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    <title><![CDATA[elDiario.es - Amaia González Llama]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/amaia-gonzalez-llama/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Amaia González Llama]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De los síntomas a las causas: pensar estructuralmente el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sintomas-causas-pensar-estructuralmente-capitalismo_132_13176441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3475379-2a6a-4496-a875-d2a44c04dd44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los síntomas a las causas: pensar estructuralmente el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El capitalismo, como todas las estructuras de dominación, ha naturalizado la dominación. Su forma de hacerlo es que nosotras, cada una de nosotras, mediante nuestra agencia cotidiana, la reproduzcamos incluso aunque nuestra intención sea la contraria"</p></div><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo propongo una mirada global al capitalismo desde las dos perspectivas imprescindibles para hablar de &eacute;l: la estructural y la interseccional. La perspectiva estructural es fundamental, porque el capitalismo es una estructura social, concretamente una estructura de dominaci&oacute;n; la perspectiva interseccional es fundamental, porque el capitalismo es el contenedor de los otros dos grandes sistemas de dominaci&oacute;n: el patriarcado y el colonialismo. Sin ellos el capitalismo no ser&iacute;a posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda aproximaci&oacute;n a los problemas sociales y sociol&oacute;gicos debe ir acompa&ntilde;ada de una mirada hacia las posibilidades de acabar con ellos. Y con el capitalismo no es menos. Aunque nos cueste, porque el &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; construido por &eacute;l mismo nos haya capado la imaginaci&oacute;n y el atrevimiento, siempre debemos aspirar a acabar con &eacute;l. Por eso, el objetivo final de este texto es pensarnos cada una de nosotras como agentes de cambio, como personas con la responsabilidad individual de 'no colaborar'<em> </em>con las din&aacute;micas sociales que naturalizan la violencia y la exclusi&oacute;n, con la responsabilidad de 'interrumpir', como dice <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BP5fdL96X3E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Imanol Zubero</a>. Estar un poco m&aacute;s cerquita de comprender que el cambio solo puede ocurrir si ocurre en nosotras, en nosotras con otras, claro.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Las estructuras sociales de dominaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las principales estructuras sociales en las que desarrollamos nuestras vidas son la patriarcal, la colonial y la capitalista. La patriarcal se basa en el privilegio masculino, la colonial en el privilegio blanco y la capitalista en el privilegio de clase. Y aqu&iacute;, al hablar de privilegios, entramos en la cuesti&oacute;n central: las estructuras sociales en las que nos desarrollamos son estructuras sociales de dominaci&oacute;n. Y esto debemos decirlo y escribirlo siempre: la palabra &ldquo;dominaci&oacute;n&rdquo; es esencial en toda descripci&oacute;n de las estructuras sociales que nos constituyen. Debemos nombrarla si queremos ser rigurosas en nuestros an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; vinculamos privilegio a dominaci&oacute;n? Porque el privilegio es algo cuyo ejercicio siempre es sobre otras personas o seres. Ejercer los privilegios que nos otorgan las estructuras sociales es ejercer violencia m&aacute;s o menos sutil. Hoy, aqu&iacute;, comprar una prenda de ropa nueva es, casi con total seguridad, estar ejerciendo el privilegio blanco o colonial, porque, normalmente, esa prenda est&aacute; fabricada en territorios donde los derechos humanos son vulnerados. Podr&iacute;amos hablar tambi&eacute;n aqu&iacute; de antropocentrismo, de privilegio antropoc&eacute;ntrico, porque la fabricaci&oacute;n de esa prenda requiere una enorme cantidad de recursos naturales no humanos.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo, como todas las estructuras de dominaci&oacute;n, ha naturalizado la dominaci&oacute;n. Su forma de hacerlo es que nosotras, cada una de nosotras, mediante nuestra agencia cotidiana, la reproduzcamos incluso aunque nuestra intenci&oacute;n sea la contraria. Hemos naturalizado los privilegios de clase, g&eacute;nero y origen, y esto es muy importante saberlo y asumirlo, porque solo as&iacute; podremos estar lo suficientemente atentas a los que se nos otorgan y a los que ejercemos. Y solo as&iacute; podremos plantearnos dejar de ejercerlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reni Eddo-Lodge, escritora inglesa de madre nigeriana, en su libro 'Por qu&eacute; no hablo con blancos sobre racismo', define el privilegio blanco como la ausencia de consecuencias negativas del racismo. Lo mismo ocurre con el privilegio masculino, es la ausencia de consecuencias negativas del machismo, y con el privilegio de clase, que es la ausencia de consecuencias negativas del clasismo. Son ausencias. &iquest;Y c&oacute;mo combatimos ausencias? Ah&iacute; est&aacute; la clave: solo con intenci&oacute;n y mucha atenci&oacute;n al impacto que nuestros actos cotidianos tienen en nuestro entorno y en el resto del mundo. Debemos recordar siempre, y me repito: un privilegio solo puede ser ejercido a costa de una peor posici&oacute;n de otra persona o colectivo.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; es el capitalismo?</h2><p class="article-text">
        El capitalismo es una estructura social de dominaci&oacute;n. Es un sistema siempre feroz, can&iacute;bal, como dice Nancy Fraser; es homicida, suicida, carn&iacute;voro, como dice Francesca Grazoli; es excluyente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo es un sistema de ideas, es una ideolog&iacute;a. La econom&iacute;a capitalista es una forma, en base a una ideolog&iacute;a, de administrar los bienes de una sociedad. Pero para que un sistema econ&oacute;mico se instale y funcione es necesario un ecosistema propio. Para que exista el capitalismo debemos vivir en sociedades capitalistas. Por lo tanto, una de las tareas principales de esta estructura de dominaci&oacute;n, como del resto, es su propia supervivencia, su propia reproducci&oacute;n. Y eso se realiza mediante la producci&oacute;n de sentido y de deseo. El capitalismo necesita producir y reproducir un &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; que legitime su existencia. Necesita que el conjunto de la sociedad, que es explotada y expropiada, asuma como aceptable su existencia y sus din&aacute;micas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su libro 'Capitalismo can&iacute;bal'<em>, </em>Nancy Fraser propone el t&eacute;rmino 'can&iacute;bal', porque, entre otras cosas, el capitalismo devora su propia base social, una base social, por cierto, que &eacute;l no produce: no produce personas, pero se las come, no produce territorio, pero se lo come, no produce vida animal ni vegetal de ning&uacute;n tipo, pero se la come. Utiliza recursos extraecon&oacute;micos y no devuelve nada, roba vida y provoca muerte. No debemos caer en el error de creer que el capitalismo es una realidad solo econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes he dicho que el capitalismo es una forma de administrar los bienes de una sociedad en base a una ideolog&iacute;a. Voy a matizar aqu&iacute; que los bienes de una sociedad son materiales e inmateriales. El capitalismo, el patriarcado y el colonialismo deciden, adem&aacute;s, c&oacute;mo se administran los bienes inmateriales de la sociedad: el respeto, la dignidad, el poder, la educaci&oacute;n, la credibilidad. Esta &uacute;ltima es fundamental para crear un sentido com&uacute;n excluyente. Por ello, nuestras vidas transcurren principalmente bajo el mandato de tres tipos de econom&iacute;a de la credibilidad: la econom&iacute;a machista de la credibilidad, la econom&iacute;a racista de la credibilidad y la econom&iacute;a clasista de la credibilidad. Esto hace que, a grandes rasgos y utilizando un imaginario binario, el reparto de la credibilidad quede as&iacute;: creemos menos a una mujer que a un hombre; creemos menos a una persona racializada que a una persona blanca; y creemos menos a una persona empobrecida que a una persona enriquecida. Esta idea es de Miranda Fricker y la pod&eacute;is encontrar desarrollada en su libro 'Injusticia epist&eacute;mica'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las caracter&iacute;sticas principales de las sociedades capitalistas es el papel distintivo de los mercados. Los mercados siempre han existido a lo largo de la vida humana incluso en las sociedades no capitalistas; sin embargo, en el capitalismo, el mercado se distingue porque asume la funci&oacute;n clave de plantear y responder las preguntas fundamentales respecto del modo en que las personas deseamos vivir: d&oacute;nde invertimos nuestras energ&iacute;as colectivas, c&oacute;mo nos proponemos equilibrar el &ldquo;trabajo productivo&rdquo; con la vida familiar, qu&eacute; ocio construimos, c&oacute;mo nos relacionamos con la naturaleza no humana, c&oacute;mo queremos que las generaciones futuras se relacionen con ella, qu&eacute; gesti&oacute;n de la vivienda consideramos aceptable, etc. En definitiva, quedan en manos de las &ldquo;fuerzas del mercado&rdquo; las decisiones m&aacute;s importantes de la vida. Esta es, como asegura Nancy Fraser, la caracter&iacute;stica m&aacute;s relevante y perversa del capitalismo: &ldquo;el hecho de ceder las cuestiones m&aacute;s decisivas a un mecanismo orientado a la expansi&oacute;n cuantitativa del valor monetizado, que es cong&eacute;nitamente indiferente a los indicadores cualitativos de riqueza social y bienestar humano&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los mercados est&aacute;n en el centro del funcionamiento del capitalismo, pero no debemos confundir esto con la idea de que todo est&aacute; mercantilizado. El mercado parece ocuparlo todo, pero tambi&eacute;n necesita que haya espacios no mercantilizados. El ejemplo m&aacute;s claro es el trabajo asalariado, que no podr&iacute;a sostenerse sin el trabajo dom&eacute;stico, la crianza, la educaci&oacute;n, el cuidado emocional y muchas otras actividades que permiten formar nuevas generaciones de trabajadores y mantener a las actuales, adem&aacute;s de sostener los lazos sociales y los marcos compartidos de sentido. De este modo, al igual que la llamada &ldquo;acumulaci&oacute;n originaria&rdquo;, la reproducci&oacute;n social constituye una condici&oacute;n esencial para que la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as sea posible.
    </p><p class="article-text">
        Para el capitalismo y su herramienta principal, el mercado, siempre debe haber expropiaci&oacute;n de recursos, es decir, robo (matiz: no siempre la expropiaci&oacute;n es robo, en el caso del capitalismo, s&iacute;, porque su objetivo es empobrecer a muchas para enriquecer a unos pocos). Esos recursos que extrae son el trabajo de cuidados, tierras, cuerpos, ideas, creatividad, principios &eacute;ticos y morales, etc. Necesita robar todo eso para hacerlo suyo y, entonces s&iacute;, adaptarlo a la forma del mercado y transformarlo en producto. Y, por supuesto, quitar todo viso revolucionario. Uno de los slogans publicitarios que m&aacute;s me impact&oacute; hace unos a&ntilde;os fue el que vi en el escaparate del Corte Ingl&eacute;s de cara al 8M: &ldquo;joyas para la igualdad&rdquo;. Es obsceno. La industria de la joyer&iacute;a es una de las que mayor explotaci&oacute;n, desigualdad y muerte genera. Esto es un uso del feminismo para quitarle valor y para ganar dinero. Y aunque ganar dinero es un objetivo importante para el capitalismo, tambi&eacute;n lo es vaciar de contenido el feminismo, un movimiento emancipador que lucha contra l&oacute;gicas como las del mercado. El feminismo es anticapitalista.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los afectos, por ejemplo, jam&aacute;s ser&aacute;n mercantilizados. Y no es solo porque eso es imposible, sino porque al mercado le interesa que cuidemos a otras por amor (esto est&aacute; relacionado con lo que hemos dicho sobre el trabajo asalariado), pero, adem&aacute;s necesita que veamos este acto de amor como un sacrificio, que veamos como sacrificio el acto de amor de cuidar, que es reproducir la vida. Y lo consigue haciendo: 1) que el trabajo sea la base de la supervivencia (sin trabajo no tienes salario y no comes); 2) que el empleo ocupe tu vida y tu salud trabajando un n&uacute;mero de horas inaceptable en condiciones inaceptables; y 3) que el trabajo asalariado sea una de las fuentes de tu superaci&oacute;n personal y tu emancipaci&oacute;n (esto en el caso de quienes tienen trabajos cualificados). Y en relaci&oacute;n a todo esto, no podemos elegir: o trabajas o cuidas. Las pol&iacute;ticas de conciliaci&oacute;n no funcionan completamente ni para todas porque son construidas bajo las bases ideol&oacute;gicas de las estructuras de dominaci&oacute;n; por lo tanto, todas sus soluciones pasan por salvar las estructuras, no por deshacer sus bases. Recordemos que las estructuras sociales se reproducen a s&iacute; mismas continuamente mediante instituciones y personas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Contra el deseo impuesto</h2><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute;n tambi&eacute;n las grietas del sistema. En lo no mercantilizado. Debemos hacernos fuertes e impedir que nadie se aproveche de algo tan potente y bello como amar a otros seres y al entorno. No podemos dejar que nuestro amor por la naturaleza se convierta en un viaje a EEUU a ver secuoyas. Aqu&iacute;, en este viaje, en la comida que al parecer no podemos dejar de comer (carne, alcohol, aguacates, soja, pescado, etc.), en el ocio cotidiano, en las cuestiones est&eacute;ticas, en la ropa que compramos o no compramos, etc. En todo esto y m&aacute;s se cuela la construcci&oacute;n capitalista del deseo. Siempre, recordemos, en colaboraci&oacute;n con el patriarcado y el colonialismo. &iquest;C&oacute;mo son nuestras vacaciones? &iquest;Nuestros fines de semana? &iquest;D&oacute;nde deseamos vivir? &iquest;Nos vamos a hipotecar? &iquest;Vamos a vivir en comunidad? &iquest;Qu&eacute; comemos? &iquest;Qu&eacute; ropa compramos? &iquest;Seguimos comprando ropa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe una cadena global de sufrimiento que empieza en nuestras decisiones en esta parte de mundo y termina en el asesinato por inanici&oacute;n en otros territorios. Esto lo hemos visto muy claro con el genocidio del pueblo palestino: hemos hablado y practicado boicot mediante el consumo. Y lo hemos hecho porque somos conscientes de que esa cadena de sufrimiento existe. &iquest;Por qu&eacute; nos detenemos ah&iacute;? &iquest;Qu&eacute; hay del resto de sufrimientos? Hemos dicho que necesitamos asumir que tenemos y ejercemos privilegios y que debemos estar muy atentas para no seguir haci&eacute;ndolo en nuestra cotidianidad. Para eso, debemos respondernos a estas y otras muchas preguntas. La no colaboraci&oacute;n con el sistema en nuestra cotidianidad es fundamental y debe ir siempre acompa&ntilde;ada de una colectivizaci&oacute;n de la misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo necesita que pensemos m&aacute;s en su propio beneficio que en el nuestro, necesita que pongamos lo productivo por delante de lo reproductivo, que entendamos que la producci&oacute;n de muerte tiene m&aacute;s sentido que la producci&oacute;n de vida. Para eso, una de las cosas que hace es generar deseos haci&eacute;ndolos pasar por necesidades. Ojo con lo que deseamos, porque cuando hablamos de deseos construidos por el capitalismo hablamos de qu&eacute; vidas importan m&aacute;s que otras. Cuando mi 'necesidad' es a costa de la explotaci&oacute;n de otras, estamos aceptando impl&iacute;citamente que las vidas de esas personas importan menos que las nuestras. Judit Butler lo expresa muy bien en su libro 'Marcos de guerra', cuando habla de vidas que merecen ser lloradas y vidas que no lo merecen.
    </p><p class="article-text">
        En su precioso libro 'Refugio', Terry Tempest Williams escribe una frase que describe a la perfecci&oacute;n qu&eacute; es el capitalismo y, en general cualquier estructura de dominaci&oacute;n. Refiri&eacute;ndose a las consecuencias de los ensayos nucleares en el desierto de Nevada, cerca de donde ella y much&iacute;simas especies animales viven, dice lo siguiente: &ldquo;Cuando la Comisi&oacute;n de la Energ&iacute;a At&oacute;mica describi&oacute; el territorio al norte de los campos de pruebas de Nevada como 'desierto virtualmente deshabitado', mi familia y las aves del Gran Lago Salado &eacute;ramos algunos de esos 'deshabitantes virtuales'&rdquo;. Y es que para el capitalismo somos eso: deshabitantes virtuales, despersonas virtuales, desanimales virtuales, desnaturaleza virtual.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La responsabilidad individual colectivizada</strong></h2><p class="article-text">
        La no colaboraci&oacute;n es necesaria y, creo, deber&iacute;a ser la base &eacute;tica y pol&iacute;tica de todas las entidades y personas que trabajamos por la justicia social. &iquest;Cu&aacute;les son las l&iacute;neas rojas de las entidades a las que pertenecemos? &iquest;D&oacute;nde nos plantamos y decimos por aqu&iacute; no vamos a seguir? &iquest;Cu&aacute;les son nuestras l&iacute;neas rojas personales dentro de esas entidades? &iquest;Se&ntilde;alamos aquello que est&aacute; colaborando con los sistemas de opresi&oacute;n? &iquest;Nos sentimos c&oacute;modas con lo que hacemos?
    </p><p class="article-text">
        Existe una herramienta epistemol&oacute;gica que, adem&aacute;s, es un posicionamiento pol&iacute;tico en s&iacute; mismo, que nos sirve para pensarnos: la <a href="https://eapneuskadi.org/wp-content/uploads/2025/10/3-LIM.ACCESO_MUJERES_FINAL.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&eacute;tica feminista</a>. La &eacute;tica feminista no es una rama de la &eacute;tica, es una forma diferente de pensar nuestras acciones cotidianas y su impacto en el entorno. Es otra forma de hacer &eacute;tica que trata de liberarse de los sesgos machistas, racistas y clasistas que ha caracterizado generalmente la &eacute;tica hegem&oacute;nica. Porque nuestros criterios &eacute;ticos no son neutros, como no lo es nada en una sociedad patriarcal, colonial y capitalista. &iquest;Nos hemos preguntado alguna vez seriamente cu&aacute;les son nuestros principios &eacute;ticos? &iquest;Nos hemos propuesto pensar en el impacto de nuestras acciones cotidianas y decidir qu&eacute; vamos a interrumpir, con qu&eacute; no vamos a colaborar m&aacute;s? O actuamos conscientemente o reproducimos la violencia estructural.
    </p><p class="article-text">
        La escritora Ursula K. Le Guin tiene un cuento que se llama 'Quienes se marchan de Omelas'. Es un relato que creo que da para conversar toda una vida. Ursula K. Le Guin nos coloca ante la realidad de una vida feliz que solo es posible sobre el sufrimiento de otras. Omelas es ese mundo feliz. &iquest;Te marchar&iacute;as al conocer el sufrimiento sobre el que se erige tu privilegio? &iquest;Te marchar&aacute;s? Porque conocerlo, ya lo conoces.
    </p><p class="article-text">
        Marcharse de Omelas es muy dif&iacute;cil, porque Omelas es el mundo en el que vivimos, pero debemos aspirar siempre a marcharnos. Debemos caminar ya en direcci&oacute;n a la salida. Actuar como si ya hubi&eacute;semos hecho la revoluci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo vivir&iacute;amos si la revoluci&oacute;n ya hubiese tenido lugar, si nos hubi&eacute;semos marchado ya de Omelas? Pensemos en serio c&oacute;mo ser&iacute;a el mundo, c&oacute;mo ser&iacute;amos nosotras, c&oacute;mo ser&iacute;an nuestros actos cotidianos, y desarrollemos aquellos que ya, desde ahora mismo, podemos poner en pr&aacute;ctica. No se trata aqu&iacute; de tener que hacerlo todo para salvar el mundo, se trata de hacer algo, algo m&aacute;s. Por cierto, la misma autora tiene otro cuento llamado 'El d&iacute;a antes de la revoluci&oacute;n'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existen much&iacute;simas personas y colectivas que est&aacute;n ya imaginando mundos diferentes, que est&aacute;n actuando como si la revoluci&oacute;n ya existiera: pueblos ocupados, iniciativas de cesi&oacute;n de tierras a personas migradas o migrantes, espacios voluntarios de acogida a v&iacute;ctimas de violencia machista y violencia racista, centros sociales construidos con las manos de quienes quieren tener espacios f&iacute;sicos en los que hacer comunidad, iniciativas colectivas para parar a las grandes empresas energ&eacute;ticas que quieren continuar robando territorio, etc. El mundo est&aacute; lleno de luces a las que mirar. Y podemos elegir mirar hacia all&iacute; cuando nos pensemos en el mundo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia González Llama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sintomas-causas-pensar-estructuralmente-capitalismo_132_13176441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 19:46:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Patriarcado,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La banalidad moral de una cierta izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/banalidad-moral-izquierda_132_12610643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a13cd643-fe22-4a3a-a97e-e410c643e7ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La banalidad moral de una cierta izquierda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Quienes intentamos reducir nuestra colaboración con el sufrimiento en este mundo sabemos que nunca lo haremos de manera plena, pues habitamos un orden estructurado por estructuras de poder intersecadas como el patriarcado, el antropocentrismo, el colonialismo y el capitalismo"</p></div><p class="article-text">
        El art&iacute;culo de Alejandro Cencerrado <a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-08-30/la-superioridad-moral-de-la-izquierda-y-otros-conflictos-de-pareja.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'La superioridad moral de la izquierda y otros conflictos de pareja'</a> ('El Pa&iacute;s', 30 de agosto) parte de un dilema aparentemente cotidiano: &iquest;qu&eacute; es preferible, comprar en una gran superficie como Mercadona o en la carnicer&iacute;a del barrio donde el empleador maltrata a su trabajador inmigrante? A partir de ah&iacute;, el autor despliega una reflexi&oacute;n sobre la imposibilidad de la coherencia absoluta y sobre la supuesta superioridad moral de la izquierda. Pero lo que presenta como una reflexi&oacute;n compleja sobre nuestras contradicciones es, en realidad, una trivializaci&oacute;n de los dilemas &eacute;ticos y un modo de exonerarse de la tarea siempre dif&iacute;cil de cambiar la propia vida.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, no cualquiera puede hablar con autoridad de f&iacute;sica, tampoco de sociolog&iacute;a, ni menos a&uacute;n de &eacute;tica pol&iacute;tica. Para tomar en serio un dilema moral hay que reconocer que no todas las opciones son equivalentes. La disyuntiva entre Mercadona y la carnicer&iacute;a del explotador xen&oacute;fobo es una falsa dicotom&iacute;a, un atajo ret&oacute;rico. Siempre hay alternativas: desde cooperativas de consumo hasta mercados locales, desde el peque&ntilde;o comercio gestionado de forma decente hasta la compra colectiva organizada. El supuesto dilema revela m&aacute;s pereza moral que complejidad. No en vano est&aacute; publicado en la secci&oacute;n 'Salud y bienestar'.
    </p><p class="article-text">
        Quienes intentamos reducir nuestra colaboraci&oacute;n con el sufrimiento en este mundo sabemos que nunca lo haremos de manera plena, pues habitamos un orden estructurado por estructuras de poder intersecadas como el patriarcado, el antropocentrismo, el colonialismo y el capitalismo. Pero, precisamente por eso, la tarea es ineludible: se trata de avanzar, paso a paso, en una lucha contra nosotras mismas. Cada gesto importa: el sufrimiento de los animales explotados y la deforestaci&oacute;n masiva que sostiene la dieta carn&iacute;vora global; la explotaci&oacute;n de mujeres migrantes que limpian habitaciones de hoteles y apartamentos tur&iacute;sticos; la destrucci&oacute;n de territorios ind&iacute;genas para extraer litio y sostener nuestra dependencia tecnol&oacute;gica; las cadenas de trabajo esclavo en la industria textil de 'moda r&aacute;pida' que abastece nuestros armarios; los residuos electr&oacute;nicos arrojados en pa&iacute;ses empobrecidos para sostener nuestro consumo digital. No son dilemas banales: son la urdimbre real de nuestra vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, quien se toma en serio la coherencia no pierde el tiempo en se&ntilde;alar incoherencias ajenas como un 'cu&ntilde;ado', sino que libra, antes que nada, la batalla consigo misma. El esfuerzo consiste en sostener tensiones, reconocer ambig&uuml;edades y aun as&iacute; elegir caminos menos da&ntilde;inos. Eso es muy distinto de la postura que Cencerrado defiende: un empate tramposo que banaliza toda contradicci&oacute;n. Su l&oacute;gica es la del &ldquo;como t&uacute; compras en Mercadona y yo viajo en avi&oacute;n de vacaciones a Costa Rica, empate a incoherencias&rdquo;. Pero ah&iacute; no hay pedagog&iacute;a respetuosa ni di&aacute;logo cr&iacute;tico, sino una licencia moral para la autocomplacencia: como todas tenemos alguna contradicci&oacute;n, todas est&aacute;n justificadas.
    </p><p class="article-text">
        Esa es, precisamente, la banalidad moral de cierta izquierda: la conversi&oacute;n de la cr&iacute;tica &eacute;tica en un relativismo c&oacute;modo que legitima no hacer nada. Lo que se renuncia a asumir es la capacidad, siempre parcial pero nunca irrelevante, que cada persona tiene de cambiar su vida y de acumular con ello fuerza colectiva para transformar el mundo. El problema no es el rigorismo moral, sino su caricatura.
    </p><p class="article-text">
        A esta banalizaci&oacute;n se suma otra confusi&oacute;n grave: la mezcla indiscriminada entre din&aacute;micas de pareja y din&aacute;micas pol&iacute;ticas o sociales. Lo que en la vida privada puede analizarse como desencuentro, falta de escucha o desprecio mutuo no puede extrapolarse sin m&aacute;s a las relaciones sociales y pol&iacute;ticas, donde intervienen estructuras de poder, desigualdades hist&oacute;ricas y jerarqu&iacute;as materiales. En su uso de John Gottman, Cencerrado habla de &ldquo;los cuatro jinetes&rdquo; de la ruptura afectiva como si el conflicto social pudiera explicarse con las mismas categor&iacute;as que un desencuentro conyugal. Pero en los conflictos pol&iacute;ticos no basta con &ldquo;saber hablarse&rdquo; o &ldquo;aprender a convivir con las diferencias&rdquo;: hay estructuras de explotaci&oacute;n, desigualdades de clase, violencias coloniales y patriarcales que no se resuelven en la mesa de terapia de pareja.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, incluso en el an&aacute;lisis de pareja que propone falta perspectiva de g&eacute;nero: no es lo mismo discutir desde una posici&oacute;n sim&eacute;trica que desde relaciones atravesadas por desigualdad, dependencia econ&oacute;mica o violencia. Cuando se igualan las posiciones -como si ambas partes de la pareja fueran libres y equivalentes- se borra la dimensi&oacute;n estructural de las relaciones &iacute;ntimas, lo mismo que al trasladar ese esquema a la pol&iacute;tica se borran las asimetr&iacute;as reales de poder que moldean nuestras vidas colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Frente a lo que Cencerrado presenta como superioridad moral, lo que necesitamos es un rigor moral que no se confunda con punitivismo ni con purismo. Rigor es reconocer que no todo da igual, que no todas las contradicciones pesan lo mismo, que algunas son evitables y otras no. Rigor es sostener que cambiar exige renuncias, y que esas renuncias no son un castigo sino el germen de otra vida posible. Raffaele Simone hablaba del combate contra el &ldquo;Monstruo Amable&rdquo; que es el capitalismo: esa normalidad c&oacute;moda que nos arrulla y nos disuade de cualquier renuncia. Para enfrentarlo hace falta una disposici&oacute;n casi penitencial: no como mortificaci&oacute;n gratuita, sino como resistencia activa contra los impulsos 'naturales' fabricados por el capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda no se hunde por exceso de exigencia &eacute;tica, sino por su banalizaci&oacute;n: por rebajar las luchas morales a la altura de las excusas de un bohemio burgu&eacute;s. No necesitamos una izquierda boba y autocomplaciente que juegue a empatarnos en contradicciones, sino una izquierda que sea capaz de asumir que la coherencia nunca ser&aacute; absoluta, pero siempre es ineludible como horizonte y como pr&aacute;ctica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia González Llama, Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/banalidad-moral-izquierda_132_12610643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 19:15:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La banalidad moral de una cierta izquierda]]></media:title>
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