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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Gil]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-gil/]]></link>
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      <title><![CDATA[24 años, una vida en azulgrana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/24-anos-vida-azulgrana_132_12571659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0e81b37-36bb-4723-b958-6c6fd7576803_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124948.jpg" width="1067" height="600" alt="24 años, una vida en azulgrana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Una parte de mí sigue sintiendo que mañana volveré al Buesa Arena, que entraré en el vestuario con mi carpeta de scouting, que me sentaré junto al resto del staff para preparar el próximo rival. Pero no. Esta etapa ha llegado a su final"</p><p class="subtitle">David Gil: "Los valores del deporte están en el patio del colegio"</p></div><p class="article-text">
        Han pasado 24 a&ntilde;os&hellip; y todav&iacute;a me cuesta creer que escriba estas l&iacute;neas en pasado. Una parte de m&iacute; sigue sintiendo que ma&ntilde;ana volver&eacute; al Buesa Arena, que entrar&eacute; en el vestuario con mi carpeta de&nbsp;scouting, que me sentar&eacute; junto al resto del staff para preparar el pr&oacute;ximo rival. Pero no. Esta etapa ha llegado a su final. Y quiero despedirme como se merece: con gratitud, con emoci&oacute;n y con la memoria llena de momentos imborrables.
    </p><p class="article-text">
        Llegu&eacute; en la temporada 2001 para formar parte de la cantera&hellip; y en 2003 di el salto al primer equipo de mi ciudad, con la ilusi&oacute;n de un ni&ntilde;o que entra en un sue&ntilde;o. Recuerdo aquel primer d&iacute;a: el olor caracter&iacute;stico de la pista, el murmullo de los balones botando, las caras de los jugadores que hasta entonces hab&iacute;a visto por la tele. Me temblaban las manos&hellip; y no era por el fr&iacute;o de Vitoria&hellip; ni del Buesa Arena.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos a&ntilde;os, he tenido la fortuna de aprender de entrenadores que marcaron mi vida.
    </p><p class="article-text">
        Dusko Ivanovic&nbsp;me ense&ntilde;&oacute; que la exigencia no se negocia y que la b&uacute;squeda de la excelencia es un camino constante. Recuerdo una noche de partido donde todo parec&iacute;a perdido; Dusko, firme pero calmado, nos record&oacute; cada detalle que hab&iacute;amos entrenado. Esa victoria, improbable para muchos, se siente hoy como un triunfo del trabajo bien hecho, y su rigor qued&oacute; grabado en m&iacute; para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Velimir Perasovic&nbsp;me mostr&oacute; que la intensidad puede convertirse en arte. Nunca olvidar&eacute; aquel entrenamiento en el que no solo nos exigi&oacute; f&iacute;sica y t&aacute;ctica, sino que nos ense&ntilde;&oacute; a leer cada reacci&oacute;n del rival, cada movimiento sutil. Su pasi&oacute;n contagiosa hac&iacute;a que cada segundo contara, y aprend&iacute; que no se trata solo de jugar, sino de sentir cada instante del juego.
    </p><p class="article-text">
        Bozidar Maljkovic&nbsp;me ense&ntilde;&oacute; a ver el baloncesto como un todo, no como piezas sueltas. Un d&iacute;a me pidi&oacute; analizar un partido entero desde la perspectiva de los peque&ntilde;os detalles: c&oacute;mo respiraba el equipo, c&oacute;mo reaccionaba la defensa. Su mirada profunda sobre el juego y la vida me hizo comprender que el baloncesto es tambi&eacute;n filosof&iacute;a, y tenerlo cerca fue un privilegio que nunca olvidar&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Neven Spahija&nbsp;me dio algo que pocos entrenadores saben dar: confianza. Me escuch&oacute;, me dio responsabilidades y me trat&oacute; como igual. Recuerdo largas conversaciones tras los entrenamientos, hablando de jugadas, pero tambi&eacute;n de la vida, de c&oacute;mo manejar un vestuario o motivar a un jugador t&iacute;mido. Esa confianza no solo me hizo crecer como profesional, sino como persona.
    </p><p class="article-text">
        He tenido tantos maestros a lo largo de estos a&ntilde;os que quiero recodarles brevemente con lo que m&aacute;s me impact&oacute; de cada uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Pedro Mart&iacute;nez, un maestro en mover piezas en el momento exacto, experto y gran conocedor del baloncesto.&nbsp;Sergio Scariolo, un estratega. Sus planes de partido eran como guiones de cine. Su preparaci&oacute;n milim&eacute;trica me ha impactado y me la quedo para siempre.&nbsp;Sito Alonso, el creativo, su capacidad de adaptarse era &uacute;nica.&nbsp;Pablo Prigioni, el jugador que entend&iacute;a al entrenador. Compartir con &eacute;l el paso de la pista al banquillo fue especial. Siempre ve&iacute;a un &aacute;ngulo distinto en cada jugada.&nbsp;Marco Crespi, pura energ&iacute;a contagiosa, un apasionado de este deporte.&nbsp;Zan Tabak, trabajador y especialmente meticuloso con la defensa.&nbsp;Pablo Laso, sab&iacute;a romper la tensi&oacute;n del vestuario con un comentario r&aacute;pido que arrancaba una sonrisa incluso en el momento m&aacute;s complicado. Y eso, en baloncesto, es oro.&nbsp;Joan Pe&ntilde;arroya, un motivador. con pocas palabras y la mirada adecuada consegu&iacute;a que todos creyeran en el plan.&nbsp;Ib&oacute;n Navarro, le brillaban los ojos cuando hablaba de baloncesto. Con &eacute;l, cada entrenamiento era tambi&eacute;n una clase.&nbsp;Natxo Lezkano, exigente. Sab&iacute;a crear confianza sin perder autoridad y esa combinaci&oacute;n hac&iacute;a que el grupo respondiera.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a hablar de t&iacute;tulos &mdash;tres Ligas ACB, tres Copas del Rey, cuatro Supercopas&mdash; o de las cinco Final Four de la Euroliga. Pero lo que m&aacute;s guardo no son los trofeos, sino las historias que hay detr&aacute;s: los viajes interminables, las cenas tras una gran victoria, las bromas que solo entiende quien ha estado all&iacute; cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo una noche, despu&eacute;s de un partido dur&iacute;simo, cuando todo el vestuario estaba exhausto. Un jugador joven, que apenas hab&iacute;a tenido minutos, se acerc&oacute; y me dijo: &ldquo;Gracias por lo que me dijiste ayer, me ayud&oacute; a entrar con confianza&rdquo;. No ganamos un t&iacute;tulo esa noche, pero para m&iacute; fue una de las victorias m&aacute;s grandes de mi carrera.
    </p><p class="article-text">
        Baskonia tambi&eacute;n me dio la oportunidad de ense&ntilde;ar y aprender a la vez, formando a entrenadores y jugadores j&oacute;venes. Ver c&oacute;mo crecen, c&oacute;mo encuentran su voz en los banquillos, ha sido tan especial como ganar cualquier trofeo.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora, parafraseando las palabras de Daniela Luque en Linkedin, he tenido que perfeccionar el arte de despedirme. &ldquo;Y entender el poder de decir adi&oacute;s&hellip; Haz tus duelos, llora si hace falta. Pero mu&eacute;vete con la seguridad de que lo mejor est&aacute; por venir&rdquo;. Esa idea me acompa&ntilde;a mientras cierro esta puerta: dejar atr&aacute;s lo que fue la mejor etapa de mi vida para abrirme a lo que viene.
    </p><p class="article-text">
        Este agosto me dijeron que no seguir&iacute;a en el nuevo proyecto. Duele. Duele dejar un lugar donde pusiste el coraz&oacute;n cada d&iacute;a durante un cuarto de siglo. Pero me voy con la cabeza alta, sabiendo que lo di todo y con el alma llena de momentos que nunca se borrar&aacute;n de mi memoria.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a cada jugador, cada entrenador, cada compa&ntilde;ero del cuerpo t&eacute;cnico, cada persona de la oficina, a los aficionados que llenan el Buesa, a quienes me han parado por la calle para darme un apret&oacute;n de manos o un &ldquo;&aacute;nimo&rdquo; tras una derrota. Eskerrik asko, de coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; d&oacute;nde me llevar&aacute; el futuro, pero s&eacute; que el baloncesto seguir&aacute; siendo mi vida. Y aunque cambie de banquillo o de ciudad, lo que viv&iacute; en Baskonia siempre ser&aacute; parte de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Porque no han sido 24 a&ntilde;os de trabajo. Han sido 24 a&ntilde;os de vida. Sin punto y seguido.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora, con todo lo aprendido en la &eacute;lite m&aacute;s alta del deporte profesional, afronto este nuevo comienzo con ilusi&oacute;n, energ&iacute;a y la certeza de que lo mejor est&aacute; por venir. S&eacute; que cada reto que llegue lo vivir&eacute; con la misma pasi&oacute;n, dedicaci&oacute;n y entrega que me han acompa&ntilde;ado siempre.
    </p><p class="article-text">
        El futuro no es una inc&oacute;gnita que asusta, es un campo abierto lleno de oportunidades. Y estoy preparado para aprovecharlas todas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, seguir&eacute; compartiendo lo aprendido. Como cada semana, en mi blog, publicar&eacute; reflexiones y herramientas de coaching para la vida: ideas pr&aacute;cticas que nos ayudan a vivir con plenitud, a superar retos y a disfrutar del camino.
    </p><p class="article-text">
        Es mi manera de devolver todo lo que este deporte me ha ense&ntilde;ado y de seguir conectado con quienes quieran crecer y avanzar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Gil]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Sep 2025 19:45:29 +0000]]></pubDate>
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