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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel-angel-sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[María Pombo y el 'revival' literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/maria-pombo-revival-literario_132_12620554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aad6cf40-0558-43b0-8ffb-8cb46ad1e92d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125230.jpg" width="2901" height="1632" alt="María Pombo y el &#039;revival&#039; literario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura hoy, además de ser un acto individual se ha convertido en un acto social, y en esa transformación tiene mucho que ver el feminismo</p></div><p class="article-text">
        La &uacute;ltima pol&eacute;mica en redes, que casi ya se nos desvanece entre los dedos, dejando paso a una nueva que har&aacute; olvidar la anterior y que ser&aacute; sustituida a su vez por otra, tiene que ver con la <em>influencer</em> espa&ntilde;ola Mar&iacute;a Pombo. Por si alg&uacute;n lector o lectora no la conoce, tiene a su disposici&oacute;n el docu-reality <em>Pombo</em>, en Amazon Prime. Ah&iacute; puede encontrar algo parecido a un <em>remake</em> del documental franquista <em>La gran familia</em> de Fernando Palacios, pero a color y en el siglo XXI: el modelo de familia nacional-cat&oacute;lica moderna, con la figura de madre-emprendedora en el centro de la escena y mucho <em>pel de ric</em> a su alrededor.
    </p><p class="article-text">
        Dicha pol&eacute;mica tiene que ver en este caso con la lectura. Pombo comparti&oacute; hace unos d&iacute;as en sus redes sociales, donde tiene millones de seguidores, una imagen de su casa en la que aparec&iacute;a una estanter&iacute;a muy bonita, pero sin libros. Y hubo quien se lo afe&oacute;: c&oacute;mo era eso de tener una estanter&iacute;a vac&iacute;a. La <em>influencer,</em> atacada, se defendi&oacute;: dijo que hay que asumir que hay gente a la que no le gusta leer, y que leer no te hace mejor. Que ella lee, s&iacute;, pero solo cosas espec&iacute;ficas sobre alg&uacute;n tema que le interesa, no novelas en la cama.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil estar en desacuerdo con Mar&iacute;a Pombo en esto. Es obvio que leer no te convierte en mejor persona, todos conocemos gente muy culta y despreciable. O gente que tiene la estanter&iacute;a llena de libros y no se ha le&iacute;do ninguno, utilizados de <em>atrezzo</em>, como en los bares, donde es cada vez m&aacute;s habitual; incluso he llegado a ver libros decorando tiendas de zapatos. Hasta ha surgido un t&eacute;rmino, 'hombre performativo', para designar a varones que utilizan una est&eacute;tica asociada a una nueva masculinidad feminista, y que se dejan ver en p&uacute;blico leyendo libros, sobre todo de autoras.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, creo que el punto m&aacute;s interesante del caso Mar&iacute;a Pombo no est&aacute; en debatir las virtudes &eacute;ticas de la literatura ni en valorar cu&aacute;l es la cantidad recomendable de libros que hay que tener en casa, sino, m&aacute;s bien, reflexionar acerca de qu&eacute; nos dice la queja de la <em>influencer</em> sobre la presencia cada vez m&aacute;s importante de la literatura en redes sociales y en el espacio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        En 2017, la fil&oacute;sofa catalana Marina Garc&eacute;s public&oacute; en Anagrama el ensayo breve <em>Nueva ilustraci&oacute;n radical</em>. Garc&eacute;s plantea que el mundo contempor&aacute;neo es radicalmente antiilustrado: en lo pol&iacute;tico crece cada vez m&aacute;s el deseo de autoritarismo, en lo cultural, el repliegue identitario y el regreso de valores tradicionales, y, en el plano de las ideas, un mayor cuestionamiento de los consensos cient&iacute;ficos. Seg&uacute;n Garc&eacute;s, &ldquo;la educaci&oacute;n, el saber y la ciencia se hunden tambi&eacute;n hoy en un desprestigio del que solo puede salvarse si se muestran capaces de ofrecer soluciones&rdquo;. Si nos fijamos en el peso que tienen en las principales cadenas de librer&iacute;as las estanter&iacute;as de crecimiento personal, autoayuda y espiritualidad, econom&iacute;a y finanzas, entre otras, nos damos cuenta de que efectivamente, como en muchos otros &aacute;mbitos de la vida, la literatura se ha visto atravesada en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas por una visi&oacute;n utilitarista: leemos porque ese libro nos aporta/ayuda/aconseja algo, y no tanto por el simple hecho de leer, porque leer nos entretiene, o nos incomoda, o nos interroga, o nos obsesiona, como cuenta la escritora Luna Miguel en <em>Leer mata</em> (La Caja Books, 2022).
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n Mar&iacute;a Pombo con la lectura, como ella dice, es pragm&aacute;tica, utilitaria. Tambi&eacute;n la de mucha otra gente, como bien identific&oacute; Marina Garc&eacute;s en su ensayo de 2017. Sin embargo, considero que este diagn&oacute;stico, que explica bien c&oacute;mo la lectura ha dejado de ser un valor en s&iacute; mismo para convertirse en una actividad que nos provee de &ldquo;valor a&ntilde;adido&rdquo;, puede aceptar algunos matices, especialmente si observamos lo que est&aacute; pasando con la literatura y la lectura en nuestros d&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Como escribe Irene Cuevas en <a href="https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2025/09/08/68befba3e4d4d8c0048b4577.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Mundo</a>, vivimos una fiebre lectora. Un d&iacute;a aparece Dua Lipa recomendando <em>La mala costumbre</em> de Alana S. Portero, otro d&iacute;a Rosal&iacute;a comparte <em>Agua y jab&oacute;n, </em>de Marta D. Riezu, H&eacute;ctor Beller&iacute;n, el futbolista, sube un post con sus &uacute;ltimas lecturas, y hasta Zara saca una camiseta con el eslogan &ldquo;reading es sexy&rdquo;. Leer est&aacute; de moda y lo podemos comprobar en las redes sociales, donde cada vez encontramos m&aacute;s contenido de literatura, cuentas de recomendaciones de libros, librer&iacute;as con miles de seguidores&hellip; Pero tambi&eacute;n fuera de las redes. En Murcia las presentaciones de libros, como las que organiza la librer&iacute;a de segunda mano <em>Libros Traperos</em>, suelen estar llenas, con una programaci&oacute;n semanal de gran calidad. El <a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/demoleer-consolida-murcia-festival-literatura-feminista-frescos-radicales-espana_1_12282170.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">festival de literatura feminista </a><a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/demoleer-consolida-murcia-festival-literatura-feminista-frescos-radicales-espana_1_12282170.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Demoleer</em></a><em>, </em>acogi&oacute; en su segunda edici&oacute;n el pasado mayo en la biblioteca regional a m&aacute;s de 400 personas, con la participaci&oacute;n de autoras de primer nivel. Incluso, hace unos d&iacute;as, la apertura de una nueva librer&iacute;a en el centro de la ciudad,<a href="https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/lola-consuegra-librera-27-anos-literatura-murcia-todavia-huele-rancio_128_12591895.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/lola-consuegra-librera-27-anos-literatura-murcia-todavia-huele-rancio_128_12591895.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El faro de Lola</em></a><a href="https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/lola-consuegra-librera-27-anos-literatura-murcia-todavia-huele-rancio_128_12591895.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> provoc&oacute; unas colas en la calle bastante llamativas.
    </p><p class="article-text">
        La literatura hoy, adem&aacute;s de ser un acto individual se ha convertido en un acto social, y en esa transformaci&oacute;n tiene mucho que ver el feminismo. La mayor parte de la gente que crea y consume contenido literario son mujeres, y buena parte de ese contenido (no todo, naturalmente) recupera y reivindica literatura escrita por mujeres. Es verdad que por lo general siempre han sido mujeres las que han visitado clubes de lectura, pero la novedad de los &uacute;ltimos a&ntilde;os es la significativa cantidad de chicas j&oacute;venes que acuden a este tipo de espacios. Espacios que te permiten compartir y multiplicar la experiencia como lectora, como lector, en un ambiente de mayor seguridad en t&eacute;rminos de g&eacute;nero y clase social, a diferencia de los espacios acad&eacute;micos y otros m&aacute;s formales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, el comentario de Mar&iacute;a Pombo, diciendo que &ldquo;leer no os hace mejores&rdquo;, adem&aacute;s de ser una queja ante cr&iacute;ticas realmente simplonas, tiene tambi&eacute;n que ver, creo, con que la literatura se ha puesto de moda y se ha convertido en algo deseable, modificando el tipo de contenido que se crea y consume en redes. Como dice Irene Cuevas en su columna, quiz&aacute; alguien que lleva toda la vida intentando estar a la moda y vive de eso, como Mar&iacute;a Pombo, puede que no lo est&eacute; encajando del todo bien. Y deber&iacute;amos alegrarnos de que el <em>lifestyle</em> pijo deje de ser el &uacute;nico horizonte est&eacute;tico y moral dentro y fuera de las redes.
    </p><p class="article-text">
        (P.S. sobre libros y zapatos: ser&iacute;a interesante que, en lugar de libros decorando zapater&iacute;as, existiese una verdadera zapater&iacute;a-librer&iacute;a donde los zapatos se organizaran seg&uacute;n escritores: zapatos b&aacute;sicos negros de empleado de seguros, estilo Kafka, esa estanter&iacute;a; zapatos bajos de color burdeos con un poco de tac&oacute;n, tipo Isabel Allende, por all&iacute;; unas Dr. Martens negras, de cuero, a lo Gabriela Wiener, en ese pasillo. Yo buscar&iacute;a unas zapatillas cl&aacute;sicas Adidas, negras y con la suela marr&oacute;n, estilo Joseda Espejo).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/maria-pombo-revival-literario_132_12620554.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 04:01:43 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[“Y tú, ¿dónde viajas estas vacaciones?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/viajas-vacaciones_132_12545463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/721f60e6-527d-479f-a3d4-ebe034cba82f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Y tú, ¿dónde viajas estas vacaciones?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Son interesantes este tipo de posturas que nos invitan al descanso, a la pereza, a no tener vergüenza en decir que este verano "no hago nada"</p></div><p class="article-text">
        A comienzos de agosto, un fragmento de la entrevista al c&oacute;mico murciano Miguel Maldonado en el p&oacute;dcast <em>Saldremos mejores</em>, conducido por In&eacute;s Hernand y Nerea P&eacute;rez, se comparti&oacute; bastante en redes. Maldonado, con su habitual tono donde reflexiones afiladas se camuflan en medio de sarcasmos y chascarrillos, reivindicaba no viajar en vacaciones: &ldquo;Hace ya a&ntilde;os que vengo reivindicando no viajar a no ser que haya un motivo de peso. (&hellip;) Ir a un sitio por ir a verlo es de mala educaci&oacute;n. Es una cosa rid&iacute;cula, absurda, all&iacute; molestas, adem&aacute;s contribuyes a que suban los precios del alquiler, de la hosteler&iacute;a&hellip; No hay que ir a los sitios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mi entorno me encuentro cada vez m&aacute;s gente que, incluso aunque pueda permit&iacute;rselo, decide no hacer un gran viaje en las vacaciones de verano. En algunos casos, esta postura antiviajera esconde en realidad una econom&iacute;a m&aacute;s ajustada de lo deseado y, muchas de las veces, se comparte en entornos de confianza, entre familiares o amigos, y no tanto en redes, donde los viajes por el mundo siguen siendo las <em>historias destacadas </em>de Instagram, aquello que permanece en nuestro perfil y define qui&eacute;nes somos.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la gran cantidad de <em>likes </em>al discurso de Maldonado nos habla de una nueva sensibilidad, un deseo de cambio y un cambio de deseo, es decir, un posible agotamiento de las pr&aacute;cticas de <em>ocio productivo </em>que han caracterizado, especialmente, a la generaci&oacute;n <em>millennial</em>. Una posible transici&oacute;n del FOMO (&ldquo;Fear of Missing Out&rdquo;) o miedo a perderse algo, al JOMO (&ldquo;Joy of Missing Out&rdquo;) o alegr&iacute;a de perderse algo.
    </p><p class="article-text">
        Antes que Maldonado, el director espa&ntilde;ol Jon&aacute;s Trueba intuy&oacute; algo de esto en su celebrada pel&iacute;cula <em>La virgen de agosto. </em>En esta pel&iacute;cula, Trueba cuenta la historia de una chica madrile&ntilde;a en la treintena que, sin otro plan mejor, se queda a pasar sus vacaciones de verano en Madrid, en ese Madrid t&oacute;rrido del que escapa todo el que puede. Trueba propone un descanso de Google Maps, Tripadvisor y la Lonely Planet, para revisitar la ciudad conocida, las calles de siempre, pero con otra mirada, otros ojos. Y muestra una paradoja: que un recorrido sin planificar y sin grandes expectativas por tu lugar de siempre puede llegar a sorprenderte y atravesarte igual o m&aacute;s que un viaje hiperplanificado por el sudeste asi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo de esta nueva inclinaci&oacute;n hacia la quietud y el descanso es el nuevo libro de Juan Evaristo Valls Boix, profesor de Filosof&iacute;a de la Cultura en la Universidad Complutense de Madrid, <em>El derecho a las cosas bellas. Vindicaci&oacute;n de la vida holgada </em>(Ariel, 2025). En este ensayo, Valls Boix reactualizada el provocativo libro de <em>El derecho a la pereza </em>de Paul Lafargue, publicado en Francia a finales del siglo XIX, y plantea una cr&iacute;tica mordaz al mantra de la productividad, la competitividad laboral y el crecimiento personal para defender la vida relajada, el bostezo y la decisi&oacute;n de parar.
    </p><p class="article-text">
        Dice el autor en una entrevista reciente para Vogue: &ldquo;Lo que vindica este ensayo es un derecho transversal al tiempo sin objeto. Al tiempo medido, no por su eficiencia, sino disfrutado en su curiosidad, en su exploraci&oacute;n, en su abandono&rdquo;. En el libro se cuestionan las narrativas sobre la identidad y la realizaci&oacute;n orientadas al trabajo y al ocio convertido en trabajo. El ensayo de Valls Boix viene a conectar con una cierta saturaci&oacute;n del discurso neoliberal que obliga al individuo a ser una empresa de s&iacute; mismo, donde el &eacute;xito laboral, la <em>gesti&oacute;n </em>emocional y la rutina f&iacute;sica funcionan como una suerte de autofabricaci&oacute;n de individuos preparados para rendir en todos los mercados, de trabajo, de consumo y en el social. Sirva como ejemplo el &eacute;xito de libros como los del fil&oacute;sofo coreano Byung-Chul Han, <em>La sociedad del cansancio </em>(2010) o <em>Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo</em>, de Eva Illouz (2007).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, no debe ser el trabajo ni el &aacute;mbito profesional el que nos defina como sujetos. Pero tampoco su contrario, esto es, el ocio convertido en un espacio a&uacute;n m&aacute;s competitivo y estresante que el trabajo, donde los viajes trufados de actividades y experiencias -socialmente valoradas- nos desgastan m&aacute;s que nuestra empresa.
    </p><p class="article-text">
        Son interesantes este tipo de posturas que nos invitan al descanso, a la pereza, a no tener verg&uuml;enza en decir que este verano &ldquo;no hago nada&rdquo;, aunque 'ese no hago nada' en realidad sean muchas cosas, menos planificadas, como cuidar o buscar planes por la ciudad, como hace la protagonista de <em>La virgen de agosto</em>. Y comprobar, por ejemplo, que tampoco Murcia se vac&iacute;a en agosto, que hay mucha gente que se queda y que merece seguir teniendo una m&iacute;nima oferta cultural y recreativa, lugares en los que poder resguardarse del calor y espacios que garanticen su bienestar en verano, como recordaba recientemente la soci&oacute;loga Marta Latorre en un <a href="https://www.laverdad.es/opinion/marta-latorre-catalan-agua-20250718010732-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> en La Verdad a prop&oacute;sito de las piscinas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n es importante no romantizar en exceso la actitud antiviajera, sobre todo si esconde una condici&oacute;n de privilegio de clase m&aacute;s que una revoluci&oacute;n perezosa. Para muchas familias de clase trabajadora las vacaciones, cuando las hubo, fueron la &uacute;nica oportunidad para romper moment&aacute;neamente con vidas repetitivas y agotadoras basadas en la explotaci&oacute;n laboral y el ocio en el hogar. Y para nosotros, sus hijos e hijas, poder coger un avi&oacute;n en verano y conocer otros lugares supuso un cambio sin precedentes, impensable para ellos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, es una estupidez hacer del trabajo, pero tambi&eacute;n del ocio convertido en trabajo, el centro de la valoraci&oacute;n de uno mismo y del otro, donde nuestras vacaciones compiten en publicaciones en las redes -unas m&aacute;s introspectivas, otras m&aacute;s ir&oacute;nicas, unas m&aacute;s constantes, otras m&aacute;s sutiles donde apenas se menciona el destino- que demuestran hasta qu&eacute; punto llevamos dentro el esp&iacute;ritu productivista y no sabemos descansar. Pero tampoco conviene olvidar de d&oacute;nde venimos, saber que hasta hace muy poco moverse era un privilegio de unos pocos, y que no siempre el desplazamiento tiene que ser una experiencia consumista y depredadora. Que as&iacute; sea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/viajas-vacaciones_132_12545463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Aug 2025 04:02:01 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Torre Pacheco y la 'underclass']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/torre-pacheco-underclass_132_12505722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e31596f-3107-4016-9124-9236f911fdba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Torre Pacheco y la &#039;underclass&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Creo que el caso de Torre Pacheco demuestra uno de los grandes éxitos de la ultraderecha, haber conseguido imponer un marco de discusión del que es muy difícil salir: la vinculación entre la inseguridad vecinal y los hijos de familias migrantes</p></div><p class="article-text">
        Lo sucedido en Torre Pacheco ha vuelto a situar en el debate p&uacute;blico a los j&oacute;venes de origen migrante. En la prensa escrita, desde el inicio de los acontecimientos, han ido apareciendo varios art&iacute;culos centrados en estos j&oacute;venes. Es el caso, por ejemplo, del escritor Arturo P&eacute;rez Reverte, que en una columna reciente opinaba sobre lo sucedido alertado del problema que representan los hijos de la inmigraci&oacute;n marroqu&iacute; o argelina para nuestra sociedad. En paralelo a este tipo de textos, cargados de estereotipos y alarma social, hemos le&iacute;do otro tipo de repotajes que, con mucha mejor intenci&oacute;n, han tratado tambi&eacute;n de responder a la pregunta de &ldquo;&iquest;qu&eacute; pasa con los hijos de inmigrantes?&rdquo; Es sobre este segundo tipo de art&iacute;culos, m&aacute;s emp&aacute;ticos y cr&iacute;ticos con la situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n inmigrante en la Regi&oacute;n de Murcia, sobre los que me gustar&iacute;a llamar la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En estas columnas y reportajes de denuncia es habitual encontrar palabras como &ldquo;desarraigo&rdquo;, &ldquo;marginaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;fracaso&rdquo;, &ldquo;abandono&rdquo;. Es decir, el imaginario de la exclusi&oacute;n social referida a poblaciones concretas que habitan en espacios concretos. Al encontrarme con este enfoque de la exclusi&oacute;n me ven&iacute;an a la mente las advertencias que el soci&oacute;logo franc&eacute;s L&ouml;ic Wacquant hizo hace unos a&ntilde;os a quienes informaban sobre las periferias urbanas. Su cr&iacute;tica, fundamentalmente, consist&iacute;a en, por un lado, cuestionar la noci&oacute;n de <em>underclass</em> (&ldquo;infraclase&rdquo;) para hablar del proletariado urbano afroamericano o de origen migrante, y, por otro lado, advertir del peligro de importar la noci&oacute;n de gueto desde EE.UU. para explicar otras periferias urbanas (francesas, fundamentalmente). 
    </p><p class="article-text">
        En sociolog&iacute;a est&aacute; muy superado el concepto de gueto como analizador de contextos urbanos europeos, poniendo de manifiesto el racismo que se esconde detr&aacute;s del uso p&uacute;blico que se hace de esta categor&iacute;a. &iquest;Pero qu&eacute; pasa con la noci&oacute;n de <em>underclass</em>? En un libro de 2024 (El diablo en la ciudad; Siglo XXI) Wacquant rastrea la g&eacute;nesis de este t&eacute;rmino, muy utilizado en EE.UU. entre la d&eacute;cada de los 70 y los 90, tanto en medios como en la academia, tras los disturbios en Nueva York en 1977. Seg&uacute;n el autor, a finales de los a&ntilde;os setenta se empieza a hablar de un nuevo &laquo;animal urbano&raquo;, una &laquo;minor&iacute;a en el seno de una minor&iacute;a&raquo;, instalada en las periferias de las grandes ciudades norteamericanas y que coloniza el debate p&uacute;blico: la <em>underclass</em>. El concepto serv&iacute;a para explicar el surgimiento del precariado urbano negro y la descomposici&oacute;n social del gueto. En cambio, seg&uacute;n Wacquant, el uso de esta categor&iacute;a respond&iacute;a m&aacute;s a los p&aacute;nicos morales y racistas de las clases medias estadounidenses.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a el concepto <em>underclass</em> apenas se ha utilizado en la academia o en los medios de comunicaci&oacute;n. Sin embargo, lo ocurrido en Torre Pacheco ha permitido descubrir enfoques similares al informar sobre los hijos de origen migrante que viven en zonas agr&iacute;colas, incluso en la prensa m&aacute;s comprometida. Una similitud que se basa, principalmente, en la idea de que estos j&oacute;venes forman una suerte de subclase (&ldquo;una minor&iacute;a dentro de una minor&iacute;a&rdquo;), articulada sobre ciertas caracter&iacute;sticas sociales compartidas: origen marroqu&iacute;, familia asalariada agr&iacute;cola, desarraigo y exclusi&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la prensa m&aacute;s conservadora, este marco se utiliza para destacar los comportamientos &ldquo;antisociales&rdquo; de estos j&oacute;venes-hijos, que son vistos como un nuevo sujeto urbano amenazante y expulsable. En el caso de la prensa m&aacute;s progresista, esta perspectiva sirve para denunciar las dificultades de las familias migrantes para garantizar a sus hijos unas condiciones de vida dignas, v&iacute;ctimas de un sistema socio-productivo que favorece la &ldquo;marginaci&oacute;n social&rdquo; y la prolongaci&oacute;n de la condici&oacute;n migrante en sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque vistos desde otra luz, en los art&iacute;culos de denuncia estos j&oacute;venes se representan, por lo general, de manera homog&eacute;nea en narraciones que sirven para hablar del sistema dominante que se critica, pero no de ellos. Una aproximaci&oacute;n que, si bien es &uacute;til para tomar conciencia de la insostenibilidad social del campo murciano, genera algunos problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Primero, estos art&iacute;culos tienden a poner el foco en los j&oacute;venes de origen migrante como un nuevo problema p&uacute;blico (de desatenci&oacute;n, de desarraigo, de marginaci&oacute;n), presentados como una &ldquo;subclase&rdquo; desligada del resto de j&oacute;venes de clase trabajadora de municipios agr&iacute;colas con los que comparten ciertas necesidades y demandas. Segundo: la separaci&oacute;n simb&oacute;lica de los j&oacute;venes de origen migrante con respecto a su contexto social de referencia, enfatiza su necesidad de asimilaci&oacute;n/integraci&oacute;n, en lugar de pensar, desde otra perspectiva, el modo a trav&eacute;s del cual construimos sociedades integradas, no colectivos integrables. Tercero: muchos de estos art&iacute;culos hacen un uso retirado de ciertos imaginarios medi&aacute;ticos de la marginalidad urbana europea (Francia, Reino unido), ligados a otros &ldquo;j&oacute;venes-hijos&rdquo; de la migraci&oacute;n, que por el momento confunden m&aacute;s que explican. Y, por &uacute;ltimo, estos reportajes tienen el peligro de favorecer un &ldquo;efecto arrastre&rdquo; para las ciencias sociales m&aacute;s perezosas del trabajo emp&iacute;rico sobre el terreno, que pueden asumir e incorporar ciertas ideas bienintencionadas pero prefabricadas sobre los sujetos y sus pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        Creo que el caso de Torre Pacheco demuestra uno de los grandes &eacute;xitos de la ultraderecha, haber conseguido imponer un marco de discusi&oacute;n del que es muy dif&iacute;cil salir: la vinculaci&oacute;n entre la inseguridad vecinal y los hijos de familias migrantes, especialmente marroqu&iacute;es y argelinas, considerados un grupo espec&iacute;fico, homog&eacute;neo. Una asociaci&oacute;n sobre la que hay que salir al paso para desmentir o explicar, sin duda, pero que define el car&aacute;cter de la discusi&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s de lo que pensamos.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, existen muchas y buenas excepciones a estos problemas de enfoque. Tambi&eacute;n en estos &uacute;ltimos d&iacute;as hemos podido leer piezas period&iacute;sticas que, si bien hacen una cr&iacute;tica de los elementos espec&iacute;ficos que afectan a los j&oacute;venes de origen migrante de &aacute;reas agr&iacute;colas, no reproducen una imagen esencialista y miserabilista de estos. 
    </p><p class="article-text">
        Todo texto que denuncie una cacer&iacute;a organizada y legitimada pol&iacute;ticamente como la que hemos presenciado en Torre Pacheco es un aporte positivo. Sin embargo, corremos el riesgo de reproducir ciertas im&aacute;genes que, cargadas de buena voluntad, son malas radiograf&iacute;as de lo social. Hagamos el esfuerzo por elaborar relatos m&aacute;s justos, matizados y &uacute;tiles de la sociedad, aunque la urgencia de los tiempos actuales lo haga m&aacute;s dif&iacute;cil. Ahora es quiz&aacute; m&aacute;s importante que nunca.
    </p><p class="article-text">
        <em>Miguel &Aacute;ngel S&aacute;nchez es soci&oacute;logo e investigador en el Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad de Murcia. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Sánchez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Aug 2025 04:00:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Torre Pacheco y la 'underclass']]></media:title>
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