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    <title><![CDATA[elDiario.es - Concepción Azcón González de Aguilar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/concepcion-azcon-gonzalez-de-aguilar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Concepción Azcón González de Aguilar]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Coleccionistas de hongos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/coleccionistas-hongos_132_12190200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff003f85-3983-4095-9b2c-aa80fed01a52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coleccionistas de hongos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de la agricultura del futuro se está escribiendo estos días, en parte, mirando al pasado más remoto, a esas antiguas alianzas entre plantas y hongos que permitieron la vida sobre la tierra</p><p class="subtitle">Sequía y muerte en Nerja
</p></div><p class="article-text">
        El camino hacia la sostenibilidad, en concreto de la sostenibilidad agr&iacute;cola, viene bien definido desde las altas instituciones europeas a trav&eacute;s de programas o acuerdos como el Pacto Verde Europeo o &lsquo;Farm to Fork&rsquo; (De la Granja a la Mesa). Entre sus objetivos para 2030 se encuentra la reducci&oacute;n en el uso de agroqu&iacute;micos, tanto fertilizantes como pesticidas. Hace unas semanas, unos compa&ntilde;eros de nuestro centro, la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n (CSIC), en Granada, se hac&iacute;an eco de c&oacute;mo el&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/bioinoculantes-microbianos-herramienta-prometedora-alcanzar-sostenibilidad-agricola_132_11987869.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uso de microbios beneficiosos</a>&nbsp;para las plantas pod&iacute;an ser parte de la soluci&oacute;n a esa reducci&oacute;n de agroqu&iacute;micos. Entre esos microbios destaca un antiguo grupo de hongos que han vivido asociados a las plantas desde hace m&aacute;s de 400 millones de a&ntilde;os. En este post les vamos a hablar de su origen, de las cosas que pueden hacer por las plantas (y su cultivo) y de lo dif&iacute;cil que es conseguir encontrarlos, aislarlos y cultivarlos para su uso. Les vamos a hablar de la labor que se lleva a cabo en la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n (EEZ-CSIC) a trav&eacute;s de su&nbsp;Colecci&oacute;n de Hongos Micorr&iacute;cicos Arbusculares (ColHMA-EEZ).
    </p><p class="article-text">
        Hace unos 450 millones de a&ntilde;os, en un periodo llamado Ordov&iacute;cico, los antecesores de las primeras plantas luchaban contra los elementos f&iacute;sicos para salir del agua y conquistar un mundo de tierras infinitas y vac&iacute;as, pura roca, sometidas a la radiaci&oacute;n solar directa y a fluctuaciones extremas de temperatura diaria. Adem&aacute;s de los problemas mencionados, estas plantas primitivas, similares a los musgos actuales, ten&iacute;an problemas para obtener los nutrientes y el agua necesarios para su desarrollo a partir de la roca, ya que sus primigenias ra&iacute;ces (que realmente no eran tal cosa) no eran eficientes para llevar a cabo esa tarea. En ese contexto, fue crucial el pacto al que llegaron con un grupo de hongos con los que, probablemente, ya andaban en &lsquo;conversaciones&rsquo; cuando a&uacute;n viv&iacute;an en el agua. Juntos, conformaron una de las simbiosis mutualistas m&aacute;s antiguas y extendida en la naturaleza, la simbiosis micorr&iacute;cica. En esta simbiosis, el hongo coloniza, por un lado, el interior las c&eacute;lulas de las ra&iacute;ces vegetales y, por otro, explora el sustrato, toma nutrientes inorg&aacute;nicos y agua, los transporta hasta la planta y los intercambia con ella por compuesto de carbono procedentes de la fotos&iacute;ntesis. El hongo no puede vivir sin la planta (fuente de todo su carbono), la planta, dif&iacute;cilmente puede crecer sin el hongo. Fue tan temprano el surgimiento de esta relaci&oacute;n que es uno de los rasgos m&aacute;s basales en el &aacute;rbol geneal&oacute;gico de las plantas, es decir, una caracter&iacute;stica que se ha ido heredando conforme aparec&iacute;an nuevas especies de plantas. De hecho, actualmente m&aacute;s del 70% de las especies de plantas terrestres forman este tipo de simbiosis micorr&iacute;cica. Se ha llegado a decir que las plantas no tienen ra&iacute;ces, tienen micorrizas (del griego &ldquo;hongo-ra&iacute;z&rdquo;).&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El camino hacia la mejora de las condiciones de producción hacia una sostenibilidad que asegure el futuro de nuestros suelos para las generaciones venideras, pasa por reducir insumos químicos en favor del papel que, de forma natural, los microbios del suelo pueden jugar en nuestros sistemas productivos </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque hay m&aacute;s tipos de hongos que forman micorrizas, los m&aacute;s importantes desde el punto de vista agr&iacute;cola son los hongos micorr&iacute;cicos arbusculares (hongos MA). Tambi&eacute;n son los m&aacute;s antiguos y extendidos. Como hemos dicho, son muy importantes a la hora de tomar nutrientes del suelo, sobre todo f&oacute;sforo, el nutriente m&aacute;s limitante de la naturaleza tras el nitr&oacute;geno y que, entre otras cosas, es necesario para conformar nuestro ADN. Pero tienen otros beneficios para la planta, haci&eacute;ndola en general m&aacute;s tolerantes a los estreses ambientales. Cuando estos hongos entran en contacto con una ra&iacute;z nueva que no ha sido colonizada antes, se establece una comunicaci&oacute;n qu&iacute;mica (&lsquo;dialogo molecular&rsquo;) entre planta y hongo para dejar claro que, aunque puedan parecer enemigos a primera vista, son, en realidad, aliados. Ese amago defensivo iniciado por la planta es capaz de activar sus defensas, como una vacuna, contra futuros ataques de enemigos. A este proceso se le llama potenciaci&oacute;n o&nbsp;<em>priming</em>. Por otro lado, la interacci&oacute;n con estos hongos tambi&eacute;n beneficia a la planta frente a estreses como la sequ&iacute;a o la salinidad. No s&oacute;lo porque proveen directamente agua a la planta, sino tambi&eacute;n porque inducen cambios fisiol&oacute;gicos y bioqu&iacute;micos que mejoran su respuesta a los estreses, fortaleciendo y aportando mayor resiliencia a su hospedador.&nbsp;
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                    alt="A la izquierda Psilophyton sp., planta fósil del Devónico (Fuente Pixabay, pixabay.com). A la derecha esporas de nuevas especies de hongos micorrícicos arbusculares descritas por el equipo de la Estación Experimental del Zaidín (fotos por Javier Palenzuela)."
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                A la izquierda Psilophyton sp., planta fósil del Devónico (Fuente Pixabay, pixabay.com). A la derecha esporas de nuevas especies de hongos micorrícicos arbusculares descritas por el equipo de la Estación Experimental del Zaidín (fotos por Javier Palenzuela).                            </span>
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        Pese a ser un grupo de organismos muy ubicuo, es decir, que los encontramos en casi todos los h&aacute;bitats terrestres, la presencia y funci&oacute;n de estos hongos mutualistas se ve muy afectada por las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas convencionales. Hemos comentado que una de las bases del establecimiento de esta simbiosis es el intercambio de nutrientes por compuesto carbonados que se produce entre hongo y planta. Cuando en el ambiente existen nutrientes suficientes para satisfacer las necesidades de la planta, esta no invierte en la simbiosis. No la necesita. Si los hongos no consiguen colonizar una planta, al final acaban por desaparecer del sistema (recuerden que son simbiontes obligados, es decir, que necesitan colonizar una planta para completar su ciclo de vida). D&eacute;cadas de fertilizaci&oacute;n masiva de nuestros campos han hecho que la diversidad y el funcionamiento de los hongos MA se haya visto mermada. Hasta ahora no ha importado mucho. Hab&iacute;amos reemplazado el papel de estos microorganismos beneficiosos por fertilizantes y plaguicidas qu&iacute;micos que aportaban los nutrientes y venc&iacute;an a las plagas. Sin embargo, el camino hacia la mejora de las condiciones de producci&oacute;n hacia una sostenibilidad que asegure el futuro de nuestros suelos para las generaciones venideras, pasa por reducir insumos qu&iacute;micos en favor del papel que, de forma natural, los microbios del suelo pueden jugar en nuestros sistemas productivos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">En la EEZ-CSIC llevamos repitiendo este proceso, es decir, aislando hongos MA, desde hace casi cincuenta años, recolectando y estudiando los hongos MA que conviven con nosotros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Son muchas las iniciativas y empresas que han desarrollado, y siguen haci&eacute;ndolo, bioinoculantes que contienen hongos MA vivos, listos para ser aplicados a los cultivos. Sin embargo, si nos paramos un momento y revisamos su contenido, nos damos cuenta de que la diversidad de especies f&uacute;ngicas que contienen es en realidad muy reducida. Toda la diversidad que contienen casi se puede contar con los dedos de una mano. Esto tiene que ver con la dificultad para aislar y multiplicar este grupo de hongos. Como hemos dicho, son simbiontes obligados, microsc&oacute;picos (no vemos d&oacute;nde est&aacute;n), cada uno tiene su propio ciclo de vida (no vemos cu&aacute;ndo est&aacute;n), y viven a menudo mezclados colonizando la misma planta, lo que implica separarlos antes para poder cultivarlos individualmente. Una forma de aislarlos es utilizar una planta trampa: se toma el suelo de inter&eacute;s y se coloca en alg&uacute;n contenedor con una planta tipo (sorgo, tr&eacute;bol o puerro son las m&aacute;s utilizadas), se deja crecer y, cada cierto tiempo, se toma un poco de suelo para ver qu&eacute; hongos van multiplic&aacute;ndose. No se exagera si se dice que tras m&aacute;s de dos a&ntilde;os todav&iacute;a se pueden encontrar hongos MA que esporulan por primera vez (tambi&eacute;n hay hongos que no son capaces de esporular en condiciones artificiales de crecimiento y que probablemente nunca se puedan detectar). Las esporas nuevas que producen los hongos que se multiplican, y que nos permiten identificarlos, se transfieren a un nuevo contenedor con sustrato est&eacute;ril, y se cultivan, con nuevas plantas hospedadoras, por otro periodo de tiempo. No siempre funciona, a veces las esporas no germinan, pero si la nueva planta se coloniza, tendremos un nuevo aislado de hongo MA.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la EEZ-CSIC llevamos repitiendo este proceso, es decir, aislando hongos MA, desde hace casi cincuenta a&ntilde;os, recolectando y estudiando los hongos MA que conviven con nosotros. La colecci&oacute;n de germoplasma vivo que conforma la ColHMA-EEZ contiene m&aacute;s de doscientos cincuenta aislados de m&aacute;s de cuarenta especies diferentes. Algunos de ellos han sido descritos por primera vez para la ciencia en la provincia de Granada y llevan nombres que nos suenan a todos como la&nbsp;<em>Ambispora granatensis,</em>&nbsp;la<em>&nbsp;Acaulospora baetica</em>&nbsp;o la&nbsp;<em>Entrophospora nevadensis</em>, que hacen referencia<em>&nbsp;</em>a la localidad o a los sistemas monta&ntilde;osos de los que se aislaron. Hay uno en concreto, la<em>&nbsp;Otospora bareae</em>, que lleva el nombre del pionero en Espa&ntilde;a en el estudio de la simbiosis MA, Jos&eacute; Miguel Barea Navarro, investigador tambi&eacute;n de la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n. Otros, aunque ya conocidos, han demostrado tener excepcionales capacidades en la protecci&oacute;n de cultivos. Por ejemplo, una&nbsp;<em>Entrophospora</em>&nbsp;<em>etunicata</em>&nbsp;aislada de los sistemas semides&eacute;rticos de Cabo de Gata, es muy eficiente mejorando la adaptaci&oacute;n a sequ&iacute;a y salinidad de plantas cultivables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia de la agricultura del futuro se est&aacute; escribiendo estos d&iacute;as, en parte, mirando al pasado m&aacute;s remoto, a esas antiguas alianzas entre plantas y hongos que permitieron la vida sobre la tierra. Recuperar y potenciar el papel de los hongos micorr&iacute;cicos arbusculares en nuestros sistemas agr&iacute;colas no es solo una estrategia para reducir el uso de insumos qu&iacute;micos: es una oportunidad para reconectar con los procesos naturales que sostienen la fertilidad del suelo y la resiliencia de los cultivos. Desde la EEZ-CSIC y la ColHMA-EEZ, la labor silenciosa pero constante de caracterizar, conservar y estudiar estos microorganismos ofrece herramientas reales para avanzar hacia una agricultura m&aacute;s sostenible, m&aacute;s viva y m&aacute;s en armon&iacute;a con el mundo que habitamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro López García, Eulogio Javier Palenzuela Jiménez, Concepción Azcón González de Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/coleccionistas-hongos_132_12190200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2025 19:21:46 +0000]]></pubDate>
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