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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis Duno-Gottberg]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis-duno-gottberg/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis Duno-Gottberg]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Intervención militar en Venezuela: las elecciones cuentan, pero el control cuenta más]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/intervencion-venezuela-elecciones-cuentan-control-cuenta-militar_129_12887576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d45d5d0a-bf03-4042-b343-9811dddaf2fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Intervención militar en Venezuela: las elecciones cuentan, pero el control cuenta más"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquier transición diseñada por encima de la ciudadanía, cualquier pretensión de control neo-colonial, mediante pactos militares, acuerdos de élites o presiones externas, corre el riesgo de chocar contra una sociedad con una tradición, muy anterior al actual régimen, de movilización frente a la exclusión y el autoritarismo</p><p class="subtitle">Bienvenidos al siglo XIX</p></div><p class="article-text">
        La intervenci&oacute;n militar norteamericana en Venezuela, presentada en alg&uacute;n momento en el marco de una &ldquo;restauraci&oacute;n democracia&rdquo; en el pa&iacute;s sudamericano, parte de una contradicci&oacute;n pol&iacute;tica y moral dif&iacute;cil de soslayar, adem&aacute;s de un error de c&aacute;lculo estrat&eacute;gico. Resulta problem&aacute;tico invocar principios democr&aacute;ticos mientras se defiende el uso de la fuerza armada, una fuerza que casi con certeza recaer&iacute;a sobre una poblaci&oacute;n civil ya devastada por el colapso econ&oacute;mico, el &eacute;xodo masivo y la represi&oacute;n estatal. M&aacute;s que esclarecer la crisis venezolana, el discurso intervencionista tiende a ocultar las din&aacute;micas reales que hoy condicionan su posible desenlace.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se perfila en torno a Venezuela se asemeja menos a una operaci&oacute;n de rescate democr&aacute;tico que a un proceso de reordenamiento geopol&iacute;tico negociado. Las informaciones sobre contactos discretos entre sectores de las Fuerzas Armadas venezolanas y actores estadounidenses apuntan a que la cuesti&oacute;n central ya no es si el r&eacute;gimen cambiar&aacute;, sino cu&aacute;nto de &eacute;l permanecer&aacute; intacto tras una eventual transici&oacute;n. La prioridad parece ser la gobernabilidad, no la democratizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De prosperar estas negociaciones, el escenario m&aacute;s probable ser&iacute;a una salida administrada: la remoci&oacute;n de Nicol&aacute;s Maduro y de un c&iacute;rculo reducido de poder, combinada con la preservaci&oacute;n del alto mando militar y de la arquitectura institucional que ha sostenido al r&eacute;gimen durante a&ntilde;os. En ese marco, la estabilidad y la previsibilidad se impondr&iacute;an sobre la rendici&oacute;n de cuentas, la justicia o una reforma profunda del Estado. No ser&iacute;a una excepci&oacute;n hist&oacute;rica, sino la reiteraci&oacute;n de una l&oacute;gica bien conocida: preservar el aparato coercitivo para evitar el caos, aun cuando ese aparato sea parte del problema.
    </p><p class="article-text">
        Este enfoque ayuda a entender la posici&oacute;n ambigua de la oposici&oacute;n venezolana. Mar&iacute;a Corina Machado, pese a su peso electoral y simb&oacute;lico, no parece generar plena confianza en Washington como una figura capaz de garantizar control pol&iacute;tico, disciplina militar y continuidad en los acuerdos estrat&eacute;gicos. En este c&aacute;lculo, las elecciones cuentan, pero el control cuenta m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El trasfondo es, ante todo, geopol&iacute;tico. Venezuela no es solo un pa&iacute;s en crisis, sino un activo estrat&eacute;gico inserto en un orden internacional cada vez m&aacute;s inestable. Cualquier transici&oacute;n deber&aacute; tener en cuenta las inversiones de China en el sector petrolero venezolano &mdash;en particular en torno al lago de Maracaibo&mdash;, as&iacute; como la presencia pol&iacute;tica y de seguridad de Rusia. No se trata de un retorno a la l&oacute;gica de bloques de la Guerra Fr&iacute;a, sino de un entramado de acuerdos transaccionales marcados por intereses de corto plazo y liderazgos imprevisibles.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la idea de que una eventual segunda presidencia de Donald Trump intervendr&iacute;a movida por la defensa de la democracia venezolana resulta poco convincente, como ha quedado claro con las palabras y los hechos del propio presidente de EEUU. Su historial revela una postura hostil hacia los venezolanos que huyeron de la crisis: durante su mandato se intent&oacute; eliminar protecciones temporales para cientos de miles de migrantes y se los estigmatiz&oacute; como amenazas. Un liderazgo que debilita las salvaguardas humanitarias en su propio pa&iacute;s dif&iacute;cilmente puede presentarse como garante de la democracia en el exterior.
    </p><p class="article-text">
        La historia reciente ofrece un precedente aleccionador. La invasi&oacute;n estadounidense a Panam&aacute; en 1989, que culmin&oacute; con la captura de Manuel Noriega, se justific&oacute; con argumentos similares: democracia, seguridad y protecci&oacute;n de ciudadanos estadounidenses. El resultado no fue la consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica, sino una intervenci&oacute;n militar unilateral con elevados costos civiles y un orden posterior alineado con los intereses estrat&eacute;gicos de Washington. La soberan&iacute;a fue redefinida, no restablecida.
    </p><p class="article-text">
        Venezuela corre el riesgo de recorrer un camino semejante. Incluso la eventual salida de Maduro no desmantelar&iacute;a el entramado autoritario incrustado en las instituciones militares, judiciales y econ&oacute;micas del Estado. Los reg&iacute;menes autoritarios rara vez se disuelven con la ca&iacute;da de un l&iacute;der; tienden a adaptarse y a reproducirse mediante la continuidad institucional. Sin enfrentar esas estructuras, el cambio pol&iacute;tico ser&aacute;, en el mejor de los casos, superficial.
    </p><p class="article-text">
        Lo que en realidad se negocia no es la democracia, sino el orden: un orden que garantice el flujo del petr&oacute;leo, limite las fricciones entre grandes potencias y evite el colapso del Estado, aun al precio de preservar las bases del autoritarismo. Presentar ese resultado como una restauraci&oacute;n democr&aacute;tica no es solo impreciso; es enga&ntilde;oso.
    </p><p class="article-text">
        En este debate suele faltar un actor central: la sociedad venezolana. Mucho antes del actual r&eacute;gimen, Venezuela desarroll&oacute; una tradici&oacute;n pol&iacute;tica marcada por el movimiento obrero, las organizaciones vecinales, el activismo estudiantil y las movilizaciones contra la exclusi&oacute;n y el autoritarismo. Esa historia persiste, pese a a&ntilde;os de represi&oacute;n y exilio. Cualquier transici&oacute;n dise&ntilde;ada por encima de la ciudadan&iacute;a, cualquier pretensi&oacute;n de control neo-colonial, mediante pactos militares, acuerdos de &eacute;lites o presiones externas, corre el riesgo de chocar con una sociedad que ha demostrado reiteradamente su capacidad de movilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El orden impuesto sin consentimiento rara vez perdura. Y la democracia, cuando se vac&iacute;a de participaci&oacute;n social, deja de serlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Duno-Gottberg]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/intervencion-venezuela-elecciones-cuentan-control-cuenta-militar_129_12887576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 21:00:35 +0000]]></pubDate>
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