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    <title><![CDATA[elDiario.es - Hilo Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/hilo-moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Hilo Moreno]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[15 años como guía de científicos en la Antártida: "Ahora desde el campamento vemos el trasiego de los cruceros"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/15-anos-guia-cientificos-antartida-ahora-campamento-vemos-trasiego-cruceros_1_12139112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50497871-bfb6-4256-9bbd-d1470630554b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="15 años como guía de científicos en la Antártida: &quot;Ahora desde el campamento vemos el trasiego de los cruceros&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La campaña española llega a su fin, y mientras emprende el regreso tras meses de trabajo en duras condiciones, el guía polar Hilo Moreno repasa los cambios que sacuden a uno de los ecosistemas más frágiles del planeta: "Lo que era un lugar inaccesible ahora es zona de estudio por la desaparición del hielo" </p></div><p class="article-text">
        La campa&ntilde;a ant&aacute;rtica espa&ntilde;ola n&uacute;mero XXXVIII se acaba. Con la melancol&iacute;a que acompa&ntilde;a el final del verano en cualquier parte del mundo, la temporada ant&aacute;rtica concluye y los proyectos cient&iacute;ficos preparan la vuelta a casa. Pronto el blanco volver&aacute; a te&ntilde;ir las zonas libres de hielo, donde se asienta la mayor parte de las bases. Muchas aves emprenden sus migraciones a sitios m&aacute;s c&aacute;lidos y mam&iacute;feros como el elefante marino o las focas de Weddel desaparecen de las costas. De la misma manera, las instalaciones que Espa&ntilde;a gestiona en la Ant&aacute;rtida se preparan para la hibernada y en cuesti&oacute;n de d&iacute;as cerrar&aacute;n sus puertas, que quedar&aacute;n selladas durante m&aacute;s de ocho meses. Todos los t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos que han participado en la campa&ntilde;a en breve estar&aacute;n en casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde que era peque&ntilde;o viajar a la Ant&aacute;rtida fue una especie de obsesi&oacute;n para m&iacute;. Obsesi&oacute;n que se convirti&oacute; en sue&ntilde;o y se materializ&oacute; en mi profesi&oacute;n.&nbsp;Esta es la campa&ntilde;a n&uacute;mero 15 en la que participo. Comenc&eacute; en el a&ntilde;o 2008 y desde entonces, salvo el a&ntilde;o de la pandemia, todas las temporadas he viajado hasta aqu&iacute;. Sin darme cuenta los a&ntilde;os han ido pasando y he sido testigo de importantes cambios en un lugar que a primera vista parece inmutable.&nbsp;Quince a&ntilde;os no son muchos si se mira en t&eacute;rminos geol&oacute;gicos o incluso hist&oacute;ricos, apenas un pesta&ntilde;eo en nuestra l&iacute;nea temporal. Pero ese pesta&ntilde;eo se ha producido en un momento con desaf&iacute;os fundamentales, no solo para las regiones polares sino para la Humanidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Formo parte del equipo de t&eacute;cnicos de monta&ntilde;a de la base Juan Carlos I. Nuestra misi&oacute;n es conducir con seguridad a los investigadores hacia los lugares donde desarrollan sus investigaciones: un glaciar, un terreno libre de hielo junto a la costa o cualquier entorno donde los cient&iacute;ficos puedan necesitar de nuestra ayuda. Al margen de esta funci&oacute;n de gu&iacute;a de monta&ntilde;a, tambi&eacute;n gestionamos el Campamento Internacional Byers, situado en el mayor sector libre de hielo del archipi&eacute;lago Shetland del Sur: la pen&iacute;nsula Byers. Esta porci&oacute;n de tierra encajada entre el mar y un glaciar es una zona denominada ZAEP (Zona Ant&aacute;rtica Especialmente Protegida).
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                Una imagen del Campamento Internacional Byers.                            </span>
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        Junto a otro compa&ntilde;ero nos encargamos de la energ&iacute;a de los m&oacute;dulos y de los v&iacute;veres, algo no demasiado f&aacute;cil en un sitio donde los vientos fuertes son constantes y se vive en tiendas de campa&ntilde;a, y donde todos los v&iacute;veres deben ser porteados a la espalda tras ser depositados, v&iacute;a buque y zodiac, en la playa. Aqu&iacute; pasamos unos meses al a&ntilde;o &ndash;no hay agua corriente, no hay duchas&ndash; apoyando a los proyectos. A nuestra marcha el campamento se desmonta y nos llevamos con nosotros todos los desechos generados (incluidos los residuos humanos).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Campamento Internacional Byers es la m&aacute;s austera de las tres infraestructuras terrestres que participan en la campa&ntilde;a ant&aacute;rtica espa&ntilde;ola. Debe su nombre a James Byers, un empresario americano que intent&oacute; infructuosamente en 1820 convencer al&nbsp;gobierno de Estados Unidos de tomar posesi&oacute;n del archipi&eacute;lago de las Shetland del Sur, entusiasmado por el negocio de la caza de focas. De hecho, la Isla Livingston es uno de los lugares con mayor concentraci&oacute;n de sitios de inter&eacute;s hist&oacute;rico del siglo XIX de toda la Ant&aacute;rtida: conserva restos de refugios, trineos&nbsp;y otros elementos de los cazadores que, como nosotros, pasaban aqu&iacute; los meses de verano. Ahora este rinc&oacute;n de la pen&iacute;nsula, situado en su parte occidental, alberga a 12 personas: 10 investigadores y dos t&eacute;cnicos. Adem&aacute;s de las tiendas de campa&ntilde;a, cuenta con dos m&oacute;dulos en forma de igl&uacute; fabricados en fibra de vidrio. Uno de ellos hace las veces de laboratorio y el otro de espacio com&uacute;n. Es un lugar duro, a merced de vientos que nunca cesan y terriblemente h&uacute;medo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El hielo que desaparece</h2><p class="article-text">
        Como cada vez que me voy, la memoria se dispara hacia la primera vez que pis&eacute; la Ant&aacute;rtida. Y pienso en las diferencias que me devuelve el paisaje, d&eacute;cada y media m&aacute;s tarde. Es cierto que la consecuencia m&aacute;s evidente (por visual e inmediata) del calentamiento global en las zonas polares es la fusi&oacute;n acelerada del hielo. El ejemplo m&aacute;s dram&aacute;tico ocurre en el &Aacute;rtico, donde la banquisa (hielo marino) ha disminuido de manera dram&aacute;tica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En el caso de la Ant&aacute;rtida la fusi&oacute;n es menos acelerada, pero empieza a hacerse notar. 
    </p><p class="article-text">
        En los alrededores de la base hay glaciares cuya disminuci&oacute;n de masa es sutil, y sobre los que trabajamos monitorizando sus cambios. Sin embargo, existen otros aleda&ntilde;os cuyo hielo ha disminuido de forma dram&aacute;tica desde que comenc&eacute; a trabajar en la campa&ntilde;a. Es el caso del glaciar Huntress, cuyo frente rompe en una bah&iacute;a preciosa flanqueada por varias lenguas de hielo que caen a pico. Lo que hace a&ntilde;os era un lugar de imposible acceso ahora se ha convertido en zona de estudio, ya que la fusi&oacute;n ha hecho aflorar la roca con la retirada del hielo en su parte central. 
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                Hilo Moreno en pleno trabajo de campo.                             </span>
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        Precisamente, seis investigadores de cuatro instituciones espa&ntilde;olas diferentes estudian los efectos del cambio clim&aacute;tico en la microbiota del suelo. Este es el primer a&ntilde;o del Proyecto Meridian. El trabajo de campo, que establecer&aacute; sitios de muestreo a lo largo de la pen&iacute;nsula, proporcionar&aacute; informaci&oacute;n para comprender c&oacute;mo los microorganismos responden a los cambios en la temperatura y la humedad.
    </p><p class="article-text">
        Estos datos ser&aacute;n fundamentales para evaluar los efectos del cambio clim&aacute;tico en los ecosistemas m&aacute;s vulnerables del planeta. El conocimiento que se genere a partir de esta investigaci&oacute;n ser&aacute; fundamental para prever c&oacute;mo el calentamiento global puede alterar los ecosistemas terrestres de la Ant&aacute;rtida, considerados indicadores clave de los cambios globales debido a su alta sensibilidad clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Una de las peculiaridades de esta zona especialmente protegida es la presencia de abundantes lagunas de agua dulce, que han sido otro de los escenarios de muestreo del proyecto Meridian.&nbsp;Nos hemos desplazado hasta los peque&ntilde;os lagos para&nbsp;medir sus proporciones y monitorizar algunos par&aacute;metros del agua. La Ant&aacute;rtida ofrece escenarios muy dispares: del blanco impoluto del hielo polar a los lagos verdecinos sobre la masa de roca picada y barro oscuro en las zonas libres de hielo. Si a eso le a&ntilde;adimos la imagen de un investigador sobre un peque&ntilde;o bote hinchable recogiendo muestras, la sensaci&oacute;n de irrealidad est&aacute; garantizada.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Glaciar en la isla Livingston.                            </span>
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        Los resultados de la investigaci&oacute;n del proyecto Meridian proporcionar&aacute;n mayores evidencias sobre la relaci&oacute;n entre los microorganismos que habitan en los suelos ant&aacute;rticos y el ciclo del carbono. Estos datos son cruciales para predecir los futuros impactos del cambio clim&aacute;tico, no solo en la Ant&aacute;rtida, sino en todo el planeta.
    </p><h2 class="article-text">El despliegue cient&iacute;fico (y no cient&iacute;fico) </h2><p class="article-text">
        Los proyectos cient&iacute;ficos que se llevan a cabo en las instalaciones espa&ntilde;olas abarcan diversas &aacute;reas: biolog&iacute;a, geolog&iacute;a, glaciolog&iacute;a, oceanograf&iacute;a y un largo etc&eacute;tera. En esta campa&ntilde;a participan un total de 28 proyectos cient&iacute;ficos con algo menos de 200 investigadores. Para que esta m&aacute;quina de hacer ciencia pueda funcionar en este rinc&oacute;n del planeta hace falta la asistencia del personal t&eacute;cnico. Alrededor de 160 personas facilitan la vida y el trabajo de los investigadores. Entre ellos se encuentra la dotaci&oacute;n de los buques y de las bases: mec&aacute;nicos, electr&oacute;nicos, cocineros, patrones, m&eacute;dicos, inform&aacute;ticos y una larga lista.&nbsp;Y no solo ellos: en Espa&ntilde;a hay un equipo de logistas y gestores que coordinan este enorme y complejo engranaje para que funcione en uno de los lugares m&aacute;s complejos log&iacute;sticamente del planeta.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Científicos tomando muestras en las lagunas antárticas.                            </span>
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        Adem&aacute;s del Campamento Internacional, Espa&ntilde;a gestiona en la Ant&aacute;rtida dos bases cient&iacute;ficas. La base Gabriel de Castilla se encuentra en la volc&aacute;nica Isla Decepci&oacute;n. Est&aacute; gestionada por personal del Ej&eacute;rcito de Tierra y tiene una capacidad de 30 personas. La otra, Juan Carlos I, se encuentra en el mismo archipi&eacute;lago, pero en la Isla Livingston que, a diferencia de Decepci&oacute;n, est&aacute; cubierta en su mayor parte por una capa de hielo. Esta base est&aacute; gestionada por la Unidad de Tecnolog&iacute;a Marina del CSIC y los t&eacute;cnicos que ah&iacute; trabajan son civiles. Tiene una capacidad de 50 personas y fue remodelada y reinaugurada en el a&ntilde;o 2019. Desde entonces es una infraestructura sofisticada y moderna. Una base cient&iacute;fica de referencia en el continente blanco.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde el campamento, en los días claros se observa con los prismáticos el trasiego de grandes cruceros arriba y abajo por el mar de Bransfield</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al margen de estas instalaciones terrestres, Espa&ntilde;a cuenta con tres buques que participan en la log&iacute;stica y en el estudio oceanogr&aacute;fico. Este a&ntilde;o, por primera vez en la historia, se han juntado todos ellos en aguas ant&aacute;rticas dando lugar a una imagen &uacute;nica: el pasado 12 de febrero, en aguas de Puerto Foster &ndash;el puerto natural que forma el cr&aacute;ter de Isla Decepci&oacute;n y frente a la base Gabriel de Castilla&ndash; se juntaron el BIO Hesp&eacute;rides, el buque Sarmiento de Gamboa y el m&aacute;s nuevo y avanzado buque oceanogr&aacute;fico espa&ntilde;ol, el Od&oacute;n de Buen. Estos buques tienen la funci&oacute;n de abastecer de provisiones y material a las diferentes bases. Tambi&eacute;n transportan al personal desde la Patagonia y en ellos incluso se realizan investigaciones cient&iacute;ficas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Campamento Internacional Byers.                            </span>
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        Las regiones polares se han convertido en una especie de term&oacute;metros del estado de nuestro planeta. Son unos ecosistemas tan fr&aacute;giles que cualquier cambio &ndash;elevaci&oacute;n de la temperatura, humedad, etc.&ndash; tiene consecuencias inmediatas y m&aacute;s evidentes en estas regiones. Todo est&aacute; conectado en nuestro planeta, y una reacci&oacute;n en este rinc&oacute;n tiene sus consecuencias en el otro extremo, al mismo tiempo que una anomal&iacute;a aqu&iacute; puede arrojar luz sobre la evoluci&oacute;n que en otra latitud tendr&aacute; el problema en un futuro.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La explosi&oacute;n tur&iacute;stica</h2><p class="article-text">
        Pero si hablamos de cambios, hay uno muy evidente del que he sido testigo a lo largo de estos a&ntilde;os, sobre todo en los &uacute;ltimos cinco: la explosi&oacute;n del turismo. Pese a que los lugares en los que nos movemos no est&aacute;n dentro de las rutas tur&iacute;sticas habituales, el aumento de la llegada de cruceros es imparable. Se calcula que la cifra de turistas que han visitado la Ant&aacute;rtida se ha triplicado desde el 2017 y su n&uacute;mero supera con creces los cien mil visitantes. En la Ant&aacute;rtida no hay hoteles ni restaurantes y la mayor parte de la actividad tiene lugar en buques cruceros. El impacto de esta invasi&oacute;n puede tener consecuencias negativas que a&uacute;n no sabemos calcular.&nbsp;El inter&eacute;s por este lugar parece inevitable, pero es importante que el turismo se regule y controle para vigilar su impacto en zonas tan fundamentales. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La Antártida es un indicador del estado de salud de la Tierra, un centinela de lo que ocurre o podrá ocurrir. Investigándola y conociéndola en profundidad descubrimos los mecanismos que tienen lugar en el resto del planeta. Pero debemos –es nuestra obligación– cuidarla y preservarla</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os, desde nuestros lugares de trabajo era dif&iacute;cil observar alg&uacute;n buque tur&iacute;stico, grande o peque&ntilde;o. En las &uacute;ltimas temporadas se ven continuamente cruceros, que a veces se acercan incluso a nuestras zonas de trabajo. Cada vez se ven m&aacute;s barcos. Tambi&eacute;n veleros, antes novedad, ahora acuden en varias ocasiones a lo largo de una campa&ntilde;a y sus pasajeros bajan a tierra, en grupos m&aacute;s controlados y con menos impacto. Desde el campamento, en los d&iacute;as claros se observa con los prism&aacute;ticos el trasiego de grandes cruceros arriba y abajo por el mar de Bransfield. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Ant&aacute;rtida es un indicador del estado de salud de la Tierra, un centinela de lo que ocurre o podr&aacute; ocurrir. Investig&aacute;ndola y conoci&eacute;ndola en profundidad descubrimos los mecanismos que tienen lugar en el resto del planeta. Pero debemos &ndash;es nuestra obligaci&oacute;n&ndash; cuidarla y preservarla. Frente al futuro incierto que nos dibuja el calentamiento global, este rinc&oacute;n del planeta es especialmente importante porque nos da pistas de lo que puede suceder y c&oacute;mo actuar frente a ello.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Observación cerca de la costa.                             </span>
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        Estos &uacute;ltimos d&iacute;as, el campamento y sus alrededores volv&iacute;an a cubrirse de blanco. Las colonias de ping&uuml;inos se han disuelto y apenas quedan aves entre sus nidos. Los polluelos de petrel gigante han echado a volar y solo quedan algunos ejemplares de elefante marino retozando entre la arena y las algas de la playa. Ha llegado la hora de abandonar la isla. Nosotros recogemos nuestro campamento y esperamos la llegada del buque Hesp&eacute;rides para cerrar nuestro refugio y subir a bordo. Por fin podremos disfrutar del agua caliente y una cama con s&aacute;banas. En la isla s&oacute;lo quedar&aacute;n sus verdaderos habitantes, aunque la mayor parte de ellos la abandonar&aacute;n tambi&eacute;n. Nosotros volveremos dentro de unos meses, tras el invierno. Abriremos los igl&uacute;s precintados durante una temporada de fr&iacute;o y oscuridad. Volveremos a levantar las tiendas de campa&ntilde;a dispuestos a pasar otra temporada de trabajo. La maquinaria de la Campa&ntilde;a Ant&aacute;rtica Espa&ntilde;ola volver&aacute; a activarse y con ella, cientos de investigadores y t&eacute;cnicos seguir&aacute;n indagando en un contexto medioambiental incierto en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n del mundo.
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                Pingüinos en la Isla Livingston.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Hilo Moreno]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Mar 2025 20:56:12 +0000]]></pubDate>
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