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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sol Genafo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sol-genafo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sol Genafo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El lenguaje, potenciador de sabores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lenguaje-potenciador-sabores_1_12036158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9456bba-a892-4aef-9385-6f887e9bf0cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El lenguaje, potenciador de sabores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay cartas de restaurante que en realidad son cartas de amor  y seducción. Ese camino hacia el hedonismo de los sabores lo abren las palabras que los envuelven</p><p class="subtitle">Archiletras - ‘Inquiokupa’, palabro injusto y mentiroso
</p></div><p class="article-text">
        Un peque&ntilde;o empresario franc&eacute;s del Siglo de las Luces, de apellido Boulanger, abri&oacute; en Par&iacute;s una casa de comidas. En el frente puso un cartel en lat&iacute;n vulgar en el que se pod&iacute;a leer: <em>Venis ad me omnes qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos</em> (Venid a m&iacute; los que ten&eacute;is el est&oacute;mago vac&iacute;o que yo os lo restaurar&eacute;).
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca, como nos cuenta Ricardo Soca, no hab&iacute;a casas de este tipo, solo exist&iacute;an las tabernas, pero en ellas se serv&iacute;a apenas vino y otras bebidas y, a veces, alg&uacute;n picadillo. El &eacute;xito de la casa de Boulanger no fue inmediato, pero cuando ocurri&oacute; &mdash;veinticuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, tras el estallido de la Revoluci&oacute;n francesa&mdash; tuvo tanto &eacute;xito que los establecimientos como el suyo, llamados primero <em>restaurat </em>y m&aacute;s tarde <em>restaurant</em>, se multiplicaron r&aacute;pidamente por todo Par&iacute;s y pronto aparecieron en otras capitales europeas. Uno de los primeros clientes de Boulanger fue el enciclopedista Diderot, quien elogiaba mucho sus platos.
    </p><p class="article-text">
        De entonces a aqu&iacute;, ha evolucionado mucho el concepto de ir a un restaurante. Tanto que, para los que se consideran <em>gourmets </em>o amantes de la buena mesa, ya no es ir &ldquo;a comer&rdquo;, sino que se trata de tener una &ldquo;experiencia culinaria&rdquo;. Y como toda experiencia que se precie, no es tal si no es introducida con palabras que la vistan y la ayuden en su b&uacute;squeda de la excelencia, con presentaciones innovadoras nombradas con una combinaci&oacute;n ins&oacute;lita de palabras.
    </p><p class="article-text">
        Los men&uacute;s degustaci&oacute;n suelen venir acompa&ntilde;ados de una explicaci&oacute;n por parte del chef, quien se acerca a tu mesa con cada plato nuevo y recurre a palabras que, m&aacute;s que explicar, completan esa experiencia con sugerentes t&eacute;rminos que rara vez se han o&iacute;do en ese contexto, mezclando tanto los campos sem&aacute;nticos como lo dulce y lo salado, lo aparentemente no combinable&hellip; y buscando, a menudo, sorprender.
    </p><p class="article-text">
        Esta experiencia tiene algo de dejarse llevar, instalarse en un plano m&aacute;s imaginativo que literal, m&aacute;s po&eacute;tico que narrativo, donde algunas palabras tienen el hermetismo del poeta que aquilata bien cada t&eacute;rmino, y nosotros, sin saber exactamente qu&eacute; hemos pedido, nos lanzamos a la aventura de lo que nos vayan a traer. Ser&iacute;a un <em>laissez faire, laissez passer</em>. Este es el caso de los divertidos viajes gastron&oacute;micos por el mundo, recreando incre&iacute;bles trampantojos, en los que se busca jugar con los sentidos, la memoria y la percepci&oacute;n. As&iacute; como en la pintura uno cree ver salir a un personaje del cuadro, as&iacute; hay gastronom&iacute;a que pretende despistar visualmente al comensal, que piense que va a comer una cosa cuando, en realidad, es otra. Un decorado plato hondo que en su interior alberga una textura espumosa de color marr&oacute;n nos lleva a pensar que tomaremos un buen mousse de chocolate, pero se trata de una tambi&eacute;n exquisita crema de morcilla.
    </p><p class="article-text">
        Antes de empezar a comer, comenzamos paladeando palabras, segregando jugos, dejando volar la imaginaci&oacute;n al leer, por ejemplo, <em>Men&uacute; degustaci&oacute;n Armon&iacute;a con soul</em> &mdash;&iquest;a qui&eacute;n no le apetece algo as&iacute; en determinados momentos?&mdash;, y completando con un maridaje <em>Armon&iacute;a con rockn&rsquo;roll</em>, perfecto para bailar en pareja. Llega un punto en que todos podemos sentir ese lenguaje como potenciador de sabores, con cierto efecto embriagador apenas empezamos a disfrutarlo.
    </p><p class="article-text">
        A menudo, ese esp&iacute;ritu divergente y transgresor de la nueva cocina se refleja en un lenguaje que tambi&eacute;n deconstruye expresiones que re&uacute;nen sabores, en apariencia antit&eacute;ticos, o combinaciones que rayan en el ox&iacute;moron: <em>Filipino de foie gras con chocolate blanco y cardamomo, Cocina tradicional del siglo xxi, Bravas de langostinos, Tarta l&iacute;quida de Santiago.</em>
    </p><p class="article-text">
        Nuestra vista va dando saltitos de alegr&iacute;a de un plato a otro, leyendo una carta llena de nombres en singular, por su car&aacute;cter &uacute;nico e inigualable (o por breve y poca cantidad), sin art&iacute;culos, sucintos y exquisitos, o diminutivos que crean cercan&iacute;a: <em>Lingote de cuello de cordero, Remolacha y ajo negro, Tiradito de lubina con leche de tigre, Ostra con sopa de tomatillo verde y cilantro.</em>
    </p><p class="article-text">
        Junto con la vista, nuestros o&iacute;dos brincan con la abundancia de palabras agudas y sonoras: emulsi&oacute;n, tradici&oacute;n, creaci&oacute;n, profusi&oacute;n, sensaci&oacute;n, elaboraci&oacute;n, fusi&oacute;n. Esa cocina fusi&oacute;n que nos lleva, como quien no quiere la cosa, a la atractiva idea de unirse hasta el punto de fundirse en uno solo, teniendo, adem&aacute;s, la fortuna de degustarlo en boca. As&iacute;, la <em>Ensalada de bogavante, salpic&oacute;n y emulsi&oacute;n de coral</em> nos deslumbra con una explosi&oacute;n de color y la idea de playas paradis&iacute;acas.
    </p><p class="article-text">
        Muy importante para conseguir esa sensaci&oacute;n de bienestar es la adjetivaci&oacute;n. Un plato con salsas en <em>perfecto </em>equilibrio, o leer al comienzo que se trata de una cocina<em> honesta, aut&eacute;ntica y respetuosa</em>, o bien que nos adentramos en una cocina <em>atrevida, moderna y creativa</em>. Adjetivos que nos sit&uacute;an inmediatamente en un campo sem&aacute;ntico positivo y, por tanto, deseable. &iquest;Sibarita? Quiz&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las texturas sugerentes de la<em> Teja crujiente</em> o el <em>Gel de albaricoque</em>, en el apartado de postres. Tambi&eacute;n encontramos el l&eacute;xico del lujo y lo sensual del franc&eacute;s en casos como productos <em>Premium, Caviar de mango, Gel&eacute;e, Souffl&eacute;</em>. Tambi&eacute;n lujo en la <em>Muselina de pimientos rojos y berberechos</em>, evocando con <em>muselina </em>esa tela muy fina y transparente con tacto de seda.
    </p><p class="article-text">
        Un gran chef habl&oacute; sobre &ldquo;el lujo de comer tiempo&rdquo;, met&aacute;fora que utiliz&oacute; para expresar que su trabajo y el de su equipo es artesanal. Y esa vinculaci&oacute;n de los platos con el arte y la artesan&iacute;a la encontramos tambi&eacute;n con la literatura en &ldquo;platos que esconden historias&rdquo;, &ldquo;una aut&eacute;ntica oda al producto&rdquo; o, en un restaurante tem&aacute;tico, &ldquo;el chef ha sabido trasladar los sabores de su Colombia natal, cuna del movimiento conocido como realismo m&aacute;gico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n la sugerente idea de viajar enarbola el texto de algunas cartas. En un famoso restaurante japon&eacute;s leemos: &ldquo;maravilloso viaje al pasado de la cocina nipona para mostrar c&oacute;mo ha cambiado la manera de tratar el arroz a lo largo de la historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En otro &mdash;en este caso, tradicional&mdash; encontramos &ldquo;un viaje con destino a nuestras memorias, para recordar los sabores que nos alimentan el alma&rdquo;. Viajes, huidas&hellip; propias del Romanticismo, pues, al fin y al cabo, estas cartas tienen todo para enamorar a los gastr&oacute;nomos o aspirantes a serlo. Son, en cierto modo, cartas de amor y seducci&oacute;n, cuya principal misi&oacute;n es despertar el apetito. No en vano <em>apetito </em>viene del lat&iacute;n <em>aperire</em>, abrir. Y ese camino hacia el hedonismo de los sabores lo abren las palabras que los envuelven.
    </p><p class="article-text">
        Conf&iacute;o en que usted, exquisito lector y comensal, se haya quedado con buen sabor de boca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sol Genafo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2025 21:04:56 +0000]]></pubDate>
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