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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eider Mendoza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eider-mendoza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eider Mendoza]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Aprendamos de lo ocurrido en Errenteria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/aprendamos-ocurrido-errenteria_132_13320739.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/663dcec0-1e86-48fd-a30b-b9a2112b18d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aprendamos de lo ocurrido en Errenteria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Tal y como hemos visto en Errenteria y en otros casos, se traslada la posibilidad de articular un sistema paralelo de respuesta ante la violencia machista que evita los protocolos de las instituciones, así como las numerosas vías de atención y de apoyo puestas en marcha en los últimos años"</p></div><p class="article-text">
        Los casos de violencia machista que se han conocido recientemente en Errenteria han dado pie a un intenso debate en torno a la forma en la que se han abordado. Se trata de un debate que debemos afrontar con valent&iacute;a y sin condicionantes partidistas, porque est&aacute; estrechamente vinculado a una cuesti&oacute;n prioritaria como es la de la dignidad y la libertad de las mujeres. Sin se&ntilde;alamientos, sin voluntad de generar enfrentamientos pol&iacute;ticos, pero s&iacute; desde la responsabilidad y la cr&iacute;tica constructiva. Siempre y en todo caso, sobre la base del respeto y el reconocimiento absoluto a las v&iacute;ctimas de esta violencia, ya que la prioridad institucional y social debe estar centrada en el apoyo a sus necesidades y bienestar, en su dignidad y autonom&iacute;a. Tambi&eacute;n en este caso. As&iacute; me gustar&iacute;a trasladarlo.
    </p><p class="article-text">
        Por la informaci&oacute;n que se ha hecho p&uacute;blica por parte del ayuntamiento estas &uacute;ltimas semanas, los dos casos que han ocupado la atenci&oacute;n medi&aacute;tica son distintos entre s&iacute; en cuanto a la gravedad de las acusaciones. Sin embargo, no se nos escapa que la coincidencia en el tiempo, el hecho de que en ambos casos se trata de hombres en posici&oacute;n de poder y referentes en sus &aacute;mbitos, y que su gesti&oacute;n haya sido &ldquo;privada&rdquo;, han multiplicado su impacto.
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia de la preocupaci&oacute;n surgida, se han celebrado concentraciones de denuncia bajo el lema &ldquo;no a la impunidad&rdquo;. Sin embargo, cuando prevalece la ley del silencio, ocurre justamente lo contrario. Hay impunidad. Y nada de esto es justo. Desde la responsabilidad de quienes hemos asumido la tarea de gobernar para mejorar la vida de nuestra ciudadan&iacute;a, toca reflexionar muy seriamente si este es el camino para afrontar una realidad, por desgracia, tan cotidiana, como es el de la violencia machista. Debemos hacernos las preguntas correctas, al menos para que no vuelvan a ocurrir situaciones similares. Aprender de lo que ha sucedido.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa much&iacute;simo que, ante hechos similares, pueda prevalecer la falta de transparencia, un diagn&oacute;stico no compartido y una gesti&oacute;n &ldquo;particular&rdquo; sin mediaciones institucionalizadas que ofrezcan garant&iacute;as. Eso me lleva a preguntar si ese es el camino que debe emprender la atenci&oacute;n p&uacute;blica al maltrato machista. &iquest;Se ha dejado de proteger a v&iacute;ctimas potenciales? &iquest;Ha prevalecido el prestigio del colectivo al que pertenecen sobre los derechos de las mujeres? &iquest;Ha pesado el poder y la referencialidad de los acusados? &iquest;D&oacute;nde queda la garant&iacute;a de un proceso justo?
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha ido tejiendo y fortaleciendo una importante red institucional de apoyo a las v&iacute;ctimas, desde la colaboraci&oacute;n entre las instituciones, siempre en di&aacute;logo con el movimiento feminista. Aunque existan &aacute;mbitos de mejora en los que incidir, los protocolos han ido tambi&eacute;n incorporando la centralidad de la reparaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas, en aras de promover una respuesta integral, feminista y comunitaria que reconozca su dignidad, autonom&iacute;a y participaci&oacute;n activa, respondiendo as&iacute; a una de las necesidades que se ven&iacute;a identificando en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para hacer frente a la violencia machista. Porque, entre todas las instituciones, debemos trabajar para garantizar que las v&iacute;ctimas est&eacute;n acompa&ntilde;adas y que el proceso contribuya a su reparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido estas &uacute;ltimas semanas evidencia que, mientras que los enfoques puramente asistencialistas y judiciales pueden tener un alcance limitado en ese proceso de reparaci&oacute;n, los procesos que obvian el &aacute;mbito institucional, asistencial y judicial pueden tambi&eacute;n generar espacios de impunidad para los agresores. Espacios exentos de garant&iacute;as. Es este un &aacute;mbito en el que todas y todos &ndash;las instituciones p&uacute;blicas fundamentalmente&ndash; tenemos especial responsabilidad. Porque, adem&aacute;s de proteger y de apoyar a las v&iacute;ctimas, es nuestra tarea velar para garantizar la no repetici&oacute;n y el reconocimiento social de las v&iacute;ctimas, frente a la impunidad y la revictimizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Sin incorporar ese enfoque a los procesos de reparaci&oacute;n, tal y como hemos visto en Errenteria y en otros casos, se traslada la posibilidad de articular un sistema paralelo de respuesta ante la violencia machista que evita los protocolos de las instituciones, as&iacute; como las numerosas v&iacute;as de atenci&oacute;n y de apoyo puestas en marcha en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Una tendencia que, a tenor de diversas voces escuchadas en las &uacute;ltimas semanas, se conjuga con la deslegitimaci&oacute;n de las v&iacute;as institucionales existentes y con la defensa de acuerdos de reparaci&oacute;n que, se entiende, se activan en funci&oacute;n del entorno social del que forme parte el agresor. Posiciones que, adem&aacute;s de ser inaceptables desde el punto de vista democr&aacute;tico, no ofrecen garant&iacute;as &ndash;como se ha comprobado&ndash; y suponen una ruptura social.
    </p><p class="article-text">
        Las instituciones vascas llevan d&eacute;cadas activando y reforzando servicios de atenci&oacute;n que buscan, precisamente, apoyar a las v&iacute;ctimas, acompa&ntilde;arlas, evitando la revictimizaci&oacute;n, tratando de responder de forma coordinada y eficaz, previniendo y tratando de poner freno a la impunidad. Es tambi&eacute;n deber de las instituciones mostrar el rechazo p&uacute;blico y el compromiso firme con la justicia.
    </p><p class="article-text">
        En Gipuzkoa, por ejemplo, adem&aacute;s de los servicios de asesoramiento jur&iacute;dico, de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica y de los recursos de acogida para las v&iacute;ctimas, se ha activado en esta &uacute;ltima legislatura el servicio Hariberria, el Servicio Foral de Atenci&oacute;n Integral a las V&iacute;ctimas de agresiones sexuales con espacios de atenci&oacute;n en Donostia, en Arrasate y pr&oacute;ximamente en Lazkao.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos a&ntilde;os de recorrido de lucha contra la violencia machista. Una lucha en la que, ante tendencias negacionistas y regresoras, debemos seguir trabajando desde la estrecha colaboraci&oacute;n entre las instituciones y el movimiento feminista. Llevamos mucho tiempo afirmando que la violencia machista ata&ntilde;e al conjunto de la sociedad. Que toda la sociedad debe implicarse para erradicarla. Trabajemos por lo tanto desde la colaboraci&oacute;n, sin generar v&iacute;as paralelas sino coordinadas, transparentes, que se complementen a la hora de apoyar a las v&iacute;ctimas. 
    </p><p class="article-text">
        Quiero invitar a todos los agentes implicados a trabajar en esta l&iacute;nea y tiendo la mano al conjunto de fuerzas pol&iacute;ticas, asociaciones feministas y responsables institucionales para reflexionar sobre los aprendizajes que nos dejan casos como los de Errenteria. Solamente as&iacute; podremos avanzar en el objetivo de construir un territorio libre de violencia contra las mujeres. Se trata de un objetivo que nos une y que nos debe seguir uniendo en el futuro. Se lo debemos a todas las v&iacute;ctimas y al conjunto de la sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eider Mendoza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/aprendamos-ocurrido-errenteria_132_13320739.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jun 2026 06:01:04 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mil años de Ipuscua: los valores que nos unen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/mil-anos-ipuscua-valores-unen_132_12490673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f89f8e3a-9928-4479-9ff5-e880ef958867_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122671.jpg" width="2500" height="1406" alt="La diputada general de Gipuzkoa, Eider Mendoza, en un acto por los mil años de Ipuscua"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Un fuerte sentido comunitario que se ha ido arraigando generación tras generación, y que nos ha permitido avanzar incluso en los momentos más difíciles, en cooperación con los demás territorios vascos"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Izena badu, bada&rdquo; (todo lo que tiene nombre, existe), reza un dicho en euskera. Izena eta izana. Nombre y existencia. Se trata de dos conceptos que suelen ir de la mano en nuestra cultura.
    </p><p class="article-text">
        A la luz de esta expresi&oacute;n podemos afirmar que las y los guipuzcoanos ya exist&iacute;amos hace mil a&ntilde;os, ya &eacute;ramos comunidad. Y es que la menci&oacute;n escrita m&aacute;s antigua de Gipuzkoa, conocida hasta el momento, data de 1025. Aquel a&ntilde;o, un escribano plasm&oacute; la palabra 'Ipuscua' en un manuscrito. En dicho documento, el se&ntilde;or de Ipuscua, Gartzia Azenariz, y su esposa, la se&ntilde;ora Gayla de Iputza, donaban a los monjes de San Juan de la Pe&ntilde;a el monasterio San Salvador de Olazabal, situado en lo que hoy ser&iacute;a Altzo, junto con otras tierras bajo su protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta efem&eacute;ride nos ofrece a los guipuzcoanos y guipuzcoanas una gran oportunidad para conocernos mejor: por un lado, para hablar de la evoluci&oacute;n, la institucionalizaci&oacute;n o los hitos hist&oacute;ricos del territorio hist&oacute;rico de Gipuzkoa; y, por otro lado, para hablar de los eslabones de valores que unen a los 'ipuscuanos' de hace mil a&ntilde;os con los guipuzcoanos del presente. 
    </p><p class="article-text">
        Con el fin de celebrar dichos valores comunitarios, las y los representantes p&uacute;blicos de Gipuzkoa nos reunimos a comienzos de julio en la plaza Euskal Herria de Tolosa, en un acto institucional lleno de simbolismo. All&iacute; nos unimos en la tradicional soka-dantza de honor: el presidente de las Juntas Generales, decenas de alcaldesas y alcaldes, y la diputada general.
    </p><p class="article-text">
        La soka-dantza nos recuerda que estamos unidas, que los problemas de cada uno son de todos, que queremos trabajar y vivir en comunidad. Y que tambi&eacute;n queremos celebrarlo conjuntamente. Deba, Urola, Oria, Urumea, Oiartzun y Bidasoa. Desde Hondarribia hasta Leintz-Gatzaga, de Mutriku a Ataun: ciudadan&iacute;a y representantes de toda Gipuzkoa, ciudades, barrios y pueblos unidas y unidos por un nexo que compartimos de punta a punta.
    </p><p class="article-text">
        Por superficie, somos un territorio peque&ntilde;o. Y, sin embargo, somos cuna de muchos hitos y personajes hist&oacute;ricos, que han dejado huella en el mundo. Tenemos mucho que compartir. Tambi&eacute;n hemos vivido momentos dif&iacute;ciles, algunos de ellos no tan lejanos en el tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Con todo ello en la memoria, al celebrar el milenario de la palabra Gipuzkoa, reivindicamos con orgullo ser guipuzcoanos y guipuzcoanas, reivindicamos los s&oacute;lidos valores que colectivamente hemos ido desarrollando y trabajando durante siglos. Los que unen a Gipuzkoa. Un fuerte sentido comunitario que se ha ido arraigando generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, y que nos ha permitido avanzar incluso en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles, en cooperaci&oacute;n con los dem&aacute;s territorios vascos.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, esa fuerza comunitaria ha impulsado en Gipuzkoa la puesta en marcha de numerosas iniciativas transformadoras en &aacute;mbitos como la econom&iacute;a, la educaci&oacute;n, el euskera, la sanidad, la protecci&oacute;n social, el deporte o el sector p&uacute;blico. En la actualidad, miles de ciudadanos y ciudadanas se comprometen a diario con la comunidad a trav&eacute;s de asociaciones y entidades de diversa naturaleza. Todas estas iniciativas se basan en los valores. Los valores de una comunidad guipuzcoana viva y fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en el mundo tan incierto y cambiante como en el que vivimos, se est&aacute;n extendiendo el individualismo, el autoritarismo y la violencia. Gipuzkoa y Euskal Herria no son una isla. 
    </p><p class="article-text">
        De cara al futuro, es imprescindible fortalecer los valores comunitarios. Porque eso nos ayudar&aacute;, como hasta ahora, a sostenernos mutuamente. En ese contexto, igual que los tres tejos de nuestro escudo, quiero poner el foco en la necesidad de seguir arraigando muy especialmente tres valores. 
    </p><p class="article-text">
        El primer valor es el euskera. Tal como dijo Joxe Azurmendi, escoger el euskera es &ldquo;escoger la reconstrucci&oacute;n de un pueblo destruido&rdquo;. El euskera es un rasgo que cohesiona la comunidad y que est&aacute; en el coraz&oacute;n de nuestra identidad, como territorio y como pa&iacute;s. Pero el euskera necesita compromiso y cooperaci&oacute;n para disipar cualquier peligro del retroceso, m&aacute;s si cabe en la actualidad, cuando tanto la lengua como quienes la hablamos nos encontramos en una encrucijada. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo valor es la solidaridad. Porque los guipuzcoanos y las guipuzcoanas tenemos un fuerte sentido de la igualdad y de la justicia. Eso nos ayuda a ser innovadores, a emprender, a encontrar v&iacute;as m&aacute;s justas de organizaci&oacute;n social y econ&oacute;mica, a reivindicar y labrar el lugar que merecemos las mujeres en la sociedad. Solidaridad con los pueblos que est&aacute;n sufriendo injusticias, opresi&oacute;n y cerraz&oacute;n por todo el mundo, especialmente en los &uacute;ltimos meses con Gaza y tambi&eacute;n con Ucrania. Solidaridad con las personas con m&aacute;s dificultades que se encuentran entre nosotros y nosotras, sin dejar a nadie atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El tercer valor es la firme voluntad de gobernarse a s&iacute; mismo. Si nuestro pa&iacute;s ha sabido avanzar, ha sido porque tiene una identidad propia, ha sabido organizarse, desarrollar y defender leyes e instituciones propias. Tambi&eacute;n en los tiempos m&aacute;s dif&iacute;ciles. Por ello, aprovechamos el milenio de Gipuzkoa para reivindicar que los s&iacute;mbolos que nos hemos dado, tanto a nivel territorial como local y, en particular, la ikurri&ntilde;a, representan la identidad de este pueblo. De d&oacute;nde venimos, qu&eacute; somos y por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Estos tres valores, entre otros, nos unen al resto de territorios vascos. Un&aacute;monos, tomando como base la comunidad, para desarrollar y defender nuestras instituciones propias, para seguir construyendo pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La forma de avanzar hacia el futuro es agarrar firmemente el nexo que nos une como comunidad, arraigados a nuestra tierra, con un rumbo claro. Hay mucho en juego. Porque cuando se debilita la cohesi&oacute;n comunitaria y los valores compartidos, se debilita la democracia misma.
    </p><p class="article-text">
        Un pueblo, un territorio, no puede ser una mera suma de individuos. Necesita valores compartidos, necesita un sentimiento arraigado de comunidad. Identidad propia. Es lo que nos ha tra&iacute;do hasta el presente y es lo que tenemos que mantener para tener un futuro como vascos y vascas, guipuzcoanos y guipuzcoanas. 
    </p><p class="article-text">
        Queremos que ese sentimiento comunitario tenga continuidad en Gipuzkoa. Para que sigamos siendo una comunidad que forma parte de un mismo pueblo: responsable, igualitaria, que vive en euskera, equilibrada y equitativa, que cuide el bienestar integral de todas las personas. Coj&aacute;monos de la mano y avancemos, como dice Juan Antonio Urbeltz, &ldquo;guztiok garelako soka berekoak&rdquo;. Compartimos los valores de una misma comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Y, por qu&eacute; no, para que, dentro de mil a&ntilde;os alguien diga que aqu&iacute; sigue en pie una comunidad, desde las monta&ntilde;as de Aralar y Aizkorri hasta las tierras de la costa, entre los r&iacute;os Bidasoa y Deba. Y que a ambos lados del Pirineo existe un pueblo que, a trav&eacute;s del canto y la danza, celebra su nombre y su existencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eider Mendoza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/mil-anos-ipuscua-valores-unen_132_12490673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jul 2025 19:45:50 +0000]]></pubDate>
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