<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Marrero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-marrero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Marrero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1053575/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Cometas que abrazan el cielo, infancia, memoria y solidaridad entre Gaza y Canarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cometas-abrazan-cielo-infancia-memoria-solidaridad-gaza-canarias_132_13157041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e57210a3-2a07-44b8-bd45-8c476b495d7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cometas que abrazan el cielo, infancia, memoria y solidaridad entre Gaza y Canarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En medio del dolor, del bloqueo y de las ausencias que deja la guerra, esas cometas fueron mucho más que un juego, fueron una forma de decir seguimos aquí</p></div><p class="article-text">
        Hay gestos peque&ntilde;os que, sin hacer ruido, sostienen el mundo. La semana pasada, en Gaza, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os volvieron a mirar al cielo desde la playa. Lo hicieron con cometas de colores, ligeras, fr&aacute;giles, pero cargadas de un significado inmenso. En medio del dolor, del bloqueo y de las ausencias que deja la guerra, esas cometas fueron mucho m&aacute;s que un juego, fueron una forma de decir seguimos aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de esas ni&ntilde;as y ni&ntilde;os han perdido a sus madres y padres. Han visto demasiado pronto lo que ninguna infancia deber&iacute;a ver jam&aacute;s. Y aun as&iacute;, all&iacute; estaban, junto al mar, dejando que el viento levantara sus sue&ntilde;os. Cada cometa llevaba un mensaje silencioso pero firme, el derecho a vivir, a imaginar, a crecer sin miedo. Un recordatorio que atraviesa fronteras, para decir que Gaza no puede ser olvidada.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, a orillas del Atl&aacute;ntico, en la Playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os canarios, junto a otros que estaban de visita, se reunieron para crear sus propias cometas. Las pintaron, las tocaron, las pensaron. Algunas m&aacute;s sencillas, otras m&aacute;s afinadas pero todas llenas de intenci&oacute;n. No era solo una actividad, era un gesto de cuidado, una forma de tender un hilo invisible entre dos infancias separadas por miles de kil&oacute;metros.
    </p><p class="article-text">
        El viento no fue constante en el parque junto al Auditorio Alfredo Kraus. A ratos parec&iacute;a que no iba a suceder. Pero, como ocurre tantas veces, bastaron algunas r&aacute;fagas para que las cometas se elevaran. Y en ese subir irregular, en ese sostenerse a intervalos, hab&iacute;a tambi&eacute;n una met&aacute;fora, incluso cuando todo parece en contra, siempre hay momentos en los que el aire vuelve y permite seguir.
    </p><h2 class="article-text">Las cometas volaron. Y con ellas, los mensajes</h2><p class="article-text">
        Mensajes hechos de colores, de manos peque&ntilde;as, de miradas que preguntan y tambi&eacute;n que comprenden. Mensajes que no necesitan traducci&oacute;n, solidaridad, empat&iacute;a, memoria. Porque cuando se levanta una cometa pensando en otras personas al otro lado del mundo, algo esencial se activa. Algo profundamente humano.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cometas por Palestina&rdquo; organizado por la Comunidad Palestina y con la participaci&oacute;n del artista Paco Arana, no es solo un nombre. Es una imagen poderosa, el cielo convertido en un lugar de encuentro. Un espacio donde el dolor no se niega, pero tampoco impide que brote la ternura. Donde la infancia, incluso herida, sigue buscando alas. Y quiz&aacute;s ah&iacute; est&eacute; lo m&aacute;s importante.
    </p><p class="article-text">
        Que, a pesar de todo, siguen volando.
    </p><p class="article-text">
        Que, a pesar de todo, siguen so&ntilde;ando.
    </p><p class="article-text">
        Que, a pesar de todo, hay manos, aqu&iacute; y all&aacute;, dispuestas a sostener ese vuelo. A exigir que pare el Genocidio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cometas-abrazan-cielo-infancia-memoria-solidaridad-gaza-canarias_132_13157041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 12:01:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e57210a3-2a07-44b8-bd45-8c476b495d7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41755" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e57210a3-2a07-44b8-bd45-8c476b495d7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41755" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cometas que abrazan el cielo, infancia, memoria y solidaridad entre Gaza y Canarias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e57210a3-2a07-44b8-bd45-8c476b495d7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ley Mordaza, ocho años después, el síntoma de un problema más profundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ley-mordaza-ocho-anos-despues-sintoma-problema-profundo_132_13134327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8751fcab-216e-4d32-8393-d412f58c60c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ley Mordaza, ocho años después, el síntoma de un problema más profundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La realidad percibida por muchos colectivos sociales ha sido la de una herramienta utilizada para limitar derechos fundamentales, especialmente el derecho a la protesta y la libertad de expresión</p></div><p class="article-text">
        Han pasado casi ocho a&ntilde;os desde la entrada en vigor de la conocida como &ldquo;ley mordaza&rdquo;, la Ley Org&aacute;nica de Protecci&oacute;n de la Seguridad Ciudadana. Ocho a&ntilde;os en los que se ha acumulado suficiente experiencia, suficientes datos y, sobre todo, suficientes vivencias en la calle como para poder hacer un balance honesto. Y ese balance, para una parte importante de la ciudadan&iacute;a, es demoledor.
    </p><p class="article-text">
        La promesa era clara, garantizar la seguridad ciudadana. La realidad percibida por muchos colectivos sociales ha sido otra bien distinta, una herramienta utilizada para limitar derechos fundamentales, especialmente el derecho a la protesta y la libertad de expresi&oacute;n. No se trata solo de una cuesti&oacute;n jur&iacute;dica, sino de una experiencia cotidiana que han vivido activistas, periodistas, sindicalistas y personas que, simplemente, han decidido alzar la voz.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aspectos m&aacute;s controvertidos ha sido el uso recurrente de sanciones administrativas por conceptos amplios como la &ldquo;desobediencia a la autoridad&rdquo;. Este tipo de infracciones, dif&iacute;ciles de objetivar en muchos casos, han permitido imponer multas elevadas sin necesidad de un proceso judicial previo, trasladando la carga de la prueba a la ciudadan&iacute;a. El resultado ha sido, en la pr&aacute;ctica, un efecto disuasorio, protestar puede salir caro, incluso cuando no existe una conducta violenta ni un riesgo real para la seguridad.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos a&ntilde;os, organizaciones como Amnist&iacute;a Internacional o Human Rights Watch han alertado sobre los riesgos que esta ley supone para los derechos civiles en Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n el Defensor del Pueblo ha se&ntilde;alado la necesidad de revisar determinados aspectos para evitar abusos. No hablamos, por tanto, de una cr&iacute;tica marginal o ideol&oacute;gica, sino de un debate con base en est&aacute;ndares internacionales de derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; sigue en vigor? La respuesta no es sencilla, pero apunta a varias capas. Por un lado, existe una inercia institucional, las leyes de seguridad tienden a mantenerse porque otorgan herramientas amplias a las administraciones. Por otro, hay un contexto pol&iacute;tico en el que modificar o derogar una norma de este tipo requiere consensos que no siempre se alcanzan. Y, finalmente, hay una cuesti&oacute;n m&aacute;s profunda, el modelo de relaci&oacute;n entre el Estado y la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La ley mordaza no aparece en el vac&iacute;o. Es heredera de una cultura pol&iacute;tica donde el orden p&uacute;blico ha sido hist&oacute;ricamente prioritario frente al ejercicio de ciertos derechos. Espa&ntilde;a arrastra, como otros pa&iacute;ses, una historia compleja en la que el equilibrio entre seguridad y libertad no siempre se ha resuelto a favor de esta &uacute;ltima. Sin necesidad de recurrir a explicaciones simplistas, s&iacute; es leg&iacute;timo preguntarse hasta qu&eacute; punto ciertas estructuras y pr&aacute;cticas han sobrevivido m&aacute;s all&aacute; de los cambios formales del sistema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Plantear que esta ley protege &ldquo;poderes heredados del franquismo&rdquo; puede ser una afirmaci&oacute;n que requiera matices, pero lo que s&iacute; parece evidente es que su aplicaci&oacute;n ha generado un clima de restricci&oacute;n que choca con una concepci&oacute;n avanzada de la democracia. Una democracia madura no deber&iacute;a temer la protesta pac&iacute;fica, ni convertir la discrepancia en un riesgo econ&oacute;mico para quien la ejerce.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo no es solo jur&iacute;dica, sino pol&iacute;tica y social: &iquest;qu&eacute; tipo de ciudadan&iacute;a queremos? &iquest;Una que participa activamente, que cuestiona, que se moviliza? &iquest;O una que mide cada paso por miedo a una sanci&oacute;n administrativa? Las leyes no solo regulan conductas; tambi&eacute;n moldean comportamientos y definen los l&iacute;mites de lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s, la ley mordaza sigue siendo un espejo inc&oacute;modo. No solo por lo que dice de la norma en s&iacute;, sino por lo que revela sobre nuestras prioridades colectivas. Derogarla o reformarla en profundidad no deber&iacute;a entenderse como un gesto de debilidad institucional, sino como un paso necesario hacia una democracia m&aacute;s robusta, donde la seguridad no se construya a costa de los derechos, sino junto a ellos.
    </p><p class="article-text">
        Porque, en &uacute;ltima instancia, una sociedad verdaderamente segura es aquella en la que la ciudadan&iacute;a puede expresarse, organizarse y protestar sin miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ley-mordaza-ocho-anos-despues-sintoma-problema-profundo_132_13134327.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 16:14:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8751fcab-216e-4d32-8393-d412f58c60c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="45494" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8751fcab-216e-4d32-8393-d412f58c60c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="45494" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ley Mordaza, ocho años después, el síntoma de un problema más profundo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8751fcab-216e-4d32-8393-d412f58c60c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derechos que se piden por burofax no son derechos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/derechos-piden-burofax-no-son-derechos_132_13112993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a485131b-3848-4472-b213-cb15a2db1493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Derechos que se piden por burofax no son derechos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El nuevo decreto de alquileres convierte un derecho colectivo en un trámite individual y eso, en la práctica, deja fuera a miles de personas</p></div><p class="article-text">
        El nuevo decreto de alquileres aprobado el 22 de marzo de 2026 se presenta como una medida de protecci&oacute;n. Permite prorrogar los contratos hasta el 31 de diciembre de 2027 y limita la subida del alquiler al 2%. Sobre el papel, suena bien. Pero basta mirar c&oacute;mo funciona para entender otra cosa muy distinta.
    </p><p class="article-text">
        El decreto no congela autom&aacute;ticamente los alquileres, ni baja el precio abusivo de los existentes. Tampoco garantiza de forma directa la continuidad en la vivienda. Obliga a cada inquilina a solicitar la pr&oacute;rroga, incluso mediante burofax o carta certificada, para poder acogerse a ese supuesto derecho. Y ah&iacute; est&aacute; el problema.
    </p><p class="article-text">
        Convierte un derecho colectivo en un tr&aacute;mite individual. Y eso, en la pr&aacute;ctica, deja fuera a miles de personas.
    </p><p class="article-text">
        Porque no todo el mundo sabe que puede hacerlo. No todo el mundo tiene la informaci&oacute;n, el tiempo o la capacidad. Y no todo el mundo est&aacute; en condiciones de enfrentarse a su casero o a una inmobiliaria.
    </p><p class="article-text">
        Lo que deber&iacute;a ser autom&aacute;tico se convierte en una carrera de obst&aacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el llamado escudo social se ha ido debilitando progresivamente. Medidas clave como la suspensi&oacute;n de desahucios han sido recortadas o han deca&iacute;do, dejando fuera a amplios sectores de la poblaci&oacute;n. Hoy, muchas personas vuelven a estar expuestas a perder su vivienda sin una red de protecci&oacute;n efectiva.
    </p><p class="article-text">
        El contraste es evidente porque se exige a las inquilinas que activen sus derechos una a una, mientras el mercado del alquiler sigue funcionando sin l&iacute;mites estructurales.
    </p><p class="article-text">
        Los precios contin&uacute;an disparados, impulsados por un modelo que prioriza la rentabilidad frente al derecho a la vivienda. El propio decreto reconoce el problema, pero evita intervenirlo de forma decidida.
    </p><p class="article-text">
        Y al mismo tiempo, oculta una realidad a&uacute;n m&aacute;s profunda que es la falta de vivienda p&uacute;blica y social a precios asequibles. Porque sin un parque suficiente de vivienda p&uacute;blica, no hay forma real de garantizar el acceso a la vivienda ni de equilibrar el mercado.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de abordar esta carencia estructural, se opta por amortiguar temporalmente sus efectos. En lugar de bajar los precios, se amortiguan sus consecuencias. En lugar de garantizar derechos, se ofrecen mecanismos para defenderse como se pueda.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, lo que se presenta como protecci&oacute;n tambi&eacute;n funciona como una red de estabilidad para los propietarios. Se gana tiempo sin tocar el n&uacute;cleo del problema.
    </p><p class="article-text">
        Pero la vivienda no puede seguir trat&aacute;ndose como un equilibrio entre partes desiguales. No hablamos de contratos entre iguales, sino de una necesidad b&aacute;sica frente a un bien convertido en activo financiero.
    </p><p class="article-text">
        Si de verdad se quiere proteger a la gente, las medidas deben ser claras, autom&aacute;ticas y universales. Deben garantizar que nadie pierde su casa por no poder pagar. Y deben intervenir los precios del alquiler para hacerlos accesibles. Y deben ampliar de forma decidida el parque de vivienda p&uacute;blica y social.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando un derecho depende de que lo reclames a tiempo, con el procedimiento correcto y frente a quien tiene m&aacute;s poder que t&uacute;, deja de ser un derecho. Se convierte en un privilegio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/derechos-piden-burofax-no-son-derechos_132_13112993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 16:30:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a485131b-3848-4472-b213-cb15a2db1493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="36925" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a485131b-3848-4472-b213-cb15a2db1493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="36925" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Derechos que se piden por burofax no son derechos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a485131b-3848-4472-b213-cb15a2db1493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El agua siempre encuentra su camino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/agua-encuentra-camino_132_13094934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc091c0c-41ad-4a5b-b8d6-0432452025ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El agua siempre encuentra su camino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema, por tanto, no es la lluvia ni el oleaje. No es el agua. El problema es la forma en la que se ha construido y gestionado el territorio</p></div><p class="article-text">
        Este final de invierno y comienzo de primavera en Canarias nos ha dejado una estampa que, aunque c&iacute;clica, no deja de sorprendernos, lluvias intensas, barrancos que despiertan con fuerza, escorrent&iacute;as que atraviesan calles y avenidas, y un mar que, en determinados d&iacute;as, se sacude con energ&iacute;a suficiente como para recordarnos que sigue vivo. Lo llamamos borrascas, fen&oacute;menos adversos o episodios excepcionales, pero en realidad, nada de esto tiene demasiado de extraordinario.
    </p><p class="article-text">
        El agua ha hecho lo que siempre ha hecho. Cuando llueve, el territorio habla. Los barrancos, muchos de ellos enterrados, canalizados o invadidos, reaparecen. Las pendientes se activan, las cuencas se comportan como tales y los caminos naturales del agua se imponen sobre el asfalto, el cemento y la planificaci&oacute;n que decidi&oacute; ignorarlos. No es el agua la que invade; son quienes han ocupado sus rutas durante d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Algo similar ocurre en la costa. Cuando el mar se embravece y golpea paseos, carreteras o edificaciones, se interpreta como una amenaza externa, casi como si se tratara de una anomal&iacute;a. Pero el mar tampoco se equivoca. Simplemente vuelve a ocupar espacios que le pertenec&iacute;an, espacios que han sido ganados, poco a poco, desde una l&oacute;gica de dominio que rara vez ha tenido en cuenta los equilibrios naturales.
    </p><p class="article-text">
        El problema, por tanto, no es la lluvia ni el oleaje. No es el agua. El problema es la forma en la que se ha construido y gestionado el territorio. Durante demasiado tiempo, quienes toman decisiones han construido de espaldas a la naturaleza, convencidos de que la t&eacute;cnica, la urgencia o el inter&eacute;s econ&oacute;mico pod&iacute;an sustituir al respeto. Han estrechado barrancos, urbanizado laderas, rigidizado costas y, en ese proceso, han olvidado algo esencial, el agua no desaparece, solo espera.
    </p><p class="article-text">
        Cada episodio como los vividos estas semanas deber&iacute;a servir como recordatorio colectivo. No como una alarma pasajera que se disuelve cuando sale el sol, sino como una oportunidad para repensar c&oacute;mo se habitan estas islas. Porque lo que hoy se llama cat&aacute;strofe no es m&aacute;s que el resultado acumulado de decisiones tomadas durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, todo apunta a que se volver&aacute; a hacer lo mismo. Cuando amaine el tiempo, cuando se limpien las calles y se reparen los da&ntilde;os, regresar&aacute; la rutina y, con ella, el olvido. Hasta la pr&oacute;xima lluvia, hasta el pr&oacute;ximo golpe de mar.
    </p><p class="article-text">
        Conviene decirlo con claridad, el agua no es el enemigo. Nunca lo ha sido. El agua es vida, equilibrio, memoria del territorio. Lo que genera el riesgo, lo que convierte episodios naturales en situaciones de emergencia, es la falta de respeto hacia esa l&oacute;gica y la soberbia de quienes creen que pueden domesticarla sin consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        El agua siempre es buena.
    </p><p class="article-text">
        Lo que falla es la forma en que se ocupa el territorio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/agua-encuentra-camino_132_13094934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 18:03:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bc091c0c-41ad-4a5b-b8d6-0432452025ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="35183" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bc091c0c-41ad-4a5b-b8d6-0432452025ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="35183" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El agua siempre encuentra su camino]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bc091c0c-41ad-4a5b-b8d6-0432452025ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vivienda tiene que dejar de ser un negocio; es un derecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vivienda-negocio-derecho_132_13078846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae145dfc-3e73-4d18-8a60-60aa8fd2377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vivienda tiene que dejar de ser un negocio; es un derecho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras alguien pueda vivir del alquiler, hay alguien que no puede vivir con dignidad pagando ese alquiler</p></div><p class="article-text">
        Hay frases que se han normalizado tanto que han dejado de incomodarnos. &ldquo;Vivo del alquiler&rdquo; o &ldquo;con el alquiler pago la residencia de mis padres, o tengo un dinero para un peque&ntilde;o capricho&rdquo;, dicen algunas personas, como si hablaran de un oficio, como si fuera equivalente a trabajar, a producir, a aportar algo necesario a la sociedad. Y, sin embargo, detr&aacute;s de esa frase hay una realidad mucho m&aacute;s compleja, y tambi&eacute;n mucho m&aacute;s injusta.
    </p><p class="article-text">
        Porque mientras alguien pueda vivir del alquiler, hay alguien que no puede vivir con dignidad pagando ese alquiler.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de se&ntilde;alar a personas concretas. No va de buenos o malos. De hecho, estoy convencido de que hay quienes alquilan una vivienda intentando hacerlo con responsabilidad, incluso con cierta conciencia social. Personas que no buscan abusar, que entienden la dificultad de quien est&aacute; al otro lado. Pero el problema no es individual. El problema es el sistema que habitamos; un sistema que ha convertido un derecho b&aacute;sico en una oportunidad de negocio.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda no es un bien cualquiera. No es un lujo, ni un capricho, ni una inversi&oacute;n m&aacute;s. Es el lugar donde descansamos, donde nos cuidamos, donde construimos vida y donde nos curamos de otras violencias estructurales o vitales. Sin vivienda no hay estabilidad, no hay salud, no hay proyecto vital posible. Y, aun as&iacute;, la hemos puesto a competir en el mercado como si fuera cualquier mercanc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando un derecho entra en el mercado, deja de ser un derecho garantizado para convertirse en un privilegio condicionado.
    </p><p class="article-text">
        Se nos ha contado durante d&eacute;cadas que comprar una segunda vivienda para alquilar era una forma inteligente de asegurar el futuro. Que era previsi&oacute;n, esfuerzo, incluso responsabilidad. Pero esa narrativa escond&iacute;a algo: que ese &ldquo;futuro asegurado&rdquo; de unos se constru&iacute;a sobre el pago constante de otros. Sobre salarios muchas veces precarios, sobre vidas que llegan justas a fin de mes.
    </p><h2 class="article-text">No es una cuesti&oacute;n moral individual. Es una cuesti&oacute;n de estructura</h2><p class="article-text">
        Porque incluso quienes se consideran &ldquo;buenos caseros&rdquo; est&aacute;n insertos en una l&oacute;gica que les empuja a subir precios, a adaptarse al mercado, a proteger su inversi&oacute;n. Y esa l&oacute;gica no la definen ellos: la define un sistema que premia la rentabilidad por encima del derecho.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, hablar de &ldquo;buenos caseros&rdquo; puede ser, sin quererlo, una forma de desviar el foco. Porque la cuesti&oacute;n no es si hay personas mejores o peores dentro del sistema, sino por qu&eacute; el sistema permite y fomenta que algo tan b&aacute;sico como la vivienda dependa de la capacidad de generar beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el Estado llega tarde o no llega. Y lo que deber&iacute;a estar garantizado colectivamente, el acceso a la vivienda, los cuidados, la seguridad material, se deja en manos del mercado o de soluciones individuales. As&iacute;, muchas personas acaban dependiendo del alquiler no por ambici&oacute;n, sino por necesidad, para complementar pensiones insuficientes, para sostener econom&iacute;as fr&aacute;giles.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa soluci&oacute;n individual genera un problema colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Porque al final, quienes sostienen todo esto son las trabajadoras y trabajadores. Son quienes, con su esfuerzo diario, pagan alquileres que no dejan de subir, renuncian a proyectos de vida, aplazan decisiones, viven con incertidumbre. Son quienes generan la riqueza real, pero ven c&oacute;mo una parte cada vez mayor de sus ingresos se destina a algo que deber&iacute;a estar garantizado. Y ah&iacute; es donde necesitamos volver a hacernos una pregunta sencilla, pero fundamental, &iquest;Queremos una sociedad donde la vivienda sea un derecho o un negocio?
    </p><p class="article-text">
        No se trata de culpabilizar a nadie, sino de asumir colectivamente que hemos normalizado algo que no deber&iacute;a ser normal. Que hemos aceptado como inevitable un modelo que genera desigualdad y precariedad.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el primer paso sea cambiar el lenguaje, dejar de llamar &ldquo;trabajo&rdquo; a lo que no lo es, dejar de justificar lo injustificable. Y, desde ah&iacute;, empezar a imaginar y exigir otra forma de organizar la vida.
    </p><p class="article-text">
        Una en la que nadie tenga que vivir del alquiler.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, en la que nadie tenga que sufrirlo para poder vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vivienda-negocio-derecho_132_13078846.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 15:08:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ae145dfc-3e73-4d18-8a60-60aa8fd2377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="34524" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ae145dfc-3e73-4d18-8a60-60aa8fd2377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="34524" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La vivienda tiene que dejar de ser un negocio; es un derecho]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ae145dfc-3e73-4d18-8a60-60aa8fd2377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un mural en el corazón de Las Palmas de Gran Canaria para no olvidar Palestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mural-corazon-palmas-gran-canaria-no-olvidar-palestina_132_13050441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a83dc9e0-d504-4ce5-96d6-972db0fe4b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un mural en el corazón de Las Palmas de Gran Canaria para no olvidar Palestina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las palabras se funden con una escena profundamente conmovedora, una mujer y un niño que se elevan entre restos de armamento y escombros, en medio de una Gaza devastada</p></div><p class="article-text">
        En el coraz&oacute;n de Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Molino de Viento, ha nacido un mural que no es solo una obra art&iacute;stica, es un grito de conciencia, un gesto de solidaridad y un acto de dignidad colectiva.
    </p><p class="article-text">
        La obra ha sido realizada por los artistas Juan Carlos Bascones y F&aacute;tima Suleiman, junto al alumnado de la Escuela de Arte y Superior de Dise&ntilde;o de Gran Canaria, apoyado por la Comunidad Palestina en Canarias. Su resultado es un mural poderoso que se alza como denuncia contra el genocidio y la ocupaci&oacute;n que sufre el pueblo palestino, pero tambi&eacute;n como una declaraci&oacute;n de esperanza.
    </p><p class="article-text">
        En la pared se lee con claridad:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Palestina ser&aacute; libre.
    </p><p class="article-text">
        Contra el genocidio y la ocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Palestina: un pueblo, una tierra, una naci&oacute;n.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Las palabras se funden con una escena profundamente conmovedora, una mujer y un ni&ntilde;o que se elevan entre restos de armamento y escombros, en medio de una Gaza devastada. Sin embargo, sobre ellos se abre un cielo de intensos colores anaranjados, luminosos, casi incendiados por la vida.
    </p><p class="article-text">
        Ese cielo no habla de destrucci&oacute;n. Habla de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        El mural recuerda que el arte, cuando nace de la conciencia y del compromiso, tiene la capacidad de romper el silencio. En una &eacute;poca en la que demasiados gobiernos prefieren mirar hacia otro lado, esta obra convierte un muro urbano en un espacio de memoria, denuncia y humanidad.
    </p><p class="article-text">
        No es casual el lugar donde se encuentra. La calle Molino de Viento debe su nombre a los antiguos molinos harineros que hace m&aacute;s de un siglo ocupaban la zona. Aquellos molinos mol&iacute;an gofio y harina, alimentos esenciales para la vida cotidiana de la isla. Eran lugares de trabajo, de encuentro y de comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, ese mismo lugar vuelve a cumplir una funci&oacute;n esencial, alimentar la conciencia colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Este mural merece algo m&aacute;s que ser contemplado. Merece reconocimiento y agradecimiento a Juan Carlos Bascones, a F&aacute;tima Suleiman y al alumnado que ha participado en su creaci&oacute;n, por demostrar que el arte es una herramienta de solidaridad internacional y de compromiso con los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        En tiempos en los que el silencio puede convertirse en complicidad, ellos han elegido pintar la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Han transformado un muro en una voz.
    </p><p class="article-text">
        Una voz que dice que el sufrimiento del pueblo palestino no ser&aacute; olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Una voz que recuerda que la dignidad y la resistencia siguen en pie.
    </p><p class="article-text">
        Porque mientras existan artistas capaces de levantar im&aacute;genes como esta, la memoria seguir&aacute; viva y la esperanza tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y desde esta ciudad atl&aacute;ntica, abierta al mundo, el mural lanza un mensaje claro que atraviesa oc&eacute;anos:
    </p><p class="article-text">
        Palestina vive. Palestina resiste. Palestina ser&aacute; libre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mural-corazon-palmas-gran-canaria-no-olvidar-palestina_132_13050441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 11:52:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a83dc9e0-d504-4ce5-96d6-972db0fe4b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="352177" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a83dc9e0-d504-4ce5-96d6-972db0fe4b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="352177" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un mural en el corazón de Las Palmas de Gran Canaria para no olvidar Palestina]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a83dc9e0-d504-4ce5-96d6-972db0fe4b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un techo no es un privilegio, es dignidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/techo-no-privilegio-dignidad_132_12974996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/547eaf23-8813-4bb1-971b-eda9d84607ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un techo no es un privilegio, es dignidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una sociedad que envejece rápidamente, garantizar el derecho a una vivienda digna para las personas mayores no es caridad: es justicia, memoria y humanidad</p></div><p class="article-text">
        Envejecer con techo es un derecho humano. Hay una edad en la que la casa deja de ser solo un lugar y se convierte en refugio, memoria y arraigo. Las paredes guardan nombres, fotograf&iacute;as, rutinas peque&ntilde;as que sostienen la vida. La casa es el sitio donde una persona mayor sabe d&oacute;nde est&aacute; la luz al amanecer, d&oacute;nde suena el silencio por la noche, d&oacute;nde cabe toda una historia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, arrancar a alguien mayor de su hogar no es solo un desahucio, un desarraigo, es una herida de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Lo justo, lo humano, lo deseable, es que las personas mayores puedan vivir en su casa, con los suyos o sola, contando con los apoyos necesarios para hacerlo posible. Ayudas a domicilio, atenci&oacute;n sanitaria, acompa&ntilde;amiento, comunidad. Envejecer no deber&iacute;a significar perder derechos, ni vivir con miedo a quedarse sin techo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la vida exige cuidados especializados, la alternativa no puede ser el desarraigo ni el aislamiento, ni los grandes macro centros con ambiente hospitalario. La dignidad est&aacute; en los hogares peque&ntilde;os, en las residencias de barrio plenamente integradas en la vida cotidiana, donde se conoce a la gente por su nombre. Espacios c&aacute;lidos, cercanos, con atenci&oacute;n m&eacute;dica en sus centros de salud de toda la vida, con sus mismo personal sanitario, buena alimentaci&oacute;n y actividades que mantengan viva la cabeza y el coraz&oacute;n. Lugares donde se cuide, pero tambi&eacute;n se quiera.
    </p><p class="article-text">
        Canarias est&aacute; envejeciendo, y lo hace r&aacute;pido. Cada a&ntilde;o son m&aacute;s las personas que alcanzan edades avanzadas, y lo hacen en un territorio donde la vivienda se ha convertido en un bien escaso, caro y tratado por el gobierno y algunos sectores como mercanc&iacute;a, agravado por la tiuristificaci&oacute;n. Frente a esta realidad, mirar hacia otro lado no es una opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El derecho a una vivienda digna no es un gesto de caridad, es un derecho reconocido por la ley y por la &eacute;tica m&aacute;s b&aacute;sica. La legislaci&oacute;n protege a las personas mayores frente a los desahucios, obliga a buscar alternativas habitacionales y proh&iacute;be que los grandes tenedores expulsen a quienes no tienen a d&oacute;nde ir. Pero los derechos, si no se defienden, se vac&iacute;an y se pierden.
    </p><p class="article-text">
        No se puede hablar de cuidado mientras se tolera que alguien mayor viva con el miedo constante de perder su casa. No se puede hablar de envejecimiento activo mientras se condena al desarraigo. No se puede hablar de justicia social sin garantizar un techo digno hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Defender el derecho a la vivienda para las personas mayores es defender la vida misma, la que fue, la que es y la que a&uacute;n tiene que ser vivida con tranquilidad. Porque nadie deber&iacute;a envejecer con miedo. Porque una casa no es un lujo.
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea tiene que ser un hogar para vivir, no para sobrevivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/techo-no-privilegio-dignidad_132_12974996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 12:18:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/547eaf23-8813-4bb1-971b-eda9d84607ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="37013" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/547eaf23-8813-4bb1-971b-eda9d84607ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="37013" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un techo no es un privilegio, es dignidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/547eaf23-8813-4bb1-971b-eda9d84607ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Margarita, la punta del iceberg de la vulnerabilidad habitacional de las personas mayores en Canarias?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/margarita-punta-iceberg-vulnerabilidad-habitacional-personas-mayores-canarias_132_12917158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5880b88f-fccc-4b4e-a077-e8d3e696d68f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134484.jpg" width="1167" height="656" alt="¿Margarita, la punta del iceberg de la vulnerabilidad habitacional de las personas mayores en Canarias?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Margarita no es un caso aislado, es el síntoma visible de un problema estructural que expone las grietas de un modelo que convierte el territorio, los espacios públicos y la vivienda en activos financieros y a las personas en externalidades incómodas para la especulación.
</p></div><p class="article-text">
        La escena parece anecd&oacute;tica, casi extravagante, una mujer de 71 a&ntilde;os viviendo en un peque&ntilde;o barco de su propiedad, en el Muelle Deportivo de Las Palmas. Pero detr&aacute;s del caso de Margarita, desahuciada sin alternativa habitacional, con su &uacute;nica vivienda confiscada por la Autoridad Portuaria, se esconde una realidad mucho m&aacute;s amplia y profunda que es el creciente desamparo de las personas mayores frente a la crisis de vivienda en Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Margarita no es un caso aislado, es el s&iacute;ntoma visible de un problema estructural que expone las grietas de un modelo que convierte el territorio, los espacios p&uacute;blicos y la vivienda en activos financieros y a las personas en externalidades inc&oacute;modas para la especulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La precariedad habitacional en Canarias afecta a j&oacute;venes, familias, migrantes y trabajadores esenciales, pero uno de sus rostos menos visibles y m&aacute;s vulnerables es la gente mayor. Mujeres y hombres que, tras una vida laboral, se encuentran sin red familiar, sin ahorro suficiente, sin renta estable y con unos servicios sociales que act&uacute;an tarde y mal. La subida del alquiler, la turistificaci&oacute;n, la financiarizaci&oacute;n de la vivienda y el suelo junto a la privatizaci&oacute;n de lo p&uacute;blico han empujado a muchas personas mayores a situaciones de riesgo residencial extremo.
    </p><p class="article-text">
        La invisibilidad se agrava porque la vulnerabilidad no siempre es ostentosa y a veces se materializa en una peque&ntilde;a casa terrera que ya no se puede pagar o en la que tienen inter&eacute;s inmobiliarias y constructoras , o en una habitaci&oacute;n alquilada sin contrato ni derechos o como en el caso de Margarita, en una embarcaci&oacute;n que funciona como vivienda digna, estable y tranquila, hasta que el Estado decide que estorba.
    </p><p class="article-text">
        El desahucio del barco Claudine no se explica solo con informes t&eacute;cnicos. Derecho al Techo y el movimiento Mi barco, mi casa denuncian que no existi&oacute; peritaje independiente, que no hubo alternativas de subsanaci&oacute;n y que se trat&oacute; de un procedimiento decidido de antemano, enmarcado en un proceso mayor de privatizaci&oacute;n del muelle deportivo, un espacio p&uacute;blico que se reconvierte para usos m&aacute;s rentables que residir.
    </p><p class="article-text">
        La Autoridad Portuaria ofreci&oacute; como &uacute;nica respuesta un correo &ldquo;preventivo&rdquo; a Servicios Sociales cuando Margarita reconoci&oacute; no tener vivienda, y avisar no es acompa&ntilde;ar. Comunicar no es proteger y enviar un correo no detiene un desahucio sobre una persona mayor, sola y sin alternativa, como bien se recoge en un comunicado de Derecho al Techo.
    </p><p class="article-text">
        Este modo de gestionar la crisis habitacional es el mismo que operan los fondos buitre, se cambia la normativa, se se&ntilde;alan las personas que sobran y se los expulsa sin alternativa. Hoy fue Margarita, ma&ntilde;ana cualquier otra persona y pasado, cualquier otro espacio que pueda generar beneficio privado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La vivienda no es solo un techo, es la base de la vida.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Organizaciones como Derecho al Techo insisten en que el derecho a la vivienda no es solo acceder a una estructura f&iacute;sica, sino vivir con estabilidad, dignidad y seguridad. Sin vivienda no hay salud, no hay arraigo, no hay autonom&iacute;a y no hay futuro. Por eso la defensa del derecho al techo es tambi&eacute;n defensa de lo p&uacute;blico, del suelo comunal y de la funci&oacute;n social de la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        La salida a esta crisis no pasa &uacute;nicamente por ayudas individuales, sino por medidas estructurales, abrir el parque de viviendas vac&iacute;as retenidas por fondos de inversi&oacute;n, expropi&aacute;ndose por inter&eacute;s p&uacute;blico, declarar zonas tensionadas, regular alquileres, impedir que el suelo p&uacute;blico se privatice o se turistifique y garantizar mecanismos de protecci&oacute;n inmediata frente a desahucios.
    </p><p class="article-text">
        Canarias est&aacute; en un punto cr&iacute;tico, entre el turismo de plataformas, la compra de vivienda por inversi&oacute;n extranjera y la conversi&oacute;n del alquiler residencial en alquiler vacacional, el archipi&eacute;lago se est&aacute; convirtiendo en un territorio para visitantes, no para habitantes. Y si el modelo no cambia, la poblaci&oacute;n m&aacute;s envejecida ser&aacute; la primera en quedar fuera.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Margarita nos obliga a mirar lo que rara vez se quiere mirar, que los desahucios no son accidentes administrativos, sino decisiones pol&iacute;ticas. Y que detr&aacute;s de cada una hay una vida que se empobrece, se invisibiliza y se expulsa.
    </p><p class="article-text">
        El muelle deportivo fue para Margarita lo que es para muchas otras personas una vivienda, un refugio. Un refugio que se retir&oacute; sin cuidado, sin respeto y sin alternativa. La lucha por recuperarlo no es solo la lucha de una mujer sola ante un desahucio, sino la de una sociedad que debe decidir si protege la vida o protege el negocio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/margarita-punta-iceberg-vulnerabilidad-habitacional-personas-mayores-canarias_132_12917158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jan 2026 22:12:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5880b88f-fccc-4b4e-a077-e8d3e696d68f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134484.jpg" length="233594" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5880b88f-fccc-4b4e-a077-e8d3e696d68f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134484.jpg" type="image/jpeg" fileSize="233594" width="1167" height="656"/>
      <media:title><![CDATA[¿Margarita, la punta del iceberg de la vulnerabilidad habitacional de las personas mayores en Canarias?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5880b88f-fccc-4b4e-a077-e8d3e696d68f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134484.jpg" width="1167" height="656"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eco de un silencio insoportable: ya medio año sin respuestas por la muerte de Abdoulie Bah]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/silencio-insoportable-muerte-abdoulie-bah_132_12872101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb0f6277-81d9-47fb-a2b0-137a3214d75d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El eco de un silencio insoportable: ya medio año sin respuestas por la muerte de Abdoulie Bah"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tambor que acompañó su despedida sigue resonando hoy, no como un sonido ceremonial, sino como un latido que exige verdad, justicia y memoria. Mientras la investigación avance, mientras se determinen responsabilidades, mientras la familia busca reconstruirse en medio de la pérdida, ese tambor nos pide algo sencillo pero urgente, que no olvidemos
</p></div><p class="article-text">
        Han pasado m&aacute;s de seis meses desde aquel d&iacute;a en el aeropuerto de Gran Canaria en el que la vida de Abdoulie Bah, un joven de solo 19 a&ntilde;os, qued&oacute; truncada por cinco disparos, uno de ellos en el cuello, durante una actuaci&oacute;n policial que a&uacute;n sigue bajo investigaci&oacute;n. Medio a&ntilde;o de preguntas sin respuesta, de versiones contradictorias, de un proceso que avanza con la lentitud que a veces acompa&ntilde;a a la burocracia cuando el dolor lo atraviesa todo.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, han pasado m&aacute;s de seis meses de un duelo que no ha encontrado paz.
    </p><p class="article-text">
        El entierro del joven no pudo celebrarse de inmediato. Durante semanas, su familia qued&oacute; atrapada en un laberinto de tr&aacute;mites, informes y autorizaciones. El cuerpo de Abdoulie Bah permanec&iacute;a lejos de su tierra, lejos de los suyos, mientras se completaban las gestiones para la repatriaci&oacute;n y mientras la investigaci&oacute;n trataba de reconstruir las horas finales de un joven que hab&iacute;a venido a Gran Canaria buscando un futuro distinto.
    </p><p class="article-text">
        Cuando por fin el f&eacute;retro lleg&oacute; a manos de su familia, cuando por fin pudieron despedirse, cuando son&oacute; el &uacute;ltimo tambor en su honor, nadie imaginaba que el dolor a&uacute;n guardaba un golpe m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pocos d&iacute;as despu&eacute;s del entierro, el padre de Abdoulie falleci&oacute;, consumido por una tristeza que no encontraba alivio, por la impotencia de haber perdido a un hijo en circunstancias que todav&iacute;a hoy siguen envueltas en sombras. Dicen quienes lo conoc&iacute;an que muri&oacute; de lo &uacute;nico que la medicina no puede curar, de pena.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n judicial contin&uacute;a abierta, pero la distancia entre el tiempo de los tribunales y el tiempo del duelo es abismal. Para la familia, cada d&iacute;a sin respuestas es un recordatorio de lo que ya no podr&aacute;n recuperar, la risa del joven Abdoulie, sus sue&ntilde;os por estrenar, la vida que apenas comenzaba a desplegarse.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias, el caso abri&oacute; un debate necesario sobre el uso de la fuerza, la gesti&oacute;n de las crisis en aeropuertos y la atenci&oacute;n a personas que, como Abdoulie, se encuentran desorientadas o en situaciones de vulnerabilidad. Pero tambi&eacute;n puso en evidencia algo m&aacute;s profundo, la fragilidad con la que algunas vidas son tratadas, como si valieran menos, como si fueran prescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Abdoulie Bah no puede ser solo una cifra en un expediente ni un titular que se esfuma con el paso de las semanas. Era un hijo, un hermano, un amigo, un joven que acababa de comenzar la vida adulta con la esperanza de construir un futuro digno. Su muerte, y la de su padre, dejan un vac&iacute;o imposible de llenar.
    </p><p class="article-text">
        Su historia nos interpela porque habla de humanidad, de c&oacute;mo se ejerce la autoridad, de c&oacute;mo se trata a quienes se encuentran solos, lejos de casa, sin redes ni apoyos. Y porque, por encima de todo, nos recuerda que ninguna sociedad puede permitirse mirar hacia otro lado cuando una familia entera queda rota.
    </p><p class="article-text">
        El tambor que acompa&ntilde;&oacute; su despedida sigue resonando hoy, no como un sonido ceremonial, sino como un latido que exige verdad, justicia y memoria. Mientras la investigaci&oacute;n avance, mientras se determinen responsabilidades, mientras la familia busca reconstruirse en medio de la p&eacute;rdida, ese tambor nos pide algo sencillo pero urgente, que no olvidemos.
    </p><p class="article-text">
        Porque el silencio que rodea la muerte de Abdoulie Bah&nbsp;no es un silencio normal. Es un silencio que pesa, que duele, que reclama con la fuerza de quienes ya no pueden hablar.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras ese silencio no se rompa, su historia seguir&aacute; viva en nosotros y en la necesidad profunda de que nunca vuelva a repetirse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/silencio-insoportable-muerte-abdoulie-bah_132_12872101.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Dec 2025 16:46:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/eb0f6277-81d9-47fb-a2b0-137a3214d75d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="71876" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/eb0f6277-81d9-47fb-a2b0-137a3214d75d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="71876" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El eco de un silencio insoportable: ya medio año sin respuestas por la muerte de Abdoulie Bah]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/eb0f6277-81d9-47fb-a2b0-137a3214d75d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abdoluie: una vida truncada y una comunidad que exige justicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/abdoluie-vida-truncada-comunidad-exige-justicia_132_12718583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8363aaa4-9dce-4cc8-9a4a-4ad5edf556d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abdoluie: una vida truncada y una comunidad que exige justicia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su aldea, la comunidad aguardaba para rendirle el último homenaje, para entonar el tambor que despide a los que parten. Cuando por fin pudieron hacerlo, el dolor se había multiplicado: su padre no resistió la pérdida y también falleció</p></div><p class="article-text">
        Ten&iacute;a 19 a&ntilde;os y un futuro por delante. Abdoluie lleg&oacute; a Gran Canaria siendo todav&iacute;a un adolescente, tras un duro viaje en patera. En la isla, logr&oacute; abrirse camino: jugaba al f&uacute;tbol, trabajaba como mediador con menores y so&ntilde;aba con poder ayudar a su familia en &Aacute;frica. Durante a&ntilde;os envi&oacute; lo poco que ten&iacute;a para sostener a los suyos y, cuando por fin pudo, decidi&oacute; volver a casa unos d&iacute;as, reencontrarse con los suyos, celebrar las fiestas y mostrarles con orgullo lo que hab&iacute;a logrado.
    </p><p class="article-text">
        Pero nunca lleg&oacute; a hacerlo. El&nbsp;aeropuerto de Gran Canaria fue el escenario de un suceso que ha dejado una herida abierta en la comunidad migrante y en toda la sociedad canaria.
    </p><p class="article-text">
        Aquel d&iacute;a, un conflicto con un taxista cambi&oacute; el rumbo de su vida. El conductor, que se neg&oacute; a llevarlo si no pagaba por adelantado, apag&oacute; la c&aacute;mara de seguridad y, seg&uacute;n dijo en un medio de comunicaci&oacute;n, le agredi&oacute; con un cabezazo y un pu&ntilde;etazo. Herido y alterado, Abdoluie se alej&oacute; hacia la parada de guagua m&aacute;s cercana. Minutos despu&eacute;s, llegaron al lugar seis o siete agentes de polic&iacute;a, armados, alertados por la situaci&oacute;n. Lo rodearon. Le gritaron. Y en un operativo desproporcionado, el joven recibi&oacute; cinco disparos, uno de ellos en el cuello. Abdoluie cay&oacute; al suelo. Nunca volvi&oacute; a levantarse.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, su familia le esperaba en casa, preparando la celebraci&oacute;n. Lo que recibieron fue una llamada: su hijo hab&iacute;a muerto, abatido por la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La repatriaci&oacute;n del cuerpo se retras&oacute; durante semanas por los tr&aacute;mites forenses y administrativos. En su aldea, la comunidad aguardaba para rendirle el &uacute;ltimo homenaje, para entonar el tambor que despide a los que parten. Cuando por fin pudieron hacerlo, el dolor se hab&iacute;a multiplicado: su padre no resisti&oacute; la p&eacute;rdida y tambi&eacute;n falleci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, solo su madre y sus hermanos permanecen, sosteniendo la memoria y esperando justicia. La comunidad migrante en Canarias tambi&eacute;n se pregunta, una y otra vez, qu&eacute; pas&oacute; realmente aquel d&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; se actu&oacute; con tanta violencia? &iquest;Por qu&eacute; un joven termin&oacute; con cinco balas en el cuerpo? &iquest;Por qu&eacute; se dispara a matar cuando se trata de un chico negro, migrante, que intenta huir del miedo?
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido con Abdoluie no es un hecho aislado. Es el reflejo de un sistema que criminaliza la pobreza y el origen, que deshumaniza a quienes buscan un futuro mejor. Las islas, convertidas en frontera de Europa, acumulan historias silenciadas de dolor, abuso y racismo institucional.
    </p><p class="article-text">
        En los centros de acogida, en las calles, en los controles policiales, muchos j&oacute;venes migrantes enfrentan la sospecha, la estigmatizaci&oacute;n y la violencia. Abdoluie fue uno de ellos, pero tambi&eacute;n fue mucho m&aacute;s: un joven deportista, un compa&ntilde;ero, un mediador, un hijo, un amigo. Una vida que contaba, y que fue arrebatada sin raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Solo quer&iacute;a volver a casa&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Esas fueron las palabras que m&aacute;s repiten quienes lo conocieron. Abdoluie solo quer&iacute;a volver a casa y se equivoc&oacute; de vuelo. Y ahora, su nombre se ha convertido en s&iacute;mbolo de una demanda colectiva: verdad, justicia y reparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En su memoria, su comunidad exige una investigaci&oacute;n transparente, la rendici&oacute;n de cuentas de los responsables y el fin de la impunidad policial. Porque mientras no se esclarezcan los hechos, mientras no se asuma el racismo que atraviesa nuestras instituciones, el silencio seguir&aacute; siendo c&oacute;mplice.
    </p><p class="article-text">
        Abdoluie no muri&oacute; solo: muri&oacute; bajo una estructura que sigue viendo como amenaza lo que deber&iacute;a ver como humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Y su historia, contada una y otra vez, seguir&aacute; record&aacute;ndonos que ninguna frontera, ning&uacute;n uniforme y ninguna bala deber&iacute;an decidir qui&eacute;n tiene derecho a vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/abdoluie-vida-truncada-comunidad-exige-justicia_132_12718583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Oct 2025 14:56:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8363aaa4-9dce-4cc8-9a4a-4ad5edf556d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47138" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8363aaa4-9dce-4cc8-9a4a-4ad5edf556d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47138" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Abdoluie: una vida truncada y una comunidad que exige justicia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8363aaa4-9dce-4cc8-9a4a-4ad5edf556d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tambor sonó por Abdoluie Bah]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tambor-sono-abdoluie-bah_132_12369336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con él volvió también el duelo, la memoria y la dignidad. En Gambia, su familia pudo despedirse y rendirle homenaje. Aquí, el eco de los tambores resonó en su nombre, como gesto de respeto, de dolor compartido y de denuncia</p></div><p class="article-text">
        El pasado viernes 30 de mayo, coincidiendo con el D&iacute;a de Canarias, el joven Abdoluie Bah, de 19 a&ntilde;os, fue finalmente sepultado en su tierra natal, Gambia. Su cuerpo regres&oacute; a casa gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad africana en Canarias y a la solidaridad de muchas personas que se movilizaron para hacer posible la repatriaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con &eacute;l volvi&oacute; tambi&eacute;n el duelo, la memoria y la dignidad. En Gambia, su familia pudo despedirse y rendirle homenaje. Aqu&iacute;, el eco de los tambores reson&oacute; en su nombre, como gesto de respeto, de dolor compartido y de denuncia.
    </p><p class="article-text">
        Abdoluie Bah perdi&oacute; la vida en el aeropuerto de Gran Canaria tras una intervenci&oacute;n policial. La versi&oacute;n oficial a&uacute;n no ha esclarecido con transparencia las circunstancias que rodearon su muerte, que se produjo en un contexto donde, una vez m&aacute;s, se opt&oacute; por la v&iacute;a m&aacute;s letal. Ni el dolor de una persona migrante que atraviesa un proceso de deportaci&oacute;n, ni su juventud, ni su humanidad, fueron suficientes para evitar un desenlace tr&aacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno de Gambia ha solicitado que se investiguen a fondo los hechos, y son muchas las voces, desde la comunidad africana hasta organizaciones de derechos humanos y personas a t&iacute;tulo individual, que reclaman justicia. No se trata solo de conocer lo que ocurri&oacute;, sino de afrontar colectivamente la ra&iacute;z de estas violencias que se ejercen con demasiada frecuencia sobre cuerpos migrantes, racializados y vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Hoy Abdoluie Bah ya descansa en paz. Pero no puede haber paz sin verdad. No puede haber paz mientras se repiten muertes evitables en los m&aacute;rgenes del sistema. Por eso, junto al duelo, permanece el compromiso de no olvidar, de exigir responsabilidades y de seguir defendiendo una vida digna para todas las personas, sin excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que su nombre no se borre. Que su memoria nos interpele.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tambor-sono-abdoluie-bah_132_12369336.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Jun 2025 14:26:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El tambor sonó por Abdoluie Bah]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Dónde está la solidaridad internacional?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/solidaridad-internacional_132_12269570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18b928b9-8038-4de9-908d-7f22eaacae6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dónde está la solidaridad internacional?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al mismo tiempo que se denuncian violaciones masivas de derechos humanos y crímenes de guerra en Gaza, una veintena de aviones procedentes de España, Francia, Italia, Chipre y otros países europeos ha sido enviados a Israel para colaborar en la extinción del gran incendio que afectó a la región de Jerusalén
</p></div><p class="article-text">
        Mientras Gaza sufre una cat&aacute;strofe humanitaria sin precedentes, aviones europeos acudieron a Israel para sofocar un incendio, ignorando la masacre que contin&uacute;a en Palestina.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 52.000 personas han muerto en Palestina desde octubre de 2023 bajo los bombardeos del ej&eacute;rcito israel&iacute;. Al mismo tiempo, una veintena de aviones enviados desde Espa&ntilde;a, Francia, Italia y otros pa&iacute;ses europeos han sido desplegados en Israel para combatir el incendio que afect&oacute; a Jerusal&eacute;n. La movilizaci&oacute;n de recursos internacionales para ayudar a un Estado que perpetra cr&iacute;menes de guerra plantea una pregunta urgente: &iquest;d&oacute;nde se encuentra, en realidad, la solidaridad internacional?
    </p><p class="article-text">
        Mientras m&aacute;s de 52.000 personas han muerto en Palestina desde octubre de 2023 como consecuencia de los bombardeos del ej&eacute;rcito israel&iacute;, la comunidad internacional ha optado por mirar hacia otro lado. Parad&oacute;jicamente, al mismo tiempo que se denuncian violaciones masivas de derechos humanos y cr&iacute;menes de guerra en Gaza, una veintena de aviones procedentes de Espa&ntilde;a, Francia, Italia, Chipre y otros pa&iacute;ses europeos ha sido enviados a Israel para colaborar en la extinci&oacute;n del gran incendio que afect&oacute; a la regi&oacute;n de Jerusal&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de cuestionar la necesidad de combatir un &ldquo;desastre natural&rdquo;. Se trata de se&ntilde;alar una incongruencia &eacute;tica y pol&iacute;tica: mientras los recursos p&uacute;blicos de varios Estados europeos son movilizados con celeridad para asistir a un pa&iacute;s en plena campa&ntilde;a militar, no se ofrece la misma respuesta ante la cat&aacute;strofe humanitaria que ese mismo pa&iacute;s provoca a diario en territorio palestino.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo al fuego que consume parte del paisaje israel&iacute;, la ofensiva militar sobre Gaza contin&uacute;a sin tregua. Hospitales, escuelas, viviendas y refugios han sido arrasados por los bombardeos. Familias enteras han sido exterminadas. Cientos de miles de personas viven desplazadas, sin acceso a agua, alimentos ni atenci&oacute;n m&eacute;dica. Y mientras todo esto ocurre, la solidaridad internacional se expresa en forma de aviones de extinci&oacute;n de incendios para Israel, no en forma de ayuda humanitaria masiva para el pueblo palestino.
    </p><p class="article-text">
        La violencia no se limita a las bombas y el ejercito sionista. Cientos de colonos israel&iacute;es contin&uacute;an tomando por la fuerza tierras palestinas, expulsando a sus leg&iacute;timos habitantes, destruyendo cultivos y consolidando asentamientos ilegales. Todo esto con la complicidad o la pasividad de una comunidad internacional que, en la pr&aacute;ctica, ha renunciado a hacer cumplir el derecho internacional.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, cabe preguntarse: &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la solidaridad internacional? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los mecanismos de presi&oacute;n, las sanciones, los corredores humanitarios, la condena firme al apartheid y a la ocupaci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la voluntad pol&iacute;tica de proteger a un pueblo que lleva m&aacute;s de setenta a&ntilde;os sometido a una violencia estructural y sistem&aacute;tica?
    </p><p class="article-text">
        La neutralidad ante el crimen no es equidistancia, es complicidad. Y la solidaridad que solo se activa cuando los afectados pertenecen a determinados pa&iacute;ses o grupos no es verdadera solidaridad, sino un instrumento selectivo de poder. La tragedia que vive Palestina no necesita discursos vac&iacute;os ni gestos simb&oacute;licos: necesita una acci&oacute;n urgente, coherente y sostenida.
    </p><p class="article-text">
        La historia juzgar&aacute; con dureza a quienes hoy, teniendo la capacidad de actuar, optaron por la indiferencia. Es tiempo de que la solidaridad internacional deje de ser un eslogan y se convierta en un compromiso real con la justicia y los derechos humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/solidaridad-internacional_132_12269570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 May 2025 18:11:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/18b928b9-8038-4de9-908d-7f22eaacae6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="54531" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/18b928b9-8038-4de9-908d-7f22eaacae6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="54531" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Dónde está la solidaridad internacional?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/18b928b9-8038-4de9-908d-7f22eaacae6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La patronal hotelera miente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/patronal-hotelera-miente_132_12230670.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La huelga en hostelería supera el 70% de seguimiento. El pueblo trabajador se levanta mientras el Gobierno de Canarias impone servicios mínimos que serán recurridos judicialmente</p></div><p class="article-text">
        La huelga convocada en el sector de la hosteler&iacute;a en Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro est&aacute; siendo secundada por m&aacute;s del 70 % de las trabajadoras y trabajadores, a pesar de los intentos del Gobierno de Canarias de desactivarla mediante la imposici&oacute;n de unos servicios m&iacute;nimos que han sido calificados por los sindicatos como una &ldquo;restricci&oacute;n ileg&iacute;tima, desproporcionada y jur&iacute;dicamente insostenible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consejera de Turismo, Jessica de Le&oacute;n, ha sido se&ntilde;alada por actuar al servicio de la patronal hotelera en lugar de defender los derechos del pueblo trabajador. Al imponer servicios m&iacute;nimos en una huelga del sector privado, el Ejecutivo regional act&uacute;a como garante de los intereses empresariales, equiparando la hosteler&iacute;a a un supuesto &ldquo;servicio esencial&rdquo;, algo que ser&aacute; recurrido en los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        La huelga, que afecta a casi 80.000 trabajadores &mdash;m&aacute;s de 30.000 de ellos en establecimientos alojativos&mdash;, se desarrolla sin incidentes y con una destacada participaci&oacute;n en marchas, concentraciones y piquetes informativos frente a hoteles de las principales zonas tur&iacute;sticas. El ambiente es combativo y el respaldo social, palpable: muchas personas alojadas en los hoteles muestran su solidaridad con las trabajadoras, plenamente conscientes de las duras condiciones laborales y los salarios precarios que soporta buena parte del sector, especialmente las camareras de piso, conocidas como &ldquo;kellys&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las declaraciones del viceconsejero de Turismo, Jos&eacute; Manuel Sanabria, han sido criticadas por su cinismo. Sanabria ha reconocido el impacto de la huelga en la imagen tur&iacute;stica del Archipi&eacute;lago, justificando as&iacute; los servicios m&iacute;nimos para &ldquo;evitar m&aacute;s repercusiones negativas&rdquo;, pero sin mencionar ni una sola vez las causas leg&iacute;timas del conflicto laboral.
    </p><p class="article-text">
        Desde los colectivos sindicales y sociales se se&ntilde;ala con claridad: estamos ante una lucha por la dignidad del trabajo, por el bienestar del pueblo canario y contra un modelo econ&oacute;mico que enriquece a unos pocos mientras empobrece y explota a la mayor&iacute;a. La huelga en la hosteler&iacute;a no solo denuncia salarios miserables y condiciones indignas, sino que marca un punto de inflexi&oacute;n: es hora de romper el binomio entre poder pol&iacute;tico y patronal, y poner en el centro los derechos de quienes sostienen con su esfuerzo el principal motor econ&oacute;mico de las islas.
    </p><p class="article-text">
        Apoyar esta huelga es apoyar la justicia social, la redistribuci&oacute;n de la riqueza y la dignidad del pueblo trabajador canario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/patronal-hotelera-miente_132_12230670.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Apr 2025 13:10:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La patronal hotelera miente]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La patronal hotelera miente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/patronal-hotelera-miente_129_12230621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La huelga en hostelería supera el 70% de seguimiento. El pueblo trabajador se levanta mientras el Gobierno de Canarias impone servicios mínimos que serán recurridos judicialmente</p></div><p class="article-text">
        La huelga convocada en el sector de la hosteler&iacute;a en Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro est&aacute; siendo secundada por m&aacute;s del 70 % de las trabajadoras y trabajadores, a pesar de los intentos del Gobierno de Canarias de desactivarla mediante la imposici&oacute;n de unos servicios m&iacute;nimos que han sido calificados por los sindicatos como una &ldquo;restricci&oacute;n ileg&iacute;tima, desproporcionada y jur&iacute;dicamente insostenible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consejera de Turismo, Jessica de Le&oacute;n, ha sido se&ntilde;alada por actuar al servicio de la patronal hotelera en lugar de defender los derechos del pueblo trabajador. Al imponer servicios m&iacute;nimos en una huelga del sector privado, el Ejecutivo regional act&uacute;a como garante de los intereses empresariales, equiparando la hosteler&iacute;a a un supuesto &ldquo;servicio esencial&rdquo;, algo que ser&aacute; recurrido en los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        La huelga, que afecta a casi 80.000 trabajadores &mdash;m&aacute;s de 30.000 de ellos en establecimientos alojativos&mdash;, se desarrolla sin incidentes y con una destacada participaci&oacute;n en marchas, concentraciones y piquetes informativos frente a hoteles de las principales zonas tur&iacute;sticas. El ambiente es combativo y el respaldo social, palpable: muchas personas alojadas en los hoteles muestran su solidaridad con las trabajadoras, plenamente conscientes de las duras condiciones laborales y los salarios precarios que soporta buena parte del sector, especialmente las camareras de piso, conocidas como &ldquo;kellys&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las declaraciones del viceconsejero de Turismo, Jos&eacute; Manuel Sanabria, han sido criticadas por su cinismo. Sanabria ha reconocido el impacto de la huelga en la imagen tur&iacute;stica del Archipi&eacute;lago, justificando as&iacute; los servicios m&iacute;nimos para &ldquo;evitar m&aacute;s repercusiones negativas&rdquo;, pero sin mencionar ni una sola vez las causas leg&iacute;timas del conflicto laboral.
    </p><p class="article-text">
        Desde los colectivos sindicales y sociales se se&ntilde;ala con claridad: estamos ante una lucha por la dignidad del trabajo, por el bienestar del pueblo canario y contra un modelo econ&oacute;mico que enriquece a unos pocos mientras empobrece y explota a la mayor&iacute;a. La huelga en la hosteler&iacute;a no solo denuncia salarios miserables y condiciones indignas, sino que marca un punto de inflexi&oacute;n: es hora de romper el binomio entre poder pol&iacute;tico y patronal, y poner en el centro los derechos de quienes sostienen con su esfuerzo el principal motor econ&oacute;mico de las islas.
    </p><p class="article-text">
        Apoyar esta huelga es apoyar la justicia social, la redistribuci&oacute;n de la riqueza y la dignidad del pueblo trabajador canario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/patronal-hotelera-miente_129_12230621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Apr 2025 13:06:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La patronal hotelera miente]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El blanqueo del genocidio palestino se consuma en Gran Canaria con la final de la Eurocopa de baloncesto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/blanqueo-genocidio-palestino-consuma-gran-canaria-final-eurocopa-baloncesto_132_12216567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8005f3fc-6f6c-47c3-8357-432d4b6d710a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El blanqueo del genocidio palestino se consuma en Gran Canaria con la final de la Eurocopa de baloncesto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Organizaciones y colectivos en defensa de los derechos humanos han señalado directamente al Dreamland Gran Canaria y al Cabildo de Gran Canaria como partícipes de este proceso de normalización del régimen israelí</p></div><p class="article-text">
        Mientras el Gran Canaria Arena acog&iacute;a la final de la Eurocopa de baloncesto entre el Dreamland Gran Canaria y el Hapoel Tel Aviv, en las calles de la capital grancanaria se escuchaban voces de denuncia, rabia e indignaci&oacute;n. Para muchas personas, la celebraci&oacute;n de este partido no fue una simple cita deportiva, sino un episodio vergonzoso de complicidad con el blanqueo del genocidio que el Estado de Israel perpetra contra el pueblo palestino.
    </p><p class="article-text">
        Organizaciones y colectivos en defensa de los derechos humanos han se&ntilde;alado directamente al Dreamland Gran Canaria y al Cabildo de Gran Canaria como part&iacute;cipes de este proceso de normalizaci&oacute;n del r&eacute;gimen israel&iacute;. A pesar de las advertencias y peticiones p&uacute;blicas de boicot al partido, ambas instituciones permitieron que el evento siguiera adelante, desoyendo las demandas de quienes clamaban por la justicia y por la paz en Palestina.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Les ha funcionado el blanqueo a trav&eacute;s de su equipo de baloncesto. El deporte se ha utilizado como cortina de humo para maquillar la masacre&rdquo;, se&ntilde;alaron voceros de la protesta. Seg&uacute;n cifras de organismos internacionales, m&aacute;s de 50.800 personas han sido asesinadas en Gaza desde el inicio de la &uacute;ltima ofensiva israel&iacute;. A esto se suma la devastaci&oacute;n sistem&aacute;tica de infraestructuras civiles, el bloqueo del acceso a agua potable y alimentos, y la persecuci&oacute;n a organizaciones humanitarias como la UNRWA.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta tragedia humanitaria, las instituciones grancanarias optaron por mirar hacia otro lado. &ldquo;Verg&uuml;enza que, en vez de ponerse del lado de la paz, hayan permitido que unos pocos euros y una insignificante sanci&oacute;n deportiva pesaran m&aacute;s que las vidas humanas&rdquo;, lamentaron desde las calles.
    </p><p class="article-text">
        Las voces que se alzaron durante la concentraci&oacute;n frente al Arena, con consignas como &ldquo;No al blanqueo del genocidio&rdquo; o &ldquo;Zona de paz, no zona de guerra&rdquo;, no fueron escuchadas por quienes ten&iacute;an en su mano parar lo que ya forma parte de una triste p&aacute;gina de la historia deportiva e institucional de Gran Canaria.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes se manifestaron, el mensaje es claro: la neutralidad frente a un genocidio es complicidad, y este partido quedar&aacute; registrado no solo en las estad&iacute;sticas deportivas, sino en el archivo de la ignominia frente a los derechos humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/blanqueo-genocidio-palestino-consuma-gran-canaria-final-eurocopa-baloncesto_132_12216567.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Apr 2025 08:41:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8005f3fc-6f6c-47c3-8357-432d4b6d710a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="66168" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8005f3fc-6f6c-47c3-8357-432d4b6d710a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="66168" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El blanqueo del genocidio palestino se consuma en Gran Canaria con la final de la Eurocopa de baloncesto]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8005f3fc-6f6c-47c3-8357-432d4b6d710a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
