<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Arancha González Laya]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/arancha-gonzalez-laya/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Arancha González Laya]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1053468/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el comercio deja de ser comercio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comercio-deja-comercio_129_13409883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ca7ce1f-a6d6-4422-a12f-22b8e14e7e58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1255y372.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el comercio deja de ser comercio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La gran pregunta es cuánta geopolítica puede soportar el comercio antes de dejar de ser comercio y convertirse simplemente en otra forma de ejercer el poder. La respuesta determinará no solo el futuro de la economía mundial. También, si el siglo XXI estará gobernado por reglas compartidas o por la capacidad de las grandes potencias para convertir su mercado en un instrumento de presión política</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en el que las guerras comerciales eran la excepci&oacute;n y las reglas la norma. Hoy empieza a ocurrir exactamente lo contrario. Las reglas se han convertido en una excepci&oacute;n administrada por quien dispone del poder suficiente para incumplirlas. Los aranceles han dejado de ser &uacute;nicamente un instrumento econ&oacute;mico para convertirse en una herramienta de pol&iacute;tica exterior.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero significado de la &uacute;ltima decisi&oacute;n de Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a un error interpretarla como un episodio m&aacute;s del viejo debate entre proteccionismo y libre comercio. Lo que estamos presenciando es un cambio de naturaleza del poder. El comercio internacional ya no se utiliza solo para intercambiar bienes o generar prosperidad compartida. Se emplea para disciplinar aliados, castigar competidores, condicionar decisiones regulatorias y proyectar influencia geopol&iacute;tica. En el siglo XXI, el acceso al mercado se ha convertido en una forma de soberan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Trump ha comprendido algo que Europa todav&iacute;a parece resistirse a aceptar: el mayor mercado del mundo tambi&eacute;n es un arma.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres d&eacute;cadas dimos por sentado que la globalizaci&oacute;n reducir&iacute;a el peso de la geograf&iacute;a. Nos equivocamos. La geograf&iacute;a nunca desapareci&oacute;; simplemente dej&oacute; de verse. Hoy regresa con toda su fuerza. El &Aacute;rtico porque el deshielo abre rutas mar&iacute;timas y revela minerales cr&iacute;ticos. Taiw&aacute;n porque concentra la fabricaci&oacute;n de los semiconductores m&aacute;s avanzados del planeta. El estrecho de Ormuz porque sigue siendo una arteria energ&eacute;tica indispensable. Y el mercado estadounidense porque contin&uacute;a siendo el mayor espacio de consumo del mundo.
    </p><p class="article-text">
        La geograf&iacute;a ha vuelto convertida en geoeconom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que la Administraci&oacute;n Trump haya reconstruido jur&iacute;dicamente su pol&iacute;tica arancelaria apenas unos meses despu&eacute;s de que el Tribunal Supremo anulara el esquema anterior. Ha cambiado la cobertura legal, pero no el objetivo pol&iacute;tico. La nueva arquitectura, basada en la Secci&oacute;n 301 de la Ley de Comercio de 1974, impone grav&aacute;menes del 10 % y del 12,5 % sobre importaciones procedentes de decenas de econom&iacute;as y alcanza, con distintas excepciones, al 99,4 % de las importaciones estadounidenses. El arancel medio efectivo de Estados Unidos ronda ya el 10,8 %, el nivel m&aacute;s elevado desde hace d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Formalmente, Washington justifica estas medidas por la insuficiente lucha de otros pa&iacute;ses contra el trabajo forzoso. Nadie discute que el trabajo esclavo deba combatirse. Pero si ese fuera realmente el objetivo, la respuesta l&oacute;gica ser&iacute;a reforzar la trazabilidad, prohibir productos concretos, sancionar empresas y perseguir cadenas de suministro contaminadas. Aplicar un arancel pr&aacute;cticamente universal se parece tanto a combatir el trabajo forzoso como cerrar todos los bancos para acabar con el fraude fiscal. Cuando una herramienta sirve para todo, normalmente es porque su verdadero prop&oacute;sito es otro.
    </p><p class="article-text">
        Ese prop&oacute;sito es pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os, Albert O. Hirschman advirti&oacute; de que el comercio pod&iacute;a convertirse en una relaci&oacute;n de dependencia pol&iacute;tica. Durante d&eacute;cadas aquella intuici&oacute;n qued&oacute; eclipsada por la expansi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n y por la convicci&oacute;n de que la interdependencia econ&oacute;mica har&iacute;a el mundo m&aacute;s estable. Hoy recupera una actualidad extraordinaria. Washington ya no utiliza &uacute;nicamente su superioridad militar o financiera para defender sus intereses. Utiliza tambi&eacute;n el acceso a su mercado. Los aranceles sirven para discutir impuestos digitales, regulaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, pol&iacute;tica industrial, inversiones estrat&eacute;gicas o incluso decisiones judiciales. El comercio deja de ser un espacio de cooperaci&oacute;n para convertirse en un mecanismo de coerci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los economistas describen este fen&oacute;meno mediante elasticidades, cadenas de suministro y ventajas comparativas. Los ciudadanos lo perciben de otra manera. Una decisi&oacute;n tomada en un despacho de la Casa Blanca termina reflej&aacute;ndose en el precio de una lavadora en Ohio, en el coste de un medicamento en Mil&aacute;n o en la cuenta de resultados de una f&aacute;brica de componentes en Zaragoza. La geopol&iacute;tica siempre acaba llegando a la cocina.
    </p><p class="article-text">
        Y la realidad es mucho menos &eacute;pica que el discurso pol&iacute;tico. Los estudios de la Reserva Federal de Nueva York muestran que entre el 90 % y el 94 % del coste de los aranceles termina siendo soportado por empresas y consumidores estadounidenses. Los aranceles no los pagan los exportadores extranjeros; los pagan, sobre todo, quienes compran, producen e invierten dentro de Estados Unidos. El relato promete que la factura llegar&aacute; desde fuera. La econom&iacute;a demuestra que acaba llegando al supermercado.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa que la estrategia carezca de eficacia pol&iacute;tica. Al contrario. Trump ha conseguido desplazar el centro del debate. Hace apenas unos a&ntilde;os la discusi&oacute;n era si Estados Unidos deb&iacute;a levantar un muro comercial. Hoy la discusi&oacute;n consiste &uacute;nicamente en decidir cu&aacute;l debe ser su altura. Su mayor victoria no es econ&oacute;mica. Es pol&iacute;tica y cultural. Ha convertido un arancel generalizado en la nueva normalidad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los resultados econ&oacute;micos son mucho m&aacute;s discutibles. El Fondo Monetario Internacional prev&eacute; una desaceleraci&oacute;n del comercio mundial respecto a los ritmos de crecimiento registrados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio calcula que unos 240.000 millones de d&oacute;lares de intercambios industriales ya se encuentran afectados por nuevas medidas arancelarias. La OCDE insiste en que el mayor coste no reside solo en el incremento de precios, sino en la incertidumbre permanente que paraliza inversiones, fragmenta cadenas de suministro y obliga a las empresas a sustituir criterios de eficiencia por criterios de riesgo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La incertidumbre tambi&eacute;n es un impuesto.
    </p><p class="article-text">
        Adam Tooze ha resumido este cambio con una idea tan sencilla como inquietante: Estados Unidos corre el riesgo de dejar de comportarse como el garante del sistema econ&oacute;mico internacional para actuar como quien utiliza ese sistema para extraer concesiones. Es una transformaci&oacute;n silenciosa, pero profundamente estructural. La fortaleza del mercado estadounidense deja de ser un bien p&uacute;blico para convertirse en un instrumento de negociaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        Europa observa este proceso desde una posici&oacute;n inc&oacute;moda. En t&eacute;rminos relativos ha evitado el peor escenario. El acuerdo comercial con Estados Unidos limita el impacto inmediato de los nuevos aranceles y fija un techo del 15% para buena parte de las exportaciones europeas. Esa estabilidad tiene un valor econ&oacute;mico evidente. Evitar una guerra comercial abierta era una obligaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero conviene no confundir estabilidad con equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        Europa cree haber comprado certidumbre. Quiz&aacute; solo haya alquilado tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la Uni&oacute;n Europea ha eliminado los aranceles sobre buena parte de los bienes industriales estadounidenses, Washington mantiene un gravamen general sobre las exportaciones europeas y contin&uacute;a amenazando con nuevas represalias si Bruselas regula las grandes plataformas digitales, aplica su legislaci&oacute;n de competencia o mantiene los impuestos sobre los servicios digitales. La relaci&oacute;n empieza a adquirir una preocupante asimetr&iacute;a: Europa garantiza acceso; Estados Unidos administra excepciones.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero riesgo. No que exista un arancel del 15 %. Sino que ese 15 % deje de ser un l&iacute;mite para convertirse en el punto de partida de la siguiente negociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hay otro dato que invita a la prudencia. Pese a toda la ret&oacute;rica sobre la reindustrializaci&oacute;n, distintos an&aacute;lisis muestran que la recuperaci&oacute;n del empleo manufacturero estadounidense dista mucho de justificar el coste econ&oacute;mico de una protecci&oacute;n permanente. Proteger una industria puede darle tiempo para modernizarse. Protegerla indefinidamente rara vez la hace m&aacute;s competitiva.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas Estados Unidos construy&oacute; su liderazgo ofreciendo reglas, instituciones y previsibilidad. Ese fue el verdadero activo del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy parece confiar cada vez m&aacute;s en otra l&oacute;gica: utilizar el tama&ntilde;o de su mercado para condicionar las decisiones soberanas de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Europa no debe responder imitando ese modelo. Una guerra arancelaria permanente empobrecer&iacute;a a ambas orillas del Atl&aacute;ntico y acelerar&iacute;a la fragmentaci&oacute;n de la econom&iacute;a mundial. Pero tampoco puede aceptar que su pol&iacute;tica industrial, su regulaci&oacute;n tecnol&oacute;gica o su fiscalidad dependan de la amenaza constante de represalias comerciales.
    </p><p class="article-text">
        La autonom&iacute;a estrat&eacute;gica no consiste en alejarse de Estados Unidos. Consiste en poder cooperar con Estados Unidos sin depender de su benevolencia.
    </p><p class="article-text">
        Eso exige una pol&iacute;tica industrial capaz de reducir dependencias cr&iacute;ticas; una pol&iacute;tica comercial orientada a diversificar mercados; un mercado interior verdaderamente integrado; y la disposici&oacute;n a utilizar, cuando sea necesario, el Instrumento Anti-Coerci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea. No para alimentar una l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n, sino precisamente para impedir que la coerci&oacute;n resulte rentable.
    </p><p class="article-text">
        Porque la gran cuesti&oacute;n de nuestro tiempo ya no es cu&aacute;nto comercio soporta la geopol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera pregunta es cu&aacute;nta geopol&iacute;tica puede soportar el comercio antes de dejar de ser comercio y convertirse simplemente en otra forma de ejercer el poder.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta a esa pregunta determinar&aacute; no solo el futuro de la econom&iacute;a mundial. Determinar&aacute; tambi&eacute;n si el siglo XXI estar&aacute; gobernado por reglas compartidas o por la capacidad de las grandes potencias para convertir su mercado en un instrumento de presi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Y esa, mucho m&aacute;s que el porcentaje de un arancel, es la discusi&oacute;n que Europa no puede permitirse perder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arancha González Laya, Vicente Montávez Aguillaume]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comercio-deja-comercio_129_13409883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 04:01:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4ca7ce1f-a6d6-4422-a12f-22b8e14e7e58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1255y372.jpg" length="1231838" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4ca7ce1f-a6d6-4422-a12f-22b8e14e7e58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1255y372.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1231838" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando el comercio deja de ser comercio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4ca7ce1f-a6d6-4422-a12f-22b8e14e7e58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1255y372.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Comercio,Aranceles,Donald Trump,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La era del depredador: Estados Unidos contra el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/depredador-estados-unidos-mundo_129_12194644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fc1d94c-9306-432e-87e1-7bec8a764fb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La era del depredador: Estados Unidos contra el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Europa necesita firmeza. A los matones no se les calma con comprensión, sino con convicción. Este conflicto no lo hemos iniciado nosotros, pero tampoco podemos afrontarlo con ingenuidad. Ser sensatos no significa ser débiles</p></div><p class="article-text">
        La administraci&oacute;n estadounidense lo ha vuelto a hacer. En nombre de una supuesta &ldquo;liberaci&oacute;n&rdquo; econ&oacute;mica, ha roto unilateralmente las reglas del juego y ha dinamitado lo que quedaba del orden comercial multilateral. Imperfecto, s&iacute;. Necesitado de reformas, tambi&eacute;n. Pero era el &uacute;nico escudo que exist&iacute;a frente a la arbitrariedad y posibles abusos de los m&aacute;s grandes. Hoy, Estados Unidos ha decidido dejar de ser garante para convertirse en depredador. Ya no protege el sistema, lo devora.
    </p><p class="article-text">
        La nueva bater&iacute;a de aranceles impulsada desde Washington responde a una l&oacute;gica simplista: castigar a quien m&aacute;s exporta al mercado estadounidense y menos importa desde all&iacute;. Un c&aacute;lculo b&aacute;sico de suma cero que ignora la complejidad de las relaciones econ&oacute;micas globales. No importa si las razones son la falta de poder adquisitivo, la estructura productiva o las preferencias de los consumidores. No importa si hablamos de pa&iacute;ses en guerra o econom&iacute;as emergentes sin alternativas. La ecuaci&oacute;n es fr&iacute;a, directa y despiadada.
    </p><p class="article-text">
        Viendo el anuncio del presidente de Estados Unidos, no sab&iacute;a si estaba presenciando una decisi&oacute;n de Estado o el reparto de puntos en el Festival de Eurovisi&oacute;n. Pero aqu&iacute; no se juegan trofeos, sino el futuro de millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        En el tablero global, donde la diplomacia se teje con hilos de confianza y estabilidad, la visi&oacute;n de la administraci&oacute;n de los Estados Unidos choca con los principios fundamentales del multilateralismo. Para ellos, la cooperaci&oacute;n es sin&oacute;nimo de debilidad; cualquier gesto de buena voluntad es una concesi&oacute;n, y toda negociaci&oacute;n se convierte en una lucha feroz por beneficios inmediatos. Pero en un mundo interconectado, esta mentalidad no solo es obsoleta, sino peligrosa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los m&aacute;s vulnerables, los m&aacute;s castigados</strong></h2><p class="article-text">
        Como siempre, los m&aacute;s vulnerables son los primeros en pagar el precio de esta estrategia agresiva. Pa&iacute;ses como Camboya, Myanmar, Madagascar o incluso Ucrania &mdash;cuya econom&iacute;a intenta sobrevivir en medio de una invasi&oacute;n&mdash; ver&aacute;n cerrarse mercados que son vitales para su supervivencia. Mientras tanto, ir&oacute;nicamente, Rusia sigue exportando a EE. UU. sin grandes trabas. El trumpismo geoecon&oacute;mico no tiene l&oacute;gica. Solo tiene enemigos &uacute;tiles.
    </p><p class="article-text">
        Cap&iacute;tulo aparte merecemos los europeos. En la narrativa estadounidense, Europa no es aliada ni socia: es un par&aacute;sito que vive a costa del esfuerzo estadounidense. La respuesta desde Washington es clara: tarifas del 20% para todos los pa&iacute;ses de la UE, sin distinci&oacute;n, sin matices. Aqu&iacute; no hay amigos. Da igual si compartimos historia, valores o defensa. Lo &uacute;nico que importa es el saldo comercial. Y quien a&uacute;n aplauda desde Europa las pol&iacute;ticas estadounidenses es, hoy por hoy, un tonto &uacute;til... a Trump.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El problema no es el comercio, es la desigualdad</strong></h2><p class="article-text">
        Conviene ir al fondo del asunto. Estados Unidos no ha sido enga&ntilde;ado ni perjudicado por el comercio global. Desde 1990, su econom&iacute;a ha doblado su tama&ntilde;o. El problema no est&aacute; fuera, est&aacute; dentro. El 1% m&aacute;s rico ha cuadruplicado su riqueza desde entonces. El 50% m&aacute;s pobre apenas ha ganado un 20%. La culpa no es de Camboya ni de Bruselas. El problema es la desigualdad, la desinversi&oacute;n social, la falta de un modelo redistributivo. Pero en vez de enfrentar esas fallas internas, se prefiere buscar culpables en el extranjero. Es m&aacute;s f&aacute;cil culpar a otros de tus propios fantasmas. Drogas, desempleo, pobreza, fracaso escolar&hellip; todo es culpa de alguien m&aacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Y ahora qu&eacute;?</strong></h2><p class="article-text">
        Primero, rechazar la trampa narrativa. Esto no es una guerra comercial global. Es una ofensiva de Estados Unidos contra el mundo. Washington representa solo el 15% de las importaciones mundiales. El otro 85% tiene margen de maniobra. Que esta escalada se convierta o no en un conflicto global depender&aacute; de c&oacute;mo respondamos el resto y en particular Europa y China.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, Europa necesita firmeza. A los matones no se les calma con comprensi&oacute;n, sino con convicci&oacute;n. Este conflicto no lo hemos iniciado nosotros, pero tampoco podemos afrontarlo con ingenuidad. Ser sensatos no significa ser d&eacute;biles. No puedes hacer razonar a un tigre cuando tienes la cabeza en su boca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tercero, negociar s&iacute;, pero no a cualquier precio. Hay l&iacute;neas rojas que no pueden cruzarse: los impuestos que decidimos soberanamente, la protecci&oacute;n del medio ambiente, la integridad territorial, la igualdad. No podemos convertirnos al trumpismo ni por presi&oacute;n ni por oportunismo.
    </p><p class="article-text">
        Y cuarto, entender que esta deriva va a da&ntilde;ar gravemente a Estados Unidos: a sus empresas, a sus consumidores, a su prestigio internacional. Bienvenidos a la era de la desconfianza hacia EEUU. El pa&iacute;s que una vez fue s&iacute;mbolo de apertura hoy se presenta como amenaza para la estabilidad global.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La UE como estandarte del comercio con reglas&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Los grandes negociadores no son los que hablan m&aacute;s alto ni los que exhiben una falsa demostraci&oacute;n de fuerza. Son aquellos que saben identificar intereses comunes, construir puentes y liderar con inteligencia. En un contexto de creciente incertidumbre, la clave del liderazgo radica en la capacidad de escuchar, entender y actuar con una visi&oacute;n de futuro. Porque en diplomacia, la verdadera fortaleza no se mide en decibelios, sino en resultados duraderos.
    </p><p class="article-text">
        El mundo se transforma, y con &eacute;l, tambi&eacute;n debe hacerlo Europa. En tiempos de incertidumbre global, necesitamos m&aacute;s Europa, no menos. M&aacute;s mercado &uacute;nico europeo para construir resiliencia interna. M&aacute;s alianzas con terceros pa&iacute;ses para consolidar nuestro papel en el mundo. M&aacute;s inversi&oacute;n en reglas de juego internacionales porque el poder sin derechos no es sostenible a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        No podemos sucumbir al nihilismo de quienes solo entienden la pol&iacute;tica internacional como una partida de suma cero. La Uni&oacute;n Europea es, con todas sus imperfecciones, un orden que merece ser defendido. Y m&aacute;s ahora, que vemos el da&ntilde;o que un solo hombre puede causar a la econom&iacute;a mundial en un solo minuto. Porque representamos estabilidad, progreso y derechos. Y porque, si no lo hacemos, nadie m&aacute;s lo har&aacute; por nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arancha González Laya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/depredador-estados-unidos-mundo_129_12194644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Apr 2025 20:26:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3fc1d94c-9306-432e-87e1-7bec8a764fb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47726" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3fc1d94c-9306-432e-87e1-7bec8a764fb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47726" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La era del depredador: Estados Unidos contra el mundo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3fc1d94c-9306-432e-87e1-7bec8a764fb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defender la paz en el siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/defender-paz-siglo-xxi_129_12165781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d0be878-79d0-4da9-b41e-19bf596473fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Defender la paz en el siglo XXI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seríamos ilusos si pensáramos que se trata solo de fabricar tanques o bombas. Es inteligencia, es ciberseguridad, son empleos, es adaptación para sobrevivir</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as de zozobra no dejo de pensar en Jorge Sempr&uacute;n. Gran intelectual europeo, superviviente de los campos de exterminio del nazismo y luchador incansable contra los totalitarismos que asolaron Europa en la primera mitad del siglo XX. Sentada en un peque&ntilde;o teatro parisino, en 2007, escuch&eacute; a Sempr&uacute;n desgranar su &uacute;ltima obra, Pensar Europa, resumida en una frase que a&uacute;n retumba en mis o&iacute;dos: &ldquo;el mayor peligro para Europa es el cansancio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Europa es mercado &uacute;nico, es libre circulaci&oacute;n de personas y de capitales, pero es, sobre todo, el continente de la raz&oacute;n cr&iacute;tica y de los derechos y libertades individuales. Es progreso, solidaridad y democracia. Somos la primera generaci&oacute;n de europeos que nace libre de guerras. Construimos puentes, no muros. Desarmamos ej&eacute;rcitos y armamos derechos. Cre&iacute;mos que bastaba con la diplomacia, la cooperaci&oacute;n, la interdependencia. Pero la historia, terca como siempre, ha vuelto a llamar a la puerta.
    </p><p class="article-text">
        Lo hizo en 2022, cuando Rusia invadi&oacute; Ucrania con el objetivo de acabar con su independencia y soberan&iacute;a, pero tambi&eacute;n para construir una esfera de influencia rusa en Europa. Una vuelta a la Conferencia de Yalta de 1945 por parte de un presidente que anhela restablecer el pasado glorioso de Rusia frente a una Europa que considera decadente. Decadente por su protecci&oacute;n de los derechos de las mujeres o de los homosexuales, por su lucha contra el cambio clim&aacute;tico, por su multiculturalidad. Desde entonces, se han multiplicado los ataques contra infraestructuras energ&eacute;ticas y tecnol&oacute;gicas europeas, los ciberataques, la desinformaci&oacute;n y las injerencias en procesos electorales.
    </p><p class="article-text">
        Pero la traici&oacute;n llega tambi&eacute;n desde quien pens&aacute;bamos que era nuestro principal aliado: Estados Unidos, con quien compartimos alianza de seguridad en la OTAN. Su presidente llama dictador al presidente Zelenski, alaba a Putin, amenaza con quedarse con Groenlandia y no duda en afirmar que la Uni&oacute;n Europea se cre&oacute; para fastidiar a Estados Unidos. Nos adentramos en un territorio totalmente inexplorado. Trump y Putin negocian el futuro de Europa a trav&eacute;s de Ucrania, sin Europa. Si no est&aacute;s en la mesa, t&uacute; eres el men&uacute;. No es momento para el cansancio.
    </p><p class="article-text">
        Europa es un proyecto de paz. Pero hoy nuestros valores est&aacute;n siendo atacados. Es una guerra contra nuestra democracia, contra nuestro modo de vida. Es una guerra contra los ideales por los que espa&ntilde;oles comprometidos como Jorge Sempr&uacute;n lucharon. No se trata de armarse para invadir, sino de disuadir, proteger y resistir. No queremos ser vasallos de nadie, sino due&ntilde;os de nuestro destino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el nuevo paquete de medidas presentado por la Comisi&oacute;n Europea en materia de seguridad y defensa &mdash;el Plan Readiness 2030 y el Libro Blanco de Defensa&mdash; se busca avanzar por esa senda. Ser&iacute;amos ilusos si pens&aacute;ramos que se trata solo de fabricar tanques o bombas. Es inteligencia, es ciberseguridad, son empleos, es adaptaci&oacute;n para sobrevivir. Se trata de impulsar un paquete de inversiones, de hasta 800.000 millones de euros de aqu&iacute; a 2030, en su mayor&iacute;a a trav&eacute;s de inversi&oacute;n directa de los Estados miembros y pr&eacute;stamos SAFE para proyectos conjuntos.
    </p><p class="article-text">
        Esta vez debemos invertir de otra forma: invertir m&aacute;s, cada pa&iacute;s, sobre la base de las capacidades que faltan en Europa, como por ejemplo sistemas de defensa antia&eacute;rea, drones y sat&eacute;lites, desarrollando proyectos <em>made in Europe</em>. Nuestra defensa no puede depender de Elon Musk. Esto se traduce en empleo y capacidad industrial. Es I+D+I. Debemos invertir mejor, reduciendo duplicidades y coordin&aacute;ndonos, apostando por alianzas p&uacute;blico-privadas. Se trata tambi&eacute;n de invertir juntos, endeud&aacute;ndonos juntos, haciendo compras conjuntas y cooperando con terceros pa&iacute;ses, permitiendo la incorporaci&oacute;n de pa&iacute;ses candidatos, como Ucrania, as&iacute; como de pa&iacute;ses del Espacio Econ&oacute;mico Europeo y quiz&aacute;s m&aacute;s adelante del Reino Unido y Turqu&iacute;a, a trav&eacute;s de acuerdos espec&iacute;ficos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a Paul-Henri Spaak, en Europa hay dos tipos de pa&iacute;ses: los que son peque&ntilde;os y los que todav&iacute;a no saben que lo son. Es la suma de nuestras capacidades lo que nos hace grandes. Ya lo hicimos durante la pandemia con las vacunas. Esta vez no respondemos a un virus, sino a la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que no se trata de un debate f&aacute;cil en t&eacute;rminos de opini&oacute;n p&uacute;blica. Los pa&iacute;ses europeos tenemos diferentes pesadillas: los disparos se escuchan m&aacute;s fuertes en el Este que en el Sur. Pero todos compartimos los mismos sue&ntilde;os: seguir defendiendo nuestros Estados del bienestar. As&iacute; lo ha entendido la ciudadan&iacute;a europea que ha demostrado estar a la altura del momento hist&oacute;rico que le ha tocado vivir. El reciente sondeo IFOP para Le Grand Continent muestra que el 70 % de los europeos considera que &ldquo;la Uni&oacute;n Europea debe contar &uacute;nicamente con sus propias fuerzas para garantizar su defensa y seguridad&rdquo;. Seg&uacute;n el CIS de marzo, el 75 % de los espa&ntilde;oles apoya incrementar las capacidades defensivas de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el papel de Espa&ntilde;a resulta fundamental en esta nueva encrucijada por nuestra seguridad y defensa. Espa&ntilde;a alberga m&aacute;s de 400 empresas dedicadas al sector de la defensa, situ&aacute;ndose como el cuarto pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea en t&eacute;rminos de facturaci&oacute;n, lo que se traducir&aacute; en la creaci&oacute;n de empleos de calidad, altamente cualificados, y en el fortalecimiento del ecosistema industrial nacional. De este sector dependen alrededor de 250.000 puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, Espa&ntilde;a cuenta con unas Fuerzas Armadas altamente profesionalizadas, que se han convertido, con su modernizaci&oacute;n en democracia, en una de las instituciones mejor valoradas. Invertir en defensa es tambi&eacute;n invertir en la UME, en equipos de alta tecnolog&iacute;a contra cat&aacute;strofes, sabotajes y desinformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el debate p&uacute;blico en nuestro pa&iacute;s sobre invertir en seguridad y defensa, se apela muchas veces a una falsa dicotom&iacute;a &mdash;la de los tanques o la mantequilla&mdash; que sugiere que si se invierte en defensa se deja de invertir en pol&iacute;ticas sociales. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Espa&ntilde;a aument&oacute; en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os la inversi&oacute;n en defensa del 0,9 % al 1,3 % del PIB, reflejando un compromiso creciente con la seguridad nacional y las obligaciones internacionales. Mientras tanto, el gasto p&uacute;blico aument&oacute; entre 2019 y 2023 m&aacute;s de un 3 % del PIB. Si atendemos a los &uacute;ltimos presupuestos aprobados, los de 2023, comprobaremos que las partidas destinadas a gasto social crecieron un 11 % con respecto a 2022. Es momento de dejar a un lado los prejuicios sobre la defensa y la seguridad y convencernos de que invertir en defensa es invertir en nuestro futuro y en nuestro bienestar. Es momento de apostar por un gran pacto europeo por la seguridad y la defensa, debatido democr&aacute;ticamente y consensuado aqu&iacute; en Espa&ntilde;a y en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos en un nuevo momento Monet, que vaticin&oacute; a la perfecci&oacute;n c&oacute;mo la UE avanzar&iacute;a en el futuro con su popular frase: &ldquo;Europa se forjar&aacute; a trav&eacute;s de las crisis, y ser&aacute; la suma de las soluciones que se den a esas crisis&rdquo;. En cada crisis nos tambaleamos, pero tambi&eacute;n damos un paso adelante. Ahora estamos ante una nueva encrucijada. Nos toca de nuevo decidir si queremos ser actores o espectadores. Esta vez, Europa debe protegerse a s&iacute; misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arancha González Laya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/defender-paz-siglo-xxi_129_12165781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Mar 2025 21:35:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2d0be878-79d0-4da9-b41e-19bf596473fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="11141295" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2d0be878-79d0-4da9-b41e-19bf596473fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11141295" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Defender la paz en el siglo XXI]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2d0be878-79d0-4da9-b41e-19bf596473fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
