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    <title><![CDATA[elDiario.es - Óscar Esquivias]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/oscar-esquivias/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Óscar Esquivias]]></description>
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      <title><![CDATA[Los pazos de doña Emilia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/pazos-dona-emilia_1_12173658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15908c21-24a7-40f1-b016-f0f745a9a165_16-9-discover-aspect-ratio_default_1114553.jpg" width="2967" height="1669" alt="Los pazos de doña Emilia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Emilia Pardo Bazán publicó en años sucesivos dos novelas arrebatadoras: 'Los Pazos de Ulloa' (1886) y su continuación, 'La madre naturaleza' (1887). Ambas se ambientan fundamentalmente en la Galicia interior y rural que la autora tan bien conocía y tanto amaba, y cuya realidad social, económica y política retrató de manera crítica y sagaz
</p><p class="subtitle">Archiletras - 10 poetas de 10 países: la riqueza de la poesía en español escrita por mujeres
</p></div><p class="article-text">
        A Emilia Pardo Baz&aacute;n, cuando viajaba en tren, se le ocurr&iacute;an novelas. As&iacute; se lo confes&oacute; en una carta a su amigo (y, entonces, tambi&eacute;n amante) Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s: &ldquo;Me ocurri&oacute; la idea durante el viaje (ya sabe usted que en el tren se produce cierto eretismo del cerebro y acuden planes de obras) y hasta el t&iacute;tulo: <em>Insolaci&oacute;n</em>. Estoy rabiando por escaparme al campo para hacerla: ser&aacute; cosa breve, y cuento con que en todo el mes de julio la he de despachar&rdquo;. Qu&eacute; admirables estos escritores, como do&ntilde;a Emilia o don Benito, que salen de veraneo y vuelven a casa bronceados y con una novela (&iexcl;y qu&eacute; novela!) bajo el brazo.
    </p><p class="article-text">
        El fot&oacute;grafo As&iacute;s G. Ayerbe y yo tambi&eacute;n salimos en tren hacia Galicia, con la intenci&oacute;n de recorrer all&iacute; las monta&ntilde;as y los valles ourensanos que inspiraron el paisaje de <em>Los Pazos de Ulloa</em>. Partimos de la estaci&oacute;n madrile&ntilde;a de Chamart&iacute;n (en obras, laber&iacute;ntica, masificada, hostil) en un tren que desfalleci&oacute; cerca de Ourense: inesperadamente se qued&oacute; parado bajo la lluvia, en mitad de un paraje brumoso y melanc&oacute;lico. Se apag&oacute; la luz y los pasajeros nos callamos, expectantes, pensando cada uno en nuestras cosas, quiz&aacute; en la novela que todos llevamos dentro. 
    </p><p class="article-text">
        Al poco o&iacute;mos en la megafon&iacute;a del vag&oacute;n una voz tonante que anunci&oacute; que se iba a &ldquo;resetear el tren por un problema en el pant&oacute;grafo&rdquo;, y pens&eacute; que do&ntilde;a Emilia habr&iacute;a anotado la frase para emplearla en alguna de sus narraciones. Pronto el vag&oacute;n vibr&oacute;, como si se desperezara, se encendieron las luces, volvi&oacute; a sonar el aire acondicionado y empezamos a marchar con un trote alegre, como de ternerillo. Se rompi&oacute; el silencio, volvieron las conversaciones y se disiparon las novelas que ten&iacute;amos en la cabeza, como si nos hubieran reseteado tambi&eacute;n a los pasajeros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mismo a&ntilde;o de la carta en la que habla de <em>Insolaci&oacute;n</em>, 1887, Pardo Baz&aacute;n public&oacute; <em>La madre naturaleza</em>, subtitulada como <em>Segunda parte de Los Pazos de Ulloa</em>. La &shy;primera parte hab&iacute;a aparecido el a&ntilde;o anterior (en otra carta de 1885, tambi&eacute;n a Gald&oacute;s, se refiri&oacute; a ella como una &ldquo;novela cuyo asunto me ofrece dificultades insuperables&rdquo;; por fortuna, no lo fueron tanto). &iexcl;Qu&eacute; tres obras maestras escribi&oacute; do&ntilde;a Emilia, una tras otra! &iexcl;Y qu&eacute; afortunados los lectores de la &eacute;poca! En esos mismos a&ntilde;os Clar&iacute;n public&oacute; <em>La Regenta</em> (1884-1885), y Gald&oacute;s, <em>Tormento </em>(1884), <em>La de Bringas</em> (1884), <em>Lo prohibido</em> (1884-85), <em>Fortunata y Jacinta</em> (1887), <em>Miau </em>(1888) y <em>Torquemada en la hoguera</em> (1889).
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                Retrato de Emilia Pardo Bazán                            </span>
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        A m&iacute; me maravilla el enorme talento de esos autores, su fecundidad y capacidad de trabajo. Pienso en ellos y me parece que constru&iacute;an novelas como en el siglo XIII se edificaban las catedrales g&oacute;ticas, con su misma ambici&oacute;n, grandiosidad y asombrosa belleza: leerlas es como entrar en templos extraordinarios. Estos novelistas comparten la expresividad del estilo, la atenci&oacute;n al habla corriente, la profundidad psicol&oacute;gica de los personajes y su predilecci&oacute;n por el realismo. Tambi&eacute;n tienen en com&uacute;n una mirada cr&iacute;tica hacia la sociedad del momento, la denuncia de la corrupci&oacute;n y el sectarismo pol&iacute;ticos, del clericalismo y de la religiosidad insana. 
    </p><p class="article-text">
        Son obras que revelan la profunda humanidad de sus autores, su inteligencia y su sentido del humor (presente incluso en las historias m&aacute;s violentas, como la que se narra en <em>Los Pazos</em>). En ese &uacute;ltimo cuarto del XIX fueron creados algunos de los territorios ficticios m&aacute;s importantes de nuestras letras: la Orbajosa de Gald&oacute;s, la Vetusta de Clar&iacute;n o estos Pazos de Ulloa de Pardo Baz&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra autora ten&iacute;a ideas pol&iacute;ticas conservadoras y, a la vez, era muy moderna. Le&iacute;a en varias lenguas extranjeras, estaba informad&iacute;sima, viajaba mucho y resid&iacute;a peri&oacute;dicamente en Par&iacute;s, era una apasionada articulista y profesora, dominaba la literatura cl&aacute;sica y la moderna, defendi&oacute; los derechos de las mujeres y mantuvo una intensa correspondencia con escritores e intelectuales muy variados. 
    </p><p class="article-text">
        Conserv&oacute; su carisma hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as (muri&oacute; en 1921, con 69 a&ntilde;os) e impresion&oacute; tambi&eacute;n a las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. La escritora Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n, de ideas comunistas, siempre citaba con admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o a la condesa de Pardo Baz&aacute;n y la consideraba uno de sus referentes, junto a otras mujeres admirables como Blanca de los R&iacute;os, Concha Espina, Mar&iacute;a Goyri, Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, Mar&iacute;a de Maeztu, Mar&iacute;a Martos o Zenobia Camprub&iacute;.&nbsp;
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                La estatua de la escritora Emilia Pardo Bazán en los jardines de Méndez Núñez de A Coruña. EFE/ Cabalar/ Archivo                            </span>
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        Por machismo de sus miembros (y pese a que alguno se declaraba su amigo), a do&ntilde;a Emilia le negaron formar parte de la Real Academia Espa&ntilde;ola. De otro modo, habr&iacute;a sido la primera mujer acad&eacute;mica de esa instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si no supi&eacute;ramos que do&ntilde;a Emilia fue arist&oacute;crata, nadie lo sospechar&iacute;a leyendo <em>Los Pazos de Ulloa</em>. Describe una nobleza en absoluta decadencia, empobrecida, que, al modo lampedusiano, intenta adaptarse a los nuevos tiempos pol&iacute;ticos para conservar su preeminencia social (en la novela se cita el estallido de la revoluci&oacute;n Gloriosa que llev&oacute; al exilio a Isabel II). Don Pedro, el marqu&eacute;s de Ulloa, en realidad solo recibe tal tratamiento en sus dominios rurales, puesto que su familia vendi&oacute; el t&iacute;tulo y ya no le pertenece. 
    </p><p class="article-text">
        En cierto modo es un esclavo de sus criados, sobre todo del feroz capataz Primitivo, que se atribuye el cargo de mayordomo sin serlo. Es &eacute;l quien gobierna la casa y, a menudo, al propio se&ntilde;or. Los dos intentos del marqu&eacute;s de escapar de los Pazos (su estancia en Santiago de Compostela, su candidatura a diputado en Madrid) fracasan por distintas razones y acaba persuadido de que su lugar est&aacute; en el campo, en su pazo, con sus escopetas, sus criados taimados y sus costumbres b&aacute;rbaras. En el bosque, entre robles y casta&ntilde;os, se siente alguien e impone su voluntad, aunque sea a golpes; en la ciudad, donde imperan las convenciones sociales y el trato refinado, lo miran como alguien rid&iacute;culo, inferior, tosco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco sale bien parada la Iglesia, pues el clero aparece casi siempre completamente degradado, incompetente, entregado a los placeres mundanos, las intrigas pol&iacute;ticas y la adulaci&oacute;n a los poderosos. Cuando no es as&iacute;, como sucede con el joven y piadoso capell&aacute;n Juli&aacute;n (que solo conoce el mundo por los libros y es el hazmerre&iacute;r de los resabiados curas rurales, que lo consideran poco viril y melindroso), el resultado es casi peor. 
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                    alt="La reina Letizia acompañada por la vicepresidenta Primera del Gobierno, Carmen Calvo (c), durante la inauguración de la exposición &quot;Emilia Pardo Bazán. El reto de la modernidad&quot; este martes en la Biblioteca Nacional de España. EFEZipi POOL"
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                La reina Letizia acompañada por la vicepresidenta Primera del Gobierno, Carmen Calvo (c), durante la inauguración de la exposición &quot;Emilia Pardo Bazán. El reto de la modernidad&quot; este martes en la Biblioteca Nacional de España. EFEZipi POOL                            </span>
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        Al saber que el marqu&eacute;s tiene un hijo bastardo con la criada, al capell&aacute;n no se le ocurre aconsejarle que se case con ella y reconozca al ni&ntilde;o como heredero. Tiene asumidas las convenciones de la &eacute;poca y da por supuesto que un arist&oacute;crata ha de esposarse con alguien de su clase social y que los hijos leg&iacute;timos tienen preeminencia sobre los naturales. Estas ideas tendr&aacute;n consecuencias catastr&oacute;ficas y har&aacute;n sufrir terriblemente a las personas a las que m&aacute;s aprecia y ama.
    </p><p class="article-text">
        Emilia Pardo Baz&aacute;n, al contrario que el inexperto Juli&aacute;n, habla de asuntos que conoce muy bien. Quiz&aacute; da su apellido &ldquo;Pardo&rdquo; al marqu&eacute;s de Ulloa (Pedro Moscoso de Cabreira y Pardo de la Lage) para subrayar su proximidad a ese mundo que describe literariamente. Adem&aacute;s, es posible que, al modo cervantino (y galdosiano), ciertos nombres revelen la personalidad de sus personajes: el &ldquo;Ca&shy;breira&rdquo; del marqu&eacute;s parece aludir a su personalidad salaz y cabruna; &ldquo;Primitivo&rdquo;, por su parte, describe a la perfecci&oacute;n al cruel y artero mayordomo; &ldquo;Juncal&rdquo; es el m&eacute;dico librepensador y honrado de Cebre; &ldquo;Eugenio&rdquo; (en griego, &lsquo;bien nacido&rsquo;) cuadra bien con el cura de Naya, el &uacute;nico amigo que logra hacer Juli&aacute;n; &ldquo;Barbacana&rdquo; es el altivo y vengativo cacique conservador; &ldquo;Trampeta&rdquo; (posible mezcla de &ldquo;trampa&rdquo; y &ldquo;trompeta&rdquo;) podr&iacute;a aludir al car&aacute;cter marrullero y exaltado del cacique liberal; &ldquo;Gabriel&rdquo; es un jovencito inocente, muy amado por su hermana Nucha. 
    </p><p class="article-text">
        El comandante Gabriel Pardo de la Lage, por cierto, ser&aacute; uno de los protagonistas de <em>La madre naturaleza</em> y tambi&eacute;n tendr&aacute; un papel importante en <em>Insolaci&oacute;n </em>(aunque su personalidad se transforme y en esta novela sea menos angelical que en las otras y se vuelva un charlat&aacute;n muy alborotado, quiz&aacute; con motivo de los sufrimientos y desenga&ntilde;os que padece en <em>La madre naturaleza</em>).
    </p><p class="article-text">
        En las novelas de Pardo Baz&aacute;n hay un gran amor por el paisaje. A As&iacute;s y a m&iacute; nos encant&oacute; recorrer los bosques y pueblos gallegos en los dulces primeros d&iacute;as de septiembre. En las huertas destacaba la fragancia de las higueras y la hierbabuena, y se ve&iacute;an girasoles rubios y esplendentes como el dios Apolo. Las zarzas, las vides y los manzanos estaban repletos de fruto. Los pinos cruj&iacute;an, se o&iacute;an disparos de cazadores y motosierras en el monte. En el pazo de Banga hablamos con un campesino que andaba por all&iacute;, ocupado en sus labores, y yo creo que do&ntilde;a Emilia habr&iacute;a incluido tambi&eacute;n este di&aacute;logo en alguna de sus obras:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hola, &iquest;este es el pazo de Emilia Pardo Baz&aacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;No?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No. Era de su marido, no de ella.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya, pero residi&oacute; aqu&iacute;, &iquest;verdad?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Venir, ven&iacute;a. A do&ntilde;a Emilia le gustaba mucho esto, s&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos dimos cuenta de que, por esas monta&ntilde;as y valles, la siguen llamando &ldquo;do&ntilde;a Emilia&rdquo;, sin m&aacute;s, con mucho respeto, y parecen seguir esperando su visita, como si estuviera a punto de llegar en un tren desde Par&iacute;s o Madrid, en el que imagina, al ritmo del traqueteo ferroviario, esas preciosas novelas que nos apasionan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Óscar Esquivias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/pazos-dona-emilia_1_12173658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Mar 2025 21:21:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los pazos de doña Emilia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Galicia,Feminismo,mujeres]]></media:keywords>
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