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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Jesús San José]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-jesus-san-jose/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Jesús San José]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La memoria del 3 de marzo de 1976: ¿avanzamos juntos o disputamos por separado?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/memoria-3-marzo-1976-avanzamos-disputamos-separado_129_13031429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48f4a46e-5d6b-483d-8642-8de5938214fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria del 3 de marzo de 1976: ¿avanzamos juntos o disputamos por separado?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lamentablemente, no vamos a llegar a ver el Memorial hecho realidad en este cincuentenario, pero estamos dando los pasos necesarios para que a corto plazo lo sea"</p></div><p class="article-text">
        Al cabo de cincuenta a&ntilde;os de los dram&aacute;ticos acontecimientos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria ha llegado el momento de preguntarse si la memoria de aquello ha de ser de una parte o de todos. Esta no es la primera ocasi&oacute;n, ni ser&aacute; la &uacute;ltima, en que se plantee este tipo de situaciones. Es propio de los procesos de construcci&oacute;n de memoria, donde compiten los partidarios de retener un recuerdo exclusivo, circunscrito a los hechos, pero con una interpretaci&oacute;n que se renueva por quienes se ven como preservadores de la memoria, frente a quienes conectan los hechos con otros sucedidos hist&oacute;ricos &ndash;en nuestro caso, la Transici&oacute;n- y tratan de obtener una consecuencia positiva que alcance a la mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a actual.
    </p><p class="article-text">
        Esta segunda opci&oacute;n, ciertamente, transciende el car&aacute;cter genuino de lo ocurrido, pero lo inscribe en un contexto superior que todos podemos compartir: en nuestro caso, la democracia y el Estado de Derecho que disfrutamos y a los que colaboraron los huelguistas de aquel conflicto y, por desgracia, los muertos y heridos que provoc&oacute; aquella polic&iacute;a todav&iacute;a de la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos la oportunidad de desplegar una pol&iacute;tica de memoria p&uacute;blica sobre el 3 de marzo de 1976 a trav&eacute;s del Memorial de v&iacute;ctimas. Lamentablemente, no vamos a llegar a verlo hecho realidad en este cincuentenario, pero estamos dando los pasos necesarios para que a corto plazo lo sea. En &eacute;l participamos cuatro instituciones y las asociaciones de v&iacute;ctimas. Es claro que aquellas y estas tienen perspectivas diferentes y as&iacute; lo han expresado.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n excluyente no deber&iacute;a ni plantearse. No tiene sentido un Memorial sin asociaci&oacute;n de v&iacute;ctimas, ni lo tiene sin las instituciones que representan a la ciudadan&iacute;a y que proveen los recursos para que la iniciativa se lleve a efecto. Prescindir de unas o de otras ser&iacute;a un error que no nos podemos permitir. La discrepancia es un factor con el que debemos contar para poner en marcha el proyecto de manera efectiva.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que hacer el esfuerzo para encontrar un punto de encuentro entre miradas diferentes sobre el papel de la memoria p&uacute;blica. Es l&oacute;gico que las diversas partes alberguen perspectivas y razones diferenciadas. Salvando todas las distancias necesarias, por nuestra experiencia en Gogora, sabemos que es un problema con el que tropezamos a cada paso con la memoria del terrorismo y de sus v&iacute;ctimas. El hecho de haber llegado a acuerdos amplios no nos exime de debate a cada poco. Es normal, pero, a pesar de ello, se avanza y los resultados est&aacute;n a la vista.
    </p><p class="article-text">
        El Memorial del 3 de marzo se debe plantear tambi&eacute;n en esos t&eacute;rminos, din&aacute;micos, dial&eacute;cticos, a veces conflictivos, pero con voluntad convergente. Porque, como dijo Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Naves en el funeral del 5 de marzo de 1976: &ldquo;Estos muertos son nuestros, son de todo el pueblo de Vitoria&rdquo;. Y as&iacute; es. No hay ning&uacute;n sector que reniegue de esa memoria. Incluso quienes por su trayectoria est&aacute;n relacionados con los responsables pol&iacute;ticos de aquellos hechos, asumen que esta es tambi&eacute;n su memoria y han expresado en diversas ocasiones su reconocimiento de aquella tragedia y de aquellas v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Marzo de 1976 no es un argumento de discrepancia; todo lo contario, lo es de acuerdo amplio en la denuncia de la masacre policial llevada a cabo, del crimen de Estado. Un acuerdo que asume que aquella fat&iacute;dica fecha constituye el punto de inicio de la actual Vitoria-Gasteiz, industrial, obrera y plural de or&iacute;genes e ideas. Esa pluralidad original es la que debemos preservar e impulsar al cabo de cincuenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Las instituciones alavesas y vascas hemos expresado de manera reiterada nuestro apoyo incondicional a ese recuerdo vivo y a las v&iacute;ctimas de entonces. El Gobierno del Estado lo viene haciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de manera tambi&eacute;n decidida, estando presente en los actos recordatorios, apoyando con recursos la puesta en marcha del Memorial, reconociendo como lugar de memoria la iglesia de San Francisco de As&iacute;s y desarrollando la legislaci&oacute;n memorial adecuada. Estoy segura de que vendr&aacute;n todav&iacute;a nuevos reconocimientos que facilitar&aacute;n todav&iacute;a m&aacute;s el avance en los t&eacute;rminos aqu&iacute; se&ntilde;alados.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una oportunidad de oro para edificar una memoria de todos sobre aquel mi&eacute;rcoles de ceniza vitoriano. Podemos hacerlo sobre la base de que aquellas v&iacute;ctimas, aquel conflicto y aquella disposici&oacute;n de sus protagonistas por superar la dictadura han servido para que la democracia que disfrutamos se pudiera consolidar y sea hoy una realidad s&oacute;lida. O podemos hacer como si vivi&eacute;ramos todav&iacute;a en 1976 y nada hubiera cambiado desde entonces. Desde mi punto de vista, la evidencia respalda lo indiscutible y afortunado del cambio hist&oacute;rico. Por eso creo que el Memorial y la pol&iacute;tica p&uacute;blica de memoria deben ir acordes con esa realidad, porque es la que vive la ciudadan&iacute;a, incluidos aquellos que se resisten a asumir que es as&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Jesús San José]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/memoria-3-marzo-1976-avanzamos-disputamos-separado_129_13031429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Mar 2026 20:15:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Álava,3 de marzo de 1976,Gogora - Instituto vasco de la Memoria,Vitoria]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Deportados vascos a campos nazis: historia de Europa y memoria democrática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/deportados-vascos-campos-nazis-historia-europa-memoria-democratica_132_12264638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1dc3a470-57e0-43f2-866f-6789f00c397c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Deportados vascos a campos nazis: historia de Europa y memoria democrática"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los 200 enviados a campos de concentración terminaron en el pozo más oscuro al que jamás se ha visto arrastrada la humanidad. No solo se les negaron sus derechos, no solo se les negó su nacionalidad, sino que se les terminó negando su propia condición de seres humanos"</p><p class="subtitle">Esvásticas, desfiles y 'vivas' a Franco, Mussolini y Hitler: así se inauguró el monumento nazi en Álava</p><p class="subtitle">88 años del bombardeo de Gernika, el aniversario más negro del macabro experimento nazi de la II Guerra Mundial</p></div><p class="article-text">
        A lo largo de este a&ntilde;o, desde el Departamento de Justicia y Derechos Humanos que dirijo y, en especial, desde el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora) hemos querido recordar y homenajear a los m&aacute;s de 200 vascos y vascas que fueron deportados a los campos de concentraci&oacute;n nazis a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, porque han formado parte de una etapa muy poco conocida de nuestra historia. Fueron parte de esas miles de personas que se vieron obligadas a abandonar sus pueblos, sus hogares y su vida para enfrentarse a lo desconocido. Forzados a cruzar la muga francesa camino del exilio para huir de la guerra y de la cruel represi&oacute;n del r&eacute;gimen franquista, camino de un futuro repleto de incertidumbre, amenazas y miedo.
    </p><p class="article-text">
        Son parte de la historia de miles de personas que cruzaban la muga, mayoritariamente por el puente de Ir&uacute;n, con el consuelo de quienes cre&iacute;an estar entrando en la rep&uacute;blica de la libertad, la igualdad y la fraternidad. De quienes cre&iacute;an que ser&iacute;an recibidos como hermanos y hermanas por la Francia que forj&oacute; las democracias liberales del viejo continente.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el anhelo de paz y libertad les dur&oacute; poco. Al otro lado del Bidasoa se encontraron una Francia dividida, que albergaba ya en su seno el germen del odio, de la xenofobia y del totalitarismo que, apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s, har&iacute;a que una parte importante de su sociedad agachara la cabeza pasivamente ante la llegada de los nazis y el colaboracionismo del Gobierno de Vichy.
    </p><p class="article-text">
        Desafortunadamente, para ellos no hubo libertad, ni igualdad y fueron escasas las muestras de fraternidad. Miles de vascos y espa&ntilde;oles se vieron encerrados en campos de refugiados, en condiciones de absoluta precariedad. Miles de ap&aacute;tridas a quienes el odio revanchista del r&eacute;gimen franquista les hab&iacute;a negado la nacionalidad vasca y espa&ntilde;ola. Encerrados entre alambres de espino, privados de lo m&aacute;s b&aacute;sico, del derecho a tener derechos, como dir&iacute;a Hannah Arendt.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de ellos y ellas, atrapados en aquellos campos de refugiados, acabaron en la maquinaria de exterminio puesta en marcha por la Alemania nazi, en este caso con el apoyo necesario y el silencio vergonzante de una parte nada desde&ntilde;able de la sociedad francesa. Enviados a campos de concentraci&oacute;n nazis, terminaron en el pozo m&aacute;s oscuro al que jam&aacute;s se ha visto arrastrada la humanidad. No solo se les negaron sus derechos, no solo se les neg&oacute; su nacionalidad, sino que se les termin&oacute; negando su propia condici&oacute;n de seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hemos querido organizar un acto de reconocimiento a los deportados y deportadas vascas. Porque, delante de tantas familias de aquellos deportados, delante de la representaci&oacute;n de una buena parte de las instituciones vascas, quiero dirigirme a la sociedad vasca para reivindicar su recuerdo, reivindicar su memoria, su dolor, su ausencia y el olvido durante casi 80 a&ntilde;os. Dirigirme tambi&eacute;n a las familias para pedirles perd&oacute;n por tantas d&eacute;cadas de silencio. Ellos y ellas, m&aacute;s de 200 vascos y vascas, han de formar parte de nuestra memoria colectiva, de nuestra memoria democr&aacute;tica. Sus nombres jam&aacute;s pueden volver a ser olvidados. Porque ya son parte del patrimonio democr&aacute;tico de esta sociedad. Son parte del germen de esta Euskadi que mira al futuro comprometida con la libertad, la igualdad y la fraternidad.
    </p><p class="article-text">
        En Ir&uacute;n recordaremos los nombres y las vivencias de aquellos vascos y vascas que vivieron los episodios m&aacute;s oscuros de un continente enfrentado por el odio, el sectarismo, la xenofobia y la sinraz&oacute;n. Con actos de memoria democr&aacute;tica como este queremos reivindicar una Europa unida, convencida y militante en la defensa de los valores de la democracia, la pluralidad, el derecho a la diferencia y los Derechos Humanos.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, porque se lo debemos. Se lo debemos a quienes perdieron su vida injustamente hace ochenta a&ntilde;os. A quienes han poblado el olvido durante tanto y tanto tiempo. Pero, sobre todo, porque se lo debemos a las nuevas generaciones. Ellas tambi&eacute;n tienen que saber, conocer, construir su propia memoria de una forma cr&iacute;tica y reflexiva. Tienen que construir la ciudadan&iacute;a del futuro interrogando al pasado. No podemos dejarles un relato precariamente tejido con medias verdades, silencios y dogmas incuestionables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Jesús San José]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 May 2025 19:45:42 +0000]]></pubDate>
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