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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos C. Pérez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos-corrochano-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos C. Pérez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nick Srnicek, experto en economía digital: "La izquierda debe tomarse la inteligencia artificial mucho más en serio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nick-srnicek-experto-economia-digital-izquierda-debe-tomarse-inteligencia-artificial-serio_128_13184766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf41899d-fcda-4d37-ac3e-10609147b5ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142000.jpg" width="1327" height="746" alt="Nick Srnicek, experto en economía digital: &quot;La izquierda debe tomarse la inteligencia artificial mucho más en serio&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El profesor de economía digital en el King's College de Londres plantea en su nuevo libro que la batalla por el futuro de la IA se libra entre las estrategias de captura de las grandes tecnológicas, las tensiones geopolíticas entre EEUU y China, el desmoronamiento del viejo consenso 'liberal' de Silicon Valley y la emergencia de un tecnonacionalismo que fusiona al sector privado con el poder militar</p><p class="subtitle">Una nueva IA de Anthropic hace saltar las alarmas en EEUU por su capacidad para explotar brechas de seguridad </p></div><p class="article-text">
        Nick Srnicek, profesor de econom&iacute;a digital en el King's College de Londres, es autor, entre otros libros, de <em>Capitalismo de plataformas</em> (2016), que en su momento cartografi&oacute; el ecosistema de las plataformas digitales y sus modelos de negocio, o <em>Despu&eacute;s del trabajo</em> (2024, con Helen Hester), una historia del hogar, la tecnolog&iacute;a y el tiempo libre que anticipaba muchas de las preguntas sobre postrabajo y automatizaci&oacute;n que ahora la Inteligencia artificial ha tornado urgentes. 
    </p><p class="article-text">
        Su nueva obra, <em>Silicon Empires: The Fight for the Future of AI</em> (Polity, 2025), ampl&iacute;a el foco para mapear lo que el propio Srnicek describe como el terreno en el que se debe luchar por el futuro de la inteligencia artificial, un &aacute;mbito en el que convergen &mdash;y cada vez m&aacute;s a menudo colisionan&mdash; las estrategias de captura de las grandes tecnol&oacute;gicas, las tensiones geopol&iacute;ticas entre EEUU y China, el desmoronamiento del viejo consenso &ldquo;liberal&rdquo; de Silicon Valley y la emergencia de un tecnonacionalismo que fusiona al sector privado con el poder militar. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Empecemos por lo m&aacute;s b&aacute;sico: &iquest;c&oacute;mo deber&iacute;amos concebir y definir la IA?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de qu&eacute; es la IA se ha debatido durante muchas d&eacute;cadas. Los or&iacute;genes del t&eacute;rmino se remontan a la d&eacute;cada de 1950, pero 2012 fue un punto de inflexi&oacute;n, con la renovaci&oacute;n de lo que se denomina &ldquo;aprendizaje profundo&rdquo;, en referencia a la utilizaci&oacute;n de redes neuronales a las que no se les dan instrucciones preprogramadas, como se har&iacute;a al codificar un software convencional, sino que se entrenan mediante la interacci&oacute;n repetida con datos, corrigiendo los errores que cometen en el propio proceso. Esto se repite una y otra vez hasta que esas redes neuronales aprenden a tomar una entrada concreta y producir una salida concreta.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, sin embargo, cuando hablamos de IA casi siempre nos referimos a la IA generativa, que es tambi&eacute;n el tema central de mi libro. La mayor parte de la IA generativa se basa en la llamada arquitectura Transformer, una forma de estructurar estas redes neuronales que resulta muy &uacute;til para gestionar el procesamiento del lenguaje, como la traducci&oacute;n o la transcripci&oacute;n. Lo interesante es que este enfoque, nacido de la investigaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, result&oacute; ser extraordinariamente vers&aacute;til: hoy se utiliza no solo para producir lenguaje, sino tambi&eacute;n para tareas tan diversas como la secuenciaci&oacute;n del ADN.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es la IA realmente una fuerza disruptiva o revolucionaria? Parece haber dos posiciones enfrentadas a este respecto: quienes creen que estamos a cinco segundos de alcanzar la </strong><em><strong>singularidad </strong></em><strong>y quienes consideran que todo es una exageraci&oacute;n desmedida. &iquest;Cu&aacute;l es su postura? Y, sobre todo, &iquest;cu&aacute;l deber&iacute;a ser el enfoque cr&iacute;tico a este respecto? Parece que la izquierda carece de una br&uacute;jula pol&iacute;tica, estrat&eacute;gica e incluso moral clara al respecto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La izquierda se ha quedado un poco al margen de estos debates. Por un lado, tenemos la t&iacute;pica cr&iacute;tica que sostiene que esta tecnolog&iacute;a no tiene utilidad alguna. Hay algo de cierto en esto, pero el desarrollo de la IA va mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que hace ChatGPT en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Por eso creo que es un problema para la izquierda seguir criticando una cierta forma de concebir la IA que ya tiene tres o cuatro a&ntilde;os de antig&uuml;edad, sobre todo cuando la mayor&iacute;a de la gente, al utilizar esta tecnolog&iacute;a, entiende que no es balad&iacute;. El resultado de este tipo de mensajes conduce inevitablemente a perder la atenci&oacute;n de una gran parte de la audiencia. La izquierda necesita tomarse esta tecnolog&iacute;a mucho m&aacute;s en serio. 
    </p><p class="article-text">
        La otra cara de la moneda son quienes creen que estamos al borde inminente de la singularidad. Esta postura es asimismo comprensible, teniendo en cuenta el rapid&iacute;simo avance de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. A nivel te&oacute;rico, adem&aacute;s, creo que algo as&iacute; es posible: si el cerebro se puede medir y calcular, la mente tambi&eacute;n, y, por lo tanto, deber&iacute;amos ser capaces, al menos en teor&iacute;a, de replicarla en silicio o en alg&uacute;n otro sustrato similar. Ahora bien: dudo mucho que estemos a punto de alcanzarla.
    </p><p class="article-text">
        Donde la izquierda tiene m&aacute;s que aportar es en la reflexi&oacute;n sobre el postcapitalismo, la postescasez y el postrabajo, sobre qu&eacute; significa tener m&aacute;s tiempo libre o no tener trabajo. Es un problema; considero que ahora mismo no haya una comunicaci&oacute;n real entre aquellos que reflexionan sobre c&oacute;mo configurar un mundo post-IA y aquellos que piensan en la configuraci&oacute;n de una sociedad postcapitalista. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La IA, tal como se concibe y desarrolla en la actualidad, [nos lleva a] un mundo en el que la mayoría de los seres humanos son secundarios con respecto a unas máquinas que están al servicio de los intereses de un puñado de personas extremadamente poderosas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Bueno, el debate en torno al futuro del trabajo y la automatizaci&oacute;n ha sido m&aacute;s prominente en las perspectivas de izquierda. En ese sentido, &iquest;qu&eacute; efecto cree que podr&iacute;a tener el desarrollo de la IA en el empleo y en las luchas sindicales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En su mayor&iacute;a, el impacto ser&iacute;a negativo. Lo que yo quiero es un mundo sin trabajo o, al menos, en el que se minimice el trabajo necesario, un mundo en el que podamos elegir libremente a qu&eacute; actividades dedicarnos. Pero alcanzar ese horizonte es lo dif&iacute;cil, especialmente hacerlo de una manera que no erosione el poder de las clases trabajadoras. El desaf&iacute;o, pues, es alcanzar ese mundo postrabajo sin que ello revierta en una concentraci&oacute;n masiva de riqueza y poder en manos de unos pocos.
    </p><p class="article-text">
        La IA, tal como se concibe y desarrolla en la actualidad, no parece ir en esa direcci&oacute;n. Las formas en que se implementar&aacute; tendr&aacute;n que ver con la automatizaci&oacute;n de la vida y el trabajo, sin ning&uacute;n tipo de sistema de compensaci&oacute;n para ayudar a las personas afectadas por estos cambios, lo cual puede derivar en desempleo estructural y en un aumento del control y la vigilancia sociales. Se trata, en resumen, del advenimiento de un mundo en el que la mayor&iacute;a de los seres humanos son secundarios con respecto a unas m&aacute;quinas que est&aacute;n al servicio de los intereses de un pu&ntilde;ado de personas extremadamente poderosas.
    </p><p class="article-text">
        Este es el tipo de cosas que la izquierda debe tener mucho m&aacute;s en cuenta. La pregunta fundamental que deber&iacute;amos hacernos es, por tanto, c&oacute;mo mantener el poder ante estas transformaciones.
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                Nick Srnircek, en un acto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.                            </span>
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        <strong>El libro aborda las transformaciones de Silicon Valley y las mutaciones de la nueva derecha tecnol&oacute;gica. Los cambios parecen sustanciales: en 2016, Peter Thiel fue probablemente el &uacute;nico magnate que apoy&oacute; p&uacute;blicamente a Trump. Hoy, la tecnoligarqu&iacute;a en su conjunto parece apoyar el proyecto trumpista de una u otra forma. Adem&aacute;s, con anterioridad, estas empresas se hab&iacute;an autoimpuesto restricciones para no trabajar con el Pent&aacute;gono ni con fines militares, limitaciones que ahora han decidido dejar atr&aacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;lite tecnol&oacute;gica de Silicon Valley y la &eacute;lite pol&iacute;tica de Estados Unidos compart&iacute;an anteriormente un consenso sobre el papel de la tecnolog&iacute;a digital y sobre c&oacute;mo esta facilitaba el poder estadounidense: la expansi&oacute;n de las empresas tecnol&oacute;gicas estadounidenses por todo el mundo, dentro de un marco neoliberal, tambi&eacute;n beneficiaba al Estado. Este paradigma alcanz&oacute; su punto &aacute;lgido durante la Administraci&oacute;n Obama, aunque ya se vislumbraba bajo Clinton y, en menor medida, bajo George W. Bush. Esta alianza est&aacute; empezando a desmoronarse. 
    </p><p class="article-text">
        Con todo, en el libro trato de evitar el reduccionismo de creer que exist&iacute;a un consenso en Silicon Valley bajo Obama y que luego lleg&oacute; Trump y lo rompi&oacute;, en lo que yo llamo tecnonacionalismo. No es tan sencillo. En realidad, ya hab&iacute;a una variedad de corrientes subterr&aacute;neas, en algunos casos de d&eacute;cadas de antig&uuml;edad, que estaban socavando lentamente esa relaci&oacute;n. Las rupturas m&aacute;s importantes se producen bajo la primera Administraci&oacute;n Trump, s&iacute;, pero ya estaban ah&iacute; en anteriores administraciones.
    </p><p class="article-text">
        Se trata, por ejemplo, del cambio en el papel del Estado en la innovaci&oacute;n. Antes, el poder estatal era el factor determinante de la innovaci&oacute;n militar; las grandes contratistas de defensa depend&iacute;an de &eacute;l y segu&iacute;an sus directrices. Pero en las d&eacute;cadas de 1990, 2000 y 2010 el centro de la innovaci&oacute;n se traslada en gran medida al sector privado. El control estatal sobre el sector tecnol&oacute;gico empieza a erosionarse y el Estado depende cada vez m&aacute;s del nuevo poder tecnol&oacute;gico, hasta el punto de que hoy presenciamos el auge de nuevas empresas (Palantir, Anduril o Shield) que intentan superar a las grandes contratistas de defensa e imponer una nueva l&oacute;gica de <em>startup </em>en los contratos de defensa.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, ha cambiado la relaci&oacute;n entre Estados Unidos y China y entre sus &eacute;lites capitalistas. Uno de los argumentos principales del libro es que se produjo un viraje a lo largo de la d&eacute;cada de 2010. Durante bastante tiempo, en la d&eacute;cada de 2000, el objetivo de los capitalistas estadounidenses era integrar la econom&iacute;a china en la econom&iacute;a neoliberal global. Los beneficios les resultaban obvios: mano de obra barata, una base de usuarios masiva, una gran base de consumidores. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a lo largo de la d&eacute;cada de 2000 empezaron a ver que esto no funcionaba como quer&iacute;an y que los capitalistas chinos eran cada vez m&aacute;s competitivos en una variedad de industrias. Ya no se trataba de que China trabajara en sectores de menor valor, sino de que compet&iacute;a cada vez m&aacute;s directamente con las empresas estadounidenses. Lo que antes era un consenso sobre la apertura a China se convierte, a lo largo de la d&eacute;cada de 2010, en una mayor restricci&oacute;n de las empresas chinas y en m&aacute;s poder de los halcones anti-China.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El mundo neoliberal no era precisamente genial, pero el mundo tecnonacionalista fascista puede ser aún peor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Finalmente, se produce una divisi&oacute;n que surge bajo la primera Administraci&oacute;n Trump, se acelera bajo Biden y ha continuado de diversas maneras bajo la segunda Administraci&oacute;n Trump. Dentro de la &eacute;lite tecnol&oacute;gica surgen al menos dos grupos. Uno es el de las grandes empresas tecnol&oacute;gicas neoliberales globales, que siguen deseando un mundo neoliberal: crecieron y prosperaron en &eacute;l y no quieren aranceles, controles a la exportaci&oacute;n, guerras comerciales, ni tensiones geopol&iacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, existe una nueva corriente tecnonacionalista, impulsada por las empresas de tecnolog&iacute;a de defensa y apoyada cada vez m&aacute;s por el capital riesgo, que ve en la tecnolog&iacute;a de defensa un nuevo mercado enorme. Su inter&eacute;s principal no es mantener el neoliberalismo, sino c&oacute;mo asegurar las cadenas de suministro, c&oacute;mo reindustrializar Estados Unidos, c&oacute;mo aprovecharse de las tensiones geopol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Estas dos facciones est&aacute;n en tensi&oacute;n abierta. Washington se alinea cada vez m&aacute;s con el grupo tecnonacionalista y hay un malestar expl&iacute;cito de las empresas m&aacute;s neoliberales: Nvidia, Oracle y Google se han pronunciado en varios momentos diciendo que lo que est&aacute; haciendo el gobierno es una cat&aacute;strofe. Es un momento no hegem&oacute;nico: no existe tal cosa como un &ldquo;consenso de Silicon Valley&rdquo;. El mundo neoliberal no era precisamente genial, pero el mundo tecnonacionalista fascista puede ser a&uacute;n peor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro menciona que Estados Unidos y China tienen estrategias diferentes en lo que al desarrollo de la IA respecta: Estados Unidos tiene una &ldquo;estrategia de innovaci&oacute;n&rdquo; y, en el caso de China, podr&iacute;amos hablar de una &ldquo;estrategia de difusi&oacute;n&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; consisten y cu&aacute;les son sus diferencias?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La idea de que existe una carrera por la IA entre China y Estados Unidos es una tonter&iacute;a. No compiten; tienen metas diferentes.
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos apuesta por una estrategia de innovaci&oacute;n: se dedica a tiempo completo a desarrollar constantemente nuevas capacidades y posibilidades. Eso se refleja en la cantidad de inversi&oacute;n privada &mdash;<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/openai-comprometido-gastar-1-3-billones-ia-beneficios-saldra-dinero_1_12760825.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">OpenAI tiene algo as&iacute; como 1,5 billones de d&oacute;lares en compromisos de gasto</a>&mdash;, en una agenda desreguladora a nivel nacional &mdash;en materia de energ&iacute;a, por ejemplo, se est&aacute;n haciendo muchos esfuerzos para garantizar que la oferta energ&eacute;tica pueda crecer r&aacute;pidamente, independientemente de los costes medioambientales&mdash;, y en el intento de impedir que los 50 estados aprueben cualquier tipo de legislaci&oacute;n sobre IA que pueda obstaculizar la innovaci&oacute;n. Tambi&eacute;n hay una pol&iacute;tica industrial emergente, pero muy orientada al mercado: en muchos casos se trata de respaldar a las empresas o concederles pr&eacute;stamos sin imponerles muchas condiciones. 
    </p><p class="article-text">
        China, por el contrario, se centra mucho m&aacute;s en la difusi&oacute;n: la idea es implementar la IA en todas las escalas de su econom&iacute;a y en toda la sociedad. Si nos remontamos a su documento estrat&eacute;gico sobre IA de 2017 &mdash;el Plan de desarrollo de la IA de pr&oacute;xima generaci&oacute;n&mdash;, ya se centraba en c&oacute;mo aprovechar esta tecnolog&iacute;a, ponerla en manos de las peque&ntilde;as empresas, introducirla en diferentes industrias, en las empresas estatales y en la contrataci&oacute;n p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; pa&iacute;s cree que tendr&aacute; &eacute;xito en sus propios t&eacute;rminos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil de decir. Si tuviera que apostar, dir&iacute;a que la estrategia de China es probablemente la mejor. Hay un libro fant&aacute;stico que me ha influido mucho en esta forma de pensar: <em>Technology and the Rise of Great Powers</em>. All&iacute;, Jeffrey Ding argumenta que cuando el equilibrio de poder ha cambiado en el pasado debido a tecnolog&iacute;as de uso general como la IA, ha sido porque estas tecnolog&iacute;as se han difundido por toda la econom&iacute;a de un pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        No han sido los <em>innovadores</em> los que han liderado el cambio, sino los <em>difusores</em>. Y creo que algo similar ocurrir&aacute; con la IA: si puede implementarse en toda la econom&iacute;a, se puede aumentar la productividad general, lo que impulsa la econom&iacute;a nacional, el poder militar y la posici&oacute;n internacional. El enfoque basado en la innovaci&oacute;n, en cambio, se concentra mucho m&aacute;s en un &uacute;nico sector.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La idea de que existe una carrera por la IA entre China y Estados Unidos es una tontería. No compiten; tienen metas diferentes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ahora bien, la historia que contar&aacute; Estados Unidos es que se trata de una carrera hacia la inteligencia artificial general, y la creencia es que, si se consigue algo parecido a la IAG (Inteligencia Artificial General), las ventajas de ser el primero ser&aacute;n enormes. Esta era una creencia dominante en la Administraci&oacute;n Biden. Hab&iacute;a una sensaci&oacute;n real de que la IAG era inminente y de que, por ejemplo, los controles de exportaci&oacute;n de semiconductores forzar&iacute;an a China a desarrollar su propia industria nacional, pero su l&oacute;gica era que eso llevar&iacute;a una d&eacute;cada, mientras que la IAG llegar&iacute;a en tres o cinco a&ntilde;os. Los plazos funcionaban en escalas distintas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sam Altman, CEO de OpenAI, ha dicho en numerosas ocasiones que estas transformaciones requerir&aacute;n una reconfiguraci&oacute;n significativa del contrato social. &iquest;A qu&eacute; se refiere?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por lo general, este tipo de an&aacute;lisis giran en torno a alguna forma de renta b&aacute;sica universal. La l&oacute;gica es casi siempre la misma: este pu&ntilde;ado de empresas que lideran el desarrollo de la IA acumular&aacute;n inmensas riquezas para s&iacute; mismas y luego ser&aacute;n lo suficientemente benevolentes como para compartirlas con todo el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        El problema, claro, es que confiar en la benevolencia de dictadores ricos no es una buena estrategia, ni para la sociedad en su conjunto ni para la izquierda. Lo que hay que intentar es discernir c&oacute;mo configurar la IA de modo que se evite esa concentraci&oacute;n de riqueza en manos de unos pocos y que el valor que genera se comparta ampliamente. 
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                    alt="Manifestación en Londres contra la empresa tecnológica Palantir en 2023."
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                Manifestación en Londres contra la empresa tecnológica Palantir en 2023.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Su libro utiliza la noci&oacute;n de &ldquo;imperio&rdquo; como concepto pol&iacute;tico y herramienta de an&aacute;lisis. Recientemente, </strong><a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/investigadora-destripa-mito-openai-sam-altman-multinacionales-ia-aceleran-retroceso-democratico_128_12845861.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Karen Hao public&oacute; </strong></a><a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/investigadora-destripa-mito-openai-sam-altman-multinacionales-ia-aceleran-retroceso-democratico_128_12845861.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>El imperio de la IA</strong></em></a><strong>, una cr&oacute;nica del ascenso de OpenAI y de ChatGPT. Usted y ella trabajan con ideas diferentes de imperio, pero quisiera preguntarle por la utilidad de invocar un concepto tan cargado pol&iacute;ticamente y por qu&eacute; considera que resulta especialmente atractivo en el caso de la IA.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiene que ver con las din&aacute;micas que impulsan a estas empresas y con las que se sustentan los ensamblajes estatales que las apoyan. Me encanta el libro de Hao en muchos sentidos, pero el Estado est&aacute; notablemente ausente en gran parte de su relato, y no creo que se pueda contar la historia de la IA hoy centr&aacute;ndose &uacute;nicamente en las empresas.
    </p><p class="article-text">
        Existe un aspecto imperialista expansivo en el proceso de captura de recursos en todo el mundo. La desintegraci&oacute;n del neoliberalismo desplaza el &eacute;nfasis del libre comercio y de los mercados a la fuerza bruta y al poder de negociaci&oacute;n para conseguir lo que Estados Unidos quiere y lo que quieren sus empresas de IA. Adem&aacute;s, los recursos destinados a los centros de datos o la energ&iacute;a necesaria son rasgos cl&aacute;sicos del imperialismo.
    </p><p class="article-text">
        La otra cara de la moneda es que, una vez creada la IA, hay que expandirla por el resto del mundo. No se trata solo de capturar recursos, sino de coaccionar para imponer una pila tecnol&oacute;gica (<em>tech stack</em>) concreta. Estados Unidos, en su ret&oacute;rica, en su pol&iacute;tica y en la pr&aacute;ctica, ha utilizado su control sobre la tecnolog&iacute;a de vanguardia para obtener lo que quiere de otros pa&iacute;ses. El acuerdo con los Emiratos &Aacute;rabes Unidos es un buen ejemplo: los Emiratos reciben medio mill&oacute;n de chips de Nvidia a cambio de eliminar la pila tecnol&oacute;gica china de sus centros de datos y servicios gubernamentales. Se convirti&oacute; en una pila tecnol&oacute;gica estadounidense. Esto es un lanzamiento imperial para expandir esta infraestructura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la situaci&oacute;n y el papel de Europa? Muchos &mdash;no solo en los sectores progresistas, es algo bastante transversal&mdash; han hablado de una tercera v&iacute;a entre el modelo chino y el estadounidense.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me gusta la idea de contar con una tercera opci&oacute;n que no sea solo China ni Estados Unidos. La UE quiere claramente ser esa tercera opci&oacute;n, pero creo que a veces se olvidan del <em>para qu&eacute;</em>. En muchos sentidos quieren seguir el modelo estadounidense, y si solo se reproduce el sistema estadounidense, sus valores, su enfoque de la IA, &iquest;qu&eacute; se ofrece que sea diferente? &iquest;Por qu&eacute; querr&iacute;a alguien seguir ese camino? En t&eacute;rminos de valores: &iquest;se va a explotar masivamente el medio ambiente para alcanzar la IAG a toda costa? &iquest;Se va a coaccionar a otros pa&iacute;ses para obtener recursos? Adem&aacute;s, creo que seguir el modelo estadounidense resulta extremadamente costoso e in&uacute;til en muchos sentidos. Invertir en entrenamientos multimillonarios para un modelo que, con suerte, estar&aacute; en lo m&aacute;s alto de las clasificaciones durante unos tres meses y luego ser&aacute; superado por otro... 
    </p><p class="article-text">
        La alternativa tiene que ser algo muy diferente: no crear un proyecto soberano de IA digital para un pa&iacute;s o una regi&oacute;n, sino un bien com&uacute;n en el que todo el mundo pueda participar, un sistema interoperable y basado en la portabilidad de los datos, alejado de la concentraci&oacute;n de recursos, tr&aacute;fico, poder y beneficios en unas pocas empresas. Creo que Europa podr&iacute;a contribuir a la construcci&oacute;n de algo parecido a un patrimonio com&uacute;n de IA, abierto a cualquiera, no solo a los pa&iacute;ses europeos, sino a cualquier pa&iacute;s del mundo que quiera adoptar estos proyectos de c&oacute;digo abierto y construir con ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos C. Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nick-srnicek-experto-economia-digital-izquierda-debe-tomarse-inteligencia-artificial-serio_128_13184766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 19:35:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nick Srnicek, experto en economía digital: "La izquierda debe tomarse la inteligencia artificial mucho más en serio"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Estados Unidos,OpenAI,China,Tecnología,Innovación,UE - Unión Europea,Donald Trump,Sam Altman,Anthropic,ChatGPT,Nvidia,Chips]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Benjamin Balthaser, historiador: "Los verdaderos antisemitas ocupan posiciones centrales en la política de EEUU"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/benjamin-balthaser-historiador-verdaderos-antisemitas-ocupan-posiciones-centrales-politica-eeuu_128_13111196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec244944-0326-4e53-a0fd-60a56e69076b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1116y859.jpg" width="1200" height="675" alt="Benjamin Balthaser, historiador: &quot;Los verdaderos antisemitas ocupan posiciones centrales en la política de EEUU&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En los 60 se impuso en EEUU la narrativa de que ser judío era ser sionista, pero eso ha terminado", dice el historiador de la izquierda judía en EEUU</p><p class="subtitle">"Soy ciudadano de EEUU e Israel ha destruido mi casa con armas pagadas con mis impuestos"</p></div><p class="article-text">
        Una mujer jud&iacute;a de izquierdas se alista como voluntaria para combatir en la guerra &aacute;rabe-israel&iacute; de 1948. La desilusi&oacute;n, sin embargo, llega pronto. Cuando se decida a abandonar la causa, un compa&ntilde;ero sionista le lanza una frase que funciona como reproche y diagn&oacute;stico: &ldquo;Te sientes extranjera en Israel porque eres ciudadana del mundo entero<em>&rdquo;</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Esa sentencia, que da t&iacute;tulo a un manuscrito in&eacute;dito de un desconocido intelectual jud&iacute;o antisionista, condensa con precisi&oacute;n la tensi&oacute;n entre particularismo y universalismo que atraviesa la historia del pueblo jud&iacute;o. Es tambi&eacute;n el hilo conductor del &uacute;ltimo libro de Benjamin Balthaser.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Citizens of the Whole World: Anti-Zionism and the Cultures of the American Jewish Left </em>[Ciudadanos del mundo: antisionismo y las culturas de la izquierda jud&iacute;a estadounidense] (Verso, 2025), Balthaser, profesor de literatura en la Universidad de Indiana, reconstruye con erudici&oacute;n y pulso narrativo la densa y compleja trayectoria de la izquierda jud&iacute;a en Estados Unidos; sus tradiciones internacionalistas, sus rupturas internas y su prolongada relaci&oacute;n cr&iacute;tica con el sionismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; escribir un libro como este ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Conceb&iacute; el libro hace nueve a&ntilde;os, cuando empec&eacute; a observar la emergencia de un nuevo movimiento jud&iacute;o antisionista en Estados Unidos. Coincidi&oacute; con el momento en que los Socialistas Democr&aacute;ticos de Am&eacute;rica (DSA), la mayor organizaci&oacute;n socialista del pa&iacute;s, aprobaron su primera resoluci&oacute;n de apoyo al movimiento BDS (Boicot, Desinversi&oacute;n y Sanciones). 
    </p><p class="article-text">
        Hasta entonces, DSA hab&iacute;a sido la &uacute;nica organizaci&oacute;n socialista en la que era posible declararse abiertamente sionista. Aquella resoluci&oacute;n &mdash;en la que particip&eacute; activamente y cuyo &eacute;xito se debi&oacute; en buena medida al respaldo de corrientes jud&iacute;as dentro de la propia organizaci&oacute;n&mdash; marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n: a partir de entonces, el antisionismo pas&oacute; a ser la posici&oacute;n mayoritaria de la izquierda estadounidense. Fue en ese contexto cuando, como historiador y cr&iacute;tico cultural de la izquierda, empec&eacute; a interrogarme por los or&iacute;genes hist&oacute;ricos de ese giro y por la trayectoria de la izquierda jud&iacute;a en Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        El libro recorre, as&iacute;, un siglo de historia de la izquierda jud&iacute;a estadounidense y de sus pol&iacute;ticas antisionistas, partiendo de una premisa central: el auge actual de las cr&iacute;ticas al sionismo en el seno de la izquierda estadounidense no constituye en absoluto una novedad, ni para la izquierda del pa&iacute;s en general ni, menos a&uacute;n, para la izquierda jud&iacute;a estadounidense.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La coyuntura actual se asemeja mucho más a la de las décadas de 1930 y 1940, cuando amplios sectores de la izquierda judía entendían el sionismo como un proyecto de clase, impulsado por las élites judías para asegurar su poder alineándose con una fuerza imperial mayor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es ese recorrido hist&oacute;rico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n de los jud&iacute;os inmigrantes en la izquierda estadounidense &mdash;desde las grandes oleadas procedentes de Europa del Este a finales del siglo XIX&mdash; no fue excepcional en comparaci&oacute;n con la de otros grupos inmigrantes. Como alemanes, italianos o mexicoamericanos, muchos jud&iacute;os se incorporaron a empleos precarios y a movimientos sindicales y socialistas multi&eacute;tnicos. En su caso, este proceso coincidi&oacute; con la formaci&oacute;n de una clase trabajadora y media jud&iacute;a y con la consolidaci&oacute;n de una <em>yiddishkeit</em> secular [ecosistema de pr&aacute;cticas y sensibilidades propio del mundo askenaz&iacute; de Europa del Este, atravesado por la tradici&oacute;n jud&iacute;a diasp&oacute;rica, antinacionalista y esc&eacute;ptica del Estado] que articul&oacute; una aceptaci&oacute;n culturalmente espec&iacute;fica del socialismo, expresada en instituciones, prensa y organizaciones de izquierda en lengua yiddish.
    </p><p class="article-text">
        En las d&eacute;cadas de 1930 y 1940 esta tradici&oacute;n alcanz&oacute; su apogeo. El Partido Comunista estadounidense, integrado en gran medida por jud&iacute;os de segunda y tercera generaci&oacute;n, lleg&oacute; a ser aproximadamente mitad jud&iacute;o. No todos los jud&iacute;os eran socialistas, por supuesto, pero las posiciones anticapitalistas eran extraordinariamente comunes.
    </p><p class="article-text">
        Fue en este contexto cuando el sionismo se convirti&oacute; en un objeto central de debate, tras la Declaraci&oacute;n Balfour, el crecimiento de los asentamientos jud&iacute;os en Palestina y el cierre de las fronteras estadounidenses con la Ley Johnson-Reed de 1924, que dej&oacute; a los jud&iacute;os europeos sin apenas v&iacute;as de escape.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la izquierda jud&iacute;a de los a&ntilde;os treinta y cuarenta, el sionismo fue mayoritariamente rechazado. Sus cr&iacute;ticas se articularon en torno a tres ejes principales: la identificaci&oacute;n del sionismo con formas de nacionalismo percibidas como cercanas al fascismo; su alineamiento con el imperialismo brit&aacute;nico y con figuras de la derecha europea (Churchill, marcadamente antisemita, era un notable sionista); y su car&aacute;cter racialista, incompatible con el antifascismo y el antirracismo que defin&iacute;an a la izquierda de la &eacute;poca. No era extra&ntilde;o que el <em>Yishuv</em> [los asentamientos jud&iacute;os en el Israel preestatal] fuera descrito como una &ldquo;sociedad Jim Crow&rdquo; [en referencia a las leyes estadounidenses de segregaci&oacute;n racial].
    </p><p class="article-text">
        Aunque existieron corrientes minoritarias favorables a un socialismo sionista o a soluciones binacionales &mdash;defendidas, entre otros, por Albert Einstein y Hannah Arendt&mdash;, la posici&oacute;n dominante en la izquierda jud&iacute;a estadounidense antes de 1948 fue que la creaci&oacute;n de un Estado &eacute;tnico contradec&iacute;a tanto los principios de la pol&iacute;tica de izquierdas como la sensibilidad <em>yiddishkeit</em>, que conceb&iacute;a la democracia multi&eacute;tnica como un rasgo central de su identidad pol&iacute;tica.
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                    alt="El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, antes de viajar a EEUU, donde pasará toda la semana reuniéndose con altos cargos."
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            <span class="title">
                El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, antes de viajar a EEUU, donde pasará toda la semana reuniéndose con altos cargos.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo evolucion&oacute; el antisionismo jud&iacute;o despu&eacute;s de la partici&oacute;n de Palestina y, especialmente, despu&eacute;s de la Guerra de los Seis D&iacute;as en 1967?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los grandes puntos de inflexi&oacute;n para la izquierda jud&iacute;a y la izquierda internacional fue la posici&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en 1947, en particular el apoyo de Stalin a la partici&oacute;n de Palestina y su defensa del sionismo ante la ONU como una forma de reparaci&oacute;n tras el Holocausto. En aquel momento, la URSS segu&iacute;a gozando de un notable prestigio entre amplios sectores de la izquierda mundial, incluida la estadounidense, por lo que esta postura tuvo un impacto decisivo y contribuy&oacute; a normalizar el sionismo como posici&oacute;n leg&iacute;tima dentro de la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, en Estados Unidos se desarrollaba la &ldquo;caza de brujas&rdquo;. Las organizaciones socialistas jud&iacute;as, multi&eacute;tnicas y de inspiraci&oacute;n yiddish fueron desmanteladas, el movimiento obrero de izquierda fue reprimido y la tradici&oacute;n socialista y marxista qued&oacute; pr&aacute;cticamente destruida. La efervescencia de la izquierda jud&iacute;a de comienzos del siglo XX se interrumpi&oacute; de manera abrupta y el sionismo pas&oacute; a ser asumido por amplios sectores de la izquierda mundial como una posici&oacute;n casi oficial.
    </p><p class="article-text">
        El siguiente gran giro lleg&oacute; en 1967. En pleno surgimiento de la Nueva Izquierda, la Guerra de los Seis D&iacute;as fue ampliamente percibida por la opini&oacute;n p&uacute;blica como una intolerable guerra de agresi&oacute;n, no defensiva, y coincidi&oacute; con la radicalizaci&oacute;n del movimiento contra la guerra de Vietnam y con una cr&iacute;tica cada vez m&aacute;s elaborada del imperialismo estadounidense. A su vez, tras 1967, el apoyo de Estados Unidos a Israel dej&oacute; de ser ambivalente y contextual y se volvi&oacute; inequ&iacute;voco. Israel pas&oacute; a ocupar as&iacute; un lugar central en la estrategia geopol&iacute;tica estadounidense.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, los activistas jud&iacute;os de la izquierda de los a&ntilde;os sesenta se vieron obligados a tomar posici&oacute;n. Lo que emergi&oacute; fue una rearticulaci&oacute;n de las cr&iacute;ticas antisionistas de las d&eacute;cadas de 1930 y 1940, ahora formuladas en clave antiimperialista: Israel como aliado del imperialismo occidental y la causa palestina como parte de la insurgencia anticolonial global. A diferencia del periodo anterior, el movimiento palestino pas&oacute; a ser reconocido como un actor revolucionario central, en di&aacute;logo con organizaciones tercermundistas y con movimientos como las Panteras Negras.
    </p><p class="article-text">
        De este proceso surgi&oacute; una fractura duradera: por un lado, una &eacute;lite liberal jud&iacute;a plenamente alineada con el sionismo y los intereses imperiales estadounidenses; por otro, una izquierda jud&iacute;a radical, vinculada a los movimientos antiimperialistas y de liberaci&oacute;n palestina. Esa divisi&oacute;n, gestada entre 1947 y 1967, constituye el punto de partida de la configuraci&oacute;n pol&iacute;tica actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro traza una genealog&iacute;a hist&oacute;rica de c&oacute;mo la definici&oacute;n de antisemitismo ha sido reformulada, instrumentalizada y disputada pol&iacute;ticamente, con especial intensidad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vivimos un momento profundamente contradictorio en el que el antisemitismo (o m&aacute;s bien el <em>antiantisemitismo</em>) es instrumentalizado por los Estados para reprimir a la izquierda, en particular al movimiento de solidaridad con Palestina. En Estados Unidos, numerosos estados y grupos oficiales han adoptado la definici&oacute;n de antisemitismo de la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto), que equipara el antisemitismo con la cr&iacute;tica a Israel. Mi libro muestra que el antisionismo no es intr&iacute;nsecamente antisemita, pero esta definici&oacute;n se utiliza hoy como una herramienta espec&iacute;fica para silenciar a la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        A esta din&aacute;mica la denomino &ldquo;fascismo de los derechos civiles&rdquo;: un marco en el que los Estados presentan la represi&oacute;n como una forma de protecci&oacute;n de las minor&iacute;as. Se trata de legitimar pr&aacute;cticas autoritarias invocando la defensa de los derechos civiles, de manera an&aacute;loga al uso instrumental del derecho internacional para justificar intervenciones imperiales. As&iacute;, mientras se proh&iacute;ben o se persiguen organizaciones jud&iacute;as antisionistas, los verdaderos antisemitas prosperan en la extrema derecha.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Uno de los grandes puntos de inflexión para la izquierda judía y la izquierda internacional fue la posición de la Unión Soviética en 1947, en particular el apoyo de Stalin a la partición de Palestina y su defensa del sionismo ante la ONU como una forma de reparación tras el Holocausto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Figuras influyentes del ecosistema conservador y fascista difunden abiertamente teor&iacute;as conspirativas antisemitas y amplios sectores de la coalici&oacute;n republicana, incluidos grupos evang&eacute;licos, sostienen visiones profundamente antijud&iacute;as, aunque apoyen a Israel por motivos escatol&oacute;gicos. 
    </p><p class="article-text">
        Para esta extrema derecha, los jud&iacute;os son agentes de una conspiraci&oacute;n global, no son plenamente blancos&hellip; El antisemitismo se utiliza como arma contra la izquierda y las coaliciones multi&eacute;tnicas, mientras los antisemitas reales ocupan posiciones centrales en la pol&iacute;tica de la principal superpotencia mundial. Es m&aacute;s: el antisemitismo constituye uno de los pilares de la derecha global contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n, considero, pasa por ser claros: la izquierda global debe oponerse a todas las formas de racismo. Es evidente que hoy el racismo se moviliza de manera m&aacute;s destacada contra los palestinos, los afroamericanos y los migrantes, pero a menudo tambi&eacute;n se manifiesta como antisemitismo.
    </p><p class="article-text">
        No hay ninguna necesidad de recurrir a marcos antisemitas para criticar a Israel. Esa confusi&oacute;n solo beneficia a la derecha. Los jud&iacute;os tienen derecho a la dignidad, la seguridad y la autonom&iacute;a, pero eso no justifica en ning&uacute;n caso el desplazamiento de otra poblaci&oacute;n. Por eso es anal&iacute;ticamente err&oacute;neo y pol&iacute;ticamente peligroso afirmar que Israel representa al &ldquo;jud&iacute;o colectivo&rdquo;. Esa idea reduce lo jud&iacute;o a un Estado &eacute;tnico violento y traiciona tanto la historia jud&iacute;a como su tradici&oacute;n &eacute;tica y diasp&oacute;rica.
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            <span class="title">
                El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump                            </span>
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        <strong>Casi un tercio de los jud&iacute;os estadounidenses describen a Israel como un Estado de apartheid y m&aacute;s de un tercio califica el ataque de Israel a Gaza de &ldquo;genocidio&rdquo; &iquest;C&oacute;mo ha cambiado la mentalidad pol&iacute;tica de los jud&iacute;os estadounidenses? &iquest;C&oacute;mo opera la divisi&oacute;n generacional?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde finales de los a&ntilde;os sesenta, y especialmente tras la guerra de 1967, se impuso la narrativa de que exist&iacute;a un consenso jud&iacute;o estadounidense en torno a Israel y de que ser jud&iacute;o en Estados Unidos equival&iacute;a a ser sionista. Ese momento ha terminado. La coyuntura actual se asemeja mucho m&aacute;s a la de las d&eacute;cadas de 1930 y 1940, cuando amplios sectores de la izquierda jud&iacute;a entend&iacute;an el sionismo como un proyecto de clase, impulsado por las &eacute;lites jud&iacute;as para asegurar su poder aline&aacute;ndose con una fuerza imperial mayor. Entonces se trataba del Imperio Brit&aacute;nico; hoy, del estadounidense. 
    </p><p class="article-text">
        Esta fractura tiene una base material clara y se manifiesta de forma especialmente visible en los campus universitarios. Las encuestas muestran de manera consistente que los estudiantes jud&iacute;os de entornos m&aacute;s acomodados tienden a respaldar a las organizaciones sionistas, mientras que los estudiantes de clase media y trabajadora se identifican mayoritariamente con los campamentos pro-Palestina. A ello se suma una brecha generacional pronunciada: entre la juventud jud&iacute;a, las percepciones de Israel como Estado de apartheid y de la guerra de Gaza como genocidio superan con creces a las del conjunto de la poblaci&oacute;n jud&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Estas divisiones se entrecruzan, adem&aacute;s, con din&aacute;micas raciales y de g&eacute;nero. Organizaciones como <em>Jewish Voice for Peace</em> han buscado deliberadamente constituirse como espacios para una comunidad jud&iacute;a diversa &mdash;jud&iacute;os racializados, sefard&iacute;es y mizraj&iacute;es, jud&iacute;os queer y trans, jud&iacute;os feministas&mdash; que no se refleja en instituciones dominantes, a menudo blancas, askenaz&iacute;es y conservadoras.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego, en &uacute;ltima instancia, es una disputa entre dos concepciones opuestas del juda&iacute;smo y dos pr&aacute;cticas materiales distintas de la vida jud&iacute;a. El desenlace depender&aacute; de la capacidad de la izquierda jud&iacute;a para organizarse de forma eficaz, un desaf&iacute;o hist&oacute;rico recurrente frente a una extrema derecha que cuenta con recursos econ&oacute;micos, arraigo institucional y s&oacute;lidas bases en la sociedad civil.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los judíos tienen derecho a la dignidad, la seguridad y la autonomía, pero eso no justifica el desplazamiento de otra población. Por eso es erróneo y políticamente peligroso afirmar que Israel representa al &quot;judío colectivo&quot;. Esa idea reduce lo judío a un Estado étnico violento y traiciona la historia judía</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Zohran Mamdani se enfrent&oacute; a numerosas acusaciones de antisemitismo, pero logr&oacute; obtener un fuerte apoyo intergeneracional de votantes jud&iacute;os, principalmente de izquierda y centroizquierda &iquest;C&oacute;mo se explican los buenos resultados entre la comunidad jud&iacute;a pese a la campa&ntilde;a en su contra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se intent&oacute; desacreditar a Mamdani, como a Corbyn en Reino Unido, mediante una estrategia ya conocida: presentar el antisionismo como antisemitismo y convertir esa acusaci&oacute;n en un arma pol&iacute;tica para deslegitimar a una figura de izquierdas. La l&oacute;gica era sencilla: fabricar una supuesta crisis moral, amplificada por los grandes medios, para sembrar confusi&oacute;n sobre una trayectoria pol&iacute;tica que siempre ha sido coherente, antirracista y progresista.
    </p><p class="article-text">
        Pero la operaci&oacute;n fracas&oacute;. Y lo hizo, en gran medida, porque en Nueva York existe una izquierda jud&iacute;a organizada, con experiencia pol&iacute;tica e intelectual, capaz de distinguir entre antisemitismo real y cr&iacute;tica leg&iacute;tima a Israel. Estas organizaciones llevan a&ntilde;os elaborando una cr&iacute;tica rigurosa del antisemitismo, se&ntilde;alando su arraigo real en la extrema derecha y defendiendo que oponerse al sionismo no equivale a atacar a los jud&iacute;os. Gracias a esa pedagog&iacute;a previa las acusaciones pudieron ser desmontadas de manera sistem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la izquierda jud&iacute;a actuaba tambi&eacute;n en defensa de sus propios intereses pol&iacute;ticos. Sabe que ciertas instituciones jud&iacute;as, las m&aacute;s dominantes, cada vez m&aacute;s alineadas con la derecha, no solo funcionan como adversarios ideol&oacute;gicos, sino que dificultan en la pr&aacute;ctica la participaci&oacute;n jud&iacute;a en coaliciones progresistas amplias, multi&eacute;tnicas y multirraciales. La confusi&oacute;n permanente sobre qui&eacute;n es antisemita, qui&eacute;n critica a Israel o si todos los jud&iacute;os piensan lo mismo resulta profundamente t&oacute;xica para cualquier proyecto de izquierda y para la propia comunidad jud&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, no es solo que Mamdani no sea antisemita, sino que es probablemente el alcalde menos antisemita que ha tenido Nueva York en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos C. Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/benjamin-balthaser-historiador-verdaderos-antisemitas-ocupan-posiciones-centrales-politica-eeuu_128_13111196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 20:05:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Benjamin Balthaser, historiador: "Los verdaderos antisemitas ocupan posiciones centrales en la política de EEUU"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Israel,Guerras,Antisemitismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo los neoliberales se obsesionaron con el cociente intelectual y abrazaron el etnonacionalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/neoliberales-obsesionaron-cociente-intelectual-abrazaron-etnonacionalismo_128_12872105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9394e311-5535-451f-8142-3186815c5a90_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo los neoliberales se obsesionaron con el cociente intelectual y abrazaron el etnonacionalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quinn Slobodian, historiador y autor del libro 'Los bastardos de Hayek: raza, oro, cociente intelectual y el capitalismo de la extrema derecha' conversa con elDiario.es sobre los orígenes y evolución del neoliberalismo hasta su unión con la extrema derecha</p><p class="subtitle">Entrevista - Marc-William Palen, historiador: “La guerra comercial abre la oportunidad para que la izquierda redescubra el potencial del libre comercio”
</p></div><p class="article-text">
        Tras el &eacute;xito de <em>Globalistas: El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo</em> (Capit&aacute;n Swing, 2021) y <em>El capitalismo de la fragmentaci&oacute;n: El radicalismo de mercado y el sue&ntilde;o de un mundo sin democracia</em> (Paid&oacute;s, 2023), Quinn Slobodian, profesor de historia internacional en la Universidad de Boston, explica en su &uacute;ltimo libro, <em>Hayek's Bastards: Race, Gold, IQ, and the Capitalism of the Far Right</em> (Zone Books, 2025) c&oacute;mo una parte de la derecha intelectual ha reconfigurado las ideas de Friedrich Hayek para enfrentar lo que percibe como un &ldquo;nuevo colectivismo&rdquo;: las luchas por la justicia racial, de g&eacute;nero y clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de conceptos como el Volk Capital (&ldquo;capital etnonacional&rdquo;) y la obsesi&oacute;n por el cociente intelectual como herramienta de jerarquizaci&oacute;n social, el libro revela un giro desde el universalismo econ&oacute;mico hacia una visi&oacute;n excluyente y biologicista. Slobodian tambi&eacute;n analiza las nuevas alianzas entre &eacute;lites tecnol&oacute;gicas y movimientos nacionalistas, la centralidad de la defensa del capitalismo en todas las mutaciones neoliberales o la emergencia de Elon Musk y el &ldquo;muskismo&rdquo; como una transformaci&oacute;n del contrato social basado en la promesa ilusoria de soberan&iacute;a tecnol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; el t&iacute;tulo, </strong><em><strong>Bastardos de Hayek</strong></em><strong>? &iquest;Qui&eacute;nes son estos bastardos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una imagen muy eficaz para mostrar c&oacute;mo las ideas se transforman con el tiempo y se reutilizan, a veces de manera impropia o imprevista, en funci&oacute;n de las necesidades coyunturales de proyectos pol&iacute;ticos distintos. Esa manera de entender la historia intelectual siempre me ha parecido convincente: no hay ideas puras; toda idea termina alter&aacute;ndose, combin&aacute;ndose con nuevas aleaciones a medida que se transmite y se adapta a contextos diferentes. Y Friedrich Hayek no constituye una excepci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La apelación al cociente intelectual siempre resurge en momentos de movilización popular a favor de la igualdad y sirve como un instrumento para deslegitimar las demandas de grupos infrarrepresentados </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hoy, el economista y fil&oacute;sofo austriaco sigue siendo una referencia central para libertarios, neoliberales y conservadores. Sin embargo, aquello que se pretende decir cuando se invoca a Hayek es extraordinariamente variado. Me interes&oacute; escribir este libro para examinar c&oacute;mo una generaci&oacute;n de intelectuales de derechas, vinculados al movimiento neoliberal, se apropi&oacute; y reconfigur&oacute; el pensamiento hayekiano al final de la Guerra Fr&iacute;a, en un momento en que la vieja contienda entre comunismo y capitalismo parec&iacute;a haberse resuelto de forma definitiva en favor del capitalismo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que muestro es que recurren a Hayek para identificar nuevos enemigos incluso despu&eacute;s del derrumbe del socialismo sovi&eacute;tico, pese a que la conexi&oacute;n con las ideas originales del austriaco sea m&aacute;s bien tenue. El libro aborda, en esencia, c&oacute;mo definen ese nuevo adversario y c&oacute;mo lo sit&uacute;an en quienes defienden la justicia racial, la igualdad de g&eacute;nero o la justicia clim&aacute;tica, frentes de lucha que los autores neoliberales interpretan como un &ldquo;nuevo colectivismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tendemos a asociar el neoliberalismo con una exaltaci&oacute;n casi reductiva del individuo. Sin embargo, su libro muestra que esa lectura es insuficiente: los neoliberales dedicaron una notable energ&iacute;a intelectual a imaginar formas alternativas de comunidad y muchos de ellos incluso temieron la posible disoluci&oacute;n del Estado. En ese contexto introduce el concepto de &ldquo;Volk Capital&rdquo; [capital etnonacional]. &iquest;C&oacute;mo deber&iacute;amos entender esta conexi&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La comprensi&oacute;n m&aacute;s extendida del neoliberalismo suele verlo como una doctrina que reduce a los seres humanos a una valoraci&oacute;n puramente econ&oacute;mica, a unidades de trabajo que circulan por un mercado abstracto, desprovistas de rasgos distintivos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me sorprendi&oacute; al estudiar a los neoliberales, especialmente a los de la d&eacute;cada de 1990, es que comenzaban a abandonar esa visi&oacute;n universalista del sujeto econ&oacute;mico. En lugar de concebir a las personas como actores intercambiables dentro del mercado, empezaron a verlas como individuos marcados de forma indeleble por su contexto cultural, nacional e incluso racial.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos &ldquo;bastardos de Hayek&rdquo; a los que analizo en el libro intentan explicar por qu&eacute; ciertos pa&iacute;ses producir&iacute;an, seg&uacute;n ellos, poblaciones con mayor inclinaci&oacute;n al &eacute;xito en el mercado, pueblos con valores m&aacute;s emprendedores, incluso con una supuesta disposici&oacute;n natural al ahorro. En ese esfuerzo, terminan colectivizando la noci&oacute;n de &ldquo;capital humano&rdquo; y transform&aacute;ndola en un atributo inscrito casi literalmente en el c&oacute;digo gen&eacute;tico de determinadas poblaciones y, por tanto, supuestamente inaccesible para otras. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El historiador Quinn Slobodian.                            </span>
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        Este giro resulta clave para entender por qu&eacute;, desde los a&ntilde;os 90 y a&uacute;n m&aacute;s durante la d&eacute;cada de 2010, algunos neoliberales empiezan a articular formas de &ldquo;etnonacionalismo&rdquo; y a expresar un rechazo rotundo a la inmigraci&oacute;n, defendiendo el endurecimiento de las pol&iacute;ticas migratorias. Subyace en ello una nueva racionalidad econ&oacute;mica en la que el capital humano se piensa en t&eacute;rminos nacionales, &eacute;tnicos y raciales. Esa deriva es la que, en mi opini&oacute;n, justifica hablar de Volk Capital [&ldquo;capital etnonacional&rdquo;]. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En esta misma l&iacute;nea, el libro aborda lo que denomina la &ldquo;centralidad del cociente intelectual&rdquo; en esta nueva derecha y su obsesi&oacute;n por cuantificar la inteligencia. Esa fijaci&oacute;n conduce a los neoliberales a elaborar jerarqu&iacute;as basadas en concepciones mensurables de la capacidad cognitiva, lo que produce &ldquo;neurocastas&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;les son las ra&iacute;ces hist&oacute;ricas de este fen&oacute;meno?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s llamativas de las apelaciones al cociente intelectual (CI), sobre todo en la cultura pol&iacute;tica estadounidense, es que tiende a resurgir en momentos de movilizaci&oacute;n popular en favor de la igualdad. 
    </p><p class="article-text">
        Pueden identificarse tres grandes episodios en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os. El primero aparece tras el movimiento por los derechos civiles y el auge del feminismo a comienzos de los a&ntilde;os 70, cuando ciertos sectores conservadores, sobre todo el psic&oacute;logo Richard J. Herrnstein, empezaron a presentar el CI como un obst&aacute;culo intr&iacute;nseco y natural a la igualdad distributiva y a la representaci&oacute;n en cargos p&uacute;blicos, en consejos de administraci&oacute;n o en los niveles superiores de la &eacute;lite profesional. Su razonamiento era que, dado que la inteligencia ser&iacute;a hereditaria, exist&iacute;a un l&iacute;mite natural al n&uacute;mero de mujeres o personas pertenecientes a minor&iacute;as raciales que pod&iacute;an alcanzar posiciones de &eacute;lite. Si la distribuci&oacute;n del CI imped&iacute;a que esos grupos alcanzaran, en promedio, niveles elevados de rendimiento, entonces, seg&uacute;n esta l&oacute;gica, quiz&aacute; hab&iacute;a que resignarse a la persistencia de la desigualdad contra la que luchaban el movimiento por los derechos civiles y el feminismo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Donald Trump durante una reunión de su gabinete de Gobierno en la Casa Blanca el pasado 2 de diciembre"
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            <span class="title">
                Donald Trump durante una reunión de su gabinete de Gobierno en la Casa Blanca el pasado 2 de diciembre                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de 1990 se produce un segundo episodio, en un contexto inmediatamente posterior a la Guerra Fr&iacute;a marcado por el avance de la discriminaci&oacute;n positiva y el antirracismo. Muchos empresarios percibieron estos cambios como una amenaza a su poder en los procesos de contrataci&oacute;n y a la autonom&iacute;a con la que dirig&iacute;an sus peque&ntilde;os reinos corporativos. Y all&iacute; reapareci&oacute; de nuevo el lenguaje del CI hereditario como explicaci&oacute;n de por qu&eacute;, seg&uacute;n ellos, era irreal esperar una representaci&oacute;n equitativa de afroamericanos o mujeres en los niveles m&aacute;s altos de la &eacute;lite. En ese momento, Herrnstein regres&oacute; al primer plano acompa&ntilde;ado del pensador libertario Charles Murray, a quien dedico un espacio sustancial en el libro. Juntos escribieron <em>The Bell Curve</em> [La curva de la campana: Inteligencia y estructura de clases en la vida estadounidense], un &eacute;xito de ventas que permaneci&oacute; durante un a&ntilde;o entero en la lista del <em>New York Times</em> y que sigue imprimi&eacute;ndose a d&iacute;a de hoy. Fue decisivo en la popularizaci&oacute;n de un tipo de &ldquo;ciencia racial&rdquo; pseudocient&iacute;fica centrada en el CI, cuya influencia fue profunda y duradera.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando uno se declara radical en la defensa del capitalismo, el acceso a la financiación es inconmensurablemente mayor que cuando se es radical en la causa del socialismo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La misma l&oacute;gica reaparece en la d&eacute;cada de 2010, en paralelo a movimientos como #MeToo, Black Lives Matter o las reivindicaciones del colectivo LGTBI. Una vez m&aacute;s, el CI resurge como un instrumento para deslegitimar las demandas de igualdad de grupos infrarrepresentados. Murray vuelve a ocupar un papel central, ahora con nuevos seguidores entre la &eacute;lite tecnol&oacute;gica emergente de Silicon Valley. Como explico en el libro, este sector es especialmente receptivo a la noci&oacute;n de inteligencia porque considera que mide rasgos que los personajes del ecosistema tecnol&oacute;gico admiran: la capacidad de detectar patrones, de pensar de forma avanzada sobre problemas de ingenier&iacute;a, de visualizar en tres dimensiones y de manejar interfaces complejas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo conecta eso con la situaci&oacute;n actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aportes del libro &mdash;inesperado incluso para m&iacute; al inicio del proyecto&mdash; es ofrecer una explicaci&oacute;n de la reciente alianza entre las grandes tecnol&oacute;gicas y el movimiento MAGA. El cociente intelectual y la obsesi&oacute;n por la capacidad cognitiva se convierten en un terreno com&uacute;n entre ambos mundos, aunque por motivos distintos.
    </p><p class="article-text">
        Figuras como Trump, Vance y otros conservadores nacionalistas operan con una visi&oacute;n jer&aacute;rquica de la raza y la capacidad mental que les permite justificar su nativismo y la exclusi&oacute;n de inmigrantes procedentes de pa&iacute;ses que <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2018/aug/10/trump-attacks-twitter-black-people-women" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">consideran de &ldquo;bajo CI&rdquo;</a>. Y ese marco crea un punto de contacto con tecn&oacute;logos que admiran a quienes ocupan los rangos m&aacute;s elevados de la distribuci&oacute;n cognitiva porque creen que de ah&iacute; surgir&aacute; la innovaci&oacute;n, cualidad que consideran a&uacute;n m&aacute;s crucial en la era de la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se ha escrito mucho sobre la relaci&oacute;n entre estas mutaciones de la derecha y el neoliberalismo. Su libro sostiene que estas nuevas figuras act&uacute;an m&aacute;s como una especie de vanguardia en su interior que como una reacci&oacute;n del propio neoliberalismo. Desde esta perspectiva, &iquest;c&oacute;mo interpreta los debates actuales sobre la naturaleza del trumpismo? &iquest;Podemos hablar de un mundo posneoliberal?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas que m&aacute;s me ayud&oacute; a pensar el neoliberalismo desde un punto de vista hist&oacute;rico es que los propios neoliberales tienden a definir su proyecto en funci&oacute;n de aquello que consideran su mayor amenaza. En la d&eacute;cada de 1930, cuando el t&eacute;rmino &ldquo;neoliberalismo&rdquo; se acu&ntilde;&oacute; por primera vez, los enemigos eran los colectivistas de izquierda y de derecha: socialistas, comunistas y fascistas. En los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta, la amenaza pas&oacute; a ser una versi&oacute;n m&aacute;s suave, pero igualmente inquietante, a sus ojos, de keynesianismo y socialdemocracia. En los sesenta y setenta, el adversario fue el impulso descolonizador del Sur Global. Y en los noventa, y dir&iacute;a que a&uacute;n hoy, el enemigo central es lo que perciben como un socialismo &ldquo;woke&rdquo;, a menudo presentado en sus propias teor&iacute;as conspirativas bajo la r&uacute;brica del &ldquo;marxismo cultural&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la oleada de populismo de izquierda, el neoliberalismo tuvo que reinventarse para frenar lo que muchos identificaban como una amenaza muy seria, una insurrecci&oacute;n profundamente igualitarista. En ese contexto, figuras asociadas a think tanks neoliberales como la Heritage Foundation o el Cato Institute comenzaron a ver una alianza t&aacute;ctica con Trump como un mal necesario para contener aquel auge. Eso implicaba aceptar elementos inc&oacute;modos de su ret&oacute;rica, en particular su rechazo al libre comercio. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, para figuras como Stephen Moore o Arthur Laffer, arquitectos de los recortes fiscales de Reagan en los ochenta, el sacrificio s&oacute;lo merec&iacute;a la pena si ayudaba a neutralizar un peligro mayor. Y si observamos la primera Administraci&oacute;n Trump, aunque muchos la han caracterizado como un giro contra el &ldquo;hipercapitalismo&rdquo; y el &ldquo;inicio del fin del neoliberalismo&rdquo;, lo cierto es que su &uacute;nico logro legislativo significativo fue una enorme rebaja fiscal para los ricos y una reducci&oacute;n dr&aacute;stica del impuesto de sociedades en 2017.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Defino el muskismo del mismo modo en que históricamente se ha definido el fordismo: no como una doctrina explícita formulada por su creador, sino como el resultado retrospectivo de la interacción entre una tecnología, un modo de organización productiva y un imaginario social. En este sentido, el muskismo es una promesa de soberanía a través de la tecnología altamente selectiva y profundamente excluyente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso considero altamente discutible la idea de que Trump representa un alejamiento del capitalismo global. Dentro de la coalici&oacute;n MAGA existe una batalla real entre quienes desean una reindustrializaci&oacute;n verdaderamente posneoliberal, que requerir&iacute;a alg&uacute;n grado de propiedad estatal y coordinaci&oacute;n p&uacute;blica de inversiones en sectores cr&iacute;ticos, y quienes prefieren regresar al guion reaganiano de desmantelar programas sociales y avanzar en recortes fiscales para los ricos. A&uacute;n no sabemos qu&eacute; facci&oacute;n prevalecer&aacute;. La mezcla de pol&iacute;ticas que hoy conviven en la coalici&oacute;n trumpista es tan heterog&eacute;nea que resulta dif&iacute;cil describirla como un neoliberalismo coherente.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Los bastardos de Hayek</strong></em><strong> reconstruye una cronolog&iacute;a hist&oacute;rica minuciosa de la derecha neoliberal en la que sorprende la ausencia de fracturas significativas, especialmente entre las d&eacute;cadas de 1940 y 1990. &iquest;C&oacute;mo lograron mantener esa unidad a pesar de las evidentes discrepancias doctrinales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La capacidad de la derecha para formar cuadros ha sido extraordinaria durante d&eacute;cadas. Su disciplina de mensaje, igualmente notable. Y su habilidad para mantener las disputas pol&iacute;ticas en el &aacute;mbito interno, sin exponerlas p&uacute;blicamente, constituye uno de los secretos de su &eacute;xito. Una de las rarezas de la Administraci&oacute;n Trump en su segundo mandato ha sido precisamente la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/mundo-maga-estalla-acusaciones-nazismo-alcoholismo-felaciones-qatar-israel_1_12828130.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fisura de esa unidad discursiva, sobre todo en torno a la Heritage Foundation</a>, al debatir si deb&iacute;a abrirse la puerta a elementos abiertamente neonazis de la extrema derecha estadounidense. Ese episodio, en realidad, confirma la regla: por lo dem&aacute;s, han sido sorprendentemente &ldquo;leninistas&rdquo; en su disciplina y en su pol&iacute;tica de vanguardia desde los a&ntilde;os ochenta.
    </p><p class="article-text">
        Nada en este ecosistema es espont&aacute;neo ni casual. La derecha ha construido un modelo radial de educaci&oacute;n y formaci&oacute;n articulado en torno a think tanks que distribuyen materiales homog&eacute;neos entre sus organizaciones afines. A ello se suma un fuerte sentido interno de coherencia e identidad y, quiz&aacute;s lo m&aacute;s decisivo, una intensa animadversi&oacute;n hacia quienes consideran sus adversarios, acompa&ntilde;ada del deseo expl&iacute;cito de aplastarlos, humillarlos y derrotarlos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Quinn Slobodian, historiador y autor de &#039;Hayek&#039;s Bastards: The Neoliberal Roots of the Populist Right&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo han logrado sostener, d&eacute;cada tras d&eacute;cada, este ecosistema? Conviene recordar que cuando uno se declara radical en la defensa del capitalismo, como hacen ellos, el acceso a la financiaci&oacute;n es inconmensurablemente mayor que cuando se es radical en la causa del socialismo. Las cifras hablan por s&iacute; solas. Las cantidades que cada a&ntilde;o manejan instituciones como el Institute for Humane Studies o el Mercatus Center de la Universidad George Mason para asegurar lealtades entre j&oacute;venes promesas de su propio ecosistema pol&iacute;tico son extraordinarias. En 2024, el presupuesto operativo del Institute for Humane Studies &mdash;una instituci&oacute;n que, en esencia, se dedica a promover a Hayek y Ayn Rand&mdash; alcanz&oacute; los veinte millones de d&oacute;lares, con ingresos cercanos a los treinta. En el mundo acad&eacute;mico, una suma as&iacute; ser&iacute;a un milagro capaz de sostener durante una d&eacute;cada un programa entero. Ellos llevan construyendo estructuras de este tipo desde los a&ntilde;os treinta, cuando identificaron con claridad a su enemigo &mdash;los socialistas&mdash; y se dedicaron, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, a perfeccionar su lucha contra &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, sin embargo, se enfrentan a un desaf&iacute;o de otra naturaleza: la crisis financiera global y la erosi&oacute;n de la fe de la gente com&uacute;n en el mercado, fen&oacute;menos que hist&oacute;ricamente la izquierda ha sabido capitalizar mejor que la derecha. En Estados Unidos, donde la esperanza de vida disminuye para determinados sectores y el coste de la vida se vuelve insoportable, a la derecha le resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil convencer a la ciudadan&iacute;a de que el capitalismo act&uacute;a en beneficio suyo y de sus hijos. El desconcierto es palpable. Buscan un enemigo que vuelva a dar coherencia a su proyecto y, en ese intento, est&aacute;n forjando alianzas cada vez m&aacute;s escoradas hacia la extrema derecha, alianzas que incomodan incluso a sectores m&aacute;s centristas dentro de su propio campo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para cualquiera que haya participado en las estructuras de la izquierda espa&ntilde;ola, puede parecer inevitable sentir cierta envidia ante esa disciplina, esa convicci&oacute;n y esa capacidad estrat&eacute;gica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde mi perspectiva en Estados Unidos, y con todas las limitaciones que implica mirar desde fuera, Espa&ntilde;a aparece hoy como una fuente de inspiraci&oacute;n. Incluso la prensa financiera internacional ha tenido que admitir, aunque a rega&ntilde;adientes, que la negativa espa&ntilde;ola a sumarse a la nueva Guerra Fr&iacute;a promovida por Washington frente a China est&aacute; produciendo resultados econ&oacute;micos tangibles: atrae inmigraci&oacute;n, acepta inversi&oacute;n china y permite desarrollar iniciativas innovadoras vinculadas a la ampliaci&oacute;n de la cogesti&oacute;n empresarial a partir de una lectura cuidadosa de la Constituci&oacute;n, adem&aacute;s de los proyectos impulsados por Yolanda D&iacute;az. Es realmente notable, un rayo de luz en un periodo particularmente sombr&iacute;o para Europa.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque la derecha conserva ciertas ventajas estructurales &mdash;su tradici&oacute;n de elitismo, de jerarqu&iacute;a interna, de disciplina hacia el liderazgo&mdash;, la izquierda posee otra fortaleza distintiva: la voluntad de tolerar la disidencia interna y de abrirse a la controversia. En momentos como los que describi&oacute; Zohran Mamdani en su discurso de victoria, cuando la historia parece ofrecer una oportunidad inesperada, sigo creyendo que es ese el camino que puede imponerse a largo plazo. No el de engrasar un proyecto pol&iacute;tico con donaciones de los ricos para entregarles exactamente lo que demandan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero no se trata &uacute;nicamente de financiaci&oacute;n. Su libro puede leerse tambi&eacute;n como la cr&oacute;nica de c&oacute;mo unas ideas inicialmente marginales llegaron a convertirse en supuestos hegem&oacute;nicos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que caracteriza al liberalismo en general &mdash;y al liberalismo cl&aacute;sico en particular&mdash; es que siempre ha estado atrapado entre dos polos, con una contradicci&oacute;n interna fundamental. El &eacute;xito del liberalismo como filosof&iacute;a &mdash;y esto vale tambi&eacute;n para el neoliberalismo&mdash; reside en su propuesta de que podemos reinventarnos sin cesar, tanto a nosotros mismos como al mundo que nos rodea. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que Hayek llamaba el impulso hacia una &ldquo;utop&iacute;a liberal&rdquo; parte de la idea de que existe una enorme reserva de conocimiento sin explotar en la humanidad, y de que necesitamos las herramientas que ofrece el mercado para descubrir y activar esas formas singulares de saber local, recombinarlas de modos infinitamente nuevos, intercambiarlas a escala global y producir cosas que hasta entonces parec&iacute;an imposibles.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La economía política de la derecha estadounidense contemporánea es un proyecto en retirada, atrincherado para salvar lo que queda de la ventaja competitiva que una vez tuvo y haciéndolo de una manera cada vez más frenética, divisiva y venenosa.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay, en ese sentido, una promesa grandiosa en el proyecto liberal y en el neoliberal, que en muchos aspectos constituye uno de los secretos profundos de su &eacute;xito. Es la promesa que se ofrece al p&uacute;blico: nuevos horizontes, nuevos productos, nuevas formas de expresi&oacute;n, nuevas posibilidades de reinvenci&oacute;n personal. Pero la otra cara de esa moneda &mdash;presente desde los or&iacute;genes del liberalismo, ya en John Stuart Mill&mdash; es que siempre ha descansado tambi&eacute;n en el refuerzo de jerarqu&iacute;as acerca de la capacidad humana y la diferencia humana. Incluso cuando el neoliberalismo celebraba la creatividad infinita de la especie, insist&iacute;a en que esa capacidad de invenci&oacute;n no estaba distribuida de manera equitativa.
    </p><p class="article-text">
        El modo de estabilizar el potencialmente ca&oacute;tico resultado de esa energ&iacute;a consist&iacute;a en asegurar a los responsables pol&iacute;ticos que las jerarqu&iacute;as de poder nunca se invertir&iacute;an del todo. Precisamente eso consideraban su misi&oacute;n los neoliberales de los a&ntilde;os treinta y cuarenta: liberar las fuerzas del mercado sin desafiar las jerarqu&iacute;as existentes. Era, y sigue siendo, un equilibrio sumamente dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Creo que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente dentro de la comunidad neoliberal y libertaria estadounidense, han tenido que confrontar el hecho de que la aut&eacute;ntica cualidad prometeica del capitalismo global ha producido un mundo en el que ya no ocupan la cima de la jerarqu&iacute;a. China ha aprovechado de manera extraordinariamente creativa su enorme reserva de mano de obra y su vasto mercado interno, combinando selectivamente elementos del socialismo, la socialdemocracia y el capitalismo libertario, hasta eclipsar la capacidad manufacturera estadounidense y dejar atr&aacute;s a la industria europea.
    </p><p class="article-text">
        Esto ha generado, a mi juicio, una p&eacute;rdida de confianza entre los neoliberales occidentales en la dimensi&oacute;n prometeica de su propio pensamiento. Cada vez est&aacute;n m&aacute;s interesados en preservar sus jerarqu&iacute;as internas, y ese giro termina socavando su propia filosof&iacute;a, precisamente aquella que les proporcion&oacute; el &eacute;xito inicial. Se abandona as&iacute; la funci&oacute;n creativa e instituyente, y solo queda la funci&oacute;n de preservaci&oacute;n del orden. De ah&iacute; que, como describo en el libro, mediante este nuevo proyecto de fusionismo, se aparten de la idea de que los seres humanos forman una especie universal y vuelvan a afirmar que existen jerarqu&iacute;as piramidales inscritas en nuestros genes; que el objetivo de una buena sociedad ya no es facilitar el descubrimiento de lo nuevo, sino defender lo antiguo.
    </p><p class="article-text">
        Creo que este es un punto de inflexi&oacute;n tr&aacute;gico para la filosof&iacute;a liberal en Occidente, y para el neoliberalismo en particular. Porque ahora, en parte gracias a su propia marcha triunfal, emerge un giro dial&eacute;ctico final: la victoria termina por empoderar a sus oponentes de maneras inesperadas. Hoy se encuentran a la defensiva, retrocediendo, cediendo terreno. Y as&iacute; interpreto la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la derecha estadounidense contempor&aacute;nea: un proyecto en retirada, atrincherado para salvar lo que queda de la ventaja competitiva que una vez tuvo, y haci&eacute;ndolo de una manera cada vez m&aacute;s fren&eacute;tica, divisiva y venenosa.
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                Elon Musk recibe una motosierra como regalo del presidente argentino Javier Milei durante su aparición en la CPAC                            </span>
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        <strong>Su proyecto m&aacute;s reciente gira en torno a la figura de Elon Musk. Junto a Ben Tarnoff ha estado trabajando en un libro sobre el &ldquo;muskismo&rdquo; y ha impartido varias conferencias sobre este tema desde la perspectiva de la econom&iacute;a pol&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; le interesa intelectualizar la figura de Musk? &iquest;Qu&eacute; entiende por muskismo y de qu&eacute; manera define nuestro momento hist&oacute;rico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos definiendo el muskismo del mismo modo en que hist&oacute;ricamente se ha definido el fordismo: no como una doctrina expl&iacute;cita formulada por su creador, sino como el resultado retrospectivo de la interacci&oacute;n entre una tecnolog&iacute;a concreta, un modo espec&iacute;fico de organizaci&oacute;n productiva y un determinado imaginario social. Henry Ford nunca redact&oacute; una filosof&iacute;a llamada &ldquo;fordismo&rdquo;, pero la combinaci&oacute;n de producci&oacute;n y consumo masivos termin&oacute; configurando un modelo social y una forma de econom&iacute;a pol&iacute;tica. Nuestro inter&eacute;s es examinar si, de manera an&aacute;loga, puede hablarse hoy de un muskismo.
    </p><p class="article-text">
        Analizar el muskismo implica preguntarse qu&eacute; tipo de contrato social est&aacute;n ofreciendo las grandes tecnol&oacute;gicas como sustituto de los rasgos centrales del Estado del bienestar estadounidense de mediados del siglo XX, que descansaba en una movilidad intergeneracional en ascenso y en un pacto, m&aacute;s o menos expl&iacute;cito, entre trabajadores y patronal. Ese modelo inclu&iacute;a participaci&oacute;n en los beneficios, acceso creciente a bienes de consumo, cr&eacute;dito barato para los hogares, aunque con niveles significativos de endeudamiento familiar, y un marco nacional que vinculaba expansi&oacute;n econ&oacute;mica y mejora de la vida dom&eacute;stica. 
    </p><p class="article-text">
        Nada de ello encaja con el tipo de futuro que alguien como Elon Musk est&aacute; prometiendo o contribuyendo a construir. En nuestra lectura, el muskismo es una promesa de soberan&iacute;a a trav&eacute;s de la tecnolog&iacute;a, pero una promesa altamente selectiva y profundamente excluyente. El viejo contrato social queda sustituido por una anticipaci&oacute;n permanente del conflicto: se invita a las personas a equiparse con los productos del imperio de Musk para protegerse de los riesgos venideros, ya sean crisis clim&aacute;ticas, apagones el&eacute;ctricos, &ldquo;invasiones&rdquo; migratorias o el fracaso del Estado en la provisi&oacute;n de servicios b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el muskismo opera como una oferta individual (&iexcl;prot&eacute;gete ante el deterioro de la civilizaci&oacute;n!), pero tambi&eacute;n como una oferta dirigida a los Estados, a los que promete soberan&iacute;a mediante sat&eacute;lites, cohetes o infraestructuras de transici&oacute;n el&eacute;ctrica. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, esto suele traducirse en una nueva dependencia respecto del propio Musk. La promesa de soberan&iacute;a es, por tanto, ilusoria.
    </p><p class="article-text">
        Sostenemos adem&aacute;s que este suced&aacute;neo de contrato social funciona como un intento peculiar de redise&ntilde;o de la esfera p&uacute;blica mediante redes sociales, sistemas de inteligencia artificial y, en &uacute;ltima instancia, la interfaz cerebro&ndash;ordenador que Musk imagina. En el modelo fordista, el consentimiento ocupaba un lugar central; en el muskismo, ese consentimiento se concibe como un problema de ingenier&iacute;a gestionable a trav&eacute;s de bucles algor&iacute;tmicos de retroalimentaci&oacute;n que conectan a las personas con plataformas digitales y sistemas de IA. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos C. Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/neoliberales-obsesionaron-cociente-intelectual-abrazaron-etnonacionalismo_128_12872105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Feb 2026 20:28:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo los neoliberales se obsesionaron con el cociente intelectual y abrazaron el etnonacionalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Donald Trump,Elon Musk,Neoliberalismo,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La guerra comercial abre la oportunidad para que la izquierda redescubra el potencial del libre comercio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/guerra-comercial-abre-oportunidad-izquierda-redescubra-potencial-libre-comercio_128_12755271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/023706e4-77e6-4a56-9a26-ea7efaa185be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x855y851.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;La guerra comercial abre la oportunidad para que la izquierda redescubra el potencial del libre comercio&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la idea dominante que lo identifica con el colonialismo y el neoliberalismo, el historiador Marc-William Palen reconstruye en su libro 'Pax Economica' la idea del librecambismo como proyecto pacifista y antiimperialista</p><p class="subtitle">Amenazas y volantazos: los nuevos aranceles de Trump siembran el desconcierto a la espera del Supremo
</p></div><p class="article-text">
        En <em>Pax Economica. Left Visions of a Free Trade World</em> (Princeton University Press, 2024), Marc-William Palen propone una lectura radicalmente distinta de la historia del libre comercio. Frente a la idea dominante que lo identifica con el colonialismo primero y el neoliberalismo despu&eacute;s, el historiador brit&aacute;nico reconstruye una genealog&iacute;a olvidada (y no exenta de controversia): la del librecambismo como proyecto pacifista y antiimperialista. En el &ldquo;largo siglo XIX&rdquo; &mdash;de la Revoluci&oacute;n Industrial al estallido de la Primera Guerra Mundial&mdash;, un sector de la izquierda internacionalista vio en la apertura de los mercados una v&iacute;a para desmontar el orden imperial y promover la paz entre naciones.
    </p><p class="article-text">
        El profesor de la Universidad de Exeter muestra c&oacute;mo figuras socialistas, cooperativistas y sufragistas defendieron la liberalizaci&oacute;n del comercio en nombre de la igualdad, la interdependencia y la justicia global. Lejos de los conflictos arancelarios y del nacionalismo econ&oacute;mico, aquel librecambismo de izquierdas imagin&oacute; un mundo donde los bienes circularan libremente, los monopolios se disolvieran y la abundancia material resultante permitiera erradicar el hambre y la guerra. Palen revisita esa tradici&oacute;n para rescatarla del olvido y distinguirla del proyecto neoliberal que, un siglo despu&eacute;s, se apropi&oacute; de su lenguaje y lo vaci&oacute; de su sentido democr&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiario.es/economia/amenazas-volantazos-nuevos-aranceles-trump-siembran-desconcierto-espera-supremo_1_12730133.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plena guerra comercial</a>, <em>Pax Economica</em> invita a repensar nuestro tiempo desde otro prisma. Si en el siglo XIX fueron los imperios quienes erigieron barreras en nombre de la soberan&iacute;a, hoy es una potencia hegem&oacute;nica en declive <a href="https://www.eldiario.es/economia/trump-anuncia-acuerdos-aranceles-tierras-raras-soja-cumbre-xi-jinping-corea-sur_1_12726161.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la que encabeza la nueva ola arancelaria</a>. Palen sugiere que este escenario podr&iacute;a ofrecer una oportunidad inesperada a una izquierda desorientada ante el desaf&iacute;o proteccionista: redescubrir su propio pasado librecambista, aquel que vinculaba el libre comercio con la promesa de un orden global basado en la no dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su libro se centra en el siglo XIX y comienzos del XX, y describe dos grandes campos: por un lado, el nacionalismo econ&oacute;mico &mdash;lo que hoy llamar&iacute;amos proteccionismo&mdash; y, por otro, el libre comercio. En aquel momento, &iquest;c&oacute;mo se defin&iacute;an y qui&eacute;nes los integraban?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En aquel entonces, el proteccionismo era, en gran medida, la bandera de los nacionalistas de derechas, algo que quiz&aacute; no sorprenda en nuestro presente, tambi&eacute;n marcado por aranceles elevados, precios de los alimentos disparados y guerras comerciales. Los proteccionistas conceb&iacute;an la geopol&iacute;tica como un juego de suma cero, un escenario de competencia permanente en el que las guerras, ya fueran econ&oacute;micas o militares, eran inevitables. Defend&iacute;an que los aranceles, al discriminar la competencia extranjera, fortalec&iacute;an a la industria nacional y le otorgaban una ventaja artificial frente a econom&iacute;as m&aacute;s avanzadas, especialmente la brit&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, el libre comercio fue la opci&oacute;n preferida por amplios sectores de la izquierda. Sus partidarios m&aacute;s progresistas sosten&iacute;an que el proteccionismo encarec&iacute;a la vida de los consumidores y generaba tensiones internacionales que pod&iacute;an desembocar en conflictos b&eacute;licos. Desde su perspectiva, el exceso de nacionalismo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de finales del XIX y principios del XX fue el caldo de cultivo de las dos guerras mundiales. Frente a ello, la liberalizaci&oacute;n del comercio promet&iacute;a un mundo m&aacute;s pac&iacute;fico, pr&oacute;spero e interdependiente. En mi libro intento recuperar esa lucha popular de la izquierda por desmantelar el orden imperialista y nacionalista forjado por la guerra, una lucha sorprendentemente diversa que uni&oacute; a liberales radicales, socialistas, feministas y cristianos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El apoyo de Marx al libre comercio, pragmático y estratégico, así como su asociación de proteccionismo y guerra ayudan a entender por qué muchos internacionalistas socialistas de comienzos del siglo XX fueron librecambistas convencidos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El libre comercio, sin embargo, tambi&eacute;n sirvi&oacute; para justificar y sostener el imperialismo brit&aacute;nico. &iquest;C&oacute;mo puede considerarse entonces una causa antiimperialista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, el mundo del siglo XIX estaba dominado por los imperios. Y es bien sabido que los brit&aacute;nicos fueron los primeros en adoptar el libre comercio, tanto como ideolog&iacute;a como pol&iacute;tica, en la d&eacute;cada de 1840. Pero lo hicieron en parte por razones sociales: los cereales importados baratos garantizaban la seguridad alimentaria y permit&iacute;an que la poblaci&oacute;n trabajadora pudiera comprar pan. Para los izquierdistas que defend&iacute;an el libre comercio, adem&aacute;s, la liberalizaci&oacute;n promet&iacute;a acabar con los monopolios creados por el proteccionismo y, con ello, con las propias estructuras imperiales. &iquest;Por qu&eacute; ir a la guerra si se pod&iacute;a comerciar pac&iacute;ficamente con los vecinos? &iquest;Y para qu&eacute; mantener colonias si era posible acceder libremente a los recursos del mundo?
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, Gran Breta&ntilde;a impuso el libre comercio por la fuerza en algunos de sus dominios coloniales, como China, Irlanda o India, y fueron precisamente los librecambistas brit&aacute;nicos de izquierda quienes se opusieron con m&aacute;s firmeza a esa pr&aacute;ctica. Su postura antiimperialista y no intervencionista aliment&oacute; una larga lucha por un libre comercio realmente pac&iacute;fico y sin pulsiones coloniales.
    </p><p class="article-text">
        Los brit&aacute;nicos confiaban en que sus rivales imperiales seguir&iacute;an su ejemplo al comprobar los beneficios econ&oacute;micos del libre comercio. Pero tras la depresi&oacute;n iniciada en los a&ntilde;os 1870, casi todas las potencias optaron por pol&iacute;ticas nacionalistas: altos aranceles para proteger sus industrias &ldquo;incipientes&rdquo; y expansi&oacute;n colonial para garantizar materias primas. Ese capitalismo monopolista de ra&iacute;z proteccionista necesitaba nuevos mercados coloniales para colocar su capital excedente, como explicaron J.A. Hobson y Lenin. Desde 1870, el orden econ&oacute;mico global se volvi&oacute; proteccionista, y fue entonces cuando muchos sectores de la izquierda abrazaron el libre comercio como ant&iacute;doto contra el imperialismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el seno de la incipiente tradici&oacute;n marxista se dio un debate sobre el libre comercio especialmente interesante. </strong><em><strong>Pax Economica</strong></em><strong> identifica dos tradiciones enfrentadas: &ldquo;Marx-Manchester&rdquo; y &ldquo;Marx-List&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; se diferenciaban? &iquest;Cu&aacute;l fue la posici&oacute;n del propio Marx?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Debemos comenzar por Marx. Durante la d&eacute;cada de 1840, justo cuando Reino Unido transitaba del proteccionismo al libre comercio, Engels y &eacute;l vivieron en Manchester, epicentro del librecambismo brit&aacute;nico. Y ambos vieron en esa transici&oacute;n un paso progresivo hacia la revoluci&oacute;n socialista. El libre comercio aceleraba el desarrollo capitalista y promet&iacute;a unir a los trabajadores del mundo a trav&eacute;s de la integraci&oacute;n de mercados. El proteccionismo, en cambio, era retr&oacute;grado. Marx lo defini&oacute; como &ldquo;la organizaci&oacute;n de un estado de guerra en tiempos de paz; un estado de guerra que, aunque destinado en principio a los pa&iacute;ses extranjeros, acaba volvi&eacute;ndose inevitablemente contra la naci&oacute;n que lo promueve&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El apoyo de Marx al libre comercio, pragm&aacute;tico y estrat&eacute;gico, as&iacute; como su asociaci&oacute;n de proteccionismo y guerra ayudan a entender por qu&eacute; muchos internacionalistas socialistas de comienzos del siglo XX fueron librecambistas convencidos. Esta nueva generaci&oacute;n, m&aacute;s que el propio Marx, asoci&oacute; el libre comercio a la paz e incluso colabor&oacute; con pacifistas y antiimperialistas no marxistas. A esa corriente la denomino la tradici&oacute;n &ldquo;Marx-Manchester&rdquo;, por la relevancia de esta ciudad industrial como epicentro de la agitaci&oacute;n librecambista.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ella est&aacute; la tradici&oacute;n &ldquo;Marx-List&rdquo;, formada por socialistas nacionalistas inspirados en las ideas del popular economista alem&aacute;n Friedrich List, cuya obra <em>Sistema nacional de econom&iacute;a pol&iacute;tica</em> (1841) sosten&iacute;a que los rivales imperiales de Gran Breta&ntilde;a necesitaban proteger sus nacientes industrias y, al mismo tiempo, expandir sus colonias para alimentarlas. Su apuesta por el &ldquo;socialismo en un solo pa&iacute;s&rdquo; los aline&oacute; con nacionalistas de derecha en Alemania, Francia o Gran Breta&ntilde;a, favorables a las conquistas coloniales de sus imperios. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&aacute;s all&aacute; de los intelectuales marxistas, &iquest;c&oacute;mo se posicion&oacute; el movimiento sindical?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Depende del contexto. En Gran Breta&ntilde;a, los sindicatos se mantuvieron estrechamente alineados con el libre comercio, en sinton&iacute;a con el amplio respaldo que esta pol&iacute;tica ten&iacute;a entre la clase trabajadora. En Estados Unidos, el sindicalismo se inclin&oacute; m&aacute;s hacia la liberalizaci&oacute;n comercial en las d&eacute;cadas de 1930 y 1940, cuando el pa&iacute;s empezaba a consolidarse como una econom&iacute;a exportadora. El Partido Laborista brit&aacute;nico fue abiertamente librecambista en sus primeras d&eacute;cadas, al igual que varios partidos socialistas en Argentina o Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento cooperativo internacional resulta a&uacute;n m&aacute;s revelador. Nacido en Manchester, se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno global que rivaliz&oacute; con el sindicalismo en los a&ntilde;os 20. Promov&iacute;a una visi&oacute;n no lucrativa del libre comercio, centrada en las personas trabajadoras y consumidoras. No es casual que el cooperativismo encabezara tambi&eacute;n el movimiento pacifista internacional tras la Primera Guerra Mundial.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los librecambistas de izquierda vinculaban el libre comercio a la democratización, porque debilitaba el poder de las élites económicas y políticas. Los neoliberales, en cambio, consideraban la democracia un obstáculo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em><strong>Pax Economica</strong></em><strong> tambi&eacute;n destaca el papel del feminismo primigenio y los movimientos pacifistas cristianos. &iquest;C&oacute;mo relacionaron sus causas &mdash;el feminismo y la paz&mdash; con el libre comercio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las feministas de la &ldquo;primera ola&rdquo; lideraron el movimiento sufragista y, durante la Primera Guerra Mundial, se convirtieron en firmes defensoras de la paz. El hambre sufrida durante la Gran Guerra por mujeres y ni&ntilde;os, dos grupos sin voz pol&iacute;tica en lo que a cuestiones b&eacute;licas se refiere, gener&oacute; una movilizaci&oacute;n masiva que dio origen al movimiento internacional de mujeres por la paz. El libre comercio era una pieza esencial en su cosmovisi&oacute;n feminista de un mundo sin guerras ni escasez: hab&iacute;a alimentos suficientes para todos, siempre que se distribuyeran libre y equitativamente.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a del activismo cristiano de base compart&iacute;a esa idea. Imaginaban un mundo interdependiente y pac&iacute;fico, sustentado en el libre comercio, como el cumplimiento del designio divino: la voluntad de Dios al repartir los frutos de la tierra entre todas las naciones. Las ideas de esta izquierda beb&iacute;an, en ese sentido, de una visi&oacute;n milenarista del mundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fotografía del presidente de EEUU, Donald J Trump.                             </span>
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        <strong>&iquest;En qu&eacute; se diferencia el libre comercio que abraz&oacute; aquella izquierda tan heterog&eacute;nea del que impuls&oacute; el neoliberalismo d&eacute;cadas despu&eacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los pensadores neoliberales como Friedrich Hayek o Milton Friedman bebieron de las mismas fuentes del liberalismo econ&oacute;mico decimon&oacute;nico y tambi&eacute;n asociaron el libre comercio con la paz. Pero sus conclusiones fueron muy distintas. Los librecambistas de izquierda vinculaban el libre comercio a la democratizaci&oacute;n, porque debilitaba el poder de las &eacute;lites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas. Los neoliberales, en cambio, consideraban la democracia un obst&aacute;culo. No dudaron en apoyar reg&iacute;menes autoritarios como el de Pinochet en Chile o el <em>apartheid</em> sudafricano, siempre que respaldaran los mercados libres.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, legitimaron el intervencionismo militar en nombre de la defensa del libre mercado &mdash;el derrocamiento de Salvador Allende es un ejemplo claro&mdash; y mostraron escasa empat&iacute;a hacia las demandas del Sur Global tras 1945. En definitiva, priorizaron los beneficios empresariales y los derechos de propiedad sobre los derechos de las personas trabajadoras y la protecci&oacute;n del medioambiente. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La pol&iacute;tica arancelaria de Trump ha sorprendido a muchos, pero no es nueva. &iquest;De d&oacute;nde viene esta tradici&oacute;n en Estados Unidos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mucha gente recuerda que el Partido Republicano, el partido de Lincoln, naci&oacute; en la d&eacute;cada de 1850 como fuerza antiesclavista. Lo que suele olvidarse es que tambi&eacute;n fue el partido del proteccionismo y de las grandes corporaciones. Tras la Guerra Civil, defendi&oacute; aranceles elevados para proteger la industria y la agricultura estadounidenses, y pronto se convirti&oacute; en el partido de la expansi&oacute;n imperial. 
    </p><p class="article-text">
        Trump ha expresado abiertamente su admiraci&oacute;n por esa pol&iacute;tica proteccionista de finales del XIX, que produjo monopolios, guerras comerciales y enormes desigualdades. Su equipo ha recuperado incluso estrategias del viejo manual imperial republicano: usar los aranceles como armas para coaccionar a los pa&iacute;ses vecinos. En 1890, por ejemplo, el partido trat&oacute; de emplear el conocido como &ldquo;arancel McKinley&rdquo; [que aument&oacute; de forma dr&aacute;stica, hasta un promedio del 48,8%, los aranceles sobre las importaciones] para forzar la uni&oacute;n de Canad&aacute; a Estados Unidos. El n&uacute;cleo duro de Trump conoce bien ese pasado proteccionista, aunque la mayor&iacute;a de los analistas lo hayan olvidado.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El regreso del proteccionismo, el nacionalismo populista, las guerras comerciales, las restricciones migratorias y la carestía alimentaria pueden empujar a redescubrir el pasado librecambista y antiimperialista de la izquierda</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Nuestro mundo parece alejarse cada vez m&aacute;s del libre comercio. Las cadenas de suministro se </strong><em><strong>reterritorializan</strong></em><strong> y resurgen las esferas de influencia. &iquest;C&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;? &iquest;Estamos ante un fen&oacute;meno nuevo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        En parte, hemos llegado aqu&iacute; por arrogancia. La euforia globalista posterior a la Guerra Fr&iacute;a ceg&oacute; a muchos ante el hecho de que el nacionalismo pol&iacute;tico, &eacute;tnico y econ&oacute;mico todav&iacute;a atra&iacute;a a amplios sectores, un nacionalismo que ha terminado regresando con fuerza. En perspectiva hist&oacute;rica, la era del nacionalismo econ&oacute;mico de finales del XIX y comienzos del XX, marcada por guerras y proteccionismo, resulta muy &uacute;til para entender el momento actual.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una diferencia importante: en los a&ntilde;os 30, la potencia hegem&oacute;nica de entonces, Gran Breta&ntilde;a, fue la &uacute;ltima en sucumbir al proteccionismo. Hoy, en cambio, el pa&iacute;s que encabeza esa ola es Estados Unidos, la potencia hegem&oacute;nica actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Abre esta &ldquo;nueva guerra fr&iacute;a&rdquo; una oportunidad para que la izquierda recupere la defensa del libre comercio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que s&iacute;. La era neoliberal, que comenz&oacute; a desvanecerse en 2016, hab&iacute;a distanciado a la izquierda de ese legado. Pero el regreso del proteccionismo, el nacionalismo populista, las guerras comerciales, las restricciones migratorias y la carest&iacute;a alimentaria pueden empujar a redescubrir el pasado librecambista y antiimperialista de la izquierda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos C. Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/guerra-comercial-abre-oportunidad-izquierda-redescubra-potencial-libre-comercio_128_12755271.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2025 21:27:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["La guerra comercial abre la oportunidad para que la izquierda redescubra el potencial del libre comercio"]]></media:title>
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