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    <title><![CDATA[elDiario.es - Chris Hayes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/chris-hayes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Chris Hayes]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El megáfono más ruidoso: cómo Trump logró dominar la nueva era de la atención]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/megafono-ruidoso-trump-logro-dominar-nueva-atencion_129_12004988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d1dfabc-44c2-407f-aad0-67bff72e5e7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El megáfono más ruidoso: cómo Trump logró dominar la nueva era de la atención"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El viejo modelo de debate político ya no sirve, y el espectáculo siempre gana a los argumentos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?</p><p class="subtitle">
Elon Musk se convierte en el motor de la nueva ola ultraderechista mundial </p></div><p class="article-text">
        El primer paso para ganar un debate p&uacute;blico, o m&aacute;s bien para lograr una comunicaci&oacute;n efectiva, es hacer que tu mensaje llame la atenci&oacute;n. Pero eso en s&iacute; mismo no es suficiente. La atenci&oacute;n es el medio, no el fin, porque el fin es convencer. Una vez captada la atenci&oacute;n de la audiencia, entonces se puede intentar persuadirla con evidencias y argumentos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; funciona, al menos, el modelo tradicional de la comunicaci&oacute;n. El problema es que este modelo b&aacute;sico se ha desmoronado. Se hace polvo ante nuestros ojos, aunque nos cuesta aceptar cu&aacute;n lejos ha llegado su deterioro. La realidad es que, donde sea que se mire, ya no hay un conjunto formal de instituciones que dirija la atenci&oacute;n p&uacute;blica hacia un tema, ni reglas b&aacute;sicas que dicten qui&eacute;n hablar&aacute;, cu&aacute;ndo lo har&aacute;, a qui&eacute;n se dirigir&aacute;, ni qui&eacute;n lo escuchar&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bajo estas condiciones, la necesidad de atenci&oacute;n se vuelve exclusiva: devora el debate, la persuasi&oacute;n y el discurso en su totalidad. La atenci&oacute;n pasa de ser un medio a un fin en s&iacute; mismo. Si no se te escucha, no importa lo que digas. Y hoy por hoy es m&aacute;s f&aacute;cil que nunca gritar y m&aacute;s dif&iacute;cil que nunca ser escuchado. Los incentivos en la era de la atenci&oacute;n crearon un nuevo modelo de debate p&uacute;blico en el que captar esta atenci&oacute;n es el objetivo, a cualquier precio.
    </p><p class="article-text">
        Esta transformaci&oacute;n comenz&oacute; hace ya un tiempo. Antes de la era digital existi&oacute; la era de la televisi&oacute;n. En <em>Divertirse hasta morir: el discurso p&uacute;blico en la era del &ldquo;show business&rdquo;</em>, publicado en 1985, el escritor Neil Postman plante&oacute; que durante los primeros 150 a&ntilde;os de su historia, la cultura de Estados Unidos estaba basada en la lectura y la escritura, y que los medios impresos &#8213;panfletos, peri&oacute;dicos, discursos y sermones escritos&#8213; estructuraban no solo el discurso p&uacute;blico, sino las instituciones democr&aacute;ticas. Postman sosten&iacute;a que la televisi&oacute;n hab&iacute;a destruido todo eso, sustituyendo la cultura escrita por una cultura de im&aacute;genes que literalmente carec&iacute;a de significado. &ldquo;Los estadounidenses ya no hablan entre s&iacute;, se entretienen entre s&iacute;&rdquo;, escribi&oacute;. &ldquo;No intercambian ideas, sino im&aacute;genes. No discuten con proposiciones; discuten con la belleza, los famosos y los anuncios publicitarios&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Entre Huxley y Orwell</h2><p class="article-text">
        Postman lleg&oacute; a esta conclusi&oacute;n mientras trabajaba en un ensayo sobre dos visiones dist&oacute;picas del futuro surgidas a mediados del siglo XX: <em>Un mundo feliz</em>, de Aldous Huxley, y <em>1984</em>, de George Orwell. La idea de Postman era que estos dos libros, a menudo agrupados en conjunto, presentan, sin embargo, distop&iacute;as muy diferentes. En la visi&oacute;n de Orwell, toda la informaci&oacute;n est&aacute; estrictamente controlada por el Estado, y la gente solo tiene acceso a la propaganda simplona y avasalladora que se le impone. La visi&oacute;n de Huxley era la opuesta. En <em>Un mundo feliz</em>, el problema no es la falta de informaci&oacute;n, sino el exceso, o al menos el exceso de entretenimiento y distracciones. &ldquo;Lo que Orwell tem&iacute;a&rdquo;, escribe Postman, &ldquo;era que se prohibiesen los libros. Lo que Huxley tem&iacute;a era que no hubiera raz&oacute;n para prohibir un libro porque no hubiera nadie que quisiera leerlo. Orwell tem&iacute;a que nos privasen de informaci&oacute;n. Huxley tem&iacute;a que nos diesen tanta que qued&aacute;semos reducidos a la pasividad y el ego&iacute;smo&rdquo;. La idea clave que impulsa la ya cl&aacute;sica obra de Postman es que Huxley describi&oacute; el futuro mucho mejor que Orwell.
    </p><p class="article-text">
        Si bien Postman no enmarc&oacute; su argumento exclusivamente en t&eacute;rminos de atenci&oacute;n, lo que yo saco de &eacute;l es que, en los mercados que compiten por nuestra atenci&oacute;n, la diversi&oacute;n le ganar&aacute; a la informaci&oacute;n y el espect&aacute;culo a los argumentos. Cuanto m&aacute;s f&aacute;cilmente capte algo nuestra atenci&oacute;n, cuanto menor sea su carga cognitiva, m&aacute;s f&aacute;cilmente nos resultar&aacute; atractivo. En la d&eacute;cada de 1980, el modo dominante de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica era el anuncio de un minuto de duraci&oacute;n, y el punto central de Postman, que traza un largo recorrido desde los debates Lincoln-Douglas de 1858, donde los dos aspirantes al senado del estado de Illinois se enfrentaron en discursos de 90 minutos, hasta el anuncio &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=pUMqic2IcWA" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Morning in America</a>&rdquo; de Reagan, parece irrefutable.
    </p><p class="article-text">
        Poco m&aacute;s de dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del libro de Postman, el escritor estadounidense George Saunders desarroll&oacute; algunos de estos temas en un ensayo sobre la idiotez quejica de los medios de comunicaci&oacute;n estadounidenses en el per&iacute;odo posterior al 11-S y el previo al estallido de la guerra de Irak. En su ensayo, Saunders propone un experimento mental.
    </p><p class="article-text">
        Imaginemos, dice Saunders, que estamos en un c&oacute;ctel, con su t&iacute;pica din&aacute;mica de conversaci&oacute;n entre personas, por lo general, simp&aacute;ticas e informadas. Y entonces &ldquo;entra un tipo con un meg&aacute;fono. No es la persona m&aacute;s inteligente de la fiesta, ni la m&aacute;s experimentada, ni la m&aacute;s elocuente. Pero tiene ese meg&aacute;fono&rdquo;. El hombre empieza a ofrecer sus opiniones y pronto crea su propio centro de gravedad conversacional: todos reaccionan a lo que dice. Esto, seg&uacute;n Saunders, r&aacute;pidamente arruina la fiesta. Y si el tipo con el meg&aacute;fono est&aacute; particularmente desprovisto de ideas, el discurso no solo es est&uacute;pido, sino que tambi&eacute;n hace que todos los presentes en la fiesta se vuelvan m&aacute;s est&uacute;pidos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Supongamos que el sujeto no se ha detenido a pensar lo que dice. En el fondo, no hace m&aacute;s que soltar sandeces. E incluso contando con el meg&aacute;fono, tiene que gritar un poco para que se le oiga, lo que limita la complejidad de lo que puede decir. Como cree que tiene que resultar entretenido, salta de un tema a otro, favoreciendo lo conceptual-general (&lsquo;Estamos comiendo m&aacute;s dados de queso, &iexcl;y nos encanta!&rsquo;), lo que provoca ansiedad o pol&eacute;mica (&lsquo;&iquest;Acaso se nos est&aacute; acabando el vino por culpa de una oscura conspiraci&oacute;n?&rsquo;), lo chismoso (&lsquo;&iexcl;Rumores de ligue en el ba&ntilde;o del fondo!&rsquo;), y lo trivial (&lsquo;&iquest;Qu&eacute; esquina del sal&oacute;n de fiestas prefieres T&Uacute;?&rsquo;)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, Saunders escribi&oacute; esto en 2007, y s&iacute;, resulta inquietante lo mucho que se parece al discurso de cierto presidente estadounidense, &iquest;verdad? Pero la cr&iacute;tica de Saunders va m&aacute;s all&aacute; de la insidiosa trivialidad y estridencia de los principales canales de noticias. Saunders sostiene que la sofisticaci&oacute;n de nuestro pensamiento depende, en gran medida, de la sofisticaci&oacute;n del lenguaje con el que se nos describe el mundo.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Los medios nos vuelven tontos?</h2><p class="article-text">
        No se trata en absoluto de un planteamiento novedoso: la creencia en que los medios de comunicaci&oacute;n son tontos y nos hacen a todos m&aacute;s tontos formaba parte de las m&aacute;s tempranas cr&iacute;ticas a los peri&oacute;dicos, los panfletos y la prensa sensacionalista a finales del siglo XVIII, y ha continuado hasta nuestros d&iacute;as. Como mucha otra gente, yo antes cre&iacute;a que Internet traer&iacute;a la soluci&oacute;n a este problema. Ya no habr&iacute;a guardianes bloqueando el acceso a la informaci&oacute;n, ni depender&iacute;amos de las toscas estimaciones lucrativas de las megacorporaciones sobre lo que la audiencia deseaba ver. Nosotros, el p&uacute;blico en general, &iacute;bamos a recuperar los medios de comunicaci&oacute;n. &Iacute;bamos a reinventar el mundo a trav&eacute;s de conversaciones democr&aacute;ticas globales. Ahora prevalecer&iacute;a la sabidur&iacute;a de las multitudes.
    </p><p class="article-text">
        Pero no fue as&iacute;. En efecto, Internet aport&oacute; voces nuevas a un discurso nacional que durante demasiado tiempo hab&iacute;a estado bajo control de un grupo demasiado reducido (demasiado blanco, demasiado masculino, demasiado acomodado). Pero no supuso el regreso de nuestra cultura democr&aacute;tica ni de nuestros modos de pensar a una era m&aacute;s seria y reflexiva. La escritura se hizo m&aacute;s breve y las im&aacute;genes y los v&iacute;deos m&aacute;s abundantes hasta que Internet dio a luz una nueva forma de discurso que combina palabra e imagen: la cultura de los memes. Un meme puede ser ingenioso, incluso revelador, pero no es el discurso que Postman anhelaba.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hay del tipo del meg&aacute;fono que parloteaba sobre los dados de queso? Bueno, en lugar de quitarle el meg&aacute;fono, les dimos a todos los invitados de la fiesta su propio meg&aacute;fono. Y adivinen qu&eacute;: &iexcl;eso no mejor&oacute; mucho las cosas! Todos tuvieron que gritar para ser escuchados, y la conversaci&oacute;n se convirti&oacute; en un juego de tel&eacute;fono descompuesto, en el que todos gritaban variaciones de las mismas frases, esl&oacute;ganes y fragmentos de lenguaje. El efecto es tan desorientador que, si pasan un buen rato navegando por las redes sociales, es probable que experimenten una profunda sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo eso: las personas que m&aacute;s gritan siguen siendo las que m&aacute;s atenci&oacute;n reciben. Y es en este contexto en el que el hombre del meg&aacute;fono m&aacute;s grande, con la que probablemente sea la necesidad de atenci&oacute;n m&aacute;s desesperada en toda la historia de Estados Unidos, ascendi&oacute; al poder.
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                El presidente estadounidense, Donald Trump, junto a la primera dama, Melania Trump                            </span>
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        En este punto me veo obligado, lamentablemente, a hablar largo y tendido sobre Donald Trump. No se puede escribir sobre c&oacute;mo ha cambiado la pol&iacute;tica desde que la atenci&oacute;n es el recurso m&aacute;s valioso sin escribir sobre Trump. Es la personalidad pol&iacute;tica que mejor ha aprovechado las nuevas reglas de la era de la atenci&oacute;n. Parece haber intuido &#8213;debido a su experiencia con la prensa sensacionalista de Nueva York y a sus propias necesidades psicol&oacute;gicas&#8213; que la atenci&oacute;n es lo &uacute;nico que importa.
    </p><p class="article-text">
        Esto no es lo habitual entre los pol&iacute;ticos. S&iacute;, necesitan llamar la atenci&oacute;n para que su nombre se vuelva conocido, pero ese es solo un primer paso. Un pol&iacute;tico necesita llamar la atenci&oacute;n para que la gente le quiera y le vote. Por supuesto, si lo &uacute;nico que le preocupa es maximizar la cantidad de atenci&oacute;n que recibe, puede hacer de todo para conseguirlo. El problema es que, en el modelo tradicional, no toda la atenci&oacute;n es buena. Hay formas de llamar la atenci&oacute;n &#8213;correr desnudo por la calle&#8213; que son infalibles para el objetivo de llamar la atenci&oacute;n, pero que probablemente le perjudicar&iacute;an en su intento de convencer a los vecinos de que lo votasen.
    </p><p class="article-text">
        La t&aacute;ctica pol&iacute;tica de Trump desde el verano de 2015, cuando entr&oacute; en la carrera presidencial, ha sido equivalente a correr desnudo por el vecindario: repulsiva pero fascinante. En esa carrera para convertirse en el candidato del Partido Republicano, sus competidores encontraron exasperante el espect&aacute;culo. Hicieran lo que hicieran &#8213;proponer un nuevo plan de pol&iacute;tica fiscal, pronunciar un discurso sobre el papel de Estados Unidos en el mundo&#8213;, las preguntas que se les hac&iacute;an giraban en torno a Donald Trump. Tim Miller, que trabaj&oacute; en la campa&ntilde;a de Jeb Bush, cuenta que puso a un miembro del equipo a hacer seguimiento en una hoja de c&aacute;lculo de todas las menciones de Bush en los medios de comunicaci&oacute;n. La categor&iacute;a m&aacute;s abultada era, de lejos, la de menciones a Bush reaccionando a Trump. Trump era como un sol de la atenci&oacute;n alrededor del cual orbitaban todos los dem&aacute;s candidatos, y ellos eran conscientes. Hicieran lo que hicieran, no hab&iacute;a c&oacute;mo escapar a su atracci&oacute;n gravitatoria. Y, por supuesto, cualquier cosa que se dijera sobre Trump &#8213;cr&iacute;tica, sarcasmo, elogio&#8213; supon&iacute;a seguir dirigiendo la atenci&oacute;n hacia &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del amor o el reconocimiento, la atenci&oacute;n puede ser positiva o negativa. A Trump le importa mucho ser admirado, por supuesto. Sin embargo, aceptar&aacute; todo tipo de atenci&oacute;n. Aceptar&aacute; la condena, el reproche o el asco con tal de que piensen en &eacute;l. Estar dispuesto a atraer la atenci&oacute;n negativa a costa de la persuasi&oacute;n es el sencillo truco de Donald Trump para &acute;hackear&acute; el discurso p&uacute;blico de la era de la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta t&aacute;ctica ten&iacute;a detr&aacute;s una l&oacute;gica bien arraigada. Trump intuy&oacute; que si llamaba la atenci&oacute;n sobre ciertos temas, aunque lo hiciera de forma alienante, los beneficios de destacar cuestiones en las que &eacute;l y el Partido Republicano ten&iacute;an ventaja en las encuestas compensar&iacute;an los costes. He aqu&iacute; un ejemplo concreto: en 2016, las encuestas tend&iacute;an a mostrar una mayor confianza en los republicanos que en los dem&oacute;cratas respecto a c&oacute;mo manejar la inmigraci&oacute;n. Trump quer&iacute;a aumentar la atenci&oacute;n sobre este asunto y, para ello, no paraba de decir cosas descabelladas y llenas de odio. En los primeros minutos de su primer discurso, acus&oacute; al Gobierno mexicano de &ldquo;enviar&rdquo; violadores y otros criminales a Estados Unidos, una acusaci&oacute;n tan rid&iacute;cula como ofensiva que llev&oacute; inmediatamente a varias empresas y organizaciones (incluida la NBC, que emit&iacute;a su programa 'The Apprentice') a cortar lazos con &eacute;l. Pero eso fue apenas el principio. Como parte habitual de su discurso, prometi&oacute; construir un muro a lo largo de los 3.000 kil&oacute;metros de la frontera entre EEUU y M&eacute;xico y, lo que es a&uacute;n m&aacute;s absurdo, afirm&oacute; que se lo har&iacute;a pagar a M&eacute;xico. En junio de ese a&ntilde;o, una encuesta de Gallup revel&oacute; que el 66% de los estadounidenses se opon&iacute;a a la construcci&oacute;n del muro a lo largo de toda la frontera sur.
    </p><p class="article-text">
        Dadas esas cifras en las encuestas, uno pensar&iacute;a que Trump no volver&iacute;a a tocar el tema. Pero su insistencia en esta medida logr&oacute; atraer la atenci&oacute;n sobre la problem&aacute;tica de la inmigraci&oacute;n, en la que, en general, los republicanos corren con ventaja sobre los dem&oacute;cratas. El ataque de Trump al origen mexicano-estadounidense de un juez federal al que se le hab&iacute;a asignado una demanda contra &eacute;l fue despreciable e intolerante, pero tambi&eacute;n represent&oacute; otra oportunidad para llamar la atenci&oacute;n sobre la inmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n del p&uacute;blico, sobre todo en campa&ntilde;a, es un juego en el que unos ganan lo que pierden los otros: los votantes tienen solo unas pocas variables en mente a la hora de evaluar a los candidatos. Una de ellas es ver en qu&eacute; temas se centra cada uno. Hacia el final de la campa&ntilde;a de 2016, cuando Gallup pidi&oacute; a los votantes que pensasen palabras que asociaban con cada candidato y posteriormente represent&oacute; las respuestas como nubes de palabras &#8213;en las que los conceptos aparec&iacute;an m&aacute;s grande conforme m&aacute;s frecuente fuese la palabra elegida&#8213;, la nube de palabras de Hillary Clinton estaba totalmente dominada por &ldquo;correos electr&oacute;nicos&rdquo;, mientras que en la de Trump figuraban &ldquo;M&eacute;xico&rdquo; e &ldquo;inmigraci&oacute;n&rdquo;. As&iacute; fue c&oacute;mo, junto a muchos otros factores, Trump logr&oacute; su ajustada victoria electoral: con el improbable pero exitoso intercambio de persuasi&oacute;n por atenci&oacute;n, de simpat&iacute;a por notoriedad.
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            <span class="title">
                Donald Trump y Elons Musk en un acto de campaña.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La campa&ntilde;a de 2024: otra vuelta de tuerca</h2><p class="article-text">
        En 2024, Trump repiti&oacute; a grandes rasgos este modelo. Aunque las encuestas mostraban que su popularidad y aprobaci&oacute;n hab&iacute;an subido un poco desde su presidencia, sus aspectos &ldquo;negativos&rdquo; &#8213;como los llaman los encuestadores&#8213; segu&iacute;an siendo demasiado aparentes para un candidato de &eacute;xito. Claramente m&aacute;s que, por ejemplo, los de Mitt Romney en 2012. Pero una vez m&aacute;s, su dominio de la atenci&oacute;n p&uacute;blica fue casi absoluto. Elon Musk, el hombre m&aacute;s rico del planeta, se lanz&oacute; con entusiasmo a la campa&ntilde;a de Trump, gast&aacute;ndose 250 millones de d&oacute;lares en la propia campa&ntilde;a y manipulando y acaparando la plataforma de atenci&oacute;n que es X. Algunas encuestas recientes muestran que Musk pierde el favor del p&uacute;blico de forma dr&aacute;stica a medida que sus excentricidades se vuelven m&aacute;s llamativas. Pero resulta que la atenci&oacute;n es el objetivo clave. La t&aacute;ctica funcion&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        A medida que se erosionan las viejas f&oacute;rmulas para llamar y utilizar la atenci&oacute;n, lo que queda es una batalla por la atenci&oacute;n en s&iacute; misma, una guerra permanente de todos contra todos. Pero aunque estemos atrapados en la era de la atenci&oacute;n, a pesar de lamentarnos por sus efectos, de la adicci&oacute;n al m&oacute;vil y de nuestro estado mental de confusi&oacute;n y distracci&oacute;n, creo que a&uacute;n interpretamos el discurrir del debate p&uacute;blico seg&uacute;n el modelo anticuado del &ldquo;debate&rdquo;, de la afirmaci&oacute;n y la r&eacute;plica, de la conversaci&oacute;n o la discusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso no es para nada lo que est&aacute; ocurriendo. Trump es un p&eacute;simo polemista en el sentido cl&aacute;sico del t&eacute;rmino. No interpela a su oponente, no construye r&eacute;plicas ni refutaciones l&oacute;gicas. De hecho, cuando uno transcribe cualquier cosa que dice, resulta sorprendente lo extra&ntilde;o que es su discurso a nivel sint&aacute;ctico, lleno de elipsis y autointerrupciones. A menudo, si se analiza frase por frase, lo que dice carece casi por completo de contenido proposicional. Lo que Trump ofrece son payasadas, charlataner&iacute;a de vendedor, comedia de insultos y esl&oacute;ganes publicitarios. Lo que Trump desea m&aacute;s que nada es que le prestemos atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los imperativos de la atenci&oacute;n parecen haber devorado por completo a los imperativos informativos. Tanto a grande como a peque&ntilde;a escala, estamos siendo testigos de la erosi&oacute;n de los &uacute;ltimos vestigios de un r&eacute;gimen de atenci&oacute;n funcional. Un r&eacute;gimen que, entre otras cosas, guiaba los mecanismos b&aacute;sicos para la selecci&oacute;n de la personalidad pol&iacute;tica elegida por todos los ciudadanos para singularmente representar al pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; otro ejemplo. Durante los primeros meses de 2024, la pol&iacute;tica de Joe Biden de pleno apoyo estadounidense a la respuesta militar de Israel tras las atrocidades del 7 de octubre por parte de Ham&aacute;s comenz&oacute; a fracturar la coalici&oacute;n dem&oacute;crata, a medida que se hizo evidente la monstruosa realidad de sus efectos sobre la poblaci&oacute;n civil en Gaza. Todo esto ocurr&iacute;a en un a&ntilde;o de elecciones presidenciales para las que el Partido Republicano ya ten&iacute;a su candidato de facto, Donald Trump. En esas condiciones, era de esperar que se produjera un intenso debate entre los dos posibles candidatos sobre esta cuesti&oacute;n clave de la pol&iacute;tica exterior de EEUU. &iquest;Y cu&aacute;l fue la postura de Donald Trump sobre el apoyo estadounidense a la ofensiva israel&iacute; contra Gaza?
    </p><h2 class="article-text">Ofuscar y cambiar de tema</h2><p class="article-text">
        En gran medida, Trump evit&oacute; articular una postura clara sobre el tema. A grandes rasgos, cuando se le preguntaba al respecto, dec&iacute;a &ldquo;Si yo fuera presidente, esto nunca habr&iacute;a ocurrido&rdquo;, y cambiaba de tema. Y aunque estaba claro que apoyar&iacute;a los esfuerzos b&eacute;licos del Gobierno de Netanyahu (alegando que quer&iacute;a permitirles &ldquo;terminar el trabajo&rdquo;), la campa&ntilde;a de Trump nunca present&oacute; ning&uacute;n tipo de documento sobre su postura o una explicaci&oacute;n integral de sus pol&iacute;ticas. En su lugar, se limit&oacute; a ofecer un mont&oacute;n de gestos ret&oacute;ricos y evasivas, a menudo con contradicciones. En esas condiciones, &iquest;c&oacute;mo se supone que los votantes deber&iacute;an siquiera empezar a decidir su voto?
    </p><p class="article-text">
        Trump ha podido salirse con la suya, al menos en parte, debido al fuerte declive de la capacidad de la prensa pol&iacute;tica para captar eficazmente la atenci&oacute;n nacional. Antes, la prensa utilizaba ese poder para fines que me resultaban frustrantes, como centrarse en esc&aacute;ndalos triviales o en los ef&iacute;meros vaivenes de la carrera electoral, pero como instituci&oacute;n, lo que sol&iacute;a llamarse &ldquo;prensa de campa&ntilde;a&rdquo; o &ldquo;prensa pol&iacute;tica nacional&rdquo; ten&iacute;a la capacidad de acaparar la atenci&oacute;n del p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Esta capacidad determinaba c&oacute;mo se conduc&iacute;an las campa&ntilde;as y se comportaban los candidatos. En el verano de 2008, Vlad&iacute;mir Putin invadi&oacute; Georgia. Tanto John McCain como Barack Obama, los candidatos de sus respectivos partidos, se posicionaron respecto a c&oacute;mo responder. El republicano McCain adopt&oacute; una postura maximalista de confrontaci&oacute;n, mientras que el dem&oacute;crata Obama hizo hincapi&eacute; en la diplomacia y en trabajar con los aliados para aislar a Rusia. Las campa&ntilde;as lanzaron documentos para fijar posici&oacute;n, y los candidatos pronunciaron discursos y dieron entrevistas telef&oacute;nicas a los reporteros para aclarar sus puntos de vista.
    </p><p class="article-text">
        Ese tipo de din&aacute;mica &#8213;aqu&iacute; el tema urgente del d&iacute;a, aqu&iacute; mi postura al respecto&#8213; ha desaparecido casi por completo. Hoy lo que tenemos es un pa&iacute;s lleno de meg&aacute;fonos, un aplastante muro de sonido, las luces de un casino que nunca cierra parpadeando ante nosotros: y todo ello formando parte de un sistema minuciosamente dise&ntilde;ado para desviar nuestra atenci&oacute;n con fines lucrativos. En estas condiciones, aspirar a la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica parece no solo imposible, sino cada vez m&aacute;s absurdo, como intentar meditar en un club de <em>striptease</em>. La era de la informaci&oacute;n promet&iacute;a un acceso sin precedentes y en todo momento a todo el conocimiento humano, pero su realidad concreta es la zozobra permanente de la vida mental c&iacute;vica colectiva, que se tambalea al borde de la locura.
    </p><p class="article-text">
        Mantener la concentraci&oacute;n en la era de la atenci&oacute;n es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil, y por eso mismo es cada vez m&aacute;s importante. Las historias y los temas que logren concentrar un caudal desproporcionado de la atenci&oacute;n p&uacute;blica tendr&aacute;n enormes consecuencias en el funcionamiento del Gobierno y en las decisiones que tomen nuestros representantes electos.
    </p><p class="article-text">
        Esta simple verdad tiene profundas consecuencias para nuestra salud c&iacute;vica. Porque, por decirlo simplemente, lo que recibe atenci&oacute;n es muy diferente de lo que es importante para sostener la prosperidad de la sociedad. Esta tensi&oacute;n es el reto central para quienes trabajamos en la industria de la atenci&oacute;n. En el negocio de las noticias tenemos, tomando prestada la frase utilizada para describir el trabajo de la Reserva Federal, un doble mandato: debemos mantener la atenci&oacute;n de la gente <em>y</em> contarles cosas que sean importantes para el autogobierno de una sociedad democr&aacute;tica. Y al igual que la Reserva Federal intenta mantener bajos tanto la inflaci&oacute;n como el desempleo debemos intentar hacer ambas cosas incluso cuando hay un desequilibrio directo entre ambas. 
    </p><p class="article-text">
        Este desaf&iacute;o se ha repetido de una forma u otra casi a diario durante los 13 a&ntilde;os que llevo como presentador de un programa de noticias por cable. A continuaci&oacute;n, un ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        El 18 de junio de 2023 se perdi&oacute; el contacto con un peque&ntilde;o sumergible de aguas profundas llamado Titan una hora y media despu&eacute;s de que la embarcaci&oacute;n partiera para visitar los restos del Titanic frente a la costa de Terranova (Canad&aacute;), en el Atl&aacute;ntico Norte. Los cinco pasajeros que viajaban en el interior de la c&aacute;psula, del tama&ntilde;o de un monovolumen, dispon&iacute;an de unas 96 horas de ox&iacute;geno, y r&aacute;pidamente se puso en marcha una masiva misi&oacute;n internacional de rescate para encontrarlos antes de que se les acabara el aire.
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                    alt="Exterior de un submarino modelo Titan operado por la compañía Ocean Gate, con capacidad para cinco personas."
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                Exterior de un submarino modelo Titan operado por la compañía Ocean Gate, con capacidad para cinco personas.                            </span>
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        Enseguida qued&oacute; claro que ser&iacute;a una noticia de gran repercusi&oacute;n, sobre todo en los informativos televisivos. Contaba con una serie de caracter&iacute;sticas que captar&iacute;an y mantendr&iacute;an la atenci&oacute;n. En primer lugar, el suspense inherente a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n de los cinco pasajeros: &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a de ellos? Las situaciones en las que hay personas vivas atrapadas y los rescatistas acuden a salvarlas siempre atraen grandes audiencias. Adem&aacute;s, los desastres de los transportes (naufragios, accidentes a&eacute;reos) suelen causar fascinaci&oacute;n, por no mencionar el hecho de que el asunto nac&iacute;a de una visita recreativa a los restos del Titanic, probablemente la cat&aacute;strofe m&aacute;s emblem&aacute;tica de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Y, por supuesto, la historia gener&oacute; una enorme demanda de la audiencia y una cobertura exhaustiva. Pero a medida que la b&uacute;squeda se prolongaba, la gente empez&oacute; a rebelarse contra lo desproporcionado de la cobertura. Esa misma semana se hab&iacute;a producido otra terrible cat&aacute;strofe mar&iacute;tima: un pesquero lleno de cientos de inmigrantes procedentes de Pakist&aacute;n, Egipto y Siria <a href="https://www.theguardian.com/world/article/2024/may/20/mediterranean-migrant-boat-disaster-men-on-trial-are-scapegoats-say-lawyers" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">naufrag&oacute; en el Mediterr&aacute;neo</a> cuando intentaba llegar a Italia. Cientos de hombres, mujeres y ni&ntilde;os murieron, todo ello mientras un barco de la guarda costera griega observaba de cerca, sin intervenir. En absoluto fue el primero de los incidentes de este tipo, convertidos en un suceso espantoso habitual en el Mediterr&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el barco cargado de cientos de inmigrantes hab&iacute;a recibido una cobertura &iacute;nfima en comparaci&oacute;n a la recibida por las cinco personas que iban dentro del Tit&aacute;n y que, seg&uacute;n se supo, hab&iacute;an muerto al implosionar el sumergible apenas iniciado el viaje. A medida que la cobertura del Titan acaparaba las noticias, surg&iacute;a otro subg&eacute;nero de art&iacute;culos que se&ntilde;alaban esto mismo: que hab&iacute;a algo profundamente deshumanizante y err&oacute;neo en que se prestara tanta atenci&oacute;n a los avatares de cinco turistas acomodados mientras cientos de migrantes desesperados se ahogaban en silencio.
    </p><p class="article-text">
        Visto de manera fr&iacute;a &#8213;y con tantos a&ntilde;os en el negocio de la atenci&oacute;n, no puedo evitarlo&#8213;, los art&iacute;culos sobre la doble moral de la cobertura eran, en s&iacute; mismos, art&iacute;culos sobre el sumergible, un intento de subirse a la ola de atenci&oacute;n sobre la historia y utilizarla para impulsar el inter&eacute;s en otra direcci&oacute;n. Cuando la revista <em>New Republic</em> public&oacute; <a href="https://newrepublic.com/article/173808/media-cares-titanic-sub-drowned-migrants" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">una de las decenas de estos art&iacute;culos</a> (&ldquo;Los medios de comunicaci&oacute;n se preocupan m&aacute;s por el submarino del Titanic que por los inmigrantes ahogados&rdquo;), el p&uacute;blico se&ntilde;al&oacute; que la propia <em>New Republic</em> no hab&iacute;a publicado hasta ese momento ning&uacute;n art&iacute;culo sobre el barco de inmigrantes aparte de ese. 
    </p><p class="article-text">
        Sin esfuerzo concertado, constancia y entrenamiento, lo que nos atrae y lo que creemos que merece la pena seguir no guardan relaci&oacute;n entre s&iacute;. A veces se solapan por casualidad, pero la mayor&iacute;a de las veces est&aacute;n tan distanciados como el id y el superego. Disponemos de un amplio vocabulario para describir la categor&iacute;a de cosas que nos resultan apasionantes, pero moralmente dudosas: &ldquo;sensacionalista&rdquo;, &ldquo;escabroso&rdquo;, &ldquo;morboso&rdquo;, etc&eacute;tera. Esta categor&iacute;a acapara una enorme parte de la econom&iacute;a de la atenci&oacute;n. Lo escabroso es lo que suele ocupar los noticiarios nocturnos; son las historias que ahora calificamos de &ldquo;<em>clickbait</em>&rdquo; y que antes denomin&aacute;bamos &ldquo;amarillistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dirigir el flujo de atenci&oacute;n del p&uacute;blico tiene consecuencias. Volviendo a las dos cat&aacute;strofes mar&iacute;timas, una vez que se hizo p&uacute;blica la p&eacute;rdida de contacto con el Titan, los gobiernos de EEUU, Canad&aacute; y Francia emprendieron un enorme esfuerzo de rescate. Es dif&iacute;cil hacer una estimaci&oacute;n fiable de cu&aacute;nto dinero gastaron, pero sin duda fueron millones de d&oacute;lares. Se trata de compromisos materiales reales que son el resultado directo de los imperativos de la atenci&oacute;n. No hubo ning&uacute;n esfuerzo de rescate de este tipo para la embarcaci&oacute;n de inmigrantes naufragada.
    </p><p class="article-text">
        Es solo un ejemplo, pero sirve como alegor&iacute;a. En casi todos los &aacute;mbitos de la pol&iacute;tica, desde el m&aacute;s peque&ntilde;o municipio local hasta el gobierno federal, el dinero va all&aacute; donde se dirige la atenci&oacute;n, y el coste real de una vida depende en gran medida de cu&aacute;n llamativa haya sido la muerte.
    </p><h2 class="article-text">El cambio clim&aacute;tico como s&iacute;ntoma</h2><p class="article-text">
        No hay &aacute;rea donde la problem&aacute;tica de la atenci&oacute;n se vuelva m&aacute;s obvia y urgente que en la del cambio clim&aacute;tico. Seg&uacute;n nuestras mejores estimaciones, es probable que hoy en d&iacute;a estemos experimentando las temperaturas m&aacute;s altas del planeta de los &uacute;ltimos 150.000 a&ntilde;os. Los efectos del cambio clim&aacute;tico son visibles, a veces de forma espectacular, pero el cambio clim&aacute;tico en s&iacute; &#8213;la acumulaci&oacute;n lenta, constante e invisible de gases de efecto invernadero en la atm&oacute;sfera&#8213; es imperceptible para las facultades humanas. Es casi lo contrario de una sirena. Reh&uacute;ye nuestra atenci&oacute;n en lugar de atraerla. Ninguno de nuestros cinco sentidos puede detectarlo.
    </p><p class="article-text">
        Resulta llamativo que, cuando el cineasta Adam McKay quiso hacer una superproducci&oacute;n de Hollywood sobre el cambio clim&aacute;tico, la cual deb&iacute;a mantener la atenci&oacute;n de los espectadores durante m&aacute;s de dos horas, optara por una alegor&iacute;a sobre un cometa que se acerca a toda velocidad a la Tierra para destruir el planeta y extinguir toda vida humana. Uno de los momentos m&aacute;s dram&aacute;ticos de <a href="https://www.theguardian.com/film/2021/dec/08/dont-look-up-review-slapstick-apocalypse-according-to-dicaprio-and-lawrence" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>No mires arriba</em></a> es la aparici&oacute;n del cometa en el cielo. La gente lo nota, el tr&aacute;fico se detiene y los conductores y pasajeros salen de los coches para observar con asombro y terror. La pel&iacute;cula me encanta, pero lo cierto es que el cambio clim&aacute;tico nunca nos ofrece un momento tan preciso como ese. Tenemos gr&aacute;ficos, im&aacute;genes de sequ&iacute;as, humo de incendios forestales y glaciares que se desprenden. Las olas de calor clausuran aeropuertos y matan a gente en sus casas. Pero no podemos ver ni o&iacute;r el fen&oacute;meno en s&iacute;. No hay un momento espec&iacute;fico, como aquel en que el cometa aparece en el cielo, o en el que el segundo avi&oacute;n se estrell&oacute; contra las Torres Gemelas, que nos vuelva conscientes de la magnitud del desastre.
    </p><p class="article-text">
        Los activistas del clima de todo el mundo est&aacute;n tomando medidas cada vez m&aacute;s dr&aacute;sticas para producir espect&aacute;culos capaces de llamar la atenci&oacute;n p&uacute;blica. Algunos se han colocado en medio de una carretera, at&aacute;ndose entre s&iacute; con las manos esposadas dentro de tubos, neg&aacute;ndose a moverse. El tr&aacute;fico se atasca, la gente se enfada y las c&aacute;maras de los telediarios no tardan en llegar. Tambi&eacute;n est&aacute;n las protestas en museos, en las que los activistas clim&aacute;ticos entran y arrojan sopa o pintura sobre una c&eacute;lebre obra de arte, en un acto que parece dise&ntilde;ado para despertar un sentimiento de conmoci&oacute;n y repulsi&oacute;n. Otras protestas consistieron en interrumpir conciertos o competiciones deportivas.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n a estos esfuerzos es casi uniformemente negativa: &iexcl;esto no ayuda a la causa! &iexcl;Esto no hace m&aacute;s que alienar a gente que os ve como bichos raros, polarizando precisamente a aquellos a quienes buscan persuadir! Lo cual s&iacute;, claro, est&aacute; bien. Pero la potencia de estas manifestaciones desesperadas que gritan &ldquo;POR EL AMOR DE DIOS, PRESTEN ATENCI&Oacute;N&rdquo; capta algo objetivamente cierto: nos precipitamos hacia el desastre y nadie est&aacute; prest&aacute;ndole la atenci&oacute;n que deber&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Estas intervenciones est&aacute;n pensadas para lograr el mismo efecto que Trump logr&oacute; con tanto &eacute;xito. &iquest;De qu&eacute; sirve la persuasi&oacute;n si nadie presta atenci&oacute;n? &iquest;A qui&eacute;n le importa que la gente tenga una reacci&oacute;n negativa mientras tenga alguna reacci&oacute;n? Se puede ser amable y civilizado e ignorado, o se puede crear un desmadre y que la gente preste atenci&oacute;n. &Eacute;sas son las opciones en la guerra hobbesiana de todos contra todos en la era de la atenci&oacute;n, y me resulta muy dif&iacute;cil culpar a quien opte por la segunda opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Adaptado de </em><a href="https://guardianbookshop.com/the-sirens-call-9781914484940/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>The Sirens&rsquo; Call: How Attention Became the World&rsquo;s Most Endangered Resource</em></a><em> de Chris Hayes, publicado por Scribe.</em>
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Juli&aacute;n Cnochaert.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chris Hayes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/megafono-ruidoso-trump-logro-dominar-nueva-atencion_129_12004988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Feb 2025 21:23:06 +0000]]></pubDate>
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