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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lilith Verstrynge]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lilith-vestrynge/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lilith Verstrynge]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Adiós a Podemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/adios_129_12730873.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd0cfba8-6cd5-4f1b-b5d7-82cce51cb000_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La exsecretaria de Organización de Podemos Lilith Verstrynge y el exvicepresidente del Gobierno y ex líder de Podemos,Pablo Iglesias, en una magen de archivo."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Habíamos empezado a hablar con fantasmas. La constante y amenazante presencia del fascismo y la búsqueda de enemigos internos convirtieron la política en un ejercicio de lealtad ciega". Artículo publicado en la revista 'Equator' en que  la exsecretaria de Organización de Podemos y exsecretaria de Estado para la Agenda 2030 reflexiona sobre su encuentro con el 15M y su experiencia en este partido</p><p class="subtitle">Lee el artículo original en inglés publicado en la revista 'Equator'</p></div><p class="article-text">
        Nunca pens&eacute; en jubilarme a los treinta, pero supongo que la pol&iacute;tica es el arte de lo imposible: lo que promete, lo que exige. Una d&eacute;cada en el coraz&oacute;n del experimento pol&iacute;tico moderno m&aacute;s audaz de Espa&ntilde;a me envejeci&oacute; de maneras que apenas ahora empiezo a comprender.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2014, tan solo cuatro meses despu&eacute;s de su fundaci&oacute;n, el partido espa&ntilde;ol de izquierda Podemos obtuvo cinco esca&ntilde;os en el Parlamento Europeo. Reci&eacute;n graduada de la universidad y miembro de un grupo local de Podemos (o c&iacute;rculo, como se les conoc&iacute;a) en Par&iacute;s, me contrataron para trabajar con estos diputados. Llegamos a Bruselas siendo unos completos novatos y tuvimos que aprenderlo todo sobre la marcha. Pero nos motivaba la promesa de hacer lo que sol&iacute;amos llamar &ldquo;pol&iacute;tica real&rdquo;; es decir, no las luchas internas de poder ni los vaivenes ideol&oacute;gicos del movimiento (que siempre abundaban), sino los problemas reales, como la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero y el desempleo, en los que esper&aacute;bamos poder influir.
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os siguientes, Podemos continu&oacute; transformando el escler&oacute;tico sistema bipartidista espa&ntilde;ol. En las elecciones generales de noviembre de 2019, conseguimos los esca&ntilde;os suficientes para formar parte de la primera coalici&oacute;n de gobierno de Espa&ntilde;a, bajo el mandato del presidente Pedro S&aacute;nchez, como socio minoritario del Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol (PSOE), de centroizquierda.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s de esas elecciones, recib&iacute; una llamada de Madrid: era Pablo Iglesias Turri&oacute;n, el carism&aacute;tico polit&oacute;logo y fundador de Podemos, quien pronto se convertir&iacute;a en vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que deber&iacute;as volver a Madrid&rdquo;, me dijo. Me ofreci&oacute; un puesto en el Ministerio de Derechos Sociales, realizando muchas de las mismas tareas que hac&iacute;a para los diputados europeos: ayudar con los discursos, la comunicaci&oacute;n y las negociaciones pol&iacute;ticas. Por supuesto, acept&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tendr&iacute;amos que aprenderlo casi todo desde cero, otra vez. Algunos funcionarios veteranos ya ped&iacute;an el traslado porque no quer&iacute;an trabajar para estos j&oacute;venes radicales. Pero otros nos dec&iacute;an con entusiasmo que nos hab&iacute;an votado, que el gobierno necesitaba savia nueva.&nbsp;Esto tambi&eacute;n se sent&iacute;a como pol&iacute;tica de verdad; una cosa era decir que el sistema bipartidista estaba roto y otra muy distinta averiguar c&oacute;mo gobernar junto a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Cuando regres&eacute; a Madrid, estaba preparada para los ataques de la derecha, que me acusar&iacute;an &ndash;pensaba&ndash; de haber conseguido el puesto solo por mi padre, Jorge Verstrynge, quien hab&iacute;a sido uno de los l&iacute;deres del principal partido conservador espa&ntilde;ol tras el franquismo. (En parte, por eso hab&iacute;a pasado tantos a&ntilde;os estudiando y trabajando en el extranjero). Pero la derecha siempre sorprende.
    </p><p class="article-text">
        Dos semanas despu&eacute;s de empezar en el trabajo, en marzo de 2020 &mdash;mientras a&uacute;n buscaba piso de alquiler, tras haberme mudado temporalmente de vuelta a la habitaci&oacute;n de mi infancia&mdash; empec&eacute; a recibir mensajes preguntando si hab&iacute;a mirado las redes ese d&iacute;a. De la noche a la ma&ntilde;ana, una avalancha de titulares en la prensa de derecha afirmaba que me hab&iacute;an contratado en el Ministerio de Derechos Sociales por ser la amante de Iglesias. No importaba que apenas lo conociera en persona. Con medio pa&iacute;s pegado a sus ordenadores durante el primer confinamiento de la pandemia, el rumor ya hab&iacute;a llegado a todas partes.
    </p><p class="article-text">
        Mi intuici&oacute;n hab&iacute;a sido, en esencia, correcta: para ciertas personas, la &uacute;nica forma en que una mujer joven pod&iacute;a haber conseguido ese trabajo era a trav&eacute;s de su relaci&oacute;n con un hombre; en este caso no fue mi padre, sino mi jefe. El ataque ten&iacute;a una doble estrategia, ya que la pareja de Iglesias era Irene Montero, diputada de Podemos desde hac&iacute;a tiempo, quien acababa de ser nombrada ministra de Igualdad en el nuevo gobierno de coalici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Compa&ntilde;eros, periodistas y abogados me aconsejaron que lo ignorara. Solo unos meses despu&eacute;s, cuando nos enfrent&aacute;bamos a otra campa&ntilde;a electoral, nos decidimos a negarlo p&uacute;blicamente. En cualquier caso, Podemos llevaba tiempo creyendo que, en ocasiones, las noticias falsas pod&iacute;an utilizarse a su favor. El partido estaba obsesionado con difundir sus mensajes a trav&eacute;s de cualquier medio posible y consideraba la televisi&oacute;n un escenario clave de la lucha pol&iacute;tica. En 2015, Iglesias hab&iacute;a escrito: &ldquo;La gente ya no se involucra pol&iacute;ticamente a trav&eacute;s de los partidos&hellip; sino a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eres conocida, y podemos utilizarlo&rdquo;, me explicaron los dirigentes del partido.&nbsp;Una vez que se calmaron las aguas, experiment&eacute; en primera persona la idea de que no existe tal cosa como la mala prensa. B&aacute;sicamente, el ataque se volvi&oacute; en contra de la derecha. Poco despu&eacute;s, me incluyeron en la lista para las elecciones regionales de Madrid y me pusieron en el puesto n&uacute;mero 14, lo suficientemente alto como para tener una posibilidad real de conseguir un esca&ntilde;o. Ten&iacute;a 29 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Nac&iacute; en 1992 en Madrid. Mi padre, hijo de un empresario belga arruinado, naci&oacute; en la Zona Internacional de T&aacute;nger, se declar&oacute; fascista en su adolescencia, lleg&oacute; a ser secretario general de Alianza Popular (AP) &mdash;predecesor del actual principal partido conservador&mdash; y fue expulsado del partido a los 40 a&ntilde;os. Hoy vota a la izquierda y da clases en una universidad p&uacute;blica. Conoci&oacute; a mi madre, periodista convertida en activista por el derecho a la vivienda, en las juventudes de AP. Ella fue la primera en abandonar el partido. Crec&iacute; con la idea de que las personas cambian, las ideas evolucionan y la lucha colectiva merece la pena.
    </p><p class="article-text">
        Yo era la tercera de sus cuatro hijos y la &uacute;nica hija. En casa, todo el mundo hablaba de pol&iacute;tica, y mis padres criticaban el f&eacute;rreo control que ejerc&iacute;an los dos principales partidos. Pero al principio me resist&iacute; a la pol&iacute;tica. En 2011, estudiaba historia y relaciones internacionales en la Universidad de Par&iacute;s cuando estall&oacute; el movimiento 15M en toda Espa&ntilde;a. La presi&oacute;n econ&oacute;mica asfixiaba a millones de personas.&nbsp;Una generaci&oacute;n que hab&iacute;a crecido con el est&iacute;mulo de estudiar, formarse, aprender idiomas y prepararse para un futuro prometedor vio c&oacute;mo la crisis financiera hac&iacute;a a&ntilde;icos sus expectativas. Desde mi piso de estudiante, vi c&oacute;mo todos los medios de comunicaci&oacute;n se inundaban de im&aacute;genes de desigualdad y pobreza: j&oacute;venes sin trabajo, cada vez m&aacute;s personas sin hogar, familias y ancianos desahuciados.
    </p><p class="article-text">
        Los espa&ntilde;oles no suelen protagonizar explosiones de sentimiento popular como la que tuvo lugar el 15 de mayo de 2011. M&aacute;s de 50.000 manifestantes se congregaron en la Puerta del Sol, una de las principales plazas p&uacute;blicas de Madrid, y miles m&aacute;s marcharon por Barcelona, Granada, Santiago de Compostela y otras ciudades. Para mucha gente joven, la pol&iacute;tica se hab&iacute;a vuelto urgente y personal de la noche a la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as despu&eacute;s del 15 de mayo, vol&eacute; de regreso a Madrid. Muchos de mis amigos acampaban en la plaza y durante un par de noches yo tambi&eacute;n me sum&eacute;. Hab&iacute;a gente de todas las edades, muchos de los cuales no ten&iacute;an ideolog&iacute;a ni experiencia pol&iacute;tica previas.&nbsp;Esa forma tan directa de sentimiento populista me impresion&oacute; profundamente. Parec&iacute;a como si el sistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol, tan r&iacute;gido y anquilosado, pudiera resquebrajarse por la simple voluntad colectiva. La energ&iacute;a era contagiosa, mientras desconocidos debat&iacute;an hasta altas horas de la noche sobre c&oacute;mo reconstruir la democracia desde sus cimientos. Falt&eacute; a algunas clases durante el resto del semestre. Pero, finalmente, tuve que retomar mis estudios.
    </p><p class="article-text">
        Los manifestantes comenzaron a organizarse en distintos sectores, defendiendo la sanidad p&uacute;blica, la vivienda y los derechos laborales. Mi madre qued&oacute; tan impactada por las im&aacute;genes de los desahucios que empez&oacute; a asistir a reuniones regulares del movimiento a favor del derecho a la vivienda. Mientras tanto, mi padre me cont&oacute; que algunos profesores de su universidad comentaban por los pasillos la idea de crear un nuevo partido que pudiera llevar las ideas del 15M a las urnas. En enero de 2014, Iglesias fund&oacute; Podemos, e inmediatamente me un&iacute; al proyecto. En la pr&aacute;ctica, eso signific&oacute; unirme a un c&iacute;rculo sat&eacute;lite de Podemos en Par&iacute;s. &Eacute;ramos unos cincuenta, entre ellos algunos exiliados espa&ntilde;oles de mayor edad, j&oacute;venes tanto de Espa&ntilde;a como de Francia, as&iacute; como periodistas y activistas franceses. Nos reun&iacute;amos en un bar de la margen izquierda del Sena.
    </p><p class="article-text">
        El atractivo de Podemos resid&iacute;a en que muchos j&oacute;venes se involucraron de repente en la pol&iacute;tica, porque su mensaje sonaba menos a jerga y m&aacute;s a sentido com&uacute;n. De repente, cre&iacute;mos que ten&iacute;amos algo que decir sobre el futuro. Antes de esto, la izquierda espa&ntilde;ola se hab&iacute;a definido en oposici&oacute;n al franquismo, pero Iglesias sol&iacute;a decir que ni siquiera deb&iacute;amos hablar de izquierda o derecha.&nbsp;En cambio, hablaba del pueblo y de las &eacute;lites econ&oacute;micas, e insist&iacute;a en que la sanidad p&uacute;blica y la vivienda garantizada no eran ideas radicales. No hab&iacute;a nadie como nosotros en Europa en aquella &eacute;poca: eso fue antes de que Syriza llegara al poder en Grecia, antes de La Francia Insumisa. En mayo de 2014, el partido sorprendi&oacute; a todos al ganar cinco de los 54 esca&ntilde;os del Parlamento Europeo.
    </p><p class="article-text">
        Ese verano me convert&iacute; en t&eacute;cnica, o asesora, de dos de esos diputados en Bruselas. Antes de mi primer d&iacute;a, Podemos, superando cualquier parodia de escisi&oacute;n de izquierdas, ya se hab&iacute;a partido por la mitad por cuestiones de estrategia pol&iacute;tica. &iquest;Deb&iacute;amos diferenciarnos de los socialistas o intentar llegar a acuerdos con ellos? Surgieron dos grandes facciones: una, liderada por Iglesias, defend&iacute;a que Podemos deb&iacute;a aliarse con la izquierda tradicional, mientras que la otra, liderada por &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n, el primer jefe de campa&ntilde;a del partido, impulsaba un enfoque &ldquo;populista&rdquo; que no se aliara con ning&uacute;n partido de izquierda tradicional.&nbsp;Nuestros diputados eran de ambos bandos, y algunos miembros del equipo, cada cual con su propia inclinaci&oacute;n, ni siquiera se dirig&iacute;an la palabra en el comedor.
    </p><p class="article-text">
        Pas&eacute; horas estudiando informes sobre temas que abarcaban desde la marihuana medicinal y la geopol&iacute;tica hasta las plagas agr&iacute;colas en el sur de Europa. &Eacute;ramos un grupo joven e inexperto, pero deseoso de hacer las cosas bien. Como la mayor&iacute;a de la gente de nuestra edad, nunca hab&iacute;amos tenido trabajos estables ni casas propias, pero de repente nos encontr&aacute;bamos trabajando codo a codo con veteranos estadistas. Entr&aacute;bamos al Parlamento cuando abr&iacute;a sus puertas a las 8:30 de la ma&ntilde;ana y sal&iacute;amos pasada la medianoche, despu&eacute;s de revisar los cientos de enmiendas que present&aacute;bamos a cada informe que pasaba por nuestras manos. Oscil&aacute;bamos entre sentirnos invencibles y darnos cuenta de lo poco que sab&iacute;amos sobre c&oacute;mo hacer las cosas en la &uacute;nica instituci&oacute;n de la UE elegida directamente por los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Pocos de nuestros colegas en Bruselas hab&iacute;an entrado en pol&iacute;tica como nosotros &mdash;llamando a las puertas, haciendo campa&ntilde;as puerta a puerta, manifest&aacute;ndose&mdash;, pero muchos estaban bien informados, y ten&iacute;amos mucho que aprender de ellos. Una de esas lecciones era que uno empieza a hacer pol&iacute;tica con emociones, pero hay que transformarlas en acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Iglesias, el joven profesor con coleta que se hizo famoso gracias a los debates televisivos, representaba un tipo de pol&iacute;tico espa&ntilde;ol totalmente nuevo. Combinaba un pensamiento estrat&eacute;gico sofisticado con una intuici&oacute;n innata para conectar con las masas indignadas &mdash;los &ldquo;Indignados&rdquo;, otro nombre para el 15M&mdash; ante la desigualdad y la austeridad. Su hiperliderazgo se convirti&oacute; tanto en la condici&oacute;n como en la limitaci&oacute;n de nuestro proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Aproximadamente un a&ntilde;o despu&eacute;s de mi regreso a Espa&ntilde;a, en marzo de 2021, Iglesias dimiti&oacute; abruptamente como segundo vicepresidente del Gobierno, tras concluir que era vital asegurar la supervivencia del partido en las elecciones auton&oacute;micas de Madrid. Declar&oacute; que una alianza de izquierdas podr&iacute;a, por fin, poner fin a d&eacute;cadas de gobierno del Partido Popular en la regi&oacute;n. Su apuesta result&oacute; en gran medida un fracaso: logr&oacute; aumentar los esca&ntilde;os del partido en Madrid, pero con tan solo el 7% de los votos qued&oacute; muy lejos de su objetivo de llevar a la izquierda al poder.&nbsp;Como resultado, tambi&eacute;n renunci&oacute; a la direcci&oacute;n de Podemos, tras proponer que nuestra coalici&oacute;n pol&iacute;tica continuara bajo la direcci&oacute;n de la ministra de Trabajo, Yolanda D&iacute;az. A pesar de tener el carnet del Partido Comunista desde joven, D&iacute;az era menos intransigente y m&aacute;s dispuesta a negociar que Iglesias, como hab&iacute;a demostrado al implementar medidas de protecci&oacute;n laboral durante la pandemia. Podemos entraba en una nueva era.
    </p><p class="article-text">
        En junio de 2021, la secretaria general, Ione Belarra, me nombr&oacute; secretaria de organizaci&oacute;n, el tercer puesto en la jerarqu&iacute;a del partido. Ahora era yo quien negociaba las listas de candidatos que present&aacute;bamos en las elecciones, adem&aacute;s de gestionar nuestras siempre intensas relaciones con otras organizaciones pol&iacute;ticas y los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mi nuevo cargo exig&iacute;a conectar nuestras fragmentadas secciones regionales con la direcci&oacute;n nacional. Pero lo que Podemos valoraba mucho m&aacute;s que la organizaci&oacute;n era la comunicaci&oacute;n, o quiz&aacute;s ser&iacute;a m&aacute;s preciso decir la visibilidad medi&aacute;tica. Nuestros l&iacute;deres estaban profundamente influenciados por el polit&oacute;logo argentino Ernesto Laclau, quien sosten&iacute;a que los movimientos populistas pod&iacute;an eludir las estructuras partidistas tradicionales mediante el uso estrat&eacute;gico de los medios de comunicaci&oacute;n.&nbsp;Esta idea era, sin duda, seductora: &iquest;para qu&eacute; invertir en el lento trabajo de la organizaci&oacute;n cuando se pod&iacute;a llegar a millones a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n? Pero hab&iacute;a un escollo que no vimos entonces: se pod&iacute;a ganar poder a trav&eacute;s del tiempo en antena, pero no se pod&iacute;a gobernar con &eacute;l. Y quiz&aacute; nuestro propio cambio de estatus, de intrusos a personas en el poder, se produjo demasiado r&aacute;pido para que nuestros l&iacute;deres asimilaran nuestro &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s de asumir mi nuevo cargo, un miembro del partido me sugiri&oacute; que simplemente cerr&aacute;ramos todas las delegaciones locales y convirti&eacute;ramos a Podemos en un partido con tan solo diez l&iacute;deres nacionales fuertes. Esto era totalmente inviable, y me costaba creer que alguien con tanta influencia lo propusiera, pero su actitud era t&iacute;pica de un partido que, en el fondo, no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en la estructura: en el tedioso trabajo de construir secciones locales, formar a los organizadores, celebrar reuniones peri&oacute;dicas y mantener la infraestructura que mantiene vivo un partido entre ciclos electorales.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco nos hab&iacute;amos percatado de c&oacute;mo estaba cambiando nuestra base. La fuerza inicial de Podemos radicaba en que hab&iacute;a logrado movilizar a cientos de miles de personas, sac&aacute;ndolas de la apat&iacute;a, e incluso atrayendo simpatizantes de otros pa&iacute;ses. Pero en la d&eacute;cada de 2020, la principal experiencia de trabajar en Podemos era la de un debate pol&iacute;tico cada vez m&aacute;s escaso y una creciente paranoia interna.
    </p><p class="article-text">
        En julio de 2022, me incorpor&eacute; al Ministerio de Asuntos Sociales como secretaria de Estado para la Agenda 2030. Entonces, Podemos comenzaba a desmoronarse.&nbsp;Aunque Iglesias esperaba que Yolanda D&iacute;az asumiera el liderazgo de Unidas Podemos, nuestra coalici&oacute;n de izquierda m&aacute;s amplia, ella ten&iacute;a otros planes. El mismo mes en que me incorpor&eacute; al ministerio, lanz&oacute; una nueva coalici&oacute;n progresista llamada Sumar para presentar una imagen renovada a los votantes sin el ya considerable lastre de Podemos. Esto se plante&oacute; como una forma de mantener la presencia de la izquierda en el gobierno, pero corr&iacute;a el riesgo de hacer irrelevante a Podemos. La amenaza pareci&oacute; galvanizar a Iglesias, a pesar de su dimisi&oacute;n como l&iacute;der de Podemos en 2021. (En realidad, sigui&oacute; siendo una presencia constante en los medios de comunicaci&oacute;n, ofreciendo declaraciones pol&iacute;ticas casi a diario en programas de radio y televisi&oacute;n, anticip&aacute;ndose a menudo a las posturas oficiales del partido y, de hecho, marcando nuestra agenda; por no hablar de su omnipresencia en los chats grupales).
    </p><p class="article-text">
        Unos meses despu&eacute;s, decidi&oacute; dar un discurso oponi&eacute;ndose a la nueva alianza de D&iacute;az y me pregunt&oacute; si pod&iacute;a reunir a una multitud de 40.000 personas. Era imposible. Para entonces, quiz&aacute; hubi&eacute;ramos podido movilizar a 2.000, si el tiempo estaba de nuestra parte.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a no comprender que Podemos ya no era un partido capaz de reunir a 40.000 personas en cualquier acto, y mucho menos uno que tratara de una nueva escisi&oacute;n en la izquierda?
    </p><p class="article-text">
        Las cr&iacute;ticas externas tambi&eacute;n nos afectaron. En tan solo unos a&ntilde;os, Podemos se enfrent&oacute; a tantos ataques falsos &mdash;acusaciones de corrupci&oacute;n, uso de cuentas en para&iacute;sos fiscales, recepci&oacute;n de dinero de Ir&aacute;n y Venezuela&mdash; que muchos miembros perdieron su idealismo inicial. La actitud combativa que en su d&iacute;a hab&iacute;a convertido mi esc&aacute;ndalo en la prensa sensacionalista en munici&oacute;n electoral ten&iacute;a sus l&iacute;mites. Casi todas las figuras importantes de Podemos pronto se vieron envueltas en alg&uacute;n tipo de causa judicial &mdash;muchas de ellas inventadas y falsas, pero igualmente agotadoras&mdash;. Tantos a&ntilde;os seguidos de hacer pol&iacute;tica en estado de alerta permanente nos deslizaron hacia la zona de confort tradicional de la izquierda: el victimismo.
    </p><p class="article-text">
        Para la primavera de 2023, era evidente que Podemos ya no dirig&iacute;a Unidas Podemos, que hab&iacute;a formado un gobierno de coalici&oacute;n con el PSOE en 2019, y nos vimos obligados a negociar con Yolanda D&iacute;az. En junio, Podemos acept&oacute; un acuerdo que habr&iacute;a sido inimaginable tan solo unos a&ntilde;os antes y se uni&oacute; a la coalici&oacute;n Sumar. El nuevo equilibrio de poder fue doloroso, y nuestros candidatos quedaron m&aacute;s abajo en la lista de lo que nadie hab&iacute;a previsto.&nbsp;A pesar de mi creciente desilusi&oacute;n, me concentr&eacute; en terminar todas las tareas que se me encomendaban. Y cuando Podemos logr&oacute; sacar cinco de los 31 esca&ntilde;os de Sumar en las elecciones de julio de 2023, fui elegida diputada.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; el momento de formar su tercer gobierno, Pedro S&aacute;nchez tuvo que construir una coalici&oacute;n con Sumar, no con Podemos. La percepci&oacute;n general era que Podemos ya no aportaba votos, por lo que su presencia deb&iacute;a reducirse. A pesar de ello, hubo intentos de acercamiento, como ofertas para incluir a algunos miembros de Podemos, entre ellos Nacho &Aacute;lvarez o Ione Belarra, en el nuevo gabinete. Sin embargo, Podemos hab&iacute;a decidido que nuestro nombramiento innegociable era Irene Montero, y que deb&iacute;a permanecer como ministra de Igualdad. La pol&iacute;tica de 35 a&ntilde;os era posiblemente la figura m&aacute;s visible del partido, a pesar de la pol&eacute;mica en torno a la ley &ldquo;solo S&iacute; es S&iacute;&rdquo; de 2022 que ella impuls&oacute;, y tambi&eacute;n se hab&iacute;a convertido en nuestra l&iacute;der <em>de facto</em>. El PSOE se neg&oacute; a mantenerla en el cargo, y Podemos qued&oacute; completamente fuera del nuevo gabinete.&nbsp;Fue el punto de inflexi&oacute;n que consolid&oacute; nuestra nueva estrategia de oposici&oacute;n. Pocos meses despu&eacute;s, tambi&eacute;n romper&iacute;amos con Sumar.
    </p><p class="article-text">
        Tanto Ione Belarra como Irene Montero tuvieron que dejar sus cargos ministeriales y ambas pronunciaron discursos airados y sinceros: compa&ntilde;eros de Podemos hab&iacute;an actuado de una manera &ldquo;angustiante y despreciable&rdquo;, dijo Montero, mientras que Belarra afirm&oacute; que nuestros oponentes hab&iacute;an &ldquo;intentado destruirnos, pero no pudieron, y lo &uacute;nico que han logrado es hacernos m&aacute;s fuertes&rdquo;. La l&iacute;nea del partido sonaba ya vac&iacute;a. En menos de una d&eacute;cada, Podemos se hab&iacute;a convertido en un partido que tem&iacute;a al mundo, e incluso a su propio pa&iacute;s. &iquest;C&oacute;mo?
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;amos dejado de hablarle a la gente. En lugar de demostrar a los votantes que Podemos a&uacute;n pod&iacute;a hacer pol&iacute;tica &mdash;luchando por los intereses de nuestros electores&mdash;, decidimos votar en contra, o amenazar con votar en contra, de todo lo que propusiera el gobierno de S&aacute;nchez. Esto inclu&iacute;a cuestiones aparentemente fundamentales para el partido, como los derechos de las personas desempleadas.&nbsp;E incluso eso podr&iacute;a haber funcionado si hubi&eacute;ramos explicado a los votantes que est&aacute;bamos obstruyendo deliberadamente con un plan; pero no lo hicimos.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;amos empezado a hablar con fantasmas. La constante y amenazante presencia del fascismo y la b&uacute;squeda de enemigos internos convirtieron la pol&iacute;tica en un ejercicio de lealtad ciega. La teor&iacute;a de la conspiraci&oacute;n estaba generalizada y culp&aacute;bamos indiscriminadamente a periodistas y medios de comunicaci&oacute;n, hasta el punto de afirmar abiertamente que era mejor tener votantes que no leyeran las noticias. Los medios ya no eran una herramienta, sino un enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Durante nuestro breve periodo en el poder, logramos algunos &eacute;xitos pol&iacute;ticos y legislativos tangibles, como un mejor salario m&iacute;nimo, una ley progresista sobre la eutanasia, un mayor acceso al aborto y a los derechos laborales, y una l&iacute;nea telef&oacute;nica de ayuda para v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero. Pero sent&iacute; que la forma en que nos fuimos del gobierno eclips&oacute; estas victorias.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la forma m&aacute;s sencilla de describir lo que ocurri&oacute; durante esos &uacute;ltimos meses es que me desenamor&eacute;. De repente, los &uacute;ltimos nueve a&ntilde;os se me hicieron eternos; me sent&iacute;a mucho mayor que mis amigos, a pesar de ser una de las pocas que segu&iacute;a sin casarse o sin hijos. Aunque hab&iacute;a aprendido much&iacute;simo en una organizaci&oacute;n que hab&iacute;a contribuido a redefinir Europa tras la crisis financiera, tambi&eacute;n me hab&iacute;a endurecido y seguramente me hab&iacute;a vuelto m&aacute;s c&iacute;nica, y hab&iacute;a llegado a sentir una especie de orfandad pol&iacute;tica anticipada.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica no nos pertenece. Pertenece a todos aquellos cuyas vidas se ven marcadas por ella. Y sab&iacute;a una cosa con certeza: nadie deber&iacute;a permanecer en pol&iacute;tica simplemente por miedo a perder su puesto.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, en enero de 2024, a los 31 a&ntilde;os, anunci&eacute; mi retirada. Mi comunicado completo se public&oacute; en X: &ldquo;Las despedidas son dif&iacute;ciles y tristes. Dejo mis responsabilidades pol&iacute;ticas y tambi&eacute;n mi esca&ntilde;o como diputada. Mil gracias a los militantes de Podemos y a las personas que han confiado en m&iacute; durante estos a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fui breve, pensando en todos aquellos que a&uacute;n defend&iacute;an un proyecto en el que ya no cre&iacute;a. Pens&eacute;, quiz&aacute; ingenuamente, que mi silencio &mdash;sobre las luchas internas, los conflictos de personalidad, las formas en que hab&iacute;amos traicionado algunos de nuestros principios fundacionales&mdash; los proteger&iacute;a. Pero casi dos a&ntilde;os despu&eacute;s es posible reflexionar con cierta distancia, y creo que es importante hacerlo, aunque solo sea para dejar constancia para quienes lleguen a la pol&iacute;tica en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Mirando atr&aacute;s, parece claro que Podemos nunca quiso ser realmente un partido, y mucho menos un partido mejor. Desde el principio, sus l&iacute;deres cre&iacute;an que los partidos estaban obsoletos y que los movimientos sociales eran el verdadero motor de la transformaci&oacute;n pol&iacute;tica. Trabajando bajo esas premisas, lo mejor que logramos crear fue un partido en l&iacute;nea: uno que sonaba novedoso, pero que hered&oacute; muchos vicios antiguos y no introdujo ninguna innovaci&oacute;n organizativa significativa. Aun as&iacute;, desear&iacute;a que nos hubi&eacute;ramos esforzado m&aacute;s, o quiz&aacute; que pudi&eacute;ramos intentarlo de nuevo, sabiendo lo que sabemos ahora.
    </p><p class="article-text">
        No tengo planes de volver a la pol&iacute;tica.&nbsp;Para ello, necesitar&iacute;a estar segura de haber aprendido lo suficiente para hacer las cosas mejor, y de poder volver a confiar plenamente en un proyecto como para creer en &eacute;l. Ninguna de esas condiciones se cumple hoy.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica de partidos es imperfecta y exigente, pero sigo creyendo que los partidos son el motor de las democracias parlamentarias. Proyectos m&aacute;s recientes, como Your Party en el Reino Unido, buscan impulsar movimientos populistas de izquierda similares contra los viejos <em>establishments</em> de sus pa&iacute;ses. Pero si no desarrollan la capacidad organizativa y la democracia interna que nosotros descuidamos, no les auguro mucho futuro. Y nunca deben dejar de hablar con sus simpatizantes. Cuando la gente deja de sentir que su participaci&oacute;n importa, se aleja. Podemos transform&oacute; el sistema bipartidista espa&ntilde;ol; eso es innegable. Pero la pol&iacute;tica real consiste en crear algo lo suficientemente duradero como para sobrevivir a tu propio momento de insurgencia.
    </p><p class="article-text">
        Mi vida es mucho m&aacute;s tranquila ahora. Leo, escribo y ense&ntilde;o teor&iacute;a de las relaciones internacionales en la universidad Sciences Po de Par&iacute;s.&nbsp;En mis clases, no hablo de mi experiencia personal, aunque muchos estudiantes sienten curiosidad por los primeros a&ntilde;os de Podemos. Cuando me preguntan qu&eacute; pas&oacute; con el partido, suelo decir que sus l&iacute;deres tienen otros intereses. Tras dimitir en 2021, Iglesias lanz&oacute; un medio de comunicaci&oacute;n que se convirti&oacute; en el principal brazo de su activismo, aunque no habr&iacute;a tenido sentido sin Podemos en primer lugar. Tambi&eacute;n abri&oacute; un bar en Madrid. Pidi&oacute; donaciones de votantes mediante <em>crowdfounding</em> para el bar, asegurando que ser&iacute;a un espacio para luchar contra el fascismo. &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n se convirti&oacute; en portavoz de Sumar, pero abandon&oacute; la pol&iacute;tica en octubre de 2024, tras acusaciones de agresi&oacute;n sexual.
    </p><p class="article-text">
        Cuando le cont&eacute; a la gente cercana que pensaba dimitir, algunos me insistieron en que no lo hiciera. Mi padre repet&iacute;a una y otra vez: &ldquo;Una vez que dejas la pol&iacute;tica, no te dejan volver&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No me cabe duda de que esto era cierto en su &eacute;poca. En cierto modo, se trataba de un cl&aacute;sico desacuerdo generacional sobre las lagunas en el curr&iacute;culum.&nbsp;Pero tambi&eacute;n refleja c&oacute;mo, para su generaci&oacute;n, la pol&iacute;tica era casi una religi&oacute;n. Creo que las cosas deber&iacute;an ser diferentes ahora. S&eacute; que mi padre intentaba protegerme. Pero tambi&eacute;n recuerdo que, m&aacute;s all&aacute; del v&eacute;rtigo de la decisi&oacute;n, fue en casa donde aprend&iacute; que la pol&iacute;tica institucional es un lugar de tr&aacute;nsito, no un destino. Sigo creyendo que todos deber&iacute;an tener la oportunidad de participar en ella, en alg&uacute;n momento de su vida. Pero la pol&iacute;tica deber&iacute;a ser solo eso: una etapa, no una vida entera. Debemos saber cu&aacute;ndo a&uacute;n podemos contribuir y cu&aacute;ndo es el momento de dejar que otros lideren.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lilith Verstrynge]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2025 21:01:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adiós a Podemos]]></media:title>
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