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    <title><![CDATA[elDiario.es - Arancha González Laya]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/arancha-gonzalez-laya/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Arancha González Laya]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La era del depredador: Estados Unidos contra el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/depredador-estados-unidos-mundo_129_12194644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fc1d94c-9306-432e-87e1-7bec8a764fb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La era del depredador: Estados Unidos contra el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Europa necesita firmeza. A los matones no se les calma con comprensión, sino con convicción. Este conflicto no lo hemos iniciado nosotros, pero tampoco podemos afrontarlo con ingenuidad. Ser sensatos no significa ser débiles</p></div><p class="article-text">
        La administraci&oacute;n estadounidense lo ha vuelto a hacer. En nombre de una supuesta &ldquo;liberaci&oacute;n&rdquo; econ&oacute;mica, ha roto unilateralmente las reglas del juego y ha dinamitado lo que quedaba del orden comercial multilateral. Imperfecto, s&iacute;. Necesitado de reformas, tambi&eacute;n. Pero era el &uacute;nico escudo que exist&iacute;a frente a la arbitrariedad y posibles abusos de los m&aacute;s grandes. Hoy, Estados Unidos ha decidido dejar de ser garante para convertirse en depredador. Ya no protege el sistema, lo devora.
    </p><p class="article-text">
        La nueva bater&iacute;a de aranceles impulsada desde Washington responde a una l&oacute;gica simplista: castigar a quien m&aacute;s exporta al mercado estadounidense y menos importa desde all&iacute;. Un c&aacute;lculo b&aacute;sico de suma cero que ignora la complejidad de las relaciones econ&oacute;micas globales. No importa si las razones son la falta de poder adquisitivo, la estructura productiva o las preferencias de los consumidores. No importa si hablamos de pa&iacute;ses en guerra o econom&iacute;as emergentes sin alternativas. La ecuaci&oacute;n es fr&iacute;a, directa y despiadada.
    </p><p class="article-text">
        Viendo el anuncio del presidente de Estados Unidos, no sab&iacute;a si estaba presenciando una decisi&oacute;n de Estado o el reparto de puntos en el Festival de Eurovisi&oacute;n. Pero aqu&iacute; no se juegan trofeos, sino el futuro de millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        En el tablero global, donde la diplomacia se teje con hilos de confianza y estabilidad, la visi&oacute;n de la administraci&oacute;n de los Estados Unidos choca con los principios fundamentales del multilateralismo. Para ellos, la cooperaci&oacute;n es sin&oacute;nimo de debilidad; cualquier gesto de buena voluntad es una concesi&oacute;n, y toda negociaci&oacute;n se convierte en una lucha feroz por beneficios inmediatos. Pero en un mundo interconectado, esta mentalidad no solo es obsoleta, sino peligrosa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los m&aacute;s vulnerables, los m&aacute;s castigados</strong></h2><p class="article-text">
        Como siempre, los m&aacute;s vulnerables son los primeros en pagar el precio de esta estrategia agresiva. Pa&iacute;ses como Camboya, Myanmar, Madagascar o incluso Ucrania &mdash;cuya econom&iacute;a intenta sobrevivir en medio de una invasi&oacute;n&mdash; ver&aacute;n cerrarse mercados que son vitales para su supervivencia. Mientras tanto, ir&oacute;nicamente, Rusia sigue exportando a EE. UU. sin grandes trabas. El trumpismo geoecon&oacute;mico no tiene l&oacute;gica. Solo tiene enemigos &uacute;tiles.
    </p><p class="article-text">
        Cap&iacute;tulo aparte merecemos los europeos. En la narrativa estadounidense, Europa no es aliada ni socia: es un par&aacute;sito que vive a costa del esfuerzo estadounidense. La respuesta desde Washington es clara: tarifas del 20% para todos los pa&iacute;ses de la UE, sin distinci&oacute;n, sin matices. Aqu&iacute; no hay amigos. Da igual si compartimos historia, valores o defensa. Lo &uacute;nico que importa es el saldo comercial. Y quien a&uacute;n aplauda desde Europa las pol&iacute;ticas estadounidenses es, hoy por hoy, un tonto &uacute;til... a Trump.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El problema no es el comercio, es la desigualdad</strong></h2><p class="article-text">
        Conviene ir al fondo del asunto. Estados Unidos no ha sido enga&ntilde;ado ni perjudicado por el comercio global. Desde 1990, su econom&iacute;a ha doblado su tama&ntilde;o. El problema no est&aacute; fuera, est&aacute; dentro. El 1% m&aacute;s rico ha cuadruplicado su riqueza desde entonces. El 50% m&aacute;s pobre apenas ha ganado un 20%. La culpa no es de Camboya ni de Bruselas. El problema es la desigualdad, la desinversi&oacute;n social, la falta de un modelo redistributivo. Pero en vez de enfrentar esas fallas internas, se prefiere buscar culpables en el extranjero. Es m&aacute;s f&aacute;cil culpar a otros de tus propios fantasmas. Drogas, desempleo, pobreza, fracaso escolar&hellip; todo es culpa de alguien m&aacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Y ahora qu&eacute;?</strong></h2><p class="article-text">
        Primero, rechazar la trampa narrativa. Esto no es una guerra comercial global. Es una ofensiva de Estados Unidos contra el mundo. Washington representa solo el 15% de las importaciones mundiales. El otro 85% tiene margen de maniobra. Que esta escalada se convierta o no en un conflicto global depender&aacute; de c&oacute;mo respondamos el resto y en particular Europa y China.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, Europa necesita firmeza. A los matones no se les calma con comprensi&oacute;n, sino con convicci&oacute;n. Este conflicto no lo hemos iniciado nosotros, pero tampoco podemos afrontarlo con ingenuidad. Ser sensatos no significa ser d&eacute;biles. No puedes hacer razonar a un tigre cuando tienes la cabeza en su boca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tercero, negociar s&iacute;, pero no a cualquier precio. Hay l&iacute;neas rojas que no pueden cruzarse: los impuestos que decidimos soberanamente, la protecci&oacute;n del medio ambiente, la integridad territorial, la igualdad. No podemos convertirnos al trumpismo ni por presi&oacute;n ni por oportunismo.
    </p><p class="article-text">
        Y cuarto, entender que esta deriva va a da&ntilde;ar gravemente a Estados Unidos: a sus empresas, a sus consumidores, a su prestigio internacional. Bienvenidos a la era de la desconfianza hacia EEUU. El pa&iacute;s que una vez fue s&iacute;mbolo de apertura hoy se presenta como amenaza para la estabilidad global.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La UE como estandarte del comercio con reglas&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Los grandes negociadores no son los que hablan m&aacute;s alto ni los que exhiben una falsa demostraci&oacute;n de fuerza. Son aquellos que saben identificar intereses comunes, construir puentes y liderar con inteligencia. En un contexto de creciente incertidumbre, la clave del liderazgo radica en la capacidad de escuchar, entender y actuar con una visi&oacute;n de futuro. Porque en diplomacia, la verdadera fortaleza no se mide en decibelios, sino en resultados duraderos.
    </p><p class="article-text">
        El mundo se transforma, y con &eacute;l, tambi&eacute;n debe hacerlo Europa. En tiempos de incertidumbre global, necesitamos m&aacute;s Europa, no menos. M&aacute;s mercado &uacute;nico europeo para construir resiliencia interna. M&aacute;s alianzas con terceros pa&iacute;ses para consolidar nuestro papel en el mundo. M&aacute;s inversi&oacute;n en reglas de juego internacionales porque el poder sin derechos no es sostenible a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        No podemos sucumbir al nihilismo de quienes solo entienden la pol&iacute;tica internacional como una partida de suma cero. La Uni&oacute;n Europea es, con todas sus imperfecciones, un orden que merece ser defendido. Y m&aacute;s ahora, que vemos el da&ntilde;o que un solo hombre puede causar a la econom&iacute;a mundial en un solo minuto. Porque representamos estabilidad, progreso y derechos. Y porque, si no lo hacemos, nadie m&aacute;s lo har&aacute; por nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arancha González Laya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/depredador-estados-unidos-mundo_129_12194644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Apr 2025 20:26:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La era del depredador: Estados Unidos contra el mundo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defender la paz en el siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/defender-paz-siglo-xxi_129_12165781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d0be878-79d0-4da9-b41e-19bf596473fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Defender la paz en el siglo XXI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seríamos ilusos si pensáramos que se trata solo de fabricar tanques o bombas. Es inteligencia, es ciberseguridad, son empleos, es adaptación para sobrevivir</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as de zozobra no dejo de pensar en Jorge Sempr&uacute;n. Gran intelectual europeo, superviviente de los campos de exterminio del nazismo y luchador incansable contra los totalitarismos que asolaron Europa en la primera mitad del siglo XX. Sentada en un peque&ntilde;o teatro parisino, en 2007, escuch&eacute; a Sempr&uacute;n desgranar su &uacute;ltima obra, Pensar Europa, resumida en una frase que a&uacute;n retumba en mis o&iacute;dos: &ldquo;el mayor peligro para Europa es el cansancio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Europa es mercado &uacute;nico, es libre circulaci&oacute;n de personas y de capitales, pero es, sobre todo, el continente de la raz&oacute;n cr&iacute;tica y de los derechos y libertades individuales. Es progreso, solidaridad y democracia. Somos la primera generaci&oacute;n de europeos que nace libre de guerras. Construimos puentes, no muros. Desarmamos ej&eacute;rcitos y armamos derechos. Cre&iacute;mos que bastaba con la diplomacia, la cooperaci&oacute;n, la interdependencia. Pero la historia, terca como siempre, ha vuelto a llamar a la puerta.
    </p><p class="article-text">
        Lo hizo en 2022, cuando Rusia invadi&oacute; Ucrania con el objetivo de acabar con su independencia y soberan&iacute;a, pero tambi&eacute;n para construir una esfera de influencia rusa en Europa. Una vuelta a la Conferencia de Yalta de 1945 por parte de un presidente que anhela restablecer el pasado glorioso de Rusia frente a una Europa que considera decadente. Decadente por su protecci&oacute;n de los derechos de las mujeres o de los homosexuales, por su lucha contra el cambio clim&aacute;tico, por su multiculturalidad. Desde entonces, se han multiplicado los ataques contra infraestructuras energ&eacute;ticas y tecnol&oacute;gicas europeas, los ciberataques, la desinformaci&oacute;n y las injerencias en procesos electorales.
    </p><p class="article-text">
        Pero la traici&oacute;n llega tambi&eacute;n desde quien pens&aacute;bamos que era nuestro principal aliado: Estados Unidos, con quien compartimos alianza de seguridad en la OTAN. Su presidente llama dictador al presidente Zelenski, alaba a Putin, amenaza con quedarse con Groenlandia y no duda en afirmar que la Uni&oacute;n Europea se cre&oacute; para fastidiar a Estados Unidos. Nos adentramos en un territorio totalmente inexplorado. Trump y Putin negocian el futuro de Europa a trav&eacute;s de Ucrania, sin Europa. Si no est&aacute;s en la mesa, t&uacute; eres el men&uacute;. No es momento para el cansancio.
    </p><p class="article-text">
        Europa es un proyecto de paz. Pero hoy nuestros valores est&aacute;n siendo atacados. Es una guerra contra nuestra democracia, contra nuestro modo de vida. Es una guerra contra los ideales por los que espa&ntilde;oles comprometidos como Jorge Sempr&uacute;n lucharon. No se trata de armarse para invadir, sino de disuadir, proteger y resistir. No queremos ser vasallos de nadie, sino due&ntilde;os de nuestro destino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el nuevo paquete de medidas presentado por la Comisi&oacute;n Europea en materia de seguridad y defensa &mdash;el Plan Readiness 2030 y el Libro Blanco de Defensa&mdash; se busca avanzar por esa senda. Ser&iacute;amos ilusos si pens&aacute;ramos que se trata solo de fabricar tanques o bombas. Es inteligencia, es ciberseguridad, son empleos, es adaptaci&oacute;n para sobrevivir. Se trata de impulsar un paquete de inversiones, de hasta 800.000 millones de euros de aqu&iacute; a 2030, en su mayor&iacute;a a trav&eacute;s de inversi&oacute;n directa de los Estados miembros y pr&eacute;stamos SAFE para proyectos conjuntos.
    </p><p class="article-text">
        Esta vez debemos invertir de otra forma: invertir m&aacute;s, cada pa&iacute;s, sobre la base de las capacidades que faltan en Europa, como por ejemplo sistemas de defensa antia&eacute;rea, drones y sat&eacute;lites, desarrollando proyectos <em>made in Europe</em>. Nuestra defensa no puede depender de Elon Musk. Esto se traduce en empleo y capacidad industrial. Es I+D+I. Debemos invertir mejor, reduciendo duplicidades y coordin&aacute;ndonos, apostando por alianzas p&uacute;blico-privadas. Se trata tambi&eacute;n de invertir juntos, endeud&aacute;ndonos juntos, haciendo compras conjuntas y cooperando con terceros pa&iacute;ses, permitiendo la incorporaci&oacute;n de pa&iacute;ses candidatos, como Ucrania, as&iacute; como de pa&iacute;ses del Espacio Econ&oacute;mico Europeo y quiz&aacute;s m&aacute;s adelante del Reino Unido y Turqu&iacute;a, a trav&eacute;s de acuerdos espec&iacute;ficos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a Paul-Henri Spaak, en Europa hay dos tipos de pa&iacute;ses: los que son peque&ntilde;os y los que todav&iacute;a no saben que lo son. Es la suma de nuestras capacidades lo que nos hace grandes. Ya lo hicimos durante la pandemia con las vacunas. Esta vez no respondemos a un virus, sino a la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que no se trata de un debate f&aacute;cil en t&eacute;rminos de opini&oacute;n p&uacute;blica. Los pa&iacute;ses europeos tenemos diferentes pesadillas: los disparos se escuchan m&aacute;s fuertes en el Este que en el Sur. Pero todos compartimos los mismos sue&ntilde;os: seguir defendiendo nuestros Estados del bienestar. As&iacute; lo ha entendido la ciudadan&iacute;a europea que ha demostrado estar a la altura del momento hist&oacute;rico que le ha tocado vivir. El reciente sondeo IFOP para Le Grand Continent muestra que el 70 % de los europeos considera que &ldquo;la Uni&oacute;n Europea debe contar &uacute;nicamente con sus propias fuerzas para garantizar su defensa y seguridad&rdquo;. Seg&uacute;n el CIS de marzo, el 75 % de los espa&ntilde;oles apoya incrementar las capacidades defensivas de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el papel de Espa&ntilde;a resulta fundamental en esta nueva encrucijada por nuestra seguridad y defensa. Espa&ntilde;a alberga m&aacute;s de 400 empresas dedicadas al sector de la defensa, situ&aacute;ndose como el cuarto pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea en t&eacute;rminos de facturaci&oacute;n, lo que se traducir&aacute; en la creaci&oacute;n de empleos de calidad, altamente cualificados, y en el fortalecimiento del ecosistema industrial nacional. De este sector dependen alrededor de 250.000 puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, Espa&ntilde;a cuenta con unas Fuerzas Armadas altamente profesionalizadas, que se han convertido, con su modernizaci&oacute;n en democracia, en una de las instituciones mejor valoradas. Invertir en defensa es tambi&eacute;n invertir en la UME, en equipos de alta tecnolog&iacute;a contra cat&aacute;strofes, sabotajes y desinformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el debate p&uacute;blico en nuestro pa&iacute;s sobre invertir en seguridad y defensa, se apela muchas veces a una falsa dicotom&iacute;a &mdash;la de los tanques o la mantequilla&mdash; que sugiere que si se invierte en defensa se deja de invertir en pol&iacute;ticas sociales. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Espa&ntilde;a aument&oacute; en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os la inversi&oacute;n en defensa del 0,9 % al 1,3 % del PIB, reflejando un compromiso creciente con la seguridad nacional y las obligaciones internacionales. Mientras tanto, el gasto p&uacute;blico aument&oacute; entre 2019 y 2023 m&aacute;s de un 3 % del PIB. Si atendemos a los &uacute;ltimos presupuestos aprobados, los de 2023, comprobaremos que las partidas destinadas a gasto social crecieron un 11 % con respecto a 2022. Es momento de dejar a un lado los prejuicios sobre la defensa y la seguridad y convencernos de que invertir en defensa es invertir en nuestro futuro y en nuestro bienestar. Es momento de apostar por un gran pacto europeo por la seguridad y la defensa, debatido democr&aacute;ticamente y consensuado aqu&iacute; en Espa&ntilde;a y en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos en un nuevo momento Monet, que vaticin&oacute; a la perfecci&oacute;n c&oacute;mo la UE avanzar&iacute;a en el futuro con su popular frase: &ldquo;Europa se forjar&aacute; a trav&eacute;s de las crisis, y ser&aacute; la suma de las soluciones que se den a esas crisis&rdquo;. En cada crisis nos tambaleamos, pero tambi&eacute;n damos un paso adelante. Ahora estamos ante una nueva encrucijada. Nos toca de nuevo decidir si queremos ser actores o espectadores. Esta vez, Europa debe protegerse a s&iacute; misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arancha González Laya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/defender-paz-siglo-xxi_129_12165781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Mar 2025 21:35:43 +0000]]></pubDate>
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