otros oficios, que se organizaba de tal manera que fuera imposible que religiosos y religiosas se cruzasen. Se formaban as&iacute; dos comunidades separadas pero unidas en un mismo monasterio, que a veces contaban con un abad y una abadesa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entiendo perfectamente que a nuestros ojos esto resulte chocante, y aqu&iacute; es donde entra en juego la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica, compuesta por varones, con la intenci&oacute;n de poner orden. Evidentemente, el asunto de los monasterios familiares no fue bien visto casi desde sus inicios, y muchos eclesi&aacute;sticos y autores de reglas de convivencia mon&aacute;stica los ve&iacute;an como pseudomonasterios. A ello hay que unir una idea sobre la que hablaremos mucho en este espacio: para la visi&oacute;n eclesi&aacute;stica tardoantigua y medieval, la mujer es en s&iacute; misma ocasi&oacute;n de pecado, y en ella ven claramente a la Eva que trajo a la humanidad la mortalidad y el dolor (especialmente para nosotras, para las que nos leg&oacute; parir con dolor, tal y como indican las Escrituras). As&iacute;, las mujeres aparecen ante sus ojos como unos seres incapaces de dominar por completo sus instintos y de tentar al var&oacute;n para hacerle caer en el pecado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Soy plenamente consciente de que esto que les estoy contando es merecedor de m&aacute;s p&aacute;rrafos para poder explicarlo con m&aacute;s detalle, pero como tendremos tiempo para ello es mejor que sigamos con el monacato por ahora. Con esta idea de fondo, es comprensible que el monacato d&uacute;plice supusiera un quebradero de cabeza para estos varones. &iquest;C&oacute;mo era posible garantizar la castidad y pureza de religiosos y religiosas si exist&iacute;a el peligro de que cayeran en el pecado?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, es algo que preocupaba a Gregorio Magno. Sobre estas cuestiones, el pont&iacute;fice y padre de la Iglesia latina se&ntilde;alar&aacute; en varias ocasiones el peligro que supone la convivencia entre monjas y monjes, ya que en estas circunstancias ambos caer&iacute;an en el pecado. Pero no solo los papas le daban vueltas al asunto, sino que en el &aacute;mbito hispano tambi&eacute;n fue motivo de discusi&oacute;n. De hecho, son varias las veces en las que los concilios hispanos tratan asuntos relacionados con la convivencia de cl&eacute;rigos con mujeres que no fueran sus esposas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En general, se considera que el fen&oacute;meno del monacato d&uacute;plice en la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica qued&oacute; regulado a trav&eacute;s del c&aacute;non XI del II Concilio Hispalense (619). En &eacute;l se establec&iacute;a claramente la pr&aacute;ctica de la &ldquo;tuitio&rdquo;, la tutela, de los monasterios femeninos que consist&iacute;a en el gobierno y protecci&oacute;n del monasterio femenino por parte de una comunidad masculina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a nivel social la pr&aacute;ctica estaba bastante aceptada y extendida, por lo que continuaron fund&aacute;ndose comunidades mixtas durante mucho tiempo. Contamos con ejemplo que as&iacute; lo demuestran, como el monasterio de Sobrado, cuya fundaci&oacute;n puede datarse entre 951-952. En este caso, sabemos que la comunidad se compon&iacute;a de dos grupos, uno de varones y otro de mujeres, y que contaba con un abad y una abadesa. Incluso conocemos otros casos similares hasta el siglo XII, aunque con el tiempo y las sucesivas reformas de la vida mon&aacute;stica estas comunidades mixtas fueron a menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es en este momento en el que el obispo compostelano Gelmirez recibi&oacute; un reproche expl&iacute;cito por parte del papa Pascual II. Seg&uacute;n la Historia Compostelana, el pont&iacute;fice dijo: &ldquo;Y es del todo inconveniente que en vuestra propia regi&oacute;n vivan monjes con monjas, seg&uacute;n hemos o&iacute;do, y para cortar esto est&eacute; al acecho tu experiencia para que, los que est&aacute;n juntos, sean separados en habitaciones alejadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con todo ello llegamos al siglo XIII, momento en el que estas comunidades d&uacute;plices comenzaron a desaparecer casi definitivamente. Momento en el que en la mentalidad colectiva de los creyentes (de la que nos guste o no descendemos y que nos guste o no ha dejado una huella profunda en nuestra forma de ver el mundo) se asienta la idea de qu&eacute; monjes y monjas no deb&iacute;an estar ni junto ni revueltos. Y de ah&iacute;, con el paso de los siglos, surge la de que estas comunidades debieron ser algo raro, extra&ntilde;o, excepcional, que casi no existi&oacute; salvo en peque&ntilde;os reductos. Vamos, lo que nos cont&oacute; la gu&iacute;a en aquella visita a la que me refer&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se preguntar&aacute;n por qu&eacute; no dije nada si entonces yo ya sab&iacute;a todo esto. La respuesta es a la vez sencilla y compleja: una mezcla de timidez, de no querer estropear la ma&ntilde;ana a la gu&iacute;a que se hab&iacute;a preparado la visita con esmero y de esperar a tener la opci&oacute;n de poder contar estas cosas con m&aacute;s tiempo y calma. Como he hecho hoy.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/revueltos_129_12192973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Apr 2025 14:38:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ni juntos ni revueltos... ¿Desde cuándo?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar de historia en La Rioja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablar-historia-rioja_129_12038868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aunque les pueda parecer mentira, resulta dif&iacute;cil debutar en un medio como este con una columna dedicada a hablar sobre temas de historia. Pudiera parecer que, siendo una historiadora, el asunto no deber&iacute;a ser tan complicado, pero as&iacute; es. Hay tantos temas con los que empezar esta andadura que me resulta extremadamente complicado elegir uno. Hay tantos personajes, tantas mujeres, tantas fuentes y documentos, tantos hechos&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qu&eacute; hablar la primera vez que se hace en un espacio como este? He aqu&iacute; la pregunta que me he estado repitiendo una y otra vez estos &uacute;ltimos d&iacute;as. Tal vez podr&iacute;a aplicar el mismo principio universal que utilizamos cuando vamos a ordenar una habitaci&oacute;n que est&aacute; hecha un desastre y con la que no sabemos por d&oacute;nde empezar: por lo m&aacute;s cercano. Y en las circunstancias en las que me encuentro, lo que m&aacute;s a mano tengo (mentalmente) es el tema m&aacute;s riojano que podr&iacute;a abordar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a san Mill&aacute;n, con min&uacute;scula. No olvidemos que la RAE nos dice que cuando hablemos de santos hay que utilizar la min&uacute;scula, mientras que, si hablamos de iglesias o top&oacute;nimos, es preferible la may&uacute;scula. As&iacute;, no es lo mismo decir san Mill&aacute;n que San Mill&aacute;n. Parece un l&iacute;o, s&iacute;, pero realmente es sencillo una vez que te has acostumbrado. Y para una historiadora como yo, obsesionada con las vidas de santos y santas, no ha sido dif&iacute;cil adaptarme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Insisto en el asunto de la min&uacute;scula porque en nuestro imaginario colectivo el santo Emiliano y los monasterios de Suso y Yuso son pr&aacute;cticamente lo mismo. No en vano, han pasado muchos siglos desde que este buen hombre vivi&oacute; y muri&oacute;, o desde que se cre&oacute; la comunidad de eremitas, hombres y mujeres, que acabar&iacute;a dando paso a la fundaci&oacute;n del monasterio que hoy conocemos. Tambi&eacute;n han pasado muchas manos por el relato sobre el santo que han creado y recreado una y otra vez su historia seg&uacute;n los intereses del momento. Porque esto se hac&iacute;a as&iacute;, sin m&aacute;s miramientos. &iquest;Por qu&eacute; si no creen que san Mill&aacute;n es a la vez un ermita&ntilde;o que fue cura y ayudaba a los pobres, pero que siglos despu&eacute;s de muerto se convirti&oacute; en matamoros y apareci&oacute; a lomos de un blanco corcel espada en mano para echar un cable a los castellanos mientras Santiago hac&iacute;a lo propio con los leoneses?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es muy sencilla: porque en un momento determinado interesaba convertir a Mill&aacute;n en el doble matamoros de Santiago. Si lo intentamos ver con los ojos de los monjes del siglo XII podremos entenderlo mejor. Hay que pensar que los religiosos emilianenses estaban pasando un mal momento, en el que las donaciones descend&iacute;an y los problemas econ&oacute;micos asomaban por el horizonte. San Mill&aacute;n (con may&uacute;sculas) ya no atra&iacute;a tanto a peregrinos, fieles y poderosos, y eso se notaba en el bolsillo del monasterio. En esa tesitura, no debi&oacute; parecerles mala idea reinventarse a su santo protector tomando prestados algunos mitos que ya se hab&iacute;an asociado a Santiago. Solo hab&iacute;a un problema que resolver: &iquest;a qui&eacute;n proteg&iacute;a san Mill&aacute;n cuando apareci&oacute; en el campo de batalla? Los leoneses ya se hab&iacute;an pedido a Santiago, por lo que debieron pensar que lo m&aacute;s razonable era hacer que Emiliano se ocupase de apoyar a los castellanos. Y, como agradecimiento a este apoyo, decidieron que un buen n&uacute;mero de poblaciones castellanas deb&iacute;a pagar el <em>Voto de san Mill&aacute;n</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora puede que se est&eacute;n preguntando si les sali&oacute; bien la jugada, pero la respuesta es que no del todo. A corto plazo no report&oacute; grandes beneficios, y a medio y largo plazo trajo m&aacute;s pleitos que soluciones. Incluso algunas de las localidades que, en principio, deb&iacute;a pagar el Voto decidieron no hacerlo y se defendieron justificando que ya pagaban el de Santiago. Pero no todo iba a ser malo, porque san Mill&aacute;n se convirti&oacute; as&iacute; en patr&oacute;n de Castilla. Y, como patr&oacute;n de los castellanos, tambi&eacute;n en copatr&oacute;n de Espa&ntilde;a. Al menos eso es lo que nos han transmitido varios autores desde el siglo XVII, y si ellos lo dicen ya no queda duda de que es as&iacute;&hellip; &iquest;O tal vez s&iacute;? &iquest;No ser&aacute; que esto se empez&oacute; a decir en el momento en el que apareci&oacute; otra competidora para ocupar ese puesto de copatrona? Estoy hablando de santa Teresa de Jes&uacute;s, claro est&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supongo que, llegados a este punto, est&aacute;n esperando que les diga si realmente san Mill&aacute;n es copatr&oacute;n de Espa&ntilde;a. No voy a alargar esto mucho m&aacute;s, y voy a dar la respuesta m&aacute;s razonable que puedo dar siendo historiadora: en ning&uacute;n momento ha habido un reconocimiento oficial que haya asegurado que esto sea as&iacute;. Pero que esto no sirva para desilusionarse, porque san Mill&aacute;n y San Mill&aacute;n nos ofrecen un buen n&uacute;mero de buenas historias en las que indagar para aprender m&aacute;s sobre nosotras mismas, sobre el mundo que nos rodea y el lugar que ocupamos en &eacute;l. Por ejemplo, podr&iacute;amos hablar sobre el grupo de mujeres que acompa&ntilde;aba a Emiliano cuando este era anacoreta y sobre c&oacute;mo la Iglesia termin&oacute; con ese tipo de comunidades en las que religiosos y religiosas conviv&iacute;an. Pero esa es otra historia, y ser&aacute; otra columna.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablar-historia-rioja_129_12038868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2025 11:42:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hablar de historia en La Rioja]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Historia,Cultura,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
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