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    <title><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/anna-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prioridad-nacional-limites-constitucionales-politica-exclusion_129_13151690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd537064-ef7f-4bc7-ae8a-3801598bb4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Extremadura, la inmigración no es un capítulo de tres páginas: es el marco. Aunque ocupe una parte limitada del documento, la lógica de la “prioridad nacional” se proyecta sobre vivienda, ayudas y sanidad. Es, en la práctica, una “lepenización hispánica” del programa de gobierno</p></div><p class="article-text">
        Hay decisiones pol&iacute;ticas que no solo cambian pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, sino que tensionan de forma deliberada los fundamentos del orden jur&iacute;dico. El acuerdo entre PP y Vox en Extremadura introduce una de ellas: la llamada &ldquo;prioridad nacional&rdquo; en el acceso a prestaciones. No es un matiz program&aacute;tico, sino un planteamiento con profundas implicaciones jur&iacute;dicas y pol&iacute;ticas, porque cuestiona el principio sobre el que se ha construido el Estado social: la igualdad en el acceso a derechos en funci&oacute;n de la necesidad.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es directa: &iquest;puede el acceso a servicios p&uacute;blicos &mdash;sanidad, vivienda, ayudas&mdash; condicionarse por la nacionalidad o el arraigo? La respuesta, en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, es muy limitada y acaricia la ilegalidad. El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n consagra el principio de igualdad y proh&iacute;be la discriminaci&oacute;n, mientras que el art&iacute;culo 41 configura un sistema de protecci&oacute;n social basado en la necesidad. A ello se suma el marco europeo, que restringe cualquier exclusi&oacute;n sistem&aacute;tica. Y existe un l&iacute;mite adicional: muchas de estas materias exceden las competencias auton&oacute;micas, lo que abre un conflicto directo con el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; introduce un salto cualitativo. No se limita a modular requisitos administrativos, sino que establece una preferencia estructural basada en la pertenencia. Desplaza el eje desde la necesidad hacia la identidad. Y ese desplazamiento no solo tensiona la Constituci&oacute;n, sino que abre la puerta a su impugnaci&oacute;n judicial.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias son previsibles. Si estas medidas se desarrollan normativamente, se activar&aacute; una din&aacute;mica de conflicto institucional con el Gobierno central y de control por parte de los tribunales. No es un escenario hipot&eacute;tico, sino el funcionamiento ordinario del Estado de derecho. Y tiene derivadas personales: quienes firmen decisiones contrarias al ordenamiento pueden enfrentarse a responsabilidades jur&iacute;dicas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el alcance del cambio no es solo jur&iacute;dico. Es tambi&eacute;n pol&iacute;tico. En Extremadura, la inmigraci&oacute;n no es un cap&iacute;tulo de tres p&aacute;ginas: es el marco. Aunque ocupe una parte limitada del documento, la l&oacute;gica de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; se proyecta sobre vivienda, ayudas y sanidad. Es, en la pr&aacute;ctica, una &ldquo;lepenizaci&oacute;n hisp&aacute;nica&rdquo; del programa de gobierno: la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola del llamado &ldquo;chovinismo de bienestar&rdquo; que defiende Marine Le Pen, donde el acceso a derechos se redefine en funci&oacute;n de criterios identitarios.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante medidas aisladas, sino ante un programa que ordena el acceso a derechos en funci&oacute;n del origen. Un desplazamiento que encuentra paralelismos en la Hungr&iacute;a de Orb&aacute;n, donde la ley dej&oacute; de operar como garant&iacute;a universal para convertirse en instrumento de diferenciaci&oacute;n. No es casualidad que el Parlamento Europeo calificara en 2022 al pa&iacute;s como un &ldquo;r&eacute;gimen h&iacute;brido de autocracia electoral&rdquo; y que la Comisi&oacute;n Europea activara por primera vez el mecanismo de condicionalidad, congelando miles de millones de euros en fondos europeos por vulneraciones del Estado de derecho.
    </p><p class="article-text">
        La historia europea del siglo XX ofrece, adem&aacute;s, advertencias claras sobre los riesgos de institucionalizar jur&iacute;dicamente la segregaci&oacute;n. Las Leyes de N&uacute;remberg marcaron el momento en que la desigualdad dej&oacute; de ser social para convertirse en legal. No es una analog&iacute;a directa, pero s&iacute; un recordatorio inc&oacute;modo de hasta d&oacute;nde pueden evolucionar estas l&oacute;gicas cuando el derecho deja de proteger a todos por igual.
    </p><p class="article-text">
        Esto interpela directamente al PP. Asumir este enfoque no es un ajuste t&aacute;ctico, sino un desplazamiento estrat&eacute;gico. Supone acercarse a posiciones que tensionan su tradici&oacute;n constitucional y europe&iacute;sta y lo sit&uacute;an en una l&oacute;gica de fricci&oacute;n con los l&iacute;mites del sistema. La urgencia por asegurar gobernabilidad se convierte as&iacute; en un vector de riesgo: el de deslizarse hacia una forma de rebeld&iacute;a legal que erosiona su perfil como partido de Estado.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Vox, la l&oacute;gica es distinta. No hay contradicci&oacute;n, sino coherencia estrat&eacute;gica. La &ldquo;prioridad nacional&rdquo; cumple una funci&oacute;n pol&iacute;tica clara: se&ntilde;alar, estigmatizar y reforzar una identidad basada en la exclusi&oacute;n. Convertir ese marco en pol&iacute;tica p&uacute;blica le permite presentarse como un actor eficaz.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma una dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica que suele quedar en segundo plano: el coste econ&oacute;mico e institucional. La experiencia reciente en la Comunitat Valenciana es ilustrativa. All&iacute;, la confrontaci&oacute;n con el Estado por la normativa aprobada por PP-VOX ha derivado en una creciente judicializaci&oacute;n: cerca de 400 procedimientos anuales y un coste superior a 316.000 euros, adem&aacute;s del refuerzo de estructuras administrativas para gestionarlos. Cuando la acci&oacute;n pol&iacute;tica se orienta hacia el conflicto sistem&aacute;tico con el marco jur&iacute;dico, el resultado no es solo ideol&oacute;gico: es tambi&eacute;n administrativo y presupuestario. Se tensionan recursos, se ralentiza la gesti&oacute;n y se erosiona la seguridad jur&iacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es &uacute;nicamente si estas medidas son viables jur&iacute;dicamente &mdash;que presentan serias dudas&mdash;, sino qu&eacute; modelo de Estado y de democracia dibujan: uno en el que los ciudadanos dejan de ser iguales ante la ley. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prioridad-nacional-limites-constitucionales-politica-exclusion_129_13151690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando romper las normas es la estrategia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/romper-normas-estrategia_129_13148464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cecd4426-34ea-435b-8930-8cdc8ae08eeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando romper las normas es la estrategia"></p><p class="article-text">
        El incidente protagonizado por el diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a S&aacute;nchez en el Congreso de los Diputados no es un hecho aislado ni una excentricidad puntual. Tampoco responde &uacute;nicamente al temperamento individual de quien lo protagoniza. Conviene evitar esa tentaci&oacute;n anal&iacute;tica, porque reduce el problema a una an&eacute;cdota cuando en realidad estamos ante una estrategia pol&iacute;tica deliberada, bien ensayada y compartida por buena parte de la cultura de las extremas derechas contempor&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de comportamientos cumplen, al menos, dos objetivos claros. El primero es reforzar un perfil antisistema, incluso cuando se forma parte plenamente del sistema institucional. Se trata de presentarse como un actor que desaf&iacute;a las normas, que no acepta las reglas del juego porque &mdash;seg&uacute;n su propio relato&mdash; &eacute;stas est&aacute;n supuestamente corrompidas o porque ellos mismos se consideran v&iacute;ctimas de agravios constantes, lo que legitima cualquier forma de respuesta. El segundo objetivo es escandalizar: generar ruido, indignaci&oacute;n y conflicto como forma de ocupar la agenda p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de teor&iacute;a pol&iacute;tica, lo que observamos es un desplazamiento sostenido de lo que se conoce como la Ventana de Overton: el marco de lo que una sociedad considera aceptable en el debate p&uacute;blico. Estas estrategias no buscan necesariamente convencer en el corto plazo, sino alterar los l&iacute;mites de lo decible y lo tolerable. Y lo est&aacute;n consiguiendo tanto en el plano ret&oacute;rico como en la praxis pol&iacute;tica. Hoy escuchamos propuestas o vemos comportamientos que hace apenas una d&eacute;cada habr&iacute;an sido pol&iacute;ticamente inasumibles.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos son numerosos. Desde las declaraciones de Abascal sobre deportaciones masivas de millones de inmigrantes o amenazas simb&oacute;licas como &ldquo;entrar en TVE con lanzallamas&rdquo;, hasta una agenda moral que sit&uacute;a derechos consolidados &mdash;como el aborto o la eutanasia&mdash; como &ldquo;aberraciones&rdquo; y que defender&iacute;an con violencia. A ello se suma una forma de hacer pol&iacute;tica basada en la descalificaci&oacute;n personal, donde el adversario deja de ser un rival para convertirse en un enemigo. En el plano internacional, la referencia es evidente: Donald Trump ha llevado estos patrones al extremo, desde cuestionar resultados electorales hasta legitimar acciones que tensionan los marcos legales internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es nuevo en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde la entrada de Vox en los parlamentos auton&oacute;micos y en el Congreso, ni por el contexto ni por el protagonista. El diputado implicado, con trayectoria p&uacute;blica previa, se inscribe en una l&oacute;gica pol&iacute;tica m&aacute;s amplia. Por eso resulta especialmente relevante analizar las reacciones, tanto pol&iacute;ticas como institucionales.
    </p><p class="article-text">
        En el plano pol&iacute;tico, la respuesta de su propio partido ha sido reveladora: no ha habido sanci&oacute;n ni disculpa, sino justificaci&oacute;n. Lejos de desautorizar el comportamiento, se ha optado por desplazar la responsabilidad hacia la presidencia de la C&aacute;mara. Este tipo de reacci&oacute;n no solo valida el incidente, sino que lo integra en una l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s compleja es la posici&oacute;n del Partido Popular, socio de gobierno de Vox en un centenar de ayuntamientos y previsiblemente en varias comunidades aut&oacute;nomas, a la espera de las elecciones en Andaluc&iacute;a. Su respuesta no ha sido ni un&aacute;nime ni especialmente contundente, reflejando una incomodidad estrat&eacute;gica dif&iacute;cil de sostener en el tiempo. El silencio de su l&iacute;der, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, contrasta con intervenciones m&aacute;s gen&eacute;ricas de otros cargos que apelan al respeto institucional sin entrar en el fondo del asunto.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ello, diez formaciones del arco parlamentario han firmado una declaraci&oacute;n institucional de condena, de la que se han desmarcado Vox, el PP y Uni&oacute;n del Pueblo Navarro. El dato no es menor: muestra hasta qu&eacute; punto la defensa de las reglas del juego democr&aacute;tico empieza a fragmentarse.
    </p><p class="article-text">
        En el plano institucional, el incidente afecta directamente a la sede de la soberan&iacute;a popular y a la figura que encarna la tercera autoridad del Estado. La respuesta ha seguido los cauces reglamentarios: aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 104, expulsi&oacute;n del hemiciclo y apertura de un proceso por parte de la Mesa del Congreso para evaluar posibles sanciones adicionales. Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto: &iquest;son suficientes los mecanismos actuales para proteger la instituci&oacute;n frente a estrategias de disrupci&oacute;n deliberada? La respuesta aplicada evidencia esa tensi&oacute;n permanente entre garantizar el pluralismo parlamentario y proteger la dignidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que se plantea esta cuesti&oacute;n. En julio de 2025 se reform&oacute; el reglamento del Congreso para hacer frente a comportamientos disruptivos en ruedas de prensa, protagonizados en buena medida por agitadores ultras. Aquella reforma, impulsada tras varios incidentes, cont&oacute; con la oposici&oacute;n del PP y Vox. De nuevo, los cortafuegos llegan tarde, despu&eacute;s de que el problema se haya manifestado con claridad.
    </p><p class="article-text">
        Existe el riesgo de que estos episodios se normalicen, de que pasen a formar parte del paisaje habitual de la pol&iacute;tica. Como si fueran inevitables. Pero la fortaleza de una democracia no reside en su capacidad de resistir pasivamente, sino en su habilidad para protegerse activamente, estableciendo l&iacute;mites claros frente a quienes buscan vaciarla de contenido.
    </p><p class="article-text">
        Los datos apuntan en una direcci&oacute;n preocupante. Seg&uacute;n distintos estudios sobre polarizaci&oacute;n afectiva, en Espa&ntilde;a ha aumentado de forma sostenida el distanciamiento entre ciudadanos por motivos pol&iacute;ticos. En algunos casos, en torno a un 14% de los espa&ntilde;oles reconoce haber dejado de hablar con amigos o familiares por estas razones. Este deterioro del clima c&iacute;vico no es ajeno a los comportamientos que vemos en las instituciones; al contrario, se retroalimentan.
    </p><p class="article-text">
        Porque estos incidentes tienen m&aacute;s trascendencia de la que sugiere un titular. Son parte de un proceso m&aacute;s amplio que erosiona la confianza en la pol&iacute;tica, degrada el debate p&uacute;blico y alimenta un escepticismo ciudadano que puede derivar en desapego democr&aacute;tico. Y ah&iacute; reside el verdadero riesgo: no en el esc&aacute;ndalo inmediato, sino en el desgaste silencioso que deja tras de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La democracia, como cualquier sistema complejo, no colapsa de forma abrupta. Se vac&iacute;a poco a poco, cuando sus normas dejan de ser respetadas, cuando sus instituciones son cuestionadas sin fundamento y cuando el conflicto sustituye al debate. Por eso, m&aacute;s all&aacute; del incidente, lo ocurrido en el Congreso no interpela &uacute;nicamente a un diputado o a un partido, sino a los l&iacute;mites que estamos dispuestos a tolerar en nuestra vida democr&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/romper-normas-estrategia_129_13148464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando romper las normas es la estrategia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-equilibrio-moncloa-ruido-tecnica_129_13101812.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ec5c05a-a884-4634-ba53-9908aa8af217_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mensaje del Gobierno es claro: en el último año de legislatura no se busca tanto generar impacto político desde la gestión económica como reducir fricción</p></div><p class="article-text">
        Hay remodelaciones que buscan cambiar el rumbo y otras que buscan protegerlo. En el tramo final de la legislatura, los gobiernos tienden a reordenar sus prioridades: reducir desgaste, asegurar la gesti&oacute;n y concentrar el capital pol&iacute;tico all&iacute; donde resulta m&aacute;s eficaz. La &uacute;ltima remodelaci&oacute;n del Ejecutivo responde, en buena medida, a esa l&oacute;gica. No es solo un relevo de nombres, sino una redefinici&oacute;n del equilibrio entre t&eacute;cnica y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La salida de Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero, el ascenso de Carlos Cuerpo a la vicepresidencia y la incorporaci&oacute;n de Arcadi Espa&ntilde;a apuntan en esa direcci&oacute;n. El cambio rompe adem&aacute;s una inercia simb&oacute;lica &mdash;la vicepresidencia econ&oacute;mica deja de estar en manos de una mujer&mdash;, pero su significado profundo est&aacute; en los perfiles. Frente al peso pol&iacute;tico, la exposici&oacute;n medi&aacute;tica y la capacidad de confrontaci&oacute;n de Montero, el nuevo esquema pivota sobre figuras de bajo perfil, orientadas a la gesti&oacute;n y alejadas del foco.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Cuerpo se consolida as&iacute; como eje del &aacute;rea econ&oacute;mica. Su perfil t&eacute;cnico, vinculado a las instituciones europeas, encaja con la necesidad de proyectar solvencia en un contexto marcado por la guerra, la inflaci&oacute;n y la continuidad de las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n. Los datos refuerzan esa apuesta: debut&oacute; en el CIS en abril de 2024 como un ministro pr&aacute;cticamente desconocido &mdash;apenas lo identificaba un 13% de los ciudadanos&mdash;, pero en pocos meses pas&oacute; a ser el mejor valorado del Gobierno. Hoy mantiene esa posici&oacute;n, con un 5,27, siendo el &uacute;nico que aprueba.
    </p><p class="article-text">
        Ese perfil ha tenido una consecuencia pol&iacute;tica directa: su baja exposici&oacute;n al desgaste. Desde su llegada en enero de 2024, ha recibido solo 11 preguntas en el Congreso, tres de ellas del Partido Popular &mdash;apenas un 27%&mdash;. M&aacute;s significativo a&uacute;n: la oposici&oacute;n tard&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o en interpelarle por primera vez. No es solo menor fiscalizaci&oacute;n; es tambi&eacute;n la evidencia de que no ha sido un blanco eficaz en la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La incorporaci&oacute;n de Arcadi Espa&ntilde;a profundiza en esa misma l&oacute;gica. Su trayectoria en la Generalitat Valenciana, donde fue una pieza clave del Gobierno del Bot&agrave;nic junto a Ximo Puig, no solo le aporta experiencia en Hacienda y financiaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en gesti&oacute;n pol&iacute;tica compleja. Fue, de hecho, uno de los perfiles encargados de engrasar las relaciones internas de la coalici&oacute;n, especialmente con M&oacute;nica Oltra, en un contexto no exento de tensiones.
    </p><p class="article-text">
        Ese bagaje ayuda a entender su estilo. Arcadi Espa&ntilde;a representa, en muchos sentidos, la antipolarizaci&oacute;n: un perfil que tiende a rebajar el conflicto, a buscar espacios de acuerdo y a evitar la sobreactuaci&oacute;n pol&iacute;tica. Su forma de intervenir &mdash;contenida, prudente, casi acad&eacute;mica&mdash; lo aleja de la l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n permanente que domina la pol&iacute;tica nacional.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; reside precisamente el contraste con su predecesora. Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero hab&iacute;a asumido en los &uacute;ltimos tiempos no solo la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n la tarea &mdash;o la carga&mdash; de responder a una oposici&oacute;n que ha convertido el Congreso en un espacio de hostigamiento constante, en una suerte de guerra de guerrillas parlamentaria. Arcadi Espa&ntilde;a, por el contrario, no ha mostrado hasta ahora esa ret&oacute;rica de combate.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje del Gobierno es claro: en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de legislatura no se busca tanto generar impacto pol&iacute;tico desde la gesti&oacute;n econ&oacute;mica como reducir fricci&oacute;n. En una cartera que acumula inevitablemente costes &mdash;y m&aacute;s en territorios como la Comunitat Valenciana, donde la cuesti&oacute;n fiscal es especialmente sensible&mdash;, la apuesta es por perfiles que amortig&uuml;en el desgaste.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese movimiento tiene una contrapartida. Al tecnificar el &aacute;rea econ&oacute;mica, el Ejecutivo libera &mdash;y al mismo tiempo concentra&mdash; el capital pol&iacute;tico en una figura: Pedro S&aacute;nchez. La estrategia parece clara: proteger la gesti&oacute;n y capitalizar la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos datos del CIS apuntan en esa direcci&oacute;n. Entre sus votantes, S&aacute;nchez obtiene una valoraci&oacute;n media de 6,9 y mantiene una alta fidelidad &mdash;m&aacute;s del 75% lo prefiere como presidente&mdash;, lo que refuerza su papel como principal activo electoral. Al mismo tiempo, sigue siendo un potente movilizador para la oposici&oacute;n, lo que intensifica la polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         En ese contexto, la defensa del decreto anticrisis en el Congreso ha funcionado como primer test del nuevo equilibrio. Para Cuerpo, ha sido su bautismo como vicepresidente econ&oacute;mico; para el Gobierno, la prueba de que un perfil t&eacute;cnico puede sostener tambi&eacute;n el frente pol&iacute;tico cuando es necesario. La inc&oacute;gnita es si esta estrategia ser&aacute; suficiente. La pol&iacute;tica no desaparece: se reordena y tiende a concentrarse en menos actores. La tecnificaci&oacute;n de los ministerios econ&oacute;micos libera el frente pol&iacute;tico, que se sit&uacute;a con mayor claridad en el n&uacute;cleo del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, junto a Pedro S&aacute;nchez, todo apunta a que F&eacute;lix Bola&ntilde;os asumir&aacute; un papel central como principal interlocutor y, previsiblemente, como figura de confrontaci&oacute;n frente a la oposici&oacute;n. Si Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero hab&iacute;a ejercido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como uno de los principales diques pol&iacute;ticos frente a la ofensiva parlamentaria de las derechas, su salida obliga a redistribuir ese rol.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un Gobierno m&aacute;s t&eacute;cnico en los ministerios y m&aacute;s pol&iacute;tico en su n&uacute;cleo. Menos confrontaci&oacute;n en la gesti&oacute;n, m&aacute;s concentraci&oacute;n del pulso pol&iacute;tico en torno a S&aacute;nchez y su n&uacute;cleo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-equilibrio-moncloa-ruido-tecnica_129_13101812.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 20:57:01 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-conviene-subestimar-vox-castilla-leon_129_13072811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5ae69242-541a-461a-a07c-30529ab567ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138807.jpg" width="4232" height="2381" alt="Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El partido ha logrado representación en todas las provincias de Castilla y León y se mueve en una franja de apoyo que oscila entre el 15% y algo más del 20% del voto. En un sistema electoral provincial como el español, ese porcentaje resulta especialmente relevante porque permite consolidar presencia institucional</p><p class="subtitle">Abascal exige al PP formar coaliciones con Vox en Castilla y León, Extremadura y Aragón: “Vamos a gobernar en las tres”</p></div><p class="article-text">
        Los resultados de Vox en las elecciones de Castilla y Le&oacute;n han sido interpretados en parte del debate p&uacute;blico como un crecimiento menor del esperado. Sin embargo, esa lectura puede resultar enga&ntilde;osa. En realidad, los datos apuntan a otra conclusi&oacute;n: la formaci&oacute;n de Santiago Abascal ha consolidado una base electoral estable, una implantaci&oacute;n territorial amplia y una estrategia pol&iacute;tica eficaz para convertir votos en poder pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vox ha obtenido cerca del 19% del voto y ha sumado 19.089 sufragios m&aacute;s que en la cita electoral de 2022. Pero el dato m&aacute;s relevante no es solo el incremento de votos, sino su distribuci&oacute;n territorial y su traducci&oacute;n en representaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        El partido ha logrado representaci&oacute;n en todas las provincias de Castilla y Le&oacute;n y se mueve en una franja de apoyo que oscila aproximadamente entre el 15% y algo m&aacute;s del 20% del voto &mdash;superando ese umbral en provincias como Palencia y Valladolid&mdash;. En un sistema electoral provincial como el espa&ntilde;ol, ese porcentaje resulta especialmente relevante porque permite consolidar presencia institucional, maximizar la conversi&oacute;n de votos en esca&ntilde;os y, en &uacute;ltima instancia, resultar decisivo en futuros comicios generales.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados adquieren a&uacute;n m&aacute;s relevancia si se observa el equilibrio parlamentario: el bloque formado por PP y Vox suma alrededor del 54%, uno de los m&aacute;s escorados a la derecha del mapa auton&oacute;mico. Solo Extremadura presenta un bloque conservador a&uacute;n m&aacute;s amplio, cercano al 60%.
    </p><p class="article-text">
        El mapa del voto tambi&eacute;n ofrece algunas claves. Vox obtiene sus mejores resultados en provincias y municipios de car&aacute;cter m&aacute;s rural o semiurbano, donde determinados discursos sobre identidad nacional, seguridad o cr&iacute;tica a pol&iacute;ticas europeas encuentran mayor resonancia. Al mismo tiempo, el resultado revela algunas tensiones dentro de su propio espacio pol&iacute;tico. La candidatura impulsada por el agitador digital Alvise P&eacute;rez ha logrado 17.351 votos. No logr&oacute; representaci&oacute;n, pero s&iacute; capt&oacute; parte de un electorado joven muy activo en redes sociales que, en otros contextos, podr&iacute;a haber apoyado a Vox. En provincias con circunscripciones relativamente grandes, como Valladolid, Le&oacute;n o Burgos, esa fragmentaci&oacute;n del voto podr&iacute;a incluso haber tenido impacto en la disputa por los &uacute;ltimos esca&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de estos factores sociol&oacute;gicos, la formaci&oacute;n de Abascal ha conseguido cumplir tres objetivos estrat&eacute;gicos. El primero era crecer electoralmente, aunque fuera de forma moderada. El segundo consist&iacute;a en reforzar su implantaci&oacute;n territorial: Vox tiene ahora representaci&oacute;n en todas las provincias y mantiene porcentajes relativamente homog&eacute;neos en todo el territorio. El tercer objetivo es quiz&aacute; el m&aacute;s importante: mantener su capacidad de condicionar la gobernabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El PP de Alfonso Fern&aacute;ndez Ma&ntilde;ueco necesita el apoyo de Vox para gobernar, lo que sit&uacute;a a la formaci&oacute;n de Abascal en una posici&oacute;n negociadora relevante. La influencia de la extrema derecha no depende necesariamente de grandes victorias electorales. A menudo basta con ser imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Estas negociaciones, adem&aacute;s, no deben interpretarse &uacute;nicamente en clave auton&oacute;mica. Los pactos que se negocian en Extremadura y Arag&oacute;n tienen tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y estrat&eacute;gica m&aacute;s amplia.
    </p><p class="article-text">
        En el plano pol&iacute;tico, estos acuerdos contribuyen a perfilar la relaci&oacute;n del PP con la extrema derecha. Cada pacto fija precedentes tanto sobre el modelo de negociaci&oacute;n &mdash;si ser&aacute; tutelado desde G&eacute;nova o dejar&aacute; margen a los liderazgos auton&oacute;micos&mdash; como sobre las l&iacute;neas program&aacute;ticas que los populares est&aacute;n dispuestos a traspasar para garantizar la gobernabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese debate ya ha empezado a hacerse visible. El dec&aacute;logo presentado por Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o hace apenas un par de semanas &mdash;que inclu&iacute;a compromisos b&aacute;sicos como el respeto a la Constituci&oacute;n&mdash; irrit&oacute; profundamente a Santiago Abascal. Sin embargo, la evoluci&oacute;n reciente de los acuerdos entre PP y Vox demuestra que esos l&iacute;mites se vuelven cada vez m&aacute;s difusos. El ejemplo m&aacute;s claro es el pacto alcanzado en la Comunitat Valenciana, donde se han abierto la puerta a propuestas que hace pocos a&ntilde;os habr&iacute;an resultado impensables, desde la elaboraci&oacute;n de estad&iacute;sticas diferenciadas en materia migratoria hasta el rechazo frontal al Pacto Verde europeo.
    </p><p class="article-text">
        Pero existe tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica que afecta al corto y al medio plazo. Lo que se negocie ahora puede influir en futuros escenarios electorales, especialmente en Andaluc&iacute;a y en las generales previstas para 2027.
    </p><p class="article-text">
        En el caso andaluz, el presidente Moreno Bonilla ha construido su liderazgo sobre una estrategia de centralidad pol&iacute;tica, una ret&oacute;rica menos confrontativa y una imagen de moderaci&oacute;n institucional. La evoluci&oacute;n de los pactos entre PP y Vox en otras comunidades podr&iacute;a tensionar ese equilibrio si se consolidan acuerdos que incluyan pol&iacute;ticas m&aacute;s radicales.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para Vox resulta estrat&eacute;gicamente &uacute;til mantener un perfil ideol&oacute;gico n&iacute;tido y diferenciado como la fuerza hegem&oacute;nica de la derecha m&aacute;s radical espa&ntilde;ola. En ese contexto, los acuerdos de gobierno pueden servir tanto para demostrar capacidad de influencia como para reforzar su identidad pol&iacute;tica frente a un PP que, en cuestiones como la inmigraci&oacute;n, el aborto, el feminismo, la violencia de g&eacute;nero o las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas, puede aparecer m&aacute;s ambiguo o dividido.
    </p><p class="article-text">
        Subestimar estos resultados puede conducir a interpretaciones equivocadas. La extrema derecha no siempre avanza mediante grandes irrupciones electorales. La historia pol&iacute;tica reciente lo demuestra: desde los a&ntilde;os ochenta ha participado en m&aacute;s de setenta gobiernos en Europa, tres de ellos en solitario. Con frecuencia lo hace de forma m&aacute;s gradual: consolidando apoyos, ampliando su implantaci&oacute;n territorial y convirti&eacute;ndose en un actor imprescindible para gobernar. Castilla y Le&oacute;n es un buen ejemplo de esa l&oacute;gica pol&iacute;tica que ya se observa en varios pa&iacute;ses europeos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-conviene-subestimar-vox-castilla-leon_129_13072811.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Unidad o irrelevancia? La encrucijada estratégica de la izquierda española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/unidad-irrelevancia-encrucijada-estrategica-izquierda-espanola_129_12998072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bcfb07c-8054-4267-b511-734e6986895c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Unidad o irrelevancia? La encrucijada estratégica de la izquierda española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reorganización de la izquierda alternativa no puede limitarse a “parar a la derecha”, sino articular una propuesta que conecte con los malestares sociales de la época. Una izquierda atomizada podría quedar infrarrepresentada no por falta de respaldo social, sino por el efecto mecánico del voto dividido</p><p class="subtitle">Unas primarias abiertas para la izquierda</p></div><p class="article-text">
        La posibilidad de una candidatura &uacute;nica a la izquierda del PSOE vuelve al centro del debate en un momento decisivo. Esta semana lo hace con una imagen clara: dos citas paralelas ante el mismo dilema estrat&eacute;gico. Por un lado, IU, M&aacute;s Madrid, los Comunes y Movimiento Sumar convocan&nbsp;<em>Un paso al frente</em>, sin liderazgos visibles y con &eacute;nfasis en el proyecto colectivo. Por otro, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufi&aacute;n, junto al diputado auton&oacute;mico de M&aacute;s Madrid Emilio Delgado, protagoniza en Madrid la charla&nbsp;<em>Doble o nada: disputar el presente para ganar el futuro</em>, sin aval formal de sus partidos. Dos formatos distintos &mdash;quiz&aacute; complementarios, quiz&aacute; competitivos&mdash; y una misma pregunta de fondo: &iquest;es viable y necesaria una reorganizaci&oacute;n unitaria de ese espacio pol&iacute;tico en el nuevo ciclo que se abre?
    </p><p class="article-text">
        No se trata solo de una discusi&oacute;n organizativa ni de una pugna por liderazgos. Es una cuesti&oacute;n estructural en un momento de cambio de &eacute;poca, donde el eje de la competencia ya no se ordena exclusivamente entre izquierda y derecha, sino entre democracia liberal y proyectos iliberales que cuestionan sus fundamentos.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia europea muestra que estas f&oacute;rmulas de articulaci&oacute;n surgen cuando la extrema derecha deja de ser marginal y se convierte en opci&oacute;n real de gobierno, incluso en solitario. En Francia, tras el avance de Agrupaci&oacute;n Nacional &mdash;primer partido en las europeas de 2014 con el 24,9%&mdash; y la llegada de Marine Le Pen a la segunda vuelta presidencial en 2017 con el 33,9%, el resto de fuerzas activ&oacute; el llamado Frente Republicano, una f&oacute;rmula de concentraci&oacute;n del voto democr&aacute;tico para frenar su acceso al poder.
    </p><p class="article-text">
        Portugal ofrece un contraste reciente. Frente al crecimiento de Chega, Ant&oacute;nio Jos&eacute; Seguro impuls&oacute; la Comiss&atilde;o de Honra da Candidatura, una plataforma amplia y heterog&eacute;nea que alter&oacute; el escenario: de un 14% en las encuestas pas&oacute; a imponerse con el 66,8% de los votos. La clave no fue solo organizativa, sino tambi&eacute;n de liderazgo: una campa&ntilde;a centrada en la moderaci&oacute;n, la empat&iacute;a y un tono integrador que logr&oacute; proyectarse como alternativa fiable y transversal frente a la radicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Alemania, por su parte, ha sostenido el llamado&nbsp;<em>Brandmauer</em>, el &ldquo;cortafuegos&rdquo; frente a Alternativa para Alemania, que excluye cualquier cooperaci&oacute;n estructural con la extrema derecha. Modelos distintos, misma l&oacute;gica: cuando el eje pol&iacute;tico se desplaza hacia la tensi&oacute;n entre democracia liberal e iliberalismo, la coordinaci&oacute;n entre fuerzas democr&aacute;ticas deja de ser t&aacute;ctica para convertirse en estructural.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se mueve en ese nuevo eje. El enfrentamiento central no es solo program&aacute;tico, sino sist&eacute;mico: democracia liberal frente a tentaciones iliberales asumidas por la extrema derecha y por sectores conservadores dispuestos a pactar con ella. En este contexto, la reorganizaci&oacute;n de la izquierda alternativa no puede limitarse a &ldquo;parar a la derecha&rdquo;, sino articular una propuesta de gobernanza inclusiva que conecte con los malestares sociales de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la aritm&eacute;tica electoral es determinante. La f&oacute;rmula D&rsquo;Hondt favorece a las fuerzas m&aacute;s votadas y castiga la dispersi&oacute;n, especialmente en las provincias peque&ntilde;as y medianas &mdash;28 de las 50 circunscripciones reparten entre tres y seis esca&ntilde;os&mdash;, donde el umbral efectivo es mucho m&aacute;s alto de lo que sugiere el porcentaje nacional. En esos territorios, la fragmentaci&oacute;n puede traducirse en p&eacute;rdidas directas de representaci&oacute;n incluso cuando el bloque progresista iguala o supera en votos al conservador.
    </p><p class="article-text">
        Si de cara a 2027 se consolida un escenario de bloques ajustados, el sistema tender&aacute; a sobrerrepresentar al PP y a Vox, siempre que este &uacute;ltimo mantenga apoyos en torno o por encima del 15% &mdash;e incluso cercanos al 18%, como apuntan encuestas y resultados auton&oacute;micos&mdash; y una implantaci&oacute;n territorial homog&eacute;nea. En ese contexto, una izquierda atomizada podr&iacute;a quedar infrarrepresentada pese a sumar porcentajes similares, no por falta de respaldo social, sino por el efecto mec&aacute;nico del voto dividido.
    </p><p class="article-text">
        Los datos demosc&oacute;picos refuerzan la preocupaci&oacute;n. El CIS de febrero indicaba que solo dos de cada diez votantes de Podemos repetir&iacute;an su voto, mientras que en Sumar la fidelidad ronda los cuatro de cada diez. Frente a esa desmovilizaci&oacute;n, formaciones con arraigo territorial y liderazgos consolidados como BNG, EH Bildu, Comprom&iacute;s o Esquerra Republicana de Catalunya mantienen niveles de movilizaci&oacute;n superiores al 60%.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, Gabriel Rufi&aacute;n emerge como un activo potencial para articular puentes. Su liderazgo presenta una notable territorializaci&oacute;n: alcanza un 9,6% en Navarra, por encima de su media nacional (4,2%), y registra cifras relevantes en Galicia, Baleares, La Rioja y Pa&iacute;s Vasco. No es suficiente para liderar en solitario, pero s&iacute; indica capacidad de conexi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de su base catalana.
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico es claro: el espacio a la izquierda del PSOE se divide entre partidos movilizados y con proyecto definido y otros desmovilizados y tensionados internamente. Si la fragmentaci&oacute;n persiste, el riesgo no es solo un relevo gubernamental, sino una reconfiguraci&oacute;n m&aacute;s profunda del mapa ideol&oacute;gico, con una derecha cada vez m&aacute;s &ldquo;abascalizada&rdquo; y una extrema derecha normalizada.
    </p><p class="article-text">
        La unidad, sin embargo, no puede ser un fin en s&iacute; mismo ni una reacci&oacute;n t&aacute;ctica. Debe ofrecer un proyecto ilusionante de gobernanza econ&oacute;mica inclusiva que aborde vivienda, empleo y servicios p&uacute;blicos con soluciones concretas, y que reconstruya presencia territorial y m&uacute;sculo digital.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es &uacute;nicamente la supervivencia de un espacio pol&iacute;tico, sino la calidad de la democracia en 2026. El Parlamento Europeo declar&oacute; en 2022 que Hungr&iacute;a, bajo Viktor Orb&aacute;n, se ha convertido en un &ldquo;r&eacute;gimen h&iacute;brido de autocracia electoral&rdquo;. Ese precedente muestra c&oacute;mo, desde dentro, pueden erosionarse contrapesos institucionales. Por eso, la decisi&oacute;n que ahora se debate no afecta solo a esca&ntilde;os: incide en el marco democr&aacute;tico que definir&aacute; la pr&oacute;xima d&eacute;cada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/unidad-irrelevancia-encrucijada-estrategica-izquierda-espanola_129_12998072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 21:24:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Gabriel Rufián,Sumar,Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrema derecha, ante el miedo a perder el algoritmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-miedo-perder-algoritmo_129_12963254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a234db23-a1c6-44fa-928e-58999f700d9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La extrema derecha, ante el miedo a perder el algoritmo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Regular no es censurar. Es gobernar un espacio que ya condiciona la democracia. Y la pregunta que la extrema derecha evita responder sigue siendo sencilla: ¿a quién beneficia que nada cambie?</p></div><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n de la extrema derecha espa&ntilde;ola y de sus aliados internacionales al anuncio del presidente del Gobierno, Pedro S&aacute;nchez, no ha sido ni espont&aacute;nea ni improvisada. Responde a un guion ya ensayado en otros pa&iacute;ses, basado en una premisa simple: cualquier intervenci&oacute;n p&uacute;blica sobre el espacio digital equivale a censura. Medidas similares se han debatido o aplicado en pa&iacute;ses como Francia o Australia y en el marco de la Uni&oacute;n Europea. Pese a ello, el anuncio del Ejecutivo espa&ntilde;ol ha activado de inmediato ese reflejo defensivo en Vox, en su l&iacute;der Santiago Abascal y en el ecosistema ideol&oacute;gico y empresarial que orbita en torno a Elon Musk.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de una pol&eacute;mica aislada ni estrictamente espa&ntilde;ola. Forma parte de una estrategia transnacional de la extrema derecha que ha convertido las plataformas digitales en algo m&aacute;s que un altavoz: en un aut&eacute;ntico ecosistema pol&iacute;tico. La defensa casi dogm&aacute;tica de una supuesta &ldquo;libertad de expresi&oacute;n absoluta&rdquo; funciona aqu&iacute; como cortina de humo. Lo que se protege no es tanto el derecho a opinar como una arquitectura algor&iacute;tmica que amplifica el conflicto, la desinformaci&oacute;n y el odio, y que ha demostrado ser extraordinariamente funcional para estos actores.
    </p><p class="article-text">
        Esa l&oacute;gica se ha hecho visible estos d&iacute;as en la cumbre celebrada en el Parlamento Europeo por fuerzas de la extrema derecha bajo el lema &ldquo;Libertad de expresi&oacute;n contra la cultura de la cancelaci&oacute;n&rdquo;. El encuentro, presentado formalmente como un debate sobre los l&iacute;mites del pluralismo en las democracias liberales, deriv&oacute; r&aacute;pidamente en la defensa de posiciones ultraconservadoras: cuestionamiento de los derechos reproductivos, ataques al colectivo LGTBI, as&iacute; como una reivindicaci&oacute;n expl&iacute;cita de valores &ldquo;cristianos&rdquo; frente a una supuesta decadencia de la &ldquo;civilizaci&oacute;n occidental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde un punto de vista anal&iacute;tico, el esquema es revelador. La libertad de expresi&oacute;n deja de entenderse como un derecho fundamental inserto en un sistema de garant&iacute;as para redefinirse como un derecho a discriminar, excluir o deslegitimar derechos ajenos, mientras cualquier l&iacute;mite jur&iacute;dico &mdash;incluso aquellos orientados a proteger a colectivos vulnerables&mdash; se presenta como persecuci&oacute;n ideol&oacute;gica o censura pol&iacute;tica. Este desplazamiento conceptual es clave para entender la reacci&oacute;n ultra ante cualquier intento de regulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta del Gobierno espa&ntilde;ol se inscribe, sin embargo, en un marco europeo mucho m&aacute;s amplio. La Uni&oacute;n Europea lleva a&ntilde;os avanzando &mdash;no sin resistencias&mdash; en la regulaci&oacute;n del espacio digital, consciente de que los algoritmos no son neutrales y de que el mercado, por s&iacute; solo, no corrige sus efectos sociales. El Reglamento de Servicios Digitales (DSA) parte precisamente de esta premisa: que las grandes plataformas ejercen un poder estructural sobre la esfera p&uacute;blica y deben asumir responsabilidades acordes. Aprobado en 2022, el DSA entr&oacute; en vigor ese mismo a&ntilde;o y comenz&oacute; a aplicarse de forma escalonada a partir de 2023, siendo plenamente exigible desde febrero de 2024. Proteger a los menores y exigir obligaciones de transparencia y rendici&oacute;n de cuentas no constituye, por tanto, una deriva autoritaria, sino un paso coherente dentro del debate europeo sobre soberan&iacute;a digital.
    </p><p class="article-text">
        Los datos avalan este diagn&oacute;stico. <a href="https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/3632" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Eurobar&oacute;metro de febrero de 2026</a> se&ntilde;ala que la exposici&oacute;n percibida a la desinformaci&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea ha aumentado ocho puntos en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. En Espa&ntilde;a, la preocupaci&oacute;n es muy superior a la media: el 85% considera la desinformaci&oacute;n una amenaza grave y el 82% el discurso de odio. No es casual que las medidas anunciadas por S&aacute;nchez apunten precisamente a estos riesgos.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece el primer gran marco discursivo de la extrema derecha: la confusi&oacute;n deliberada entre regulaci&oacute;n y censura. Abascal y otros dirigentes han insistido en que el Gobierno pretende &ldquo;controlar lo que piensan los espa&ntilde;oles&rdquo;, desplazando el debate del terreno emp&iacute;rico al emocional. No se discute si los algoritmos generan adicci&oacute;n, polarizaci&oacute;n o procesos de radicalizaci&oacute;n temprana; se invoca una amenaza abstracta a la libertad. Es un encuadre eficaz porque apela al miedo y evita cualquier contraste con la evidencia disponible.
    </p><p class="article-text">
        El segundo marco es el de la victimizaci&oacute;n. Vox se presenta como el principal damnificado de una regulaci&oacute;n que, supuestamente, busca silenciar voces &ldquo;disidentes&rdquo;. Sin embargo, el actual ecosistema digital ha beneficiado de manera clara a la extrema derecha. Su discurso emocional, simplificador y confrontativo se adapta mejor que ning&uacute;n otro a l&oacute;gicas algor&iacute;tmicas basadas en la atenci&oacute;n y la viralidad. Regular los algoritmos implica, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, reducir una ventaja competitiva construida durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En este punto entra en escena Elon Musk. Desde que adquiri&oacute; Twitter &mdash;rebautizado como X&mdash;, ha convertido la plataforma en un laboratorio donde la ret&oacute;rica de la &ldquo;libertad de expresi&oacute;n&rdquo; convive con decisiones empresariales que debilitan la moderaci&oacute;n de contenidos y favorecen din&aacute;micas extremistas. Su oposici&oacute;n frontal a cualquier regulaci&oacute;n no es solo ideol&oacute;gica: afecta al n&uacute;cleo del modelo de negocio de las grandes plataformas, basado en maximizar el tiempo de exposici&oacute;n incluso a costa de la salud democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Existe, adem&aacute;s, un componente generacional central. La extrema derecha ha logrado penetrar con fuerza entre los j&oacute;venes a trav&eacute;s de redes sociales pr&aacute;cticamente sin control, que funcionan como espacios de socializaci&oacute;n pol&iacute;tica temprana donde se diluyen las fronteras entre informaci&oacute;n, entretenimiento y propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Regular no es censurar. Es gobernar un espacio que ya condiciona la democracia. Y la pregunta que la extrema derecha evita responder sigue siendo sencilla: &iquest;a qui&eacute;n beneficia que nada cambie?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-miedo-perder-algoritmo_129_12963254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 21:48:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La extrema derecha, ante el miedo a perder el algoritmo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elon Musk,Pedro Sánchez,Redes sociales,Menores,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bulos y antipolítica: el encuadre del desastre para Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bulos-antipolitica-encuadre-desastre-vox_129_12921978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f23d8921-f325-428b-a134-90395a6e9304_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bulos y antipolítica: el encuadre del desastre para Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La tragedia ferroviaria en Andalucía merece tiempo, rigor y respeto. Convertirla en un instrumento de agitación política no solo daña a quienes han sufrido directamente sus consecuencias, sino que contribuye a normalizar un clima de antipolítica y desafección democrática que se alimenta del miedo y la indignación</p><p class="subtitle">No, España no ha “regalado” cientos de millones a Uzbekistán y Marruecos para mejorar sus trenes</p></div><p class="article-text">
        Las tragedias colectivas abren siempre un tiempo suspendido. En las horas posteriores a un accidente como el ocurrido recientemente en Andaluc&iacute;a, el dolor, la confusi&oacute;n y la necesidad urgente de respuestas conviven con un vac&iacute;o informativo inevitable. Cuando todav&iacute;a no se conocen las causas y las investigaciones t&eacute;cnicas apenas han comenzado, la prudencia deber&iacute;a marcar el debate p&uacute;blico. Sin embargo, ese espacio de incertidumbre se ha convertido, cada vez m&aacute;s, no solo en Espa&ntilde;a sino en buena parte del mundo, en un terreno f&eacute;rtil para la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y la explotaci&oacute;n deliberada del malestar.
    </p><p class="article-text">
        Lo sucedido tras el accidente ferroviario andaluz no es una anomal&iacute;a ni un exceso puntual. Forma parte de una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica cotidiana que se intensifica en contextos de crisis y conmoci&oacute;n social. Vox la despliega de manera recurrente, como ya ocurri&oacute; durante la Dana o en episodios como Torrepacheco, pero esta l&oacute;gica conecta con una tendencia m&aacute;s amplia del nuevo ciclo pol&iacute;tico global, en el que la extrema derecha convierte cada situaci&oacute;n de incertidumbre en una oportunidad para reforzar su relato de colapso y decadencia institucional.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; donde faltan datos y sobran emociones, emerge un relato inmediato que identifica culpables pol&iacute;ticos antes incluso de que existan elementos contrastados. El Gobierno de Pedro S&aacute;nchez, el &ldquo;Estado central&rdquo; o una supuesta negligencia estructural aparecen como responsables evidentes de una tragedia cuya complejidad t&eacute;cnica se borra deliberadamente. La gesti&oacute;n concreta deja de importar: lo relevante es que el accidente encaje en una narrativa previa que presenta a las instituciones como incapaces, ajenas o directamente hostiles a la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista del an&aacute;lisis pol&iacute;tico, este mecanismo encaja con lo que la literatura denomina <em>framing de crisis</em>: la capacidad de determinados actores para imponer un marco interpretativo cerrado en momentos de alta carga emocional. No se trata tanto de explicar qu&eacute; ha ocurrido como de decidir c&oacute;mo debe entenderse lo ocurrido. Frente a la incertidumbre, se ofrece un relato simple, moralizado y f&aacute;cilmente compartible, en el que la tragedia deja de ser un hecho a esclarecer y pasa a funcionar como una prueba m&aacute;s de un supuesto colapso general del sistema.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la desinformaci&oacute;n act&uacute;a como catalizador. En las horas posteriores al accidente circularon mensajes que vinculaban directamente el siniestro con una supuesta decisi&oacute;n del Gobierno de &ldquo;enviar dinero a Marruecos para sus trenes&rdquo; mientras se abandonaba la red ferroviaria espa&ntilde;ola. Se trata de una afirmaci&oacute;n falsa, repetida y amplificada por dirigentes y redes afines, que mezcla hechos inconexos para construir un agravio emocionalmente eficaz. No es un error aislado, sino una estrategia conocida: introducir elementos de pol&iacute;tica exterior y confrontaci&oacute;n identitaria para reforzar la sensaci&oacute;n de traici&oacute;n y abandono.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de bulos se suma a interpretaciones interesadas de partidas presupuestarias o a insinuaciones de negligencia deliberada sin respaldo t&eacute;cnico alguno. Lejos de ser episodios espont&aacute;neos, forman parte de un ecosistema de desinformaci&oacute;n que se activa de forma casi autom&aacute;tica en situaciones de crisis y que combina mensajes lanzados desde tribunas pol&iacute;ticas con su amplificaci&oacute;n coordinada en redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de esta din&aacute;mica son profundas. En el corto plazo, el impacto es especialmente doloroso para las v&iacute;ctimas y sus familias. El uso pol&iacute;tico de la tragedia contribuye a aumentar el miedo, el enfado y la sensaci&oacute;n de abandono, desviando la atenci&oacute;n del acompa&ntilde;amiento, la reparaci&oacute;n y la b&uacute;squeda serena de responsabilidades. El sufrimiento se convierte en munici&oacute;n y el duelo en un espacio contaminado por la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A medio plazo, el efecto es m&aacute;s estructural. La reiteraci&oacute;n de estos <em>frames</em> de crisis va sedimentando una visi&oacute;n abiertamente antipol&iacute;tica que erosiona la confianza en las instituciones democr&aacute;ticas. No se cuestiona solo la gesti&oacute;n concreta de un gobierno, sino la legitimidad misma del Estado como garante de seguridad y bienestar. La pol&iacute;tica deja de percibirse como un espacio de soluci&oacute;n de problemas y pasa a ser presentada como parte del problema, un rasgo compartido por las nuevas derechas radicales en distintos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        La demoscopia ayuda a entender por qu&eacute; esta estrategia encuentra un terreno f&eacute;rtil. Los datos del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas muestran de forma consistente que el electorado de Vox es el que expresa mayores niveles de desconfianza hacia el sistema pol&iacute;tico. En los &uacute;ltimos bar&oacute;metros, m&aacute;s del 70% de sus votantes considera que los pol&iacute;ticos son el principal problema del pa&iacute;s, una proporci&oacute;n muy superior a la del resto de electorados. Tambi&eacute;n es entre estos votantes donde se observa una percepci&oacute;n especialmente negativa del papel de las instituciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Esta correlaci&oacute;n no implica que cada campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n genere autom&aacute;ticamente nuevos apoyos, pero s&iacute; revela una afinidad estructural entre este tipo de discursos y un determinado perfil pol&iacute;tico. La estrategia no busca tanto convencer mediante propuestas como alimentar un clima de desafecci&oacute;n permanente, en el que cada crisis confirma una narrativa previa de decadencia y colapso.
    </p><p class="article-text">
        Conviene subrayar que la cr&iacute;tica institucional es leg&iacute;tima y necesaria en cualquier democracia. Exigir responsabilidades, transparencia y mejoras en la gesti&oacute;n p&uacute;blica forma parte del debate democr&aacute;tico. El problema surge cuando esa cr&iacute;tica se adelanta a los hechos, se apoya en informaci&oacute;n falsa o enga&ntilde;osa y persigue deliberadamente debilitar la confianza colectiva en lugar de fortalecerla.
    </p><p class="article-text">
        La tragedia ferroviaria en Andaluc&iacute;a merece tiempo, rigor y respeto. Convertirla en un instrumento de agitaci&oacute;n pol&iacute;tica no solo da&ntilde;a a quienes han sufrido directamente sus consecuencias, sino que contribuye a normalizar un clima de antipol&iacute;tica y desafecci&oacute;n democr&aacute;tica que se alimenta del miedo y la indignaci&oacute;n. Identificar este encuadre del desastre &mdash;y asumir que no es un fen&oacute;meno aislado, sino parte de una estrategia recurrente&mdash; es una condici&oacute;n necesaria para proteger el espacio p&uacute;blico y preservar la calidad del debate democr&aacute;tico en un contexto cada vez m&aacute;s marcado por la desinformaci&oacute;n y la polarizaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bulos-antipolitica-encuadre-desastre-vox_129_12921978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2026 21:58:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bulos y antipolítica: el encuadre del desastre para Vox]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vox,Accidente trenes Adamuz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La derecha se reorganiza: el voto útil es Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecha-reorganiza-voto-util-vox_129_12865474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95a4a4d6-41d9-468b-b694-5594156b2630_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La derecha se reorganiza: el voto útil es Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Extremadura constituye un termómetro avanzado de la derechización del clima político: la normalización de Vox avanza y el viejo discurso del miedo ha dejado de ser suficiente para contenerla</p><p class="subtitle">Mapa - Los resultados de las elecciones en Extremadura 2025, municipio a municipio
</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola vuelve a encontrar en el territorio auton&oacute;mico el espacio donde se anticipan los cambios de fondo. Las elecciones celebradas en Extremadura no son solo una cita regional m&aacute;s, sino un term&oacute;metro avanzado de la derechizaci&oacute;n del clima pol&iacute;tico y del agotamiento de algunos marcos discursivos que hab&iacute;an sido eficaces hasta hace poco. Entre ellos, el recurso al miedo a Vox como elemento central de movilizaci&oacute;n del electorado progresista y, en parte, tambi&eacute;n del votante moderado del Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del &uacute;ltimo estudio preelectoral del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas permiten sostener este diagn&oacute;stico con bastante claridad. La media de autoposicionamiento ideol&oacute;gico de los extreme&ntilde;os en la escala 0-10 se sit&uacute;a ya en 5,37<strong>,</strong> casi dos d&eacute;cimas por encima del centro y, lo que es m&aacute;s relevante, casi dos puntos m&aacute;s<strong> </strong>que en el estudio preelectoral de 2023, donde se registraba en torno al 5,07. Este desplazamiento no es neutro ni homog&eacute;neo: la subida se concentra de forma muy clara en el electorado de derechas y, especialmente, en los votantes del PP y de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Entre quienes declaran votar al PP, la media ideol&oacute;gica pasa del 7,49 al 7,55, mientras que entre los votantes de Vox asciende del 7,55 al 7,62. No son variaciones espectaculares en t&eacute;rminos absolutos, pero s&iacute; muy significativas cuando se observan como tendencia: indican una consolidaci&oacute;n y radicalizaci&oacute;n suave pero constante de las posiciones ideol&oacute;gicas en el espacio de la derecha. No se trata solo de que Vox crezca electoralmente, sino de que el conjunto del bloque conservador se desplaza hacia coordenadas m&aacute;s duras.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados de ayer confirman esta lectura. Vox obtuvo en torno al 17% de los votos y 11 esca&ntilde;os, pr&aacute;cticamente duplicando su representaci&oacute;n respecto a 2023 y convirti&eacute;ndose, de nuevo, en actor imprescindible para la formaci&oacute;n de gobierno. El PP gan&oacute; las elecciones, pero qued&oacute; lejos de la mayor&iacute;a absoluta y depende de Vox para gobernar. El PSOE, en cambio, sufri&oacute; una ca&iacute;da notable, incapaz de frenar una din&aacute;mica que las encuestas ya ven&iacute;an anunciando. El voto a Vox no solo no se castig&oacute; tras su salida de los gobiernos auton&oacute;micos en julio de 2024, sino que se vio reforzado.
    </p><p class="article-text">
        Este punto es clave para entender el agotamiento del discurso del miedo. Estas son las primeras elecciones auton&oacute;micas celebradas despu&eacute;s de la ruptura de Vox con los ejecutivos regionales, una decisi&oacute;n que fue presentada por la izquierda como la prueba definitiva de la inestabilidad y el radicalismo del partido. Sin embargo, lejos de provocar rechazo, esa estrategia parece haber reforzado su perfil ante una parte del electorado conservador, que percibe a Vox como una fuerza coherente, capaz de imponer condiciones y marcar l&iacute;mites a sus socios.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma un segundo fen&oacute;meno decisivo: la normalizaci&oacute;n de Vox como opci&oacute;n pol&iacute;tica leg&iacute;tima y deseable dentro del espacio de la derecha. Los datos del CIS son muy elocuentes en este sentido. En 2023, solo el 15% de los votantes del PP se&ntilde;alaban a Vox como su segunda opci&oacute;n preferida. En 2025, esa cifra se duplica hasta el 32%. Es decir, uno de cada tres votantes populares ve ya a Vox como la alternativa natural a su propio partido. En el caso inverso, entre los votantes de Vox tambi&eacute;n crece la aceptaci&oacute;n del PP como segunda opci&oacute;n, aunque de forma m&aacute;s moderada: se pasa del 25% al 31%. La asimetr&iacute;a es clara: la normalizaci&oacute;n de Vox avanza m&aacute;s r&aacute;pido entre los votantes del PP que la del PP entre los de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Este dato explica por qu&eacute; el voto &uacute;til ha cambiado de significado. Ya no se trata &uacute;nicamente de concentrar apoyos en el partido mayoritario de la derecha para evitar que gobierne la izquierda, sino de reforzar al conjunto del bloque, incluso cuando eso implica dar m&aacute;s peso a la extrema derecha. En este contexto, el mensaje socialista de alerta frente a Vox pierde capacidad movilizadora. Cuando una parte significativa del electorado conservador no solo no teme a Vox, sino que lo considera un socio leg&iacute;timo y preferente, el miedo deja de funcionar como incentivo electoral.
    </p><p class="article-text">
        Extremadura muestra as&iacute; una din&aacute;mica que trasciende lo regional. El poder territorial vuelve a marcar el ritmo del cambio pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a y lo hace planteando una pregunta de fondo: qu&eacute; modelo de relaci&oacute;n entre PP y Vox se consolidar&aacute; tras los nuevos pactos auton&oacute;micos. Si Espa&ntilde;a se encamina hacia un pragmatismo conservador de corte iliberal, similar al que encarna Meloni en Italia, o si opta por una f&oacute;rmula m&aacute;s radical, como la que practica Orb&aacute;n en Hungr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones extreme&ntilde;as no ofrecen a&uacute;n una respuesta definitiva, pero s&iacute; una se&ntilde;al inequ&iacute;voca: la derechizaci&oacute;n es real, la normalizaci&oacute;n de Vox avanza y el viejo discurso del miedo ha dejado de ser suficiente para contenerla. La cuesti&oacute;n ya no es si este cambio existe, sino qu&eacute; coalici&oacute;n de gobierno acabar&aacute; adoptando y con qu&eacute; consecuencias para la democracia espa&ntilde;ola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecha-reorganiza-voto-util-vox_129_12865474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 20:53:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La derecha se reorganiza: el voto útil es Vox]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Constitución no cabe en la España de Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-no-espana-vox_129_12823651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f48e2a6-bfbe-4531-aef0-93ff46c24812_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Constitución no cabe en la España de Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este mecanismo de apropiación constitucional ya se ha visto en Hungría, Polonia e incluso en la Italia actual. La extrema derecha reivindica la ley para vaciarla por dentro; invoca la nación para enfrentar a su propio pueblo</p></div><p class="article-text">
        Cada 6 de diciembre, Vox se envuelve en la Constituci&oacute;n como si solo ellos fueran sus leg&iacute;timos herederos. Pero la Constituci&oacute;n que reivindican no es la del 78: es un texto amputado, convertido en un muro m&aacute;s que en un pacto, en una trinchera identitaria antes que en un marco de convivencia plural. En su relato, Espa&ntilde;a es una esencia homog&eacute;nea que debe ser defendida de enemigos internos, externos, imaginarios o reales. Pero basta observar sus propuestas, sus votaciones y su manera de entender la democracia para comprender que el pa&iacute;s que dicen proteger no cabe en la Constituci&oacute;n, sino en un pasado mitificado del que la sociedad espa&ntilde;ola decidi&oacute; salir hace casi medio siglo.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza de la extrema derecha espa&ntilde;ola de Abascal reside precisamente en esta apropiaci&oacute;n simb&oacute;lica. Su constitucionalismo selectivo cita unos art&iacute;culos y silencia otros: abrazan los que justifican su modelo centralista y excluyente del Estado, pero evitan los que consagran la diversidad territorial, la igualdad real entre hombres y mujeres, los derechos sociales, el pluralismo pol&iacute;tico o el car&aacute;cter social del Estado. La Constituci&oacute;n que celebran ser&iacute;a irreconocible para quienes la negociaron, discutieron y votaron en 1978, y tambi&eacute;n para una ciudadan&iacute;a que ha ampliado derechos y libertades durante d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta base, el partido de Abascal se presenta como guardi&aacute;n del orden constitucional mientras cuestiona pilares esenciales como el reparto territorial del poder, la neutralidad institucional, la independencia judicial o la propia legitimidad de los gobiernos que no controla. Su patriotismo se articula por exclusi&oacute;n: hay espa&ntilde;oles aut&eacute;nticos &mdash;los suyos&mdash; y otros sospechosos, tibios, anti-patrias o &ldquo;enemigos internos&rdquo;. Y esa divisi&oacute;n no es una anomal&iacute;a, sino una pieza estructural del discurso de las extremas derechas europeas. Lo vimos con Le Pen en Francia, Meloni en Italia o la AfD en Alemania: un patriotismo identitario que exige homogeneidad cultural, pol&iacute;tica y moral.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la extrema derecha asienta este marco sobre la idea de una naci&oacute;n &uacute;nica e inquebrantable. La existencia de proyectos soberanistas &mdash;sean independentistas o simplemente autonomistas&mdash; se presenta como amenaza existencial. No es casual que reduzcan cualquier diferencia territorial a un acto de deslealtad. Su proyecto constitucional no admite la plurinacionalidad, pero tampoco la diversidad cultural o ling&uuml;&iacute;stica. La Espa&ntilde;a de Vox es un pa&iacute;s uniforme donde la pluralidad no se protege: se combate.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas ayudan a comprender la profundidad de este marco emocional. En el bar&oacute;metro de octubre, el&nbsp;61% de los votantes de Vox afirma que el sistema democr&aacute;tico actual es peor o mucho peor que la dictadura franquista. Esta cifra, escandalosa en una democracia consolidada, no es una an&eacute;cdota ni un desliz: es el s&iacute;ntoma de un relato pol&iacute;tico que necesita degradar la confianza en las instituciones para sostenerse. Un proyecto que se reivindica constitucional mientras parte de sus bases considera que la democracia espa&ntilde;ola es inferior a una dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Esta deriva no es nueva. Vox ha cuestionado resultados electorales, ha acusado a funcionarios de parcialidad, ha denunciado conspiraciones imaginarias y ha alimentado la idea de que Espa&ntilde;a vive en un estado de emergencia permanente. La estrategia es clara: erosionar la confianza en las reglas del juego mientras se exige su cumplimiento solo para los adversarios. Su constitucionalismo es declarativo, pero su pr&aacute;ctica pol&iacute;tica es profundamente iliberal.
    </p><p class="article-text">
        Su interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 14, por ejemplo, reduce la igualdad a una neutralidad abstracta que ignora desigualdades reales. Rechazan las leyes de igualdad y las pol&iacute;ticas contra la violencia machista porque no encajan en su visi&oacute;n de un pa&iacute;s sin discriminaci&oacute;n estructural. Igualdad formal sin igualdad material. Una lectura que, lejos de ampliar derechos, consolida privilegios. Algo parecido ocurre con la inmigraci&oacute;n: reclaman aplicar la ley con firmeza mientras difunden bulos, exageraciones y estigmatizaciones que vulneran derechos fundamentales y alimentan la fractura social.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo de apropiaci&oacute;n constitucional ya se ha visto en Hungr&iacute;a, Polonia e incluso en la Italia actual. La extrema derecha reivindica la ley para vaciarla por dentro; invoca la naci&oacute;n para enfrentar a su propio pueblo; convierte s&iacute;mbolos compartidos en herramientas de exclusi&oacute;n. En Espa&ntilde;a, la Constituci&oacute;n se convierte en fetiche mientras se vac&iacute;a su esp&iacute;ritu: el pluralismo, la descentralizaci&oacute;n, la igualdad, los derechos sociales y las libertades civiles.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay un elemento diferencial en nuestro pa&iacute;s: la propia historia democr&aacute;tica reciente. La Constituci&oacute;n fue un pacto entre diferentes, un ejercicio de reconocimiento mutuo en un pa&iacute;s que ven&iacute;a de una guerra y una dictadura. Ese pacto permiti&oacute; construir un Estado descentralizado, ampliar derechos, modernizar la econom&iacute;a, fortalecer la sociedad civil y consolidar instituciones. La Espa&ntilde;a del siglo XXI &mdash;diversa, urbana, mestiza, feminista, europe&iacute;sta&mdash; es hija de ese pacto. Y esa Espa&ntilde;a es, para Vox, el verdadero problema: desmiente su relato de decadencia, ruptura y amenaza. Para sostenerse, necesitan un pa&iacute;s al borde del colapso.
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que las extremas derechas europeas avanzan &mdash;mantienen uno de cada tres gobiernos en la Uni&oacute;n Europea&mdash;, conviene recordar que la Constituci&oacute;n no es solo un texto: es un horizonte que se actualiza en el conflicto democr&aacute;tico. Y que su defensa exige asumir sus contradicciones, no esconderlas.
    </p><p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n no cabe en el pa&iacute;s que propone Vox porque su proyecto pol&iacute;tico necesita una Espa&ntilde;a m&aacute;s peque&ntilde;a, m&aacute;s uniforme y m&aacute;s miedosa. Pero la Espa&ntilde;a real &mdash;plural, abierta e imperfecta&mdash; sigue siendo m&aacute;s fuerte que ese relato.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-no-espana-vox_129_12823651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 21:04:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Constitución no cabe en la España de Vox]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Constitución,Vox,Santiago Abascal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Medio siglo sin Franco: la libertad amenazada por la banalización del pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/medio-siglo-franco-libertad-amenazada-banalizacion-pasado_129_12770983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c513efa-793f-4722-af97-b5144f46f6a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Medio siglo sin Franco: la libertad amenazada por la banalización del pasado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La banalización del franquismo se ha sofisticado. Ya no se expresa en panfletos y tertulias; circula en vídeos de treinta segundos, memes y clips compartidos miles de veces</p></div><p class="article-text">
        Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Franco, Espa&ntilde;a celebra medio siglo de libertad, pero la sombra del franquismo sigue dejando huella en la democracia espa&ntilde;ola. No se manifiesta ya en los despachos y en los uniformes; hoy se filtra de manera m&aacute;s sutil, en las redes sociales, en los discursos <em>rebeldes</em> y en los rincones digitales donde la historia se reescribe con iron&iacute;a y desprecio.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que el franquismo muri&oacute; con el dictador. Pero muchas de sus inercias &ndash;su concepci&oacute;n de la autoridad, del orden y de la naci&oacute;n&ndash; han sobrevivido bajo otras formas. El llamado &ldquo;franquismo sociol&oacute;gico&rdquo; no es nostalgia: es un modo de pensar que nunca fue desmontado del todo y que se ha adaptado a los tiempos. Hoy encuentra su veh&iacute;culo en la ultraderecha digital y en ciertos sectores de la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Formaciones como Vox no son copias exactas del franquismo, sino sus herederos culturales, capaces de transformar un autoritarismo hist&oacute;rico en est&eacute;tica antisistema. Palabras que antes eran insultos, como &ldquo;facha&rdquo;, se resignifican como emblemas de rebeld&iacute;a frente a la democracia, sobre todo entre j&oacute;venes que no vivieron la dictadura y cuya educaci&oacute;n c&iacute;vica ha sido insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del CIS de octubre son reveladores: un 19% de los j&oacute;venes considera que el franquismo fue &ldquo;bueno&rdquo;, y el porcentaje sube al 21,3% en la poblaci&oacute;n general. Sin embargo, el 65,5% valora los a&ntilde;os de la dictadura como &ldquo;malos o muy malos&rdquo;. Son cifras que deber&iacute;an sacudir a una sociedad que presume de haber cerrado su pasado: la memoria hist&oacute;rica no puede depender solo de actos institucionales ni de conmemoraciones, sino de pedagog&iacute;a activa y de un relato que se renueve constantemente.
    </p><p class="article-text">
        La banalizaci&oacute;n del franquismo se ha sofisticado. Ya no se expresa en panfletos y tertulias; circula en v&iacute;deos de treinta segundos, memes y clips compartidos miles de veces. La dictadura se trivializa y se transforma en un pasado de &ldquo;orden y prosperidad&rdquo; frente al caos contempor&aacute;neo. La extrema derecha ha comprendido que la batalla por la memoria ya no se gana con discursos solemnes, sino con <em>likes</em> y compartidos: es la guerra de la historia convertida en algoritmo.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esta estrategia hay un trabajo cuidadoso sobre emociones y narrativas. Palabras como &ldquo;seguridad&rdquo;, &ldquo;unidad&rdquo; o &ldquo;patria&rdquo; activan sentimientos que estructuran un pensamiento autoritario incluso en quienes nunca vivieron la dictadura. La democracia, confiada en su legitimidad hist&oacute;rica, se encuentra desarmada en el terreno del relato. As&iacute; surge la &ldquo;Generaci&oacute;n neoautoritaria 2.0&rdquo;: varones menores de 24 a&ntilde;os que perciben a Franco no como dictador asesino, sino como v&iacute;ctima de un sistema del que desconf&iacute;an. La reivindicaci&oacute;n de ese pasado se transforma en una expresi&oacute;n de rechazo posmoderna, ir&oacute;nica y viral.
    </p><p class="article-text">
        Este m&eacute;todo se refleja de manera inquietante en el contexto internacional. En Polonia, la ley mordaza de 2018 persigui&oacute; a historiadores que cuestionaban la versi&oacute;n oficial sobre el exterminio jud&iacute;o, atribuyendo a los nazis la totalidad de la culpa y exonerando a los polacos. En Hungr&iacute;a, Orb&aacute;n ha reivindicado la memoria del almirante Mikl&oacute;s Horthy, presentando a los h&uacute;ngaros como v&iacute;ctimas y h&eacute;roes, mientras los alemanes son se&ntilde;alados como &uacute;nicos culpables del Holocausto.
    </p><p class="article-text">
        Italia ofrece otro ejemplo reciente de pragmatismo neofascista: la propuesta de Meloni de cambiar la fecha del D&iacute;a Nacional para sustituir la celebraci&oacute;n de la victoria antifascista por un s&iacute;mbolo de unidad, y los comentarios de su ministra Eugenia Maria Roccella cuestionando visitas escolares a Auschwitz. Estos casos muestran que la reinterpretaci&oacute;n y la banalizaci&oacute;n de pasados autoritarios no son un problema exclusivo de Espa&ntilde;a: es un patr&oacute;n internacional de las extremas derechas contempor&aacute;neas, que buscan suavizar culpabilidades y resignificar dictadores como h&eacute;roes o v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, esa t&aacute;ctica encuentra terreno f&eacute;rtil en la combinaci&oacute;n entre franquismo sociol&oacute;gico, cultura digital y ausencia de pedagog&iacute;a activa en medios y redes. La banalizaci&oacute;n del franquismo no es solo cosa de nost&aacute;lgicos: es un problema estructural, un riesgo para generaciones que aprenden la historia a trav&eacute;s de formatos virales y no del an&aacute;lisis riguroso. La extrema derecha ha aprendido a vestir el autoritarismo con iron&iacute;a, rebeld&iacute;a y posverdad, transformando su discurso para calar entre adolescentes desconfiados del sistema. El peligro no est&aacute; en la nostalgia de unos pocos, sino en que la democracia se perciba como un lujo prescindible, una formalidad hist&oacute;rica sin relevancia inmediata.
    </p><p class="article-text">
        Franco fue un dictador que reprimi&oacute;, asesin&oacute; y someti&oacute; a generaciones enteras bajo un r&eacute;gimen de miedo y obediencia. Su legado, sin embargo, no se limita a su &eacute;poca; pervive en mentalidades autoritarias que buscan legitimarse con humor, memes y posverdad. La batalla hist&oacute;rica se ha convertido en una lucha por la narrativa y las emociones: explicar los hechos ya no basta si no se compite en el terreno afectivo donde se forman las nuevas generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s de su muerte, Espa&ntilde;a celebra la libertad, pero debe asumir que la democracia no es un estado garantizado, sino un compromiso diario. El franquismo no ha regresado formalmente, pero su sombra cultural sigue activa, igual que el revisionismo autoritario en Polonia, Hungr&iacute;a o Italia.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta esencial es si seremos capaces de hacer que la democracia resulte tan atractiva, comprensible y cercana como los contenidos que hoy difunden los herederos del franquismo, o si permitiremos que medio siglo de libertades se reduzca a una an&eacute;cdota mal entendida por quienes deber&iacute;an defenderla. La respuesta marcar&aacute; no solo c&oacute;mo recordamos el pasado, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo vivimos el presente y construimos el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/medio-siglo-franco-libertad-amenazada-banalizacion-pasado_129_12770983.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 21:25:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Medio siglo sin Franco: la libertad amenazada por la banalización del pasado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Dictadura,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El riesgo institucional de judicializar la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/riesgo-institucional-judicializar-politica_129_12675883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d82044a0-a81f-4cfb-8eda-6a3c58b3124d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1014y589.jpg" width="1200" height="675" alt="El riesgo institucional de judicializar la política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la justicia se convierte en campo de batalla, los efectos trascienden lo jurídico y reescriben las reglas del juego democrático. En lugar de fortalecer el Estado de derecho, el riesgo es que se debilite. España no es inmune a este riesgo</p><p class="subtitle">La amenaza judicial</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando la justicia se politiza, la pol&iacute;tica se judicializa&rdquo;, advierte la polit&oacute;loga Nancy Bermeo<strong> </strong>al analizar las tensiones en democracias en proceso de polarizaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a estamos viendo ese diagn&oacute;stico hecho realidad: el tribunal se convierte en escenario y altavoz de la contienda pol&iacute;tica, y lo que podr&iacute;a ser un procedimiento t&eacute;cnico adquiere un peso descomunal en el tablero democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El impacto es inmediato para el Gobierno, que sufre una p&eacute;rdida de control de la agenda y se ve obligado a responder a golpe de titular. La Moncloa se enfrenta a un dilema comunicativo complejo: debe mostrar confianza en la independencia de los jueces y al mismo tiempo evitar que cale en la opini&oacute;n p&uacute;blica la sensaci&oacute;n de impunidad en torno a la pareja del presidente. Cualquier error de c&aacute;lculo &mdash;ya sea un exceso de prudencia o una reacci&oacute;n defensiva&mdash; puede agravar el desgaste. El Ejecutivo camina por una cuerda floja en la que lo que est&aacute; en juego no es solo su reputaci&oacute;n, sino su capacidad de mantener la iniciativa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para la oposici&oacute;n, en cambio, este escenario representa una oportunidad estrat&eacute;gica. El Partido Popular y Vox han encontrado un eje de movilizaci&oacute;n que les permite insistir en el relato de &ldquo;gobierno acorralado&rdquo;, exigir responsabilidades pol&iacute;ticas y reforzar su demanda de dimisi&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez. De este modo, un proceso judicial deja de ser un asunto circunscrito a los tribunales y se convierte en combustible para la campa&ntilde;a electoral. Esta din&aacute;mica beneficia a quienes buscan convertir la pol&iacute;tica en un juego de suma cero, donde la erosi&oacute;n del adversario es m&aacute;s valiosa que la construcci&oacute;n de consensos o la presentaci&oacute;n de propuestas de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el fen&oacute;meno trasciende las fronteras espa&ntilde;olas. Italia vivi&oacute; un terremoto pol&iacute;tico con el &ldquo;<em>Mani Pulite</em>&rdquo; de los noventa: la operaci&oacute;n de limpieza judicial acab&oacute; con los partidos de la Primera Rep&uacute;blica, pero tambi&eacute;n abri&oacute; la puerta al ascenso de Silvio Berlusconi, un <em>outsider</em> que supo capitalizar el descr&eacute;dito de la clase pol&iacute;tica. En Brasil, la operaci&oacute;n &ldquo;<em>Lava Jato</em>&rdquo; puso fin a la presidencia de Dilma Rousseff e inhabilit&oacute; a Lula da Silva, alterando el tablero pol&iacute;tico y allanando el camino para Jair Bolsonaro. A&ntilde;os despu&eacute;s, varias de esas condenas fueron anuladas por sesgos procesales, lo que aliment&oacute; la narrativa de persecuci&oacute;n judicial y reforz&oacute; la polarizaci&oacute;n. Incluso en Estados Unidos, los m&uacute;ltiples procesos contra Donald Trump han sido utilizados por &eacute;l mismo como prueba de su tesis de que &ldquo;el sistema est&aacute; contra nosotros&rdquo;, lo que moviliza a sus bases y le mantiene en el centro de la agenda medi&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Estos casos muestran que cuando la justicia se convierte en campo de batalla, los efectos trascienden lo jur&iacute;dico y reescriben las reglas del juego democr&aacute;tico. En lugar de fortalecer el Estado de Derecho, el riesgo es que se debilite, ya que la percepci&oacute;n de imparcialidad judicial se erosiona y las decisiones de los tribunales se leen en clave partidista.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es inmune a este riesgo. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS sobre calidad democr&aacute;tica, publicado el 8 de mayo, nueve de cada diez ciudadanos creen que la justicia no es igual para todos y un 78% considera que no act&uacute;a con imparcialidad cuando se trata de casos que afectan a partidos pol&iacute;ticos. Estos datos son preocupantes porque reflejan una percepci&oacute;n extendida de desigualdad ante la ley, un elemento central en la legitimidad de cualquier democracia liberal. Cuando esa percepci&oacute;n se consolida, el terreno queda abonado para discursos antipol&iacute;ticos que no buscan mejorar las instituciones, sino deslegitimarlas.
    </p><p class="article-text">
        La antipol&iacute;tica, en este contexto, se convierte en un recurso electoral poderoso. Presentar al sistema como irreformable y a todas las &eacute;lites como corruptas genera frustraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n moviliza a sectores del electorado que buscan soluciones de choque. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la extrema derecha ha sabido capitalizar ese descontento con un discurso que simplifica los problemas y se&ntilde;ala enemigos claros &mdash;pol&iacute;ticos, jueces, medios&mdash; ofreciendo la promesa de &ldquo;limpiar&rdquo; el sistema. Ese relato conecta con emociones m&aacute;s que con programas, y convierte el malestar en apoyo electoral estable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el debate p&uacute;blico se centra exclusivamente en imputaciones, declaraciones y dimisiones, la discusi&oacute;n sobre pol&iacute;ticas p&uacute;blicas quedar&aacute; relegada a un segundo plano. Y en un contexto de desafecci&oacute;n creciente, el riesgo es que se consolide la idea de que &ldquo;todos son iguales&rdquo;, debilitando a&uacute;n m&aacute;s el v&iacute;nculo entre ciudadan&iacute;a y democracia.
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o es may&uacute;sculo: evitar que la justicia quede atrapada en la l&oacute;gica partidista. De la respuesta que demos ahora depender&aacute; buena parte de la salud democr&aacute;tica en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/riesgo-institucional-judicializar-politica_129_12675883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Oct 2025 20:38:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Justicia,Política,PP - Partido Popular,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[9 d’octubre: la disputa política per l'ànima valenciana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/9-d-octubre-disputa-politica-per-l-anima-valenciana_1_12664507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20b1ee85-e0ab-43fb-a741-0d14e64b979d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="9 d’octubre: la disputa política per l&#039;ànima valenciana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La festivitat que commemora l’entrada de Jaume I a València no és només una efemèride històrica: ha esvevingut una data de balanç i d’interrogació col·lectiva sobre el marc de drets, valors i símbols que defineixen el fet de ser valencià en el segle XXI</p><p class="subtitle">(Des)fer país, per Vicent Flor</p></div><p class="article-text">
        Aquest 9 d&rsquo;octubre arriba envoltat d&rsquo;una atmosfera de tensi&oacute; pol&iacute;tica que traspassa els murs de les Corts i es filtra en converses de carrer i tert&uacute;lies de caf&eacute;, en plena sintonia amb un context internacional altament polaritzat on la guerra cultural i la pol&iacute;tica de blocs s&rsquo;ha instal&middot;lat de manera estructural a tot arreu. La festivitat que commemora l&rsquo;entrada de Jaume I a Val&egrave;ncia no &eacute;s nom&eacute;s una<strong> </strong>efem&egrave;ride hist&ograve;rica: ha esvevingut una data de balan&ccedil; i d&rsquo;interrogaci&oacute; col&middot;lectiva sobre el marc de drets, valors i s&iacute;mbols que defineixen el fet de ser valenci&agrave; en el segle XXI. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Abans moros que catalans</strong></h2><p class="article-text">
        Aqueix era el provocador t&iacute;tol d&rsquo;una ficci&oacute; publicada el 1998 en qu&egrave; els autors especulaven liter&agrave;riament fins a quin punt s&rsquo;hauria complicat encara m&eacute;s el galimaties identitari valenci&agrave; si no s&rsquo;hagu&eacute;s expulsat els moriscos valencians aquell 1609. Darrere de la literatura, per&ograve;, s&rsquo;hi amagava un fet hist&ograve;ric cabdal: el proc&eacute;s d&rsquo;uniformitzaci&oacute; religiosa i pol&iacute;tica que la monarquia composta dels &Agrave;ustries pos&agrave; en pr&agrave;ctica des dels reis Cat&ograve;lics, amb l&rsquo;expulsi&oacute; dels jueus el 1492.
    </p><p class="article-text">
        El Pa&iacute;s Valenci&agrave; &eacute;s, m&eacute;s que un pa&iacute;s perplex &mdash;com afirmava el malaguanyat Josep-Vicent Marqu&eacute;s&mdash;, un pa&iacute;s identit&agrave;riament complex. Merc&egrave;s a aquella traum&agrave;tica expulsi&oacute;, la religi&oacute; no ha estat entre nosaltres un factor rellevant de divisi&oacute; identit&agrave;ria, com passava a l&rsquo;Irlanda cat&ograve;lica que s&rsquo;oposava a l&rsquo;Anglaterra protestant. Aix&iacute; que el nostre factor antonom&agrave;sticament identitari &eacute;s sobretot lingu&iuml;stic, acomboiat per una determinada interpretaci&oacute; de la hist&ograve;ria que dona suport a una o altra manera d&rsquo;entendre&rsquo;ns. 
    </p><p class="article-text">
        Parlar d&rsquo;identitat &eacute;s, des del naixement de la modernitat, parlar de pol&iacute;tica: darrere de tota bandera hi ha sempre una mitologia, una cosmovisi&oacute;, un relat compartit que enlla&ccedil;a el passat amb el present en direcci&oacute; al futur. Fou durant la Transici&oacute;, mort el dictador, quan aquella diversitat de lleialtats, latent sota la dictadura, esclat&agrave; socialment en una gran dicotomia: la que enfrontava aquells que vinculaven el seu idioma i la seua hist&ograve;ria amb Catalunya amb els que es negaven en red&oacute; i, o b&eacute; defensaven una identitat d&rsquo;estricta obedi&egrave;ncia valenciana &mdash;els m&eacute;s minoritaris&mdash; o b&eacute; entenien el seu regionalisme com una declinaci&oacute; de la seua identitat espanyola. Aqueixa diverg&egrave;ncia fundacional acab&agrave; arrenglerant-se amb altres components ideol&ograve;gics: <em>grosso modo</em>, l&rsquo;esquerra s&rsquo;aline&agrave; amb postures catalan&ograve;files i la dreta amb posicions regionalistes. Com que aix&ograve; de la identitat no &eacute;s una constant est&agrave;tica, sin&oacute; una variable que es negocia i disputa constantment, al llarg dels m&eacute;s de quaranta anys de democr&agrave;cia valenciana la correlaci&oacute; de forces directrius ha anat variant. El tomb es va produir el 2015, quan una formaci&oacute; pol&iacute;tica amb rerefons catalanista &mdash;Comprom&iacute;s&mdash; trenc&agrave; per primera vegada el seu sostre de vidre i acced&iacute; al govern juntament amb el PSPV-PSOE. A meitat dels noranta, per&ograve;, un altre govern de coalici&oacute; posava d&rsquo;acord els populars i els regionalistes d&rsquo;Uni&oacute; Valenciana.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un nou sentit com&uacute;</strong></h2><p class="article-text">
        Amb aquests precedents divisius, no &eacute;s d&rsquo;estranyar que el valenci&agrave; siga un terreny especialment propici per a l&rsquo;actual pol&iacute;tica de blocs, on els pols ideol&ograve;gics actuen com a compartiments perfectament estancs i defugen qualsevol conniv&egrave;ncia. El bloc de la dreta (PP i Vox) exhibeix cohesi&oacute; pragm&agrave;tica: difer&egrave;ncies ret&ograve;riques per&ograve; objectius compartits. El bloc de l&rsquo;esquerra, en canvi, mostra m&eacute;s fractures internes i dificultats per projectar un horitz&oacute; com&uacute;, com sol passar sempre que hom es troba a l&rsquo;oposici&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Les conseq&uuml;&egrave;ncies d&rsquo;aquesta polaritzaci&oacute; s&oacute;n clares i gens falagueres. D&rsquo;una banda, s&rsquo;erosionen els espais per a l&rsquo;acord transversal i cada reforma es converteix en una batalla cruenta i altament simb&ograve;lica. De l&rsquo;altra, s&rsquo;alimenta una constant guerra cultural que subordina la gesti&oacute; ordin&agrave;ria de la cosa p&uacute;blica a la disputa per l&rsquo;hegemonia social, aquella que, segons Gramsci, defineix all&ograve; que en un moment donat s&rsquo;ent&eacute;n per &laquo;sentit com&uacute;&raquo;. El perill &eacute;s que aquesta confrontaci&oacute; s&rsquo;incrusta en la textura de les institucions i acaba redefinint la idea mateixa de ciutadania i fins i tot de democr&agrave;cia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El president de la Generalitat, Carlos Mazón, i el portaveu de Vox en les Corts, José María Llanos, dialoguen, en una imatge de arxiu."
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                El president de la Generalitat, Carlos Mazón, i el portaveu de Vox en les Corts, José María Llanos, dialoguen, en una imatge de arxiu.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Un PP en mans de Vox</strong></h2><p class="article-text">
        Tot i governar en solitari, el Partit Popular valenci&agrave; no travessa un moment dol&ccedil;. El 29 d&rsquo;octubre de 2024 marc&agrave; a ferro roent la legislatura encetada un any abans. La gesti&oacute; d&rsquo;aquella cat&agrave;strofe per part de Carlos Maz&oacute;n ha actuat com a catalitzador d&rsquo;un descontentament generalitzat. Les enquestes s&oacute;n demolidores: m&eacute;s del 80% dels valencians rebutgen que continue al c&agrave;rrec, convertint-lo en el president auton&ograve;mic amb major desaprovaci&oacute; de tot l&rsquo;estat. Si s&rsquo;analitza amb els atributs cl&agrave;ssics de la ci&egrave;ncia pol&iacute;tica, Maz&oacute;n susp&eacute;n en els tres pilars essencials: manca d&rsquo;empatia en moments cr&iacute;tics, un discurs err&agrave;tic i incoherent i una febla autoritat interna a l&rsquo;hora de marcar rumb dins del propi partit. La sensaci&oacute; &eacute;s la d&rsquo;un president que governa un temps de descompte.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; la fragilitat de Maz&oacute;n &eacute;s, alhora, l&rsquo;oportunitat de Vox. El partit d&rsquo;Abascal ha esdevingut el soci fort que assenyala la traject&ograve;ria de govern a un Maz&oacute;n que no est&agrave; en condicions de marcar-la en solitari.&nbsp;Les enquestes els donen m&eacute;s de cinc punts per sobre de les &uacute;ltimes auton&ograve;miques. El seu creixement s&rsquo;alimenta pacientment de cada crisi interna del PP i del malestar creixent amb la figura del popular. La seua estrat&egrave;gia &eacute;s clara: oferir contund&egrave;ncia davant els titubejos de Maz&oacute;n i marcar agenda en temes simb&ograve;lics &mdash;llengua, educaci&oacute;, mem&ograve;ria&mdash; que connecten amb un segment altament mobilitzat de l&rsquo;electorat. En aquest terreny, el PP juga sempre a la defensiva, manotejant parlament&agrave;riament per construir un discurs que semble aut&ograve;nom i independent al que li marquen els d&rsquo;Abascal.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El tercer en disc&ograve;rdia: un espanyolisme pur i dur</strong></h2><p class="article-text">
        La influ&egrave;ncia de l&rsquo;extrema dreta al Pais Valenci&agrave; presenta unes caracter&iacute;stiques pr&ograve;pies. A difer&egrave;ncia d'altres territoris biling&uuml;es, ac&iacute; no ha cristal&middot;litzat una ultradreta de tall nativista o obedi&egrave;ncia estrictament valencianista, com s&rsquo;ha esdevingut a Catalunya amb Alian&ccedil;a Catalana. Les dades ens donen la clau: segons el CIS, un 56,5% dels valencians es defineixen &ldquo;tan valencians com espanyols&rdquo;. Aquesta ambival&egrave;ncia identit&agrave;ria facilita que Vox capitalitze l&rsquo;espai de la reacci&oacute; a trav&eacute;s d&rsquo;un discurs d&rsquo;estricte espanyolisme centralitzador, sense necessitat d&rsquo;articular un relat localista propi.
    </p><p class="article-text">
        Si, com hem vist, el gran factor divisor durant la Transici&oacute; fou la naturalesa de l&rsquo;idioma dels valencians i les implicacions pol&iacute;tiques i territorials que aix&ograve; tenia, a hores d&rsquo;ara molts valencians i valencianes disposen d&rsquo;una tercera opci&oacute; identit&agrave;ria, que Vox encarna i defensa aferrissadament: la negaci&oacute; de la llengua pr&ograve;pia i l&rsquo;alineament sense ambages ni matisos amb una idea d&rsquo;Espanya monol&iacute;tica, on impera nom&eacute;s un &uacute;nic idioma, el castell&agrave;. Cosa que implica l&rsquo;arraconament i desaparici&oacute; paulatina dels altres idiomes peninsulars. La calculada pol&iacute;tica d&rsquo;extermini de l&rsquo;Acad&egrave;mia Valenciana de la Llengua (AVL), que Vox ha obligat a posar en pr&agrave;ctica a un debilitat Maz&oacute;n, n&rsquo;&eacute;s un bona prova d&rsquo;aquesta meditada estrat&egrave;gia d&rsquo;anorreament de qualsevol dissid&egrave;ncia, tamb&eacute; ling&uuml;&iacute;stica. 
    </p><p class="article-text">
        Dit d&rsquo;una altra manera, els drets ling&uuml;&iacute;stics i identitaris dels valencians nom&eacute;s s&oacute;n una part de l&rsquo;ampla pan&ograve;plia de drets que Vox vol redefinir o erradicar a tot arreu del territori &laquo;nacional&raquo;. La seua actuaci&oacute; en mat&egrave;rica ling&uuml;&iacute;stica es complementa perfectament amb la que segueix amb altres conceptes en disputa o <em>kampfbegriffe</em>: la definici&oacute; de g&egrave;nere, la identitat nacional i el pes que hi t&eacute; la religi&oacute; cat&ograve;lica o la mem&ograve;ria hist&ograve;rica. El discurs que q&uuml;estiona la unitat ling&uuml;&iacute;stica del valenci&agrave; no &eacute;s ben b&eacute; filol&ograve;gic, sin&oacute; t&agrave;ctic: l&rsquo;objectiu &eacute;s debilitar l&rsquo;ensenyament en valenci&agrave;, reduir-ne la pres&egrave;ncia institucional i social i, en darrera inst&agrave;ncia, controlar el relat identitari a favor d&rsquo;una visi&oacute; exclusivament &mdash;i excloentment&mdash; espanyolista.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s per tot aix&ograve; que, per als de Santiago Abascal, el Pa&iacute;s Valenci&agrave; ha esdevingut el<strong> </strong>laboratori perfecte on assajar la millor manera en qu&egrave; la radicalitat penetre, com una pluja fina, la normalitat social i institucional per a definir un nou &laquo;sentit com&uacute;&raquo; en qu&egrave; ser valenci&agrave; o valenciana nom&eacute;s siga una manera, amb variants purament localistes i menors, de ser i sentir-se espanyols.
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                Miguel Barrachina, José Muñoz i Joan Baldoví conversen en les Corts Valencianes.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Una esquerra resistencialista</strong></h2><p class="article-text">
        Mentrestant, a l&rsquo;oposici&oacute;, l&rsquo;esquerra valenciana viu un moment de revisi&oacute; profunda. El PSPV, despr&eacute;s de la derrota electoral, necessita recompondre&rsquo;s i recuperar espai electoral. El seu repte passa per combinar la imatge de gesti&oacute; seriosa dels huit anys del Bot&agrave;nic amb un relat emocional i emocionant que mobilitze l&rsquo;electorat, tornant a articular-se com a garant de drets i igualtats. Comprom&iacute;s, per la seua banda, ha de decidir si refor&ccedil;a el seu perfil valencianista i progressista, amb agenda pr&ograve;pia i veu diferenciada, o si accepta el risc de ser percebuda com a for&ccedil;a subalterna dins del bloc progressista. La seua capacitat de marcar perfil propi ser&agrave; determinant per al futur. Mentrestant, Podem i Sumar pateixen tensions fratricides i dificultats per vertebrar un espai pol&iacute;tic transformador amb variants territorials solvents. Sense una proposta clara i connectada amb els problemes concrets de valencians i valencianes, corren el seri&oacute;s perill de quedar eliminats de l&rsquo;equaci&oacute;. En aix&ograve; precisament confien PP i Vox per mantenir la seua majoria conjunta en les properes eleccions. En conjunt, l&rsquo;esquerra valenciana sembla atrapada en el pur resistencialisme: denuncia i es mobilitza contra l&rsquo;agenda de la dreta, per&ograve; li costa projectar un horitz&oacute; d&rsquo;actuaci&oacute; pr&ograve;pia, compartit i il&middot;lusionant.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Vixca, vixca, vixca</strong></h2><p class="article-text">
        De l&rsquo;inici de la democr&agrave;cia en&ccedil;&agrave;, el 9 d&rsquo;octubre ha sigut una data celebrativa d&rsquo;elevada condensaci&oacute; simb&ograve;lica, per&ograve; &mdash;a difer&egrave;ncia de l&rsquo;11 de setembre dels catalans&mdash; poca efic&agrave;cia pol&iacute;tica concreta.&nbsp;No podia ser altrament, at&egrave;s el nostre embolic identitari, fruit d&rsquo;una particular conformaci&oacute; hist&ograve;rica que repobl&agrave; el territori, en distints moments, amb gent de diversa proced&egrave;ncia geogr&agrave;fica &mdash;Arag&oacute;, Catalunya&mdash; que parlaven lleng&uuml;es tamb&eacute; diferents. Per&ograve; a la tradicional bifurcaci&oacute; identit&agrave;ria s&rsquo;ha sumat, gr&agrave;cies a la espenta electoral de Vox, una tercera opci&oacute;: la d&rsquo;un espanyolisme sense fissures ni matisos, amb flexions localistes estrictament folkl&ograve;riques, si de cas. Sempre ha existit, &eacute;s cert, per&ograve; no sempre ha estat tan present a la taula de debat identitari com ara, quan la inveterada discussi&oacute; sobre l&rsquo;&agrave;nima dels valencians, amb rivets sovint bizantins, s&rsquo;ha embrollat encara m&eacute;s.
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                    alt="La Procesión Cívica, a su salida del Ayuntamiento de Valencia en una imagen de archivo."
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                La Procesión Cívica, a su salida del Ayuntamiento de Valencia en una imagen de archivo.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Cal no oblidar, tampoc, que els d&rsquo;Abascal es disputen amb el Partit Popular un mateix espai ideol&ograve;gic, utilitzant tots dos el mateix combustible electoral: la immigraci&oacute;... i la llengua dels valencians. Una llengua flexible en la que una sola paraula &mdash;una sola lletra, de fet&mdash; pot concentrar una gran c&agrave;rrega ideol&ograve;gica. Nom&eacute;s cal para esment del lema triat enguany per la Generalitat per a l&rsquo;efem&egrave;ride: aqueix &laquo;vixca&raquo; triplicat, que remet a l&rsquo;himne oficial, no &eacute;s una variant acceptada pel diccionari &mdash;estatut&agrave;riament&mdash; normatiu valenci&agrave;, el de l&rsquo;AVL, per&ograve; s&iacute; pel de la seccessionista Real Acad&egrave;mia de la Llengua Valenciana. Cosa que contradiu el punt 8 de l&rsquo;article sis&eacute; del nostre Estatut d&rsquo;Autonomia, aprovat el 2006 i impulsat pel mateix PP quan governava la Generalitat, aleshores tamb&eacute; en solitari, per&ograve; amb majoria absoluta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/9-d-octubre-disputa-politica-per-l-anima-valenciana_1_12664507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Oct 2025 21:00:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[9 d’octubre: la disputa política per l'ànima valenciana]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vox y el verano caliente de la extrema derecha española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vox-verano-caliente-extrema-derecha-espanola_129_12537712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0dec75a-b0e9-4a10-811e-9bdadb964379_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vox y el verano caliente de la extrema derecha española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al criticar las posturas de la Iglesia en favor de la acogida o la integración, Vox busca apropiarse en exclusiva del discurso de la "mano dura", posicionándose como el único guardián de la identidad nacional frente a una supuesta "invasión" tolerada incluso por estamentos tradicionalmente afines</p></div><p class="article-text">
        El verano de 2025 est&aacute; siendo testigo de una estrategia calculada de Vox para consolidar su posici&oacute;n como el partido arquet&iacute;pico de la derecha m&aacute;s radical en Espa&ntilde;a y, quiz&aacute;s, entre sus hom&oacute;logos europeos, enarbolando la bandera del racismo y la mano dura en materia migratoria. Lejos de la tregua estival que anta&ntilde;o moderaba el debate pol&iacute;tico, la formaci&oacute;n de Santiago Abascal ha intensificado su ofensiva, aprovechando la coyuntura para moldear la opini&oacute;n p&uacute;blica y cosechar r&eacute;ditos pol&iacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los episodios m&aacute;s reveladores de esta estrategia ha sido la espiral de violencia desatada en Torre Pacheco. Lo que pudo ser un incidente aislado fue h&aacute;bilmente explotado por Vox, amplificando el conflicto y transform&aacute;ndolo en un s&iacute;mbolo de la supuesta &ldquo;invasi&oacute;n migratoria&rdquo;. Las declaraciones incendiarias de sus dirigentes, la difusi&oacute;n masiva de bulos y la instrumentalizaci&oacute;n del miedo han tenido un efecto propagand&iacute;stico devastador. Al presentarse como los &uacute;nicos defensores de la &ldquo;seguridad&rdquo; y el &ldquo;orden&rdquo; frente a una &ldquo;delincuencia importada&rdquo;, Vox no solo busca movilizar a su base, sino tambi&eacute;n arrastrar al centro-derecha hacia posiciones m&aacute;s extremas, dejando claro qui&eacute;n est&aacute; dispuesto a ir hasta el final.
    </p><p class="article-text">
        Pero la t&aacute;ctica de Vox no se limita a la explotaci&oacute;n de conflictos. En Jumilla, hemos asistido a un proceso de normalizaci&oacute;n e institucionalizaci&oacute;n de la islamofobia que deber&iacute;a encender todas las alarmas. La campa&ntilde;a antimezquitas, disfrazada de defensa del &ldquo;patrimonio local&rdquo; o la &ldquo;seguridad ciudadana&rdquo;, ha ido calando en el imaginario colectivo, con la complicidad de ciertas administraciones locales. Como se&ntilde;al&oacute; el polit&oacute;logo Cas Mudde, en su libro 'La ultradrecha europea', &ldquo;la normalizaci&oacute;n de la xenofobia es uno de los pasos m&aacute;s peligrosos en la deriva autoritaria de una sociedad, ya que legitima el discurso del odio y abre la puerta a pol&iacute;ticas discriminatorias&rdquo;. La islamofobia de Vox no es solo un prejuicio: es una herramienta pol&iacute;tica para generar una sociedad polarizada donde el &ldquo;otro&rdquo; es percibido como una amenaza existencial.
    </p><p class="article-text">
        Sorprendentemente, en esta escalada de radicalidad, Abascal no ha dudado en lanzar ataques directos contra la propia Iglesia, hist&oacute;ricamente un pilar conservador. Estos ataques, que pueden parecer contradictorios con la imagen de partido &ldquo;defensor de las tradiciones&rdquo;, persiguen un objetivo claro: marcar distancia con cualquier instituci&oacute;n que pueda mostrar la m&aacute;s m&iacute;nima se&ntilde;al de apertura o moderaci&oacute;n en materia migratoria. Al criticar las posturas de la Iglesia en favor de la acogida o la integraci&oacute;n, Vox busca apropiarse en exclusiva del discurso de la &ldquo;mano dura&rdquo;, posicion&aacute;ndose como el &uacute;nico guardi&aacute;n de la identidad nacional frente a una supuesta &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; tolerada incluso por estamentos tradicionalmente afines.
    </p><p class="article-text">
        Esta estrategia de radicalizaci&oacute;n se acent&uacute;a en verano, una &eacute;poca que ofrece un caldo de cultivo id&oacute;neo para la agenda de Vox. Por un lado, la llegada de cayucos a las costas espa&ntilde;olas se convierte en un pretexto recurrente para reavivar el discurso del &ldquo;efecto llamada&rdquo; y la &ldquo;frontera descontrolada&rdquo;. Por otro lado, el verano, con su reducci&oacute;n de la actividad parlamentaria y un menor volumen de noticias en la agenda p&uacute;blica, ofrece a Vox un espacio privilegiado para que sus mensajes tengan un mayor eco. En un entorno medi&aacute;tico m&aacute;s laxo, las declaraciones incendiarias y las propuestas extremistas adquieren una visibilidad desproporcionada, dominando el debate y desplazando otros temas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta intensificaci&oacute;n de la ret&oacute;rica migratoria de Vox se produce a pesar de que los datos demosc&oacute;picos a nivel europeo sugieren una realidad diferente. El <a href="https://spain.representation.ec.europa.eu/noticias-eventos/noticias-0/eurobarometro-el-sentimiento-de-pertenencia-la-ue-crece-siete-puntos-entre-los-espanoles-2024-12-11_es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;ltimo Eurobar&oacute;metro,</a> publicado en diciembre de 2024, indica que, para el conjunto de los ciudadanos de la Uni&oacute;n Europea, la inmigraci&oacute;n ocupa el segundo lugar como problema principal, mencionada por un 28% de los encuestados. No obstante, en el caso de Espa&ntilde;a, la preocupaci&oacute;n es notablemente mayor, ya que un 34% de los espa&ntilde;oles la considera uno de los principales problemas. Este aumento es significativo, con 13 puntos porcentuales m&aacute;s respecto al informe anterior de la primavera de 2024. Estos datos, si bien muestran un repunte en la preocupaci&oacute;n, contrastan con la narrativa de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; descontrolada y se usan para justificar el discurso de Vox, incluso cuando otros temas como la inflaci&oacute;n o el desempleo tambi&eacute;n tienen una relevancia significativa. La paradoja es que a pesar de que la preocupaci&oacute;n por la inmigraci&oacute;n no es mayoritaria, el discurso de Vox tiene un impacto desproporcionado, dominando el debate y obligando al resto de partidos a posicionarse.
    </p><p class="article-text">
        Las propuestas y acciones antimigratorias de Vox no son un fen&oacute;meno aislado; se inscriben en una tendencia europea de partidos de extrema derecha que buscan capitalizar el descontento y el miedo. Ejemplos como Alternative f&uuml;r Deutschland (AfD) en Alemania, con sus propuestas de &ldquo;remigraci&oacute;n&rdquo; y restricci&oacute;n del derecho de asilo, o el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders en Pa&iacute;ses Bajos, con su constante demonizaci&oacute;n del islam y su defensa de pol&iacute;ticas migratorias draconianas, muestran un patr&oacute;n com&uacute;n. Vox, al igual que sus hom&oacute;logos, busca erigirse como el referente de la &ldquo;resistencia&rdquo; frente a una supuesta &ldquo;agenda globalista&rdquo; que promueve la &ldquo;sustituci&oacute;n demogr&aacute;fica&rdquo;. La explotaci&oacute;n de la violencia, la normalizaci&oacute;n de la islamofobia y los ataques a instituciones tradicionales son piezas de un puzzle dise&ntilde;ado para que nadie dude qui&eacute;n aplicar&aacute; la mano dura en materia migratoria. 
    </p><p class="article-text">
         A la luz de estas acciones, es inevitable recordar las reflexiones de Robert O. Paxton en su seminal obra 'La anatom&iacute;a del fascismo'. Paxton argumenta que los movimientos fascistas no se definen tanto por una ideolog&iacute;a coherente, sino por sus &ldquo;pasiones movilizadoras&rdquo;: un obsesivo miedo al declive de la comunidad, un sentimiento de victimismo y la exaltaci&oacute;n de la unidad, la energ&iacute;a y la pureza. Estos movimientos, a menudo, logran su auge no por tomar el poder por la fuerza, sino porque las &eacute;lites conservadoras, asustadas por las alternativas de izquierda, deciden incorporarlos a sus coaliciones de gobierno. Al trazar un paralelismo, Paxton subraya que los fascistas est&aacute;n cerca de alcanzar el poder &ldquo;cuando los conservadores empiezan a tomar prestadas sus t&eacute;cnicas, a apelar a sus 'pasiones movilizadoras' y a intentar cooptar a su base de seguidores&rdquo;. La pregunta es si la sociedad espa&ntilde;ola, y sus &eacute;lites, ser&aacute;n capaces de discernir entre la propaganda y la realidad, y si las fuerzas democr&aacute;ticas sabr&aacute;n ofrecer una alternativa s&oacute;lida a esta peligrosa deriva. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vox-verano-caliente-extrema-derecha-espanola_129_12537712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2025 20:17:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vox y el verano caliente de la extrema derecha española]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Islamofobia,Vox,Racismo,Torre Pacheco,Extrema derecha,Jumilla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Torre Pacheco y la deshumanización como estrategia política (y económica)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/torre-pacheco-deshumanizacion-estrategia-politica-economica_129_12463024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f924ee9e-9434-4df0-b227-19837539afce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Torre Pacheco y la deshumanización como estrategia política (y económica)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alguien ha convencido a los más pobres de que la culpa de todos sus problemas la tienen otros más pobres que ellos, nunca un neoliberalismo que ha soltado las amarras políticas que contenían a un capitalismo que, por definición, solo busca beneficios empresariales, no sociales</p><p class="subtitle">En Torre Pacheco han liberado al kraken</p></div><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo publicado hace m&aacute;s de 10 a&ntilde;os, el escritor Hanif Kureishi afirmaba que &ldquo;el migrante es degradado al estatus de un objeto sobre el que se puede decir cualquier cosa y al que se puede hacer cualquier cosa&rdquo;. Sab&iacute;a de lo que hablaba: &eacute;l mismo naci&oacute; en Inglaterra, pero es de origen paquistan&iacute;. Para entender en su justa medida lo que ha ocurrido y ocurre en Torre Pacheco hay que ser conscientes de que estamos hablando, lisa y llanamente, de <em>deshumanizaci&oacute;n, </em>ese proceso por el que primero se cosifica el inmigrante para luego poder agredirlo impunemente. &ldquo;El inmigrante se ha convertido en una pasi&oacute;n contempor&aacute;nea&rdquo;, apuntaba Kureishi ya en 2014, porque &ldquo;no solo ha migrado de un pa&iacute;s a otro: ha migrado de la realidad al imaginario colectivo, donde se le ha transformado en una ficci&oacute;n terrible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa pasi&oacute;n contempor&aacute;nea y esa ficci&oacute;n terrible no han crecido espont&aacute;neamente. Los delitos de odio no nacen en el vac&iacute;o. Lo que sucede en las calles es reflejo directo de lo que se permite &ndash;y se promueve&ndash; desde las instituciones. El caso de la localidad murciana donde un hombre fue capaz de atacar con &aacute;cido una nave donde dorm&iacute;an temporeros migrantes no es un suceso aislado: es el resultado de a&ntilde;os de discursos deshumanizadores, de se&ntilde;alamiento constante del &ldquo;otro&rdquo; y de una narrativa pol&iacute;tica construida sobre el miedo a esa alteridad pintada como sapr&oacute;fita y monstruosa.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s alarmante no es solo el acto violento, sino el contexto en el que ocurre: justo cuando el CIS registra un giro preocupante en la percepci&oacute;n ciudadana sobre la inmigraci&oacute;n. En junio de 2024, apenas un 16,9% de los encuestados consideraba la inmigraci&oacute;n como uno de los tres principales problemas del pa&iacute;s. En septiembre, ese n&uacute;mero ya subi&oacute; al 30,4%, convirti&eacute;ndose en la primera preocupaci&oacute;n nacional, por encima del paro o la econom&iacute;a. Un salto de m&aacute;s de trece puntos en apenas tres meses no se explica &uacute;nicamente por la llegada de personas migrantes, sino por c&oacute;mo se habla de ellas.
    </p><p class="article-text">
        La memoria es corta, pero ya vimos algo similar en el verano de 2023 con la gesti&oacute;n de los menores no acompa&ntilde;ados. Entonces tambi&eacute;n se dispar&oacute; la alarma social &ndash;una alarma social artificial&ndash; empujada por titulares sensacionalistas y discursos pol&iacute;ticos que los retrataban como amenaza. El patr&oacute;n se repite: cuando un grupo vulnerable entra en el centro del debate como &ldquo;problema&rdquo;, hay alguien que se beneficia pol&iacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        Ese alguien es Vox. Su estrategia es clara y est&aacute; muy estudiada. Cada vez que hay elecciones cerca, endurecen su discurso, especialmente en torno a la inmigraci&oacute;n. Si hay un hecho concreto &ndash;como la crisis migratoria en Canarias o una agresi&oacute;n en la pen&iacute;nsula&ndash;, lo aprovechan para amplificar su ideario racista. Lo vimos en las elecciones europeas. Lo vimos en las auton&oacute;micas. Y lo estamos viendo ahora gracias a una maquinaria medi&aacute;tica que, muchas veces, les hace el trabajo sucio sin pudor ni contraste.
    </p><p class="article-text">
        La inmigraci&oacute;n no es un problema: la forma de gestionarla y comunicarla s&iacute; lo es. La mayor&iacute;a de personas migrantes que llegan a Espa&ntilde;a lo hacen huyendo de contextos de violencia, pobreza o cambio clim&aacute;tico. Muchas de ellas trabajan en condiciones precarias &ndash;como los jornaleros de Torre Pacheco&ndash; y contribuyen a sostener, no solo nuestra econom&iacute;a, sino tambi&eacute;n nuestro Estado del bienestar, pensiones y Seguridad Social incluidas. Sin embargo, lo que cala es otra cosa: la narrativa del &ldquo;efecto llamada&rdquo;, la imagen del &ldquo;invasor&rdquo;, el estigma del &ldquo;delincuente&rdquo;. Y eso, repetido desde tribunas pol&iacute;ticas e institucionales, cala. Y mata.
    </p><p class="article-text">
        Como se&ntilde;ala el CIS, nunca desde la &ldquo;crisis de los cayucos&rdquo; de 2007 hab&iacute;a habido tal nivel de preocupaci&oacute;n por la inmigraci&oacute;n. Pero entonces exist&iacute;a un consenso m&aacute;s o menos amplio sobre la necesidad de abordar el fen&oacute;meno desde una perspectiva humanitaria. Hoy, con Vox en el Congreso, en gobiernos auton&oacute;micos y en m&uacute;ltiples ayuntamientos, ese consenso est&aacute; roto. Se ha institucionalizado un discurso ultra que legitima el odio y, lo que es peor, se normaliza en medios de comunicaci&oacute;n y debates parlamentarios.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y cu&aacute;l es la consecuencia de todo esto? No solo un aumento de los delitos de odio &ndash;que llevan a&ntilde;os creciendo, como muestran los informes del Ministerio del Interior&ndash;, sino un desplazamiento del eje pol&iacute;tico hacia posiciones autoritarias. Vox no necesita ganar elecciones para imponer su agenda: le basta con condicionar el debate p&uacute;blico. Cuando logran que la inmigraci&oacute;n ocupe el centro de las preocupaciones ciudadanas, est&aacute;n m&aacute;s cerca de sus objetivos. Y si coincide con un ciclo electoral, los r&eacute;ditos ser&aacute;n caudalosos e inmediatos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sucede en Torre Pacheco no puede entenderse sin mirar lo que se ha dicho y lo que se ha dejado decir. Cada vez que se se&ntilde;ala a una persona migrante como responsable de un delito antes siquiera de confirmar los hechos &ndash;o cada vez que se utilizan palabras como &ldquo;avalancha&rdquo; o &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;&mdash;, se est&aacute; alimentando un caldo de cultivo que acaba en agresiones, en fuego, en &aacute;cido. Hay una responsabilidad institucional clara en toda esta tragedia. Pero tambi&eacute;n existe una responsabilidad medi&aacute;tica y social. El combate contra los delitos de odio no se gana solo en los juzgados: se gana en los titulares, en los discursos y en las urnas. Si no frenamos la normalizaci&oacute;n de la extrema derecha y su &eacute;pica de la exclusi&oacute;n, acabaremos lamentando que lo que hoy son palabras, ma&ntilde;ana se convierta en violencia real.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es: &iquest;por qu&eacute; permitimos que el odio marque la agenda? &iquest;Por qu&eacute; aceptamos que se utilice a los migrantes como chivos expiatorios mientras se obvian los verdaderos problemas estructurales del pa&iacute;s, como la precariedad, la corrupci&oacute;n o la falta de vivienda? &iquest;Y por qu&eacute; tantas instituciones, partidos y medios repiten el relato del miedo en lugar de desmentirlo con datos y contexto? Sencillamente, porque alguien ha convencido a los m&aacute;s pobres de que la culpa de todos sus problemas la tienen otros m&aacute;s pobres que ellos, nunca un neoliberalismo que ha soltado las amarras pol&iacute;ticas que conten&iacute;an a un capitalismo que, por definici&oacute;n, solo busca beneficios empresariales, no sociales. Y es que el discurso contra el inmigrante es, tambi&eacute;n, una conveniente maniobra de distracci&oacute;n p&uacute;blica. Esa es la cuesti&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/torre-pacheco-deshumanizacion-estrategia-politica-economica_129_12463024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Jul 2025 20:20:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Torre Pacheco y la deshumanización como estrategia política (y económica)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
