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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Gómez-Roda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto-gomez-roda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Gómez-Roda]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barro-fabrica-1_132_12551344.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71afc33d-2240-4c85-9bf4-24b7870e9cf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre el barro y la fábrica (1)"></p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el marco de las actividades y publicaciones del programa &ldquo;Espa&ntilde;a en libertad (1975-2025)&rdquo;, promovido por el Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial y Memoria Democr&aacute;tica, en la Universidad del Pa&iacute;s Vasco se celebraron recientemente las Jornadas sobre &ldquo;Una sociedad en movimiento: la reorganizaci&oacute;n de la trama ciudadana desde los movimientos sociales&rdquo;, en las que participamos con una ponencia sobre el asociacionismo vecinal y sus conexiones con el movimiento obrero y el emergente feminismo social, de la que seguidamente presentamos las aportaciones m&aacute;s significativas, con especial referencia al &aacute;mbito valenciano.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las asociaciones de vecinos han recibido. frecuentemente, una consideraci&oacute;n secundaria en el contexto de los movimientos sociales de oposici&oacute;n a la dictadura de Franco. Mientras que el estudiantil ha sido reivindicado por sus propios protagonistas, todos muy letrados y el sindicalismo obrero sostiene una pol&iacute;tica activa de la memoria (en el caso de CCOO al menos desde 1986), el asociacionismo vecinal goza de peor fortuna. Ello puede tener que ver con el car&aacute;cter m&aacute;s prosaico, localista y circunstancial de sus reivindicaciones, a su funcionamiento en coordinadoras muy diversas y a un muy precario reconocimiento institucional en democracia. Lo cierto es que fue un movimiento protagonizado en gran medida por las mujeres de barrios obreros. Ofreci&oacute; espacios de actuaci&oacute;n a la militancia antifranquista, que estaba detr&aacute;s de muchas iniciativas asociativas, tambi&eacute;n a economistas y j&oacute;venes profesionales de la abogac&iacute;a y del urbanismo, puso contra las cuerdas a las &uacute;ltimas corporaciones franquistas y, ante todo, plante&oacute; una reapropiaci&oacute;n popular de la ciudad como bien com&uacute;n, con planes alternativos a los del capitalismo depredador en su versi&oacute;n franquista. En la d&eacute;cada de 1980, reivindicaciones del movimiento ciudadano quedaron en buena medida recogidas en los primeros planes de ordenaci&oacute;n urbana de la democracia. En Valencia debemos al movimiento vecinal y ciudadano de la Transici&oacute;n la quiebra de la &ldquo;ciudad monstruo&rdquo; desarrollista y su alternativa en el Plan General de 1988, con el Jard&iacute;n del Turia como eje vertebrador.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En esta primera entrega de la serie que hemos titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Entre el barrio y la f&aacute;brica, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">nos ocuparemos del contexto y la historia del movimiento vecinal. En un segundo art&iacute;culo analizamos esta experiencia participativa como escuela de ciudadan&iacute;a y sus v&iacute;nculos con el movimiento obrero. En un tercer y &uacute;ltimo art&iacute;culo de la serie, la historiadora Vicenta Verdugo trata desde una perspectiva de g&eacute;nero de la implicaci&oacute;n de las mujeres en la lucha de los barrios. Frente la mercantilizaci&oacute;n de la ciudad y de todas las necesidades, que nos reduce a la condici&oacute;n de sujetos consumidores explotados por las oligarqu&iacute;as de los fondos de inversi&oacute;n y las redes sociales, el movimiento vecinal y ciudadano de los a&ntilde;os 1970 sigue siendo un referente de reapropiaci&oacute;n de la ciudad para el bien com&uacute;n.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Capitalismo urbano y excepci&oacute;n espa&ntilde;ola</strong></span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Entre los autores que fueron un referente en particular para los profesionales que militaron en el movimiento vecinal durante la Transici&oacute;n destacan Manuel Castells y Jordi Borja. Ambos han escrito sobre temas de sociolog&iacute;a, pol&iacute;tica y urbanismo hasta la actualidad. En 1986, a los 10 a&ntilde;os del inicio de la Transici&oacute;n, hicieron balance de la experiencia del movimiento vecinal y ciudadano en sendas publicaciones, Manuel Castells en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La ciudad y las masas. Sociolog&iacute;a de los movimientos sociales urbanos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Madrid, Alianza, 1986) y Jordi Borja en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Por unos municipios democr&aacute;ticos. Diez a&ntilde;os de reflexi&oacute;n pol&iacute;tica y movimiento ciudadano</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Madrid, Instituto de Estudios de Administraci&oacute;n Local, 1986). Respecto a la literatura m&aacute;s actual, debemos destacar dos obras colectivas: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Memoria ciudadana y movimiento vecinal</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">editada en 2008 por Vicente P&eacute;rez Quintana y Vicente y Pablo S&aacute;nchez Le&oacute;n sobre Madrid, y ya plenamente en el &aacute;mbito de la historiograf&iacute;a, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Construint la ciutat democr&aacute;tica</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, coordinada en 2010 por Carme Molinero y Pere Ys&agrave;s sobre el &aacute;rea de Barcelona. En general, el movimiento vecinal ha despertado un  creciente inter&eacute;s desde 2008 y es el &aacute;rea catalana la que, con diferencia, mayor atenci&oacute;n ha recibido. En la web del proyecto del Instituto de Historia del Tiempo Presente de la Universidad de Almer&iacute;a sobre el movimiento vecinal en esta ciudad y provincia andaluza encontramos una relaci&oacute;n de 249 publicaciones editadas entre 1972 y 2023 (</span><a href="https://movimientovecinal.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://movimientovecinal.es/</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">). Las &aacute;reas metropolitanas de la d&eacute;cada de 1970 son objeto de 39 publicaciones en el caso de Catalu&ntilde;a, 16 en el de Madrid y 11 para Euskadi. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada del libro &#039;&#039;Construint la ciutat democràtica&#039;.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El movimiento vecinal fue parte central de un m&aacute;s amplio movimiento ciudadano, con un fuerte componente obrero pero tambi&eacute;n de clases medias y profesionales, no exclusivo de Espa&ntilde;a. La protesta, la reivindicaci&oacute;n y el asociacionismo urbano fueron un fen&oacute;meno com&uacute;n en la Europa capitalista de posguerra, impulsado en particular por las migraciones a &aacute;reas industriales en condiciones de falta de vivienda, infraestructuras y servicios. A estas carencias respondieron gobiernos y ayuntamientos con mejor o peor fortuna. Un ejemplo paradigm&aacute;tico son las </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>banlieues</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> francesas. La Italia de posguerra, con muchas comunas industriales gobernadas por el PCI, representa otra experiencia a la que prestaron atenci&oacute;n nuestros activistas vecinales. Lo espec&iacute;fico de ese fen&oacute;meno en la Espa&ntilde;a franquista viene dado por el r&eacute;gimen de dictadura centralista en que viv&iacute;amos: vigilancia y represi&oacute;n sobre las iniciativas asociativas de los vecinos, ayuntamientos sin recursos ni autonom&iacute;a, corporaciones locales conectadas con intereses especulativos a los que favorec&iacute;an y de los que se beneficiaban, etc. </span>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, el movimiento vecinal creci&oacute; en Espa&ntilde;a a partir de la denuncia que entidades diversas, primero, y las asociaciones de vecinos, despu&eacute;s, hicieron de las precarias condiciones de las viviendas y de la inexistencia o insuficiencia de infraestructuras y de servicios p&uacute;blicos, una situaci&oacute;n que era resultado de las pol&iacute;ticas franquistas &ndash; o m&aacute;s bien de su ausencia &ndash; y de la especulaci&oacute;n desbocada que las autoridades consintieron y de la que muchas participaron, lo que apunta a la corrupci&oacute;n inherente a la dictadura, fundada en favores y privilegios entre franquistas desde tiempos del estraperlo, normalizada por la falta de transparencia y controles democr&aacute;ticos. A su vez, los ayuntamientos eran el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil del poder franquista, con alcaldes y corporaciones sin recursos, subordinados por completo al gobernador de turno, algo que, al igual que la tard&iacute;a convocatoria de las primeras elecciones municipales democr&aacute;ticas en la Transici&oacute;n, puede tener relaci&oacute;n con la mala experiencia que para la monarqu&iacute;a tuvieron las elecciones municipales de abril de 1931. 
    </p><p class="article-text">
        En su introducci&oacute;n de 2010 al libro colectivo sobre el movimiento vecinal barcelon&eacute;s <em>Construint la ciutat democr&agrave;tica</em>, los historiadores Carme Molinero i Pere Ys&agrave;s relacionan la eclosi&oacute;n de las reivindicaciones vecinales con las contradicciones de la din&aacute;mica pol&iacute;tica de la dictadura en los a&ntilde;os 60 y 70. La emigraci&oacute;n a Catalu&ntilde;a desde los a&ntilde;os 50, a pesar de los esfuerzos contrarios de la dictadura, se convirti&oacute; en una <em>espectacular oleada</em> que dio lugar a la formaci&oacute;n de barrios enteros sin previsi&oacute;n ni planificaci&oacute;n alguna, bien en forma de chabolas sin agua corriente, alcantarillado o electricidad como las de Torre Bar&oacute; que muestra la pel&iacute;cula <em>El 47</em>, o bien en forma de bloques de viviendas de construcci&oacute;n muy deficiente y sin dotaciones escolares o sanitarias. Era una situaci&oacute;n sorprendente, dada la orientaci&oacute;n intervencionista y controladora del Estado franquista.
    </p><p class="article-text">
        Como explica el historiador Ismael Saz, la dictadura se sosten&iacute;a desde sus or&iacute;genes sobre el arbitraje que ejerc&iacute;a Franco entre dos vertientes de la extrema derecha nacionalista espa&ntilde;ola: la autoritaria de los mon&aacute;rquicos golpistas de Acci&oacute;n Espa&ntilde;ola, por un lado, y la fascista pseudo-movilizadora de la Falange, por otro. La tensi&oacute;n entre el vector autoritario y el fascista otorg&oacute; una din&aacute;mica pol&iacute;tica a la dictadura, que buscaba sobrevivir a Franco, pero se estrell&oacute; con una fuerte contestaci&oacute;n social al agotarse los r&eacute;ditos de la terrible represi&oacute;n de los primeros a&ntilde;os. A resultas de la crisis de gobierno de 1957, el vector autoritario de los llamados &ldquo;tecn&oacute;cratas del Opus Dei&rdquo; esperaba obtener con el crecimiento econ&oacute;mico un amplio consentimiento. Por su parte los falangistas buscaron la adhesi&oacute;n popular mediante una cierta apertura muy controlada a la participaci&oacute;n, mediante la Ley de Asociaciones de 1964, la eliminaci&oacute;n de controles a la presentaci&oacute;n de candidatos en las elecciones sindicales de 1966 y la Ley de Prensa o &ldquo;Ley Fraga&rdquo;, tambi&eacute;n de 1966. Tecn&oacute;cratas y falangistas fracasaron en sus expectativas. Los tecn&oacute;cratas no realizaron la reforma fiscal que necesitaba el sistema para atender las demandas generadas por el aluvi&oacute;n de poblaci&oacute;n que se incorporaba a la industria y la vida urbana, el <em>verticalismo</em> vio crecer en su seno y en el mundo laboral el movimiento antifranquista de las CCOO, y la Ley Fraga cambi&oacute; de hecho la censura previa por la autocensura. En definitiva, no se alter&oacute; la esencia clasista y represiva del r&eacute;gimen. El estado de excepci&oacute;n de 1969 y la reacci&oacute;n contra CCOO que culmina en el Proceso 1001 muestran el agotamiento en la capacidad evolutiva de la dictadura. 
    </p><p class="article-text">
        El nuevo movimiento ciudadano encontr&oacute; cobertura legal en la Ley de Asociaciones de 1964, que buscaba regular el asociacionismo cultural, l&uacute;dico, deportivo y asistencial, permitido siempre que no fuese contrario &ldquo;a los Principios Fundamentales del Movimiento&rdquo;. Este &uacute;ltimo argumento fue muy utilizado para clausurar o  mantener a muchas asociaciones en la ilegalidad. A prop&oacute;sito de Madrid, Manuel Castells (2008) rememora las &ldquo;condiciones de libertad vigilada&rdquo; en que lleg&oacute; la democracia, con muchas asociaciones no autorizadas, sus militantes perseguidos y encarcelados, incluso asesinados, como sucedi&oacute; el 24 de enero de 1977 a los abogados de la calle Atocha que asesoraban al movimiento de barrios de la periferia obrera de la capital. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El movimiento vecinal eclosion&oacute; con fuerza entre 1974 y 1977, pero entr&oacute; en declive a partir de las primeras elecciones legislativas democr&aacute;ticas y m&aacute;s a&uacute;n desde las municipales de 1979. Este declive ha sido motivo de un cierto debate sobre la relaci&oacute;n con los partidos pol&iacute;ticos y el reconocimiento institucional que han recibido las asociaciones de vecinos en la actual democracia. Para unos era el resultado natural del cambio radical del marco pol&iacute;tico de actuaci&oacute;n del movimiento ciudadano: buena parte de sus activistas y l&iacute;deres lo eran por su militancia en partidos pol&iacute;ticos y abandonaron las asociaciones al ser cooptados en los nuevos ayuntamientos democr&aacute;ticos, desde los que actuaron como interlocutores para en gran medida hacer realidad las reivindicaciones vecinales. Para otros muy cr&iacute;ticos como M. Castells, el problema radicar&iacute;a, como tantas cosas que se atribuyen a herencias franquistas pero caen en el debe de la actual democracia, en cierta defensa o bloqueo practicado por los partidos respecto a una pol&iacute;tica m&aacute;s participativa de base representada por las asociaciones ciudadanas. Lo cierto es que incluso firmes adalides del movimiento ciudadano, entonces y ahora, como Jordi Borja (1977), reconoc&iacute;an ya a finales de 1976 el cambio radical de escenario pol&iacute;tico que se avecinaba con la llegada de la democracia, cambio que obligar&iacute;a al movimiento vecinal a reinventarse. El fuerte primer impulso del movimiento, que provoc&oacute; no pocas sonadas dimisiones de alcaldes franquistas, ten&iacute;a empuje propio en realidades vividas por los habitantes de la ciudad en su entorno inmediato, pero tambi&eacute;n era el reflejo de su funci&oacute;n vehicular del antifranquismo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde la historiograf&iacute;a, Carme Molinero y Pere Ys&agrave;s, en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>De la hegemon&iacute;a a la autodesctrucci&oacute;n: el PCE 1956-1982</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2017), a prop&oacute;sito del partido m&aacute;s organizado, con m&aacute;s militantes y mayor implicaci&oacute;n en los movimientos sociales del antifranquismo, fuese el vecinal o CCOO, advierten que al llegar la legalidad su direcci&oacute;n no busc&oacute; la desmovilizaci&oacute;n. M&aacute;s bien todo lo contrario, esa implicaci&oacute;n era un capital propio que quiso conservar e incrementar, indispensable antes y despu&eacute;s de 1977 para evitar su marginaci&oacute;n pol&iacute;tica, &ldquo;dando una relevancia especial a las asociaciones de vecinos, y profundizar en el papel de dichos movimientos para configurar formas de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>democracia de base</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> no contrapuestas a la democracia representativa para lograr una sociedad organizada y movilizada&rdquo;.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Gómez-Roda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barro-fabrica-1_132_12551344.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Aug 2025 21:55:51 +0000]]></pubDate>
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