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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luz Duro Artiach]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luz-duro-artiach/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luz Duro Artiach]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¡Es que no me escuchas! ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-escuchas_129_12863368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &laquo;&iexcl;Es que no me escuchas!&raquo; &iquest;Cu&aacute;ntas veces has pronunciado esta frase a lo largo de tu vida? Seguramente se la has dicho m&aacute;s de una vez a tu pareja, a una hermana, a un hijo. O has dicho &ldquo;no me escucha, da igual lo que diga&rdquo; refiri&eacute;ndote a tu jefe, a tu madre, a un hermano&hellip; Todos hemos sentido muchas veces que nuestras palabras caen en saco roto, que es como hablar a un muro.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora preg&uacute;ntate: &iquest;cu&aacute;ntas veces has dicho &ldquo;es que no escucho&rdquo;? Seguramente, nunca en tu vida.
    </p><p class="article-text">
        Si todos sentimos que no nos escuchan, cabr&iacute;a pensar que, en alg&uacute;n lugar, al otro lado, deber&iacute;a haber alguien que reconociera que no est&aacute; escuchando. Pero no lo hay, o casi no lo hay. Algo no cuadra.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando te venga el pensamiento &ldquo;no me escucha&rdquo;, quiz&aacute; merezca la pena detenerte un instante y preguntarte: &ldquo;&iquest;y yo, estoy escuchando?, &iquest;puede que parte del problema est&eacute; en m&iacute;?&rdquo;. Y si el problema est&aacute; en ti, enhorabuena: eso quiere decir que tambi&eacute;n est&aacute; en ti la soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; es escuchar de verdad? Porque puede que pienses que escuchas bien y, sin embargo, el problema est&eacute; precisamente ah&iacute;: en no tener claro qu&eacute; significa escuchar, pero escuchar de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Piensa en una persona a la que, cuando le hablas, sientes que s&iacute; te escucha, y observa qu&eacute; hace. Para empezar, te hace sentir bien solo por el hecho de prestarte atenci&oacute;n. Da igual el problema que le cuentes, da igual si es algo importante o aparentemente trivial, da igual si te alargas o te trabas al explicarlo. Cuando hablas con esa persona, algo se afloja por dentro, el problema pesa menos, te sientes comprendida o comprendido.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente esa persona pone toda su atenci&oacute;n en ti. No mira el m&oacute;vil, ni el reloj, ni el ordenador, ni parece tener prisa por terminar. No te interrumpe, no te da consejos inmediatos ni convierte la conversaci&oacute;n en un relato sobre s&iacute; misma. Su cuerpo y su mente est&aacute;n contigo, presentes, disponibles, como si durante esos minutos t&uacute; fueras lo m&aacute;s importante.
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s hay algo m&aacute;s profundo, algo decisivo que hacen los buenos escuchadores: no juzgan. Esto no significa que est&eacute;n de acuerdo contigo ni que renuncien a su propia opini&oacute;n. Significa suspender, por un momento, el impulso de corregir, evaluar o sentenciar. Cuando alguien se siente juzgado, se cierra; cuando se siente aceptado tal como es, se abre. La ausencia de juicio crea un espacio seguro donde la persona puede decir lo que siente sin necesidad de defenderse, justificarse o adornar su relato. Y en ese espacio, la conversaci&oacute;n se vuelve m&aacute;s honesta y m&aacute;s transformadora.
    </p><p class="article-text">
        A veces, solo el hecho de hablar sin que nos interrumpan aclara nuestras ideas, nos ayuda a ordenar y a ver con mayor claridad algo que antes era confuso.
    </p><p class="article-text">
        Otro elemento esencial de la escucha es ir m&aacute;s all&aacute; de las palabras. Porque no siempre sabemos expresar lo que nos pasa. A veces las palabras no alcanzan; otras, ni siquiera nosotros mismos entendemos bien c&oacute;mo nos sentimos. No todos somos buenos narradores ni tenemos el lenguaje afinado para poner nombre a lo que nos ocurre. Por eso, quien escucha de verdad presta atenci&oacute;n no solo a lo que se dice, sino tambi&eacute;n al tono, a los silencios, a lo que queda impl&iacute;cito, intentando captar qu&eacute; hay detr&aacute;s de las palabras.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en Nico, que llega del colegio. Su madre, que est&aacute; preparando la cena, le mira y le pregunta: &ldquo;Hijo, qu&eacute; cara traes, &iquest;qu&eacute; te ha pasado?&rdquo;. &ldquo;Mar&iacute;a se ha re&iacute;do de mis dibujos delante de todos&rdquo;, responde &eacute;l. La madre termina la tortilla, se gira hacia &eacute;l, le mira y pregunta: &ldquo;&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; has hecho?&rdquo;. &ldquo;Le he dicho que es gilipollas&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y ella qu&eacute; ha hecho?&rdquo;. &ldquo;Me ha dicho que no tengo edad para dibujar como un crio, se ha re&iacute;do y sus amigas tambi&eacute;n, y se han ido. Fer me ha dicho que no les haga caso y nos hemos ido&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y c&oacute;mo est&aacute;s ahora?&rdquo;. &ldquo;Ahora bien&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y ma&ntilde;ana, cuando veas a Mar&iacute;a, qu&eacute; vas a hacer?&rdquo;. &ldquo;No s&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante toda la conversaci&oacute;n, la madre ha puesto el foco en Nico. &Eacute;l no se ha sentido juzgado, aunque haya insultado a Mar&iacute;a y aunque la situaci&oacute;n sea inc&oacute;moda. Por la cabeza de su madre seguramente han pasado muchos pensamientos &mdash;&ldquo;otra vez la pesada de Mar&iacute;a&rdquo;, &ldquo;como me pasaba a mi con Sarita&rdquo;, &ldquo;Nico no deber&iacute;a decir palabrotas&rdquo;, &ldquo;menos mal que esta vez no se ha quedado callado&rdquo;, &ldquo;qu&eacute; suerte tiene de tener a Fer de amigo&rdquo;&mdash;, pero ninguno de estos pensamientos ha aparecido en la conversaci&oacute;n. Los ha dejado a un lado mientras escuchaba a su hijo. Adem&aacute;s, lo conoce: sabe que le ha dolido la situaci&oacute;n, que ha pasado verg&uuml;enza y que ha logrado sobreponerse. Ha dejado sus opiniones aparcadas y, en su lugar, ha hecho preguntas que han permitido a Nico expresarse, ordenar lo ocurrido y tomar contacto con lo que siente. Ahora que Nico ya se siente escuchado, quiz&aacute; sea el momento de ofrecerle alg&uacute;n consejo. Pero no antes.
    </p><p class="article-text">
        Imaginemos ahora una escena en el trabajo. Antonio entra en el despacho de Ana y dice: &ldquo;Estoy desbordado, no llego a todo&rdquo;. Puede que no sea la mejor manera de iniciar una conversaci&oacute;n, pero Ana percibe que est&aacute; alterado. Deja el ordenador, baja el tono, habla despacio, le mira y le dice: &ldquo;cu&eacute;ntame qu&eacute; es lo que te est&aacute; desbordando&rdquo;. A veces, solo el hecho de hablar sin que nos interrumpan aclara las ideas y ayuda a ordenar lo que parec&iacute;a ca&oacute;tico. A partir de ah&iacute;, Ana hace preguntas para entender la situaci&oacute;n y ayudar a Antonio a concretar, priorizar y organizarse. Tal vez no cambien todas las condiciones externas, pero Antonio sale de la conversaci&oacute;n con la sensaci&oacute;n de haber sido tenido en cuenta. Y eso, muchas veces, marca la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Escuchar no es cuesti&oacute;n de tener superpoderes ni de dominar t&eacute;cnicas sofisticadas. Es, sobre todo, una decisi&oacute;n: la decisi&oacute;n de callar un poco m&aacute;s, de estar presentes, de posponer el juicio y de interesarnos genuinamente por lo que le pasa al otro.</strong> <strong>Todos tenemos la capacidad de escuchar. La pregunta es si estamos dispuestos a ejercitarla</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-escuchas_129_12863368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Dec 2025 08:52:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¡Es que no me escuchas! ]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si una emoción dura 90 segundos, ¿por qué a mí me dura mucho más?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/si-emocion-dura-90-segundos-dura_129_12804653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Dicen que una emoci&oacute;n solo dura 90 segundos. Y, sin embargo, todos sabemos lo que es quedarse enganchados durante horas &mdash;a veces d&iacute;as&mdash; en la misma sensaci&oacute;n: la rabia o el enfado, la tristeza que vuelve una y otra vez, la culpa que se instala y no se va. &iquest;C&oacute;mo puede ser que algo tan poderoso tenga una duraci&oacute;n tan breve?
    </p><p class="article-text">
        La neurocient&iacute;fica Jill Bolte Taylor explic&oacute; que, cuando una emoci&oacute;n se dispara, el cuerpo libera una serie de sustancias qu&iacute;micas que recorren nuestro organismo durante un minuto y medio. Esa es la parte biol&oacute;gica: la descarga del cuerpo ante un est&iacute;mulo. Pasado ese tiempo, si no alimentamos esa emoci&oacute;n con nuevos pensamientos, el cuerpo vuelve al equilibrio. Pero la mayor&iacute;a de las veces no lo hace, porque nosotros &mdash;con nuestra mente, nuestro lenguaje, nuestras interpretaciones&hellip;&mdash; volvemos a encender la chispa una y otra vez, es como si rebobin&aacute;ramos.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en Jorge. Est&aacute; en una reuni&oacute;n y su compa&ntilde;ero dice una sola frase: &ldquo;Ya sabemos que t&uacute; siempre tienes que tener la &uacute;ltima palabra&rdquo;. Antes incluso de pensar en la frase, el cuerpo de Jorge reacciona. Siente calor, el pulso se acelera, los hombros se tensan, se crispa su cara. Es la emoci&oacute;n b&aacute;sica de la ira cumpliendo su funci&oacute;n natural: ponerlo en alerta, protegerlo. Si en ese momento Jorge respirara hondo, reconociendo lo que ocurre sin justificarlo ni negarlo, esa ola se disipar&iacute;a sola en poco m&aacute;s de un minuto. Pero lo que suele pasar es distinto.
    </p><p class="article-text">
        Aparece la voz interior que le dice &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; me habla as&iacute;?, No me respeta&rdquo;. &ldquo;Siempre hace lo mismo&rdquo;. Con cada pensamiento, el cuerpo de Jorge vuelve a liberar la misma qu&iacute;mica. Lo que era una emoci&oacute;n pasajera se alarga y transforma, primero en rencor, luego tal vez en resentimiento. Y si, m&aacute;s tarde, Jorge se recrimina haber reaccionado, la ira puede transformarse por ejemplo en verg&uuml;enza. La emoci&oacute;n b&aacute;sica &mdash;la ira&mdash; dur&oacute; 90 segundos. Lo que la mantiene viva es la conversaci&oacute;n interna de Jorge consigo mismo, que la alimenta. Cada vez que se repite la historia, revive la emoci&oacute;n. La mente, con su poder de interpretaci&oacute;n, convierte una reacci&oacute;n biol&oacute;gica en una narrativa emocional que puede acompa&ntilde;arnos durante d&iacute;as o a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo sucede con la tristeza. Cuando Laura recibi&oacute; la llamada que le comunicaba la muerte de su madre, su cuerpo reaccion&oacute; de inmediato: el pecho se encogi&oacute;, las l&aacute;grimas brotaron, la respiraci&oacute;n se detuvo. Durante unos segundos no hubo pensamientos, solo una ola de puro dolor. Esa tristeza biol&oacute;gica cumpl&iacute;a su prop&oacute;sito: detener a Laura, llevarla hacia dentro, permitirle sentir la magnitud de la p&eacute;rdida. Si la mente no interviniera, esa oleada bajar&iacute;a lentamente, como una ola que rompe en la orilla. Pero enseguida llegaron los pensamientos: &ldquo;No la volver&eacute; a ver&rdquo;. &ldquo;Deber&iacute;a haber estado m&aacute;s con ella&rdquo;. &ldquo;Nunca le dije que la quer&iacute;a&rdquo;. Cada vez que Laura recuerda algo, le viene una imagen de su madre, vuelve la ola de tristeza, una y otra vez, transform&aacute;ndose en meses o a&ntilde;os de dolor.
    </p><p class="article-text">
        No es que revivir las emociones sea un error, son parte de nuestra humanidad, son el precio y el privilegio de tener lenguaje, memoria, conciencia. Pero a veces olvidamos que no son inevitables: se construyen con nuestros pensamientos. Y eso significa que tambi&eacute;n podemos transformarlas.
    </p><p class="article-text">
        Laura lo descubri&oacute; sin propon&eacute;rselo un d&iacute;a mientras caminaba. Record&oacute; la risa de su madre y sin darse cuenta sonri&oacute;. En ese instante, algo cambi&oacute;. No necesit&oacute; dejar de sentir, sino dejar de pensar contra s&iacute; misma. Empez&oacute; a contarse otra historia: &ldquo;Su vida sigue viva en m&iacute;&rdquo;. &ldquo;La acompa&ntilde;&eacute; como pude&rdquo;. La respiraci&oacute;n de Laura se calm&oacute;, su cuerpo se afloj&oacute;, y la tristeza se volvi&oacute; ternura. La emoci&oacute;n segu&iacute;a all&iacute;, pero ya no dol&iacute;a tanto.
    </p><p class="article-text">
        De eso se trata. No de suprimir ni negar lo que sentimos, sino de comprender que, despu&eacute;s de los 90 segundos del cuerpo, somos nosotros quienes decidimos si prolongamos la emoci&oacute;n o la dejamos ir. El gatillante est&aacute; afuera, pero el modo en que nos lo vivimos depende enteramente de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el poder no est&eacute; en evitar las emociones que nos disgustan sino en <strong>aprender a habitarlas sin quedarnos a vivir en ellas</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/si-emocion-dura-90-segundos-dura_129_12804653.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 17:24:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Si una emoción dura 90 segundos, ¿por qué a mí me dura mucho más?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia emocional,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y eso del coaching qué es?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/coaching_129_12691893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>&ldquo;Mi hija est&aacute; pasando una edad del pavo insoportable. Por m&aacute;s que lo intentamos, ni su padre, ni sus hermanas, ni yo conseguimos hablar con ella. Cada conversaci&oacute;n termina en portazo&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Mi equipo es tremendo, me esfuerzo en motivarles, en intentar que participen, que aporten ideas, que sean proactivos&hellip; pero no hay manera. Se nota que son de otra generaci&oacute;n&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&ldquo;Mi hermana se va a casar y mi futuro cu&ntilde;ado es insoportable. Siempre tiene la raz&oacute;n, no escucha a nadie. Intento llevarme bien con &eacute;l porque este s&iacute; que viene para quedarse, pero de verdad que ya no s&eacute; qu&eacute; hacer&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;He tenido la oferta de trabajo so&ntilde;ada, pero es en otro pa&iacute;s, lo que supone que tendr&iacute;amos que trasladarnos toda la familia, justo ahora que las ni&ntilde;as empezaban a adaptarse. No s&eacute; qu&eacute; decisi&oacute;n tomar&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En las reuniones me paralizo. Veo a mi jefe tan serio, tan imponente, que, aunque tengo buenas ideas, soy incapaz de abrir la boca. Me da una rabia&hellip; y por m&aacute;s que lo intento, no consigo superarlo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te suena alguna de estas situaciones? Seguro que s&iacute;. Todos tenemos alguna versi&oacute;n de ellas. Y cuando nos pasa algo as&iacute;, &iquest;qu&eacute; hacemos?.&nbsp;Pedimos ayuda, hablamos con amigos, con la pareja, con la familia, escuchamos consejos, buscamos estrategias, intentamos cambiar nuestro comportamiento. Y muchas veces lo conseguimos, pero a veces, a pesar de todo ese esfuerzo, nada cambia, nos seguimos tropezando con la misma piedra, una y otra vez. Otras veces la vida nos plantea encrucijadas, decisiones que tenemos que tomar, que sabemos que son decisivas para nuestro futuro, pero de las que no hay certeza sobre cu&aacute;l es la mejor opci&oacute;n y no sabemos qu&eacute; hacer.
    </p><p class="article-text">
        Llegados a este punto, un coach es una buena soluci&oacute;n. No para darte consejos ni para decirte lo que tienes que hacer. Un coach no es un consejero, ni un psic&oacute;logo, ni un gur&uacute;. Un coach es alguien que te acompa&ntilde;a a mirar lo que te est&aacute; pasando, pero desde otro lugar. Porque la soluci&oacute;n &mdash;aunque no siempre lo veamos&mdash; pasa por uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de cambiar a la hija adolescente, al cu&ntilde;ado, al jefe o al equipo, ni de evaluar solo pros y contras de la mejor opci&oacute;n laboral. Se trata de ayudarte a mirarte t&uacute;: c&oacute;mo est&aacute;s interpretando la situaci&oacute;n, qu&eacute; te pasa cuando eso ocurre, qu&eacute; emociones te aparecen, qu&eacute; conversaciones tienes contigo mismo&hellip; en resumen, de qu&eacute; manera est&aacute;s participando t&uacute; en eso que no te gusta.
    </p><p class="article-text">
        Casi siempre creemos que nuestro problema est&aacute; fuera, en el otro, en las circunstancias, en la suerte, pero la mayor&iacute;a de las veces, lo que realmente nos deja atrapados son las interpretaciones que hacemos de lo que vivimos. Y esas interpretaciones &mdash;que nos parecen verdades absolutas&mdash; son solo una forma de mirar, una entre muchas posibles.
    </p><p class="article-text">
        El proceso de coaching empieza justamente por ah&iacute;: por abrir espacio a nuevas miradas y poner palabras a lo que nos pasa y descubrir las creencias, emociones y h&aacute;bitos que sostienen nuestra manera actual de actuar. El coach acompa&ntilde;a, pregunta, escucha de verdad, y lo hace creando un espacio de confianza donde puedes observarte sin ser juzgado, con curiosidad y honestidad.
    </p><p class="article-text">
        A veces, en ese proceso, nos damos cuenta de que llevamos a&ntilde;os intentando resolver algo esperando resultados distintos, pero actuando desde el mismo lugar, como si estuvi&eacute;ramos empujando una puerta que, en realidad, se abre hacia dentro lado. El coaching te ayuda justamente a eso: a girar la manilla y descubrir otra forma de abrir esa puerta que estaba ah&iacute;, pero que no ve&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que,<strong> la pr&oacute;xima vez que sientas que ya lo has intentado todo y nada cambia, tal vez no se trate de hacer cosas diferentes, sino de mirar distinto</strong>, para actuar distinto y conseguir los resultados que deseas. A veces solo hace falta que alguien te ayude a mirar desde otro lugar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/coaching_129_12691893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Oct 2025 08:00:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Y eso del coaching qué es?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando hablar parece imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablar-parece-imposible_129_12603281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay conversaciones que se nos quedan atravesadas. Hace tiempo necesitaba decirle a una persona del trabajo algo sobre su comportamiento y anticipaba que la conversaci&oacute;n no iba a ser agradable.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; en poner en pr&aacute;ctica todo lo que hab&iacute;a aprendido sobre c&oacute;mo manejar una conversaci&oacute;n dif&iacute;cil y, por si no fuera suficiente, busqu&eacute; en internet todos los tips que pude encontrar.
    </p><p class="article-text">
        Sab&iacute;a lo que quer&iacute;a conseguir de la conversaci&oacute;n, lo que realmente quer&iacute;a &mdash;algo que no siempre es f&aacute;cil&mdash;. No es lo mismo querer demostrar autoridad que querer que la otra persona reconozca su error o que cambie su comportamiento. Hab&iacute;a elegido el mejor lugar y el mejor momento para tener la conversaci&oacute;n, pensando en la otra persona y tambi&eacute;n en m&iacute;. Me prepar&eacute; para escuchar con una escucha activa y genuina, abierta a la posibilidad de que quiz&aacute; yo no estuviera viendo algo que la otra persona s&iacute; ve&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sab&iacute;a que deb&iacute;a evitar suposiciones, escuchar sin interrumpir, hacer preguntas abiertas, no recriminar ni culpabilizar, cuidar mi lenguaje corporal, regular el tono y escoger con cuidado las palabras.
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a todo claro. Y, sin embargo, cada vez que pensaba en tener la conversaci&oacute;n&hellip; me enfadaba.
    </p><p class="article-text">
         Al pensar en c&oacute;mo abordar el tema, recordaba el motivo por el que quer&iacute;a hablar con esa persona y me pon&iacute;a de muy mal humor. Entonces, &iquest;de qu&eacute; me serv&iacute;a todo lo preparado si, antes incluso de hablar, mi emocionalidad ya estaba desbordada?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qu&eacute; me serv&iacute;a elegir las palabras, ensayar frases, incluso sonre&iacute;r y bajar el tono de voz para parecer tranquila, si la emocionalidad desde la que conversamos no la podemos disimular?
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que intentemos controlarlo, nuestro cuerpo habla por nosotros. Las c&eacute;lulas espejo del otro leen nuestras tensiones, nuestros gestos, nuestro tono, incluso lo que no decimos. Si por dentro estoy enfadada, el otro lo va a percibir, aunque yo intente ocultarlo. Y si esa es la emocionalidad desde la que inicio la conversaci&oacute;n, el riesgo de que termine mal es alto.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, decid&iacute; esperar.
    </p><p class="article-text">
        Pospuse la conversaci&oacute;n. No una, sino varias veces. Al principio me sent&iacute;a culpable, como si postergar fuera rendirme. Pero poco a poco entend&iacute; que estaba esperando al momento en que mi emocionalidad fuera otra, porque hablar desde el enfado no iba a ayudarme.
    </p><p class="article-text">
        Y un d&iacute;a, casi sin buscarlo, sucedi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
         Est&aacute;bamos conversando de algo que no ten&iacute;a nada que ver con el trabajo. La situaci&oacute;n era relajada, las sonrisas sal&iacute;an solas. Y, sin planearlo, deslic&eacute; el tema que tanto me preocupaba.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que la respuesta de la otra persona fue completamente distinta a la que yo hab&iacute;a imaginado. No hubo conflicto, no hubo resistencia. Lo que me estaba alterando ten&iacute;a una explicaci&oacute;n l&oacute;gica que me hizo re&iacute;r, y la otra persona entendi&oacute; mi postura y decidi&oacute; hacer cambios. En pocos minutos se aclar&oacute; todo de forma distendida y consegu&iacute; lo que necesitaba.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No siempre se trata de saber qu&eacute; decir ni c&oacute;mo decirlo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> A veces, lo m&aacute;s importante es desde d&oacute;nde lo decimos, porque la emocionalidad domina la conversaci&oacute;n. Y el otro lo percibe.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablar-parece-imposible_129_12603281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Sep 2025 10:05:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando hablar parece imposible]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que dices no es lo que el otro escucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dices-no-escucha_129_12530361.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Seguro que has jugado de ni&ntilde;o al &ldquo;tel&eacute;fono roto&rdquo;: nos sent&aacute;bamos en c&iacute;rculo y uno susurraba un mensaje al o&iacute;do del otro, que a su vez se lo dec&iacute;a al siguiente, y as&iacute; hasta el &uacute;ltimo. El resultado sol&iacute;a ser algo absurdo y gracioso y casi siempre irreconocible. Sab&iacute;amos que nadie hab&iacute;a querido cambiar el mensaje, pero el mensaje cambiaba igual.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que, aunque ya no jugamos al tel&eacute;fono, seguimos viviendo versiones de &eacute;l todos los d&iacute;as. Decimos algo, convencidos de que hemos sido claros, pero la otra persona escucha otra cosa. A veces la diferencia es peque&ntilde;a, otras enorme. Y en esa diferencia entre lo que dije y lo que el otro entendi&oacute;, nos jugamos acuerdos y relaciones.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que le dices a tu pareja: <em>&ldquo;Hoy estoy agotada, s&eacute; que hab&iacute;amos quedado en ir a cenar, pero &iquest;te importa que lo dejemos para otro d&iacute;a?&rdquo;</em>. Para ti es solo compartir c&oacute;mo te sientes, pero si tu pareja lleva d&iacute;as sensible porque cree que pas&aacute;is poco tiempo juntos, puede interpretarlo como: <em>&ldquo;Me apetece m&aacute;s quedarme en casa que salir contigo&rdquo;</em>. Y a partir de ah&iacute;, la conversaci&oacute;n ya no transcurre en el terreno de los planes, sino en el de la persona herida.
    </p><p class="article-text">
        O que le dices a un colega del trabajo: <em>&ldquo;&iquest;Te parece que revisemos los n&uacute;meros otra vez antes de enviar el informe?&rdquo;</em>. T&uacute; lo dices para asegurarte de que todo est&eacute; bien. Pero si el otro est&aacute; preocupado por hacer todo bien porque lleva poco tiempo en el puesto, o porque siente que no hace las cosas perfectas y es un perfeccionista, lo puede escuchar como: <em>&ldquo;No conf&iacute;o en tu trabajo&rdquo;</em>. Lo que para ti es prevenci&oacute;n, para &eacute;l es una cr&iacute;tica velada.
    </p><p class="article-text">
        Pasa incluso entre amigos, donde suponemos que hay confianza y que nos conocemos bien. Le dices a una amiga: <em>&ldquo;No te vi en la fiesta de anoche&rdquo;</em>. Lo dices solo por curiosidad o porque te interesas por si le pas&oacute; algo. Pero si ella se siente culpable por no haber ido, podr&iacute;a escucharlo como un reproche: <em>&ldquo;Estoy enfadada porque no fuiste a la fiesta&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Si escucho a un pol&iacute;tico del PSOE decir &ldquo;<em>Debemos actuar respecto a los inmigrantes</em>&rdquo;, lo escucho diferente de si lo dice un pol&iacute;tico de VOX. 
    </p><p class="article-text">
        Esto ocurre porque lo que decimos est&aacute; inevitablemente te&ntilde;ido por nuestras emociones, creencias y experiencias. Y lo que el otro escucha tambi&eacute;n pasa por sus propios filtros: su estado emocional, sus creencias y sus vivencias. La comunicaci&oacute;n no es un simple intercambio de palabras, sino un encuentro entre dos mundos interpretativos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, &iquest;c&oacute;mo podemos asegurarnos de que nos entiendan?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo primero es comprender que lo que digo no existe como algo &ldquo;puro&rdquo; o independiente. Lo que realmente existe es lo que una persona expresa y lo que otra escucha. Entre esas dos acciones siempre hay un espacio en el que el significado puede transformarse.
    </p><p class="article-text">
        Si hablo, es porque hay alguien para escucharme; de lo contrario, &iquest;para qu&eacute; hablar? Desde ese lugar, es mi responsabilidad asegurarme de que la otra persona entiende lo que quiero decir. No basta con lanzar las palabras: debo comprobar que el mensaje ha llegado como yo pretend&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esto no significa hablar m&aacute;s alto ni repetir lo mismo varias veces. Significa verificar que hemos sido comprendidos. Podemos hacerlo con preguntas como: &ldquo;&iquest;<em>C&oacute;mo lo ves t&uacute;</em>?&rdquo; o &ldquo;&iquest;<em>Qu&eacute; te parece</em>?&rdquo;. Y no solo escuchando la respuesta verbal, sino prestando atenci&oacute;n a su tono de voz, sus gestos y cualquier cambio en su manera de estar. Todo eso nos da pistas de c&oacute;mo ha interpretado nuestro mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Si el juego del tel&eacute;fono roto nos ense&ntilde;&oacute; algo, es que los mensajes cambian en el camino. La buena noticia es que podemos acortar esa distancia si aprendemos a conversar con m&aacute;s conciencia: sabiendo que cada palabra pasa por filtros invisibles y que, si queremos ser comprendidos, debemos estar tan atentos a lo que el otro escucha como a lo que decimos.
    </p><p class="article-text">
        Porque, al final, conversar bien no es solo decir lo que pensamos: es lograr que lo que decimos y lo que el otro escucha se encuentren en el mismo lugar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dices-no-escucha_129_12530361.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2025 17:09:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo que dices no es lo que el otro escucha]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar no basta: las conversaciones tienen sus secretos (y se pueden aprender)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablar-no-basta-conversaciones-secretos-aprender_129_12487142.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Conversamos todo el d&iacute;a, casi sin darnos cuenta, pero pocas veces nos detenemos a mirar cu&aacute;ntos tipos de conversaci&oacute;n existen y c&oacute;mo cada una afecta directamente lo que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        Las hay que nacen desde una emoci&oacute;n fuerte: la rabia, la tristeza, la impotencia&hellip; y sin darnos cuenta esa emoci&oacute;n es la que domina todo nuestro relato. Son conversaciones que llamamos de descarga, donde lo que buscamos no es tanto resolver algo o que el otro nos aconseje, sino liberar lo que llevamos dentro. Del otro, aunque no lo digamos, solo queremos que nos escuche, nos comprenda, y si puede ser, que nos d&eacute; la raz&oacute;n, aunque no la tengamos. Y lo mejor que puede hacer el otro es precisamente eso, escuchar y solo escuchar sobre todo si estamos enfadados, porque incluso biol&oacute;gicamente nuestro cerebro no est&aacute; preparado para escuchar o razonar. 
    </p><p class="article-text">
        Otras veces, la conversaci&oacute;n es para recordar. Lo hacemos al reencontrarnos con una amiga de toda la vida, al repetir an&eacute;cdotas familiares o al escuchar a una persona mayor contar por en&eacute;sima vez aquella historia. Hace poco el hijo de una amiga le cortaba la conversaci&oacute;n con un &ldquo;&iexcl;mam&aacute;! &iexcl;otra vez esa historia!&rdquo;. Por lo bajines le dije &ldquo;m&iacute;rale la cara, al contarlo est&aacute; reviviendo el momento y disfrut&aacute;ndolo de nuevo, porque recordar significa &rdquo;re-&ldquo; (de nuevo) y &rdquo;cordis&ldquo; (coraz&oacute;n) es decir, &rdquo;volver a pasar por el coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay conversaciones que preparamos antes de que sucedan. Porque sabemos que necesitaremos hablar con alguien &mdash;una pareja, un jefe, un hijo&mdash; y no queremos improvisar. Entonces pensamos, ensayamos, anticipamos respuestas. A veces incluso buscamos a alguien que nos escuche antes, para aclararnos o calmarnos porque anticipamos que la conversaci&oacute;n puede tomar derroteros a los que no queremos llegar porque pueden causar rechazo, dolor, distanciamiento. Solemos llamarlas conversaciones dif&iacute;ciles, y de c&oacute;mo tenerlas para lograr nuestros prop&oacute;sitos hablaremos otro d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito laboral, por ejemplo, abundan las conversaciones para coordinar acciones. Sin ellas, las tareas no fluyen, los equipos se desorganizan y los malentendidos se acumulan. Tambi&eacute;n le dedicaremos alg&uacute;n art&iacute;culo espec&iacute;fico porque hay mucho que aprender sobre ellas.
    </p><p class="article-text">
        Otra conversaci&oacute;n que tiene mucha importancia en nuestra vida es la privada, aquella que nuestro cerebro no cesa en ning&uacute;n momento, la que tenemos con nosotros mismos y que habitualmente callamos. Si alg&uacute;n lector es coach, sabr&aacute; que all&iacute; es donde queremos llegar con nuestras sesiones. En esas palabras silenciosas est&aacute; el alma, nuestra esencia, lo que nos moviliza. 
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n tambi&eacute;n las conversaciones que tienen que ver con nuevas personas en nuestra vida; un nuevo compa&ntilde;ero de trabajo, una nueva familia pol&iacute;tica, personas que vienen a nuestra vida para quedarse. En esos primeros intercambios ponemos mucho esfuerzo en causar una buena impresi&oacute;n, cuando en realidad lo que m&aacute;s nos acerca a ellos no es hablar ni mostrarnos, sino escuchar, de forma activa, con inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hay conversaciones que parecen peque&ntilde;as y, sin embargo, sostienen la vida social: los saludos, las felicitaciones, las f&oacute;rmulas de cortes&iacute;a. Hay gente que las desprecia, pero ellas cumplen un rol de pertenencia y de cuidado. 
    </p><p class="article-text">
        No todas las conversaciones son agradables ni f&aacute;ciles. Algunas evitan lo esencial, otras ocultan, otras hieren sin querer. Pero todas, absolutamente todas, nos dicen algo de qui&eacute;nes somos, de lo que queremos, de c&oacute;mo nos relacionamos. Distinguir los distintos tipos de conversaci&oacute;n nos ayuda a elegir mejor c&oacute;mo queremos estar en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Porque la vida, al fin y al cabo, es eso: una sucesi&oacute;n de conversaciones. Algunas cambian el curso de nuestra historia. Otras solo nos dejan una sonrisa. Pero todas cuentan. Y de todas podemos aprender.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hablar-no-basta-conversaciones-secretos-aprender_129_12487142.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jul 2025 14:47:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hablar no basta: las conversaciones tienen sus secretos (y se pueden aprender)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida es una conversación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vida-conversacion_129_12390784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; haces en la vida?
    </p><p class="article-text">
        Si alguien nos hace esta pregunta, lo m&aacute;s probable es que respondamos: &ldquo;soy abogada&rdquo;, &ldquo;trabajo en marketing&rdquo;, &ldquo;soy profesor&rdquo;, &ldquo;disfruto de mi jubilaci&oacute;n&rdquo;&hellip; Seguramente nadie nos dir&iacute;a: &ldquo;yo, conversar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Conversamos al despertar, al planificar el d&iacute;a, al mandar un mensaje, al discutir un asunto en el trabajo, al consolar a un amigo, al pedir una cita m&eacute;dica; conversamos en el trabajo, en el supermercado, por la calle, en el caf&eacute;, en sue&ntilde;os y, cuando estamos callados, lo hacemos con nosotros mismos en esa conversaci&oacute;n privada que no cesa.
    </p><p class="article-text">
        Pero si conversamos tanto, si el acto de conversar est&aacute; practicado hasta la saciedad, &iquest;por qu&eacute; a veces nuestras conversaciones no logran los resultados que queremos? &iquest;por qu&eacute; tantas veces sentimos que no nos han escuchado o que no hemos sabido hacernos escuchar? &iquest;por qu&eacute; nuestras palabras provocan un malentendido o incluso enfado en el otro, cuando no era eso lo que busc&aacute;bamos? &iquest;por qu&eacute; pido cosas y no me las dan o me las dan mal?
    </p><p class="article-text">
        Es curioso c&oacute;mo damos por sentado que sabemos conversar bien. Creemos que basta con hablar y escuchar para lograr acuerdos, comprensi&oacute;n o conexi&oacute;n. Pero si uno mira honestamente su experiencia diaria, descubre que no es tan simple. Decimos cosas que no se entienden. No escuchamos todo lo que deber&iacute;amos. O suponemos que el otro &ldquo;ya sabe&rdquo; lo que queremos decir, cuando en realidad no es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las conversaciones, esas que sostenemos a cada rato y en todo lugar, son la materia prima de nuestra vida. Con ellas creamos v&iacute;nculos o los rompemos, generamos confianza o desconfianza, abrimos o cerramos posibilidades. De hecho, lo que hoy sucede en nuestra vida &mdash;en el trabajo, en la familia, en la pareja&mdash; tiene mucho que ver con las conversaciones que tuvimos (o evitamos tener) en el pasado.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, rara vez pensamos en esto. Cuando imaginamos lo que queremos para el futuro &mdash;un ascenso, una reconciliaci&oacute;n, un nuevo proyecto, un cambio personal&mdash; pocas veces reparamos en que ser&aacute; precisamente una conversaci&oacute;n (o varias) la que abrir&aacute; la puerta a ese deseo o impedir&aacute; que se haga realidad.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez no sea exagerado decir que la calidad de nuestras conversaciones determina la calidad de nuestra vida. Si las mejoramos, mejorar&aacute;n tambi&eacute;n nuestros v&iacute;nculos, nuestras posibilidades, nuestras decisiones y, en &uacute;ltima instancia, nuestra felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Conversar bien no es un don reservado a unos pocos. Es una pr&aacute;ctica que podemos aprender, ejercitar y perfeccionar cada d&iacute;a. Porque, despu&eacute;s de todo, la vida misma es eso: una gran conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este es el primero de una serie de art&iacute;culos en los que iremos descubriendo c&oacute;mo podemos mejorar nuestras conversaciones para hacerlas m&aacute;s claras, efectivas y generadoras de posibilidades. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vida-conversacion_129_12390784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Jun 2025 09:26:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La vida es una conversación]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
