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    <title><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/anna-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Abascal el Bueno defiende ahora el fortín del Senado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/abascal-bueno-defiende-ahora-fortin-senado_129_13600067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/babba49b-1947-4540-91cd-0c8d8276e298_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x949y559.jpg" width="1200" height="675" alt="Abascal el Bueno defiende ahora el fortín del Senado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Vox contribuye a asegurar una mayoría conservadora, la deuda pendiente parece clara: más allá de la posibilidad de (re)tocar la Constitución, habrá compromisos programáticos duros en inmigración y memoria histórica, ministerios de peso y una cuota de poder innegociable. El sacrificio de las listas puede convertirse así en una inversión</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola tiene una costumbre algo imp&uacute;dica, pero a fin de cuentas eficaz: los acuerdos m&aacute;s decisivos se cocinan a oscuras mientras los protagonistas se juran odio eterno ante los micr&oacute;fonos. El &uacute;ltimo tuit de Santiago Abascal &mdash;&laquo;S&aacute;nchez es capaz de todo por destruir Espa&ntilde;a, pero nosotros tambi&eacute;n somos capaces de todo por salvarla&raquo;&mdash; se ha vendido como una declaraci&oacute;n de sacrificio patri&oacute;tico. El s&aacute;bado, el l&iacute;der de Vox apel&oacute; a la responsabilidad; el lunes advirti&oacute; de que la alianza de las izquierdas exig&iacute;a &laquo;sacrificios&raquo; y ofreci&oacute; un entendimiento al PP, confirmado por Feij&oacute;o menos de 24 horas despu&eacute;s. Tras pasearse a caballo como campe&oacute;n de una nueva &laquo;Reconquista&raquo;, el dirigente ultraderechista emula ahora a Guzm&aacute;n el Bueno, aquel caballero medieval &mdash;que el franquismo elev&oacute; a modelo escolar de santidad patri&oacute;tica&mdash; que arroj&oacute; el pu&ntilde;al para que mataran a su propio hijo con tal de no entregar Tarifa al asedio de los &laquo;moros&raquo;. Ahora, el jefe del &laquo;espa&ntilde;ol&iacute;simo&raquo; Vox escenifica su propio sacrificio para blindar las murallas del Senado frente al hostigamiento de los &laquo;rojos&raquo;. Moros y rojos: una asonancia propagand&iacute;sticamente muy rentable.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento de las izquierdas no responde a ninguna epifan&iacute;a ideol&oacute;gica, sino al terror de los n&uacute;meros. Asustados por la demoscopia, el PSOE y la sopa de letras de su izquierda han decidido aparcar temporalmente su cainismo habitual para firmar un matrimonio de conveniencia en el Senado en 45 provincias. Bajo la marca &laquo;Senado de Progreso&raquo;, han entendido por fin que la C&aacute;mara Alta ya no es ese cementerio de elefantes donde enviar a sus viejos roqueros a dormir la siesta. Ahora es un baluarte.
    </p><p class="article-text">
        El PP ha ense&ntilde;ado los dientes esta legislatura demostrando para qu&eacute; sirve una mayor&iacute;a absoluta en esa C&aacute;mara: para convertirla en un cadalso donde hacer desfilar a ministros, subalternos y secuaces del &laquo;sanchismo&raquo; para ser ajusticiados a base de preguntas inc&oacute;modas y comisiones de investigaci&oacute;n a pecho descubierto. Por all&iacute; han pasado desde Zapatero hasta la &laquo;trama Koldo&raquo;, sin olvidar la actuaci&oacute;n estelar de Leire D&iacute;ez, esa fontanera que no sab&iacute;a ni d&oacute;nde estaba la llave de paso del agua (sucia).
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de la alianza progresista no es legislar, sino parapetarse. Quieren conquistar el Senado para transformarlo &mdash;igual que ha hecho el PP&mdash; en un b&uacute;nker desde el que torpedear y hacerle la vida m&aacute;s dif&iacute;cil a un futuro Gobierno de la derecha. Pero no solo eso. La confluencia en el Senado trata, por encima de todo, de impedir que las derechas alcancen los tres quintos de ambas C&aacute;maras, una mayor&iacute;a que permitir&iacute;a impulsar determinadas reformas constitucionales y acercar&iacute;a el sue&ntilde;o que algunos acarician desde la Transici&oacute;n: recentralizar Espa&ntilde;a. Si no arrumbar, al menos descafeinar el t&iacute;tulo VIII de la Constituci&oacute;n, el mismo que ya fractur&oacute; la Alianza Popular de Manuel Fraga cuando se vot&oacute; en el Congreso en octubre de 1978.
    </p><p class="article-text">
        Por eso Abascal est&aacute; dispuesto a tragarse el orgullo y perpetrar una retirada t&aacute;ctica: sacrificar sus listas al Senado all&iacute; donde no tiene opciones y pedir el voto para el PP. La negociaci&oacute;n confirmada por Feij&oacute;o indica que el entendimiento est&aacute; m&aacute;s cerca, aunque todav&iacute;a no haya un acuerdo cerrado. Pero la pirueta es de alto riesgo pol&iacute;tico. &iquest;C&oacute;mo explicas a tus bases, educadas en el dogma de la traici&oacute;n de la &laquo;derechita cobarde&raquo;, que ahora hay que marcar la casilla del vecino? &iquest;C&oacute;mo evitas que el votante entienda que, si en la C&aacute;mara Alta el voto &uacute;til es el PP, quiz&aacute; en el Congreso tambi&eacute;n lo sea? El dilema es perverso: retirarse es dopar a Feij&oacute;o; no retirarse es hacerle el juego a S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pregunta candente ya no es si Abascal ha tenido un ataque de responsabilidad repentino, sino cu&aacute;nto costar&aacute; el rescate. Si Vox contribuye a asegurar una mayor&iacute;a conservadora, la deuda pendiente parece clara: m&aacute;s all&aacute; de la posibilidad de (re)tocar la Constituci&oacute;n, habr&aacute; compromisos program&aacute;ticos duros en inmigraci&oacute;n y memoria hist&oacute;rica, ministerios de peso y una cuota de poder innegociable. El sacrificio de las listas puede convertirse as&iacute; en una inversi&oacute;n: renunciar a candidaturas donde Vox tiene pocas opciones para ganar capacidad de influencia all&iacute; donde realmente se decide el poder.
    </p><p class="article-text">
        Con 160 senadores &mdash;el umbral de los tres quintos de una C&aacute;mara de 266 miembros; los populares llegaron a tener 144&mdash;, la entente entre PP y Vox podr&iacute;a elegir a los cuatro magistrados del Tribunal Constitucional que corresponden al Senado sin necesidad de contar con el PSOE, siempre que alcanzase esa mayor&iacute;a. Unos nombramientos cruciales para el equilibrio de la verdadera sala de m&aacute;quinas del poder constitucional. No ser&iacute;a un reparto autom&aacute;tico del tribunal, pero s&iacute; una oportunidad de influir en su composici&oacute;n durante a&ntilde;os. El VAR de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, como ha quedado demostrado con la sentencia que ha finiquitado el proc&eacute;s, a pesar del berrinche de Llarena.
    </p><p class="article-text">
        El presidente de los populares ya no puede hacerse el gallego y esquivar indefinidamente la cuesti&oacute;n: ha confirmado que negocia. El problema, como el dinosaurio de Monterroso, continuar&aacute; ah&iacute; cuando despierte del sue&ntilde;o de los justos. Vox puede retirar la papeleta este mes de octubre, pero no retirar&aacute; la mano extendida al d&iacute;a siguiente de los comicios. Y Feij&oacute;o deber&iacute;a saber que los acuerdos que se cierran antes de ganar suelen salir caros. Si la operaci&oacute;n sale bien, Abascal podr&aacute; reclamar que su sacrificio ha sido decisivo y convertirlo en influencia pol&iacute;tica. Pero la factura no la pagar&aacute; solo el Partido Popular: la acabaremos pagando todos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, el ilustre estratega de Galapagar debe estar oteando todo este ominoso panorama con su media sonrisa de Maquiavelo de v&iacute;a estrecha: Podemos, ese partido solipsista que viste sus obscenas t&aacute;cticas de supervivencia con los ropajes de la pureza doctrinal, ha rehusado sumarse al acuerdo progresista para el Senado. Quiz&aacute;s, qui&eacute;n sabe, porque as&iacute; por fin podr&aacute;n acabar de una vez por todas con el &laquo;r&eacute;gimen del 78&raquo;, como pretend&iacute;an en su momento de gloria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/abascal-bueno-defiende-ahora-fortin-senado_129_13600067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Oct 2026 19:36:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abascal el Bueno defiende ahora el fortín del Senado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La izquierda de la izquierda: sumas que restan, restos que quedan en nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-izquierda-sumas-restan-restos-quedan_129_13594536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/945c1859-7379-4585-86a9-dfa69b9443b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x604y257.jpg" width="1200" height="675" alt="La izquierda de la izquierda: sumas que restan, restos que quedan en nada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo parece indicar que durante las negociaciones no ha habido debate ideológico, sino cálculo de tahúr de casino. Podemos ha intentado territorializar los acuerdos allí donde aún le queda algo de tracción electoral para no ser engullido por el Frente Amplio</p></div><p class="article-text">
        La disputa electoral del pr&oacute;ximo 29N promete emociones fuertes en el frente &mdash;menos amplio de lo que se pretend&iacute;a&mdash; de la izquierda de la izquierda, un espacio pol&iacute;tico que parece haber sustituido la lucha de clases por la aritm&eacute;tica recreativa. La gran paradoja de esta legislatura que agoniza es que la plataforma nacida bajo el verbo Sumar ha terminado conjugando el verbo contrario. Su lideresa, Yolanda D&iacute;az, tras un expediente impecable en el Ministerio de Trabajo, parece haber emulado a Manuela Carmena: ha cogido el portante, cansada de gestionar un parvulario de egos e inmadurez pol&iacute;tica. Lo m&aacute;s fascinante &mdash;y doloroso&mdash; del asunto es que este festival de la escisi&oacute;n se produce compartiendo el 95% del programa electoral. Se matan por las listas mientras coinciden en los diagn&oacute;sticos: vivienda, impuestos, servicios p&uacute;blicos, desigualdad econ&oacute;mica o impuestos a la banca. Algo que, sin duda, derecha y extrema derecha contemplan y disfrutan frot&aacute;ndose las manos.
    </p><p class="article-text">
        Todo parece indicar que durante las negociaciones no ha habido debate ideol&oacute;gico, sino c&aacute;lculo de tah&uacute;r de casino. Podemos ha intentado territorializar los acuerdos all&iacute; donde a&uacute;n le queda algo de tracci&oacute;n electoral para no ser engullido por el Frente Amplio. Por otro lado, Gabriel Rufi&aacute;n tambi&eacute;n ha jugado sus propias bazas, aprovechando su innegable tirada medi&aacute;tica para asegurarse un puesto de salida de ensue&ntilde;o sin el engorroso tr&aacute;mite de salir a buscar 400 avales, como se ve obligado a hacer todo hijo de vecino en ERC, ni pagar 155 monedas de plata. Y, como golpe de efecto final, el retorno de Ada Colau, la alcaldesa inopinada de los tiempos prometeicos del &ldquo;S&iacute; se puede&rdquo;. Su m&iacute;stica original se fragu&oacute; con los desahucios de la crisis financiera del 2007, esos mismos dramas habitacionales que, curiosamente, siguen ejecut&aacute;ndose hoy en d&iacute;a. Lo que demuestra, lamentablemente, que los gobiernos de izquierda &mdash;una <em>rara avis</em> ya en la Europa actual&mdash; han sido incapaces de deshacer el nudo gordiano de la ortodoxia neoliberal, ese que considera la vivienda una mercanc&iacute;a m&aacute;s y la maximizaci&oacute;n de beneficios el &uacute;nico mandamiento: las claves de b&oacute;veda del problema de la vivienda que ha acabado estallando socialmente y llev&aacute;ndose por delante una legislatura ya de por s&iacute; convulsa.
    </p><p class="article-text">
        Esta propensi&oacute;n al fraccionamiento de la izquierda no es nueva, es el ADN de la casa. Ya en los tiempos fundadores de Marx y Engels las divisiones entre reformistas socialdem&oacute;cratas y revolucionarios eran legendarias. Tambi&eacute;n ahora unos y otros se culpar&aacute;n del fracaso a la hora de conformar una candidatura conjunta, aunque fuera por motivos puramente electorales con el &uacute;nico fin &mdash;no lo olvidemos&mdash; de intentar desviar la borrasca extremista que domina el clima pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. El desaf&iacute;o era y es formidable. La respuesta, decepcionante &mdash;si no mezquina&mdash;, no ha estado ni mucho menos a la altura.
    </p><p class="article-text">
        En mitad de este patio de vecindarios mal avenidos, Pedro S&aacute;nchez observa el tablero con la tranquilidad de quien conoce las debilidades del rival. Al PSOE nunca le ha temblado el pulso a la hora de practicar el canibalismo electoral: ya en 2008 dej&oacute; a Izquierda Unida tiritando en el Congreso, con apenas dos esca&ntilde;os, gracias a la implacable guada&ntilde;a del voto &uacute;til. La gran inc&oacute;gnita es si S&aacute;nchez realmente cree que puede reeditar la aritm&eacute;tica m&aacute;gica de 2023 &mdash;una carambola que hoy parece inviable con esta macedonia incomprensible de siglas&mdash; o si, en un alarde de ese pragmatismo maquiav&eacute;lico que le achacan sus enemigos, ha convocado el adelanto electoral para dejar a su partido en la oposici&oacute;n, pero en unas condiciones m&aacute;s ventajosas de lo que el curso de la legislatura permit&iacute;a imaginar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El verdadero drama para la izquierda no se jugar&aacute; en los plat&oacute;s de televisi&oacute;n, sino en la fr&iacute;a contabilidad electoral de las circunscripciones peque&ntilde;as y medianas, esas que reparten 219 de los 350 esca&ntilde;os. En 2023, la candidatura unitaria de Sumar y Podemos ya sufri&oacute; la penalizaci&oacute;n de un sistema que no entiende de purezas inmaculadas: mientras en las grandes capitales el voto result&oacute; eficiente, en las provincias de menos de seis esca&ntilde;os se convirti&oacute; en humo. M&aacute;s all&aacute; del 5% oficial, el umbral <em>real</em> para rascar un diputado en provincias peque&ntilde;as como &Aacute;vila, Cuenca o Teruel oscila entre un prohibitivo 12% y 18%. En las medianas, como Ja&eacute;n o Zaragoza, la barrera real se sit&uacute;a entre el 8% y el 12%. Presentarse por separado aboca a ambas listas a quedarse en un letal 5% o 7%: un porcentaje muy digno para el orgullo de partido, pero equivalente a un cero absoluto en esca&ntilde;os. Lo tr&aacute;gico es que el 57% de los votantes progresistas ped&iacute;a a gritos esta unidad para frenar un gobierno de PP y Vox.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Ernst Bloch afirmaba que la izquierda se caracteriza por mantener siempre encendido el principio de la esperanza, que ahora se ve seriamente amenazada por la implacable l&oacute;gica de la Ley D'Hondt. Para una izquierda alternativa que, en su gran mayor&iacute;a, se declara agn&oacute;stica o directamente atea, creer en los milagros electorales no deja de ser un contrasentido. Creer, adem&aacute;s, que el milagro de 2023 se va a repetir con papeletas divididas es casi tanto como creer en la segunda venida de Cristo. Pero, ante el fr&iacute;o veredicto de los datos y las artima&ntilde;as de los tahures, solo nos queda ese viejo vicio de no perder la esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-izquierda-sumas-restan-restos-quedan_129_13594536.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Oct 2026 20:11:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La izquierda de la izquierda: sumas que restan, restos que quedan en nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Elecciones Generales 2026,Frente Amplio,Podemos,ERC - Esquerra Republicana de Catalunya,Gabriel Rufián,Ada Colau,Irene Montero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El patriota Abascal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriota-abascal_129_13582412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99ff3b88-0a19-4cfe-a2c5-8237b8c5c7f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x954y450.jpg" width="1200" height="675" alt="El patriota Abascal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si dejamos a un lado las proclamas patrióticas y descendemos a la letra pequeña de su programa, la propuesta de Vox es alarmante y paradójica. Alarmante porque habla de privatizar las pensiones mediante un modelo mixto de reparto y capitalización conocido como la "mochila austriaca". Y paradójica porque la medida castigaría a su gran granero de votos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No estar&eacute; en ninguna tribuna con un gobierno mafioso&rdquo;, ha afirmado Santiago Abascal, l&iacute;der de Vox, para justificar su ausencia en Madrid este pasado 12 de octubre, ese d&iacute;a de la &ldquo;Hispanidad&rdquo; que &eacute;l y los suyos no dejan de enaltecer a la m&aacute;s m&iacute;nima ocasi&oacute;n como &ldquo;la obra de la civilizaci&oacute;n m&aacute;s grande de la historia&rdquo;. Junto al descubrimiento y la colonizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, la &ldquo;Reconquista&rdquo; es el otro ingrediente principal de <a href="https://www.akal.com/libro/vox-frente-a-la-historia_52584/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esa ensalada mal ali&ntilde;ada que Vox pretende que los estudiantes se traguen en las clases de Historia</a>. Un programa que querr&aacute;n imponer si llegan al Gobierno, aunque sean minor&iacute;a en la coalici&oacute;n: alguna concesi&oacute;n les tendr&aacute; que hacer el PP cuando llegue el momento.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado, Abascal s&iacute; que asisti&oacute; a los actos oficiales en la capital del Reino de Espa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n declin&oacute; estar en la tribuna de autoridades. Prefiri&oacute;, aseguraba, ver el desfile &ldquo;entre el p&uacute;blico&rdquo;, formando parte de ese &ldquo;pueblo&rdquo; espa&ntilde;ol al que <em>solo</em> Vox dice representar. Un pueblo cultural, &eacute;tnica y religiosamente homogeneizado, por supuesto, frente a las amenazas disgregadoras de una inmigraci&oacute;n desorganizada y galopante. Seguramente, a Abascal y compa&ntilde;&iacute;a no les desagradar&iacute;a recuperar aquel &ldquo;D&iacute;a de la Raza&rdquo;, que fue el nombre oficial desde 1918 y que el franquismo rebautiz&oacute; como &ldquo;de la Hispanidad&rdquo; solo mucho despu&eacute;s &mdash;en 1958&mdash; de que la derrota de las fuerzas del Eje en la Segunda Guerra Mundial convirtieran eso de las diferencias biol&oacute;gicas en algo muy mal visto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o &mdash;la ocasi&oacute;n la pintaban calva, con unas elecciones generales a tiro de piedra&mdash; el de Amurrio ha preferido irse a Ceuta a celebrar la festividad junto al l&iacute;der de la extrema derecha francesa, Jordan Bardella. &iquest;El motivo? Que, adem&aacute;s de corrupto, este Ejecutivo &ldquo;ha traicionado a Espa&ntilde;a y ha dejado parte de nuestro territorio nacional invadido&rdquo;. As&iacute; que el l&iacute;der de la derecha radical espa&ntilde;ola ha pasado la festividad nacional por excelencia en Ceuta, &ldquo;con los espa&ntilde;oles que defienden la frontera que S&aacute;nchez ha abandonado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute;, pues, nada nuevo en ese populismo nacionalista de primero de primaria que los de Vox tan bien explotan y que &mdash;todo parece indicarlo&mdash; les llevar&aacute; en volandas hasta unos espectaculares resultados electorales. La mayor&iacute;a de los sondeos sit&uacute;an a Vox en una s&oacute;lida horquilla de intenci&oacute;n de voto de entre el 17% y el 19%, lo que les permitir&iacute;a duplicar sus 33 esca&ntilde;os actuales; aquellos que consiguieron tras una calamitosa campa&ntilde;a donde quisieron que Catalu&ntilde;a siguiese siendo el centro de atenci&oacute;n. Para Feij&oacute;o, en cambio, las perspectivas electorales no son tan halag&uuml;e&ntilde;as: las mismas encuestas detectan un estancamiento, cuando no un retroceso, en la intenci&oacute;n de voto de los populares. Esto no le impedir&aacute; liderar el bloque de la derecha, pero si quiere gobernar tendr&aacute; que hacerlo con un socio encaramado a sus cerca de 70 esca&ntilde;os que no se lo pondr&aacute; nada f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Desde los tiempos del ef&iacute;mero Pablo Casado, el Partido Popular no ha sabido qu&eacute; hacer para detener la persistente sangr&iacute;a de votos hacia su derecha. Primero imitaron sus afirmaciones altisonantes, como cuando el propio Casado afirm&oacute; que &ldquo;la Hispanidad es el hito m&aacute;s importante de la humanidad, solo comparable con la romanizaci&oacute;n&rdquo;. Aquello fue en octubre de 2018. Es decir que, poco antes de que Vox irrumpiera con fuerza en el Parlamento andaluz, los populares ya intentaban poner la tirita antes de la herida. Despu&eacute;s probaron todo lo contrario: distanciarse. El mismo Casado sentenci&oacute; un rotundo &ldquo;hasta aqu&iacute; hemos llegado&rdquo; en la moci&oacute;n de censura de 2020, rompiendo unos puentes que Vox intentar&iacute;a dinamitar m&aacute;s tarde, en 2023, con la propuesta de aquel candidato nonagenario y extempor&aacute;neo que fue Ram&oacute;n Tamames. Ni imitarles ni diferenciarse de ellos ha servido a los populares para atemperar la amenaza que llegaba desde su derecha.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qu&eacute; le ofrece realmente este palad&iacute;n de la naci&oacute;n a los espa&ntilde;oles, m&aacute;s all&aacute; de una versi&oacute;n actualizada de aquel &ldquo;&iexcl;Santiago y cierra Espa&ntilde;a!&rdquo; que, seg&uacute;n la leyenda, gritaban los caballeros cristianos en las Navas de Tolosa? Porque, si dejamos a un lado las proclamas patri&oacute;ticas y descendemos a la letra peque&ntilde;a de su programa, la propuesta es alarmante y parad&oacute;jica. Alarmante porque los de Abascal hablan, sin demasiados tapujos, de privatizar las pensiones mediante un modelo mixto de reparto y capitalizaci&oacute;n, m&aacute;s conocido como la &ldquo;mochila austriaca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y parad&oacute;jica porque la medida castigar&iacute;a precisamente a su gran granero de votos: las rentas m&aacute;s bajas y de menor cualificaci&oacute;n laboral, que ver&iacute;an mermadas sus futuras pensiones al no tener capacidad de ahorro para alimentar fondos privados. Si a esto le sumamos la reforma fiscal anunciada por Figaredo &mdash;un IRPF con un m&iacute;nimo exento de 22.000 euros, un tipo del 15% hasta los 70.000 euros y del 25% a partir de esa cantidad&mdash;, la contradicci&oacute;n es evidente. No hace falta ser un lince en econom&iacute;a para ver que la propuesta tambi&eacute;n supone una rebaja sustancial para las rentas altas, al tiempo que reduce la recaudaci&oacute;n p&uacute;blica. Esas mismas arcas que sostienen la sanidad, la educaci&oacute;n o las pensiones.
    </p><p class="article-text">
        Son los servicios esenciales de los que tanto se quejan muchos de los ciudadanos que el pr&oacute;ximo 29 de noviembre correr&aacute;n a depositar su confianza en el patriota Abascal. Ese mismo l&iacute;der que en su juventud encaden&oacute; hasta tres pr&oacute;rrogas sucesivas para esquivar el servicio militar obligatorio hasta que su entonces coreligionario Aznar aprob&oacute; su abolici&oacute;n. Lo cual no le impide clamar hoy que est&aacute; &ldquo;con los uniformados que defienden la soberan&iacute;a nacional frente a la traici&oacute;n institucional&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abascal es, en definitiva, ese patriota aquejado de nostalgia imperial que quiere armar a Espa&ntilde;a contra supuestos invasores a costa de desarmar &mdash;en recursos y derechos sociales&mdash; a los propios espa&ntilde;oles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriota-abascal_129_13582412.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 20:57:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El patriota Abascal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vox,Santiago Abascal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Supremo, juez y parte, entra en la campaña electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/supremo-juez-parte-entra-campana-electoral_129_13580261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/580e12ad-dd95-46c4-beb3-7ca53e52c98b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Supremo, juez y parte, entra en la campaña electoral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pelota vuelve a estar en el tejado de un Tribunal Constitucional obligado a actuar a contrarreloj. La Abogacía del Estado no tiene otra salida que presentar un recurso de amparo urgente invocando la vulneración flagrante del derecho al sufragio activo y la indefensión absoluta que supone exigir la revisión individual de más de 160.000 expedientes consulares en un intervalo temporal mínimo</p><p class="subtitle">El Supremo mantiene la suspensión del derecho a voto de los nacionalizados por la ley de nietos</p></div><p class="article-text">
        El activismo judicial en Espa&ntilde;a ha dejado de guardar las formas. Ya no le hace falta el pudor de la toga ni el disimulo de los tecnicismos. La reciente decisi&oacute;n de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo de rechazar el recurso de la Abogac&iacute;a del Estado y mantener la suspensi&oacute;n cautelar del voto para 163.020 espa&ntilde;oles en el exterior no es un acto de prudencia jur&iacute;dica. Es una intervenci&oacute;n pol&iacute;tica (dise&ntilde;ada, eso s&iacute;, con escuadra y cartab&oacute;n) en el campo de juego de las elecciones generales del pr&oacute;ximo 29 de noviembre. Con esta decisi&oacute;n, el Alto Tribunal no solo arbitra el partido: ha bajado al c&eacute;sped a rematar el c&oacute;rner en el minuto de descuento.
    </p><p class="article-text">
        Para entender la magnitud del esc&aacute;ndalo hay que desbrozar el camino de la infamia. La llamada Ley de Nietos naci&oacute; amparada por una &ldquo;Instrucci&oacute;n&rdquo; del Ministerio de Justicia que aliviaba la carga de la prueba a los descendientes del exilio, presumiendo su condici&oacute;n si salieron del pa&iacute;s en los a&ntilde;os de plomo de la dictadura. Aquella norma cont&oacute; en sus inicios con el perfil bajo y los matices del Partido Popular, que pretend&iacute;a mantener su tradicional caladero de votos en el exterior, singularmente en Galicia y el norte peninsular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Feij&oacute;o prometi&oacute; en 2022 una ley espec&iacute;fica para los descendientes de espa&ntilde;oles y su programa de 2023 recog&iacute;a ese compromiso. La contradicci&oacute;n es a&uacute;n m&aacute;s llamativa si recordamos que el Gobierno de Mariano Rajoy aprob&oacute; en 2015 una ley para facilitar la nacionalidad a los sefard&iacute;es: hasta finales de 2024 se hab&iacute;an concedido 72.209 nacionalidades por esa v&iacute;a. Entonces se invocaba la reparaci&oacute;n de un v&iacute;nculo hist&oacute;rico. V&iacute;nculo que parece que no es relevante cuando se trata de descendientes de exiliados por el franquismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero la irrupci&oacute;n de Vox y ese artefacto judicial que es Iustitia Europa activaron las alarmas de la derecha. Los de Abascal llevaban tiempo alimentando la sospecha de que esta ley era, en realidad, una f&aacute;brica de votantes socialistas, as&iacute; que cuando los populares se unieron a la nueva cruzada, la &ldquo;integridad de la patria&rdquo; exigi&oacute; sacrificar los derechos de sus propios compatriotas. El PP vir&oacute; en redondo y el Supremo acudi&oacute; raudo al silbato.
    </p><p class="article-text">
        La resoluci&oacute;n es jur&iacute;dicamente aberrante por una raz&oacute;n que el Supremo despacha con soberbia: los 163.020 afectados <em>ya</em> gozan de la nacionalidad espa&ntilde;ola de pleno derecho. Tienen su pasaporte, constan en los registros del Estado y son ciudadanos a todos los efectos. Pero el Supremo, en una pirueta elitista, ha creado una ciudadan&iacute;a de segunda categor&iacute;a. El tribunal dictamina que el derecho de sufragio no es &ldquo;absoluto&rdquo; y congela el voto de miles de personas bajo la sospecha abstracta de que el tr&aacute;mite por el cual adquirieron su condici&oacute;n nacional fue &ldquo;demasiado laxo&rdquo;. Es un hito inaudito: un tribunal priva preventivamente de un derecho constitucional a ciudadanos leg&iacute;timos para proteger una supuesta &ldquo;limpieza del censo&rdquo; que nadie ha demostrado alterada. El Supremo ha intervenido, pero siempre con mesura, ante fraudes localizados de empadronamiento municipal, el burdo &ldquo;turismo electoral&rdquo; de los caciques locales. Ahora no ha tenido reparos en aplicar una purga masiva a escala internacional a las puertas de unas generales.
    </p><p class="article-text">
        Este movimiento no es sino es el en&eacute;simo cap&iacute;tulo de una trayectoria de resistencia numantina de la c&uacute;pula judicial contra el Gobierno de coalici&oacute;n presidido por Pedro S&aacute;nchez. Vivimos en ese pa&iacute;s donde el Supremo se rebela contra el poder legislativo de forma sistem&aacute;tica. Hace apenas una semana, el Tribunal Constitucional tuvo que enmendarle la plana a la Sala de lo Penal y al juez Pablo Llarena por su ins&oacute;lita interpretaci&oacute;n de la Ley de Amnist&iacute;a, acus&aacute;ndolos de inventarse un &ldquo;beneficio patrimonial&rdquo; para no aplicar la norma al delito de malversaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora la pelota vuelve a estar en el tejado de un Tribunal Constitucional obligado a actuar a contrarreloj. La Abogac&iacute;a del Estado no tiene otra salida que presentar un recurso de amparo urgente invocando la vulneraci&oacute;n flagrante del derecho al sufragio activo (art&iacute;culo 23 de la Constituci&oacute;n) y la indefensi&oacute;n absoluta (art&iacute;culo 24) que supone exigir la revisi&oacute;n individual de m&aacute;s de 160.000 expedientes consulares en un intervalo temporal m&iacute;nimo. Una vulneraci&oacute;n de derechos fundamentales de manual. La clave est&aacute; en que el Constitucional tiene la facultad legal de resolver solicitudes de medidas &ldquo;cautelar&iacute;simas&rdquo; de 24 a 48 horas: podr&iacute;a suspender la resoluci&oacute;n del Supremo antes del 23 de octubre, fecha l&iacute;mite e inamovible en la que la LOREG exige cerrar el censo definitivo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s en previsi&oacute;n de esta posibilidad, Vox y la parte m&aacute;s vociferante del PP &ndash;la inefable Ayuso&mdash; ya se han dedicado a embarrar el terreno de juego. Ahora se entienden mejor las constantes referencias al &ldquo;pucherazo&rdquo; electoral por parte de los de Abascal o que la de Chamber&iacute; saliera a las primeras de cambio a cuestionar el voto por correo. No ser&eacute; yo quien diga que hay vasos comunicantes entre la derecha y el poder judicial, un conducto por el que la afinidad ideol&oacute;gica circula a presi&oacute;n constante. Pero no est&aacute; de m&aacute;s recordar que los populares estuvieron a punto de firmar en noviembre de 2018 un acuerdo para la renovaci&oacute;n del Consejo General del Poder Judicial con un S&aacute;nchez que acababa de ganar una moci&oacute;n de censura por primera vez en democracia. Un preacuerdo que Ignacio Cosid&oacute; vendi&oacute; como &ldquo;extraordinario&rdquo; porque permitir&iacute;a al PP controlar &ldquo;la Sala Segunda desde detr&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una oportuna filtraci&oacute;n period&iacute;stica de este mensaje de WhatsApp dio al traste con aquel preacuerdo y as&iacute; seguimos ocho a&ntilde;os despu&eacute;s: con un CGPJ sin renovar, oportunamente dominado por una mayor&iacute;a conservadora, que no ha tenido a bien reprobar ninguna de las delirantes actuaciones del juez Peinado, por poner solo un ejemplo. Espa&ntilde;a se asoma a un escenario de colisi&oacute;n institucional sin precedentes. Quienes se llenan la boca con la separaci&oacute;n de poderes han acabado por convertir el Tribunal Supremo en el &oacute;rgano, tambi&eacute;n supremo, de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/supremo-juez-parte-entra-campana-electoral_129_13580261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2026 16:00:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Supremo, juez y parte, entra en la campaña electoral]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tribunal Supremo,Elecciones Generales 2026,Nacionalidad,Derecho al voto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maricarmen: cuando una historia personal se convierte en memoria colectiva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/maricarmen-historia-personal-convierte-memoria-colectiva_129_13570749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1110f9ac-9a1a-4ee5-9588-b21503f90e38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x885y411.jpg" width="1200" height="675" alt="Maricarmen: cuando una historia personal se convierte en memoria colectiva"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Maricarmen puso rostro al problema. Su historia permitió reconocer a miles de personas vulnerables que viven bajo la amenaza de perder su hogar. Y mostró también una dimensión que suele quedar en segundo plano: la de tantas mujeres de su generación cuya autonomía económica y residencial estuvo condicionada por relaciones de dependencia familiar y económica</p><p class="subtitle">Muere Maricarmen, la mujer que convirtió su lucha por la vivienda en un clamor que recorrió España</p></div><p class="article-text">
        Hay muertes que pertenecen a la intimidad de una familia y hay muertes que, por las circunstancias que las rodean, terminan hablando de una sociedad entera. La de Maricarmen pertenece tambi&eacute;n a esta segunda categor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Su desahucio, el pasado 23 de septiembre, la convirti&oacute; en el rostro de un problema que llevaba demasiado tiempo acumulando cifras, informes y discursos sin encontrar una imagen capaz de condensarlo: la crisis de la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Porque detr&aacute;s de cada estad&iacute;stica hay una vida. Detr&aacute;s de los precios del alquiler, de la dificultad para acceder a una casa o de los desahucios hay personas para las que perder su vivienda no significa simplemente cambiar de direcci&oacute;n. Significa perder seguridad, v&iacute;nculos, recuerdos y, en ocasiones, una parte esencial de su propia identidad.
    </p><p class="article-text">
        Maricarmen puso rostro a ese problema. Su historia permiti&oacute; reconocer a miles de personas vulnerables que viven bajo la amenaza de perder su hogar. Y mostr&oacute; tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n que suele quedar en segundo plano: la de tantas mujeres de su generaci&oacute;n cuya autonom&iacute;a econ&oacute;mica y residencial estuvo condicionada por relaciones de dependencia familiar y econ&oacute;mica. Su biograf&iacute;a hablaba, al mismo tiempo, de vivienda, vulnerabilidad y desigualdad de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Pero su significado pol&iacute;tico va m&aacute;s all&aacute; de haber sido un s&iacute;mbolo. Su caso se convirti&oacute; tambi&eacute;n en una palanca de cambio<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Ciencia Pol&iacute;tica sabemos que los problemas sociales no entran por s&iacute; solos en la agenda p&uacute;blica. A veces necesitan un acontecimiento capaz de concentrar la atenci&oacute;n, generar identificaci&oacute;n y convertir un malestar disperso en una demanda colectiva. Eso es lo que ocurri&oacute; con Maricarmen.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de d&iacute;as, su caso desbord&oacute; el &aacute;mbito individual. La movilizaci&oacute;n lleg&oacute; a la calle, al Gobierno, al Parlamento y hasta a un fondo buitre. La vivienda pas&oacute; de ser una preocupaci&oacute;n estructural a convertirse en una urgencia pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Con todas las diferencias y matices, hay algo que recuerda a la l&oacute;gica del 15M: no porque ambos procesos sean equivalentes, sino porque en ambos casos un acontecimiento concreto consigui&oacute; condensar un malestar que llevaba tiempo acumul&aacute;ndose y convertirlo en movilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La velocidad de lo ocurrido resulta significativa. En apenas una semana, una mujer hasta entonces desconocida para la mayor&iacute;a del pa&iacute;s consigui&oacute; situar en el centro del debate una cuesti&oacute;n que llevaba a&ntilde;os esperando una respuesta pol&iacute;tica a la altura de su dimensi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        De aquella movilizaci&oacute;n surgieron dos decretos de vivienda. Fueron rechazados en el Congreso, pero ser&iacute;a un error medir su impacto solo por el resultado de una votaci&oacute;n. Tambi&eacute;n dejaron algo menos tangible, pero pol&iacute;ticamente relevante: la expectativa de que existe otra pol&iacute;tica de vivienda posible, capaz de actuar a corto plazo ante situaciones de emergencia y de conectar con una demanda ciudadana que ya no puede ser tratada como un asunto secundario.
    </p><p class="article-text">
        Ese es uno de los elementos m&aacute;s interesantes de esta historia. Una movilizaci&oacute;n puede no conseguir que sus demandas se conviertan de inmediato en ley y, sin embargo, cambiar los t&eacute;rminos del debate. Puede hacer que determinados problemas ocupen el centro de la agenda, obligar a los partidos a posicionarse y ampliar los l&iacute;mites de lo que la sociedad considera pol&iacute;ticamente posible.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda ya era uno de los grandes problemas sociales de Espa&ntilde;a. Lo que hizo el caso de Maricarmen fue convertir ese problema en una experiencia colectiva reconocible. Y esa movilizaci&oacute;n termin&oacute; teniendo consecuencias en el propio calendario pol&iacute;tico, en un contexto de creciente dificultad parlamentaria que desemboc&oacute; en el adelanto electoral.
    </p><p class="article-text">
        Pero entre decretos, votaciones y estrategias electorales conviene no perder de vista lo esencial: Maricarmen era una persona antes que un s&iacute;mbolo<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una mujer de 87 a&ntilde;os que hab&iacute;a vivido durante d&eacute;cadas en su casa y que termin&oacute; convertida, sin haberlo buscado, en el rostro de una crisis que afecta a miles de personas.
    </p><p class="article-text">
        Ya no podr&aacute; volver a aquella casa. Esa es la parte m&aacute;s dolorosa de esta historia y la que ninguna pol&iacute;tica p&uacute;blica puede reparar.
    </p><p class="article-text">
        Pero una sociedad democr&aacute;tica puede hacer algo con su historia: conseguir que su caso no quede reducido a la memoria de un desahucio. Puede utilizarlo para preguntarse qu&eacute; entendemos por vivienda, qu&eacute; nivel de vulnerabilidad estamos dispuestos a aceptar y hasta d&oacute;nde debe llegar la responsabilidad de las instituciones cuando el mercado y la protecci&oacute;n social entran en conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Porque Maricarmen fue una persona antes que un s&iacute;mbolo. Y precisamente por eso termin&oacute; convirti&eacute;ndose en uno.
    </p><p class="article-text">
        Su muerte deja una ausencia. Su historia, una pregunta pol&iacute;tica: &iquest;qu&eacute; hacemos como sociedad para que nadie tenga que convertirse en s&iacute;mbolo para poder ser protegido?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/maricarmen-historia-personal-convierte-memoria-colectiva_129_13570749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 19:53:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maricarmen: cuando una historia personal se convierte en memoria colectiva]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maricarmen,Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso, la trumpista de la M-30]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-trumpista-m-30_129_13565964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c8126c5-bffb-421d-a852-2a309173d060_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131567.jpg" width="1741" height="980" alt="Ayuso, la trumpista de la M-30"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Ayuso alienta la teoría del fraude electoral, Aznar amaga con el golpe de Estado: asegura que, si gana Sánchez el 29N, «sin duda» proclamará la República. De forma, evidentemente, inconstitucional, porque la forma del Estado no solo está plenamente consagrada en el artículo 1.3 de la Constitución, sino que la posibilidad de cambiarla supondría un procedimiento de reforma «agravado», todo un viacrucis recogido en el artículo 168</p></div><p class="article-text">
        La presidenta del PP madrile&ntilde;o ha entendido que estas elecciones no solo decidir&aacute;n qui&eacute;n gobierna Espa&ntilde;a los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os, tambi&eacute;n qui&eacute;n mandar&aacute; en el espectro la derecha espa&ntilde;ola. Apenas conocido el adelanto electoral, ya puso bajo sospecha el voto por correo y alert&oacute; de un posible fraude. Exactamente lo mismo que pas&oacute; despu&eacute;s de que el Frente Popular ganara las elecciones de febrero de 1936. Sabemos de sobra c&oacute;mo acab&oacute; aquella historia. Y por eso mismo sorprende que sean columnistas y opinadores varios de medios de la derecha los que afirmen ahora que la izquierda espa&ntilde;ola est&aacute; creando un clima &laquo;guerracivilista&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La salida de tono de la de Chamber&iacute; no es nueva. Sigue su t&oacute;nica habitual, ocupar desde <em>su</em> PP el espacio que hasta ahora ha colonizado la derecha radical: confrontaci&oacute;n con S&aacute;nchez, guerra cultural, desconfianza hacia las instituciones y sospechas sobre el sistema electoral.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, mientras la conversaci&oacute;n gira en torno al fraude electoral, queda en segundo plano otra pol&eacute;mica &mdash;una de tantas&mdash; que afecta a su gesti&oacute;n: la compra de un &aacute;tico por 6,3 millones de euros justo enfrente de su madre. Pocos, excepto los m&aacute;s turiferarios, dudan ya de la verdadera intenci&oacute;n de esa iniciativa inmobiliaria, perpetrada adem&aacute;s con toda la opacidad posible: la adquisici&oacute;n fue gestionada por una empresa p&uacute;blica, Planifica Madrid. Una empresa con capital 100% de la Comunidad de Madrid, pero que opera bajo el r&eacute;gimen del derecho privado. Dicho en rom&aacute;n paladino, que puede saltarse todos los controles a los que est&aacute; sometida la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Que son muchos.
    </p><p class="article-text">
        Esta no tan nueva faceta de promotora inmobiliaria de nuestra Ayuso la emparenta directamente con otro gran promotor inmobiliario de fama, lamentablemente, mundial: Donald Trump. <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-de-historia/626464-libro-las-invasiones-barbaras-9791387904722?srsltid=AU7gw4UOq2aZB1k_rpgRo258M_8hl8ZRocKf4djtd5Q8nKLrEjh-Gdeu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">O &lsquo;el agente naranja&rsquo;, como lo llama Claudi P&eacute;rez</a>. La presidenta de Madrid es la variante m&aacute;s castiza y chulapa de ese trumpismo internacional que se expande con la misma rapidez y toxicidad que ese herbicida de color naranja con el que Estados Unidos pretend&iacute;a arrasar las junglas de Vietnam. Por eso no es de extra&ntilde;ar que, como el presidente de los Estados Unidos, Ayuso se sume tambi&eacute;n a la campa&ntilde;a del pucherazo. En la otra orilla del Atl&aacute;ntico, la cosa acab&oacute; el 6 de enero de 2021 con un asalto al Capitolio, s&iacute;mbolo sacrosanto de la primera democracia moderna del mundo, retransmitido en vivo y en directo a todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ese relato choca con la realidad. La OSCE calific&oacute; las elecciones espa&ntilde;olas de 2023 de competitivas y plurales, se&ntilde;al&oacute; que fueron gestionadas de forma eficaz y que los organismos electorales gozaban de confianza. Sobre el voto por correo, habl&oacute; de una alternativa eficaz y mostr&oacute; absoluta confianza en el procedimiento.
    </p><p class="article-text">
        Hay, adem&aacute;s, un dato todav&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;modo para quienes intentan presentar el voto exterior como una amenaza: en 2023, el escrutinio del CERA (Censo Electoral de residentes Ausentes) permiti&oacute; al PP ganar un diputado en Madrid que inicialmente se atribu&iacute;a al PSOE. Qu&eacute; m&aacute;s da. A ese c&oacute;ctel incendiario que conforma el conglomerado PP -VOX le interesa otro tipo de cera, m&aacute;s en la l&iacute;nea de <em>Karate Kid: </em>&laquo;dar cera, pulir cera&raquo;. A fin de cuentas, en este mundo en que vivimos, &iquest;a qui&eacute;n le importan la realidad, los datos o la validaci&oacute;n de las instituciones internacionales?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la batalla decisiva para la derecha est&aacute; en otro sitio. El PP llega a las elecciones con un competidor que ya no se limita a disputarle votos, sino que se permite fijar las condiciones de una futura mayor&iacute;a de gobierno. Abascal (im)pone ya al PP &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, &ldquo;desregulaci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;remigraci&oacute;n&rdquo;. Espa&ntilde;a estar&iacute;a &ldquo;invadida&rdquo;, S&aacute;nchez ser&iacute;a un &ldquo;candidato marroqu&iacute;&rdquo; y la izquierda el Anticristo. Ah&iacute; est&aacute; el principal dilema de Feij&oacute;o. Competir con la derecha radical en sus propios temas puede contener fugas, pero tambi&eacute;n reforzar&iacute;a al partido que ha hecho de ellos su principal se&ntilde;a de identidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa estrategia de cooptaci&oacute;n del espacio electoral de Vox explica la &uacute;ltima y tronante intervenci&oacute;n de Aznar. Si lo de Ayuso es de traca, lo de Aznar es de pena. Entre otras cosas, porque no es un personaje extempor&aacute;neo sin experiencia previa. Hablamos de alguien que fue presidente de gobierno, aunque saliera por la puerta de atr&aacute;s de la historia despu&eacute;s de mentir sistem&aacute;tica y descaradamente a la ciudadan&iacute;a. Un historial ciertamente impresionante: la crisis del Prestige, las armas de destrucci&oacute;n masiva en Irak, el accidente del Yak-42 y los atentados del 11M.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque si Ayuso alienta la teor&iacute;a del fraude electoral, Aznar amaga con el golpe de Estado: asegura que, si gana S&aacute;nchez el 29N, &laquo;sin duda&raquo; proclamar&aacute; la Rep&uacute;blica. De forma, evidentemente, inconstitucional, porque la forma del Estado no solo est&aacute; plenamente consagrada en el art&iacute;culo 1.3 de la Constituci&oacute;n, sino que la posibilidad de cambiarla supondr&iacute;a un procedimiento de reforma &laquo;agravado&raquo;, todo un viacrucis recogido en el art&iacute;culo 168. Les ahorro los detalles, pero en la pr&aacute;ctica, exige que los dos grandes partidos estatales tengan que ponerse de acuerdo, que se ganen dos elecciones consecutivas con mayor&iacute;as abrumadoras y que se valide en las urnas con un refer&eacute;ndum, motivo por el cual muchos juristas consideran que la monarqu&iacute;a est&aacute; blindada <em>de facto</em> ante mayor&iacute;as parlamentarias simples o coyunturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y acabamos de empezar con la precampa&ntilde;a. Por eso yo propondr&iacute;a que en estos dos meses que nos esperan hasta las elecciones &mdash;y que se nos van a hacer muy largos&mdash; las empresas demosc&oacute;picas elaboren, adem&aacute;s de los habituales <em>trackings</em>, un estudio especial: un &laquo;barbarit&oacute;metro&raquo; para medir la intensidad de los exabruptos y salidas de tono que la derecha, capitaneada por la presidenta promotora y secundada por el or&aacute;culo de FAES, proferir&aacute; este oto&ntilde;o electoral.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-trumpista-m-30_129_13565964.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2026 20:02:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ayuso, la trumpista de la M-30]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos meses para elegir entre dos Españas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/meses-elegir-espanas_129_13562356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdf2a49e-4f84-4e2a-aaa2-edb291bc1f9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x773y691.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos meses para elegir entre dos Españas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sánchez necesita jugar otra partida: la de la ilusión. Si algunos liderazgos progresistas han conseguido recientemente éxitos electorales ha sido por las expectativas generadas con sus propuestas de mejora de la vida cotidiana de sus votantes, no por amedrentarlos con lo que pasaría si gobernaran los otros. Y aquí es donde aparece la vivienda</p></div><p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez ha convocado elecciones para el 29 de noviembre. Tiene 54 d&iacute;as por delante. Y, en pol&iacute;tica, eso puede ser una eternidad si se consigue cambiar el eje de una campa&ntilde;a. Que se lo pregunten al Aznar de 2004.
    </p><p class="article-text">
        El presidente ha planteado su comparecencia como una elecci&oacute;n entre dos modelos de gobierno. Una decisi&oacute;n l&oacute;gica: cuando un ejecutivo no puede sacar adelante sus principales iniciativas parlamentarias, solo las urnas pueden desbloquear una situaci&oacute;n enquistada. S&aacute;nchez no puede plantear estas elecciones &uacute;nicamente como un plebiscito sobre lo que ya ha hecho (poco, en materia de vivienda). Tiene que convertirlas en una consulta sobre lo que puede hacer. O, dicho de otra manera, tiene 54 d&iacute;as para conseguir que los espa&ntilde;oles no voten &uacute;nicamente <em>contra</em> alguien, sino <em>a favor </em>de algo<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; la clave.
    </p><p class="article-text">
        Porque el argumento del miedo a la suma PP y Vox ya no tiene la capacidad movilizadora que pudo tener en 2023. El propio PP ha contribuido, y mucho, a ello. La derecha liberal ha dejado de presentar a Vox como una anomal&iacute;a y ha incorporado buena parte de sus temas y marcos al debate pol&iacute;tico, como la inmigraci&oacute;n y ahora el se&ntilde;uelo electoral de la &laquo;prioridad nacional&raquo;. Por eso, la campa&ntilde;a no se ganar&aacute; solamente agitando el espantajo del miedo a la derecha, sino explicando qu&eacute; alternativa de gobierno se ofrece frente a ella.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n afectiva es hoy uno de los grandes motores electorales: votamos, m&aacute;s que por identificaci&oacute;n, por rechazo al adversario a quien consideramos una amenaza existencial. En ese terreno, PP y Vox tienen mucho avanzado, ya que se han dedicado toda la legislatura a explotar todo tipo de emociones negativas en torno a un S&aacute;nchez convertido en poco m&aacute;s que un s&uacute;cubo sediento de poder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&aacute;nchez necesita jugar otra partida: la de la ilusi&oacute;n<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si algunos liderazgos progresistas han conseguido recientemente &eacute;xitos electorales ha sido por las expectativas generadas con sus propuestas de mejora de la vida cotidiana de sus votantes, no por amedrentarlos con lo que pasar&iacute;a si gobernaran los otros.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; es donde aparece la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Porque no hablamos &uacute;nicamente de un elemento material, secundario y menor. Una vivienda es el n&uacute;cleo sin el cual no se puede imaginar un proyecto de vida. Un proyecto que necesita cierta estabilidad, no ir deambulando de casa en casa o, peor a&uacute;n, descendiendo del purgatorio del alquiler de una vivienda maltrecha al infierno de una habitaci&oacute;n compartida, con cocinilla y nevera peque&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n partido ha conseguido capitalizar pol&iacute;ticamente el problema de la vivienda y, por eso, veremos una pugna en las izquierdas por hacerse con este nuevo reclamo electoral. El gobierno y sus socios tienen ahora la oportunidad de convertir este estallido social en una discusi&oacute;n sobre qu&eacute; tipo de soluci&oacute;n pol&iacute;tica propone cada bloque al problema habitacional.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vox-vivienda-solucion-no-tuit_129_13546780.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este es un tema que incomoda especialmente a la derecha</a>. En primer lugar, porque pensaba alimentar su campa&ntilde;a con la carnaza electoral del antisanchismo, una demonizaci&oacute;n larga y pacientemente trabajada durante esta convulsa legislatura. Y no solo a nivel pol&iacute;tico y medi&aacute;tico: quien ha podido hacer, ha hecho. Pero la irrupci&oacute;n volc&aacute;nica del problema latente de la vivienda les obliga a mover el foco y a responder a una demanda que atraviesa ideolog&iacute;as: incluso entre votantes conservadores existe una opini&oacute;n favorable a <em>cierta</em> intervenci&oacute;n o contenci&oacute;n p&uacute;blica de un mercado desbocado.
    </p><p class="article-text">
        A favor de la derecha juega, en cambio, que su electorado est&aacute; muy movilizado alrededor de t&oacute;tems ideol&oacute;gicos que han demostrado rendir buenos beneficios electorales, como la inmigraci&oacute;n. A lo que habr&aacute; que sumar la vuelta &mdash;con todo tipo de fanfarria, pompa y circunstancia&mdash; de Puigdemont. No olvidemos que la defensa de la &laquo;indisoluble unidad&raquo; de Espa&ntilde;a &mdash;como dice el art&iacute;culo 2 de la Constituci&oacute;n&mdash; ha tenido hist&oacute;ricamente mayor capacidad de tracci&oacute;n emocional en la derecha. Y tampoco olvidemos que Vox prorrumpi&oacute; en la escena pol&iacute;tica espa&ntilde;ola con el <em>Proc&eacute;s.</em> <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nacionalismo-catastrofista-problemas-enquistados_129_13529325.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ellos son precisamente los que m&aacute;s han hecho por propalar ese &laquo;nacionalismo catastrofista&raquo;</a> que presenta a Espa&ntilde;a como una naci&oacute;n asediada y amenazada que requiere un estado de excepci&oacute;n que ellos quisieran permanente.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la izquierda a la izquierda del PSOE suma sus propios demonios: su at&aacute;vica fragmentaci&oacute;n. En 2023, Sumar &mdash;con Podemos dentro&mdash; obtuvo algo m&aacute;s de tres millones de votos, pero se qued&oacute; sin representaci&oacute;n en 19 circunscripciones. Es decir, cerca de 600.000 votos les resultaron in&uacute;tiles: hay que convertir votos en esca&ntilde;os. Ahora, si comparecen con papeletas distintas y unas previsiones que, en el mejor de los casos, les sit&uacute;an en un 9,4% conjunto, el descalabro puede ser monumental. No hay que descartar que S&aacute;nchez haya querido aprovechar, tambi&eacute;n esta vez, la estratagema del voto &uacute;til para fagocitar ese espacio cainita a su izquierda. Dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Pero a&uacute;n hay m&aacute;s. S&aacute;nchez jugar&aacute; esta partida electoral con un as en la manga: la Diputaci&oacute;n Permanente. La configuraci&oacute;n que quedar&aacute; cuando se disuelvan las c&aacute;maras es, como todo en esta legislatura, enrevesada. Porque, siendo actualmente la representante del Grupo Mixto en ese &oacute;rgano provisional Ione Bellarra &mdash;y no UPN&mdash;, el Gobierno ya ha anunciado que intentar&aacute; convalidar los dos decretos deca&iacute;dos en el Congreso&hellip; sin necesidad de contar con Junts, aunque los posconvergentes se unan al bloque formado por PP y Vox. Por un solo voto (35 contra 34). Faltar&iacute;a saber qu&eacute; har&aacute; el PNV, pero, a diferencia de los de Puigdemont, la principal competencia de los <em>jeltzales</em> se sit&uacute;a a su izquierda y no a su derecha: es Bildu, no Alian&ccedil;a Catalana. Es decir, que S&aacute;nchez podr&aacute; contraponer el papel oficial del BOE al papel, casi siempre mojado, de un programa electoral. Acci&oacute;n de gobierno contra promesa de gobierno. No es mala baza.
    </p><p class="article-text">
        Maquiavelo afirm&oacute; que es la fortuna quien gobierna buena parte de los asuntos humanos, pero el pol&iacute;tico &mdash;el <em>princeps</em>&mdash; puede aprovecharse de ella haciendo uso de su <em>virt&ugrave;</em>, que no tiene nada que ver con la virtud cristiana, sino que resulta de la combinaci&oacute;n de energ&iacute;a, determinaci&oacute;n, astucia, estrategia y flexibilidad adaptativa. Leer la coyuntura consiste precisamente en eso: <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cisne-negro-sanchez-llama-vivienda_129_13557317.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">saber cu&aacute;ndo una elecci&oacute;n se dilucida apelando al pasado y cu&aacute;ndo puede conseguirse que se vote pensando en el futuro.</a>
    </p><p class="article-text">
        Por eso estas elecciones ser&aacute;n tambi&eacute;n una batalla por cu&aacute;l de todas las emociones puestas en liza durante esta legislatura acaba decidiendo el voto: si el miedo, el enfado y el rechazo o la expectativa razonable y hasta la esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/meses-elegir-espanas_129_13562356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 15:34:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos meses para elegir entre dos Españas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cisne negro de Sánchez se llama vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cisne-negro-sanchez-llama-vivienda_129_13557317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08d141b3-5ba5-4c0e-8c1d-1b8386bc5da1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1152549.jpg" width="1898" height="1068" alt="El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, y la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen. Eduardo Parra / Europa Press"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda puede ayudar a recomponer una izquierda estatal fragmentada y con problemas de movilización. PSOE, Sumar y Podemos comparten un electorado para el que este asunto es vital y urgente. Aunque la preocupación por la vivienda atraviese los bloques, será difícil que aliente trasvases de votos, pero puede fraguar y cimentar un espacio, el de la izquierda</p></div><p class="article-text">
        Hay reveses parlamentarios que pueden acabar siendo victorias pol&iacute;ticas. La derrota del Gobierno hoy en el Congreso, al ser tumbados los dos decretos de vivienda, puede ser una ocasi&oacute;n inmejorable para que Pedro S&aacute;nchez vuelva a poner a prueba sus virtudes como malabarista electoral, como sucedi&oacute; en 2023. Junts ha votado con PP, Vox y UPN para tumbar las medidas. Pero lo importante no es qui&eacute;n ha ganado o perdido en el Congreso; es el horizonte electoral que se abre.
    </p><p class="article-text">
        Porque esta semana la vivienda ha dejado de ser <em>solo</em> una emergencia social para definir un nuevo terreno de juego&nbsp;donde visualizar un modelo distinto de entender y hacer pol&iacute;tica. No en el futuro, sino ahora. No en un programa electoral, sino en el BOE. La pol&iacute;tica p&uacute;blica ha salido del papel y ha entrado en la vida cotidiana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece un ingrediente electoralmente clave: la vivienda es una de las pocas cuestiones capaz de atravesar el tel&oacute;n de acero que separa la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola en dos bloques irreconciliables. El 67,5% de los espa&ntilde;oles apoya limitar los precios del alquiler. Tambi&eacute;n lo hace el 56,5% de los votantes del PP y el 55,2% de los de Vox. El 82,4% respalda ampliar la vivienda social y el 79,7% dar ventajas fiscales a peque&ntilde;os propietarios que alquilen a precios asequibles. La vivienda es ya el segundo problema que m&aacute;s preocupa, solo por detr&aacute;s de la inflaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La derecha espa&ntilde;ola se ha pasado toda la legislatura enarbolando el espantajo de la <em>ocupaci&oacute;n</em>. Es decir, poniendo todo el foco en el propietario. Pero ahora el debate se ha desplazado hacia el alquiler, la emancipaci&oacute;n y el miedo a perder la casa, lo que resit&uacute;a el n&uacute;cleo del problema en los inquilinos, los hipotecados y la cada vez m&aacute;s ingente masa que no puede aspirar ni siquiera a ser ni una cosa ni otra.
    </p><p class="article-text">
        Eso ha obligado a PP y Vox a recolocarse tan deprisa que han cometido errores de bulto que ahora el PSOE puede aprovechar: Feij&oacute;o ha prometido derogar decretos que protegen los derechos de los arrendatarios y f&iacute;a su contrapropuesta al aumento de la oferta, la movilizaci&oacute;n de suelo y la construcci&oacute;n un mill&oacute;n de viviendas. Vox comparte parte de ese discurso, pero sit&uacute;a la inmigraci&oacute;n en el centro de su explicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos partidos que seg&uacute;n casi todas las encuestas sumar&iacute;an 200 diputados y que hab&iacute;an encontrado en la inmigraci&oacute;n &mdash;con la crisis de Ceuta como s&iacute;mbolo&mdash; y la corrupci&oacute;n sus principales ejes de oposici&oacute;n, se han descentrado de improviso. Si para Abascal el problema se llamaba &ldquo;Morocarmen&rdquo;, para S&aacute;nchez Maricarmen es el nombre de un cisne negro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay otra dimensi&oacute;n. La vivienda puede ayudar a recomponer una izquierda estatal fragmentada y con problemas de movilizaci&oacute;n. PSOE, Sumar y Podemos comparten un electorado para el que este asunto es vital y urgente. Aunque la preocupaci&oacute;n por la vivienda atraviese los bloques, ser&aacute; dif&iacute;cil que aliente trasvases de votos, pero puede fraguar y cimentar un espacio, el de la izquierda, que en las encuestas aparec&iacute;a disperso, agrietado y desmovilizado.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, buena parte de la polarizaci&oacute;n afectiva ha movilizado a la derecha desde el miedo, el rechazo, la indignaci&oacute;n o la ira. El imprevisto giro de guion de la vivienda ha despertado otra emoci&oacute;n: la esperanza. Y para ponerse del lado de esa esperanza, el PSOE se ha visto obligado, sin enmendar el <em>diktat</em> neoliberal del libre mercado, a alinearse con propuestas que hacen partidos y l&iacute;deres situados a su izquierda. En Berl&iacute;n, Die Linke coloc&oacute; los alquileres en el centro de su campa&ntilde;a. En Nueva York, la asequibilidad y el coste de la vida fueron elementos centrales del mensaje de Zohran Mamdani. No son modelos trasladables sin m&aacute;s, pero muestran c&oacute;mo un problema cotidiano puede convertirse en un eje de movilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece la cuesti&oacute;n decisiva: el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno se enfrenta a numerosos frentes: la inmigraci&oacute;n, la corrupci&oacute;n y una inflaci&oacute;n que aumenta por los problemas en las cadenas de suministro Problemas que pueden volver a dominar la agenda y que, en buena parte, dependen de una coyuntura internacional que Moncloa no controla. Esperar hasta el verano de 2027 significa dejar que ese escenario pueda seguir empeorando y dejando al gobierno sin capacidad de respuesta. Poco o nada puede hacer S&aacute;nchez en Ormuz o en Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;, entonces, esperar a 2027 si esta ventana puede cerrarse en unos meses? El adelanto electoral ha dejado de ser solo una hip&oacute;tesis de tertulia para entrar en el terreno del c&aacute;lculo pol&iacute;tico, con una derecha descolocada de repente y con un Junts que puede haber medido mal su apuesta: la fotograf&iacute;a que puede salir hoy del hemiciclo del Congreso &mdash;PP, Vox y los siete diputados de Puigdemont votando juntos contra los decretos&mdash; puede suponerle un elevado coste electoral en Catalunya, donde Alian&ccedil;a le disputa el flanco identitario y el PP su base social de <em>botiguers</em>, tan crucial para sostener a CiU tantas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando todo parec&iacute;a conducir la campa&ntilde;a hacia la inmigraci&oacute;n, la corrupci&oacute;n y el miedo, ha aparecido un tema capaz de hablar de reorientar el problema seguridad hacia un lugar que no favorece tanto a la derecha espa&ntilde;ola ni catalana: la seguridad de tener una casa, sea en alquiler o en propiedad, de poder pagarla y de no perderla.
    </p><p class="article-text">
        A veces, en pol&iacute;tica lo decisivo no es saber qu&eacute; tema va a centrar la campa&ntilde;a. Es cu&aacute;nto tiempo tienes para convertirlo en una baza electoral en un mundo como el actual, exaltado y sobresaltado, donde el foco de atenci&oacute;n medi&aacute;tica y p&uacute;blica cambia casi cada semana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cisne-negro-sanchez-llama-vivienda_129_13557317.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 14:32:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cisne negro de Sánchez se llama vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vox y la vivienda: cuando la solución no cabe en un tuit]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vox-vivienda-solucion-no-tuit_129_13546780.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b75d96b8-d780-4634-8eb0-67f1f4eb9cc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1002y370.jpg" width="1200" height="675" alt="Vox y la vivienda: cuando la solución no cabe en un tuit"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para ellos, el problema se resuelve señalando culpables: si no puedes pagar el alquiler, acabas convertido en un okupa; si no puedes comprar una casa, el culpable es el inmigrante; y, si todo falla, siempre queda el comodín Sánchez</p></div><p class="article-text">
        Hay problemas cuya soluci&oacute;n no cabe en un tuit. El de la vivienda, por ejemplo. El precio medio del alquiler en Espa&ntilde;a ronda ya los 1.176 euros mensuales y el de compraventa creci&oacute; un 12,8% interanual. M&aacute;s del doble que la media europea.
    </p><p class="article-text">
        Para solventar la cuesti&oacute;n, Vox ofrece &mdash;como para casi todo&mdash; una soluci&oacute;n muy sencilla: menos inmigraci&oacute;n, m&aacute;s <em>desokupaci&oacute;n</em> y seguir se&ntilde;alando a S&aacute;nchez. Para ellos, el problema se resuelve se&ntilde;alando culpables: si no puedes pagar el alquiler, acabas convertido en un <em>okupa</em>; si no puedes comprar una casa, el culpable es el inmigrante; y, si todo falla, siempre queda el comod&iacute;n S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos mensajes son ideales para esas redes sociales que demandan mensajes cortos y f&aacute;ciles de viralizar. Pero &iquest;qu&eacute; propone exactamente Vox en sus programas electorales?
    </p><p class="article-text">
        Porque el hecho es que, cuando atendemos al perfil de una franja importante de sus votantes &mdash;sectores trabajadores que se han alejado de la izquierda&mdash; encontramos una significativa contradicci&oacute;n. Y es que para los trabajadores menos cualificados la vivienda es, con diferencia, el problema que m&aacute;s destacan en las encuestas del CIS: el 35%, frente al 4,1% que recibe la inmigraci&oacute;n. Pero, a esa masa m&aacute;s menesterosa de potenciales votantes, Abascal les ofreces en realidad exactamente lo contrario de lo que necesitan: la agenda habitacional del partido sigue centr&aacute;ndose en liberar suelo, reducir regulaci&oacute;n, proteger al propietario, facilitar la construcci&oacute;n de renta libre y combatir la ocupaci&oacute;n con desalojos en menos de 48 horas. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esas medidas que favorecen a los grandes tenedores, alientan la especulaci&oacute;n inmobiliaria y perjudican a un <em>precariado </em>cada vez m&aacute;s numeroso no se quedan solo en el papel del programa electoral, sino que escalan a los acuerdos auton&oacute;micos que Vox ha firmado con el PP este a&ntilde;o, donde se despliega sin tapujos todo este viejo recetario neoliberal, ali&ntilde;ado adem&aacute;s con ese nuevo mantra electoral de la &laquo;prioridad nacional&raquo;. Una cantinela que tiene mucho gancho electoral, cosa de la que Vox es perfectamente consciente: el pasado junio llevaron al Congreso una moci&oacute;n para que los espa&ntilde;oles tuvieran preferencia para comprar, alquilar o acceder a vivienda social. Fue rechazada por 314 votos frente a 33, lo que los sit&uacute;a como &uacute;nico referente electoral que defiende los intereses de los &laquo;verdaderos&raquo; espa&ntilde;oles frente a la &laquo;invasi&oacute;n&raquo; inmigrante.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, a todos aquellos que defienden pol&iacute;ticas sociales m&aacute;s redistributivas o una mayor intervenci&oacute;n estatal del mercado, solo les espera la demonizaci&oacute;n m&aacute;s descarnada. El caso de Maricarmen lo mostr&oacute; con especial crudeza. La gran aportaci&oacute;n de Abascal al debate fue un tuit en el que llam&oacute; &laquo;milicias de S&aacute;nchez&raquo; a los manifestantes que salieron a la calle y acamparon en Sol. Adem&aacute;s, con una paronomasia supuestamente ingeniosa, alent&oacute; esa teor&iacute;a conspiranoica que asegura que las fuerzas tradicionales &mdash;esas que se opusieron a su moci&oacute;n&mdash; est&aacute;n particularmente interesadas en sustituir a la poblaci&oacute;n blanca y cristiana europea por un nuevo contingente de poblaci&oacute;n inmigrante que les sea electoralmente fiel: &laquo;toda Espa&ntilde;a sabe que, si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen, tendr&iacute;a casa&raquo;, escribi&oacute;. La teor&iacute;a del Gran Reemplazo sintetizada en 13 palabras. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la frase, con ser supuestamente ocurrente, no explica por qu&eacute; comprar o alquilar una vivienda cuesta hoy un 80% m&aacute;s que hace una d&eacute;cada ni qu&eacute; problemas causan la concentraci&oacute;n de la propiedad, los fondos de inversi&oacute;n, el alquiler tur&iacute;stico y de temporada o un parque p&uacute;blico que apenas representa el 2,5% del residencial, frente al casi 10% de la media europea. Para eso no sirven los retru&eacute;canos, los calambures ni otros juegos de palabras que tan bien quedan en un tuit. 
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el PP. Esta t&aacute;ctica simplista y simplificadora, que supone una ventaja competitiva para Vox, es un problema para un PP que, seg&uacute;n las encuestas, liderar&iacute;a un futuro gobierno de coalici&oacute;n. Porque si ahora la cuesti&oacute;n es qui&eacute;n puede ofrecer el titular m&aacute;s duro contra los okupas o los inmigrantes, el a&ntilde;o que viene el problema ser&aacute; qu&eacute; pol&iacute;ticas concretas podr&iacute;an evitar que m&aacute;s personas sean expulsadas del mercado residencial. La pr&oacute;xima votaci&oacute;n parlamentaria sobre vivienda ser&aacute; un buen test para identificar la posici&oacute;n del PP en este complicado asunto, una bomba de explosi&oacute;n retardada que le puede estallar cuando encabece ese futuro gobierno &laquo;limpio y decente&raquo; que garantice &laquo;los servicios p&uacute;blicos y la igualdad de los espa&ntilde;oles&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Porque la emergencia habitacional no desaparecer&aacute; en un a&ntilde;o. Seguir&aacute;n faltando viviendas asequibles en un mercado desregulado, un mayor parque p&uacute;blico, los alquileres seguir&aacute;n presionando los salarios y miles de j&oacute;venes continuar&aacute;n retrasando su emancipaci&oacute;n, aunque sea en una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n de un piso compartido &mdash;con nevera y una peque&ntilde;a cocina, con suerte&mdash;, una soluci&oacute;n de &uacute;ltimo recurso que, aun as&iacute;, no para de aumentar de precio porque ahora mismo la vivienda no es un derecho, sino una mercanc&iacute;a de alto valor especulativo, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nacionalismo-catastrofista-problemas-enquistados_129_13529325.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dadas las garant&iacute;as que ofrece el marco legal espa&ntilde;ol a los propietarios</a>. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que s&iacute;, una frase ocurrente puede que sirva para ganar votos ahora. Pero solucionar &mdash;o simplemente paliar&mdash; el problema exige y exigir&aacute; implementar medidas concretas, osadas y, sobre todo, efectivas. Porque, cuando no funcionen, ya no estar&aacute; S&aacute;nchez para cargar con las culpas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vox-vivienda-solucion-no-tuit_129_13546780.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 20:31:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vox y la vivienda: cuando la solución no cabe en un tuit]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nacionalismo catastrofista y los problemas enquistados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nacionalismo-catastrofista-problemas-enquistados_129_13529325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4dfbe01b-47ac-4bab-bc61-c8da3931d98f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1187y396.jpg" width="1200" height="675" alt="El nacionalismo catastrofista y los problemas enquistados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La extrema derecha asegura preocuparse por los problemas cotidianos de la gente. Pero para solucionarlo echa mano del 'nacionalismo catastrofista', que se caracteriza por una fijación por las fantasías del colapso y, sobre todo, por la canalización del resentimiento y la humillación individuales —económicas y sociales— hacia una nueva política de la crueldad</p><p class="subtitle">Tiembla Alemania</p></div><p class="article-text">
        Friedrich Mertz alud&iacute;a a la creciente &ldquo;fascinaci&oacute;n que despierta el autoritarismo en nuestra sociedad&rdquo; para justificar la debacle de los democristianos en las recientes elecciones de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Por primera vez desde la fundaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Federal, en 1949, la CDU se queda fuera de un parlamento regional. Se convierte en fuerza extraparlamentaria, como lo hab&iacute;a sido la extrema derecha alemana hasta agosto de 2014, cuando consigui&oacute; entrar en el parlamento de Sajonia (sin Anhalt) con el 9,7% de los votos. Doce a&ntilde;os despu&eacute;s. Alternativa por Alemania (AfD) roz&oacute; el 44% de los votos en Sajonia-Anhalt y el 38,2% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
    </p><p class="article-text">
        Es el mundo al rev&eacute;s, sin duda, pero no puede decirse que sea un hecho inesperado, uno de esos cisnes negros sobre los que especulaba Nicholas Taleb. Esta &mdash;tambi&eacute;n&mdash; es la historia de una muerte anunciada. Y lo peor es que no tiene visos de solucionarse si los an&aacute;lisis descansan de manera simplista y simplificadora sobre esa nueva &ldquo;fascinaci&oacute;n por el autoritarismo&rdquo; que le sirve al canciller para meter en el mismo saco a AfD y a Die Linke, cuya candidata fue la m&aacute;s votada en las elecciones municipales de Berl&iacute;n con un programa centrado en la crisis de la vivienda y del alquiler en la capital de la Rep&uacute;blica, proponiendo medidas semejantes a las que sirvieron a Zohran Mamdani para ganar en Nueva York. Elif Eralp, futura alcaldesa de Berl&iacute;n, es hija de padres turcos exiliados. Mamdani, por su parte, tiene or&iacute;genes ugandeses y sobre todo indios. Parece que la nueva pol&iacute;tica de izquierdas es cosa de expatriados, de <em>outsiders</em> de un sistema pol&iacute;tico cuyos principales representantes &ndash;conservadores, socialdem&oacute;cratas y liberales&mdash; se han estado pasando la patata caliente de la gobernabilidad sin dar respuesta a los cada vez m&aacute;s acuciantes y concretos problemas de una ciudadan&iacute;a harta de o&iacute;r que &ldquo;no hay alternativa&rdquo; a un capitalismo desenfrenado que lo convierte todo en mercanc&iacute;a susceptible de ser vendida o comprada atendiendo exclusivamente a la maximizaci&oacute;n de beneficios. En 1987, el Gordon Gekko de Oliver Stone afirmaba que &ldquo;la codicia era buena&rdquo;. En 2010 rubric&oacute; la frase asegurando que &laquo;ahora es legal&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El programa de la extrema derecha alemana, como el de todos sus correligionarios, tambi&eacute;n asegura preocuparse por los problemas cotidianos de la gente, incluida la vivienda. Pero para solucionarlo echan mano de lo que el soci&oacute;logo Richard Seymour ha llamado &ldquo;nacionalismo catastrofista&rdquo; (<em>disaster nationalism</em>), que se caracteriza por una fijaci&oacute;n por las fantas&iacute;as del colapso y, sobre todo, por la canalizaci&oacute;n del resentimiento y la humillaci&oacute;n individuales &mdash;econ&oacute;micas y sociales&mdash; hacia una nueva pol&iacute;tica de la crueldad y una violencia compartida hacia colectivos m&aacute;s vulnerables: los inmigrantes, sobre todo. Es lo que Pablo Stefanoni llama en su reciente y muy recomendable libro, <em>Un fantasma recorre el mundo</em>, el &laquo;malismo&raquo;. Y es, exactamente, lo que est&aacute; pasando en Ceuta. La agresi&oacute;n a una diputada ceut&iacute;, a un activista y a una abogada especializada en derechos humanos es una buena muestra de que las palabras exaltadas acaban provocando mucho m&aacute;s que simples incendios verbales. Hablar de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; por parte de Vox es un ardid electoralmente interesado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque el monocultivo informativo del problema ceut&iacute; &mdash;que existe, sin duda&mdash; no solo beneficia a la extrema derecha patria y a unos populares que intentan darles caza con m&aacute;s dosis de tremendismo y dejando que el problema se le enquiste al Gobierno. Lo peor es que desplaza el foco de atenci&oacute;n de otros problemas que urge solucionar cuanto antes, a riesgo de que el colapso deseado por los extremistas acabe con los andariveles de la democracia, ya tambaleantes. Por ejemplo, la pobreza laboral. En 2025, el porcentaje de personas que, a pesar de tener trabajo, estaban en riesgo de exclusi&oacute;n social subi&oacute; hasta casi el 16%. Si tenemos en cuenta que hemos alcanzado el r&eacute;cord de afiliaci&oacute;n activa a la Seguridad Social, con 22,5 millones de personas, es evidente que la distancia entre las boyantes cifras macroecon&oacute;micas y las depauperadas econom&iacute;as dom&eacute;sticas es una de las claves que m&aacute;s y mejor explican ese malestar que sirve de combustible electoral a las extremas derechas aqu&iacute; y en todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; decir de la vivienda? La semana pasada, el PSOE se abstuvo en una proposici&oacute;n de ley que abogaba por prohibir que empresas y fondos buitres compraran casas y edificios con fines especulativos. Los socialistas arguyeron que la propuesta generaba inseguridad jur&iacute;dica y que es mejor aumentar la fiscalidad a compras de extranjeros no residentes y penalizar los pisos vac&iacute;os, cosas que no han hecho hasta el momento. Pero el mayor obst&aacute;culo para solventar el problema de la vivienda en Espa&ntilde;a es legislativo: nuestro marco regulador se ha orientado durante d&eacute;cadas a proteger la seguridad del tr&aacute;fico mercantil y la rentabilidad de la inversi&oacute;n inmobiliaria. Aqu&iacute; el inversor siempre gana y por eso se invierte a espuertas. Hace pocos d&iacute;as hemos sabido que las ejecuciones hipotecarias del segundo trimestre de este a&ntilde;o han aumentado un &mdash;brutal&mdash; 27,5% interanual: m&aacute;s de la mitad se firmaron en plena burbuja inmobiliaria, entre 2005 y 2008.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os pagando una hipoteca para acabar perdiendo el dinero y la casa. Eso tambi&eacute;n es una cat&aacute;strofe.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nacionalismo-catastrofista-problemas-enquistados_129_13529325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 20:08:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El nacionalismo catastrofista y los problemas enquistados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alemania,Extrema derecha,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso intenta escapar en un Fórmula 1]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-escapar-formula-1_129_13511196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9202155f-eea6-41a7-b4a9-42e953c632fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1100y240.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso intenta escapar en un Fórmula 1"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A poco más de ocho meses de las elecciones autonómicas, no basta con gobernar: hay que fijar el marco discursivo en el que los ciudadanos juzgarán la legislatura. Y la estrategia pasa por convertir cada acontecimiento en una elección entre ella y Sánchez. La cuestión no es saber cómo está la Comunidad de Madrid, sino si se prefiere a Ayuso o a Sánchez. En 2021, recordemos, la dicotomía fue “comunismo o libertad”</p></div><p class="article-text">
        Hay pol&iacute;ticos que gobiernan y pol&iacute;ticos que, adem&aacute;s, saben generar im&aacute;genes ic&oacute;nicas. La presidenta madrile&ntilde;a destaca sobre todo en el segundo grupo, el de la pol&iacute;tica de escaparate. Los ingleses lo llaman <em>political posturing</em>. Recordemos su gran contribuci&oacute;n a la gesti&oacute;n del covid-19: un hospital Zendal cuya utilidad todav&iacute;a hoy no est&aacute; muy clara. Su &uacute;ltima gran escenificaci&oacute;n ha sido la F&oacute;rmula 1 de Madrid: un circuito convertido en escenario pol&iacute;tico, miles de espectadores, c&aacute;maras, pilotos, Felipe VI, la princesa y la infanta. La creciente turistificaci&oacute;n del mundo ha hecho que numerosas ciudades se conviertan en parques tem&aacute;ticos que hacen las delicias de los turistas y la vida imposible a los vecinos. Venecia es el ejemplo paradigm&aacute;tico. Convertir Madrid en un escaparate es la quintaesencia de una l&iacute;der escaparatista &mdash;y escapista&mdash; como Ayuso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para aderezar a&uacute;n m&aacute;s la carga folletinesca del evento, la presidenta acab&oacute; auxiliando a un aficionado que se hab&iacute;a desmayado por el calor. La imagen contiene buena parte de los ingredientes de la pol&iacute;tica de nuestro tiempo: emoci&oacute;n, espect&aacute;culo y una dirigente cercana. En las gradas, adem&aacute;s, se escucharon insultos contra Pedro S&aacute;nchez. La escena encaja a la perfecci&oacute;n en el relato pol&iacute;tico de Ayuso.
    </p><p class="article-text">
        Porque nada de esto es casual.
    </p><p class="article-text">
        A poco m&aacute;s de ocho meses de las elecciones auton&oacute;micas, no basta con gobernar: hay que fijar el marco discursivo en el que los ciudadanos juzgar&aacute;n la legislatura. Y la estrategia pasa por convertir cada acontecimiento en una elecci&oacute;n entre ella y S&aacute;nchez. La cuesti&oacute;n no es saber c&oacute;mo est&aacute; la Comunidad de Madrid, sino si se prefiere a Ayuso o a S&aacute;nchez. En 2021, recordemos, la dicotom&iacute;a fue &ldquo;comunismo o libertad&rdquo;. Pol&iacute;tica de trazo grueso en blanco y negro, ideal para tiempos de elevada competencia por la atenci&oacute;n y escasa capacidad de concentraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica se conoce como &ldquo;agenda diversionista&rdquo; cuando la estrategia pasa, no por negar un problema, sino por impedir que se convierta en el problema dominante. Cuando el Ejecutivo regional puede ser juzgado por la vivienda, la sanidad, las emergencias, los servicios p&uacute;blicos o el uso del dinero p&uacute;blico, trasladar la competici&oacute;n al terreno nacional modifica el terreno de juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo vimos en el &uacute;ltimo Debate sobre el Estado de la Regi&oacute;n. La l&iacute;der de los populares volvi&oacute; a nacionalizar la discusi&oacute;n, convirti&oacute; a S&aacute;nchez en el centro del debate y mezcl&oacute; inmigraci&oacute;n, seguridad, Ceuta y Marruecos con la pol&iacute;tica auton&oacute;mica. El mecanismo es sencillo: si el debate se libra sobre S&aacute;nchez, Ayuso juega en casa; si se libra sobre Madrid, la oposici&oacute;n puede obligarla a rendir cuentas sobre su gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las encuestas m&aacute;s solventes todav&iacute;a la sit&uacute;an en una posici&oacute;n muy fuerte y algunas mantienen su mayor&iacute;a absoluta. Pero tambi&eacute;n muestran un Vox con margen de crecimiento. Por eso la cuesti&oacute;n no es ganar, sino hacerlo con la suficiente holgura como para no necesitar a Vox y conservar, al mismo tiempo, una autoridad sobre Feij&oacute;o que ning&uacute;n otro presidente auton&oacute;mico puede exhibir con tanta fuerza<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque esa es la otra carrera de fondo en la que participa la presidenta madrile&ntilde;a, que disputa tambi&eacute;n, m&aacute;s o menos indisimuladamente, el liderazgo a Feij&oacute;o. Su posici&oacute;n sobre Ceuta lo demuestra: ha llegado a afirmar que, si ella llegara a La Moncloa, romper&iacute;a relaciones con Marruecos. Una declaraci&oacute;n que coloca al l&iacute;der del PP en una posici&oacute;n inc&oacute;moda y permite a la madrile&ntilde;a ocupar el espacio m&aacute;s duro de la derecha, ese por el que compite con Vox. As&iacute; presiona a Feij&oacute;o, contiene a Vox y mantiene movilizado a su electorado con el espantajo del antisanchismo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una curva que quiz&aacute; no pueda tomarse a 300 kil&oacute;metros por hora: la de la vivienda<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;tico de Chamber&iacute; conecta una cuesti&oacute;n de transparencia con una preocupaci&oacute;n que atraviesa buena parte de la sociedad. La pregunta es peligrosamente sencilla: &iquest;por qu&eacute; era necesario comprar ese &aacute;tico, qui&eacute;n decidi&oacute; hacerlo y d&oacute;nde est&aacute; el expediente que lo justifica? Aqu&iacute; el relato de Ayuso encuentra un l&iacute;mite que no colinda con S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda es uno de los grandes problemas econ&oacute;micos y sociales del pa&iacute;s. Es, de hecho, una bomba social de efecto retardado que puede hacer saltar por los aires la ya fr&aacute;gil l&iacute;nea sobre la que flotan con dificultades las democracias liberales. Afecta a j&oacute;venes, familias, trabajadores y clases medias. Y el famoso &aacute;tico re&uacute;ne dos malestares que pueden cruzarse en una campa&ntilde;a electoral: el precio de la vivienda y la sospecha de un uso opaco y m&aacute;s que discutible del dinero p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Por eso esa terraza de Chamber&iacute; puede acabar convertida en una de las im&aacute;genes de la campa&ntilde;a. Una imagen de la que Ayuso intenta ahora escapar a bordo de un F&oacute;rmula-1. Es su &uacute;ltima a&ntilde;agaza para desviar la atenci&oacute;n y controlar la conversaci&oacute;n. Pero si en mayo de 2027 la conversaci&oacute;n p&uacute;blica acaba centr&aacute;ndose en cu&aacute;nto cuesta vivir en Madrid, qu&eacute; se hace con el dinero p&uacute;blico y qui&eacute;n responde por ello, el rugido del motor puede no ser suficiente para tapar el ruido de fondo. Especialmente, con Vox esperando a salir de la zona de boxes.
    </p><p class="article-text">
        Porque un o una piloto de F&oacute;rmula 1 puede ganar un Gran Premio por rapidez y pericia. Pero tambi&eacute;n puede estrellarse si midi&oacute; mal las distancias al encarar una curva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-escapar-formula-1_129_13511196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Sep 2026 20:00:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ayuso intenta escapar en un Fórmula 1]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sajonia-Anhalt, la advertencia que Feijóo no debería ignorar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sajonia-anhalt-advertencia-feijoo-no-deberia-ignorar_129_13495193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e038957-00ab-4369-927b-39b871587d56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1013y301.jpg" width="1200" height="675" alt="Sajonia-Anhalt, la advertencia que Feijóo no debería ignorar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su programa ofrece respuestas sencillas a problemas complejos: menos inmigración y más deportaciones, recuperación de soberanía y confrontación con las élites políticas y económicas. La inmigración es el contenedor en el que se depositan todo tipo de frustraciones</p></div><p class="article-text">
        Los resultados electorales de Sajonia-Anhalt deber&iacute;a preocupar a todos los partidos democr&aacute;ticos europeos y, en particular, a los conservadores que creen que la mejor manera de frenar a la extrema derecha es parecerse un poco m&aacute;s a ella.
    </p><p class="article-text">
        AfD ha obtenido el 43,8% de los votos, m&aacute;s del doble que en 2021, con una participaci&oacute;n del 77,8%, r&eacute;cord desde la Reunificaci&oacute;n. No estamos, por tanto, ante una victoria producida por la abstenci&oacute;n de los dem&aacute;s, sino ante una movilizaci&oacute;n masiva en torno a AfD.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que importa para Espa&ntilde;a no son tanto las cifras como la lecci&oacute;n pol&iacute;tica que encierran.
    </p><p class="article-text">
        AfD ha conseguido integrar malestares diferentes en una &uacute;nica narrativa: desigualdad econ&oacute;mica, inseguridad, inmigraci&oacute;n, p&eacute;rdida de estatus, desconfianza hacia las &eacute;lites y refuerzo identitario. En el este alem&aacute;n existe una herida hist&oacute;rica que ninguna pol&iacute;tica posterior a la Reunificaci&oacute;n ha conseguido cerrar. De hecho, los resultados de las elecciones de este <em>land</em> sirven para ilustrar a la perfecci&oacute;n qu&eacute; es lo que ha pasado en las sociedades capitalistas democr&aacute;ticas en los &uacute;ltimos 36 a&ntilde;os. En 1990, la CDU liderada por Helmut Kohl consigui&oacute; en Sajonia-Anhalt un r&eacute;cord hasta ahora imbatido: cosech&oacute; el 39% de los votos. Fue el a&ntilde;o de la Reunificaci&oacute;n, cuando la democracia y el capitalismo eran objeto de deseo y motivo de esperanza. M&aacute;s de tres d&eacute;cadas despu&eacute;s, casi el 44% de los electores ha apostado por la extrema derecha: aquel sue&ntilde;o de la democracia capitalista parece ahora m&aacute;s bien una pesadilla.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de &laquo;la Reunificaci&oacute;n&raquo;, pero Ilko-Sascha Kowalczuk, un historiador de Berl&iacute;n este, habla de &laquo;la Absorci&oacute;n&raquo; (<em>Die &Uuml;bernahme</em>). En un libro publicado en 2019 describe c&oacute;mo aquella compleja operaci&oacute;n de Estado funcion&oacute; como funciona la adquisici&oacute;n de una empresa: se cogieron los activos de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemania, se desmantelaron sus instituciones y la Alemania Occidental absorbi&oacute; el territorio sin adoptar pr&aacute;cticamente nada del legado del Este. 
    </p><p class="article-text">
        Eso explicar&iacute;a la desigualdad cr&oacute;nica a&uacute;n evidente entre los restos de aquellos dos Estados. En 2024, la renta disponible por habitante de Sajonia-Anhalt fue de 26.297 euros, casi cuatro mil euros menos al a&ntilde;o que los 30.069 de media alemana. Cifras todav&iacute;a m&aacute;s reveladoras: el ingreso primario, antes de transferencias sociales, es el 73% de la media, los salarios el 78,2% y los ingresos patrimoniales apenas el 49,6%.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de econom&iacute;a, pero tambi&eacute;n de dignidad e identidad. Porque una persona no vota solo con la n&oacute;mina. Vota tambi&eacute;n sugestionado por la sensaci&oacute;n de que su comunidad no importa, que no es escuchado ni tenido en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; una de las claves del &eacute;xito de AfD y de la extrema derecha europea. Su programa ofrece respuestas sencillas a problemas complejos: menos inmigraci&oacute;n y m&aacute;s deportaciones, recuperaci&oacute;n de soberan&iacute;a y confrontaci&oacute;n con las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. La inmigraci&oacute;n es el contenedor en el que se depositan todo tipo de frustraciones.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n funciona la nostalgia. No tanto por el comunismo real como por una versi&oacute;n idealizada en la que hab&iacute;a seguridad, comunidad, empleo y certezas. Justo lo que el capitalismo neoliberal no ofrece. Se trata de una memoria selectiva de un pasado que nunca existi&oacute; realmente as&iacute;, pero que sirve como imagen especular de un presente que no satisface. 
    </p><p class="article-text">
        La otra gran lecci&oacute;n es la humillante derrota de la CDU de Friedrich Merz. Ha pasado del 37,1% al 17,2%, perdiendo casi la mitad de su apoyo. Lo cual obliga a plantearse una pregunta &mdash;inc&oacute;moda&mdash; que tambi&eacute;n deber&iacute;a hacerse el Partido Popular espa&ntilde;ol: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando la derecha tradicional intenta competir con la extrema derecha adoptando su discurso?
    </p><p class="article-text">
        La estrategia no es nueva. Se conoce como &laquo;triangulaci&oacute;n pol&iacute;tica&raquo; y la experiencia alemana ofrece una respuesta poco halag&uuml;e&ntilde;a: endurecer el discurso sobre inmigraci&oacute;n no solo no garantiza recuperar al votante de extrema derecha, sino que vuelve hegem&oacute;nico su marco cognitivo. Si el votante prefiere la posici&oacute;n m&aacute;s dura sobre inmigraci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; habr&iacute;a de contentarse con una copia moderada?
    </p><p class="article-text">
        Eso explica la escalada verbal entre PP y Vox a cuenta de la crisis de Ceuta, ese laboratorio en el que esta nueva pol&iacute;tica de extremos est&aacute; experimentando t&aacute;cticas y estrategias. Feij&oacute;o podr&iacute;a haber aprovechado la ocasi&oacute;n para demostrar que &eacute;l encarna una alternativa entre el optimismo ingenuo de unos y la deriva deshumanizadora de otros. Habr&iacute;a podido defender el control de las fronteras, exigir una respuesta europea, reclamar seguridad y capacidad del Estado y, al mismo tiempo, negarse a despojar al inmigrante de cualquier dignidad humana.
    </p><p class="article-text">
        Ha hecho todo lo contrario. Ha intentado superar a los de Abascal en dureza ret&oacute;rica y crudeza pol&iacute;tica. Pero lejos de frenar a su m&aacute;s directo adversario por la derecha, el PP ha contribuido a&uacute;n m&aacute;s a agudizar un estancamiento &mdash;detectado en pr&aacute;cticamente todas las encuestas&mdash; que sit&uacute;a su techo electoral alrededor del 32%, mientras Vox se dispara, rozando en algunas encuestas los veinte puntos porcentuales. De confirmarse electoralmente esas cifras, ambos gobernar&iacute;an con holgura, cierto, pero el equilibrio de poder dentro de la coalici&oacute;n cambia mucho si es tu socio quien ha salido m&aacute;s reforzado.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que el resultado de Sajonia-Anhalt es mucho m&aacute;s que un hecho hist&oacute;rico y alarmante. Es &mdash;tambi&eacute;n&mdash; un aviso. Para quien lo quiera, o lo sepa, entender.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sajonia-anhalt-advertencia-feijoo-no-deberia-ignorar_129_13495193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:59:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sajonia-Anhalt, la advertencia que Feijóo no debería ignorar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta y el patrón de la violencia ultra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-patron-violencia-ultra_129_13479112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6c7c0c8-7b28-45bd-a77c-3589d89ecb2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x917y582.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta y el patrón de la violencia ultra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que cortar la cadena: atender la frustración, combatir la propaganda, perseguir las redes que organizan la violencia y actuar con contundencia. Y proteger la protesta legítima: quienes quieren convertirla en una jauría humana no representan a los vecinos de Ceuta</p></div><p class="article-text">
        Hay algo m&aacute;s peligroso que la violencia racista: que acabemos vi&eacute;ndola como una reacci&oacute;n inevitable -o justificable- ante una crisis migratoria. No lo es. Ceuta no es una excepci&oacute;n ni un estallido espont&aacute;neo. Tampoco toda protesta contra la gesti&oacute;n migratoria es necesariamente violencia ultra. Conviene mirar el patr&oacute;n que vimos en Torre Pacheco, Southport, Epping y Belfast. Y que vuelve a aparecer en Ceuta.
    </p><p class="article-text">
        La secuencia tiene cuatro fases: frustraci&oacute;n, propaganda, movilizaci&oacute;n y violencia.
    </p><p class="article-text">
        La primera es la frustraci&oacute;n. Siempre hay un detonante real: una agresi&oacute;n, una ciudad que se siente abandonada o unos servicios insuficientes. Ese malestar merece respuestas pol&iacute;ticas. El giro llega cuando alguien decide convertirlo en odio. Entonces cambia el foco. Ya no se habla de recursos, gesti&oacute;n o responsabilidades institucionales. El objetivo pasa a ser acechar, perseguir y hasta linchar a los inmigrantes. Una crisis compleja encuentra un culpable sencillo. Es ah&iacute; donde entra la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Southport mostr&oacute; la din&aacute;mica: un crimen terrible fue acompa&ntilde;ado de falsedades sobre el origen del agresor que alimentaron, a su vez, ataques contra mezquitas, hoteles de solicitantes de asilo y comunidades migrantes. En Belfast hemos visto una secuencia parecida.
    </p><p class="article-text">
        La segunda fase es la propaganda. La infraestructura digital del odio no aparece cuando estalla una crisis. Lleva a&ntilde;os funcionando, acumulando seguidores, conectando grupos y difundiendo narrativas como &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, &ldquo;reemplazo&rdquo; o &ldquo;remigraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Ceuta los datos muestran hasta qu&eacute; punto puede acelerarse: en solo 25 d&iacute;as se detectaron 78.476 mensajes de odio relacionados con la crisis, con un pico de 6.615 en un solo d&iacute;a, casi tres veces m&aacute;s que la actividad habitual. Los principales objetivos de la cacer&iacute;a digital fueron personas norteafricanas, migrantes y musulmanas.
    </p><p class="article-text">
        No son mensajes aislados. Existe una red que conecta organizaciones locales, espa&ntilde;olas e internacionales: Deport Them Now, Save Europe Act, Reconquista, Junge Tat y Tercera V&iacute;a, junto a activistas portugueses, franceses e italianos. Y esa infraestructura tiene altavoces pol&iacute;ticos y tecnol&oacute;gicos. Musk ha convertido X en un poderoso amplificador de la derecha radical internacional. Algunos dirigentes tambi&eacute;n han convertido la inmigraci&oacute;n en un eje permanente de alarma pol&iacute;tica, asoci&aacute;ndola con inseguridad, p&eacute;rdida de identidad o amenaza demogr&aacute;fica. Sin distinguir entre inmigraci&oacute;n regular e ilegal. Cuando esos marcos pasan de los canales ultras al discurso de masas, el per&iacute;metro de lo moralmente aceptable se ampl&iacute;a hasta dar cabida a discursos deshumanizadores.
    </p><p class="article-text">
        La tercera fase es la movilizaci&oacute;n. Las redes dejan de servir solo para convencer y empiezan a organizar, desplegando toda su capacidad para trasladar la acci&oacute;n del espacio digital al espacio f&iacute;sico. Torre Pacheco mostr&oacute; c&oacute;mo funciona con Telegram. Deport Them Now UE difundi&oacute; mapas y llam&oacute; a organizar &ldquo;cacer&iacute;as&rdquo; contra poblaci&oacute;n magreb&iacute;. Ceuta vuelve a mostrar que la internacional ultra sigue formando parte de la ecuaci&oacute;n. Activistas vinculados a estos grupos han difundido la alarma o se han desplazado hasta Espa&ntilde;a. Una crisis local se convierte as&iacute; en una oportunidad para redes de distintos pa&iacute;ses y para reclutar nuevos perfiles.
    </p><p class="article-text">
        La cuarta fase es la violencia. La propaganda llega a la calle. En Ceuta hemos visto episodios violentos y la quema del campamento y de los enseres de personas migrantes, adem&aacute;s de amenazas contra organizaciones humanitarias y periodistas. Aqu&iacute; hay otra frontera, moral, que tambi&eacute;n debe ser n&iacute;tida. Se puede protestar contra la pol&iacute;tica migratoria o reclamar recursos. Quemar las pertenencias de personas migrantes no es protesta, es violencia racista.
    </p><p class="article-text">
        Por eso importa tanto la reacci&oacute;n pol&iacute;tica. De Vox ya conocemos la respuesta: ante estos episodios no solo suele faltarles una condena clara y sin matices, sino que su discurso alimenta buena parte del marco que los precede. Del PP cabe esperar algo m&aacute;s: una repulsa en&eacute;rgica sin a&ntilde;adir de inmediato un &ldquo;pero S&aacute;nchez&rdquo;. Puede responsabilizar al gobierno de una mala gesti&oacute;n y, a la vez, dejar claro que ninguna pol&iacute;tica migratoria convierte a una persona en objetivo leg&iacute;timo de una agresi&oacute;n. Puede criticar la morosidad del ejecutivo mientras descalifica cualquier atisbo de respuesta violencia, por mucho que pueda servir como combustible electoral. Un combustible altamente inflamable, que no decrecer&aacute; aunque el PP llegue al gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Porque &iquest;de verdad cree el PP que gobernar le har&aacute; inmune?
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos demuestra que no. La experiencia de Trump deber&iacute;a servir de advertencia: el supremacismo blanco no desaparece porque gobierne la derecha. Una de las primeras decisiones del presidente al volver a la Casa Blanca fue indultar a cientos de condenados por el asalto al Capitolio. Y el an&aacute;lisis del Jewish Council for Public Affairs sobre los datos del FBI de 2025 se&ntilde;ala que, pese al descenso global de los delitos de odio, los ataques contra la comunidad latina e hispana aumentaron un 26% y los dirigidos contra la poblaci&oacute;n sikh un 25%. Aqu&iacute; el otro es el musulm&aacute;n: all&iacute; es el hispano. Convendr&iacute;a no olvidarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay que cortar la cadena: atender la frustraci&oacute;n, combatir la propaganda, perseguir las redes que organizan la violencia y actuar con contundencia. Y proteger la protesta leg&iacute;tima: quienes quieren convertirla en una jaur&iacute;a humana no representan a los vecinos de Ceuta. Ambas cosas son -y deben ser- compatibles. Para solucionar la crisis de la ciudad aut&oacute;noma sin menoscabar nuestra democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-patron-violencia-ultra_129_13479112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 19:22:50 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feijóo y Abascal, luna de miel anticipada en Ceuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-abascal-luna-miel-anticipada-ceuta_129_13465806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0eec9b07-5ef4-466a-876b-84f24eac0c8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x805y248.jpg" width="1200" height="675" alt="Feijóo y Abascal, luna de miel anticipada en Ceuta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El riesgo para el PP es que, al convertir también la inmigración en uno de sus principales campos de batalla, aumente la importancia de un asunto que favorece más al discurso de Vox que al suyo. Hasta el punto de que Feijóo ha elevado el tono pidiendo confinar Ceuta por el riesgo de enfermedades</p></div><p class="article-text">
        Hay algo revelador en lo que <em>no</em> est&aacute; ocurriendo entre el PP y Vox durante la crisis de Ceuta. En 2024, una situaci&oacute;n parecida acab&oacute; con la ruptura de los gobiernos auton&oacute;micos que compart&iacute;an. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s hay mucha inflaci&oacute;n ret&oacute;rica, pero pocas discrepancias de fondo y ning&uacute;n inter&eacute;s en llevar el conflicto hasta la ruptura. Es la luna de miel anticipada de Feij&oacute;o y Abascal antes del matrimonio que ambos esperan formalizar tras las pr&oacute;ximas elecciones generales.
    </p><p class="article-text">
        No se trata todav&iacute;a de una alianza formal, sino de la normalizaci&oacute;n de su relaci&oacute;n como posible coalici&oacute;n estatal. Si las matem&aacute;ticas electorales permiten una mayor&iacute;a de PP y Vox, quieren demostrar desde ahora que pueden convivir en el poder sin hacerse la guerra. La prueba est&aacute; en la gesti&oacute;n de los menores migrantes. El 13 de agosto, las comunidades gobernadas por el PP participaron en la reuni&oacute;n t&eacute;cnica convocada por la ministra de Juventud e Infancia, mientras los territorios donde Vox gestiona las competencias sobre menores decidieron no acudir. La reuni&oacute;n mostr&oacute; el equilibrio que intenta mantener el PP: sentarse a la mesa, pero sin asumir el reparto, evitando un choque frontal con sus socios.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos a&ntilde;os Vox rompi&oacute; los gobiernos auton&oacute;micos despu&eacute;s de que el PP aceptara el reparto de 347 menores procedentes de Canarias y Ceuta. Abascal present&oacute; aquella decisi&oacute;n como una l&iacute;nea roja innegociable. En cambio, ahora la Consejer&iacute;a de Servicios Sociales y Familia de Extremadura que gestiona la ultraderecha ha tenido que asumir la tutela de cuatro menores llegados de Ceuta, pese a que los nuevos pactos de 2026 rechazan expl&iacute;citamente su acogida.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no se rompe ahora lo que hace dos a&ntilde;os salt&oacute; por los aires? La explicaci&oacute;n jur&iacute;dica &mdash;que desde 2025 existe un mecanismo que automatiza la redistribuci&oacute;n cuando se supera la capacidad de acogida&mdash; es cierta, pero insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Hay tambi&eacute;n un c&aacute;lculo material. Romper acuerdos implica perder cargos, recursos y capacidad de decisi&oacute;n. En 2024, Vox renunci&oacute; a unos 757.600 euros brutos anuales en salarios. Hoy el coste ser&iacute;a mayor: una ruptura completa supondr&iacute;a perder m&aacute;s de un mill&oacute;n al a&ntilde;o en retribuciones. Y hay otro incentivo: en dos ciclos electorales, Vox obtuvo m&aacute;s de 16 millones en pr&eacute;stamos de un banco h&uacute;ngaro vinculado a Orb&aacute;n. Romper ahora tambi&eacute;n significar&iacute;a perder unos recursos que ya no va a encontrar en otra parte.
    </p><p class="article-text">
        Pero el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico pesa a&uacute;n m&aacute;s. Vox ya no necesita demostrar que es la oferta pol&iacute;tica que defiende la mano m&aacute;s dura contra a la inmigraci&oacute;n porque ha conseguido trasladar su marco al centro de la conversaci&oacute;n y convertir la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; en una exigencia incorporada a acuerdos y presupuestos, como en la Comunitat Valenciana.
    </p><p class="article-text">
        En septiembre de 2024, tras meses de tensi&oacute;n migratoria en Canarias, la preocupaci&oacute;n por la inmigraci&oacute;n se dispar&oacute; del 11,2 % al 30,4 %, catapult&aacute;ndose como el primer problema del pa&iacute;s seg&uacute;n el CIS. Un salto de casi 20 puntos en apenas tres meses, de junio a septiembre. El dato muestra que el peso electoral de un asunto aumenta cuando un partido consigue que ocupe el centro de la agenda pol&iacute;tica y medi&aacute;tica. La crisis de refugiados de 2015 en Alemania ofrece otro ejemplo: convirti&oacute; la inmigraci&oacute;n en uno de los grandes ejes de competici&oacute;n y favoreci&oacute; notablemente a una Alternativa por Alemania que hasta entonces solo hab&iacute;a cosechado magros resultados electorales con su programa euroesc&eacute;ptico. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el riesgo para el PP es que, al convertir tambi&eacute;n la inmigraci&oacute;n en uno de sus principales campos de batalla, aumente la importancia de un asunto que favorece m&aacute;s al discurso de Vox que al suyo. Hasta el punto de que Feij&oacute;o ha elevado el tono pidiendo confinar Ceuta por el riesgo de enfermedades atribuidas a los inmigrantes. Hay una subasta para ver qui&eacute;n hace la proclama m&aacute;s estridente en una competencia indisimulada por capitalizar la atenci&oacute;n p&uacute;blica, con propuestas imposibles de aplicar, por razones geopol&iacute;ticas o por conculcar una ley, la de extranjer&iacute;a, que sin duda ser&aacute; una de las primeras en ser derogadas y reformuladas si ambos llegan al gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que se est&aacute; ensayando en Ceuta es una cultura de coalici&oacute;n. El PP necesita a la extrema derecha porque ha quedado demostrado que no le alcanza la mayor&iacute;a y Vox necesita demostrar que puede entrar en un futuro ejecutivo nacional sin dinamitarlo. Ha aprendido la lecci&oacute;n de 2023, cuando Abascal apost&oacute; por un programa ultramontano que diferenciara su propuesta de los populares, lo que le hizo perder 19 diputados y alejar una mayor&iacute;a de gobierno que parec&iacute;a garantizada. El mayor problema para Feij&oacute;o es que cuanto m&aacute;s acerca sus posiciones a las de Vox, intentando cooptar su espacio electoral, m&aacute;s legitima su marco y menos ampl&iacute;a su base. No han desaparecido sus discrepancias: solo han descubierto que les resulta m&aacute;s rentable administrarlas que subrayarlas. Si los n&uacute;meros se lo permiten en 2027, este noviazgo se convertir&aacute; en un matrimonio. Eso s&iacute;, de conveniencia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-abascal-luna-miel-anticipada-ceuta_129_13465806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 19:53:38 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta, el inicio de la campaña electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-inicio-campana-electoral_129_13453850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67c3f24c-a80f-4e0b-9748-1008f1958e79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x708y358.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta, el inicio de la campaña electoral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya hemos visto que en Ceuta la cuestión no estriba tanto en dilucidar cómo solucionar un problema humanitario como en imponer uno u otro relato. Y me parece que ese es uno de los mayores errores del Ejecutivo, que tampoco está saliendo bien parado: una cosa es la realidad y otra su percepción social, que en política resulta decisiva</p><p class="subtitle">El Poder Judicial ve “necesario” reforzar los tribunales en Ceuta para hacer frente al desborde</p></div><p class="article-text">
        Hay crisis que se convierten en s&iacute;mbolos y la de Ceuta es una de ellas, porque si lo ocurrido ten&iacute;a una dimensi&oacute;n geopol&iacute;tica, humanitaria y diplom&aacute;tica, esta semana ha empezado a adquirir una nueva naturaleza semi&oacute;tica: la de dar el pistoletazo de salida a un curso marcado por elecciones de distinta naturaleza: locales, auton&oacute;micas y generales.
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que el presidente de Ceuta, dirigente del PP que durante a&ntilde;os ha mantenido una relaci&oacute;n de cooperaci&oacute;n con los distintos Gobiernos centrales, haya endurecido el tono contra Pedro S&aacute;nchez. Habla de &ldquo;pasividad casi absoluta&rdquo;, de una situaci&oacute;n de excepci&oacute;n y concede al Ejecutivo un plazo de 30 d&iacute;as antes de acudir a &ldquo;otras instituciones&rdquo;, incluido el Poder Judicial.
    </p><p class="article-text">
        Ya hemos visto que en Ceuta la cuesti&oacute;n no estriba tanto en dilucidar c&oacute;mo solucionar un problema humanitario como en imponer uno u otro relato. Y me parece que ese es uno de los mayores errores del Ejecutivo, que tampoco est&aacute; saliendo bien parado: una cosa es la realidad y otra su percepci&oacute;n social, que en pol&iacute;tica resulta decisiva. Puede que haya coordinaci&oacute;n entre administraciones o visitas de ministros, y es cierto que el <em>tempo</em> de la ley es distinto al de la urgencia &mdash;medi&aacute;tica&mdash; del debate p&uacute;blico, pero parece que el Gobierno reacciona por detr&aacute;s de los acontecimientos. Espa&ntilde;a tiene recursos para movilizar medios ante emergencias de distinta naturaleza, pero si esa capacidad no se percibe, aparece un vac&iacute;o que ocupan los discursos de &ldquo;abandono&rdquo; o &ldquo;Estado fallido&rdquo;: ya pas&oacute; con la DANA de Valencia y aquel famoso &mdash;y falaz&mdash; mantra de &ldquo;solo el pueblo salva al pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular ha detectado ese hueco y ha decidido que Ceuta sea uno de los grandes s&iacute;mbolos del fracaso del &ldquo;sanchismo&rdquo;. La proposici&oacute;n no de ley presentada por Cuca Gamarra combina dos elementos cl&aacute;sicos del manual de la oposici&oacute;n en esta legislatura: la deslegitimaci&oacute;n del presidente &mdash;&ldquo;negligencia&rdquo;, &ldquo;pasividad absoluta&rdquo;&mdash; y la competici&oacute;n con Vox para ver qui&eacute;n encarna un nacionalismo m&aacute;s ultramontano. Ahora, el PP reclama un mando &uacute;nico, refuerzo policial y militar, mayor presencia de Frontex, el fin de las regularizaciones y una reforma de la Ley de Extranjer&iacute;a. Pero su posici&oacute;n contrasta con su trayectoria: los Gobiernos de Aznar realizaron tres procesos de regularizaci&oacute;n extraordinaria que beneficiaron a unas 500.000 personas y, en 2024, este mismo PP vot&oacute; a favor de tomar en consideraci&oacute;n la ILP para una nueva regularizaci&oacute;n, que el Gobierno aprob&oacute; en 2026 y que ahora los populares rechazan.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma la exigencia de Gamarra del &ldquo;retorno inmediato&rdquo; de quienes entraron de forma irregular, incluidos los menores, obviando que cualquier devoluci&oacute;n debe respetar la normativa de protecci&oacute;n del menor, el Estatuto de los Refugiados y la Ley de Extranjer&iacute;a que el PP de Aznar aprob&oacute; &mdash;y endureci&oacute; con una reforma de urgencia tras obtener la mayor&iacute;a absoluta&mdash; en 2000. Entonces la poblaci&oacute;n extranjera apenas superaba el medio mill&oacute;n, poco m&aacute;s del 1% de la poblaci&oacute;n. Hoy ronda el 14,8% y, a tenor de lo que estamos viendo, m&aacute;s que personas parecen munici&oacute;n electoral<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La paradoja de Ceuta, donde las distintas instancias p&uacute;blicas compiten m&aacute;s de lo que colaboran, se hace a&uacute;n m&aacute;s evidente si la comparamos con lo que sucedi&oacute; con Ucrania. En el primer mes de la guerra, Espa&ntilde;a concedi&oacute; 51.957 protecciones temporales a desplazados ucranianos mediante un procedimiento extraordinario que permit&iacute;a resolverlas en 24 horas. La respuesta cont&oacute;, adem&aacute;s, con la colaboraci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        No son situaciones equivalentes. La protecci&oacute;n temporal para los ucranianos se dise&ntilde;&oacute; como una f&oacute;rmula colectiva; en Ceuta, sobre todo en el caso de los menores no acompa&ntilde;ados, hay que identificar a cada persona, determinar su situaci&oacute;n y abrir un expediente individual. Eso alarga los plazos y exige otros recursos. Pero la comparaci&oacute;n permite plantear una pregunta: si aquella emergencia humanitaria moviliz&oacute; al conjunto del pa&iacute;s y a las comunidades aut&oacute;nomas, &iquest;por qu&eacute; ahora cuesta tanto encontrar esa misma solidaridad territorial?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es que se avecinan elecciones que pueden cambiar &mdash;y mucho&mdash; el paisaje pol&iacute;tico. Pero no solo aqu&iacute;. Europa afronta varias batallas electorales decisivas: este septiembre, en dos <em>L&auml;nder</em> de la antigua Alemania del Este, se ver&aacute; si Alternativa por Alemania se convierte en primera fuerza; el a&ntilde;o que viene, Italia y Finlandia pondr&aacute;n a prueba la continuidad de sus gobiernos con participaci&oacute;n de la extrema derecha, mientras Marine Le Pen aspira a convertirse en la primera presidenta de Francia. La extra&ntilde;a pareja formada la semana pasada por las primeras ministras danesa &mdash;socialdem&oacute;crata&mdash; e italiana &mdash;de extrema derecha&mdash; ofrece otra pista: la inmigraci&oacute;n se ha convertido en uno de los ejes centrales de la agenda europea.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Algo que, por supuesto, una abanderada del trumpismo nacional como Isabel D&iacute;az Ayuso no pod&iacute;a desaprovechar. Este lunes ha vuelto a colocar a S&aacute;nchez y Ceuta en el centro de su argumentario, con referencias a una &ldquo;invasi&oacute;n tolerada&rdquo;, mientras sigue evitando responder con claridad a la pol&eacute;mica del &aacute;tico adquirido con dinero p&uacute;blico y vendido deprisa y corriendo despu&eacute;s de que la prensa destapara el asunto. El patr&oacute;n resulta reconocible: inundar la conversaci&oacute;n p&uacute;blica con un asunto de enorme carga emocional para desplazar otros temas inc&oacute;modos<strong>.</strong> Por eso la l&iacute;der madrile&ntilde;a se ha convertido en una de las voces m&aacute;s insistentes del PP sobre Ceuta y S&aacute;nchez, hasta el punto de que en las &uacute;ltimas semanas su presencia en este debate ha sido mayor que la del propio presidente de su partido, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-inicio-campana-electoral_129_13453850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 20:03:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ceuta, el inicio de la campaña electoral]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso quiere ser Meloni]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-quiere-meloni_129_13441164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41fd79e7-e8d8-4dc3-9de7-49bdd3c6c7fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso quiere ser Meloni"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dirigente madrileña busca erigirse en la alternativa de un PP que no termina de despegar con Feijóo. La mayoría absoluta le permitió prescindir de Vox, marcar la agenda nacional y mantener una voz propia frente a el líder naconal des u partido. Todo el andamiaje de sus ambiciones nacionales pasa por mantener ese 'statu quo'. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy Giorgia. Soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana&rdquo;. La frase con la que Meloni se hizo c&eacute;lebre en la campa&ntilde;a electoral de 2022 condensaba una f&oacute;rmula precisa: encadenar identidad nacional, familiar y religiosa en una misma expresi&oacute;n para marcar diferencias con las nuevas identidades promocionadas por la izquierda. No necesit&oacute; moderar el discurso de la extrema derecha de la que proven&iacute;a, el MSI, heredero del fascismo mussoliniano; logr&oacute; algo m&aacute;s ambicioso: trasladar sus temas al centro de la conversaci&oacute;n y articularlos desde una &ldquo;nueva derecha&rdquo; con vocaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        Isabel D&iacute;az Ayuso lleva a&ntilde;os recorriendo un camino parecido, solo que en sentido inverso. Su comparecencia de este lunes lo volvi&oacute; a confirmar. Hab&iacute;a sido convocada para presentar ayudas a los ganaderos afectados por los incendios. Se anunci&oacute; con apenas hora y media de antelaci&oacute;n, sin permitir preguntas de los periodistas, y buena parte de la intervenci&oacute;n acab&oacute; dedicada a Ceuta, Marruecos, Italia, Schengen y Pedro S&aacute;nchez. A nadie se le escapaba la intenci&oacute;n: desviar la atenci&oacute;n hacia la presi&oacute;n migratoria en la frontera y sus consecuencias, responsabilidad del Gobierno central. El mismo al que implic&oacute; unas semanas antes en la gesti&oacute;n de los incendios forestales en Madrid, una competencia del Ejecutivo auton&oacute;mico, salvo que se eleve el problema a emergencia nacional.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata solo de comunicaci&oacute;n: es una estrategia pol&iacute;tica orientada a dos objetivos.
    </p><p class="article-text">
        El primero, desplazar la atenci&oacute;n de una crisis que amenaza con convertirse en un problema serio para su Ejecutivo: la compra por 6,3 millones de euros de un &aacute;tico por parte de una empresa p&uacute;blica de su comunidad, gestionada de forma opaca y p&eacute;simamente justificada. La operaci&oacute;n corre el riesgo de erigirse en el s&iacute;mbolo de una legislatura en la que el PP puede perder el control absoluto de su principal basti&oacute;n. A ello se suma la pol&eacute;mica por aquel viaje a M&eacute;xico, acortado por supuestas amenazas a su seguridad, una versi&oacute;n cuestionada desde el otro lado del Atl&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Son dos crisis distintas con un rasgo com&uacute;n: ninguna ha quedado saldada con las explicaciones ofrecidas por la presidenta y su entorno. Ni siquiera Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez, director de gabinete y especialista en aprovechar los apuros de Ayuso para abrir una nueva trinchera contra sus adversarios, parece haber encontrado esta vez una salida eficaz.
    </p><p class="article-text">
        El segundo objetivo apunta m&aacute;s alto: disputar el liderazgo de la nueva derecha radical antes de que Vox lo monopolice.
    </p><p class="article-text">
        Meloni opera aqu&iacute; como referencia. Ambas dirigentes han comprendido la rentabilidad de hacer del choque con la izquierda la piedra angular de su perfil. S&aacute;nchez resulta un adversario &uacute;til para esta maniobra: permite elevar cuitas auton&oacute;micas a conflicto estatal e integrar banderas de la extrema derecha en el PP &mdash;seguridad, inmigraci&oacute;n, feminismo o Catalu&ntilde;a&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        La polit&oacute;loga austr&iacute;aca Natascha Strobl llama &ldquo;conservadurismo radicalizado&rdquo; a esa evoluci&oacute;n de las fuerzas tradicionales que adoptan el lenguaje y las t&aacute;cticas de la derecha radical sin perder su perfil de gobierno, algo que ejemplific&oacute; el joven &mdash;y ef&iacute;mero&mdash; canciller austr&iacute;aco Sebastian Kurz. Una senda explorada tambi&eacute;n por otros conservadores de Grecia, Suiza o Pa&iacute;ses Bajos. No implica mimetizarse por completo con la extrema derecha, pero s&iacute; asumir algunos de sus recursos para evitar que Vox acapare la conversaci&oacute;n p&uacute;blica: ruptura de normas y protocolos en la relaci&oacute;n con el adversario, polarizaci&oacute;n extrema, guerra cultural &mdash;como la emprendida en M&eacute;xico&mdash;, transformaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n en un club de fans en torno a un l&iacute;der mesi&aacute;nico, hostigamiento a las instituciones, campa&ntilde;a permanente y creaci&oacute;n de realidades paralelas amparadas en la posverdad. Ayuso en estado puro.
    </p><p class="article-text">
        Como en su d&iacute;a intent&oacute; Esperanza Aguirre, la dirigente madrile&ntilde;a busca erigirse en la alternativa de un PP que no termina de despegar con Feij&oacute;o. Su baza pasa por presentarse como la &uacute;nica capaz de reagrupar el voto fugado hacia la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Por eso Ceuta ofrece una oportunidad que no pod&iacute;a dejar pasar: permite regresar a la pol&iacute;tica nacional hablando de fronteras y soberan&iacute;a, retomar el choque directo con S&aacute;nchez, alinearse con Meloni &mdash;amiga de Abascal&mdash; y proyectar un perfil estatal mientras desplaza la conversaci&oacute;n del &aacute;tico y del fiasco de su proyecci&oacute;n internacional en M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese plan encierra una paradoja. Vox es un rival para los populares, pero al mismo tiempo ha ensanchado el espacio en el que ambos pueden competir. Cuanto m&aacute;s se normalizan sus marcos discursivos, m&aacute;s difusa resulta la l&iacute;nea que separa a las dos formaciones. Al imitar las a&ntilde;agazas tacticistas de la ultraderecha espa&ntilde;ola, Ayuso contribuye a su legitimaci&oacute;n. Su nueva aliada ya complet&oacute; esa transici&oacute;n en Italia, fagocitando el antiguo feudo democristiano y el espacio populista que encarn&oacute; Berlusconi hasta consolidar una derecha extrema, pero &ldquo;pragm&aacute;tica&rdquo;, con la que el Partido Popular Europeo no tiene reparos en pactar en Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        En 2023, los populares en la Comunidad de Madrid lograron el 47,3% de los votos y 70 esca&ntilde;os. Un &eacute;xito apabullante. La mayor&iacute;a absoluta le permiti&oacute; prescindir de Vox, marcar la agenda nacional y mantener una voz propia frente a Feij&oacute;o. Todo el andamiaje de sus ambiciones nacionales pasa por mantener ese <em>statu quo</em>. Parece dif&iacute;cil que la derecha pierda Madrid, pero si esa aritm&eacute;tica se quiebra y el a&ntilde;o que viene necesitara el apoyo de Vox para seguir en el poder, se deshar&iacute;a el espejismo.
    </p><p class="article-text">
        Parece dif&iacute;cil, pero no imposible: bastar&iacute;a con seguir transitando por la senda que une M&eacute;xico DF con Chamber&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-quiere-meloni_129_13441164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Aug 2026 20:05:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ayuso quiere ser Meloni]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Ceuta a  Schengen: Sánchez responde a Meloni]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-schengen-sanchez-responde-meloni_129_13435467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efb6332b-9ff5-472b-91aa-3df024f2bdf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1193y342.jpg" width="1200" height="675" alt="De Ceuta a  Schengen: Sánchez responde a Meloni"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el Gobierno de Sánchez hubiera permanecido pasivo, habría asumido implícitamente que cualquier país puede restringir Schengen con España apelando a una supuesta amenaza para su seguridad nacional aunque los hechos no la avalen</p><p class="subtitle">España impone controles a los viajeros procedentes de Italia tras el rechazo de Meloni a quitarlos
</p></div><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n del Gobierno espa&ntilde;ol de imponer controles a los viajeros procedentes de Italia no responde tan s&oacute;lo a un principio de reciprocidad diplom&aacute;tica. Es, sobre todo, un intento de evitar que se normalice un precedente peligroso: que un Estado miembro pueda restringir unilateralmente la libre circulaci&oacute;n con otro socio europeo por razones pol&iacute;ticas y electorales.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que est&aacute; en juego tras la decisi&oacute;n de Giorgia Meloni de restablecer controles con Espa&ntilde;a utilizando como argumento la llegada masiva y descontrolada de migrantes a Ceuta. Una medida que transforma una crisis localizada en la frontera sur de la Uni&oacute;n Europea en un conflicto bilateral que nunca debi&oacute; existir. A no ser que responda a razones m&aacute;s aviesas.
    </p><p class="article-text">
        La inmigraci&oacute;n constituye desde hace a&ntilde;os el principal recurso de movilizaci&oacute;n electoral de la derecha radical europea. Cuando las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas no consiguen ofrecer los resultados prometidos, elevar el tono y recrudecer el discurso se convierte en una tentaci&oacute;n dif&iacute;cil de evitar. La comunicaci&oacute;n, m&aacute;s maleable, sustituye a la gesti&oacute;n, siempre m&aacute;s hura&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es evidente. Como record&oacute; Pedro S&aacute;nchez utilizando datos de Frontex, Italia ha registrado alrededor de 478.600 entradas irregulares entre 2021 y 2026, pr&aacute;cticamente el doble que Espa&ntilde;a, con 234.760. Es decir, el Gobierno que pretende presentar a Espa&ntilde;a como el principal v&oacute;rtice del problema migratorio es, precisamente, el que ha soportado una mayor presi&oacute;n sobre sus propias fronteras.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco puede exhibir Meloni grandes &eacute;xitos de gesti&oacute;n. Su proyecto estrella, los centros para solicitantes de asilo en Albania, ha quedado bloqueado por los tribunales italianos y se ha convertido en el s&iacute;mbolo de una pol&iacute;tica m&aacute;s eficaz para producir titulares que resultados. Y aunque el ejecutivo italiano ha comprometido alrededor de 800 millones de euros para este proyecto de externalizaci&oacute;n del problema, las instalaciones apenas han podido funcionar. La paradoja m&aacute;s llamativa, sin embargo, es que Italia ha seguido regularizando contingentes de trabajadores extranjeros porque su econom&iacute;a contin&uacute;a necesitando mano de obra. Entre 2023 y 2025, el pa&iacute;s alpino ha concedido 452.000 permisos de trabajo mediante el Decreto Flussi. El contraste entre el discurso maximalista y la prosaica realidad resulta dif&iacute;cil de ocultar. Especialmente, si se quiere culpar de esta crisis al proceso de regularizaci&oacute;n puesto en marcha por el gobierno espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Fabricar un conflicto artificial con Espa&ntilde;a cumple una funci&oacute;n pol&iacute;tica evidente. Meloni ya no practica &uacute;nicamente ese nacionalismo &ldquo;banal&rdquo; del que hablaba Michael Billig, presente en las banderas, las camisetas de la selecci&oacute;n, los s&iacute;mbolos y las rutinas cotidianas. Ha dado un paso m&aacute;s hacia un nacionalismo performativo, construido para escenificar fortaleza, identificar enemigos externos y movilizar electoralmente a una parte de la sociedad. Del nacionalismo banal, hemos pasado al nacionalismo ruin, torticero y, sobre todo, oportunista. No es casualidad que esta escalada se produzca cuando falta poco m&aacute;s de un a&ntilde;o para las elecciones italianas y cuando Fratelli d&rsquo;Italia se ve amenazado a su derecha por el almirante Vanacci, que expide un discurso identitario y antiinmigraci&oacute;n todav&iacute;a m&aacute;s hiperventilado que el de Meloni. Que ya es decir. Endurecer el lenguaje y escenificar conflictos con otros gobiernos europeos constituye una estrategia de diferenciaci&oacute;n pol&iacute;tica mucho m&aacute;s rentable que reconocer los l&iacute;mites de la propia acci&oacute;n gubernamental.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta espa&ntilde;ola debe entenderse desde esa l&oacute;gica. Si el Gobierno de S&aacute;nchez hubiera permanecido pasivo, habr&iacute;a asumido impl&iacute;citamente que cualquier pa&iacute;s puede restringir Schengen con Espa&ntilde;a apelando a una supuesta amenaza para su seguridad nacional aunque los hechos no la avalen. La reciprocidad no persigue escalar el conflicto, sino proteger la igualdad entre Estados miembros y preservar la credibilidad de uno de los pilares fundamentales de la integraci&oacute;n europea: la libre circulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta crisis deja al descubierto una diferencia fundamental entre Italia y Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Meloni busca poner en pr&aacute;ctica el efecto conocido como <em>rally around the flag</em>: aprovechar un conflicto exterior para reforzar la cohesi&oacute;n nacional en torno al Gobierno. Es una estrategia frecuente cuando los ejecutivos atraviesan dificultades internas. A finales de los 90 una pel&iacute;cula, oportunamente titulada 'La cortina de humo', desarrollaba la idea, con un presidente de los Estados Unidos sumido en una crisis por un esc&aacute;ndalo sexual. La confrontaci&oacute;n con un actor externo desplaza el debate y convierte cualquier cr&iacute;tica dom&eacute;stica en una supuesta falta de patriotismo.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a ocurre lo contrario. La polarizaci&oacute;n ha alcanzado tal intensidad que ni siquiera una disputa diplom&aacute;tica con otro Estado miembro genera un cierre de filas alrededor del Ejecutivo. Las declaraciones de Vox respaldando el relato del Gobierno italiano frente al espa&ntilde;ol ilustran hasta qu&eacute; punto la competici&oacute;n partidista pesa hoy m&aacute;s que cualquier l&oacute;gica de unidad nacional. El conflicto exterior no reduce la polarizaci&oacute;n; la alimenta.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa sea la principal ense&ntilde;anza de esta crisis. No asistimos solo a un choque diplom&aacute;tico entre dos gobiernos. Lo que est&aacute; en juego es la posibilidad de que Schengen deje de ser una pol&iacute;tica com&uacute;n para convertirse en un instrumento al servicio de las necesidades electorales, puntuales y epis&oacute;dicas, de los Estados miembros. Un precedente que ser&iacute;a muy preocupante en un contexto como el actual, en el que Europa se ve amenazada por fuerzas que intentan redefinir los ejes que han vertebrado la construcci&oacute;n europea. O, mejor dicho, sustituirlos por otros, radicalmente contrarios. Sustituir la tolerancia a las minor&iacute;as por el ostracismo o la expulsi&oacute;n. Sustituir la cesi&oacute;n de soberan&iacute;a por el repliegue identitario. O, como en este caso, sustituir la cooperaci&oacute;n honesta entre Estados por la suspicacia interesada entre gobiernos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-schengen-sanchez-responde-meloni_129_13435467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 06:17:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Ceuta a  Schengen: Sánchez responde a Meloni]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Giorgia Meloni,Fronteras,Schengen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo soy más racista que tú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/racista_129_13427333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed35cd16-f8ca-4d0c-962b-57dd49723f80_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1523y412.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo soy más racista que tú"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el referente político de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibición constante de la fuerza frente a la inmigración irregular, ¿hasta dónde estaría dispuesto a acompañarle el PP para conservar una mayoría parlamentaria?</p></div><p class="article-text">
        Hay im&aacute;genes que retratan una crisis. Y hay otras que retratan una &eacute;poca. Las de miles de personas intentando alcanzar Ceuta hablan, por supuesto, del fracaso del modelo migratorio europeo. Pero, sobre todo, revelan otra realidad: la competici&oacute;n pol&iacute;tica, en Espa&ntilde;a y en la Uni&oacute;n Europea (UE), por demostrar qui&eacute;n es m&aacute;s duro con quienes intentan cruzar sus l&iacute;mites territoriales. La discusi&oacute;n ya no gira solo en torno a c&oacute;mo gestionar la llegada de personas. Gira, sobre todo, alrededor de qui&eacute;n promete m&aacute;s expulsiones.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante una excepci&oacute;n. La externalizaci&oacute;n del control fronterizo ha convertido a terceros pa&iacute;ses en guardianes del per&iacute;metro sur. A cambio de financiaci&oacute;n, cooperaci&oacute;n o respaldo diplom&aacute;tico, Estados como Marruecos o Turqu&iacute;a contienen los flujos migratorios. Ah&iacute; reside una de las grandes debilidades del modelo europeo: quien controla ese grifo tambi&eacute;n dispone de una poderosa herramienta de presi&oacute;n geopol&iacute;tica. Ocurri&oacute; en el r&iacute;o Evros, cuando Turqu&iacute;a empuj&oacute; a miles de personas hacia Grecia en 2020 para presionar a Bruselas. Volvi&oacute; a suceder en 2021, cuando el r&eacute;gimen de Aleksandr Lukashenko facilit&oacute; la llegada de ciudadanos de Oriente Pr&oacute;ximo y los condujo hasta Polonia, Lituania y Letonia como parte de una estrategia de guerra h&iacute;brida. Ese mismo a&ntilde;o, Marruecos permiti&oacute; la entrada de unas 10.000 personas para castigar a Espa&ntilde;a tras la acogida hospitalaria del l&iacute;der del Frente Polisario, Brahim Ghali. La Euroc&aacute;mara respondi&oacute; entonces condenando el uso de seres humanos como arma de presi&oacute;n pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Las personas dejan as&iacute; de ser sujetos de derechos para convertirse en munici&oacute;n humana, en piezas de ajedrez de la negociaci&oacute;n entre Estados. Despu&eacute;s pasan a desempe&ntilde;ar un segundo papel: el de recurso electoral. El guion se repite en Lampedusa, Grecia, Polonia o Ceuta. Primero llegan las im&aacute;genes; luego, los bulos; por &uacute;ltimo, las promesas de mano dura.
    </p><p class="article-text">
        Los acontecimientos de estos d&iacute;as ilustran con claridad esa din&aacute;mica. Jordan Bardella culp&oacute; a S&aacute;nchez de haber &ldquo;abierto las puertas de Europa&rdquo;. Meloni elev&oacute; el tono hasta plantear la suspensi&oacute;n de Schengen respecto a Espa&ntilde;a y Finlandia respald&oacute; esa posici&oacute;n, pese a que Ceuta ni siquiera forma parte de ese espacio de libre circulaci&oacute;n. En Alemania, la presi&oacute;n de AfD vuelve a empujar el debate migratorio hacia posiciones cada vez m&aacute;s extremas. Ninguna de esas reacciones puede ni debe entenderse al margen de los calendarios electorales que afrontan varios pa&iacute;ses europeos este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tampoco escap&oacute; a esa l&oacute;gica. El diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a Figaredo lleg&oacute; a reclamar que hab&iacute;a que &ldquo;cazar&rdquo; a quienes hab&iacute;an entrado en Ceuta. Santiago Abascal habl&oacute; de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, vincul&oacute; la llegada de personas con la delincuencia, la inseguridad y el deterioro de los servicios p&uacute;blicos, cancel&oacute; su viaje a Colombia para desplazarse a la ciudad aut&oacute;noma y convirti&oacute; la frontera en el eje de su ofensiva pol&iacute;tica. Al mismo tiempo, Alvise P&eacute;rez y miembros de N&uacute;cleo Nacional acudieron a Ceuta para disputar a Vox el monopolio del discurso racista.
    </p><p class="article-text">
        Nada de ello responde a la improvisaci&oacute;n. Forma parte de una estrategia conocida: convertir una crisis fronteriza en una oportunidad pol&iacute;tica. El miedo moviliza, la xenofobia cohesiona y convertir a la persona migrante en enemigo interno contin&uacute;a siendo uno de los principales reclamos ideol&oacute;gicos de la constelaci&oacute;n ultra. Partiendo de ah&iacute;, la rivalidad ya solo consiste en demostrar qui&eacute;n propone el programa m&aacute;s <strong>i</strong>ntransigente y emplea el lenguaje m&aacute;s agresivo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el verdadero problema no es Vox. De Vox nadie puede decir que oculte su proyecto. Lo preocupante es un PP que ha dejado de combatir los marcos de la extrema derecha para hacerlos suyos. Lejos quedan los aplausos a las palabras de Le&oacute;n XIV cuando record&oacute; que &ldquo;la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera&rdquo;. Bast&oacute; lo ocurrido en Ceuta para que ese consenso desapareciera. La movilidad humana dej&oacute; de abordarse como un fen&oacute;meno complejo, que exige cooperaci&oacute;n internacional y respeto a los derechos humanos, para convertirse en un instrumento de confrontaci&oacute;n partidista.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la derecha tradicional acepta el marco que fija la derecha radical, deja de discutir las soluciones y termina, no solo reforzando el relato de quien marca el debate, sino extrem&aacute;ndolo todav&iacute;a m&aacute;s, porque del extremismo vociferar&aacute; m&aacute;s, utilizar&aacute; descalificaciones m&aacute;s gruesas y medidas todav&iacute;a m&aacute;s inhumanas. Por ejemplo, elevando al nivel del discurso pol&iacute;tico lo que hasta entonces solo hab&iacute;a tenido carta de naturaleza en las calles: cazar al inmigrante. Como en Torre Pacheco hace exactamente un a&ntilde;o. Tambi&eacute;n ocurri&oacute; con la Agenda 2030 y con las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas. Ahora sucede con la inmigraci&oacute;n, el cl&iacute;max de las pol&iacute;ticas de deshumanizaci&oacute;n, porque en este caso hablamos &ndash;o deber&iacute;amos&ndash; de seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta m&aacute;s importante no es qu&eacute; dice hoy la oposici&oacute;n, sino qu&eacute; ocurrir&aacute; cuando gobierne. Porque Marruecos seguir&aacute; ah&iacute; y seguir&aacute; haciendo lo mismo: utilizar&aacute; geopol&iacute;ticamente los flujos migratorios. Ning&uacute;n Ejecutivo espa&ntilde;ol ser&aacute; inmune a episodios como el de Ceuta. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n culpar&aacute;n entonces? 
    </p><p class="article-text">
        Gobernar exige algo m&aacute;s dif&iacute;cil que se&ntilde;alar responsables: obliga a gestionar problemas para los que no existen soluciones simples. Adem&aacute;s, obliga a responder otra pregunta. Si el referente pol&iacute;tico de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibici&oacute;n constante de la fuerza frente a la inmigraci&oacute;n irregular, &iquest;hasta d&oacute;nde estar&iacute;a dispuesto a acompa&ntilde;arle el PP para conservar una mayor&iacute;a parlamentaria? Los acuerdos auton&oacute;micos ofrecen algunas pistas, porque el PP ha aceptado el principio de &ldquo;prioridad nacional&rdquo; o las restricciones a organizaciones sociales que atienden a personas en situaci&oacute;n irregular. Cesi&oacute;n tras cesi&oacute;n, el espacio pol&iacute;tico del PP se desplaza hacia la derecha radical.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero riesgo. Ning&uacute;n Estado est&aacute; a salvo de que un tercer pa&iacute;s utilice la migraci&oacute;n como instrumento de presi&oacute;n. La diferencia reside en c&oacute;mo se responde a esas situaciones: desde la gesti&oacute;n, la cooperaci&oacute;n europea y el respeto al Estado de derecho o desde el miedo, la b&uacute;squeda de culpables y la competici&oacute;n por demostrar qui&eacute;n es m&aacute;s implacable. Pero entonces la pol&iacute;tica solo consistir&aacute; en demostrar qui&eacute;n puede gritar con m&aacute;s fuerza: yo soy m&aacute;s racista que t&uacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/racista_129_13427333.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 20:21:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yo soy más racista que tú]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los dos tiempos del fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiempos-fuego_129_13412534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3e1310b-58f1-4e10-b471-875cd58fa97b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148237.jpg" width="900" height="506" alt="Los dos tiempos del fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que un episodio de esta magnitud acabe convirtiéndose en una catástrofe depende de decisiones públicas: de la planificación de la administración competente, de la cooperación entre instituciones y de la capacidad para alcanzar acuerdos cuando desaparece el humo. El verdadero fracaso no es que el monte arda. Es que, cuando deja de arder, también se extinga la voluntad política de evitar el siguiente </p></div><p class="article-text">
        Hay incendios que arrasan bosques. Y hay otros que consumen la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Cada verano asistimos al mismo patr&oacute;n: mientras miles de vecinos son desalojados, los equipos de extinci&oacute;n se juegan la integridad f&iacute;sica y las llamas avanzan, el debate se precipita hacia el reproche. En el terreno, sin embargo, suele imponerse la cooperaci&oacute;n entre instituciones y una gobernanza multinivel mucho m&aacute;s eficaz de lo que refleja la bronca pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Toda crisis tiene dos tiempos. El primero es el de la emergencia. La prioridad no deber&iacute;a ser desgastar al adversario, sino proteger vidas, coordinar recursos y ofrecer informaci&oacute;n fiable para que ese espacio no lo ocupen la desinformaci&oacute;n ni quienes instrumentalizan el temor para erosionar la confianza ciudadana. La comunicaci&oacute;n institucional tambi&eacute;n resulta decisiva porque reduce la incertidumbre y transmite serenidad, unidad y empat&iacute;a a quienes acaban de perder una vivienda, un negocio o, en el peor de los casos, a un ser querido.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; siente una persona evacuada cuando enciende la televisi&oacute;n y escucha insultos, descalificaciones o acusaciones cruzadas? Cuesta pensar que perciba a los responsables p&uacute;blicos concentrados en resolver su problema. El ruido no apaga el fuego; solo aumenta la sensaci&oacute;n de miedo y enfado.
    </p><p class="article-text">
        El segundo tiempo llega cuando las llamas se extinguen. Es entonces cuando corresponde la rendici&oacute;n de cuentas: preguntar si la prevenci&oacute;n fue suficiente, si los montes estaban bien gestionados, si las plantillas contaban con medios estables o si los presupuestos respond&iacute;an a un riesgo que ha dejado de ser excepcional. Confundir ambos momentos no fortalece la democracia; la empobrece porque erosiona la dimensi&oacute;n m&aacute;s &uacute;til de la pol&iacute;tica: su capacidad para ofrecer soluciones duraderas a desaf&iacute;os colectivos.
    </p><p class="article-text">
        Los datos evidencian que esta realidad ha dejado de ser coyuntural. En lo que va de 2026 ya han ardido 152.678 hect&aacute;reas forestales, m&aacute;s de seis veces la extensi&oacute;n afectada en el mismo periodo del a&ntilde;o pasado, el equivalente a toda la isla de Gran Canaria. Con m&aacute;s de la mitad de su superficie cubierta por bosques y otras formaciones vegetales, y un Mediterr&aacute;neo que se calienta por encima de la media mundial, resulta dif&iacute;cil seguir viendo estos siniestros como un fen&oacute;meno estacional o como una cuesti&oacute;n que solo reaparece cuando llegan las altas temperaturas.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, esa segunda etapa sigue sin traducirse en una estrategia de pa&iacute;s frente a esta amenaza. No es por falta de propuestas. El Gobierno present&oacute; el pasado septiembre un Pacto de Estado con diez medidas centradas en la adaptaci&oacute;n, la articulaci&oacute;n institucional y la anticipaci&oacute;n. A ello se suma la hoja de ruta impulsada por el Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, que incluye actuaciones como la reciente Red Estatal de Refugios Clim&aacute;ticos ante las olas de calor y el anunciado Plan contra la Desinformaci&oacute;n Clim&aacute;tica. El PP registr&oacute; semanas antes un Plan Integral de Ayuda con cincuenta acciones orientadas a la restauraci&oacute;n ambiental y al refuerzo de la UME.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis de ambos documentos revela enfoques distintos, pero tambi&eacute;n coincidencias en el fortalecimiento de las capacidades p&uacute;blicas de prevenci&oacute;n y respuesta. El Ejecutivo sit&uacute;a la crisis clim&aacute;tica en el centro del diagn&oacute;stico. El texto del PP apenas menciona una vez el cambio clim&aacute;tico y lo hace vinculado a la agricultura del carbono, no como explicaci&oacute;n del aumento de la vulnerabilidad. Esa divergencia, por s&iacute; sola, no basta para explicar la ausencia de un punto de encuentro. El obst&aacute;culo parece otro y responde, sobre todo, a dos din&aacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, la polarizaci&oacute;n bloquea cualquier entendimiento con el adversario. Por otro, la l&oacute;gica de la campa&ntilde;a permanente premia la diferenciaci&oacute;n constante, incluso en plena emergencia. El incentivo ya no es tejer consensos duraderos, sino reforzar el perfil propio. La paradoja es evidente: cuanto mayor es la certeza cient&iacute;fica sobre la magnitud del problema, menor es la disposici&oacute;n para articular pactos de Estado.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, Vox introduce otro marco interpretativo. Durante los incendios de Madrid y &Aacute;vila, Santiago Abascal difundi&oacute; un v&iacute;deo de 49 segundos en el que atribu&iacute;a la tragedia al &ldquo;fanatismo clim&aacute;tico&rdquo;, a las &ldquo;pol&iacute;ticas verdes suicidas&rdquo; y a la corrupci&oacute;n del Gobierno de S&aacute;nchez. El fuego deja de concebirse como un asunto de inter&eacute;s general para convertirse en un nuevo frente de la batalla cultural. Para la extrema derecha, no se trata de resolver esta urgencia, sino de convertirla en un instrumento de movilizaci&oacute;n ideol&oacute;gica a trav&eacute;s de la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese relato encuentra un aliado en la desinformaci&oacute;n. Cada gran incendio viene acompa&ntilde;ado de una cascada de bulos y esl&oacute;ganes populistas: que la Ley de Montes impide limpiar los bosques, que la UME abandona poblaciones o que &ldquo;solo el pueblo salva al pueblo&rdquo; porque el Estado auton&oacute;mico no funciona. Son mensajes que el algoritmo recompensa porque generan indignaci&oacute;n. Saltan de perfiles partidistas a canales de mensajer&iacute;a, de ah&iacute; a algunos medios de comunicaci&oacute;n y terminan contaminando la esfera p&uacute;blica.  
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n en el entorno rural comienza mucho antes de que aparezca el primer foco. Se construye mediante labores preventivas durante el invierno, se reduce la carga vegetal, se estabilizan brigadas, se mejora la formaci&oacute;n de los profesionales, se impulsa la investigaci&oacute;n y se blindan recursos. Son intervenciones discretas. Apenas ocupan tertulias ni generan r&eacute;dito electoral, pero son las que hacen m&aacute;s resiliente el paisaje. 
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n gobierno puede impedir que prenda la chispa. S&iacute; puede decidir si el territorio llega mejor preparado para responder. Que un episodio de esta magnitud acabe convirti&eacute;ndose en una cat&aacute;strofe depende de decisiones p&uacute;blicas: de la planificaci&oacute;n de la administraci&oacute;n competente, de la cooperaci&oacute;n entre instituciones y de la capacidad para alcanzar acuerdos cuando desaparece el humo. Porque el verdadero fracaso no es que el monte arda. Es que, cuando deja de arder, tambi&eacute;n se extinga la voluntad pol&iacute;tica de evitar el siguiente. Ah&iacute; empieza el segundo tiempo del fuego. Y ese sigue siendo el reto que Espa&ntilde;a a&uacute;n no ha sabido afrontar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiempos-fuego_129_13412534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 19:41:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los dos tiempos del fuego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Incendios,Polarización,Comunidades Autónomas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El patriotismo que incomoda a Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriotismo-incomoda-vox_129_13395975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31322b66-e7d5-4d38-a9bf-aefb1514d4a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y472.jpg" width="1200" height="675" alt="El patriotismo que incomoda a Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos recuerdos sobreviven mucho más tiempo. En 2010 quedó grabado el gol de Iniesta como el emblema de una España capaz de reconocerse, aunque fuera por un instante, en su diversidad territorial. En 2026 permanecerá otra escena: la de un equipo que representó una España forjada en la convivencia</p></div><p class="article-text">
        Los grandes &eacute;xitos deportivos rara vez se circunscriben a la esfera estrictamente deportiva. Se convierten en relatos compartidos, en momentos que condensan un modelo de convivencia. La victoria de Espa&ntilde;a frente a Argentina para conquistar su segundo Mundial pertenece a esa categor&iacute;a de acontecimientos: este conjunto no solo ha ganado un campeonato, sino que ha contribuido a redefinir una identidad nacional m&aacute;s abierta e integradora.
    </p><p class="article-text">
        El paralelismo con 2010 resulta inevitable. Aquel equipo conquist&oacute; el primer Mundial apenas unas semanas despu&eacute;s de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el <em>Estatut</em>. El pa&iacute;s se adentraba entonces en una crisis pol&iacute;tica que marcar&iacute;a buena parte de la d&eacute;cada siguiente. En ese contexto, los internacionales ofrecieron una imagen de cohesi&oacute;n que las instituciones eran incapaces de transmitir. Xavi, Puyol, Iniesta, Piqu&eacute;, Casillas, Xabi Alonso o Villa proyectaban una comunidad transversal cuando el debate p&uacute;blico empezaba a fracturarse alrededor del modelo de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, el combinado vuelve a proclamarse campe&oacute;n del mundo. Pero la discusi&oacute;n ha cambiado. Si en 2010 el gran debate era territorial, hoy la pregunta ha pasado a ser otra: qui&eacute;n forma parte del &laquo;nosotros&raquo;. La celebraci&oacute;n en Madrid termin&oacute; de condensar esa transformaci&oacute;n. Sobre el escenario conviv&iacute;an las banderas de las comunidades aut&oacute;nomas y j&oacute;venes que tienen ra&iacute;ces en Ghana, Guinea Ecuatorial o Francia. Pocas fotograf&iacute;as resumen mejor la Espa&ntilde;a del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, una parte de la izquierda mantuvo una relaci&oacute;n inc&oacute;moda con la identidad nacional espa&ntilde;ola y sus s&iacute;mbolos &mdash;la bandera, el himno o la propia camiseta&mdash;, percibidos desde la Transici&oacute;n como un patrimonio exclusivo del franquismo. Pero las din&aacute;micas colectivas cambian. Hoy buena parte de la izquierda celebra este triunfo porque ya no identifica tales emblemas con una ideolog&iacute;a concreta, sino con una ciudadan&iacute;a heterog&eacute;nea. Ese desplazamiento cultural dice tanto sobre nuestra sociedad como el propio resultado deportivo.
    </p><p class="article-text">
        El polit&oacute;logo Michael Billig llam&oacute; <em>nacionalismo banal</em> a esos referentes cotidianos que alimentan el sentimiento de pertenencia casi sin que nos demos cuenta. Los colores, los escudos o la iconograf&iacute;a deportiva nunca son elementos neutros. Tambi&eacute;n ah&iacute; se disputa el proyecto colectivo. Por eso este vestuario trasciende el deporte: ayuda a normalizar una Espa&ntilde;a en la que la diferencia deja de verse como algo excepcional para formar parte de la identidad compartida. Quiz&aacute; por eso la reacci&oacute;n de una parte de la derecha y de la extrema derecha fue tan reveladora. Apenas hab&iacute;an pasado unas horas desde la victoria cuando el &eacute;xito de la selecci&oacute;n volvi&oacute; a leerse en clave de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y de antisanchismo, incapaz de sostener por un momento un relato compartido.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que la extrema derecha haya convertido la &laquo;prioridad nacional&raquo; en una de sus principales banderas. Tampoco que, tras la victoria, tanto Vox como el PP recurrieran casi de inmediato al marco de la polarizaci&oacute;n partidista para interpretar un &eacute;xito que millones de ciudadanos viv&iacute;an como un motivo de celebraci&oacute;n colectiva. La batalla ya no consiste solo en ganar elecciones, sino en decidir qui&eacute;n pertenece a la comunidad pol&iacute;tica. Frente a esa agenda, esta selecci&oacute;n desmonta sin propon&eacute;rselo uno de los pilares de esa ret&oacute;rica. Lamine Yamal o Nico Williams forman parte del imaginario colectivo sin tener que justificar qui&eacute;nes son. Su sola presencia desmiente la premisa de que existan ciudadanos de primera y de segunda. Son la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de una sociedad inclusiva que hace tiempo dej&oacute; de ser una promesa para convertirse en una realidad cotidiana. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que resulte dif&iacute;cil presentar la inmigraci&oacute;n como una amenaza cuando algunos de los rostros que hoy despiertan mayor orgullo colectivo son hijos de ese mestizaje. Tampoco sostiene ese marco la imagen de millones de personas celebrando los goles de futbolistas cuyas historias familiares desdibujan esas fronteras imaginarias.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el mayor legado de este Mundial. Un campeonato no elimina el racismo ni las proclamas de odio. Pero los referentes s&iacute; importan. Las im&aacute;genes compartidas una y otra vez acaban moldeando la forma en que una sociedad se mira a s&iacute; misma. Las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes aprenden tanto de aquello que celebran como de las narrativas que escuchan. 
    </p><p class="article-text">
        Los Mundiales pasan. Los goles acabar&aacute;n ocupando un lugar en la memoria deportiva. Pero algunos recuerdos sobreviven mucho m&aacute;s tiempo. En 2010 qued&oacute; grabado el gol de Iniesta como el emblema de una Espa&ntilde;a capaz de reconocerse, aunque fuera por un instante, en su diversidad territorial. En 2026 permanecer&aacute; otra escena: la de un equipo que represent&oacute; una Espa&ntilde;a forjada en la convivencia. Un grupo que demuestra que el patriotismo no necesita construirse contra nadie, que este pa&iacute;s puede seguir siendo un espacio de integraci&oacute;n y no una frontera entre amigos y enemigos, y que la pluralidad no debilita el sentimiento de pertenencia: lo fortalece. Esa, probablemente, sea la mayor victoria que deja este Mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriotismo-incomoda-vox_129_13395975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 20:24:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El patriotismo que incomoda a Vox]]></media:title>
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