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    <title><![CDATA[elDiario.es - Azahara Artacho Botella]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/azahara-artacho-botella/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Azahara Artacho Botella]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[25N ni un paso atrás contra la violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/25n-paso-violencia-machista_132_12791466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90283e6c-b00f-43aa-a537-95dcdb7bb90e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="25N ni un paso atrás contra la violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No podemos despistarnos ni un segundo. Cada retroceso, cada duda o cada intento de relativizar la violencia machista es una puerta abierta para perpetuarla"</p></div><p class="article-text">
        Pronto se cumplir&aacute;n 28 a&ntilde;os desde que Ana Orantes abriera los ojos a toda una sociedad con su relato. 28 a&ntilde;os desde que cont&oacute; en televisi&oacute;n la violencia continuada a la que su exmarido la hab&iacute;a sometido. Ese exmarido con quien la justicia la oblig&oacute; a convivir y que la acabar&iacute;a quemando viva pocos d&iacute;as despu&eacute;s. 28 a&ntilde;os de aquel acto de coraje que supuso un antes y un despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de que el testimonio de la granadina pusiera voz a tantas y tantas mujeres, y gracias al empuje incansable del movimiento feminista, llegaron una ley pionera que supon&iacute;a el reconocimiento de la violencia machista en el c&oacute;digo penal y la necesidad de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para luchar contra ella. Se empez&oacute; tambi&eacute;n a llevar la cuenta de las mujeres asesinadas: una cifra que, aun sin recoger todas las violencias, nos recuerda a&ntilde;o tras a&ntilde;o, como un goteo insoportable, que queda mucho camino por recorrer.
    </p><p class="article-text">
        Desde que Ana dijese en televisi&oacute;n que ella &ldquo;no se expresaba bien&rdquo; (se equivocaba, poca gente se ha expresado tan bien a lo largo del a historia), tambi&eacute;n vino una ola feminista que provoc&oacute; un tsunami morado en las calles de cada ciudad y cada pueblo del estado, en ese potente 2018 que gritaba que nos queremos vivas, libres, y sin miedo. 
    </p><p class="article-text">
        En Euskadi nuestra memoria feminista nos recuerda que todo el camino recorrido nos ha servido para poner de manifiesto que la violencia machista es un problema estructural de nuestra sociedad que requiere medidas tambi&eacute;n estructurales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os asistimos a la llegada de una tendencia reaccionaria que nos dice que la violencia machista no existe, que son algunos casos puntuales o que el problema lo traen ciertos hombres que vienen de fuera, con otra cultura y otras costumbres. Este discurso lo tiene perfectamente engrasado la extrema derecha europea que ha encontrado en la seguridad de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ el&nbsp;argumento para generar el odio hacia las personas migrantes. Endurecen las pol&iacute;ticas migratorias para protegernos de un supuesto peligro que viene de fuera. A la extrema derecha aut&oacute;ctona parece que le cuesta m&aacute;s adoptar ese discurso ya que, con esa est&eacute;tica de se&ntilde;orito de toda la vida, se le ven demasiado las costuras, pero cada vez lo tienen m&aacute;s presente.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s resulte complejo tener esto presente a veces en Euskadi, donde la extrema derecha no desfila con grandes banderas ni llena plat&oacute;s como en otros lugares del Estado. Aqu&iacute; no tiene la misma presencia institucional ni la misma est&eacute;tica, pero eso no significa que estemos a salvo. La negaci&oacute;n de la violencia machista, el cuestionamiento constante de nuestras luchas, la burla y la minimizaci&oacute;n tambi&eacute;n se cuelan en nuestras conversaciones, en nuestras redes, en nuestros lugares de trabajo... Es un discurso que poco a poco puede calar, apareciendo disfrazado de escepticismo, de falsa neutralidad, de &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;. Y esa estrategia, silenciosa pero persistente, es igual de peligrosa porque desplaza el debate, desactiva conciencias y legitima que se recorten derechos sin necesidad de grandes discursos ni de banderas desplegadas.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ello, este 25N debemos tomar las calles para gritar alto y claro que quienes niegan la violencia machista, quienes le niegan la existencia a las personas LGTBIQ+ nunca garantizar&aacute;n nuestra seguridad ni nuestros derechos. Tenemos que decir con fuerza que nuestra mayor amenaza son ellos, que son ellos quienes obligaron a Ana a vivir bajo el mismo techo que su asesino, que son ellos quienes han quitado los derechos a las mujeres trans en Inglaterra y en EEUU, que son ellos los que afirmaron que hubo jolgorio en el caso de la Manada, que son ellos quienes le preguntaron a la madre de Nagore Laffage si su hija era muy ligona. Son ellos quienes intentan convencer a nuestra juventud de que la violencia machista es un bulo, de que muchas de las denuncias son falsas y de que las pol&iacute;ticas de igualdad son discriminatorias. Son ellos los que, all&aacute; donde gobiernan, estrangulan los recursos p&uacute;blicos destinados a la protecci&oacute;n de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        No podemos despistarnos ni un segundo. Cada retroceso, cada duda o cada intento de relativizar la violencia machista es una puerta abierta para perpetuarla. Queremos reivindicar la radicalidad de nuestras demandas, de la lucha feminista; poner la violencia machista en el centro, exigir medidas estructurales y visibilizar cada agresi&oacute;n. Cualquier discurso que se desv&iacute;e de esto, que minimice, banalice o posponga la urgencia de actuar, debe ser se&ntilde;alado y cuestionado, porque nuestra seguridad, nuestros derechos y nuestra dignidad no admiten medias tintas.
    </p><p class="article-text">
        Salgamos a la calle un a&ntilde;o m&aacute;s a dejar alto y claro que la violencia machista se combate con medidas estructurales, con recursos p&uacute;blicos, con derechos laborales y garant&iacute;as econ&oacute;micas, con atenci&oacute;n integral para las v&iacute;ctimas y con implicaci&oacute;n de toda la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que nuestras plazas y nuestras calles recuerden a Ana Orantes y a cada mujer asesinada, y que reflejen la fuerza de un movimiento feminista que aqu&iacute; lleva d&eacute;cadas construyendo redes, solidaridades y luchas colectivas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No vamos a olvidar, no vamos a dar ni un paso atr&aacute;s, porque la memoria, la organizaci&oacute;n y la solidaridad son la mejor garant&iacute;a de que la violencia machista no tenga cabida en nuestras vidas ni en nuestros pueblos y ciudades. Euskadi se levanta cada 25N, y seguiremos haci&eacute;ndolo con fuerza hasta que la igualdad y la seguridad sean realidad para todas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba García Martín, Azahara Artacho Botella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/25n-paso-violencia-machista_132_12791466.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2025 20:46:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[25N ni un paso atrás contra la violencia machista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro es queer: Orgullo con todas las letras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/futuro-queer-orgullo-letras_132_12421583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f659064-4d11-45ba-8843-fb40b86ed2fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro es queer: Orgullo con todas las letras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reducir una sigla puede parecer un detalle menor, pero aquí lo simbólico no es accesorio ni decorativo: es estructural. Porque cuando lo queer desaparece del lenguaje institucional, no es la gramática lo que se reduce, sino el campo de lo posible</p></div><p class="article-text">
        Todo comienza por una letra que les sobra, pero quien empieza borrando una realidad termina allanando el camino para borrarnos a todas las personas. Lo ocurrido en Gasteiz la semana pasada con motivo del Orgullo es la expresi&oacute;n coherente de una deriva: el Partido Socialista, de la mano del Partido Popular, firm&oacute; una declaraci&oacute;n institucional eliminando la letra Q del acr&oacute;nimo LGTBIQA+. Lo hizo mutilando el texto elaborado por Berdindu &mdash;el servicio p&uacute;blico de atenci&oacute;n a la diversidad sexual y de g&eacute;nero&mdash;, dejando fuera al resto de grupos municipales, y aline&aacute;ndose con el partido que se manifest&oacute; junto a la Conferencia Episcopal contra el matrimonio igualitario, y que durante d&eacute;cadas ha sostenido y sigue difundiendo bulos contra las infancias trans.
    </p><p class="article-text">
        Reducir una sigla puede parecer un detalle menor, pero aqu&iacute; lo simb&oacute;lico no es accesorio ni decorativo: es estructural. Porque cuando lo <em>queer </em>desaparece del lenguaje institucional, no es la gram&aacute;tica lo que se reduce, sino el campo de lo posible: nos est&aacute;n diciendo que el conflicto real no es con quienes votaron en contra de la Ley Trans, sino con quienes encarnan las formas de vida que esa ley protege. Pero esta historia no empieza aqu&iacute;. Lo de Gasteiz no es una an&eacute;cdota, sino el reflejo local de una tendencia global: la rendici&oacute;n progresiva del PSOE ante los marcos culturales y discursivos de la reacci&oacute;n conservadora.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos asistido a una secuencia sostenida de retrocesos dirigidos contra las personas trans, intersexuales y no binarias en contextos donde los derechos se empezaban a dar por consolidados. En Estados Unidos, la administraci&oacute;n de Trump ha reinstaurado la obligaci&oacute;n de declarar el sexo asignado al nacer en los pasaportes, forzando a miles de personas a portar un documento que no s&oacute;lo niega su identidad, sino que las expone, limita su libertad y vulnera su seguridad. En Reino Unido, una reciente sentencia ha excluido a las mujeres trans de la definici&oacute;n jur&iacute;dica de &ldquo;mujer&rdquo; con el aplauso c&iacute;nico de J.K. Rowling, que brind&oacute; la p&eacute;rdida de derechos con un puro en la mano, convertida ya en s&iacute;mbolo grotesco de una cruzada contra las mujeres trans. En Hungr&iacute;a, la marcha del Orgullo se encuentra en riesgo ante las amenazas del gobierno de Viktor Orb&aacute;n, que contin&uacute;a ampliando su ofensiva autoritaria y liberticida bajo el barniz de la moral y la censura. Y en Espa&ntilde;a, territorios como Madrid y el Pa&iacute;s Valenci&agrave; han impulsado reformas legislativas que erosionan los derechos conquistados e impiden a asociaciones LGTBIQA+ realizar su trabajo con garant&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, es importante se&ntilde;alar que la ofensiva contra las personas trans no es un fin en s&iacute; mismo, sino un punto de entrada: un spoiler pol&iacute;tico de lo que est&aacute; por venir. Quienes ego&iacute;stamente se consuelen pensando que la regresi&oacute;n se detendr&aacute; ah&iacute; &mdash;como si los retrocesos pudieran administrarse&mdash; tristemente se equivocan. La ola reaccionaria ha se&ntilde;alado a las personas trans como su principal objetivo porque ha detectado en ellas el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil desde el que abrir una grieta: una oportunidad para dividir a los feminismos, fracturar el campo progresista y ensanchar el margen de lo odiable. Y lo hace con eficacia quir&uacute;rgica, delegando la primera embestida en un movimiento transexcluyente que no es m&aacute;s que una mala copia, una versi&oacute;n subcontratada y cutre del proyecto original: el avance de los discursos, partidos y organizaciones de extrema derecha. Mientras estos ganan poder institucional en gobiernos, ocupan espacios medi&aacute;ticos y capturan estamentos clave del Estado, otros les abren el camino disfrazando de &ldquo;debate leg&iacute;timo&rdquo; lo que no es m&aacute;s que una forma refinada de deshumanizaci&oacute;n. Y cuando el proyecto reaccionario se despliegue por completo en gobiernos, medios, leyes y cuerpos, ya no importar&aacute; qui&eacute;n fue la feminista cl&aacute;sica, qui&eacute;n la posmoderna y qui&eacute;n la radical; tampoco qui&eacute;n call&oacute; por prudencia o qui&eacute;n se desmarc&oacute; por c&aacute;lculo. Porque el objetivo no es s&oacute;lo una letra ni una identidad concreta, sino el colapso del tejido com&uacute;n que hace posibles nuestros derechos, nuestras alianzas y nuestras propias vidas.
    </p><p class="article-text">
        En el contexto de avance de la extrema derecha, que arrasa sin pesta&ntilde;ear derechos y vidas humanas, mientras contemplamos en tiempo real la impunidad con la que se comete un genocidio en Gaza &mdash;amparado, en muchos casos, por un <em>pinkwashing </em>que instrumentaliza a las personas LGTBIQA+ como coartada para la ocupaci&oacute;n y la violencia&mdash; no hay margen para la ambig&uuml;edad: la &uacute;nica posici&oacute;n coherente para las fuerzas democr&aacute;ticas es un compromiso valiente, sin matices, con los derechos humanos en toda su radicalidad. En este escenario, eliminar una sigla no es un gesto simb&oacute;lico ni una cuesti&oacute;n de forma: es una rendici&oacute;n y capitulaci&oacute;n pol&iacute;tica. Porque detr&aacute;s de cada letra hay personas concretas, historias y memorias vulneradas, cuerpos que han resistido. Personas que no necesitan el permiso de nadie para ser, pero que s&iacute; exigen reconocimiento institucional para poder desarrollar sus vidas con dignidad. Esa es la respuesta que debemos dar desde cada instituci&oacute;n, desde cada rinc&oacute;n, desde cada espacio: reconocimiento y ampliaci&oacute;n de derechos.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, en este espejismo de modernidad que nuestros dirigentes han levantado en torno a Euskadi &mdash;ese relato autocomplaciente de pa&iacute;s avanzado y perfectamente gestionado, envuelto en banderas arco&iacute;ris y manifestaciones reconvertidas en reclamo tur&iacute;stico&mdash;, lo esencial y reclamado por los colectivos sigue sin llegar. Euskadi es hoy la &uacute;nica comunidad del Estado que ni ha aprobado ni ha iniciado la tramitaci&oacute;n de una ley integral LGTBIQA+. La excepci&oacute;n vasca, lejos de explicarse por obst&aacute;culos t&eacute;cnicos, &uacute;nicamente puede entenderse como lo que es: una renuncia prolongada y una forma de abandono institucional. Mientras el Gobierno Vasco aplaza la ley, el Ararteko y el Euskal LGBTIAQ+ Behatokia llevan a&ntilde;os alertando &mdash;sin respuesta efectiva&mdash; del aumento sostenido de los discursos y delitos de odio por raz&oacute;n de orientaci&oacute;n sexual, identidad y/o expresi&oacute;n de g&eacute;nero. En ese silencio, por tanto, lo que se posterga no es sino la obligaci&oacute;n de proteger a quienes siguen siendo blanco de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero la sociedad vasca sigue hoy muy por delante de su Gobierno dormido. La nuestra es una sociedad orgullosamente diversa, mayoritariamente progresista y defensora de los derechos humanos. Ante quienes sue&ntilde;an con borrarnos, las personas LGTBIQA+ y quienes est&aacute;n a su lado, sabemos que nuestras vidas no son una concesi&oacute;n ni una excepci&oacute;n, sino parte irrenunciable del relato colectivo de este pa&iacute;s. Lo sabemos porque venimos de Francis, de Ekai o de Mikela, y tambi&eacute;n de Samuel y de Sara Millerey, que nos recuerdan con sus vidas, sus luchas y sus ausencias, que no estamos aqu&iacute; por concesi&oacute;n, sino por un ejercicio de pura resistencia y de victorias compartidas.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, si hoy hemos llegado hasta aqu&iacute;, es porque hubo quienes se atrevieron a romper el cristal. Porque dos mujeres trans, racializadas, militantes, trabajadoras sexuales, reinas de la noche y de la calle, Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, arrojaron un vaso de chupito e iniciaron una revuelta en el tugurio neoyorquino de Stonewall, hace exactamente 56 a&ntilde;os. Hoy sabemos que no habr&iacute;a Orgullo sin las mujeres trans, y que en este presente, precisamente, es en su libertad donde nos jugamos la libertad y los derechos de todas las personas. 
    </p><p class="article-text">
        Las, los y &mdash;tambi&eacute;n&mdash; les socialistas del futuro, se arrepentir&aacute;n siempre de haber eliminado una sigla en su &uacute;ltimo Congreso Federal. Sus dirigentes vascos y estatales acabar&aacute;n por avergonzarse de haber pactado, asumido y reproducido el relato de la ultraderecha  que, como denuncia Carla Antonelli, borra y excluye a las personas trans empuj&aacute;ndolas y arrastr&aacute;ndolas a los m&aacute;rgenes. Frente a ellos, quienes estamos en el lado correcto de la historia, seguiremos construyendo alianzas rebeldes y con hambre de futuro. Y es que sabemos, en definitiva, que no habr&aacute; futuro si no lo hay para todes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Artacho Botella, Sergitz Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/futuro-queer-orgullo-letras_132_12421583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 19:46:52 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un 8 de marzo para disputar el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/8-marzo-disputar-futuro_132_12113624.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a4f2aa6-8457-4c75-97aa-d4fb76ed19df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un 8 de marzo para disputar el futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La reacción nunca es sólo ideología, es estructura, es estrategia: se traduce en clínicas cerradas, en mujeres condenadas a la clandestinidad, en vidas en juego"</p></div><p class="article-text">
        Donald Trump sonri&oacute;. Fue un gesto satisfecho, de esos que preceden al golpe de gracia. En Carolina del Sur, el 24 de febrero de 2024, frente a una multitud enardecida, el entonces expresidente de Estados Unidos se atribuy&oacute; el m&eacute;rito de haber acabado con el derecho constitucional al aborto en su pa&iacute;s. No fue una revocaci&oacute;n directa, sino el resultado de un plan cuidadosamente ejecutado: la designaci&oacute;n de jueces ultraconservadores que, una vez en la Corte Suprema, tumbaron el fallo Roe v. Wade en junio de 2022. No hubo necesidad de grandes discursos ni de maniobras legislativas. &Uacute;nicamente un orden impuesto desde arriba, una maquinaria aceitada para arrebatar derechos conquistados por generaciones de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        En su mitin, Trump no hablaba de principios, hablaba de poder. Se jactaba de haber cambiado el destino de miles de vidas con el s&oacute;lo acto de mover las piezas adecuadas. Porque la reacci&oacute;n nunca es s&oacute;lo ideolog&iacute;a, es estructura, es estrategia: se traduce en cl&iacute;nicas cerradas, en mujeres condenadas a la clandestinidad, en vidas en juego. Mientras en Francia se blindaba constitucionalmente el derecho al aborto, en Estados Unidos el reloj gira hoy hacia atr&aacute;s. Y frente a ello, en Espa&ntilde;a, Sumar ha presentado la propuesta para blindarlo constitucionalmente tambi&eacute;n, porque nuestros derechos hay que protegerlos y asegurar que todas podamos hacerlos efectivos.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos a&ntilde;os nos han demostrado que lo que cre&iacute;amos imposible puede suceder. Que se puede llevar a cabo un genocidio en Gaza bajo la promesa de construir un parque tem&aacute;tico predise&ntilde;ado por la IA en una escena t&eacute;trica que deja ver lo peor del ser humano. Que los derechos conquistados se arrebatan de la noche a la ma&ntilde;ana. Que en el crep&uacute;sculo un gobierno puede imponerte un g&eacute;nero en el pasaporte. En 2025 la extrema derecha no necesita tanques para cristalizar su orden: le basta con el desgaste, con el des&aacute;nimo, con la idea de que la historia no nos pertenece. Vemos c&oacute;mo hacen avanzar al patriarcado haci&eacute;ndolo pasar por sentido com&uacute;n. Al tiempo, vemos c&oacute;mo esta lacra avanza por Europa disfrazando la islamofobia de protecci&oacute;n a las mujeres.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En 2025 la extrema derecha no necesita tanques para cristalizar su orden: le basta con el desgaste, con el desánimo, con la idea de que la historia no nos pertenece. Vemos cómo hacen avanzar al patriarcado haciéndolo pasar por sentido común</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Alemania, Alice Weidel lidera la segunda fuerza del pa&iacute;s present&aacute;ndose como una mujer lesbiana que ha triunfado en el capitalismo pero que busca desmontar los derechos LGTBIQA+ y expulsar a las personas migrantes. En Italia, Meloni ha depurado su discurso y ha sabido apropiarse del lenguaje de la protecci&oacute;n a las mujeres para reforzar una agenda que es, en esencia, antifeminista. Nos encontramos ante una arquitectura pol&iacute;tica donde el patriarcado se asocia con el neoliberalismo y el nacionalismo reaccionario para perpetuar su dominio mediante una ret&oacute;rica falsamente favorable a las mujeres mientras se desmontan las instituciones y los servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Pero la lucidez pol&iacute;tica no es s&oacute;lo entender lo que enfrentamos, sino trazar una estrategia que nos permita derrotarlo. Los feminismos han sido y deben seguir siendo el principal agente democratizador de nuestro tiempo, y es que la democracia no se sostiene sola: hay que empujarla y ensancharla para que nadie se quede en los m&aacute;rgenes. Hay que tener una mirada ambiciosa, entender que el Estado de bienestar est&aacute; en juego y que los modelos asistencialistas est&aacute;n colapsados.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, en Euskal Herria, el movimiento feminista nos ha demostrado que no se trata de resistir pasivamente, sino de abrir camino. Su capacidad de articular luchas ha desbordado lo identitario para convertirse en un proyecto de transformaci&oacute;n radical de lo com&uacute;n. Ha se&ntilde;alado las estructuras de violencia que nos atraviesan, ha puesto los cuidados en el centro del debate, ha desvelado los mecanismos de exclusi&oacute;n que otras pol&iacute;ticas daban por naturales. Ha sido y es un movimiento que nos ha ense&ntilde;ado lo imprescindible que es construir alianzas inteligentes para un feminismo de mayor&iacute;as que no negocie sus principios pero que tampoco caiga en el aislamiento pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Porque el feminismo no es un nicho ni una burbuja de certezas, pero s&iacute; es la &uacute;nica alternativa real para frenar la devastaci&oacute;n del presente. Lo es cuando se trata de un feminismo del 99% que entiende que la lucha por la igualdad de g&eacute;nero es inseparable de la lucha contra la desigualdad econ&oacute;mica, contra un sistema que explota, privatiza y arrasa con todo lo que no puede convertir en mercanc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; es donde la responsabilidad institucional es ineludible. No podemos seguir impasibles mientras el Gobierno vasco recorta en Emakunde y deja en suspenso la construcci&oacute;n de un sistema p&uacute;blico de cuidados. No se puede gestionar el presente como si no fuera urgente cambiarlo. No podemos permitir que la pol&iacute;tica feminista quede atrapada en la ret&oacute;rica mientras el mercado sigue moldeando nuestras vidas con la l&oacute;gica de la explotaci&oacute;n. Hay que organizar la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Este 8 de marzo es un ejercicio de memoria y una hoja de ruta. En Euskadi, en 1979, once mujeres fueron encarceladas en Basauri por haber intentado abortar. No eran hero&iacute;nas en abstracto: eran trabajadoras, estudiantes, madres que pusieron el cuerpo ante la brutalidad de un Estado que les neg&oacute; el derecho a decidir. Hoy, cuando la reacci&oacute;n avanza y el derecho al aborto vuelve a ser cuestionado en muchos lugares del mundo, su historia nos recuerda que los feminismos nunca han sido un mero discurso, sino un acto de valent&iacute;a radical. Las 11 de Basauri no s&oacute;lo pelearon por s&iacute; mismas, sino por todas las que vendr&iacute;amos despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Este 8 de marzo, como entonces, nos toca elegir: la resignaci&oacute;n o la ofensiva, la clausura o la construcci&oacute;n de un horizonte com&uacute;n. Y para ello necesitamos sumar y ser m&aacute;s. Necesitamos, sobre todo, interpelar a quienes el discurso reaccionario ha convertido en enemigos equivocados: a los hombres j&oacute;venes que, en su desconcierto, han comprado la idea de que el feminismo es una amenaza para ellos. Y es que lo que est&aacute; en juego no es s&oacute;lo el futuro de nuestras luchas, sino el futuro de una democracia en la que nadie se quede fuera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Artacho Botella]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Mar 2025 20:46:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un 8 de marzo para disputar el futuro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Huelga feminista,Aborto,Derecho al aborto,Donald Trump,8M,Manifestaciones]]></media:keywords>
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