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    <title><![CDATA[elDiario.es - Balbina Martín Espínola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/balbina-martin-espinola/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Balbina Martín Espínola]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sueño carnavalesco. El grito de Polifemo (Puertito de Adeje IV)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sueno-carnavalesco-grito-polifemo-puertito-adeje-iv_132_12982472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11ae5d6c-ea5f-4635-91ca-3f8aa38f8ba2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sueño carnavalesco. El grito de Polifemo (Puertito de Adeje IV)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es opinión extendida que el nombre dota de existencia, pero quien se llama Nadie no puede ser localizado, ni acusado ni juzgado. Así ocurre con los lugares, que dejan de existir como sujetos históricos y de ser puertos, pueblos de pescadores, rincones de pesca, cuevas de escarceos amorosos; y aquellos charcos de chapoteo infantil, ajenos a los gritos maternos perseguidores con Nivea en mano, pasan a convertirse en un producto, una postal, una zona sin ecos familiares ni evocaciones entrañables, ni entroncables con una cultura propia </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Empiezan por el nombre. Nos despojan del lenguaje y con ello de la realidad que nombra. Con un solo gesto nos hurtan dos elementos identitarios, inherentes a toda cultura. &iquest;Qu&eacute; queda luego sino la herida abierta, un llanto callado desde las tripas por la p&eacute;rdida&nbsp;de lo que fuimos y de lo que renegamos, necios del olvido? Un duelo eterno por la entrega servil de los poderes institucionales y un entierro en vida de un pueblo que no mira para no ver, porque prefiere continuar en el sue&ntilde;o carnavalesco y encallecido de colonia atl&aacute;ntica samborondiana, bajo el tr&oacute;pico de C&aacute;ncer, como si nunca hubiera existido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy quiero referirme a los nombres con que se rebautizan los <em>lugares</em> de las islas porque, seg&uacute;n necias declaraciones de personajes pol&iacute;ticos habituales en los medios, &ldquo;es bueno para el turismo&rdquo;. As&iacute; que, ampar&aacute;ndose en su c&iacute;nica tesis, espacios que fueron singulares <strong>&mdash;</strong>seg&uacute;n lo atestigua su anterior toponimia conectada con la historia aborigen, colonial o con cualquier otra circunstancia referencial sociol&oacute;gica&mdash; se transforman en <em>no lugares</em>, lo que es un modo de colonialidad por medio del lenguaje, que funciona de puerto de entrada para el robo de la identidad. Renombrar es reescribir el territorio desde fuera, imponiendo una narrativa que beneficia a visitantes y no a habitantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es un fen&oacute;meno nuevo. Todos los pueblos colonizadores antiguos lo hicieron, tambi&eacute;n griegos y romanos. Pi&eacute;nsese en todas las Alejandr&iacute;as &mdash;unas 70 entre reales y legendarias&mdash; desde el Mediterr&aacute;neo a la India, por la expansi&oacute;n del macedonio Alejandro Magno, aunque la m&aacute;s conocida es la Alejandr&iacute;a egipcia. En cualquier caso, esta es una forma nada casual de marcar territorio. El conquistador llega, ve y vence (el &ldquo;veni, vidi, vici&rdquo; de Julio C&eacute;sar); en el caso nuestro, llega, rebautiza y borra identidad. Pero no hay ocupaci&oacute;n pac&iacute;fica sin colaboradores. Estas conquistas suelen empezar cuando las &eacute;lites locales entregan el nombre del lugar antes incluso de entregar la tierra. El cambio de nombre confirma la nueva soberan&iacute;a y as&iacute; el lugar deja de pertenecer a la historia local. El lugar se transforma en un logo.
    </p><p class="article-text">
        Sirvan como ejemplos algunos del sur de la isla de Tenerife, pero son much&iacute;simos en las islas, cientos posiblemente.
    </p><p class="article-text">
        El nombre de <strong>El Puertito&nbsp;de Adeje </strong>se pretende sustituir por otro, ir&oacute;nico e insultante. La urbanizaci&oacute;n, que est&aacute; destruyendo con sus excavaciones y extracciones un <em>lugar</em> singular&iacute;simo por su enorme riqueza patrimonial, est&aacute;,<strong> </strong>desde su nacimiento,<strong> </strong>plagada de aparentes irregularidades y supuestas ilegalidades, denunciados a trav&eacute;s de los medios, por Tagoror Permanente, la asociaci&oacute;n Puertito Libre, Imastanem, Salvar el Puertito y hasta por Greenpeace y&nbsp;por la propia Fiscal&iacute;a Provincial. Pese a todo esto, ya mucha gente le ha comprado, sin darse cuenta, el nombre de Cuna del alma, incluso quienes luchan por la defensa del territorio y del patrimonio, porque los padrinos del nuevo bautizo tienen mucho dinero, y al final cala el relato del poder en todos los cerebros.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro caso es el <em>lugar</em> llamado <strong>El Guincho</strong>, en la costa de San Miguel de Abona, por cuyo nombre ya nadie lo conoce, sino por el nombre de las urbanizaciones de chalets y hoteles, que ocuparon la zona, Golf del Sur y Amarilla Golf,&nbsp;hace ya d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en Playa de las Am&eacute;ricas, junto a las antiguas salinas, hoy&nbsp;desaparecidas en pro del turismo, hay una roca llamada <strong>El Guincho</strong>, que dio nombre al espacio, al que el propio ayuntamiento le ha colocado un indigno cartel con el nombre de&nbsp;El Dedo, como reclamo para surfistas &mdash;que as&iacute; suelen llamarlo&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Guincho es un &aacute;guila pescadora. Tiene mucho sentido el top&oacute;nimo que nombraba ambos espacios de la costa sure&ntilde;a, en las que unas rocas sobresalientes sirven de atalaya para estas aves, desde donde pueden avizorar a sus presas incautas y felices bajo la superficie marina. Al desaparecer el top&oacute;nimo que atestiguaba el <em>lugar</em> como &uacute;nico, el patrimonio ling&uuml;&iacute;stico, s&iacute;mbolo identitario del pueblo, pasa a ser la presa incauta; las aves depredadoras son ahora las constructoras y sus conniventes y facilitadores &mdash;inversores aut&oacute;ctonos o for&aacute;neos y organismos gubernamentales&mdash;. Y lo que era un &lsquo;lugar&rsquo; se convierte en escena, como explica, contextualizando, el antrop&oacute;logo &mdash;oriundo del sur&mdash; y profesor de la ULL, Ram&oacute;n Hern&aacute;ndez, en el art&iacute;culo citado a pie de p&aacute;gina.
    </p><p class="article-text">
        Otro caso bochornoso es el de una punta en Las Galletas, junto a la Playa de La Ballena, antiguamente conocida por <strong>El Cagado</strong>, seg&uacute;n testimonio de antiguos pescadores. As&iacute; consta adem&aacute;s en los mapas de <a href="http://www.grafcan.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Grafcan</a>, la empresa cartogr&aacute;fica del Gobierno de Canarias. Al parecer, el nombre fue cambiado por el rico propietario de los terrenos aleda&ntilde;os, asociado con una empresa belga &mdash;para construir una ciudad tur&iacute;stica. El top&oacute;nimo antiguo no debi&oacute; de parecerles muy comercial. Hoy conocido por Ten Bel (Tenerife/B&eacute;lgica) o Costa del Silencio, otro nombre que apunta ir&oacute;nicamente contra la dignidad de un pueblo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No es acaso El Cagado un hermoso top&oacute;nimo que evoca en nuestras mentes situaciones divertidas y escatol&oacute;gicas en las que podemos imaginar personas en cuclillas escondidas, algunas, tras una tabaiba, otras, entre aulagas o tras una roca guincho? &iquest;No las vemos, incluso, corriendo tierra adentro, apresuradas por un repentino chingo &mdash;qui&eacute;n sabe si por comerse un higo chumbo soleado&mdash;&nbsp;y, sin que les d&eacute; tiempo de alcanzar refugio discreto, nos plantan en la mirada su trasero &mdash;porque somos unos <em>jocicudos</em> mirones? &iquest;D&oacute;nde hallar&aacute; ahora amparo la memoria colectiva? Por medio de los nombres la memoria nos conduce por una escenograf&iacute;a que completa nuestro acervo de im&aacute;genes. Se trata de las im&aacute;genes que se convierten en <em>verdaderas</em> historias de <em>lugares</em> con <em>verdad</em>, como lo era El Cagado.
    </p><p class="article-text">
        Me ha venido a la mente el mito de Polifemo, pero advierto de que el mito me sirve m&aacute;s que nada para reflexionar sobre el vaciado del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        En <em>La Odisea</em> se nos canta que Ulises, gracias a su astuta estratagema, se salva del c&iacute;clope. Cuando al llegar este le hab&iacute;a preguntado por su nombre, aquel le respond&iacute;a &ldquo;Nadie&rdquo;. Unos versos m&aacute;s adelante, despu&eacute;s de que Ulises le hubiera clavado la estaca en el &uacute;nico ojo que ten&iacute;a, Polifemo pide ayuda a sus compa&ntilde;eros que le preguntan qui&eacute;n lo hab&iacute;a atacado, a lo que &eacute;l respond&iacute;a &ldquo;Nadie&rdquo;. Por tanto, nadie acude a socorrerlo. Es el resultado del lenguaje vaciado con intenci&oacute;n burlesca.
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje, vaciado de referencia, convierte la violencia en algo invisible e imposible de socorrer. Si esto lo llevamos al fen&oacute;meno de la turistificaci&oacute;n, vemos algo semejante. Cuando el <em>lugar</em> pierde el nombre que condensaba historia, memoria, usos&hellip;, y se le da un nombre comercial o en ingl&eacute;s, comienza para &eacute;l una odisea a la inversa y perversa, porque este deja de decirse a s&iacute; mismo en un viaje inici&aacute;tico hacia el abismo cultural.
    </p><p class="article-text">
        Es opini&oacute;n extendida que el nombre dota de existencia, pero quien se llama <em>Nadie</em> no puede ser localizado, ni acusado ni juzgado. As&iacute; ocurre con los <em>lugares</em>, que dejan de existir como sujetos hist&oacute;ricos y de ser puertos, pueblos de pescadores, rincones de pesca, cuevas de escarceos amorosos; y aquellos charcos de chapoteo infantil, ajenos a los gritos maternos perseguidores con <em>Nivea</em> en mano, pasan a convertirse en un producto, una postal, una <em>zona</em> sin ecos familiares ni evocaciones entra&ntilde;ables, ni entroncables con una cultura propia.
    </p><p class="article-text">
        Ya puesta a encontrar ecos en el mito, de la violencia sufrida por Polifemo tampoco hay responsable, al no pod&eacute;rsele nombrar. De igual modo, en la p&eacute;rdida de la memoria de un pueblo no hay un culpable claro. <em>Nadie</em> es el mercado, la marca Canarias, la demanda tur&iacute;stica&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ulises, h&eacute;roe civilizado, viajero y astuto, es el que se desprende de su nombre para ganar. Cambiar los nombres de los <em>lugares</em> porque &ldquo;es bueno para el turismo&rdquo; es tambi&eacute;n un gesto de poder, pero este es un gesto de poder colonial que conlleva quedarse para imponerse. Ulises en cambio se va. En esta odisea inversa no se pierde el h&eacute;roe, sino el <em>lugar</em> que, al perder su nombre, se convierte en <em>Nadie</em>. Si nadie sufre, natural que nadie responda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, Polifemo grita de dolor. Los barrios, playas, costas, el Puertito de Adeje, el vecindario, el Tagoror Permanente, el Frente Com&uacute;n de Canarias, cantantes, poetas, activistas y ciudadan&iacute;a, tambi&eacute;n gritan &mdash;manifestaciones, ruedas de prensa, publicaciones, redes...&mdash;, pero el grito es la antesala del juicio. Si culpables y responsables no lo han o&iacute;do, cuando a&uacute;n era aire herido, lo escuchar&aacute;n en la palabra urgente del silencio como &uacute;ltima cortes&iacute;a, escrito en expedientes, firmado por jueces y sellado por la ley. La justicia es lenta, pero confiamos en que no sea sorda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por todo lo anterior, propongo a quienes lean este art&iacute;culo arrancarnos la m&aacute;scara de todos esos nombres, que nos des(hist)orientan, y recuperar los aut&eacute;nticos, pero quiz&aacute; esto sea<em> &ldquo;...una provocaci&oacute;n a la quietud y a la conformidad de un pueblo acostrumbrado a permanecer callado&hellip;&raquo;.&nbsp;</em>Por la misma raz&oacute;n les invito a leer el libro completo de este autor que cito, Ignacio Gaspar &mdash;a mi juicio, tan local como universal&mdash; , y subirnos al carro de su on&iacute;rica odisea hasta llegar al baile de la <em>Hoya de los Tapados.</em>
    </p><p class="article-text">
        1.<em> Del lugar a la escena</em>. Ram&oacute;n Hern&aacute;ndez Armas. Antrop&oacute;logo. Museo de Antropolog&iacute;a de Tenerife. Revista El Pajar, n.&ordm; 15, 20003
    </p><p class="article-text">
        2.&nbsp;Cita de <em>Baile de Tapados </em>(p&aacute;g. 70). Ignacio Gaspar. Baile del Sol Ediciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sueno-carnavalesco-grito-polifemo-puertito-adeje-iv_132_12982472.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 14:16:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sueño carnavalesco. El grito de Polifemo (Puertito de Adeje IV)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cansada de frases vacías, llenas de ideología. O la pertenencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cansada-frases-vacias-llenas-ideologia-pertenencia_132_13092156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá la felicidad sea la posibilidad de vivir en un mundo donde no sea necesario desobedecer para ser digna, pero, mientras ese mundo no exista, tal vez convenga desconfiar de los aforismos que nos piden calma, cuando lo que se necesita, a veces, es coraje      </p></div><p class="article-text">
        &laquo;Ant&iacute;gona no reformul&oacute; su narrativa interna: enterr&oacute; a su hermano. Prometeo no medit&oacute; para aceptar la oscuridad: rob&oacute; el fuego. H&eacute;ctor no busc&oacute; equilibrio emocional: defendi&oacute; su ciudad. La felicidad, antes de ser un estado de &aacute;nimo, fue una cuesti&oacute;n de mundo compartido. A m&iacute; me gusta llamarlo<em> pertenencia&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Los mitos nos ense&ntilde;an que la felicidad requiere condiciones &mdash;a menudo colectivas&mdash; que la hagan posible, no solo trabajo personal. Tambi&eacute;n desde la filosof&iacute;a antigua, comenzando por Plat&oacute;n, se relaciona la felicidad propia con la justicia com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cansada</strong> de frases oportunistas y aforismos sabios, pero descontextualizados, en todos los medios, del tipo &ldquo;ser feliz es una responsabilidad personal&rdquo;,&nbsp;&ldquo;todo tiene un prop&oacute;sito&rdquo;, &ldquo;todo est&aacute; en tu actitud&rdquo;...
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cansada</strong> de las p&aacute;ginas&nbsp;de gur&uacute;s y especialistas que esp&iacute;an en las redes y&nbsp;entran&nbsp;sin obst&aacute;culos en los espacios privados, porque saben exactamente cu&aacute;ndo la vulnerabilidad est&aacute; en horas bajas. Son los pretendidos peritos en&nbsp;inteligencia emocional y t&eacute;cnicas de relajaci&oacute;n, que, incluso desde dentro de las empresas, aleccionan al personal laboral sobre la importancia del autodominio, la resiliencia y la superaci&oacute;n personal, mediante cursos de formaci&oacute;n y charlas. Todo ello est&aacute; encaminado a aumentar la productividad y disminuir las bajas laborales, con el fin de elevar los beneficios econ&oacute;micos empresariales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cansada</strong> de que se nos hable de empat&iacute;a desde ciertos &aacute;mbitos institucionales, como en la reciente jornada del D&iacute;a de la Mujer en el Parlamento canario, en la que luci&oacute; el lomo de una hipocres&iacute;a institucionalizada, que utiliza las tribunas, con la narrativa de que la empat&iacute;a y los cuidados forman parte de la fisiolog&iacute;a femenina. Pero cuando una trabajadora, Melus M&eacute;ndez &mdash;comprometida con lo humano y ecosocial&mdash;, desde el p&uacute;blico habl&oacute; para afearles &ldquo;la romantizaci&oacute;n de la imagen de la mujer&rdquo; en un recinto p&uacute;blico, lo que recibi&oacute; de la presentadora y de pol&iacute;ticas, sentadas en primera fila, se resume en una nueva l&iacute;nea discursiva condescendiente y paternalista, henchida de forzada empat&iacute;a. Intentaron invalidar la emotiva intervenci&oacute;n de Melus, reinterpretando sus palabras, que fueron contundentes y no necesitaban reinterpretaci&oacute;n, sino un aplauso, como el que recibi&oacute; de sus compa&ntilde;eras; y despu&eacute;s de este, en todo caso, hubiera merecido el respeto de una reflexi&oacute;n genuina en voz alta. Por cierto, esta intervenci&oacute;n tuvo miles de reproducciones en las redes sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin, cansada de la actitud de aquellas personas que, no estando dispuestas a repasar los propios privilegios, sostienen discursos medi&aacute;ticos sospechosamente emp&aacute;ticos, como el referido en el Parlamento, donde se afirm&oacute; que &ldquo;hay que cuidar a las que cuidan porque son el motor de la econom&iacute;a canaria&rdquo;, lo que, bien administrada y en las dosis adecuadas, no deja de ser una sibilina f&oacute;rmula de la pol&iacute;tica regional para que las mujeres acepten el rol de los cuidados, al tiempo que se sientan orgullosas de ello, pese a condiciones y sueldos miserables.
    </p><p class="article-text">
        Me atrevo a decir que muchos de estos aforismos son un gran logro de la l&oacute;gica laboral del neoliberalismo, para el que&nbsp;dichos apotegmas trabajan <em>sin cansancio</em> y republicamos sin reparar en su alcance.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se afirma que la felicidad es cuesti&oacute;n de trabajo personal, se est&aacute;n invisibilizando de alg&uacute;n modo las condiciones materiales y patologizando el malestar social. Si la persona aparece como &uacute;nica responsable de su &eacute;xito o fracaso, se diluye la responsabilidad colectiva, empresarial e institucional. En la intervenci&oacute;n en el parlamento Melus M&eacute;ndez dijo &ldquo;&iquest;Saben qu&eacute; son las camareras de piso? &iexcl;Dolor!&rdquo; &mdash;mientras le sal&iacute;an, desgarradoras, desde la misma boca del est&oacute;mago, los cinco sonidos de aquella palabra, que logr&oacute; juntar y que reverber&oacute; en la sala como el llanto de un beb&eacute; reci&eacute;n parido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque era tambi&eacute;n el lamento tard&iacute;o de las miles de mujeres&nbsp;que, en un gordo y ping&uuml;e embarazo de casi ocho d&eacute;cadas de turismo, aquel d&iacute;a por fin se le daba a luz. Sin duda no ser&iacute;a lo mismo hablar de &ldquo;trabajo personal&rdquo; desde una posici&oacute;n de privilegio, sentada en primera fila, con un sueldo medio anual de unos 58.490 euros m&aacute;s dietas, que desde contextos de precariedad estructural, con un sueldo cuatro veces inferior y sin dietas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No creo &mdash;aunque me gustar&iacute;a&mdash; que la felicidad sea solo una cuesti&oacute;n interna, de lo contrario, las hist&oacute;ricas luchas por derechos laborales no hubieran mejorado la calidad de vida, ni el sufragio femenino hubiera transformado la autonom&iacute;a vital de millones de mujeres, ni la educaci&oacute;n y sanidad p&uacute;blicas tendr&iacute;an una correlaci&oacute;n directa con el estado de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Gracias al movimiento feminista, y a la obra de Simone de Beauvoir, entre otras de antes y despu&eacute;s, hemos sabido que muchas patolog&iacute;as de las mujeres no eran de g&eacute;nesis individual, sino derivadas de las&nbsp;estructuras de dominaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero vamos a la trampa moral en la que se nos hace caer. Cuando se afirma, sin matices, que &ldquo;la felicidad depende de ti&rdquo;, es un empuj&oacute;n al pozo de la culpa: si eres feliz es m&eacute;rito propio/si no lo eres es fallo personal. Un discurso reaccionario que puede despolitizar el sufrimiento, toda vez que la tristeza o la ansiedad dejan de interpretarse como posibles respuestas comprensibles a situaciones injustas, y pasan a verse como defectos de car&aacute;cter o falta de madurez emocional. Quiz&aacute; la postura m&aacute;s s&oacute;lida no sea negar&nbsp;la importancia del trabajo personal, sino situarlo en relaci&oacute;n con lo social. S&iacute;, existe un margen de agencia individual. Pero ese margen est&aacute; condicionado por estructuras econ&oacute;micas, culturales y de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los mitos cl&aacute;sicos, que, como sabemos, surgen de las ra&iacute;ces profundas del &aacute;rbol social de la comunidad que los articula para entenderse, encontramos muchos testimonios.
    </p><p class="article-text">
        Prometeo, por ejemplo, representa el sufrimiento por el bien com&uacute;n de la humanidad cuando roba el fuego a Zeus para entreg&aacute;rselo a esta, a sabiendas de que ser&aacute; castigado con terribles padeceres. No act&uacute;a buscando su felicidad personal, sino el progreso colectivo. Si la felicidad fuera solo responsabilidad individual, &iquest;habr&iacute;a sido su figura simb&oacute;lica el bronce bru&ntilde;ido en el que desear&iacute;amos mirarnos? Es un h&eacute;roe civilizatorio que encarna la idea de que el estado de bienestar es fruto de actos colectivos. Por tanto, el progreso implica conflicto con el poder. El fuego no es una actitud mental: es tecnolog&iacute;a, cultura, posibilidad material, techo, calor, hogar.
    </p><p class="article-text">
        Ant&iacute;gona representa la conciencia moral contra el orden establecido. Cuando desobedece la ley de Creonte para enterrar a su hermano, no lo hace por autorrealizaci&oacute;n, sino por lealtad a una ley superior. Su acto demuestra que el malestar contra las tiran&iacute;as no se resuelve gestionando emociones, sino enfrentando una injusticia estructural. La &eacute;tica no se agota en la autorregulaci&oacute;n emocional. Ella busca ser justa y su sentido de la justicia encontrar&aacute; un eco profundo en la posterior <em>eudaimon&iacute;a</em>&nbsp;(<em>&epsilon;&#8016;&delta;&alpha;&iota;&mu;&omicron;&nu;&#943;&alpha; </em>de Plat&oacute;n), concepto que refiere la felicidad verdadera, un principio c&oacute;smico y moral, inseparable de la pertenencia a la comunidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el estoicismo, lejos de la versi&oacute;n superficial contempor&aacute;nea m&aacute;s medi&aacute;tica, es m&aacute;s complejo y ense&ntilde;a a aceptar lo que no se puede cambiar, conforme a la virtud. Y la virtud incluye justicia, compromiso con la comunidad y deber pol&iacute;tico. Marco Aurelio&nbsp;recuerda constantemente (<em>memento mori</em>) que es parte de una comunidad humana. El trabajo interior no es ning&uacute;n problema, lo es su desvinculaci&oacute;n del mundo com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Espartaco tensiona la idea del bienestar como un asunto interior. Es un esclavo que lidera una rebeli&oacute;n contra Roma (la llamada Tercera Guerra Servil) con un gesto no introspectivo, sino insurgente. Si aplic&aacute;ramos el aforismo contempor&aacute;neo &ldquo;la felicidad depende de tu actitud&rdquo;, la recomendaci&oacute;n impl&iacute;cita es &ldquo;acepta tu condici&oacute;n. Trabaja tu resiliencia. Encuentra sentido dentro del l&iacute;mite&rdquo;. Pero Espartaco convierte el malestar en acci&oacute;n colectiva porque &eacute;l no busca serenidad en la esclavitud, sino abolirla.
    </p><p class="article-text">
        Si en los a&ntilde;os 50 se hubiera impuesto el discurso actual de la autoayuda, el mensaje habr&iacute;a sido &ldquo;mujer, ajusta tus expectativas. Practica gratitud. Reinterpreta tu rol&rdquo;. Pero el feminismo hizo lo contrario: desobedeci&oacute;, nombr&oacute; la opresi&oacute;n, politiz&oacute; la experiencia, transformando leyes e instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el malestar tiene ra&iacute;ces estructurales, convertirlo en un problema de actitud es una forma de neutralizaci&oacute;n pol&iacute;tica.&nbsp;La consigna impl&iacute;cita es &ldquo;si no puedes con todo, no est&aacute;s gestion&aacute;ndote bien&rdquo;. Pero cuando a&uacute;n la carga mental, la brecha salarial, la violencia simb&oacute;lica o la desigualdad en los cuidados no son fallos individuales sino estructuras persistentes, se alza en el parlamento canario una voz referente entre el p&uacute;blico, que deja, no claro, &iexcl;clarinete! c&oacute;mo la pol&iacute;tica olvida su dimensi&oacute;n &eacute;tica comunitaria y feminista, y lo hace al grito de &ldquo;&iexcl;qu&eacute; genes! &iexcl;Qu&eacute; genes! &iexcl;Estoy <strong>cansada </strong>de los genes!&rdquo; (Melus M&eacute;ndez).
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la felicidad sea la posibilidad de vivir en un mundo donde no sea necesario desobedecer para ser digna, pero, mientras ese mundo no exista, tal vez convenga desconfiar de los aforismos que nos piden calma, cuando lo que se necesita, a veces, es coraje.
    </p><p class="article-text">
        En el escenario donde estoicos cultivan su jard&iacute;n interior y Espartacos rompen cadenas, emergen otras muchas, como tambi&eacute;n Lis&iacute;strata, que sorprendi&oacute; con que lo &iacute;ntimo pod&iacute;a ser arma colectiva, o como Medea, que nos susurrar&iacute;a que el dolor negado termina incendi&aacute;ndolo todo. Quiz&aacute;s todas, legendarias, hist&oacute;ricas del feminismo y contempor&aacute;neas, y la voz de cabello blanco alzada entre el p&uacute;blico del Parlamento, a&ntilde;adan otra dimensi&oacute;n: la del cuerpo sitiado, la del conflicto encarnado, la del l&iacute;mite a la obediencia, convencidas de que alg&uacute;n d&iacute;a podr&aacute;n hacer juguetes a la justicia social y al amor &ldquo;con las viejas argollas/ de las cadenas de la tierra<em>&rdquo;. 1</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>1.  Del poema Rebeli&oacute;n, de la escritora canaria Mercedes Pinto.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cansada-frases-vacias-llenas-ideologia-pertenencia_132_13092156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:37:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cansada de frases vacías, llenas de ideología. O la pertenencia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi boca no es neutral. ‘Despreserización’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/boca-no-neutral-despreserizacion_132_12915449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf580e98-925e-4b97-84b4-79b11e733ff8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi boca no es neutral. ‘Despreserización’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al recordar la palabra pronunciada en la penumbra del pub, me di cuenta de que nombrar no es transformar, ni nombrar es siempre dotar de existencia (“lo que no se nombra no existe”), me pareció que más bien es dotar de inexistencia, vaciar, insustanciar
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Algunas palabras no me entran en la boca. Su peso, su historia y su uso me obligan a escoger: callar con conciencia o pronunciar con complicidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay una palabra que me cuesta decir. No porque sea fea, sino porque cada vez que la escucho siento que algo se endurece en el aire, como si una persona quedara&nbsp;m&aacute;s peque&ntilde;a de s&uacute;bito. No pienso en el acto que nombra, ni en la moral que lo envuelve. Pienso en el modo en que la palabra cae a plomo, con todo su peso, sobre un cuerpo y lo deja ah&iacute;, inm&oacute;vil, desmadejado, derramado, ajado, sin dignidad, sin historia.
    </p><p class="article-text">
        Es una palabra que se anuda en la garganta y cada vez que la escucho siento un pellizco. Lo que no consegu&iacute;a&nbsp;es entender, con claridad meridiana, por qu&eacute; experimentaba esa incomodidad, en especial cuando la escuchaba a varones de ciertos &aacute;mbitos,&nbsp;a los que &mdash;al menos yo&mdash; les supongo una sensibilidad m&aacute;s cercana. Fue hace un par de d&iacute;as que la o&iacute; de nuevo en un recital po&eacute;tico&nbsp;y volv&iacute; a sufrir el pellizco, f&iacute;sico. Al regresar de madrugada y encender la luz de la habitaci&oacute;n sent&iacute; algo que no proces&eacute;, no verbalic&eacute;. A las cinco de la ma&ntilde;ana me despert&eacute; y le di de nuevo al interruptor y escrib&iacute;. Debi&oacute; de ser el runruneo duermevela en que me qued&eacute; al llegar a la cama, que por fin mi entendimiento mordi&oacute; algo de luz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hago un inciso &mdash;creo oportuno&mdash; con el mito fundacional de Roma. En el relato R&oacute;mulo y Remo son amamantados por una <em>lupa</em> (loba). El t&eacute;rmino suele traducirse como &ldquo;loba&rdquo;, pero ya, en el lat&iacute;n arcaico, <em>lupa</em> designaba tambi&eacute;n a la prostituta, y &ldquo;lupanar&rdquo; al lugar donde ejerc&iacute;a. Tito Livio recoge esta ambig&uuml;edad al mencionar a Aca Larentia, compa&ntilde;era de F&aacute;ustulo, que cri&oacute; a los gemelos, de la que afirma era una meretriz (de merere, &ldquo;ganar&rdquo;). Yo no creo que esa ambig&uuml;edad sea inocente. La trama ling&uuml;&iacute;stica es ilustrativa: la mujer queda nombrada por una met&aacute;fora animal o definida por una actividad corporal, no por su condici&oacute;n humana. Es decir, desde su origen, la reduce a objeto. No es casual tampoco ni inocente que esa misma l&oacute;gica persista en las nomenclaturas actuales. Los insultos atribuidos a la mujer, relacionados con esta actividad o la animalizan o la cosifican. Necesitan insultos que la despojen de su humanidad para justificar su sometimiento.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, no, no me gusta esa palabra espa&ntilde;ola tan habitual, ni sus sin&oacute;nimos. No porque no la entienda, sino porque la entiendo demasiado bien, desde que naci&oacute; en la cuna del Lacio; desde all&iacute; ha sido debidamente mecida y blanqueada hasta nuestros d&iacute;as como un beb&eacute; diab&oacute;lico, aunque sin padre conocido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay palabras que, como otras cosas, no entran solas en el cuerpo: las empujan. No producen placer, lo exigen. No enaltecen lo que nombran, lo usan para engolarse. Esta es una de ellas. Cuando la oigo pronunciada con ligereza &mdash;en canciones, en entrevistas...&mdash; no la siento como lenguaje, sino como ocupaci&oacute;n. Como si alguien decidiera qu&eacute; debo tragar yo, aunque no vaya a quedarse a digerirlo &eacute;l. Y claro, esa noche de hace un par de d&iacute;as, deb&iacute; de procesar por fin algo, despu&eacute;s de&nbsp;una digesti&oacute;n bastante pesada, que llevaba tiempo arrellanada en el est&oacute;mago, como levadura fermentada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al recordar la palabra pronunciada en la penumbra del pub, me di cuenta de que nombrar no es transformar, ni nombrar es siempre dotar de existencia (&ldquo;lo que no se nombra no existe&rdquo;), me pareci&oacute; que m&aacute;s bien es dotar de inexistencia, vaciar, insustanciar. Percib&iacute; que nombrar, en estos casos, es como iluminar una habitaci&oacute;n ajena sin intenci&oacute;n de vivir en ella. Encienden la luz, echan un vistazo r&aacute;pido, escriben una letra, una canci&oacute;n, la cantan, cobran el aplauso, y adi&oacute;s. Vuelven a casa. Pero la valent&iacute;a verdadera empieza cuando el nombre te cuesta algo, cuando te quedas ah&iacute; con la luz encendida y no te vas. Cuando compromete tu posici&oacute;n, tu comodidad, tu relato. No cuando te da r&eacute;dito y hasta te coreamos todas.
    </p><p class="article-text">
        Me preguntaba &mdash;y la pregunta no es balad&iacute;&mdash; qui&eacute;n invent&oacute; esa palabra en concreto. Pues bien,&nbsp;proviene de la palabra latina <em>putta</em>, que nombraba a una &ldquo;muchacha de la calle&rdquo;, a una ni&ntilde;a pobre usada para los bajos instintos masculinos de la &eacute;poca. Seguro que no fue una ni&ntilde;a quien la cre&oacute;. No hace falta ir a un diccionario etimol&oacute;gico para saberlo: las palabras que convierten a un grupo en categor&iacute;a degradada no nacen desde abajo. Nacen desde la necesidad de justificar algo, de ordenar el mundo de una manera conveniente.&nbsp;Cuando escucho hoy la palabra vulgar espa&ntilde;ola, siento que opera igual que la latina. No describe: clausura. No abre una conversaci&oacute;n: la cierra. Borra todo lo que no entra en ese nombre. Y lo que no entra suele ser lo m&aacute;s humano: la voz, el contexto, la elecci&oacute;n, la falta de elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, est&aacute; claro qui&eacute;n sinti&oacute; la urgencia&nbsp;de ponerle nombre e insisto en el hecho de que nombrar aqu&iacute; no es describir una realidad, sino producirla. Separar para clasificar y cosificar sin pudor a la ni&ntilde;a y a la mujer. Una forma de nombrar que lleva siglos convirtiendo a ciertas mujeres en objetos decibles y, por eso mismo, usables. Es una forma de <em><strong>despreserizar </strong></em>a la mujer &mdash;con perd&oacute;n del neologismo reci&eacute;n inventado&mdash;, para aliviar la presi&oacute;n de la conciencia dentro la cabina social y convertir una pr&aacute;ctica masculina &mdash;el consumo&mdash; en una identidad femenina. As&iacute;, no solo la realidad es creada por la palabra, sino que se crea un referente, algo a lo que cualquier mujer venida a menos&nbsp;podr&iacute;a contemplar dedicarse. Y es de este modo que se desplaza el foco desde el deseo hacia el cuerpo deseado, y no hacia quien lo ejerce. Por eso no creo en la inocencia del lenguaje. Si existe esa palabra, entonces todo lo dem&aacute;s se recoloca y naturaliza: el abuso y el consumo desaparece, la desigualdad se transforma en intercambio, la violencia se maquilla de elecci&oacute;n &mdash;y s&eacute; que es un tema pol&eacute;mico, sobre el que hay estudios de todo tipo que defienden otras tesis, desde un enfoque feminista diverso, como la resignificaci&oacute;n de la palabra. Pero yo escribo solo de lo que siento yo, de momento, con un enfoque quiz&aacute; &iacute;ntimamente filol&oacute;gico ante la palabra dicha por un sector de la masculinidad.
    </p><p class="article-text">
        Como aficionada obsesa a escudri&ntilde;ar las palabras, tengo la sensaci&oacute;n de que la que no nombro funciona aqu&iacute; como coartada y autojustificaci&oacute;n colectiva, para no renunciar a la materializaci&oacute;n que se deriva de ella. Para seguir accediendo a cuerpos sin hacerse cargo de las condiciones que hacen posible ese acceso, sin responsabilizarse de nada. Para no mirar de frente la pobreza, la falta de alternativas, la violencia estructural, que no entra bien en una canci&oacute;n de tres minutos. Las letras est&aacute;n llenas de violencia simb&oacute;lica normalizada. Por eso resulta tan c&oacute;moda. Por eso circula con tanta frivolidad. Por eso algunos&nbsp;se sienten incluso audaces al pronunciarla. Qu&eacute; sencillo es provocar cuando el riesgo lo corre el cuerpo de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Es de esta manera que, creo, en nombre de la visibilidad se repite el insulto. En nombre del realismo se normaliza. Se llama profesi&oacute;n (de <em>professio</em>, ocupaci&oacute;n) a lo que en muchos casos es falta de opciones, como si el lenguaje pudiera borrar la desigualdad material. El eufemismo funciona como anestesia: calma conciencias, no transforma realidades. Convierte el dolor en dato, la violencia en un debate sem&aacute;ntico que ha dado lugar a ensayos y estudios que no quiero obviar, solo quiero hablar de lo que yo siento e indagar en por qu&eacute; lo siento as&iacute;. Tengo la sensaci&oacute;n de que, mientras debatimos, hay algo verdaderamente inc&oacute;modo que queda fuera del foco. No se ha cantado a la factura de la luz impagada. No se ha rimado con la ausencia de alternativas. No se ha coreado la desigualdad que la ha empujado. Eso no suena bien, no es sexy, no da <em>likes</em>. Es m&aacute;s f&aacute;cil recurrir a la palabra que la reduce, que cuestionar el sistema que la necesita. Por eso, no es una indignaci&oacute;n ruidosa la m&iacute;a. Es otra cosa. Es el cansancio de o&iacute;r siempre la misma reducci&oacute;n. Y, si me detengo tanto en las palabras, es porque s&eacute; que no son solo sonidos. Son formas de mirar. Y algunas miradas, cuando se repiten durante siglos, terminan convirti&eacute;ndose en reliquias que se atesoran en el lenguaje produciendo una admiraci&oacute;n hipn&oacute;tica e irreflexiva. Escribir sobre ello siento que es una forma de resistencia. No es por pudor ni correcci&oacute;n pol&iacute;tica. Es rechazo. Y el rechazo tambi&eacute;n es una forma de conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero decir hoy es que mi rechazo no es capricho ni desprecio a otros enfoques: es conciencia de esa desigualdad ling&uuml;&iacute;stica. Es saber que el lenguaje tambi&eacute;n reparte poder. Por eso no quiero reconciliarme con la palabra. Ni quiero que se sonr&iacute;a al progre que la pronuncia con condescendencia y solidaridad aparente. Ni quiero aprender a decirla con distancia ir&oacute;nica ni con pretensi&oacute;n cr&iacute;tica, mucho menos con distancia compasiva. Ni un titular llamativo y provocador. No quiero hacerla m&iacute;a para demostrar nada. Mi negativa tambi&eacute;n es una posici&oacute;n pol&iacute;tica. Mi silencio no es ignorancia: es l&iacute;mite. Tengo derecho a que no me d&eacute; igual. A no participar en su blanqueamiento est&eacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiero decir que para m&iacute; &mdash;al menos&mdash; decir amigas nunca fue &ldquo;esa palabra &mdash;o cualquiera de su campo sem&aacute;ntico &mdash; y broncas&rdquo;, ni en los tres pinos un novio para dos, ni irnos a pelear machos entre Salou y Cambrils. As&iacute;, los escuchamos con frecuencia decirla sin consecuencias. La sueltan con m&uacute;sica, con iron&iacute;a, con ese gesto satisfecho del que cree estar visibilizando algo. Como si nombrar fuera un acto valiente <em>per se</em>. Como si repetir una palabra cargada de historia bastara para desactivarla. Como si decirla en voz alta fuera sin&oacute;nimo de compromiso. No digo que haya mala intenci&oacute;n en ello, pero no hay reflexi&oacute;n con ra&iacute;z.
    </p><p class="article-text">
        Y volviendo al mito de R&oacute;mulo y Remo: me impresiona que la mujer que los cr&iacute;a, Acca Larentia, no pueda ser nombrada sin sufrir el vertiginoso balanceo entre madre o animal, figura&nbsp;originaria o prostituta. Como si el lenguaje no supiera qu&eacute; hacer con ella y resolviera la duda disminuy&eacute;ndola como una salsa para extraerle todo su sabor al fuego lento de los siglos. No es pasado. Es un gesto que se repite y de tal modo se ha naturalizado el nombre del animal, que algunas cantantes hasta se identifican con &eacute;l y a&uacute;llan.
    </p><p class="article-text">
        Por todo esto, estimados progresistas, si en la media noche de un discurso les hacen gui&ntilde;o unas bombillas, yo voy a pedirles que no se porten bien, que no frenen ni nombren a la Magdalena para ustedes sentirse m&aacute;s conciliados con el hist&oacute;rico masculino, sin hacer mayores esfuerzos. Voy a pedirles que aunque se mueran de sed por pronunciarla y materializarla, me escriban cont&aacute;ndome que el due&ntilde;o de la novia de la flor de la saliva tiene habilidades manuales y recursos intelectuales y ling&uuml;&iacute;sticos suficientes para buscar alternativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que a m&iacute; tambi&eacute;n se me figura que decir amigo es decir ternura, pero no utilizo a Dios y mi canto para nombrarla sin quebranto. Porque, si realmente el hijo de un dios una vez que la vio se fue con ella, de nada deber&iacute;a alardear, si en verdad fuera un coraz&oacute;n tan cinco estrellas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Firmado hoy por y para: La m&aacute;s se&ntilde;ora de todas las se&ntilde;oras
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/boca-no-neutral-despreserizacion_132_12915449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 14:16:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi boca no es neutral. ‘Despreserización’]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Apártate! Me tapas el sol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/apartate-tapas-sol_132_12892221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f07a103-e2b0-4513-a78a-9875cf454544_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Apártate! Me tapas el sol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Creo que hoy abundan los Diógenes contemporáneos. Analistas de la sociología, filosofía, geopolítica, etcétera, que describen con brillantez el colapso del sistema, los despropósitos del poder, y la lógica perversa de este</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Ap&aacute;rtate! Me tapas el sol&rdquo;<em>.&nbsp;</em>Esta es la respuesta popularizada de Di&oacute;genes de Sinope a Alejandro Magno &mdash;el hombre que cre&iacute;a estar conquistando el mundo&mdash;, cuando, encontr&aacute;ndose Di&oacute;genes dentro de una tinaja, se present&oacute; el macedonio ante &eacute;l, dispuesto a concederle cualquier deseo. Esperaba quiz&aacute;s una bendici&oacute;n de Di&oacute;genes <em>el perro</em> (nombre con que se conoc&iacute;a a los fil&oacute;sofos c&iacute;nicos), pero recibi&oacute; una lecci&oacute;n. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta an&eacute;cdota, que ya desde la antig&uuml;edad era un t&oacute;pico, suele citarse como una victoria moral del pensamiento frente al poder. Pero &iquest;qu&eacute; hizo en realidad Di&oacute;genes? &iquest;Intent&oacute; transformar la realidad que despreciaba?, &iquest;desafi&oacute; el orden de la polis? &iquest;O se limit&oacute; a apartarse del mundo y se&ntilde;alar su insignificancia? Se me ocurren diferentes respuestas con algunas contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        Creo que hoy abundan los Di&oacute;genes contempor&aacute;neos. Analistas de la sociolog&iacute;a, filosof&iacute;a, geopol&iacute;tica, etc&eacute;tera, que describen con brillantez el colapso del sistema, los desprop&oacute;sitos del poder, y la l&oacute;gica perversa de este. Lo hacen muy bien y son necesarios, muy necesarios siempre &mdash;&iquest;c&oacute;mo no?&mdash;, pero mientras tanto, el sol sigue siendo de otros seres elegidos.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, no podemos despreciar la ense&ntilde;anza contenida en esta an&eacute;cdota que por algo ha llegado a nuestros d&iacute;as, mas no faltar&aacute; quien pueda interpretarlo como la renuncia simb&oacute;lica de la filosof&iacute;a a transformar el mundo, conform&aacute;ndose con descifrarlo desde la intemperie. Como tampoco faltan quienes nos dicen que la misi&oacute;n de la filosof&iacute;a no es transformar sino interpretar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante esta &uacute;ltima respuesta suelo quedarme algo confusa, pregunt&aacute;ndome por qu&eacute; el ejercicio filos&oacute;fico ha de colocar al ser pensador en una posici&oacute;n neutral o moralmente distante, desligada de la responsabilidad &eacute;tica de cuestionar las estructuras de poder y comprometerse con el bien com&uacute;n. S&oacute;crates en el <em>Crit&oacute;n</em> (Plat&oacute;n), con su actitud de optar por la cicuta antes que por el destierro, al parecer no cuestionaba el poder, lo contrario a Ant&iacute;gona. Pero desde el punto de vista actual, no s&eacute; qu&eacute; pensar. Si, pudiendo salvarse de la muerte, tom&oacute; la cicuta, &iquest;no parece un acto de valent&iacute;a con el que muestra que la filosof&iacute;a no es solo teor&iacute;a, sino una forma de vida basada en la verdad y en la &eacute;tica? Sin duda, es un aut&eacute;ntico desaf&iacute;o. No olvidemos que se le conden&oacute; por corromper a la juventud, a la que ense&ntilde;aba a cuestionar la autoridad y creencias aceptadas. Tambi&eacute;n se le acus&oacute; de <em>asebeia </em>(&#7936;&sigma;&#941;&beta;&epsilon;&iota;&alpha;, falta de piedad), por su idea del <em>daim&oacute;n</em>, la voz interior que dec&iacute;a guiarlo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo hoy son muchas las personas int&eacute;rpretes de la realidad, bastante medi&aacute;ticas, que venden miles de ejemplares de sus ensayos y an&aacute;lisis, y que leemos con fruici&oacute;n. Y, s&iacute;, al final de tantas lecturas, somos capaces de hacer m&aacute;s o menos un mapa
    </p><p class="article-text">
        mental de la realidad sociopol&iacute;tica &mdash;lo vemos en cualquier tertulia entre colegas&mdash;, pero sigues pregunt&aacute;ndote &ldquo;&iquest;qu&eacute; puede hacerse realmente para frenar tanta locura?&rdquo;.&nbsp;Y cada vez m&aacute;s, entre esas tertulias, aparece la inc&oacute;moda pregunta, t&aacute;cita o no, de qu&eacute; puede hacer cada cual desde su &aacute;mbito, colectivo, trabajo, etc&eacute;tera. En mi opini&oacute;n, interpretar es necesario; quedarse ah&iacute; es una forma elegante de renuncia. Cuando el pensamiento se conforma con describir la realidad, termina naturaliz&aacute;ndola. Porque&nbsp;no faltan diagn&oacute;sticos, sino coraje. No faltan categor&iacute;as, sino apuestas. No faltan palabras, sino ideas dispuestas a perder algo de&nbsp;prestigio, neutralidad, comodidad &mdash;en el intento de modificar aquello que nombran.
    </p><p class="article-text">
        Vemos con frecuencia c&oacute;mo esos estudios diagnostican, deconstruyen y nombran; inventan neologismos que nos permiten categorizar mejor todos los s&iacute;ntomas de una sociedad enferma, la sociedad del cansancio, la de la desconfianza, la de las redes de informaci&oacute;n, la del amor que agoniza, la de la vida l&iacute;quida... Todas juntas constituyen un buen term&oacute;metro, pero reconozcamos que tenemos la sensaci&oacute;n de que rara vez arriesgan propuestas claras, que no sean gestos simb&oacute;licos que partan de una aparente superioridad moral o intelectual. Se necesitan propuestas que todo el mundo entienda. El momento es crucial. Pide a gritos una transformaci&oacute;n. Y no es quedarse en casa sin hacer nada el mejor de los consejos.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Di&oacute;genes de Sinope, fiel representante de la tradici&oacute;n c&iacute;nica, desafiaba con su comportamiento, en el plano te&oacute;rico, las normas sociales y la hipocres&iacute;a social. No obstante, iron&iacute;as de la modernidad, se utiliz&oacute; su nombre para referir, con escasa precisi&oacute;n, el trastorno conductual grave del abandono del autocuidado, del hogar, y la acumulaci&oacute;n compulsiva de objetos. No s&eacute; en qu&eacute; momento ni qui&eacute;n puso nombre a este s&iacute;ndrome, pero el resultado, intencionado o no, fue obviar, desde mi punto de vista, lo m&aacute;s importante del mito: la renuncia de Di&oacute;genes a la propiedad privada. Todo un desaf&iacute;o en la antig&uuml;edad y ahora.
    </p><p class="article-text">
        Personalmente no voy a adentrarme en las propuestas pol&iacute;ticas que me gustar&iacute;a, porque se acusar&iacute;a mi falta de pericia por sus intrincados callejones, de modo que tal como comenc&eacute; seguir&eacute; conduci&eacute;ndome por las calles, debidamente se&ntilde;alizadas, del mundo cl&aacute;sico, que se me antoja como una gran galer&iacute;a de aguas limpias con las que poder enjuagar mi confusi&oacute;n y aclarar mis ideas.
    </p><p class="article-text">
        Al doblar la esquina, con lo primero que tropiezo es con una se&ntilde;al austera y firme llamada <em>Ant&iacute;gona</em> (S&oacute;focles), mito y tragedia que supone una oportunidad para reflexionar&nbsp;acerca del poder pol&iacute;tico. Ant&iacute;gona es mujer y adem&aacute;s desaf&iacute;a la ley, representada por su t&iacute;o Creonte, para dar sepultura a su hermano Polinices, considerado traidor de la patria. &iquest;Nos avisaba S&oacute;focles con esta obra de los peligros del abuso de poder en la democracia &mdash;que por entonces se estaba consolidando en Atenas&mdash;? En este mito, el rey no respeta los derechos&nbsp;individuales de la ciudadan&iacute;a y, con sus decisiones, puede estar abriendo el debate pol&iacute;tico sobre si el Estado tiene o no derecho a traspasar dichas libertades para alcanzar el &lsquo;bien com&uacute;n&rsquo;.&nbsp;Este mito tuvo su influencia en autores como Hegel o Hannah Arendt. Pero ahora no dispongo de invitaci&oacute;n para dirigirme hacia aquellas mansiones de la filosof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Contin&uacute;o callejeando. M&aacute;s adelante, en el &aacute;gora me tropiezo con <em>Prometeo encadenado</em> (Esquilo), que se rebela contra el poder absoluto de Zeus, para beneficiar a la humanidad, rompiendo con ello el monopolio del poder y constituy&eacute;ndose, siglos despu&eacute;s, en s&iacute;mbolo revolucionario para Marx, Mary Shelley, Camus... Un s&iacute;mbolo de emancipaci&oacute;n humana, no un h&eacute;roe individual rom&aacute;ntico y ego&iacute;sta, sino un representante del humanismo y del materialismo, porque evidencia que la liberaci&oacute;n de la humanidad no viene de la mano de la divinidad, sino de la acci&oacute;n humana (colectiva). En <em>Frankenstein, </em>por ejemplo, se plantea si el progreso t&eacute;cnico sin &eacute;tica conduce al bienestar o a la destrucci&oacute;n &mdash;planteamiento tan vigente hoy, entre otras cosas, en lo respectivo a RRSS.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, al darme cuenta de que las calles de estas ciudades antiguas son insondables por la muestra inmensa de personajes, mitos y autores, que dar&iacute;an para un libro entero, decido regresar y vuelvo a pasar por delante de la humilde tinaja de Di&oacute;genes, ese extra&ntilde;o ser que no quiso nada del mundo pero tampoco cambiarlo. Y la pregunta me desasosiega: &iquest;entonces su gesto, siendo impecable, fue est&eacute;ril? En apariencia, desde el punto de vista social, s&iacute;. Pero aqu&iacute; seguimos hablando de &eacute;l y analiz&aacute;ndolo y, para no ser yo quien le tape el sol, dir&eacute; que los mitos surgen intentando dar respuesta o una explicaci&oacute;n a fen&oacute;menos sociales, pol&iacute;ticos, ideol&oacute;gicos&hellip;, o para no asfixiarnos a causa de la realidad, o para so&ntilde;ar. Quiz&aacute;s este mito fuera un arma cargada de futuro.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, no olvidemos el valor simb&oacute;lico que tiene la renuncia a la propiedad y, por supuesto, en el mundo de hoy no basta con no tapar el sol aunque el mundo siga a oscuras para millones de seres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras aquellas int&eacute;rpretes desde la filosof&iacute;a &mdash;o cualquier otra disciplina&mdash; discuten la naturaleza de la sombra, el sol sigue siendo administrado por las mismas personas de siempre. Y el mundo no cambia cuando alguien pide que se aparten, sino cuando alguien levanta el brazo, se&ntilde;ala el horizonte y empieza a caminar hacia &eacute;l, aun sin garant&iacute;as, aun sin aplausos, aun sabiendo que pensar tambi&eacute;n implica ensuciarse los pies. Y cambia cuando ese esp&iacute;ritu prometeico, sincretismo de la filosof&iacute;a, la poes&iacute;a, la pol&iacute;tica..., mire hacia atr&aacute;s y vea que le sigue, segura, la gran masa humana y humanizada, saliendo de sus sombras y buscando el sol que&nbsp;sabe le pertenece.
    </p><p class="article-text">
        1 &laquo;&#7944;&pi;&#8056; &tau;&omicron;&#8166; &#7969;&lambda;&#943;&omicron;&upsilon; &#7936;&pi;&omicron;&sigma;&tau;&rho;&#941;&psi;&omicron;&raquo;, <em>Vida y opiniones de los fil&oacute;sofos ilustres, Libro VI, </em>Cap&iacute;tulo 32
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/apartate-tapas-sol_132_12892221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Jan 2026 08:17:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Apártate! Me tapas el sol]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silencio prometeico vs un minuto de silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/silencio-prometeico-vs-minuto-silencio_132_12741897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ocurre que en demasiadas ocasiones nos quedamos en el vestíbulo, temiendo penetrar en la mansión del ser común, y participar en la escena del duelo; así todo dolor por la pérdida, muerte, violación, catástrofes, ajenas; todo malestar por la turistificación, destrucción del territorio, del patrimonio, por la corrupción y especulación, se normalizan, y dejamos solos en medio del salón a la parentela más cercana, en torno al cuerpo yacente
</p></div><p class="article-text">
        Hagamos un minuto de silencio, dicen. &iquest;A qui&eacute;n aprovecha eso? El silencio no se hace. Silencio es la conmoci&oacute;n que queda cuando de forma deliberada se asesina la infancia, y nos lleva con posterioridad a la acci&oacute;n. El silencio no se hace, se respeta justo cuando cualquier otro sonido, que no sea el graznido corvil, expulsado desde el pecho profundo por tanto dolor, parece intruso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo esa escena final de <em>El padrino</em> en que don Vito, en una secuencia propia de una obra maestra, al presenciar la muerte de su inocente hija -por un tiro de trayectoria errada-, abr&iacute;a las fauces con una mueca disforme, de la que sal&iacute;a un gemido tan profundo y arrugado&nbsp;por el retardo, que ha permanecido por siempre en mi retina y me estalla en los o&iacute;dos, cada vez que la memoria evoca aquellos largos segundos que a don Vito le llev&oacute; escupir el llanto.&nbsp;No sabr&iacute;a discernir cu&aacute;l&nbsp;de mis sentidos se estremeci&oacute; m&aacute;s por el prodigio, si la vista o el o&iacute;do.&nbsp;Ante qu&eacute; me rend&iacute; primero, si ante el silencio del retardo o ante la hondura gritada de aquel dolor.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; procede despu&eacute;s de eso sino silencio?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro, es ficci&oacute;n y una puede dejarse llevar por la emotividad. La emoci&oacute;n es otra cosa. La primera se me antoja, en ocasiones, casi como un acomodo, un querer reconocerse un buen ser humano, una b&uacute;squeda de afinidad sentimental, al fin y al cabo, sin que nos suponga mayor movimiento externo m&aacute;s all&aacute; de un gesto de dolor, o unas l&aacute;grimas contenidas, sin intenci&oacute;n de mejorar la condici&oacute;n de alguien, de un pueblo, de un espacio, de un territorio, etc&eacute;tera. Parece estar hecha para sentarnos en el sill&oacute;n ante una pantalla; de modo que nos da informaci&oacute;n sobre nosotras mismas, de nuestra capacidad sensitiva interna ante las cosas que pasan en el mundo. Y es necesario que as&iacute; sea, &iquest;c&oacute;mo no?, pero con ello solemos tranquilizar nuestras conciencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, &iquest;es realmente profunda esa informaci&oacute;n? Tengo la sensaci&oacute;n de que a la <em>emotividad</em> esa reflexi&oacute;n poco le importa. La emotividad es un recurso que se explota, como valioso mineral, en las pel&iacute;culas, RRSS, publicaciones audiovisuales, publicidad&hellip; Hoy, debido a la velocidad de difusi&oacute;n tecnol&oacute;gica, es un medio muy eficaz para generar adeptos a causas reprobables carentes de toda profundidad y compasi&oacute;n genuina por el dolor de las v&iacute;ctimas. Visto as&iacute;, la emotividad se me parece m&aacute;s a un producto, conlleva una intenci&oacute;n previa de dudosa verdad. Ya Cicer&oacute;n hablaba de la importancia de convencer, recurriendo a la emotividad del p&uacute;blico, jueces o senado -<em>O patres conscripti (</em>&iexcl;Oh, senadores inscritos!<em>)</em>. La b&uacute;squeda de la verdad no era el objetivo de la ret&oacute;rica en Roma, sino de la verosimilitud, de lo plausible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Arist&oacute;teles, por otro lado, en <em>La Ret&oacute;rica</em> hace un cat&aacute;logo de <em>emociones</em> comenzando por la ira. Plat&oacute;n en <em>El Timeo</em> tambi&eacute;n nos habla del enojo. En ambos casos el ser humano quiere hacer algo para equilibrar las cosas: la b&uacute;squeda de reparaci&oacute;n. Seg&uacute;n la concepci&oacute;n griega, los componentes de la emoci&oacute;n son tres: el primer elemento de la <em>emoci&oacute;n</em> es una cierta <em>disposici&oacute;n</em> del individuo, el estado emocional; en segundo lugar, ha de haber un <em>da&ntilde;o</em> al propio ser o a otros seres, un ultraje; y, en tercer lugar, una <em>sensaci&oacute;n de injusticia</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si se quiere eliminar un obst&aacute;culo -que no solucionar un problema- empecemos por la ra&iacute;z. La rabia no existe sin el perro, han pensado algunos; Palestina no existir&aacute; sin sus ni&ntilde;as y ni&ntilde;os. El genocidio est&aacute; pensado y premeditado e iniciado desde hace d&eacute;cadas. Y yo me siento, siempre que lo intento, incapaz e incapacitada para escribir sobre ello. La muerte injusta de tantos seres inocentes, las im&aacute;genes catastr&oacute;ficas del hambre, de la destrucci&oacute;n de una naci&oacute;n ex&aacute;nime, me infunde tal perplejidad que mi con-moci&oacute;n se envuelve en un manto de mudez, y no acabo de entender que nos impliquemos m&aacute;s en <em>un minuto de silencio</em> que en <em>un minuto de acci&oacute;n</em>, que, multiplicado por cuantos podamos ser, podr&iacute;a generar un resultado m&aacute;s tangible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El silencio que quiero referir no nace del miedo, ni tampoco del respeto al otro -como ser separado-, ni del acomodo a una necesidad liviana de hacer algo, sino de la <em>emoci&oacute;n</em> profunda de sentirme en otro: dentro de sus harapos, de su hambre, de su orfandad, de su terror, bajo sus bombas, entre sus escombros. El silencio interno del ser ante un mundo inh&oacute;spito. Ese silencio no se puede pedir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ese otro silencio que evocamos con frecuencia, de un minuto, qu&eacute; cosa es? &iquest;Confiamos tanto en su poder o nos tontificamos? &iquest;Necesitamos las mujeres asesinadas por el patriarcado un minuto de silencio para que el mismo sistema que lo alimenta se saque la foto? Me pasa como con los lazos de color rosa, rojo, verde, violeta&hellip; en las solapas, seg&uacute;n el d&iacute;a que se est&eacute; conmemorando. Cuidado, que yo muchas veces me lo dejo colocar o hago el minuto de silencio -&iexcl;bueno estuviera que mientras el mundo calla, yo hablara!-, pero lo hago por educaci&oacute;n, o por respeto a las personas que lo proponen y que s&iacute; creen en su poder; o porque no estoy convencida de mis propias razones, y por si acaso, &iexcl;qu&eacute; se yo! O porque no me atrevo -que en alguna ocasi&oacute;n s&iacute;- a ser la &uacute;nica que no participe. Hoy creo que es un silencio externo, que nace de la emotividad. He tardado en entender por qu&eacute; me incomodaba.
    </p><p class="article-text">
        Ambas palabras, emotividad y emoci&oacute;n, tienen la misma ra&iacute;z latina -<strong>mot</strong>- (como en <em>motivo, movimiento, conmover</em>), m&aacute;s el prefijo e- (&amp;gt;ex) que indica &ldquo;hacia fuera&rdquo;. Por tanto, &ldquo;impulsar algo desde el interior hacia el exterior&rdquo;. Pero, dicho sea de paso, <em>emoci&oacute;n</em> procede del franc&eacute;s <em>&eacute;motion</em>, y <em>emotividad</em> del adjetivo <em>emotivo</em>, m&aacute;s el sufijo abstracto <strong>-idad</strong>. En espa&ntilde;ol <em>emoci&oacute;n</em> adquiri&oacute; un sentido psicol&oacute;gico del que carec&iacute;a en franc&eacute;s; es la &ldquo;conmoci&oacute;n afectiva del &aacute;nimo&rdquo;, es decir, tiene un resultado din&aacute;mico, una alteraci&oacute;n que se manifiesta externamente. En cambio, la <em>emotividad</em> es la capacidad para expresar emociones, es una predisposici&oacute;n estable del sujeto, mientras la <em>emoci&oacute;n</em> apunta a un suceso en concreto. La <em>emoci&oacute;n</em> tiene siempre un grado de conmoci&oacute;n, del lat&iacute;n <strong>cum-mot-ion, </strong>&ldquo;moverse con&rdquo; el otro ser, &ldquo;conmoverse&rdquo;. La <em>emotividad</em> tiene m&aacute;s que ver con lo temperamental, con el arte y la est&eacute;tica, mientras la <em>emoci&oacute;n</em> es la reacci&oacute;n ante la obra, nacida de un silencio interno donde prendi&oacute; la mecha. Sin duda la capacidad&nbsp;estructural del sujeto para ser movido -la emotividad-, es la antesala de la &lsquo;emoci&oacute;n&rsquo;, que es el movimiento afectivo que brota de ese sujeto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ocurre que en demasiadas ocasiones nos quedamos en el vest&iacute;bulo, temiendo penetrar en la mansi&oacute;n del ser com&uacute;n, y participar en la escena del duelo; as&iacute; todo dolor por la p&eacute;rdida, muerte, violaci&oacute;n, cat&aacute;strofes, ajenas; todo malestar por la turistificaci&oacute;n, destrucci&oacute;n del territorio, del patrimonio, por la corrupci&oacute;n y especulaci&oacute;n, se normalizan, y dejamos solos en medio del sal&oacute;n a la parentela m&aacute;s cercana, en torno al cuerpo yacente. Damos el p&eacute;same y nos despedimos, mientras se desvanecen nuestros suspiros en el portal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>silencio</em> se asocia en su origen indoeuropeo con la ra&iacute;z <strong>sei-, </strong>presente en palabras como <em>semilla</em><strong>. </strong>Las semillas producen fruto cuando se dan las condiciones adecuadas. Si el silencio no es fruct&iacute;fero, en este sentido, si no conduce a la acci&oacute;n, m&aacute;s vale protegerlo de s&iacute; mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al tornar la mirada de nuevo a los cl&aacute;sicos, pienso en el mito de Prometeo que es, a mi juicio, un ejemplo del silencio interno que conlleva la acci&oacute;n. El mito no revela que el Tit&aacute;n hiciera discursos ni guardara silencios rituales ante la desgracia de los seres humanos; Prometeo entr&oacute; en el sufrimiento humano y actu&oacute;, como lo hizo la Global Sumud flotilla, periodistas, voluntarias de la salud, y otras muchas personas -activistas-, que arriesgan sus vidas por causas de innegable nobleza humana, o que la arriesgan con huelgas de hambre, o coloc&aacute;ndose ante las palas excavadoras, por salvar los espacios naturales con valores patrimoniales y etnogr&aacute;ficos &uacute;nicos en esta isla y en el mundo. Esta <em>emoci&oacute;n</em> y la de Prometeo no es sentimentalismo, sino una fuerza interior que lo lleva a revelarse contra la injusticia divina -o la trumpista o la caciquil-, y a entregar el fuego a la humanidad. El fuego es el s&iacute;mbolo del silencio genuino: el que arde por dentro hasta volverse gesto, creaci&oacute;n o resistencia. Es el mismo fuego&nbsp;ancestral que se eleva desde el centro del <strong>Tagoror Permanente Rotativo por la defensa del Puertito de Adeje</strong>, y blande un rugido de combate por un espacio que sufre las dentelladas de la especulaci&oacute;n y la corrupci&oacute;n,&nbsp;que se ha convertido en un s&iacute;mbolo de resistencia en Tenerife, en Canarias, y en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n un informe reciente de Greenpeace.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/silencio-prometeico-vs-minuto-silencio_132_12741897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Nov 2025 21:42:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Silencio prometeico vs un minuto de silencio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué pasa aquí?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasa_132_12573693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e069e19-9798-4571-b2cb-f197ba6852fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué pasa aquí?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuentan que se ha visto allá, en lo alto del Puertito, a algunos seres reunidos en un círculo de piedra, todos afectados por el mismo mal y con los mismos síntomas. Aseguran que una, de pelo ensortijado, baja desde los pinos de la cumbre y que, como Juana de Arco, enarbola un megáfono con aire de antigua heroína isleña
</p></div><p class="article-text">
        Esta es la pregunta que se hace siempre en sus publicaciones el tiktoker sure&ntilde;o topoteopozo2. A &eacute;l como a todos los miembros de Tagoror Permanente Rotativo y a much&iacute;simas otras personas nos pasa algo en esta isla. Nos pasa y nos traspasa, como una espada de Damocles que amenaza constantemente sobre nuestras cabezas, una profunda sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida y tristeza por la destrucci&oacute;n del Puertito de Adeje, enclavado en un vibrante paisaje de incalculable valor, con m&aacute;s de 80 elementos de car&aacute;cter hist&oacute;rico o patrimonial, catalogados por el &aacute;rea competente del propio Cabildo Insular de Tenerife.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 80, y sin embargo a este no le han parecido suficientes para pedir la paralizaci&oacute;n cautelar de la mal llamada urbanizaci&oacute;n Cuna del Alma -en una zona protegida, Red Natura 2000-, obra&nbsp;llena de aparentes incumplimientos legales e irregularidades desde el primer momento. Este sentimiento tan profundo de dolor por la tierra, al parecer, se denomina <strong>solastalgia</strong> y fue acu&ntilde;ado por primera vez en 2005 por el fil&oacute;sofo australiano Glenn Albrech. El t&eacute;rmino surge de la combinaci&oacute;n de dos ra&iacute;ces de &eacute;timos grecolatinos:&nbsp;<em>solacium </em>(consuelo, paz en lat&iacute;n) y <em>&aacute;lgos</em> (dolor en griego antiguo). Quiso el fil&oacute;sofo, con este matrimonio l&eacute;xico, referir la ansiedad que experimentan las personas ante el da&ntilde;o del paisaje en que nacieron o se criaron, y donde a&uacute;n viven. Por tanto, el t&eacute;rmino solastalgia, complejo como toda pareja, es un sentimiento que combina la nostalgia por lo que fue y una profunda tristeza por lo que ha sido alterado sin retorno. La pena, por los espacios destruidos, se transforma en un anhelo de conexi&oacute;n que se siente cada vez m&aacute;s inalcanzable a medida que los paisajes se alteran sin piedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero fue hace unas semanas, al arribar a mis sentidos un v&iacute;deo de la abogada lanzarote&ntilde;a <strong>Irma Ferrer</strong>, cuando decid&iacute; abordar esta tem&aacute;tica. Habla ella en su Facebook, con dulce acento canario, de este sentimiento de a&ntilde;oranza y tristeza por la tierra y el pueblo marinero en cuyas calles de arena se enterraron sus primeros pasitos descalzos, y a donde ya no puede volver porque la invade un sentimiento profundo de p&eacute;rdida causado por la turistificaci&oacute;n; un duelo permanente que la ha motivado a investigar y perseguir, desde la abogac&iacute;a, el urbanismo criminal que acosa al territorio canario.
    </p><p class="article-text">
        Encontrar ecos de este sentimiento en la tragedia griega no me fue tan dif&iacute;cil, pese a que la antigua Grecia estaba a salvo de la depredaci&oacute;n tur&iacute;stica -la Grecia de hoy en cambio s&iacute; padece del mismo drama. La tragedia estaba para eso, para revolver con belleza y grandeza, maridadas a partes iguales, las mentes y transformarlas. Esquilo nos cuenta que Agamen&oacute;n, al retornar al hogar de la guerra de Troya,&nbsp;encuentra traici&oacute;n e injusticia; y un espacio, su hogar, Micenas, que deb&iacute;a ser refugio, se convierte en trampa fatal. Era el hogar convertido en amenaza, como el entorno&nbsp;natural cultural ahora da&ntilde;ado y privatizado. En El Puertito, los tres poderes, que en una democracia sana habr&iacute;an de ser independientes, convierten el entorno en objeto de beneficio y da&ntilde;o, ignorando leyes ambientales, patrimoniales y la voluntad colectiva: otro hogar que ha dejado de proteger. El Puertito de Adeje encarna una tragedia moderna donde el entorno ancestral &mdash;como el hogar de Agamen&oacute;n&mdash; se destruye por el abuso de poder. Frente a ello, surge una Ant&iacute;gona contempor&aacute;nea en forma de ciudadan&iacute;a activa que se rebela por principios &eacute;ticos. Este drama contempor&aacute;neo no solo refleja la solastalgia, sino tambi&eacute;n el eterno conflicto entre lo que deber&iacute;a ser resguardado y los intereses que lo destruyen. Entre lo legal y lo leg&iacute;timo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, me he preguntado por qu&eacute; este sentimiento parece afectar m&aacute;s a la gente joven que a la gente mayor -si observamos la edad mayoritaria de manifestantes. Quiz&aacute; la gente joven sienta una angustia mucho m&aacute;s honda, puesto que le queda mucha vida por delante en un paisaje devastado por la especulaci&oacute;n que es por completo desolador. Compruebo que este paisaje destrozado cala en su &aacute;nimo tan profundamente como lo hacen las excavadoras en la tierra que los acun&oacute;. Es verdad que tambi&eacute;n se ve gente de todas las edades en las protestas del pueblo, pero he observado una caracter&iacute;stica com&uacute;n en todas ellas, adem&aacute;s del sentimiento que nos ocupa, y es&nbsp;la rebeld&iacute;a y el empuje, que son s&iacute;ntomas de juventud.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas, tengan la edad que tengan, intuyo que, como yo, gozaron de una infancia tanto m&aacute;s feliz en la medida en que sus manos, de peque&ntilde;as alfareras, sintieron el contacto temprano con el barro en la primeras lluvias de aquellos octubres, cuando el sol de la tarde secaba los calderitos, platos y tazas o los cuarteaba y acababan hechos a&ntilde;icos. Tanto m&aacute;s gozosa en la medida en que pudieron colgar junto a un card&oacute;n una colcha vieja de la abuela sobre cuatro palos, a modo de refugio de guerra o de nido improvisado de amores tempranos. En la medida en que con solo dos hojas de penca bien barridas, engarzadas con seis palitos, se convirtieron en capitanes hom&eacute;ricos al frente de naves capaces de vadear el cauce del barranco m&aacute;s cercano o profundo, a escondidas de la chola materna. En la medida en que con una redecilla, atada a una ca&ntilde;a larga, se aventuraban por charcos azules junto al mar, intentando encontrar pejeverdes o rebuscando burgados, tan aferrados a las rocas que los nutr&iacute;an, como lo hacen hoy los cardones, arrancados de cuajo de las laderas maternas por las pinzas hidr&aacute;ulicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por todo eso vivido y gozado, a pesar del dolor de ese sentimiento identitario herido, tenemos esperanza y por eso luchamos y lo haremos hasta el &uacute;ltimo aliento, hasta ver a los traidores de nuestro patrimonio, vendido al mejor postor extranjero, ante los tribunales por el enorme da&ntilde;o cometido. Porque la solastalgia bien gestionada ha de servir para algo y para nosotras ser&aacute; una fuerte motivaci&oacute;n que impulsa la protecci&oacute;n y regeneraci&oacute;n de nuestro entorno. Porque cuando reconocemos plenamente nuestro dolor y lo vehiculamos en acciones positivas -como denuncias de incumplimientos de todo tipo, manifestaciones, concentraciones, huelgas de hambre, acampadas, investigaci&oacute;n, estudio, etc&eacute;tera-, nos empoderamos y la cris&aacute;lida de nuestra tristeza se metamorfosea en mariposa que eleva su dolor en circuitos tangibles para un cambio. Porque <strong>otra canariedad es posible</strong>, en la que los v&iacute;nculos con la naturaleza destilen la resiliencia de nuestros ancestros guanches, y se fortalezcan sus amarres para las generaciones futuras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuentan que se ha visto all&aacute;, en lo alto del Puertito, a algunos seres reunidos en un c&iacute;rculo de piedra, todos afectados por el mismo mal y con los mismos s&iacute;ntomas. Aseguran que una, de pelo ensortijado, baja desde los pinos de la cumbre y que, como Juana de Arco, enarbola un meg&aacute;fono con aire de antigua hero&iacute;na isle&ntilde;a. Que otra recorre kil&oacute;metros desde las median&iacute;as norte&ntilde;as para ser testimonio activo del desastre y dar cuenta, luego, de su duelo, con la blancura&nbsp;valiente de su pelo y de su pecho, en alta voz por los pueblos del Norte. Es nuestra siempre jovencita <strong>Greta Thunberg</strong>. Que otro baja de las median&iacute;as ariqueras d&iacute;a tras d&iacute;a y llora en palabras su rabia heroica, mientras le reza a las deidades guanches Chaxiraxi y Acor&aacute;n. Y otra que, con voz templada, a trav&eacute;s de las ondas de radio San Borond&oacute;n, hace honor a su nombre de c&eacute;lebre princesa y representa la resistencia y dignidad de un pueblo. S&iacute;, son varios los seres a los que se ha visto reunidos en el c&iacute;rculo de piedra, con el coraz&oacute;n herido por el agij&oacute;n del progreso y la especulaci&oacute;n isle&ntilde;a. Seguiremos dando cuenta de esa diversidad y de las manifestaciones de&nbsp;su dolor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin duda son varias ya las leyendas que el enclave suscita. Cuentan que a veces se ve a una sirena de ojos claros, que habita las aguas del Puertito de Adeje, salir muy de ma&ntilde;ana pe&ntilde;as arriba, con sus rizos hondeando en el paisaje. Dicen que el tormento de ver desaparecer bajo las palas una atalaya guanche, el mejor tabaibal de la ladera, los cardonales y viborinas del cauce, todos ellos puntos de referencia familiares, y ver reducirse a polvo su querido h&aacute;bitat, con el estruendo cotidiano de las m&aacute;quinas excavadoras desde las 7:30 de la ma&ntilde;ana, la impulsan a recorrer, con llanto ahogado y c&aacute;mara en mano, todos los puntos, para dejar testimonio del ecocidio continuado. Cuentan que la sirena morena a veces enrosca su cuerpo en un coral sabande&ntilde;o para no o&iacute;r el estruendo, aunque en ocasiones tiene que salir de aquellas aguas en busca de otras bocanadas de aire isle&ntilde;o. Y se rumorea&nbsp;que, en su camino matutino, suele encontrarse con el muri&oacute;n, un joven jinete sobre un corcel negro de extra&ntilde;a figura -su patinete-, que, compungido por igual dolor, la acompa&ntilde;a en su recorrido, pregunt&aacute;ndole a la c&aacute;mara de su m&oacute;vil &ldquo;&iquest;qu&eacute; pasa aqu&iacute;?&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasa_132_12573693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Sep 2025 18:22:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué pasa aquí?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mano que mece la cuna. El Puertito de Adeje II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mano-mece-cuna-puertito-adeje-ii_132_12525566.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/19e9b0b7-be64-424c-85d3-b6836f06108d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mano que mece la cuna. El Puertito de Adeje II"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estos días, semanas, meses, años, en que casi todo huele a especulación, al menos nos queda el París de la poesía, un bálsamo del ánima, que desde el principio de este texto arribó en las laderas de la corrupción, cosa que tal vez el poema de Wallace no pretendía
</p></div><p class="article-text">
        &raquo;... la mano que mece la cuna / es la mano que domina el mundo&hellip;&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco le&iacute;a estas l&iacute;neas de William Ross Wallace; se trata de un poema (1865) de cuatro estrofas cuyos dos &uacute;ltimos versos -con los que comienzo hoy-, repetidos en cada final de estrofa, inspiraron el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula de suspense de 1992 y tambi&eacute;n el t&iacute;tulo de este art&iacute;culo, aunque no exactamente su contenido. No hablar&eacute; de la maternidad. Digo esto porque la segunda estrofa comienza as&iacute; &laquo;La infancia es la dulce fuente, / el poder mana con belleza, / la primera se&ntilde;al de la madre para guiar los torrentes/de aquellas almas que inquietas crecen...&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Parece que Wallace hace aqu&iacute; un elogio a la maternidad como la fuerza preeminente del cambio en el mundo, aunque tambi&eacute;n creo que busca un origen l&oacute;gico del mal con los dos versos siguientes &ldquo;Crecen [las almas] para el bien o para el mal,/ encauzadas a la luz o arrojadas a las tinieblas&raquo;. Y es ah&iacute;, entre aquellos dos versos y los dos &uacute;ltimos citados en que este art&iacute;culo pretende columpiarse para aliviar el llanto de un beb&eacute;, que no entiende lo que ocurre en su habitaci&oacute;n -decorada con tan mal gusto-, llamada Canarias,Tenerife, el sur, el Puertito de Adeje. 
    </p><p class="article-text">
        Cuna del Alma es el esperp&eacute;ntico proyecto urban&iacute;stico, con una historia plagada de irregularidades y aparentes incumplimientos, que est&aacute; destruyendo diariamente con su maquinaria una zona, &uacute;nica en la isla, y en el mundo, por el enorme valor patrimonial que contiene; y porque en la costa de la isla ya no queda nada igual, debido a la trepidante urbanizaci&oacute;n de todo el sur y de este municipio, en el que la mano que mece esa cuna es la que domina el mundo. El dinero. El dinero belga. Cuna del alma, donde las almas &ldquo;crecen... para el mal..., arrojadas a las tinieblas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        All&aacute;, en lo que fue un para&iacute;so que numerosos activistas llevan a&ntilde;os intentando proteger de la corrupci&oacute;n desenfrenada, y donde se desarrolla un Tagoror Permanente Rotativo para la defensa del Puertito de Adeje desde el 12 de junio pasado, abren heridas en las lomadas, simult&aacute;neamente, numerosos bueyes de acero, distribuidos por toda la ladera y alrededor justo  de las zonas balizadas (por tratarse de yacimientos con valor arqueol&oacute;gico). Es de esa manera maquinada -con toda la intenci&oacute;n del t&eacute;rmino- que se aseguran dos cosas. Una, destruir la mayor cantidad posible de un espacio que debiera estar protegido, por si alguna orden gubernamental o judicial mandara a parar cautelarmente las obras; cosa que ya ha sucedido en varias ocasiones, gracias a las reivindicaciones activistas. Dos, dejar las zonas balizadas -patrimonio canario- rodeadas de carreteras o villas privadas, con el fin de que sean inaccesibles al p&uacute;blico canario como, de iure, le corresponde y que, de facto, le ser&aacute; negado con la venia de las autoridades competentes.   
    </p><p class="article-text">
        La mano que acaricia esta tierra no la nutre con amoroso vaiv&eacute;n, sino que la ceba con interesada prisa. Las palas y excavadoras comienzan en ocasiones a trabajar a las 7:20 y 7:30 de la ma&ntilde;ana, incumpli&eacute;ndose, presuntamente, normativas laborales y municipales, que deber&iacute;an proteger los derechos de trabajadores y del vecindario, que casi no logra descansar de los estertores diurnos; el berrido de la maquinaria no tendr&iacute;a que escucharse, seg&uacute;n orden municipal, hasta las 9 de la ma&ntilde;ana. La mano que mece la cuna del vecindario no lo hace con protectora calma, velando su sue&ntilde;o, no, m&aacute;s bien parece haber intentado narcotizarlo con doblez cautelosa. Con promesas falsas. Pero el ni&ntilde;o de la cuna se empieza a marear y se le oye a veces vomitar. Madres hay muchas y de diferentes clases -sociales tambi&eacute;n-, pero esta mano que sostiene el vaso de whisky en sus mansiones, a las que se retira con su corte de aplaudidores y c&oacute;mplices, no es precisamente femenina ni del pueblo, y lleva muchos a&ntilde;os mece que te mece en este lugar; tantos casi como dur&oacute; la dictadura en Espa&ntilde;a, y lo suficiente para que las costumbres, inherentes a aquella, se instalen en este. Es la mano que domina el mundo. No la que nos alienta en nuestros primeros pasos, sino la que nos avienta al tenebroso abismo de la turistificaci&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Llegada a este punto -puente- quiz&aacute; deber&iacute;a dejar dormir apacible, junto con su beb&eacute;, a la madre del poema, que ya me ha nutrido bastante, y centrarme en su hom&oacute;logo masculino y, en t&eacute;rminos estrictamente psicol&oacute;gicos -claro est&aacute;-, matar al padre. Seguro que no es solo un problema de madurez de todo un pueblo que siga dependiendo pol&iacute;ticamente de una persona que, aunque algunos adl&aacute;teres consideran la estrella de su galaxia y encauzada a la luz, muchas, incluidas la raz&oacute;n y la &eacute;tica, la ven claramente arrojada a las tinieblas. Tal vez los m&aacute;s de 35 a&ntilde;os que lleve en el poder un gobernante deber&iacute;an ser suficientes para gritar, al modo ciceroniano, &iexcl;o tempora, o mores!  (&iexcl;qu&eacute; tiempos, qu&eacute; costumbres!). &iquest;C&oacute;mo es que el &oacute;rgano ejecutivo de partido, ya sea insular, regional, o nacional, no ha pensado en matar al padre -insisto, en t&eacute;rminos psicol&oacute;gicos? Naturalmente habr&aacute; otras manos dispuestas a mecer la cuna, no hay que ser ilusa, pero al menos se supone que tardar&iacute;an unos a&ntilde;os en alcanzar el tempo adecuado para que todos los beb&eacute;s se durmieran pl&aacute;cidamente, cubiertos por la alargada sombra de su silueta.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, me pregunto cu&aacute;ntas manos habr&aacute; ahora meciendo la cuna o a cu&aacute;ntos hijos consolar&aacute;n otros tantos padres en un entramado tan escandaloso.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Fiscal&iacute;a Provincial, ante diferentes correos recibidos, que solicitaban que actuara ante la denuncia presentada en el Juzgado de Guardia de Arona, con la paralizaci&oacute;n cautelar del proyecto de Cuna del Alma, por operar sin licencia y comprometer el patrimonio arqueol&oacute;gico, se acaba de comunicar que se procede a incoar el expediente gubernativo y se acuerda el archivo del mismo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, estos d&iacute;as, semanas, meses, a&ntilde;os, en que casi todo huele a especulaci&oacute;n, al menos nos queda el Par&iacute;s de la poes&iacute;a, un b&aacute;lsamo del &aacute;nima, que desde el principio de este texto arrib&oacute; en las laderas de la corrupci&oacute;n, cosa que tal vez el poema de Wallace no pretend&iacute;a. En su desquite recordar&eacute; otra cuna que se mece, esta vez unos versos tibios y nost&aacute;lgicos del poeta c&oacute;smico Walt Whitman que dicen as&iacute;: 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;De la cuna que est&aacute; incesantemente meci&eacute;ndose, 
    </p><p class="article-text">
        de la garganta de cenzontle, musical lanzadera, 
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        un hombre y, sin embargo, por estas l&aacute;grimas, ni&ntilde;o de nuevo...&raquo; 
    </p><p class="article-text">
        Como Whitman, el maravilloso poeta de Hojas de hierba, nos sentimos hoy -me atrevo a afirmar- todas las personas que formamos este Tagoror Permanente Rotativo y dem&aacute;s grupos defensores del Puertito: atlantes incesantemente mecidas por esta tierra, desde las cumbres de nuestros barrancos hasta las playas, donde lloramos en la noche con una ni&ntilde;ez tristemente renovada. A&ntilde;oramos un canto, un arrorr&oacute;. El arrorr&oacute; de las pardelas, que estrellado contra los acantilados,  al quedar aquellas desorientadas por las luces de las avenidas, ya apenas arrulla nuestros sue&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mano-mece-cuna-puertito-adeje-ii_132_12525566.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Aug 2025 21:40:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mano que mece la cuna. El Puertito de Adeje II]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Corrupción con vistas al mar en el Puertito de Adeje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/corrupcion-vistas-mar-puertito-adeje_132_12505764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f60dc48-c46d-4a45-bae1-a228bff75157_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Corrupción con vistas al mar en el Puertito de Adeje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La corrupción, según infinidad de pruebas y testimonios, está bien abonada en este espacio de la isla. Aquí las costas han sido ampliamente colonizadas por malas hierbas: el ufano hormigón, ensoberbecidos hoteles y kilométricas aceras 
</p></div><p class="article-text">
        Cayo Verres, gobernador de Sicilia del 73 al 71 a.C. explot&oacute; su provincia para uso personal. Al menos de eso le acusa Cicer&oacute;n en <em>Las Verrinas. </em>A su parecer daba a los recursos comunes un uso lucrativo , al privatizar primero, por la v&iacute;a de los hechos consumados, y por decreto despu&eacute;s -tal como se alzan los muros-, lo que era del pueblo, por la v&iacute;a del derecho -que es como se tejen los puentes. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Sila, Julio C&eacute;sar y tant&iacute;simos otros hicieron de lo p&uacute;blico su pecunio, por no hablar de lo que se ha apropiado la Iglesia Cat&oacute;lica y de lo que se hizo en Espa&ntilde;a en la dictadura dentro de su operaci&oacute;n de terror. En Canarias, concretamente, se confiscaron muchos bienes y propiedades privadas cuyo beneficio, como en toda econom&iacute;a corrupta, se concentr&oacute; en manos de militares, funcionarios y empresarios afectos al r&eacute;gimen. Algunos de sus herederos hoy en d&iacute;a son propietarios de empresas, terrenos y hoteles, de procedencia ignominiosa. Tal ocurri&oacute; con aquellas ricas familias propietarias de fincas, reconvertidas ya muchas en urbanizaciones hoteleras; fueron tierras arrebatadas a los guanches y dem&aacute;s abor&iacute;genes durante la colonizaci&oacute;n de Canarias, y entregadas a las familias colonizadoras. A unos y otros no se les ha hecho nunca justicia con la devoluci&oacute;n de la tierra a sus propietarios y al pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Luego hay un grado muy superior de corrupci&oacute;n, la del imperialismo genocida, la de todo un estado como Israel y  los dem&aacute;s estados -instigadores, beneficiados y secuaces-, contra el aciago pueblo palestino; pero abordar esta llevar&iacute;a mucho m&aacute;s tiempo y merece cuidada dedicaci&oacute;n. Merece un himno hom&eacute;rico, un salmo, una letan&iacute;a; amerita el honor de lo po&eacute;tico, un canto &eacute;pico a una infancia en los huesos, disputada sin piedad a la vida; o un canto f&uacute;nebre al eterno dolor de madres y padres gazat&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Arist&oacute;teles en <em>La Pol&iacute;tica</em> (<em>&Pi;&omicron;&lambda;&iota;&tau;&iota;&kappa;&#940;</em>)  habla de la corrupci&oacute;n (<em>&phi;&theta;&omicron;&rho;&#940;, </em>&lsquo;phthora&rsquo;),  como una especie de desnaturalizaci&oacute;n, desviaci&oacute;n de la virtud -&iquest;y eso qu&eacute; era?-, en la que se abusa de la autoridad para beneficio personal, y es la &lsquo;demagogia&rsquo; (&delta;&eta;&mu;&alpha;&gamma;&omega;&gamma;&#943;&alpha;) -un tipo de <em>&phi;&theta;&omicron;&rho;&#940;-</em> la degeneraci&oacute;n de la democracia. &iquest;Nos suena?
    </p><p class="article-text">
        En realidad los ejemplos que podr&iacute;amos poner son infinitos, por desgracia, pero la referencia cl&aacute;sica tal vez nos sirva para darnos cuenta de lo poco que como sociedad -en lo &eacute;tico y en lo est&eacute;tico- hemos evolucionado a pesar de los siglos  transcurridos desde la antigua Sicilia, ese otro para&iacute;so isle&ntilde;o, de rugido volc&aacute;nico y laderas tiznadas, donde la ley del silencio se impone entre los habitantes atemorizados por las mafias y/o gobernantes, los m&aacute;s, chantajeados muchos, y sobornados otros tantos.
    </p><p class="article-text">
        Como canaria y tinerfe&ntilde;a, miembro del Tagoror Permanente Rotativo para la defensa del Puertito de Adeje, junto a otras personas de este colectivo, hondamente preocupadas por el destino de este espacio de valor incalculable, no vengo a referir aqu&iacute;, con el apoyo de estos antecedentes hist&oacute;ricos,  los casos de corrupci&oacute;n del panorama pol&iacute;tico nacional, a la que los medios ya dan suficiente cobertura. Me referir&eacute; a la tan habitual en las islas, concretamente en el suroeste de Tenerife, denunciada por muchos colectivos en RRSS, y algunos medios period&iacute;sticos y radiof&oacute;nicos, preocupados por el caso de Cuna del Alma. Sin embargo la prensa escrita canaria y nacional poco espacio han hecho a un esc&aacute;ndalo, que como en la canci&oacute;n rafaelina, ya es una rutina pero es m&aacute;s fuerte que un volc&aacute;n. Los volcanes rugen, como la marabunta por el bosque, pero estallan antes o despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Para ello, fiel a lo cl&aacute;sico, seguir&eacute; pidi&eacute;ndole auxilio a la matriz ling&uuml;&iacute;stica, y recurrir&eacute;, en este caso, a la etimolog&iacute;a latina con el fin de quitarle los pa&ntilde;ales y dejar un poco en cueros a la palabra en cuesti&oacute;n: c<em>orruptio. </em>Est&aacute; compuesta de <em>cum </em>(con, junto) <em>y rumpere </em>(quebrar, hacer estallar), significa acci&oacute;n y efecto de destruir o alterar globalmente por putrefacci&oacute;n -&iexcl;ojo!-, tambi&eacute;n acci&oacute;n de da&ntilde;ar, sobornar o pervertir. Qu&eacute; interesante y fecundo me parece el campo de las etimolog&iacute;as, no sembrado de amapolas o cardones, tabaibas y viborinas, pero s&iacute;  sembrado de verdad, igual que estas, con ra&iacute;z honda capaz de aferrarse a las laderas del lenguaje y de la memoria, como  se aferran  aquellas a las laderas de los barrancos del sur, mientras las palas de la promotora del se&ntilde;or Filip Hoste las arrancan para el fraudulento proyecto de Cuna del Alma. Despu&eacute;s las trasladan a una huerta -operaci&oacute;n <em>greenwashing</em>- donde las siembran no s&eacute; con qu&eacute; fin. &iquest;Tal vez para los jardines privados de las villas de lujo de m&aacute;s de 1.000.000 euros que pretenden construir para millonarios europeos? 
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la corrupci&oacute;n, seg&uacute;n infinidad de pruebas y testimonios, est&aacute; bien abonada en este espacio de la isla. Aqu&iacute; las costas han sido ampliamente colonizadas por malas hierbas: el ufano hormig&oacute;n, ensoberbecidos hoteles y kilom&eacute;tricas aceras que, desorientadas ladera arriba, se pierden envejecidas como Pen&eacute;lope, sobre lo que fueron frondosas plantaciones de pl&aacute;tanos, a la espera del taconeo de hipot&eacute;ticos turistas futuros que, al atardecer, rumbeen hacia los restaurantes, api&ntilde;ados como ristras de chorizo frente al mar.
    </p><p class="article-text">
        Son much&iacute;simos los incumplimientos -seg&uacute;n las investigaciones hechas por diversas personas cient&iacute;ficas, ambient&oacute;logas, bi&oacute;logas, historiadoras, ge&oacute;grafas, arque&oacute;logas, abogadas...-, mas se&ntilde;alar&eacute; aqu&iacute; solo tres tipos de ellos, aclarando que los responsables directos e indirectos de unos u otros incumplimientos son la promotora (Cuna del Alma S.L. / Andreas &amp; Partners S.L.), el Ayuntamiento de Adeje, el Gobierno de Canarias (Direcci&oacute;n General de Patrimonio Cultural) y el Cabildo de Tenerife.
    </p><p class="article-text">
         <strong>1. Destrucci&oacute;n de h&aacute;bitat protegido sin evaluaci&oacute;n adecuada.</strong> Eliminaci&oacute;n de especies protegidas como la <em>viborina triste</em> y afecci&oacute;n a h&aacute;bitats prioritarios de la Red Natura 2000, sin contar con las autorizaciones ambientales necesarias o ignorando su existencia. 
    </p><p class="article-text">
         <strong>2. Inicio de obras sin arqueolog&iacute;a preventiva efectiva. </strong>Da&ntilde;o o destrucci&oacute;n de yacimientos arqueol&oacute;gicos y etnogr&aacute;ficos (como el yacimiento del barranco del Agua), sin respetar el procedimiento de vigilancia arqueol&oacute;gica obligatoria. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Sin licencias ni permisos de Costas.  </strong>No tenemos constancia de que dispongan de permiso de Costas ni licencia urban&iacute;stica para ejecutar las obras de la zona pegada a la playa. 
    </p><p class="article-text">
        Para ir finalizando el relato, no entrar&eacute; en los numerosos y vergonzosos casos de corrupci&oacute;n -al modo de Verres- que se denuncian a diario en las redes sociales y que se atribuyen a la mayor autoridad municipal y su red clientelar.  Lo que me pregunto es c&oacute;mo es posible, en un estado de derecho, que todo esto no salte a la prensa nacional y lo investigue la fiscal&iacute;a anticorrupci&oacute;n; ya que las autoridades canarias parecen no ver indicios de nada, a juzgar por el avance de las obras de destrucci&oacute;n patrimonial del Puertito de Adeje. <em>Praevaricari</em> en lat&iacute;n tard&iacute;o significaba &ldquo;estar en connivencia un juez con una de las partes, faltar al deber y a la funci&oacute;n, torcerse, desviarse&hellip;&rdquo; La etimolog&iacute;a latina se basta sola como una vara. <em>Vara</em>, como nuestro <em>variscazo</em>, procede de la misma ra&iacute;z de <em>prevaricar</em>. Iron&iacute;as del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; denunciar&eacute; expl&iacute;citamente la injusticia que se est&aacute; cometiendo contra el se&ntilde;or Galindo, un pescador canario y adejero, de 81 a&ntilde;os, aquejado diversas patolog&iacute;as, a quien la Junta de Compensaci&oacute;n, dentro de su propio ayuntamiento, le ha expropiado su almac&eacute;n, antiguo empaquetado de El Puertito, por el que le ofrec&iacute;an antes la insultante cantidad de unos 12.600 euros, seg&uacute;n sus propias <a href="https://open.spotify.com/episode/7pPT9sevagPvOpK8v4HBPK" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">declaraciones en Radio San Borond&oacute;n</a>, y unos 20.000 euros ahora, seg&uacute;n &uacute;ltimas noticias. Se trata de un almac&eacute;n incluido en la protecci&oacute;n patrimonial hist&oacute;rica de la zona, por tanto no tiene precio. Almac&eacute;n que <a href="https://open.spotify.com/episode/06p5u1VRZPwqFB7Abq8nJh" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">deber&iacute;a ser un Aula Marina</a> dentro del  Museo de Sitio de La Historia y  La Naturaleza de Tenerife. Este es un proyecto sostenible realmente alternativo  a la macrourbanizaci&oacute;n Cuna del Alma, elaborado por V&iacute;ctor Mart&iacute;n, coordinador del grupo de investigaci&oacute;n de la Universidad de La Laguna GISAS.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el ayuntamiento arrebata a una familia su sal&oacute;n de valor patrimonial y se lo entrega a la promotora de un extranjero europeo, belga, que especula en nuestra isla desde hace 20 a&ntilde;os y que trabaja para otras dos familias millonarias belgas. Esto lo ha hecho el Consistorio adejero a un conciudadano octogenario canario al que le asiste la verdad pero no el aparato corrompido -<em>rumpere</em>- que deber&iacute;a protegerla.  
    </p><p class="article-text">
        Tras numerosas generaciones, el traidor Mencey Pelinor, antagonista del noble y legendario Ichasagua, parece haber dejado una huella majadera en el mapa gen&eacute;tico de este territorio isle&ntilde;o. Hagamos que la memoria del segundo nos fecunde los corazones.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/corrupcion-vistas-mar-puertito-adeje_132_12505764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Jul 2025 10:35:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Corrupción con vistas al mar en el Puertito de Adeje]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tierra común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tierra-comun_132_12327392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Se nos olvida que lo importante no es la siembra o recolección de las flores, que también; que lo que importa es el amor a la tierra, a lo vivo, lo cambiante y transformador de la expresión literaria
</p></div><p class="article-text">
        Se le llama envidia, con cierta ligereza, funcional &mdash;no digo que no-, que cae con frecuencia en la simplificaci&oacute;n. Es natural, pues heredamos una tradici&oacute;n moral que, desde los estoicos hasta los moralistas cristianos, ha catalogado esta emoci&oacute;n como vicio o desviaci&oacute;n. Sin embargo, me interesa m&aacute;s indagar en las causas, y reflexionar sobre la futilidad o no de dicha emoci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me apetece despersonalizar a esta se&ntilde;ora, quitarle el cintur&oacute;n, levantarle el velo y mirarle a los ojos &mdash;sin envidia-, si es que, tal como pienso, la belleza y la denuncia en el arte de escribir ha de estar por encima de mezquindades poco confesables. S&iacute;, al hacer esta reflexi&oacute;n me he dado cuenta de que casi todos esos vicios morales, que atraviesan a la humanidad, tienen en nuestra lengua nombres femeninos. La envidia tambi&eacute;n, &iquest;c&oacute;mo no?, pero ese tema ser&aacute; para otra ocasi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A menudo, cualquier suceso en nuestras relaciones nos hace darle vueltas a estos fen&oacute;menos tan humanos. Y yo me planteo, o quiero pensar, si no estar&aacute; antes de la envidia el amor. No tanto, o no solo, el amor propio herido, sino el propio amor por lo que admiramos, cualquier cosa de la otra persona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso que hoy me ocupa se trata de esa punzada que sentimos por la obra de otra autora; la que sentimos ante la escritura, su belleza, el proceso &iacute;ntimo de comuni&oacute;n con ella para lograr rozar su verdad y la nuestra. Quiz&aacute; se trate de una forma distorsionada de amor, pero esta tambi&eacute;n puede sublimarse en un sentimiento de admiraci&oacute;n y ser confundido. El mismo Arist&oacute;teles dec&iacute;a que la n&eacute;mesis pod&iacute;a ser una forma leg&iacute;tima de dolor, una especie de conmoci&oacute;n est&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ese desagrado aparente ante la obra ajena es como los flecos de nuestro anhelo que al pasar ante nosotras se lleva tras s&iacute; nuestra mirada. Y, a menos que lo que se envidie sea al beneficio econ&oacute;mico o los halagos que suscite dicha obra y sus consecuencias &mdash;lo que no es de mi inter&eacute;s en este momento e implica reevaluar ciertos v&iacute;nculos-, estaremos mostrando en el fondo un amor por el mismo campo f&eacute;rtil de lo literario, donde sembramos semillas con la esperanza de que florezcan. Y ah&iacute; quiero detenerme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No deber&iacute;a bastar la plenitud que se siente al abrazar este espacio y perderse en &eacute;l para encontrarse? Se nos olvida que lo importante no es la siembra o recolecci&oacute;n de las flores, que tambi&eacute;n; que lo que importa es el amor a la tierra, a lo vivo, lo cambiante y transformador de la expresi&oacute;n literaria. Al menos, creo que este deber&iacute;a ser el principal objetivo: el gozo.&nbsp; Por tanto, aquel desagrado podr&iacute;a ser una forma inapropiada de amor que olvida que amar no es poseer, sino dejar ser. Y, aunque no deja de ser un s&iacute;ntoma de sensibilidad est&eacute;tica compartida, puede tornarse innoble si no lo aceptamos con honestidad.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s es un tanto absurdo no reconocer esta emoci&oacute;n con el fin de disolverla. Al fin y al cabo, &iquest;qui&eacute;n puede poner coto al terreno de lo literario? &iquest;Qui&eacute;n puede asegurar que ya no cabe nada m&aacute;s? &iquest;La belleza no se debe a la comunidad? &iquest;C&oacute;mo no va a haber sitio para otras voces? Si la literatura es un convoy &eacute;tico-est&eacute;tico que viene cruzando oc&eacute;anos de tiempo y espacio, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da quien lo gu&iacute;e? Va a morir &mdash;&iexcl;memento mori!-, conviene recordarlo. Importa el bot&iacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sentido tiene competir por un lugar que, por definici&oacute;n, no se agota? &iexcl;Qu&eacute; bueno que tenemos a Virginia Woolf y tantas otras virginias para record&aacute;rnoslo!&nbsp; Adem&aacute;s, Woolf reclamaba no solo un lugar f&iacute;sico para la escritora, sino tambi&eacute;n un espacio interior desde el cual pensar, escribir y existir. El campo de lo literario, en el sentido en que ella lo explica, es com&uacute;n, pero no neutro: exige una &eacute;tica del reconocimiento mutuo. Por tanto, no importar&aacute; en realidad &lsquo;qui&eacute;n&rsquo; pero s&iacute; &lsquo;qui&eacute;nes&rsquo;, porque necesitamos, y con continuidad, un relato femenino amplio del mundo. Ella misma dec&iacute;a que el arte de escribir ha de ser una manifestaci&oacute;n de libertad, un legado, no una pugna por un trono irrepetible.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me gusta imaginar este campo como un espacio inmenso&nbsp; de amapolas hipn&oacute;ticas, un lugar inabarcable. El campo de la pertenencia a lo humano, donde la autenticidad debe importar m&aacute;s que la originalidad. Y aqu&iacute; entrar&iacute;a para m&iacute; el segundo objetivo, compartir la propia visi&oacute;n femenina del mundo y la denuncia de la injusticia y los atropellos sociales, con la ayuda del lenguaje literario; lo que me parece m&aacute;s fecundo que el deseo de ser alguien en particular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n tal como yo lo veo, el regocijo de la escritura ha de ser genuino y, si el resultado es bello, ser&aacute; &uacute;til; pero si es bello y &uacute;til para la comunidad, ser&aacute; doblemente bello. Por eso, en el intento, se van las horas y, en el contento, todo tiempo se me achica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tierra-comun_132_12327392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 May 2025 14:39:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tierra común]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Nada dos veces"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/veces_132_12217806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c2e10e1-f91e-4a81-8dbc-11b8d5fe54ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115596.jpg" width="1911" height="1075" alt="&quot;Nada dos veces&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta isla hoy, con sus hoteles de lujo que invaden espacios públicos impunemente; con sus proyectados Circuitos del Motor sin base legal; con sus urbanizaciones comiéndose, desesperadas, las montañas, cuando ya no quedan solares libres en el plato; en esta isla son demasiados los que se han creído lo de ser dioses</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Quien quiera que sepa d&oacute;nde est&aacute; la compasi&oacute;n, esa ilusi&oacute;n del alma, &iexcl;que avise por favor!&rdquo; Esto viene a decir el comienzo del poema <em>Anuncios por palabras</em>, de la gran poeta polaca Wi&#322;awa Szymborska, premio Nobel en 1996, a la que, confieso, descubr&iacute; hace nada, <em>nada dos veces</em>; apenas llevo tres d&iacute;as de fascinaci&oacute;n lectora bajo la envergadura de su halo po&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        He de dar las gracias. S&iacute;, aunque deb&iacute; haberla descubierto a&ntilde;os ha &mdash;cosas de mis colegas, que me la han regalado justo ahora, &iexcl;ya se les hubiera podido ocurrir antes!-. As&iacute; suceden los hechos, misteriosamente oportunos, o ser&aacute; la causalidad. Aunque igualmente misteriosa puede ser esa relaci&oacute;n. Porque este poema de la escritora polaca ha llegado a mis manos para consolarme de una desaz&oacute;n, de un impacto. A veces las palabras son como sombras proyectadas de personas que, pese a no estar, est&aacute;n. La poes&iacute;a tiene ese efecto en m&iacute;, como los abrazos que se quedaron pegados en la piel un d&iacute;a de cumplea&ntilde;os, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, en una red de inmensos agujeros, vi una imagen que alguien envi&oacute; de una mini chabola inundada en un barranco por las recientes lluvias en el sur de esta isla, una de tantas burbujas del Atl&aacute;ntico, donde, seg&uacute;n la tradici&oacute;n m&iacute;tica grecolatina, habitaban h&eacute;roes y dioses con los mortales que lo hab&iacute;an merecido. En esta isla hoy, con sus hoteles de lujo que invaden espacios p&uacute;blicos impunemente; con sus proyectados Circuitos del Motor sin base legal; con sus urbanizaciones comi&eacute;ndose, desesperadas, las monta&ntilde;as, cuando ya no quedan solares libres en el plato; con sus Cuna del Alma sin <em>viborina triste</em>, triste sin su cuna natural, ni manto ni arrullo; con sus altivos edificios, cortinas kilom&eacute;tricas, que nos impiden ver el mar con sus playas, y la mar con sus barquitos pesqueros; en esta isla son demasiados los que se han cre&iacute;do lo de ser dioses.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en esta isla feliz de la macaronesia (del griego mak&aacute;ron=de los felices y n&ecirc;soi=islas) se encontraba &nbsp;la chabola de la imagen citada, elaborada con pal&eacute;s. El suelo, otro pal&eacute;, y sobre este, una esterilla para dormir. El espacio interior de la chabola era justo el del paup&eacute;rrimo lecho. Quien fuera la persona due&ntilde;a deb&iacute;a dejar sus pies fuera, bajo el firmamento, y entrar como gata temerosa. Tan escaso era su h&aacute;bitat, tan sin 'nada', como un simple &ldquo;no molestar&eacute;, lo juro&rdquo;, como un &ldquo;perd&oacute;n, me hago a un ladito&rdquo;, como un &ldquo;disculpen, se&ntilde;ores con casa y jard&iacute;n, prometo no hacer ruido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pues, pese al realismo dram&aacute;tico de la imagen, quien la envi&oacute; le adjunt&oacute; un mensaje, que por su crudeza no citar&eacute; textualmente, pero del tipo: &ldquo;parece que al insecto se le empap&oacute; el trasero, jaja&rdquo;. Han sido muchos los mensajes de odio de esta clase en las redes despu&eacute;s de las lluvias. Son tiempos de acampadas, en que acampa tambi&eacute;n a sus anchas la aporofobia en amplios espacios virtuales.
    </p><p class="article-text">
        Quienquiera que lea este tipo de cosas, con un m&iacute;nimo de compasi&oacute;n por otro ser, que hable, que no calle, que lo baile, que lo cante, que lo escriba, que lo luche, <em>porque somos servidores.../y as&iacute; tenemos que aprender a ser </em>&mdash;dec&iacute;a tambi&eacute;n otro poeta interestelar recientemente regalado&mdash;<em>;</em> que los d&iacute;as pueden convertirse en noches sin estrellas. Que, si no reaccionamos, podr&aacute; suceder <em>La Noche, viuda del D&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&lt;<cualquiera que conozca el paradero></cualquiera></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de la compasi&oacute;n (fantas&iacute;a del alma),</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-&iexcl;que avise! &iexcl;que avise!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Que lo cante a voz en grito</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y baile como si perdiera la raz&oacute;n,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>jubiloso bajo el fr&aacute;gil sauce</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>eternamente a punto de romper en llanto&gt;&gt;</em>
    </p><p class="article-text">
        Aun con temor, mantengo la esperanza y, deseando que sean prof&eacute;ticos tus otros versos <em>Nada sucede dos veces</em>, te doy las gracias, Wis&#322;awa, a ti y a mis amigas y amigos por el abrazo literal y literario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/veces_132_12217806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Apr 2025 08:14:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Nada dos veces"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujer bajo el puente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mujer-puente_132_12189873.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Pues eso, que al estar sentada en este lugar, frente al mar, en un banco de madera reseca de un rincón cualquiera de la isla, me dispongo a la lectura de estos ensayos sobre literatura y feminismo
</p></div><p class="article-text">
        Amanece bonito, pero una mujer duerme bajo el puente.
    </p><p class="article-text">
        Yo empiezo con Virginia Woolf, <em>La libertad y el valor para escribir</em>, mientras espero a que me cambien las ruedas del coche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por no haber revisado con frecuencia el aire, se han gastado tanto las gomas, que he de cambiarlas. &iquest;Aprender&eacute; de &eacute;sta? Bueno, conf&iacute;o en que s&iacute;. Tal vez dej&aacute;ndolo escrito aqu&iacute;, entre gente comprometida y seria, me lo tome yo tambi&eacute;n en serio. He de pisar tierra.
    </p><p class="article-text">
        Pues eso, que al estar sentada en este lugar, frente al mar, en un banco de madera reseca de un rinc&oacute;n cualquiera de la isla, me dispongo a la lectura de estos ensayos sobre literatura y feminismo.
    </p><p class="article-text">
        La mujer bajo el puente se ha incorporado. Hace un gesto dolorido echando la espalda hacia atr&aacute;s, como reajustando sus huesos. Su pelo negro parece un amasijo de cables enmara&ntilde;ados. Se rasca la cabeza. Estira el cuello y dirige la cara hacia el techo del puente. Vuelve a bajarla con dolor aparente.
    </p><p class="article-text">
        Dos mujeres hablan detr&aacute;s de m&iacute; sobre zanahorias y mascotas. &iquest;Podr&iacute;an bajar un poco la voz, por favor? Por fin se despiden.
    </p><p class="article-text">
        Un barquito pesquero, regresando de la noche, busca puerto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&aacute; en la orilla del barranco, m&aacute;s arriba del puente, se ve un hombre sentado ante una cueva. La ladera est&aacute; llena de ojos. Hay un perro a su lado. Parece morder un trozo de algo, el hombre. Arranca un poco y se lo da a su compa&ntilde;ero que lo devora al instante. Por sus movimientos &aacute;giles no parece mayor, el hombre. Le llegan los primeros rayos del sol que se filtran en la ladera. La cortina que hace de puerta de la cueva se levanta con el aire y se le enreda en la cara. El perro aprovecha y se lanza a su cobijo.
    </p><p class="article-text">
        La mujer bajo el puente volvi&oacute; a tumbarse. Digo yo, porque solo veo el bulto.
    </p><p class="article-text">
        La gente corre sola o en pareja, o airea a sus mascotas, por el paseo de madera. Atraviesan el puente. Parecen felices.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra cueva un poco m&aacute;s arriba a&uacute;n. Me queda lejos. Percibo a un ni&ntilde;o con un palo. Una mujer, ser&aacute; la madre, sale del agujero y le da agua directamente de una garrafa de &eacute;sas de cinco litros. Los ojos del barranco saben cosas. Los otros ojos no quieren.
    </p><p class="article-text">
        Por la derecha, dos chicas italianas se asoman a la barandilla. Se quejan en alto del escaso tama&ntilde;o de su piso y el precio del alquiler. Una lleva un peinado a lo Amy Winehouse. Revolotea una mariposa negra en torno a ella s&oacute;lo. Se van pronto.
    </p><p class="article-text">
        Un hombre se me coloca delante. Lleva en la mano la correa del perro que le sigue. Me pregunta la hora. Le digo las nueve treinta. Me pregunta qu&eacute; leo. No le entiendo bien. Tiene acento alem&aacute;n y adem&aacute;s pasa cerca un cami&oacute;n de reparto con su bufido <em>expulsagases</em>.
    </p><p class="article-text">
        El sol ya da de lleno en toda la cuenca del barranco. Pasa una bandada de gaviotas. El mar, algo m&aacute;s crecido y suave a&uacute;n, ronronea como un gato que busca caricias entregando su lomo a las rocas.
    </p><p class="article-text">
        Una pareja mayor peninsular, vestida elegante, sentada en el banco de al lado, espera a que la vengan a recoger. La mujer hace una llamada de tel&eacute;fono. Est&aacute; enfadada. Lleva una hora esperando, dice. Tienen una perrita blanca. Parece feliz.
    </p><p class="article-text">
        El bulto bajo el puente se mueve. Un brazo sobresale de los ropajes, &iquest;o es una vela? Se estira y vuelve a sumergirse en su peque&ntilde;o nav&iacute;o de telas enredadas. El cuerpo hace un intento fallido por incorporarse, apoyado en pies y manos, como una uve may&uacute;scula invertida que se desploma y, sin pausa, toma la forma de una eme min&uacute;scula.
    </p><p class="article-text">
        Yo, que me tom&eacute; al pie de la letra lo de que a las dos horas estar&iacute;a listo el coche, aqu&iacute; sigo cuatro horas m&aacute;s tarde, sentada como una l&aacute;nguida ele en otro ronco rinc&oacute;n marinero, del mismo pueblo de la isla y frente al mismo mar.
    </p><h3 class="article-text">&nbsp;</h3>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mujer-puente_132_12189873.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2025 13:20:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mujer bajo el puente]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Discapacidades motoras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/discapacidades-motoras_132_12048123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En <em>El Banquete </em>de Plat&oacute;n, S&oacute;crates dice algo as&iacute; como que los ojos del esp&iacute;ritu no comienzan a hacerse previsores hasta que los del cuerpo se debilitan. De ese apotegma es del que me he acordado, sumergida en un estado de &eacute;xtasis literario, mientras iba llegando al final del libro <em>La Clase de griego</em>, de la reciente premio Nobel.
    </p><p class="article-text">
        La intenci&oacute;n de S&oacute;crates seguramente poco tuvo que ver con mi interpretaci&oacute;n, pero para eso est&aacute; el arte, porque la teor&eacute;tica y la est&eacute;tica en la obra de Plat&oacute;n parecen ir de la mano, sin que pueda yo afirmar si me aportan m&aacute;s sus ideas filos&oacute;ficas o la belleza de su decir. Lo cierto es que el gozo sublime de dos horas a que me condujo aquel libro me hizo olvidar por completo mi cuerpo mientras lo le&iacute;a, salvo cuando ten&iacute;a que secarme la cara y enjugarme el ag&uuml;illa que resbalaba lenta, en forma de trenza, hecha de l&aacute;grimas de placer, de un lado, y de l&aacute;grimas de sufrimiento, del otro lado. Tan excelso y crudo me parec&iacute;a el relato de Han Kang. Entonces, sin poder apartar mi mirada de la p&aacute;gina, con una mano sosten&iacute;a el libro abierto y con la otra hurgaba en mi mochila, buscando un paquete de pa&ntilde;uelos, que en alg&uacute;n momento habr&iacute;a sacado, incomprensiblemente, de su refugio l&oacute;gico. Al no encontrarlo, tiraba, a tientas, con la misma mano, de las hojas del servilletero sobre la mesa, que cruj&iacute;an entre mis dedos, quejumbrosas, tal vez por no depositar en ellas mi mirada, como merec&iacute;an, antes de ser usadas. De peque&ntilde;a pensaba que los objetos tambi&eacute;n ten&iacute;an ojos y agradec&iacute;an las caricias de otros ojos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por un momento repar&eacute; en que no me molestaba en absoluto el ruido del tr&aacute;fico interior y exterior de la segunda cafeter&iacute;a, de gasolinera, en la que me refugi&eacute; esa ma&ntilde;ana. Tampoco me incomodaba el calor que empec&eacute; a sentir bajo el toldo negro que cubr&iacute;a la zona de las mesas, sobre el que un sol de eterno verano hac&iacute;a gala, generoso, de sus mejores cualidades.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a llevado a un taller, para su diagn&oacute;stico, el coche que usa mi hijo peque&ntilde;o &ndash;que es grande&ndash;&nbsp;y que, por lazos del demonio, se le hab&iacute;a estropeado, d&iacute;as antes, en marcha, perdiendo velocidad hasta no poder pasar de sesenta. El taller estaba en el pol&iacute;gono de Las Chafiras, a cierta distancia de mi casa. No val&iacute;a la pena regresar a casa en un taxi, para tener que volver en otro taxi a las dos horas. Hab&iacute;a ido al taller conduciendo dicho coche despacito, en tercera. De modo que anduve leyendo cobijada entre las frescas sombras de los &aacute;rboles de la alameda, en el complejo residencial del pol&iacute;gono, Llano del Camello; as&iacute; fue como acab&eacute; tomando <em>nadas</em> hasta en dos cafeter&iacute;as, que dispon&iacute;an de sillas m&aacute;s c&oacute;modas que los muros de canto visto de la alameda, y que a mi trasero, m&aacute;s que <em>vistos</em>, se le antojaron <em>revirados</em> sin ton ni son &ndash;como adolescentes&ndash;, al cabo de media hora sentada sobre ellos.
    </p><p class="article-text">
        Mi deambular por la avenida entre las dos cafeter&iacute;as era flotante, como una pompa feliz dando saltos de un lado a otro. Mi esp&iacute;ritu, o lo que sea que soy m&aacute;s all&aacute; de la apariencia, se hallaba arrebolado en la sublime experiencia de aquella lectura; as&iacute; me sent&iacute;a, incluso cuando caminaba y no le&iacute;a, o cuando iba al ba&ntilde;o del segundo bar, despu&eacute;s de solicitar la llave del mismo a la camarera. Al llegar &ndash;al fondo a la derecha&ndash;, hab&iacute;a dos puertas: una puerta ten&iacute;a una pegatina que representaba a un hombre, la otra, dos pegatinas: una, con la imagen de una mujer y la segunda, con la de una silla de ruedas.
    </p><p class="article-text">
        En esa azotea esf&eacute;rica en que se encontraba mi mente, me vino en volandas la c&aacute;bala &ndash;como en otras ocasiones m&aacute;s terrenales ante estas pegatinas&ndash;, de si en este pa&iacute;s no habr&iacute;a hombres con discapacidades motoras, o si se trataba, en el fondo, de que a todas las mujeres se nos consideraba con discapacidades, por lo que entr&aacute;bamos en el mismo grupo; y la tercera opci&oacute;n que todas&nbsp;conocemos. Los churretes ennegrecidos del lavabo eran tales, que me preguntaba, bajo la misma divertida enso&ntilde;aci&oacute;n, por qu&eacute; el ba&ntilde;o estar&iacute;a custodiado con llave. Me lav&eacute; las manos y procur&eacute; salir sin tocar el llav&iacute;n que dej&eacute; puesto por dentro &ndash;lo que era imposible&ndash;. Deb&iacute; usarlo de nuevo para dejar exentos de riesgos sus tesoros inmaculados.
    </p><p class="article-text">
        En fin, en esa segunda cafeter&iacute;a, casi acab&aacute;ndome el libro ya, fui consciente de mi cuerpo, pero s&oacute;lo por el sentido del tacto y el o&iacute;do. Ese momento sensorial fue breve, por decisi&oacute;n propia, para no perder el hilo de la lectura. En esa brevedad y, como consecuencia de mi interlocuci&oacute;n con la ceguera y la mudez de los dos personajes de mi lectura, se me hizo presente el aforismo plat&oacute;nico. &iexcl;Me sent&iacute; tan agradecida!
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento de esa ma&ntilde;ana, los ojos de mi esp&iacute;ritu se conjuraron literariamente con los del profesor de griego del relato, para prever las dos horas imponderables que me esperaban, gracias a la sensibilidad sublime de&nbsp;la autora coreana. Esos ojos, los del profesor, y los ojos literarios de la autora, apartaron de m&iacute; el c&aacute;liz de mi cuerpo casi por completo. Porque era as&iacute; como me sent&iacute;a, dentro de una copa y al mismo tiempo despegada de ella, siendo yo s&oacute;lo el <em>dentro</em>.
    </p><p class="article-text">
        Al finalizar el libro, con la pena y el gozo, mezclados a partes iguales all&aacute; arriba, me di cuenta de que muy lejos, all&aacute; abajo, ten&iacute;a los pies dormidos desde hac&iacute;a largo rato. Confabulado con la burda realidad, me entr&oacute; un mensaje del taller con el diagn&oacute;stico y el presupuesto. Rotura del turbo, 1.445 euros, incluida la mano de obra. Cayendo en la cuenta real de las discapacidades motoras de mi veh&iacute;culo, me levant&eacute; y pagu&eacute; los <em>nadas</em> que me hab&iacute;a tomado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Balbina Martín Espínola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/discapacidades-motoras_132_12048123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Feb 2025 13:38:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Discapacidades motoras]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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