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    <title><![CDATA[elDiario.es - Josep Lladós Masllorens]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/josep-llados/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Josep Lladós Masllorens]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De los aranceles al dólar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/aranceles-dolar_129_12228473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f082bd0-f2f9-4096-a8ee-d1e12738262f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los aranceles al dólar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nada parece más invariable que la persistencia del déficit exterior en los Estados Unidos. Como si obedeciera a una ley económica inmutable, ni crisis políticas ni tampoco financieras, comerciales o sanitarias consiguen alterar un ápice una tendencia sólidamente establecida</p></div><p class="article-text">
        El carrusel arancelario activado por obra y gracia de la Administraci&oacute;n Trump revela los vericuetos de una globalizaci&oacute;n eficaz para estimular la eficiencia productiva y canalizar la inversi&oacute;n exterior, aunque perezosa para desarrollar los mecanismos de salvaguarda oportunos.
    </p><p class="article-text">
        El presidente americano afirma actuar para resarcir agravios de sus socios comerciales y recuperar industrias expatriadas. Pero cuando el diagn&oacute;stico es inadecuado, acertar con el tratamiento es pura entelequia. El c&aacute;lculo chapucero y tendencioso de la supuesta reciprocidad arancelaria es criticable, porque las ventajas del comercio internacional no se miden con el saldo comercial sino mediante la mayor capacidad de consumo de la poblaci&oacute;n, el acceso a mejores cadenas de suministro y la atracci&oacute;n de capital y tecnolog&iacute;a. Tambi&eacute;n es necesario reconocer que existen argumentos consistentes para defender que el comercio internacional no es un juego de suma cero, pero que sus efectos se distribuyen de forma asim&eacute;trica en el interior de los pa&iacute;ses. De modo que la liberalizaci&oacute;n comercial siempre debe ir acompa&ntilde;ada de pol&iacute;ticas de compensaci&oacute;n, una exigencia m&aacute;s perentoria cuando afrontamos un proceso de digitalizaci&oacute;n que tambi&eacute;n genera consecuencias muy dispares en la poblaci&oacute;n y el sistema productivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lo que ahora acontece influye que las principales empresas multinacionales trasladasen parte de sus actividades industriales a econom&iacute;as emergentes, entusiasmadas con el ahorro de salarios resultante, e impulsasen procesos de automatizaci&oacute;n de las tareas m&aacute;s rutinarias y repetitivas, que frecuentemente ocupaban empleo de cualificaciones bajas o medias, como en buena parte del cintur&oacute;n industrial norteamericano. De manera que Estados Unidos emprendi&oacute; una transici&oacute;n hacia otras actividades econ&oacute;micas que le permiten obtener un super&aacute;vit exterior en el comercio de servicios muy relevante y que responde a su competitividad en marca, dise&ntilde;o, tecnolog&iacute;a y finanzas. Pero a costa de una desigualdad rampante, pues muchos trabajadores desplazados s&oacute;lo encontraron empleos de baja remuneraci&oacute;n. En ausencia de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas activas que faciliten mejorar el capital humano, la transici&oacute;n entre empleos y la adaptaci&oacute;n de las empresas, los costes de ajuste han sido dolorosos. El reto no va pues de saldos comerciales sino de productividad, especializaci&oacute;n y calidad del empleo.
    </p><p class="article-text">
        Una buena dosis de escepticismo tambi&eacute;n merece el renovado impulso proteccionista, pues nada parece m&aacute;s invariable que la persistencia del d&eacute;ficit exterior en los Estados Unidos. Como si obedeciera a una ley econ&oacute;mica inmutable, ni crisis pol&iacute;ticas ni tampoco financieras, comerciales o sanitarias consiguen alterar un &aacute;pice una tendencia s&oacute;lidamente establecida. Cualquiera que sea la pol&iacute;tica comercial implementada, el pa&iacute;s presenta un desequilibro desfavorable en su intercambio de mercanc&iacute;as. Hoy, como antes de la pandemia, de la crisis financiera o del acceso de China a la OMC, la econom&iacute;a americana apenas cubre con el valor de sus exportaciones el 60% de lo que le cuesta adquirir productos en el exterior.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es relevante comprender que apenas la mitad de las exportaciones chinas a los Estados Unidos tienen como objeto bienes de consumo. El grueso de los intercambios actuales se realiza en componentes, productos intermedios y bienes de capital. Es decir, tiene como cliente principal al sistema productivo norteamericano, de manera que penalizar las importaciones distorsiona sus cadenas de aprovisionamiento. Adem&aacute;s, dado que China representa el 40% del comercio internacional de productos que se consideran cuellos de botella potenciales y es el principal proveedor de la mayor parte de las materias primas indispensables para la transici&oacute;n digital y energ&eacute;tica, los actos de Trump se asemejan m&aacute;s a un movimiento t&aacute;ctico que estrat&eacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Mejor ser&iacute;a atender pues a la dimensi&oacute;n geopol&iacute;tica del conflicto. La econom&iacute;a internacional ya afrontaba un riesgo de fragmentaci&oacute;n, con un incipiente desv&iacute;o de inversiones hacia socios pol&iacute;ticamente afines, pero el uso de terceros para los intercambios comerciales (como M&eacute;xico o Vietnam), la amenaza latente de destrucci&oacute;n mutua asegurada y el creciente protagonismo del comercio de servicios manten&iacute;an el flujo vital de las relaciones econ&oacute;micas internacionales. Ahora, los intentos aparentes de establecer una cu&ntilde;a a toda costa en las relaciones entre Rusia y China amenazan con fragmentar el tablero geoestrat&eacute;gico en forma y direcciones imprevistas.
    </p><p class="article-text">
        Una se&ntilde;al de alerta m&aacute;s desde el &aacute;mbito financiero. En realidad el d&eacute;ficit exterior es el resultado de la capacidad del pa&iacute;s para mantener ritmos elevados de inversi&oacute;n sin las exigencias de disponer de mucho ahorro interno. Estados Unidos sostiene de forma duradera su expansi&oacute;n econ&oacute;mica mediante el recurso a la financiaci&oacute;n exterior. El milagro es posible por el atractivo de su mercado interior, la relevancia de sus activos financieros y el predominio del d&oacute;lar como moneda de reserva. Los flujos de inversi&oacute;n, tanto directa como financiera, han sido suficientes para garantizar su cobertura e incluso para facilitar la expansi&oacute;n internacional de las empresas norteamericanas y el liderazgo de sus productos financieros. Y, cuando ha sido necesario, el recurso al endeudamiento ha venido al rescate, hasta el punto representar actualmente una tercera parte de la deuda global.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, el comportamiento reciente de los mercados de divisas y deuda merece una atenci&oacute;n principal, pues los flujos de ahorro dependen cr&iacute;ticamente de las expectativas de los inversores y de la credibilidad otorgada a las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas. Huelga decir que los vaivenes en pol&iacute;tica comercial est&aacute;n generando tensiones latentes. El descenso de casi un 10% en el valor del d&oacute;lar y el aumento de casi medio punto en los intereses de la deuda ponen de manifiesto recelos y desconfianza hacia estos activos, hasta el punto que la prima de riesgo ante Alemania alcanz&oacute; casi los dos puntos. No es un episodio banal, ya que es un proceso caracter&iacute;stico de las econom&iacute;as menos estables y porque fueron las ventas masivas de bonos del tesoro el detonante del cambio de rumbo en pol&iacute;tica comercial.
    </p><p class="article-text">
        La depreciaci&oacute;n del d&oacute;lar probablemente satisfaga los intereses de quienes ans&iacute;an mejorar el saldo exterior pero, junto con los mayores aranceles, dificulta los objetivos de inflaci&oacute;n establecidos por la Reserva Federal y&nbsp; encarece el coste de financiaci&oacute;n de la deuda. Si en un futuro pr&oacute;ximo se impulsan reducciones impositivas caprichosas, la atenci&oacute;n se desviar&aacute; hacia las casillas financieras del tablero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Lladós Masllorens]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/aranceles-dolar_129_12228473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Apr 2025 19:55:45 +0000]]></pubDate>
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