<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Grisel García González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/grisel-garcia-gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Grisel García González]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1055207/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Jugando con la realidad (y con los derechos autor)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/jugando-realidad-derechos-autor_132_12878662.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b45a0758-b736-4e73-88a6-cbde9ed327e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jugando con la realidad (y con los derechos autor)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando una macroplataforma permite —y normaliza— la alteración de obras ajenas mediante IA, se sitúa como juez y parte. Hoy es X; mañana pueden ser otras grandes corporaciones digitales. El precedente que se abre afecta al conjunto del ecosistema cultural mundial</p></div><p class="article-text">
        El <strong>24 de diciembre de 2025</strong>, mientras buena parte del mundo entraba en una pausa colectiva por Navidad, la plataforma social X (antes Twitter) activ&oacute; de forma silenciosa una nueva funcionalidad que marca un antes y un despu&eacute;s en la relaci&oacute;n entre creaci&oacute;n, autor&iacute;a e inteligencia artificial. Desde ese d&iacute;a, cualquier usuario puede editar im&aacute;genes ajenas publicadas en la red social mediante Grok &mdash;la IA generativa integrada en la plataforma&mdash; sin autorizaci&oacute;n expresa del autor original y sin mecanismos claros para impedirlo o rastrearlo.
    </p><p class="article-text">
        No fue un experimento marginal ni una prueba t&eacute;cnica limitada. Fue una decisi&oacute;n estructural &mdash;aplicada por defecto&mdash;, alineada con la estrategia de su propietario, Elon Musk, y con su concepci&oacute;n de la plataforma como un espacio de <strong>experimentaci&oacute;n tecnol&oacute;gica sin mediaciones.</strong> Un aut&eacute;ntico cambio de reglas impuesto unilateralmente, sin que el usuario tenga control efectivo sobre sus propias im&aacute;genes o creaciones.
    </p><p class="article-text">
        Conviene decirlo desde el principio: esto no va solo de X. Va de qu&eacute; ocurre cuando el trabajo creativo deja de ser una obra protegida y pasa a convertirse en materia prima editable, a golpe de clic, sin aviso previo al autor, sin mediaci&oacute;n alguna y, por supuesto, sin reconocimiento ni remuneraci&oacute;n, bajo las normas de grandes intermediarios digitales que act&uacute;an simult&aacute;neamente como escenario, &aacute;rbitro y beneficiario de todo el proceso.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un salto cualitativo en el conflicto entre IA y autor&iacute;a</strong></h2><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el debate sobre inteligencia artificial y derechos de autor se ha centrado principalmente en el entrenamiento de modelos: el <em>scraping</em> masivo (recolecci&oacute;n automatizada de millones de im&aacute;genes), los conjuntos de datos opacos y la discusi&oacute;n legal sobre el llamado uso transformativo. Era &mdash;y sigue siendo&mdash; un conflicto relevante, pero indirecto. Algo sist&eacute;mico: un fen&oacute;meno estructural sin una v&iacute;ctima visible.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido ahora es distinto. Aqu&iacute; no hablamos de que una IA &ldquo;aprenda a partir de&rdquo; im&aacute;genes del pasado, sino de que la propia plataforma habilite la modificaci&oacute;n directa, visible y rastreable de una obra concreta, publicada por una persona identificable, y lo haga en tiempo real.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista t&eacute;cnico, estamos ante procesos de <em>image-to-image</em> (<em>img2img</em>) ejecutados dentro de la plataforma. Esto implica que las herramientas de defensa pasiva que muchos artistas utilizan hoy &mdash;como Glaze o Nightshade&mdash;, dise&ntilde;adas para &ldquo;envenenar&rdquo; el entrenamiento de modelos, resultan ineficaces ante esta edici&oacute;n directa. En el plano cultural, el desplazamiento es profundo: <strong>la obra deja de ser final para convertirse en provisional por defecto</strong>, incluso cuando el autor no lo desea.
    </p><h2 class="article-text"><strong>De la autor&iacute;a a la &lsquo;sandboxificaci&oacute;n&rsquo; de la cultura</strong></h2><p class="article-text">
        Para quien no trabaja en &aacute;mbitos creativos, una imagen puede parecer simplemente &ldquo;contenido&rdquo;. Para un artista, un fot&oacute;grafo, un ilustrador o un creador visual, una imagen es una decisi&oacute;n cerrada: de encuadre, de intenci&oacute;n, de relato y de responsabilidad p&uacute;blica. Una fotograf&iacute;a documental, una portada, una obra gr&aacute;fica o una ilustraci&oacute;n editorial no son borradores abiertos esperando ser remezclados; son posiciones tomadas.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica que introduce X convierte todas estas obras en objetos de juego. La implementaci&oacute;n es tan sutil como perversa: sobre la fotograf&iacute;a ajena aparece ahora la opci&oacute;n <strong>&laquo;</strong>Editar imagen<strong>&raquo;</strong> y, al hacer clic, se sobrepone un cuadro de texto con la ingenua palabra <strong>&laquo;</strong>Imagina<strong>&raquo;</strong> flotando sobre el original. Toda una invitaci&oacute;n a distorsionar la realidad que banaliza el trabajo ajeno mediante una simple pulsaci&oacute;n. No hablamos de colaboraci&oacute;n ni de reinterpretaci&oacute;n cr&iacute;tica &mdash;pr&aacute;cticas hist&oacute;ricas del arte&mdash;, sino de una intervenci&oacute;n automatizada, no solicitada y amplificada algor&iacute;tmicamente.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que podr&iacute;amos llamar la <em><strong>sandboxificaci&oacute;n</strong></em><strong> de la cultura</strong>: un modelo en el que las obras dejan de entenderse como creaciones con autor&iacute;a y sentido propio para convertirse en piezas intercambiables dentro de una <em>caja de arena</em>, o patio de recreo digital, donde todo puede tocarse, modificarse o deformarse sin consecuencias claras. En este entorno, nada es definitivo, la integridad pierde valor y la atenci&oacute;n &mdash;no la autor&iacute;a&mdash; se convierte en la moneda principal.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Europa, frente al modelo de plataforma: un choque de principios</strong></h2><p class="article-text">
        Desde una perspectiva europea &mdash;y especialmente espa&ntilde;ola&mdash; este movimiento no es solo preocupante: es jur&iacute;dicamente incompatible con los principios fundamentales del derecho de autor.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro marco legal reconoce los derechos morales que protegen el v&iacute;nculo personal entre el creador y su obra. Entre ellos, el derecho a la integridad &mdash;<strong>recogido expl&iacute;citamente en el art&iacute;culo 14 de la Ley de Propiedad Intelectual espa&ntilde;ola</strong>&mdash;, que permite al autor oponerse a cualquier deformaci&oacute;n, modificaci&oacute;n o atentado contra su creaci&oacute;n que altere su sentido original o perjudique su reputaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este enfoque contrasta con el modelo anglosaj&oacute;n, m&aacute;s centrado en el <em>copyright</em> como derecho de explotaci&oacute;n econ&oacute;mica. En Europa, <strong>la obra no es &uacute;nicamente un activo: es una extensi&oacute;n de la persona que la crea</strong>. Cuando una macroplataforma permite &mdash;y normaliza&mdash; la alteraci&oacute;n de obras ajenas mediante IA, se sit&uacute;a como juez y parte. Hoy es X; ma&ntilde;ana pueden ser otras grandes corporaciones digitales. El precedente que se abre afecta al conjunto del ecosistema cultural mundial.
    </p><h2 class="article-text"><strong>IA con trazabilidad: cuando s&iacute; existen alternativas</strong></h2><p class="article-text">
        Este escenario no es inevitable. Existen precedentes recientes que demuestran que la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica puede avanzar sin eliminar la autor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Google ha impulsado criterios que refuerzan la citaci&oacute;n del origen de la informaci&oacute;n en el posicionamiento web y la industria ha comenzado a impulsar est&aacute;ndares t&eacute;cnicos como la C2PA (Coalition for Content Provenance and Authenticity), apoyada por empresas como Adobe o Microsoft, o modelos de marcado invisible como el SynthID de Google. La l&oacute;gica es clara: identificar las fuentes, reconocer la procedencia y hacer visible el rastro del proceso algor&iacute;tmico, reforzando una <strong>nueva soberan&iacute;a creativa</strong>, basada en la autor&iacute;a, la trazabilidad y la responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No se trata de filantrop&iacute;a tecnol&oacute;gica</strong>, sino de asumir que la confianza digital exige responsabilidad estructural. Y demuestra que el problema no es t&eacute;cnico, sino pol&iacute;tico, cultural y &eacute;tico, un terreno en el que todos &mdash;plataformas, legisladores, creadores y ciudadan&iacute;a&mdash; debemos comenzar a actuar, tomar posicionamiento y exigir responsabilidades y cambios normativos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No todo vale.</strong> Este no es un alegato contra la inteligencia artificial. Es una advertencia sobre el poder creciente de los intermediarios digitales cuando deciden unilateralmente redefinir qu&eacute; es una obra, qui&eacute;n puede modificarla y bajo qu&eacute; condiciones.
    </p><p class="article-text">
        La humanidad se juega algo m&aacute;s que un debate tecnol&oacute;gico: se juega que la IA, en su despliegue acelerado, se lleve por delante los derechos de autor como pilar cultural, educativo y creativo. La pregunta final no es qu&eacute; puede hacer la tecnolog&iacute;a, sino qui&eacute;n establece los l&iacute;mites cuando la plataforma es juez, parte y beneficiaria del juego.
    </p><p class="article-text">
        Porque innovar <strong>no deber&iacute;a significar el fin del autor</strong>. Y porque, en cultura, no todo vale.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Grisel García González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/jugando-realidad-derechos-autor_132_12878662.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Dec 2025 09:45:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b45a0758-b736-4e73-88a6-cbde9ed327e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50508" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b45a0758-b736-4e73-88a6-cbde9ed327e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50508" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Jugando con la realidad (y con los derechos autor)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b45a0758-b736-4e73-88a6-cbde9ed327e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
