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    <title><![CDATA[elDiario.es - Darío Gael Blanco]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dario-gael-blanco/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Darío Gael Blanco]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Torcer lo ‘queer’, traducir las disidencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/torcer-queer-traducir-disidencias_1_12262233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40b38fcc-fcd7-4ad4-9d18-4547074da09d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Torcer lo ‘queer’, traducir las disidencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo ‘queer’ es marica, sí, pero también muchas otras cosas. Hay palabras que verbalizan una comunidad. O la generan, hasta cierto punto, al delimitarla desde dentro</p><p class="subtitle">Han Kang: la inmensidad de una mujer discreta
</p></div><p class="article-text">
        Hasta donde tengo constancia, cuando la palabra <em>queer </em>lleg&oacute; a Espa&ntilde;a qued&oacute; registrada por escrito por primera vez en un fanzine que se puso en circulaci&oacute;n en 1993. El n&uacute;mero 666 de <em>De un plumazo</em>, genial proyecto de La Radical Gai, se titulaba <em>QueerZine </em>e inclu&iacute;a una p&aacute;gina que reza <em>&ldquo;Queer against Aids</em>&rdquo; y su propuesta de traducci&oacute;n: &ldquo;Maricas contra el sida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo <em>queer </em>es marica, s&iacute;, pero tambi&eacute;n muchas otras cosas. Es bollera, travesti, trans, bi, no binario, asexual, intersex, se emparenta y entrelaza con lo disca, el antirracismo, lo migrante, las luchas obreras. En definitiva, con todo horizonte que sopla aires de liberaci&oacute;n y se rebela ante la angostura de la norma y la coacci&oacute;n de sus mandatos. Con esa palabra basta, hay quien sostiene. No hace falta seguir a&ntilde;adiendo siglas, ya lo incluye todo. Todo salvo, quiz&aacute;s, una conexi&oacute;n directa con nuestra tradici&oacute;n disidente anterior a los a&ntilde;os 90. Y, m&aacute;s all&aacute; del ombligo europeo, mayoritariamente blanco y anglosaj&oacute;n, tambi&eacute;n con el vocabulario y las resistencias del resto de los pa&iacute;ses hispanohablantes.
    </p><p class="article-text">
        Hay palabras que verbalizan una comunidad. O la generan, hasta cierto punto, al delimitarla desde dentro. O bien re&uacute;nen varias ya existentes, evidenciando un espacio compartido que no siempre salta a la vista. Tal vez en mesas distintas, cada uno con su silla, habr&aacute; quien prefiera la mesita de los tentempi&eacute;s, estar a su aire o bien apoyado en la barra del bar. Palabras toldo, m&aacute;s que paraguas.
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>queer</em> es una de esas palabras. No obstante, despojada de su trayectoria socioling&uuml;&iacute;stica previa al acceder al espa&ntilde;ol como pr&eacute;stamo, se plantea la posibilidad de mantenerla tal cual, de adaptarla ortogr&aacute;ficamente o de traducirla asoci&aacute;ndola a alguna palabra de nuestro acervo, priorizando su elasticidad a sus usos m&aacute;s habituales. La forma adaptada &ldquo;cuir&rdquo; goza de aceptaci&oacute;n en algunos entornos acad&eacute;micos y m&aacute;s a&uacute;n en espacios activistas, pero no creo que el aut&eacute;ntico acercamiento pase necesariamente por la ortograf&iacute;a o deba quedarse ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Creo que, en cierta medida, lo <em>queer</em> ha vivido un principio de proceso de higienizaci&oacute;n que es expl&iacute;cito en el t&eacute;rmino homosexual, patologizado e institucionalizado desde su primer susurro. Y, posteriormente, seg&uacute;n Christo Casas en <em>Maricas malas</em>, lo gay &ldquo;ha propiciado un nuevo tr&aacute;nsito de la enfermedad al nicho de mercado&rdquo;. Aunque lo <em>queer </em>sin duda no goza del mismo atractivo comercial, la cruel banalizaci&oacute;n y burla por parte de muchos sectores reaccionarios (tambi&eacute;n dentro de los feminismos) ha hecho cierta mella pese a que su intento por convertir en insulto algo tan resignificado resulte casi conmovedor, de tan burdo. Pero para m&iacute; la clave es que <em>queer </em>se col&oacute; en el <em>mainstream </em>y lleg&oacute; a los medios de comunicaci&oacute;n en parte gracias al halo de respetabilidad que imprimen la academia y sus muros blandos, que absorben y amortiguan el rumor de las calles. Todo ello a pesar de sus ra&iacute;ces rebeldes y usos pol&iacute;ticos, y de lo potente de la met&aacute;fora y la desestigmatizaci&oacute;n en su idioma original.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro entorno, la palabra <em>queer</em> ha llegado a muches, y en especial a quienes m&aacute;s discurso generan al respecto, de una manera muy poco <em>queer</em>. Pero su uso es reciente y ni ha sido mercantilizado con mucho &eacute;xito ni hemos explorado todas sus posibilidades. &ldquo;Si no incomoda, si no revuelve en el asiento y fuerza la mirada hacia un afuera frondoso, no es <em>queer</em>&rdquo;, sostiene V&iacute;ctor Mora en <em>&iquest;Qui&eacute;n teme a lo queer?</em> Coincido con &eacute;l y creo que precisamente por eso sigue siendo &uacute;til y teniendo su lugar en nuestro imaginario y estrategias. Pero hay otras palabras en espa&ntilde;ol que incomodan, revuelven en el asiento y fuerzan la mirada hacia un afuera frondoso. Si es que se lo permitimos.
    </p><p class="article-text">
        Igual que conocemos mucho mejor Stonewall que el Pasaje Bego&ntilde;a, repleto de locales de ambiente, y la redada policial del 25 de junio de 1971 en la que se arrest&oacute; a m&aacute;s de 100 personas, tendemos a abrazar con m&aacute;s facilidad <em>queer</em> que sus posibles equivalencias, a cada cual m&aacute;s sugerente. Tenemos una pl&eacute;tora de insultos LGTBIf&oacute;bicos que podemos convertir &mdash;y muches ya est&aacute;n convirtiendo&mdash; en un traje de escamas irisadas: invertido, desviado, torcido y degenerado son, cada cual con sus flexiones correspondientes, quiz&aacute;s los m&aacute;s evidentes.
    </p><p class="article-text">
        En el r&eacute;gimen franquista, <em>invertido </em>fue una manera harto frecuente de referirse a los hombres que tienen relaciones con (o podr&iacute;an desear a) otros hombres, o bien a personas que no eran hombres pero se empe&ntilde;aban en considerar como tales. Pese a parecerme limitada por estar m&aacute;s apegada a la experiencia marica y travesti que a otras m&aacute;s marcadas por la represi&oacute;n desde el &aacute;mbito familiar, la iglesia y la psiquiatr&iacute;a, pongo en valor su asociaci&oacute;n con la idea de alterar, modificar o subvertir algo. Dar la vuelta a lo que nos vilipendia tergiversando los renglones que nos apuntalaron contra nuestra voluntad. Algo similar sucede con <em>desviado</em>, aunque tambi&eacute;n pueda ser adoptada por toda la comunidad, heredera directa de sus bifurcaciones. Comparte con <em>degenerado </em>esa idea de depravaci&oacute;n reivindicable que nutre tantos estigmas y violencias que nos afectan, pero tambi&eacute;n destaco las acepciones que apuntan a rodear o esquivar. A ejercer nuestra agencia evitando activamente la norma.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas me parecen alternativas perfectamente viables, pero para m&iacute; <em>torcido </em>es la mejor. Y poco tiene que ver con dos de sus posibles etimolog&iacute;as, ya sea del bajo alem&aacute;n medio (<em>quer</em> ser&iacute;a oblicuo) o con el verbo en lat&iacute;n <em>torquere </em>(torcer). O con el hecho de que ya en 1998 Ricardo Llamas titulase su libro <em>Teor&iacute;a torcida</em> y Marta Pascua Canelo publicase <em>El ojo torcido, la mirada disidente del feminismo queer</em> en 2023. Lo que me interesa es su deliberada ambig&uuml;edad, que conecta directamente con el esp&iacute;ritu que ha conseguido que <em>queer </em>dinamite fronteras geogr&aacute;ficas e idiom&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Lo torcido, lo chueco &mdash;que tant&iacute;sima falta le hace a Chueca&mdash; nos conecta con las primeras experiencias de disciplinamiento al aprender a sentarnos y a escribir, con la imperfecci&oacute;n f&iacute;sica, moral o metaf&oacute;rica, con la supuesta rectitud que deja, al fin, de fingir, con la posibilidad de modificarnos o alterar algo a nuestro alrededor para ser m&aacute;s felices, para ver qu&eacute; sucede o para sobrevivir. No todo el mundo quiere reconocerse en lo desviado, lo invertido, lo degenerado (y eso es parte del problema), pero creo que la mayor&iacute;a se sabe hasta cierto punto torcido. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; ser humano no est&aacute; torcido?&rdquo;, se preguntaba con acierto Roberta Marrero. Y yo me pregunto, &iquest;qu&eacute; hay m&aacute;s <em>queer </em>que desbordar las identidades, que poder acariciar las vivencias de cualquiera con una sola palabra?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío Gael Blanco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/torcer-queer-traducir-disidencias_1_12262233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 May 2025 19:22:46 +0000]]></pubDate>
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