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    <title><![CDATA[elDiario.es - Flor M. Yustas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/flor-m-yustas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Flor M. Yustas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Arriesgar a conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arriesgar-conciencia_1_12857638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f384d3a8-c80d-4a22-8628-cc2caedef1b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Arriesgar a conciencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A través de referencias literarias y desde su experiencia personal, la escritora Flor M. Yustas, propone superar los miedos y jugársela más a nivel individual pero también colectivo </p><p class="subtitle">El último 'Rincón de pensar' - La cotidianidad de la democracia como receta para frenar a la ultraderecha</p></div><p class="article-text">
        Los libros, series y pel&iacute;culas dist&oacute;picas comenzaron a advertirlo hace m&aacute;s de una d&eacute;cada: con la asunci&oacute;n de que nuestros d&iacute;as en La Tierra est&aacute;n contados (y que nos hemos llevado  1.300 especies por delante), la sociedad &mdash;adem&aacute;s de hacer un viraje hacia autocracias de ultraderecha&mdash;, empezar&aacute; a sobrepasar sus propios l&iacute;mites de manera salvaje. Cuando nos dirigimos irremediablemente al declive, &iquest;por qu&eacute; no arriesgar un poquito m&aacute;s? &iquest;Por qu&eacute; no jug&aacute;rnoslo todo ahora que no tenemos nada que perder? 
    </p><p class="article-text">
        El eslogan por antonomasia, convertido en mantra de una sociedad embarrada en una cultura demasiado terap&eacute;utica y poco movilizada, manid&iacute;simo gracias a libros de autoayuda y reels en redes sociales, clama incansable: &ldquo;Sal de tu zona de confort&rdquo;. Promulga un <em>carpe diem</em> que esconde un discurso perverso y sibilino al desatender la variedad de casu&iacute;sticas y la matriz de poder y privilegios que nos coloca a cada una en un punto distinto de salida, homogeneizando los riesgos, como si fueran ontol&oacute;gicamente singulares y no tuviesen pesos, densidades, formas y comportamientos distintos en funci&oacute;n de las manos que los sujeten. Como siempre, invisibilizan que quienes m&aacute;s arriesgan son las m&aacute;s precarizadas, mientras ese 1% ultrarrico sigue acumulando capital a nuestras espaldas, en un presente donde con un sueldo no podemos pagar un alquiler, no nos queda energ&iacute;a para los cuidados y en el que llenar el carro de la compra es un deporte de &eacute;lite. 
    </p><p class="article-text">
        Nos animan a aprovechar la crisis para jugarnos lo poco que nos queda a la vez que nos tildan de generaci&oacute;n de cristal. Un caldo de cultivo perfecto para que lo dejemos todo en sus manos sin derecho a queja. Que no nos enga&ntilde;en, hace tiempo que nuestra zona de confort fue incendiada por pol&iacute;ticas de ultraderecha que destruyen los estados de bienestar que el norte global hab&iacute;a alcanzado (a costa de los pa&iacute;ses del sur, por cierto). 
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n que nos ofrecen no es un cambio de sistema econ&oacute;mico, abogar por la redistribuci&oacute;n, el cuestionamiento de las fronteras &mdash;y las necropol&iacute;ticas que las circundan&mdash; o que se haga justicia reparativa con el sur global: la soluci&oacute;n es que rompas tus cadenas, dejes tu trabajo en una oficina deprimente llena de hal&oacute;genos blancos, te vayas a vivir a una furgoneta camperizada, y practiques, sin meditaci&oacute;n previa ni responsabilidad afectiva, nuevas y capitalizadas formas de libertad amorosa. Todo se acaba, as&iacute; que no desaproveches el tiempo y, como dec&iacute;a Quique Gonz&aacute;lez, &ldquo;ju&eacute;gatela un poco, valiente&rdquo;, estrofa que me cantaba mi amante al o&iacute;do, siendo &eacute;l un hombre cishetero en 2008, mi jefe y dieciocho a&ntilde;os mayor que yo, que apenas acababa de cumplir la mayor&iacute;a de edad. Una canci&oacute;n preciosa sobre un amor pasional y kamikaze.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute;, a lo personal, a lo que nos atraviesa la carne y los afectos con la fiereza de <a href="https://pre-textos.com/producto/el-cuerpo-lesbiano/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los poemas de Monique Wittig</a>: &laquo;A trav&eacute;s de mi vagina y de mi &uacute;tero t&uacute; te introduces hasta mis intestinos rasgando la membrana&raquo;, es a donde quiero llegar. Empiezo a pensar que la apolog&iacute;a del riesgo ha envenenado de maneras fariseas las no monogamias. Hemos le&iacute;do mal a <a href="https://www.agapea.com/ANNE-DUFOURMANTELLE/Elogio-del-riesgo-9789878622804-i.htm?srsltid=AfmBOopyKYpCLciZUoMOWm2uDPCIVlt0uHidXJsBLQsbS0MwSJe4dOi1" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Anne Duformantelle</a>. Entendimos que el riesgo era lanzarnos al mar. Habitar  la pasi&oacute;n al m&aacute;ximo. Lanzarnos de cabeza. A riesgo de partirnos el cr&aacute;neo contra una roca a pocos cent&iacute;metros de la superficie del agua. Nos quisimos demostrar a nosotras mismas una valent&iacute;a exacerbada digna de la masculinidad m&aacute;s t&oacute;xica. En nuestro fin del mundo personal, quienes m&aacute;s mucho, y perseguir nuestro fuego interno. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La pasi&oacute;n es la sustancia misma del riesgo&rdquo;, dec&iacute;a Dufourmantelle, y a&ntilde;ade: &laquo;Al inicio cada uno de nosotros corre ese riesgo, tan paralizada est&aacute; nuestra voluntad cuando el efecto conjugado de la carne y del coraz&oacute;n trastorna nuestros afectos sin posibilidad de escape&raquo;. Y nos quedamos ah&iacute;, entendiendo a medias, integrando solo lo que nos interesaba de su texto:el fuego de la pasi&oacute;n, la idea de que el riesgo merece la pena porque el deseo es una fuerza sobrenatural que nos empuja a perseguir lo que realmente deseamos. Y quiz&aacute; ignoramos lo que se&ntilde;alaba m&aacute;s tarde, que la pasi&oacute;n, en vez de una fuerza subyugadora, puede ser lo contrario: una liberaci&oacute;n que nos eleva, una invocaci&oacute;n &ldquo;a lo amable, al instante, a la sabidur&iacute;a del cuerpo, a rendir gracias a lo que es dado m&aacute;s bien que a lo que es debido&rdquo;. Era importante leer mejor y no lo hicimos porque la pasi&oacute;n ciega. Pasamos por encima de aquello de los afectos trastornados, punto clave para repensar c&oacute;mo queremos relacionarnos con el resto. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>El riesgo a vincular</strong></h2><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n malentendimos a Marta Vusquets, quien en su poemario <a href="https://www.todostuslibros.com/autor/marta-busquets?page=1" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>En el reino de las gatas</em></a> dice lo siguiente: &ldquo;Observar la entrada a una gruta mar&iacute;tima/ oscura y potencialmente llena de terrores [...] Confirmarme a la peque&ntilde;a linterna en la frente/ y a todo lo que quema en mi pecho./ Tal vez nunca m&aacute;s/ vuelva a la superficie./ PERD&Oacute;NAME:/ si no me adentro en la cueva/ no sobrevivir&eacute; a nuestra historia.&rdquo; Pensamos que quiz&aacute; la clave estaba en dejarnos llevar por ese deseo tan jugoso que nos impulsaba a salir del confort y adentrarnos en lo oscuro. Cuando precisamente ambas lo que hac&iacute;an era invitarnos a tomar riesgos, s&iacute;, pero transformados en decisiones contundentes que nos llevasen a ser m&aacute;s aut&eacute;nticas. Siendo m&aacute;s aut&eacute;nticas con nosotras mismas es la &uacute;nica v&iacute;a para ser m&aacute;s aut&eacute;nticas con nuestros v&iacute;nculos y m&aacute;s consecuentes con lo que realmente deseamos para nuestras vidas, m&aacute;s all&aacute; de los incendios. En esa confusi&oacute;n, nos dijimos que ten&iacute;amos que ser m&aacute;s libres, desatarnos, desmontar completamente la estructura, el sistema mon&oacute;gamo, y hacerlo todo pedazos, aunque lo que m&aacute;s pusi&eacute;semos en riesgo no fuera exactamente el formato sino nuestra emocionalidad y nuestra entra&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        En el ensayo<em> </em><a href="https://contintametienes.com/superemocional-una-defensa-del-amor/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Superemocional,</em></a> Juanpe S&aacute;nchez plantea que el amor rom&aacute;ntico a&uacute;na el amor de la no elecci&oacute;n y el amor de la certidumbre, donde &ldquo;el yo se equilibra al encontrar al t&uacute; perfecto, a su otra mitad, a trav&eacute;s de la promesa de que su amor podr&aacute; con todo: con las diferencias materiales, sociales y culturales, e incluso con el tiempo&rdquo;. Explica que actualmente acompa&ntilde;a a ese romanticismo casposo un discurso parad&oacute;jico (atravesado por la sociedad del consumo) que considera que el amor se puede elegir a la carta, y que podemos hacernos y deshacernos de nuestros amores porque son productos de un mercado que los hace reemplazables. &iquest;Qu&eacute; nos queda, situadas en esta encrucijada en que valemos poco y que a la par estamos cegadas por unas pasiones como &uacute;nico leitmotiv interesante? Arriesgarnos, &iquest;no? Si total, empezamos el juego sabiendo que ya todo est&aacute; perdido, que vamos en declive, que hagamos lo que hagamos va a ganar la banca; mejor nos la jugamos y ya vemos despu&eacute;s qu&eacute; hacer con los harapos.
    </p><p class="article-text">
        Ese tipo de riesgo, el riesgo de quien busca desesperadamente sentir algo en un mundo que nos tiene sobreestimulados y sin capacidad para procesar lo que ocurre y ni para convertirnos en agentes de cambio, es el riesgo del que quiero alertar. Un riesgo desmontable. Una fantas&iacute;a que otros han construido para nosotres con una intencionalidad muy clara.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo por el que abogo es otro. Es el riesgo a vincular y el riesgo a que cada una conozca sus propios l&iacute;mites para tener un juego limpio con el otre. Dice Juanpe L&oacute;pez: &ldquo;Hay algo poderoso y molesto en creernos y crearnos vulnerables e interdependientes. Hay algo que nos rompe el coraz&oacute;n antes de que alguien nos rompa el coraz&oacute;n. Hay que mirar, se&ntilde;alar, entender para poder localizar nuestras heridas, seguir dando nuestro coraz&oacute;n, seguir d&aacute;ndole &mdash;sobre todo a las personas que queremos&mdash; la posibilidad de hacernos da&ntilde;o para poder seguir adelante&rdquo;. El fil&oacute;sofo resuelve la encrucijada de amor no elegido (que te arrastra) y amor a la carta (y reemplazable), proponiendo un amor que se construye poco a poco en el v&iacute;nculo con el otre. Un amor parecido al que nos vincula a las plantas: a ensayo y error, probando con cuidado m&aacute;s o menos agua, m&aacute;s o menos luz, un rinc&oacute;n de la casa u otro, hasta que damos con la clave para que crezca lo m&aacute;s posible a nuestro lado. 
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea hablaba Dufourmantelle de la hospitalidad incondicional (concepto que recoge de Derrida) como un invitar al otre a tu casa sabiendo que puede corromperla. Invitarle sin pedir nada a cambio, y asumiendo el riesgo de que, al abrir las puertas de nuestro hogar, puede que esta quede expuesta al da&ntilde;o. &ldquo;Hay que seguir confiando, pero no en aquello que nos est&aacute; destruyendo&rdquo;, a&ntilde;ade Juanpe; pero, &iquest;c&oacute;mo discernir entre lo que nos est&aacute; destruyendo o lo que &uacute;nicamente nos est&aacute; doliendo porque un m&uacute;sculo que modifica su forma siempre se ha de romper primero? Para m&iacute;, la clave no est&aacute; en qu&eacute; o cu&aacute;nto arriesgamos sino en c&oacute;mo lo hacemos. No se trata de que midamos y mesuremos todo al mil&iacute;metro de antemano, pero s&iacute; de que tomemos conciencia de lo que hacemos y si hay una mano invisible impuls&aacute;ndonos a ello. S&oacute;lo as&iacute; nos arriesgaremos por aquello que realmente deseamos.
    </p><p class="article-text">
        Y vuelvo a las relaciones amorosas. Un ejemplo de apolog&iacute;a del riesgo sin consciencia podr&iacute;a ser, por ejemplo, acudir a una fiesta con tu pareja no mon&oacute;gama asumiendo que un imprescindible del dec&aacute;logo de las no monogamias es que, en base a que no se tiene derecho de propiedad sobre la otra, es imperdible el tonteo. Somos muy modernas, abiertas, transfeministas, deconstruidas y coincidimos con Sara Torres en aquello de que &ldquo;Mi principal problema con la monogamia es como ideolog&iacute;a: ya que implica que el deseo de la otra, independiente al tuyo, te agrede&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo voy a negar que mi pareja reaccione divertida cuando una tercera se ponga a tontear con ella? &iquest;C&oacute;mo voy a coartar un flirteo que s&eacute; que no va a llevar a corto ni medio plazo a un encuentro que nos distancie a nosotras? &iquest;C&oacute;mo voy a exigir la extirpaci&oacute;n de un juego? Y, es m&aacute;s, aunque esa tercera persona juegue sucio en su ligoteo, sac&aacute;ndome lo m&aacute;s lejos posible de la ecuaci&oacute;n, empuj&aacute;ndome hacia las fronteras del espacio, &iquest;qui&eacute;n soy yo para decir: &ldquo;&iquest;Oye, me estoy sintiendo inc&oacute;moda?&rdquo; &iquest;No era no monogamia lo que quer&iacute;as? &iquest;No coartar a tu pareja? &iquest;Acariciar los bordes? &iquest;C&oacute;mo voy a ser yo la cortacorrollos conservadora? Cobardes quienes no se atrevan siquiera a ese riesguito en una fiesta.
    </p><p class="article-text">
        Me cuento, en una malinterpretaci&oacute;n de Anne Dufourmantelle, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=QuBdEQNEsxY" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">de Sara Torres</a> y de todos los libros de no monogamias que me han tra&iacute;do hasta aqu&iacute;, que tengo que flexibilizar, que he de confiar en mi pareja y en los acuerdos que hemos establecido y que no me queda otra que atravesar ese miedo a la p&eacute;rdida, dejando que otra entre a nuestro hogar libremente cuando desee. Tengo que asumir el riesgo y confiar en nuestro amor indestructible, porque si no, &iquest;qui&eacute;n soy yo? &iquest;Una cobarde y conservadora que encarcela nuestros m&uacute;ltiples y necesarios deseos? &iquest;Una reaccionaria de los afectos?
    </p><h2 class="article-text"><strong>El miedo</strong></h2><p class="article-text">
        El enemigo principal del riesgo es el miedo. El miedo es una respuesta natural de supervivencia a algo que percibimos como peligroso. Pero a menudo tenemos demasiado activadas las alertas. Como dec&iacute;a Dufourmantelle, &ldquo;construimos diques tan altos para tener a distancia la noche, para no tener m&aacute;s miedo, nos imaginamos reparos intangibles, nos pretendemos tan razonables y no tenemos suficientes palabras para la banalidad de nuestro aburrimiento, de nuestra hambre, de nuestra desesperaci&oacute;n, de nuestra pobreza, de nuestra sorpresa&rdquo;. A veces, el miedo a sufrir es tan grande que nos construimos un b&uacute;nker. Los miedos hay que enfrentarlos. De uno en uno. A su tiempo. Pero una cosa es tomar riesgos para enfrentar miedos y otra muy distinta asumir riesgos para demostrarles a otros lo valientes que somos. Este riesgo tan tradicionalmente masculino, el que nos lleva a apretar el acelerador en una carretera, es el riesgo irresponsable que no me interesa. El riesgo que no mira hacia los lados durante la carrera para cerciorarse de no golpear a los dem&aacute;s con los codos. &ldquo;Salta/ y su vuelo es bello y aterrador/ le da igual d&oacute;nde caigan las piedras que/ desprenden sus patas en el salto/ caen tejados/ hormigas/ secuoyas/ certezas&rdquo; narra en su poemario <a href="https://letraversal.com/producto/mas-adentro-laura-casielles/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>M&aacute;s adentro</em></a> Laura Casielles.
    </p><p class="article-text">
        No quiero con esto hacer un alegato contra el riesgo. Ni redimir la valent&iacute;a. <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/el-deseo/79641/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Dec&iacute;a Simone Weil</a> que &ldquo;el deseo encierra una ilusi&oacute;n de omnipotencia; el miedo de radical impotencia&rdquo; y creo que ah&iacute; est&aacute; la clave: no dejarnos amedrentar por discursos castigadores y entender que el deseo es una fuerza superpoderosa que nos impulsa a otros mundos m&aacute;s all&aacute; del que habitamos y que, como fuerza, ha de ser bien dirigida. Mi apuesta es retomar nuestra capacidad de agencia. Lejos de apuntalar una verdad que promulgue un discurso conservador, mi invitaci&oacute;n es a escucharnos (individual y colectivamente) para entender qu&eacute; es lo que nos est&aacute; doliendo y qu&eacute; es lo que deseamos, organiz&aacute;ndonos para ir hacia donde queremos. Hago una invitaci&oacute;n a ser valiente, como en determinado momento lo es la despiadada amante de Monique Wittig, cuando act&uacute;a consciente al final de su sangriento y visceral poemario <a href="https://pre-textos.com/producto/el-cuerpo-lesbiano/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El cuerpo lesbiano</em></a>: &ldquo;Atraviesas a nado el r&iacute;o de enfangadas aguas sin temer las lianas medio vivientes las ra&iacute;ces las serpientes desprovistas de ojos. Cantas sin cesar. Las guardianas de las muertes enternecidas cierran sus bocas abiertas. Obtienes de ellas que yo sea devuelta a la luz de las vivientes con la condici&oacute;n de no volverte a mirarme&rdquo;. Asumir el riesgo sabiendo que hay consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, el riesgo, en el ejemplo que pon&iacute;a antes de la fiesta, no est&aacute; en permanecer en una situaci&oacute;n que me resulta inc&oacute;moda en pos de mostrarme liberal y abierta, sino atreverme a cuidarme a m&iacute; y cuidar el v&iacute;nculo: quiz&aacute; transmitirle a mi pareja y a esa tercera que me estoy sintiendo inc&oacute;moda: o decirle a mi pareja, con mucho cari&ntilde;o, que la situaci&oacute;n me est&aacute; desbordando y que, si para ella es importante continuar el ligoteo, yo prefiero marcharme y no presenciarlo: plantearnos qu&eacute; hacer en pr&oacute;ximas ocasiones en caso de inseguridad y celos, c&oacute;mo cuidarnos, y posiblemente generar espacios separados donde ese juego que incomoda pueda darse sin pasarle a la otra por encima. Pero, en ning&uacute;n caso, ampararnos en un riesgo idealizado &mdash;acu&ntilde;ado por otres para determinar una nueva moral de lo que es conveniente&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Porque, pens&aacute;ndolo fr&iacute;amente, &iquest;hay un riesgo mayor que decirle a tu pareja hasta d&oacute;nde puedes andar, asumiendo que ella quiera correr y efectivamente se vaya?
    </p><p class="article-text">
        Cuando el riesgo se convierte en dogma, cuando es uno y totalitario, cuando el riesgo es por aqu&iacute;, por este caminito inamovible, por esta senda de &aacute;rboles marcados que has de seguir para que <em>se te abra el tercer ojo y vivas en plenitud contigo misma</em>, entonces no es un riesgo sino un nuevo mandato disfrazado. &ldquo;La libertad no es un estado permanente, sino un movimiento de desencadenamiento&rdquo;, <a href="https://www.agapea.com/ANNE-DUFOURMANTELLE/Elogio-del-riesgo-9789878622804-i.htm?srsltid=AfmBOooR5WsqhHcERM5lNSLwjp_VWv41TG9bytZGp6vnSqf83BXbjRVU" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">apuntaba Dufourmantelle</a>. Y a veces, a quienes practicamos con nuestras torpezas esto de las no monogamias, crey&eacute;ndonos que lo estamos cambiando todo, nos encontramos con nuevas cadenas y nuevas jaulas que otres han construido y que no se ajustan a nuestros cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El amor es el medio para poder imaginar y hacer posibles otras v&iacute;as, mejores mundos donde no estemos tan cansados, donde no todo vaya tan r&aacute;pido, donde no notemos negativamente nuestra vulnerabilidad y fragilidad. El milagro del amor no se encuentra en lo extraordinario sino en nuestra cotidianidad&rdquo;, dice Juanpe. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Son en nuestras vidas donde se contienen las posibilidades de ma&ntilde;ana&rdquo;. &iquest;No es bello pensar el amor desde una imaginaci&oacute;n luminosa en lugar de una apuesta arriesgada que se toma individualmente porque la pasi&oacute;n te arrastra a ello?
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/en-caso-de-amor/88456/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Volviendo a Dufourmantelle</a>: &ldquo;Vivir no se aprende, se necesita de una infancia tranquila que envuelva nuestros pasos, un poco de dulzura acumulada, de tiempo para nada, aburrimiento, amor libre e im&aacute;genes vivaces en los ojos&rdquo;. El riesgo que cada una puede asumir seg&uacute;n su casilla de salida y el riesgo que cada una elige no ha de ser cuestionado por terceros. Quienes no hemos tenido la oportunidad de una infancia tranquila y a quienes la dulzura nos ha llegado ambivalente y racionada, en nuestra adultez tenemos la oportunidad (casi la responsabilidad con nosotras mismas) de regalarnos algo de tiempo y de cuidado. Porque s&oacute;lo en ese espacio de relajo y reflexi&oacute;n, en esa sobremesa liminal entre la comida que fue y la actividad que vendr&aacute;, es donde podemos escuchar nuestro est&oacute;mago, valorar qu&eacute; hemos digerido bien y qu&eacute; se nos ha revuelto, d&aacute;ndole el espacio a las v&iacute;sceras retorcidas y manipuladas de Monique Wittig para recomponerse y volver a un lugar de cierta calma. Cuidarnos para poder ser. Para continuar el d&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Entender los l&iacute;mites</strong></h2><p class="article-text">
        En este momento hist&oacute;rico de desesperanza, creo que es importante rodearnos de amigas, textos y discursos que nos ayuden a entender cu&aacute;les son nuestros l&iacute;mites personales y colectivos. Y una vez que veamos nuestros l&iacute;mites, decidir hacia d&oacute;nde debemos arriesgarnos, en lo personal y en lo comunitario, para organizarnos y cambiar las din&aacute;micas que nos han inculcado y que es necesario cuestionar, cuando no echar abajo.
    </p><p class="article-text">
        Arriesgarnos s&iacute;. Pero arriesgarnos por lo que merezca la pena. Como ese poema tan bello que Adrienne Rich le dedica a Elvira Shatayev y a su equipo de escaladoras rusas que muri&oacute; sepultado bajo la nieve cuando escalaban el pico Lenin en 1974: &ldquo;Ya sabemos que siempre hemos estado en peligro/ abajo al estar separadas/ y ahora aqu&iacute; arriba juntas pero hasta ahora/no hab&iacute;amos alcanzado nuestra fuerza [...] Qu&eacute; significa el amor/ qu&eacute; significa &rdquo;sobrevivir&ldquo;/ Un cable de fuego azul amarra nuestros cuerpos/ que arden junto a la nieve No viviremos/ para conformarnos con menos Hemos so&ntilde;ado con esto/ toda nuestra vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mi elogio del riesgo en las no monogamias es se&ntilde;alar mis l&iacute;mites a sabiendas de que la otra persona puede no querer habitar conmigo ese marco relacional. Asumir el riesgo de que tome la decisi&oacute;n consciente de irse, aunque se nos parta el coraz&oacute;n a ambas. Arriesgarnos a transmitir lo que una puede y lo que no. Quiz&aacute; yo prefiera quedarme a esta altura sobre el mar. Y est&aacute; bien que otras suban m&aacute;s y otras menos. Que se vayan hacia los lados, que se tiren al agua o se metan en una cueva. No ser&eacute; yo quien os diga hasta d&oacute;nde o no pod&eacute;is iros. Cada una que mida su cuerpo y averig&uuml;e el camino. Podemos llevar los walkies, estar conectadas por si alguna se tuerce un tobillo, organizarnos para volver al pueblo de la mano cuando anochezca y prepararnos juntas la cena.
    </p><p class="article-text">
        Mi elogio del riesgo es no tirarme al agua sin meditarlo, no salir corriendo s&oacute;lo por demostrar la fortaleza de mis piernas. Mi elogio del riesgo es llenar este texto de poes&iacute;a porque considero que el apocalipsis, adem&aacute;s de luchas sociales, necesita belleza. Llenar este texto de otras autoras que, al igual que el fantasma de mi bisabuela, me dan la mano y me hacen sentir que, hasta en los momentos de mayor aislamiento, me acompa&ntilde;a su energ&iacute;a c&aacute;lida y dorada. Mi elogio del riesgo es contar un ejemplo personal que puede ser muy criticado con la intenci&oacute;n de compartir mi vulnerabilidad y reflexiones por si a otras les sirve mi experiencia encarnada. Mi elogio del riesgo no es comprarme una caravana, ni hacerme n&oacute;mada digital ni fingir en redes sociales que vivo unas vacaciones perpetuas romantizando la precariedad e ignorando que hay una crisis habitacional que me empuja a ello. Mi elogio del riesgo es tomar conciencia de mis malestares en el trabajo, hablar con mis compa&ntilde;eras y organizarnos. Salir a la calle a reclamar el derecho a la vivienda. &ldquo;A veces tampoco hace falta una gran transformaci&oacute;n, tan solo mirar un poco m&aacute;s, m&aacute;s all&aacute;, para encontrar lo que necesitamos&rdquo; dice Juanpe. Quiz&aacute; no necesito montarme una oficina port&aacute;til en una playa de Cantabria pero s&iacute; un salario digno, m&aacute;s d&iacute;as de vacaciones y de teletrabajo y m&aacute;s permisos para el cuidado de familiares y amigas. 
    </p><p class="article-text">
        Mi elogio del riesgo es que vayamos juntas al despacho del jefe y le digamos que en estas condiciones no, que el curro en la oficina &mdash;con sus horas de transporte y atascos y su luz mohina&mdash; nos quita calidad de vida. A riesgo de que nos traten de ridiculizar dici&eacute;ndonos que nuestra generaci&oacute;n no trabaja como las de antes. A riesgo de que nos amonesten. A riesgo de que nos dejen. A riesgo de que nos despidan. Arriesgar s&iacute;, pero no bajo mandatos impuestos ni en formas que nos destruyan; arriesgarnos para la construcci&oacute;n consciente de v&iacute;nculos, cuidados y luchas colectivas. Arriesgarnos bien porque a&uacute;n queda mucho en La Tierra por lo que merece la pena seguir luchando.
    </p><p class="article-text">
        Rechazar, como propon&iacute;a Anne Dufourmantelle, esa cultura del riesgo como algo heroico que ocurre &ldquo;hacia adelante&rdquo; y pensarla como una ruptura del tiempo, una revuelta, una posibilidad de estar en el presente. Una l&iacute;nea de fuga a lo Deleuze y Guatari. Una oportunidad para defender y gozar de todo aquello que todav&iacute;a existe en este fascinante planeta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Flor M. Yustas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arriesgar-conciencia_1_12857638.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 21:18:28 +0000]]></pubDate>
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