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    <title><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/anna-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El patriotismo que incomoda a Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriotismo-incomoda-vox_129_13395975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31322b66-e7d5-4d38-a9bf-aefb1514d4a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y472.jpg" width="1200" height="675" alt="El patriotismo que incomoda a Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos recuerdos sobreviven mucho más tiempo. En 2010 quedó grabado el gol de Iniesta como el emblema de una España capaz de reconocerse, aunque fuera por un instante, en su diversidad territorial. En 2026 permanecerá otra escena: la de un equipo que representó una España forjada en la convivencia</p></div><p class="article-text">
        Los grandes &eacute;xitos deportivos rara vez se circunscriben a la esfera estrictamente deportiva. Se convierten en relatos compartidos, en momentos que condensan un modelo de convivencia. La victoria de Espa&ntilde;a frente a Argentina para conquistar su segundo Mundial pertenece a esa categor&iacute;a de acontecimientos: este conjunto no solo ha ganado un campeonato, sino que ha contribuido a redefinir una identidad nacional m&aacute;s abierta e integradora.
    </p><p class="article-text">
        El paralelismo con 2010 resulta inevitable. Aquel equipo conquist&oacute; el primer Mundial apenas unas semanas despu&eacute;s de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el <em>Estatut</em>. El pa&iacute;s se adentraba entonces en una crisis pol&iacute;tica que marcar&iacute;a buena parte de la d&eacute;cada siguiente. En ese contexto, los internacionales ofrecieron una imagen de cohesi&oacute;n que las instituciones eran incapaces de transmitir. Xavi, Puyol, Iniesta, Piqu&eacute;, Casillas, Xabi Alonso o Villa proyectaban una comunidad transversal cuando el debate p&uacute;blico empezaba a fracturarse alrededor del modelo de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, el combinado vuelve a proclamarse campe&oacute;n del mundo. Pero la discusi&oacute;n ha cambiado. Si en 2010 el gran debate era territorial, hoy la pregunta ha pasado a ser otra: qui&eacute;n forma parte del &laquo;nosotros&raquo;. La celebraci&oacute;n en Madrid termin&oacute; de condensar esa transformaci&oacute;n. Sobre el escenario conviv&iacute;an las banderas de las comunidades aut&oacute;nomas y j&oacute;venes que tienen ra&iacute;ces en Ghana, Guinea Ecuatorial o Francia. Pocas fotograf&iacute;as resumen mejor la Espa&ntilde;a del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, una parte de la izquierda mantuvo una relaci&oacute;n inc&oacute;moda con la identidad nacional espa&ntilde;ola y sus s&iacute;mbolos &mdash;la bandera, el himno o la propia camiseta&mdash;, percibidos desde la Transici&oacute;n como un patrimonio exclusivo del franquismo. Pero las din&aacute;micas colectivas cambian. Hoy buena parte de la izquierda celebra este triunfo porque ya no identifica tales emblemas con una ideolog&iacute;a concreta, sino con una ciudadan&iacute;a heterog&eacute;nea. Ese desplazamiento cultural dice tanto sobre nuestra sociedad como el propio resultado deportivo.
    </p><p class="article-text">
        El polit&oacute;logo Michael Billig llam&oacute; <em>nacionalismo banal</em> a esos referentes cotidianos que alimentan el sentimiento de pertenencia casi sin que nos demos cuenta. Los colores, los escudos o la iconograf&iacute;a deportiva nunca son elementos neutros. Tambi&eacute;n ah&iacute; se disputa el proyecto colectivo. Por eso este vestuario trasciende el deporte: ayuda a normalizar una Espa&ntilde;a en la que la diferencia deja de verse como algo excepcional para formar parte de la identidad compartida. Quiz&aacute; por eso la reacci&oacute;n de una parte de la derecha y de la extrema derecha fue tan reveladora. Apenas hab&iacute;an pasado unas horas desde la victoria cuando el &eacute;xito de la selecci&oacute;n volvi&oacute; a leerse en clave de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y de antisanchismo, incapaz de sostener por un momento un relato compartido.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que la extrema derecha haya convertido la &laquo;prioridad nacional&raquo; en una de sus principales banderas. Tampoco que, tras la victoria, tanto Vox como el PP recurrieran casi de inmediato al marco de la polarizaci&oacute;n partidista para interpretar un &eacute;xito que millones de ciudadanos viv&iacute;an como un motivo de celebraci&oacute;n colectiva. La batalla ya no consiste solo en ganar elecciones, sino en decidir qui&eacute;n pertenece a la comunidad pol&iacute;tica. Frente a esa agenda, esta selecci&oacute;n desmonta sin propon&eacute;rselo uno de los pilares de esa ret&oacute;rica. Lamine Yamal o Nico Williams forman parte del imaginario colectivo sin tener que justificar qui&eacute;nes son. Su sola presencia desmiente la premisa de que existan ciudadanos de primera y de segunda. Son la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de una sociedad inclusiva que hace tiempo dej&oacute; de ser una promesa para convertirse en una realidad cotidiana. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que resulte dif&iacute;cil presentar la inmigraci&oacute;n como una amenaza cuando algunos de los rostros que hoy despiertan mayor orgullo colectivo son hijos de ese mestizaje. Tampoco sostiene ese marco la imagen de millones de personas celebrando los goles de futbolistas cuyas historias familiares desdibujan esas fronteras imaginarias.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el mayor legado de este Mundial. Un campeonato no elimina el racismo ni las proclamas de odio. Pero los referentes s&iacute; importan. Las im&aacute;genes compartidas una y otra vez acaban moldeando la forma en que una sociedad se mira a s&iacute; misma. Las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes aprenden tanto de aquello que celebran como de las narrativas que escuchan. 
    </p><p class="article-text">
        Los Mundiales pasan. Los goles acabar&aacute;n ocupando un lugar en la memoria deportiva. Pero algunos recuerdos sobreviven mucho m&aacute;s tiempo. En 2010 qued&oacute; grabado el gol de Iniesta como el emblema de una Espa&ntilde;a capaz de reconocerse, aunque fuera por un instante, en su diversidad territorial. En 2026 permanecer&aacute; otra escena: la de un equipo que represent&oacute; una Espa&ntilde;a forjada en la convivencia. Un grupo que demuestra que el patriotismo no necesita construirse contra nadie, que este pa&iacute;s puede seguir siendo un espacio de integraci&oacute;n y no una frontera entre amigos y enemigos, y que la pluralidad no debilita el sentimiento de pertenencia: lo fortalece. Esa, probablemente, sea la mayor victoria que deja este Mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriotismo-incomoda-vox_129_13395975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 20:24:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El patriotismo que incomoda a Vox]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El juicio a Begoña Gómez y la política de las emociones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juicio-begona-gomez-politica-emociones_129_13386619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78936a3d-19b3-4ece-b8e5-f7dcff57a70b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1046y462.jpg" width="1200" height="675" alt="El juicio a Begoña Gómez y la política de las emociones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El juicio a la mujer del president alimenta, más que ninguna otra causa abierta, la sensación de agravio que hoy pesa más que cualquier programa electoral</p></div><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que la pol&iacute;tica parece escrita por un guionista empe&ntilde;ado en subrayar las coincidencias. Apenas unas horas despu&eacute;s de que el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea avalara la ley de amnist&iacute;a, desmontando los argumentos jur&iacute;dicos en su contra, la Audiencia Provincial de Madrid confirm&oacute; que Bego&ntilde;a G&oacute;mez deber&aacute; sentarse en el banquillo por dos presuntos delitos. Dos resoluciones de signo opuesto, el mismo d&iacute;a, sobre los dos frentes judiciales que m&aacute;s han desgastado y sostenido el relato pol&iacute;tico de esta legislatura.
    </p><p class="article-text">
        La tentaci&oacute;n de leer ambas noticias como un empate t&eacute;cnico &ndash;Bruselas da una alegr&iacute;a al Gobierno, la Audiencia le da un disgusto&ndash; es comprensible, pero enga&ntilde;osa. No hay tal empate. Que la mujer del presidente vaya a comparecer ante un jurado popular es un triunfo para la derecha y la extrema derecha, que llevan dos a&ntilde;os se&ntilde;alando a G&oacute;mez como s&iacute;mbolo de una trama de favores conyugales y ven ahora confirmado ante un tribunal lo que hasta hoy era un relato construido a fuerza de repetici&oacute;n medi&aacute;tica. Es tambi&eacute;n la culminaci&oacute;n del empe&ntilde;o de un juez, Juan Carlos Peinado, cuya instrucci&oacute;n fue corregida varias veces por la propia Audiencia y que, pese a ello, mantuvo el pulso hasta el final, alimentando la sospecha de que buscaba algo m&aacute;s que impartir justicia: dejar huella en la historia reciente de la Justicia de este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En una democracia madura, los tiempos de la Justicia y los tiempos pol&iacute;ticos rara vez coinciden, y cuando lo hacen, la percepci&oacute;n suele imponerse sobre la explicaci&oacute;n jur&iacute;dica: en la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea, esa lectura pesa a menudo m&aacute;s que los propios hechos. Esa primac&iacute;a de lo simb&oacute;lico no es un accidente pasajero, sino el s&iacute;ntoma de una forma distinta de entender la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La competici&oacute;n electoral lleva a&ntilde;os sin girar solo en torno a programas o balances de gesti&oacute;n: vivimos en una democracia gobernada por las emociones, donde el voto ya no responde solo a intereses materiales, sino a sentimientos de pertenencia, agravio o miedo. La politolog&iacute;a lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada describiendo este fen&oacute;meno como polarizaci&oacute;n afectiva: la distancia emocional, m&aacute;s que ideol&oacute;gica, que separa a votantes de distinto signo y que Shanto Iyengar, polit&oacute;logo y profesor en la Universidad de Stanford, situ&oacute; en el origen del antagonismo democr&aacute;tico. Entre esas emociones, la indignaci&oacute;n ocupa hoy un lugar central para un sector amplio del electorado socialista y progresista, que percibe en el caso G&oacute;mez el ep&iacute;tome de una judicializaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la vida p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Da igual que la Audiencia Provincial haya depurado la instrucci&oacute;n de Peinado, descartando dos de los cuatro delitos y levantando las medidas cautelares m&aacute;s severas: para ese electorado, que el proceso siga vivo, que haya jurado y juicio, confirma una intuici&oacute;n previa, que la instrucci&oacute;n de determinadas causas se comporta como un actor pol&iacute;tico m&aacute;s, con calendario propio y capacidad de desgaste que ninguna sentencia absolutoria podr&aacute; compensar.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estos dos fallos certifican, m&aacute;s all&aacute; de su contenido legal, es hasta qu&eacute; punto los tribunales son ya el escenario del combate pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. No porque los togados busquen ese protagonismo (la sentencia del TJUE, breve y sobria, parece sustraerse al ruido), sino porque la pol&iacute;tica, incapaz de zanjar sus conflictos en el Parlamento, ha encontrado ah&iacute; el escenario donde litigarlos.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja final es que ni el aval europeo a la amnist&iacute;a ni la apertura de juicio a Bego&ntilde;a G&oacute;mez alteran la aritm&eacute;tica parlamentaria de esta legislatura. Pero el juicio a la mujer del presidente s&iacute; alimenta, m&aacute;s que ninguna otra causa abierta, la sensaci&oacute;n de agravio que hoy pesa m&aacute;s que cualquier programa electoral, tanto entre quienes lo celebran como una victoria moral y quienes lo viven como un ensa&ntilde;amiento. En una democracia donde la emoci&oacute;n ha sustituido a la deliberaci&oacute;n como combustible pol&iacute;tico, ayer Madrid no solo dio m&aacute;s combustible que Luxemburgo: dej&oacute; la sensaci&oacute;n de que en esta partida no gana nadie. Cuando la indignaci&oacute;n se convierte en uno de los motores de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, retrocede la calidad democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola vive en un estado de excepcionalidad permanente, donde cada episodio parece definitivo y cada decisi&oacute;n promete cambiarlo todo. Casi nunca ocurre. Lo que s&iacute; cambia, poco a poco, es c&oacute;mo los ciudadanos leen las instituciones. Ese puede ser el verdadero efecto de esta jornada: no tanto mover la posici&oacute;n electoral de los partidos, como reforzar una convicci&oacute;n cada vez m&aacute;s extendida en ambos bloques: que los &aacute;rbitros ya no son neutrales, sino un terreno m&aacute;s de la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando la ciudadan&iacute;a deja de confiar en que esos &aacute;rbitros act&uacute;an solo como &aacute;rbitros, la polarizaci&oacute;n deja de librarse entre partidos para convertirse en una pugna entre legitimidades. Ese es el desaf&iacute;o democr&aacute;tico que deja un d&iacute;a en el que dos resoluciones distintas han alimentado una misma batalla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juicio-begona-gomez-politica-emociones_129_13386619.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jul 2026 19:44:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El juicio a Begoña Gómez y la política de las emociones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Begoña Gómez,Audiencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política española después de la amnistía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-espanola-despues-amnistia_129_13379341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7da600c5-01ba-4978-b353-890e7b219e0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política española después de la amnistía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el TJUE confirmara que la ley se ajusta al Derecho de la Unión, al PP le resultaría mucho más difícil sostener su presunta ilegalidad. No dejaría de combatirla, pero el eje de la confrontación cambiaría: la discusión se desplazaría del plano jurídico al estrictamente político. Un indicio de ese posible viraje pudo verse durante el Congreso del PP en Cataluña, el pasado 27 de junio, cuando Feijóo apeló a «dejar atrás el procés», una afirmación que provocó el rechazo de Aznar y Ayuso</p></div><p class="article-text">
        Cuando el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea (TJUE) dicte este jueves su sentencia sobre las cuestiones prejudiciales planteadas en torno a la ley de amnist&iacute;a, no solo orientar&aacute; su aplicaci&oacute;n en el ordenamiento jur&iacute;dico espa&ntilde;ol. Tambi&eacute;n abrir&aacute; una nueva fase en el &uacute;ltimo tramo de la legislatura. Los tribunales delimitan el marco jur&iacute;dico, pero son los partidos quienes deciden su significado pol&iacute;tico. A partir de ese momento, el debate dejar&aacute; de girar en torno a su legalidad para centrarse en un asunto distinto: c&oacute;mo condiciona la estabilidad de la mayor&iacute;a parlamentaria de Pedro S&aacute;nchez y las opciones de Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o para construir una alternativa de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, el <em>proc&eacute;s</em> convirti&oacute; el conflicto territorial en el principal eje de la vida pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Condicion&oacute; investiduras, reorganiz&oacute; el sistema de partidos y polariz&oacute; la conversaci&oacute;n p&uacute;blica como ning&uacute;n otro asunto desde la Transici&oacute;n. La ley naci&oacute; con el objetivo declarado de desjudicializar esa crisis y contribuir a cerrar una d&eacute;cada de excepcionalidad pol&iacute;tica en Catalu&ntilde;a. Casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s, el contexto es distinto. El clivaje identitario ha perdido buena parte de su capacidad para estructurar la competici&oacute;n electoral, y es precisamente ese cambio de panorama el que amplifica el impacto del veredicto europeo.
    </p><p class="article-text">
        Para el PSOE, una resoluci&oacute;n favorable supondr&iacute;a el respaldo de la Uni&oacute;n Europea a la decisi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s costosa de todo el mandato. Ninguna otra iniciativa erosion&oacute; tanto su relaci&oacute;n con una parte de su electorado. Seg&uacute;n una encuesta de 40dB. publicada en diciembre de 2023, cerca del 30% de los votantes socialistas consideraban injusta la medida. S&aacute;nchez asumi&oacute; ese coste convencido de que era el precio necesario para garantizar la mayor&iacute;a parlamentaria y reconducir la relaci&oacute;n institucional con Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        A ese desgaste se sum&oacute; la reacci&oacute;n in&eacute;dita de una parte de la judicatura, que adopt&oacute; una interpretaci&oacute;n restrictiva de su alcance en las causas vinculadas al delito de malversaci&oacute;n. Incluso si Luxemburgo avalara la amnist&iacute;a, esa tensi&oacute;n entre poderes no desaparecer&iacute;a de inmediato, porque ser&iacute;a el propio Tribunal Supremo quien deber&iacute;a decidir si adapta su criterio al del &oacute;rgano comunitario.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, el Partido Popular se ver&iacute;a obligado a redefinir su estrategia. Desde la presentaci&oacute;n de la norma, el rechazo al articulado ha sido el s&iacute;mbolo sobre el que N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o ha construido buena parte de su oposici&oacute;n a S&aacute;nchez. La ofensiva parlamentaria, judicial y social sirvi&oacute; para cohesionar a su base social, al tiempo que respond&iacute;a a la creciente competencia de Vox. Ignorar ese marco supon&iacute;a arriesgarse a perder votantes por la derecha; asumirlo implicaba disputar ese espacio en los t&eacute;rminos marcados por Santiago Abascal. Las movilizaciones frente a la sede socialista de la calle Ferraz, entre finales de 2023 y la primavera de 2024, ilustraron esa din&aacute;mica y reunieron, junto a simpatizantes del PP y Vox, a grupos de la extrema derecha extraparlamentaria.
    </p><p class="article-text">
        Si el TJUE confirmara que la ley se ajusta al Derecho de la Uni&oacute;n, al PP le resultar&iacute;a mucho m&aacute;s dif&iacute;cil sostener su presunta ilegalidad. No dejar&iacute;a de combatirla, pero el eje de la confrontaci&oacute;n cambiar&iacute;a: la discusi&oacute;n se desplazar&iacute;a del plano jur&iacute;dico al estrictamente pol&iacute;tico. Un indicio de ese posible viraje pudo verse durante el Congreso del PP en Catalu&ntilde;a, el pasado 27 de junio, cuando Feij&oacute;o apel&oacute; a &laquo;dejar atr&aacute;s el proc&eacute;s&raquo;, una afirmaci&oacute;n que provoc&oacute; el rechazo de Aznar y Ayuso. Aunque fuera cierto que el l&iacute;der popular quisiera imprimir ese giro pragm&aacute;tico para propiciar un acercamiento a Junts, ser&iacute;an los mandarines de su propio partido quienes se lo pondr&iacute;an m&aacute;s que dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta reorientaci&oacute;n conllevar&iacute;a riesgos que jugar&iacute;an a favor de Vox. La formaci&oacute;n de Abascal mantiene inalterado su discurso frente al independentismo y al Estado auton&oacute;mico, lo que le permite seguir disputando al PP el electorado situado m&aacute;s a la derecha. Los cambios de posici&oacute;n de Feij&oacute;o, percibidos por una parte de la ciudadan&iacute;a como muestras de incoherencia y oportunismo pol&iacute;tico, podr&iacute;an pasarle una factura electoral que redujera incluso los 12 esca&ntilde;os que hoy le atribuye el &uacute;ltimo bar&oacute;metro catal&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese escenario reordenar&iacute;a, adem&aacute;s, la negociaci&oacute;n entre el Ejecutivo y sus socios parlamentarios. El perd&oacute;n judicial fue la condici&oacute;n fundacional de la coalici&oacute;n; superado ese compromiso, el fallo podr&iacute;a facilitar la relaci&oacute;n con Junts, pese a los dos asuntos de calado que a&uacute;n permanecen pendientes: el traspaso de competencias en materia de inmigraci&oacute;n a la Generalitat y el reconocimiento del catal&aacute;n en las instituciones europeas. Eso no significar&iacute;a que el factor territorial dejara de ser decisivo para la estabilidad del Gobierno, aunque s&iacute; perder&iacute;a el monopolio que hab&iacute;a ejercido la desjudicializaci&oacute;n del <em>proc&eacute;s</em>.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, si la aprobaci&oacute;n de la ley condicion&oacute; la primera parte de la legislatura, la decisi&oacute;n del tribunal europeo tendr&aacute; consecuencias en su recta final. Desde el jueves, el debate dejar&iacute;a de centrarse en la legalidad de la amnist&iacute;a para desplazarse hacia su balance pol&iacute;tico y los efectos que tendr&iacute;a sobre las expectativas de las fuerzas que aspiran a gobernar. Ese nuevo reparto de costes y beneficios ocupar&iacute;a el centro del debate p&uacute;blico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-espanola-despues-amnistia_129_13379341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2026 20:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política española después de la amnistía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del aborto a la natalidad: el nuevo marco de la derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aborto-natalidad-nuevo-marco-derecha_129_13362186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a475ea4a-e233-4ff4-acac-897a99e4e311_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x716y779.jpg" width="1200" height="675" alt="Del aborto a la natalidad: el nuevo marco de la derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El giro de Feijóo no puede entenderse sin observar la competición con Vox. Durante mucho tiempo se sostuvo que el ascenso de la extrema derecha obligaría a los partidos conservadores tradicionales a moderarse para retener al votante de centro. La experiencia europea ha demostrado lo contrario</p></div><p class="article-text">
        Los retrocesos democr&aacute;ticos del siglo XXI rara vez llegan de golpe. Avanzan mediante peque&ntilde;os desplazamientos culturales e institucionales que, acumulados, terminan alterando el alcance real de los derechos. La propuesta impulsada por Isabel D&iacute;az Ayuso, que reconoce al &ldquo;concebido no nacido&rdquo; como miembro de la unidad familiar a efectos administrativos, y el compromiso de Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o de extender ese modelo al conjunto de Espa&ntilde;a no modifican la regulaci&oacute;n de la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo. Pero s&iacute; reconfiguran el terreno sobre el que se articular&aacute; este debate en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente, el PP evit&oacute; convertir el aborto en un eje central de confrontaci&oacute;n. Era una postura l&oacute;gica. Espa&ntilde;a ha construido un amplio consenso social en torno a este derecho. Diversas encuestas muestran que alrededor de ocho de cada diez ciudadanos consideran que la decisi&oacute;n corresponde a la mujer y, lo m&aacute;s significativo, m&aacute;s del 60% de los votantes del PP y de Vox tambi&eacute;n respaldan que siga siendo legal. Por eso, el objetivo ya no consiste en prohibir, sino en sustituir el discurso de los derechos por el de la natalidad, la familia y la protecci&oacute;n del concebido.
    </p><p class="article-text">
        El texto aprobado en Madrid incorpora una de las premisas centrales del movimiento antiabortista: asumir que el feto posee derechos desde la concepci&oacute;n. Hoy ese reconocimiento tiene un alcance administrativo; ma&ntilde;ana puede servir para sustentar una discusi&oacute;n jur&iacute;dica mucho m&aacute;s amplia. Porque las leyes no solo regulan comportamientos; tambi&eacute;n moldean aquello que una sociedad considera leg&iacute;timo. Su efecto m&aacute;s profundo no reside en lo que modifican hoy, sino en aquello que hacen imaginable ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        El giro de Feij&oacute;o tampoco puede entenderse sin observar la competici&oacute;n con Vox. Durante mucho tiempo se sostuvo que el ascenso de la extrema derecha obligar&iacute;a a los partidos conservadores tradicionales a moderarse para retener al votante de centro. La experiencia europea ha demostrado lo contrario: el partido tradicional es quien asume el relato, las prioridades e incluso la forma de entender los conflictos que introduce su competidor para evitar fugas por la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Los pactos firmados este a&ntilde;o entre PP y Vox en Andaluc&iacute;a, Extremadura, Arag&oacute;n o Castilla y Le&oacute;n ilustran bien ese proceso. El aborto apenas aparece en esos textos. No es necesario. El nuevo consenso se articula alrededor de expresiones como &ldquo;ley de familia&rdquo;, &ldquo;fomento de la natalidad&rdquo;, &ldquo;amparo de la maternidad&rdquo; o &ldquo;cultura de la vida&rdquo;. El punto de partida impl&iacute;cito es que este n&uacute;cleo social se presenta como una instituci&oacute;n amenazada que requiere protecci&oacute;n p&uacute;blica. Ya no se debate sobre restricciones de derechos, sino sobre demograf&iacute;a, apoyo a los hogares o invierno demogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Ese movimiento tampoco est&aacute; exento de riesgos para el propio PP. Existe una brecha de g&eacute;nero persistente en el voto a Vox: los hombres apoyan mucho m&aacute;s a la formaci&oacute;n de Santiago Abascal que las mujeres. Si la direcci&oacute;n popular aspira a gobernar sin depender de su socio, necesita ensanchar sus apoyos entre el electorado femenino y moderado, donde el respaldo a los derechos reproductivos sigue siendo muy elevado. Competir con Vox en este terreno puede reducir la distancia entre ambos partidos, pero tambi&eacute;n erosionar la fidelidad del votante de centro que ha sustentado las mayor&iacute;as del centroderecha en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Esta apuesta forma parte de una ofensiva cultural m&aacute;s amplia. Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez la resum&iacute;a hace unos d&iacute;as al definir la medida madrile&ntilde;a como una &ldquo;revoluci&oacute;n frente a la cultura woke e izquierdista&rdquo;. No es una frase aislada. Expresa un proyecto pol&iacute;tico que reorienta la conversaci&oacute;n p&uacute;blica desde las libertades individuales hacia valores como la familia, la natalidad o la identidad nacional.
    </p><p class="article-text">
        No todas las extremas derechas europeas siguen el mismo camino. Mientras Marine Le Pen ha moderado su posici&oacute;n sobre el aborto para ampliar su base electoral y concentrar la confrontaci&oacute;n en la inmigraci&oacute;n y el islam, all&iacute; donde el nacionalcatolicismo mantiene un peso decisivo la tr&iacute;ada &ldquo;Dios, patria y familia&rdquo; contin&uacute;a siendo uno de los principales pilares ideol&oacute;gicos. Espa&ntilde;a encaja mejor en esta segunda tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La perspectiva internacional ofrece algunas advertencias. En Italia, el Gobierno de Giorgia Meloni no derog&oacute; el aborto. Opt&oacute; por una v&iacute;a m&aacute;s gradual: reforz&oacute; las pol&iacute;ticas natalistas y facilit&oacute; la presencia de asociaciones antiabortistas en los centros p&uacute;blicos donde se asesora a mujeres embarazadas. En Polonia el recorrido fue a&uacute;n m&aacute;s lejos. Tras a&ntilde;os de apelaciones a la defensa de la vida y la familia, formaliz&oacute; una de las regulaciones m&aacute;s restrictivas de Europa.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo, por tanto, no es una eventual reforma de la legislaci&oacute;n sobre el aborto, sino el cambio en la concepci&oacute;n de este derecho y el lugar que ocupa en el debate p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Porque las extremas derechas no siempre ganan cuando gobiernan. A menudo lo hacen antes. Ganan cuando consiguen que los dem&aacute;s adopten su sentido com&uacute;n y su forma de interpretar la realidad. La normalizaci&oacute;n no consiste en aprobar a corto plazo las agendas m&aacute;s radicales, sino en lograr que dejen de parecerlo. Feij&oacute;o puede pensar que solo ha asumido una iniciativa de Ayuso para contener el avance de Vox. Pero, al hacerlo, tambi&eacute;n ha aceptado discutir en los t&eacute;rminos que la extrema derecha lleva a&ntilde;os intentando imponer. Y cuando la competici&oacute;n pol&iacute;tica se desarrolla con las categor&iacute;as del adversario, la experiencia comparada demuestra que quien acaba fijando las reglas del juego no es el partido tradicional, sino quien logr&oacute; introducir primero esa lectura del conflicto.
    </p><p class="article-text">
        En esa disputa, quienes tienen m&aacute;s que perder no son las siglas pol&iacute;ticas. Son los derechos de las mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aborto-natalidad-nuevo-marco-derecha_129_13362186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 20:07:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del aborto a la natalidad: el nuevo marco de la derecha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derecha,PP - Partido Popular,Vox,Aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sánchez resiste, pero la legislatura busca sentido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sanchez-resiste-legislatura-busca-sentido_129_13330249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bce22112-de03-4a15-afff-253a8c4e03a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x746y292.jpg" width="1200" height="675" alt="Sánchez resiste, pero la legislatura busca sentido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sesión parlamentaria de este miércoles ofreció una radiografía bastante precisa del momento político español: un presidente que busca resistir, una oposición que denuncia pero no consigue construir una alternativa de gobierno, y una extrema derecha que intenta desplazar el debate hacia la desconfianza institucional</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No vamos a rendirnos&rdquo;. Con esa frase cerr&oacute; Pedro S&aacute;nchez una de las comparecencias m&aacute;s esperadas de los &uacute;ltimos meses. No era una intervenci&oacute;n cualquiera. Llegaba despu&eacute;s de semanas de acumulaci&oacute;n de explicaciones pendientes, de una creciente presi&oacute;n judicial y de inquietud entre sus socios parlamentarios y una parte del electorado progresista.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo era claro: contener el desgaste y evitar que la situaci&oacute;n derivara en una ruptura pol&iacute;tica irreversible. Para ello, S&aacute;nchez recurri&oacute; a un manual conocido. Un discurso de resistencia articulado en tres pilares: confrontar las acusaciones de corrupci&oacute;n con el historial del PP, reivindicar la gesti&oacute;n de su Gobierno y denunciar una campa&ntilde;a de acoso contra su entorno personal y familiar.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica es sencilla. La supervivencia del Ejecutivo no depende de convencer a la oposici&oacute;n, sino de mantener cohesionada la mayor&iacute;a parlamentaria que le permite gobernar. Por eso el mensaje estaba dirigido principalmente a socios y votantes progresistas. S&aacute;nchez reactiv&oacute; los dos argumentos que han vertebrado su acci&oacute;n de gobierno: una econom&iacute;a que sigue creciendo por encima de la media europea y una agenda de expansi&oacute;n de derechos y refuerzo de servicios p&uacute;blicos. A ello a&ntilde;adi&oacute; otro elemento central: la ausencia de una mayor&iacute;a alternativa viable. La continuidad del Ejecutivo no se explica &uacute;nicamente por sus fortalezas, sino tambi&eacute;n por las debilidades de sus adversarios.
    </p><p class="article-text">
        Frente a S&aacute;nchez apareci&oacute; un Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o que volvi&oacute; a recurrir al marco narrativo que ha definido toda su oposici&oacute;n: la idea de una Espa&ntilde;a inmersa en una profunda degradaci&oacute;n institucional. Su intervenci&oacute;n gir&oacute; sobre dos ejes: la corrupci&oacute;n como s&iacute;ntoma de un deterioro sist&eacute;mico y la exigencia de elecciones anticipadas.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ambos argumentos muestran signos de agotamiento y efectos limitados en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos. La petici&oacute;n de elecciones acompa&ntilde;a cada intervenci&oacute;n del l&iacute;der popular desde finales de 2023. Cuando un dirigente repite durante demasiado tiempo el mismo diagn&oacute;stico, corre el riesgo de erosionar su credibilidad como voz de alarma. Adem&aacute;s, la convocatoria electoral sigue dependiendo exclusivamente del presidente del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Hay, sin embargo, un interrogante que tambi&eacute;n interpela al l&iacute;der popular. Si la situaci&oacute;n es tan insostenible como sostiene el PP, &iquest;por qu&eacute; no logra construir una mayor&iacute;a capaz de provocar el relevo? La respuesta remite a una de las debilidades estructurales de Feij&oacute;o: sus dificultades para reunir apoyos m&aacute;s all&aacute; de Vox. Esa incapacidad alimenta la imagen de aislamiento pol&iacute;tico que S&aacute;nchez explota con frecuencia.
    </p><p class="article-text">
        Abascal, por su parte, desempe&ntilde;&oacute; el papel habitual. Transform&oacute; una sesi&oacute;n centrada en la corrupci&oacute;n en un mitin sobre inmigraci&oacute;n, seguridad y desconfianza hacia las instituciones, introduciendo en el debate la sospecha de un supuesto ama&ntilde;o electoral. Un relato que Vox ha elevado esta misma semana al Congreso mediante una propuesta para reformar el sistema de voto por correo. M&aacute;s que intervenir en la disputa entre Gobierno y oposici&oacute;n, el l&iacute;der de la extrema derecha busc&oacute; reforzar los marcos discursivos que mejor movilizan a su electorado.
    </p><p class="article-text">
        La sesi&oacute;n ofreci&oacute; una radiograf&iacute;a bastante precisa del momento pol&iacute;tico espa&ntilde;ol: un presidente que busca resistir, una oposici&oacute;n que denuncia, pero no consigue construir una alternativa de gobierno, y una extrema derecha que intenta desplazar el debate hacia la desconfianza institucional.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el principal desaf&iacute;o de S&aacute;nchez no est&aacute; en la oposici&oacute;n, sino en s&iacute; mismo. En un episodio de corrupci&oacute;n de esta magnitud, los ciudadanos no solo demandan explicaciones; tambi&eacute;n exigen responsabilidades. La credibilidad nace de la capacidad de reconocer errores y asumir costes. Y aqu&iacute; el presidente tiene una dificultad evidente: fue &eacute;l quien nombr&oacute; a dos secretarios de Organizaci&oacute;n hoy investigados y quien confi&oacute; responsabilidades a dirigentes posteriormente condenados o cuestionados por la justicia. La pregunta inc&oacute;moda no es solo qu&eacute; ocurri&oacute;, sino c&oacute;mo pudo ocurrir.
    </p><p class="article-text">
        Gabriel Rufi&aacute;n fue quien mejor sintetiz&oacute; ese malestar. Con una intervenci&oacute;n incisiva, verbaliz&oacute; la duda que muchos socialistas no se atreven a formularle al presidente: &iquest;lo sab&iacute;a o no lo sab&iacute;a? El catal&aacute;n ejerci&oacute; simult&aacute;neamente de aliado cr&iacute;tico del Ejecutivo y de oposici&oacute;n frente a PP y Vox, un papel que tambi&eacute;n le permite reforzar su perfil dentro de Esquerra y disputar centralidad pol&iacute;tica en el espacio independentista.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la comparecencia dif&iacute;cilmente puede considerarse el cierre de este episodio. M&aacute;s bien parece el inicio de una operaci&oacute;n de reconstrucci&oacute;n pol&iacute;tica que tendr&aacute; una segunda parada este s&aacute;bado en el Comit&eacute; Federal del PSOE. All&iacute; el tono ser&aacute; distinto: menos institucional y m&aacute;s orientado a la cohesi&oacute;n interna. Porque el reto ya no es solo sostener al Gobierno, sino reconstruir la confianza de una parte de la izquierda que observa con preocupaci&oacute;n los acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        La gran inc&oacute;gnita que deja esta sesi&oacute;n no es si S&aacute;nchez resistir&aacute; &mdash;ha demostrado sobradamente su capacidad para hacerlo&mdash;, sino si ser&aacute; capaz de convencer a los suyos y a sus socios de que todav&iacute;a existe una mayor&iacute;a con sentido pol&iacute;tico, con capacidad para impulsar acuerdos y desarrollar una agenda &uacute;til para los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sanchez-resiste-legislatura-busca-sentido_129_13330249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 20:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sánchez resiste, pero la legislatura busca sentido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Alberto Núñez Feijóo,Corrupción,Congreso de los Diputados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Papa en la España postsecular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/papa-espana-postsecular_129_13282651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4eb131ec-e331-49dd-bca4-e70cbb23ffc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144778.jpg" width="2998" height="1686" alt="El Papa en la España postsecular"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así que la cuestión no es si España vuelve a ser un país católico. No lo es. Tampoco si la Iglesia recuperará la centralidad social que tuvo durante décadas. Probablemente tampoco. La pregunta relevante es quién proporciona hoy marcos de interpretación compartidos en sociedades atravesadas por la incertidumbre y la desconfianza</p><p class="subtitle">Los grupos que se oponen a la visita del Papa: “Hay pleitesía del sistema político español a un líder religioso”</p></div><p class="article-text">
        La visita de Le&oacute;n XIV a Espa&ntilde;a constituye un acontecimiento pol&iacute;tico tan sugerente como revelador. El Papa ha llegado a un pa&iacute;s constitucionalmente aconfesional y cada vez m&aacute;s secularizado, en el que la pr&aacute;ctica religiosa se ha convertido en una opci&oacute;n minoritaria. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos estudios demosc&oacute;picos, apenas uno de cada seis espa&ntilde;oles se considera cat&oacute;lico practicante, mientras crece el n&uacute;mero de quienes se declaran no creyentes o indiferentes.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, pocas visitas internacionales son capaces de generar hoy una expectaci&oacute;n comparable.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n no reside &uacute;nicamente en la importancia hist&oacute;rica de la Iglesia en la tradici&oacute;n pol&iacute;tica de un pa&iacute;s en el que hasta hace no tanto (apenas 50 a&ntilde;os) el catolicismo era religi&oacute;n oficial. Porque para entender el significado pol&iacute;tico de esta visita es necesario tener muy en cuenta las incertidumbres de una sociedad que busca respuestas en medio de profundas transformaciones econ&oacute;micas y sociales.
    </p><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n entre autoridad religiosa y autoridad pol&iacute;tica forma parte de la propia construcci&oacute;n de la modernidad democr&aacute;tica. Desde Locke hasta Tocqueville y Max Weber, la teor&iacute;a pol&iacute;tica ha se&ntilde;alado que el nacimiento del Estado moderno comportaba, casi necesariamente, diferenciar claramente poder civil y religioso. La Constituci&oacute;n de 1978 intent&oacute; resolver esa cuesti&oacute;n mediante una f&oacute;rmula singular: Espa&ntilde;a no tendr&iacute;a religi&oacute;n oficial, pero tampoco adoptar&iacute;a el modelo de laicidad militante franc&eacute;s. El art&iacute;culo 16 estableci&oacute; un Estado aconfesional que garantizaba la libertad religiosa. Un siglo antes, la libertad de culto establecida por la Constituci&oacute;n canovista de 1876 levant&oacute; una agria controversia social y pol&iacute;tica, a pesar de proclamar la confesionalidad del Estado.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que puede decirse que la Espa&ntilde;a que recibe al Papa es probablemente la m&aacute;s secularizada socialmente y la m&aacute;s laica institucionalmente de los &uacute;ltimos siglos. Los gobiernos de Pedro S&aacute;nchez han ido ampliando el principio de neutralidad religiosa del Estado. Sin romper los acuerdos con la Santa Sede ni abrir un conflicto frontal con la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica, se han producido avances que hace apenas unas d&eacute;cadas habr&iacute;an resultado impensables: la celebraci&oacute;n de ceremonias civiles de Estado, la reducci&oacute;n del peso acad&eacute;mico de la asignatura de Religi&oacute;n, la resignificaci&oacute;n de Cuelgamuros, la investigaci&oacute;n de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia o la recuperaci&oacute;n de bienes inmatriculados.
    </p><p class="article-text">
        Pero, al mismo tiempo, algunas de las grandes promesas del laicismo pol&iacute;tico han quedado pendientes. No se han revisado los acuerdos con la Santa Sede, tampoco se ha aprobado una Ley de Libertad de Conciencia y la financiaci&oacute;n de la Iglesia sigue siendo objeto de debate. El resultado es una secularizaci&oacute;n institucional progresiva, pero incompleta, marcada m&aacute;s por la negociaci&oacute;n que por la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, reducir la visita del Papa a una cuesti&oacute;n de relaciones Iglesia-Estado ser&iacute;a insuficiente. Hay otros elementos contextuales que resultan decisivos.
    </p><p class="article-text">
        Le&oacute;n XIV aterriza en una sociedad atravesada por incertidumbres crecientes. La guerra en Europa, la crisis clim&aacute;tica, la revoluci&oacute;n de la inteligencia artificial, la precariedad econ&oacute;mica de las nuevas generaciones, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica o la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control sobre el futuro configuran un escenario de inseguridad colectiva que trasciende fronteras e ideolog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y es precisamente aqu&iacute; donde aparece una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: mientras disminuye la pr&aacute;ctica religiosa, aumenta la necesidad de referentes morales y de relatos capaces de ofrecer sentido. El fil&oacute;sofo alem&aacute;n J&uuml;rgen Habermas aludi&oacute; a esta situaci&oacute;n mediante el concepto de &ldquo;sociedad postsecular&rdquo;, en la que la secularizaci&oacute;n no ha eliminado la relevancia p&uacute;blica de la religi&oacute;n, sino que la ha transformado.
    </p><p class="article-text">
        Pero la secularizaci&oacute;n impulsada por la modernidad no ha conseguido paliar la antropol&oacute;gica necesidad de orientaci&oacute;n existencial de los humanos. La ciencia no despacha verdades can&oacute;nicas como la religi&oacute;n, as&iacute; que las buscamos en otras parte: identidades pol&iacute;ticas, comunidades digitales, nacionalismos, discursos tecnol&oacute;gicos o nuevas formas de espiritualidad individual. Y por eso precisamente la audiencia potencial de Le&oacute;n XIV va mucho m&aacute;s all&aacute; de los creyentes. Su capacidad de influencia no depende tanto de la autoridad doctrinal de la Iglesia como de su condici&oacute;n de referente moral global en debates que preocupan al conjunto de la ciudadan&iacute;a: las migraciones, la desigualdad, la guerra, el deterioro democr&aacute;tico o la crisis ecol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es evidente. El Papa visita una Espa&ntilde;a menos cat&oacute;lica que nunca, pero tambi&eacute;n una Espa&ntilde;a que, como buena parte de las democracias occidentales, parece m&aacute;s necesitada de sentido que hace una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        Y es que las democracias liberales han demostrado una extraordinaria capacidad para garantizar derechos y gestionar intereses. Mucho menos &eacute;xito han tenido, sin embargo, a la hora de construir horizontes compartidos en sociedades cada vez m&aacute;s fragmentadas, polarizadas y desiguales. De ah&iacute; que figuras con una fuerte autoridad simb&oacute;lica sigan conservando capacidad de convocatoria incluso entre quienes no comparten sus creencias religiosas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que la cuesti&oacute;n no es si Espa&ntilde;a vuelve a ser un pa&iacute;s cat&oacute;lico. No lo es. Tampoco si la Iglesia recuperar&aacute; la centralidad social que tuvo durante d&eacute;cadas. Probablemente tampoco. La pregunta relevante es qui&eacute;n proporciona hoy marcos de interpretaci&oacute;n compartidos en sociedades atravesadas por la incertidumbre y la desconfianza. Y hay que reconocer la habilidad pol&iacute;tica y comunicativa de Robert Prevost, cuyos mensajes est&aacute;n perfectamente construidos para trascender l&iacute;mites confesionales y postulados doctrinales para convertirse en puntos de referencia &eacute;ticos globales, y por eso mismo tambi&eacute;n pol&iacute;tico, de unas sociedades ah&iacute;tas de comodidades materiales pero ayunas de sentido. Quiz&aacute; esa sea la verdadera clave pol&iacute;tica de la visita de Le&oacute;n XIV.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/papa-espana-postsecular_129_13282651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Papa en la España postsecular]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política del desgaste permanente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-desgaste-permanente_129_13251940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61aa8bdf-6107-4dba-a1f6-9834e112595c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política del desgaste permanente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Feijóo podría perder una moción no solo aritmética, sino políticamente, porque no proyecta una alternativa clara de poder. Los propios datos del CIS reflejan ese problema de liderazgo. En el barómetro de abril apenas aparecía como presidente preferido para un 9,9% de los ciudadanos, solo dos puntos por encima de Abascal</p></div><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica, hay momentos en los que los hechos importan menos que la atm&oacute;sfera. Espa&ntilde;a vive precisamente uno de esos periodos. El debate p&uacute;blico aparece dominado por una sensaci&oacute;n de desgaste permanente y ruido pol&iacute;tico continuo que proyecta la idea de un pa&iacute;s bloqueado. Pero la paradoja es que conviven dos realidades distintas: una percepci&oacute;n p&uacute;blica de inestabilidad y, al mismo tiempo, una notable capacidad de resistencia institucional del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;caso Zapatero&rdquo; ha intensificado esa sensaci&oacute;n de agotamiento. No solo por los indicios o por el impacto medi&aacute;tico del sumario, sino porque cada nueva filtraci&oacute;n alimenta un clima de sospecha dif&iacute;cil de gestionar pol&iacute;ticamente. La estrategia de silencio del expresidente &mdash;comprensible desde el punto de vista procesal&mdash; tiene, sin embargo, costes evidentes para La Moncloa. En pol&iacute;tica, los vac&iacute;os comunicativos rara vez permanecen desocupados: los invade el adversario, el marco medi&aacute;tico o la especulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, falt&oacute; desde el inicio una explicaci&oacute;n institucional m&aacute;s exhaustiva sobre el rescate de Plus Ultra. Cuando la transparencia llega tarde, incluso procedimientos ajustados a derecho pueden aparecer ante parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica como pol&iacute;ticamente opacos.
    </p><p class="article-text">
        Eso explica que el Ejecutivo est&eacute; hoy atrapado en una posici&oacute;n defensiva. Y, sin embargo, la legislatura no est&aacute; paralizada. Pese al relato permanente de bloqueo, desde las elecciones del 23 de julio de 2023 el Congreso ha aprobado alrededor de 60 iniciativas legislativas impulsadas por el Gobierno y el bloque de investidura. S&aacute;nchez gobierna en minor&iacute;a y en un Parlamento fragmentado, pero sigue sacando adelante m&aacute;s legislaci&oacute;n de la que transmite el clima pol&iacute;tico o medi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n central ahora es c&oacute;mo reaccionan los socios parlamentarios. Y ah&iacute; lo que observamos es un reposicionamiento preventivo. Todos intentan marcar distancia ret&oacute;rica ante un posible agravamiento del caso, especialmente de cara a la declaraci&oacute;n de Zapatero prevista para junio. Pero los &oacute;rdagos tienen efectos limitados si no son performativos. El ejemplo m&aacute;s claro es el PNV. Puede elevar el tono e incluso pedir elecciones anticipadas, pero sabe que apoyar una moci&oacute;n de censura junto al PP y Vox tendr&iacute;a costes pol&iacute;ticos enormes. No solo porque compite con EH Bildu en un espacio sensible a pactos con la derecha espa&ntilde;ola, sino porque gobierna junto al PSE en Euskadi. Romper en Madrid podr&iacute;a poner en riesgo ese equilibrio territorial construido durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por eso S&aacute;nchez sabe que la legislatura todav&iacute;a puede resistir. El umbral verdaderamente cr&iacute;tico no est&aacute; tanto en el ruido pol&iacute;tico como en la posibilidad de que aparezcan pruebas de financiaci&oacute;n irregular del partido o indicios de tr&aacute;fico de influencias que afecten al n&uacute;cleo gubernamental.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; emerge el otro gran actor: Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o. El l&iacute;der del PP vive atrapado en un aut&eacute;ntico dilema del prisionero pol&iacute;tico. Necesita aumentar la presi&oacute;n sobre S&aacute;nchez para capitalizar el desgaste, pero su dependencia de Vox limita enormemente su capacidad de construir una mayor&iacute;a alternativa transversal. Cada pacto auton&oacute;mico con Abascal refuerza la idea de que el PP carece de un proyecto aut&oacute;nomo de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la hip&oacute;tesis de una moci&oacute;n de censura resulta especialmente arriesgada para Feij&oacute;o, al igual que trasladar toda la responsabilidad a los socios de S&aacute;nchez. Apelar al precedente de 2018 es adem&aacute;s tramposo: entonces exist&iacute;a una sentencia firme contra el PP en el caso G&uuml;rtel. A ello se suma que el presidente de los populares obvia que su alianza con Vox ha consolidado un &ldquo;bibloquismo imperfecto&rdquo; en el Parlamento espa&ntilde;ol, donde la extrema derecha solo tiene a su partido como socio posible. Eso dificulta cualquier ecuaci&oacute;n alternativa con fuerzas nacionalistas o moderadas, a diferencia de otras democracias como la portuguesa o la alemana.
    </p><p class="article-text">
        Feij&oacute;o podr&iacute;a perder una moci&oacute;n no solo aritm&eacute;tica, sino pol&iacute;ticamente, porque no proyecta una alternativa clara de poder. Los propios datos del CIS reflejan ese problema de liderazgo. En el bar&oacute;metro de abril apenas aparec&iacute;a como presidente preferido para un 9,9% de los ciudadanos, solo dos puntos por encima de Abascal. Pero quiz&aacute; el dato m&aacute;s significativo est&aacute; dentro de su propio electorado: &uacute;nicamente un 47,7% de los votantes del PP le se&ntilde;alan como l&iacute;der preferido, muy lejos del nivel de cohesi&oacute;n interna que mantiene Pedro S&aacute;nchez, respaldado por un 78,5% de sus votantes.
    </p><p class="article-text">
        El problema de fondo es que el malestar ciudadano ante la corrupci&oacute;n est&aacute; dejando de ser epis&oacute;dico para convertirse en estructural. El CIS ya reflej&oacute; tras el estallido del caso &Aacute;balos un fuerte incremento de la preocupaci&oacute;n por la corrupci&oacute;n, que lleg&oacute; al 25% en julio de 2024 y que, aunque descendi&oacute; despu&eacute;s hasta el 8,9% en abril, previsiblemente volver&aacute; a repuntar ahora. La paradoja es que ese descontento no est&aacute; siendo capitalizado principalmente por el PP, cuya pesada herencia reputacional limita su credibilidad como fuerza regeneradora.
    </p><p class="article-text">
        Quien s&iacute; rentabiliza emocionalmente ese clima es la extrema derecha. No solo desde las redes sociales o determinadas tribunas medi&aacute;ticas, sino tambi&eacute;n en la calle. La manifestaci&oacute;n del s&aacute;bado convocada por Sociedad Civil, arropada por toda la galaxia ultra, record&oacute; inevitablemente a las protestas de Ferraz contra la amnist&iacute;a: una movilizaci&oacute;n permanente basada en la deslegitimaci&oacute;n moral del adversario y en la idea de que las instituciones han sido capturadas.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; reside quiz&aacute; el principal riesgo pol&iacute;tico de esta etapa. Porque las respuestas f&aacute;ciles &mdash;una moci&oacute;n, un adelanto electoral o el ruido parlamentario&mdash; no resuelven el problema de fondo. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo reconstruir confianza democr&aacute;tica antes de que el desgaste derive en desafecci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-desgaste-permanente_129_13251940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 19:36:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política del desgaste permanente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla por la gobernabilidad andaluza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/batalla-gobernabilidad-andaluza_129_13225324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a51fbd82-0213-4ab2-aec1-5966632df835_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla por la gobernabilidad andaluza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fondo político de estas elecciones reside no tanto en confirmar una tendencia ya conocida —una Andalucía más conservadora y más fragmentada— como en comprobar si Moreno Bonilla puede seguir sosteniendo la idea de una derecha autónoma y moderada o si, como apuntan las encuestas, volverá a necesitar a Vox para garantizar la gobernabilidad</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica andaluza vuelve a enfrentarse este domingo a una paradoja que ya anticipaban las encuestas: un electorado cada vez m&aacute;s escorado hacia la derecha en t&eacute;rminos de bloques, pero con enormes incertidumbres sobre la gobernabilidad. Andaluc&iacute;a, que durante casi cuatro d&eacute;cadas &mdash;entre 1982 y 2019&mdash; fue el gran basti&oacute;n institucional del PSOE en Espa&ntilde;a, puede consolidar ahora un cambio estructural: la hegemon&iacute;a de una nueva mayor&iacute;a conservadora que ronda el 60% del Parlamento auton&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el debate de fondo no es solo cu&aacute;nto gana la derecha, sino qui&eacute;n manda dentro de ella. Y ah&iacute; reside la gran inc&oacute;gnita de estas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Juanma Moreno ha construido toda su estrategia alrededor de esa idea. &ldquo;L&iacute;o o mayor&iacute;a absoluta&rdquo;, ha repetido durante semanas. El lema resume perfectamente una apuesta pol&iacute;tica basada en la presidencializaci&oacute;n absoluta de la candidatura, la desideologizaci&oacute;n del mensaje y la apelaci&oacute;n emocional a la estabilidad. El l&iacute;der andaluz ha querido convertir las elecciones en un plebiscito sobre su figura m&aacute;s que sobre el PP. Hasta el punto de que el cierre de campa&ntilde;a lo protagoniza pr&aacute;cticamente en solitario en M&aacute;laga, mientras Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o participa en otro acto distinto en Almer&iacute;a y apenas han coincidido durante la campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento del PP ha sido claro: mucha gesti&oacute;n, poca propuesta; mucha moderaci&oacute;n est&eacute;tica y baja confrontaci&oacute;n ideol&oacute;gica. El objetivo es ampliar el voto &uacute;til conservador y absorber a sectores moderados inc&oacute;modos con la polarizaci&oacute;n nacional. Pero precisamente por eso el resultado de Vox ser&aacute; decisivo pol&iacute;ticamente, aunque no necesariamente en esca&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Porque estas elecciones funcionan tambi&eacute;n como un plebiscito sobre el momento pol&iacute;tico que atraviesa la extrema derecha espa&ntilde;ola. Tras meses de crisis internas y desgaste derivado de su alineamiento internacional con Trump, el partido de Abascal afronta una prueba de resistencia. Si consigue impedir la mayor&iacute;a absoluta de Moreno Bonilla, Vox podr&aacute; interpretar el resultado como un &eacute;xito pol&iacute;tico: volver&iacute;a a situarse como &aacute;rbitro imprescindible de la gobernabilidad andaluza.
    </p><p class="article-text">
        Y eso tendr&iacute;a una enorme carga simb&oacute;lica. No conviene olvidar que fue precisamente Andaluc&iacute;a, en 2018, el primer territorio donde el PP utiliz&oacute; a la extrema derecha para acceder al poder institucional en Espa&ntilde;a. Aquella investidura inaugur&oacute; una nueva etapa pol&iacute;tica cuyos efectos todav&iacute;a estructuran el sistema de partidos espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, una dependencia de Vox pondr&iacute;a en cuesti&oacute;n la llamada &ldquo;v&iacute;a andaluza&rdquo; que Moreno Bonilla ha intentado vender durante toda la legislatura. Porque Abascal ya ha dejado claro que la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; no se negocia. Y porque revelar&iacute;a tambi&eacute;n las dificultades del PP de Feij&oacute;o para establecer l&iacute;mites pol&iacute;ticos reales a Vox.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la izquierda llega fragmentada y con dificultades para territorializar la campa&ntilde;a. Las tres candidaturas progresistas han intentado centrar el debate en el deterioro de los servicios p&uacute;blicos, pero el PSOE vuelve a comprobar los l&iacute;mites de una f&oacute;rmula ya ensayada en otros comicios: convertir a ministras de perfil estatal en candidatas auton&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero posee notoriedad nacional, pero menos arraigo pol&iacute;tico que Moreno Bonilla. Y eso importa en unas elecciones donde la cercan&iacute;a al territorio pesa mucho m&aacute;s que la proyecci&oacute;n medi&aacute;tica. Especialmente en una comunidad donde la izquierda ya demostr&oacute; sus dificultades para movilizar a su electorado en auton&oacute;micas: en 2022 el PSOE obtuvo 887.000 votos, pero apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s Pedro S&aacute;nchez alcanz&oacute; 1,46 millones en las generales. M&aacute;s de 560.000 votantes progresistas que s&iacute; acudieron a una cita nacional, pero no a las urnas andaluzas.
    </p><p class="article-text">
        A la izquierda del PSOE, el escenario tambi&eacute;n deja varias lecturas pol&iacute;ticas. Adelante Andaluc&iacute;a puede convertirse en una de las sorpresas de la noche e incluso adelantar a Por Andaluc&iacute;a, impulsada por el perfil de Jos&eacute; Ignacio Garc&iacute;a y por un discurso muy apoyado en el andalucismo pol&iacute;tico. Pero tampoco hay que infravalorar a la coalici&oacute;n de Antonio Ma&iacute;llo, que mantiene una importante implantaci&oacute;n territorial gracias al peso municipal de IU, con presencia en 57 alcald&iacute;as andaluzas.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, ambas candidaturas intentan ocupar un mismo espacio: el de un electorado progresista decepcionado con el PSOE y que busca perfiles m&aacute;s vinculados &ldquo;a la tierra&rdquo; frente a candidatos percibidos como excesivamente dependientes de Madrid. Adem&aacute;s, las dos formaciones ser&aacute;n decisivas en la pelea por los llamados &ldquo;restos&rdquo; electorales, fundamentales para disputar esca&ntilde;os en provincias medias y, potencialmente, dificultar la mayor&iacute;a absoluta del PP.
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n ser&aacute; otra de las claves decisivas. Andaluc&iacute;a arrastra hist&oacute;ricamente un problema de movilizaci&oacute;n en auton&oacute;micas: en 2018 y 2022 apenas votaron el 56% y el 58% de los electores, casi diez puntos menos que en unas generales. Adem&aacute;s, PP y Vox llegan con electorados m&aacute;s fidelizados, mientras la izquierda depende mucho m&aacute;s de activar votantes indecisos y desmovilizados.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; resida el fondo pol&iacute;tico de estas elecciones. No tanto en confirmar una tendencia ya conocida &mdash;una Andaluc&iacute;a m&aacute;s conservadora y m&aacute;s fragmentada&mdash; como en comprobar si Moreno Bonilla puede seguir sosteniendo la idea de una derecha aut&oacute;noma y moderada o si, como apuntan las encuestas, volver&aacute; a necesitar a Vox para garantizar la gobernabilidad. Porque, de ocurrir eso, la extrema derecha demostrar&iacute;a de nuevo que sigue teniendo capacidad para fijar el precio pol&iacute;tico de las mayor&iacute;as en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/batalla-gobernabilidad-andaluza_129_13225324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 19:48:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La batalla por la gobernabilidad andaluza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La agenda exterior de Ayuso: votos en América, poder en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agenda-exterior-ayuso-votos-america-madrid_129_13196785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a00c4ee-c97b-4081-93b0-fbcafd6b7235_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x61y39.jpg" width="1200" height="675" alt="La agenda exterior de Ayuso: votos en América, poder en Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El PP no está solo en esta disputa. Vox lleva años desarrollando su propia agenda transnacional a través del concepto de “Iberosfera”, articulando redes políticas y culturales en América Latina y estableciendo vínculos con líderes como Javier Milei</p></div><p class="article-text">
        La reciente gira de Isabel D&iacute;az Ayuso por M&eacute;xico no es un episodio aislado ni una anomal&iacute;a diplom&aacute;tica auton&oacute;mica. Forma parte de una estrategia pol&iacute;tica sostenida en el tiempo: la construcci&oacute;n de una agenda transnacional orientada a captar un electorado espec&iacute;fico, el de origen latinoamericano, cuyo peso en Madrid no deja de crecer. No es tanto pol&iacute;tica exterior como pol&iacute;tica electoral proyectada m&aacute;s all&aacute; de las fronteras
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica viene de lejos. En las elecciones auton&oacute;micas de 2021 y 2023, el Partido Popular madrile&ntilde;o ya despleg&oacute; campa&ntilde;as dirigidas a comunidades latinoamericanas, con actos como &ldquo;Europa es hispana&rdquo; o iniciativas como &ldquo;El sue&ntilde;o de Madrid&rdquo;. A ello se suma el refuerzo de la agenda institucional de la Hispanidad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con m&aacute;s eventos, mayor visibilidad y un discurso que vincula identidad cultural y afinidad pol&iacute;tica. La apelaci&oacute;n a lo hispano no es neutra: funciona como marco de interpelaci&oacute;n electoral.
    </p><p class="article-text">
        El dato que suele aparecer en el debate &mdash;los extranjeros con derecho a voto en elecciones municipales&mdash; ofrece una imagen incompleta. El voto extranjero en sentido estricto es reducido y, adem&aacute;s, requiere inscripci&oacute;n previa, lo que limita a&uacute;n m&aacute;s su impacto. La clave est&aacute; en otro lugar: en los nacionalizados. Seg&uacute;n estimaciones recientes, m&aacute;s de 2,5 millones de personas nacidas en el extranjero tienen hoy derecho a voto en Espa&ntilde;a, alrededor del 7% del censo. Y dentro de ese grupo, casi dos millones proceden de Am&eacute;rica Latina. En comunidades como Madrid, donde este electorado supera el medio mill&oacute;n de votantes, su peso puede resultar decisivo en contextos competitivos. No se trata solo de volumen, sino de tendencia: es un electorado en crecimiento sostenido.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es que este voto resulta en gran medida invisible en las estad&iacute;sticas. Ya no figura como &ldquo;extranjero&rdquo;, pero mantiene trayectorias sociales y culturales diferenciadas. La rapidez en la adquisici&oacute;n de la nacionalidad por parte de ciudadanos latinoamericanos &mdash;dos a&ntilde;os de residencia frente a plazos mucho m&aacute;s largos para otros colectivos&mdash; ha acelerado este proceso. El resultado es un desplazamiento silencioso del centro de gravedad del electorado en grandes &aacute;reas urbanas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, ese electorado dista de ser homog&eacute;neo. Los datos disponibles apuntan a un patr&oacute;n m&aacute;s complejo del que suele sugerir el debate p&uacute;blico. En conjunto, los votantes de origen extranjero muestran cierta inclinaci&oacute;n hacia la izquierda, especialmente entre los procedentes de &Aacute;frica. Sin embargo, el caso latinoamericano &mdash;mayoritario dentro de los nacionalizados&mdash; presenta un comportamiento m&aacute;s equilibrado. El bar&oacute;metro del CIS de abril de 2026 confirma esa ambivalencia: los nacidos fuera de Espa&ntilde;a no se alinean de forma clara con un bloque ideol&oacute;gico, y dentro de ellos los latinoamericanos reparten su voto entre izquierda y derecha con diferencias relevantes seg&uacute;n nacionalidad. En particular, colectivos como venezolanos y cubanos muestran una mayor inclinaci&oacute;n hacia posiciones conservadoras, mientras que otros grupos presentan pautas m&aacute;s fragmentadas. M&aacute;s que un bloque pol&iacute;tico cohesionado, el voto latino funciona como un espacio de competencia.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; es donde se sit&uacute;a la estrategia del PP madrile&ntilde;o. No se trata de apelar a &ldquo;los inmigrantes&rdquo; en general, sino de segmentar y priorizar aquellos nichos m&aacute;s receptivos a su discurso. La insistencia en determinadas comunidades &mdash;especialmente aquellas marcadas por experiencias pol&iacute;ticas traum&aacute;ticas en sus pa&iacute;ses de origen&mdash; no es casual. Tampoco lo es la combinaci&oacute;n de s&iacute;mbolos culturales, relatos sobre libertad y referencias constantes a Am&eacute;rica Latina en el discurso pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Fue este voto determinante en la mayor&iacute;a absoluta de Ayuso? Probablemente no de forma exclusiva, pero s&iacute; contribuy&oacute; a consolidar una base electoral m&aacute;s amplia. En un contexto donde peque&ntilde;as variaciones pueden alterar mayor&iacute;as, un electorado que ronda ya porcentajes cercanos al 10% en grandes distritos no es marginal. Es estrat&eacute;gico. M&aacute;s a&uacute;n cuando su peso sigue aumentando por la v&iacute;a de las nacionalizaciones.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, adem&aacute;s, situar esta din&aacute;mica en un marco m&aacute;s amplio. El PP no est&aacute; solo en esta disputa. Vox lleva a&ntilde;os desarrollando su propia agenda transnacional a trav&eacute;s del concepto de &ldquo;Iberosfera&rdquo;, articulando redes pol&iacute;ticas y culturales en Am&eacute;rica Latina y estableciendo v&iacute;nculos con l&iacute;deres como Javier Milei. La competencia por este electorado no es &uacute;nicamente electoral, sino tambi&eacute;n ideol&oacute;gica. Se trata de definir qu&eacute; significa hoy lo &ldquo;hispano&rdquo; en clave pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre ambas derechas es, en gran medida, de estilo. Mientras el PP combina institucionalidad y pragmatismo electoral, Vox opta por una narrativa m&aacute;s expl&iacute;cita y polarizadora. Pero ambos coinciden en lo esencial: la identificaci&oacute;n de un espacio pol&iacute;tico en expansi&oacute;n que conecta Am&eacute;rica Latina y Espa&ntilde;a no solo en t&eacute;rminos culturales, sino tambi&eacute;n electorales.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo es si esta agenda responde a una l&oacute;gica de integraci&oacute;n o de movilizaci&oacute;n. La evidencia apunta m&aacute;s bien a lo segundo. La apelaci&oacute;n a la Hispanidad, los viajes institucionales o los actos simb&oacute;licos no suelen ir acompa&ntilde;ados de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas espec&iacute;ficas orientadas a mejorar las condiciones materiales de estos colectivos. M&aacute;s que incorporar demandas, se busca activar afinidades.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la agenda mexicana de Ayuso no es tanto un gesto diplom&aacute;tico como una pieza m&aacute;s de una estrategia de largo recorrido: convertir la identidad en voto. La pol&iacute;tica exterior, en este caso, no se despliega hacia fuera, sino que regresa hacia dentro, con un objetivo claro: consolidar poder en Madrid a trav&eacute;s de un electorado que ya forma parte central de su presente y, sobre todo, de su futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agenda-exterior-ayuso-votos-america-madrid_129_13196785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 19:33:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La agenda exterior de Ayuso: votos en América, poder en Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Latinoamérica,Hispanidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prioridad-nacional-limites-constitucionales-politica-exclusion_129_13151690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd537064-ef7f-4bc7-ae8a-3801598bb4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Extremadura, la inmigración no es un capítulo de tres páginas: es el marco. Aunque ocupe una parte limitada del documento, la lógica de la “prioridad nacional” se proyecta sobre vivienda, ayudas y sanidad. Es, en la práctica, una “lepenización hispánica” del programa de gobierno</p></div><p class="article-text">
        Hay decisiones pol&iacute;ticas que no solo cambian pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, sino que tensionan de forma deliberada los fundamentos del orden jur&iacute;dico. El acuerdo entre PP y Vox en Extremadura introduce una de ellas: la llamada &ldquo;prioridad nacional&rdquo; en el acceso a prestaciones. No es un matiz program&aacute;tico, sino un planteamiento con profundas implicaciones jur&iacute;dicas y pol&iacute;ticas, porque cuestiona el principio sobre el que se ha construido el Estado social: la igualdad en el acceso a derechos en funci&oacute;n de la necesidad.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es directa: &iquest;puede el acceso a servicios p&uacute;blicos &mdash;sanidad, vivienda, ayudas&mdash; condicionarse por la nacionalidad o el arraigo? La respuesta, en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, es muy limitada y acaricia la ilegalidad. El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n consagra el principio de igualdad y proh&iacute;be la discriminaci&oacute;n, mientras que el art&iacute;culo 41 configura un sistema de protecci&oacute;n social basado en la necesidad. A ello se suma el marco europeo, que restringe cualquier exclusi&oacute;n sistem&aacute;tica. Y existe un l&iacute;mite adicional: muchas de estas materias exceden las competencias auton&oacute;micas, lo que abre un conflicto directo con el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; introduce un salto cualitativo. No se limita a modular requisitos administrativos, sino que establece una preferencia estructural basada en la pertenencia. Desplaza el eje desde la necesidad hacia la identidad. Y ese desplazamiento no solo tensiona la Constituci&oacute;n, sino que abre la puerta a su impugnaci&oacute;n judicial.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias son previsibles. Si estas medidas se desarrollan normativamente, se activar&aacute; una din&aacute;mica de conflicto institucional con el Gobierno central y de control por parte de los tribunales. No es un escenario hipot&eacute;tico, sino el funcionamiento ordinario del Estado de derecho. Y tiene derivadas personales: quienes firmen decisiones contrarias al ordenamiento pueden enfrentarse a responsabilidades jur&iacute;dicas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el alcance del cambio no es solo jur&iacute;dico. Es tambi&eacute;n pol&iacute;tico. En Extremadura, la inmigraci&oacute;n no es un cap&iacute;tulo de tres p&aacute;ginas: es el marco. Aunque ocupe una parte limitada del documento, la l&oacute;gica de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; se proyecta sobre vivienda, ayudas y sanidad. Es, en la pr&aacute;ctica, una &ldquo;lepenizaci&oacute;n hisp&aacute;nica&rdquo; del programa de gobierno: la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola del llamado &ldquo;chovinismo de bienestar&rdquo; que defiende Marine Le Pen, donde el acceso a derechos se redefine en funci&oacute;n de criterios identitarios.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante medidas aisladas, sino ante un programa que ordena el acceso a derechos en funci&oacute;n del origen. Un desplazamiento que encuentra paralelismos en la Hungr&iacute;a de Orb&aacute;n, donde la ley dej&oacute; de operar como garant&iacute;a universal para convertirse en instrumento de diferenciaci&oacute;n. No es casualidad que el Parlamento Europeo calificara en 2022 al pa&iacute;s como un &ldquo;r&eacute;gimen h&iacute;brido de autocracia electoral&rdquo; y que la Comisi&oacute;n Europea activara por primera vez el mecanismo de condicionalidad, congelando miles de millones de euros en fondos europeos por vulneraciones del Estado de derecho.
    </p><p class="article-text">
        La historia europea del siglo XX ofrece, adem&aacute;s, advertencias claras sobre los riesgos de institucionalizar jur&iacute;dicamente la segregaci&oacute;n. Las Leyes de N&uacute;remberg marcaron el momento en que la desigualdad dej&oacute; de ser social para convertirse en legal. No es una analog&iacute;a directa, pero s&iacute; un recordatorio inc&oacute;modo de hasta d&oacute;nde pueden evolucionar estas l&oacute;gicas cuando el derecho deja de proteger a todos por igual.
    </p><p class="article-text">
        Esto interpela directamente al PP. Asumir este enfoque no es un ajuste t&aacute;ctico, sino un desplazamiento estrat&eacute;gico. Supone acercarse a posiciones que tensionan su tradici&oacute;n constitucional y europe&iacute;sta y lo sit&uacute;an en una l&oacute;gica de fricci&oacute;n con los l&iacute;mites del sistema. La urgencia por asegurar gobernabilidad se convierte as&iacute; en un vector de riesgo: el de deslizarse hacia una forma de rebeld&iacute;a legal que erosiona su perfil como partido de Estado.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Vox, la l&oacute;gica es distinta. No hay contradicci&oacute;n, sino coherencia estrat&eacute;gica. La &ldquo;prioridad nacional&rdquo; cumple una funci&oacute;n pol&iacute;tica clara: se&ntilde;alar, estigmatizar y reforzar una identidad basada en la exclusi&oacute;n. Convertir ese marco en pol&iacute;tica p&uacute;blica le permite presentarse como un actor eficaz.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma una dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica que suele quedar en segundo plano: el coste econ&oacute;mico e institucional. La experiencia reciente en la Comunitat Valenciana es ilustrativa. All&iacute;, la confrontaci&oacute;n con el Estado por la normativa aprobada por PP-VOX ha derivado en una creciente judicializaci&oacute;n: cerca de 400 procedimientos anuales y un coste superior a 316.000 euros, adem&aacute;s del refuerzo de estructuras administrativas para gestionarlos. Cuando la acci&oacute;n pol&iacute;tica se orienta hacia el conflicto sistem&aacute;tico con el marco jur&iacute;dico, el resultado no es solo ideol&oacute;gico: es tambi&eacute;n administrativo y presupuestario. Se tensionan recursos, se ralentiza la gesti&oacute;n y se erosiona la seguridad jur&iacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es &uacute;nicamente si estas medidas son viables jur&iacute;dicamente &mdash;que presentan serias dudas&mdash;, sino qu&eacute; modelo de Estado y de democracia dibujan: uno en el que los ciudadanos dejan de ser iguales ante la ley. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prioridad-nacional-limites-constitucionales-politica-exclusion_129_13151690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando romper las normas es la estrategia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/romper-normas-estrategia_129_13148464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cecd4426-34ea-435b-8930-8cdc8ae08eeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando romper las normas es la estrategia"></p><p class="article-text">
        El incidente protagonizado por el diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a S&aacute;nchez en el Congreso de los Diputados no es un hecho aislado ni una excentricidad puntual. Tampoco responde &uacute;nicamente al temperamento individual de quien lo protagoniza. Conviene evitar esa tentaci&oacute;n anal&iacute;tica, porque reduce el problema a una an&eacute;cdota cuando en realidad estamos ante una estrategia pol&iacute;tica deliberada, bien ensayada y compartida por buena parte de la cultura de las extremas derechas contempor&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de comportamientos cumplen, al menos, dos objetivos claros. El primero es reforzar un perfil antisistema, incluso cuando se forma parte plenamente del sistema institucional. Se trata de presentarse como un actor que desaf&iacute;a las normas, que no acepta las reglas del juego porque &mdash;seg&uacute;n su propio relato&mdash; &eacute;stas est&aacute;n supuestamente corrompidas o porque ellos mismos se consideran v&iacute;ctimas de agravios constantes, lo que legitima cualquier forma de respuesta. El segundo objetivo es escandalizar: generar ruido, indignaci&oacute;n y conflicto como forma de ocupar la agenda p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de teor&iacute;a pol&iacute;tica, lo que observamos es un desplazamiento sostenido de lo que se conoce como la Ventana de Overton: el marco de lo que una sociedad considera aceptable en el debate p&uacute;blico. Estas estrategias no buscan necesariamente convencer en el corto plazo, sino alterar los l&iacute;mites de lo decible y lo tolerable. Y lo est&aacute;n consiguiendo tanto en el plano ret&oacute;rico como en la praxis pol&iacute;tica. Hoy escuchamos propuestas o vemos comportamientos que hace apenas una d&eacute;cada habr&iacute;an sido pol&iacute;ticamente inasumibles.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos son numerosos. Desde las declaraciones de Abascal sobre deportaciones masivas de millones de inmigrantes o amenazas simb&oacute;licas como &ldquo;entrar en TVE con lanzallamas&rdquo;, hasta una agenda moral que sit&uacute;a derechos consolidados &mdash;como el aborto o la eutanasia&mdash; como &ldquo;aberraciones&rdquo; y que defender&iacute;an con violencia. A ello se suma una forma de hacer pol&iacute;tica basada en la descalificaci&oacute;n personal, donde el adversario deja de ser un rival para convertirse en un enemigo. En el plano internacional, la referencia es evidente: Donald Trump ha llevado estos patrones al extremo, desde cuestionar resultados electorales hasta legitimar acciones que tensionan los marcos legales internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es nuevo en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde la entrada de Vox en los parlamentos auton&oacute;micos y en el Congreso, ni por el contexto ni por el protagonista. El diputado implicado, con trayectoria p&uacute;blica previa, se inscribe en una l&oacute;gica pol&iacute;tica m&aacute;s amplia. Por eso resulta especialmente relevante analizar las reacciones, tanto pol&iacute;ticas como institucionales.
    </p><p class="article-text">
        En el plano pol&iacute;tico, la respuesta de su propio partido ha sido reveladora: no ha habido sanci&oacute;n ni disculpa, sino justificaci&oacute;n. Lejos de desautorizar el comportamiento, se ha optado por desplazar la responsabilidad hacia la presidencia de la C&aacute;mara. Este tipo de reacci&oacute;n no solo valida el incidente, sino que lo integra en una l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s compleja es la posici&oacute;n del Partido Popular, socio de gobierno de Vox en un centenar de ayuntamientos y previsiblemente en varias comunidades aut&oacute;nomas, a la espera de las elecciones en Andaluc&iacute;a. Su respuesta no ha sido ni un&aacute;nime ni especialmente contundente, reflejando una incomodidad estrat&eacute;gica dif&iacute;cil de sostener en el tiempo. El silencio de su l&iacute;der, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, contrasta con intervenciones m&aacute;s gen&eacute;ricas de otros cargos que apelan al respeto institucional sin entrar en el fondo del asunto.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ello, diez formaciones del arco parlamentario han firmado una declaraci&oacute;n institucional de condena, de la que se han desmarcado Vox, el PP y Uni&oacute;n del Pueblo Navarro. El dato no es menor: muestra hasta qu&eacute; punto la defensa de las reglas del juego democr&aacute;tico empieza a fragmentarse.
    </p><p class="article-text">
        En el plano institucional, el incidente afecta directamente a la sede de la soberan&iacute;a popular y a la figura que encarna la tercera autoridad del Estado. La respuesta ha seguido los cauces reglamentarios: aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 104, expulsi&oacute;n del hemiciclo y apertura de un proceso por parte de la Mesa del Congreso para evaluar posibles sanciones adicionales. Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto: &iquest;son suficientes los mecanismos actuales para proteger la instituci&oacute;n frente a estrategias de disrupci&oacute;n deliberada? La respuesta aplicada evidencia esa tensi&oacute;n permanente entre garantizar el pluralismo parlamentario y proteger la dignidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que se plantea esta cuesti&oacute;n. En julio de 2025 se reform&oacute; el reglamento del Congreso para hacer frente a comportamientos disruptivos en ruedas de prensa, protagonizados en buena medida por agitadores ultras. Aquella reforma, impulsada tras varios incidentes, cont&oacute; con la oposici&oacute;n del PP y Vox. De nuevo, los cortafuegos llegan tarde, despu&eacute;s de que el problema se haya manifestado con claridad.
    </p><p class="article-text">
        Existe el riesgo de que estos episodios se normalicen, de que pasen a formar parte del paisaje habitual de la pol&iacute;tica. Como si fueran inevitables. Pero la fortaleza de una democracia no reside en su capacidad de resistir pasivamente, sino en su habilidad para protegerse activamente, estableciendo l&iacute;mites claros frente a quienes buscan vaciarla de contenido.
    </p><p class="article-text">
        Los datos apuntan en una direcci&oacute;n preocupante. Seg&uacute;n distintos estudios sobre polarizaci&oacute;n afectiva, en Espa&ntilde;a ha aumentado de forma sostenida el distanciamiento entre ciudadanos por motivos pol&iacute;ticos. En algunos casos, en torno a un 14% de los espa&ntilde;oles reconoce haber dejado de hablar con amigos o familiares por estas razones. Este deterioro del clima c&iacute;vico no es ajeno a los comportamientos que vemos en las instituciones; al contrario, se retroalimentan.
    </p><p class="article-text">
        Porque estos incidentes tienen m&aacute;s trascendencia de la que sugiere un titular. Son parte de un proceso m&aacute;s amplio que erosiona la confianza en la pol&iacute;tica, degrada el debate p&uacute;blico y alimenta un escepticismo ciudadano que puede derivar en desapego democr&aacute;tico. Y ah&iacute; reside el verdadero riesgo: no en el esc&aacute;ndalo inmediato, sino en el desgaste silencioso que deja tras de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La democracia, como cualquier sistema complejo, no colapsa de forma abrupta. Se vac&iacute;a poco a poco, cuando sus normas dejan de ser respetadas, cuando sus instituciones son cuestionadas sin fundamento y cuando el conflicto sustituye al debate. Por eso, m&aacute;s all&aacute; del incidente, lo ocurrido en el Congreso no interpela &uacute;nicamente a un diputado o a un partido, sino a los l&iacute;mites que estamos dispuestos a tolerar en nuestra vida democr&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/romper-normas-estrategia_129_13148464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando romper las normas es la estrategia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-equilibrio-moncloa-ruido-tecnica_129_13101812.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ec5c05a-a884-4634-ba53-9908aa8af217_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mensaje del Gobierno es claro: en el último año de legislatura no se busca tanto generar impacto político desde la gestión económica como reducir fricción</p></div><p class="article-text">
        Hay remodelaciones que buscan cambiar el rumbo y otras que buscan protegerlo. En el tramo final de la legislatura, los gobiernos tienden a reordenar sus prioridades: reducir desgaste, asegurar la gesti&oacute;n y concentrar el capital pol&iacute;tico all&iacute; donde resulta m&aacute;s eficaz. La &uacute;ltima remodelaci&oacute;n del Ejecutivo responde, en buena medida, a esa l&oacute;gica. No es solo un relevo de nombres, sino una redefinici&oacute;n del equilibrio entre t&eacute;cnica y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La salida de Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero, el ascenso de Carlos Cuerpo a la vicepresidencia y la incorporaci&oacute;n de Arcadi Espa&ntilde;a apuntan en esa direcci&oacute;n. El cambio rompe adem&aacute;s una inercia simb&oacute;lica &mdash;la vicepresidencia econ&oacute;mica deja de estar en manos de una mujer&mdash;, pero su significado profundo est&aacute; en los perfiles. Frente al peso pol&iacute;tico, la exposici&oacute;n medi&aacute;tica y la capacidad de confrontaci&oacute;n de Montero, el nuevo esquema pivota sobre figuras de bajo perfil, orientadas a la gesti&oacute;n y alejadas del foco.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Cuerpo se consolida as&iacute; como eje del &aacute;rea econ&oacute;mica. Su perfil t&eacute;cnico, vinculado a las instituciones europeas, encaja con la necesidad de proyectar solvencia en un contexto marcado por la guerra, la inflaci&oacute;n y la continuidad de las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n. Los datos refuerzan esa apuesta: debut&oacute; en el CIS en abril de 2024 como un ministro pr&aacute;cticamente desconocido &mdash;apenas lo identificaba un 13% de los ciudadanos&mdash;, pero en pocos meses pas&oacute; a ser el mejor valorado del Gobierno. Hoy mantiene esa posici&oacute;n, con un 5,27, siendo el &uacute;nico que aprueba.
    </p><p class="article-text">
        Ese perfil ha tenido una consecuencia pol&iacute;tica directa: su baja exposici&oacute;n al desgaste. Desde su llegada en enero de 2024, ha recibido solo 11 preguntas en el Congreso, tres de ellas del Partido Popular &mdash;apenas un 27%&mdash;. M&aacute;s significativo a&uacute;n: la oposici&oacute;n tard&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o en interpelarle por primera vez. No es solo menor fiscalizaci&oacute;n; es tambi&eacute;n la evidencia de que no ha sido un blanco eficaz en la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La incorporaci&oacute;n de Arcadi Espa&ntilde;a profundiza en esa misma l&oacute;gica. Su trayectoria en la Generalitat Valenciana, donde fue una pieza clave del Gobierno del Bot&agrave;nic junto a Ximo Puig, no solo le aporta experiencia en Hacienda y financiaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en gesti&oacute;n pol&iacute;tica compleja. Fue, de hecho, uno de los perfiles encargados de engrasar las relaciones internas de la coalici&oacute;n, especialmente con M&oacute;nica Oltra, en un contexto no exento de tensiones.
    </p><p class="article-text">
        Ese bagaje ayuda a entender su estilo. Arcadi Espa&ntilde;a representa, en muchos sentidos, la antipolarizaci&oacute;n: un perfil que tiende a rebajar el conflicto, a buscar espacios de acuerdo y a evitar la sobreactuaci&oacute;n pol&iacute;tica. Su forma de intervenir &mdash;contenida, prudente, casi acad&eacute;mica&mdash; lo aleja de la l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n permanente que domina la pol&iacute;tica nacional.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; reside precisamente el contraste con su predecesora. Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero hab&iacute;a asumido en los &uacute;ltimos tiempos no solo la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n la tarea &mdash;o la carga&mdash; de responder a una oposici&oacute;n que ha convertido el Congreso en un espacio de hostigamiento constante, en una suerte de guerra de guerrillas parlamentaria. Arcadi Espa&ntilde;a, por el contrario, no ha mostrado hasta ahora esa ret&oacute;rica de combate.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje del Gobierno es claro: en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de legislatura no se busca tanto generar impacto pol&iacute;tico desde la gesti&oacute;n econ&oacute;mica como reducir fricci&oacute;n. En una cartera que acumula inevitablemente costes &mdash;y m&aacute;s en territorios como la Comunitat Valenciana, donde la cuesti&oacute;n fiscal es especialmente sensible&mdash;, la apuesta es por perfiles que amortig&uuml;en el desgaste.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese movimiento tiene una contrapartida. Al tecnificar el &aacute;rea econ&oacute;mica, el Ejecutivo libera &mdash;y al mismo tiempo concentra&mdash; el capital pol&iacute;tico en una figura: Pedro S&aacute;nchez. La estrategia parece clara: proteger la gesti&oacute;n y capitalizar la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos datos del CIS apuntan en esa direcci&oacute;n. Entre sus votantes, S&aacute;nchez obtiene una valoraci&oacute;n media de 6,9 y mantiene una alta fidelidad &mdash;m&aacute;s del 75% lo prefiere como presidente&mdash;, lo que refuerza su papel como principal activo electoral. Al mismo tiempo, sigue siendo un potente movilizador para la oposici&oacute;n, lo que intensifica la polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         En ese contexto, la defensa del decreto anticrisis en el Congreso ha funcionado como primer test del nuevo equilibrio. Para Cuerpo, ha sido su bautismo como vicepresidente econ&oacute;mico; para el Gobierno, la prueba de que un perfil t&eacute;cnico puede sostener tambi&eacute;n el frente pol&iacute;tico cuando es necesario. La inc&oacute;gnita es si esta estrategia ser&aacute; suficiente. La pol&iacute;tica no desaparece: se reordena y tiende a concentrarse en menos actores. La tecnificaci&oacute;n de los ministerios econ&oacute;micos libera el frente pol&iacute;tico, que se sit&uacute;a con mayor claridad en el n&uacute;cleo del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, junto a Pedro S&aacute;nchez, todo apunta a que F&eacute;lix Bola&ntilde;os asumir&aacute; un papel central como principal interlocutor y, previsiblemente, como figura de confrontaci&oacute;n frente a la oposici&oacute;n. Si Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero hab&iacute;a ejercido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como uno de los principales diques pol&iacute;ticos frente a la ofensiva parlamentaria de las derechas, su salida obliga a redistribuir ese rol.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un Gobierno m&aacute;s t&eacute;cnico en los ministerios y m&aacute;s pol&iacute;tico en su n&uacute;cleo. Menos confrontaci&oacute;n en la gesti&oacute;n, m&aacute;s concentraci&oacute;n del pulso pol&iacute;tico en torno a S&aacute;nchez y su n&uacute;cleo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-equilibrio-moncloa-ruido-tecnica_129_13101812.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 20:57:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-conviene-subestimar-vox-castilla-leon_129_13072811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5ae69242-541a-461a-a07c-30529ab567ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138807.jpg" width="4232" height="2381" alt="Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El partido ha logrado representación en todas las provincias de Castilla y León y se mueve en una franja de apoyo que oscila entre el 15% y algo más del 20% del voto. En un sistema electoral provincial como el español, ese porcentaje resulta especialmente relevante porque permite consolidar presencia institucional</p><p class="subtitle">Abascal exige al PP formar coaliciones con Vox en Castilla y León, Extremadura y Aragón: “Vamos a gobernar en las tres”</p></div><p class="article-text">
        Los resultados de Vox en las elecciones de Castilla y Le&oacute;n han sido interpretados en parte del debate p&uacute;blico como un crecimiento menor del esperado. Sin embargo, esa lectura puede resultar enga&ntilde;osa. En realidad, los datos apuntan a otra conclusi&oacute;n: la formaci&oacute;n de Santiago Abascal ha consolidado una base electoral estable, una implantaci&oacute;n territorial amplia y una estrategia pol&iacute;tica eficaz para convertir votos en poder pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vox ha obtenido cerca del 19% del voto y ha sumado 19.089 sufragios m&aacute;s que en la cita electoral de 2022. Pero el dato m&aacute;s relevante no es solo el incremento de votos, sino su distribuci&oacute;n territorial y su traducci&oacute;n en representaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        El partido ha logrado representaci&oacute;n en todas las provincias de Castilla y Le&oacute;n y se mueve en una franja de apoyo que oscila aproximadamente entre el 15% y algo m&aacute;s del 20% del voto &mdash;superando ese umbral en provincias como Palencia y Valladolid&mdash;. En un sistema electoral provincial como el espa&ntilde;ol, ese porcentaje resulta especialmente relevante porque permite consolidar presencia institucional, maximizar la conversi&oacute;n de votos en esca&ntilde;os y, en &uacute;ltima instancia, resultar decisivo en futuros comicios generales.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados adquieren a&uacute;n m&aacute;s relevancia si se observa el equilibrio parlamentario: el bloque formado por PP y Vox suma alrededor del 54%, uno de los m&aacute;s escorados a la derecha del mapa auton&oacute;mico. Solo Extremadura presenta un bloque conservador a&uacute;n m&aacute;s amplio, cercano al 60%.
    </p><p class="article-text">
        El mapa del voto tambi&eacute;n ofrece algunas claves. Vox obtiene sus mejores resultados en provincias y municipios de car&aacute;cter m&aacute;s rural o semiurbano, donde determinados discursos sobre identidad nacional, seguridad o cr&iacute;tica a pol&iacute;ticas europeas encuentran mayor resonancia. Al mismo tiempo, el resultado revela algunas tensiones dentro de su propio espacio pol&iacute;tico. La candidatura impulsada por el agitador digital Alvise P&eacute;rez ha logrado 17.351 votos. No logr&oacute; representaci&oacute;n, pero s&iacute; capt&oacute; parte de un electorado joven muy activo en redes sociales que, en otros contextos, podr&iacute;a haber apoyado a Vox. En provincias con circunscripciones relativamente grandes, como Valladolid, Le&oacute;n o Burgos, esa fragmentaci&oacute;n del voto podr&iacute;a incluso haber tenido impacto en la disputa por los &uacute;ltimos esca&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de estos factores sociol&oacute;gicos, la formaci&oacute;n de Abascal ha conseguido cumplir tres objetivos estrat&eacute;gicos. El primero era crecer electoralmente, aunque fuera de forma moderada. El segundo consist&iacute;a en reforzar su implantaci&oacute;n territorial: Vox tiene ahora representaci&oacute;n en todas las provincias y mantiene porcentajes relativamente homog&eacute;neos en todo el territorio. El tercer objetivo es quiz&aacute; el m&aacute;s importante: mantener su capacidad de condicionar la gobernabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El PP de Alfonso Fern&aacute;ndez Ma&ntilde;ueco necesita el apoyo de Vox para gobernar, lo que sit&uacute;a a la formaci&oacute;n de Abascal en una posici&oacute;n negociadora relevante. La influencia de la extrema derecha no depende necesariamente de grandes victorias electorales. A menudo basta con ser imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Estas negociaciones, adem&aacute;s, no deben interpretarse &uacute;nicamente en clave auton&oacute;mica. Los pactos que se negocian en Extremadura y Arag&oacute;n tienen tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y estrat&eacute;gica m&aacute;s amplia.
    </p><p class="article-text">
        En el plano pol&iacute;tico, estos acuerdos contribuyen a perfilar la relaci&oacute;n del PP con la extrema derecha. Cada pacto fija precedentes tanto sobre el modelo de negociaci&oacute;n &mdash;si ser&aacute; tutelado desde G&eacute;nova o dejar&aacute; margen a los liderazgos auton&oacute;micos&mdash; como sobre las l&iacute;neas program&aacute;ticas que los populares est&aacute;n dispuestos a traspasar para garantizar la gobernabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese debate ya ha empezado a hacerse visible. El dec&aacute;logo presentado por Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o hace apenas un par de semanas &mdash;que inclu&iacute;a compromisos b&aacute;sicos como el respeto a la Constituci&oacute;n&mdash; irrit&oacute; profundamente a Santiago Abascal. Sin embargo, la evoluci&oacute;n reciente de los acuerdos entre PP y Vox demuestra que esos l&iacute;mites se vuelven cada vez m&aacute;s difusos. El ejemplo m&aacute;s claro es el pacto alcanzado en la Comunitat Valenciana, donde se han abierto la puerta a propuestas que hace pocos a&ntilde;os habr&iacute;an resultado impensables, desde la elaboraci&oacute;n de estad&iacute;sticas diferenciadas en materia migratoria hasta el rechazo frontal al Pacto Verde europeo.
    </p><p class="article-text">
        Pero existe tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica que afecta al corto y al medio plazo. Lo que se negocie ahora puede influir en futuros escenarios electorales, especialmente en Andaluc&iacute;a y en las generales previstas para 2027.
    </p><p class="article-text">
        En el caso andaluz, el presidente Moreno Bonilla ha construido su liderazgo sobre una estrategia de centralidad pol&iacute;tica, una ret&oacute;rica menos confrontativa y una imagen de moderaci&oacute;n institucional. La evoluci&oacute;n de los pactos entre PP y Vox en otras comunidades podr&iacute;a tensionar ese equilibrio si se consolidan acuerdos que incluyan pol&iacute;ticas m&aacute;s radicales.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para Vox resulta estrat&eacute;gicamente &uacute;til mantener un perfil ideol&oacute;gico n&iacute;tido y diferenciado como la fuerza hegem&oacute;nica de la derecha m&aacute;s radical espa&ntilde;ola. En ese contexto, los acuerdos de gobierno pueden servir tanto para demostrar capacidad de influencia como para reforzar su identidad pol&iacute;tica frente a un PP que, en cuestiones como la inmigraci&oacute;n, el aborto, el feminismo, la violencia de g&eacute;nero o las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas, puede aparecer m&aacute;s ambiguo o dividido.
    </p><p class="article-text">
        Subestimar estos resultados puede conducir a interpretaciones equivocadas. La extrema derecha no siempre avanza mediante grandes irrupciones electorales. La historia pol&iacute;tica reciente lo demuestra: desde los a&ntilde;os ochenta ha participado en m&aacute;s de setenta gobiernos en Europa, tres de ellos en solitario. Con frecuencia lo hace de forma m&aacute;s gradual: consolidando apoyos, ampliando su implantaci&oacute;n territorial y convirti&eacute;ndose en un actor imprescindible para gobernar. Castilla y Le&oacute;n es un buen ejemplo de esa l&oacute;gica pol&iacute;tica que ya se observa en varios pa&iacute;ses europeos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-conviene-subestimar-vox-castilla-leon_129_13072811.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Unidad o irrelevancia? La encrucijada estratégica de la izquierda española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/unidad-irrelevancia-encrucijada-estrategica-izquierda-espanola_129_12998072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bcfb07c-8054-4267-b511-734e6986895c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Unidad o irrelevancia? La encrucijada estratégica de la izquierda española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reorganización de la izquierda alternativa no puede limitarse a “parar a la derecha”, sino articular una propuesta que conecte con los malestares sociales de la época. Una izquierda atomizada podría quedar infrarrepresentada no por falta de respaldo social, sino por el efecto mecánico del voto dividido</p><p class="subtitle">Unas primarias abiertas para la izquierda</p></div><p class="article-text">
        La posibilidad de una candidatura &uacute;nica a la izquierda del PSOE vuelve al centro del debate en un momento decisivo. Esta semana lo hace con una imagen clara: dos citas paralelas ante el mismo dilema estrat&eacute;gico. Por un lado, IU, M&aacute;s Madrid, los Comunes y Movimiento Sumar convocan&nbsp;<em>Un paso al frente</em>, sin liderazgos visibles y con &eacute;nfasis en el proyecto colectivo. Por otro, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufi&aacute;n, junto al diputado auton&oacute;mico de M&aacute;s Madrid Emilio Delgado, protagoniza en Madrid la charla&nbsp;<em>Doble o nada: disputar el presente para ganar el futuro</em>, sin aval formal de sus partidos. Dos formatos distintos &mdash;quiz&aacute; complementarios, quiz&aacute; competitivos&mdash; y una misma pregunta de fondo: &iquest;es viable y necesaria una reorganizaci&oacute;n unitaria de ese espacio pol&iacute;tico en el nuevo ciclo que se abre?
    </p><p class="article-text">
        No se trata solo de una discusi&oacute;n organizativa ni de una pugna por liderazgos. Es una cuesti&oacute;n estructural en un momento de cambio de &eacute;poca, donde el eje de la competencia ya no se ordena exclusivamente entre izquierda y derecha, sino entre democracia liberal y proyectos iliberales que cuestionan sus fundamentos.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia europea muestra que estas f&oacute;rmulas de articulaci&oacute;n surgen cuando la extrema derecha deja de ser marginal y se convierte en opci&oacute;n real de gobierno, incluso en solitario. En Francia, tras el avance de Agrupaci&oacute;n Nacional &mdash;primer partido en las europeas de 2014 con el 24,9%&mdash; y la llegada de Marine Le Pen a la segunda vuelta presidencial en 2017 con el 33,9%, el resto de fuerzas activ&oacute; el llamado Frente Republicano, una f&oacute;rmula de concentraci&oacute;n del voto democr&aacute;tico para frenar su acceso al poder.
    </p><p class="article-text">
        Portugal ofrece un contraste reciente. Frente al crecimiento de Chega, Ant&oacute;nio Jos&eacute; Seguro impuls&oacute; la Comiss&atilde;o de Honra da Candidatura, una plataforma amplia y heterog&eacute;nea que alter&oacute; el escenario: de un 14% en las encuestas pas&oacute; a imponerse con el 66,8% de los votos. La clave no fue solo organizativa, sino tambi&eacute;n de liderazgo: una campa&ntilde;a centrada en la moderaci&oacute;n, la empat&iacute;a y un tono integrador que logr&oacute; proyectarse como alternativa fiable y transversal frente a la radicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Alemania, por su parte, ha sostenido el llamado&nbsp;<em>Brandmauer</em>, el &ldquo;cortafuegos&rdquo; frente a Alternativa para Alemania, que excluye cualquier cooperaci&oacute;n estructural con la extrema derecha. Modelos distintos, misma l&oacute;gica: cuando el eje pol&iacute;tico se desplaza hacia la tensi&oacute;n entre democracia liberal e iliberalismo, la coordinaci&oacute;n entre fuerzas democr&aacute;ticas deja de ser t&aacute;ctica para convertirse en estructural.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se mueve en ese nuevo eje. El enfrentamiento central no es solo program&aacute;tico, sino sist&eacute;mico: democracia liberal frente a tentaciones iliberales asumidas por la extrema derecha y por sectores conservadores dispuestos a pactar con ella. En este contexto, la reorganizaci&oacute;n de la izquierda alternativa no puede limitarse a &ldquo;parar a la derecha&rdquo;, sino articular una propuesta de gobernanza inclusiva que conecte con los malestares sociales de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la aritm&eacute;tica electoral es determinante. La f&oacute;rmula D&rsquo;Hondt favorece a las fuerzas m&aacute;s votadas y castiga la dispersi&oacute;n, especialmente en las provincias peque&ntilde;as y medianas &mdash;28 de las 50 circunscripciones reparten entre tres y seis esca&ntilde;os&mdash;, donde el umbral efectivo es mucho m&aacute;s alto de lo que sugiere el porcentaje nacional. En esos territorios, la fragmentaci&oacute;n puede traducirse en p&eacute;rdidas directas de representaci&oacute;n incluso cuando el bloque progresista iguala o supera en votos al conservador.
    </p><p class="article-text">
        Si de cara a 2027 se consolida un escenario de bloques ajustados, el sistema tender&aacute; a sobrerrepresentar al PP y a Vox, siempre que este &uacute;ltimo mantenga apoyos en torno o por encima del 15% &mdash;e incluso cercanos al 18%, como apuntan encuestas y resultados auton&oacute;micos&mdash; y una implantaci&oacute;n territorial homog&eacute;nea. En ese contexto, una izquierda atomizada podr&iacute;a quedar infrarrepresentada pese a sumar porcentajes similares, no por falta de respaldo social, sino por el efecto mec&aacute;nico del voto dividido.
    </p><p class="article-text">
        Los datos demosc&oacute;picos refuerzan la preocupaci&oacute;n. El CIS de febrero indicaba que solo dos de cada diez votantes de Podemos repetir&iacute;an su voto, mientras que en Sumar la fidelidad ronda los cuatro de cada diez. Frente a esa desmovilizaci&oacute;n, formaciones con arraigo territorial y liderazgos consolidados como BNG, EH Bildu, Comprom&iacute;s o Esquerra Republicana de Catalunya mantienen niveles de movilizaci&oacute;n superiores al 60%.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, Gabriel Rufi&aacute;n emerge como un activo potencial para articular puentes. Su liderazgo presenta una notable territorializaci&oacute;n: alcanza un 9,6% en Navarra, por encima de su media nacional (4,2%), y registra cifras relevantes en Galicia, Baleares, La Rioja y Pa&iacute;s Vasco. No es suficiente para liderar en solitario, pero s&iacute; indica capacidad de conexi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de su base catalana.
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico es claro: el espacio a la izquierda del PSOE se divide entre partidos movilizados y con proyecto definido y otros desmovilizados y tensionados internamente. Si la fragmentaci&oacute;n persiste, el riesgo no es solo un relevo gubernamental, sino una reconfiguraci&oacute;n m&aacute;s profunda del mapa ideol&oacute;gico, con una derecha cada vez m&aacute;s &ldquo;abascalizada&rdquo; y una extrema derecha normalizada.
    </p><p class="article-text">
        La unidad, sin embargo, no puede ser un fin en s&iacute; mismo ni una reacci&oacute;n t&aacute;ctica. Debe ofrecer un proyecto ilusionante de gobernanza econ&oacute;mica inclusiva que aborde vivienda, empleo y servicios p&uacute;blicos con soluciones concretas, y que reconstruya presencia territorial y m&uacute;sculo digital.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es &uacute;nicamente la supervivencia de un espacio pol&iacute;tico, sino la calidad de la democracia en 2026. El Parlamento Europeo declar&oacute; en 2022 que Hungr&iacute;a, bajo Viktor Orb&aacute;n, se ha convertido en un &ldquo;r&eacute;gimen h&iacute;brido de autocracia electoral&rdquo;. Ese precedente muestra c&oacute;mo, desde dentro, pueden erosionarse contrapesos institucionales. Por eso, la decisi&oacute;n que ahora se debate no afecta solo a esca&ntilde;os: incide en el marco democr&aacute;tico que definir&aacute; la pr&oacute;xima d&eacute;cada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/unidad-irrelevancia-encrucijada-estrategica-izquierda-espanola_129_12998072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 21:24:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Gabriel Rufián,Sumar,Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrema derecha, ante el miedo a perder el algoritmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-miedo-perder-algoritmo_129_12963254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a234db23-a1c6-44fa-928e-58999f700d9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La extrema derecha, ante el miedo a perder el algoritmo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Regular no es censurar. Es gobernar un espacio que ya condiciona la democracia. Y la pregunta que la extrema derecha evita responder sigue siendo sencilla: ¿a quién beneficia que nada cambie?</p></div><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n de la extrema derecha espa&ntilde;ola y de sus aliados internacionales al anuncio del presidente del Gobierno, Pedro S&aacute;nchez, no ha sido ni espont&aacute;nea ni improvisada. Responde a un guion ya ensayado en otros pa&iacute;ses, basado en una premisa simple: cualquier intervenci&oacute;n p&uacute;blica sobre el espacio digital equivale a censura. Medidas similares se han debatido o aplicado en pa&iacute;ses como Francia o Australia y en el marco de la Uni&oacute;n Europea. Pese a ello, el anuncio del Ejecutivo espa&ntilde;ol ha activado de inmediato ese reflejo defensivo en Vox, en su l&iacute;der Santiago Abascal y en el ecosistema ideol&oacute;gico y empresarial que orbita en torno a Elon Musk.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de una pol&eacute;mica aislada ni estrictamente espa&ntilde;ola. Forma parte de una estrategia transnacional de la extrema derecha que ha convertido las plataformas digitales en algo m&aacute;s que un altavoz: en un aut&eacute;ntico ecosistema pol&iacute;tico. La defensa casi dogm&aacute;tica de una supuesta &ldquo;libertad de expresi&oacute;n absoluta&rdquo; funciona aqu&iacute; como cortina de humo. Lo que se protege no es tanto el derecho a opinar como una arquitectura algor&iacute;tmica que amplifica el conflicto, la desinformaci&oacute;n y el odio, y que ha demostrado ser extraordinariamente funcional para estos actores.
    </p><p class="article-text">
        Esa l&oacute;gica se ha hecho visible estos d&iacute;as en la cumbre celebrada en el Parlamento Europeo por fuerzas de la extrema derecha bajo el lema &ldquo;Libertad de expresi&oacute;n contra la cultura de la cancelaci&oacute;n&rdquo;. El encuentro, presentado formalmente como un debate sobre los l&iacute;mites del pluralismo en las democracias liberales, deriv&oacute; r&aacute;pidamente en la defensa de posiciones ultraconservadoras: cuestionamiento de los derechos reproductivos, ataques al colectivo LGTBI, as&iacute; como una reivindicaci&oacute;n expl&iacute;cita de valores &ldquo;cristianos&rdquo; frente a una supuesta decadencia de la &ldquo;civilizaci&oacute;n occidental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde un punto de vista anal&iacute;tico, el esquema es revelador. La libertad de expresi&oacute;n deja de entenderse como un derecho fundamental inserto en un sistema de garant&iacute;as para redefinirse como un derecho a discriminar, excluir o deslegitimar derechos ajenos, mientras cualquier l&iacute;mite jur&iacute;dico &mdash;incluso aquellos orientados a proteger a colectivos vulnerables&mdash; se presenta como persecuci&oacute;n ideol&oacute;gica o censura pol&iacute;tica. Este desplazamiento conceptual es clave para entender la reacci&oacute;n ultra ante cualquier intento de regulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta del Gobierno espa&ntilde;ol se inscribe, sin embargo, en un marco europeo mucho m&aacute;s amplio. La Uni&oacute;n Europea lleva a&ntilde;os avanzando &mdash;no sin resistencias&mdash; en la regulaci&oacute;n del espacio digital, consciente de que los algoritmos no son neutrales y de que el mercado, por s&iacute; solo, no corrige sus efectos sociales. El Reglamento de Servicios Digitales (DSA) parte precisamente de esta premisa: que las grandes plataformas ejercen un poder estructural sobre la esfera p&uacute;blica y deben asumir responsabilidades acordes. Aprobado en 2022, el DSA entr&oacute; en vigor ese mismo a&ntilde;o y comenz&oacute; a aplicarse de forma escalonada a partir de 2023, siendo plenamente exigible desde febrero de 2024. Proteger a los menores y exigir obligaciones de transparencia y rendici&oacute;n de cuentas no constituye, por tanto, una deriva autoritaria, sino un paso coherente dentro del debate europeo sobre soberan&iacute;a digital.
    </p><p class="article-text">
        Los datos avalan este diagn&oacute;stico. <a href="https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/3632" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Eurobar&oacute;metro de febrero de 2026</a> se&ntilde;ala que la exposici&oacute;n percibida a la desinformaci&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea ha aumentado ocho puntos en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. En Espa&ntilde;a, la preocupaci&oacute;n es muy superior a la media: el 85% considera la desinformaci&oacute;n una amenaza grave y el 82% el discurso de odio. No es casual que las medidas anunciadas por S&aacute;nchez apunten precisamente a estos riesgos.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece el primer gran marco discursivo de la extrema derecha: la confusi&oacute;n deliberada entre regulaci&oacute;n y censura. Abascal y otros dirigentes han insistido en que el Gobierno pretende &ldquo;controlar lo que piensan los espa&ntilde;oles&rdquo;, desplazando el debate del terreno emp&iacute;rico al emocional. No se discute si los algoritmos generan adicci&oacute;n, polarizaci&oacute;n o procesos de radicalizaci&oacute;n temprana; se invoca una amenaza abstracta a la libertad. Es un encuadre eficaz porque apela al miedo y evita cualquier contraste con la evidencia disponible.
    </p><p class="article-text">
        El segundo marco es el de la victimizaci&oacute;n. Vox se presenta como el principal damnificado de una regulaci&oacute;n que, supuestamente, busca silenciar voces &ldquo;disidentes&rdquo;. Sin embargo, el actual ecosistema digital ha beneficiado de manera clara a la extrema derecha. Su discurso emocional, simplificador y confrontativo se adapta mejor que ning&uacute;n otro a l&oacute;gicas algor&iacute;tmicas basadas en la atenci&oacute;n y la viralidad. Regular los algoritmos implica, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, reducir una ventaja competitiva construida durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En este punto entra en escena Elon Musk. Desde que adquiri&oacute; Twitter &mdash;rebautizado como X&mdash;, ha convertido la plataforma en un laboratorio donde la ret&oacute;rica de la &ldquo;libertad de expresi&oacute;n&rdquo; convive con decisiones empresariales que debilitan la moderaci&oacute;n de contenidos y favorecen din&aacute;micas extremistas. Su oposici&oacute;n frontal a cualquier regulaci&oacute;n no es solo ideol&oacute;gica: afecta al n&uacute;cleo del modelo de negocio de las grandes plataformas, basado en maximizar el tiempo de exposici&oacute;n incluso a costa de la salud democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Existe, adem&aacute;s, un componente generacional central. La extrema derecha ha logrado penetrar con fuerza entre los j&oacute;venes a trav&eacute;s de redes sociales pr&aacute;cticamente sin control, que funcionan como espacios de socializaci&oacute;n pol&iacute;tica temprana donde se diluyen las fronteras entre informaci&oacute;n, entretenimiento y propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Regular no es censurar. Es gobernar un espacio que ya condiciona la democracia. Y la pregunta que la extrema derecha evita responder sigue siendo sencilla: &iquest;a qui&eacute;n beneficia que nada cambie?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-miedo-perder-algoritmo_129_12963254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 21:48:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La extrema derecha, ante el miedo a perder el algoritmo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elon Musk,Pedro Sánchez,Redes sociales,Menores,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bulos y antipolítica: el encuadre del desastre para Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bulos-antipolitica-encuadre-desastre-vox_129_12921978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f23d8921-f325-428b-a134-90395a6e9304_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bulos y antipolítica: el encuadre del desastre para Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La tragedia ferroviaria en Andalucía merece tiempo, rigor y respeto. Convertirla en un instrumento de agitación política no solo daña a quienes han sufrido directamente sus consecuencias, sino que contribuye a normalizar un clima de antipolítica y desafección democrática que se alimenta del miedo y la indignación</p><p class="subtitle">No, España no ha “regalado” cientos de millones a Uzbekistán y Marruecos para mejorar sus trenes</p></div><p class="article-text">
        Las tragedias colectivas abren siempre un tiempo suspendido. En las horas posteriores a un accidente como el ocurrido recientemente en Andaluc&iacute;a, el dolor, la confusi&oacute;n y la necesidad urgente de respuestas conviven con un vac&iacute;o informativo inevitable. Cuando todav&iacute;a no se conocen las causas y las investigaciones t&eacute;cnicas apenas han comenzado, la prudencia deber&iacute;a marcar el debate p&uacute;blico. Sin embargo, ese espacio de incertidumbre se ha convertido, cada vez m&aacute;s, no solo en Espa&ntilde;a sino en buena parte del mundo, en un terreno f&eacute;rtil para la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y la explotaci&oacute;n deliberada del malestar.
    </p><p class="article-text">
        Lo sucedido tras el accidente ferroviario andaluz no es una anomal&iacute;a ni un exceso puntual. Forma parte de una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica cotidiana que se intensifica en contextos de crisis y conmoci&oacute;n social. Vox la despliega de manera recurrente, como ya ocurri&oacute; durante la Dana o en episodios como Torrepacheco, pero esta l&oacute;gica conecta con una tendencia m&aacute;s amplia del nuevo ciclo pol&iacute;tico global, en el que la extrema derecha convierte cada situaci&oacute;n de incertidumbre en una oportunidad para reforzar su relato de colapso y decadencia institucional.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; donde faltan datos y sobran emociones, emerge un relato inmediato que identifica culpables pol&iacute;ticos antes incluso de que existan elementos contrastados. El Gobierno de Pedro S&aacute;nchez, el &ldquo;Estado central&rdquo; o una supuesta negligencia estructural aparecen como responsables evidentes de una tragedia cuya complejidad t&eacute;cnica se borra deliberadamente. La gesti&oacute;n concreta deja de importar: lo relevante es que el accidente encaje en una narrativa previa que presenta a las instituciones como incapaces, ajenas o directamente hostiles a la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista del an&aacute;lisis pol&iacute;tico, este mecanismo encaja con lo que la literatura denomina <em>framing de crisis</em>: la capacidad de determinados actores para imponer un marco interpretativo cerrado en momentos de alta carga emocional. No se trata tanto de explicar qu&eacute; ha ocurrido como de decidir c&oacute;mo debe entenderse lo ocurrido. Frente a la incertidumbre, se ofrece un relato simple, moralizado y f&aacute;cilmente compartible, en el que la tragedia deja de ser un hecho a esclarecer y pasa a funcionar como una prueba m&aacute;s de un supuesto colapso general del sistema.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la desinformaci&oacute;n act&uacute;a como catalizador. En las horas posteriores al accidente circularon mensajes que vinculaban directamente el siniestro con una supuesta decisi&oacute;n del Gobierno de &ldquo;enviar dinero a Marruecos para sus trenes&rdquo; mientras se abandonaba la red ferroviaria espa&ntilde;ola. Se trata de una afirmaci&oacute;n falsa, repetida y amplificada por dirigentes y redes afines, que mezcla hechos inconexos para construir un agravio emocionalmente eficaz. No es un error aislado, sino una estrategia conocida: introducir elementos de pol&iacute;tica exterior y confrontaci&oacute;n identitaria para reforzar la sensaci&oacute;n de traici&oacute;n y abandono.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de bulos se suma a interpretaciones interesadas de partidas presupuestarias o a insinuaciones de negligencia deliberada sin respaldo t&eacute;cnico alguno. Lejos de ser episodios espont&aacute;neos, forman parte de un ecosistema de desinformaci&oacute;n que se activa de forma casi autom&aacute;tica en situaciones de crisis y que combina mensajes lanzados desde tribunas pol&iacute;ticas con su amplificaci&oacute;n coordinada en redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de esta din&aacute;mica son profundas. En el corto plazo, el impacto es especialmente doloroso para las v&iacute;ctimas y sus familias. El uso pol&iacute;tico de la tragedia contribuye a aumentar el miedo, el enfado y la sensaci&oacute;n de abandono, desviando la atenci&oacute;n del acompa&ntilde;amiento, la reparaci&oacute;n y la b&uacute;squeda serena de responsabilidades. El sufrimiento se convierte en munici&oacute;n y el duelo en un espacio contaminado por la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A medio plazo, el efecto es m&aacute;s estructural. La reiteraci&oacute;n de estos <em>frames</em> de crisis va sedimentando una visi&oacute;n abiertamente antipol&iacute;tica que erosiona la confianza en las instituciones democr&aacute;ticas. No se cuestiona solo la gesti&oacute;n concreta de un gobierno, sino la legitimidad misma del Estado como garante de seguridad y bienestar. La pol&iacute;tica deja de percibirse como un espacio de soluci&oacute;n de problemas y pasa a ser presentada como parte del problema, un rasgo compartido por las nuevas derechas radicales en distintos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        La demoscopia ayuda a entender por qu&eacute; esta estrategia encuentra un terreno f&eacute;rtil. Los datos del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas muestran de forma consistente que el electorado de Vox es el que expresa mayores niveles de desconfianza hacia el sistema pol&iacute;tico. En los &uacute;ltimos bar&oacute;metros, m&aacute;s del 70% de sus votantes considera que los pol&iacute;ticos son el principal problema del pa&iacute;s, una proporci&oacute;n muy superior a la del resto de electorados. Tambi&eacute;n es entre estos votantes donde se observa una percepci&oacute;n especialmente negativa del papel de las instituciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Esta correlaci&oacute;n no implica que cada campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n genere autom&aacute;ticamente nuevos apoyos, pero s&iacute; revela una afinidad estructural entre este tipo de discursos y un determinado perfil pol&iacute;tico. La estrategia no busca tanto convencer mediante propuestas como alimentar un clima de desafecci&oacute;n permanente, en el que cada crisis confirma una narrativa previa de decadencia y colapso.
    </p><p class="article-text">
        Conviene subrayar que la cr&iacute;tica institucional es leg&iacute;tima y necesaria en cualquier democracia. Exigir responsabilidades, transparencia y mejoras en la gesti&oacute;n p&uacute;blica forma parte del debate democr&aacute;tico. El problema surge cuando esa cr&iacute;tica se adelanta a los hechos, se apoya en informaci&oacute;n falsa o enga&ntilde;osa y persigue deliberadamente debilitar la confianza colectiva en lugar de fortalecerla.
    </p><p class="article-text">
        La tragedia ferroviaria en Andaluc&iacute;a merece tiempo, rigor y respeto. Convertirla en un instrumento de agitaci&oacute;n pol&iacute;tica no solo da&ntilde;a a quienes han sufrido directamente sus consecuencias, sino que contribuye a normalizar un clima de antipol&iacute;tica y desafecci&oacute;n democr&aacute;tica que se alimenta del miedo y la indignaci&oacute;n. Identificar este encuadre del desastre &mdash;y asumir que no es un fen&oacute;meno aislado, sino parte de una estrategia recurrente&mdash; es una condici&oacute;n necesaria para proteger el espacio p&uacute;blico y preservar la calidad del debate democr&aacute;tico en un contexto cada vez m&aacute;s marcado por la desinformaci&oacute;n y la polarizaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bulos-antipolitica-encuadre-desastre-vox_129_12921978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2026 21:58:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bulos y antipolítica: el encuadre del desastre para Vox]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vox,Accidente trenes Adamuz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La derecha se reorganiza: el voto útil es Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecha-reorganiza-voto-util-vox_129_12865474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95a4a4d6-41d9-468b-b694-5594156b2630_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La derecha se reorganiza: el voto útil es Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Extremadura constituye un termómetro avanzado de la derechización del clima político: la normalización de Vox avanza y el viejo discurso del miedo ha dejado de ser suficiente para contenerla</p><p class="subtitle">Mapa - Los resultados de las elecciones en Extremadura 2025, municipio a municipio
</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola vuelve a encontrar en el territorio auton&oacute;mico el espacio donde se anticipan los cambios de fondo. Las elecciones celebradas en Extremadura no son solo una cita regional m&aacute;s, sino un term&oacute;metro avanzado de la derechizaci&oacute;n del clima pol&iacute;tico y del agotamiento de algunos marcos discursivos que hab&iacute;an sido eficaces hasta hace poco. Entre ellos, el recurso al miedo a Vox como elemento central de movilizaci&oacute;n del electorado progresista y, en parte, tambi&eacute;n del votante moderado del Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del &uacute;ltimo estudio preelectoral del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas permiten sostener este diagn&oacute;stico con bastante claridad. La media de autoposicionamiento ideol&oacute;gico de los extreme&ntilde;os en la escala 0-10 se sit&uacute;a ya en 5,37<strong>,</strong> casi dos d&eacute;cimas por encima del centro y, lo que es m&aacute;s relevante, casi dos puntos m&aacute;s<strong> </strong>que en el estudio preelectoral de 2023, donde se registraba en torno al 5,07. Este desplazamiento no es neutro ni homog&eacute;neo: la subida se concentra de forma muy clara en el electorado de derechas y, especialmente, en los votantes del PP y de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Entre quienes declaran votar al PP, la media ideol&oacute;gica pasa del 7,49 al 7,55, mientras que entre los votantes de Vox asciende del 7,55 al 7,62. No son variaciones espectaculares en t&eacute;rminos absolutos, pero s&iacute; muy significativas cuando se observan como tendencia: indican una consolidaci&oacute;n y radicalizaci&oacute;n suave pero constante de las posiciones ideol&oacute;gicas en el espacio de la derecha. No se trata solo de que Vox crezca electoralmente, sino de que el conjunto del bloque conservador se desplaza hacia coordenadas m&aacute;s duras.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados de ayer confirman esta lectura. Vox obtuvo en torno al 17% de los votos y 11 esca&ntilde;os, pr&aacute;cticamente duplicando su representaci&oacute;n respecto a 2023 y convirti&eacute;ndose, de nuevo, en actor imprescindible para la formaci&oacute;n de gobierno. El PP gan&oacute; las elecciones, pero qued&oacute; lejos de la mayor&iacute;a absoluta y depende de Vox para gobernar. El PSOE, en cambio, sufri&oacute; una ca&iacute;da notable, incapaz de frenar una din&aacute;mica que las encuestas ya ven&iacute;an anunciando. El voto a Vox no solo no se castig&oacute; tras su salida de los gobiernos auton&oacute;micos en julio de 2024, sino que se vio reforzado.
    </p><p class="article-text">
        Este punto es clave para entender el agotamiento del discurso del miedo. Estas son las primeras elecciones auton&oacute;micas celebradas despu&eacute;s de la ruptura de Vox con los ejecutivos regionales, una decisi&oacute;n que fue presentada por la izquierda como la prueba definitiva de la inestabilidad y el radicalismo del partido. Sin embargo, lejos de provocar rechazo, esa estrategia parece haber reforzado su perfil ante una parte del electorado conservador, que percibe a Vox como una fuerza coherente, capaz de imponer condiciones y marcar l&iacute;mites a sus socios.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma un segundo fen&oacute;meno decisivo: la normalizaci&oacute;n de Vox como opci&oacute;n pol&iacute;tica leg&iacute;tima y deseable dentro del espacio de la derecha. Los datos del CIS son muy elocuentes en este sentido. En 2023, solo el 15% de los votantes del PP se&ntilde;alaban a Vox como su segunda opci&oacute;n preferida. En 2025, esa cifra se duplica hasta el 32%. Es decir, uno de cada tres votantes populares ve ya a Vox como la alternativa natural a su propio partido. En el caso inverso, entre los votantes de Vox tambi&eacute;n crece la aceptaci&oacute;n del PP como segunda opci&oacute;n, aunque de forma m&aacute;s moderada: se pasa del 25% al 31%. La asimetr&iacute;a es clara: la normalizaci&oacute;n de Vox avanza m&aacute;s r&aacute;pido entre los votantes del PP que la del PP entre los de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Este dato explica por qu&eacute; el voto &uacute;til ha cambiado de significado. Ya no se trata &uacute;nicamente de concentrar apoyos en el partido mayoritario de la derecha para evitar que gobierne la izquierda, sino de reforzar al conjunto del bloque, incluso cuando eso implica dar m&aacute;s peso a la extrema derecha. En este contexto, el mensaje socialista de alerta frente a Vox pierde capacidad movilizadora. Cuando una parte significativa del electorado conservador no solo no teme a Vox, sino que lo considera un socio leg&iacute;timo y preferente, el miedo deja de funcionar como incentivo electoral.
    </p><p class="article-text">
        Extremadura muestra as&iacute; una din&aacute;mica que trasciende lo regional. El poder territorial vuelve a marcar el ritmo del cambio pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a y lo hace planteando una pregunta de fondo: qu&eacute; modelo de relaci&oacute;n entre PP y Vox se consolidar&aacute; tras los nuevos pactos auton&oacute;micos. Si Espa&ntilde;a se encamina hacia un pragmatismo conservador de corte iliberal, similar al que encarna Meloni en Italia, o si opta por una f&oacute;rmula m&aacute;s radical, como la que practica Orb&aacute;n en Hungr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones extreme&ntilde;as no ofrecen a&uacute;n una respuesta definitiva, pero s&iacute; una se&ntilde;al inequ&iacute;voca: la derechizaci&oacute;n es real, la normalizaci&oacute;n de Vox avanza y el viejo discurso del miedo ha dejado de ser suficiente para contenerla. La cuesti&oacute;n ya no es si este cambio existe, sino qu&eacute; coalici&oacute;n de gobierno acabar&aacute; adoptando y con qu&eacute; consecuencias para la democracia espa&ntilde;ola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecha-reorganiza-voto-util-vox_129_12865474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 20:53:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La derecha se reorganiza: el voto útil es Vox]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Constitución no cabe en la España de Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-no-espana-vox_129_12823651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f48e2a6-bfbe-4531-aef0-93ff46c24812_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Constitución no cabe en la España de Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este mecanismo de apropiación constitucional ya se ha visto en Hungría, Polonia e incluso en la Italia actual. La extrema derecha reivindica la ley para vaciarla por dentro; invoca la nación para enfrentar a su propio pueblo</p></div><p class="article-text">
        Cada 6 de diciembre, Vox se envuelve en la Constituci&oacute;n como si solo ellos fueran sus leg&iacute;timos herederos. Pero la Constituci&oacute;n que reivindican no es la del 78: es un texto amputado, convertido en un muro m&aacute;s que en un pacto, en una trinchera identitaria antes que en un marco de convivencia plural. En su relato, Espa&ntilde;a es una esencia homog&eacute;nea que debe ser defendida de enemigos internos, externos, imaginarios o reales. Pero basta observar sus propuestas, sus votaciones y su manera de entender la democracia para comprender que el pa&iacute;s que dicen proteger no cabe en la Constituci&oacute;n, sino en un pasado mitificado del que la sociedad espa&ntilde;ola decidi&oacute; salir hace casi medio siglo.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza de la extrema derecha espa&ntilde;ola de Abascal reside precisamente en esta apropiaci&oacute;n simb&oacute;lica. Su constitucionalismo selectivo cita unos art&iacute;culos y silencia otros: abrazan los que justifican su modelo centralista y excluyente del Estado, pero evitan los que consagran la diversidad territorial, la igualdad real entre hombres y mujeres, los derechos sociales, el pluralismo pol&iacute;tico o el car&aacute;cter social del Estado. La Constituci&oacute;n que celebran ser&iacute;a irreconocible para quienes la negociaron, discutieron y votaron en 1978, y tambi&eacute;n para una ciudadan&iacute;a que ha ampliado derechos y libertades durante d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta base, el partido de Abascal se presenta como guardi&aacute;n del orden constitucional mientras cuestiona pilares esenciales como el reparto territorial del poder, la neutralidad institucional, la independencia judicial o la propia legitimidad de los gobiernos que no controla. Su patriotismo se articula por exclusi&oacute;n: hay espa&ntilde;oles aut&eacute;nticos &mdash;los suyos&mdash; y otros sospechosos, tibios, anti-patrias o &ldquo;enemigos internos&rdquo;. Y esa divisi&oacute;n no es una anomal&iacute;a, sino una pieza estructural del discurso de las extremas derechas europeas. Lo vimos con Le Pen en Francia, Meloni en Italia o la AfD en Alemania: un patriotismo identitario que exige homogeneidad cultural, pol&iacute;tica y moral.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la extrema derecha asienta este marco sobre la idea de una naci&oacute;n &uacute;nica e inquebrantable. La existencia de proyectos soberanistas &mdash;sean independentistas o simplemente autonomistas&mdash; se presenta como amenaza existencial. No es casual que reduzcan cualquier diferencia territorial a un acto de deslealtad. Su proyecto constitucional no admite la plurinacionalidad, pero tampoco la diversidad cultural o ling&uuml;&iacute;stica. La Espa&ntilde;a de Vox es un pa&iacute;s uniforme donde la pluralidad no se protege: se combate.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas ayudan a comprender la profundidad de este marco emocional. En el bar&oacute;metro de octubre, el&nbsp;61% de los votantes de Vox afirma que el sistema democr&aacute;tico actual es peor o mucho peor que la dictadura franquista. Esta cifra, escandalosa en una democracia consolidada, no es una an&eacute;cdota ni un desliz: es el s&iacute;ntoma de un relato pol&iacute;tico que necesita degradar la confianza en las instituciones para sostenerse. Un proyecto que se reivindica constitucional mientras parte de sus bases considera que la democracia espa&ntilde;ola es inferior a una dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Esta deriva no es nueva. Vox ha cuestionado resultados electorales, ha acusado a funcionarios de parcialidad, ha denunciado conspiraciones imaginarias y ha alimentado la idea de que Espa&ntilde;a vive en un estado de emergencia permanente. La estrategia es clara: erosionar la confianza en las reglas del juego mientras se exige su cumplimiento solo para los adversarios. Su constitucionalismo es declarativo, pero su pr&aacute;ctica pol&iacute;tica es profundamente iliberal.
    </p><p class="article-text">
        Su interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 14, por ejemplo, reduce la igualdad a una neutralidad abstracta que ignora desigualdades reales. Rechazan las leyes de igualdad y las pol&iacute;ticas contra la violencia machista porque no encajan en su visi&oacute;n de un pa&iacute;s sin discriminaci&oacute;n estructural. Igualdad formal sin igualdad material. Una lectura que, lejos de ampliar derechos, consolida privilegios. Algo parecido ocurre con la inmigraci&oacute;n: reclaman aplicar la ley con firmeza mientras difunden bulos, exageraciones y estigmatizaciones que vulneran derechos fundamentales y alimentan la fractura social.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo de apropiaci&oacute;n constitucional ya se ha visto en Hungr&iacute;a, Polonia e incluso en la Italia actual. La extrema derecha reivindica la ley para vaciarla por dentro; invoca la naci&oacute;n para enfrentar a su propio pueblo; convierte s&iacute;mbolos compartidos en herramientas de exclusi&oacute;n. En Espa&ntilde;a, la Constituci&oacute;n se convierte en fetiche mientras se vac&iacute;a su esp&iacute;ritu: el pluralismo, la descentralizaci&oacute;n, la igualdad, los derechos sociales y las libertades civiles.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay un elemento diferencial en nuestro pa&iacute;s: la propia historia democr&aacute;tica reciente. La Constituci&oacute;n fue un pacto entre diferentes, un ejercicio de reconocimiento mutuo en un pa&iacute;s que ven&iacute;a de una guerra y una dictadura. Ese pacto permiti&oacute; construir un Estado descentralizado, ampliar derechos, modernizar la econom&iacute;a, fortalecer la sociedad civil y consolidar instituciones. La Espa&ntilde;a del siglo XXI &mdash;diversa, urbana, mestiza, feminista, europe&iacute;sta&mdash; es hija de ese pacto. Y esa Espa&ntilde;a es, para Vox, el verdadero problema: desmiente su relato de decadencia, ruptura y amenaza. Para sostenerse, necesitan un pa&iacute;s al borde del colapso.
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que las extremas derechas europeas avanzan &mdash;mantienen uno de cada tres gobiernos en la Uni&oacute;n Europea&mdash;, conviene recordar que la Constituci&oacute;n no es solo un texto: es un horizonte que se actualiza en el conflicto democr&aacute;tico. Y que su defensa exige asumir sus contradicciones, no esconderlas.
    </p><p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n no cabe en el pa&iacute;s que propone Vox porque su proyecto pol&iacute;tico necesita una Espa&ntilde;a m&aacute;s peque&ntilde;a, m&aacute;s uniforme y m&aacute;s miedosa. Pero la Espa&ntilde;a real &mdash;plural, abierta e imperfecta&mdash; sigue siendo m&aacute;s fuerte que ese relato.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-no-espana-vox_129_12823651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 21:04:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Constitución no cabe en la España de Vox]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Constitución,Vox,Santiago Abascal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Medio siglo sin Franco: la libertad amenazada por la banalización del pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/medio-siglo-franco-libertad-amenazada-banalizacion-pasado_129_12770983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c513efa-793f-4722-af97-b5144f46f6a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Medio siglo sin Franco: la libertad amenazada por la banalización del pasado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La banalización del franquismo se ha sofisticado. Ya no se expresa en panfletos y tertulias; circula en vídeos de treinta segundos, memes y clips compartidos miles de veces</p></div><p class="article-text">
        Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Franco, Espa&ntilde;a celebra medio siglo de libertad, pero la sombra del franquismo sigue dejando huella en la democracia espa&ntilde;ola. No se manifiesta ya en los despachos y en los uniformes; hoy se filtra de manera m&aacute;s sutil, en las redes sociales, en los discursos <em>rebeldes</em> y en los rincones digitales donde la historia se reescribe con iron&iacute;a y desprecio.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que el franquismo muri&oacute; con el dictador. Pero muchas de sus inercias &ndash;su concepci&oacute;n de la autoridad, del orden y de la naci&oacute;n&ndash; han sobrevivido bajo otras formas. El llamado &ldquo;franquismo sociol&oacute;gico&rdquo; no es nostalgia: es un modo de pensar que nunca fue desmontado del todo y que se ha adaptado a los tiempos. Hoy encuentra su veh&iacute;culo en la ultraderecha digital y en ciertos sectores de la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Formaciones como Vox no son copias exactas del franquismo, sino sus herederos culturales, capaces de transformar un autoritarismo hist&oacute;rico en est&eacute;tica antisistema. Palabras que antes eran insultos, como &ldquo;facha&rdquo;, se resignifican como emblemas de rebeld&iacute;a frente a la democracia, sobre todo entre j&oacute;venes que no vivieron la dictadura y cuya educaci&oacute;n c&iacute;vica ha sido insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del CIS de octubre son reveladores: un 19% de los j&oacute;venes considera que el franquismo fue &ldquo;bueno&rdquo;, y el porcentaje sube al 21,3% en la poblaci&oacute;n general. Sin embargo, el 65,5% valora los a&ntilde;os de la dictadura como &ldquo;malos o muy malos&rdquo;. Son cifras que deber&iacute;an sacudir a una sociedad que presume de haber cerrado su pasado: la memoria hist&oacute;rica no puede depender solo de actos institucionales ni de conmemoraciones, sino de pedagog&iacute;a activa y de un relato que se renueve constantemente.
    </p><p class="article-text">
        La banalizaci&oacute;n del franquismo se ha sofisticado. Ya no se expresa en panfletos y tertulias; circula en v&iacute;deos de treinta segundos, memes y clips compartidos miles de veces. La dictadura se trivializa y se transforma en un pasado de &ldquo;orden y prosperidad&rdquo; frente al caos contempor&aacute;neo. La extrema derecha ha comprendido que la batalla por la memoria ya no se gana con discursos solemnes, sino con <em>likes</em> y compartidos: es la guerra de la historia convertida en algoritmo.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esta estrategia hay un trabajo cuidadoso sobre emociones y narrativas. Palabras como &ldquo;seguridad&rdquo;, &ldquo;unidad&rdquo; o &ldquo;patria&rdquo; activan sentimientos que estructuran un pensamiento autoritario incluso en quienes nunca vivieron la dictadura. La democracia, confiada en su legitimidad hist&oacute;rica, se encuentra desarmada en el terreno del relato. As&iacute; surge la &ldquo;Generaci&oacute;n neoautoritaria 2.0&rdquo;: varones menores de 24 a&ntilde;os que perciben a Franco no como dictador asesino, sino como v&iacute;ctima de un sistema del que desconf&iacute;an. La reivindicaci&oacute;n de ese pasado se transforma en una expresi&oacute;n de rechazo posmoderna, ir&oacute;nica y viral.
    </p><p class="article-text">
        Este m&eacute;todo se refleja de manera inquietante en el contexto internacional. En Polonia, la ley mordaza de 2018 persigui&oacute; a historiadores que cuestionaban la versi&oacute;n oficial sobre el exterminio jud&iacute;o, atribuyendo a los nazis la totalidad de la culpa y exonerando a los polacos. En Hungr&iacute;a, Orb&aacute;n ha reivindicado la memoria del almirante Mikl&oacute;s Horthy, presentando a los h&uacute;ngaros como v&iacute;ctimas y h&eacute;roes, mientras los alemanes son se&ntilde;alados como &uacute;nicos culpables del Holocausto.
    </p><p class="article-text">
        Italia ofrece otro ejemplo reciente de pragmatismo neofascista: la propuesta de Meloni de cambiar la fecha del D&iacute;a Nacional para sustituir la celebraci&oacute;n de la victoria antifascista por un s&iacute;mbolo de unidad, y los comentarios de su ministra Eugenia Maria Roccella cuestionando visitas escolares a Auschwitz. Estos casos muestran que la reinterpretaci&oacute;n y la banalizaci&oacute;n de pasados autoritarios no son un problema exclusivo de Espa&ntilde;a: es un patr&oacute;n internacional de las extremas derechas contempor&aacute;neas, que buscan suavizar culpabilidades y resignificar dictadores como h&eacute;roes o v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, esa t&aacute;ctica encuentra terreno f&eacute;rtil en la combinaci&oacute;n entre franquismo sociol&oacute;gico, cultura digital y ausencia de pedagog&iacute;a activa en medios y redes. La banalizaci&oacute;n del franquismo no es solo cosa de nost&aacute;lgicos: es un problema estructural, un riesgo para generaciones que aprenden la historia a trav&eacute;s de formatos virales y no del an&aacute;lisis riguroso. La extrema derecha ha aprendido a vestir el autoritarismo con iron&iacute;a, rebeld&iacute;a y posverdad, transformando su discurso para calar entre adolescentes desconfiados del sistema. El peligro no est&aacute; en la nostalgia de unos pocos, sino en que la democracia se perciba como un lujo prescindible, una formalidad hist&oacute;rica sin relevancia inmediata.
    </p><p class="article-text">
        Franco fue un dictador que reprimi&oacute;, asesin&oacute; y someti&oacute; a generaciones enteras bajo un r&eacute;gimen de miedo y obediencia. Su legado, sin embargo, no se limita a su &eacute;poca; pervive en mentalidades autoritarias que buscan legitimarse con humor, memes y posverdad. La batalla hist&oacute;rica se ha convertido en una lucha por la narrativa y las emociones: explicar los hechos ya no basta si no se compite en el terreno afectivo donde se forman las nuevas generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s de su muerte, Espa&ntilde;a celebra la libertad, pero debe asumir que la democracia no es un estado garantizado, sino un compromiso diario. El franquismo no ha regresado formalmente, pero su sombra cultural sigue activa, igual que el revisionismo autoritario en Polonia, Hungr&iacute;a o Italia.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta esencial es si seremos capaces de hacer que la democracia resulte tan atractiva, comprensible y cercana como los contenidos que hoy difunden los herederos del franquismo, o si permitiremos que medio siglo de libertades se reduzca a una an&eacute;cdota mal entendida por quienes deber&iacute;an defenderla. La respuesta marcar&aacute; no solo c&oacute;mo recordamos el pasado, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo vivimos el presente y construimos el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/medio-siglo-franco-libertad-amenazada-banalizacion-pasado_129_12770983.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 21:25:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Medio siglo sin Franco: la libertad amenazada por la banalización del pasado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Dictadura,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El riesgo institucional de judicializar la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/riesgo-institucional-judicializar-politica_129_12675883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d82044a0-a81f-4cfb-8eda-6a3c58b3124d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1014y589.jpg" width="1200" height="675" alt="El riesgo institucional de judicializar la política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la justicia se convierte en campo de batalla, los efectos trascienden lo jurídico y reescriben las reglas del juego democrático. En lugar de fortalecer el Estado de derecho, el riesgo es que se debilite. España no es inmune a este riesgo</p><p class="subtitle">La amenaza judicial</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando la justicia se politiza, la pol&iacute;tica se judicializa&rdquo;, advierte la polit&oacute;loga Nancy Bermeo<strong> </strong>al analizar las tensiones en democracias en proceso de polarizaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a estamos viendo ese diagn&oacute;stico hecho realidad: el tribunal se convierte en escenario y altavoz de la contienda pol&iacute;tica, y lo que podr&iacute;a ser un procedimiento t&eacute;cnico adquiere un peso descomunal en el tablero democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El impacto es inmediato para el Gobierno, que sufre una p&eacute;rdida de control de la agenda y se ve obligado a responder a golpe de titular. La Moncloa se enfrenta a un dilema comunicativo complejo: debe mostrar confianza en la independencia de los jueces y al mismo tiempo evitar que cale en la opini&oacute;n p&uacute;blica la sensaci&oacute;n de impunidad en torno a la pareja del presidente. Cualquier error de c&aacute;lculo &mdash;ya sea un exceso de prudencia o una reacci&oacute;n defensiva&mdash; puede agravar el desgaste. El Ejecutivo camina por una cuerda floja en la que lo que est&aacute; en juego no es solo su reputaci&oacute;n, sino su capacidad de mantener la iniciativa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para la oposici&oacute;n, en cambio, este escenario representa una oportunidad estrat&eacute;gica. El Partido Popular y Vox han encontrado un eje de movilizaci&oacute;n que les permite insistir en el relato de &ldquo;gobierno acorralado&rdquo;, exigir responsabilidades pol&iacute;ticas y reforzar su demanda de dimisi&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez. De este modo, un proceso judicial deja de ser un asunto circunscrito a los tribunales y se convierte en combustible para la campa&ntilde;a electoral. Esta din&aacute;mica beneficia a quienes buscan convertir la pol&iacute;tica en un juego de suma cero, donde la erosi&oacute;n del adversario es m&aacute;s valiosa que la construcci&oacute;n de consensos o la presentaci&oacute;n de propuestas de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el fen&oacute;meno trasciende las fronteras espa&ntilde;olas. Italia vivi&oacute; un terremoto pol&iacute;tico con el &ldquo;<em>Mani Pulite</em>&rdquo; de los noventa: la operaci&oacute;n de limpieza judicial acab&oacute; con los partidos de la Primera Rep&uacute;blica, pero tambi&eacute;n abri&oacute; la puerta al ascenso de Silvio Berlusconi, un <em>outsider</em> que supo capitalizar el descr&eacute;dito de la clase pol&iacute;tica. En Brasil, la operaci&oacute;n &ldquo;<em>Lava Jato</em>&rdquo; puso fin a la presidencia de Dilma Rousseff e inhabilit&oacute; a Lula da Silva, alterando el tablero pol&iacute;tico y allanando el camino para Jair Bolsonaro. A&ntilde;os despu&eacute;s, varias de esas condenas fueron anuladas por sesgos procesales, lo que aliment&oacute; la narrativa de persecuci&oacute;n judicial y reforz&oacute; la polarizaci&oacute;n. Incluso en Estados Unidos, los m&uacute;ltiples procesos contra Donald Trump han sido utilizados por &eacute;l mismo como prueba de su tesis de que &ldquo;el sistema est&aacute; contra nosotros&rdquo;, lo que moviliza a sus bases y le mantiene en el centro de la agenda medi&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Estos casos muestran que cuando la justicia se convierte en campo de batalla, los efectos trascienden lo jur&iacute;dico y reescriben las reglas del juego democr&aacute;tico. En lugar de fortalecer el Estado de Derecho, el riesgo es que se debilite, ya que la percepci&oacute;n de imparcialidad judicial se erosiona y las decisiones de los tribunales se leen en clave partidista.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es inmune a este riesgo. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS sobre calidad democr&aacute;tica, publicado el 8 de mayo, nueve de cada diez ciudadanos creen que la justicia no es igual para todos y un 78% considera que no act&uacute;a con imparcialidad cuando se trata de casos que afectan a partidos pol&iacute;ticos. Estos datos son preocupantes porque reflejan una percepci&oacute;n extendida de desigualdad ante la ley, un elemento central en la legitimidad de cualquier democracia liberal. Cuando esa percepci&oacute;n se consolida, el terreno queda abonado para discursos antipol&iacute;ticos que no buscan mejorar las instituciones, sino deslegitimarlas.
    </p><p class="article-text">
        La antipol&iacute;tica, en este contexto, se convierte en un recurso electoral poderoso. Presentar al sistema como irreformable y a todas las &eacute;lites como corruptas genera frustraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n moviliza a sectores del electorado que buscan soluciones de choque. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la extrema derecha ha sabido capitalizar ese descontento con un discurso que simplifica los problemas y se&ntilde;ala enemigos claros &mdash;pol&iacute;ticos, jueces, medios&mdash; ofreciendo la promesa de &ldquo;limpiar&rdquo; el sistema. Ese relato conecta con emociones m&aacute;s que con programas, y convierte el malestar en apoyo electoral estable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el debate p&uacute;blico se centra exclusivamente en imputaciones, declaraciones y dimisiones, la discusi&oacute;n sobre pol&iacute;ticas p&uacute;blicas quedar&aacute; relegada a un segundo plano. Y en un contexto de desafecci&oacute;n creciente, el riesgo es que se consolide la idea de que &ldquo;todos son iguales&rdquo;, debilitando a&uacute;n m&aacute;s el v&iacute;nculo entre ciudadan&iacute;a y democracia.
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o es may&uacute;sculo: evitar que la justicia quede atrapada en la l&oacute;gica partidista. De la respuesta que demos ahora depender&aacute; buena parte de la salud democr&aacute;tica en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/riesgo-institucional-judicializar-politica_129_12675883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Oct 2025 20:38:00 +0000]]></pubDate>
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