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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Carlos Galindo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-carlos-galindo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Carlos Galindo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Carta abierta a Carlos Mazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/carta-abierta-carlos-mazon_129_12878456.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb1af379-45f7-44c2-bf5d-1c240541546b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta abierta a Carlos Mazón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Usted no solo debía cumplir la ley, debía preservar la confianza pública y su conducta, lejos de aliviar el daño institucional, la ha agravado. La gente no espera explicaciones, espera hechos, espera que, al menos una vez, alguien diga: “sí, fallé, y no voy a beneficiarme ni un día más del sistema”. Deje la política y márchese a su casa</p><p class="subtitle">El escaño 98</p></div><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Maz&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        Usted dimiti&oacute;, s&iacute;. Pero lo que ha hecho despu&eacute;s no tiene nada que ver con asumir responsabilidades. Tiene m&aacute;s pinta de manual de autoprotecci&oacute;n pol&iacute;tica: aguantar el chaparr&oacute;n, rebajar la presi&oacute;n y asegurarse de que, pase lo que pase, usted sigue bien colocado. Y ese &ldquo;despu&eacute;s&rdquo;, m&aacute;s a&uacute;n que el desastre de la DANA es el verdadero retrato de su forma de entender el poder.
    </p><p class="article-text">
        Porque una cat&aacute;strofe no solo se mide por el lodo o los damnificados. Tambi&eacute;n se mide por la altura moral de quien la enfrenta. Y ah&iacute; usted fracas&oacute; por partida doble: primero gestion&oacute; mal, y luego, en lugar de dar ejemplo, se atrincher&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Durante la DANA, su papel era inequ&iacute;voco: tomar el mando, informar con precisi&oacute;n, anticipar lo que ven&iacute;a y dar la cara donde hac&iacute;a falta. No se le eligi&oacute; para escudarse tras frases como &ldquo;yo no era el operativo&rdquo;. Usted no era un t&eacute;cnico. Usted era el presidente. Y en una crisis, el liderazgo no se delega, se ejerce. Lo suyo fue desaparici&oacute;n, no direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo peor vino despu&eacute;s. Porque no se trataba solo de dimitir. Se trataba de asumir consecuencias, de comprender la gravedad de lo ocurrido. Y usted convirti&oacute; la dimisi&oacute;n en un simple tr&aacute;mite: sin autocr&iacute;tica, sin reparaci&oacute;n, sin una m&iacute;nima se&ntilde;al de haber entendido el golpe institucional. Su prioridad, al parecer, no fue reconstruir confianza, sino recolocarse c&oacute;modamente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que ah&iacute; lo tenemos: despacho de expresidente, apoyo administrativo, cargos internos, y todo ello blindado con dinero p&uacute;blico. &iquest;En serio? &iquest;Despu&eacute;s de la gesti&oacute;n que dej&oacute; tras la DANA, ese es el camino? &iquest;Cree que a la gente le indigna solo el desastre? No. Lo que de verdad quema es la impunidad posterior. El &ldquo;yo caigo, pero caigo de pie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s grave: nombrar asesor a su anterior jefe de gabinete. Un cargo a medida, pagado por todos. Una jugada que, por mucho que usted la disfrace de legalidad, huele a lo que es: premio. Recompensa. Protecci&oacute;n al n&uacute;cleo duro. Usted podr&aacute; insistir en que es legal, que est&aacute; en el reglamento, que es eventual. Pero a la ciudadan&iacute;a no le interesan ya las justificaciones t&eacute;cnicas. Lo que ve es otra cosa: ve a un pol&iacute;tico que, tras una crisis, sigue manejando recursos p&uacute;blicos como si fueran fichas de su tablero personal.
    </p><p class="article-text">
        Le dir&eacute; algo, aunque no quiera escucharlo: esto no es solo discutible. Es obsceno. Y aunque intente maquillar las formas, el fondo es brutalmente claro: est&aacute; pagando fidelidades con dinero de todos. Est&aacute; usando la estructura institucional como refugio propio. Est&aacute; haciendo clientelismo. Y lo m&aacute;s ofensivo: lo hace con la convicci&oacute;n de que puede salirse con la suya.
    </p><p class="article-text">
        No nos hable de &ldquo;legalidad&rdquo;. Esa excusa est&aacute; muy manida. La corrupci&oacute;n, la de verdad, la que descompone democracias, no empieza siempre en lo ilegal. Empieza antes: en lo moral. En la costumbre del privilegio. En la arrogancia del que cree que &ldquo;esto es lo normal&rdquo;. Ese es el barro que no se ve, pero que lo ensucia todo. Nunca mejor dicho.
    </p><p class="article-text">
        Usted, se&ntilde;or Maz&oacute;n, ha dejado claro que no entiende lo esencial: la pol&iacute;tica no es un premio, es una carga. Y cuando se gestiona mal una tragedia y se pierde la confianza p&uacute;blica, no basta con marcharse. Hay que asumir el coste. Hay que retirarse sin condiciones. Hay que aceptar que no se puede perder el respeto de la gente y, al mismo tiempo, seguir disfrutando de los privilegios del cargo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, sin rodeos:
    </p><p class="article-text">
        Si a&uacute;n le queda un m&iacute;nimo de respeto institucional, renuncie ya a la oficina de expresidente y a cualquier estructura que se interprete como un premio tras la ca&iacute;da. No acomode a su gente en la administraci&oacute;n. No insista, este feo, muy feo. Deje de aceptar cargos o beneficios internos que refuercen la imagen de que &ldquo;siempre hay un lugar para los nuestros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo: deje de comportarse como si la dimisi&oacute;n fuera una exoneraci&oacute;n. No lo es. Es solo el primer paso de un examen mucho m&aacute;s largo. Le hablo sin eufemismos: usted no solo deb&iacute;a cumplir la ley, deb&iacute;a preservar la confianza p&uacute;blica y su conducta, lejos de aliviar el da&ntilde;o institucional, la ha agravado. La gente no espera explicaciones, espera hechos, espera que, al menos una vez, alguien diga: &ldquo;s&iacute;, fall&eacute;, y no voy a beneficiarme ni un d&iacute;a m&aacute;s del sistema&rdquo;. Deje la pol&iacute;tica y m&aacute;rchese a su casa.
    </p><p class="article-text">
        Usted dimiti&oacute;. Ahora le toca lo m&aacute;s dif&iacute;cil: actuar como alguien que ha comprendido por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;M&aacute;rchese Sr. Maz&oacute;n, M&aacute;rchese!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/carta-abierta-carlos-mazon_129_12878456.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 07:02:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta abierta a Carlos Mazón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Mazón,Corts Valencianes,DANA,Generalitat Valenciana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prioridad nacional o democracia: la línea que España no debería cruzar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/prioridad-nacional-democracia-linea-espana-no-deberia-cruzar_129_13195826.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El Partido Popular de la Comunitat Valenciana tiene enfrente una decisi&oacute;n clara: no asumir sin m&aacute;s el discurso de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; ni dejarle ese terreno a Vox. No es solo un tema de estrategia pol&iacute;tica; en el fondo, se trata de elegir desde d&oacute;nde se hace pol&iacute;tica: desde convicciones propias o dej&aacute;ndose arrastrar por relatos simples que, aunque suenen contundentes, reducen problemas complejos a esl&oacute;ganes. Porque cuando compras ese lenguaje, tambi&eacute;n te haces cargo de lo que implica.
    </p><p class="article-text">
        Hay ideas que, aunque no est&eacute;n bien definidas en t&eacute;rminos legales, tienen mucho peso en el debate p&uacute;blico. &ldquo;Prioridad nacional&rdquo; es una de ellas. No forma parte como tal del marco jur&iacute;dico espa&ntilde;ol, pero cada vez aparece m&aacute;s en la conversaci&oacute;n pol&iacute;tica. Y como pasa con otras expresiones aparentemente neutras, su fuerza est&aacute; menos en lo que dice literalmente y m&aacute;s en lo que deja entrever.
    </p><p class="article-text">
        En esencia, propone algo sencillo: que los recursos, derechos o servicios se asignen primero a quienes ellos consideran &ldquo;de aqu&iacute;&rdquo; frente a quienes no. El problema es que, cuando se aplica a la migraci&oacute;n, deja de ser una idea inocente. En la pr&aacute;ctica, introduce una jerarqu&iacute;a basada en el origen de las personas, y eso choca directamente con principios b&aacute;sicos del Estado de derecho, como la igualdad ante la ley.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es ajena a este giro. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la migraci&oacute;n ha pasado de entenderse como un fen&oacute;meno estructural, ligado al empleo, la demograf&iacute;a o las relaciones internacionales, a convertirse en un terreno cargado de simbolismo pol&iacute;tico. Se ha simplificado hasta el punto de presentarla como una amenaza difusa: inseguridad, saturaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos, p&eacute;rdida de identidad. En ese contexto, la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; aparece como una respuesta r&aacute;pida, casi autom&aacute;tica: proteger &ldquo;lo nuestro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese planteamiento tiene varias aristas. La primera es econ&oacute;mica. Espa&ntilde;a necesita la migraci&oacute;n, no como consigna, sino como realidad. Sectores como la agricultura, los cuidados, la construcci&oacute;n o la hosteler&iacute;a dependen en gran medida de trabajadores extranjeros. Apostar por excluir o priorizar de forma r&iacute;gida no solo es injusto, tambi&eacute;n resulta poco pr&aacute;ctico. Es como pegarse un tiro en el pie mientras se promete estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        La segunda es jur&iacute;dica. La Constituci&oacute;n no establece ciudadanos de primera y de segunda en lo que respecta a derechos fundamentales. Es cierto que la situaci&oacute;n legal de las personas extranjeras tiene matices, pero el principio de igualdad y la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n marcan l&iacute;mites claros. Llevar la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; a la pr&aacute;ctica implicar&iacute;a forzar ese marco, si no directamente vulnerarlo, con el consiguiente riesgo de conflictos legales continuos.
    </p><p class="article-text">
        La tercera, y quiz&aacute; la m&aacute;s delicada, es social. Dividir entre un &ldquo;nosotros&rdquo; que hay que proteger y un &ldquo;ellos&rdquo; que queda fuera genera tensiones profundas. No solo afecta a quienes llegan, sino tambi&eacute;n a quienes ya forman parte de la sociedad. Porque esa frontera entre &ldquo;los de dentro&rdquo; y &ldquo;los de fuera&rdquo; nunca es fija: hoy puede se&ntilde;alar a los migrantes, ma&ntilde;ana a quienes se han nacionalizado, pasado a cualquier colectivo que encaje en la categor&iacute;a de &ldquo;diferente&rdquo;. Europa ya ha vivido din&aacute;micas as&iacute; y sus consecuencias no son un misterio.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, este tipo de enfoque tiende a desviar la atenci&oacute;n. Es m&aacute;s sencillo culpar al migrante que entrar de lleno en problemas estructurales como la precariedad laboral, las carencias en los servicios p&uacute;blicos o la falta de planificaci&oacute;n. Se construye un culpable claro, mientras lo importante sigue sin resolverse.
    </p><p class="article-text">
        Esto no significa negar que la migraci&oacute;n plantee retos. Los hay, y son reales: gesti&oacute;n de fronteras, sistemas de acogida exigidos al l&iacute;mite, integraci&oacute;n, coordinaci&oacute;n a nivel europeo. Pero responder con mensajes simplistas no ayuda; al contrario, complica m&aacute;s las cosas. Las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas necesitan an&aacute;lisis serios y soluciones que se sostengan en el tiempo, no respuestas impulsivas basadas en identidades.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de migraci&oacute;n exige, antes que nada, honestidad. Y esa honestidad pasa por asumir que la divisi&oacute;n entre &ldquo;ellos&rdquo; y &ldquo;nosotros&rdquo; ya no describe la realidad. Espa&ntilde;a es, y seguir&aacute; siendo, una sociedad diversa. La cuesti&oacute;n no es si aceptar eso o no, sino c&oacute;mo gestionarlo de manera justa, eficaz y coherente con los valores democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Al final, m&aacute;s all&aacute; de etiquetas como migrante, nacional o extranjero, hay personas. Y ese deber&iacute;a ser el punto de partida. Ni el origen, ni la cultura ni la religi&oacute;n pueden servir para establecer jerarqu&iacute;as en una democracia que aspire a ser s&oacute;lida. La calidad de un gobierno no se mide por a qui&eacute;n deja fuera, sino por c&oacute;mo protege la dignidad de todos. Apostar por la persona no es ingenuidad; es, en realidad, lo que ha permitido construir sociedades m&aacute;s justas. Todo lo dem&aacute;s, por mucho que se presente como &ldquo;prioridad&rdquo;, acaba siendo una renuncia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/prioridad-nacional-democracia-linea-espana-no-deberia-cruzar_129_13195826.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 09:57:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Prioridad nacional o democracia: la línea que España no debería cruzar]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El comisario principal Vicente Martínez ante la comisión de investigación del Senado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/comisario-principal-vicente-martinez-comision-investigacion-senado_129_12999408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Su intervención, de marcado carácter técnico y distinta al tono habitual de la comisión, puso el foco en la operativa policial</p></div><p class="article-text">
        Las comisiones de investigaci&oacute;n suelen moverse entre dos extremos: el se&ntilde;alamiento pol&iacute;tico y la reconstrucci&oacute;n t&eacute;cnica de los hechos. La intervenci&oacute;n de Vicente Mart&iacute;nez Guillem en el Senado se situ&oacute; claramente en el segundo terreno. M&aacute;s que un alegato defensivo, fue una exposici&oacute;n detallada de c&oacute;mo se gestion&oacute; la respuesta policial durante la DANA, qu&eacute; funcion&oacute; y qu&eacute; fall&oacute; en aquellos momentos.
    </p><p class="article-text">
        La comparecencia se articul&oacute; en torno a tres ejes que atravesaron toda la sesi&oacute;n: la explicaci&oacute;n t&eacute;cnica de la gesti&oacute;n de la emergencia, la constataci&oacute;n de fallos de coordinaci&oacute;n institucional &mdash;especialmente en el Cecopi&mdash; y el clima pol&iacute;tico que impregn&oacute; parte del debate parlamentario.
    </p><p class="article-text">
        Mart&iacute;nez Guillem, que durante la DANA ejerc&iacute;a como comisario principal y jefe provincial de Valencia, habl&oacute; desde una perspectiva claramente operativa. Se centr&oacute; en explicar c&oacute;mo se trabaj&oacute; sobre el terreno, c&oacute;mo se organiz&oacute; la respuesta policial y qu&eacute; limitaciones estructurales condicionaron la gesti&oacute;n en tiempo real.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los puntos m&aacute;s relevantes de su intervenci&oacute;n fue la insistencia en la descoordinaci&oacute;n del Cecopi, el &oacute;rgano concebido para integrar la respuesta entre administraciones. Se&ntilde;al&oacute; problemas de comunicaci&oacute;n, dificultades para centralizar la informaci&oacute;n y momentos de falta de claridad en la toma de decisiones. No lo plante&oacute; como una cr&iacute;tica partidista, sino como una descripci&oacute;n t&eacute;cnica de lo ocurrido en una crisis que, por su magnitud, super&oacute; los mecanismos previstos.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, explic&oacute; que la operativa policial se mantuvo activa y constante: comunicaci&oacute;n interna permanente, activaci&oacute;n progresiva de recursos, prioridad absoluta a la asistencia a la poblaci&oacute;n afectada y, casi en paralelo, refuerzo de la seguridad y del orden p&uacute;blico. Su relato dibuja una intervenci&oacute;n basada en decisiones continuas, ajustes constantes y adaptaci&oacute;n a un escenario que se agravaba por momentos.
    </p><p class="article-text">
        La comparecencia tambi&eacute;n dej&oacute; en evidencia la distancia entre la gesti&oacute;n sobre el terreno y la estructura institucional encargada de coordinarla. Mientras los equipos actuaban, el sistema de coordinaci&oacute;n mostraba las tensiones propias de una emergencia de gran escala. Esa brecha entre operativa y arquitectura institucional fue uno de los ejes de fondo de su intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el debate no se mantuvo &uacute;nicamente en el plano t&eacute;cnico. El tono pol&iacute;tico apareci&oacute; con fuerza, especialmente en las intervenciones del senador del Partido Popular, el se&ntilde;or Santamar&iacute;a. Sus intervenciones introdujeron momentos de confrontaci&oacute;n con otros senadores y desplazaron parcialmente el foco hacia el terreno partidista. El contraste fue evidente: frente a una exposici&oacute;n centrada en procedimientos y gesti&oacute;n de crisis, emerg&iacute;a una din&aacute;mica parlamentaria orientada al reproche y la atribuci&oacute;n de responsabilidades.
    </p><p class="article-text">
        En algunos momentos, dio la impresi&oacute;n de que se pretend&iacute;a situar la pol&iacute;tica por encima incluso de los l&iacute;mites legales, exigiendo respuestas a cualquier precio. Y no es as&iacute;. M&aacute;s a&uacute;n cuando se intent&oacute; forzar al compareciente para que revelara conversaciones de un canal interno de mensajer&iacute;a policial, &ldquo;INBOX&rdquo;, utilizado para comunicaciones operativas. Resulta llamativo que quien ha sido subdelegado del Gobierno parezca obviar cuestiones b&aacute;sicas como el secreto de las comunicaciones o la protecci&oacute;n de datos. Tal vez sea el papel pol&iacute;tico el que empuja a ciertas sobreactuaciones. El comisario, por su parte, volvi&oacute; a mostrar firmeza e integridad al no entrar en ese juego.
    </p><p class="article-text">
        El resultado fue una comparecencia que reflej&oacute;, en s&iacute; misma, la complejidad del episodio analizado: una emergencia real, una estructura institucional tensionada y un debate pol&iacute;tico inevitable.
    </p><p class="article-text">
        En conjunto, el testimonio de Mart&iacute;nez Guillem aporta una lectura que combina operativa y estructura. Por un lado, muestra c&oacute;mo se sostuvo la respuesta policial en un contexto de incertidumbre y presi&oacute;n. Por otro, subraya la necesidad de revisar los mecanismos de coordinaci&oacute;n interadministrativa cuando se enfrentan a cat&aacute;strofes de gran magnitud.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que un relato &eacute;pico o acusatorio, su intervenci&oacute;n funcion&oacute; como una reconstrucci&oacute;n desde dentro de la crisis: decisiones tomadas en tiempo real, coordinaci&oacute;n imperfecta y un sistema que tuvo que adaptarse sobre la marcha mientras la emergencia ya estaba en curso. Una s&iacute;ntesis que no solo explica qu&eacute; ocurri&oacute;, sino c&oacute;mo respondi&oacute; el engranaje institucional cuando fue sometido a una prueba extrema.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; concluye una sesi&oacute;n m&aacute;s. Una puesta en escena, a veces cercana al sainete, donde los actores pol&iacute;ticos se saludan fuera de foco, pero al o&iacute;r &ldquo;acci&oacute;n&rdquo; interpretan su papel con intensidad. Porque, al final, estas comisiones tienen poco de investigaci&oacute;n y mucho de &ldquo;comisi&oacute;n&rdquo;. Y eso, a nuestros pol&iacute;ticos, parece no disgustarles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/comisario-principal-vicente-martinez-comision-investigacion-senado_129_12999408.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Feb 2026 21:45:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El comisario principal Vicente Martínez ante la comisión de investigación del Senado]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La incomodidad del Partido Popular CV ante la corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/incomodidad-partido-popular-cv-corrupcion_129_12978326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una trayectoria marcada por respuestas defensivas, falta de autocrítica y ausencia de reformas internas profundas</p></div><p class="article-text">
        Hablar de corrupci&oacute;n dentro del Partido Popular siempre ha sido un asunto inc&oacute;modo para el propio partido. No solo por el tama&ntilde;o y la gravedad de algunos casos que han salpicado a cargos p&uacute;blicos y estructuras territoriales, sino porque, durante a&ntilde;os, ha costado asumir que el problema pod&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; de conductas individuales y apuntar a fallos m&aacute;s profundos. O quiz&aacute;s, simplemente sea m&aacute;s sencillo. No les da la gana.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de las d&eacute;cadas de democracia, el PP ha pasado por numerosos procesos judiciales y esc&aacute;ndalos pol&iacute;ticos relacionados con financiaci&oacute;n irregular, adjudicaciones p&uacute;blicas o redes clientelares. M&aacute;s all&aacute; de las condenas concretas o de los nombres propios, el debate de fondo sigue siendo otro: la dificultad del partido para abordar estos episodios con verdadera transparencia y con voluntad de cambios estructurales.
    </p><p class="article-text">
        La l&iacute;nea de defensa habitual ha sido presentar cada caso como un hecho aislado, fruto de decisiones personales. Sin embargo, esa explicaci&oacute;n ha convivido durante a&ntilde;os con una percepci&oacute;n social persistente de falta de autocr&iacute;tica y de respuestas internas contundentes. Ni cuando ha gobernado ni cuando ha estado en la oposici&oacute;n se ha consolidado una estrategia clara de regeneraci&oacute;n que vaya m&aacute;s all&aacute; de relevos de liderazgo o de c&oacute;digos &eacute;ticos de copia y pega. Se contin&uacute;a pensando que con la t&eacute;cnica del Avestruz. As&iacute; les va.
    </p><p class="article-text">
        Reconocer la corrupci&oacute;n como un problema end&eacute;mico en las organizaciones pol&iacute;ticas no&nbsp;&nbsp;tiene un coste pol&iacute;tico evidente ( el partido popular debe de pensar lo contrario) tan solo implica admitir cambios en los controles internos, en la cultura organizativa y en la selecci&oacute;n de dirigentes. Ahora bien, el coste de no hacerlo es evidente, porque mina la credibilidad institucional y alimenta la desconfianza ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la cuesti&oacute;n no es solo qu&eacute; casos han existido, sino qu&eacute; respuestas estructurales se han impulsado para evitar que se repitan. Y ah&iacute; surge la cr&iacute;tica principal: la sensaci&oacute;n de que las reacciones han sido m&aacute;s defensivas que transformadoras, m&aacute;s centradas en proteger la imagen del partido que en reforzar de verdad los mecanismos de prevenci&oacute;n y rendici&oacute;n de cuentas. Y por supuesto sin reformas internas ni de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En una democracia, los partidos no se valoran &uacute;nicamente por sus programas o su capacidad de gesti&oacute;n, sino tambi&eacute;n por c&oacute;mo afrontan sus propias sombras. La corrupci&oacute;n no desaparece ignor&aacute;ndola ni reduci&eacute;ndola a episodios del pasado. Se combate con transparencia, controles eficaces y asunci&oacute;n de responsabilidades pol&iacute;ticas. Y ese sigue siendo uno de los retos m&aacute;s inc&oacute;modos (y pendientes) para el Partido Popular, que contin&uacute;a esquivando el problema caso tras caso.
    </p><p class="article-text">
        Esta incomodidad no es una idea abstracta: tiene nombres, etapas y antecedentes claros. La trayectoria del PP en democracia est&aacute; marcada por algunos de los casos de corrupci&oacute;n m&aacute;s sonados de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola y valenciana. La trama G&uuml;rtel, la financiaci&oacute;n irregular investigada en el caso B&aacute;rcenas, los m&uacute;ltiples frentes territoriales, o el impacto institucional de los casos Lezo y P&uacute;nica han dejado una huella dif&iacute;cil de separar de la historia reciente del partido. O los erial, cooperaci&oacute;n, terra m&iacute;tica, emarsa, Brugal o la y la trama valenciana de la G&uuml;rtel.
    </p><p class="article-text">
        En muchos de estos episodios hubo sentencias firmes, condenas a cargos p&uacute;blicos y responsabilidades penales individuales reconocidas. Aun as&iacute;, la cr&iacute;tica pol&iacute;tica ha persistido en otro plano: la percepci&oacute;n de que la respuesta org&aacute;nica del partido fue, de nuevo, reactiva y no preventiva; m&aacute;s orientada a contener el da&ntilde;o medi&aacute;tico que a revisar a fondo los sistemas internos de control, supervisi&oacute;n y selecci&oacute;n de cargos. Y, casi siempre, acompa&ntilde;ada del recurso&ldquo;y t&uacute; m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema no desaparece cuando el partido pasa a la oposici&oacute;n, ni se soluciona autom&aacute;ticamente al volver al gobierno. La falta de reformas internas percibidas como profundas, sostenidas y verificables ha reforzado la idea de que la corrupci&oacute;n se gestiona como una crisis puntual, no como un riesgo estructural.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo reciente de este patr&oacute;n, esta vez en la administraci&oacute;n local, se ha dado en Alicante, con la pol&eacute;mica adjudicaci&oacute;n de viviendas de protecci&oacute;n p&uacute;blica en una promoci&oacute;n construida sobre suelo municipal. Varias de estas viviendas, destinadas en teor&iacute;a a facilitar el acceso a la vivienda a personas con ingresos limitados, acabaron en manos de cargos p&uacute;blicos, t&eacute;cnicos municipales o familiares directos de responsables pol&iacute;ticos del Partido Popular. Pero siguen siendo casos aislados. &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza!
    </p><p class="article-text">
        El caso ha provocado dimisiones y la apertura de investigaciones administrativas y judiciales, pero volvi&oacute; a poner sobre la mesa una cuesti&oacute;n recurrente: m&aacute;s all&aacute; de las responsabilidades individuales, la existencia de fallos en los mecanismos de control, transparencia y prevenci&oacute;n de conflictos de inter&eacute;s. Una vez m&aacute;s reabre el debate sobre si las respuestas del partido se limitan a cuando el esc&aacute;ndalo ya es p&uacute;blico, sin abordar de forma profunda las debilidades estructurales que permiten que este tipo de situaciones se repitan en distintos niveles territoriales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se cierra el c&iacute;rculo: cada caso, pasado o presente, refuerza la sensaci&oacute;n de que el verdadero desaf&iacute;o no es solo depurar responsabilidades cuando estalla un esc&aacute;ndalo, sino construir mecanismos eficaces que impidan que vuelva a ocurrir. Y ese sigue siendo el punto m&aacute;s inc&oacute;modo del debate interno.
    </p><p class="article-text">
        Todos sabemos aquello de: &ldquo;si quieres que algo cambie, empieza por hacer algo diferente&rdquo; con el partido popular lo tenemos claro. Por lo tanto, la pregunta no es si volver&aacute; a ocurrir, si no, cuando y donde ser&aacute; el pr&oacute;ximo caso de corrupci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/incomodidad-partido-popular-cv-corrupcion_129_12978326.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Feb 2026 21:07:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La incomodidad del Partido Popular CV ante la corrupción]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El teléfono de Pérez Llorca, expuesto. ¿Quién está a salvo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/telefono-perez-llorca-expuesto-salvo_129_12941979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La filtraci&oacute;n de datos personales del presidente de la Generalitat Valenciana no es solo un incidente de ciberseguridad: es una advertencia. Cuando la generalitat valenciana no puede garantizar la protecci&oacute;n de la informaci&oacute;n m&aacute;s sensible de quienes la representan, la pregunta deja de ser t&eacute;cnica y pasa a ser pol&iacute;tica: &iquest;qui&eacute;n protege a qui&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Por momentos, nuestros gobernantes parecen acostumbrarse a que la intimidad sea un bien fr&aacute;gil. Lo nuevo no es que se filtren datos, sino a qui&eacute;n se le filtran. Que entre los afectados figure el presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran P&eacute;rez Llorca, tras la exposici&oacute;n de datos detectada entre el 22 y el 23 de enero de 2026, no es un simple episodio m&aacute;s de ciberdelincuencia: es un s&iacute;ntoma preocupante de debilidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n de datos personales (DNI, tel&eacute;fonos, direcciones) de responsables p&uacute;blicos no es una gamberrada digital ni un acto de exhibicionismo hacker. Es una ruptura grave del contrato impl&iacute;cito entre ciudadan&iacute;a y Estado: el de la protecci&oacute;n de la informaci&oacute;n sensible que el propio sistema exige a quienes ejercen responsabilidades p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo relevante no es solo qui&eacute;n filtra, sino desde d&oacute;nde se exfiltra. Todo apunta a que los datos no proceden de un ataque &uacute;nico y reciente, sino de la reutilizaci&oacute;n de bases de datos comprometidas con anterioridad. Es decir, informaci&oacute;n que ya estaba fuera de control, circulando, acumul&aacute;ndose, esperando el momento oportuno para ser utilizada. Y ese dato es demoledor y preocupante. No se ten&iacute;a conocimiento del hecho, ni cu&aacute;ndo ni c&oacute;mo.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco hay, por ahora, certezas sobre qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s de la filtraci&oacute;n. El alias utilizado &ldquo;Eurogosth&rdquo; encaja en una tipolog&iacute;a ya conocida: perfiles an&oacute;nimos, sin rastro p&uacute;blico estable, que operan desde foros cerrados y canales de mensajer&iacute;a cifrada. La experiencia reciente indica que estos ataques pueden proceder tanto de hacktivistas con motivaciones pol&iacute;ticas o ideol&oacute;gicas, como de actores oportunistas que reutilizan bases de datos antiguas para ganar notoriedad o ejercer presi&oacute;n. No se puede descartar tampoco la actuaci&oacute;n de terceros ajenos a la administraci&oacute;n p&uacute;blica, que acceden a informaci&oacute;n previamente comprometida sin necesidad de vulnerar directamente sistemas institucionales. En todos los casos, el denominador com&uacute;n no es la sofisticaci&oacute;n t&eacute;cnica, sino la existencia previa de datos expuestos y mal protegidos.
    </p><p class="article-text">
        De entre todos los datos expuestos, el n&uacute;mero de tel&eacute;fono es especialmente sensible. No por lo que revela, sino por todo lo que permite. Con un tel&eacute;fono m&oacute;vil, un ciberdelincuente puede intentar suplantaciones de identidad, fraudes, acoso directo, extorsi&oacute;n, introducci&oacute;n de malware, control remoto o preparar ataques posteriores de ingenier&iacute;a social. El tel&eacute;fono se ha convertido en el eje de la vida digital: identificador, canal de confianza y, en muchos casos, segundo factor de verificaci&oacute;n. Cuando se filtra, no se expone solo un contacto, se compromete un per&iacute;metro entero de seguridad personal, profesional y en este caso, institucional.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece una cuesti&oacute;n relevante que, por ahora, permanece sin respuesta p&uacute;blica. Desde la Generalitat Valenciana no se ha comunicado qu&eacute; medidas concretas se han adoptado para proteger ese n&uacute;mero de tel&eacute;fono expuesto:&nbsp;si se ha reforzado su seguridad o si, sencillamente, se ha dado de baja y sustituido por otro, algo que desde el punto de vista b&aacute;sico de ciberseguridad ser&iacute;a la opci&oacute;n m&aacute;s recomendable. O si ha existido una brecha de datos en la generalitat. El silencio no implica dejaci&oacute;n, pero s&iacute; evidencia una carencia: la falta de una pol&iacute;tica clara de comunicaci&oacute;n ante incidentes de seguridad que afectan a cargos p&uacute;blicos. En este caso, al primero de los valencianos.
    </p><p class="article-text">
        La Comunitat Valenciana no es una excepci&oacute;n. Pero tampoco puede refugiarse en el &ldquo;mal de muchos&rdquo;. Si los datos personales de un presidente auton&oacute;mico pueden terminar en un canal de mensajer&iacute;a o en un foro clandestino, &iquest;qu&eacute; garant&iacute;as reales tiene la ciudadan&iacute;a valenciana sobre su propia informaci&oacute;n? Ya respondo yo. &iquest;Ninguna!
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de filtraciones tiene adem&aacute;s un efecto perverso: normaliza el se&ntilde;alamiento. Hoy son los cargos p&uacute;blicos; ma&ntilde;ana, cualquier persona vinculada a ellos. Se difuminan las fronteras entre control democr&aacute;tico, escrutinio leg&iacute;timo y acoso. Y en ese terreno resbaladizo, la democracia siempre pierde.
    </p><p class="article-text">
        Este episodio deber&iacute;a abrir algo m&aacute;s que diligencias policiales. Deber&iacute;a provocar una auditor&iacute;a profunda de c&oacute;mo se gestionan, almacenan y protegen los datos personales en las administraciones p&uacute;blicas, y una reflexi&oacute;n inc&oacute;moda: quiz&aacute; hemos legislado mucho sobre privacidad, pero hemos invertido poco en hacerla real, o lo que es peor, que no se encuentre en la agenda pol&iacute;tica de nuestras instituciones.
    </p><p class="article-text">
        La difusi&oacute;n de datos personales como tel&eacute;fonos, direcciones o documentos identificativos est&aacute; protegida por el Reglamento General de Protecci&oacute;n de Datos (RGPD) y por la Ley Org&aacute;nica 3/2018 de Protecci&oacute;n de Datos y Garant&iacute;a de los Derechos Digitales (LOPDGDD). Estas normas obligan a las administraciones p&uacute;blicas a adoptar medidas t&eacute;cnicas y organizativas adecuadas para prevenir accesos no autorizados y, en caso de brecha, a evaluar riesgos, mitigar da&ntilde;os y comunicar con transparencia cuando pueda existir un impacto significativo para los afectados. La protecci&oacute;n de datos no es solo cumplimiento normativo, es calidad democr&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta no es si volver&aacute; a ocurrir. La pregunta es qu&eacute; estamos haciendo para que no sea inevitable. Porque cuando el poder queda desnudo, lo que se ve no es solo su vulnerabilidad, sino la del sistema entero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/telefono-perez-llorca-expuesto-salvo_129_12941979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jan 2026 09:35:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El teléfono de Pérez Llorca, expuesto. ¿Quién está a salvo?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia no se financia en efectivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/democracia-no-financia-efectivo_129_12868499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 17 de diciembre de 2025, la Audiencia Nacional abri&oacute; una investigaci&oacute;n para esclarecer presuntos pagos en efectivo, de origen desconocido, dentro del PSOE. Los documentos recibidos ( a petici&oacute;n del juez) apuntan a movimientos de dinero entre 2017 y 2025, justo los a&ntilde;os que abarcan la etapa de Pedro S&aacute;nchez al frente del partido. Vale aclararlo desde el principio: que se abra una investigaci&oacute;n no significa que haya una condena. La presunci&oacute;n de inocencia sigue siendo clave en cualquier democracia. Pero fingir que no pasa nada tampoco es una opci&oacute;n. Cuando la justicia pone bajo la lupa al partido que gobierna, no estamos ante un simple tema administrativo. Es algo que toca la fibra de la pol&iacute;tica, de la &eacute;tica y, s&iacute;, tambi&eacute;n de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        No es balad&iacute; que, tras recibir la informaci&oacute;n que remiti&oacute; el PSOE al juez, este decidiera abrir una pieza separada por blanqueo de capitales y financiaci&oacute;n ilegal. Algo debi&oacute; llamar la atenci&oacute;n en los asuntos contables. La apertura de esta nueva l&iacute;nea de investigaci&oacute;n sugiere que el contenido de los justificantes y documentos aportados no fueron, precisamente, tranquilizadores.
    </p><p class="article-text">
        Para entender lo que est&aacute; en juego, conviene detenerse un momento en dos conceptos que a veces se mencionan sin mucha profundidad: financiaci&oacute;n ilegal y blanqueo de capitales. No son tecnicismos. Son l&iacute;neas que, si se cruzan, comprometen la legitimidad de todo el sistema.
    </p><p class="article-text">
        La financiaci&oacute;n ilegal sucede cuando un partido pol&iacute;tico mueve dinero por fuera de los l&iacute;mites legales. Puede ser a trav&eacute;s de donaciones prohibidas, gastos que exceden lo permitido, cajas paralelas o pagos en efectivo sin rastro. Estas reglas no est&aacute;n por gusto. Buscan que todos los partidos compitan en igualdad de condiciones, y evitar que el poder pol&iacute;tico se compre con talonarios o favores.
    </p><p class="article-text">
        El blanqueo de capitales es a&uacute;n m&aacute;s grave: es hacer pasar por legal un dinero cuyo origen es il&iacute;cito. Aunque se asocia muchas veces al crimen organizado, en pol&iacute;tica tambi&eacute;n puede ocurrir cuando hay fondos opacos, pagos fraccionados o movimientos en efectivo hechos para esquivar controles. Adem&aacute;s de Atentar contra la econom&iacute;a formal del estado y socavar el estado del bienestar. Por eso, el dinero en efectivo sin origen claro es una alerta roja para los organismos de control.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una causa judicial apunta a estas pr&aacute;cticas dentro de un partido democr&aacute;tico, el da&ntilde;o no se mide solo por lo que diga un juez. El golpe es &eacute;tico, profundo, y deja una marca duradera.
    </p><p class="article-text">
        Primero, porque erosiona la calidad democr&aacute;tica. Votar est&aacute; bien, pero tambi&eacute;n necesitamos confiar en que quienes gobiernan cumplen las reglas b&aacute;sicas. Si esas reglas parecen opcionales para quienes mandan, la desconfianza crece. Y no es f&aacute;cil revertirla.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, porque afecta al buen gobierno. No se pueden pedir pol&iacute;ticas p&uacute;blicas limpias si el propio partido no mantiene limpias sus cuentas. La opacidad interna suele ir de la mano con atajos, controles laxos y confusi&oacute;n entre lo que es partido y lo que es instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n, porque golpea la lucha contra la corrupci&oacute;n. Espa&ntilde;a ya viene arrastrando esc&aacute;ndalos que desgastaron la confianza en las instituciones. Cuando aparecen nuevas sombras sobre partidos en el poder, no solo se cuestiona a esos partidos: se debilita el mensaje contra la corrupci&oacute;n y se alimenta el cinismo de muchos ciudadanos. A veces cuesta no preguntarse si de verdad alguien predica con el ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        En el caso del PSOE, el efecto puede ser todav&iacute;a m&aacute;s fuerte. No hablamos de un actor menor. Es un partido central en la historia democr&aacute;tica del pa&iacute;s, y ha hecho bandera de la transparencia y la regeneraci&oacute;n pol&iacute;tica. Justamente por eso, su nivel de exigencia deber&iacute;a ser m&aacute;s alto. No alcanza con dejar todo en manos de los tribunales. Hay una responsabilidad pol&iacute;tica que exige explicaciones claras, transparencia total y, si corresponde, consecuencias reales.
    </p><p class="article-text">
        Si hace unos d&iacute;as escrib&iacute;a sobre &ldquo;los monstruos de la pol&iacute;tica&rdquo; refiri&eacute;ndome al partido popular y el da&ntilde;o que hacia su inacci&oacute;n regeneradora y nada democr&aacute;tica decisi&oacute;n de mantener al &ldquo;innombrable&rdquo; en la primera l&iacute;nea pol&iacute;tica, imag&iacute;nate las consecuencias si todo esto se confirma. Me vienen unas cuantas: la ejemplaridad de los partidos, la gesti&oacute;n del dinero p&uacute;blico y privado o el da&ntilde;o que las sospechas de opacidad causan a la confianza ciudadana en las instituciones democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Esto no va de anticipar culpables ni de armar juicios paralelos. Va de entender que la democracia tambi&eacute;n se desgasta cuando se normalizan zonas grises. Cuando el dinero entra por la puerta de atr&aacute;s, la confianza ciudadana suele ser la que se va por la ventana. Y eso es algo que ning&uacute;n gobierno deber&iacute;a permitirse. Mucho menos, en su propia casa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/democracia-no-financia-efectivo_129_12868499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 22:00:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La democracia no se financia en efectivo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la política ignora sus propios monstruos: Stranger things]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/politica-ignora-propios-monstruos-stranger-things_129_12829095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/138a1f9f-d845-448e-806a-6aa9e5f4332a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la política ignora sus propios monstruos: Stranger things"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p><p class="subtitle">El PP relega a Mazón al gallinero de las Corts Valencianes tras subirle el sueldo 600 euros al mes
</p></div><p class="article-text">
        La renuncia de Carlos Maz&oacute;n como president de la Generalitat pudo haber sido una oportunidad para hacer una pausa, reflexionar y asumir responsabilidades con seriedad. Inclusive partir de cero. Pero el Partido Popular ha decidido recolocarlo casi de inmediato al frente de la Comisi&oacute;n de Reglamento de las Corts, dejando claro que la prioridad no era renovar nada, ni cambiar nada, sino proteger al suyo. Y eso dice mucho, no solo del PP, sino del funcionamiento pol&iacute;tico en la Comunitat Valenciana.
    </p><p class="article-text">
        La Comisi&oacute;n de Reglamento no es un cargo cualquiera. Ah&iacute; se fijan las reglas internas del Parlamento, se marcan los equilibrios entre partidos y se definen los procedimientos que dan forma al debate democr&aacute;tico. Es, en resumen, la comisi&oacute;n que pone orden al juego pol&iacute;tico. Por eso, quien la presida deber&iacute;a tener un perfil neutral, con autoridad moral y cierta distancia con el mal gobierno. Nombrar a Maz&oacute;n, reci&eacute;n salido del despacho presidencial, para ese puesto manda justo el mensaje contrario. Pero tranquilos, que no cunda el p&aacute;nico, esa comisi&oacute;n no se ha reunido nunca en dos a&ntilde;os de gobierno. Todo un mensaje. Ahora bien, el se&ntilde;or Maz&oacute;n cobrar&aacute; 637 euros al mes, 8.918 euros al a&ntilde;o, por no hacer nada.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ha hecho el PP valenciano es aplicar una l&oacute;gica interna de partido: proteger al l&iacute;der ca&iacute;do, evitar movimientos bruscos y que siga de aforado, por si las &ldquo;moscas&rdquo;. Se entiende desde la maquinaria partidista tradicional, caduca y trasnochada, esa que huele a naftalina, pero no desde la l&oacute;gica del buen gobierno y la calidad democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Una dimisi&oacute;n no deber&iacute;a convertirse en un simple tr&aacute;mite que se borra en unos d&iacute;as con un nuevo puesto. Si la salida de un presidente no tiene consecuencias reales, el mensaje que le llega a la gente es desolador: que en pol&iacute;tica nadie cae del todo, que siempre hay una silla esperando y que la responsabilidad es, en el fondo, solo un gesto vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Y esto no es solo cosa del PP. Es un patr&oacute;n que arrastra toda la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Pero aqu&iacute;, en la Comunitat Valenciana, pesa m&aacute;s por el momento que vivimos: creciente desconfianza ciudadana, polarizaci&oacute;n en aumento y una sensaci&oacute;n general de que las instituciones no est&aacute;n a la altura. En ese contexto, recolocar tan r&aacute;pido a Maz&oacute;n no solo es inoportuno. Es contraproducente.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s saludable, y coherente con una democracia que se respete a s&iacute; misma, habr&iacute;a sido que se apartara un tiempo de la primera l&iacute;nea. Darle espacio a su salida, permitir que su dimisi&oacute;n tuviera un peso real. Esa distancia no solo es un gesto de responsabilidad; es tambi&eacute;n una forma de reconstruir confianza en las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero el PP no ha querido. Y esa decisi&oacute;n deja ver dos cosas: que no saben gestionar transiciones y que el pacto alcanzado para conseguir que dimitiera, no solo era quien ser&iacute;a su sucesor. El problema es que lo que les fortalece a corto plazo como partido, debilita a largo plazo al sistema institucional.
    </p><p class="article-text">
        El PP ha perdido una oportunidad clave de mostrar que su l&iacute;der saliente asum&iacute;a responsabilidades de verdad. Ha preferido blindarlo antes que dar ejemplo. Ha dejado claro que, una vez m&aacute;s, proteger al partido est&aacute; por encima de regenerar las instituciones o recuperar la confianza ciudadana. La familia, es la familia.
    </p><p class="article-text">
        Porque al final, lo que est&aacute; en juego no es solo un nombramiento m&aacute;s. Es una forma de entender la pol&iacute;tica. Y con gestos como este, queda claro que en el PP valenciano siguen sin entender que una democracia no solo necesita leyes, tambi&eacute;n necesita se&ntilde;ales claras de que el poder tiene l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n resulta a&uacute;n m&aacute;s cuestionable si se pone en contexto con un episodio reciente y especialmente delicado: la gesti&oacute;n de la DANA que nos golpe&oacute; duramente, donde m&aacute;s nos duele, con la p&eacute;rdida de vidas humanas. Aquel temporal dej&oacute; barrios anegados, infraestructuras colapsadas y a miles de personas esperando respuestas que el Consell no supo dar con la rapidez necesaria. La falta de previsi&oacute;n, la lenta coordinaci&oacute;n de emergencias y la respuesta institucional tard&iacute;a, sobre todo en los municipios m&aacute;s castigados, generaron cr&iacute;ticas, incluso desde alcald&iacute;as del propio Partido Popular. Esa gesti&oacute;n dej&oacute; al descubierto fisuras claras en la credibilidad del Ejecutivo y aceler&oacute; un desgaste que termin&oacute; con la salida forzosa de Maz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que, despu&eacute;s de una emergencia mal gestionada, el partido decida recolocar a su expresident en un &oacute;rgano clave del Parlamento lanza un mensaje peligroso: que los errores graves no tienen consecuencias pol&iacute;ticas reales, o que, si las tienen, duran apenas un suspiro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/politica-ignora-propios-monstruos-stranger-things_129_12829095.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Dec 2025 16:18:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la política ignora sus propios monstruos: Stranger things]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Mazón,Corts Valencianes]]></media:keywords>
    </item>
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