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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carmelo Faleh Pérez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carmelo-faleh-perez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carmelo Faleh Pérez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una justicia que no alcanza: 17 de julio y la causa de Palestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/justicia-no-alcanza-17-julio-causa-palestina_1_12461992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Hay justicia si se aplica a unos y no a otros? ¿Tiene Israel patente de corso para vulnerar principios y reglas que vieron la luz para que las atrocidades no se repitieran?</p></div><p class="article-text">
        La lucha contra la impunidad constituye un pilar esencial de la justicia penal internacional, pues garantiza que las violaciones graves de derechos humanos no queden sin castigo. Al sancionar a los responsables y satisfacer el derecho de las v&iacute;ctimas a la verdad, la justicia y la reparaci&oacute;n, se refuerza el Estado de derecho a escala global. De este modo, la justicia penal internacional se erige como herramienta irrenunciable para prevenir la repetici&oacute;n de cr&iacute;menes atroces y consolidar una paz fundada en la equidad, reparando al tiempo, de alguna forma, la dignidad de las v&iacute;ctimas, entre otros medios, a trav&eacute;s de la imposici&oacute;n de sanciones a los sujetos responsables. 
    </p><p class="article-text">
        Cada efem&eacute;ride se reviste de ritual y solemnidad, como si la memoria de la tragedia pudiera barnizarse con palabras grandilocuentes. El 17 de julio, d&iacute;a consagrado a la justicia penal internacional debido a que en esa fecha se adopt&oacute; en Roma el Estatuto que puso en pie una inc&oacute;moda Corte Penal Internacional, se presenta como un acto de fe en la capacidad humana para conjurar el horror mediante el Derecho. Quienes ese d&iacute;a promovieron ese tratado internacional reconocieron que fueron millones las v&iacute;ctimas de atrocidades cometidas en el siglo XX desafiando con m&eacute;todos criminales la imaginaci&oacute;n y conmoviendo la conciencia de la Humanidad. Y reconocieron la necesidad de poner fin a la impunidad de los perpetradores de los cr&iacute;menes m&aacute;s graves, pues amenazan a la paz y a la seguridad de toda la Humanidad. Sin embargo, en el margen de esa conmemoraci&oacute;n un silencio inc&oacute;modo y c&oacute;mplice se agita: el pueblo de Palestina, un pueblo sin Estado, sujeto a colonizaci&oacute;n y ocupaci&oacute;n despu&eacute;s de m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os y condenado por Israel a desplazarse sin sentencia ni absoluci&oacute;n, merodea los pasillos de la justicia internacional como quien acecha una puerta que rara vez se abre.
    </p><p class="article-text">
        La historia es vasta, la injusticia interminable. Resoluciones dictadas y jam&aacute;s cumplidas, muros erigidos contra el Derecho Internacional, acciones militares israel&iacute;es que pulverizan toda proporci&oacute;n y toda regla de humanidad. Aun as&iacute;, persiste la obstinaci&oacute;n de exigir responsabilidades. En un tribunal concebido para perseguir los cr&iacute;menes m&aacute;s atroces &mdash;genocidio, cr&iacute;menes de guerra, cr&iacute;menes de lesa humanidad y agresi&oacute;n&mdash; se intenta inscribir una causa que, desde hace d&eacute;cadas, desaf&iacute;a la noci&oacute;n misma de castigo equitativo. Tal es el caso de Palestina ante la CPI, donde desde 2021 se investigan formalmente cr&iacute;menes grav&iacute;simos cometidos tanto en Gaza como en Cisjordania, incluida Jerusal&eacute;n Oriental.
    </p><p class="article-text">
        El Derecho Internacional Penal y su articulaci&oacute;n en tribunales internacionales nace de un acto de esperanza: la convicci&oacute;n de que ninguna barbarie quedar&aacute; impune si se encienden l&aacute;mparas togadas en los salones de la civilizaci&oacute;n. Pero la experiencia revela su env&eacute;s: la justicia internacional se aplica con rigor desigual, ejemplar para las despose&iacute;das v&iacute;ctimas del adversario y remisa ante aliados y quienes concentran poder y alianzas estrat&eacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        Los cr&iacute;menes sobre la tierra disputada ya no necesitan narraci&oacute;n: exterminio y destrucci&oacute;n sistem&aacute;ticos y en riguroso directo, ejecuciones sumarias, desplazamiento forzado, privaci&oacute;n sistem&aacute;tica de recursos esenciales, deshumanizaci&oacute;n y humillaci&oacute;n cotidianas de la dignidad. La CPI, interpelada por una denuncia que invoca el exterminio, la aniquilaci&oacute;n, como crimen punible, sostiene la d&eacute;bil llama de la posibilidad: en sus art&iacute;culos y tipificaciones late la esperanza de que, alg&uacute;n d&iacute;a, la ret&oacute;rica se convierta en citaci&oacute;n judicial y pol&iacute;ticos y militares responsables, sean quienes sean, rindan cuentas de manera efectiva y cumplan penas proporcionales a la gravedad de los cr&iacute;menes cometidos. En el caso de Palestina, la m&aacute;xima de ellas: la privaci&oacute;n de libertad a perpetuidad. No son &aacute;nimos de venganza: solo un reclamo elemental de justicia ante la que Israel debe tambi&eacute;n rendir cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Pero es en los escombros y en la penumbra de los refugios improvisados en Gaza donde se prueba la sinceridad de toda jurisdicci&oacute;n internacional. El Derecho Internacional Humanitario y los derechos humanos y libertades fundamentales, tantas veces invocados y tan pocas veces respetados, dibujan una frontera de papel que separa a la civilizaci&oacute;n de la barbarie y que se disuelve ante la inercia pusil&aacute;nime o criminal de los Estados y sus dirigencias. No basta con proclamar la prohibici&oacute;n de atacar civiles o de bloquear la ayuda b&aacute;sica: es necesario identificar a los responsables por sus nombres, sentarlos ante un juez y desgarrar la coraza de la inmunidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n trasciende lo jur&iacute;dico: es tambi&eacute;n moral y pol&iacute;tica. &iquest;Qu&eacute; significa castigar un crimen de guerra cuando los cr&iacute;menes israel&iacute;es se encadenan en ciclos que absorben generaciones de palestinos? La respuesta se diluye en la lentitud de los plazos y las argucias procesales, la fragilidad de los mecanismos de arresto, la precariedad de la cooperaci&oacute;n internacional o la voluntad proclamada de incumplir las reglas y principios m&aacute;s elementales. Y, sin embargo, la existencia misma de un expediente abierto es una grieta en la costumbre de la impunidad y un llamado inapelable a la conciencia de la comunidad internacional civilizada.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se redactan resoluciones y cargos, otro frente se despliega a miles de kil&oacute;metros: hombres, mujeres y ni&ntilde;os que huyen de la devastaci&oacute;n llegan a orillas lejanas, entre ellas Canarias, territorio que conoce bien la historia del &eacute;xodo y donde la hospitalidad al desconocido es se&ntilde;a de identidad genuina. All&iacute;, la protecci&oacute;n internacional cobra forma en aulas de acogida, barrios perif&eacute;ricos y expedientes de residencia que llegan tarde o no llegan. La tragedia palestina se prolonga as&iacute;, en una di&aacute;spora que reconstruye fragmentos de identidad quebrada mientras enfrenta nuevas barreras de exclusi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El exilio palestino no es solo consecuencia de un desplazamiento forzado; es tambi&eacute;n la prueba de una promesa incumplida. Tratados y resoluciones consagraron un derecho de retorno que, en la realidad, sobrevive apenas como un susurro nost&aacute;lgico, aplastado por hechos consumados sobre la tierra ocupada. Quien cruza el mar para rehacer su vida rehace tambi&eacute;n, en su cuerpo y memoria y en la de su descendencia, la historia colectiva de la expulsi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a la ret&oacute;rica oficial que celebra la justicia penal internacional como garant&iacute;a de civilizaci&oacute;n, se impone la pregunta inc&oacute;moda: &iquest;hay justicia si se aplica a unos y no a otros? &iquest;Tiene Israel patente de corso para vulnerar principios y reglas que vieron la luz para que las atrocidades no se repitieran? La independencia e imparcialidad de la justicia quienes acusan y juzgan no debe quedar en el papel, sino en la voluntad de ejecutarla sin inclinarse ante el poderoso, sin incurrir en dobleces, ni temer a la geopol&iacute;tica. Resulta sencillo someter a juicio al vencido aislado y derrotado; casi impensable, tocar al protegido por la malla de intereses estrat&eacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        En este laberinto se agita el pueblo de Palestina que nunca tuvo un Estado plenamente reconocido, pero que, contra toda l&oacute;gica de exclusi&oacute;n, reclama su sitio como miembro de la comunidad internacional, y protecci&oacute;n en los tribunales y en los sistemas de protecci&oacute;n internacional. Su causa incomoda por su justeza inapelable y porque desvela la incoherencia de una comunidad internacional que proclama normas que no impone cuando m&aacute;s se necesitan.
    </p><p class="article-text">
        No hay j&uacute;bilo posible cuando se evoca un aniversario que recuerda la lentitud de la justicia para quienes m&aacute;s la requieren. La conmemoraci&oacute;n no debe ser fiesta ni consuelo, sino recordatorio &aacute;spero de lo mucho que falta por hacer. En Gaza y en Cisjordania, en los guetos donde Israel encierra y aniquila a miles de personas indefensas, en los campos de refugiados y en los hogares improvisados de quienes hallaron cobijo en Canarias &mdash;8 en Tenerife y 16 en Gran Canaria; en Espa&ntilde;a se contabilizaron aproximadamente 911 solicitudes de asilo en 2024, consecuencia del estallido de la actual guerra con Ham&aacute;s en 2023, cifra que contrasta con las 208 solicitudes registradas en 2023 y las cerca de 500 acumuladas hasta junio de 2025.&mdash; la justicia penal internacional se enfrenta a su propio l&iacute;mite: su capacidad real de ser, alguna vez, verdaderamente universal, sin obscenos dobles raseros. Muchos de estos casos no prosperan, pues los solicitantes enfrentan obst&aacute;culos para acreditar la convivencia familiar previa o para recuperar documentaci&oacute;n en embajadas y consulados cercanos a Palestina.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; donde la legalidad fracasa, persiste la posibilidad de un testimonio: que las v&iacute;ctimas (personas o pueblos) sean nombradas, que los hechos se documenten, que los responsables no puedan dormir sin recordar que existe un tribunal que, tarde o temprano, podr&iacute;a pronunciar sus nombres con la frialdad de una sentencia. Quiz&aacute; entonces, y solo entonces, la fecha del 17 de julio merezca celebrarse. Hasta ese d&iacute;a, sigue siendo apenas una promesa &mdash;y, para muchos, un consuelo que no consuela&mdash;. En cualquier caso, Palestina existe y seguir&aacute; existiendo, pese a la empresa criminal que alimenta proyectos de expansi&oacute;n imperial y socava los cimientos de la paz y la justicia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía, Carmelo Faleh Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/justicia-no-alcanza-17-julio-causa-palestina_1_12461992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Jul 2025 09:24:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una justicia que no alcanza: 17 de julio y la causa de Palestina]]></media:title>
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