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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Muro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-muro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Muro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La guerra y el revés de Federer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/guerra-reves-federer_129_13132528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay gestos que elevan una disciplina hasta convertirla en arte. El rev&eacute;s de Roger Federer, por ejemplo, no era solo un golpe, era una declaraci&oacute;n est&eacute;tica. La pelota ven&iacute;a con mala intenci&oacute;n, con prisa, con violencia, y Federer respond&iacute;a con una elegancia casi ofensiva, como si a trav&eacute;s de su golpeo expusiera un manifiesto art&iacute;stico. La relaci&oacute;n de la pelota con las cuerdas de su raqueta no hac&iacute;a ruido, compon&iacute;a m&uacute;sica. No se impon&iacute;a a los rivales, los convenc&iacute;a. En el rev&eacute;s de Federer habitaba el talento, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una forma de estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        A Trump, Netanyahu, Vladimir Putin, Marco Rubio, Viktor Orban, o Milei no les pidas un rev&eacute;s liftado, ni siquiera que intenten colocar la bola junto a la l&iacute;nea. No lo van a entender. Como, probablemente, tampoco entender&aacute;n el mecanismo de un buen libro. Uno observa la geopol&iacute;tica internacional y descubre que la &uacute;nica estrategia es destruir la pista de juego. Hay martillazos, insultos y amenazas. La fuerza sustituye a la inteligencia. La fuerza sustituye a la b&uacute;squeda de la belleza, como si las relaciones internacionales consistieran en romper la raqueta contra la tierra batida esperando que les concedan el punto porque s&iacute;, porque el torneo es de su propiedad.
    </p><p class="article-text">
        Los genocidas, los amantes de la guerra, o la ultraderecha se parecen poco al rev&eacute;s de Federer y m&aacute;s a un pelotazo sin intenci&oacute;n, que lo mismo da si la pelota bota dentro o fuera de la pista o derriba la red. Siempre encontrar&aacute;n justificaciones para hacerse con el punto a su favor. Frente a la exquisitez del gesto t&eacute;cnico, el ruido; frente a la precisi&oacute;n, la brocha gorda.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; surge el falso planteamiento pol&iacute;tico de las soluciones f&aacute;ciles para los problemas complejos, que viene a ser el golpeo garrote con una raqueta en la mano. El problema es que ese estilo no se queda en las redes sociales, en las televisiones afines o en los discursos de dos horas. Se filtra y llega m&aacute;s all&aacute; -m&aacute;s cerca, m&aacute;s aqu&iacute;- de los d&eacute;spotas mundiales.
    </p><p class="article-text">
        Y de pronto aniquilar una civilizaci&oacute;n es una opci&oacute;n; invadir un pa&iacute;s vecino es algo normal y sin consecuencias, y aplicar el genocidio de una poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de las bombas, el hambre o la sed puede repetirse una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        El rev&eacute;s de Federer era exactamente lo contrario de todo eso. Era la demostraci&oacute;n de que la fuerza sin inteligencia tan s&oacute;lo es ruido y destrucci&oacute;n; de que la belleza no est&aacute; re&ntilde;ida con la eficacia. De que se puede responder a la violencia -de la pelota- con algo mejor que m&aacute;s violencia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso resulta tan inc&oacute;modo comparar. Porque en un lado est&aacute; la idea de que el mundo puede hacerse con precisi&oacute;n, con talento, con cierta armon&iacute;a. Y en el otro, la convicci&oacute;n de que basta con golpear m&aacute;s fuerte, m&aacute;s alto, m&aacute;s veces, hasta que algo -lo que sea- ceda o desaparezca.
    </p><p class="article-text">
        El problema del garrote es que, a diferencia del rev&eacute;s de Federer, no deja nada bello detr&aacute;s. Solo la sensaci&oacute;n de que el partido, as&iacute;, no merece la pena jugarlo. El rev&eacute;s de Federer era paciencia en un mundo acelerado. Era la prueba de que se puede ganar sin generar destrozos, sin levantar la voz, sin convertir cada intercambio en una guerra.
    </p><p class="article-text">
        Hay golpes que no se olvidan porque no son solo deporte, son una manera de ordenar el mundo. El rev&eacute;s de Roger Federer era uno de ellos. Lo que no recuerdo es porqu&eacute; guard&eacute; el v&iacute;deo del golpeo a c&aacute;mara lenta en la galer&iacute;a del m&oacute;vil. Quiz&aacute; nostalgia de una &eacute;poca en que trat&aacute;bamos de imitar al suizo. Sin lograrlo, claro. Tengo que verlo m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/guerra-reves-federer_129_13132528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 14:15:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La guerra y el revés de Federer]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Echarse unas risas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una expresi&oacute;n que sostiene este pa&iacute;s m&aacute;s que el PIB y bastante m&aacute;s que los discursos institucionales: &lsquo;Echarse unas risas&rsquo;. No figura en la Constituci&oacute;n, pero deber&iacute;a ubicarse entre el derecho a la vivienda digna y el deber de contribuir con nuestros impuestos, porque hay semanas que solo se sostienen gracias a un chiste a tiempo, a una carcajada bien colocada, a ese momento en que alguien dice algo absurdo y el d&iacute;a, de pronto, deja de ser lunes aunque siga si&eacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas es un acto profundamente serio. No lo parece, porque se practica en bares, cocinas, chats de WhatsApp y pasillos de oficina, pero tiene algo de ingenier&iacute;a emocional. Uno entra al trabajo con la cara de quien ha dormido mal, ha discutido con el despertador y ha perdido una batalla con el caf&eacute;, y de pronto alguien suelta una tonter&iacute;a y todo se recoloca. No mejora el sueldo, no desaparecen los correos pendientes, pero el mundo deja de apretar tanto. Es como aflojarse la corbata del alma.
    </p><p class="article-text">
        En las familias, echarse unas risas es la versi&oacute;n dom&eacute;stica de la diplomacia internacional. Hay tensiones, hay silencios, hay ese comentario que podr&iacute;a escalar hasta convertirse en un conflicto generacional, y entonces aparece la risa como un mediador suizo. Un cu&ntilde;ado que imita a otro, una madre que exagera una an&eacute;cdota, un padre que cuenta el mismo chiste por vig&eacute;sima vez con la convicci&oacute;n de que sigue siendo nuevo. Y funciona. No porque sea brillante, sino porque es oportuno. La risa tiene esa capacidad de convertir un posible drama en una sobremesa.
    </p><p class="article-text">
        Con los amigos, la cosa adquiere otra dimensi&oacute;n. Ah&iacute; la risa no solo alivia, sino que construye memoria. Uno no recuerda exactamente qu&eacute; dijo nadie, pero s&iacute; recuerda haberse doblado sobre la mesa, haber tenido que pedir otra ronda solo para recuperar el aliento, haber salido a la calle con la sensaci&oacute;n de que el mundo, durante un rato, hab&iacute;a sido un lugar perfectamente habitable. Echarse unas risas con amigos es una forma de ahorro, se guardan para cuando vengan mal dadas.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que nadie planifica echarse unas risas. No hay agenda, no hay KPI, no hay PowerPoint. Sucede. Alguien tropieza con una palabra, alguien interpreta mal una frase, alguien se equivoca con una solemnidad impecable y el resto entiende que ah&iacute; hay oro. La risa nace muchas veces del error, que es el &uacute;nico terreno verdaderamente democr&aacute;tico, porque todos fallamos, luego todos podemos re&iacute;rnos.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas tambi&eacute;n tiene su riesgo. Una mala risa -fuera de lugar, fuera de tiempo- puede ser m&aacute;s peligrosa que el silencio. Pero cuando acierta, cuando se produce ese peque&ntilde;o milagro colectivo de re&iacute;rse juntos, el efecto es inmediato, se rebaja la gravedad, se humaniza la escena, se recuerda que, antes que empleados, padres, hijos o contribuyentes, somos gente intentando sobrevivir al d&iacute;a sin dramatizarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la expresi&oacute;n es tan precisa. No dice `re&iacute;rse&rsquo;, dice &lsquo;echarse unas risas&rsquo;, como quien se lanza a una piscina sin comprobar la temperatura. Hay algo voluntario, casi valiente, en decidir que, a pesar de todo, hoy toca re&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que se toma demasiado en serio a s&iacute; mismo, echarse unas risas es casi un acto subversivo. Una manera de decir que no todo merece solemnidad, que no todo necesita un discurso, que hay momentos que solo piden una carcajada compartida y el peque&ntilde;o alivio de saber que, al menos por un rato, todo est&aacute; bien.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; Donald Trump, que asegura que puede bombardear un pa&iacute;s y asesinar a civiles por diversi&oacute;n, por echarse unas risas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 14:48:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Echarse unas risas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer que dormía en la biblioteca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mujer-dormia-biblioteca_129_13045628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Son las doce y cuarenta y cinco del medio d&iacute;a en la Biblioteca P&uacute;blica y una mujer duerme en una silla junto a la secci&oacute;n de novedades. Dormir no es exactamente la palabra. Se despliega sobre la silla en un escorzo improbable, como si su cuerpo hubiera decidido practicar geometr&iacute;a aplicada en mitad de la literatura contempor&aacute;nea. Traza una diagonal entre el respaldo y la tarima que recorre el suelo. Si un arquitecto pasara por all&iacute; quiz&aacute; lo llamar&iacute;a &lsquo;tensi&oacute;n estructural&rsquo;. Si pasara un m&eacute;dico dir&iacute;a &lsquo;contractura segura&rsquo;. Pero la mujer duerme.
    </p><p class="article-text">
        Duerme profundamente, con esa concentraci&oacute;n que solo alcanzan los beb&eacute;s, los gatos y las personas agotadas. Viste mallas negras, una sudadera gris con capucha bajo un anorak negro y unas zapatillas New Balance. Es el uniforme universal del cansancio moderno. C&oacute;modo, discreto y preparado para salir corriendo, que es como vivimos casi todos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; est&eacute; agotada. Quiz&aacute; duerme diez minutos antes de recoger a los ni&ntilde;os del colegio, ese momento del d&iacute;a en que el reloj se vuelve un entrenador personal grit&aacute;ndote que no aflojes. Quiz&aacute; los d&iacute;as son demasiado largos y en casa resulta imposible descansar porque las casas modernas -sobre todo si hay ni&ntilde;os- funcionan como aeropuertos peque&ntilde;os, siempre hay algo aterrizando o despegando. Quiz&aacute; reposa despu&eacute;s de una jornada aplastante de trabajo; quiz&aacute; en horario nocturno y sin tregua para abordar el resto del d&iacute;a. Y as&iacute; una vez y otra.
    </p><p class="article-text">
        O quiz&aacute; huye. No necesariamente de algo dram&aacute;tico. A veces uno huye simplemente del ruido del mundo, que &uacute;ltimamente parece un programa de tertulia permanente. Y la biblioteca, con su silencio disciplinado, se convierte en un refugio tan l&oacute;gico como un paraguas cuando empieza a llover.
    </p><p class="article-text">
        La mujer duerme al lado de la secci&oacute;n de novedades, lo cual tiene algo de iron&iacute;a involuntaria. Mientras las &uacute;ltimas publicaciones intentan conquistar lectores con portadas llamativas, ella conquista algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil, quince minutos de paz.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; elige la biblioteca para dormir porque las historias que habitan en los libros se filtran en sus sue&ntilde;os. Tal vez en este momento est&eacute; abordando un gale&oacute;n pirata, negociando una traici&oacute;n palaciega o besando a alguien bajo un farol decimon&oacute;nico. Quiz&aacute; viaja al centro de la Tierra o atraviesa una galaxia desconocida mientras su cuerpo permanece ligeramente torcido sobre una silla.
    </p><p class="article-text">
        Puede que incluso est&eacute; resolviendo un caso de asesinato con Sam Spade o caminando por una calle oscura de Los &Aacute;ngeles junto a Philip Marlowe. Dormir en una biblioteca tiene la ventaja de que el subconsciente dispone de una biblioteca de guiones infinitos para so&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        A su lado, un hombre lee el peri&oacute;dico con la concentraci&oacute;n de quien todav&iacute;a cree que entender la actualidad es posible. Un poco m&aacute;s all&aacute;, en el interior de la zona de c&oacute;mic, un joven ojea Maus, de Art Spiegelman, ese libro que demuestra que incluso el horror puede convertirse en memoria dibujada. Volver&aacute; a pasar.
    </p><p class="article-text">
        La biblioteca funciona as&iacute;, cada uno vive una historia distinta desde el mismo silencio. Fuera, imagino, la ciudad corre. Coches, sem&aacute;foros, recados, trabajos, conversaciones que empiezan con &ldquo;voy fatal de tiempo&rdquo;. Dentro, en cambio, una mujer duerme en una silla inc&oacute;moda como si hubiera encontrado el &uacute;nico lugar del mundo donde nadie le exige nada.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo profundamente hermoso en esa escena. Las bibliotecas guardan libros, pero a veces tambi&eacute;n resguardan personas durante un rato. Un lugar donde alguien puede dormir quince minutos sin que nadie le pregunte por qu&eacute;. Servicio p&uacute;blico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mujer-dormia-biblioteca_129_13045628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 10:42:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La mujer que dormía en la biblioteca]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defender un instante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/defender-instante_129_13013088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El vaso de agua marcaba territorio. En los bares y cafeter&iacute;as, a determinadas horas, se produce una &aacute;vido y afanoso intento por hacerse con uno de los peri&oacute;dicos del establecimiento. Un espacie de cumbre pol&iacute;tica en la que no se negocian aranceles ni se firman tratados de paz, se disputa la prensa en papel. Hay quien elige d&oacute;nde tomar el caf&eacute; ma&ntilde;anero en funci&oacute;n de la prensa libre -libre de lector, quiero decir- que detecta desde la calle, escrutando a trav&eacute;s de la cristalera como un <em>broker</em> que analiza el mercado antes de invertir 1,60 en un cortado.
    </p><p class="article-text">
        En el Elixir de la plaza Primero de Mayo, aquel vaso de agua era un acta notarial. Un &ldquo;esto es m&iacute;o&rdquo; sin necesidad de palabra alguna. Ni la taza de caf&eacute; vac&iacute;a, abandonada con la dignidad de quien ya cumpli&oacute; su misi&oacute;n, lograba transmitir el mismo mensaje. La taza era una sugerencia. El vaso era un decreto.
    </p><p class="article-text">
        Era un vaso ancho, cil&iacute;ndrico, m&aacute;s propio de confidencias nocturnas que de caf&eacute;s matinales. El cl&aacute;sico vaso de agua de despu&eacute;s del caf&eacute;, ese gesto que equivale a un punto y aparte. Descansaba sobre el peri&oacute;dico abierto, como una <em>Excalibur</em> l&iacute;quida clavada en la actualidad. Quien osara retirarlo deb&iacute;a saber que no solo levantaba un vaso, desafiaba una soberan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Creo que el peri&oacute;dico era El Pa&iacute;s. Lo deduje por la tipograf&iacute;a, por el dise&ntilde;o, por esa maquetaci&oacute;n que los periodistas reconocemos con la misma rapidez con la que un pastor distingue a su oveja. O quiz&aacute; lo hace todo el mundo y nosotros solo fingimos que tenemos un superpoder.
    </p><p class="article-text">
        Imagin&eacute; que la persona que ocupaba aquella mesa hab&iacute;a ido al ba&ntilde;o. Imagin&eacute; tambi&eacute;n -porque uno es d&eacute;bil y el caf&eacute; agudiza lo peor- que, en estos tiempos en que algunos creen poder radiografiar el alma de alguien por el peri&oacute;dico que lee, deb&iacute;a tratarse de una persona con est&eacute;tica de izquierdas. Como si la ideolog&iacute;a se llevara en el dobladillo del pantal&oacute;n o se manifestara en el ancho de la bufanda.
    </p><p class="article-text">
        Entonces me asalt&oacute; una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;cu&aacute;l es exactamente el outfit de quien lee El Pa&iacute;s? &iquest;Hay un cat&aacute;logo oto&ntilde;o-invierno para progresistas? &iquest;Un c&oacute;digo crom&aacute;tico que combine con la secci&oacute;n de Opini&oacute;n? Tengo que reconocer que me avergonzaron mis propios prejuicios con la eficacia de una notificaci&oacute;n bancaria.
    </p><p class="article-text">
        El vaso de agua, en cualquier caso, segu&iacute;a all&iacute;, plantado en medio de las p&aacute;ginas de Nacional como si pretendiera apagar los incendios diarios que provocan nuestros amados diputados nacionales. Ya saben cuando no es un insulto velado es una pataleta o un berrinche. Un vaso de agua que ejerc&iacute;a de bombero transparente. Un dique frente al oleaje pol&iacute;tico. La actualidad convertida en posavasos.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces apareci&oacute; la due&ntilde;a del territorio. Una mano arrugada, con anillos alternos que parec&iacute;an peque&ntilde;as decisiones tomadas a lo largo de los a&ntilde;os, retir&oacute; el vaso. Deposit&oacute; sobre la mesa un bolso de cierto tama&ntilde;o, trenzado como si hubiera sido confeccionado por una escuela de artesan&iacute;a paciente, se sent&oacute; y continu&oacute; leyendo.
    </p><p class="article-text">
        No parec&iacute;a una progre. No parec&iacute;a una conservadora. No parec&iacute;a nada que encajara en mis caricaturas expr&eacute;s. Llevaba gafas de alambre y un chaquet&oacute;n marr&oacute;n con vocaci&oacute;n de invierno serio. Parec&iacute;a, sobre todo, alguien a gusto.
    </p><p class="article-text">
        Zasca a mis prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el vaso de agua no era una barricada ideol&oacute;gica ni una declaraci&oacute;n est&eacute;tica. Quiz&aacute; solo era eso, la manera de decir que aquel rato -caf&eacute; y peri&oacute;dico- era el mejor momento del d&iacute;a y que nadie, absolutamente nadie, iba a arrebat&aacute;rselo. Ni los nuevos clientes, ni los incendios parlamentarios, ni mis teor&iacute;as sociol&oacute;gicas de barra de bar. Al final, el vaso no defend&iacute;a un peri&oacute;dico. Defend&iacute;a un instante. Y eso, en estos tiempos, es casi un acto revolucionario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/defender-instante_129_13013088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 08:12:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Defender un instante]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivienda desprotegida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivienda-desprotegida_129_13003042.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hubo un tiempo -no muy lejano, no estamos hablando de cuando los tel&eacute;fonos ten&iacute;an cable- en que el Ayuntamiento hablaba de vivienda protegida con la misma convicci&oacute;n con la que se habla de sanidad p&uacute;blica o de parques infantiles; algo que deb&iacute;a estar, sin m&aacute;s debate. Exist&iacute;a incluso un Plan de Vivienda. Un plan con n&uacute;meros, con cifras redondas, con m&aacute;s de 2.000 viviendas protegidas proyectadas, sorteadas -porque se sorteaban p&uacute;blicamente- y con entrega de llaves. Eran reales. Un plan que hoy suena a mito, como esas civilizaciones antiguas que sab&iacute;an construir acueductos, pero olvidaron la receta.
    </p><p class="article-text">
        Lo extraordinario no es que aquel plan existiera. Lo extraordinario es que algunos de los actuales responsables municipales formaban parte de aquel equipo de gobierno que lo impuls&oacute;. Es decir, no estamos ante un cambio de opini&oacute;n, estamos ante una amnesia selectiva, que es una dolencia muy pol&iacute;tica y muy pr&aacute;ctica porque permite negar el pasado sin tener que discutirlo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora el Ayuntamiento ha decidido que la vivienda protegida la gestionen empresas privadas. La expresi&oacute;n &lsquo;vivienda protegida gestionada por empresas privadas&rsquo; tiene algo de ox&iacute;moron, como &lsquo;silencio ensordecedor&rsquo; o &lsquo;dieta a base de donuts&rsquo;. La protecci&oacute;n se convierte en una externalizaci&oacute;n, una subcontrata de la idea misma de proteger. Es como si los bomberos delegaran el fuego en una consultora. Leemos poco a Ray Brabbury y ahora le vemos las orejas al lobo.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica es fascinante: lo p&uacute;blico pone el suelo, la etiqueta y la buena conciencia; lo privado pone el negocio. Y todos contentos, salvo ese peque&ntilde;o detalle llamado &lsquo;inter&eacute;s general&rsquo;, que suele quedarse mirando desde la acera como quien pierde el autob&uacute;s por tercera vez.
    </p><p class="article-text">
        Porque la vivienda protegida no naci&oacute; para ser un producto, sino un salvavidas. No era un &lsquo;segmento de mercado&rsquo;, era un dique. Convertirla en una oportunidad empresarial es como alquilar chalecos salvavidas en un naufragio. T&eacute;cnicamente, sigue habiendo chalecos, s&iacute;. Moralmente, la escena es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Aquel Plan de Vivienda contaba con m&aacute;s de 2.000 viviendas protegidas previstas porque quiz&aacute; se entend&iacute;a que gobernar tambi&eacute;n era incomodar a quien prefer&iacute;a que todo siguiera igual. Hoy, en cambio, parece que gobernar es no molestar, no intervenir demasiado, no alterar el delicado ecosistema del beneficio.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos porque define la vida entera de quien no puede acceder a ella. Delegar su protecci&oacute;n en empresas privadas es una manera elegante de decir: &ldquo;nos preocupa much&iacute;simo, pero no lo suficiente como para hacerlo nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad se llena entonces de anuncios de &ldquo;pr&oacute;xima promoci&oacute;n de vivienda protegida&rdquo; con <em>renders</em> luminosos y familias sonrientes. El cartel promete protecci&oacute;n; la letra peque&ntilde;a rentabilidad. Es la arquitectura del eufemismo: edificios levantados sobre palabras que significan lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        Proteger no es solo poner un sello, es asumir la responsabilidad completa, incluso cuando no resulta rentable, incluso cuando inc&oacute;moda, incluso cuando obliga a discutir. Lo dem&aacute;s es poner una capa de pintura sobre una grieta que sigue creciendo por dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivienda-desprotegida_129_13003042.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 07:08:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vivienda desprotegida]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,VPO - Vivienda de Protección Oficial,Logroño]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué barbaridad, los periodistas hacen preguntas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/barbaridad-periodistas-preguntas_129_12954292.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hoy es f&aacute;cil -de saldo- acusar a cualquier periodista de la tele p&uacute;blica de estar pagado por el Gobierno. Hay quienes suelen decirlo con la tranquilidad con la que se toman el caf&eacute; cada ma&ntilde;ana. Lo formulan como si acabasen de destapar una trama internacional, cuando en realidad han tropezado con una obviedad administrativa: claro que est&aacute;n pagados con dinero p&uacute;blico, igual que los bomberos, los m&eacute;dicos y el se&ntilde;or que cambia las bombillas del ayuntamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al parecer no les gusta que los periodistas hagan preguntas y menos si esas preguntas resultan inc&oacute;modas. Les exigen que formulen las preguntas como quien camina por un campo de minas en calcetines. Que sean f&aacute;ciles, por favor. Eso s&iacute;, nunca critican cuando las preguntas favorecen sus propios intereses; entonces el periodista pasa de mercenario a valiente profesional.
    </p><p class="article-text">
        Y ya puestos a denunciar -&iexcl;Que nadie nos detenga!- el sesgo pol&iacute;tico aparece en cualquier programa de la parrilla de TVE, incluso en los nunca hablan de pol&iacute;tica. Sospechan que detr&aacute;s de las propuestas televisivas del ente p&uacute;blico siempre hay un mensaje subliminar, como cuando dec&iacute;an que nos influ&iacute;an a beber Coca Cola con est&iacute;mulos inconscientes bajo las pel&iacute;culas que ve&iacute;amos en el cine. He ido mucho al cine y nunca me ha gustado la Coca Cola, al menos sola.
    </p><p class="article-text">
        No soy habitual de La Revuelta, pero en las ocasiones en que lo he visto nunca han hablado de pol&iacute;tica. A no ser que defender la Sanidad y la Educaci&oacute;n P&uacute;blica de vez en cuando sea hablar de pol&iacute;tica, cuando entiendo que es -o debiera ser- una posici&oacute;n de m&iacute;nimos democr&aacute;ticos. Otra cosa es que hayamos llegado a un punto en el que pedir hospitales que funcionen o escuelas dignas suene a consigna electoral. Si eso es hacer pol&iacute;tica, entonces tambi&eacute;n lo es exigir que los sem&aacute;foros se pongan en verde cuando toca. Y, visto lo visto, no ser&iacute;a raro que alguien acusase al disco rojo de estar financiado por una dictadura extranjera.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el verdadero problema de la tele p&uacute;blica para algunos no sea el contenido, sino la audiencia; que TVE crezca incomoda a quienes daban por hecho que el descr&eacute;dito era irreversible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa periodista que ahora resulta tan molesta lleve a&ntilde;os -desde 2021- haciendo exactamente lo mismo: preguntar, insistir, no conformarse con respuestas en conserva. Tal vez lo &uacute;nico que ha cambiado es que ahora la ve m&aacute;s gente. Y eso, claro, altera los nervios de algunos. Durante mucho tiempo, el periodismo que preguntaba pod&iacute;a ser despachado con un encogimiento de hombros &mdash;&ldquo;no la ve nadie&rdquo;&mdash;, pero cuando la audiencia crece, la pregunta ya no es irrelevante, sino que se considera peligrosa. No porque sea malintencionada, sino porque se escucha.
    </p><p class="article-text">
        La sospecha autom&aacute;tica hacia quien pregunta revela adem&aacute;s la descalificaci&oacute;n de quienes escuchan a esa periodista -quiz&aacute;, precisamente, porque hace preguntas-, como si el p&uacute;blico, la gente, los espectadores fuesen incapaces de distinguir entre informaci&oacute;n period&iacute;stica y propaganda. Tontos, que sois unos tontos. Resulta curioso que quienes desconf&iacute;an tanto de los medios p&uacute;blicos conf&iacute;en tan poco en la inteligencia de la gente que los consume. S&oacute;lo ellos saben la verdad. Afortunados.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo es sencilla: &iquest;la gente ve a esa periodista porque est&aacute; pagada por el Gobierno o porque hace las preguntas que muchos creen que deben hacerse? Pensar lo primero es c&oacute;modo; aceptar lo segundo exige admitir que el periodismo, cuando cumple su funci&oacute;n, no est&aacute; para agradar sino para incomodar. Y eso, en tiempos de mensajes perfectamente empaquetados, es casi un acto de rebeld&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La democracia no necesita periodistas obedientes; necesita periodistas curiosos, insistentes, a veces impertinentes. Porque la impertinencia, bien entendida, no es mala educaci&oacute;n: es negarse a tratar al poder como si fuese porcelana fina. Al fin y al cabo, si una pregunta puede poner en aprietos a un dirigente, quiz&aacute; el problema no sea la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas inc&oacute;modas son a la pol&iacute;tica lo que el VAR al f&uacute;tbol: nadie las quiere cuando pitan en contra, pero todos las exigen cuando creen tener raz&oacute;n. Lo fascinante es la rapidez con la que algunos pasan de reclamar transparencia a considerar ofensiva cualquier cuesti&oacute;n que no venga barnizada de halago.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si lo que desean es comunicar sin interferencias, tienen opciones perfectamente dignas: la nota de prensa, por ejemplo, ese g&eacute;nero donde todo sucede seg&uacute;n lo previsto y nadie formula preguntas inoportunas. Tambi&eacute;n existen las comparecencias sin preguntas, ese formato que, como las fotos retocadas, dice m&aacute;s por lo que oculta que por lo que muestra. Nadie les obliga a exponerse al escrutinio. Pero no se puede convocar a la prensa o aceptar una entrevista y luego sorprenderse de que haya periodistas en la sala. Es como meterse en una piscina y quejarse de que el agua moja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/barbaridad-periodistas-preguntas_129_12954292.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 10:22:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qué barbaridad, los periodistas hacen preguntas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Antón y el miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/san-anton-miedo_129_12919765.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La calle San Ant&oacute;n de Logro&ntilde;o siempre fue una calle comercial. No por decreto ni por nostalgia, sino por pura biolog&iacute;a urbana: escaparates, tr&aacute;nsito peatonal, conversaci&oacute;n entre vecinos; vamos, lo que se conoce como vida en la ciudad. Era una de esas calles que no necesitaban reivindicarse porque ya eran. Quiz&aacute; por eso duele m&aacute;s verla apagarse lentamente, como un fluorescente que parpadea durante a&ntilde;os antes de fundirse del todo mientras el encargado mira al techo esperando que se arregle solo.
    </p><p class="article-text">
        San Ant&oacute;n no se muere de golpe. Se muere por aplazamiento. Por miedo. Por esa cobard&iacute;a tan moderna que no consiste en huir, sino en quedarse quieto para no molestar a nadie, aunque eso implique renegar del presente y, sobre todo, del futuro.
    </p><p class="article-text">
        San Ant&oacute;n pide a gritos una reurbanizaci&oacute;n. No lo hace con pancartas, sino con locales cerrados, con aceras estrechas y maltrechas, con un tr&aacute;fico rodado que no entiende que pinta ah&iacute;, en el centro de la ciudad, y la sensaci&oacute;n general de que &lsquo;antes esto no era as&iacute;&rsquo;. Antes fue antes.
    </p><p class="article-text">
        Los responsables municipales han decidido que es mejor mirar para otro lado, no vaya a ser que alguien se queje del ruido de las obras, del polvo o de tener que caminar dos manzanas m&aacute;s por no poder aparcar&hellip; en doble fila.
    </p><p class="article-text">
        Porque aqu&iacute; el problema no es t&eacute;cnico, ni econ&oacute;mico, ni urban&iacute;stico. El problema es el miedo. El miedo a las protestas de algunos comerciantes y vecinos que no quieren obras porque son molestas. Como si la alternativa fuera un masaje tailand&eacute;s y no la lenta agon&iacute;a comercial. Como si una calle pudiera sobrevivir eternamente en formol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s fascinante del caso es que ya tenemos el experimento hecho. Recuerdan lo que sucedi&oacute; en la calle Rep&uacute;blica Argentina. Tambi&eacute;n c&eacute;ntrica. Tambi&eacute;n comercial. Tambi&eacute;n asediada por las protestas. Tambi&eacute;n con pol&iacute;ticos que, en su momento, jalearon e incitaron esas protestas de vecinos y comerciantes para que no se acometieran las obras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las obras se hicieron y hoy, la calle Rep&uacute;blica Argentina parece m&aacute;s amplia, m&aacute;s amable, m&aacute;s limpia y, sobre todo, no est&aacute; llena de persianas comerciales bajadas como un p&aacute;rpado cansado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero San Ant&oacute;n tiene adem&aacute;s un componente casi literario. Se han perdido dos millones de euros de Fondos Europeos concedidos para acometer la obra. Dos millones. Dinero que no hab&iacute;a que rascar del presupuesto municipal ni pedirle prestado a nadie. Dinero que estaba ah&iacute;, como una herencia inesperada, y que se ha dejado pasar porque hacer obras es inc&oacute;modo y molestan a algunos. Kafka habr&iacute;a pedido una ca&ntilde;a y se habr&iacute;a quedado a tomar notas.
    </p><p class="article-text">
        Gobernar no es caer bien. Es decidir. Y decidir, a veces, implica enfadar a unos pocos hoy para que muchos puedan vivir mejor ma&ntilde;ana. La calle San Ant&oacute;n no necesita m&aacute;s paciencia ni m&aacute;s mesas de di&aacute;logo eternas. Necesita valent&iacute;a. Necesita obras. Necesita futuro. Porque una calle comercial no muere cuando hay zanjas. Muere cuando nadie se atreve a abrirlas. Ya se han ido Massimo Duti, Oysho y Bershka&hellip; el motor Inditex a la fuga.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/san-anton-miedo_129_12919765.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 10:15:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[San Antón y el miedo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Subirse el sueldo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/subirse-sueldo_129_12900528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Mi amigo Mateo dice que este es su a&ntilde;o y en consecuencia ha decidido subirse el sueldo a s&iacute; mismo. Me lo cont&oacute; el d&iacute;a de Reyes por la tarde. Me convoc&oacute; en el &lsquo;73&rsquo; de la calle Portales, creo que en busca de afirmaci&oacute;n por mi parte. Asegura que no es un arrebato, ni un acto impulsivo, que lo ha pensado y madurado, y lo que es m&aacute;s importante para &eacute;l, que lo considera justo, que no nos enga&ntilde;emos es el adjetivo favorito de cualquiera cuando habla de su propio dinero.
    </p><p class="article-text">
        Mateo dice que se lo merece y lo repite con la misma convicci&oacute;n con la que uno se pide la segunda copa. A&uacute;n no se lo ha comunicado a sus jefes y reconoce que sus compa&ntilde;eros le recuerdan que s&oacute;lo lleva dos a&ntilde;os en un puesto para el que se present&oacute; como el mejor candidato posible, y que cuando firm&oacute; el contrato sab&iacute;a perfectamente cu&aacute;nto iba a cobrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Apuntan que no hubo letra peque&ntilde;a, ni trampa, ni enga&ntilde;o, que todo el mundo era conocedor de sus condiciones laborales para un puesto de tan alta cualificaci&oacute;n y que dos a&ntilde;os no parece tiempo razonable para reescribir su historia en la empresa, como si el sueldo fuera una serie de Netflix que se renegocia su continuidad por temporadas. Especialmente, cuando apenas se incrementa el de los operarios.
    </p><p class="article-text">
        Los colegas del curro le han advertido tambi&eacute;n que no espere comprensi&oacute;n, ni aplausos, y que no olvide que los jefes creen que los n&uacute;meros son hechos y no estados de &aacute;nimo. Adem&aacute;s, le han alertado que sobre su rendimiento existe divisi&oacute;n de opiniones; hay quienes est&aacute;n con &eacute;l al cien por cien y quienes se sienten defraudados por el desempe&ntilde;o de las tareas que tiene encomendadas; incluso hay quienes le critican abiertamente.
    </p><p class="article-text">
        Mateo no lo ve as&iacute;. Dice que dos a&ntilde;os son una eternidad moderna, suficientes para aprender, sufrir, madrugar e incluso para llegar tarde un par de veces, y no hacer acto de presencia otras tantas. Cree que dos a&ntilde;os justifican un peque&ntilde;o homenaje salarial. No una subida obscena, no, pero s&iacute; una que levante el &aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Como amigo, le he avisado de que los jefes no suelen comprar met&aacute;foras, que tampoco la vida es una escalera mec&aacute;nica que s&oacute;lo mira hacia arriba, que los sueldos no suben porque uno lo sienta y que el mundo laboral, tristemente, no funciona como nuestra autoestima.
    </p><p class="article-text">
        Mateo insiste en que no es el &uacute;nico que ha tenido la misma idea, que ha le&iacute;do y escuchado que otros aqu&iacute; y all&aacute; piensan hacer lo mismo. Le he prevenido que no es lo mismo y creo que ha dado por concluida la conversaci&oacute;n con la dignidad un tanto tocada, como quien intenta colarse en el local de moda diciendo que es amigo del due&ntilde;o y descubre que el due&ntilde;o no lo recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Mateo ha cambiado de estrategia, dice ahora que negociar&aacute; con los jefes y que tomar decisiones unilateralmente era una maniobra equivocada, qu&eacute; en el trabajo, como en la vida, uno puede creerse imprescindible hasta que otros revisan el contrato&hellip; cada cuatro a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/subirse-sueldo_129_12900528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 14:43:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Subirse el sueldo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De barrio a souvenir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/barrio-souvenir_129_12836524.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Supermercados 24 horas y comida para llevar: el comercio del casco histórico de Logroño se transforma para el turista
</p></div><p class="article-text">
        Julia dice que a los vecinos los est&aacute;n echando del Casco Antiguo. Lo dice sin rabia, con resignaci&oacute;n, con cierta tristeza. Julia camina todas las ma&ntilde;anas hasta la panader&iacute;a de la calle Hermanos Moroy. Su casa no pilla lejos. Julia vive en Portales, en el edificio que hace chafl&aacute;n con Sagasta, que por cierto no entiende como no la han peatonalizado de una vez por todas. M&aacute;s de una ma&ntilde;ana coincido con ella al comprar el pan; ella la barra hueca, yo un bollo integral.
    </p><p class="article-text">
        Julia tiene la edad en que el cuerpo empieza a protestar, pero la cabeza sigue mandando. Camina despacio no por cansancio sino porque ya no tiene prisa alguna. Tiene el pelo blanco, pero no de esos blancos de champ&uacute; con col&aacute;geno premium extra, sino de los que cuentan historias. Su voz es suave y firme, como la de quien ha aprendido que gritar no sirve de nada si el otro no quiere escuchar. &ldquo;Eso -dice Julia- es lo que pasa y ha pasado con el Casco Antiguo, que nadie quiere ni ha querido escuchar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos echan, nos expulsan&rdquo;, repite con la autoridad que dan los a&ntilde;os y el sarcasmo que produce el hartazgo. Lamenta que ya no queden bares de los de antes; ahora todos son de sillas altas a las que no puede alzarse. Julia no lleva reloj porque el tiempo no lo mide en horas sino en cierres; la ferreter&iacute;a baj&oacute; la persiana, ya no hay tiendas de alimentaci&oacute;n, ni ultramarinos, ni est&aacute; la encajera, ni la droguer&iacute;a, ni la tienda de hilos, ni la mercer&iacute;a donde sab&iacute;an tu nombre y tu talla sin preguntar; ahora todo son bazares chinos, helader&iacute;as, bares y pisos tur&iacute;sticos, que pronto ser&aacute; la &uacute;nica tipolog&iacute;a de vivienda en el Casco Antiguo, asegura. Cuando le apuntan que acaba de abrir un <em>Carrefour Express</em> ella replica que eso, que <em>express</em>, para los visitantes de fin de semana.
    </p><p class="article-text">
        Julia tiene la mirada triste, como esas personas que ya lo han visto todo dos veces. Lamenta que en el Casco Antiguo ya no se vive ni se compra, tan s&oacute;lo se experimenta. &ldquo;Te venden experiencias y los vecinos s&oacute;lo somos figurantes de un escenario dise&ntilde;ado para los turistas. El Casco Antiguo cada d&iacute;a es un recuerdo menos&rdquo;. Cuando Julia dice &ldquo;nos echan&rdquo;, lo hace con la elegancia de quien sabe perder sin armar jaleo, como una se&ntilde;ora que ha vivido lo suficiente para entender que el progreso, a veces, no es m&aacute;s que una mudanza mal hecha.
    </p><p class="article-text">
        Se r&iacute;e -se burla, m&aacute;s bien- de la decisi&oacute;n de no dar m&aacute;s licencias a nuevos pisos tur&iacute;sticos durante un a&ntilde;o que ha aprobado el Ayuntamiento con el acuerdo de todos los grupos pol&iacute;ticos. &ldquo;S&oacute;lo quieren que pase la Legislatura diciendo que han hecho algo, escurriendo el bulto, pero no enga&ntilde;an a nadie -dice Julia-, despu&eacute;s llegar&aacute;n las elecciones y har&aacute;n nuevas promesas que tampoco nos creeremos y que tampoco cumplir&aacute;n&rdquo;. Recuerda que s&iacute; hubo un tiempo &ldquo;har&aacute; ya veinte a&ntilde;os en que si se hicieron cosas&hellip; pero luego no continuaron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ya en la puerta de la panader&iacute;a, Julia recuerda que cada semana hay un vecino que hace las maletas hacia otro punto de la ciudad. &ldquo;Es la evoluci&oacute;n natural en el h&aacute;bitat en el que vivimos; del barrio al parque tem&aacute;tico&rdquo;. Hemos pasado del saludo matutino al c&oacute;digo QR.
    </p><p class="article-text">
        En la panader&iacute;a, cuando Julia ya va de camino a casa, es un hombre joven el que remata la conversaci&oacute;n: &ldquo;El Casco Antiguo ya no es un barrio, es un souvenir&rdquo;.&nbsp;Se r&iacute;e de su ocurrencia con una risa amarga: &ldquo;Los vecinos nos iremos -dice- nos echar&aacute;n, mejor dicho; lo har&aacute;n con m&aacute;s helader&iacute;as, con m&aacute;s pisos tur&iacute;sticos -esos 46 que quedan pendientes todos sabemos que obtendr&aacute;n licencia-, con alquileres imposibles, no echar&aacute;n sin parecer que nos echan, simplemente haciendo que la vida sea imposible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El hombre saluda antes de irse: &ldquo;Cuando Julia tambi&eacute;n se marche, el Casco Antiguo quiz&aacute; parezca limpio y brillante, pero estar&aacute; vac&iacute;o, como un decorado de cart&oacute;n piedra, esperando al siguiente turista que venga a hacerse la foto; entonces igual ya no estamos ni los figurantes&rdquo;.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&iquest;El bollo integral de siempre?</li>
                                    <li>No, hoy quiero una barra con mucha miga, por favor</li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/barrio-souvenir_129_12836524.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Dec 2025 12:44:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De barrio a souvenir]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Ciudades,Comercio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Correos, el alcalde y los Reyes Magos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/correos-alcalde-reyes-magos_129_12842798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En Logro&ntilde;o ha pasado algo que ni los guionistas de la mejor serie dram&aacute;tica hubieran podido escribir. No se r&iacute;an; la situaci&oacute;n es grave y m&aacute;s con la Navidad a las puertas. La noticia se conoc&iacute;a hace unos d&iacute;as: Correos ha cortado el servicio al Ayuntamiento por impago. El buz&oacute;n consistorial est&aacute; m&aacute;s seco que los buenos prop&oacute;sitos de a&ntilde;o nuevo a 15 de enero. Y en estas fechas tan se&ntilde;aladas ha saltado la alarma. &iquest;Y la carta a los Reyes Magos del alcalde? &iquest;Este a&ntilde;o no la va a poder enviar? &iquest;Qu&eacute; a va a ser de esos proyectos anunciados para el a&ntilde;o que viene? &iquest;Seguir&aacute; siendo el Presupuesto Municipal el m&aacute;s social de la Historia? &iquest;Se cumplir&aacute; con las inversiones prometidas? Con la reurbanizaci&oacute;n de las Cien Tiendas no hay problema; se supone que para 2027 ya se habr&aacute; saldado el descubierto, pero y con los dem&aacute;s planes. Porque en Logro&ntilde;o -salvo el Plan General Municipal- por planes no ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Si el alcalde se queda sin enviar su carta a los Reyes Magos no es que no le traigan nada es que ni siquiera van a saber lo que quiere. Sue&ntilde;os -urban&iacute;sticos o no- retenidos en un limbo log&iacute;stico.&nbsp;Hay quien dice que esta situaci&oacute;n paralizar&aacute; la ciudad, aunque desde la oposici&oacute;n ironizan ya con que la ciudad ven&iacute;a paralizada de antes y que lo &uacute;nico que cambia es que al menos antes la par&aacute;lisis se pod&iacute;a disfrazar con membrete y sello oficial. Unos y otros, ya saben.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que un Ayuntamiento sin servicio postal es como ese estudiante que no entrega la pr&aacute;ctica final y como excusa alega que el perro se comi&oacute; el <em>router</em> de la wifi. Quiz&aacute; sea lo m&aacute;s parecido a la burocracia veng&aacute;ndose de s&iacute; misma que nunca contemplaremos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escena tiene un punto entra&ntilde;able. Toda la ciudad imagin&aacute;ndose al alcalde frente al buz&oacute;n, carta en mano, buscando una ranura que ya no existe. Como un ni&ntilde;o al que se le explica que los Reyes no vienen este a&ntilde;o porque Hacienda intervino los camellos. Que dado como est&aacute;n las noticias en el pa&iacute;s todo puede pasar.
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos podemos empezar a compadecernos del equipo de bedeles municipal que van a recorrer m&aacute;s kil&oacute;metros que Fil&iacute;pides. Ya saben aquel griego que en el a&ntilde;o 490 a. C corri&oacute; desde Marat&oacute;n hasta Atenas para anunciar la victoria sobre los persas. Esperemos que no acaben igual.
    </p><p class="article-text">
        En el curso de Primero de Pol&iacute;tica recomiendan al concejal delegado responsable alegar que todo es &ldquo;un malentendido administrativo&rdquo; y dejar que pasen las fiestas navide&ntilde;as, que la gente est&aacute; a otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Esperemos que siguiendo el guion de una pel&iacute;cula de esas tristes de Navidad, el alcalde no decida subir al tejado de la Casa Consistorial y entre las placas solares -porque las hay- y mientras cae una copiosa nevada -atrezzo por supuesto- trate de contactar con alguno de los Reyes Magos por medio de bluetooth. Si la conexi&oacute;n se produce los ciudadanos le recomendamos que pida una hucha para que esta situaci&oacute;n no se repita, no vaya a ser que un a&ntilde;o de estos tampoco tengamos alumbrado navide&ntilde;o. Y eso s&iacute; que no.
    </p><p class="article-text">
        No estar&iacute;a de m&aacute;s que los logro&ntilde;eses nos concentr&aacute;ramos en alguna plaza para que la magia de la Navidad resuelva el problema a tiempo, aunque el problema m&aacute;s que de Oriente parece proceder de Hacienda. Hay quien dice que pagar las facturas ya es magia en s&iacute; misma, aunque sea magia de la aburrida, de la que funciona.
    </p><p class="article-text">
        Feliz Navidad, alcalde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/correos-alcalde-reyes-magos_129_12842798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Dec 2025 09:58:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Correos, el alcalde y los Reyes Magos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mientras no les miran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-les-miran_129_12782788.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Suele ser el runr&uacute;n. Ese rumor que comienza callejeando y llega a los puestos de trabajo y a las tiendas de ultramarinos, ese murmullo que va cobrando forma de noticia en las cafeter&iacute;as y que al final termina en la ventanilla de acceso al Parlamento regional, donde los ujieres comentan: &ldquo;Mira estos&rdquo;, entre chanzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es ese runr&uacute;n que genera indignaci&oacute;n ciudadana -que no sorpresa- y un &lsquo;ahora c&oacute;mo lo explicamos&rsquo; pol&iacute;tico, que no temor ni arrepentimiento sincero, mientras avanza por la moqueta de la C&aacute;mara de los representantes de la ciudadan&iacute;a camino de los despachos de sus se&ntilde;or&iacute;as y de la Presidencia.
    </p><p class="article-text">
        Y es que hay acuerdos pol&iacute;ticos que nacen como vocaci&oacute;n de eternidad, y luego est&aacute;n los pactos de algunos Parlamentos, que duran exactamente lo que tardan los ciudadanos en ponerles la cara colorada a sus diputados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los cuatro partidos con representaci&oacute;n parlamentaria -todos, sin distinci&oacute;n de camiseta ni color, sin &lsquo;sanchismos&rsquo;, ni fascismos, ni l&iacute;neas rojas infranqueables- se pusieron de acuerdo para aprobar un servicio exclusivo para ellos mismos. No para los ciudadanos, no para mejorar la vida de la gente, no para reducir las listas de espera en la Sanidad P&uacute;blica, o facilitar el acceso a una vivienda. No. PP, PSOE, VOX e IU se pusieron de acuerdo para tener un extra. Un mullido coj&iacute;n m&aacute;s en el ya bien almohadillado sill&oacute;n de la representaci&oacute;n p&uacute;blica. Porque no olvidemos que est&aacute;n ah&iacute; por vocaci&oacute;n de servicio, dicen, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Se vot&oacute;. Se aprob&oacute;. Se sonri&oacute;. Y, sobre todo, no se cont&oacute; demasiado de puertas a fuera con el convencimiento de que la ciudadan&iacute;a seguro que estaba ocupada en otras cosas, como ganarse la vida, estudiar por miedo a que el futuro se quede sin bater&iacute;a, tratar de conseguir cita con el m&eacute;dico especialista o descifrando a qu&eacute; lugar del pa&iacute;s no ha llegado a&uacute;n la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero el runr&uacute;n salt&oacute; de la vida real a las redes sociales y eso s&iacute; que no; la reputaci&oacute;n pol&iacute;tica puede da&ntilde;arse, pero s&oacute;lo hasta cierto punto. Nunca virtualmente. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pensar&aacute;n mis seguidores?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Alguien vio el twitt o el post y lanz&oacute; la voz de alarma. &ldquo;&iquest;Est&aacute; en X? Tenemos que reaccionar. &iquest;Nos preguntan por qu&eacute; si somos profesionales necesitamos un privilegio m&aacute;s?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Reunidos con m&aacute;s celeridad que Maz&oacute;n acudiendo al CECOPI el d&iacute;a de la DANA, encontraron la soluci&oacute;n. &ldquo;D&eacute;mosle la vuelta, renunciamos y decimos que generamos un ahorro a la regi&oacute;n por nuestro compromiso con el inter&eacute;s general&rdquo;. Estrategia de Primero de Pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El Inter&eacute;s General es para muchos pol&iacute;ticos lo que el padre para los adolescentes: solo aparece cuando lo pillan volviendo tarde y sin los deberes hechos. Antes parece no existir. Es un ente gaseoso que se materializa justo cuando la opini&oacute;n p&uacute;blica les pone la cara colorada.
    </p><p class="article-text">
        Mientras no les miraban llegaron a un acuerdo en el que los diputados de PP, PSOE, VOX e IU no pensaron en el inter&eacute;s general; pensaron en su propio inter&eacute;s, que es m&aacute;s cercano y m&aacute;s calentito. Todos juntitos, en buena compa&ntilde;&iacute;a, sin malas palabras; todos de acuerdo. Un ejemplo de consenso democr&aacute;tico. La unanimidad m&aacute;s s&oacute;lida de la Legislatura y, quiz&aacute;, la &uacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Ahora dicen que renuncian. Renuncian a las plazas de aparcamiento reservadas en un c&eacute;ntrico parking de Logro&ntilde;o para los diputados regionales de PP, PSOE, VOX e IU. Lo hacen por el inter&eacute;s general; ese valor, que curiosamente, no visualizaron el d&iacute;a que se dotaron del privilegio. Les ha faltado proclamar a coro: &ldquo;Me he equivocado, no volver&aacute; a ocurrir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; echamos en falta diputados m&aacute;s valientes y menos profesionales, que sean capaces de argumentar sus decisiones y votos, incluso de mantenerlos y justificarlos, y que si llegan a un acuerdo por unanimidad sea para que el precio del metro cuadrado de VPO no sea de cerca de 2.000 euros. Aunque la Vivienda Protegida en La Rioja sea hoy como el inter&eacute;s general, una quimera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-les-miran_129_12782788.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Nov 2025 10:37:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mientras no les miran]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El concejal y el entrenador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/concejal-entrenador_129_12760905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 23 de febrero de 2017 Claudio Ranieri fue despedido como entrenador del modesto Leicester, tras haber sido avalado por el presidente del club tan s&oacute;lo unas horas antes y haber conquistado la Liga inglesa la temporada anterior. Estas cosas pasan. Suceden en f&uacute;tbol, en las relaciones, en la vida real en general y tambi&eacute;n en la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hay un momento en toda temporada pol&iacute;tica en el que el alcalde de una ciudad se convierte, sin saberlo, en el presidente de un club de f&uacute;tbol. &ldquo;El concejal goza de toda mi confianza&rdquo; es el equivalente institucional de &ldquo;el m&iacute;ster sigue&rdquo;. Y ya se sabe lo que viene despu&eacute;s: el m&iacute;ster sigue, s&iacute;, pero hasta el lunes. En pol&iacute;tica y en f&uacute;tbol, la confianza es como la mahonesa al sol: se corta con nada.
    </p><p class="article-text">
        El caso del concejal reestructurado -esa palabra tan elegante para decir &ldquo;te he quitado las llaves del vestuario&rdquo;- es de manual. Primero le quitan el &aacute;rea &ldquo;para promocionarlo&rdquo;, porque &ldquo;necesita centrarse en otros retos&rdquo;. Luego le reducen las competencias -aunque parecen que se las aumentan-, despu&eacute;s el despacho, y al final lo que le quitan es la tarjeta de acceso al edificio, si la hubiera. Todo con una sonrisa de &rsquo;formamos un equipo&rsquo;.&nbsp;Es esa foto que el presidente de un equipo de f&uacute;tbol se hace con el entrenador antes de cesarlo, para demostrar que aqu&iacute; todo va bien, que son una pi&ntilde;a. Porque el equipo puede descender, pero la imagen del presi debe permanecer intachable.
    </p><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica local, como en el f&uacute;tbol, la lealtad se mide por los resultados. Si en las alineaciones hay tanta sospecha de irregulares que hasta la Federaci&oacute;n pide el VAR, primero se respalda al entrenador y luego, pasado un tiempo prudencial, se le impulsa a responsable de la imagen del club u otros menesteres en los que no se roce con la gesti&oacute;n directa del juego.
    </p><p class="article-text">
        Si la gesti&oacute;n del entrenador/concejal da titulares inc&oacute;modos o pol&eacute;micas que huelen a pr&oacute;rroga eterna, el alcalde hace lo que har&iacute;a cualquier presidente: rueda de prensa, gesto grave, y frase tipo &ldquo;hemos decidido dar un impulso al proyecto&rdquo;. Que traducido al idioma del d&iacute;a a d&iacute;a quiere decir: &ldquo;no podemos seguir as&iacute; y t&uacute; eres el cambio t&aacute;ctico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el concejal -como esos entrenadores que a&uacute;n creen que pueden remontar- sale diciendo que sigue &ldquo;comprometido con la ciudad y con el alcalde&rdquo;. Claro, igual que Lopetegui en aquella concentraci&oacute;n de Espa&ntilde;a cuando ya hab&iacute;a fichado por el Madrid. Luego un d&iacute;a abre el peri&oacute;dico y descubre que no repite en las listas. No lo han sustituido, lo han desaparecido. En pol&iacute;tica no hay despidos, hay desvanecimientos. Porque en pol&iacute;tica, al igual que en el negocio del bal&oacute;n, los errores de bulto no se perdonan y menos si uno insiste en vestirlo de estrategia.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre un alcalde y un presidente de club es m&iacute;nima: uno juega con presupuestos y el otro con balones y otras cosas -intangibles los llaman-, pero los dos acaban fichando suplentes y buscando culpables para seguir al mando ante la afici&oacute;n. En ambos casos, cuando se habla de &ldquo;reorganizar el equipo&rdquo;, los jugadores ya saben que alguien no va a ducharse con el resto. Y que cuando el alcalde dice &ldquo;mantengo toda mi confianza en &eacute;l&rdquo;, suena a pitido final. En la pol&iacute;tica, como el f&uacute;tbol, no pierde quien falla el gol, sino quien se queda a aplaudir cuando ya no suenan los himnos en el palco. Ya lo dijo un ex entrenador del Liverpool: &ldquo;No es tan importante lo que la gente piensa de ti cuando llegas como lo que piensa cuando te vas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/concejal-entrenador_129_12760905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Nov 2025 10:17:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El concejal y el entrenador]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siempre fueron gigantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/gigantes_129_12723752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No comparto el anuncio de publicidad de General &Oacute;pticas. Creo que es err&oacute;neo. Alonso Quijano no precisa de gafas. Siempre ha visto a la perfecci&oacute;n. A Don Quijote lo tildan de loco porque ve gigantes donde los dem&aacute;s contemplan molinos. Se ha impuesto la versi&oacute;n oficial: quien lucha contra las injusticias sufre delirios, confunde la realidad con la fantas&iacute;a y necesita descanso, pasar por la &oacute;ptica y tal vez un psic&oacute;logo de la Seguridad Social -si lo hubiera y diera cita antes de diez d&iacute;as. La verdad es otra: los molinos eran gigantes. Siempre lo fueron. La locura quiz&aacute; sea del resto de nosotros que nos hemos acostumbrado a vivir entre ellos sin levantar la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Los gigantes no tienen brazos de madera, sino tent&aacute;culos de poder y de soberbia. Se disfrazan de multinacionales, gobiernos, bancos y partidos pol&iacute;ticos. Don Quijote los reconocer&iacute;a enseguida: los ver&iacute;a en los pasillos de los parlamentos, en los despachos donde se deciden recortes sociales, en los consejos de administraci&oacute;n que confunden rentabilidad con derechos fundamentales, o all&iacute; donde se decide putear un poco m&aacute;s a los aut&oacute;nomos. Nosotros, en cambio, nos conformamos con llamarlos &ldquo;mercados&rdquo;, &ldquo;geopol&iacute;tica&rdquo; o &ldquo;ajuste presupuestario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hacen falta quijotes, y muchos. Quijotes que levanten la voz por una Sanidad P&uacute;blica que no se desangre en pasillos de urgencias de ocho horas. Quijotes que defiendan una Educaci&oacute;n P&uacute;blica que no se convierta en un lujo de clase alta. Quijotes que no acepten que nuestros pueblos mueran despacio, sin m&eacute;dicos, sin autobuses y sin j&oacute;venes. Quijotes que le digan a Trump -y a todos sus imitadores- que dar caza a seres humanos no es novedoso, que eso ya lo inventaron los nazis y lo perfeccion&oacute; el apartheid.
    </p><p class="article-text">
        Hacen falta Quijotes para decirle a Putin que invadir pa&iacute;ses no es gobernar, sino compensar la falta de ideas y libertades en el propio. Y a los votantes que dudan entre un mentiroso profesional y un pusil&aacute;nime de manual, que la duda es leg&iacute;tima, pero resignarse es otra forma de rendici&oacute;n. Necesitamos Quijotes que protejan a los agricultores frente a las multinacionales de la alimentaci&oacute;n -esas que ganan m&aacute;s cuanto menos gana quien siembra-; que defiendan a esa anciana que un fondo buitre quiere echar de su casa de toda la vida; que desenmascaren a las tecnol&oacute;gicas que venden nuestros datos y compran conciencias.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos Quijotes que averg&uuml;encen a los diputados que aparcan gratis con dinero p&uacute;blico, que ridiculicen a los que se envuelven en la bandera para tapar sus verg&uuml;enzas fiscales, que pongan colorados a los que blanquean dictaduras a trav&eacute;s del f&uacute;tbol y del deporte, y que recuerden a tanto patriota de boquilla que la Constituci&oacute;n tambi&eacute;n habla de vivienda y empleo dignos, no solo de himnos y banderas.
    </p><p class="article-text">
        Don Quijote no estaba loco. Quiz&aacute; los locos somos nosotros que aceptamos que los gigantes hagan y deshagan y nos burlamos del que los enfrenta. &ldquo;Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utop&iacute;a, sino justicia&rdquo;. En pleno siglo XXI sigue haciendo falta alguien que monte en su Rocinante, alce la mirada, y grite sin iron&iacute;a ni protocolo: &iexcl;Sancho, mi espada!. Don Quijote es quien menos necesita gafas. Ninguna duda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/gigantes_129_12723752.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Nov 2025 10:56:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Siempre fueron gigantes]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad de las baldosas saltarinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciudad-baldosas-saltarinas_129_12690671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        La mujer sangraba por la nariz como si hubiera perdido una pelea con el lunes; la ten&iacute;a hinchada. Las manos, abiertas hacia arriba, mostraban raspones de principiante en esto de tropezar en plena calle. Tambi&eacute;n su rodilla derecha estaba marcada. Carmen, s&eacute; que se llamaba as&iacute; por la otra mujer, la que cruz&oacute; los cuatro carriles de la calle Chile al grito de &ldquo;Carmen, Carmen&rdquo;, demostrando, una vez m&aacute;s, que la lealtad siempre ser&aacute; m&aacute;s importante que la prudencia, contabilizaba testigos en vez de heridas, esperando que el barrio entero no hubiera asistido al espect&aacute;culo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A Carmen la sentaron en una butaca en plena calle. La ofrecieron unos j&oacute;venes del sal&oacute;n de tatuajes ante cuya puerta hab&iacute;a ca&iacute;do. Con su ayuda y la colaboraci&oacute;n de las personas que pasaban por all&iacute; aupamos a la herida mientras recuperaba el pulso y el aliento. Los chicos no dudaron en echar una mano en cuanto escucharon el revuelo formado en la acera. &ldquo;Y estos -dijo uno de los hombres que hab&iacute;a parado a ayudar a Carmen- no son precisamente de Briones, pero han estado tan vivos para ayudar como si fueran del 112. Para m&iacute; si viven y trabajan en La Rioja son riojanos de pura cepa&rdquo;. &ldquo;As&iacute; es&rdquo;, confirmo su compa&ntilde;ero de paseo matinal con la solemnidad de un panadero que anuncia el fin de la masa madre.
    </p><p class="article-text">
        Carmen no paraba de repetir una y otra vez que estaba bien, que no llamaran a la ambulancia, y que la culpa hab&iacute;a sido de una baldosa con la que hab&iacute;a tropezado.
    </p><p class="article-text">
        Como si fu&eacute;ramos agentes del &lsquo;CSI Logro&ntilde;o&rsquo; todos los que hab&iacute;amos parado a ayudar a Carmen y alguno m&aacute;s nos pusimos a investigar la escena del tropiezo. Y all&iacute; estaba. La baldosa rebelde columpiaba su posici&oacute;n en funci&oacute;n de la marcha de los peatones; siempre tratando de cazar a alguna de las personas que transitaban por aquella acera. La duda sobre la verdadera culpable surgi&oacute; cuando a tan s&oacute;lo unos cent&iacute;metros localizamos una baldosa c&oacute;mplice que permanec&iacute;a en permanente estado de riesgo para quienes caminaban en sentido sur.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es la ciudad de las baldosas saltarinas&rdquo;. Creo que fue el mismo hombre quien describi&oacute; as&iacute; Logro&ntilde;o. A decir verdad, no recuerdo exactamente si dijo saltarinas o bailarinas, pero poco importa si la intenci&oacute;n fue deportiva o art&iacute;stica. En Logro&ntilde;o las cosas pueden ser una coreograf&iacute;a o un accidente dependiendo de la hora del d&iacute;a. Estuve a punto de ofrecerle un contrato como redactor de titulares de tribunas, pero para cuando reaccion&eacute; ya caminaba junto a su compa&ntilde;ero a trav&eacute;s de la plaza Primero de Mayo.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese d&iacute;a, localizo baldosas sueltas, levantadas en v&eacute;rtice, rotas, en modo barrera, impulsadas por las ra&iacute;ces de los &aacute;rboles hacia el espacio exterior, las que permanece en su ubicaci&oacute;n en formato rompecabezas, incluso las ausentes y las que te roc&iacute;an de agua cuando llueve, en cada recorrido por las calles de la ciudad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como todos sabemos, la mala suerte se llama y la buena te la tienes que currar. Y sucedi&oacute;. Fue en la calle Carmen Medrano junto a la rotonda con Gonzalo de Berceo, caminaba en entretenida conversaci&oacute;n sobre lo divino y los humano con una amiga cuando una de estas baldosas me zancadille&oacute; a traici&oacute;n. Si no llega a ser por el ligero, pero eficiente, frenazo que supuso el agarr&oacute;n de mi amiga por el codo hubiera besado irremediablemente el pavimento con m&aacute;s pasi&oacute;n que en una pel&iacute;cula francesa. Y no, no me digan que quien no cae avanza. Que se lo digan a Carmen. Aquel hombre llevaba raz&oacute;n, vivimos en la ciudad de las baldosas saltarinas. Quiz&aacute; es una rebeli&oacute;n o quiz&aacute; ser&aacute; otra cosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciudad-baldosas-saltarinas_129_12690671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Oct 2025 17:51:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ciudad de las baldosas saltarinas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El parking y la esencia del consenso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/parking-esencia-consenso_129_12658263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El Parlamento de La Rioja ha conseguido lo que parec&iacute;a imposible. Ha puesto de acuerdo a PP, PSOE, IU y VOX. S&iacute;, as&iacute; es. Flipa, &iquest;no? Y usted lector que aseguraba que era imposible. &lsquo;Imposible is nothing&rsquo; cuando se trata de nuestros amados l&iacute;deres. Eso s&iacute;, no han alcanzado un acuerdo en Sanidad para incrementar los m&eacute;dicos de Atenci&oacute;n Primaria o descongestionar Urgencias. Tampoco en Educaci&oacute;n para que por una vez comience el curso con profesores suficientes o para acordar un plan de reindustrializaci&oacute;n de la regi&oacute;n con empresas sostenibles -sostenibles en todos los sentidos-; ni siquiera para que el acceso a la vivienda sea realmente un derecho constitucional. No, se han puesto de acuerdo -lo han renovado exactamente- en el <em>parking</em>.
    </p><p class="article-text">
        Concretamente en la contrataci&oacute;n de 33 plazas de aparcamiento para que sus se&ntilde;or&iacute;as -los diputados del Parlamento de La Rioja me refiero- no sufran el suplicio de caminar tres manzanas para llegar hasta la C&aacute;mara riojana. No s&eacute; si fue Arist&oacute;teles, Maquiavelo, Bismarck o Churchill quien dijo que la &ldquo;pol&iacute;tica es el arte de la imposible&rdquo; -los cuatro se apuntan frases en internet que probablemente pronunci&oacute; un quinto-, de lo que no tengo duda es que gracias al Parlamento regional en Logro&ntilde;o lo posible es, por fin, aparcar gratis. Gratis para 33 personas a costa de los impuestos de todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se crean, la medida tiene su l&oacute;gica. Pi&eacute;nselo, si nuestros diputados se pusieran a caminar por las calles correr&iacute;an el riesgo de descubrir lo que siente un ciudadano normal al buscar aparcamiento en Logro&ntilde;o, y la empat&iacute;a est&aacute; muy sobrevalorada. Adem&aacute;s, podr&iacute;an tener contacto con la realidad social, econ&oacute;mica y cultural de la sociedad de 2025 y eso podr&iacute;a &lsquo;conducirles&rsquo; -pillan la iron&iacute;a- a proponer debates sobre leyes que en verdad beneficiaran a los ciudadanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que caminar podr&iacute;a llevarlos a perder la &uacute;nica grasa que mantienen en forma que no es otra que la de la mayor&iacute;a de sus intervenciones parlamentarias. Todos sabemos que lo &uacute;nico que realmente ejercitan nuestros diputados es el brazo al levantarlo para votar en funci&oacute;n de lo que marque el l&iacute;der de su partido. Un poco como el cuerpo de baile de una verbena. Disciplina de partido lo llaman debatan sobre impuestos, la pobreza energ&eacute;tica o un genocidio.
    </p><p class="article-text">
        Los diputados riojanos disponen de aparcamiento reservado en un <em>parking</em> sean de Logro&ntilde;o o Calahorra o Haro; vivan dos calles m&aacute;s all&aacute; de la plaza del Parlamento, tengan coche o no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo llamativo y sorpresivo es que el acuerdo firmado por partidos pol&iacute;ticos tan dados a utilizar latiguillos de moda -recuerdan cuando todo era multidisciplinar- no incluye cl&aacute;usula alguna de sostenibilidad. Los diputados no apuestan en su acuerdo por la sostenibilidad. No obligan ni invitan, ni siquiera incitan, a estacionar coches el&eacute;ctrico en esas plazas que se han reservado, ni siquiera h&iacute;bridos. En Logro&ntilde;o -el Ayuntamiento contin&uacute;a retrasando la instalaci&oacute;n de puntos de recarga- la transici&oacute;n energ&eacute;tica y ecol&oacute;gica es como el AVE, siempre llega a otras ciudades. Aunque quiz&aacute; una &lsquo;electrogasolinera&rsquo; no genere tanto consenso pol&iacute;tico como 33 plazas de aparcamiento.
    </p><p class="article-text">
        Los diputados regionales se profesionalizaron la pasada Legislatura y su sueldo deber&iacute;a ser suficiente para buscarse la vida para aparcar sus coches, como todo hijo de vecino, si no gustan del placer de caminar. La excusa de que as&iacute; no se retrasan a plenos y comisiones tampoco vale. A un logro&ntilde;&eacute;s que se retrasa en su trabajo lo penalizan o despiden. As&iacute; es la vida, as&iacute; es la realidad en la calle. La vida real lo llaman.
    </p><p class="article-text">
        Los diputados riojanos ya pueden dormir tranquilos, adem&aacute;s de sus dietas, sus coches tambi&eacute;n est&aacute;n bien protegidos. A fin de cuentas, todo indica que las colas para obtener cita con el m&eacute;dico les preocupan menos que las de aparcamiento. &iquest;No contar&aacute;n con seguros privados? No, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Demasiadas veces, en pol&iacute;tica da la impresi&oacute;n qu&eacute; todo se discute, salvo lo verdaderamente importante y los acuerdos siempre se alcanzan en asuntos que nada tienen que ver con los ciudadanos. Aparcar el utilitario de su se&ntilde;or&iacute;a es la nueva esencia del consenso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/parking-esencia-consenso_129_12658263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Oct 2025 08:28:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El parking y la esencia del consenso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Este artículo llega tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/articulo-llega-tarde_129_12591234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Este art&iacute;culo llega tarde. Igual que la ONU, la Uni&oacute;n Europea, Francia, Alemania o el Reino Unido. Llega tarde igual que la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses que llevan meses mirando hacia Gaza y cuyos presidentes aseguran en grandilocuentes declaraciones que &ldquo;lo que all&iacute; est&aacute; pasando es horrible e insoportable&rdquo;, mientras sus gobiernos contin&uacute;an vendiendo y comprando armas a Israel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo llega tarde, mientras la Uni&oacute;n Europea de la sumisa Von der Leyen muestra, una vez m&aacute;s, la misma rapidez de reacci&oacute;n que un caracol leyendo el BOE. Quiz&aacute; porque su presidenta pone de nuevo los intereses de Alemania por encima de la dignidad de Europa y ya sabemos que los gobiernos alemanes con el pueblo jud&iacute;o no aciertan cuando hace ni cuando no hacen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo llega tarde y mientras tanto un falso socialdem&oacute;crata como el primer ministro brit&aacute;nico, Keir Starmer, lo mismo anuncia el reconocimiento condicionado de Palestina como Estado, que ordena la detenci&oacute;n de cientos de manifestantes que denunciaban en Londres el genocidio cometido por Israel en Gaza. S&iacute;, un genocidio; aunque el alcalde de Madrid levante las cejas y ponga cara de &ldquo;a mi no me lo parece&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Llega tarde como llegan siempre los comunicados internacionales: cuando ya no hay nadie para escucharlos salvo las ruinas. Llegar tarde es el nuevo deporte ol&iacute;mpico de Occidente, sus dirigentes lo practican con la elegancia de quien se retrasa a una cena sabiendo que a&uacute;n llega a las copas.
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo llega tarde porque Netanyahu y Trump -y su cohorte de neonazis- siguen asesinando civiles y en Gaza contin&uacute;an sumando muertos. Y lo hacen desde hace meses. Van cerca de 70.000 personas asesinadas, m&aacute;s de 18.000 ni&ntilde;os y m&aacute;s all&aacute; de los bombardeos con misiles y drones, y la invasi&oacute;n de las tropas, Israel utiliza el hambre como arma de destrucci&oacute;n masiva. George W. Bush era un mero aprendiz.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No era el ej&eacute;rcito de Israel el mejor del planeta? &iquest;C&oacute;mo es posible que para derrotar a Ham&aacute;s sea preciso asesinar a 18.000 ni&ntilde;os? Quiz&aacute; el objetivo sea otro y ah&iacute; resuenan los nombres de Milosevic, Mladic y Radovan Karadizc. Inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo llega tarde como lo han hecho Espa&ntilde;a, Noruega, Irlanda o Sur&aacute;frica por mucho que sean quienes m&aacute;s han denunciado la estrategia de exterminio del pueblo gazat&iacute; por parte del gobierno de Netanyahu. No deja de ser como llamar a los bomberos cuando la casa ya se ha reducido a cenizas. Algo es algo.
    </p><p class="article-text">
        El problema de llegar tarde es que convierte lo urgente en decorado. La pol&iacute;tica internacional lleva meses discutiendo lo que ya est&aacute; decidido sobre el terreno: que los ni&ntilde;os palestinos no tienen tiempo de espera porque su vida se mide en segundos. Y aqu&iacute; seguimos, hablando de resoluciones, vetos y equilibrios diplom&aacute;ticos, como si todo esto fuese un sudoku y no un genocidio retransmitido en directo.
    </p><p class="article-text">
        Al final, la tragedia es doble: la del pueblo palestino y la del cinismo global. Quiz&aacute; irrecuperable. Porque uno pensar&iacute;a que los grandes organismos existen para actuar, no para escribir obituarios con membrete oficial. La coherencia internacional parece llegar siempre cuando ya no hay nadie a quien salvar. Y entonces se nos llena la boca de &ldquo;nunca m&aacute;s&rdquo;, la frase m&aacute;s repetida y m&aacute;s incumplida de la historia. Este art&iacute;culo llega tarde, pero la verdad es la verdad la diga Agamen&oacute;n o el porquero.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/articulo-llega-tarde_129_12591234.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Sep 2025 07:22:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Este artículo llega tarde]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El salto y la altura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/salto-altura_129_12561704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Los Juegos Ol&iacute;mpicos de Tokio 2020 se celebraron en 2021. Por la pandemia, &iquest;se acuerdan? Aquella &eacute;poca en la que tirados en el sof&aacute; mir&aacute;bamos al techo durante horas buscando respuestas a las preguntas universales. No estaban all&iacute; y tampoco salimos mejores, aunque no fue por falta de buenos ejemplos. En la prueba de salto de altura de aquellos Juegos Ol&iacute;mpicos ocurri&oacute; algo asombroso. Dos atletas, el italiano Giammarco Tamberi y el catar&iacute; Mutaz Esssa Barshim decidieron -lo decidieron ellos- compartir la medalla de oro. Igualados tras superar una altura de 2,37 metros y con el list&oacute;n burl&aacute;ndose en 2,39, se miraron, preguntaron al juez si era posible, volvieron a mirarse, se abrazaron y acodaron no desempatar. Zeus acaba de hacerles hueco a ambos en el Olimpo.
    </p><p class="article-text">
        El mundo qued&oacute; boquiabierto, como si acabaran de abolir la gravedad. El esp&iacute;ritu ol&iacute;mpico recuperaba el esp&iacute;ritu ol&iacute;mpico y por un instante apartaba a un segundo plano la publicidad de las zapatillas bate r&eacute;cord, el suplemento vitam&iacute;nico infalible y la Coca Cola &iquest;Zero? 
    </p><p class="article-text">
        Tras una prolongada competencia superando altura tras altura Tamberi y Essa Barshin pod&iacute;an haber puesto por delante los cuatro a&ntilde;os de esfuerzo, los duros entrenamientos, el dolor y la fatiga sufridos -todo el mundo lo hubiera entendido- pero eligieron compartir victoria y felicidad. Y de alg&uacute;n modo hacer felices a todos los que contempl&aacute;bamos aquel momento.
    </p><p class="article-text">
        El fuego y no el de la llama ol&iacute;mpica me ha recodado a Tamberi y Essa Barshin, Tambi&eacute;n el agua, y la falta de vivienda, el empleo digno, y los menores inmigrantes que llegan a Canarias, y el precio de la energ&iacute;a, y la cobard&iacute;a para tomar decisiones ante el genocidio en Gaza; y la duda de si habr&aacute; profesores suficientes dentro de unas semanas cuando comience el curso escolar, porque m&eacute;dicos de Atenci&oacute;n Primaria ya sabemos que no hay. 
    </p><p class="article-text">
        Parece claro que ninguno de los pol&iacute;ticos en ejercicio disfrut&oacute; de la prueba de salto de altura de Tokio. Hubieran aprendido sobre las victorias compartidas. No las del d&iacute;a de las Elecciones en que todos dicen que han ganado; las de verdad, las que valen la pena. Porque en nuestro pa&iacute;s los partidos pol&iacute;ticos tan s&oacute;lo practican el salto a la yugular. Han creado un frentismo de trinchera tan profundo que ni con un salto de p&eacute;rtiga es posible alcanzar el otro lado. En nuestro pa&iacute;s ceder, negociar, llegar a acuerdos, son verbos que suenan a traici&oacute;n y rendici&oacute;n. Triste, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Barshim y Tamberi ni siquiera eran amigos de toda la vida. Se conoc&iacute;an de la competici&oacute;n, se respetaban como rivales, pero su gran momento de conexi&oacute;n lleg&oacute; precisamente en el instante en que podr&iacute;an haberse destrozado mutuamente. Muy al contrario, nuestros pr&oacute;ceres, que se conocen desde que llevaban pantal&oacute;n corto en las juventudes de sus respectivos partidos, se tratan como si fueran especies en extinci&oacute;n luchando por el &uacute;ltimo charco de agua en el desierto. Se deshumanizan en busca de un r&eacute;dito electoral inmediato. Si nuestros pol&iacute;ticos hubieran disputado la final de salto de altura -que ya es decir- hubieran continuado la prueba no por ganar sino por asegurarse de que el otro perdiera.
    </p><p class="article-text">
        Tamberi y Barshim entendieron que compartir el oro no les restaba brillo. Hoy, en la Espa&ntilde;a pol&iacute;tica, compartir es como admitir que tu ideolog&iacute;a lleva un calcet&iacute;n agujereado. La pol&iacute;tica nacional se ha convertido en una carrera de obst&aacute;culos donde el obst&aacute;culo principal es el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de la fidelidad al deporte generada por Barshim y Tamberi, los partidos pol&iacute;ticos practican un peligroso juego que s&oacute;lo genera desafecci&oacute;n ciudadana y del que s&oacute;lo se benefician aquellos que ofrecen soluciones sencillas a problemas complejos. 
    </p><p class="article-text">
        Para saltar juntos primero hay que estar dispuesto a mirar hacia arriba. Para compartir el oro el objetivo debe ser el inter&eacute;s ciudadano y no el del partido o el personal. Nos han cambiado el &ldquo;Citius, Altius, Fortius&rdquo; por &ldquo;Grito, Divido, Venzo&rdquo;. Triste, &iquest;no?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/salto-altura_129_12561704.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Aug 2025 09:37:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El salto y la altura]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo esencial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/esencial_129_12508239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Fue hace unas semanas en la secci&oacute;n de cartas al director de un peri&oacute;dico local. Quiz&aacute; uno de los espacios que recoge esas noticias que laten de verdad, las de primera mano. Un hombre -no recuerdo su nombre- alzaba la voz para que las churrer&iacute;as sean declaradas &lsquo;Actividad Esencial&rsquo; y permanezcan abiertas tambi&eacute;n en los meses de verano. Tengo que confesar que desconoc&iacute;a que cerraran con la llegada de los primeros calores y menos a&uacute;n en estos tiempos en que las olas de calor aprietan desde mayo. 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si la propuesta de aquel hombre era real o pura iron&iacute;a. Lo cierto es que estaba expresada con absoluta solemnidad y valent&iacute;a. Como si de pronto hubiera descubierto que un pa&iacute;s, una regi&oacute;n o una ciudad, no se hunden por la deuda acumulada o las infraestructuras obsoletas sino por la falta de masa y az&uacute;car en el desayuno.
    </p><p class="article-text">
        Una cosa es que falten m&eacute;dicos, que se cierren quir&oacute;fanos y camas de hospitales en verano y otra que te levantes un domingo de agosto y te encuentres la persiana de la churrer&iacute;a bajada, como si vivieras en el fin del mundo. Un hospital puede curarte el cuerpo, pero una churrer&iacute;a te salva el alma. Hay cosas que la Seguridad Social no cubre. A las ocho de la ma&ntilde;ana hay bocados que suenan igual que la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        La demanda de este hombre ven&iacute;a a decir que cerrar una churrer&iacute;a en verano es como apagar el WI-FI en una casa con adolescentes, t&eacute;cnicamente posible, humanamente inasumible.
    </p><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s donde llamamos esencial a la siesta, las tapas o el f&uacute;tbol tampoco es tan disparatado que las churrer&iacute;as entren en la Constituci&oacute;n, justo despu&eacute;s del art&iacute;culo ese de que todos tenemos derecho a una vivienda digna y un poco antes del que asegura que todos tenemos derecho trabajo, tambi&eacute;n digno.
    </p><p class="article-text">
        El churro pod&iacute;a -ahondando en la idea de la misiva enviada al director del peri&oacute;dico- convertirse en el verdadero term&oacute;metro del Estado de Bienestar. No hay crisis que duela igual si puedes untar en chocolate.
    </p><p class="article-text">
        Creo que el hombre de la carta al director es un visionario, alguien que ha entendido algo que nuestros pol&iacute;ticos est&aacute;n lejos de comprender: que la gente, los ciudadanos, no piden tanto. No quieren jet privados, ni mansiones con dos piscinas, nada de eso. Quieren disponer de un m&eacute;dico cuando se necesita, que haya profesores para cubrir todas las clases desde el inicio del curso, cobrar justamente por su trabajo, que las calles est&eacute;n limpias y poder disfrutar de unos d&iacute;as de vacaciones, aunque est&eacute;n sobrevaloradas. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; harto de reclamar lo esencial, el hombre de la carta reclamaba que, al menos, no le cerraran las churrer&iacute;as en agosto, porque un pa&iacute;s sin churros no es un pa&iacute;s es una dieta. Que la decadencia nos pille desayunados. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/esencial_129_12508239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Aug 2025 11:53:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo esencial]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las nuevas chicas cocodrilo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/nuevas-chicas-cocodrilo_129_12478161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En alg&uacute;n rinc&oacute;n del estado de Florida de cuyo nombre no quiero acordarme, Trump ha construido un presidio para encarcelar personas inmigrantes y lo ha rodeado de caimanes en funciones de vigilantes de seguridad. Cocodrilos con dientes de anuncio de dent&iacute;frico a la espera de la fuga de alguno de los seres humanos encerrados all&iacute; en condiciones infrahumanas. Trump es un alumno aventajado del presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El presidio ha sido bautizado como Alligator Alcatr&aacute;z, en homenaje a la m&iacute;tica -por su crueldad- c&aacute;rcel ubicada en la isla de Alcatraz. Una prisi&oacute;n de la que nadie pod&iacute;a fugarse hasta que tres presos se fugaron y eso sin contar a Clint Eastwood.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que a mediados del siglo XX ya se persegu&iacute;a a las personas diferentes y se las reclu&iacute;a en campos de concentraci&oacute;n. Trump tan s&oacute;lo se suma al morbo de la retransmisi&oacute;n en directo de su orden de caza al inmigrante. Los agentes del ICE -El Servicio de Inmigraci&oacute;n y Control de Aduanas USA- no son otra cosa que nost&aacute;lgicos de los a&ntilde;os 40. Hay cosas que no cambian, tan s&oacute;lo modifican el logo. Comparar a las ICE con las SS suena duro, claro, pero hay una est&eacute;tica compartida: el brillo siniestro del uniforme, la frialdad del tr&aacute;mite, y la idea de que la ley, aprobada por el art&iacute;culo 33, est&aacute; para cumplirla, aunque huela a azufre.
    </p><p class="article-text">
        La secretaria de Seguridad Nacional, Kristin Noem -que tiene pinta de esp&iacute;a rusa infiltrada en el FBI- no se cansa de vender las bondades de Alligator Alcatraz. Ha insistido tanto que se rumorea que Airbnb valora promocionar la estancia en la c&aacute;rcel de Trump de cara a este verano. Noem es una de las nuevas chicas cocodrilo. 
    </p><p class="article-text">
        La idea ha calado tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a aunque carecemos de caimanes. La portavoz de los s&uacute;per patriotas ha anunciado que si ellos gobiernan deportar&aacute;n a millones de inmigrantes, incluidos sus hijos nacidos ya en Espa&ntilde;a. Millones de seres humanos es una cifra redonda como un meteorito que cae sobre la dignidad de una sociedad. &iquest;A Lamine, Nico Williams y al Rey tambi&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Las nuevas chicas cocodrilo -tan defensoras de las ra&iacute;ces y la pureza de sangre- ya no van a las discotecas, ya no quieren besar al chico sino confeccionar listas de deportaci&oacute;n; no se enamoran, repatr&iacute;an; no bailan, planifican vueltos de retorno; las chicas cocodrilo de los Hombres G conduc&iacute;an un descapotable, mientras que las nuevas emplean 4x4 blindados. Las nuevas chicas cocodrilo quieren defender la civilizaci&oacute;n tirando seres humanos por la borda.
    </p><p class="article-text">
        La Historia a veces da la vuelta y nos muerde la pierna, como un caim&aacute;n en la c&aacute;rcel Florida, como una pesadilla que ya hemos vivido, pero con peores estilistas. Ahora se lleva el safari humano sin salacot y sin necesidad de viajar a Kenia, ni mucho menos.
    </p><p class="article-text">
        Al son del discurso del gran l&iacute;der las nuevas chicas cocodrilo -y los chicos caim&aacute;n- no dudan en alentar el odio hacia el diferente a trav&eacute;s de la manipulaci&oacute;n de los datos de delincuencia y otros bulos en redes sociales y otros medios, tambi&eacute;n de comunicaci&oacute;n. La pregunta que deber&iacute;an responder por estos lares sus representantes es, por ejemplo, &iquest;qui&eacute;n va a recoger la ciruela y el melocot&oacute;n, la aceituna, o quien va a vendimiar cu&aacute;ndo todos esos seres humanos hayan sido deportados? &iquest;Qui&eacute;nes van a trabajar como camareros? &iquest;Qui&eacute;nes van a acompa&ntilde;ar a nuestras personas mayores? &iquest;Alguna idea? &iquest;Alguna propuesta? Nosotros, los espa&ntilde;oles no, eso est&aacute; claro. &iquest;Qu&eacute; fue de su defensa de la agricultura y la ganader&iacute;a? Mientras tanto, no hay duda: &ldquo;Has sido t&uacute;, te crees que no te he visto&hellip;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/nuevas-chicas-cocodrilo_129_12478161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jul 2025 07:50:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las nuevas chicas cocodrilo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Política,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Tour, el verano y tanto que aprender]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tour-verano-aprender_129_12440904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El verano comienza realmente cuando arranca el Tour de Francia. Siempre lo he pensado as&iacute;. Lo de antes son preliminares por m&aacute;s que la AEMET nos alerte de olas calor -salvo en la zona de exclusi&oacute;n del Ventorro- y el calendario se empecine en remarcar el d&iacute;a 21 de junio como inicio de los meses estivales. Para mi hasta que un helic&oacute;ptero no sobrevuela un campo de lavanda mientras la c&aacute;mara enfoca un castillo medieval -uno tan bien conservado que ya lo quisiera el concejal de Urbanismo de Logro&ntilde;o para incluirlo en su &lsquo;novedoso&rsquo; Inventario de Bienes Protegidos- para cerrar despu&eacute;s el plano sobre el pelot&oacute;n ciclista en pleno abanico, no ha comenzado el verano.
    </p><p class="article-text">
        Es escuchar &ldquo;restan tres kil&oacute;metros para comenzar la subida al puerto de categor&iacute;a especial&rdquo; y calzarme las chanclas. La playa, la piscina, la nevera port&aacute;til y las camisetas sin mangas son mero atrezo sin el inicio del Tour; pura meteorolog&iacute;a, sin m&aacute;s. El sol, el calor y el chiringuito ya estaban, pero cuando se contempla a un tipo ascender el Galibier, el Peyresuorde o La Madelein con la respiraci&oacute;n en modo s&iacute;stole, mientras disfrutas de unas catas de sand&iacute;a tirado en tu sof&aacute; entiendes el verano. Entiendes el esp&iacute;ritu del verano.
    </p><p class="article-text">
        En el Tour hay fugas, l&iacute;deres de equipo, gregarios, hay victorias, derrotas y franceses que lo intentan -otra vez- sin &eacute;xito. El Tour es como la vida. Ya saben, hay jefes de filas contra las cuerdas pero acostumbrados a sobrevivir -que es el Tour sino una prueba de supervivencia-, otros que llegan con el equipo fortalecido y a&uacute;n as&iacute; miran de reojo a formaciones cercanas por si llegado el caso pudieran echar una mano; hay compa&ntilde;eros de equipo que no lo eran tanto y compa&ntilde;eras que tal vez quieran serlo demasiado; &lsquo;ruedan&rsquo; juntos quiz&aacute; porque nunca se sabe cuando hay que aprobar una subida de sueldos o ponerse de acuerdo en anular el contrato de la revisi&oacute;n del Plan General de la Ciudad&hellip;al fin de cuentas todos le dieron coba a la empresa adjudicataria a pesar de retrasos y errores. Eso en la vida, en el ciclismo el pelot&oacute;n es sin&oacute;nimo de eficacia. Tanto que aprender.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el Tour en cambio reconcilia con el paisaje, con el cuerpo y con la lentitud en un mundo en que todo se quiere ya. El Tour dura tres semanas y no hay bot&oacute;n de &lsquo;saltar etapa&rsquo; que acelere el descenso del Aubisque o esa escapada que agoniza a cinco kil&oacute;metros de meta.
    </p><p class="article-text">
        Una escapada en el Tour es como una relaci&oacute;n en verano, empieza con ilusi&oacute;n, se sabe condenada, y aun as&iacute; se intenta; aunque un descenso a noventa kil&oacute;metros por hora pueda ser una decisi&oacute;n precipitada en el mes de julio y dif&iacute;cil de justificar con el fr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        El Tour es tambi&eacute;n una forma elegante de no hacer nada y al mismo tiempo de analizar tu existencia. Observas a un tipo esloveno subir una pared de asfalto sin torcer el gesto y piensas: &ldquo;Ojal&aacute; se pudiera vivir as&iacute;, en solitario, tirando sin mirar atr&aacute;s, sin que te recorten plazos, presupuestos -ni camas de hospital en verano- y tampoco emociones. La del ciclista es otro tipo de humanidad, m&aacute;s b&aacute;sica, m&aacute;s necesaria.
    </p><p class="article-text">
        El verano comienza con el Tour porque es entonces cuando comprendemos la belleza y la poes&iacute;a de lo lento, pero un d&iacute;a el pelot&oacute;n ciclista llega a Par&iacute;s y comprendes que el verano est&aacute; muriendo y otro a&ntilde;o m&aacute;s no hiciste nada importante. Bueno, comimos sand&iacute;a mientras disfrutamos de la etapa reina. Hab&iacute;a comenzado el verano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tour-verano-aprender_129_12440904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jul 2025 08:35:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El Tour, el verano y tanto que aprender]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[verano,Política,Municipalismo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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