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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jesús Lahera Forteza]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Jesús Lahera Forteza]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Reducir la jornada laboral: los retos de una transición equilibrada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/jornada-laboral-retos-transicion-reducir-equilibrada_129_12012514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a5963d5-af4e-4ab1-9502-57c1e7f5a35d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reducir la jornada laboral: los retos de una transición equilibrada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Diálogo Social o la propia negociación colectiva podrían impulsar proyectos piloto en los que empresas voluntarias implementen una reducción drástica de la jornada, permitiendo evaluar sus efectos en productividad, empleo y costes laborales</p></div><p class="article-text">
        A lo largo de la historia, cada revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica ha generado miedos relacionados con la destrucci&oacute;n de empleo. La mecanizaci&oacute;n, la electrificaci&oacute;n y, m&aacute;s recientemente, la digitalizaci&oacute;n han sido vistas como amenazas para los trabajadores. Sin embargo, el resultado final de estas transformaciones ha sido una reducci&oacute;n progresiva de las horas trabajadas. La historia muestra que estas innovaciones tecnol&oacute;gicas, al aumentar la productividad, han permitido producir m&aacute;s bienes y servicios con menos esfuerzo humano, generando tiempo libre para los trabajadores. Adem&aacute;s, la lucha sindical tambi&eacute;n ha desempe&ntilde;ado un papel importante en este avance, aunque generalmente estos logros solo han sido sostenibles cuando han estado respaldados por mejoras en la productividad. En la primera revoluci&oacute;n industrial, se trabajaban jornadas de 12 o 14 horas diarias. Hoy, en las econom&iacute;as avanzadas, las jornadas se han reducido a 40 horas semanales o menos de promedio. Este proceso, sin embargo, no ha sido autom&aacute;tico ni lineal, y est&aacute; directamente relacionado con el crecimiento de la productividad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la productividad mejora, es posible redistribuir los beneficios econ&oacute;micos en forma de menos horas trabajadas, mayores salarios o una combinaci&oacute;n de ambas. Esto ha contribuido no solo al progreso econ&oacute;mico, sino tambi&eacute;n al bienestar social, fomentando un equilibrio entre la vida personal y laboral. En una econom&iacute;a productiva, reducir la jornada puede significar m&aacute;s tiempo para el ocio, la educaci&oacute;n y el consumo. Adem&aacute;s, las innovaciones tecnol&oacute;gicas buscan constantemente mejorar la eficiencia, permitiendo a las empresas producir m&aacute;s con menos recursos. Este ahorro del trabajo humano libera tiempo y puede estimular la creaci&oacute;n de nuevos sectores econ&oacute;micos, ampliando las oportunidades laborales a largo plazo. Sin embargo, es importante entender la direcci&oacute;n de la causalidad en esta relaci&oacute;n. Primero aumenta la productividad y, despu&eacute;s, caen las horas trabajadas. Esto es clave para evitar falsas expectativas: una reducci&oacute;n de horas no genera autom&aacute;ticamente un aumento de la productividad. Al igual que comprarte ropa de talla peque&ntilde;a no genera autom&aacute;ticamente que consigas quitarte esos kilos de m&aacute;s. Imponer una reducci&oacute;n de la jornada laboral por Ley sin que la econom&iacute;a haya experimentado previamente un aumento significativo en productividad puede crear tensiones econ&oacute;micas graves. Este tipo de medida, si no est&aacute; acompa&ntilde;ada de un crecimiento adecuado de la productividad, podr&iacute;a traducirse en un aumento de los costes laborales y, en algunos casos, en una p&eacute;rdida de competitividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es necesario introducir algunas correcciones en el tr&aacute;mite parlamentario de la propuesta de reducci&oacute;n de la jornada laboral por ley, que plantea pasar de 40 a 37,5 horas semanales de media en c&oacute;mputo anual. El objetivo debe ser garantizar una transici&oacute;n equilibrada que evite desajustes econ&oacute;micos y laborales. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos, 14,2 millones de trabajadores superan actualmente las 37,5 horas semanales, lo que equivale al 67% del total de ocupados. Esto subraya el impacto significativo que tendr&iacute;a la medida y la importancia de dise&ntilde;arla con criterios realistas y sostenibles.
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental cuestionar si una reducci&oacute;n de la jornada laboral es siempre la opci&oacute;n preferida por los trabajadores. Algunos podr&iacute;an preferir mantener su horario actual a cambio de un mayor salario, en lugar de trabajar menos con ingresos constantes. Imponer una reducci&oacute;n de horas de manera uniforme podr&iacute;a no beneficiar a todos, especialmente a aquellos con mayores necesidades econ&oacute;micas, salarios m&aacute;s bajos o que ya trabajan menos horas debido a contratos parciales.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, la reducci&oacute;n de la jornada m&aacute;xima legal de 40 a 37,5 horas semanales en c&oacute;mputo anual deber&iacute;a servir como un marco de referencia flexible dentro de la negociaci&oacute;n colectiva, manteniendo el actual l&iacute;mite de 40 horas, al menos durante un periodo transitorio como tope. Esto permitir&iacute;a generalizar una jornada menor sin impedir que sindicatos y empresas negocien acuerdos adaptados a cada sector. Una regulaci&oacute;n r&iacute;gida podr&iacute;a generar efectos no deseados, perjudicando a los propios trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Un aspecto clave de esta reforma es que, para poder aplicarla, ser&aacute; imprescindible un control horario efectivo. Este mismo control puede ser una herramienta clave para erradicar las horas extraordinarias no remuneradas, una pr&aacute;ctica extendida en algunos sectores que vulnera los derechos de los trabajadores. Si la jornada laboral pasa a estar estrictamente regulada y registrada, tambi&eacute;n deber&iacute;a garantizarse que las horas extras sean siempre voluntarias y pagadas con un recargo sobre la hora ordinaria. Bajo esta premisa, tiene sentido plantear una mayor flexibilidad en el uso de las horas extraordinarias, ampliando el actual tope de 80 horas anuales retribuidas con dinero para facilitar la adaptaci&oacute;n de las empresas a la reducci&oacute;n de la jornada. As&iacute;, se conseguir&iacute;a un doble objetivo: evitar abusos y dar mayor margen de ajuste a las compa&ntilde;&iacute;as sin menoscabar los derechos laborales. En definitiva, la reducci&oacute;n de jornada debe ir acompa&ntilde;ada de un marco de negociaci&oacute;n colectiva e individual que permita decidir entre trabajar menos o ganar m&aacute;s, sin imposiciones que puedan generar efectos adversos.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los principales riesgos de reducir la jornada laboral m&aacute;xima por Ley sin ajustar el salario es el aumento del coste laboral por hora trabajada. Pasar de 40 a 37,5 horas semanales sin cambiar el salario implica un aumento directo del coste por hora de aproximadamente un 6,7%. Esto significa que en el corto plazo las empresas deben absorber ese incremento reduciendo sus m&aacute;rgenes o trasladarlo a los precios de sus bienes y servicios. Mientras que las grandes empresas podr&iacute;an potencialmente asumir este impacto ajustando sus m&aacute;rgenes, las PYMES &mdash;que constituyen la mayor&iacute;a del tejido empresarial espa&ntilde;ol&mdash; enfrentar&aacute;n mayores dificultades. En caso de no lograr reducir sus m&aacute;rgenes, estas empresas podr&iacute;an verse obligadas a subir los precios de sus productos o servicios, generando tensiones inflacionarias que afectar&iacute;an la competitividad de la econom&iacute;a. Por otro lado, en sectores donde la subida de precios no es viable, como los servicios altamente competitivos o de bajo margen, muchas empresas podr&iacute;an optar por cerrar o reducir su plantilla, sustituyendo trabajo humano por capital. Este ajuste, aunque podr&iacute;a incrementar la productividad a largo plazo, supone en el corto plazo un riesgo de aumento del desempleo. Esto es especialmente preocupante en Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s con una de las tasas de paro m&aacute;s altas de la Uni&oacute;n Europea. Adem&aacute;s de lo ya expuesto, que reconduce la transici&oacute;n equilibrada de reducci&oacute;n de horas de trabajo a la negociaci&oacute;n colectiva, se deber&iacute;a, en consecuencia, suprimir la automatizaci&oacute;n de subida salarial autom&aacute;tica de los contratos a tiempo parcial que prev&eacute; el proyecto de Ley. En concreto habr&iacute;a que garantizar la proporcionalidad respecto al nuevo tiempo completo, o disminuyendo horas con mismo salario o manteni&eacute;ndolas con incremento salarial por voluntad de las partes del contrato a tiempo parcial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, no todos los sectores afrontar&aacute;n esta transici&oacute;n de la misma manera. Las empresas tecnol&oacute;gicas, en general, cuentan con un mayor margen de maniobra para absorber la medida, ya sea por sus elevados m&aacute;rgenes de beneficio o por su capacidad para incrementar la productividad mediante la automatizaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n. Sin embargo, podr&iacute;an enfrentar un obst&aacute;culo importante: la escasez de trabajadores altamente cualificados para cubrir las horas de trabajo que se ver&aacute;n reducidas, lo que podr&iacute;a limitar su capacidad de adaptaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la industria manufacturera, aunque el proceso de automatizaci&oacute;n y la inversi&oacute;n en capital f&iacute;sico pueden ofrecer soluciones a largo plazo, su situaci&oacute;n es m&aacute;s compleja. Este sector compite en un mercado global y, aunque en el pasado ha logrado adaptarse a shocks sim&eacute;tricos &mdash;como el aumento del coste energ&eacute;tico tras la invasi&oacute;n de Rusia a Ucrania&mdash;, en esta ocasi&oacute;n enfrenta un desaf&iacute;o distinto. La reducci&oacute;n de la jornada laboral en Espa&ntilde;a supondr&aacute; un incremento de costes que no se replicar&aacute; en otros pa&iacute;ses, generando un desajuste competitivo que podr&iacute;a afectar la posici&oacute;n de la industria espa&ntilde;ola en los mercados internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las empresas de servicios &mdash;como la hosteler&iacute;a, el comercio minorista o el ocio&mdash; enfrentar&aacute;n mayores desaf&iacute;os. En estos sectores, la productividad est&aacute; &iacute;ntimamente ligada al tiempo de trabajo presencial, lo que dificulta la posibilidad de compensar los aumentos de costes con mejoras tecnol&oacute;gicas o organizativas. Adem&aacute;s, suelen estar dominados por PYMES con menores recursos para absorber aumentos salariales o adoptar nuevas tecnolog&iacute;as. Como resultado, el sector servicios se posiciona como el m&aacute;s vulnerable ante una reducci&oacute;n abrupta de la jornada laboral, con un riesgo significativo de ajustes a trav&eacute;s de reducciones de plantilla o subidas de precios que podr&iacute;an no ser viables en mercados altamente competitivos. Si un dependiente pasa a trabajar media hora menos al d&iacute;a (de 8 horas a 7 horas y media), &iquest;Qu&eacute; pasa con la tienda?, &iquest;debe abrir media hora menos al d&iacute;a? Y qu&eacute; pasa con los clientes que iban en esa media hora que ya no existe, &iquest;se van a la competencia? Una empresa grande puede cambiar los horarios de sus trabajadores para que solapen y tengan que cerrar, pero &iquest;Qu&eacute; pasa con las tiendas peque&ntilde;as con uno o dos dependientes?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, una reflexi&oacute;n adicional. Cuando mencionamos que una forma de afrontar la reducci&oacute;n de la jornada laboral es a trav&eacute;s de la reducci&oacute;n de los m&aacute;rgenes empresariales, no hemos destacado que, en muchos casos, esto puede traducirse en una menor inversi&oacute;n. Muchas empresas, especialmente aquellas con dificultades de acceso al cr&eacute;dito, dependen de la reinversi&oacute;n de sus beneficios para financiar su crecimiento y modernizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si la reducci&oacute;n de m&aacute;rgenes, para absorber el coste de la reducci&oacute;n de jornada pagando el mismo salario, acaba limitando la inversi&oacute;n productiva, se estar&iacute;a afectando directamente al factor clave en todo este proceso: la productividad. Este impacto puede ser especialmente relevante para las empresas de tama&ntilde;o mediano, que dependen de su capacidad de inversi&oacute;n para expandirse y consolidarse. Dado que uno de los problemas estructurales del tejido productivo espa&ntilde;ol es la baja tasa de crecimiento de las PYMEs hacia empresas de mayor tama&ntilde;o, cualquier medida que frene esta evoluci&oacute;n podr&iacute;a agravar un desaf&iacute;o ya existente, con efectos a largo plazo en la competitividad de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, y dada esta heterogeneidad sectorial, es imprescindible respetar las jornadas laborales de los convenios colectivos vigentes e ir incorporando la nueva jornada m&aacute;xima legal en la futura negociaci&oacute;n de cada convenio colectivo, logrando una transici&oacute;n equilibrada guiada por acuerdos entre la parte sindical y empresarial de cada sector o, en su caso, empresa. Y esta nueva negociaci&oacute;n debe incorporar mayor flexibilidad horaria, en contrapartida con la tendencia a la reducci&oacute;n de jornada, siendo positivo el refuerzo del registro horario que asegura su adecuada canalizaci&oacute;n, al igual que en las horas extraordinarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin, la reducci&oacute;n de la jornada m&aacute;xima legal, comprometida en el pacto de coalici&oacute;n de Gobierno, puede alcanzarse de manera efectiva a trav&eacute;s de una transici&oacute;n equilibrada que respete la negociaci&oacute;n colectiva e individual. Este enfoque permitir&iacute;a adaptar la medida a las particularidades de cada sector y empresa, logrando acuerdos satisfactorios que eviten efectos no deseados en la competitividad y el empleo.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia en el &aacute;mbito laboral y de pensiones ha demostrado que las reformas consensuadas dentro del Di&aacute;logo Social tienden a ser m&aacute;s duraderas y eficaces. Lo deseable habr&iacute;a sido alcanzar un acuerdo social entre UGT/CCOO y CEOE-CEPYME de negociaci&oacute;n colectiva de reducci&oacute;n de jornada laboral guiando la transici&oacute;n equilibrada y con un mecanismo de garant&iacute;a: si tras un periodo de tiempo razonable no se ha logrado la reducci&oacute;n de horas deseada, se establecer&iacute;a por ley la jornada m&aacute;xima acordada.&nbsp;Durante este periodo de transici&oacute;n, el Di&aacute;logo Social o la propia negociaci&oacute;n colectiva podr&iacute;an impulsar proyectos piloto en los que empresas voluntarias implementen una reducci&oacute;n dr&aacute;stica de la jornada, permitiendo evaluar sus efectos en productividad, empleo y costes laborales. Estas experiencias servir&iacute;an como base emp&iacute;rica para ajustar la reforma antes de su implementaci&oacute;n generalizada, asegurando que se minimicen los posibles impactos negativos y se maximicen los beneficios para trabajadores y empresas.
    </p><p class="article-text">
        Esta f&oacute;rmula combina la flexibilidad inicial con una garant&iacute;a de cumplimiento a largo plazo, asegurando que la reducci&oacute;n de jornada se implemente de manera equilibrada, sostenible, y con el mayor consenso posible. Como no ha sido posible un acuerdo social y el Gobierno presenta como proyecto de Ley el acuerdo exclusivamente alcanzado con la parte sindical, es responsabilidad ahora de los grupos parlamentarios reconducir, conforme a todo lo expuesto, la reducci&oacute;n de la jornada laboral a una transici&oacute;n equilibrada con un papel esencial de la negociaci&oacute;n colectiva e individual entre los protagonistas de las relaciones laborales, empresas y trabajadores y sus organizaciones de representaci&oacute;n de intereses.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ignacio Conde-Ruiz, Jesús Lahera Forteza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/jornada-laboral-retos-transicion-reducir-equilibrada_129_12012514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Feb 2025 21:10:28 +0000]]></pubDate>
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