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    <title><![CDATA[elDiario.es - Bécquer Seguín]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Bécquer Seguín]]></description>
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      <title><![CDATA[Violencia política y violencia cotidiana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/violencia-politica-violencia-cotidiana_129_12689022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e6c4c66-1b95-4b1c-b78b-dd470fb79d5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencia política y violencia cotidiana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es como si la violencia política no bebiera del acceso generalizado a las armas. No puede gozar de buena salud democrática un país donde es legal tener en casa un rifle Mauser 98, como el que usó el asesino de Kirk, o un revólver, como el que usó el presunto autor del atentado en Colorado</p></div><p class="article-text">
        A las 12:24 del mediod&iacute;a el mi&eacute;rcoles 10 de septiembre, justo un minuto despu&eacute;s de que sonase un disparo en un encuentro con Charlie Kirk en la Universidad de Utah Valley que dejar&iacute;a al joven activista ultra con una herida mortal en el cuello, son&oacute; otro disparo a unos 729 kil&oacute;metros de distancia, en un instituto del pueblo de Evergreen, Colorado. El atentado de Colorado, que se produjo en el mismo condado que dio lugar, en 1999, a la masacre de Columbine, dej&oacute; en estado cr&iacute;tico a dos estudiantes y cobr&oacute; la vida de otro: un chico de diecis&eacute;is a&ntilde;os y el presunto autor de los disparos. Me enter&eacute; del primer atentado leyendo las noticias. Del segundo, gracias a mi pareja, que, al llegar a casa ese mi&eacute;rcoles, me cont&oacute; que una estudiante suya le hab&iacute;a escrito esa tarde para decirle que no asistir&iacute;a a clase al d&iacute;a siguiente por lo muy sacudida que estaba emocionalmente. La estudiante era exalumna del instituto de Colorado, donde todav&iacute;a conservaba una gran parte de su vida: amigos, familiares y conocidos de la comunidad de unos nueve mil habitantes. Llevamos semanas hablando incesantemente del primer atentado. Del segundo no se ha dicho pr&aacute;cticamente nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la diferencia? El primer atentado, como han afirmado pr&aacute;cticamente todos que se han pronunciado sobre el tema, se trata de violencia pol&iacute;tica. El segundo, de un tiroteo escolar. Uno excepcional, el otro com&uacute;n y corriente. Uno importante, el otro no tanto. El porqu&eacute; tiene que ver con la llamada &ldquo;violencia pol&iacute;tica.&rdquo; La violencia pol&iacute;tica es para muchos polit&oacute;logos, analistas y otros un &iacute;ndice clave del nivel democr&aacute;tico de un pa&iacute;s. Cuanto menos violencia pol&iacute;tica haya, m&aacute;s posibilidades democr&aacute;ticas habr&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Los tiroteos escolares, en cambio, son ajenos a la pol&iacute;tica, una forma de violencia que rompe vidas, familias y comunidades, pero no la democracia. Su importancia en el debate p&uacute;blico, por lo tanto, se reduce a los escombros de una tragedia social. Aislar la violencia pol&iacute;tica es lo que nos permite estudiarla. Y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ese estudio nos ha llevado a afirmar que est&aacute; en auge, e insistir en que algo deber&iacute;amos hacer para controlarlo, y justificar que, si no hacemos nada, la democracia se nos ir&aacute; de las manos, esa que tanto nos tard&oacute; en consolidar y de la que tanto gozamos. Mientras tanto, la violencia cotidiana, como los atentados escolares &mdash;que en los Estados Unidos han llegado casi al medio centenar en lo que llevamos de a&ntilde;o&mdash;, sigue en pie con un nivel de atenci&oacute;n medi&aacute;tico m&aacute;s propio del cambio de las estaciones.
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der del Partido Popular, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, habl&oacute; el otro d&iacute;a de &ldquo;violencia pol&iacute;tica.&rdquo; Aunque &eacute;l parece no tener una definici&oacute;n clara del t&eacute;rmino, hay muchos analistas que s&iacute; lo tienen, desde Ezra Klein en el <em>New York Times</em> a Federico Rampini en <em>El Mundo</em>. Entre estos &uacute;ltimos, se da casi por sentado el v&iacute;nculo entre la violencia pol&iacute;tica y la democracia. No discrepo con esta afirmaci&oacute;n. Pero s&iacute; con nuestra completa y autoimpuesta ceguera sobre lo que es, sin duda, la ra&iacute;z de casi toda violencia en los Estados Unidos, tanto pol&iacute;tica como cotidiana. La ra&iacute;z no es internet, ni su capacidad para radicalizar a los j&oacute;venes. Ni tampoco lo es la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, que ha llevado cierto sector de la ciudadan&iacute;a estadounidense a deslegitimar el proceso democr&aacute;tico. Lo que comparten el asesinato de Kirk y el atentado de Colorado es algo mucho m&aacute;s b&aacute;sico: las armas de fuego, el derecho constitucional a tenerlas y su disponibilidad civil. Es algo que, en Occidente, pr&aacute;cticamente solo pasa en los Estados Unidos. Pero a pesar de ser una de las mayores diferencias entre la democracia estadounidense y las dem&aacute;s, el hecho de que tantos civiles est&eacute;n armados o podr&iacute;an estarlo no parece figurar en los &iacute;ndices de democracia. Es como si la violencia pol&iacute;tica no bebiera del acceso generalizado a las armas. No puede gozar de buena salud democr&aacute;tica un pa&iacute;s donde es legal tener en casa un rifle Mauser 98, como el que us&oacute; el asesino de Kirk, o un rev&oacute;lver, como el que us&oacute; el presunto autor del atentado en Colorado.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o &mdash;el s&aacute;bado 21 de septiembre de 2024&mdash; me interpel&oacute; la violencia cotidiana estadounidense por primera vez. Eran las tres de la tarde, un d&iacute;a nublado, rozaba los 27 grados. Estaba en mi coche, parado en un sem&aacute;foro, segundo en la cola. O&iacute; un disparo. De repente, la media docena de personas que deambulaba por el cruce se ech&oacute; al suelo. Vi a un chaval de veintipico a&ntilde;os, alto y flaco, con un anorak gris y un pa&ntilde;uelo rojo tap&aacute;ndole la cara de la nariz para abajo. Sujetaba un fusil autom&aacute;tico, apunt&aacute;ndolo en nuestra direcci&oacute;n, pero no hacia nosotros sino hacia una de las esquinas del cruce. El chaval cruzaba la calle, disparando una y otra vez hasta que lleg&oacute; a soltar una docena de tiros. Me qued&eacute; congelado. Mi pareja se hab&iacute;a dado la vuelta para hablar con nuestros hijos &mdash;uno de casi dos a&ntilde;os, el otro de casi ocho&mdash; que estaban sentados atr&aacute;s con a mi padre, de 72 a&ntilde;os. Cuando volvi&oacute; a mirar para adelante, ella tambi&eacute;n se qued&oacute; congelada. Nuestro coche se volvi&oacute; una celda. Nuestras vidas ya no estaban en nuestras manos.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra experiencia con un tiroteo no es &uacute;nica. Baltimore, la ciudad donde vivimos, suele encabezar la lista de ciudades norteamericanas con la tasa m&aacute;s alta de homicidios. En lo que llevamos de a&ntilde;o, la ciudad ha sufrido 94 de ellos. Trump hasta ha amenazado con invadir la ciudad con la Guardia Nacional, supuestamente para combatir el crimen. El mismo d&iacute;a que asesinaron a Kirk, hubo por lo menos un homicidio y dos atentados documentados en Baltimore. En Espa&ntilde;a u otros pa&iacute;ses del continente, casi todos los atentados son noticia nacional. En los Estados Unidos, la vasta mayor&iacute;a no llegan a ser ni noticia municipal. Nuestra salud democr&aacute;tica no depende de las tasas de violencia pol&iacute;tica, sino de la cantidad de violencia que estamos dispuestos a tolerar de nuestros vecinos. En cuanto menos violencia cotidiana toleremos, m&aacute;s salud democr&aacute;tica habr&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bécquer Seguín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/violencia-politica-violencia-cotidiana_129_12689022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 04:02:56 +0000]]></pubDate>
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