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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ernesto Estrella]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ernesto-estrella/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ernesto Estrella]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[EEUU 250-Thoreau 208: un cara a cara con el filósofo estadounidense de la naturaleza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/eeuu-250-thoreau-208-cara-cara-filosofo-estadounidense-naturaleza_129_12476013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d603853-a26d-4266-bb79-ed5baef32e7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="EEUU 250-Thoreau 208: un cara a cara con el filósofo estadounidense de la naturaleza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy más que nunca, el Diario de Thoreau nos llega con plena frescura como una práctica y un manifiesto en favor de la sensibilidad, en favor del cuidado hacia todo lo que nos rodea</p></div><p class="article-text">
        El pasado 12 de julio se cumplieron 208 a&ntilde;os del nacimiento de Henry David Thoreau. El gran fil&oacute;sofo trascendentalista y pionero de la escritura naturalista. Es un aniversario que merece ser recordado, celebrado, especialmente en estos tiempos. Los Estados Unidos de Am&eacute;rica se acercan tambi&eacute;n al 250&ordm; aniversario de su nacimiento como naci&oacute;n, que llegar&aacute; el 4 de julio de 2026. Dado el clima de crispaci&oacute;n y delirio del pa&iacute;s en estos momentos, a&uacute;n no est&aacute; claro qu&eacute; se va a celebrar exactamente. Pero celebraci&oacute;n, seguro, la habr&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Thoreau naci&oacute; en Concord, Massachusetts, en 1817. De joven estudi&oacute; en Harvard, probablemente un estudiante curioso y lleno de preguntas. Ya algo m&aacute;s mayor, termin&oacute; pasando una noche en la c&aacute;rcel. La lecci&oacute;n de esa noche nos leg&oacute; su &ldquo;Desobediencia civil&rdquo;, un manifiesto pol&iacute;tico que, en el pasado, ha inspirado a figuras como Gandhi y Martin Luther King y que, todav&iacute;a hoy, es piedra de toque para la reflexi&oacute;n en torno al individuo y el poder gubernamental,
    </p><p class="article-text">
        Con fina iron&iacute;a, Thoreau eligi&oacute; el 4 de julio de 1845 para mudarse al estanque de Walden (Walden Pond), en las afueras de Concord, el pueblo cercano a Boston donde hab&iacute;a nacido. As&iacute; daba inicio a un experimento de dos a&ntilde;os con el que pretend&iacute;a comprender mejor las posibilidades y contradicciones de los EE.UU. del siglo XIX. All&iacute; construy&oacute; una caba&ntilde;a y en ese mismo terreno cultivaba sus hortalizas. Su intenci&oacute;n inicial era situarse a cierta distancia de la sociedad que le rodeaba y explorar los l&iacute;mites de esa independencia de la que su joven pa&iacute;s tanto se jactaba. No es que desapareciera, a modo de un ermita&ntilde;o, en las profundidades de un bosque rec&oacute;ndito. Su caba&ntilde;a estaba a apenas cuarenta minutos del pueblo, que visitaba ocasionalmente, y a menudo, recib&iacute;a visitas. Incluso ten&iacute;a una silla apoyada en la puerta de la caba&ntilde;a, lista para quien pudiera aparecer en cualquier momento.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Thoreau no estaba paseando, arreglando techos o haciendo trabajos de topograf&iacute;a, estaba inmerso en la escritura de su diario. Parte de ese trabajo se convertir&iacute;a en un cl&aacute;sico norteamericano, Walden. Pero Thoreau escrib&iacute;a sobre todo aquello que le rodeaba: las estaciones, las personas, los eventos pol&iacute;ticos de la extra&ntilde;a naci&oacute;n que iba tomando forma al mismo tiempo que su propia vida. Los EE.UU. ten&iacute;an apenas 41 a&ntilde;os al nacer Thoreau. Un salvaje experimento sociopol&iacute;tico recorr&iacute;a los vastos territorios de este nuevo pa&iacute;s, que, probablemente, muchos percib&iacute;an m&aacute;s como un ensayo de pa&iacute;s en esos momentos.
    </p><p class="article-text">
        Los EE.UU. no ten&iacute;an precedentes directos y su futuro era del todo incierto. Pero un sentimiento com&uacute;n de curiosidad y de aventura parec&iacute;a unir a la masa heterog&eacute;nea que habitaba estas tierras. Desde California hasta la isla de Nueva York, como cantar&iacute;a, ya en el siglo XX, el gran Woody Guthrie en su &ldquo;This Land is Your Land&rdquo;, el pa&iacute;s viv&iacute;a un proceso de profunda transformaci&oacute;n. Grandes invenciones, experimentos educativos, ideales esperanzadores, se mezclaban con conflictos sociales y guerra &ndash;como la de M&eacute;xico&ndash; que daban forma a ese experimento democr&aacute;tico que apenas comenzaba su andanza.
    </p><p class="article-text">
        Esa era la energ&iacute;a de las d&eacute;cadas de 1830 a 1860. Y esos, los asuntos candentes, las realidades salvajes que moldearon la obra de Thoreau, especialmente El Diario, obra ingente que abarca m&aacute;s de 7.000 p&aacute;ginas y cubre una amplia variedad de temas y estilos literarios. M&aacute;s que un reflejo de sus d&iacute;as, el Diario era, para Thoreau, su laboratorio personal, un lugar donde placer y esfuerzo se aunaban y donde, d&iacute;a a d&iacute;a, buscaba nuevos modos de pensar la vida y sus acontecimientos. Sus anotaciones naturalistas, las escenas humor&iacute;sticas del mundillo de Concord, la seriedad filos&oacute;fica sobre los temas pol&iacute;ticos o sociales del momento, eran, en realidad, parte de un calidoscopio en cuyo centro bull&iacute;a un intenso deseo de relacionarse, de mantenerse despierto y alerta, para entender mejor su propia vida y la vida del pa&iacute;s que, casi al un&iacute;sono, crec&iacute;a a su alrededor. Como el que lleva &ndash;o llevaba&ndash; sus cuchillos al afilador, Thoreau iba a su diario para agudizar su experiencia vital.
    </p><p class="article-text">
        EE.UU. 250 - Thoreau 208. Esto podr&iacute;a leerse casi como el marcador de la final entre un pa&iacute;s inquieto y uno de sus pensadores m&aacute;s revolucionarios. En la &eacute;poca de Thoreau, ambos eran todav&iacute;a j&oacute;venes, ambos quer&iacute;an experimentar intensamente con la vida y sus posibilidades. Hoy, esta comparaci&oacute;n ofrece, m&aacute;s bien, una invitaci&oacute;n para esta naci&oacute;n en un momento clave de autorreflexi&oacute;n &ndash;con su 250 aniversario a la vuelta de la esquina&ndash; inspirada por un pensador que dedic&oacute; su vida a preguntarse c&oacute;mo vivir.
    </p><p class="article-text">
        El Diario fue la declaraci&oacute;n de independencia continuada de Thoreau, una carta de derechos siempre despierta que exploraba todo lo que se cruzaba en su camino. Todos los materiales de su d&iacute;a &ndash;altos, bajos, divertidos, anodinos, oscuros u obvios&ndash; entraban al Diario y eran observados, acariciados e integrados en la p&aacute;gina con gran cuidado y perspicacia. Desde la pol&iacute;tica hasta los hongos, desde las innovaciones en la topograf&iacute;a hasta las puestas de sol, desde las ardillas hasta las disputas entre vecinos, todo merec&iacute;a su atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Caminando, midiendo, escuchando, pensando y percibiendo noche y d&iacute;a &ndash;as&iacute; viv&iacute;a Thoreau, y ese es el retrato que nos ofrecen las p&aacute;ginas del Diario. Y ese es su m&eacute;todo medioambiental. En esencia: un manifiesto para cuidar de todo lo que nos rodea. Una pr&aacute;ctica simple, en realidad ya contenida en la ra&iacute;z francesa de la palabra environment: virer (girar) y el prefijo en- (alrededor). Y eso es lo que Thoreau nos pide que hagamos: &iexcl;Date la vuelta, mira a tu alrededor!
    </p><p class="article-text">
        Si abrimos el Diario al azar, y leemos anotaciones pertenecientes a cualquier semana, podr&iacute;amos encontrarnos con algo as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Revisar las notas sobre los p&aacute;jaros que escuch&eacute; esta ma&ntilde;ana y comparar la lista con la del d&iacute;a 11 (...) Verificar los da&ntilde;os causados por el rayo que anoche quem&oacute; los postes del tel&eacute;grafo que hay cerca de Walden Pond (...) Qu&eacute; extra&ntilde;a es esta &eacute;poca del mundo, en la que imperios, reinos y rep&uacute;blicas vienen a suplicar a nuestras puertas (...) Fui a recoger ar&aacute;ndanos con mi hermana (...) Llev&eacute; nuevos espec&iacute;menes de peces a la Boston Society of Natural History (...) Soy m&aacute;s libre que cualquier planeta (...) Arregl&eacute; el techo de los Emerson y ayud&eacute; al peque&ntilde;o Eddy con la tarea de lat&iacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy m&aacute;s que nunca, el Diario de Thoreau nos llega con plena frescura como una pr&aacute;ctica y un manifiesto en favor de la sensibilidad, en favor del cuidado hacia todo lo que nos rodea. El gran compositor estadounidense John Milton Cage adoraba esta obra de Thoreau por su atenci&oacute;n exquisita a los cambios continuos del mundo interior y exterior. Y aun as&iacute;, el Diario tambi&eacute;n es un libro de acci&oacute;n. Siempre que un problema social o pol&iacute;tico apremiante preocupaba a Thoreau, este interven&iacute;a. Y la intervenci&oacute;n tomaba muchas formas: limpiar un arroyo en verano para que los ni&ntilde;os del pueblo lo pudieran usar; ayudar a escapar a un esclavo fugitivo; o negarse a pagar una serie de impuestos que, para &eacute;l, estaban financiando una guerra inmoral.
    </p><p class="article-text">
        Este fluir constante entre la acci&oacute;n y la observaci&oacute;n est&aacute; en el coraz&oacute;n del Diario y seguramente inspirar&aacute; a los lectores contempor&aacute;neos. Alguien que hoy quiera celebrar a Thoreau, no tiene m&aacute;s que leerlo. Unas pocas p&aacute;ginas ser&aacute;n suficientes. De hecho, si poco a poco fu&eacute;ramos cada vez m&aacute;s los que seguimos su ejemplo, quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a descubramos la estrategia secreta para ganar el partido la pr&oacute;xima vez.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el marcador se&ntilde;ala: EE.UU. 250-Thoreau 208. Y, aun as&iacute;, es evidente que Thoreau sigue ganando en el tiempo extra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ernesto Estrella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/eeuu-250-thoreau-208-cara-cara-filosofo-estadounidense-naturaleza_129_12476013.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jul 2025 04:01:08 +0000]]></pubDate>
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