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    <title><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/anna-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Anna López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta y el patrón de la violencia ultra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-patron-violencia-ultra_129_13479112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6c7c0c8-7b28-45bd-a77c-3589d89ecb2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x917y582.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta y el patrón de la violencia ultra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que cortar la cadena: atender la frustración, combatir la propaganda, perseguir las redes que organizan la violencia y actuar con contundencia. Y proteger la protesta legítima: quienes quieren convertirla en una jauría humana no representan a los vecinos de Ceuta</p></div><p class="article-text">
        Hay algo m&aacute;s peligroso que la violencia racista: que acabemos vi&eacute;ndola como una reacci&oacute;n inevitable -o justificable- ante una crisis migratoria. No lo es. Ceuta no es una excepci&oacute;n ni un estallido espont&aacute;neo. Tampoco toda protesta contra la gesti&oacute;n migratoria es necesariamente violencia ultra. Conviene mirar el patr&oacute;n que vimos en Torre Pacheco, Southport, Epping y Belfast. Y que vuelve a aparecer en Ceuta.
    </p><p class="article-text">
        La secuencia tiene cuatro fases: frustraci&oacute;n, propaganda, movilizaci&oacute;n y violencia.
    </p><p class="article-text">
        La primera es la frustraci&oacute;n. Siempre hay un detonante real: una agresi&oacute;n, una ciudad que se siente abandonada o unos servicios insuficientes. Ese malestar merece respuestas pol&iacute;ticas. El giro llega cuando alguien decide convertirlo en odio. Entonces cambia el foco. Ya no se habla de recursos, gesti&oacute;n o responsabilidades institucionales. El objetivo pasa a ser acechar, perseguir y hasta linchar a los inmigrantes. Una crisis compleja encuentra un culpable sencillo. Es ah&iacute; donde entra la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Southport mostr&oacute; la din&aacute;mica: un crimen terrible fue acompa&ntilde;ado de falsedades sobre el origen del agresor que alimentaron, a su vez, ataques contra mezquitas, hoteles de solicitantes de asilo y comunidades migrantes. En Belfast hemos visto una secuencia parecida.
    </p><p class="article-text">
        La segunda fase es la propaganda. La infraestructura digital del odio no aparece cuando estalla una crisis. Lleva a&ntilde;os funcionando, acumulando seguidores, conectando grupos y difundiendo narrativas como &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, &ldquo;reemplazo&rdquo; o &ldquo;remigraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Ceuta los datos muestran hasta qu&eacute; punto puede acelerarse: en solo 25 d&iacute;as se detectaron 78.476 mensajes de odio relacionados con la crisis, con un pico de 6.615 en un solo d&iacute;a, casi tres veces m&aacute;s que la actividad habitual. Los principales objetivos de la cacer&iacute;a digital fueron personas norteafricanas, migrantes y musulmanas.
    </p><p class="article-text">
        No son mensajes aislados. Existe una red que conecta organizaciones locales, espa&ntilde;olas e internacionales: Deport Them Now, Save Europe Act, Reconquista, Junge Tat y Tercera V&iacute;a, junto a activistas portugueses, franceses e italianos. Y esa infraestructura tiene altavoces pol&iacute;ticos y tecnol&oacute;gicos. Musk ha convertido X en un poderoso amplificador de la derecha radical internacional. Algunos dirigentes tambi&eacute;n han convertido la inmigraci&oacute;n en un eje permanente de alarma pol&iacute;tica, asoci&aacute;ndola con inseguridad, p&eacute;rdida de identidad o amenaza demogr&aacute;fica. Sin distinguir entre inmigraci&oacute;n regular e ilegal. Cuando esos marcos pasan de los canales ultras al discurso de masas, el per&iacute;metro de lo moralmente aceptable se ampl&iacute;a hasta dar cabida a discursos deshumanizadores.
    </p><p class="article-text">
        La tercera fase es la movilizaci&oacute;n. Las redes dejan de servir solo para convencer y empiezan a organizar, desplegando toda su capacidad para trasladar la acci&oacute;n del espacio digital al espacio f&iacute;sico. Torre Pacheco mostr&oacute; c&oacute;mo funciona con Telegram. Deport Them Now UE difundi&oacute; mapas y llam&oacute; a organizar &ldquo;cacer&iacute;as&rdquo; contra poblaci&oacute;n magreb&iacute;. Ceuta vuelve a mostrar que la internacional ultra sigue formando parte de la ecuaci&oacute;n. Activistas vinculados a estos grupos han difundido la alarma o se han desplazado hasta Espa&ntilde;a. Una crisis local se convierte as&iacute; en una oportunidad para redes de distintos pa&iacute;ses y para reclutar nuevos perfiles.
    </p><p class="article-text">
        La cuarta fase es la violencia. La propaganda llega a la calle. En Ceuta hemos visto episodios violentos y la quema del campamento y de los enseres de personas migrantes, adem&aacute;s de amenazas contra organizaciones humanitarias y periodistas. Aqu&iacute; hay otra frontera, moral, que tambi&eacute;n debe ser n&iacute;tida. Se puede protestar contra la pol&iacute;tica migratoria o reclamar recursos. Quemar las pertenencias de personas migrantes no es protesta, es violencia racista.
    </p><p class="article-text">
        Por eso importa tanto la reacci&oacute;n pol&iacute;tica. De Vox ya conocemos la respuesta: ante estos episodios no solo suele faltarles una condena clara y sin matices, sino que su discurso alimenta buena parte del marco que los precede. Del PP cabe esperar algo m&aacute;s: una repulsa en&eacute;rgica sin a&ntilde;adir de inmediato un &ldquo;pero S&aacute;nchez&rdquo;. Puede responsabilizar al gobierno de una mala gesti&oacute;n y, a la vez, dejar claro que ninguna pol&iacute;tica migratoria convierte a una persona en objetivo leg&iacute;timo de una agresi&oacute;n. Puede criticar la morosidad del ejecutivo mientras descalifica cualquier atisbo de respuesta violencia, por mucho que pueda servir como combustible electoral. Un combustible altamente inflamable, que no decrecer&aacute; aunque el PP llegue al gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Porque &iquest;de verdad cree el PP que gobernar le har&aacute; inmune?
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos demuestra que no. La experiencia de Trump deber&iacute;a servir de advertencia: el supremacismo blanco no desaparece porque gobierne la derecha. Una de las primeras decisiones del presidente al volver a la Casa Blanca fue indultar a cientos de condenados por el asalto al Capitolio. Y el an&aacute;lisis del Jewish Council for Public Affairs sobre los datos del FBI de 2025 se&ntilde;ala que, pese al descenso global de los delitos de odio, los ataques contra la comunidad latina e hispana aumentaron un 26% y los dirigidos contra la poblaci&oacute;n sikh un 25%. Aqu&iacute; el otro es el musulm&aacute;n: all&iacute; es el hispano. Convendr&iacute;a no olvidarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay que cortar la cadena: atender la frustraci&oacute;n, combatir la propaganda, perseguir las redes que organizan la violencia y actuar con contundencia. Y proteger la protesta leg&iacute;tima: quienes quieren convertirla en una jaur&iacute;a humana no representan a los vecinos de Ceuta. Ambas cosas son -y deben ser- compatibles. Para solucionar la crisis de la ciudad aut&oacute;noma sin menoscabar nuestra democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-patron-violencia-ultra_129_13479112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 19:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ceuta y el patrón de la violencia ultra]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feijóo y Abascal, luna de miel anticipada en Ceuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-abascal-luna-miel-anticipada-ceuta_129_13465806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0eec9b07-5ef4-466a-876b-84f24eac0c8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x805y248.jpg" width="1200" height="675" alt="Feijóo y Abascal, luna de miel anticipada en Ceuta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El riesgo para el PP es que, al convertir también la inmigración en uno de sus principales campos de batalla, aumente la importancia de un asunto que favorece más al discurso de Vox que al suyo. Hasta el punto de que Feijóo ha elevado el tono pidiendo confinar Ceuta por el riesgo de enfermedades</p></div><p class="article-text">
        Hay algo revelador en lo que <em>no</em> est&aacute; ocurriendo entre el PP y Vox durante la crisis de Ceuta. En 2024, una situaci&oacute;n parecida acab&oacute; con la ruptura de los gobiernos auton&oacute;micos que compart&iacute;an. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s hay mucha inflaci&oacute;n ret&oacute;rica, pero pocas discrepancias de fondo y ning&uacute;n inter&eacute;s en llevar el conflicto hasta la ruptura. Es la luna de miel anticipada de Feij&oacute;o y Abascal antes del matrimonio que ambos esperan formalizar tras las pr&oacute;ximas elecciones generales.
    </p><p class="article-text">
        No se trata todav&iacute;a de una alianza formal, sino de la normalizaci&oacute;n de su relaci&oacute;n como posible coalici&oacute;n estatal. Si las matem&aacute;ticas electorales permiten una mayor&iacute;a de PP y Vox, quieren demostrar desde ahora que pueden convivir en el poder sin hacerse la guerra. La prueba est&aacute; en la gesti&oacute;n de los menores migrantes. El 13 de agosto, las comunidades gobernadas por el PP participaron en la reuni&oacute;n t&eacute;cnica convocada por la ministra de Juventud e Infancia, mientras los territorios donde Vox gestiona las competencias sobre menores decidieron no acudir. La reuni&oacute;n mostr&oacute; el equilibrio que intenta mantener el PP: sentarse a la mesa, pero sin asumir el reparto, evitando un choque frontal con sus socios.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos a&ntilde;os Vox rompi&oacute; los gobiernos auton&oacute;micos despu&eacute;s de que el PP aceptara el reparto de 347 menores procedentes de Canarias y Ceuta. Abascal present&oacute; aquella decisi&oacute;n como una l&iacute;nea roja innegociable. En cambio, ahora la Consejer&iacute;a de Servicios Sociales y Familia de Extremadura que gestiona la ultraderecha ha tenido que asumir la tutela de cuatro menores llegados de Ceuta, pese a que los nuevos pactos de 2026 rechazan expl&iacute;citamente su acogida.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no se rompe ahora lo que hace dos a&ntilde;os salt&oacute; por los aires? La explicaci&oacute;n jur&iacute;dica &mdash;que desde 2025 existe un mecanismo que automatiza la redistribuci&oacute;n cuando se supera la capacidad de acogida&mdash; es cierta, pero insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Hay tambi&eacute;n un c&aacute;lculo material. Romper acuerdos implica perder cargos, recursos y capacidad de decisi&oacute;n. En 2024, Vox renunci&oacute; a unos 757.600 euros brutos anuales en salarios. Hoy el coste ser&iacute;a mayor: una ruptura completa supondr&iacute;a perder m&aacute;s de un mill&oacute;n al a&ntilde;o en retribuciones. Y hay otro incentivo: en dos ciclos electorales, Vox obtuvo m&aacute;s de 16 millones en pr&eacute;stamos de un banco h&uacute;ngaro vinculado a Orb&aacute;n. Romper ahora tambi&eacute;n significar&iacute;a perder unos recursos que ya no va a encontrar en otra parte.
    </p><p class="article-text">
        Pero el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico pesa a&uacute;n m&aacute;s. Vox ya no necesita demostrar que es la oferta pol&iacute;tica que defiende la mano m&aacute;s dura contra a la inmigraci&oacute;n porque ha conseguido trasladar su marco al centro de la conversaci&oacute;n y convertir la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; en una exigencia incorporada a acuerdos y presupuestos, como en la Comunitat Valenciana.
    </p><p class="article-text">
        En septiembre de 2024, tras meses de tensi&oacute;n migratoria en Canarias, la preocupaci&oacute;n por la inmigraci&oacute;n se dispar&oacute; del 11,2 % al 30,4 %, catapult&aacute;ndose como el primer problema del pa&iacute;s seg&uacute;n el CIS. Un salto de casi 20 puntos en apenas tres meses, de junio a septiembre. El dato muestra que el peso electoral de un asunto aumenta cuando un partido consigue que ocupe el centro de la agenda pol&iacute;tica y medi&aacute;tica. La crisis de refugiados de 2015 en Alemania ofrece otro ejemplo: convirti&oacute; la inmigraci&oacute;n en uno de los grandes ejes de competici&oacute;n y favoreci&oacute; notablemente a una Alternativa por Alemania que hasta entonces solo hab&iacute;a cosechado magros resultados electorales con su programa euroesc&eacute;ptico. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el riesgo para el PP es que, al convertir tambi&eacute;n la inmigraci&oacute;n en uno de sus principales campos de batalla, aumente la importancia de un asunto que favorece m&aacute;s al discurso de Vox que al suyo. Hasta el punto de que Feij&oacute;o ha elevado el tono pidiendo confinar Ceuta por el riesgo de enfermedades atribuidas a los inmigrantes. Hay una subasta para ver qui&eacute;n hace la proclama m&aacute;s estridente en una competencia indisimulada por capitalizar la atenci&oacute;n p&uacute;blica, con propuestas imposibles de aplicar, por razones geopol&iacute;ticas o por conculcar una ley, la de extranjer&iacute;a, que sin duda ser&aacute; una de las primeras en ser derogadas y reformuladas si ambos llegan al gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que se est&aacute; ensayando en Ceuta es una cultura de coalici&oacute;n. El PP necesita a la extrema derecha porque ha quedado demostrado que no le alcanza la mayor&iacute;a y Vox necesita demostrar que puede entrar en un futuro ejecutivo nacional sin dinamitarlo. Ha aprendido la lecci&oacute;n de 2023, cuando Abascal apost&oacute; por un programa ultramontano que diferenciara su propuesta de los populares, lo que le hizo perder 19 diputados y alejar una mayor&iacute;a de gobierno que parec&iacute;a garantizada. El mayor problema para Feij&oacute;o es que cuanto m&aacute;s acerca sus posiciones a las de Vox, intentando cooptar su espacio electoral, m&aacute;s legitima su marco y menos ampl&iacute;a su base. No han desaparecido sus discrepancias: solo han descubierto que les resulta m&aacute;s rentable administrarlas que subrayarlas. Si los n&uacute;meros se lo permiten en 2027, este noviazgo se convertir&aacute; en un matrimonio. Eso s&iacute;, de conveniencia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-abascal-luna-miel-anticipada-ceuta_129_13465806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 19:53:38 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta, el inicio de la campaña electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-inicio-campana-electoral_129_13453850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67c3f24c-a80f-4e0b-9748-1008f1958e79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x708y358.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta, el inicio de la campaña electoral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya hemos visto que en Ceuta la cuestión no estriba tanto en dilucidar cómo solucionar un problema humanitario como en imponer uno u otro relato. Y me parece que ese es uno de los mayores errores del Ejecutivo, que tampoco está saliendo bien parado: una cosa es la realidad y otra su percepción social, que en política resulta decisiva</p><p class="subtitle">El Poder Judicial ve “necesario” reforzar los tribunales en Ceuta para hacer frente al desborde</p></div><p class="article-text">
        Hay crisis que se convierten en s&iacute;mbolos y la de Ceuta es una de ellas, porque si lo ocurrido ten&iacute;a una dimensi&oacute;n geopol&iacute;tica, humanitaria y diplom&aacute;tica, esta semana ha empezado a adquirir una nueva naturaleza semi&oacute;tica: la de dar el pistoletazo de salida a un curso marcado por elecciones de distinta naturaleza: locales, auton&oacute;micas y generales.
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que el presidente de Ceuta, dirigente del PP que durante a&ntilde;os ha mantenido una relaci&oacute;n de cooperaci&oacute;n con los distintos Gobiernos centrales, haya endurecido el tono contra Pedro S&aacute;nchez. Habla de &ldquo;pasividad casi absoluta&rdquo;, de una situaci&oacute;n de excepci&oacute;n y concede al Ejecutivo un plazo de 30 d&iacute;as antes de acudir a &ldquo;otras instituciones&rdquo;, incluido el Poder Judicial.
    </p><p class="article-text">
        Ya hemos visto que en Ceuta la cuesti&oacute;n no estriba tanto en dilucidar c&oacute;mo solucionar un problema humanitario como en imponer uno u otro relato. Y me parece que ese es uno de los mayores errores del Ejecutivo, que tampoco est&aacute; saliendo bien parado: una cosa es la realidad y otra su percepci&oacute;n social, que en pol&iacute;tica resulta decisiva. Puede que haya coordinaci&oacute;n entre administraciones o visitas de ministros, y es cierto que el <em>tempo</em> de la ley es distinto al de la urgencia &mdash;medi&aacute;tica&mdash; del debate p&uacute;blico, pero parece que el Gobierno reacciona por detr&aacute;s de los acontecimientos. Espa&ntilde;a tiene recursos para movilizar medios ante emergencias de distinta naturaleza, pero si esa capacidad no se percibe, aparece un vac&iacute;o que ocupan los discursos de &ldquo;abandono&rdquo; o &ldquo;Estado fallido&rdquo;: ya pas&oacute; con la DANA de Valencia y aquel famoso &mdash;y falaz&mdash; mantra de &ldquo;solo el pueblo salva al pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular ha detectado ese hueco y ha decidido que Ceuta sea uno de los grandes s&iacute;mbolos del fracaso del &ldquo;sanchismo&rdquo;. La proposici&oacute;n no de ley presentada por Cuca Gamarra combina dos elementos cl&aacute;sicos del manual de la oposici&oacute;n en esta legislatura: la deslegitimaci&oacute;n del presidente &mdash;&ldquo;negligencia&rdquo;, &ldquo;pasividad absoluta&rdquo;&mdash; y la competici&oacute;n con Vox para ver qui&eacute;n encarna un nacionalismo m&aacute;s ultramontano. Ahora, el PP reclama un mando &uacute;nico, refuerzo policial y militar, mayor presencia de Frontex, el fin de las regularizaciones y una reforma de la Ley de Extranjer&iacute;a. Pero su posici&oacute;n contrasta con su trayectoria: los Gobiernos de Aznar realizaron tres procesos de regularizaci&oacute;n extraordinaria que beneficiaron a unas 500.000 personas y, en 2024, este mismo PP vot&oacute; a favor de tomar en consideraci&oacute;n la ILP para una nueva regularizaci&oacute;n, que el Gobierno aprob&oacute; en 2026 y que ahora los populares rechazan.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma la exigencia de Gamarra del &ldquo;retorno inmediato&rdquo; de quienes entraron de forma irregular, incluidos los menores, obviando que cualquier devoluci&oacute;n debe respetar la normativa de protecci&oacute;n del menor, el Estatuto de los Refugiados y la Ley de Extranjer&iacute;a que el PP de Aznar aprob&oacute; &mdash;y endureci&oacute; con una reforma de urgencia tras obtener la mayor&iacute;a absoluta&mdash; en 2000. Entonces la poblaci&oacute;n extranjera apenas superaba el medio mill&oacute;n, poco m&aacute;s del 1% de la poblaci&oacute;n. Hoy ronda el 14,8% y, a tenor de lo que estamos viendo, m&aacute;s que personas parecen munici&oacute;n electoral<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La paradoja de Ceuta, donde las distintas instancias p&uacute;blicas compiten m&aacute;s de lo que colaboran, se hace a&uacute;n m&aacute;s evidente si la comparamos con lo que sucedi&oacute; con Ucrania. En el primer mes de la guerra, Espa&ntilde;a concedi&oacute; 51.957 protecciones temporales a desplazados ucranianos mediante un procedimiento extraordinario que permit&iacute;a resolverlas en 24 horas. La respuesta cont&oacute;, adem&aacute;s, con la colaboraci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        No son situaciones equivalentes. La protecci&oacute;n temporal para los ucranianos se dise&ntilde;&oacute; como una f&oacute;rmula colectiva; en Ceuta, sobre todo en el caso de los menores no acompa&ntilde;ados, hay que identificar a cada persona, determinar su situaci&oacute;n y abrir un expediente individual. Eso alarga los plazos y exige otros recursos. Pero la comparaci&oacute;n permite plantear una pregunta: si aquella emergencia humanitaria moviliz&oacute; al conjunto del pa&iacute;s y a las comunidades aut&oacute;nomas, &iquest;por qu&eacute; ahora cuesta tanto encontrar esa misma solidaridad territorial?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es que se avecinan elecciones que pueden cambiar &mdash;y mucho&mdash; el paisaje pol&iacute;tico. Pero no solo aqu&iacute;. Europa afronta varias batallas electorales decisivas: este septiembre, en dos <em>L&auml;nder</em> de la antigua Alemania del Este, se ver&aacute; si Alternativa por Alemania se convierte en primera fuerza; el a&ntilde;o que viene, Italia y Finlandia pondr&aacute;n a prueba la continuidad de sus gobiernos con participaci&oacute;n de la extrema derecha, mientras Marine Le Pen aspira a convertirse en la primera presidenta de Francia. La extra&ntilde;a pareja formada la semana pasada por las primeras ministras danesa &mdash;socialdem&oacute;crata&mdash; e italiana &mdash;de extrema derecha&mdash; ofrece otra pista: la inmigraci&oacute;n se ha convertido en uno de los ejes centrales de la agenda europea.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Algo que, por supuesto, una abanderada del trumpismo nacional como Isabel D&iacute;az Ayuso no pod&iacute;a desaprovechar. Este lunes ha vuelto a colocar a S&aacute;nchez y Ceuta en el centro de su argumentario, con referencias a una &ldquo;invasi&oacute;n tolerada&rdquo;, mientras sigue evitando responder con claridad a la pol&eacute;mica del &aacute;tico adquirido con dinero p&uacute;blico y vendido deprisa y corriendo despu&eacute;s de que la prensa destapara el asunto. El patr&oacute;n resulta reconocible: inundar la conversaci&oacute;n p&uacute;blica con un asunto de enorme carga emocional para desplazar otros temas inc&oacute;modos<strong>.</strong> Por eso la l&iacute;der madrile&ntilde;a se ha convertido en una de las voces m&aacute;s insistentes del PP sobre Ceuta y S&aacute;nchez, hasta el punto de que en las &uacute;ltimas semanas su presencia en este debate ha sido mayor que la del propio presidente de su partido, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-inicio-campana-electoral_129_13453850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 20:03:44 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso quiere ser Meloni]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-quiere-meloni_129_13441164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41fd79e7-e8d8-4dc3-9de7-49bdd3c6c7fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso quiere ser Meloni"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dirigente madrileña busca erigirse en la alternativa de un PP que no termina de despegar con Feijóo. La mayoría absoluta le permitió prescindir de Vox, marcar la agenda nacional y mantener una voz propia frente a el líder naconal des u partido. Todo el andamiaje de sus ambiciones nacionales pasa por mantener ese 'statu quo'. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy Giorgia. Soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana&rdquo;. La frase con la que Meloni se hizo c&eacute;lebre en la campa&ntilde;a electoral de 2022 condensaba una f&oacute;rmula precisa: encadenar identidad nacional, familiar y religiosa en una misma expresi&oacute;n para marcar diferencias con las nuevas identidades promocionadas por la izquierda. No necesit&oacute; moderar el discurso de la extrema derecha de la que proven&iacute;a, el MSI, heredero del fascismo mussoliniano; logr&oacute; algo m&aacute;s ambicioso: trasladar sus temas al centro de la conversaci&oacute;n y articularlos desde una &ldquo;nueva derecha&rdquo; con vocaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        Isabel D&iacute;az Ayuso lleva a&ntilde;os recorriendo un camino parecido, solo que en sentido inverso. Su comparecencia de este lunes lo volvi&oacute; a confirmar. Hab&iacute;a sido convocada para presentar ayudas a los ganaderos afectados por los incendios. Se anunci&oacute; con apenas hora y media de antelaci&oacute;n, sin permitir preguntas de los periodistas, y buena parte de la intervenci&oacute;n acab&oacute; dedicada a Ceuta, Marruecos, Italia, Schengen y Pedro S&aacute;nchez. A nadie se le escapaba la intenci&oacute;n: desviar la atenci&oacute;n hacia la presi&oacute;n migratoria en la frontera y sus consecuencias, responsabilidad del Gobierno central. El mismo al que implic&oacute; unas semanas antes en la gesti&oacute;n de los incendios forestales en Madrid, una competencia del Ejecutivo auton&oacute;mico, salvo que se eleve el problema a emergencia nacional.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata solo de comunicaci&oacute;n: es una estrategia pol&iacute;tica orientada a dos objetivos.
    </p><p class="article-text">
        El primero, desplazar la atenci&oacute;n de una crisis que amenaza con convertirse en un problema serio para su Ejecutivo: la compra por 6,3 millones de euros de un &aacute;tico por parte de una empresa p&uacute;blica de su comunidad, gestionada de forma opaca y p&eacute;simamente justificada. La operaci&oacute;n corre el riesgo de erigirse en el s&iacute;mbolo de una legislatura en la que el PP puede perder el control absoluto de su principal basti&oacute;n. A ello se suma la pol&eacute;mica por aquel viaje a M&eacute;xico, acortado por supuestas amenazas a su seguridad, una versi&oacute;n cuestionada desde el otro lado del Atl&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Son dos crisis distintas con un rasgo com&uacute;n: ninguna ha quedado saldada con las explicaciones ofrecidas por la presidenta y su entorno. Ni siquiera Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez, director de gabinete y especialista en aprovechar los apuros de Ayuso para abrir una nueva trinchera contra sus adversarios, parece haber encontrado esta vez una salida eficaz.
    </p><p class="article-text">
        El segundo objetivo apunta m&aacute;s alto: disputar el liderazgo de la nueva derecha radical antes de que Vox lo monopolice.
    </p><p class="article-text">
        Meloni opera aqu&iacute; como referencia. Ambas dirigentes han comprendido la rentabilidad de hacer del choque con la izquierda la piedra angular de su perfil. S&aacute;nchez resulta un adversario &uacute;til para esta maniobra: permite elevar cuitas auton&oacute;micas a conflicto estatal e integrar banderas de la extrema derecha en el PP &mdash;seguridad, inmigraci&oacute;n, feminismo o Catalu&ntilde;a&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        La polit&oacute;loga austr&iacute;aca Natascha Strobl llama &ldquo;conservadurismo radicalizado&rdquo; a esa evoluci&oacute;n de las fuerzas tradicionales que adoptan el lenguaje y las t&aacute;cticas de la derecha radical sin perder su perfil de gobierno, algo que ejemplific&oacute; el joven &mdash;y ef&iacute;mero&mdash; canciller austr&iacute;aco Sebastian Kurz. Una senda explorada tambi&eacute;n por otros conservadores de Grecia, Suiza o Pa&iacute;ses Bajos. No implica mimetizarse por completo con la extrema derecha, pero s&iacute; asumir algunos de sus recursos para evitar que Vox acapare la conversaci&oacute;n p&uacute;blica: ruptura de normas y protocolos en la relaci&oacute;n con el adversario, polarizaci&oacute;n extrema, guerra cultural &mdash;como la emprendida en M&eacute;xico&mdash;, transformaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n en un club de fans en torno a un l&iacute;der mesi&aacute;nico, hostigamiento a las instituciones, campa&ntilde;a permanente y creaci&oacute;n de realidades paralelas amparadas en la posverdad. Ayuso en estado puro.
    </p><p class="article-text">
        Como en su d&iacute;a intent&oacute; Esperanza Aguirre, la dirigente madrile&ntilde;a busca erigirse en la alternativa de un PP que no termina de despegar con Feij&oacute;o. Su baza pasa por presentarse como la &uacute;nica capaz de reagrupar el voto fugado hacia la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Por eso Ceuta ofrece una oportunidad que no pod&iacute;a dejar pasar: permite regresar a la pol&iacute;tica nacional hablando de fronteras y soberan&iacute;a, retomar el choque directo con S&aacute;nchez, alinearse con Meloni &mdash;amiga de Abascal&mdash; y proyectar un perfil estatal mientras desplaza la conversaci&oacute;n del &aacute;tico y del fiasco de su proyecci&oacute;n internacional en M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese plan encierra una paradoja. Vox es un rival para los populares, pero al mismo tiempo ha ensanchado el espacio en el que ambos pueden competir. Cuanto m&aacute;s se normalizan sus marcos discursivos, m&aacute;s difusa resulta la l&iacute;nea que separa a las dos formaciones. Al imitar las a&ntilde;agazas tacticistas de la ultraderecha espa&ntilde;ola, Ayuso contribuye a su legitimaci&oacute;n. Su nueva aliada ya complet&oacute; esa transici&oacute;n en Italia, fagocitando el antiguo feudo democristiano y el espacio populista que encarn&oacute; Berlusconi hasta consolidar una derecha extrema, pero &ldquo;pragm&aacute;tica&rdquo;, con la que el Partido Popular Europeo no tiene reparos en pactar en Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        En 2023, los populares en la Comunidad de Madrid lograron el 47,3% de los votos y 70 esca&ntilde;os. Un &eacute;xito apabullante. La mayor&iacute;a absoluta le permiti&oacute; prescindir de Vox, marcar la agenda nacional y mantener una voz propia frente a Feij&oacute;o. Todo el andamiaje de sus ambiciones nacionales pasa por mantener ese <em>statu quo</em>. Parece dif&iacute;cil que la derecha pierda Madrid, pero si esa aritm&eacute;tica se quiebra y el a&ntilde;o que viene necesitara el apoyo de Vox para seguir en el poder, se deshar&iacute;a el espejismo.
    </p><p class="article-text">
        Parece dif&iacute;cil, pero no imposible: bastar&iacute;a con seguir transitando por la senda que une M&eacute;xico DF con Chamber&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ayuso-quiere-meloni_129_13441164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Aug 2026 20:05:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ayuso quiere ser Meloni]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Ceuta a  Schengen: Sánchez responde a Meloni]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-schengen-sanchez-responde-meloni_129_13435467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efb6332b-9ff5-472b-91aa-3df024f2bdf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1193y342.jpg" width="1200" height="675" alt="De Ceuta a  Schengen: Sánchez responde a Meloni"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el Gobierno de Sánchez hubiera permanecido pasivo, habría asumido implícitamente que cualquier país puede restringir Schengen con España apelando a una supuesta amenaza para su seguridad nacional aunque los hechos no la avalen</p><p class="subtitle">España impone controles a los viajeros procedentes de Italia tras el rechazo de Meloni a quitarlos
</p></div><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n del Gobierno espa&ntilde;ol de imponer controles a los viajeros procedentes de Italia no responde tan s&oacute;lo a un principio de reciprocidad diplom&aacute;tica. Es, sobre todo, un intento de evitar que se normalice un precedente peligroso: que un Estado miembro pueda restringir unilateralmente la libre circulaci&oacute;n con otro socio europeo por razones pol&iacute;ticas y electorales.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que est&aacute; en juego tras la decisi&oacute;n de Giorgia Meloni de restablecer controles con Espa&ntilde;a utilizando como argumento la llegada masiva y descontrolada de migrantes a Ceuta. Una medida que transforma una crisis localizada en la frontera sur de la Uni&oacute;n Europea en un conflicto bilateral que nunca debi&oacute; existir. A no ser que responda a razones m&aacute;s aviesas.
    </p><p class="article-text">
        La inmigraci&oacute;n constituye desde hace a&ntilde;os el principal recurso de movilizaci&oacute;n electoral de la derecha radical europea. Cuando las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas no consiguen ofrecer los resultados prometidos, elevar el tono y recrudecer el discurso se convierte en una tentaci&oacute;n dif&iacute;cil de evitar. La comunicaci&oacute;n, m&aacute;s maleable, sustituye a la gesti&oacute;n, siempre m&aacute;s hura&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es evidente. Como record&oacute; Pedro S&aacute;nchez utilizando datos de Frontex, Italia ha registrado alrededor de 478.600 entradas irregulares entre 2021 y 2026, pr&aacute;cticamente el doble que Espa&ntilde;a, con 234.760. Es decir, el Gobierno que pretende presentar a Espa&ntilde;a como el principal v&oacute;rtice del problema migratorio es, precisamente, el que ha soportado una mayor presi&oacute;n sobre sus propias fronteras.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco puede exhibir Meloni grandes &eacute;xitos de gesti&oacute;n. Su proyecto estrella, los centros para solicitantes de asilo en Albania, ha quedado bloqueado por los tribunales italianos y se ha convertido en el s&iacute;mbolo de una pol&iacute;tica m&aacute;s eficaz para producir titulares que resultados. Y aunque el ejecutivo italiano ha comprometido alrededor de 800 millones de euros para este proyecto de externalizaci&oacute;n del problema, las instalaciones apenas han podido funcionar. La paradoja m&aacute;s llamativa, sin embargo, es que Italia ha seguido regularizando contingentes de trabajadores extranjeros porque su econom&iacute;a contin&uacute;a necesitando mano de obra. Entre 2023 y 2025, el pa&iacute;s alpino ha concedido 452.000 permisos de trabajo mediante el Decreto Flussi. El contraste entre el discurso maximalista y la prosaica realidad resulta dif&iacute;cil de ocultar. Especialmente, si se quiere culpar de esta crisis al proceso de regularizaci&oacute;n puesto en marcha por el gobierno espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Fabricar un conflicto artificial con Espa&ntilde;a cumple una funci&oacute;n pol&iacute;tica evidente. Meloni ya no practica &uacute;nicamente ese nacionalismo &ldquo;banal&rdquo; del que hablaba Michael Billig, presente en las banderas, las camisetas de la selecci&oacute;n, los s&iacute;mbolos y las rutinas cotidianas. Ha dado un paso m&aacute;s hacia un nacionalismo performativo, construido para escenificar fortaleza, identificar enemigos externos y movilizar electoralmente a una parte de la sociedad. Del nacionalismo banal, hemos pasado al nacionalismo ruin, torticero y, sobre todo, oportunista. No es casualidad que esta escalada se produzca cuando falta poco m&aacute;s de un a&ntilde;o para las elecciones italianas y cuando Fratelli d&rsquo;Italia se ve amenazado a su derecha por el almirante Vanacci, que expide un discurso identitario y antiinmigraci&oacute;n todav&iacute;a m&aacute;s hiperventilado que el de Meloni. Que ya es decir. Endurecer el lenguaje y escenificar conflictos con otros gobiernos europeos constituye una estrategia de diferenciaci&oacute;n pol&iacute;tica mucho m&aacute;s rentable que reconocer los l&iacute;mites de la propia acci&oacute;n gubernamental.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta espa&ntilde;ola debe entenderse desde esa l&oacute;gica. Si el Gobierno de S&aacute;nchez hubiera permanecido pasivo, habr&iacute;a asumido impl&iacute;citamente que cualquier pa&iacute;s puede restringir Schengen con Espa&ntilde;a apelando a una supuesta amenaza para su seguridad nacional aunque los hechos no la avalen. La reciprocidad no persigue escalar el conflicto, sino proteger la igualdad entre Estados miembros y preservar la credibilidad de uno de los pilares fundamentales de la integraci&oacute;n europea: la libre circulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta crisis deja al descubierto una diferencia fundamental entre Italia y Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Meloni busca poner en pr&aacute;ctica el efecto conocido como <em>rally around the flag</em>: aprovechar un conflicto exterior para reforzar la cohesi&oacute;n nacional en torno al Gobierno. Es una estrategia frecuente cuando los ejecutivos atraviesan dificultades internas. A finales de los 90 una pel&iacute;cula, oportunamente titulada 'La cortina de humo', desarrollaba la idea, con un presidente de los Estados Unidos sumido en una crisis por un esc&aacute;ndalo sexual. La confrontaci&oacute;n con un actor externo desplaza el debate y convierte cualquier cr&iacute;tica dom&eacute;stica en una supuesta falta de patriotismo.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a ocurre lo contrario. La polarizaci&oacute;n ha alcanzado tal intensidad que ni siquiera una disputa diplom&aacute;tica con otro Estado miembro genera un cierre de filas alrededor del Ejecutivo. Las declaraciones de Vox respaldando el relato del Gobierno italiano frente al espa&ntilde;ol ilustran hasta qu&eacute; punto la competici&oacute;n partidista pesa hoy m&aacute;s que cualquier l&oacute;gica de unidad nacional. El conflicto exterior no reduce la polarizaci&oacute;n; la alimenta.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa sea la principal ense&ntilde;anza de esta crisis. No asistimos solo a un choque diplom&aacute;tico entre dos gobiernos. Lo que est&aacute; en juego es la posibilidad de que Schengen deje de ser una pol&iacute;tica com&uacute;n para convertirse en un instrumento al servicio de las necesidades electorales, puntuales y epis&oacute;dicas, de los Estados miembros. Un precedente que ser&iacute;a muy preocupante en un contexto como el actual, en el que Europa se ve amenazada por fuerzas que intentan redefinir los ejes que han vertebrado la construcci&oacute;n europea. O, mejor dicho, sustituirlos por otros, radicalmente contrarios. Sustituir la tolerancia a las minor&iacute;as por el ostracismo o la expulsi&oacute;n. Sustituir la cesi&oacute;n de soberan&iacute;a por el repliegue identitario. O, como en este caso, sustituir la cooperaci&oacute;n honesta entre Estados por la suspicacia interesada entre gobiernos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-schengen-sanchez-responde-meloni_129_13435467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 06:17:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Ceuta a  Schengen: Sánchez responde a Meloni]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Giorgia Meloni,Fronteras,Schengen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo soy más racista que tú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/racista_129_13427333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed35cd16-f8ca-4d0c-962b-57dd49723f80_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1523y412.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo soy más racista que tú"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el referente político de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibición constante de la fuerza frente a la inmigración irregular, ¿hasta dónde estaría dispuesto a acompañarle el PP para conservar una mayoría parlamentaria?</p></div><p class="article-text">
        Hay im&aacute;genes que retratan una crisis. Y hay otras que retratan una &eacute;poca. Las de miles de personas intentando alcanzar Ceuta hablan, por supuesto, del fracaso del modelo migratorio europeo. Pero, sobre todo, revelan otra realidad: la competici&oacute;n pol&iacute;tica, en Espa&ntilde;a y en la Uni&oacute;n Europea (UE), por demostrar qui&eacute;n es m&aacute;s duro con quienes intentan cruzar sus l&iacute;mites territoriales. La discusi&oacute;n ya no gira solo en torno a c&oacute;mo gestionar la llegada de personas. Gira, sobre todo, alrededor de qui&eacute;n promete m&aacute;s expulsiones.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante una excepci&oacute;n. La externalizaci&oacute;n del control fronterizo ha convertido a terceros pa&iacute;ses en guardianes del per&iacute;metro sur. A cambio de financiaci&oacute;n, cooperaci&oacute;n o respaldo diplom&aacute;tico, Estados como Marruecos o Turqu&iacute;a contienen los flujos migratorios. Ah&iacute; reside una de las grandes debilidades del modelo europeo: quien controla ese grifo tambi&eacute;n dispone de una poderosa herramienta de presi&oacute;n geopol&iacute;tica. Ocurri&oacute; en el r&iacute;o Evros, cuando Turqu&iacute;a empuj&oacute; a miles de personas hacia Grecia en 2020 para presionar a Bruselas. Volvi&oacute; a suceder en 2021, cuando el r&eacute;gimen de Aleksandr Lukashenko facilit&oacute; la llegada de ciudadanos de Oriente Pr&oacute;ximo y los condujo hasta Polonia, Lituania y Letonia como parte de una estrategia de guerra h&iacute;brida. Ese mismo a&ntilde;o, Marruecos permiti&oacute; la entrada de unas 10.000 personas para castigar a Espa&ntilde;a tras la acogida hospitalaria del l&iacute;der del Frente Polisario, Brahim Ghali. La Euroc&aacute;mara respondi&oacute; entonces condenando el uso de seres humanos como arma de presi&oacute;n pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Las personas dejan as&iacute; de ser sujetos de derechos para convertirse en munici&oacute;n humana, en piezas de ajedrez de la negociaci&oacute;n entre Estados. Despu&eacute;s pasan a desempe&ntilde;ar un segundo papel: el de recurso electoral. El guion se repite en Lampedusa, Grecia, Polonia o Ceuta. Primero llegan las im&aacute;genes; luego, los bulos; por &uacute;ltimo, las promesas de mano dura.
    </p><p class="article-text">
        Los acontecimientos de estos d&iacute;as ilustran con claridad esa din&aacute;mica. Jordan Bardella culp&oacute; a S&aacute;nchez de haber &ldquo;abierto las puertas de Europa&rdquo;. Meloni elev&oacute; el tono hasta plantear la suspensi&oacute;n de Schengen respecto a Espa&ntilde;a y Finlandia respald&oacute; esa posici&oacute;n, pese a que Ceuta ni siquiera forma parte de ese espacio de libre circulaci&oacute;n. En Alemania, la presi&oacute;n de AfD vuelve a empujar el debate migratorio hacia posiciones cada vez m&aacute;s extremas. Ninguna de esas reacciones puede ni debe entenderse al margen de los calendarios electorales que afrontan varios pa&iacute;ses europeos este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tampoco escap&oacute; a esa l&oacute;gica. El diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a Figaredo lleg&oacute; a reclamar que hab&iacute;a que &ldquo;cazar&rdquo; a quienes hab&iacute;an entrado en Ceuta. Santiago Abascal habl&oacute; de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, vincul&oacute; la llegada de personas con la delincuencia, la inseguridad y el deterioro de los servicios p&uacute;blicos, cancel&oacute; su viaje a Colombia para desplazarse a la ciudad aut&oacute;noma y convirti&oacute; la frontera en el eje de su ofensiva pol&iacute;tica. Al mismo tiempo, Alvise P&eacute;rez y miembros de N&uacute;cleo Nacional acudieron a Ceuta para disputar a Vox el monopolio del discurso racista.
    </p><p class="article-text">
        Nada de ello responde a la improvisaci&oacute;n. Forma parte de una estrategia conocida: convertir una crisis fronteriza en una oportunidad pol&iacute;tica. El miedo moviliza, la xenofobia cohesiona y convertir a la persona migrante en enemigo interno contin&uacute;a siendo uno de los principales reclamos ideol&oacute;gicos de la constelaci&oacute;n ultra. Partiendo de ah&iacute;, la rivalidad ya solo consiste en demostrar qui&eacute;n propone el programa m&aacute;s <strong>i</strong>ntransigente y emplea el lenguaje m&aacute;s agresivo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el verdadero problema no es Vox. De Vox nadie puede decir que oculte su proyecto. Lo preocupante es un PP que ha dejado de combatir los marcos de la extrema derecha para hacerlos suyos. Lejos quedan los aplausos a las palabras de Le&oacute;n XIV cuando record&oacute; que &ldquo;la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera&rdquo;. Bast&oacute; lo ocurrido en Ceuta para que ese consenso desapareciera. La movilidad humana dej&oacute; de abordarse como un fen&oacute;meno complejo, que exige cooperaci&oacute;n internacional y respeto a los derechos humanos, para convertirse en un instrumento de confrontaci&oacute;n partidista.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la derecha tradicional acepta el marco que fija la derecha radical, deja de discutir las soluciones y termina, no solo reforzando el relato de quien marca el debate, sino extrem&aacute;ndolo todav&iacute;a m&aacute;s, porque del extremismo vociferar&aacute; m&aacute;s, utilizar&aacute; descalificaciones m&aacute;s gruesas y medidas todav&iacute;a m&aacute;s inhumanas. Por ejemplo, elevando al nivel del discurso pol&iacute;tico lo que hasta entonces solo hab&iacute;a tenido carta de naturaleza en las calles: cazar al inmigrante. Como en Torre Pacheco hace exactamente un a&ntilde;o. Tambi&eacute;n ocurri&oacute; con la Agenda 2030 y con las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas. Ahora sucede con la inmigraci&oacute;n, el cl&iacute;max de las pol&iacute;ticas de deshumanizaci&oacute;n, porque en este caso hablamos &ndash;o deber&iacute;amos&ndash; de seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta m&aacute;s importante no es qu&eacute; dice hoy la oposici&oacute;n, sino qu&eacute; ocurrir&aacute; cuando gobierne. Porque Marruecos seguir&aacute; ah&iacute; y seguir&aacute; haciendo lo mismo: utilizar&aacute; geopol&iacute;ticamente los flujos migratorios. Ning&uacute;n Ejecutivo espa&ntilde;ol ser&aacute; inmune a episodios como el de Ceuta. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n culpar&aacute;n entonces? 
    </p><p class="article-text">
        Gobernar exige algo m&aacute;s dif&iacute;cil que se&ntilde;alar responsables: obliga a gestionar problemas para los que no existen soluciones simples. Adem&aacute;s, obliga a responder otra pregunta. Si el referente pol&iacute;tico de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibici&oacute;n constante de la fuerza frente a la inmigraci&oacute;n irregular, &iquest;hasta d&oacute;nde estar&iacute;a dispuesto a acompa&ntilde;arle el PP para conservar una mayor&iacute;a parlamentaria? Los acuerdos auton&oacute;micos ofrecen algunas pistas, porque el PP ha aceptado el principio de &ldquo;prioridad nacional&rdquo; o las restricciones a organizaciones sociales que atienden a personas en situaci&oacute;n irregular. Cesi&oacute;n tras cesi&oacute;n, el espacio pol&iacute;tico del PP se desplaza hacia la derecha radical.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero riesgo. Ning&uacute;n Estado est&aacute; a salvo de que un tercer pa&iacute;s utilice la migraci&oacute;n como instrumento de presi&oacute;n. La diferencia reside en c&oacute;mo se responde a esas situaciones: desde la gesti&oacute;n, la cooperaci&oacute;n europea y el respeto al Estado de derecho o desde el miedo, la b&uacute;squeda de culpables y la competici&oacute;n por demostrar qui&eacute;n es m&aacute;s implacable. Pero entonces la pol&iacute;tica solo consistir&aacute; en demostrar qui&eacute;n puede gritar con m&aacute;s fuerza: yo soy m&aacute;s racista que t&uacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/racista_129_13427333.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 20:21:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yo soy más racista que tú]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los dos tiempos del fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiempos-fuego_129_13412534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3e1310b-58f1-4e10-b471-875cd58fa97b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148237.jpg" width="900" height="506" alt="Los dos tiempos del fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que un episodio de esta magnitud acabe convirtiéndose en una catástrofe depende de decisiones públicas: de la planificación de la administración competente, de la cooperación entre instituciones y de la capacidad para alcanzar acuerdos cuando desaparece el humo. El verdadero fracaso no es que el monte arda. Es que, cuando deja de arder, también se extinga la voluntad política de evitar el siguiente </p></div><p class="article-text">
        Hay incendios que arrasan bosques. Y hay otros que consumen la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Cada verano asistimos al mismo patr&oacute;n: mientras miles de vecinos son desalojados, los equipos de extinci&oacute;n se juegan la integridad f&iacute;sica y las llamas avanzan, el debate se precipita hacia el reproche. En el terreno, sin embargo, suele imponerse la cooperaci&oacute;n entre instituciones y una gobernanza multinivel mucho m&aacute;s eficaz de lo que refleja la bronca pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Toda crisis tiene dos tiempos. El primero es el de la emergencia. La prioridad no deber&iacute;a ser desgastar al adversario, sino proteger vidas, coordinar recursos y ofrecer informaci&oacute;n fiable para que ese espacio no lo ocupen la desinformaci&oacute;n ni quienes instrumentalizan el temor para erosionar la confianza ciudadana. La comunicaci&oacute;n institucional tambi&eacute;n resulta decisiva porque reduce la incertidumbre y transmite serenidad, unidad y empat&iacute;a a quienes acaban de perder una vivienda, un negocio o, en el peor de los casos, a un ser querido.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; siente una persona evacuada cuando enciende la televisi&oacute;n y escucha insultos, descalificaciones o acusaciones cruzadas? Cuesta pensar que perciba a los responsables p&uacute;blicos concentrados en resolver su problema. El ruido no apaga el fuego; solo aumenta la sensaci&oacute;n de miedo y enfado.
    </p><p class="article-text">
        El segundo tiempo llega cuando las llamas se extinguen. Es entonces cuando corresponde la rendici&oacute;n de cuentas: preguntar si la prevenci&oacute;n fue suficiente, si los montes estaban bien gestionados, si las plantillas contaban con medios estables o si los presupuestos respond&iacute;an a un riesgo que ha dejado de ser excepcional. Confundir ambos momentos no fortalece la democracia; la empobrece porque erosiona la dimensi&oacute;n m&aacute;s &uacute;til de la pol&iacute;tica: su capacidad para ofrecer soluciones duraderas a desaf&iacute;os colectivos.
    </p><p class="article-text">
        Los datos evidencian que esta realidad ha dejado de ser coyuntural. En lo que va de 2026 ya han ardido 152.678 hect&aacute;reas forestales, m&aacute;s de seis veces la extensi&oacute;n afectada en el mismo periodo del a&ntilde;o pasado, el equivalente a toda la isla de Gran Canaria. Con m&aacute;s de la mitad de su superficie cubierta por bosques y otras formaciones vegetales, y un Mediterr&aacute;neo que se calienta por encima de la media mundial, resulta dif&iacute;cil seguir viendo estos siniestros como un fen&oacute;meno estacional o como una cuesti&oacute;n que solo reaparece cuando llegan las altas temperaturas.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, esa segunda etapa sigue sin traducirse en una estrategia de pa&iacute;s frente a esta amenaza. No es por falta de propuestas. El Gobierno present&oacute; el pasado septiembre un Pacto de Estado con diez medidas centradas en la adaptaci&oacute;n, la articulaci&oacute;n institucional y la anticipaci&oacute;n. A ello se suma la hoja de ruta impulsada por el Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, que incluye actuaciones como la reciente Red Estatal de Refugios Clim&aacute;ticos ante las olas de calor y el anunciado Plan contra la Desinformaci&oacute;n Clim&aacute;tica. El PP registr&oacute; semanas antes un Plan Integral de Ayuda con cincuenta acciones orientadas a la restauraci&oacute;n ambiental y al refuerzo de la UME.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis de ambos documentos revela enfoques distintos, pero tambi&eacute;n coincidencias en el fortalecimiento de las capacidades p&uacute;blicas de prevenci&oacute;n y respuesta. El Ejecutivo sit&uacute;a la crisis clim&aacute;tica en el centro del diagn&oacute;stico. El texto del PP apenas menciona una vez el cambio clim&aacute;tico y lo hace vinculado a la agricultura del carbono, no como explicaci&oacute;n del aumento de la vulnerabilidad. Esa divergencia, por s&iacute; sola, no basta para explicar la ausencia de un punto de encuentro. El obst&aacute;culo parece otro y responde, sobre todo, a dos din&aacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, la polarizaci&oacute;n bloquea cualquier entendimiento con el adversario. Por otro, la l&oacute;gica de la campa&ntilde;a permanente premia la diferenciaci&oacute;n constante, incluso en plena emergencia. El incentivo ya no es tejer consensos duraderos, sino reforzar el perfil propio. La paradoja es evidente: cuanto mayor es la certeza cient&iacute;fica sobre la magnitud del problema, menor es la disposici&oacute;n para articular pactos de Estado.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, Vox introduce otro marco interpretativo. Durante los incendios de Madrid y &Aacute;vila, Santiago Abascal difundi&oacute; un v&iacute;deo de 49 segundos en el que atribu&iacute;a la tragedia al &ldquo;fanatismo clim&aacute;tico&rdquo;, a las &ldquo;pol&iacute;ticas verdes suicidas&rdquo; y a la corrupci&oacute;n del Gobierno de S&aacute;nchez. El fuego deja de concebirse como un asunto de inter&eacute;s general para convertirse en un nuevo frente de la batalla cultural. Para la extrema derecha, no se trata de resolver esta urgencia, sino de convertirla en un instrumento de movilizaci&oacute;n ideol&oacute;gica a trav&eacute;s de la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese relato encuentra un aliado en la desinformaci&oacute;n. Cada gran incendio viene acompa&ntilde;ado de una cascada de bulos y esl&oacute;ganes populistas: que la Ley de Montes impide limpiar los bosques, que la UME abandona poblaciones o que &ldquo;solo el pueblo salva al pueblo&rdquo; porque el Estado auton&oacute;mico no funciona. Son mensajes que el algoritmo recompensa porque generan indignaci&oacute;n. Saltan de perfiles partidistas a canales de mensajer&iacute;a, de ah&iacute; a algunos medios de comunicaci&oacute;n y terminan contaminando la esfera p&uacute;blica.  
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n en el entorno rural comienza mucho antes de que aparezca el primer foco. Se construye mediante labores preventivas durante el invierno, se reduce la carga vegetal, se estabilizan brigadas, se mejora la formaci&oacute;n de los profesionales, se impulsa la investigaci&oacute;n y se blindan recursos. Son intervenciones discretas. Apenas ocupan tertulias ni generan r&eacute;dito electoral, pero son las que hacen m&aacute;s resiliente el paisaje. 
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n gobierno puede impedir que prenda la chispa. S&iacute; puede decidir si el territorio llega mejor preparado para responder. Que un episodio de esta magnitud acabe convirti&eacute;ndose en una cat&aacute;strofe depende de decisiones p&uacute;blicas: de la planificaci&oacute;n de la administraci&oacute;n competente, de la cooperaci&oacute;n entre instituciones y de la capacidad para alcanzar acuerdos cuando desaparece el humo. Porque el verdadero fracaso no es que el monte arda. Es que, cuando deja de arder, tambi&eacute;n se extinga la voluntad pol&iacute;tica de evitar el siguiente. Ah&iacute; empieza el segundo tiempo del fuego. Y ese sigue siendo el reto que Espa&ntilde;a a&uacute;n no ha sabido afrontar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiempos-fuego_129_13412534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 19:41:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los dos tiempos del fuego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Incendios,Polarización,Comunidades Autónomas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El patriotismo que incomoda a Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriotismo-incomoda-vox_129_13395975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31322b66-e7d5-4d38-a9bf-aefb1514d4a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y472.jpg" width="1200" height="675" alt="El patriotismo que incomoda a Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos recuerdos sobreviven mucho más tiempo. En 2010 quedó grabado el gol de Iniesta como el emblema de una España capaz de reconocerse, aunque fuera por un instante, en su diversidad territorial. En 2026 permanecerá otra escena: la de un equipo que representó una España forjada en la convivencia</p></div><p class="article-text">
        Los grandes &eacute;xitos deportivos rara vez se circunscriben a la esfera estrictamente deportiva. Se convierten en relatos compartidos, en momentos que condensan un modelo de convivencia. La victoria de Espa&ntilde;a frente a Argentina para conquistar su segundo Mundial pertenece a esa categor&iacute;a de acontecimientos: este conjunto no solo ha ganado un campeonato, sino que ha contribuido a redefinir una identidad nacional m&aacute;s abierta e integradora.
    </p><p class="article-text">
        El paralelismo con 2010 resulta inevitable. Aquel equipo conquist&oacute; el primer Mundial apenas unas semanas despu&eacute;s de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el <em>Estatut</em>. El pa&iacute;s se adentraba entonces en una crisis pol&iacute;tica que marcar&iacute;a buena parte de la d&eacute;cada siguiente. En ese contexto, los internacionales ofrecieron una imagen de cohesi&oacute;n que las instituciones eran incapaces de transmitir. Xavi, Puyol, Iniesta, Piqu&eacute;, Casillas, Xabi Alonso o Villa proyectaban una comunidad transversal cuando el debate p&uacute;blico empezaba a fracturarse alrededor del modelo de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, el combinado vuelve a proclamarse campe&oacute;n del mundo. Pero la discusi&oacute;n ha cambiado. Si en 2010 el gran debate era territorial, hoy la pregunta ha pasado a ser otra: qui&eacute;n forma parte del &laquo;nosotros&raquo;. La celebraci&oacute;n en Madrid termin&oacute; de condensar esa transformaci&oacute;n. Sobre el escenario conviv&iacute;an las banderas de las comunidades aut&oacute;nomas y j&oacute;venes que tienen ra&iacute;ces en Ghana, Guinea Ecuatorial o Francia. Pocas fotograf&iacute;as resumen mejor la Espa&ntilde;a del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, una parte de la izquierda mantuvo una relaci&oacute;n inc&oacute;moda con la identidad nacional espa&ntilde;ola y sus s&iacute;mbolos &mdash;la bandera, el himno o la propia camiseta&mdash;, percibidos desde la Transici&oacute;n como un patrimonio exclusivo del franquismo. Pero las din&aacute;micas colectivas cambian. Hoy buena parte de la izquierda celebra este triunfo porque ya no identifica tales emblemas con una ideolog&iacute;a concreta, sino con una ciudadan&iacute;a heterog&eacute;nea. Ese desplazamiento cultural dice tanto sobre nuestra sociedad como el propio resultado deportivo.
    </p><p class="article-text">
        El polit&oacute;logo Michael Billig llam&oacute; <em>nacionalismo banal</em> a esos referentes cotidianos que alimentan el sentimiento de pertenencia casi sin que nos demos cuenta. Los colores, los escudos o la iconograf&iacute;a deportiva nunca son elementos neutros. Tambi&eacute;n ah&iacute; se disputa el proyecto colectivo. Por eso este vestuario trasciende el deporte: ayuda a normalizar una Espa&ntilde;a en la que la diferencia deja de verse como algo excepcional para formar parte de la identidad compartida. Quiz&aacute; por eso la reacci&oacute;n de una parte de la derecha y de la extrema derecha fue tan reveladora. Apenas hab&iacute;an pasado unas horas desde la victoria cuando el &eacute;xito de la selecci&oacute;n volvi&oacute; a leerse en clave de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y de antisanchismo, incapaz de sostener por un momento un relato compartido.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que la extrema derecha haya convertido la &laquo;prioridad nacional&raquo; en una de sus principales banderas. Tampoco que, tras la victoria, tanto Vox como el PP recurrieran casi de inmediato al marco de la polarizaci&oacute;n partidista para interpretar un &eacute;xito que millones de ciudadanos viv&iacute;an como un motivo de celebraci&oacute;n colectiva. La batalla ya no consiste solo en ganar elecciones, sino en decidir qui&eacute;n pertenece a la comunidad pol&iacute;tica. Frente a esa agenda, esta selecci&oacute;n desmonta sin propon&eacute;rselo uno de los pilares de esa ret&oacute;rica. Lamine Yamal o Nico Williams forman parte del imaginario colectivo sin tener que justificar qui&eacute;nes son. Su sola presencia desmiente la premisa de que existan ciudadanos de primera y de segunda. Son la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de una sociedad inclusiva que hace tiempo dej&oacute; de ser una promesa para convertirse en una realidad cotidiana. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que resulte dif&iacute;cil presentar la inmigraci&oacute;n como una amenaza cuando algunos de los rostros que hoy despiertan mayor orgullo colectivo son hijos de ese mestizaje. Tampoco sostiene ese marco la imagen de millones de personas celebrando los goles de futbolistas cuyas historias familiares desdibujan esas fronteras imaginarias.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el mayor legado de este Mundial. Un campeonato no elimina el racismo ni las proclamas de odio. Pero los referentes s&iacute; importan. Las im&aacute;genes compartidas una y otra vez acaban moldeando la forma en que una sociedad se mira a s&iacute; misma. Las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes aprenden tanto de aquello que celebran como de las narrativas que escuchan. 
    </p><p class="article-text">
        Los Mundiales pasan. Los goles acabar&aacute;n ocupando un lugar en la memoria deportiva. Pero algunos recuerdos sobreviven mucho m&aacute;s tiempo. En 2010 qued&oacute; grabado el gol de Iniesta como el emblema de una Espa&ntilde;a capaz de reconocerse, aunque fuera por un instante, en su diversidad territorial. En 2026 permanecer&aacute; otra escena: la de un equipo que represent&oacute; una Espa&ntilde;a forjada en la convivencia. Un grupo que demuestra que el patriotismo no necesita construirse contra nadie, que este pa&iacute;s puede seguir siendo un espacio de integraci&oacute;n y no una frontera entre amigos y enemigos, y que la pluralidad no debilita el sentimiento de pertenencia: lo fortalece. Esa, probablemente, sea la mayor victoria que deja este Mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/patriotismo-incomoda-vox_129_13395975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 20:24:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El patriotismo que incomoda a Vox]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El juicio a Begoña Gómez y la política de las emociones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juicio-begona-gomez-politica-emociones_129_13386619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78936a3d-19b3-4ece-b8e5-f7dcff57a70b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1046y462.jpg" width="1200" height="675" alt="El juicio a Begoña Gómez y la política de las emociones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El juicio a la mujer del president alimenta, más que ninguna otra causa abierta, la sensación de agravio que hoy pesa más que cualquier programa electoral</p></div><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que la pol&iacute;tica parece escrita por un guionista empe&ntilde;ado en subrayar las coincidencias. Apenas unas horas despu&eacute;s de que el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea avalara la ley de amnist&iacute;a, desmontando los argumentos jur&iacute;dicos en su contra, la Audiencia Provincial de Madrid confirm&oacute; que Bego&ntilde;a G&oacute;mez deber&aacute; sentarse en el banquillo por dos presuntos delitos. Dos resoluciones de signo opuesto, el mismo d&iacute;a, sobre los dos frentes judiciales que m&aacute;s han desgastado y sostenido el relato pol&iacute;tico de esta legislatura.
    </p><p class="article-text">
        La tentaci&oacute;n de leer ambas noticias como un empate t&eacute;cnico &ndash;Bruselas da una alegr&iacute;a al Gobierno, la Audiencia le da un disgusto&ndash; es comprensible, pero enga&ntilde;osa. No hay tal empate. Que la mujer del presidente vaya a comparecer ante un jurado popular es un triunfo para la derecha y la extrema derecha, que llevan dos a&ntilde;os se&ntilde;alando a G&oacute;mez como s&iacute;mbolo de una trama de favores conyugales y ven ahora confirmado ante un tribunal lo que hasta hoy era un relato construido a fuerza de repetici&oacute;n medi&aacute;tica. Es tambi&eacute;n la culminaci&oacute;n del empe&ntilde;o de un juez, Juan Carlos Peinado, cuya instrucci&oacute;n fue corregida varias veces por la propia Audiencia y que, pese a ello, mantuvo el pulso hasta el final, alimentando la sospecha de que buscaba algo m&aacute;s que impartir justicia: dejar huella en la historia reciente de la Justicia de este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En una democracia madura, los tiempos de la Justicia y los tiempos pol&iacute;ticos rara vez coinciden, y cuando lo hacen, la percepci&oacute;n suele imponerse sobre la explicaci&oacute;n jur&iacute;dica: en la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea, esa lectura pesa a menudo m&aacute;s que los propios hechos. Esa primac&iacute;a de lo simb&oacute;lico no es un accidente pasajero, sino el s&iacute;ntoma de una forma distinta de entender la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La competici&oacute;n electoral lleva a&ntilde;os sin girar solo en torno a programas o balances de gesti&oacute;n: vivimos en una democracia gobernada por las emociones, donde el voto ya no responde solo a intereses materiales, sino a sentimientos de pertenencia, agravio o miedo. La politolog&iacute;a lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada describiendo este fen&oacute;meno como polarizaci&oacute;n afectiva: la distancia emocional, m&aacute;s que ideol&oacute;gica, que separa a votantes de distinto signo y que Shanto Iyengar, polit&oacute;logo y profesor en la Universidad de Stanford, situ&oacute; en el origen del antagonismo democr&aacute;tico. Entre esas emociones, la indignaci&oacute;n ocupa hoy un lugar central para un sector amplio del electorado socialista y progresista, que percibe en el caso G&oacute;mez el ep&iacute;tome de una judicializaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la vida p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Da igual que la Audiencia Provincial haya depurado la instrucci&oacute;n de Peinado, descartando dos de los cuatro delitos y levantando las medidas cautelares m&aacute;s severas: para ese electorado, que el proceso siga vivo, que haya jurado y juicio, confirma una intuici&oacute;n previa, que la instrucci&oacute;n de determinadas causas se comporta como un actor pol&iacute;tico m&aacute;s, con calendario propio y capacidad de desgaste que ninguna sentencia absolutoria podr&aacute; compensar.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estos dos fallos certifican, m&aacute;s all&aacute; de su contenido legal, es hasta qu&eacute; punto los tribunales son ya el escenario del combate pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. No porque los togados busquen ese protagonismo (la sentencia del TJUE, breve y sobria, parece sustraerse al ruido), sino porque la pol&iacute;tica, incapaz de zanjar sus conflictos en el Parlamento, ha encontrado ah&iacute; el escenario donde litigarlos.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja final es que ni el aval europeo a la amnist&iacute;a ni la apertura de juicio a Bego&ntilde;a G&oacute;mez alteran la aritm&eacute;tica parlamentaria de esta legislatura. Pero el juicio a la mujer del presidente s&iacute; alimenta, m&aacute;s que ninguna otra causa abierta, la sensaci&oacute;n de agravio que hoy pesa m&aacute;s que cualquier programa electoral, tanto entre quienes lo celebran como una victoria moral y quienes lo viven como un ensa&ntilde;amiento. En una democracia donde la emoci&oacute;n ha sustituido a la deliberaci&oacute;n como combustible pol&iacute;tico, ayer Madrid no solo dio m&aacute;s combustible que Luxemburgo: dej&oacute; la sensaci&oacute;n de que en esta partida no gana nadie. Cuando la indignaci&oacute;n se convierte en uno de los motores de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, retrocede la calidad democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola vive en un estado de excepcionalidad permanente, donde cada episodio parece definitivo y cada decisi&oacute;n promete cambiarlo todo. Casi nunca ocurre. Lo que s&iacute; cambia, poco a poco, es c&oacute;mo los ciudadanos leen las instituciones. Ese puede ser el verdadero efecto de esta jornada: no tanto mover la posici&oacute;n electoral de los partidos, como reforzar una convicci&oacute;n cada vez m&aacute;s extendida en ambos bloques: que los &aacute;rbitros ya no son neutrales, sino un terreno m&aacute;s de la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando la ciudadan&iacute;a deja de confiar en que esos &aacute;rbitros act&uacute;an solo como &aacute;rbitros, la polarizaci&oacute;n deja de librarse entre partidos para convertirse en una pugna entre legitimidades. Ese es el desaf&iacute;o democr&aacute;tico que deja un d&iacute;a en el que dos resoluciones distintas han alimentado una misma batalla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juicio-begona-gomez-politica-emociones_129_13386619.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jul 2026 19:44:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El juicio a Begoña Gómez y la política de las emociones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Begoña Gómez,Audiencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política española después de la amnistía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-espanola-despues-amnistia_129_13379341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7da600c5-01ba-4978-b353-890e7b219e0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política española después de la amnistía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el TJUE confirmara que la ley se ajusta al Derecho de la Unión, al PP le resultaría mucho más difícil sostener su presunta ilegalidad. No dejaría de combatirla, pero el eje de la confrontación cambiaría: la discusión se desplazaría del plano jurídico al estrictamente político. Un indicio de ese posible viraje pudo verse durante el Congreso del PP en Cataluña, el pasado 27 de junio, cuando Feijóo apeló a «dejar atrás el procés», una afirmación que provocó el rechazo de Aznar y Ayuso</p></div><p class="article-text">
        Cuando el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea (TJUE) dicte este jueves su sentencia sobre las cuestiones prejudiciales planteadas en torno a la ley de amnist&iacute;a, no solo orientar&aacute; su aplicaci&oacute;n en el ordenamiento jur&iacute;dico espa&ntilde;ol. Tambi&eacute;n abrir&aacute; una nueva fase en el &uacute;ltimo tramo de la legislatura. Los tribunales delimitan el marco jur&iacute;dico, pero son los partidos quienes deciden su significado pol&iacute;tico. A partir de ese momento, el debate dejar&aacute; de girar en torno a su legalidad para centrarse en un asunto distinto: c&oacute;mo condiciona la estabilidad de la mayor&iacute;a parlamentaria de Pedro S&aacute;nchez y las opciones de Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o para construir una alternativa de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, el <em>proc&eacute;s</em> convirti&oacute; el conflicto territorial en el principal eje de la vida pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Condicion&oacute; investiduras, reorganiz&oacute; el sistema de partidos y polariz&oacute; la conversaci&oacute;n p&uacute;blica como ning&uacute;n otro asunto desde la Transici&oacute;n. La ley naci&oacute; con el objetivo declarado de desjudicializar esa crisis y contribuir a cerrar una d&eacute;cada de excepcionalidad pol&iacute;tica en Catalu&ntilde;a. Casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s, el contexto es distinto. El clivaje identitario ha perdido buena parte de su capacidad para estructurar la competici&oacute;n electoral, y es precisamente ese cambio de panorama el que amplifica el impacto del veredicto europeo.
    </p><p class="article-text">
        Para el PSOE, una resoluci&oacute;n favorable supondr&iacute;a el respaldo de la Uni&oacute;n Europea a la decisi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s costosa de todo el mandato. Ninguna otra iniciativa erosion&oacute; tanto su relaci&oacute;n con una parte de su electorado. Seg&uacute;n una encuesta de 40dB. publicada en diciembre de 2023, cerca del 30% de los votantes socialistas consideraban injusta la medida. S&aacute;nchez asumi&oacute; ese coste convencido de que era el precio necesario para garantizar la mayor&iacute;a parlamentaria y reconducir la relaci&oacute;n institucional con Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        A ese desgaste se sum&oacute; la reacci&oacute;n in&eacute;dita de una parte de la judicatura, que adopt&oacute; una interpretaci&oacute;n restrictiva de su alcance en las causas vinculadas al delito de malversaci&oacute;n. Incluso si Luxemburgo avalara la amnist&iacute;a, esa tensi&oacute;n entre poderes no desaparecer&iacute;a de inmediato, porque ser&iacute;a el propio Tribunal Supremo quien deber&iacute;a decidir si adapta su criterio al del &oacute;rgano comunitario.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, el Partido Popular se ver&iacute;a obligado a redefinir su estrategia. Desde la presentaci&oacute;n de la norma, el rechazo al articulado ha sido el s&iacute;mbolo sobre el que N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o ha construido buena parte de su oposici&oacute;n a S&aacute;nchez. La ofensiva parlamentaria, judicial y social sirvi&oacute; para cohesionar a su base social, al tiempo que respond&iacute;a a la creciente competencia de Vox. Ignorar ese marco supon&iacute;a arriesgarse a perder votantes por la derecha; asumirlo implicaba disputar ese espacio en los t&eacute;rminos marcados por Santiago Abascal. Las movilizaciones frente a la sede socialista de la calle Ferraz, entre finales de 2023 y la primavera de 2024, ilustraron esa din&aacute;mica y reunieron, junto a simpatizantes del PP y Vox, a grupos de la extrema derecha extraparlamentaria.
    </p><p class="article-text">
        Si el TJUE confirmara que la ley se ajusta al Derecho de la Uni&oacute;n, al PP le resultar&iacute;a mucho m&aacute;s dif&iacute;cil sostener su presunta ilegalidad. No dejar&iacute;a de combatirla, pero el eje de la confrontaci&oacute;n cambiar&iacute;a: la discusi&oacute;n se desplazar&iacute;a del plano jur&iacute;dico al estrictamente pol&iacute;tico. Un indicio de ese posible viraje pudo verse durante el Congreso del PP en Catalu&ntilde;a, el pasado 27 de junio, cuando Feij&oacute;o apel&oacute; a &laquo;dejar atr&aacute;s el proc&eacute;s&raquo;, una afirmaci&oacute;n que provoc&oacute; el rechazo de Aznar y Ayuso. Aunque fuera cierto que el l&iacute;der popular quisiera imprimir ese giro pragm&aacute;tico para propiciar un acercamiento a Junts, ser&iacute;an los mandarines de su propio partido quienes se lo pondr&iacute;an m&aacute;s que dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta reorientaci&oacute;n conllevar&iacute;a riesgos que jugar&iacute;an a favor de Vox. La formaci&oacute;n de Abascal mantiene inalterado su discurso frente al independentismo y al Estado auton&oacute;mico, lo que le permite seguir disputando al PP el electorado situado m&aacute;s a la derecha. Los cambios de posici&oacute;n de Feij&oacute;o, percibidos por una parte de la ciudadan&iacute;a como muestras de incoherencia y oportunismo pol&iacute;tico, podr&iacute;an pasarle una factura electoral que redujera incluso los 12 esca&ntilde;os que hoy le atribuye el &uacute;ltimo bar&oacute;metro catal&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese escenario reordenar&iacute;a, adem&aacute;s, la negociaci&oacute;n entre el Ejecutivo y sus socios parlamentarios. El perd&oacute;n judicial fue la condici&oacute;n fundacional de la coalici&oacute;n; superado ese compromiso, el fallo podr&iacute;a facilitar la relaci&oacute;n con Junts, pese a los dos asuntos de calado que a&uacute;n permanecen pendientes: el traspaso de competencias en materia de inmigraci&oacute;n a la Generalitat y el reconocimiento del catal&aacute;n en las instituciones europeas. Eso no significar&iacute;a que el factor territorial dejara de ser decisivo para la estabilidad del Gobierno, aunque s&iacute; perder&iacute;a el monopolio que hab&iacute;a ejercido la desjudicializaci&oacute;n del <em>proc&eacute;s</em>.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, si la aprobaci&oacute;n de la ley condicion&oacute; la primera parte de la legislatura, la decisi&oacute;n del tribunal europeo tendr&aacute; consecuencias en su recta final. Desde el jueves, el debate dejar&iacute;a de centrarse en la legalidad de la amnist&iacute;a para desplazarse hacia su balance pol&iacute;tico y los efectos que tendr&iacute;a sobre las expectativas de las fuerzas que aspiran a gobernar. Ese nuevo reparto de costes y beneficios ocupar&iacute;a el centro del debate p&uacute;blico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-espanola-despues-amnistia_129_13379341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2026 20:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política española después de la amnistía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del aborto a la natalidad: el nuevo marco de la derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aborto-natalidad-nuevo-marco-derecha_129_13362186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a475ea4a-e233-4ff4-acac-897a99e4e311_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x716y779.jpg" width="1200" height="675" alt="Del aborto a la natalidad: el nuevo marco de la derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El giro de Feijóo no puede entenderse sin observar la competición con Vox. Durante mucho tiempo se sostuvo que el ascenso de la extrema derecha obligaría a los partidos conservadores tradicionales a moderarse para retener al votante de centro. La experiencia europea ha demostrado lo contrario</p></div><p class="article-text">
        Los retrocesos democr&aacute;ticos del siglo XXI rara vez llegan de golpe. Avanzan mediante peque&ntilde;os desplazamientos culturales e institucionales que, acumulados, terminan alterando el alcance real de los derechos. La propuesta impulsada por Isabel D&iacute;az Ayuso, que reconoce al &ldquo;concebido no nacido&rdquo; como miembro de la unidad familiar a efectos administrativos, y el compromiso de Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o de extender ese modelo al conjunto de Espa&ntilde;a no modifican la regulaci&oacute;n de la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo. Pero s&iacute; reconfiguran el terreno sobre el que se articular&aacute; este debate en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente, el PP evit&oacute; convertir el aborto en un eje central de confrontaci&oacute;n. Era una postura l&oacute;gica. Espa&ntilde;a ha construido un amplio consenso social en torno a este derecho. Diversas encuestas muestran que alrededor de ocho de cada diez ciudadanos consideran que la decisi&oacute;n corresponde a la mujer y, lo m&aacute;s significativo, m&aacute;s del 60% de los votantes del PP y de Vox tambi&eacute;n respaldan que siga siendo legal. Por eso, el objetivo ya no consiste en prohibir, sino en sustituir el discurso de los derechos por el de la natalidad, la familia y la protecci&oacute;n del concebido.
    </p><p class="article-text">
        El texto aprobado en Madrid incorpora una de las premisas centrales del movimiento antiabortista: asumir que el feto posee derechos desde la concepci&oacute;n. Hoy ese reconocimiento tiene un alcance administrativo; ma&ntilde;ana puede servir para sustentar una discusi&oacute;n jur&iacute;dica mucho m&aacute;s amplia. Porque las leyes no solo regulan comportamientos; tambi&eacute;n moldean aquello que una sociedad considera leg&iacute;timo. Su efecto m&aacute;s profundo no reside en lo que modifican hoy, sino en aquello que hacen imaginable ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        El giro de Feij&oacute;o tampoco puede entenderse sin observar la competici&oacute;n con Vox. Durante mucho tiempo se sostuvo que el ascenso de la extrema derecha obligar&iacute;a a los partidos conservadores tradicionales a moderarse para retener al votante de centro. La experiencia europea ha demostrado lo contrario: el partido tradicional es quien asume el relato, las prioridades e incluso la forma de entender los conflictos que introduce su competidor para evitar fugas por la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Los pactos firmados este a&ntilde;o entre PP y Vox en Andaluc&iacute;a, Extremadura, Arag&oacute;n o Castilla y Le&oacute;n ilustran bien ese proceso. El aborto apenas aparece en esos textos. No es necesario. El nuevo consenso se articula alrededor de expresiones como &ldquo;ley de familia&rdquo;, &ldquo;fomento de la natalidad&rdquo;, &ldquo;amparo de la maternidad&rdquo; o &ldquo;cultura de la vida&rdquo;. El punto de partida impl&iacute;cito es que este n&uacute;cleo social se presenta como una instituci&oacute;n amenazada que requiere protecci&oacute;n p&uacute;blica. Ya no se debate sobre restricciones de derechos, sino sobre demograf&iacute;a, apoyo a los hogares o invierno demogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Ese movimiento tampoco est&aacute; exento de riesgos para el propio PP. Existe una brecha de g&eacute;nero persistente en el voto a Vox: los hombres apoyan mucho m&aacute;s a la formaci&oacute;n de Santiago Abascal que las mujeres. Si la direcci&oacute;n popular aspira a gobernar sin depender de su socio, necesita ensanchar sus apoyos entre el electorado femenino y moderado, donde el respaldo a los derechos reproductivos sigue siendo muy elevado. Competir con Vox en este terreno puede reducir la distancia entre ambos partidos, pero tambi&eacute;n erosionar la fidelidad del votante de centro que ha sustentado las mayor&iacute;as del centroderecha en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Esta apuesta forma parte de una ofensiva cultural m&aacute;s amplia. Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez la resum&iacute;a hace unos d&iacute;as al definir la medida madrile&ntilde;a como una &ldquo;revoluci&oacute;n frente a la cultura woke e izquierdista&rdquo;. No es una frase aislada. Expresa un proyecto pol&iacute;tico que reorienta la conversaci&oacute;n p&uacute;blica desde las libertades individuales hacia valores como la familia, la natalidad o la identidad nacional.
    </p><p class="article-text">
        No todas las extremas derechas europeas siguen el mismo camino. Mientras Marine Le Pen ha moderado su posici&oacute;n sobre el aborto para ampliar su base electoral y concentrar la confrontaci&oacute;n en la inmigraci&oacute;n y el islam, all&iacute; donde el nacionalcatolicismo mantiene un peso decisivo la tr&iacute;ada &ldquo;Dios, patria y familia&rdquo; contin&uacute;a siendo uno de los principales pilares ideol&oacute;gicos. Espa&ntilde;a encaja mejor en esta segunda tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La perspectiva internacional ofrece algunas advertencias. En Italia, el Gobierno de Giorgia Meloni no derog&oacute; el aborto. Opt&oacute; por una v&iacute;a m&aacute;s gradual: reforz&oacute; las pol&iacute;ticas natalistas y facilit&oacute; la presencia de asociaciones antiabortistas en los centros p&uacute;blicos donde se asesora a mujeres embarazadas. En Polonia el recorrido fue a&uacute;n m&aacute;s lejos. Tras a&ntilde;os de apelaciones a la defensa de la vida y la familia, formaliz&oacute; una de las regulaciones m&aacute;s restrictivas de Europa.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo, por tanto, no es una eventual reforma de la legislaci&oacute;n sobre el aborto, sino el cambio en la concepci&oacute;n de este derecho y el lugar que ocupa en el debate p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Porque las extremas derechas no siempre ganan cuando gobiernan. A menudo lo hacen antes. Ganan cuando consiguen que los dem&aacute;s adopten su sentido com&uacute;n y su forma de interpretar la realidad. La normalizaci&oacute;n no consiste en aprobar a corto plazo las agendas m&aacute;s radicales, sino en lograr que dejen de parecerlo. Feij&oacute;o puede pensar que solo ha asumido una iniciativa de Ayuso para contener el avance de Vox. Pero, al hacerlo, tambi&eacute;n ha aceptado discutir en los t&eacute;rminos que la extrema derecha lleva a&ntilde;os intentando imponer. Y cuando la competici&oacute;n pol&iacute;tica se desarrolla con las categor&iacute;as del adversario, la experiencia comparada demuestra que quien acaba fijando las reglas del juego no es el partido tradicional, sino quien logr&oacute; introducir primero esa lectura del conflicto.
    </p><p class="article-text">
        En esa disputa, quienes tienen m&aacute;s que perder no son las siglas pol&iacute;ticas. Son los derechos de las mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aborto-natalidad-nuevo-marco-derecha_129_13362186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 20:07:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del aborto a la natalidad: el nuevo marco de la derecha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derecha,PP - Partido Popular,Vox,Aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sánchez resiste, pero la legislatura busca sentido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sanchez-resiste-legislatura-busca-sentido_129_13330249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bce22112-de03-4a15-afff-253a8c4e03a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x746y292.jpg" width="1200" height="675" alt="Sánchez resiste, pero la legislatura busca sentido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sesión parlamentaria de este miércoles ofreció una radiografía bastante precisa del momento político español: un presidente que busca resistir, una oposición que denuncia pero no consigue construir una alternativa de gobierno, y una extrema derecha que intenta desplazar el debate hacia la desconfianza institucional</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No vamos a rendirnos&rdquo;. Con esa frase cerr&oacute; Pedro S&aacute;nchez una de las comparecencias m&aacute;s esperadas de los &uacute;ltimos meses. No era una intervenci&oacute;n cualquiera. Llegaba despu&eacute;s de semanas de acumulaci&oacute;n de explicaciones pendientes, de una creciente presi&oacute;n judicial y de inquietud entre sus socios parlamentarios y una parte del electorado progresista.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo era claro: contener el desgaste y evitar que la situaci&oacute;n derivara en una ruptura pol&iacute;tica irreversible. Para ello, S&aacute;nchez recurri&oacute; a un manual conocido. Un discurso de resistencia articulado en tres pilares: confrontar las acusaciones de corrupci&oacute;n con el historial del PP, reivindicar la gesti&oacute;n de su Gobierno y denunciar una campa&ntilde;a de acoso contra su entorno personal y familiar.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica es sencilla. La supervivencia del Ejecutivo no depende de convencer a la oposici&oacute;n, sino de mantener cohesionada la mayor&iacute;a parlamentaria que le permite gobernar. Por eso el mensaje estaba dirigido principalmente a socios y votantes progresistas. S&aacute;nchez reactiv&oacute; los dos argumentos que han vertebrado su acci&oacute;n de gobierno: una econom&iacute;a que sigue creciendo por encima de la media europea y una agenda de expansi&oacute;n de derechos y refuerzo de servicios p&uacute;blicos. A ello a&ntilde;adi&oacute; otro elemento central: la ausencia de una mayor&iacute;a alternativa viable. La continuidad del Ejecutivo no se explica &uacute;nicamente por sus fortalezas, sino tambi&eacute;n por las debilidades de sus adversarios.
    </p><p class="article-text">
        Frente a S&aacute;nchez apareci&oacute; un Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o que volvi&oacute; a recurrir al marco narrativo que ha definido toda su oposici&oacute;n: la idea de una Espa&ntilde;a inmersa en una profunda degradaci&oacute;n institucional. Su intervenci&oacute;n gir&oacute; sobre dos ejes: la corrupci&oacute;n como s&iacute;ntoma de un deterioro sist&eacute;mico y la exigencia de elecciones anticipadas.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ambos argumentos muestran signos de agotamiento y efectos limitados en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos. La petici&oacute;n de elecciones acompa&ntilde;a cada intervenci&oacute;n del l&iacute;der popular desde finales de 2023. Cuando un dirigente repite durante demasiado tiempo el mismo diagn&oacute;stico, corre el riesgo de erosionar su credibilidad como voz de alarma. Adem&aacute;s, la convocatoria electoral sigue dependiendo exclusivamente del presidente del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Hay, sin embargo, un interrogante que tambi&eacute;n interpela al l&iacute;der popular. Si la situaci&oacute;n es tan insostenible como sostiene el PP, &iquest;por qu&eacute; no logra construir una mayor&iacute;a capaz de provocar el relevo? La respuesta remite a una de las debilidades estructurales de Feij&oacute;o: sus dificultades para reunir apoyos m&aacute;s all&aacute; de Vox. Esa incapacidad alimenta la imagen de aislamiento pol&iacute;tico que S&aacute;nchez explota con frecuencia.
    </p><p class="article-text">
        Abascal, por su parte, desempe&ntilde;&oacute; el papel habitual. Transform&oacute; una sesi&oacute;n centrada en la corrupci&oacute;n en un mitin sobre inmigraci&oacute;n, seguridad y desconfianza hacia las instituciones, introduciendo en el debate la sospecha de un supuesto ama&ntilde;o electoral. Un relato que Vox ha elevado esta misma semana al Congreso mediante una propuesta para reformar el sistema de voto por correo. M&aacute;s que intervenir en la disputa entre Gobierno y oposici&oacute;n, el l&iacute;der de la extrema derecha busc&oacute; reforzar los marcos discursivos que mejor movilizan a su electorado.
    </p><p class="article-text">
        La sesi&oacute;n ofreci&oacute; una radiograf&iacute;a bastante precisa del momento pol&iacute;tico espa&ntilde;ol: un presidente que busca resistir, una oposici&oacute;n que denuncia, pero no consigue construir una alternativa de gobierno, y una extrema derecha que intenta desplazar el debate hacia la desconfianza institucional.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el principal desaf&iacute;o de S&aacute;nchez no est&aacute; en la oposici&oacute;n, sino en s&iacute; mismo. En un episodio de corrupci&oacute;n de esta magnitud, los ciudadanos no solo demandan explicaciones; tambi&eacute;n exigen responsabilidades. La credibilidad nace de la capacidad de reconocer errores y asumir costes. Y aqu&iacute; el presidente tiene una dificultad evidente: fue &eacute;l quien nombr&oacute; a dos secretarios de Organizaci&oacute;n hoy investigados y quien confi&oacute; responsabilidades a dirigentes posteriormente condenados o cuestionados por la justicia. La pregunta inc&oacute;moda no es solo qu&eacute; ocurri&oacute;, sino c&oacute;mo pudo ocurrir.
    </p><p class="article-text">
        Gabriel Rufi&aacute;n fue quien mejor sintetiz&oacute; ese malestar. Con una intervenci&oacute;n incisiva, verbaliz&oacute; la duda que muchos socialistas no se atreven a formularle al presidente: &iquest;lo sab&iacute;a o no lo sab&iacute;a? El catal&aacute;n ejerci&oacute; simult&aacute;neamente de aliado cr&iacute;tico del Ejecutivo y de oposici&oacute;n frente a PP y Vox, un papel que tambi&eacute;n le permite reforzar su perfil dentro de Esquerra y disputar centralidad pol&iacute;tica en el espacio independentista.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la comparecencia dif&iacute;cilmente puede considerarse el cierre de este episodio. M&aacute;s bien parece el inicio de una operaci&oacute;n de reconstrucci&oacute;n pol&iacute;tica que tendr&aacute; una segunda parada este s&aacute;bado en el Comit&eacute; Federal del PSOE. All&iacute; el tono ser&aacute; distinto: menos institucional y m&aacute;s orientado a la cohesi&oacute;n interna. Porque el reto ya no es solo sostener al Gobierno, sino reconstruir la confianza de una parte de la izquierda que observa con preocupaci&oacute;n los acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        La gran inc&oacute;gnita que deja esta sesi&oacute;n no es si S&aacute;nchez resistir&aacute; &mdash;ha demostrado sobradamente su capacidad para hacerlo&mdash;, sino si ser&aacute; capaz de convencer a los suyos y a sus socios de que todav&iacute;a existe una mayor&iacute;a con sentido pol&iacute;tico, con capacidad para impulsar acuerdos y desarrollar una agenda &uacute;til para los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sanchez-resiste-legislatura-busca-sentido_129_13330249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 20:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sánchez resiste, pero la legislatura busca sentido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Alberto Núñez Feijóo,Corrupción,Congreso de los Diputados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Papa en la España postsecular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/papa-espana-postsecular_129_13282651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4eb131ec-e331-49dd-bca4-e70cbb23ffc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144778.jpg" width="2998" height="1686" alt="El Papa en la España postsecular"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así que la cuestión no es si España vuelve a ser un país católico. No lo es. Tampoco si la Iglesia recuperará la centralidad social que tuvo durante décadas. Probablemente tampoco. La pregunta relevante es quién proporciona hoy marcos de interpretación compartidos en sociedades atravesadas por la incertidumbre y la desconfianza</p><p class="subtitle">Los grupos que se oponen a la visita del Papa: “Hay pleitesía del sistema político español a un líder religioso”</p></div><p class="article-text">
        La visita de Le&oacute;n XIV a Espa&ntilde;a constituye un acontecimiento pol&iacute;tico tan sugerente como revelador. El Papa ha llegado a un pa&iacute;s constitucionalmente aconfesional y cada vez m&aacute;s secularizado, en el que la pr&aacute;ctica religiosa se ha convertido en una opci&oacute;n minoritaria. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos estudios demosc&oacute;picos, apenas uno de cada seis espa&ntilde;oles se considera cat&oacute;lico practicante, mientras crece el n&uacute;mero de quienes se declaran no creyentes o indiferentes.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, pocas visitas internacionales son capaces de generar hoy una expectaci&oacute;n comparable.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n no reside &uacute;nicamente en la importancia hist&oacute;rica de la Iglesia en la tradici&oacute;n pol&iacute;tica de un pa&iacute;s en el que hasta hace no tanto (apenas 50 a&ntilde;os) el catolicismo era religi&oacute;n oficial. Porque para entender el significado pol&iacute;tico de esta visita es necesario tener muy en cuenta las incertidumbres de una sociedad que busca respuestas en medio de profundas transformaciones econ&oacute;micas y sociales.
    </p><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n entre autoridad religiosa y autoridad pol&iacute;tica forma parte de la propia construcci&oacute;n de la modernidad democr&aacute;tica. Desde Locke hasta Tocqueville y Max Weber, la teor&iacute;a pol&iacute;tica ha se&ntilde;alado que el nacimiento del Estado moderno comportaba, casi necesariamente, diferenciar claramente poder civil y religioso. La Constituci&oacute;n de 1978 intent&oacute; resolver esa cuesti&oacute;n mediante una f&oacute;rmula singular: Espa&ntilde;a no tendr&iacute;a religi&oacute;n oficial, pero tampoco adoptar&iacute;a el modelo de laicidad militante franc&eacute;s. El art&iacute;culo 16 estableci&oacute; un Estado aconfesional que garantizaba la libertad religiosa. Un siglo antes, la libertad de culto establecida por la Constituci&oacute;n canovista de 1876 levant&oacute; una agria controversia social y pol&iacute;tica, a pesar de proclamar la confesionalidad del Estado.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que puede decirse que la Espa&ntilde;a que recibe al Papa es probablemente la m&aacute;s secularizada socialmente y la m&aacute;s laica institucionalmente de los &uacute;ltimos siglos. Los gobiernos de Pedro S&aacute;nchez han ido ampliando el principio de neutralidad religiosa del Estado. Sin romper los acuerdos con la Santa Sede ni abrir un conflicto frontal con la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica, se han producido avances que hace apenas unas d&eacute;cadas habr&iacute;an resultado impensables: la celebraci&oacute;n de ceremonias civiles de Estado, la reducci&oacute;n del peso acad&eacute;mico de la asignatura de Religi&oacute;n, la resignificaci&oacute;n de Cuelgamuros, la investigaci&oacute;n de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia o la recuperaci&oacute;n de bienes inmatriculados.
    </p><p class="article-text">
        Pero, al mismo tiempo, algunas de las grandes promesas del laicismo pol&iacute;tico han quedado pendientes. No se han revisado los acuerdos con la Santa Sede, tampoco se ha aprobado una Ley de Libertad de Conciencia y la financiaci&oacute;n de la Iglesia sigue siendo objeto de debate. El resultado es una secularizaci&oacute;n institucional progresiva, pero incompleta, marcada m&aacute;s por la negociaci&oacute;n que por la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, reducir la visita del Papa a una cuesti&oacute;n de relaciones Iglesia-Estado ser&iacute;a insuficiente. Hay otros elementos contextuales que resultan decisivos.
    </p><p class="article-text">
        Le&oacute;n XIV aterriza en una sociedad atravesada por incertidumbres crecientes. La guerra en Europa, la crisis clim&aacute;tica, la revoluci&oacute;n de la inteligencia artificial, la precariedad econ&oacute;mica de las nuevas generaciones, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica o la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control sobre el futuro configuran un escenario de inseguridad colectiva que trasciende fronteras e ideolog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y es precisamente aqu&iacute; donde aparece una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: mientras disminuye la pr&aacute;ctica religiosa, aumenta la necesidad de referentes morales y de relatos capaces de ofrecer sentido. El fil&oacute;sofo alem&aacute;n J&uuml;rgen Habermas aludi&oacute; a esta situaci&oacute;n mediante el concepto de &ldquo;sociedad postsecular&rdquo;, en la que la secularizaci&oacute;n no ha eliminado la relevancia p&uacute;blica de la religi&oacute;n, sino que la ha transformado.
    </p><p class="article-text">
        Pero la secularizaci&oacute;n impulsada por la modernidad no ha conseguido paliar la antropol&oacute;gica necesidad de orientaci&oacute;n existencial de los humanos. La ciencia no despacha verdades can&oacute;nicas como la religi&oacute;n, as&iacute; que las buscamos en otras parte: identidades pol&iacute;ticas, comunidades digitales, nacionalismos, discursos tecnol&oacute;gicos o nuevas formas de espiritualidad individual. Y por eso precisamente la audiencia potencial de Le&oacute;n XIV va mucho m&aacute;s all&aacute; de los creyentes. Su capacidad de influencia no depende tanto de la autoridad doctrinal de la Iglesia como de su condici&oacute;n de referente moral global en debates que preocupan al conjunto de la ciudadan&iacute;a: las migraciones, la desigualdad, la guerra, el deterioro democr&aacute;tico o la crisis ecol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es evidente. El Papa visita una Espa&ntilde;a menos cat&oacute;lica que nunca, pero tambi&eacute;n una Espa&ntilde;a que, como buena parte de las democracias occidentales, parece m&aacute;s necesitada de sentido que hace una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        Y es que las democracias liberales han demostrado una extraordinaria capacidad para garantizar derechos y gestionar intereses. Mucho menos &eacute;xito han tenido, sin embargo, a la hora de construir horizontes compartidos en sociedades cada vez m&aacute;s fragmentadas, polarizadas y desiguales. De ah&iacute; que figuras con una fuerte autoridad simb&oacute;lica sigan conservando capacidad de convocatoria incluso entre quienes no comparten sus creencias religiosas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que la cuesti&oacute;n no es si Espa&ntilde;a vuelve a ser un pa&iacute;s cat&oacute;lico. No lo es. Tampoco si la Iglesia recuperar&aacute; la centralidad social que tuvo durante d&eacute;cadas. Probablemente tampoco. La pregunta relevante es qui&eacute;n proporciona hoy marcos de interpretaci&oacute;n compartidos en sociedades atravesadas por la incertidumbre y la desconfianza. Y hay que reconocer la habilidad pol&iacute;tica y comunicativa de Robert Prevost, cuyos mensajes est&aacute;n perfectamente construidos para trascender l&iacute;mites confesionales y postulados doctrinales para convertirse en puntos de referencia &eacute;ticos globales, y por eso mismo tambi&eacute;n pol&iacute;tico, de unas sociedades ah&iacute;tas de comodidades materiales pero ayunas de sentido. Quiz&aacute; esa sea la verdadera clave pol&iacute;tica de la visita de Le&oacute;n XIV.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/papa-espana-postsecular_129_13282651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Papa en la España postsecular]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política del desgaste permanente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-desgaste-permanente_129_13251940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61aa8bdf-6107-4dba-a1f6-9834e112595c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política del desgaste permanente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Feijóo podría perder una moción no solo aritmética, sino políticamente, porque no proyecta una alternativa clara de poder. Los propios datos del CIS reflejan ese problema de liderazgo. En el barómetro de abril apenas aparecía como presidente preferido para un 9,9% de los ciudadanos, solo dos puntos por encima de Abascal</p></div><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica, hay momentos en los que los hechos importan menos que la atm&oacute;sfera. Espa&ntilde;a vive precisamente uno de esos periodos. El debate p&uacute;blico aparece dominado por una sensaci&oacute;n de desgaste permanente y ruido pol&iacute;tico continuo que proyecta la idea de un pa&iacute;s bloqueado. Pero la paradoja es que conviven dos realidades distintas: una percepci&oacute;n p&uacute;blica de inestabilidad y, al mismo tiempo, una notable capacidad de resistencia institucional del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;caso Zapatero&rdquo; ha intensificado esa sensaci&oacute;n de agotamiento. No solo por los indicios o por el impacto medi&aacute;tico del sumario, sino porque cada nueva filtraci&oacute;n alimenta un clima de sospecha dif&iacute;cil de gestionar pol&iacute;ticamente. La estrategia de silencio del expresidente &mdash;comprensible desde el punto de vista procesal&mdash; tiene, sin embargo, costes evidentes para La Moncloa. En pol&iacute;tica, los vac&iacute;os comunicativos rara vez permanecen desocupados: los invade el adversario, el marco medi&aacute;tico o la especulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, falt&oacute; desde el inicio una explicaci&oacute;n institucional m&aacute;s exhaustiva sobre el rescate de Plus Ultra. Cuando la transparencia llega tarde, incluso procedimientos ajustados a derecho pueden aparecer ante parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica como pol&iacute;ticamente opacos.
    </p><p class="article-text">
        Eso explica que el Ejecutivo est&eacute; hoy atrapado en una posici&oacute;n defensiva. Y, sin embargo, la legislatura no est&aacute; paralizada. Pese al relato permanente de bloqueo, desde las elecciones del 23 de julio de 2023 el Congreso ha aprobado alrededor de 60 iniciativas legislativas impulsadas por el Gobierno y el bloque de investidura. S&aacute;nchez gobierna en minor&iacute;a y en un Parlamento fragmentado, pero sigue sacando adelante m&aacute;s legislaci&oacute;n de la que transmite el clima pol&iacute;tico o medi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n central ahora es c&oacute;mo reaccionan los socios parlamentarios. Y ah&iacute; lo que observamos es un reposicionamiento preventivo. Todos intentan marcar distancia ret&oacute;rica ante un posible agravamiento del caso, especialmente de cara a la declaraci&oacute;n de Zapatero prevista para junio. Pero los &oacute;rdagos tienen efectos limitados si no son performativos. El ejemplo m&aacute;s claro es el PNV. Puede elevar el tono e incluso pedir elecciones anticipadas, pero sabe que apoyar una moci&oacute;n de censura junto al PP y Vox tendr&iacute;a costes pol&iacute;ticos enormes. No solo porque compite con EH Bildu en un espacio sensible a pactos con la derecha espa&ntilde;ola, sino porque gobierna junto al PSE en Euskadi. Romper en Madrid podr&iacute;a poner en riesgo ese equilibrio territorial construido durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por eso S&aacute;nchez sabe que la legislatura todav&iacute;a puede resistir. El umbral verdaderamente cr&iacute;tico no est&aacute; tanto en el ruido pol&iacute;tico como en la posibilidad de que aparezcan pruebas de financiaci&oacute;n irregular del partido o indicios de tr&aacute;fico de influencias que afecten al n&uacute;cleo gubernamental.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; emerge el otro gran actor: Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o. El l&iacute;der del PP vive atrapado en un aut&eacute;ntico dilema del prisionero pol&iacute;tico. Necesita aumentar la presi&oacute;n sobre S&aacute;nchez para capitalizar el desgaste, pero su dependencia de Vox limita enormemente su capacidad de construir una mayor&iacute;a alternativa transversal. Cada pacto auton&oacute;mico con Abascal refuerza la idea de que el PP carece de un proyecto aut&oacute;nomo de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la hip&oacute;tesis de una moci&oacute;n de censura resulta especialmente arriesgada para Feij&oacute;o, al igual que trasladar toda la responsabilidad a los socios de S&aacute;nchez. Apelar al precedente de 2018 es adem&aacute;s tramposo: entonces exist&iacute;a una sentencia firme contra el PP en el caso G&uuml;rtel. A ello se suma que el presidente de los populares obvia que su alianza con Vox ha consolidado un &ldquo;bibloquismo imperfecto&rdquo; en el Parlamento espa&ntilde;ol, donde la extrema derecha solo tiene a su partido como socio posible. Eso dificulta cualquier ecuaci&oacute;n alternativa con fuerzas nacionalistas o moderadas, a diferencia de otras democracias como la portuguesa o la alemana.
    </p><p class="article-text">
        Feij&oacute;o podr&iacute;a perder una moci&oacute;n no solo aritm&eacute;tica, sino pol&iacute;ticamente, porque no proyecta una alternativa clara de poder. Los propios datos del CIS reflejan ese problema de liderazgo. En el bar&oacute;metro de abril apenas aparec&iacute;a como presidente preferido para un 9,9% de los ciudadanos, solo dos puntos por encima de Abascal. Pero quiz&aacute; el dato m&aacute;s significativo est&aacute; dentro de su propio electorado: &uacute;nicamente un 47,7% de los votantes del PP le se&ntilde;alan como l&iacute;der preferido, muy lejos del nivel de cohesi&oacute;n interna que mantiene Pedro S&aacute;nchez, respaldado por un 78,5% de sus votantes.
    </p><p class="article-text">
        El problema de fondo es que el malestar ciudadano ante la corrupci&oacute;n est&aacute; dejando de ser epis&oacute;dico para convertirse en estructural. El CIS ya reflej&oacute; tras el estallido del caso &Aacute;balos un fuerte incremento de la preocupaci&oacute;n por la corrupci&oacute;n, que lleg&oacute; al 25% en julio de 2024 y que, aunque descendi&oacute; despu&eacute;s hasta el 8,9% en abril, previsiblemente volver&aacute; a repuntar ahora. La paradoja es que ese descontento no est&aacute; siendo capitalizado principalmente por el PP, cuya pesada herencia reputacional limita su credibilidad como fuerza regeneradora.
    </p><p class="article-text">
        Quien s&iacute; rentabiliza emocionalmente ese clima es la extrema derecha. No solo desde las redes sociales o determinadas tribunas medi&aacute;ticas, sino tambi&eacute;n en la calle. La manifestaci&oacute;n del s&aacute;bado convocada por Sociedad Civil, arropada por toda la galaxia ultra, record&oacute; inevitablemente a las protestas de Ferraz contra la amnist&iacute;a: una movilizaci&oacute;n permanente basada en la deslegitimaci&oacute;n moral del adversario y en la idea de que las instituciones han sido capturadas.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; reside quiz&aacute; el principal riesgo pol&iacute;tico de esta etapa. Porque las respuestas f&aacute;ciles &mdash;una moci&oacute;n, un adelanto electoral o el ruido parlamentario&mdash; no resuelven el problema de fondo. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo reconstruir confianza democr&aacute;tica antes de que el desgaste derive en desafecci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-desgaste-permanente_129_13251940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 19:36:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política del desgaste permanente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla por la gobernabilidad andaluza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/batalla-gobernabilidad-andaluza_129_13225324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a51fbd82-0213-4ab2-aec1-5966632df835_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla por la gobernabilidad andaluza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fondo político de estas elecciones reside no tanto en confirmar una tendencia ya conocida —una Andalucía más conservadora y más fragmentada— como en comprobar si Moreno Bonilla puede seguir sosteniendo la idea de una derecha autónoma y moderada o si, como apuntan las encuestas, volverá a necesitar a Vox para garantizar la gobernabilidad</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica andaluza vuelve a enfrentarse este domingo a una paradoja que ya anticipaban las encuestas: un electorado cada vez m&aacute;s escorado hacia la derecha en t&eacute;rminos de bloques, pero con enormes incertidumbres sobre la gobernabilidad. Andaluc&iacute;a, que durante casi cuatro d&eacute;cadas &mdash;entre 1982 y 2019&mdash; fue el gran basti&oacute;n institucional del PSOE en Espa&ntilde;a, puede consolidar ahora un cambio estructural: la hegemon&iacute;a de una nueva mayor&iacute;a conservadora que ronda el 60% del Parlamento auton&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el debate de fondo no es solo cu&aacute;nto gana la derecha, sino qui&eacute;n manda dentro de ella. Y ah&iacute; reside la gran inc&oacute;gnita de estas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Juanma Moreno ha construido toda su estrategia alrededor de esa idea. &ldquo;L&iacute;o o mayor&iacute;a absoluta&rdquo;, ha repetido durante semanas. El lema resume perfectamente una apuesta pol&iacute;tica basada en la presidencializaci&oacute;n absoluta de la candidatura, la desideologizaci&oacute;n del mensaje y la apelaci&oacute;n emocional a la estabilidad. El l&iacute;der andaluz ha querido convertir las elecciones en un plebiscito sobre su figura m&aacute;s que sobre el PP. Hasta el punto de que el cierre de campa&ntilde;a lo protagoniza pr&aacute;cticamente en solitario en M&aacute;laga, mientras Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o participa en otro acto distinto en Almer&iacute;a y apenas han coincidido durante la campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento del PP ha sido claro: mucha gesti&oacute;n, poca propuesta; mucha moderaci&oacute;n est&eacute;tica y baja confrontaci&oacute;n ideol&oacute;gica. El objetivo es ampliar el voto &uacute;til conservador y absorber a sectores moderados inc&oacute;modos con la polarizaci&oacute;n nacional. Pero precisamente por eso el resultado de Vox ser&aacute; decisivo pol&iacute;ticamente, aunque no necesariamente en esca&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Porque estas elecciones funcionan tambi&eacute;n como un plebiscito sobre el momento pol&iacute;tico que atraviesa la extrema derecha espa&ntilde;ola. Tras meses de crisis internas y desgaste derivado de su alineamiento internacional con Trump, el partido de Abascal afronta una prueba de resistencia. Si consigue impedir la mayor&iacute;a absoluta de Moreno Bonilla, Vox podr&aacute; interpretar el resultado como un &eacute;xito pol&iacute;tico: volver&iacute;a a situarse como &aacute;rbitro imprescindible de la gobernabilidad andaluza.
    </p><p class="article-text">
        Y eso tendr&iacute;a una enorme carga simb&oacute;lica. No conviene olvidar que fue precisamente Andaluc&iacute;a, en 2018, el primer territorio donde el PP utiliz&oacute; a la extrema derecha para acceder al poder institucional en Espa&ntilde;a. Aquella investidura inaugur&oacute; una nueva etapa pol&iacute;tica cuyos efectos todav&iacute;a estructuran el sistema de partidos espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, una dependencia de Vox pondr&iacute;a en cuesti&oacute;n la llamada &ldquo;v&iacute;a andaluza&rdquo; que Moreno Bonilla ha intentado vender durante toda la legislatura. Porque Abascal ya ha dejado claro que la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; no se negocia. Y porque revelar&iacute;a tambi&eacute;n las dificultades del PP de Feij&oacute;o para establecer l&iacute;mites pol&iacute;ticos reales a Vox.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la izquierda llega fragmentada y con dificultades para territorializar la campa&ntilde;a. Las tres candidaturas progresistas han intentado centrar el debate en el deterioro de los servicios p&uacute;blicos, pero el PSOE vuelve a comprobar los l&iacute;mites de una f&oacute;rmula ya ensayada en otros comicios: convertir a ministras de perfil estatal en candidatas auton&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero posee notoriedad nacional, pero menos arraigo pol&iacute;tico que Moreno Bonilla. Y eso importa en unas elecciones donde la cercan&iacute;a al territorio pesa mucho m&aacute;s que la proyecci&oacute;n medi&aacute;tica. Especialmente en una comunidad donde la izquierda ya demostr&oacute; sus dificultades para movilizar a su electorado en auton&oacute;micas: en 2022 el PSOE obtuvo 887.000 votos, pero apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s Pedro S&aacute;nchez alcanz&oacute; 1,46 millones en las generales. M&aacute;s de 560.000 votantes progresistas que s&iacute; acudieron a una cita nacional, pero no a las urnas andaluzas.
    </p><p class="article-text">
        A la izquierda del PSOE, el escenario tambi&eacute;n deja varias lecturas pol&iacute;ticas. Adelante Andaluc&iacute;a puede convertirse en una de las sorpresas de la noche e incluso adelantar a Por Andaluc&iacute;a, impulsada por el perfil de Jos&eacute; Ignacio Garc&iacute;a y por un discurso muy apoyado en el andalucismo pol&iacute;tico. Pero tampoco hay que infravalorar a la coalici&oacute;n de Antonio Ma&iacute;llo, que mantiene una importante implantaci&oacute;n territorial gracias al peso municipal de IU, con presencia en 57 alcald&iacute;as andaluzas.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, ambas candidaturas intentan ocupar un mismo espacio: el de un electorado progresista decepcionado con el PSOE y que busca perfiles m&aacute;s vinculados &ldquo;a la tierra&rdquo; frente a candidatos percibidos como excesivamente dependientes de Madrid. Adem&aacute;s, las dos formaciones ser&aacute;n decisivas en la pelea por los llamados &ldquo;restos&rdquo; electorales, fundamentales para disputar esca&ntilde;os en provincias medias y, potencialmente, dificultar la mayor&iacute;a absoluta del PP.
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n ser&aacute; otra de las claves decisivas. Andaluc&iacute;a arrastra hist&oacute;ricamente un problema de movilizaci&oacute;n en auton&oacute;micas: en 2018 y 2022 apenas votaron el 56% y el 58% de los electores, casi diez puntos menos que en unas generales. Adem&aacute;s, PP y Vox llegan con electorados m&aacute;s fidelizados, mientras la izquierda depende mucho m&aacute;s de activar votantes indecisos y desmovilizados.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; resida el fondo pol&iacute;tico de estas elecciones. No tanto en confirmar una tendencia ya conocida &mdash;una Andaluc&iacute;a m&aacute;s conservadora y m&aacute;s fragmentada&mdash; como en comprobar si Moreno Bonilla puede seguir sosteniendo la idea de una derecha aut&oacute;noma y moderada o si, como apuntan las encuestas, volver&aacute; a necesitar a Vox para garantizar la gobernabilidad. Porque, de ocurrir eso, la extrema derecha demostrar&iacute;a de nuevo que sigue teniendo capacidad para fijar el precio pol&iacute;tico de las mayor&iacute;as en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/batalla-gobernabilidad-andaluza_129_13225324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 19:48:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La batalla por la gobernabilidad andaluza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La agenda exterior de Ayuso: votos en América, poder en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agenda-exterior-ayuso-votos-america-madrid_129_13196785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a00c4ee-c97b-4081-93b0-fbcafd6b7235_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x61y39.jpg" width="1200" height="675" alt="La agenda exterior de Ayuso: votos en América, poder en Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El PP no está solo en esta disputa. Vox lleva años desarrollando su propia agenda transnacional a través del concepto de “Iberosfera”, articulando redes políticas y culturales en América Latina y estableciendo vínculos con líderes como Javier Milei</p></div><p class="article-text">
        La reciente gira de Isabel D&iacute;az Ayuso por M&eacute;xico no es un episodio aislado ni una anomal&iacute;a diplom&aacute;tica auton&oacute;mica. Forma parte de una estrategia pol&iacute;tica sostenida en el tiempo: la construcci&oacute;n de una agenda transnacional orientada a captar un electorado espec&iacute;fico, el de origen latinoamericano, cuyo peso en Madrid no deja de crecer. No es tanto pol&iacute;tica exterior como pol&iacute;tica electoral proyectada m&aacute;s all&aacute; de las fronteras
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica viene de lejos. En las elecciones auton&oacute;micas de 2021 y 2023, el Partido Popular madrile&ntilde;o ya despleg&oacute; campa&ntilde;as dirigidas a comunidades latinoamericanas, con actos como &ldquo;Europa es hispana&rdquo; o iniciativas como &ldquo;El sue&ntilde;o de Madrid&rdquo;. A ello se suma el refuerzo de la agenda institucional de la Hispanidad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con m&aacute;s eventos, mayor visibilidad y un discurso que vincula identidad cultural y afinidad pol&iacute;tica. La apelaci&oacute;n a lo hispano no es neutra: funciona como marco de interpelaci&oacute;n electoral.
    </p><p class="article-text">
        El dato que suele aparecer en el debate &mdash;los extranjeros con derecho a voto en elecciones municipales&mdash; ofrece una imagen incompleta. El voto extranjero en sentido estricto es reducido y, adem&aacute;s, requiere inscripci&oacute;n previa, lo que limita a&uacute;n m&aacute;s su impacto. La clave est&aacute; en otro lugar: en los nacionalizados. Seg&uacute;n estimaciones recientes, m&aacute;s de 2,5 millones de personas nacidas en el extranjero tienen hoy derecho a voto en Espa&ntilde;a, alrededor del 7% del censo. Y dentro de ese grupo, casi dos millones proceden de Am&eacute;rica Latina. En comunidades como Madrid, donde este electorado supera el medio mill&oacute;n de votantes, su peso puede resultar decisivo en contextos competitivos. No se trata solo de volumen, sino de tendencia: es un electorado en crecimiento sostenido.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es que este voto resulta en gran medida invisible en las estad&iacute;sticas. Ya no figura como &ldquo;extranjero&rdquo;, pero mantiene trayectorias sociales y culturales diferenciadas. La rapidez en la adquisici&oacute;n de la nacionalidad por parte de ciudadanos latinoamericanos &mdash;dos a&ntilde;os de residencia frente a plazos mucho m&aacute;s largos para otros colectivos&mdash; ha acelerado este proceso. El resultado es un desplazamiento silencioso del centro de gravedad del electorado en grandes &aacute;reas urbanas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, ese electorado dista de ser homog&eacute;neo. Los datos disponibles apuntan a un patr&oacute;n m&aacute;s complejo del que suele sugerir el debate p&uacute;blico. En conjunto, los votantes de origen extranjero muestran cierta inclinaci&oacute;n hacia la izquierda, especialmente entre los procedentes de &Aacute;frica. Sin embargo, el caso latinoamericano &mdash;mayoritario dentro de los nacionalizados&mdash; presenta un comportamiento m&aacute;s equilibrado. El bar&oacute;metro del CIS de abril de 2026 confirma esa ambivalencia: los nacidos fuera de Espa&ntilde;a no se alinean de forma clara con un bloque ideol&oacute;gico, y dentro de ellos los latinoamericanos reparten su voto entre izquierda y derecha con diferencias relevantes seg&uacute;n nacionalidad. En particular, colectivos como venezolanos y cubanos muestran una mayor inclinaci&oacute;n hacia posiciones conservadoras, mientras que otros grupos presentan pautas m&aacute;s fragmentadas. M&aacute;s que un bloque pol&iacute;tico cohesionado, el voto latino funciona como un espacio de competencia.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; es donde se sit&uacute;a la estrategia del PP madrile&ntilde;o. No se trata de apelar a &ldquo;los inmigrantes&rdquo; en general, sino de segmentar y priorizar aquellos nichos m&aacute;s receptivos a su discurso. La insistencia en determinadas comunidades &mdash;especialmente aquellas marcadas por experiencias pol&iacute;ticas traum&aacute;ticas en sus pa&iacute;ses de origen&mdash; no es casual. Tampoco lo es la combinaci&oacute;n de s&iacute;mbolos culturales, relatos sobre libertad y referencias constantes a Am&eacute;rica Latina en el discurso pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Fue este voto determinante en la mayor&iacute;a absoluta de Ayuso? Probablemente no de forma exclusiva, pero s&iacute; contribuy&oacute; a consolidar una base electoral m&aacute;s amplia. En un contexto donde peque&ntilde;as variaciones pueden alterar mayor&iacute;as, un electorado que ronda ya porcentajes cercanos al 10% en grandes distritos no es marginal. Es estrat&eacute;gico. M&aacute;s a&uacute;n cuando su peso sigue aumentando por la v&iacute;a de las nacionalizaciones.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, adem&aacute;s, situar esta din&aacute;mica en un marco m&aacute;s amplio. El PP no est&aacute; solo en esta disputa. Vox lleva a&ntilde;os desarrollando su propia agenda transnacional a trav&eacute;s del concepto de &ldquo;Iberosfera&rdquo;, articulando redes pol&iacute;ticas y culturales en Am&eacute;rica Latina y estableciendo v&iacute;nculos con l&iacute;deres como Javier Milei. La competencia por este electorado no es &uacute;nicamente electoral, sino tambi&eacute;n ideol&oacute;gica. Se trata de definir qu&eacute; significa hoy lo &ldquo;hispano&rdquo; en clave pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre ambas derechas es, en gran medida, de estilo. Mientras el PP combina institucionalidad y pragmatismo electoral, Vox opta por una narrativa m&aacute;s expl&iacute;cita y polarizadora. Pero ambos coinciden en lo esencial: la identificaci&oacute;n de un espacio pol&iacute;tico en expansi&oacute;n que conecta Am&eacute;rica Latina y Espa&ntilde;a no solo en t&eacute;rminos culturales, sino tambi&eacute;n electorales.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo es si esta agenda responde a una l&oacute;gica de integraci&oacute;n o de movilizaci&oacute;n. La evidencia apunta m&aacute;s bien a lo segundo. La apelaci&oacute;n a la Hispanidad, los viajes institucionales o los actos simb&oacute;licos no suelen ir acompa&ntilde;ados de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas espec&iacute;ficas orientadas a mejorar las condiciones materiales de estos colectivos. M&aacute;s que incorporar demandas, se busca activar afinidades.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la agenda mexicana de Ayuso no es tanto un gesto diplom&aacute;tico como una pieza m&aacute;s de una estrategia de largo recorrido: convertir la identidad en voto. La pol&iacute;tica exterior, en este caso, no se despliega hacia fuera, sino que regresa hacia dentro, con un objetivo claro: consolidar poder en Madrid a trav&eacute;s de un electorado que ya forma parte central de su presente y, sobre todo, de su futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agenda-exterior-ayuso-votos-america-madrid_129_13196785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 19:33:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La agenda exterior de Ayuso: votos en América, poder en Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Latinoamérica,Hispanidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prioridad-nacional-limites-constitucionales-politica-exclusion_129_13151690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd537064-ef7f-4bc7-ae8a-3801598bb4f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Extremadura, la inmigración no es un capítulo de tres páginas: es el marco. Aunque ocupe una parte limitada del documento, la lógica de la “prioridad nacional” se proyecta sobre vivienda, ayudas y sanidad. Es, en la práctica, una “lepenización hispánica” del programa de gobierno</p></div><p class="article-text">
        Hay decisiones pol&iacute;ticas que no solo cambian pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, sino que tensionan de forma deliberada los fundamentos del orden jur&iacute;dico. El acuerdo entre PP y Vox en Extremadura introduce una de ellas: la llamada &ldquo;prioridad nacional&rdquo; en el acceso a prestaciones. No es un matiz program&aacute;tico, sino un planteamiento con profundas implicaciones jur&iacute;dicas y pol&iacute;ticas, porque cuestiona el principio sobre el que se ha construido el Estado social: la igualdad en el acceso a derechos en funci&oacute;n de la necesidad.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es directa: &iquest;puede el acceso a servicios p&uacute;blicos &mdash;sanidad, vivienda, ayudas&mdash; condicionarse por la nacionalidad o el arraigo? La respuesta, en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, es muy limitada y acaricia la ilegalidad. El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n consagra el principio de igualdad y proh&iacute;be la discriminaci&oacute;n, mientras que el art&iacute;culo 41 configura un sistema de protecci&oacute;n social basado en la necesidad. A ello se suma el marco europeo, que restringe cualquier exclusi&oacute;n sistem&aacute;tica. Y existe un l&iacute;mite adicional: muchas de estas materias exceden las competencias auton&oacute;micas, lo que abre un conflicto directo con el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; introduce un salto cualitativo. No se limita a modular requisitos administrativos, sino que establece una preferencia estructural basada en la pertenencia. Desplaza el eje desde la necesidad hacia la identidad. Y ese desplazamiento no solo tensiona la Constituci&oacute;n, sino que abre la puerta a su impugnaci&oacute;n judicial.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias son previsibles. Si estas medidas se desarrollan normativamente, se activar&aacute; una din&aacute;mica de conflicto institucional con el Gobierno central y de control por parte de los tribunales. No es un escenario hipot&eacute;tico, sino el funcionamiento ordinario del Estado de derecho. Y tiene derivadas personales: quienes firmen decisiones contrarias al ordenamiento pueden enfrentarse a responsabilidades jur&iacute;dicas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el alcance del cambio no es solo jur&iacute;dico. Es tambi&eacute;n pol&iacute;tico. En Extremadura, la inmigraci&oacute;n no es un cap&iacute;tulo de tres p&aacute;ginas: es el marco. Aunque ocupe una parte limitada del documento, la l&oacute;gica de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; se proyecta sobre vivienda, ayudas y sanidad. Es, en la pr&aacute;ctica, una &ldquo;lepenizaci&oacute;n hisp&aacute;nica&rdquo; del programa de gobierno: la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola del llamado &ldquo;chovinismo de bienestar&rdquo; que defiende Marine Le Pen, donde el acceso a derechos se redefine en funci&oacute;n de criterios identitarios.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante medidas aisladas, sino ante un programa que ordena el acceso a derechos en funci&oacute;n del origen. Un desplazamiento que encuentra paralelismos en la Hungr&iacute;a de Orb&aacute;n, donde la ley dej&oacute; de operar como garant&iacute;a universal para convertirse en instrumento de diferenciaci&oacute;n. No es casualidad que el Parlamento Europeo calificara en 2022 al pa&iacute;s como un &ldquo;r&eacute;gimen h&iacute;brido de autocracia electoral&rdquo; y que la Comisi&oacute;n Europea activara por primera vez el mecanismo de condicionalidad, congelando miles de millones de euros en fondos europeos por vulneraciones del Estado de derecho.
    </p><p class="article-text">
        La historia europea del siglo XX ofrece, adem&aacute;s, advertencias claras sobre los riesgos de institucionalizar jur&iacute;dicamente la segregaci&oacute;n. Las Leyes de N&uacute;remberg marcaron el momento en que la desigualdad dej&oacute; de ser social para convertirse en legal. No es una analog&iacute;a directa, pero s&iacute; un recordatorio inc&oacute;modo de hasta d&oacute;nde pueden evolucionar estas l&oacute;gicas cuando el derecho deja de proteger a todos por igual.
    </p><p class="article-text">
        Esto interpela directamente al PP. Asumir este enfoque no es un ajuste t&aacute;ctico, sino un desplazamiento estrat&eacute;gico. Supone acercarse a posiciones que tensionan su tradici&oacute;n constitucional y europe&iacute;sta y lo sit&uacute;an en una l&oacute;gica de fricci&oacute;n con los l&iacute;mites del sistema. La urgencia por asegurar gobernabilidad se convierte as&iacute; en un vector de riesgo: el de deslizarse hacia una forma de rebeld&iacute;a legal que erosiona su perfil como partido de Estado.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Vox, la l&oacute;gica es distinta. No hay contradicci&oacute;n, sino coherencia estrat&eacute;gica. La &ldquo;prioridad nacional&rdquo; cumple una funci&oacute;n pol&iacute;tica clara: se&ntilde;alar, estigmatizar y reforzar una identidad basada en la exclusi&oacute;n. Convertir ese marco en pol&iacute;tica p&uacute;blica le permite presentarse como un actor eficaz.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma una dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica que suele quedar en segundo plano: el coste econ&oacute;mico e institucional. La experiencia reciente en la Comunitat Valenciana es ilustrativa. All&iacute;, la confrontaci&oacute;n con el Estado por la normativa aprobada por PP-VOX ha derivado en una creciente judicializaci&oacute;n: cerca de 400 procedimientos anuales y un coste superior a 316.000 euros, adem&aacute;s del refuerzo de estructuras administrativas para gestionarlos. Cuando la acci&oacute;n pol&iacute;tica se orienta hacia el conflicto sistem&aacute;tico con el marco jur&iacute;dico, el resultado no es solo ideol&oacute;gico: es tambi&eacute;n administrativo y presupuestario. Se tensionan recursos, se ralentiza la gesti&oacute;n y se erosiona la seguridad jur&iacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es &uacute;nicamente si estas medidas son viables jur&iacute;dicamente &mdash;que presentan serias dudas&mdash;, sino qu&eacute; modelo de Estado y de democracia dibujan: uno en el que los ciudadanos dejan de ser iguales ante la ley. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prioridad-nacional-limites-constitucionales-politica-exclusion_129_13151690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Prioridad nacional: los límites constitucionales de una política de exclusión]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando romper las normas es la estrategia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/romper-normas-estrategia_129_13148464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cecd4426-34ea-435b-8930-8cdc8ae08eeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando romper las normas es la estrategia"></p><p class="article-text">
        El incidente protagonizado por el diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a S&aacute;nchez en el Congreso de los Diputados no es un hecho aislado ni una excentricidad puntual. Tampoco responde &uacute;nicamente al temperamento individual de quien lo protagoniza. Conviene evitar esa tentaci&oacute;n anal&iacute;tica, porque reduce el problema a una an&eacute;cdota cuando en realidad estamos ante una estrategia pol&iacute;tica deliberada, bien ensayada y compartida por buena parte de la cultura de las extremas derechas contempor&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de comportamientos cumplen, al menos, dos objetivos claros. El primero es reforzar un perfil antisistema, incluso cuando se forma parte plenamente del sistema institucional. Se trata de presentarse como un actor que desaf&iacute;a las normas, que no acepta las reglas del juego porque &mdash;seg&uacute;n su propio relato&mdash; &eacute;stas est&aacute;n supuestamente corrompidas o porque ellos mismos se consideran v&iacute;ctimas de agravios constantes, lo que legitima cualquier forma de respuesta. El segundo objetivo es escandalizar: generar ruido, indignaci&oacute;n y conflicto como forma de ocupar la agenda p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de teor&iacute;a pol&iacute;tica, lo que observamos es un desplazamiento sostenido de lo que se conoce como la Ventana de Overton: el marco de lo que una sociedad considera aceptable en el debate p&uacute;blico. Estas estrategias no buscan necesariamente convencer en el corto plazo, sino alterar los l&iacute;mites de lo decible y lo tolerable. Y lo est&aacute;n consiguiendo tanto en el plano ret&oacute;rico como en la praxis pol&iacute;tica. Hoy escuchamos propuestas o vemos comportamientos que hace apenas una d&eacute;cada habr&iacute;an sido pol&iacute;ticamente inasumibles.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos son numerosos. Desde las declaraciones de Abascal sobre deportaciones masivas de millones de inmigrantes o amenazas simb&oacute;licas como &ldquo;entrar en TVE con lanzallamas&rdquo;, hasta una agenda moral que sit&uacute;a derechos consolidados &mdash;como el aborto o la eutanasia&mdash; como &ldquo;aberraciones&rdquo; y que defender&iacute;an con violencia. A ello se suma una forma de hacer pol&iacute;tica basada en la descalificaci&oacute;n personal, donde el adversario deja de ser un rival para convertirse en un enemigo. En el plano internacional, la referencia es evidente: Donald Trump ha llevado estos patrones al extremo, desde cuestionar resultados electorales hasta legitimar acciones que tensionan los marcos legales internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es nuevo en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde la entrada de Vox en los parlamentos auton&oacute;micos y en el Congreso, ni por el contexto ni por el protagonista. El diputado implicado, con trayectoria p&uacute;blica previa, se inscribe en una l&oacute;gica pol&iacute;tica m&aacute;s amplia. Por eso resulta especialmente relevante analizar las reacciones, tanto pol&iacute;ticas como institucionales.
    </p><p class="article-text">
        En el plano pol&iacute;tico, la respuesta de su propio partido ha sido reveladora: no ha habido sanci&oacute;n ni disculpa, sino justificaci&oacute;n. Lejos de desautorizar el comportamiento, se ha optado por desplazar la responsabilidad hacia la presidencia de la C&aacute;mara. Este tipo de reacci&oacute;n no solo valida el incidente, sino que lo integra en una l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s compleja es la posici&oacute;n del Partido Popular, socio de gobierno de Vox en un centenar de ayuntamientos y previsiblemente en varias comunidades aut&oacute;nomas, a la espera de las elecciones en Andaluc&iacute;a. Su respuesta no ha sido ni un&aacute;nime ni especialmente contundente, reflejando una incomodidad estrat&eacute;gica dif&iacute;cil de sostener en el tiempo. El silencio de su l&iacute;der, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, contrasta con intervenciones m&aacute;s gen&eacute;ricas de otros cargos que apelan al respeto institucional sin entrar en el fondo del asunto.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ello, diez formaciones del arco parlamentario han firmado una declaraci&oacute;n institucional de condena, de la que se han desmarcado Vox, el PP y Uni&oacute;n del Pueblo Navarro. El dato no es menor: muestra hasta qu&eacute; punto la defensa de las reglas del juego democr&aacute;tico empieza a fragmentarse.
    </p><p class="article-text">
        En el plano institucional, el incidente afecta directamente a la sede de la soberan&iacute;a popular y a la figura que encarna la tercera autoridad del Estado. La respuesta ha seguido los cauces reglamentarios: aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 104, expulsi&oacute;n del hemiciclo y apertura de un proceso por parte de la Mesa del Congreso para evaluar posibles sanciones adicionales. Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto: &iquest;son suficientes los mecanismos actuales para proteger la instituci&oacute;n frente a estrategias de disrupci&oacute;n deliberada? La respuesta aplicada evidencia esa tensi&oacute;n permanente entre garantizar el pluralismo parlamentario y proteger la dignidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que se plantea esta cuesti&oacute;n. En julio de 2025 se reform&oacute; el reglamento del Congreso para hacer frente a comportamientos disruptivos en ruedas de prensa, protagonizados en buena medida por agitadores ultras. Aquella reforma, impulsada tras varios incidentes, cont&oacute; con la oposici&oacute;n del PP y Vox. De nuevo, los cortafuegos llegan tarde, despu&eacute;s de que el problema se haya manifestado con claridad.
    </p><p class="article-text">
        Existe el riesgo de que estos episodios se normalicen, de que pasen a formar parte del paisaje habitual de la pol&iacute;tica. Como si fueran inevitables. Pero la fortaleza de una democracia no reside en su capacidad de resistir pasivamente, sino en su habilidad para protegerse activamente, estableciendo l&iacute;mites claros frente a quienes buscan vaciarla de contenido.
    </p><p class="article-text">
        Los datos apuntan en una direcci&oacute;n preocupante. Seg&uacute;n distintos estudios sobre polarizaci&oacute;n afectiva, en Espa&ntilde;a ha aumentado de forma sostenida el distanciamiento entre ciudadanos por motivos pol&iacute;ticos. En algunos casos, en torno a un 14% de los espa&ntilde;oles reconoce haber dejado de hablar con amigos o familiares por estas razones. Este deterioro del clima c&iacute;vico no es ajeno a los comportamientos que vemos en las instituciones; al contrario, se retroalimentan.
    </p><p class="article-text">
        Porque estos incidentes tienen m&aacute;s trascendencia de la que sugiere un titular. Son parte de un proceso m&aacute;s amplio que erosiona la confianza en la pol&iacute;tica, degrada el debate p&uacute;blico y alimenta un escepticismo ciudadano que puede derivar en desapego democr&aacute;tico. Y ah&iacute; reside el verdadero riesgo: no en el esc&aacute;ndalo inmediato, sino en el desgaste silencioso que deja tras de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La democracia, como cualquier sistema complejo, no colapsa de forma abrupta. Se vac&iacute;a poco a poco, cuando sus normas dejan de ser respetadas, cuando sus instituciones son cuestionadas sin fundamento y cuando el conflicto sustituye al debate. Por eso, m&aacute;s all&aacute; del incidente, lo ocurrido en el Congreso no interpela &uacute;nicamente a un diputado o a un partido, sino a los l&iacute;mites que estamos dispuestos a tolerar en nuestra vida democr&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/romper-normas-estrategia_129_13148464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando romper las normas es la estrategia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-equilibrio-moncloa-ruido-tecnica_129_13101812.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ec5c05a-a884-4634-ba53-9908aa8af217_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mensaje del Gobierno es claro: en el último año de legislatura no se busca tanto generar impacto político desde la gestión económica como reducir fricción</p></div><p class="article-text">
        Hay remodelaciones que buscan cambiar el rumbo y otras que buscan protegerlo. En el tramo final de la legislatura, los gobiernos tienden a reordenar sus prioridades: reducir desgaste, asegurar la gesti&oacute;n y concentrar el capital pol&iacute;tico all&iacute; donde resulta m&aacute;s eficaz. La &uacute;ltima remodelaci&oacute;n del Ejecutivo responde, en buena medida, a esa l&oacute;gica. No es solo un relevo de nombres, sino una redefinici&oacute;n del equilibrio entre t&eacute;cnica y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La salida de Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero, el ascenso de Carlos Cuerpo a la vicepresidencia y la incorporaci&oacute;n de Arcadi Espa&ntilde;a apuntan en esa direcci&oacute;n. El cambio rompe adem&aacute;s una inercia simb&oacute;lica &mdash;la vicepresidencia econ&oacute;mica deja de estar en manos de una mujer&mdash;, pero su significado profundo est&aacute; en los perfiles. Frente al peso pol&iacute;tico, la exposici&oacute;n medi&aacute;tica y la capacidad de confrontaci&oacute;n de Montero, el nuevo esquema pivota sobre figuras de bajo perfil, orientadas a la gesti&oacute;n y alejadas del foco.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Cuerpo se consolida as&iacute; como eje del &aacute;rea econ&oacute;mica. Su perfil t&eacute;cnico, vinculado a las instituciones europeas, encaja con la necesidad de proyectar solvencia en un contexto marcado por la guerra, la inflaci&oacute;n y la continuidad de las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n. Los datos refuerzan esa apuesta: debut&oacute; en el CIS en abril de 2024 como un ministro pr&aacute;cticamente desconocido &mdash;apenas lo identificaba un 13% de los ciudadanos&mdash;, pero en pocos meses pas&oacute; a ser el mejor valorado del Gobierno. Hoy mantiene esa posici&oacute;n, con un 5,27, siendo el &uacute;nico que aprueba.
    </p><p class="article-text">
        Ese perfil ha tenido una consecuencia pol&iacute;tica directa: su baja exposici&oacute;n al desgaste. Desde su llegada en enero de 2024, ha recibido solo 11 preguntas en el Congreso, tres de ellas del Partido Popular &mdash;apenas un 27%&mdash;. M&aacute;s significativo a&uacute;n: la oposici&oacute;n tard&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o en interpelarle por primera vez. No es solo menor fiscalizaci&oacute;n; es tambi&eacute;n la evidencia de que no ha sido un blanco eficaz en la confrontaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La incorporaci&oacute;n de Arcadi Espa&ntilde;a profundiza en esa misma l&oacute;gica. Su trayectoria en la Generalitat Valenciana, donde fue una pieza clave del Gobierno del Bot&agrave;nic junto a Ximo Puig, no solo le aporta experiencia en Hacienda y financiaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en gesti&oacute;n pol&iacute;tica compleja. Fue, de hecho, uno de los perfiles encargados de engrasar las relaciones internas de la coalici&oacute;n, especialmente con M&oacute;nica Oltra, en un contexto no exento de tensiones.
    </p><p class="article-text">
        Ese bagaje ayuda a entender su estilo. Arcadi Espa&ntilde;a representa, en muchos sentidos, la antipolarizaci&oacute;n: un perfil que tiende a rebajar el conflicto, a buscar espacios de acuerdo y a evitar la sobreactuaci&oacute;n pol&iacute;tica. Su forma de intervenir &mdash;contenida, prudente, casi acad&eacute;mica&mdash; lo aleja de la l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n permanente que domina la pol&iacute;tica nacional.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; reside precisamente el contraste con su predecesora. Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero hab&iacute;a asumido en los &uacute;ltimos tiempos no solo la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n la tarea &mdash;o la carga&mdash; de responder a una oposici&oacute;n que ha convertido el Congreso en un espacio de hostigamiento constante, en una suerte de guerra de guerrillas parlamentaria. Arcadi Espa&ntilde;a, por el contrario, no ha mostrado hasta ahora esa ret&oacute;rica de combate.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje del Gobierno es claro: en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de legislatura no se busca tanto generar impacto pol&iacute;tico desde la gesti&oacute;n econ&oacute;mica como reducir fricci&oacute;n. En una cartera que acumula inevitablemente costes &mdash;y m&aacute;s en territorios como la Comunitat Valenciana, donde la cuesti&oacute;n fiscal es especialmente sensible&mdash;, la apuesta es por perfiles que amortig&uuml;en el desgaste.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese movimiento tiene una contrapartida. Al tecnificar el &aacute;rea econ&oacute;mica, el Ejecutivo libera &mdash;y al mismo tiempo concentra&mdash; el capital pol&iacute;tico en una figura: Pedro S&aacute;nchez. La estrategia parece clara: proteger la gesti&oacute;n y capitalizar la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos datos del CIS apuntan en esa direcci&oacute;n. Entre sus votantes, S&aacute;nchez obtiene una valoraci&oacute;n media de 6,9 y mantiene una alta fidelidad &mdash;m&aacute;s del 75% lo prefiere como presidente&mdash;, lo que refuerza su papel como principal activo electoral. Al mismo tiempo, sigue siendo un potente movilizador para la oposici&oacute;n, lo que intensifica la polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         En ese contexto, la defensa del decreto anticrisis en el Congreso ha funcionado como primer test del nuevo equilibrio. Para Cuerpo, ha sido su bautismo como vicepresidente econ&oacute;mico; para el Gobierno, la prueba de que un perfil t&eacute;cnico puede sostener tambi&eacute;n el frente pol&iacute;tico cuando es necesario. La inc&oacute;gnita es si esta estrategia ser&aacute; suficiente. La pol&iacute;tica no desaparece: se reordena y tiende a concentrarse en menos actores. La tecnificaci&oacute;n de los ministerios econ&oacute;micos libera el frente pol&iacute;tico, que se sit&uacute;a con mayor claridad en el n&uacute;cleo del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, junto a Pedro S&aacute;nchez, todo apunta a que F&eacute;lix Bola&ntilde;os asumir&aacute; un papel central como principal interlocutor y, previsiblemente, como figura de confrontaci&oacute;n frente a la oposici&oacute;n. Si Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero hab&iacute;a ejercido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como uno de los principales diques pol&iacute;ticos frente a la ofensiva parlamentaria de las derechas, su salida obliga a redistribuir ese rol.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un Gobierno m&aacute;s t&eacute;cnico en los ministerios y m&aacute;s pol&iacute;tico en su n&uacute;cleo. Menos confrontaci&oacute;n en la gesti&oacute;n, m&aacute;s concentraci&oacute;n del pulso pol&iacute;tico en torno a S&aacute;nchez y su n&uacute;cleo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-equilibrio-moncloa-ruido-tecnica_129_13101812.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 20:57:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El nuevo equilibrio de Moncloa: menos ruido, más técnica]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-conviene-subestimar-vox-castilla-leon_129_13072811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5ae69242-541a-461a-a07c-30529ab567ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138807.jpg" width="4232" height="2381" alt="Por qué no conviene subestimar a Vox en Castilla y León"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El partido ha logrado representación en todas las provincias de Castilla y León y se mueve en una franja de apoyo que oscila entre el 15% y algo más del 20% del voto. En un sistema electoral provincial como el español, ese porcentaje resulta especialmente relevante porque permite consolidar presencia institucional</p><p class="subtitle">Abascal exige al PP formar coaliciones con Vox en Castilla y León, Extremadura y Aragón: “Vamos a gobernar en las tres”</p></div><p class="article-text">
        Los resultados de Vox en las elecciones de Castilla y Le&oacute;n han sido interpretados en parte del debate p&uacute;blico como un crecimiento menor del esperado. Sin embargo, esa lectura puede resultar enga&ntilde;osa. En realidad, los datos apuntan a otra conclusi&oacute;n: la formaci&oacute;n de Santiago Abascal ha consolidado una base electoral estable, una implantaci&oacute;n territorial amplia y una estrategia pol&iacute;tica eficaz para convertir votos en poder pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vox ha obtenido cerca del 19% del voto y ha sumado 19.089 sufragios m&aacute;s que en la cita electoral de 2022. Pero el dato m&aacute;s relevante no es solo el incremento de votos, sino su distribuci&oacute;n territorial y su traducci&oacute;n en representaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        El partido ha logrado representaci&oacute;n en todas las provincias de Castilla y Le&oacute;n y se mueve en una franja de apoyo que oscila aproximadamente entre el 15% y algo m&aacute;s del 20% del voto &mdash;superando ese umbral en provincias como Palencia y Valladolid&mdash;. En un sistema electoral provincial como el espa&ntilde;ol, ese porcentaje resulta especialmente relevante porque permite consolidar presencia institucional, maximizar la conversi&oacute;n de votos en esca&ntilde;os y, en &uacute;ltima instancia, resultar decisivo en futuros comicios generales.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados adquieren a&uacute;n m&aacute;s relevancia si se observa el equilibrio parlamentario: el bloque formado por PP y Vox suma alrededor del 54%, uno de los m&aacute;s escorados a la derecha del mapa auton&oacute;mico. Solo Extremadura presenta un bloque conservador a&uacute;n m&aacute;s amplio, cercano al 60%.
    </p><p class="article-text">
        El mapa del voto tambi&eacute;n ofrece algunas claves. Vox obtiene sus mejores resultados en provincias y municipios de car&aacute;cter m&aacute;s rural o semiurbano, donde determinados discursos sobre identidad nacional, seguridad o cr&iacute;tica a pol&iacute;ticas europeas encuentran mayor resonancia. Al mismo tiempo, el resultado revela algunas tensiones dentro de su propio espacio pol&iacute;tico. La candidatura impulsada por el agitador digital Alvise P&eacute;rez ha logrado 17.351 votos. No logr&oacute; representaci&oacute;n, pero s&iacute; capt&oacute; parte de un electorado joven muy activo en redes sociales que, en otros contextos, podr&iacute;a haber apoyado a Vox. En provincias con circunscripciones relativamente grandes, como Valladolid, Le&oacute;n o Burgos, esa fragmentaci&oacute;n del voto podr&iacute;a incluso haber tenido impacto en la disputa por los &uacute;ltimos esca&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de estos factores sociol&oacute;gicos, la formaci&oacute;n de Abascal ha conseguido cumplir tres objetivos estrat&eacute;gicos. El primero era crecer electoralmente, aunque fuera de forma moderada. El segundo consist&iacute;a en reforzar su implantaci&oacute;n territorial: Vox tiene ahora representaci&oacute;n en todas las provincias y mantiene porcentajes relativamente homog&eacute;neos en todo el territorio. El tercer objetivo es quiz&aacute; el m&aacute;s importante: mantener su capacidad de condicionar la gobernabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El PP de Alfonso Fern&aacute;ndez Ma&ntilde;ueco necesita el apoyo de Vox para gobernar, lo que sit&uacute;a a la formaci&oacute;n de Abascal en una posici&oacute;n negociadora relevante. La influencia de la extrema derecha no depende necesariamente de grandes victorias electorales. A menudo basta con ser imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Estas negociaciones, adem&aacute;s, no deben interpretarse &uacute;nicamente en clave auton&oacute;mica. Los pactos que se negocian en Extremadura y Arag&oacute;n tienen tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y estrat&eacute;gica m&aacute;s amplia.
    </p><p class="article-text">
        En el plano pol&iacute;tico, estos acuerdos contribuyen a perfilar la relaci&oacute;n del PP con la extrema derecha. Cada pacto fija precedentes tanto sobre el modelo de negociaci&oacute;n &mdash;si ser&aacute; tutelado desde G&eacute;nova o dejar&aacute; margen a los liderazgos auton&oacute;micos&mdash; como sobre las l&iacute;neas program&aacute;ticas que los populares est&aacute;n dispuestos a traspasar para garantizar la gobernabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese debate ya ha empezado a hacerse visible. El dec&aacute;logo presentado por Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o hace apenas un par de semanas &mdash;que inclu&iacute;a compromisos b&aacute;sicos como el respeto a la Constituci&oacute;n&mdash; irrit&oacute; profundamente a Santiago Abascal. Sin embargo, la evoluci&oacute;n reciente de los acuerdos entre PP y Vox demuestra que esos l&iacute;mites se vuelven cada vez m&aacute;s difusos. El ejemplo m&aacute;s claro es el pacto alcanzado en la Comunitat Valenciana, donde se han abierto la puerta a propuestas que hace pocos a&ntilde;os habr&iacute;an resultado impensables, desde la elaboraci&oacute;n de estad&iacute;sticas diferenciadas en materia migratoria hasta el rechazo frontal al Pacto Verde europeo.
    </p><p class="article-text">
        Pero existe tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica que afecta al corto y al medio plazo. Lo que se negocie ahora puede influir en futuros escenarios electorales, especialmente en Andaluc&iacute;a y en las generales previstas para 2027.
    </p><p class="article-text">
        En el caso andaluz, el presidente Moreno Bonilla ha construido su liderazgo sobre una estrategia de centralidad pol&iacute;tica, una ret&oacute;rica menos confrontativa y una imagen de moderaci&oacute;n institucional. La evoluci&oacute;n de los pactos entre PP y Vox en otras comunidades podr&iacute;a tensionar ese equilibrio si se consolidan acuerdos que incluyan pol&iacute;ticas m&aacute;s radicales.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para Vox resulta estrat&eacute;gicamente &uacute;til mantener un perfil ideol&oacute;gico n&iacute;tido y diferenciado como la fuerza hegem&oacute;nica de la derecha m&aacute;s radical espa&ntilde;ola. En ese contexto, los acuerdos de gobierno pueden servir tanto para demostrar capacidad de influencia como para reforzar su identidad pol&iacute;tica frente a un PP que, en cuestiones como la inmigraci&oacute;n, el aborto, el feminismo, la violencia de g&eacute;nero o las pol&iacute;ticas clim&aacute;ticas, puede aparecer m&aacute;s ambiguo o dividido.
    </p><p class="article-text">
        Subestimar estos resultados puede conducir a interpretaciones equivocadas. La extrema derecha no siempre avanza mediante grandes irrupciones electorales. La historia pol&iacute;tica reciente lo demuestra: desde los a&ntilde;os ochenta ha participado en m&aacute;s de setenta gobiernos en Europa, tres de ellos en solitario. Con frecuencia lo hace de forma m&aacute;s gradual: consolidando apoyos, ampliando su implantaci&oacute;n territorial y convirti&eacute;ndose en un actor imprescindible para gobernar. Castilla y Le&oacute;n es un buen ejemplo de esa l&oacute;gica pol&iacute;tica que ya se observa en varios pa&iacute;ses europeos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-conviene-subestimar-vox-castilla-leon_129_13072811.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:46 +0000]]></pubDate>
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