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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel González de Legarra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel-gonzalez-de-legarra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel González de Legarra]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia venció al virus,  pero no al prejuicio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciencia-vencio-virus-no-prejuicio_129_13584336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay prejuicios que cre&iacute;amos superados y que, sin embargo, siguen ah&iacute;, agazapados, esperando cualquier oportunidad para volver a ocupar el espacio que nunca debieron tener. El estigma asociado al VIH es uno de ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera iniciativa que present&eacute; y defend&iacute; como diputado ante el Parlamento de La Rioja en 1991 propon&iacute;a combatir la estigmatizaci&oacute;n de quienes viven con el VIH. Y me indigna comprobar que, 35 a&ntilde;os despu&eacute;s, mientras la ciencia ha conseguido avances extraordinarios, nuestra sociedad siga siendo incapaz de desprenderse de esos miedos injustificados, estereotipos y comportamientos discriminatorios.
    </p><p class="article-text">
        Cada 17 de octubre, la celebraci&oacute;n del Pride+ nos ofrece una nueva oportunidad para reivindicar esa dignidad. Pero, sobre todo, nos obliga a preguntarnos por qu&eacute; sigue siendo necesario hacerlo. No creo que sea una cuesti&oacute;n secundaria, ni una causa que deba defenderse &uacute;nicamente en determinadas fechas. Es una cuesti&oacute;n de derechos humanos, de justicia y de decencia democr&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivimos tiempos preocupantes. El odio al diferente, la homofobia, el racismo y los discursos autoritarios y postfascistas que cuestionan derechos conquistados con mucho esfuerzo est&aacute;n ganando presencia en el debate p&uacute;blico. Y no podemos ignorar que ese clima alimenta tambi&eacute;n viejos prejuicios contra las personas con VIH; prejuicios que vuelven a vincular el virus, de manera injusta y profundamente equivocada, con una determinada orientaci&oacute;n sexual o con supuestos comportamientos moralmente reprobables para algunos sectores.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo con claridad: <strong>el VIH no tiene orientaci&oacute;n sexual, no entiende de ideolog&iacute;as y no es un juicio moral sobre nadie</strong>. Puede afectar a cualquier persona. Asociarlo a una identidad concreta no solo demuestra desconocimiento sino que perpet&uacute;a una discriminaci&oacute;n que causa sufrimiento, alimenta el miedo y empuja a muchas personas a ocultar su situaci&oacute;n por temor al rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s indignante es que ese estigma persiste cuando los avances cient&iacute;ficos han cambiado radicalmente la realidad del VIH. Hoy, gracias a los tratamientos, las personas que viven con el virus pueden desarrollar una vida larga y plena. Sabemos, adem&aacute;s, que una persona con carga viral indetectable gracias al tratamiento no transmite sexualmente el VIH. Sin embargo, la desinformaci&oacute;n sigue alimentando el rechazo y nos demuestra que la ciencia ha avanzado mucho m&aacute;s deprisa que determinados prejuicios sociales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, no basta con disponer de buenos tratamientos. Necesitamos educaci&oacute;n, informaci&oacute;n rigurosa y una sociedad que deje de se&ntilde;alar a quienes viven con el VIH. Necesitamos combatir la discriminaci&oacute;n en el &aacute;mbito laboral, sanitario, afectivo y social. Y necesitamos que las instituciones asuman su responsabilidad, porque el silencio y la indiferencia tambi&eacute;n contribuyen a perpetuar el estigma.
    </p><p class="article-text">
        La visibilidad es una herramienta poderosa para romper ese silencio, pero nunca puede convertirse en una obligaci&oacute;n. Nadie debe sentirse forzado a revelar una circunstancia personal para demostrar nada a los dem&aacute;s. La responsabilidad no corresponde a quien teme ser rechazado, sino a quienes alimentan el rechazo y a quienes, pudiendo combatirlo, prefieren mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        El Pride+, conocido tambi&eacute;n como &ldquo;Orgullo positivo&rdquo; que se celebra cada 17 de octubre debe ser una celebraci&oacute;n de la dignidad, pero tambi&eacute;n una llamada de atenci&oacute;n. Porque una sociedad verdaderamente libre no es aquella en la que algunas personas pueden mostrarse sin miedo, sino aquella en la que nadie tiene que esconderse para evitar la discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No podemos permitir que el odio normalice de nuevo lo que tanto esfuerzo nos ha costado combatir. Ni aceptar que el diagn&oacute;stico de una persona se convierta en motivo de sospecha, aislamiento o exclusi&oacute;n. <strong>Convivir con el VIH no resta dignidad, no limita derechos y no hace a nadie menos merecedor de respeto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque la lucha contra el estigma del VIH no pertenece &uacute;nicamente a quienes conviven con el virus. Nos corresponde a todos. Y quienes creemos en una sociedad m&aacute;s justa, m&aacute;s libre y m&aacute;s igualitaria tenemos la obligaci&oacute;n de seguir dando la cara por quienes siguen sufriendo el estigma y el rechazo de manera tan injusta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciencia-vencio-virus-no-prejuicio_129_13584336.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 10:09:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ciencia venció al virus,  pero no al prejuicio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Virus,VIH,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De puntillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/puntillas_129_13537405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay series que entretienen, otras que emocionan y hay algunas que, cuando terminan, obligan a quedarse un rato en silencio. O incluso unos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Eso me ha ocurrido con cada cap&iacute;tulo de <em>Tip Toe</em>, la serie de Russell T. Davies que est&aacute;n emitiendo en HBO. No porque cuente algo que no supi&eacute;ramos ya, sino precisamente porque consigue convertir en una historia cotidiana algo que quiz&aacute; llevamos demasiado tiempo contemplando con una cierta distancia como es el regreso de la intolerancia, la normalizaci&oacute;n del odio y el miedo entre quienes cre&iacute;amos que ya hab&iacute;amos aprendido a vivir en libertad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Ser queer en 2026 es un acto pol&iacute;tico&rdquo;,</strong> esta es una frase que dice un personaje de la serie, que se me ha quedado grabada<strong>.</strong>&nbsp;Y es que, despu&eacute;s de d&eacute;cadas de avances, de leyes que reconocen derechos, de una mayor visibilidad y de generaciones que han crecido viendo con mucha m&aacute;s naturalidad distintas formas de amar y de construir una familia, podr&iacute;amos pensar que es una frase exagerada, que pertenece a otro tiempo, pero quiz&aacute; hemos cometido un error llegando a pensar que, porque hemos conseguido derechos, tambi&eacute;n hab&iacute;amos conseguido acabar con los prejuicios. Y no es as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a injusto y falso negar la transformaci&oacute;n profunda que ha experimentado la sociedad espa&ntilde;ola. Personas que durante buena parte de su vida tuvieron que esconder qui&eacute;nes eran pudieron finalmente mostrarse como son. Muchas familias han podido vivir con normalidad una realidad que antes estaba marcada por el silencio. Miles de personas han podido besar a su pareja en p&uacute;blico sin sentir que estaban cometiendo una provocaci&oacute;n.&nbsp;Pero que hayamos avanzado no significa que el camino haya terminado. Las leyes pueden cambiar una sociedad, pero no consiguen eliminar de un plumazo todos sus prejuicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo hemos dado por supuesto que las nuevas generaciones ser&iacute;an necesariamente m&aacute;s tolerantes que las anteriores y, probablemente, en muchos aspectos, lo sean. Pero esa certeza empieza a necesitar muchos m&aacute;s matices porque las personas j&oacute;venes tambi&eacute;n est&aacute;n expuestas a un ecosistema digital en el que conviven la informaci&oacute;n, la diversidad y la solidaridad con contenidos que convierten al diferente en una amenaza, que ridiculizan los derechos de las minor&iacute;as o que presentan la igualdad como una imposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El odio ya no necesita una esquina oscura para mostrarse. Tiene un tel&eacute;fono m&oacute;vil, un algoritmo y miles de personas dispuestas a compartir una mentira antes de que nadie tenga tiempo de desmontarla. Y tiene algo todav&iacute;a m&aacute;s peligroso que es la capacidad de hacer que determinados discursos parezcan normales.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo aspecto me parece esencial porque la homofobia no comienza necesariamente con una agresi&oacute;n. A veces comienza con una broma, con un insulto que vuelve a provocar risas; con la idea de que &ldquo;ya no se puede decir nada&rdquo;. Con la utilizaci&oacute;n sistem&aacute;tica de las personas LGTBIQ+ como objeto de provocaci&oacute;n pol&iacute;tica. Con la insistencia en presentar nuestra visibilidad como adoctrinamiento o nuestra igualdad como un privilegio.
    </p><p class="article-text">
        El salto entre una cosa y otra no es autom&aacute;tico. Ser&iacute;a absurdo decir que cada chiste hom&oacute;fobo conduce a una agresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n ser&iacute;a ingenuo pensar que el lenguaje no construye el clima social en el que determinadas conductas pueden llegar a considerarse aceptables.
    </p><p class="article-text">
        El propio Russell T. Davies ha explicado que <em>Tip Toe</em> nace, en parte, de su preocupaci&oacute;n por una sociedad cada vez m&aacute;s irritable e intolerante y por la manera en que las redes sociales favorecen una comunicaci&oacute;n basada en mensajes breves, contundentes y cargados de confrontaci&oacute;n.&nbsp;Y ah&iacute; es, precisamente, donde creo que la serie deja de ser solamente una serie sobre personas LGTBIQ+, porque lo que est&aacute; describiendo puede aplicarse tambi&eacute;n a otros colectivos como el de los inmigrantes, los sintecho, los &ldquo;invasores&rdquo; de Ceuta&hellip;, o incluso las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una sociedad empieza a acostumbrarse a se&ntilde;alar al diferente, todos deber&iacute;amos preocuparnos.&nbsp;Cuando el insulto deja de dar verg&uuml;enza y empieza a provocar aplausos, deber&iacute;amos preocuparnos. Cuando la mentira se convierte en un arma y la indignaci&oacute;n permanente sustituye a la conversaci&oacute;n, deber&iacute;amos preocuparnos. Y cuando gran parte de una generaci&oacute;n empieza a recibir desde las redes sociales mensajes que cuestionan la dignidad o los derechos de otras personas, deber&iacute;amos preocuparnos todav&iacute;a m&aacute;s, porque se est&aacute; construyendo un relato en el que determinadas personas empiezan a sentirse moralmente legitimadas para despreciar a otras.
    </p><p class="article-text">
        Y conste que no escribo esto desde el miedo, lo escribo precisamente desde la memoria de quien pertenece al colectivo LGTBIQ+. Y quiz&aacute; por eso <em>Tip Toe</em> me ha golpeado de una manera especialmente profunda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque quienes hemos vivido determinados momentos de nuestra historia reciente, sabemos que los derechos que hoy parecen evidentes no aparecieron por generaci&oacute;n espont&aacute;nea. Otras personas tuvieron que enfrentarse antes a la incomprensi&oacute;n, al insulto, al rechazo, al silencio y, en muchos casos, a la violencia para que otros pudi&eacute;ramos vivir de una manera m&aacute;s libre.
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas deber&iacute;amos saber que los avances no son para siempre y que los derechos que hoy tenemos tambi&eacute;n pueden perderse.&nbsp;Los derechos se conquistan, pero tambi&eacute;n hay que defenderlos. Porque lo que hoy parece garantizado puede dejar de estarlo ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a escuchamos a diario a dirigentes de VOX reclamar la derogaci&oacute;n de las leyes trans y presentar estas normas como una amenaza para los menores o describir las pol&iacute;ticas LGTBI como imposiciones ideol&oacute;gicas. Y en 2026, con el respaldo del PP en algunas comunicades aut&oacute;nomas, siguen calificando determinadas leyes LGTBI de &ldquo;ideol&oacute;gicas&rdquo;, &ldquo;invasivas&rdquo; o alejadas de la evidencia cient&iacute;fica. En La Rioja, por ejemplo, VOX reclama expresamente la derogaci&oacute;n de la ley auton&oacute;mica de identidad y expresi&oacute;n de g&eacute;nero, calific&aacute;ndola de &ldquo;disparate&rdquo; y vinculando su aplicaci&oacute;n con el &ldquo;adoctrinamiento&rdquo; en las aulas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con cualquiera de esas posiciones pol&iacute;ticas porque, en democracia, todas las leyes pueden discutirse y reformarse, pero cuando se repite sistem&aacute;ticamente que un colectivo representa una amenaza, que sus derechos son una imposici&oacute;n ideol&oacute;gica, que su visibilidad es adoctrinamiento o que sus reivindicaciones forman parte de una agenda que pretende destruir la familia o borrar a las mujeres, no estamos hablando simplemente de una discrepancia legislativa. Estamos construyendo un relato sobre qui&eacute;nes somos y sobre qu&eacute; lugar debemos ocupar en la sociedad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ese relato importa porque el retroceso no tiene que empezar necesariamente con una ley que elimina un derecho. Puede empezar mucho antes. Puede empezar cuando los ciudadanos dejamos de ejercer esos derechos. Cuando alguien decide no coger de la mano a su pareja por miedo. Cuando una chica o un chico evitan decir en clase que es gay. Cuando una familia decide no hablar de sus dos madres o de sus dos padres para evitar problemas. Cuando alguien escucha un insulto y prefiere callarse. Cuando una persona LGTBIQ+ empieza a pensar que quiz&aacute; es mejor no llamar demasiado la atenci&oacute;n. En definitiva, <strong>c</strong>uando volvemos a caminar<strong> de puntillas.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese es, para m&iacute;, el verdadero significado del t&iacute;tulo de la serie. Uno de los personajes explica que antes entraba en una habitaci&oacute;n diciendo &ldquo;&iexcl;tachaa&aacute;n!&rdquo; y ahora camina de puntillas &ldquo;por si acaso&rdquo;.&nbsp;Esa frase resume una amenaza que no deber&iacute;amos despreciar.
    </p><p class="article-text">
        Porque no hemos luchado durante d&eacute;cadas para que las personas LGTBIQ+ aprendamos de nuevo a escondernos.&nbsp;No hemos conquistado la libertad para vivir pendientes de qui&eacute;n nos mira. No hemos conseguido visibilidad para volver a pedir perd&oacute;n por existir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque tambi&eacute;n es cierto que tampoco deber&iacute;amos caer en el error contrario y pensar que todo est&aacute; perdido, porque no lo est&aacute;.&nbsp;Nuestra sociedad ha cambiado y lo ha hecho para mejor en much&iacute;simos aspectos. Precisamente por eso tenemos algo muy valioso que proteger.&nbsp;Lo que necesitamos ahora no es miedo, sino vigilancia. No es enfrentamiento, sino firmeza. No es responder al odio con m&aacute;s odio, sino impedir que el odio vuelva a convertirse en una forma aceptable de relacionarse con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos educaci&oacute;n, instituciones que no miren hacia otro lado; combatir la discriminaci&oacute;n all&iacute; donde aparezca; exigir responsabilidades cuando se cruza la l&iacute;nea entre la libertad de expresi&oacute;n y la agresi&oacute;n o la incitaci&oacute;n al odio. Y necesitamos, sobre todo, recuperar la idea de que los derechos de una minor&iacute;a no son solo un asunto de esa minor&iacute;a. Son un asunto de todos porque son una cuesti&oacute;n de democracia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso me ha dejado tan inquieto <em>Tip Toe</em>. Porque no quiero creer que sea una profec&iacute;a ni que pretenda serlo. Pero s&iacute; creo que es una advertencia muy seria. Una llamada de atenci&oacute;n sobre lo que puede ocurrir cuando una sociedad se acostumbra demasiado al ruido, al insulto, a la deshumanizaci&oacute;n y a la polarizaci&oacute;n.&nbsp;Y las advertencias solo sirven cuando todav&iacute;a estamos a tiempo de actuar. Por eso creo que debemos estar alerta. No porque debamos vivir con miedo, sino porque conocemos demasiado bien el precio de bajar la guardia.
    </p><p class="article-text">
        Hay una generaci&oacute;n que luch&oacute; para poder salir de la oscuridad. Hay otra que ha crecido creyendo que esa libertad era algo natural.&nbsp;A ambas nos corresponde ahora la misma responsabilidad:&nbsp;<strong>negarnos a volver a entrar en una habitaci&oacute;n de puntillas. </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/puntillas_129_13537405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 07:50:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De puntillas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nunca me aburro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aburro_129_13470990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tengo que reconocer que hay ocasiones en que me aburro.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, mis vacaciones de verano no van a tener playa, ni grandes viajes, ni planes programados de antemano. Y, al principio, reconozco que contemplaba con cierto temor la posibilidad de que el aburrimiento acabara apoder&aacute;ndose de alguno de esos d&iacute;as que, precisamente por ser de vacaciones, deber&iacute;an servir para descansar.
    </p><p class="article-text">
        Estamos tan acostumbrados a llenar nuestros d&iacute;as que, cuando de repente no tenemos nada que hacer, parece que algo no funciona. Una ma&ntilde;ana sin planes. Una tarde demasiado larga. Un d&iacute;a en el que no ocurre nada especial.  Y entonces aparece esa pregunta inc&oacute;moda:  - &iquest;Y ahora qu&eacute; hago?
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, poco antes de morir, mantuve una conversaci&oacute;n con mi padre que estos d&iacute;as he recordado varias veces. Hab&iacute;a cumplido ya 103 a&ntilde;os, sus limitaciones f&iacute;sicas le imped&iacute;an hacer muchas de las cosas con las que antes ocupaba su tiempo como leer, escribir, investigar, pasear..., as&iacute; que pasaba buena parte del d&iacute;a sentado en su sill&oacute;n, aparentemente ensimismado en sus pensamientos.  Aquella tarde le pregunt&eacute;: 
    </p><p class="article-text">
         - &iquest;Te aburres?  Me respondi&oacute; inmediatamente: 
    </p><p class="article-text">
         - No.
    </p><p class="article-text">
        - Pero nunca te aburres? , insist&iacute;.
    </p><p class="article-text">
         - No. Nunca me aburro. Siempre encuentro algo en que ocuparme.
    </p><p class="article-text">
        Entonces le pregunt&eacute; c&oacute;mo lo hac&iacute;a. Me mir&oacute; como si la respuesta fuera abolutamente evidente y dijo:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Vivo el momento.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Desde entonces he pensado muchas veces en aquella frase. Quiz&aacute; porque yo no siempre s&eacute; hacerlo. Cuando no consigo concentrarme en lo que estoy haciendo, todo se me hace m&aacute;s pesado. Incluso cuando no hago nada, puedo llegar a sentir que estoy perdiendo el tiempo. Como si cada minuto tuviera que estar ocupado por algo &uacute;til, entretenido o productivo.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; una de las razones por las que nos cuesta tanto aburrirnos. No sabemos estar sin hacer nada. Vivimos rodeados de est&iacute;mulos. Miramos el tel&eacute;fono mientras esperamos un caf&eacute;, escuchamos algo mientras caminamos, encendemos una pantalla cuando tenemos dos minutos libres y buscamos inmediatamente qu&eacute; hacer cuando aparece un hueco inesperado. 
    </p><p class="article-text">
        Hemos convertido el tiempo vac&iacute;o en una especie de enemigo. Por eso las vacaciones pueden ser una buena oportunidad para enfrentarnos a &eacute;l.  Porque quiz&aacute; aburrirse de vez en cuando no sea necesariamente algo malo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea simplemente una se&ntilde;al. Una invitaci&oacute;n a detenernos y preguntarnos por qu&eacute; estamos aburridos. Qu&eacute; necesitamos. Qu&eacute; nos apetece. Qu&eacute; hemos dejado pendiente. Qu&eacute; nos gustar&iacute;a recuperar. O, sencillamente, qu&eacute; podemos hacer con ese rato que de repente tenemos delante.
    </p><p class="article-text">
        A veces la respuesta ser&aacute; algo tan poco extraordinario como ordenar un armario, planchar, cuidar las plantas, leer unas p&aacute;ginas de un libro, escribir, pasear o retomar aquella peque&ntilde;a tarea que llevamos meses aplazando. Y otras veces puede que decidamos no hacer absolutamente nada. Tambi&eacute;n eso puede estar bien. Porque no todo el tiempo improductivo tiene que ser tiempo perdido. Hay una gran diferencia entre perder el tiempo y disponer de &eacute;l. Decidir, conscientemente, qu&eacute; hacer con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que cuando siento que empieza a rondarme el aburrimiento, intento recordar las palabras de mi padre: vivir el momento. No escapar inmediatamente de esa sensaci&oacute;n buscando cualquier cosa que la haga desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Quedarme un poco ah&iacute;. Mirar, escuchar, pensar... Y, a veces, ocurre algo curioso, porque cuando dejo de intentar combatir el aburrimiento, descubro que quiz&aacute; no estaba aburrido.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; simplemente estaba desacostumbrado a estar conmigo mismo. En esos momentos aparecen pensamientos que normalmente no tienen sitio en mi agenda. Ideas que no hab&iacute;a considerado. Recuerdos. Preguntas. Incluso proyectos que cre&iacute;a olvidados.
    </p><p class="article-text">
        El aburrimiento se convierte entonces en una oportunidad para vivir alerta, para acoger con agradecimiento todo lo que de bueno me proporciona la vida y para organizarme, ver las cosas m&aacute;s claras y tomar decisiones de cara al futuro m&aacute;s inmediato.  Vivir el momento, me permite ser consciente incluso del riesgo que conlleva aburrirme y darme cuenta de que su significado, positivo o negativo, solo va a depender del valor que yo mismo le otorgue.
    </p><p class="article-text">
        No siempre lo consigo, pero es cierto que el silencio deja espacio para que aparezcan cosas que el ruido cotidiano mantiene escondidas. Por eso empiezo a pensar que las vacaciones no deber&iacute;an medirse solamente por el tiempo que pasamos en la playa, por los lugares que visitamos, las cosas que hacemos o las experiencias que acumulamos. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n deber&iacute;an medirse por los momentos en los que no ocurre nada. Por esas horas que no estaban previstas. Por esa tarde en la que no sabemos muy bien qu&eacute; hacer. Por ese rato en el que podemos mirar alrededor, mirar con atenci&oacute;n a quien vive a nuestro lado y darnos cuenta, ser conscientes de que, en realidad, tenemos mucho, much&iacute;simo m&aacute;s de lo que cre&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre, con 103 a&ntilde;os y sentado en su sill&oacute;n, probablemente ten&iacute;a muchas menos posibilidades que cualquiera de nosotros para llenar un d&iacute;a. Y, sin embargo, no se aburr&iacute;a. No porque tuviera m&aacute;s cosas que hacer, sino porque sab&iacute;a estar donde estaba. Porque viv&iacute;a con plena consciencia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa sea una de las cosas que m&aacute;s necesitamos recuperar. Aprender que no todos los huecos de nuestra vida necesitan ser rellenados. Que no todas las horas tienen que producir algo. Que no todo silencio necesita una pantalla.  Y que una tarde aparentemente vac&iacute;a puede esconder una conversaci&oacute;n pendiente con nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que este agosto, cuando el aburrimiento amenaza, en lugar de preguntarme qu&eacute; puedo hacer para que desaparezca, trato de preguntarme qu&eacute; quiere decirme.  Y recordando a mi padre (&ldquo;Vivo el momento.&rdquo;), encuentro respuestas que me sorprenden.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, a veces, las respuestas m&aacute;s sencillas son las que m&aacute;s tiempo nos lleva aprender.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aburro_129_13470990.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 15:02:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nunca me aburro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patriotas de frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/patriotas-frontera_129_13434400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una forma de patriotismo que consiste en exhibir pulseras, llaveros o pegatinas con los colores de la bandera, o en hacerse fotograf&iacute;as delante de una bandera de Espa&ntilde;a. Hay otra, bastante menos vistosa, que consiste en compartir los problemas del pa&iacute;s al que esa bandera representa.
    </p><p class="article-text">
        La primera exige muy poco. Basta con levantar la voz, se&ntilde;alar al enemigo y repetir, una y otra vez, que Espa&ntilde;a se rompe.  La segunda obliga a algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo como es hacerse responsable de Espa&ntilde;a cuando Espa&ntilde;a necesita ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos d&iacute;as de julio, tras la grave crisis migratoria vivida en Ceuta, hemos asistido a un aut&eacute;ntico desfile pol&iacute;tico por sus calles que ha vuelto a dejar al descubierto esa diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Es l&oacute;gico que el presidente del Gobierno acudiera a Ceuta. Es su obligaci&oacute;n institucional y, ante una situaci&oacute;n de extraordinaria gravedad, corresponde al m&aacute;ximo responsable del Ejecutivo garantizar la seguridad, coordinar los recursos del Estado y transmitir confianza a la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n desfilaron por sus calles quienes, una vez m&aacute;s, se presentaban como los &uacute;nicos defensores de la patria, de la Constituci&oacute;n y de la integridad territorial de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad se llen&oacute; de dirigentes pol&iacute;ticos que llegaron apresuradamente para proclamar que Ceuta es Espa&ntilde;a. Como si alguien lo hubiera puesto alguna vez en duda.
    </p><p class="article-text">
        Escuchamos discursos solemnes sobre la defensa de nuestras fronteras, la soberan&iacute;a nacional y la integridad del territorio. Vimos banderas ondeando con entusiasmo y declaraciones cargadas de &eacute;pica. Parec&iacute;a que la patria estuviera en peligro y que solo ellos hubieran acudido a rescatarla. Hasta ah&iacute;, nada nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Lo verdaderamente interesante empieza cuando se apagan las c&aacute;maras y cuando contrastamos los discursos con los hechos, porque defender Ceuta no consiste &uacute;nicamente en proteger su frontera.  Defender Ceuta significa tambi&eacute;n ayudar a los ceut&iacute;es cuando soportan una presi&oacute;n que ninguna ciudad espa&ntilde;ola puede afrontar sola.  Y ah&iacute; es donde ese patriotismo tan ruidoso empieza a quedarse sorprendentemente mudo.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando Ceuta pide solidaridad para atender a los menores migrantes que han llegado solos a territorio espa&ntilde;ol, los grandes guardianes de la patria descubren de repente que la solidaridad tiene fronteras.  Entonces ya no hablan de Espa&ntilde;a. Hablan de competencias, de que el Gobierno pretende imponer un reparto, de cupos, de costes. Hablan de que &ldquo;los reciba otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; curioso! En ese momento, Ceuta, Melilla o Canarias dejan de ser &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo; para convertirse simplemente en un problema ajeno.  Espa&ntilde;a parece indivisible cuando hay que agitar la bandera, pero se convierte en diecisiete compartimentos estancos cuando toca repartir responsabilidades. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se trata de exigir m&aacute;s vigilancia fronteriza, Ceuta representa el honor nacional. Cuando se trata de compartir el esfuerzo que esa frontera genera, Ceuta pasa a ser una ciudad sola. Es un patriotismo extraordinariamente selectivo que les sirve a algunos para exigir sacrificios, nunca para asumirlos.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos d&iacute;as hemos visto desfilar por Ceuta a Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, a Santiago Abascal y a otros referentes de una extrema derecha cada vez m&aacute;s entregada a la competici&oacute;n por ver qui&eacute;n envuelve con m&aacute;s fuerza sus discursos en la bandera nacional.
    </p><p class="article-text">
        Todos coincid&iacute;an en un mensaje: &iexcl;a Ceuta hay que defenderla! Un grito con el que estoy completamente de acuerdo. Pero la pregunta es de qui&eacute;n hay que defenderla. &iquest;De quienes intentan cruzar una frontera?  &iquest;O tambi&eacute;n de quienes, desde la comodidad de cientos de kil&oacute;metros de distancia, se niegan sistem&aacute;ticamente a compartir el esfuerzo que esa frontera genera?
    </p><p class="article-text">
        Porque la realidad es tozuda. Ceuta no pide discursos, pide ayuda.  No reclama m&aacute;s fotograf&iacute;as, reclama que el resto de Espa&ntilde;a asuma la parte que le corresponde en una responsabilidad que es de todos.  Y esa ayuda debe llegar en forma de recursos, de coordinaci&oacute;n institucional y, cuando es necesario, del reparto solidario de menores migrantes entre comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        Nos hablan constantemente de unidad nacional, pero esa unidad desaparece cuando implica repartir responsabilidades. Invocan la Constituci&oacute;n mientras rechazan uno de los principios que mejor la sostienen: la solidaridad entre todos los territorios del Estado. Y, sobre todo, se olvidan deliberadamente de que aqu&iacute; no estamos hablando &uacute;nicamente de pol&iacute;tica migratoria.  Estamos hablando de menores. De ni&ntilde;os y adolescentes que, independientemente de c&oacute;mo hayan llegado hasta aqu&iacute;, est&aacute;n bajo la protecci&oacute;n del Estado de Derecho y de una legislaci&oacute;n que obliga a las administraciones p&uacute;blicas a garantizarles una atenci&oacute;n digna. Y no porque lo diga un partido.  No porque lo decida un gobierno, sino porque lo exige la ley. La espa&ntilde;ola y la europea. Y, sobre todo, porque lo exige algo todav&iacute;a m&aacute;s importante como es el m&aacute;s elemental sentido de humanidad y decencia.
    </p><p class="article-text">
        Se puede defender un mayor control de las fronteras. Se puede reclamar una pol&iacute;tica migratoria distinta. Se pueden exigir m&aacute;s medios para evitar la inmigraci&oacute;n irregular.  Todo eso forma parte del debate democr&aacute;tico, pero lo que resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de justificar es utilizar a Ceuta como s&iacute;mbolo cuando interesa y abandonarla cuando pide ayuda.  Porque entonces ya no estamos ante una posici&oacute;n pol&iacute;tica coherente, estamos ante un ejercicio de cinismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el verdadero patriotismo no consista en viajar apresuradamente hasta Ceuta para hacerse una fotograf&iacute;a junto a una valla. Quiz&aacute; consista, sencillamente, en entender que Ceuta es Espa&ntilde;a siempre, tambi&eacute;n cuando necesita que el resto de Espa&ntilde;a est&eacute; a su lado.
    </p><p class="article-text">
        Si Ceuta es Espa&ntilde;a para pedir firmeza, tambi&eacute;n lo es para pedir ayuda.  Si Ceuta merece la protecci&oacute;n de todos cuando su frontera se ve sometida a presi&oacute;n, tambi&eacute;n merece la solidaridad de todos cuando esa presi&oacute;n desborda sus capacidades. Lo contrario tiene un nombre.  No es patriotismo.  Es oportunismo envuelto en una bandera. 
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; esa sea la gran mentira de nuestro tiempo, confundir el amor a un pa&iacute;s con el ruido que algunos hacen alrededor de su bandera.
    </p><p class="article-text">
        Porque querer a un pa&iacute;s no consiste en agitar su bandera y se&ntilde;alar constantemente d&oacute;nde termina su territorio. Consiste, sobre todo, en no abandonar nunca a quienes viven dentro de &eacute;l. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/patriotas-frontera_129_13434400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2026 12:00:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Patriotas de frontera]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién decide por tu ciudad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/decide-ciudad_129_13407387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay noticias que, cuando coinciden en el tiempo, invitan inevitablemente a hacer comparaciones. Mientras el PSOE celebraba unas primarias para elegir a su candidata en Madrid, el Partido Popular hac&iacute;a justo lo contrario: era Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o quien designaba directamente a los candidatos de las principales capitales espa&ntilde;olas. Entre ellos, al alcalde de Logro&ntilde;o, Conrado Escobar, que no ocult&oacute; su satisfacci&oacute;n y lleg&oacute; incluso a reivindicar con orgullo que su candidatura respond&iacute;a a la confianza depositada en &eacute;l por Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Dos sistemas. Dos concepciones distintas del liderazgo. Dos respuestas diferentes a una pregunta que pocas veces nos hacemos: &iquest;qui&eacute;n debe decidir el aspirante a gobernar nuestra ciudad?
    </p><p class="article-text">
        No cabe duda de que el modelo de designaci&oacute;n directa tiene ventajas evidentes, porque evita campa&ntilde;as internas, reduce tensiones, impide enfrentamientos entre compa&ntilde;eros y proyecta una imagen de unidad que resulta mucho m&aacute;s c&oacute;moda para cualquier organizaci&oacute;n. Conrado Escobar se ir&aacute; a la playa con la tranquilidad de saber que nadie, de momento, le va a mover la silla dentro de su partido, pero nunca tendr&aacute; la seguridad de que su candidatura es la que realmente quieren sus compa&ntilde;eros de Logro&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Las primarias, por el contrario, obligan a confrontar proyectos y liderazgos, generan vencedores y vencidos y, si no se gestionan con inteligencia, pueden dejar heridas dif&iacute;ciles de cerrar. Nadie que haya vivido un proceso interno puede negar esa realidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero el verdadero debate no consiste en saber qu&eacute; sistema provoca menos problemas dentro de un partido. La cuesti&oacute;n verdaderamente importante es qui&eacute;n tiene el derecho de tomar esa decisi&oacute;n. Porque ning&uacute;n procedimiento garantiza la elecci&oacute;n del mejor candidato. Ni unas primarias aseguran que quien las gana ser&aacute; el mejor alcalde posible, ni la designaci&oacute;n desde la direcci&oacute;n nacional garantiza que el elegido sea quien mejor conoce los problemas de su ciudad o quien mayor capacidad tenga para resolverlos. Ambos sistemas pueden equivocarse. La diferencia est&aacute; en qui&eacute;n asume esa responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un partido celebra unas primarias, la decisi&oacute;n pertenece a cientos o miles de militantes. Personas que viven en esa ciudad, que conocen a los candidatos, que han compartido con ellos a&ntilde;os de trabajo pol&iacute;tico y que, con mayor o menor acierto, expresan colectivamente cu&aacute;l consideran la mejor opci&oacute;n en ese momento. Puede gustarnos m&aacute;s o menos el resultado, pero la decisi&oacute;n nace de un proceso participativo en el que muchas personas aportan su criterio.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, cuando el candidato es designado directamente por el l&iacute;der nacional del partido, toda esa responsabilidad queda concentrada en una sola persona. Eso no es malo, en s&iacute; mismo porque ese dirigente carezca de criterio ni de experiencia, sino porque resulta evidente que ning&uacute;n l&iacute;der nacional puede conocer con la misma profundidad la realidad cotidiana de todas y cada una de las ciudades de Espa&ntilde;a. Su decisi&oacute;n estar&aacute; inevitablemente condicionada por la informaci&oacute;n que recibe, por las relaciones personales construidas dentro del partido y por la confianza que le inspiran quienes aspiran a representar a la organizaci&oacute;n.  Y eso cambia completamente la naturaleza del proceso.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que las primarias favorecen al aparato y, en ocasiones es cierto. Las estructuras internas pesan, las trayectorias cuentan y las relaciones personales influyen. Ser&iacute;a ingenuo negarlo. Pero incluso cuando eso ocurre, el llamado aparato sigue estando formado por cientos o miles de personas que, finalmente, depositan una papeleta en una urna. Existe debate, existe confrontaci&oacute;n de ideas y existe una decisi&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En una designaci&oacute;n directa sucede algo muy distinto. El aparato deja de ser un sujeto colectivo para concentrarse en una sola voluntad. El &eacute;xito del aspirante depende mucho menos de su capacidad para convencer a quienes mejor conocen la realidad de su ciudad y mucho m&aacute;s de su habilidad para generar confianza en un reducido c&iacute;rculo donde realmente se toman las decisiones. El centro de gravedad deja de estar en la ciudad para trasladarse a los despachos.
    </p><p class="article-text">
        En este tiempo que vivimos, en el que las redes sociales parecen haber alterado nuestra percepci&oacute;n de la pol&iacute;tica, da la impresi&oacute;n de que quien domina la conversaci&oacute;n digital dispone tambi&eacute;n del respaldo mayoritario de la ciudadan&iacute;a. Y la experiencia demuestra que no siempre es as&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Las redes amplifican el entusiasmo de quienes ya est&aacute;n convencidos, magnifican el eco de los apoyos y tambi&eacute;n el de las cr&iacute;ticas, pero rara vez reflejan el silencio de la inmensa mayor&iacute;a. Las primarias del PSOE de Madrid lo han vuelto a demostrar. La conversaci&oacute;n digital apuntaba en una direcci&oacute;n y las urnas acabaron se&ntilde;alando otra muy distinta.
    </p><p class="article-text">
        La democracia, por tanto, no consiste en acumular seguidores, ni en convertir un nombre en tendencia, ni siquiera en despertar la mayor ilusi&oacute;n durante unas semanas. La democracia consiste, sencillamente, en aceptar que las decisiones pertenecen a quienes tienen derecho a tomarlas, aunque el resultado no coincida con nuestras expectativas.  Quiz&aacute; esta sea otra de las ense&ntilde;anzas de estos procesos. Todos pensamos que la democracia funciona de maravilla... mientras nos da la raz&oacute;n. El problema aparece cuando no lo hace. Entonces empiezan las excusas: que si el aparato, que si las maniobras, que si las redes, que si la campa&ntilde;a... Nos cuesta mucho aceptar una explicaci&oacute;n mucho m&aacute;s sencilla: la mayor&iacute;a ha decidido otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        Porque cualquiera sabe ganar. Lo que de verdad tiene m&eacute;rito es perder sin dejar de respetar las reglas. Porque ganar exige inteligencia pero perder exige grandeza. Y las primarias solo fortalecen a una organizaci&oacute;n cuando quienes ganan entienden que su victoria no les autoriza a excluir a nadie y cuando quienes pierden comprenden que una votaci&oacute;n no cuestiona su compromiso ni su lugar dentro del proyecto colectivo. La democracia no termina cuando se abren las urnas; empieza precisamente cuando se conocen los resultados.
    </p><p class="article-text">
        Por eso sigo pensando que, con todos sus defectos, las primarias representan un avance democr&aacute;tico. No porque siempre elijan al mejor candidato. Tampoco porque eliminen los equilibrios internos, las influencias o el peso de las estructuras, porque es evidente que los seres humanos llevamos nuestras virtudes y nuestras debilidades a cualquier sistema de elecci&oacute;n. Las primarias no hacen milagros, pero obligan a compartir la decisi&oacute;n, obligan a convencer, obligan a someter el liderazgo al juicio de quienes forman parte de una organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La designaci&oacute;n directa puede ser m&aacute;s c&oacute;moda. Probablemente tambi&eacute;n m&aacute;s r&aacute;pida. Incluso puede evitar conflictos que nadie desea. Pero cuando el futuro de una ciudad depende, en &uacute;ltima instancia, del criterio de una sola persona, la democracia interna deja paso a otra l&oacute;gica muy distinta: la del nombramiento, algo que recuerda demasiado a tiempos pasados.
    </p><p class="article-text">
        Quien aspira a gobernar una ciudad deber&iacute;a empezar demostrando que sabe convencer a quienes mejor la conocen, no &uacute;nicamente a quien tiene el poder de nombrarle.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la verdadera diferencia est&aacute; en qui&eacute;n tiene el derecho a equivocarse. Y, sinceramente, sigo prefiriendo que esa responsabilidad recaiga en cientos de personas antes que en una sola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/decide-ciudad_129_13407387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 07:05:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Quién decide por tu ciudad?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Revuelta Altuna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/julio-revuelta-altuna_129_13350162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        He tenido mucho tiempo para prepararme para este momento. T&uacute; mismo me dijiste en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, Julio, que llegar&iacute;a antes de lo que yo quer&iacute;a admitir. Pero uno nunca est&aacute; preparado para despedir a las personas que quiere y que han formado parte de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Hoy no se marcha solo un exalcalde de Logro&ntilde;o. Se marcha un amigo. Se marcha quien fue mi secretario general cuando tuve el honor de presidir el Partido Riojano. Se marcha una de las personas de las que m&aacute;s he aprendido en pol&iacute;tica y, sobre todo, una de las personas a las que m&aacute;s he admirado y querido.
    </p><p class="article-text">
        Muchos recordar&aacute;n a Julio como un hombre serio, reservado, incluso distante. Yo tuve la inmensa suerte de conocer al otro Julio. Al hombre cercano, generoso, profundamente amable, de afectos sinceros y de un extraordinario sentido del humor. Siempre recordar&eacute; su risa. Una risa franca, limpia, contagiosa, que aparec&iacute;a cuando menos la esperabas y que derribaba esa imagen de severidad que tantos confundieron con frialdad.
    </p><p class="article-text">
        Nunca me arrepent&iacute; de abrirle las puertas del Partido Riojano a pesar de lo dif&iacute;cil y duro que fue el proceso interno. Al contrario. Fue una de las mejores decisiones pol&iacute;ticas y personales que he tomado. Siempre confi&eacute; en su instinto, en su capacidad para analizar la realidad sin estridencias y en una honestidad que jam&aacute;s vi quebrarse. Junto a &eacute;l viv&iacute; algunos de los mejores a&ntilde;os de mi trayectoria pol&iacute;tica. No fueron a&ntilde;os f&aacute;ciles y, desde luego, tampoco estuvieron llenos de victorias. Pero aprend&iacute; que el &eacute;xito en pol&iacute;tica no siempre se mide por los cargos que se ocupan, sino por la dignidad con la que uno defiende aquello en lo que cree.
    </p><p class="article-text">
        Julio entend&iacute;a la pol&iacute;tica como un servicio. Nunca la utiliz&oacute; para servirse de ella. Era un hombre honesto, y la honestidad, demasiadas veces, tiene un precio. No dud&oacute; en enfrentarse a quienes hab&iacute;an sido sus propios compa&ntilde;eros cuando entendi&oacute; que estaban dejando de defender los intereses de Logro&ntilde;o para proteger intereses mucho menos nobles. Lo hizo sabiendo perfectamente lo que pod&iacute;a costarle. Y le cost&oacute; mucho. Por ello fue atacado con una dureza que nunca mereci&oacute;. Intentaron destruir su prestigio, su trayectoria y hasta su persona. Lo hicieron con una sa&ntilde;a que solo puedo entender conociendo la maldad de quien dirig&iacute;a esos ataques (que Dios confunda)... y que todav&iacute;a hoy me resulta dif&iacute;cil comprender.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, nunca consiguieron destruir aquello que realmente importaba: su integridad.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he defendido que Julio Revuelta fue un lujo para Logro&ntilde;o. Como alcalde tuvo un proyecto de ciudad y la determinaci&oacute;n y la valent&iacute;a necesarias para hacerlo realidad. Respet&oacute; y ponder&oacute; el trabajo de quienes le precedieron, pero supo dejar una huella propia que, durante generaciones, formar&aacute; parte del Logro&ntilde;o que disfrutamos. Probablemente haya sido uno de los alcaldes que mejor entendi&oacute; esta ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso duele que la ciudad no supiera reconocer en su momento toda su valent&iacute;a y toda su determinaci&oacute;n. Duele que no fuera tan generosa con &eacute;l como &eacute;l lo fue con Logro&ntilde;o. Pero aun conf&iacute;o en que el tiempo ponga las cosas en su sitio.
    </p><p class="article-text">
        Porque el legado de Julio Revuelta no necesita grandes discursos para permanecer. Est&aacute; en las calles, en los espacios, en la manera de entender Logro&ntilde;o como una ciudad pensada para las personas. Est&aacute; tambi&eacute;n en una forma de hacer pol&iacute;tica basada en el trabajo, en el rigor, en la honestidad y en la convicci&oacute;n de que el inter&eacute;s general siempre deb&iacute;a estar por encima de otros intereses.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si alg&uacute;n d&iacute;a su nombre ocupar&aacute; el lugar de honor que merece en esta ciudad. Sinceramente, espero que s&iacute;. Pero, aunque ese reconocimiento llegue tarde o incluso no llegue nunca, la historia acabar&aacute; haciendo justicia. Porque las ciudades conservan la memoria de quienes las hicieron mejores, aunque a veces tarden a&ntilde;os en darse cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he pensado que el verdadero valor de una persona se mide cuando decide hacer lo correcto aun sabiendo que tendr&aacute; que pagar por ello. Julio lo hizo muchas veces. Fue valiente cuando era mucho m&aacute;s c&oacute;modo callar. Fue generoso cuando otros solo pensaban en s&iacute; mismos. Fue coherente cuando la coherencia ten&iacute;a un coste. Por eso engrandeci&oacute; la pol&iacute;tica, en un tiempo en el que demasiadas veces la pol&iacute;tica se empeque&ntilde;ece por culpa de quienes la entienden como una forma de poder y no como una forma de servir.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, para m&iacute;, Julio Revuelta pertenece a esa estirpe de logro&ntilde;eses que pusieron a su ciudad por delante de s&iacute; mismos. Del mismo modo que otros defendieron Logro&ntilde;o con las armas frente al invasor en 1521, Julio la defendi&oacute; en su tiempo con las &uacute;nicas armas que conoc&iacute;a: la honestidad, el trabajo, la inteligencia, el di&aacute;logo y una lealtad inquebrantable a sus convicciones. Las circunstancias fueron distintas, pero el compromiso con Logro&ntilde;o fue igual de absoluto.
    </p><p class="article-text">
        Descansa en paz, querido Julio. Espero que all&iacute; te encuentres con Raquel y sig&aacute;is riendo juntos con esa risa limpia que tanto disfrutamos en las campa&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Ha sido un privilegio caminar un trecho de la vida a tu lado. Gracias por todo lo que me ense&ntilde;aste. Gracias por tu confianza. Gracias por tu amistad. Gracias por tu ejemplo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/julio-revuelta-altuna_129_13350162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 08:14:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Julio Revuelta Altuna]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el odio vuelve a salir del armario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/odio-vuelve-salir-armario_129_13331624.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Llega de nuevo el Orgullo. Llegan las banderas, las manifestaciones, los conciertos, los mensajes institucionales y las fotograf&iacute;as de quienes, solo durante unos d&iacute;as, parecen descubrir la importancia de defender la diversidad.&nbsp;Y, sin embargo, cada a&ntilde;o me hago la misma pregunta: &iquest;de verdad podemos permitirnos celebrar como si todo estuviera conseguido?
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es, con raz&oacute;n y gracias a los gobiernos progresistas, uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados del mundo en el reconocimiento de los derechos de las personas LGTBIQ+. Hemos sido pioneros en muchos &aacute;mbitos. Hemos demostrado que una sociedad puede avanzar en igualdad sin que se derrumbe nada de lo que algunos anunciaban.
    </p><p class="article-text">
        Pero precisamente por eso resulta tan inquietante observar lo que est&aacute; ocurriendo a nuestro alrededor. Porque, mientras ocupamos los primeros puestos en los rankings internacionales de derechos, aumentan los delitos de odio. Mientras exhibimos leyes que son referencia para otros pa&iacute;ses, crecen los discursos que se&ntilde;alan a quienes son diferentes. Mientras celebramos la diversidad, demasiadas personas volvemos a preguntarnos, cuando caminamos por la calle, si es seguro coger de la mano a quien amamos.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, quienes tuvimos que vivir escondidos fuimos los homosexuales, lesbianas, bisexuales o trans. El armario era un refugio obligado frente al rechazo, la discriminaci&oacute;n y, demasiadas veces, la violencia. Hoy, afortunadamente, millones de personas ya no tenemos que hacerlo y podemos vivir con una libertad impensable para generaciones anteriores. Espa&ntilde;a es una democracia m&aacute;s libre, m&aacute;s justa y m&aacute;s decente gracias a quienes lucharon para que nadie tuviera que ocultar qui&eacute;n es o a qui&eacute;n ama.
    </p><p class="article-text">
        Pero este a&ntilde;o, al acercarse la celebraci&oacute;n del Orgullo, no puedo evitar una reflexi&oacute;n inquietante porque quienes est&aacute;n saliendo ahora del armario ya no son las personas LGTBIQ+. Lo que est&aacute; saliendo del armario, cada vez con menos pudor, es el odio.&nbsp;Un odio que cre&iacute;amos derrotado. Un odio que durante a&ntilde;os permaneci&oacute; arrinconado por una sociedad que hab&iacute;a comprendido que la igualdad no resta derechos a nadie y que la libertad de unos nunca amenaza la libertad de los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ese odio ha vuelto. No aparece ya con la est&eacute;tica agresiva de otros tiempos. Ha vuelto disfrazado de libertad de expresi&oacute;n. De sentido com&uacute;n. De defensa de la familia. De preocupaci&oacute;n por la infancia. De batalla cultural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha vuelto camuflado en discursos sobre la correcci&oacute;n pol&iacute;tica y convertido en una supuesta defensa de valores tradicionales. Ha vuelto bajo la apariencia de debates culturales que presentan a las personas LGTBIQ+, y especialmente a las personas trans, como un problema que resolver en lugar de como ciudadanos con los mismos derechos que cualquier otro. Pero sigue siendo lo mismo: la pretensi&oacute;n de que unas personas tenemos menos derecho que otras a vivir como somos.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante un fen&oacute;meno aislado. Lo estamos viendo en numerosos pa&iacute;ses. Los mismos discursos, los mismos enemigos se&ntilde;alados, las mismas guerras culturales y las mismas estrategias de polarizaci&oacute;n aparecen simult&aacute;neamente en distintos lugares del mundo.&nbsp;Y lo m&aacute;s preocupante es que discursos que hace apenas unos a&ntilde;os parec&iacute;an confinados a los m&aacute;rgenes han comenzado a ocupar espacios de creciente normalidad. Nada de esto surge por casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Este odio ha encontrado altavoces pol&iacute;ticos en una extrema derecha que se presenta como moderada y en un neofascismo que se traviste de extrema derecha para ocultar su verdadera cara. Ha encontrado plataformas digitales que multiplican su alcance. Ha encontrado l&iacute;deres dispuestos a convertir la diferencia en una amenaza y el miedo en una herramienta electoral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, por supuesto que cada persona es libre de votar a quien considere oportuno. Pero conviene recordar que los derechos que hoy disfrutamos no nacieron de la indiferencia. Fueron conquistados frente a quienes los combatieron. Y, ante esto, pensar que el cuestionamiento de los derechos de otros nunca acabar&aacute; afect&aacute;ndonos a nosotros es una lecci&oacute;n que la historia desmiente una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Por esto me sigue sorprendiendo que algunos todav&iacute;a se pregunten por qu&eacute; seguimos manifest&aacute;ndonos despu&eacute;s de tantos avances. La respuesta es sencilla: el Orgullo no consiste en pedir privilegios. Consiste en exigir algo mucho m&aacute;s sencillo: que nadie sea insultado, agredido, discriminado o rechazado por ser quien es. Tan sencillo como esto. Y tan necesario.
    </p><p class="article-text">
        Nadie deber&iacute;a tener que justificar qui&eacute;n es para poder vivir con tranquilidad. Por eso el Orgullo sigue siendo necesario.&nbsp;Porque es mucho m&aacute;s que una fiesta. Es memoria. Es resistencia. Es una declaraci&oacute;n colectiva de que nadie debe vivir escondido por miedo al rechazo. Es el recuerdo de quienes tuvieron que soportar humillaciones, persecuciones y violencia para que hoy podamos vivir con m&aacute;s libertad.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n es una advertencia frente a quienes pretenden hacernos creer que la igualdad ya est&aacute; conseguida. Frente a quienes minimizan las agresiones. Frente a quienes presentan la discriminaci&oacute;n como una exageraci&oacute;n de quienes la sufren. Frente a quienes quieren convertir los derechos humanos en una cuesti&oacute;n opinable.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el Orgullo es necesario. Porque los derechos nunca desaparecen de golpe. Primero se cuestionan. Despu&eacute;s se ridiculizan. M&aacute;s tarde se presentan como privilegios. Y finalmente hay quien intenta convencer a la sociedad de que pueden ser recortados sin consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Pero los derechos de las personas LGTBIQ+ no han sido regalos. Han sido conquistas. Y todas las conquistas pueden ser cuestionadas si quienes creen en ellas se resignan a darlas por garantizadas.&nbsp;Los derechos nunca son definitivos. La igualdad legal no garantiza autom&aacute;ticamente la igualdad real y la libertad conquistada puede retroceder si dejamos de defenderla.
    </p><p class="article-text">
        Por eso acudo a la manifestaci&oacute;n a defender esos derechos. Los defiendo porque una sociedad que permite que una parte de sus ciudadanos viva con miedo es una sociedad menos libre para todos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas fuimos nosotros quienes tuvimos que salir del armario para conquistar nuestra libertad. Hoy nos toca impedir que sea el odio quien vuelva a instalarse c&oacute;modamente fuera de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Por eso volveremos a salir a la calle. No para celebrar una victoria definitiva. No para reivindicar una identidad frente a otra. No para dividir a nadie.&nbsp;Saldremos a la calle para recordar algo elemental: que la libertad solo es verdadera cuando es para todos.&nbsp;Y porque, mientras exista una sola persona que se sienta amenazada, rechazada y tenga miedo de mostrarse tal como es, seguir&aacute; habiendo razones para sentirse orgullosos y, sobre todo, para seguir luchando. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/odio-vuelve-salir-armario_129_13331624.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 07:25:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando el odio vuelve a salir del armario]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja,Orgullo LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gobernar o agitar: dos formas de hacer política sanitaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/gobernar-agitar-formas-politica-sanitaria_129_13283221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La sanidad p&uacute;blica atraviesa dificultades reales. Es indiscutible que faltan profesionales en determinadas especialidades, existen problemas de cobertura en zonas rurales, persisten listas de espera que preocupan a pacientes y profesionales y la organizaci&oacute;n de las plantillas sigue siendo uno de los grandes retos, si no el mayor, del Sistema Nacional de Salud.&nbsp;Precisamente por eso resulta preocupante que algunos pretendan convertir el leg&iacute;timo malestar de los profesionales sanitarios en un instrumento de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica permanente.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses hemos asistido a una intensa campa&ntilde;a contra la reforma del Estatuto Marco que ha impulsado el Ministerio de Sanidad. Como ocurre con cualquier negociaci&oacute;n compleja, el texto es susceptible de cr&iacute;tica y mejora. Ning&uacute;n acuerdo laboral de esta envergadura satisface plenamente a todas las partes pero, sin embargo, conviene recordar un hecho elemental y es que la reforma no ha surgido de una imposici&oacute;n unilateral, sino de un largo proceso de negociaci&oacute;n con los representantes leg&iacute;timos de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece una cuesti&oacute;n que merece una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda porque, en una democracia, la legitimidad no depende de que nos guste el resultado. Los sindicatos obtienen su representaci&oacute;n mediante elecciones celebradas entre los trabajadores. Son los profesionales quienes deciden qui&eacute;n les representa, del mismo modo que los ciudadanos decidimos qui&eacute;n nos representa en los parlamentos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta llamativo que algunos partidos pol&iacute;ticos invoquen constantemente la legitimidad democr&aacute;tica cuando les favorece y la cuestionen cuando produce acuerdos que no encajan con su estrategia pol&iacute;tica. Si aceptamos la legitimidad de los parlamentos porque nacen de las urnas, tambi&eacute;n debemos aceptar la legitimidad de los &oacute;rganos de representaci&oacute;n sindical surgidos del mismo principio democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Pero existe adem&aacute;s otra contradicci&oacute;n dif&iacute;cil de ignorar, porque muchos de los que hoy presentan al Gobierno de Espa&ntilde;a como responsable de todos los problemas sanitarios, gestionan la sanidad en sus comunidades aut&oacute;nomas, como una competencia exclusiva. La organizaci&oacute;n de las plantillas, la planificaci&oacute;n de recursos humanos, la cobertura de plazas de dif&iacute;cil cobertura, la negociaci&oacute;n de incentivos, la gesti&oacute;n de las listas de espera o la retribuci&oacute;n de las guardias dependen de las administraciones auton&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Es leg&iacute;timo exigir mejoras al Estado, pero lo que resulta menos comprensible es reclamarle lo que no se est&aacute; dispuesto a desarrollar dentro cuando tienes capacidad competencial y presupuestaria para hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica sanitaria exige algo m&aacute;s que declaraciones grandilocuentes. Exige asumir responsabilidades. Porque, desde luego, es mucho m&aacute;s sencillo participar en una manifestaci&oacute;n, alimentar un conflicto o se&ntilde;alar a una administraci&oacute;n ajena que explicar por qu&eacute; siguen sin resolverse problemas que dependen directamente de uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        La sanidad p&uacute;blica no necesita que el descontento de m&eacute;dicos, enfermeras, t&eacute;cnicos o cualquier otro colectivo se convierta en munici&oacute;n partidista. Necesita acuerdos, planificaci&oacute;n y voluntad de gesti&oacute;n. Necesita menos propaganda y m&aacute;s responsabilidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando se desacredita sistem&aacute;ticamente a los representantes elegidos por los trabajadores, cuando se cuestiona cualquier acuerdo alcanzado en los espacios de negociaci&oacute;n colectiva o cuando se presenta toda decisi&oacute;n p&uacute;blica como una imposici&oacute;n ileg&iacute;tima, no solo se desgasta al Gobierno de turno. Tambi&eacute;n se debilitan las herramientas democr&aacute;ticas que permiten resolver los conflictos y mejorar los servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        La defensa de la sanidad p&uacute;blica no consiste &uacute;nicamente en financiar hospitales o contratar profesionales. Tambi&eacute;n exige proteger las instituciones que hacen posible el di&aacute;logo, la negociaci&oacute;n y los acuerdos. Quienes pretenden convertir cada conflicto en una oportunidad de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica quiz&aacute; obtengan un beneficio partidista inmediato, pero contribuyen a algo mucho m&aacute;s peligroso que es alimentar la desconfianza ciudadana hacia lo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Y sabemos bien que, cuando la confianza en lo p&uacute;blico se erosiona, siempre hay quien aprovecha para presentar la privatizaci&oacute;n como &uacute;nica alternativa. Por eso conviene recordar que la mejor forma de defender la sanidad p&uacute;blica no es utilizar sus problemas como arma pol&iacute;tica, sino trabajar para resolverlos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/gobernar-agitar-formas-politica-sanitaria_129_13283221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 15:57:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Gobernar o agitar: dos formas de hacer política sanitaria]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La prevención no puede esperar seis años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/prevencion-no-esperar-seis-anos_129_13247593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La ampliaci&oacute;n del cribado de c&aacute;ncer de mama anunciada por el Ministerio de Sanidad es, sin duda, una buena noticia. Pasar del actual rango de 50 a 69 a&ntilde;os para incluir progresivamente a las mujeres de entre 45 y 74 a&ntilde;os supone un avance muy importante en prevenci&oacute;n y en detecci&oacute;n precoz y aunque La Rioja ya hab&iacute;a incorporado el tramo de entre 45 a 49, sigue siendo una gran noticia la ampliaci&oacute;n hasta los 74. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La prevenci&oacute;n funciona. Esto no es una intuici&oacute;n ideol&oacute;gica ni un eslogan institucional. En Espa&ntilde;a, miles de casos de c&aacute;ncer de mama se detectan cada a&ntilde;o gracias a los programas de cribado y todos sabemos ya, que detectar antes significa tratar antes y tratar antes significa, en muchos casos, salvar vidas o evitar tratamientos mucho m&aacute;s agresivos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Indiscutiblemente, este anuncio es importante y la ampliaci&oacute;n del programa merece el aplauso de todos y creo que es bueno no ocultar la satisfacci&oacute;n por la noticia, porque demasiadas veces parece que vivimos instalados en una cr&iacute;tica permanente incapaz de reconocer los pasos positivos de nuestra sanidad p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero avanzando m&aacute;s all&aacute; del titular de la noticia, descubro, no sin cierta decepci&oacute;n, que las comunidades aut&oacute;nomas van a disponer de hasta tres a&ntilde;os para iniciar la adaptaci&oacute;n y de seis para alcanzar una cobertura cercana al cien por cien en los nuevos grupos de edad. Soy consciente de que ampliar un programa poblacional de este tipo exige planificaci&oacute;n, recursos y reorganizaci&oacute;n asistencial, pero me cuesta entender que un sistema sanitario tan avanzado como el nuestro, necesite plazos tan largos para incorporar una mejora preventiva de este calibre. Por eso no puedo dejar de preguntarme: &iquest;de verdad necesitamos hasta seis a&ntilde;os para implantar completamente una medida cuya utilidad nadie discute ya? &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque una cosa es actuar con rigor t&eacute;cnico y otra muy distinta resignarse a una lentitud estructural que el Sistema Nacional de Salud parece haber normalizado. No hablamos de ciencia ficci&oacute;n ni de la implantaci&oacute;n de una nueva tecnolog&iacute;a experimental. Hablamos de ampliar los rangos de edad en un modelo preventivo que ya existe, que ya funciona con eficacia y cuyos beneficios est&aacute;n sobradamente acreditados.
    </p><p class="article-text">
        Siempre defiendo con firmeza la fortaleza de nuestro sistema p&uacute;blico de salud, pero defenderlo no puede significar conformarse con este tipo de inercias. La sanidad p&uacute;blica necesita financiaci&oacute;n, profesionales y estabilidad, s&iacute;. Pero tambi&eacute;n necesita capacidad de adaptaci&oacute;n, agilidad organizativa y menos cultura burocr&aacute;tica. Porque mientras la Administraci&oacute;n avanza lentamente entre informes, procedimientos y calendarios interminables, la innovaci&oacute;n sanitaria evoluciona a una velocidad completamente distinta. Nuevas herramientas diagn&oacute;sticas, inteligencia artificial aplicada a imagen m&eacute;dica o nuevos sistemas predictivos empiezan ya a transformar la manera de detectar enfermedades. Y el riesgo evidente que corremos es que el sistema p&uacute;blico llegue siempre tarde.&nbsp;Porque ese retraso tiene consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la innovaci&oacute;n tarda demasiado en incorporarse al sistema p&uacute;blico, quienes pueden permit&iacute;rselo buscan alternativas privadas. Y as&iacute; empieza a consolidarse una sanidad a dos velocidades: una para quien puede pagar anticipaci&oacute;n diagn&oacute;stica y otra para quien depende exclusivamente de los tiempos de la Administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese deber&iacute;a ser precisamente el gran motivo para acelerar. No para debilitar la sanidad p&uacute;blica, sino para preservarla.&nbsp;Porque el problema no es que el Sistema Nacional de Salud quiera hacer las cosas bien. El problema es que demasiadas veces parece incapaz de hacerlas a tiempo. Y los ciudadanos tenemos derecho a exigir ambas cosas: rigor y rapidez.
    </p><p class="article-text">
        La ampliaci&oacute;n del cribado de c&aacute;ncer de mama es un avance importante. Merece reconocimiento. Pero tambi&eacute;n deber&iacute;a servir como advertencia de algo m&aacute;s profundo: necesitamos una sanidad p&uacute;blica capaz no solo de garantizar derechos, sino tambi&eacute;n de adaptarse al ritmo de las necesidades reales de la sociedad. Y para conseguirlo sigue siendo imprescindible que los recursos p&uacute;blicos no se desv&iacute;en sistem&aacute;ticamente a la sanidad privada.
    </p><p class="article-text">
        Porque en prevenci&oacute;n, muchas veces, el tiempo tambi&eacute;n salva vidas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/prevencion-no-esperar-seis-anos_129_13247593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 08:35:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La prevención no puede esperar seis años]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa ante el espejo de Hungría]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/europa-espejo-hungria_129_13143710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os Hungr&iacute;a ha sido una advertencia inc&oacute;moda y persistente que Europa parec&iacute;a mirar siempre de reojo. Ahora, tras m&aacute;s de una d&eacute;cada de deriva autoritaria en la que el espacio de libertad se fue estrechando bajo el liderazgo de Viktor Orb&aacute;n, el resultado electoral ha alterado el tablero y puede empezar a ser tambi&eacute;n una oportunidad no solo para los h&uacute;ngaros, sino para toda Europa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque, no nos enga&ntilde;emos, Hungr&iacute;a no se ha despertado siendo un pa&iacute;s progresista, ni su Parlamento refleja hoy una pluralidad ideol&oacute;gica amplia. La izquierda, de hecho, sigue sin tener espacio y presencia real.&nbsp;Pero algo se ha movido. La victoria de P&eacute;ter Magyar no es una revoluci&oacute;n, pero s&iacute; una grieta. Y a veces, la historia empieza precisamente as&iacute;, con una grieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando un gobierno decide convertir a una minor&iacute;a en un problema, no solo cambia las normas. Esas normas cambian el aire. Hacen que lo cotidiano pese m&aacute;s. Que un gesto, una palabra, una mirada, se carguen de significado. Y eso no creo que desaparezca de un d&iacute;a para otro por un resultado electoral.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s evidente lo hemos podido ver en el colectivo LGTBIQ+ h&uacute;ngaro, que durante estos a&ntilde;os, no solo ha visto recortados sus derechos en leyes concretas sino que, sobre todo, ha vivido algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de medir, pero mucho m&aacute;s corrosivo: un ambiente, un clima hostil en el que mostrarse era exponerse. En el que callar era, muchas veces, la &uacute;nica forma de protegerse. En el que una ley no solo regulaba, sino que se&ntilde;alaba.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene no precipitarse con los diagn&oacute;sticos optimistas. Porque lo que se abre ahora no es una etapa de victorias r&aacute;pidas, sino algo m&aacute;s delicado como es la posibilidad de empezar a recomponer. Igual que cuando una casa ha estado a&ntilde;os deterior&aacute;ndose. Primero hay que asegurar la estructura, ventilar, dejar entrar la luz. Luego, ya vendr&aacute;n las reformas.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, Europa ha tratado el caso h&uacute;ngaro como quien aparta una piedra del camino, con cierta incomodidad, pero sin detenerse demasiado. Se hablaba de &ldquo;anomal&iacute;a&rdquo;, de &ldquo;caso aislado&rdquo; pero, si somos honestos, no lo era tanto. Porque lo que estaba ocurriendo en Hungr&iacute;a era, en realidad, la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de una tensi&oacute;n que sigue atravesando a toda Europa y que nos obliga a preguntarnos hasta qu&eacute; punto estamos dispuestos a defender de verdad nuestros propios valores. Y aqu&iacute;, hay que decirlo sin rodeos, la Uni&oacute;n Europea ha fallado.&nbsp;Ha llegado tarde. Ha dudado demasiado.&nbsp;Y, sobre todo, se ha atado a s&iacute; misma las manos.
    </p><p class="article-text">
        El sistema de unanimidad que en su momento ten&iacute;a sentido, se ha convertido en una especie de candado. Un candado que permite que quien vulnera las reglas del juego pueda, adem&aacute;s, bloquear cualquier respuesta como ha hecho Orb&aacute;n en estos a&ntilde;os. Una paradoja dif&iacute;cil de explicar&hellip; y a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de justificar por cuanto en medio de ese bloqueo institucional, hay personas concretas. Con nombres, con vidas, con miedos muy reales.
    </p><p class="article-text">
        El resultado electoral en Hungr&iacute;a dibuja una ventana que, aunque no sea perfecta, abre en Europa, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de avanzar en dos terrenos que parec&iacute;an completamente atascados.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, el de repensar de verdad los mecanismos de decisi&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea; porque si algo ha quedado claro es que no se puede defender el Estado de derecho con herramientas que lo hacen inviable.
    </p><p class="article-text">
        Y por otro, y quiz&aacute; m&aacute;s importante, dar un paso adelante en la consolidaci&oacute;n real de los derechos fundamentales. Pero no con declaraciones bonitas. No escribi&eacute;ndolos como principios que suenan bien en los tratados. Sino garantizando que sean efectivos, medibles y exigibles.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos pensar que con reducir la hostilidad es suficiente. Que con rebajar el tono, con dejar de se&ntilde;alar, con permitir un m&iacute;nimo de convivencia, ya hemos avanzado bastante. Y s&iacute;, algo se avanza, pero no basta. Porque vivir sin ser atacado no es lo mismo que vivir con derechos. Porque tolerar no es lo mismo que reconocer y porque existir sin miedo no deber&iacute;a ser el techo, sino el punto de partida.
    </p><p class="article-text">
        Europa tiene ahora la oportunidad y la responsabilidad de ir m&aacute;s all&aacute; de ese m&iacute;nimo; de construir un marco en el que los derechos no dependan del gobierno de turno. En el que no haya que mirar cada elecci&oacute;n con incertidumbre. En el que nadie tenga que preguntarse si ma&ntilde;ana volver&aacute; a ser cuestionado.
    </p><p class="article-text">
        A veces hablamos de Europa como si fuera solo un entramado de normas, de equilibrios, de despachos en Bruselas. Pero Europa, en el fondo, es otra cosa. Es la idea sencilla, casi elemental, de que nadie deber&iacute;a sentirse extranjero en su propia vida. De que la dignidad no se negocia.&nbsp;De que hay l&iacute;mites que la pol&iacute;tica no deber&iacute;a cruzar.&nbsp;Suena b&aacute;sico. Y, sin embargo, hemos visto lo f&aacute;cil que es olvidarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay motivos para mirar lo que ha pasado en Hungr&iacute;a con cierta esperanza. Ser&iacute;a injusto no reconocerlo. Para muchas personas, simplemente bajar la intensidad del conflicto, recuperar un poco de aire, ya es un alivio enorme. Pero, al mismo tiempo, conviene no perder de vista que nada de esto est&aacute; garantizado.
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto claramente que los derechos no son irreversibles y que, cuando retroceden, lo hacen deprisa.&nbsp;Por eso, m&aacute;s all&aacute; de celebrar el momento, lo que toca ahora es decidir qu&eacute; hacemos con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Si Europa vuelve a conformarse, si vuelve a gestionar en lugar de transformar, si vuelve a posponer las decisiones dif&iacute;ciles, esta oportunidad se cerrar&aacute;. Y, probablemente, volveremos a encontrarnos en el mismo punto dentro de unos a&ntilde;os, en Hungr&iacute;a o en cualquier otro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hungr&iacute;a nos ha puesto frente a un espejo. No solo para ver lo que ha pasado all&iacute;, sino para preguntarnos qu&eacute; tipo de Europa queremos ser. Una que reacciona tarde y a medias.
    </p><p class="article-text">
         O una que entiende, de una vez, que los derechos no son un accesorio del proyecto europeo, sino su raz&oacute;n de ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/europa-espejo-hungria_129_13143710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 08:15:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Europa ante el espejo de Hungría]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Hungría,Viktor Orbán,Elecciones,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual de convicciones reversibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/manual-convicciones-reversibles_129_13083468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A principios de este a&ntilde;o, el presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capell&aacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/capellan-presidente-regional-pp-si-veta-vox-pactaria-xenofobos-no-creen-autonomias_1_12909760.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aseguraba en una entrevista en este mismo medio que &ldquo;nunca pactar&iacute;a con Vox</a> y no es estrategia, es convicci&oacute;n&rdquo;. As&iacute;, sin matices. Sin condiciones. Como quien traza una l&iacute;nea roja infranqueable&hellip; o eso parec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La entrevista sorprendi&oacute; a muchos porque contrastaba abiertamente con el comportamiento general de su partido.&nbsp;Tanto que, de hecho, lleg&oacute; a trascender incluso fuera de La Rioja. No es algo habitual, pero aquellas declaraciones llamaron la atenci&oacute;n hasta el punto de que el siempre agudo y nada sospechoso de tibieza progresista <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/marc-giro-dice-hormiguero-quiere-entrevistar-gonzalo-capellan-despues-leer-entrevista-rioja2_1_13046039.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marc Gir&oacute; lleg&oacute; a decir que le gustar&iacute;a entrevistar a Capell&aacute;n.</a> Le intrigaba, claro, porque un dirigente del Partido Popular tan rotundo frente a Vox merec&iacute;a, como m&iacute;nimo, una conversaci&oacute;n. Y es que no todos los d&iacute;as aparece un &ldquo;verso suelto&rdquo; en la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Pero, la verdad es que la frase ha envejecido mal. Muy mal. Porque apenas unas semanas despu&eacute;s, el mismo Capell&aacute;n ha aparecido alineado con la direcci&oacute;n nacional de su partido, participando sin complejos en la presi&oacute;n a Vox para cerrar cuanto antes los acuerdos de gobierno en las comunidades donde el Partido Popular no suma sin ellos. Ya no hay distancia. Ya no hay incomodidad. Ahora hay prisa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, viendo la foto de Capell&aacute;n junto al resto de dirigentes del PP, presionando a Vox para que facilite gobiernos, uno no puede evitar preguntarse qu&eacute; pensar&aacute; ahora Marc Gir&oacute;. Si sigue interesado en la entrevista&hellip; o si ahora la plantear&iacute;a en otros t&eacute;rminos. Quiz&aacute; ya no para explorar una excepci&oacute;n, sino para analizar un caso bastante m&aacute;s com&uacute;n: el de las convicciones que duran exactamente hasta que hacen falta los votos.
    </p><p class="article-text">
        Y claro, uno no puede evitar preguntarse si las convicciones de Gonzalo Capell&aacute;n son tan firmes como dice&hellip; o si, en realidad, son perfectamente reversibles.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo de Vox no es un episodio aislado. No es un tropiezo. Empieza a parecer un m&eacute;todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, esta misma semana hemos visto otro movimiento llamativo, un nuevo desmarque del discurso oficial de su partido, esta vez en relaci&oacute;n con el apoyo casi un&aacute;nime del Partido Popular a las posiciones belicistas de Estados Unidos. Capell&aacute;n, en cambio, ha optado por mostrarse contrario a la guerra, adoptando un tono prudente, casi pacifista.&nbsp;Y, de nuevo, surge la duda: &iquest;convicci&oacute;n o c&aacute;lculo? &iquest;Posici&oacute;n de principios o simple estrategia para ocupar ese espacio templado, ese centro pol&iacute;tico en el que intenta instalarse sin terminar de retratarse nunca?
    </p><p class="article-text">
        Porque no es la primera vez.&nbsp;Lo vimos tambi&eacute;n con la dana. En un momento en el que se exig&iacute;a claridad, responsabilidad y liderazgo, Capell&aacute;n opt&oacute; por la ambig&uuml;edad, por medir cada palabra, por no incomodar a nadie. Ni una posici&oacute;n firme, ni una cr&iacute;tica clara, ni un compromiso que pudiera generar desgaste. Perfil bajo. El justo para no molestar&hellip; y tampoco comprometerse. Aunque cuando el partido se lo pidi&oacute;, se romp&iacute;a las manos aplaudiendo al indigno Maz&oacute;n en el homenaje de &ldquo;desagravio&rdquo; que le dispens&oacute; el PP.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, m&aacute;s que prudencia, empieza a parecer una forma de esconderse. Una forma de hacer pol&iacute;tica en la que lo importante no es tanto lo que se defiende, sino evitar el coste de defenderlo.&nbsp;Primero se marca distancia cuando conviene. Luego se guarda silencio cuando el terreno es inc&oacute;modo. Y finalmente, cuando la realidad aprieta, se corrige el discurso sin demasiados problemas.
    </p><p class="article-text">
        Lo hemos visto con Vox. Lo intuimos ahora con la guerra. Lo sufrimos durante la Dana cuando se escondi&oacute; del homenaje de Estado a las v&iacute;ctimas poniendo como excusa la inauguraci&oacute;n del nuevo c&eacute;sped del campo de f&uacute;tbol de Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Y, por si quedaba alguna duda sobre el marco en el que se mueve todo esto, ah&iacute; est&aacute; esa frase que retrata toda una forma de entender la pol&iacute;tica en el Partido Popular: &ldquo;mentir no es ilegal&rdquo;. Una afirmaci&oacute;n que no es solo un desliz desafortunado, sino toda una declaraci&oacute;n de principios. Porque cuando se asume que la verdad es secundaria, todo lo dem&aacute;s encaja mucho mejor.
    </p><p class="article-text">
        Encaja que se diga una cosa y se haga la contraria. Encaja que las l&iacute;neas rojas desaparezcan sin explicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante contradicciones puntuales del PP, ante un desliz o una mala tarde. Esto es algo m&aacute;s estructural. Es una manera de hacer pol&iacute;tica basada en la ambig&uuml;edad calculada. Se lanza un mensaje tranquilizador al electorado moderado, se construye una imagen de centralidad&hellip; y, mientras tanto, se deja siempre una puerta entreabierta para cuando la aritm&eacute;tica -la de verdad, la que decide gobiernos- obliga a tomar decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tambi&eacute;n conviene recordar que Capell&aacute;n no es nuevo en esto. No es un reci&eacute;n llegado a la pol&iacute;tica al que se le pueda conceder el beneficio de la duda, porque ya form&oacute; parte de un gobierno que aplic&oacute; sin titubeos pol&iacute;ticas profundamente ideol&oacute;gicas, alineadas con los sectores m&aacute;s duros de la derecha representada por el ministro Wert al que emul&oacute; desde La Rioja. Aquella etapa al frente de la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n no fue precisamente un ejercicio de moderaci&oacute;n. Y eso, por mucho que ahora se intente dulcificar el relato, sigue ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, lo de Capell&aacute;n deja de ser sorprendente para convertirse en previsible.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n pretende enga&ntilde;ar?&nbsp;Porque lo que estamos viendo con Vox no es una incoherencia aislada, sino la aplicaci&oacute;n disciplinada de la estrategia que han ido desarrollando todos los barones de su partido y el propio l&iacute;der nacional: mientras no necesito a Vox, lo desprecio; cuando lo necesito, lo normalizo. Y entre medias, intento mantener la ficci&oacute;n de que soy otra cosa. M&aacute;s moderado, m&aacute;s centrado, incluso -por momentos-, casi homologable a posiciones progresistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica, como la vida, tiene ese peque&ntilde;o inconveniente: que los hechos acaban pesando m&aacute;s que las palabras. Por eso cuesta tanto comprar este nuevo disfraz.&nbsp;Porque, en el fondo, todo encaja demasiado bien. Encaja el cambio de tono. Encaja la rapidez con la que desaparecen las l&iacute;neas rojas. Encaja esa imagen junto al resto de dirigentes del Partido Popular, todos a una, aclamando a Maz&oacute;n o reclamando acuerdos con Vox como quien reclama algo inevitable.&nbsp;Como quien ya ha asumido que aquello del &ldquo;nunca&rdquo; era, en realidad, un &ldquo;ya veremos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que quiz&aacute; esa sea la verdadera ense&ntilde;anza de todo esto. Que en el Partido Popular no hay un problema de contradicci&oacute;n, sino de sinceridad. No es que digan una cosa y luego hagan otra. Es que jam&aacute;s dicen la verdad (&ldquo;mentir no es delito&rdquo;), si con ello consideran que pueden obtener un beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Y, en esta l&oacute;gica, Capell&aacute;n no es ning&uacute;n verso suelto. Nunca lo ha sido. Ni antes, cuando aplicaba sin matices las pol&iacute;ticas m&aacute;s duras de su partido, ni ahora, cuando intenta revestirse de una moderaci&oacute;n que se desvanece en cuanto aparecen los votos necesarios. Su trayectoria es coherente, aunque su discurso no lo sea.
    </p><p class="article-text">
        Y eso es, precisamente, lo relevante. No estamos ante un dirigente que cambia de opini&oacute;n, sino ante alguien que adapta sus convicciones a las necesidades del momento.
    </p><p class="article-text">
        No es convicci&oacute;n. Es estrategia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/manual-convicciones-reversibles_129_13083468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 09:09:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Manual de convicciones reversibles]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Capellán,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el lado correcto de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lado-correcto-vida_129_13042194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay momentos en los que la pol&iacute;tica deja de ser una discusi&oacute;n m&aacute;s o menos &aacute;spera entre partidos para convertirse en algo mucho m&aacute;s serio y en los que sientes que lo que est&aacute; en juego no es solamente qui&eacute;n ocupa el poder durante unos a&ntilde;os, sino algo tan b&aacute;sico y sagrado como la vida de miles de personas y la estabilidad de un mundo que ya de por s&iacute; parece caminar siempre al borde del sobresalto.
    </p><p class="article-text">
        El ataque de Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n abre una etapa inquietante, una de esas que pueden desencadenar consecuencias que, sin necesidad de ser un experto en geopol&iacute;tica, nadie es capaz de prever del todo. Basta con tener memoria y una m&iacute;nima conciencia de lo que significa una guerra en una regi&oacute;n ya castigada por d&eacute;cadas de conflictos para justificar una profunda preocupaci&oacute;n ante un futuro m&aacute;s que incierto.
    </p><p class="article-text">
        La memoria se reactiva porque, lamentablemente, ya tuvimos ocasi&oacute;n de vivir una situaci&oacute;n similar hace poco m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, cuando se construy&oacute; todo un relato para convencernos de que invadir Irak era poco menos que una obligaci&oacute;n moral. Entonces escuchamos discursos solemnes, informes alarmantes y grandes amenazas que pretend&iacute;an justificar un ataque ilegal que luego el tiempo termin&oacute; desenmascarando. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos recordamos c&oacute;mo termin&oacute; aquello.&nbsp;La invasi&oacute;n de Irak no trajo la estabilidad que promet&iacute;an quienes la defendieron. No elimin&oacute; las amenazas que dec&iacute;an combatir. No hizo del mundo un lugar m&aacute;s seguro. M&aacute;s bien ocurri&oacute; lo contrario, se abri&oacute; una herida profunda en toda la regi&oacute;n, se desat&oacute; un ciclo de violencia que todav&iacute;a hoy sigue supurando y el terrorismo yihadista encontr&oacute; un terreno f&eacute;rtil para extenderse por medio planeta.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, aquello tuvo un eco especialmente doloroso. El entonces presidente del Gobierno, Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, se encastill&oacute; en la mentira y decidi&oacute; apoyar aquella guerra a pesar de que millones de espa&ntilde;oles salimos a la calle para decir algo tan sencillo como que aquello no ten&iacute;a sentido. Que no hab&iacute;a pruebas. Que no hab&iacute;a legitimidad internacional. Que no se pod&iacute;a construir la paz sobre mentiras.&nbsp;Recuerdo perfectamente aquellas pancartas, aquel clamor colectivo, aquella sensaci&oacute;n de que la ciudadan&iacute;a estaba pidiendo algo elemental: verdad, dignidad y respeto al derecho internacional. Y, sin embargo, la decisi&oacute;n se tom&oacute; igualmente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, nuestro pa&iacute;s sufrir&iacute;a el mayor atentado terrorista de su historia. Nadie puede trazar una l&iacute;nea directa entre una decisi&oacute;n pol&iacute;tica y una barbaridad terrorista. Ser&iacute;a demasiado simple. Pero lo que s&iacute; sabemos es que aquel conflicto contribuy&oacute; a incendiar a&uacute;n m&aacute;s un mundo que ya era inestable. Y las consecuencias de aquel incendio todav&iacute;a las estamos pagando.
    </p><p class="article-text">
        Hoy las mentiras y las justificaciones que est&aacute; utilizando la extrema derecha internacional para atacar Ir&aacute;n son todav&iacute;a m&aacute;s burdas. Trump y Netanyahu ni se molestan en disimular. Por eso, la verdad, escuchar ahora a los dirigentes del Partido Popular, con Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o al frente y al neofascista Santiago Abascal respaldar de nuevo -con una ligereza que da v&eacute;rtigo- los argumentos que se utilizan para justificar otra escalada militar me produce una sensaci&oacute;n muy inc&oacute;moda. Una mezcla de inquietud y d&eacute;j&agrave; vu. Porque el guion suena demasiado familiar.&nbsp;M&aacute;s a&uacute;n cuando esos argumentos han sido fabricados y son divulgados por dirigentes como Benjamin Netanyahu, un pol&iacute;tico perseguido por la justicia internacional -precisamente por sus cr&iacute;menes de guerra-, y jaleados con entusiasmo por un mentiroso compulsivo como Donald Trump, siempre dispuesto a convertir cualquier conflicto en combustible para alimentar su propia narrativa de poder y engordar su personal cuenta corriente.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso, sinceramente, vuelve a ponerme los pelos de punta.
    </p><p class="article-text">
        Por eso en medio de todo ese ruido, cuando escuchaba la firme declaraci&oacute;n del presidente Pedro S&aacute;nchez, me preguntaba qu&eacute; significa realmente el patriotismo.
    </p><p class="article-text">
        Yo me considero profundamente patriota. Quiero a mi pa&iacute;s. Estoy muy orgulloso de ser riojano y amo profundamente a mi tierra. Y precisamente por eso quiero lo mejor para Espa&ntilde;a. Me importa el lugar que ocupa en el mundo. Me importa la imagen que proyecta. Me importa que cuando nuestro pa&iacute;s habla lo haga desde la sensatez, desde la dignidad y desde el respeto a los valores que dicen sostener nuestra democracia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando escuch&eacute; al presidente del Gobierno hablar con serenidad, con claridad y con una defensa firme de la paz y del derecho internacional, sent&iacute; algo que hac&iacute;a tiempo que no sent&iacute;a con tanta intensidad: la sensaci&oacute;n de que Espa&ntilde;a estaba exactamente donde deb&iacute;a estar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso mismo, pocas veces como en estos momentos me he sentido tan orgulloso del pa&iacute;s al que representa mi Gobierno. La intervenci&oacute;n del presidente S&aacute;nchez no fue un discurso grandilocuente. No hac&iacute;a falta. Fue, simplemente, la voz de un pa&iacute;s que sabe lo que significa el sufrimiento de la violencia y que, precisamente por eso, se resiste a aceptar con ligereza las decisiones que pueden empujar al mundo hacia nuevos conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s -y esto me parece importante-, estoy convencido de que esas palabras no representan solo a un Gobierno. Representan el pensamiento mayoritario de una sociedad que ha aprendido, a base de historia y de experiencia, que la guerra casi nunca resuelve lo que promete resolver.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se mostr&oacute; ante el mundo como lo que realmente es: un pa&iacute;s civilizado, comprometido con los valores democr&aacute;ticos, con la dignidad humana y con el respeto al derecho internacional.
    </p><p class="article-text">
        Y debo reconocer que sent&iacute; a&uacute;n m&aacute;s orgullo cuando, con el paso de las horas, otros pa&iacute;ses empezaron a compartir ese mismo planteamiento. Cuando comprob&eacute; que la posici&oacute;n defendida por nuestro presidente no era una extravagancia aislada, sino el inicio de una corriente de sensatez que otros terminaron acompa&ntilde;ando.
    </p><p class="article-text">
        Porque liderar no siempre significa tener m&aacute;s tanques, m&aacute;s misiles o m&aacute;s poder econ&oacute;mico. A veces liderar consiste, sencillamente, en decir lo que es correcto cuando otros prefieren mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Mientras algunos se envuelven ostentosamente en la bandera de Espa&ntilde;a para alimentar su estrategia pol&iacute;tica interna, otros defienden los valores que realmente dan dignidad a un pa&iacute;s.&nbsp;Y es que el patriotismo, al final, no consiste en gritar m&aacute;s fuerte ni en apropiarse de los s&iacute;mbolos de todos. El patriotismo consiste en actuar con responsabilidad cuando el mundo atraviesa momentos dif&iacute;ciles. Consiste en defender la paz, la estabilidad y la dignidad de tu pa&iacute;s incluso cuando eso significa no seguir el ruido de quienes parecen disfrutar con la confrontaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando escucho a quienes presumen de patriotismo alinearse d&oacute;cilmente con decisiones que pueden volver a incendiar el mundo, no siento orgullo. Siento verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Y por eso, al escuchar al presidente de mi pa&iacute;s defender con firmeza la paz, la vida y el respeto al derecho internacional, he sentido exactamente lo contrario. No creo simplemente que mi Gobierno est&eacute; en el lado correcto de la historia, s&eacute; que est&aacute; en el lado correcto de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Y eso me llena de orgullo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lado-correcto-vida_129_13042194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 08:51:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En el lado correcto de la vida]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el lobo se disfraza de cordero. (II) Mercosur, la mentira sanitaria y el daño al campo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lobo-disfraza-cordero-ii-mercosur-mentira-sanitaria-dano-campo_129_12967341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay mentiras pol&iacute;ticas que buscan confundir. Otras, simplemente desgastar.
    </p><p class="article-text">
         Y luego est&aacute;n las que hacen da&ntilde;o porque juegan con el miedo y dejan cicatrices. La mentira sanitaria sobre Mercosur pertenece, sin duda, a este &uacute;ltimo grupo.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas venimos escuchado insistentes declaraciones de dirigentes del Partido Popular que, en perfecta sinton&iacute;a con el mensaje tambi&eacute;n lanzado por VOX, denuncian que el acuerdo con Mercosur va a permitir la entrada de alimentos &ldquo;peligrosos&rdquo;, &ldquo;producidos sin control&rdquo; o incluso &ldquo;envenenados&rdquo;. Dicho as&iacute;, sin matices, sin pruebas y sin el menor pudor. Incluso est&aacute;n promoviendo la presentaci&oacute;n de iniciativas pol&iacute;ticas en los parlamentos para evitar la entrada en Europa de productos que no cumplan con los est&aacute;ndares sanitarios europeos.
    </p><p class="article-text">
        Y la verdad es que conviene parar un momento y hacerse una pregunta muy sencilla &iquest;de verdad alguien cree que la Uni&oacute;n Europea permitir&iacute;a poner en riesgo la salud de sus ciudadanos?&nbsp;La Uni&oacute;n Europea tiene una de las normativas de seguridad alimentaria m&aacute;s exigentes del mundo. Esto no es una opini&oacute;n, es un hecho contrastado. Y esa normativa no se suspende en la frontera, ni se flexibiliza porque un producto venga de Am&eacute;rica del Sur, de Asia o de la otra punta del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Todo alimento que entra en la UE debe cumplir exactamente los mismos requisitos que se exigen a los productores europeos en cuanto a l&iacute;mites de residuos, controles fitosanitarios, trazabilidad, inspecciones veterinarias y sistemas de alerta. Los mismos. Sin excepciones ni posibles atajos.&nbsp;Dicho de forma clara y para que no haya dudas: si un producto no cumple las normas europeas, no entra.<strong>&nbsp;</strong>As&iacute; de simple y as&iacute; de contundente.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta tan grave escuchar a responsables pol&iacute;ticos sembrar la idea de que Mercosur supone un riesgo sanitario. Porque al hacerlo no solo est&aacute;n mintiendo, sino que est&aacute;n cuestionando abiertamente el propio sistema europeo de control alimentario que ellos mismos han construido y defendido durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; se est&aacute; produciendo una confusi&oacute;n interesada y muy rentable pol&iacute;ticamente, entre dos debates distintos. Uno es leg&iacute;timo. El otro es directamente falso.
    </p><p class="article-text">
        Es leg&iacute;timo hablar de competencia econ&oacute;mica, de costes de producci&oacute;n, de diferencias laborales, del impacto que Mercosur puede tener en determinados subsectores. Ese debate es complejo, inc&oacute;modo y necesario, pero es claramente leg&iacute;timo.&nbsp;Lo que no es leg&iacute;timo es mezclarlo con la seguridad alimentaria para sembrar miedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que en otros pa&iacute;ses se produzca con costes m&aacute;s bajos no significa, ni de lejos, que sus productos puedan saltarse los controles sanitarios europeos. De hecho, ocurre justo lo contrario porque los productos de terceros pa&iacute;ses est&aacute;n sometidos a controles reforzados en frontera.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, cuando el PP habla de &ldquo;alimentos peligrosos&rdquo;, no est&aacute; defendiendo al campo. Est&aacute; utilizando el miedo como atajo pol&iacute;tico. Y eso, adem&aacute;s de irresponsable, acaba volvi&eacute;ndose contra los propios agricultores, porque erosiona la confianza en el mercado y en las reglas del juego.
    </p><p class="article-text">
        Hay, adem&aacute;s, una paradoja que conviene se&ntilde;alar porque deja al descubierto toda la inconsistencia del discurso tanto del PP como de VOX que, en Espa&ntilde;a, est&aacute;n presentando iniciativas parlamentarias para exigir que no entren en la Uni&oacute;n Europea productos que no cumplan los est&aacute;ndares sanitarios europeos. Que no se permita -dicen- la importaci&oacute;n de alimentos tratados con sustancias prohibidas en Europa. Hasta aqu&iacute;, nada que objetar. La reclamaci&oacute;n, formulada as&iacute;, puede sonar hasta razonable.
    </p><p class="article-text">
        El problema llega cuando uno levanta un poco la vista y mira a Bruselas. Porque en las instituciones europeas, las &aacute;reas encargadas de garantizar que esas normas se cumplan est&aacute;n precisamente bajo el control de comisarios vinculados al propio Partido Popular europeo. Y, en el &aacute;mbito concreto de la sanidad y el bienestar animal, la responsabilidad recae en un comisario propuesto, ni m&aacute;s ni menos, que por el grupo Patriotas por Europa, es decir, propuesto por el espacio pol&iacute;tico neofascista en el que se integra VOX.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de forma sencilla, si alguien puede asegurar que los productos que entran en la Uni&oacute;n Europea cumplen las normas sanitarias, son precisamente ellos. Porque son sus comisarios, sus responsables pol&iacute;ticos y sus mayor&iacute;as en Europa quienes tienen esa competencia y esa obligaci&oacute;n.&nbsp;As&iacute; que cuando PP y VOX insin&uacute;an que Mercosur va a colar productos peligrosos o tratados con sustancias prohibidas, lo que est&aacute;n diciendo en realidad es algo bastante inquietante, que no conf&iacute;an en sus propios dirigentes, que no se f&iacute;an de sus propios comisarios y que no creen en el sistema de control y seguridad alimentaria que ellos mismos han establecido y gestionan en la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Y eso ya no es una cr&iacute;tica al acuerdo. Eso es una desautorizaci&oacute;n en toda regla de su propia acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, aqu&iacute;, en La Rioja, como dec&iacute;a en mi art&iacute;culo anterior, seguimos atrapados en el ruido. Porque en una comunidad donde el sector primario se basa mayoritariamente en productos de calidad, con denominaciones de origen e indicaciones geogr&aacute;ficas consolidadas, el debate deber&iacute;a ir justo en la direcci&oacute;n contraria.
    </p><p class="article-text">
        Nuestros productos no compiten por volumen ni por precio. Compiten por calidad, origen, historia y prestigio. Y eso, en mercados internacionales emergentes, deber&iacute;a ser una baza enorme. Mercosur abre la puerta a millones de consumidores potenciales que lo que valoran precisamente es eso, el vino con identidad, el aceite de calidad, los productos diferenciados y la alimentaci&oacute;n ligada al territorio.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, la pregunta, inc&oacute;moda para algunos, vuelve a aparecer, &iquest;qu&eacute; est&aacute; haciendo el Gobierno de La Rioja para preparar al sector ante esta realidad? &iquest;Qu&eacute; planes de acompa&ntilde;amiento, promoci&oacute;n o internacionalizaci&oacute;n se est&aacute;n impulsando? &nbsp;La respuesta, una vez m&aacute;s, es el silencio. O peor a&uacute;n, el seguidismo del discurso alarmista y neofascista que sustituye el trabajo serio por titulares grandilocuentes.
    </p><p class="article-text">
        La mentira sanitaria sobre Mercosur no protege al campo. Lo debilita. Introduce desconfianza, alimenta el miedo y distrae de lo verdaderamente importante que deber&iacute;a ser c&oacute;mo garantizar que agricultores y ganaderos riojanos vivan dignamente de su trabajo en un mercado global. Pero, sobre todo, revela algo mucho m&aacute;s profundo y preocupante, un proyecto pol&iacute;tico que no conf&iacute;a ni en sus propios dirigentes, que desacredita las instituciones que gobierna y que prefiere el ruido al rigor, la exageraci&oacute;n a la verdad y el oportunismo al compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Porque al final, el problema no es Mercosur.&nbsp;El problema es una pol&iacute;tica que necesita mentir para no asumir responsabilidades. Y cuando se juega con la salud, con el sustento del campo y con la confianza de la gente, eso ya no es estrategia.&nbsp;Eso es una irresponsabilidad may&uacute;scula. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lobo-disfraza-cordero-ii-mercosur-mentira-sanitaria-dano-campo_129_12967341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 13:04:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando el lobo se disfraza de cordero. (II) Mercosur, la mentira sanitaria y el daño al campo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Mercosur,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el lobo se disfraza de cordero. (I) Mercosur y el cinismo del PP ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lobo-disfraza-cordero-i-mercosur-cinismo-pp_129_12967332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La verdad es que hay d&iacute;as en los que uno piensa que el Partido Popular ya no se sonroja por nada. Y el debate sobre el acuerdo entre la Uni&oacute;n Europea y Mercosur es uno de esos casos en los que, una vez m&aacute;s, ha exhibido sin pudor su cinismo pol&iacute;tico, a plena luz del d&iacute;a y con total tranquilidad.
    </p><p class="article-text">
        Porque conviene decirlo claro desde el principio, sin rodeos y sin trampas: el acuerdo con Mercosur no es una ocurrencia reciente, ni una imposici&oacute;n repentina, ni una decisi&oacute;n tomada a espaldas de nadie. Es el resultado de m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de negociaciones largas, complejas y, a menudo, discretas. Negociaciones en las que el PP ha tenido un papel protagonista, tanto desde los gobiernos nacionales como desde las instituciones europeas en las que siempre ha marcado tanto la l&iacute;nea como el ritmo en la pol&iacute;tica agraria.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, hoy ese mismo partido se descuelga acusando al Gobierno de Espa&ntilde;a de avalar y respaldar el acuerdo, de haber traicionado al campo y, en una deriva cada vez m&aacute;s preocupante, de poner en riesgo incluso la salud de los consumidores. Todo junto. Todo a la vez. Y todo, adem&aacute;s, sin base real.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que chirr&iacute;a -y mucho- es la mentira de la autor&iacute;a porque el presidente del Gobierno de Espa&ntilde;a no ha negociado Mercosur, no lo ha cerrado y ni siquiera ha estado presente en su firma. Se&ntilde;alarlo como responsable no es un error, es una estrategia deliberada. La de buscar un culpable cercano, reconocible y &uacute;til para el desgaste pol&iacute;tico interno, aunque eso suponga reescribir la historia con descaro. Porque el PP sabe perfectamente que Mercosur es una realidad porque ellos lo quisieron, porque lo defendieron como un acuerdo estrat&eacute;gico y porque trabajaron durante a&ntilde;os para sacarlo adelante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo que es todav&iacute;a m&aacute;s grave que esta mentira. Y es el da&ntilde;o real que este discurso est&aacute; causando a agricultores y ganaderos. Un sector que atraviesa dificultades estructurales evidentes -costes, relevo generacional, rentabilidad, burocracia- y que lo &uacute;ltimo que necesita es confusi&oacute;n, ruido y miedo fabricado desde la pol&iacute;tica.&nbsp;Porque no, no todo vale para competir electoralmente. No vale sembrar la idea de que &ldquo;nos arruinan&rdquo;, de que &ldquo;nos enga&ntilde;an&rdquo; o de que &ldquo;nos venden&rdquo;. No vale convertir la incertidumbre en arma arrojadiza. Y, desde luego, no vale presentarse ahora como el gran defensor del campo cuando llevan d&eacute;cadas tomando decisiones sin contar con &eacute;l, tanto en Espa&ntilde;a como en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Este giro oportunista tiene, adem&aacute;s, un destinatario muy concreto, porque el PP no est&aacute; pensando en el campo, est&aacute; pensando en VOX que, en este momento le da m&aacute;s miedo que los agricultores. Est&aacute; pensando en c&oacute;mo disputar ese espacio de protesta, de enfado y de discurso simple. Y cuando se entra en esa carrera, el resultado casi siempre es el mismo: a m&aacute;s ruido, menos verdad.
    </p><p class="article-text">
        En regiones como la nuestra, La Rioja, el debate deber&iacute;a ser otro muy distinto porque aqu&iacute; el sector primario se apoya mayoritariamente en productos de calidad, con denominaciones de origen e indicaciones geogr&aacute;ficas mundialmente reconocidas. Aqu&iacute; hablamos de vino, de aceite, de frutas y verduras, de embutidos, de setas y champi&ntilde;&oacute;n, de carne de vacuno...de productos amparados por marcas de calidad de mucho prestigio. Hablamos de calidad, de valor a&ntilde;adido, de diferenciaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente por eso resulta tan frustrante comprobar c&oacute;mo con declaraciones tan vergonzosas como las de Alfonso Dom&iacute;nguez, consejero de Hacienda riojano y ls de la consejera de Agricultura, Noem&iacute; Manzanos, el Gobierno de La Rioja, lejos de trabajar para aprovechar las oportunidades que abre Mercosur para el sector primario riojano, se suma al discurso neofascista del miedo, mira hacia otro lado y pierde un tiempo precioso mientras otras comunidades dise&ntilde;an estrategias, acompa&ntilde;an a sus productores y planifican su salida a nuevos mercados.&nbsp;Aqu&iacute;, sin embargo, se opta por la queja, la protesta sin propuesta y el seguidismo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Mercosur no va a desaparecer porque se grite m&aacute;s fuerte. No se va a deshacer a golpe de titular ni de tractorada instrumentalizada. Mercosur es ya una realidad que se debe gestionar, que se aprovecha o se sufre. Y elegir no hacer nada tambi&eacute;n es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica, aunque luego se intente disfrazar de indignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene poner las cosas en su sitio. Porque el problema no es debatir los efectos del acuerdo, ni se&ntilde;alar riesgos, ni exigir medidas de apoyo. Todo eso es leg&iacute;timo y es necesario. El problema es mentir, es fingir sorpresa, es presentarse como v&iacute;ctima de algo que uno mismo ha impulsado. Es disfrazarse de cordero cuando en realidad eres el aut&eacute;ntico lobo.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; conviene decirlo sin ambages, porque el verdadero peligro para el campo riojano no es Mercosur.&nbsp;El verdadero peligro es un Gobierno que renuncia a gobernar, un PP que miente sin pudor y una estrategia basada en el ruido y el victimismo en lugar del trabajo, la planificaci&oacute;n y la defensa real de nuestros productores.
    </p><p class="article-text">
        Al campo riojano no se le defiende con gritos ni con relatos falsos. Se le defiende con verdad, con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y con respeto. Todo lo dem&aacute;s es oportunismo. Y el oportunismo, cuando se juega con el sustento de miles de familias, tiene un nombre muy claro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lobo-disfraza-cordero-i-mercosur-cinismo-pp_129_12967332.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 11:06:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando el lobo se disfraza de cordero. (I) Mercosur y el cinismo del PP ]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Mercosur,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poder de las palabras (también en tiempos de ruido)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/palabras-tiempos-ruido_129_12892305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El inicio de un nuevo a&ntilde;o suele venir acompa&ntilde;ado de prop&oacute;sitos, balances y una pregunta inevitable, &iquest;qu&eacute; queremos cambiar? Casi siempre miramos hacia fuera -el trabajo, la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a, los dem&aacute;s&hellip;-, pero rara vez nos detenemos en algo mucho m&aacute;s cercano y decisivo: las palabras que usamos cada d&iacute;a, c&oacute;mo hablamos y, especialmente, las que nos decimos a nosotros mismos, c&oacute;mo nos hablamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las palabras no son solo sonidos ni adornos del pensamiento. Las palabras hacen cosas, construyen realidades, abren posibilidades o las cierran incluso antes de intentarlo. No son un detalle menor ni una moda de autoayuda. Son algo bastante m&aacute;s profundo. Lo aprend&iacute; cuando tuve la suerte de ser alumno de Rafael Echeverr&iacute;a, referente mundial del coaching ontol&oacute;gico y autor de <em>La Ontolog&iacute;a del Lenguaje,</em> donde explica una idea que, una vez la interiorizas, ya no te abandona: el lenguaje no es inocente, no solo describe la realidad, tambi&eacute;n la crea.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos, pasan cosas, no solo contamos lo que ocurre. Actuamos, abrimos posibilidades o las cerramos sin darnos cuenta. Nos definimos y definimos a los dem&aacute;s. Y muchas veces lo hacemos en piloto autom&aacute;tico, sin pararnos a pensar en las consecuencias.&nbsp;Decirse &ldquo;no puedo&rdquo; no es una simple frase. Es como ponerse una barrera antes de empezar. Decirse &ldquo;esto no va a cambiar&rdquo; es renunciar antes de pelearlo. En cambio, decir &ldquo;no s&eacute; todav&iacute;a c&oacute;mo hacerlo&rdquo; cambia el terreno de juego. No arregla nada de golpe, claro, pero deja una puerta abierta. Y en momentos dif&iacute;ciles, una puerta abierta lo es todo. Este di&aacute;logo interno importa. Importa mucho. Pero importa todav&iacute;a m&aacute;s cuando lo trasladamos al plano colectivo. Y es aqu&iacute; donde el asunto se vuelve especialmente pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos un clima de tensi&oacute;n permanente, un tiempo en el que las palabras se usan con demasiada frecuencia para confundir, desgastar o justificar decisiones que tienen consecuencias muy reales en la vida de la gente y nada de esto es casual. &nbsp;Antes de recortar un derecho, se recorta su significado. Antes de debilitar un servicio p&uacute;blico, se le cambia el nombre, ya no es un derecho, es un coste; ya no es una inversi&oacute;n, es un gasto; ya no es un bien com&uacute;n, es una carga&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El deterioro del Estado del Bienestar no empieza solo en los presupuestos. Empieza mucho antes, en el lenguaje, en discursos que normalizan la desigualdad, que presentan lo p&uacute;blico como ineficiente por definici&oacute;n y lo privado como soluci&oacute;n m&aacute;gica. En palabras que siembran desconfianza para luego justificar el abandono.
    </p><p class="article-text">
        Rafael Echeverr&iacute;a dice tambi&eacute;n que &ldquo;somos como hablamos y hablamos como somos&rdquo;, y esta frase, llevada al terreno pol&iacute;tico, interpela directamente a quienes gobiernan y a quienes opinamos. Porque cuando el lenguaje pol&iacute;tico se vac&iacute;a de humanidad, las pol&iacute;ticas acaban haciendo lo mismo. Cuando se habla de personas como n&uacute;meros, de derechos como privilegios y de servicios p&uacute;blicos como problemas, el resultado no es neutral, es profundamente ideol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de pedir buenas palabras sin contenido. El conflicto existe y debe existir. La cr&iacute;tica es necesaria, pero hay una diferencia enorme entre confrontar modelos y erosionar deliberadamente la confianza en lo com&uacute;n. Entre debatir sobre c&oacute;mo mejorar lo p&uacute;blico e instalar la idea de que no merece la pena defenderlo o ni siquiera intentarlo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no nos enga&ntilde;emos, este clima ling&uuml;&iacute;stico acaba calando, ya que cuando el mensaje repetido es que &ldquo;no hay alternativa&rdquo;, que &ldquo;no se puede&rdquo;, que &ldquo;esto es lo que hay&rdquo;&hellip; se va construyendo resignaci&oacute;n. Y la resignaci&oacute;n es el mejor aliado de quienes quieren desmontar derechos sin demasiado ruido. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, quiz&aacute; uno de los prop&oacute;sitos m&aacute;s sensatos -y m&aacute;s dif&iacute;ciles- para este nuevo a&ntilde;o sea reapropiarnos del lenguaje.&nbsp;Cuidar las palabras con las que hablamos de sanidad, de educaci&oacute;n, de dependencia, de igualdad. Nombrar lo p&uacute;blico como lo que es: un pilar de cohesi&oacute;n, una conquista colectiva, una garant&iacute;a de dignidad. Cuidar c&oacute;mo nos hablamos cuando intentan convencernos de que defender lo com&uacute;n es ingenuo. Cuidar c&oacute;mo hablamos de quienes dependen m&aacute;s directamente de esos servicios, sin estigmas ni desprecio, porque defender lo p&uacute;blico tambi&eacute;n es defender un lenguaje que no lo desgaste, que no lo vac&iacute;e, que no lo convierta en caricatura.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras son espejo, s&iacute;, y por eso reflejan lo que somos. Pero tambi&eacute;n pueden ser pincel que nos permiten dibujarnos de otra manera, tanto en lo personal como en lo colectivo. En un momento hist&oacute;rico como el que vivimos, marcado por el ruido, elegir bien las palabras no es ingenuidad. Es una responsabilidad pol&iacute;tica de primer orden.
    </p><p class="article-text">
        No vamos a arreglarlo todo de golpe. Nadie serio lo promete. Pero s&iacute; podemos decidir desde hoy algo que no es menor: no colaborar con el deterioro de lo p&uacute;blico a trav&eacute;s del lenguaje. No repetir como loros que los derechos &ldquo;no son sostenibles&rdquo;, que la sanidad p&uacute;blica &ldquo;no funciona&rdquo;, que la educaci&oacute;n es un problema y no una inversi&oacute;n&hellip; Porque cada vez que esas frases se normalizan, el terreno se allana para el siguiente recorte.
    </p><p class="article-text">
        Defender el Estado del Bienestar no empieza solo en los presupuestos ni termina en las leyes. Empieza mucho antes, en c&oacute;mo se nombra la realidad. En negarse a aceptar un marco ling&uuml;&iacute;stico que convierte lo com&uacute;n en sospechoso y el negocio en soluci&oacute;n. En llamar a las cosas por su nombre.&nbsp;Recortar no es modernizar, privatizar no es gestionar mejor y resignarse no es realismo.
    </p><p class="article-text">
        Cuidar las palabras hoy, no es un gesto est&eacute;tico ni una cuesti&oacute;n de formas. Es una posici&oacute;n pol&iacute;tica. Es decidir de qu&eacute; lado est&aacute;s cuando el ruido intenta imponerse al sentido com&uacute;n. Porque las palabras preparan el camino de los hechos. Y cuando se deja de defender lo p&uacute;blico con claridad, acaba dej&aacute;ndose de defender tambi&eacute;n en la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que s&iacute;, en este nuevo a&ntilde;o, quiz&aacute; uno de los prop&oacute;sitos m&aacute;s inc&oacute;modos -y m&aacute;s necesarios- sea este: No ceder el lenguaje. No regalar los marcos. No aceptar que nos digan que no hay alternativa.&nbsp;Porque, al final, no solo nos va la vida en defender lo p&uacute;blico, tambi&eacute;n en c&oacute;mo lo hacemos y en c&oacute;mo lo decimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/palabras-tiempos-ruido_129_12892305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 12:24:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El poder de las palabras (también en tiempos de ruido)]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más luces que criteiro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/luces-criteiro_129_12866878.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La Navidad en Logro&ntilde;o ha alcanzado por fin ese punto m&aacute;gico en el que uno ya no sabe si pasea por una ciudad europea del siglo XXI o por el decorado descartado de una pel&iacute;cula de terror de bajo presupuesto. Porque este a&ntilde;o, m&aacute;s que luces de Navidad, tenemos <em>fen&oacute;menos paranormales</em>. Luces que no llegan, luces que llegan tarde, luces que se encienden cuando quieren y otras que, directamente, deciden fundirse como si fuera un acto de rebeld&iacute;a, como si tampoco ellas estuvieran muy convencidas del proyecto municipal.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento, siempre tan diligente, nos vendi&oacute; la Navidad a bombo y platillo&hellip; pero luego se olvid&oacute; de colocar el platillo. As&iacute; que, a pocos d&iacute;as de la Nochebuena, Logro&ntilde;o sigue esperando que termine la instalaci&oacute;n de las luces, como quien espera un tren regional con veinte minutos de retraso y ya ni se enfada porque simplemente asume que esto es lo que hay. Eso s&iacute;, cuando por fin aparecen, lo hacen con ese encanto decadente de bombilla fundida que parpadea, como si nos gui&ntilde;ara un ojo para decirnos: &ldquo;s&iacute;, soy una chapuza, pero es lo que hay&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo malo es que uno tampoco encuentra consuelo cuando levanta la vista en busca de la iniciativa ciudadana y contempla aterrado que el panorama no mejora. Los balcones y ventanas de Logro&ntilde;o se han convertido en una suerte de <em>exposici&oacute;n colectiva de mal gusto subvencionada por el LED</em>. La eficiencia energ&eacute;tica ha obrado el milagro y ahora cualquiera puede iluminar su casa, como si fuera una discoteca poligonera de extrarradio, sin miedo al recibo. El resultado es una competici&oacute;n vecinal no declarada, por ver qui&eacute;n pierde antes cualquier resto de criterio est&eacute;tico. Guirnaldas arrojadas sin piedad, luces que parecen vomitadas desde el interior del sal&oacute;n y combinaciones crom&aacute;ticas que har&iacute;an llorar a un sem&aacute;foro.
    </p><p class="article-text">
        Pero si hay una moda que merece cap&iacute;tulo aparte es esta inquietante costumbre de &ldquo;colgar&rdquo; mu&ntilde;ecos de los balcones: Reyes Magos, Pap&aacute; Noel y hasta Olentzero&hellip; todos suspendidos en el aire con una expresi&oacute;n inquietantemente alegre, como si no fueran conscientes de que parecen protagonistas de un <em>festival de pitufos ahorcados</em>. Hay algo profundamente perturbador en pasear tranquilamente por la ciudad y encontrarte a Melchor descolgado de una cuerda, Baltasar balance&aacute;ndose al viento o al pobre Olentzero trepando eternamente por una fachada, condenado a no llegar nunca a la ventana. Tradici&oacute;n, dicen. Esp&iacute;ritu navide&ntilde;o, dicen. Yo dir&iacute;a m&aacute;s bien que son escenas dignas de una unidad de intervenci&oacute;n psicol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Circular en coche por la ciudad tampoco ayuda a mantener la calma. Entre luces municipales que se confunden con sem&aacute;foros y destellos privados que rebotan por todas partes, conducir por Logro&ntilde;o se ha convertido en un ejercicio de intuici&oacute;n en el que no sabes si lo que ves es una se&ntilde;al de tr&aacute;fico, un reno con problemas de orientaci&oacute;n o la nariz de Rudolf lanz&aacute;ndote un SOS luminoso. Todo brilla, todo parpadea, todo compite por tu atenci&oacute;n, menos lo esencial: el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, el equipo de gobierno del alcalde Conrado Escobar mira satisfecho su obra, como si el simple hecho de haber puesto &ldquo;luces&rdquo; -aunque tarde, mal y algunas rotas- bastara para justificar la autocomplacencia y el gasto de m&aacute;s de 600.000 euros de todos los ciudadanos. No importa la planificaci&oacute;n, ni el resultado, ni el rid&iacute;culo. Parece que, para el alcalde y su equipo, la Navidad no va de hacer las cosas bien, sino de poder decir que han hecho algo, aunque sea a medias. Aunque sea con retraso. Aunque sea dejando la ciudad a medio decorar cuando ya casi estamos contando los polvorones que quedan. Todo se desmorona tras la forzada y permanente sonrisa del alcalde entre anuncios grandilocuentes y promesas huecas que no llegan a materializarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y al final uno acaba entendiendo que lo de las luces no es un accidente, ni un despiste puntual, sino la guinda del pastel de la chapuza institucional que representa la gesti&oacute;n municipal de Conrado Escobar y su equipo. A mitad de legislatura, las muestras de incapacidad ya no son an&eacute;cdotas, son un patr&oacute;n. Recursos europeos perdidos por pura desidia, carriles bici eliminados como si la modernidad molestara, obras comprometidas y con financiaci&oacute;n asegurada que no se ejecutan y cuyo dinero hay que devolver, proyectos empresariales transformadores que se esfuman en el aire y ni siquiera la habilidad m&iacute;nima para retener inversiones que ya estaban previstas por el anterior gobierno socialista en los pol&iacute;gonos industriales de la ciudad&hellip; Si ni siquiera han sido capaces de organizar con solvencia unas Fiestas de San Mateo, &iquest;qu&eacute; podemos esperar de un equipo que demuestra tener tan pocas luces -en sentido literal y figurado- y unas capacidades tan escasas para gobernar una ciudad que merece bastante m&aacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la Navidad de Logro&ntilde;o solo refleja lo que llevan haciendo durante toda la legislatura: parpadear sin rumbo, prometer sin cumplir y hacernos pagar por su incompetencia.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que &iexcl;felicidades, Logro&ntilde;o! Este a&ntilde;o no tendremos una Navidad brillante, sino una Navidad titilante. Una Navidad que parpadea y que demuestra que el Ayuntamiento es capaz de hacer oscuro, tarde y mal incluso algo tan simple como poner unas luces. Porque, visto lo visto, ni siquiera eso les queda grande: les queda imposible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/luces-criteiro_129_12866878.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 11:54:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Más luces que criteiro]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Logroño]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La miseria que se alquila]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/miseria-alquila_129_12831877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as vi un reportaje en TV que me dej&oacute; con una mezcla de indignaci&oacute;n y verg&uuml;enza ajena dif&iacute;cil de explicar: familias enteras hacinadas en habit&aacute;culos de pladur, levantados dentro de locales y bajos comerciales. Cub&iacute;culos sin ventanas, sin ventilaci&oacute;n, sin salida de humos. Instalaciones el&eacute;ctricas improvisadas que pondr&iacute;an los pelos de punta al m&aacute;s inexperto electricista. Cocinas colocadas en un rinc&oacute;n, a cent&iacute;metros de un colch&oacute;n. Y un &uacute;nico ba&ntilde;o compartido entre 30 personas. Todo ello por alquileres que oscilan entre 500 y 800 euros. Es decir, m&aacute;s de lo que cuesta una habitaci&oacute;n normal en muchas ciudades y, desde luego, infinitamente m&aacute;s de lo que merece un sitio donde no se puede vivir sin poner en riesgo la salud, la dignidad e incluso la vida.
    </p><p class="article-text">
        Estos casos se est&aacute;n multiplicando, especialmente en Madrid, aunque tambi&eacute;n en Logro&ntilde;o hemos conocido recientemente un caso que me hace pensar que tambi&eacute;n pueden vivirse aqu&iacute; situaciones parecidas.&nbsp;Y no hablamos de situaciones ocultas o dif&iacute;ciles de detectar. Est&aacute;n a pie de calle. Los vecinos saben lo que ocurre. Los reportajes lo muestran. La polic&iacute;a pasa por delante. Y, sin embargo, las administraciones se comportan como si fueran espectadoras de un fen&oacute;meno inevitable, cuando la realidad es muy distinta: no es un problema invisible, es un problema que se elige no ver.
    </p><p class="article-text">
        Los ayuntamientos tienen competencias claras para clausurar, en 48 horas, cualquier local que se utilice como vivienda sin licencia. Pueden sancionar, precintar y derribar las divisiones internas si hace falta. Las comunidades aut&oacute;nomas pueden actuar desde vivienda, consumo, sanidad o servicios sociales. El Estado puede intervenir cuando hay explotaci&oacute;n, fraude o riesgo grave. No hay vac&iacute;os legales, no hay dudas competenciales, no hay limitaciones t&eacute;cnicas. Lo que falta es voluntad de actuar.
    </p><p class="article-text">
        Porque inspeccionar y clausurar estos locales implica tomar decisiones dif&iacute;ciles. Si cierras un espacio donde viven veinte personas, alguien tiene que hacerse cargo de ellas al d&iacute;a siguiente. Y eso supone realojos, expedientes, recursos p&uacute;blicos y una atenci&oacute;n social que muchos gobiernos prefieren evitar. Es m&aacute;s f&aacute;cil dejar que el mercado negro se encargue de absorber a quienes no pueden acceder a la vivienda formal. Es m&aacute;s c&oacute;modo mirar hacia otro lado, cruzar los dedos y esperar que no ocurra ninguna tragedia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la explotaci&oacute;n se convierte en un negocio rentable. No hablamos solo de peque&ntilde;os propietarios con pocos escr&uacute;pulos. Hay redes organizadas que gestionan decenas de locales convertidos en infraviviendas, compartimentados como un panal de miseria donde cada &ldquo;celda&rdquo; da beneficios estables y sin riesgos. Ocho cub&iacute;culos a 600 euros producen mucho m&aacute;s que un alquiler regulado Y, adem&aacute;s, lo hacen sin pagar impuestos, sin cumplir normas y sin asumir responsabilidad. La impunidad ha convertido este abuso en un modelo econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la ecuaci&oacute;n es sencilla: quienes viven en estos lugares no denuncian. Muchas de estas familias temen perder lo poco que tienen, temen a los servicios sociales o temen a la polic&iacute;a. Algunas incluso temen ser expulsadas del pa&iacute;s. Esa vulnerabilidad es terreno abonado para explotadores que conocen perfectamente la situaci&oacute;n y saben que la respuesta institucional ser&aacute; lenta o inexistente. Saben que no habr&aacute; inspecciones, que los expedientes se eternizar&aacute;n, que ning&uacute;n gobierno quiere aparecer en los titulares con un desalojo complicado. Y mientras tanto, ellos cobran.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s doloroso es que convivimos con una contradicci&oacute;n dif&iacute;cil de asumir, la de un pa&iacute;s que, en cuesti&oacute;n de horas, es capaz de desalojar a una familia considerada &ldquo;ocupa&rdquo;, pero permite que haya propietarios alquilando trasteros, garajes o cub&iacute;culos de pladur a precios de oro sin que nadie los moleste. Protegemos la propiedad privada con una eficacia sorprendente, pero dejamos sin protecci&oacute;n a quienes sufren la explotaci&oacute;n m&aacute;s b&aacute;sica y evidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un mensaje pol&iacute;tico de fondo, aunque nadie lo diga abiertamente no intervenir en el mercado de la vivienda tiene consecuencias. Cuando no se construye vivienda p&uacute;blica, cuando no se regula el alquiler, cuando no se garantiza un parque accesible para quien menos tiene, la necesidad empuja a miles de personas a un submundo donde todo vale. Y ese submundo no surge por generaci&oacute;n espont&aacute;nea: surge porque se permite.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene decirlo claramente: las infraviviendas no existen porque sea imposible combatirlas, sino porque alguien decide no combatirlas. Es m&aacute;s sencillo dejar que las familias vulnerables se busquen la vida como puedan que asumir la responsabilidad de garantizarles una vivienda digna. Pero la consecuencia es devastadora, la de un pa&iacute;s que mira hacia otro lado mientras se alquila la miseria a precio de mercado.
    </p><p class="article-text">
        Que en la Espa&ntilde;a de 2026 haya ni&ntilde;os durmiendo en cub&iacute;culos sin ventilaci&oacute;n, cocinando junto a cables pelados o compartiendo un &uacute;nico ba&ntilde;o con treinta personas no es un accidente. Es un s&iacute;ntoma. Y un s&iacute;ntoma muy claro de que algo se ha roto en nuestro sistema de protecci&oacute;n social. La legislaci&oacute;n existe. Los cuerpos de inspecci&oacute;n existen. Las polic&iacute;as existen. Lo que no existe es la voluntad de actuar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso debemos seguir denunci&aacute;ndolo. Porque la explotaci&oacute;n no se combate con declaraciones, sino con decisiones pol&iacute;ticas valientes. Y porque quienes convierten la necesidad en un negocio deber&iacute;an enfrentarse a consecuencias reales, no a la indiferencia institucional.
    </p><p class="article-text">
        Al final, lo que est&aacute; en juego no es solo la situaci&oacute;n de unas cuantas familias hacinadas en un local. Lo que est&aacute; en juego es qu&eacute; tipo de sociedad somos y hasta qu&eacute; punto estamos dispuestos a tolerar que la miseria se convierta en una oportunidad de negocio. Y si permitimos que eso ocurra, entonces el problema no son los cub&iacute;culos de pladur: el problema somos nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/miseria-alquila_129_12831877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 08:24:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La miseria que se alquila]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Alquiler,Vivienda,Logroño]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Golpe de estado de puñetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/golpe-punetas_129_12786981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que uno nota un temblor por dentro. No es miedo exactamente&hellip; es otra cosa. Una mezcla de rabia, indignaci&oacute;n, cansancio y ese presentimiento desagradable de que est&aacute;n cruzando una l&iacute;nea que no se deber&iacute;a cruzar jam&aacute;s en una democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fallo del Tribunal Superior de Justicia contra el Fiscal General del Estado -hecho p&uacute;blico en tiempo r&eacute;cord, antes incluso de redactarse la sentencia completa- es uno de esos momentos. Y, sinceramente, es dif&iacute;cil no ver en este gesto un <strong>golpe de Estado de pu&ntilde;etas</strong>, un avance decidido de un poder judicial que, -casualmente-, 50 a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del sanguinario dictador, Franco, sigue funcionando con l&oacute;gicas y lealtades que la Transici&oacute;n nunca se atrevi&oacute; a tocar.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; pasando no es un hecho aislado, ni un simple desacuerdo jur&iacute;dico. Tiene el olor, el color y el ritmo de algo m&aacute;s grande. Lo ha dicho Esther Palomera: <em>&ldquo;Miedo es poco&rdquo;</em>. Y esta frase tan sencilla, me persigue desde que la he le&iacute;do porque describe perfectamente la sensaci&oacute;n de estar asistiendo a un movimiento coordinado, silencioso por momentos, pero implacable. Una ofensiva.
    </p><p class="article-text">
        Ignacio Escolar tambi&eacute;n lo explica con claridad meridiana cuando dice que este proceso no es solo una resoluci&oacute;n judicial cuestionable -que tambi&eacute;n-, sino el &uacute;ltimo episodio, por ahora, de una serie de decisiones adoptadas desde juzgados que se han convertido en trincheras ideol&oacute;gicas. Escolar habla de un &ldquo;doble rasero&rdquo; intolerable, de un patr&oacute;n de actuaci&oacute;n que, en vez de proteger la justicia, la utiliza como ariete pol&iacute;tico. Y la verdad es que cuesta no estar de acuerdo cuando vemos que determinadas causas se aceleran con una urgencia febril mientras otras se duermen en cajones que parecen no tener fondo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que todo encaja demasiado bien. El asalto pol&iacute;tico-medi&aacute;tico-judicial que lleva a&ntilde;os fraguando la extrema derecha m&aacute;s rancia (PP) y el neofascismo de VOX se ha ido desplegando como una estrategia militar: primero desgastar, luego desacreditar y, finalmente, expulsar del tablero a quien se atreva a desafiar sus bulos, sus intereses o su poder. A veces lo hacen con lo que al principio parecen estridencias (&ldquo;el que pueda hacer, que haga&rdquo;), que luego ves que son &oacute;rdenes precisas. Y otras lo hacen con la frialdad quir&uacute;rgica y la seguridad que da saber que tienen una gran parte del aparato judicial alineado con su proyecto (&ldquo;va p&rsquo;alante&rdquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que m&aacute;s duele, lo que m&aacute;s enfada, es la otra mitad de la historia: <strong>la izquierda ensimismada, fragmentada, entretenida en disputas internas sobre qui&eacute;n es m&aacute;s puro, m&aacute;s aut&eacute;ntico, m&aacute;s de izquierdas</strong>. Mientras la derecha afila las herramientas de su particular &ldquo;golpe blando&rdquo;, nosotros seguimos perdiendo un tiempo valios&iacute;simo en debates est&eacute;riles, incapaces de articular una respuesta conjunta ante un ataque que nos apunta directamente a todos los que representamos -o defendemos- cualquier m&iacute;nimo avance social o democr&aacute;tico y aqu&iacute; incluyo tambi&eacute;n a los nacionalistas.
    </p><p class="article-text">
        Quien lo ha expresado con una claridad casi brutal ha sido Gabriel Rufi&aacute;n que no se ha quedado en la queja o la protesta moral sino que ha sabido ir m&aacute;s all&aacute; diciendo que, adem&aacute;s de indignarnos, <em>hay que reformar la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial</em>. Que no basta con lamentarse cada vez que un juez conservador toma una decisi&oacute;n con tintes pol&iacute;ticos, sino que la soluci&oacute;n pasa, en primer lugar, por transformar las estructuras que permiten estas anomal&iacute;as. Y tiene raz&oacute;n. Hace falta una reforma profunda, valiente, que por fin democratice un poder judicial que lleva d&eacute;cadas funcionando sin control democr&aacute;tico real, impermeable a la renovaci&oacute;n y colonizado por sectores ultraconservadores.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma -y conviene escucharlo con atenci&oacute;n- lo que ha se&ntilde;alado el ministro &Oacute;scar L&oacute;pez que, con un tono m&aacute;s institucional, ha enviado un mensaje muy claro al decir que no se trata solo de valorar un fallo, sino de <strong>proteger las instituciones de maniobras que pueden alterar el equilibrio entre los poderes del Estado</strong>. L&oacute;pez ha advertido de la gravedad del precedente, de lo que significa que un tribunal publique un fallo sin sentencia, de c&oacute;mo esa pr&aacute;ctica deteriora la confianza p&uacute;blica y puede convertirse en una herramienta para condicionar pol&iacute;ticamente a la Fiscal&iacute;a, al Gobierno o a cualquier instituci&oacute;n inc&oacute;moda para ciertos intereses. Su preocupaci&oacute;n me ha parecido un aviso. Y no conviene ignorarlo.
    </p><p class="article-text">
        Porque, adem&aacute;s, hay algo profundamente simb&oacute;lico en lo que est&aacute; pasando. Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del dictador, seguimos soportando un poder judicial donde ciertos nombres, ciertas estructuras y ciertas inercias act&uacute;an como si nunca hubiese habido ruptura democr&aacute;tica. Y, como me dec&iacute;a esta ma&ntilde;ana una querida compa&ntilde;era,&nbsp;ya va siendo hora -hace d&eacute;cadas que lo es-, de afrontar ese elefante en medio de la sala: <strong>la Transici&oacute;n dej&oacute; sin tocar el poder judicial</strong>. Y ese error hist&oacute;rico vuelve ahora para mordernos con rabiosa ferocidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo inquietante es que hoy las amenazas a la democracia no llegan con tanques ni con marchas militares; llegan con togas, autos, filtraciones a medida y tiempos procesales que se ajustan con sospechosa exactitud a los calendarios pol&iacute;ticos. Son golpes sin ruido, sin sangre&hellip; pero golpes, al fin y al cabo. Golpes de pu&ntilde;etas.
    </p><p class="article-text">
        Y frente a eso no valen las medias tintas. Hace falta firmeza, unidad y una izquierda capaz de levantar la cabeza y responder con la fuerza democr&aacute;tica que este momento exige. No basta con indignarse en redes. No basta con discursos inflamados en el Congreso. Ni siquiera con art&iacute;culos de opini&oacute;n m&aacute;s o menos graves. Hay que organizarse, defender la separaci&oacute;n de poderes de verdad y blindar las instituciones frente a quienes quieren apropi&aacute;rselas, aunque es posible que ya vayamos tarde.
    </p><p class="article-text">
        Porque, si no lo hacemos ahora, quiz&aacute; dentro de unos a&ntilde;os recordemos estos d&iacute;as y pensemos, como dec&iacute;a Palomera: &ldquo;miedo es poco&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/golpe-punetas_129_12786981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2025 09:48:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Golpe de estado de puñetas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sentencias,Juicios,Fiscales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La caradura no cura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/caradura-no-cura_129_12723510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A veces uno tiene la sensaci&oacute;n de que la pol&iacute;tica ha olvidado lo esencial. Que algunos responsables p&uacute;blicos viven tan pendientes del titular o de la foto, que ya no distinguen entre la apariencia y la verdad. Pero cuando hablamos de salud, de vidas humanas, la verdad no es una opci&oacute;n, se convierte claramente en una obligaci&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, lo que est&aacute; ocurriendo estos d&iacute;as con los programas de cribado de c&aacute;ncer no puede pasar desapercibido. No estamos ante un fallo inform&aacute;tico, ni ante una descoordinaci&oacute;n t&eacute;cnica. Lo que el Partido Popular ha hecho al negarse a facilitar al Ministerio de Sanidad los datos de los cribados de c&aacute;ncer -de mama, de colon y de c&eacute;rvix- es una nueva decisi&oacute;n pol&iacute;tica, profundamente irresponsable, que les retrata exactamente como lo que son: unos dirigentes que, si se han caracterizado por algo en la gesti&oacute;n sanitaria es por convertir en cad&aacute;veres el saqueo de los recursos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Porque no estamos ante una cuesti&oacute;n burocr&aacute;tica. Negar esos datos significa que nadie puede evaluar si los programas funcionan, si llegan a toda la poblaci&oacute;n o si hay retrasos en las pruebas. Significa que la ciudadan&iacute;a pierde el derecho a saber si el sistema sanitario est&aacute; haciendo lo que promete: detectar a tiempo, actuar con eficacia y garantizar la igualdad. Negar esos datos al Ministerio es negar el derecho de cada enfermo a saber, a exigir calidad, a tener la misma protecci&oacute;n que cualquier otro ciudadano, viva donde viva.
    </p><p class="article-text">
        La Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra el C&aacute;ncer lo ha dicho con una claridad que deber&iacute;a avergonzar a cualquiera: &ldquo;Los datos del c&aacute;ncer no son de los partidos ni de las consejer&iacute;as. Son de los pacientes.&rdquo;&nbsp;Y negar esos datos no es proteger una competencia auton&oacute;mica, es negar un derecho humano b&aacute;sico, el de saber y exigir calidad en la atenci&oacute;n sanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, cuando un gobierno oculta informaci&oacute;n, no est&aacute; defendiendo su imagen, est&aacute; rompiendo el contrato de confianza entre los ciudadanos y su sistema p&uacute;blico de salud. Esa opacidad no es un detalle administrativo, es una forma de debilitar lo p&uacute;blico para abrir la puerta a lo privado. Porque sin datos no hay control, y sin control, el negocio crece.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute;, en La Rioja, esa estrategia nacional del PP tiene su reflejo m&aacute;s previsible. Nuestra consejera de Sanidad, Mar&iacute;a Mart&iacute;n, ha vuelto a ponerse del lado de su partido, y no del lado de los riojanos. Mientras habla de &ldquo;gesti&oacute;n eficaz&rdquo;, se limita a seguir al pie de la letra el manual de G&eacute;nova: viajar, posar para la foto -eso s&iacute;, siempre con una sonrisa- y luego dar un plant&oacute;n institucional. As&iacute;&hellip;, como aparentando dignidad, pero demostrando tener muy poquita verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo que hizo Mar&iacute;a Mart&iacute;n el viernes pasado en Zaragoza fue, simplemente, insoportable desde el punto de vista pol&iacute;tico y moral. No defendi&oacute; a los enfermos de c&aacute;ncer de esta tierra, ni a los profesionales sanitarios, ni a los ciudadanos que reclaman transparencia. Se preocup&oacute; solamente de obedecer consignas partidistas.
    </p><p class="article-text">
        Y no lo hizo sola, porque es evidente que contaba con el permiso y la complacencia del presidente Gonzalo Capell&aacute;n, ese dirigente que intenta presentarse cada d&iacute;a como un &ldquo;verso suelto&rdquo;, como alguien distinto, &ldquo;moderado&rdquo;, que &ldquo;pone por delante los intereses de La Rioja antes que los del PP&rdquo;. Pero la realidad es bien distinta, porque cuando llega la hora de la verdad, cuando hay que elegir entre defender a los riojanos u obedecer a su partido, Capell&aacute;n siempre elige obedecer. Y lo hace incluso cuando esa obediencia significa dar la espalda a los enfermos de c&aacute;ncer de su propia comunidad. Decir que uno defiende La Rioja mientras acata las &oacute;rdenes de un partido que decide ocultar datos sanitarios es, sencillamente, hipocres&iacute;a pol&iacute;tica en estado puro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y Capell&aacute;n ya no puede seguir escondi&eacute;ndose detr&aacute;s de esa m&aacute;scara de moderaci&oacute;n porque lo del viernes en Zaragoza fue el colmo del cinismo. Los consejeros del PP se levantaron de la reuni&oacute;n del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en una maniobra orquestada desde G&eacute;nova. Se marcharon para desviar la atenci&oacute;n del esc&aacute;ndalo de los fallos en los cribados de c&aacute;ncer en Andaluc&iacute;a. Y, mientras tanto, dejaron sobre la mesa la distribuci&oacute;n de dos millones de euros destinados precisamente a programas de detecci&oacute;n precoz.
    </p><p class="article-text">
        Eso no es dignidad. Eso es una falta de respeto a los ciudadanos y una crueldad pol&iacute;tica que solo puede explicarse desde el c&aacute;lculo partidista. Porque cuando los datos no se comparten, cuando la informaci&oacute;n se manipula o se maquilla, la consecuencia es siempre la misma: el sistema p&uacute;blico se debilita. Y ese debilitamiento se traduce en m&aacute;s esperas, en m&aacute;s desigualdades, en una mayor dependencia de la sanidad privada. Y quiz&aacute; aqu&iacute; est&eacute; la clave de todo. Cuando no hay transparencia, cuando no hay control, crece el negocio de unos pocos. Y esa opacidad no es casual, es el terreno donde germina el inter&eacute;s privado en el que tan a gusto se mueve el PP.
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; si en G&eacute;nova son conscientes del da&ntilde;o que hacen con estas decisiones. Pero s&iacute; s&eacute; que aqu&iacute;, en La Rioja, hay muchas personas que ya no conf&iacute;an. Que ven c&oacute;mo su Gobierno maquilla cifras, externaliza servicios y esconde datos. Que sienten que la transparencia se ha convertido en una palabra vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero la transparencia no es un lujo, es una obligaci&oacute;n democr&aacute;tica. Y negarla, adem&aacute;s de injusto, es indecente. Porque no se puede tapar con ruedas de prensa el miedo o la angustia de quien teme que su diagn&oacute;stico se haya retrasado. No se puede esconder detr&aacute;s de un titular la desconfianza de quien siente que su salud depende del calendario pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El c&aacute;ncer no espera. No entiende de excusas t&eacute;cnicas ni de guerras internas. Mientras los responsables del PP se dedican a proteger su imagen, hay personas que no pueden permitirse el lujo de esperar a que la verdad llegue en diferido mientras llega una cita, una llamada, un resultado. Y esa espera -que para quien no la vive puede parecer una an&eacute;cdota burocr&aacute;tica- es, para muchos, una angustia que se mide en d&iacute;as, en semanas, en noches sin dormir.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hoy quiero insistir en que esto no va de ideolog&iacute;as. Va de decir la verdad. De defender el derecho de los ciudadanos a saber qu&eacute; est&aacute; pasando. De entender que en pol&iacute;tica sanitaria no se puede jugar con la confianza ni con la esperanza de la gente.
    </p><p class="article-text">
        La caradura -Sra. consejera de Sanidad-, por m&aacute;s que se adorne con discursos falsos, con sonrisas fingidas o con una ensayada dignidad, no cura. Solo la verdad ayuda. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/caradura-no-cura_129_12723510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Oct 2025 09:09:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La caradura no cura]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Listas de espera,Cáncer,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mentir no es ilegal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mentir-no-ilegal_129_12691934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Este parece ser el nuevo eslogan del Partido Popular.&nbsp;Ante el reconocimiento en sede judicial, por parte del principal <em>alter ego</em> de &ldquo;la se&ntilde;orita pim, pam, pum&rdquo; y a la saz&oacute;n novia, pareja o c&oacute;mplice -vaya usted a saber-, del defraudador confeso Alberto Quir&oacute;n, de que&nbsp;como tiene &ldquo;el pelo blanco&rdquo; minti&oacute; y fabul&oacute; para facilitar que sus socios de manos limpias pudieran denunciar al Fiscal General del Estado acus&aacute;ndole de un delito que determinados jueces, -claramente independientes-, aprovecharon para iniciar el correspondiente proceso judicial, al PP no se le ha ocurrido otra cosa que decir que, mientras no sea ilegal, van a seguir mintiendo con total impunidad como lo vienen haciendo desde antes incluso de su fundaci&oacute;n como partido.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que cuesta digerirlo. No tanto por la torpeza de la excusa -que roza lo grotesco- sino porque retrata a la perfecci&oacute;n la manera en que el PP entiende la pol&iacute;tica: sin &eacute;tica, sin l&iacute;mites y sin un m&iacute;nimo respeto por la verdad. Lo preocupante no es solo lo que dijo Rodr&iacute;guez, sino lo que ha respondido su partido asegurando que, como mentir no es delito (algo m&aacute;s que cuestionable cuando se declara como testigo en un juzgado), pueden hacerlo con total impunidad.&nbsp;Y as&iacute;, con una frase de barra de bar, han reducido la pol&iacute;tica a una farsa y la &eacute;tica p&uacute;blica a una broma.
    </p><p class="article-text">
        No hace mucho publiqu&eacute; en este mismo medio un art&iacute;culo titulado &ldquo;La &eacute;tica, un accesorio inc&oacute;modo&rdquo;, en el que denunciaba que, con el cambio de gobierno en La Rioja, la &eacute;tica pas&oacute; de ser una norma obligatoria, a convertirse en un complemento de temporada que al PP le resultaba muy inc&oacute;modo para el d&iacute;a a d&iacute;a. El argumento oficial que los dirigentes del PP utilizaron entonces para eludir el cumplimiento de ese C&oacute;digo &Eacute;tico fue tan antol&oacute;gico como el que han utilizado ahora: &ldquo;como no tiene fuerza de ley, no estamos obligados a cumplirlo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que resulta evidente que lo de Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez no es un caso aislado, es la norma de comportamiento de los dirigentes del PP en toda Espa&ntilde;a. Es el s&iacute;ntoma de la repugnante enfermedad moral que corroe al Partido Popular desde hace a&ntilde;os. Lo vemos a diario en La Rioja cuando el PP desprecia, incumple y ridiculiza ese C&oacute;digo &Eacute;tico que se aprob&oacute; para garantizar la transparencia y la rendici&oacute;n de cuentas que incumple cuando se niega a responder con claridad a las preguntas de la oposici&oacute;n, o cuando oculta datos b&aacute;sicos a la ciudadan&iacute;a o cuando manipula la informaci&oacute;n para tapar su propia ineficacia.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el problema no es solo que mientan; es que ya ni siquiera hacen el esfuerzo de disimular. En La Rioja lo vemos a diario con la sanidad p&uacute;blica. La consejera de Salud y el propio presidente han convertido la informaci&oacute;n sanitaria en un acto de propaganda. Nos prometen transparencia en las listas de espera y luego esconden los datos reales durante meses. Dicen que todo va mejor, pero los profesionales se desbordan, los quir&oacute;fanos se cierran por falta de personal y los pacientes esperan m&aacute;s que nunca. Ejercen las competencias sanitarias (incluidas las de la organizaci&oacute;n y contrataci&oacute;n de personal), desde hace d&eacute;cadas, pero responsabilizan al Estado de la falta de m&eacute;dicos.&nbsp;En el Hospital de Calahorra, por ejemplo, manipulan las cifras de ocupaci&oacute;n para justificar recortes y transferencias de servicios. Y cuando se les piden explicaciones, responden con frases vac&iacute;as o directamente con mentiras como qued&oacute; demostrado con grabaciones p&uacute;blicas de los gestores del SERIS.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, hay algo profundamente ofensivo en su manera de tomarnos por ingenuos. Nos dicen que las camas que ellos mismos han dejado vac&iacute;as &ldquo;no hacen falta&rdquo;. Que los recortes son &ldquo;reorganizaciones&rdquo;&hellip; Todo suena a mentira cuidadosamente envuelta en tecnicismos, pero mentira, al fin y al cabo. Y lo m&aacute;s triste es que lo dicen con una sonrisa, convencidos de que no pasa nada, porque, total, <em>mentir no es ilegal</em>.
    </p><p class="article-text">
        No lo es, claro. Mentir no lleva a la c&aacute;rcel. Pero hay algo mucho m&aacute;s grave que eso: mentir degrada la confianza, pudre el debate p&uacute;blico y convierte la pol&iacute;tica en un lodazal. Si uno no puede creer lo que dice un responsable p&uacute;blico, si cada palabra puede ser una trampa o un bulo, &iquest;qu&eacute; sentido tiene entonces la rendici&oacute;n de cuentas, el control parlamentario o la transparencia? La mentira no es ilegal, pero es inmoral. Y cuando la inmoralidad se institucionaliza, lo que se corrompe no es solo un partido, sino la democracia misma.
    </p><p class="article-text">
        A veces pienso que el PP ha hecho del cinismo su principal herramienta de gobierno. En lugar de rendir cuentas, se burlan. En lugar de explicar, atacan. En lugar de asumir responsabilidades, buscan culpables. Lo vimos cuando Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez alarde&oacute; de su &ldquo;intuici&oacute;n&rdquo; como si fuera una virtud, y lo vemos cada semana en La Rioja, cuando los responsables de la sanidad p&uacute;blica niegan lo evidente: que los pacientes esperan m&aacute;s, que los profesionales est&aacute;n agotados y que el sistema p&uacute;blico se sostiene solo por la vocaci&oacute;n de los profesionales que a&uacute;n creen en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        No, mentir no es ilegal. Pero deber&iacute;a ser incompatible con la decencia. Y deber&iacute;a tener consecuencias pol&iacute;ticas. Porque si todo se reduce a una cuesti&oacute;n de legalidad, si la &eacute;tica ya no cuenta, entonces lo que tenemos no es un gobierno sino una farsa con presupuesto p&uacute;blico. Y mientras el Partido Popular siga convencido de que su mentira es solo &ldquo;otra versi&oacute;n de la verdad&rdquo;, este pa&iacute;s y esta regi&oacute;n seguir&aacute;n retrocediendo hacia una pol&iacute;tica sin alma, sin honor y sin verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, aunque no sea ilegal, es inaceptable. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mentir-no-ilegal_129_12691934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Oct 2025 15:19:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mentir no es ilegal]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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