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    <title><![CDATA[elDiario.es - Dariusz Gzyra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dariusz-gzyra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Dariusz Gzyra]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pensar el poder de todos los sintientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/pensar-sintientes_132_12490851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8911685f-f8db-48dc-a661-2cc410589d6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pensar el poder de todos los sintientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la premisa de que lo no existente es algo atractivo y seductor que actúa como el motor de arranque de todos los procesos de cambio, el autor propone imaginar una "sentiocracia"</p></div><p class="article-text">
        Muchas actividades humanas tienen un car&aacute;cter aspiracional. Est&aacute;n orientadas hacia lo que a&uacute;n no se ha realizado. Deseamos llevar a cabo nuestros planes porque son algo diferente de la realidad. Tenemos la voluntad de conseguir algo porque a&uacute;n no lo hemos conseguido. Queremos perfeccionar algo porque no es perfecto. Lo que pone en marcha este proceso es la insatisfacci&oacute;n con la situaci&oacute;n actual y la inexistencia de una mejor. Esta carencia puede motivar, indicar la direcci&oacute;n a seguir, constituir un punto de referencia. A veces es determinante, y pueden suceder muchas cosas en su nombre. Cuando es acuciante y se experimenta colectivamente, puede activar mecanismos sociopol&iacute;ticos a gran escala, convirti&eacute;ndose en un factor constitutivo del sistema y, sin duda, en un factor cultural. Al se&ntilde;alarla, podemos llamar la atenci&oacute;n sobre los valores m&aacute;s importantes.
    </p><p class="article-text">
        Se ha escrito mucho sobre el papel cultural y pol&iacute;tico de las utop&iacute;as. Las reflexiones al respecto alcanzan una amplitud muy grande, pero a veces incurren en el narcisismo: se deleitan tanto en s&iacute; mismas que, cuando se confunden con la realidad, provocan dolor y decepci&oacute;n. Los intentos de suavizarlas mediante empe&ntilde;os tenaces por convertir la teor&iacute;a en pr&aacute;ctica solo empeoran la situaci&oacute;n. Algunos prefieren pensar en protop&iacute;as. Este concepto se asocia a la figura del escritor y futur&oacute;logo Kevin Kelly. El cambio prot&oacute;pico se lleva a cabo en un ciclo de mejoras progresivas y relativamente peque&ntilde;as. Lo nuevo est&aacute; en estrecho contacto con lo que viene a sustituir. La protop&iacute;a, con su pragmatismo cortoplacista del progreso, evita el &iacute;mpetu y el desborde de lo visionario, pero tambi&eacute;n ella es capaz de llevarnos muy lejos. Por desgracia, no se sabe muy bien a d&oacute;nde, ya que, inspirada en cierta medida en los mecanismos de la evoluci&oacute;n, evita la teleolog&iacute;a. Sea como fuere, e independientemente de lo alejado que se encuentre de la realidad o de lo factible que resulte, lo no existente es algo atractivo y seductor que act&uacute;a como el motor de arranque de todos los procesos de cambio. Es su catalizador.
    </p><p class="article-text">
        En el proceso de cambio social, es inevitable la tensi&oacute;n entre la realidad insatisfactoria existente y la realidad alternativa inexistente. Sin embargo, antes de que se haga realidad, lo inexistente cobra forma de plan, de proyecto, de propuesta, de sue&ntilde;o, de teor&iacute;a. Pero aun en esta dimensi&oacute;n sigue siendo un importante portador de valores, en especial si lo que deber&iacute;a ser est&aacute; lejos del es enjuiciado. Esto se ve con claridad en el que tal vez sea el proyecto social m&aacute;s ambicioso de todos: el llamado abolicionismo proanimal. Este nombre tan poco atractivo se refiere a un movimiento en favor de animales sintientes distintos de los humanos. Lo utilizan algunos acad&eacute;micos, y se puede encontrar, por ejemplo, en publicaciones provenientes de los Estudios Cr&iacute;ticos Animales, la &eacute;tica, la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y el estudio de los movimientos sociales. Tambi&eacute;n lo utilizan los (relativamente escasos a&uacute;n) grupos m&aacute;s atrevidos, m&aacute;s radicales, dentro de la defensa de los animales. A veces se cuela en los medios de comunicaci&oacute;n. Por desgracia, el periodismo proanimal es muy pobre, por lo que la menci&oacute;n del abolicionismo en la prensa es pr&aacute;cticamente nula.
    </p><h2 class="article-text">Un mundo completamente diferente</h2><p class="article-text">
        Son muchos los contextos en que puede hacerse referencia a &eacute;l. En su sentido hist&oacute;rico, su asociaci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n es la relativa al movimiento por la abolici&oacute;n de la esclavitud humana de los siglos XVIII y XIX. En la actualidad, el enfoque abolicionista suele expresarse en cuestiones como la pena de muerte, el sistema penitenciario, las fuerzas policiales, las fronteras estatales o la desinstitucionalizaci&oacute;n de la asistencia sanitaria a las personas con discapacidad intelectual, entre otras. En el contexto de los animales, implica creer en la necesidad de un abandono completo y sistem&aacute;tico de la explotaci&oacute;n perjudicial de los animales para la satisfacci&oacute;n de las necesidades humanas que podr&iacute;an satisfacerse de otra forma. Dada la normalizaci&oacute;n m&aacute;xima de que goza hoy en d&iacute;a el trato instrumental de los animales, es imposible pensar en una r&aacute;pida materializaci&oacute;n del proyecto abolicionista. Se trata, por tanto, de un objetivo a largo plazo, cuyas reivindicaciones pueden parecer hoy ex&oacute;ticas y ser percibidas como un intento de poner el mundo patas arriba. Y es que es cierto que un mundo abolicionista ser&iacute;a un mundo completamente diferente.
    </p><p class="article-text">
        Esto est&aacute; asociado al concepto de los derechos individuales, y es f&aacute;cil de entender mediante el ejemplo ilustrativo de los derechos humanos. Reconocer la necesidad de respetar y proteger de manera sistem&aacute;tica los derechos fundamentales y civiles de todos los seres humanos implica aceptar su reflejo no s&oacute;lo en los sistemas jur&iacute;dicos, sino tambi&eacute;n, en un sentido m&aacute;s amplio, en la ideolog&iacute;a del Estado, la axiolog&iacute;a de las instituciones y los criterios de buenas pr&aacute;cticas empresariales. Esperamos que la cultura, en sus m&uacute;ltiples manifestaciones, est&eacute; impregnada de valores relacionados con la idea de los derechos humanos, y que los planes de estudios se orienten hacia su comprensi&oacute;n y su asimilaci&oacute;n. As&iacute;, que las personas que conforman la sociedad la interioricen de forma consciente, convirti&eacute;ndola en una parte importante de su visi&oacute;n del mundo. Nos gustar&iacute;a que todo ello se reflejara en las m&uacute;ltiples pr&aacute;cticas sociales, incluso en las cotidianas y menos espectaculares, aceptando con aprobaci&oacute;n que se asiente en el n&uacute;cleo de nuestras costumbres. La idea de los derechos como forma de proteger al individuo debe, en &uacute;ltima instancia, expresarse y concretarse en el plano de lo personal y lo social. De ello dependen las normas sociales y nuestro modo de vivir en sociedad. Un mundo sin la idea de los derechos humanos ser&iacute;a un mundo completamente diferente, &iquest;verdad?
    </p><p class="article-text">
        La implementaci&oacute;n del abolicionismo, que implica el reconocimiento de los derechos fundamentales de todos los sintientes, es decir, de todos los seres con capacidad de sentir, cambiar&iacute;a el mundo de una manera que hoy en d&iacute;a es dif&iacute;cil siquiera de imaginar. Orientar la vida social hacia la protecci&oacute;n de su vida y su integridad f&iacute;sica implicar&iacute;a la puesta en marcha de una nueva pol&iacute;tica alimentaria, que incluir&iacute;a la desaparici&oacute;n de industrias tan influyentes hoy en d&iacute;a como la c&aacute;rnica y la l&aacute;ctea. Tampoco se permitir&iacute;a la explotaci&oacute;n injusta en nombre de la ciencia, la educaci&oacute;n y el arte, ni la dedicada a fines como el entretenimiento, el deporte, la moda o el trabajo. La garant&iacute;a estatal de un estatus para los individuos capaces de sentir que, independientemente de su especie, los protegiera de ser tratados como meros medios para fines ajenos, cambiar&iacute;a el modelo de producci&oacute;n de alimentos y, en un sentido m&aacute;s amplio, la estructura profesional de las sociedades. El respeto por la otredad no humana cambiar&iacute;a los est&aacute;ndares de los medios de comunicaci&oacute;n y los c&oacute;digos &eacute;ticos de la publicidad, pero tambi&eacute;n el uso del lenguaje. Al fin y al cabo, tambi&eacute;n la forma en que comunicamos y expresamos nuestros pensamientos es un canalizador de valores. Tendr&iacute;amos que renunciar a muchas tradiciones e identidades. El panorama religioso se ver&iacute;a necesariamente transformado, las tradiciones existentes pasar&iacute;an a estar sometidas a una reinterpretaci&oacute;n radical y surgir&iacute;a tal vez un espacio para nuevas formas de expresi&oacute;n espiritual. El cambio no solo afectar&iacute;a a los dogmas y las estructuras de lo sagrado, sino tambi&eacute;n a las pr&aacute;cticas religiosas, tanto individuales como colectivas e institucionales.
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;mbito pol&iacute;tico sufrir&iacute;a transformaciones colosales. No hablamos de meros programas pol&iacute;ticos que reflejaran las expectativas de votantes con una visi&oacute;n del mundo hoy compartida s&oacute;lo por unos pocos. La nueva pol&iacute;tica tendr&iacute;a que tener una dimensi&oacute;n interespecie, es decir, tendr&iacute;a que tener en cuenta no solo los intereses, las necesidades, las reivindicaciones y los derechos de los seres humanos. Ser&iacute;an precisos pues unos mecanismos pol&iacute;ticos de representaci&oacute;n y participaci&oacute;n completamente diferentes, incluyendo nuevos cargos p&uacute;blicos y nuevas instituciones. Una redefinici&oacute;n del bien com&uacute;n que abarcase de manera justa tambi&eacute;n las perspectivas no humanas requerir&iacute;a de facto de un nuevo sistema.
    </p><h2 class="article-text">Sentiocracia</h2><p class="article-text">
        En 2019, durante la s&eacute;ptima edici&oacute;n de la conferencia &lsquo;&iquest;Cultura de la exclusi&oacute;n?&rsquo;, celebrada en la Universidad Jagell&oacute;nica, propuse el neologismo &ldquo;sentiocracia&rdquo;, con base en la ra&iacute;z latina sentire (&ldquo;sentir&rdquo;). La sentiocracia es un intento de ir m&aacute;s all&aacute; de la democracia, que ha demostrado con reiteraci&oacute;n que, en lo que respecta a los animales, no es m&aacute;s que otra herramienta de opresi&oacute;n y de exclusi&oacute;n. Se trata de un nuevo sistema pol&iacute;tico en el que los humanos compartir&iacute;an el poder con el resto de animales capaces de sentir, denominados en este contexto &ldquo;sintientes no humanos&rdquo;. La revisi&oacute;n del lenguaje y un nuevo aparato conceptual relacionado con la &eacute;tica, la pol&iacute;tica y la vida social permitir&iacute;an dar rienda suelta a la imaginaci&oacute;n. Gracias a ello, ganar&iacute;amos nuevas energ&iacute;as para teorizar al mismo tiempo que mejorar&iacute;amos la calidad de nuestras reflexiones. Pero, sobre todo, se trata de desarrollar colectivamente un lenguaje y, por tanto, unas estructuras mentales que puedan ser m&aacute;s funcionales para la protecci&oacute;n de todos los seres sintientes.
    </p><p class="article-text">
        Dicha protecci&oacute;n no se limita al marco de los llamados derechos negativos, como el derecho a no ser esclavizado o sometido a violencia f&iacute;sica. Ser&iacute;a necesario tener en cuenta el &aacute;mbito de los derechos positivos mediante medidas sist&eacute;micas en favor de los individuos sintientes que contribuyeran a su desarrollo y mejorasen la calidad de sus vidas. Y hay otra cosa que brinda a todo ello una dimensi&oacute;n compleja pero intelectualmente muy atractiva: en la sentiocracia, los sintientes humanos y no humanos formar&iacute;an una comunidad sociopol&iacute;tica compartida. Como toda comunidad, tendr&iacute;a que enfrentarse a antagonismos y conflictos, as&iacute; como a imperfecciones y limitaciones, que deber&iacute;an gestionarse de la forma menos gravosa posible. &iquest;Acaso no resulta inspirador? &iquest;Acaso no se aprecia el potencial para la revitalizaci&oacute;n de unos discursos estancados hoy en las rutinas profundas de unas relaciones exclusiva o principalmente interhumanas? &iexcl;Cu&aacute;nto por inventar!
    </p><p class="article-text">
        La sentiocracia no existe. Es m&aacute;s: nunca ha existido en ning&uacute;n lugar. Por eso es tan urgente pensar en ella y debatirla. Hay que aprenderlo y no tener miedo, aunque a veces resulte inc&oacute;modo. Debemos imaginar la sentiocracia, y no de forma improvisada y privada, sino met&oacute;dica y p&uacute;blica, para que pueda influir en el mundo actual. Si queremos que lo inexistente sea un motor del cambio social, debe articularse y hacerse visible en el espacio comunitario. Podr&iacute;a ser un espejo en el que se reflejen las normas actuales.
    </p><p class="article-text">
        Relacionamos demasiado la imaginaci&oacute;n con las predisposiciones intelectuales de los individuos, asoci&aacute;ndola con ciertas capacidades excepcionales y ciertos destellos de genialidad. Delegamos esta labor a especialistas y personas de gran inspiraci&oacute;n. Sin embargo, la imaginaci&oacute;n tambi&eacute;n necesita de un trabajo de base que permita la creaci&oacute;n sistem&aacute;tica de las condiciones &oacute;ptimas para su florecimiento. Sin duda, se puede hablar de un d&eacute;ficit contempor&aacute;neo de imaginaci&oacute;n moral y pol&iacute;tica, pero tambi&eacute;n hay escasez de procedimientos y estructuras que favorezcan el desarrollo de la misma. Quiz&aacute; deber&iacute;amos empezar a hablar tambi&eacute;n del derecho a imaginar. Su gestaci&oacute;n debe ser sembrada por las personas que nos rodean, pero tambi&eacute;n por el Estado. Esto es muy importante, pues, aunque todos ellos son, en mayor o menor medida, part&iacute;cipes del da&ntilde;o a los dem&aacute;s animales, tambi&eacute;n son v&iacute;ctimas de la habituaci&oacute;n moral. Nacen, maduran y se organizan en una realidad social en la que la soberan&iacute;a humana se presenta como incondicional y monol&iacute;tica. Somos v&iacute;ctimas de una violencia simb&oacute;lica que nos convierte en chovinistas de especie, y la imaginaci&oacute;n parece ser una de las herramientas no violentas m&aacute;s importantes con las que podemos intentar recuperar nuestra capacidad de autodeterminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estamos atrapados en una norma social pegajosa, en un estado de inercia. &iquest;Qu&eacute; imagen tan lamentable ofrecemos como comunidad en esta situaci&oacute;n? Basta con echar un vistazo a los debates en torno a los animales no humanos. Pondr&eacute; algunos ejemplos que puedan ser conocidos incluso por personas no interesadas en esta tem&aacute;tica. Hacen referencia a ciertas tentativas por cambiar la legislaci&oacute;n. Esto es significativo, pues este nivel de cambio social suele requerir siempre de un apoyo social considerable. Hace a&ntilde;os que se viene intentando prohibir en Polonia la cr&iacute;a de animales para la obtenci&oacute;n de pieles. No ha habido a&uacute;n sin embargo forma de conseguirlo, con independencia de las diferentes configuraciones pol&iacute;ticas sucedidas. No se ha conseguido a pesar de la relativa insignificancia de la industria peletera, de su estado decadente y de lo innecesario de las pieles naturales para la vida de los seres humanos. En Polonia se siguen empleando tambi&eacute;n algunos animales en los circos, algo que, como la industria de las pieles, se ha prohibido ya en otros pa&iacute;ses. No existe voluntad pol&iacute;tica para resolver positivamente ni siquiera una cuesti&oacute;n tan sencilla como &eacute;sta, carente de un lobby de confrontaci&oacute;n significativo y sin pr&aacute;cticamente ninguna repercusi&oacute;n en la vida de la mayor&iacute;a de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace a&ntilde;os, las organizaciones proanimales m&aacute;s conservadoras vienen luchando por que se retiren del mercado los huevos marcados con un &lsquo;3&rsquo;, procedentes de gallinas enjauladas. No es preciso entrar aqu&iacute; a explicar lo moralmente incorrecto de esta forma de cr&iacute;a tan intensiva. Por desgracia, una reivindicaci&oacute;n tan limitada implica la aceptaci&oacute;n del uso de huevos marcados con un &lsquo;2&rsquo;. Estos tambi&eacute;n proceden de la cr&iacute;a industrial intensiva, solo que sin jaulas. Es cierto que sustituir los &lsquo;treses&rsquo; por &lsquo;doses&rsquo; puede suponer una cierta mejora en las condiciones de vida de las gallinas, pero sigue implicando la elecci&oacute;n de un mal menor. Tambi&eacute;n se viene luchando contra la venta al por menor de peces vivos, evitando un debate sincero sobre la realidad de la pesca, cuyo potencial como fuente de sufrimiento no tiene parang&oacute;n. Y se est&aacute; tratando de prohibir que se mantenga a los perros encadenados, proponiendo como alternativa los cheniles, que tambi&eacute;n reducen dr&aacute;sticamente la calidad de vida de los animales.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a a&ntilde;adir que tambi&eacute;n discutimos sobre el consumo de productos animales, pero, por desgracia, esto ocurre en contadas ocasiones. La lectura de las estad&iacute;sticas duele. Un informe de 2018 titulado &lsquo;An exploration into diets around the world&rsquo;, elaborado a partir de estudios realizados en veintiocho pa&iacute;ses por el grupo de investigaci&oacute;n internacional Ipsos, indicaba que las personas veganas representan tan solo el 3% de la poblaci&oacute;n. Por su parte, Euromonitor International, una empresa internacional dedicada a los estudios de mercado, inform&oacute; de que, en 2021, solo el 3,4% de los europeos segu&iacute;a una dieta vegana. No discutimos sobre el veganismo. Despreciamos su valor, lo ridiculizamos y lo marginamos como comunidades, haci&eacute;ndolo incluso c&iacute;rculos influyentes que declaran su preocupaci&oacute;n por los animales.
    </p><p class="article-text">
        Alguien podr&iacute;a decir que, en un contexto as&iacute;, el contraste con el abolicionismo y la sentiocracia puede resultar paralizante y que la escasa probabilidad de materializarlo resulta m&aacute;s intimidatoria que movilizadora. Es discutible, pero aun en el caso de que fuese cierto, debemos tratar de superarlo. Adem&aacute;s de un ciclo de laboriosas mejoras sociales en el &aacute;mbito interespecie, no parece haber otro camino que familiarizarse de forma sistem&aacute;tica y paciente con los nuevos conceptos y valores. No solo imagin&aacute;ndolos, sino haci&eacute;ndolos imaginables tambi&eacute;n para los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        * Este texto se public&oacute; originalmente en la revista polaca Magazyn Kontakt y ha sido traducido por Joanna Wisniewska.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dariusz Gzyra]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jul 2025 04:00:47 +0000]]></pubDate>
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