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    <title><![CDATA[elDiario.es - Beatriz Valdeón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/beatriz-valdeon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Beatriz Valdeón]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Enciclopedias zombis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/enciclopedias-zombis_1_12053760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9402598-088e-4834-aef7-cfe88403c079_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Enciclopedias zombis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Elogio y nostalgia de las viejas enciclopedias en papel, pese a que unos las llaman "mamotretos desactualizados" y otros proponen montar con ellas “pies de lámparas, mesas, veladores, sillones, mesillas de noche, baldas, escabeles, incluso porta cuchillos de cocina”</p><p class="subtitle">Archiletras | Todo es lengua - Del imperio de la ley a la ley del más fuerte
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Volver&aacute;n como los vinilos&rdquo;, dije levantando la mano derecha con el &iacute;ndice estirado como La Sibila cumana, la de Andrea del Castagno en Florencia. Convencida, aunque el vaticinio no fuera originalmente m&iacute;o. Lo hab&iacute;a le&iacute;do en un comentario a una foto de la red social X, donde aparec&iacute;an diez tomos impecables de la <em>Enciclopedia Universal Larousse</em> sobre un contenedor amarillo.
    </p><p class="article-text">
        Intentaba convencer a unos amigos de que no destruyeran la herencia de veinticinco vol&uacute;menes de la <em>Gran Enciclopedia Rialp</em> (1971). Me miraron con cara de pena y uno de ellos voce&oacute; &ldquo;Alexa, &iquest;d&oacute;nde se tiran las enciclopedias?&rdquo;. La pregunta reson&oacute; en la casa reci&eacute;n reformada, con su cocina incorporada al sal&oacute;n y su isla, y rebot&oacute; en los paneles de pladur que sustituyen a las paredes de ladrillo derribadas. Poco espacio y tecnofilia digital, un contexto hostil para ellas.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, introduje una duda en su decisi&oacute;n condenatoria, y el indulto lleg&oacute;, redes sociales mediante, de las autoridades competentes en decoraci&oacute;n. Un escroleo sin fin mostr&oacute; pruebas fotogr&aacute;ficas de la tendencia retro: c&oacute;mo montar pies de l&aacute;mparas, mesas, veladores, sillones, mesillas de noche, baldas, escabeles, incluso porta cuchillos de cocina con las viejas enciclopedias de papel. Si flaquean los &aacute;nimos para disponerse a encolar tomos, los <em>deco-influencers</em> proponen un sencillo tuneo, convertirlas en &aacute;lbumes de fotos. 
    </p><p class="article-text">
        Mis amigos encontraron otra moda m&aacute;s. Consiste en colocar los vol&uacute;menes al rev&eacute;s para decorar una sala con la uniformidad crom&aacute;tica de sus hojas de papel (en lugar de los &ldquo;colorinches&rdquo; de los lomos). Qui&eacute;n sabe si a los creadores de #backwardsbooks les baj&oacute; la inspiraci&oacute;n directamente de los frescos renacentistas del Sal&oacute;n Principal de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. O hallaron las musas contemplando los ejemplares vueltos que custodia la Laurentina. En este caso concreto parece ser que los autores de la tendencia fueron Felipe II y el padre Sig&uuml;enza. Al primero le preocupaba que los colores de los libros adquiridos compitieran con las pinturas que cubr&iacute;an la cubierta de b&oacute;veda de ca&ntilde;&oacute;n, &ldquo;un devoto homenaje a la Capilla Sixtina&rdquo;. Al segundo se le ocurri&oacute; la idea de dorar los cantos de los ejemplares y colocarlos hacia afuera. Una raz&oacute;n puramente est&eacute;tica, seg&uacute;n divulga Patrimonio Nacional, que ayud&oacute; a su preservaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y qu&eacute; nos impulsar&aacute; a quienes conservamos, a punto de un Di&oacute;genes, lo que otros llaman &ldquo;mamotretos desactualizados&rdquo;. Cueste el espacio que cueste, incluso en alg&uacute;n m&oacute;dulo de estanter&iacute;a Billy acoplado al cuarto de ba&ntilde;o, por los pasillos, detr&aacute;s de la puerta, en el suelo o en el techo. Por qu&eacute; no debajo de la cama. Y qu&eacute; empoderamiento, superpoder o causa m&iacute;stica encamina a sus rescatadores, los que buscan alojamiento para estos hu&eacute;rfanos de tomo y lomo. Un amigo presenci&oacute; recientemente el rechazo de una librer&iacute;a c&eacute;ntrica de Madrid a la donaci&oacute;n de &iexcl;un Corominas!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos domina m&aacute;s la curiosidad o la relaci&oacute;n afectiva? Muchas generaciones poseemos un v&iacute;nculo sentimental con esas p&aacute;ginas sobre las que apoy&aacute;bamos, con cuidado, el cuaderno y el l&aacute;piz para hacer los deberes o documentar los trabajos. Ah&iacute; estaban, por orden alfab&eacute;tico y resumidos, todos los conocimientos del mundo. No solo en las bibliotecas sino en las casas de quienes invirtieron sus ahorros en comprar una enciclopedia, probablemente a plazos porque costaban un past&oacute;n. Fueron unos clientes persuadidos, en la mayor&iacute;a de los casos, por la curiosidad y la ilusi&oacute;n de aprender; y tambi&eacute;n por el empe&ntilde;o de que sus hijos y sus nietos estudiaran.
    </p><p class="article-text">
        He vuelto a abrir las enciclopedias de mi casa, todas heredadas. Todas preciosas, &iquest;qu&eacute; puede decir una conservacionista? Por los saltos de motitas de polvo al sol, hac&iacute;a mucho tiempo que no pasaba sus hojas. Un mundo quiz&aacute; algo polvoriento, pero tranquilo, donde el azar sin bater&iacute;a de litio te lleva al descubrimiento de una palabra, una cromotipia, una t&eacute;cnica agr&iacute;cola abandonada&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        No me explico c&oacute;mo, pero me parece que por la habitaci&oacute;n vac&iacute;a est&aacute;n cruzando mujeres que dejan un perfume elegante y suave. Una lectora del pasado detr&aacute;s de otra. &iquest;A vainilla?, &iquest;flor del almendro? Tambi&eacute;n deben de pasar hombres. &iquest;Huele a s&aacute;ndalo suave?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los libros viejos liberan part&iacute;culas arom&aacute;ticas&rdquo;, confirma<a href="https://www.eldiario.es/cultura/quimica-explica-belleza-arte_1_10227899.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Deborah Garc&iacute;a Bello</a> en su libro <em>La qu&iacute;mica de lo bello</em> (2023, Paid&oacute;s). Una de las principales es la vainilla, &ldquo;un producto secundario de la oxidaci&oacute;n de la lignina&rdquo; (pol&iacute;mero responsable de mantener unidas las fibras de la celulosa de la madera). Con el paso del tiempo tambi&eacute;n se produce benzaldeh&iacute;do (aroma a almendra), etilbenceno y tolueno (toque dulce) y 2-etilhexanol (floral). Y a&uacute;n hay otro responsable, el furfural, una mol&eacute;cula cuya concentraci&oacute;n aumenta de tal manera con los a&ntilde;os que su medici&oacute;n sirve para datar la antig&uuml;edad de los libros. Tambi&eacute;n tiene una nota de almendra. &iexcl;Qu&eacute; bien huelen las enciclopedias! Hagan una cata.
    </p><p class="article-text">
        Desde su superficie, el tacto influye en la recepci&oacute;n de la informaci&oacute;n. C&oacute;mo destensa el gesto de mover la mano elegantemente hasta las esquinas de la encuadernaci&oacute;n. Y, despu&eacute;s, con la acci&oacute;n del pulgar, el &iacute;ndice y a veces el coraz&oacute;n, llega otra p&aacute;gina y otra y otra. Ese movimiento delicado, que evita da&ntilde;ar la hoja, genera un sonido relajante. &iquest;Hemos olvidado c&oacute;mo suenan las p&aacute;ginas? La ansiedad de la pantalla es una enfermedad desconocida aqu&iacute;. Cuantos m&aacute;s est&iacute;mulos, m&aacute;s concentraci&oacute;n. Est&iacute;mulos de los que hablaba Borges cuando le preguntaban por su enciclopediafilia: &ldquo;No me importa que sean viejas. Yo no busco solo informaci&oacute;n. Busco tambi&eacute;n est&iacute;mulos&rdquo;. Su favorita era la edici&oacute;n de 1902 de la <em>Britannica</em>, heredada de su padre. Tambi&eacute;n le&iacute;a la italiana <em>Treccani </em>(1929-1937), la alemana <em>Brockhaus </em>(1796-1808) y la <em>Cyclopaedia </em>de Ephraim Chambers (1718, Londres), que inspir&oacute; <em>L&rsquo;Encyclop&eacute;die </em>(1751-1772).
    </p><p class="article-text">
        Con <em>Hombres buenos</em>, de Arturo P&eacute;rez-Reverte (2015, Alfaguara) como gu&iacute;a, imaginemos aquel heroico viaje a Par&iacute;s de &ldquo;dos se&ntilde;ores acad&eacute;micos comisionados&rdquo; para traer a Espa&ntilde;a la primera edici&oacute;n de la <em>Encyclop&eacute;die, ou Dictionnaire raisonn&eacute;</em>, a finales del siglo XVIII. Ocurri&oacute; durante el reinado de Carlos III, pero con el Tribunal del Santo Oficio en activo. Uno de sus autos inquisitoriales hab&iacute;a implicado incluso al director de la Real Academia Espa&ntilde;ola, Vega de Sella, marqu&eacute;s de Oxinaga, y a otros acad&eacute;micos por leer a fil&oacute;sofos extranjeros.
    </p><p class="article-text">
        Por mayor&iacute;a de doce votos a favor y seis en blanco, la Junta de la Academia, con sede en la calle del Tesoro de Madrid, encomend&oacute; la noble y arriesgada misi&oacute;n a don Herm&oacute;genes Molina (63 a&ntilde;os), el bibliotecario, &ldquo;latinista conspicuo y traductor notable de Virgilio y de T&aacute;cito&rdquo;, junto al brigadier de Marina retirado don Pedro Z&aacute;rate, conocido como el almirante. La Enciclopedia francesa estaba prohibida, pero partieron con un ins&oacute;lito permiso y la condici&oacute;n de que solo pudiera ser le&iacute;da por los acad&eacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        P&eacute;rez-Reverte hall&oacute; por casualidad los 28 vol&uacute;menes en la biblioteca de la sede actual de la RAE y sigui&oacute; su rastro. El privilegio de tocar y oler la primera edici&oacute;n de la obra de Diderot y d&rsquo;Alembert que iba a cambiar el mundo, &iquest;es comparable a leerla en formato digital? (una versi&oacute;n est&aacute; disponible en Gallica, Biblioteca Nacional Francesa).
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; tiempo hasta que las enciclopedias espa&ntilde;olas modernas aparecieran hacia la segunda mitad del siglo XIX. Qu&eacute; t&iacute;tulo tan largo y bonito para una de las pioneras: <em>Manual enciclop&eacute;dico o repertorio universal de noticias interesantes, curiosas e instructivas sobre diferentes materias. &Uacute;til a toda clase de personas </em>(Madrid, 1842). Casi un siglo despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de <em>L&rsquo;Encyclop&eacute;die</em>, su encabezamiento resume con un lenguaje coloquial la voluntad de traer las luces de la raz&oacute;n y el progreso. El anhelo de la democratizaci&oacute;n del saber. Para todas las personas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n informaci&oacute;n proveniente de la Biblioteca Nacional, de mayor calidad fue el <em>Diccionario Enciclop&eacute;dico Hispanoamericano de literatura, ciencias y arte</em> (1887-1898, Montaner y Sim&oacute;n, Barcelona). El relevo lo tom&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s la <em>Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana</em> (1905, Barcelona), la <em>Espasa</em>, que lleg&oacute; a tener 70 vol&uacute;menes. Y el <em>Diccionario Universal con todas las voces y locuciones usadas en Espa&ntilde;a y en la Am&eacute;rica Latina</em> (1910, Segu&iacute;, Barcelona).Y llegaron muchas m&aacute;s: Rialp, Salvat, Everest, Sopena, Espasa Calpe, Labor, Bibliograf, Larousse, Planeta-Agostini&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Miro la m&aacute;s antigua de mi casa, una <em>Enciclopedia Sopena </em>de 1933 (Ram&oacute;n Sopena, Barcelona), &ldquo;con 206.000 art&iacute;culos, 20.500 grabados, 94 mapas y 39 cromotipias de 'delicada factura'&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        No veo en el <em>Diccionario Enciclop&eacute;dico Quillet</em> (1973, Buenos Aires), del que copiaba los mapas con papel cebolla, ning&uacute;n rastro de l&aacute;piz de mis b&uacute;squedas. No se pintarrajeaban. En la <em>Focus </em>(1965, Argos, Barcelona), que dice estar al d&iacute;a de neologismos y posee unas ilustraciones encantadoras, me paro en un gr&aacute;fico de la entrada <em>Aceleraci&oacute;n de part&iacute;culas</em>. Se nota por el desgaste de alguna tapa de papel que mi preferida es el <em>Diccionario Literario de obras y personajes de todos los tiempos y todos los pa&iacute;ses</em> (1965, Montaner y Sim&oacute;n, Barcelona).
    </p><p class="article-text">
        Sigo saltando de estanter&iacute;a sin orden hasta la llamativa encuadernaci&oacute;n en tela roja de <em>Historia del cine</em> (1948, Afrodisio Aguado, Madrid). En el tomo I, me encuentro con la sorpresa de un desplegable en el apartado <em>Aleluyas y cr&oacute;nicas del crimen</em>, que tuvieron su apogeo en Espa&ntilde;a desde 1858 a 1897, seg&uacute;n explica Carlos Fern&aacute;ndez Cuenca (fundador y primer director de la Filmoteca Espa&ntilde;ola). La aleluya en papel fino verde se titula <em>Vida del enano don Crisp&iacute;n</em> (Despacho Sucesores de Hernando, Arenal, 11, Madrid), una truculenta y fant&aacute;stica historia en 48 vi&ntilde;etas.
    </p><p class="article-text">
        Pesan mucho los tomos de <em>Geograf&iacute;a Universal Larousse</em> (1966, Planeta, Barcelona), tanto como los curr&iacute;culum de los 69 colaboradores y asesores de textos, mapas y fotograf&iacute;as. Entre las p&aacute;ginas dedicadas a Jap&oacute;n aparece una hoja de papel cuadriculado en azul. Es una carta infantil que escrib&iacute; a una amiga llamada Marisol cont&aacute;ndole que en ese momento estaba en el pa&iacute;s nip&oacute;n. Se ve que con tantos recorridos por columnas de texto y fotos no encontr&eacute; tiempo para acabarla. Huele a flores de almendro.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; se&ntilde;ales ver&iacute;a ahora la Sibila de Cumas, siempre con sus libros de predicciones bajo el brazo, en noticias sobre, por ejemplo, los tres meses que tard&oacute; la British Library en recuperar su servicio digital tras un ciberataque. Da&ntilde;os que a&uacute;n sufre y sigue reparando. &ldquo;Mientras que trabajamos para que nuestros servicios vuelvan a estar completamente en l&iacute;nea, publicamos algunos recursos que pueden ayudarle a encontrar lo que busca. Visite nuestro blog para encontrar formas alternativas de trabajar con nuestras colecciones de registros y documentos privados de India&rdquo;, publicaron en X. 
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; anunciar&aacute;n otros sucesos como el impacto en casi la mitad de la poblaci&oacute;n mundial de las ca&iacute;das de WhatsApp, Instagram, Facebook&hellip; O el crecimiento y la dependencia de la geopol&iacute;tica de los <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/europa-mira-espacio-riesgo-seguridad-cables-submarinos-elon-musk-starlink_1_11917596.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cables submarinos</a> que sostienen f&iacute;sicamente la nube junto a los centros de datos. &iquest;Qui&eacute;nes son sus due&ntilde;os? O la vuelta de los tel&eacute;fonos &ldquo;tontos&rdquo;, que puede interpretarse como una moda retro m&aacute;s que cuaj&oacute; entre la generaci&oacute;n Z estadounidense, como una nostalgia muy Nokia o como el privilegio de algunos ciudadanos que no necesitan estar hiperconectados y buscan mayor privacidad, sin redes sociales, sin pantalla de luz azul. Minor&iacute;as, pero&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Leo <em>El a&ntilde;o del desierto</em> (Libros del Asteroide), la distop&iacute;a sobre Argentina que Pablo Mairal escribi&oacute; en 2012. Sigo la voz recuperada de Mar&iacute;a Neyla Vald&eacute;n (&ldquo;el desierto no me comi&oacute; la lengua&rdquo;) cuando trabajaba como secretaria enfrent&aacute;ndose a los primeros efectos de &ldquo;la intemperie&rdquo;. &ldquo;Aunque ya no funcionara el sistema inform&aacute;tico, hab&iacute;a que aparentar que segu&iacute;amos usando la &uacute;ltima tecnolog&iacute;a&rdquo;. Y salgo corriendo a seguir limpiando el polvo de mis joyas, la <em>Historia del periodismo</em> (1967, Editora Nacional, Madrid), <em>Las bellas artes</em> (1969, Grolier, Mil&aacute;n), <em>El arte y el hombre</em> (1965, Planeta, Barcelona), la <em>Historia General del trabajo </em>(1965, Grijalbo)&hellip; Siempre encuentro disculpas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Valdeón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/enciclopedias-zombis_1_12053760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2025 20:52:11 +0000]]></pubDate>
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