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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Francisco Abreu]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana-francisco-abreu/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Francisco Abreu]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Amor eterno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/amor-eterno_129_13190702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7062b1e3-9bdf-44a5-b360-2f3d407ecae8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142193.jpg" width="1992" height="1121" alt="Amor eterno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Busco la mirada cómplice de tu padre y esbozo una sonrisa. ¿Qué me queda después de perderte, Pablo? Agradecer a la vida por haberme permitido ser tu madre. Luchar por mantener tu recuerdo. Respirar y seguir adelante. Sobrevivir por ti y para ti</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Amor eterno.                            </span>
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        Despierto con la sensaci&oacute;n de que hemos estado hablando largo rato durante la noche. Me has dicho, con mucha alegr&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Mami, hoy volvemos a segunda! Qued&eacute; con Dani y nos vamos al estadio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me levanto y voy a tu habitaci&oacute;n. Abro la primera gaveta del armario y saco tu camiseta del Tenerife. Busco en ella tu olor, la acaricio e imagino que la necesitas para hoy. La doblo y coloco en la peque&ntilde;a maleta que dej&eacute; anoche a medio hacer sobre tu cama. Jake corre a meterse dentro. Lo hace siempre y me cuesta trabajo que se est&eacute; quieto. En ese momento pienso en lo poco que necesita un gato para ser feliz, y lo mucho que creemos necesitar los humanos.
    </p><p class="article-text">
        Al salir de casa, busco tu imagen entre el piano y la ventana. Tus veinte a&ntilde;os y tu sonrisa se mantienen eternos como eterno ser&aacute; mi amor de madre. Te miro y me despides. 
    </p><p class="article-text">
        La Palma me recibe con un sol espl&eacute;ndido. El cielo azul se funde con el Atl&aacute;ntico y, cuando ascendemos por la carretera rumbo al norte, la silueta del Teide se me antoja m&aacute;s hermosa que nunca. No s&eacute; por qu&eacute; me vienen a la cabeza Quevedo y su reci&eacute;n estrenado &ldquo;Hijo de volc&aacute;n&rdquo;. Bueno, s&iacute; lo s&eacute;. Escucho canciones que te gustan. Me intereso por cosas que sol&iacute;as hacer. Eres y ser&aacute;s mi raz&oacute;n de ser, un pensamiento constante en mi cabeza. Vivo con tu presencia a pesar de tu ausencia.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos a casa de la abuela y te veo subir las escaleras de dos en dos, igual que cuando eras peque&ntilde;o. Y quiero gritarte que tengas cuidado, pero no lo hago. Tu fotograf&iacute;a preside la mesa del sal&oacute;n. La misma que me despidi&oacute; en casa y que me recibe aqu&iacute; en nuestra isla. Me sonr&iacute;es porque sabes que me voy a poner tu camiseta blanquiazul. 
    </p><p class="article-text">
        Comienza el partido y me acomodo en el sill&oacute;n con los dem&aacute;s. Sabemos que hemos ascendido antes de empezar, pero eso no resta emoci&oacute;n a la tarde. &nbsp;Los goles de la segunda parte sentencian una celebraci&oacute;n merecida. Te oigo decir: &ldquo;Te lo dije, mami&rdquo;. Cierro los ojos y te veo coreando, saltando, feliz.
    </p><p class="article-text">
        Busco la mirada c&oacute;mplice de tu padre y esbozo una sonrisa. &iquest;Qu&eacute; me queda despu&eacute;s de perderte, Pablo? 
    </p><p class="article-text">
        Agradecer a la vida por haberme permitido ser tu madre. Luchar por mantener tu recuerdo. Respirar y seguir adelante. Sobrevivir por ti y para ti.
    </p><p class="article-text">
        Abrazo, en este primer domingo de mayo, a todas las mam&aacute;s hu&eacute;rfanas de sus hijos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ana Francisco Abreu</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Francisco Abreu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/amor-eterno_129_13190702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 19:41:49 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobrevivir a un hijo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sobrevivir-hijo_129_13061533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d71e2c36-c9e6-494f-8e36-a8c5c32fbc08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobrevivir a un hijo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Hay gente alrededor que te arropa y te sostiene. Y espera que te recuperes lo más pronto posible y que vuelvas a coger el timón.  No entienden que no eres la misma persona de antes. No puedes serlo. No volverás a serlo. Eres una montaña rusa de sentimientos, aunque hayas decidido levantarte todos los días y echarte a caminar</p></div><p class="article-text">
        La muerte prematura y repentina de un hijo es incomparable con cualquier otra p&eacute;rdida. Da igual que pasen dos a&ntilde;os o diez, no se supera nunca. Se tiene que aprender a vivir con la ausencia f&iacute;sica. La vida arrastra, empuja, obliga a seguir, aunque no se quiera. 
    </p><p class="article-text">
        Transitar en el duelo no es un proceso lineal, no es una carrera sin obst&aacute;culos hacia adelante para alcanzar la meta. Retrocedes, te estancas, comienzas de nuevo. Cada duelo es personal, depende de las circunstancias de la muerte y de la relaci&oacute;n con el fallecido. La p&eacute;rdida de un hijo conlleva muchas preguntas sin respuestas. Desde peque&ntilde;os sabemos que moriremos alg&uacute;n d&iacute;a. Imaginamos que despediremos a las personas mayores de la familia, pero la muerte de un joven es antinatural. Nadie est&aacute; preparado para asumir esa situaci&oacute;n de forma l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los especialistas, hay varias etapas en este proceso tan doloroso. Se deambula por todas. Cuando ocurre la tragedia, te niegas a creer que se haya ido para siempre. Piensas que debe de ser un error del destino o que Dios se ha equivocado. No entiendes qu&eacute; ha pasado y suplicas un milagro. Te enfureces con el mundo y contigo. Una madre no puede enterrar a un hijo. Una madre debe cuidar y proteger a su reto&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Tu vida se quiebra. Tu coraz&oacute;n se desgarra. 
    </p><p class="article-text">
        Y surgen las preguntas. &iquest;Qu&eacute; ten&iacute;a que haber hecho? &iquest;Hice algo mal en esta vida? &iquest;Ser&aacute; un castigo divino? &iquest;Por qu&eacute; le pas&oacute; a mi hijo? &iquest;Por qu&eacute; se va un joven bueno, generoso y humilde? &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute;? Y nadie tiene una respuesta que te consuele.
    </p><p class="article-text">
        Y llega la culpa. Y te culpas por lo que dijiste o no dijiste. Y te culpas por lo que hiciste o no hiciste. Y te culpas por lo que entregaste o no entregaste. &nbsp;Y te culpas por levantarte y caminar. Y te culpas por comer. Y te culpas por respirar. Y te culpas por vivir y no morir tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Te adentras en la tristeza m&aacute;s profunda y destructiva. Sientes impotencia por no poder desandar el camino. La muerte es implacable. Tu hijo no va a volver a este lado nunca. Ya nada va a ser como antes. Ya no podr&aacute;s seguir cuidando de &eacute;l. Ya no habr&aacute; un beso de buenas noches y un abrazo en la ma&ntilde;ana. Ya no hay esperanza de un futuro juntos. 
    </p><p class="article-text">
        Comienzas a hacer cosas que le gustan. &nbsp;Escuchas sus canciones, lees sus libros, saboreas su plato preferido, adoptas un gato y brindas por &eacute;l. Te pones su ropa, intentas retener su olor, a&ntilde;oras o&iacute;r su voz y su risa al fondo del pasillo. Y buscas fotos y v&iacute;deos y, tal vez, las l&aacute;grimas te permitan revivir algunos momentos felices.
    </p><p class="article-text">
        Y pruebas a modo de terapia plasmar en papel tus sentimientos. Y le escribes cartas y versos. Y lees un libro de autoayuda que te recomienda alg&uacute;n amigo psiquiatra. Y solicitas atenci&oacute;n m&eacute;dica. Y llegan a ti testimonios de otros padres hu&eacute;rfanos de sus hijos, con los que te sientes identificada y reconfortada al compartir id&eacute;ntico sufrimiento. Y su recuerdo es lo que a ti como madre te mantiene viva: su presencia a pesar de la ausencia.
    </p><p class="article-text">
        Y vas aceptando que no hay vuelta atr&aacute;s.&nbsp;Y te dicen que entonces lo vas superando. Y te aseguran que la herida se cura, dejar&aacute; de doler alg&uacute;n d&iacute;a y quedar&aacute; &uacute;nicamente la cicatriz. &nbsp;Eso te repiten (con la mejor intenci&oacute;n del mundo).
    </p><p class="article-text">
        Y sigues adelante. Y te concedes re&iacute;r. Y vuelves a quedar con compa&ntilde;eros y amigos. Y empiezas a trabajar de nuevo despu&eacute;s de un a&ntilde;o. Y viajas a un destino elegido por tu hijo y conf&iacute;as en encontrar all&iacute; la fuerza y la paz, y quiz&aacute;s, su energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y te das cuenta de que necesitas mencionar a tu hijo cada d&iacute;a y hablas en casa de &eacute;l y con &eacute;l. Y sue&ntilde;as con que permanezca igual de presente en la familia y en sus amigos. Y tienes miedo que se olvide su nombre. Y deseas mantener su memoria. Y te propones escribir un c&oacute;mic o un cuento con sus an&eacute;cdotas. Y esas historias te regalan su presencia constante en tu cabeza. Y piensas que as&iacute; vivir&aacute; en el recuerdo del que lo lea. 
    </p><p class="article-text">
        Y decides que sus primas y primos deben preservar su legado, y as&iacute; se lo pedir&aacute;s cuando se publique el libro<em>.</em> Y anhelas hacerle un homenaje en su segundo aniversario y trabajas en ello.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero sigue siendo inevitable sentirte incomprendida. Tu vida ser&aacute; siempre una eleg&iacute;a, mientras los dem&aacute;s bailan con la suya como si nada. Hay gente alrededor que te arropa y te sostiene. Y espera que te recuperes lo m&aacute;s pronto posible y que vuelvas a coger el tim&oacute;n. &nbsp;No entienden que no eres la misma persona de antes. No puedes serlo. No volver&aacute;s a serlo. Eres una monta&ntilde;a rusa de sentimientos, aunque hayas decidido levantarte todos los d&iacute;as y echarte a caminar. Solamente quieres que te dejen hablar de tu hijo, que te pregunten por &eacute;l, que siga siendo el centro de tu vida. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tu entorno se cansa, se siente inc&oacute;modo y evita el tema. Se alberga la idea de que el tiempo lo cura todo y ya no hay por qu&eacute; seguir mentando a la persona ausente, como si eso fuera posible para unos padres. Y t&uacute; quieres gritar que &eacute;l sigue presente en cada uno de nosotros, si lo recordamos. No est&aacute; f&iacute;sicamente aqu&iacute; en este lado de esta vida, est&aacute; de otra manera, pero est&aacute; que es lo importante. Y sigue siendo el mismo chico cari&ntilde;oso, amable y divertido. Y sigue siendo hijo, nieto, sobrino, primo y amigo. Y podemos sentarnos a la mesa, rememorar momentos vividos y brindar por &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        El silencio de los dem&aacute;s duele, duele mucho.
    </p><p class="article-text">
        Me agotan las quejas constantes de quienes no saben disfrutar de la vida y buscan problemas donde no los hay. La p&eacute;rdida me ha ense&ntilde;ado a priorizar las cosas verdaderamente importantes y a minimizar las irrelevantes. Me he replanteado el sentido de la existencia y mis creencias religiosas. Sue&ntilde;o con reencontrarme con mi ni&ntilde;o en un tiempo sin tiempo y s&eacute; que ser&aacute; as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pablo muri&oacute; hace veintid&oacute;s meses con veinte a&ntilde;os. No hay ni un solo d&iacute;a en el que no piense en &eacute;l. No hay ni un solo d&iacute;a en el que no llore. No hay ni un solo d&iacute;a en el que no me duela el alma. No es cuesti&oacute;n de tiempo. El vac&iacute;o, la soledad, la pena y la tristeza estar&aacute;n siempre.
    </p><p class="article-text">
        No hay nada m&aacute;s tr&aacute;gico y profundamente doloroso que sobrevivir a un hijo. Hay que caminar con la ausencia f&iacute;sica y transformar este hondo sufrimiento en gratos recuerdos que nos acompa&ntilde;en el resto de nuestra vida.
    </p><p class="article-text">
        Abrazo a todos los padres hu&eacute;rfanos de sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Sigo aprendiendo a vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Francisco Abreu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sobrevivir-hijo_129_13061533.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 09:20:05 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Indianos: canarios de vuelta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/indianos-canarios-vuelta_129_12974128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4ea59d0-de77-4a1b-95c7-a8d693b40f19_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136114.jpg" width="4134" height="2325" alt="Indianos: canarios de vuelta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Sí, muchos regresaron con cajas de tea, baúles y maletas llenas. Otros, simplemente volvieron con algo en los bolsillos. Canarias siempre ha sido tierra de migrantes

</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Isidro Francisco, retornando de Venezuela en los años 70.                            </span>
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        Seg&uacute;n el Diccionario B&aacute;sico de Canarismos la palabra &ldquo;indiano&rdquo; hace referencia al emigrante canario que vuelve de Am&eacute;rica. No se hace alusi&oacute;n a que haya retornado rico a su tierra tal como se festeja en La Palma el lunes de Carnaval y como aparece definido en otras fuentes. S&iacute;, muchos regresaron con cajas de tea, ba&uacute;les y maletas llenas. Otros, simplemente volvieron con algo en los bolsillos. Canarias siempre ha sido tierra de migrantes. Al principio del siglo XX, a Cuba; a mediados, a Venezuela. Tambi&eacute;n a otros lugares, pero menos. 
    </p><p class="article-text">
        Un t&iacute;o abuelo de mi madre, C&aacute;ndido Pi&ntilde;ero, emigr&oacute; a Cuba y pudo regresar y levantar la casa en la que yo misma nac&iacute; y fue mi hogar durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Mi abuelo, Juan Abreu, tambi&eacute;n se fue a La Habana y all&iacute; se quedaron algunos de sus hermanos. Mi otro abuelo Anastasio Francisco y cuatro de sus hijos, incluido mi padre, Isidro Francisco, emigraron a Venezuela en los a&ntilde;os sesenta. Mi abuelo y mi padre regresaron pronto y con poco. Los otros t&iacute;os se quedaron y tuvieron suerte desigual. De peque&ntilde;a, cuando escuchaba que ten&iacute;amos familia en el otro continente, imaginaba que alg&uacute;n d&iacute;a regresar&iacute;an cargados de regalos y ataviados con guayaberas blancas los se&ntilde;ores, y faldas de volantes, encajes y sombreros, las se&ntilde;oras. Y que ir&iacute;amos todos, muy contentos, a recibirlos al muelle de Santa Cruz de La Palma y desde all&iacute;, saldr&iacute;amos en un desfile de coches hacia el norte de la isla, pero esto nunca ocurri&oacute;. Los que volvieron lo hicieron sin ruido y con escaso equipaje. 
    </p><p class="article-text">
        Y cuando le&iacute; los cuatro primeros versos de &ldquo;La maleta&rdquo; de Pedro Lezcano, entend&iacute; que la historia de mi familia es la historia de casi todos los canarios.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya tengo la maleta,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>una maleta grande, de madera:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la que mi abuelo se llev&oacute; a La Habana,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mi padre a Venezuela.</em>
    </p><p class="article-text">
        En este primer tercio del siglo XXI la realidad es bien distinta. Estamos asistiendo a un escenario mundial muy convulso. Hay conflictos b&eacute;licos enconados que casi se olvidan y ya no nos quitan el sue&ntilde;o. Hay l&iacute;deres que ejercen su poder por la fuerza. Hay pueblos que desconocen cu&aacute;l ser&aacute; el ancla que los arraigue. Hay venezolanos que sue&ntilde;an con volver a su pa&iacute;s despu&eacute;s de los &uacute;ltimos acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        En nuestras islas, la situaci&oacute;n es la misma desde hace d&eacute;cadas y tal vez el panorama actual no cambie la tendencia. Aqu&iacute; son otros los migrantes. Cubanos y venezolanos vienen a nuestras islas huyendo de la incertidumbre pol&iacute;tica y del hambre. Algunos, tienen or&iacute;genes espa&ntilde;oles, otros no. &iquest;No son los mismos motivos que llevaron a los nuestros a emigrar hace d&eacute;cadas? &iquest;Por qu&eacute; lo vemos de diferente manera?
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;n tambi&eacute;n los africanos. &iquest;Por qu&eacute; acogemos con tantas reticencias a esos ni&ntilde;os que llegan a nuestras costas jug&aacute;ndose la vida? &nbsp;S&iacute;, es cierto. La emigraci&oacute;n en patera es diferente y mucho m&aacute;s compleja, pero son personas como nosotros.
    </p><p class="article-text">
        En mi instituto, doy apoyo idiom&aacute;tico a un grupo de migrantes entre 13 y 16 a&ntilde;os. Se me encoge el coraz&oacute;n cada vez que me hablan de su familia, de lo que hac&iacute;an en su pa&iacute;s, de los d&iacute;as (entre 7 y 9) que estuvieron en los cayucos, de sus expectativas de futuro. Y cuando veo sus ojos llorosos, pienso en mi hijo Pablo. Recuerdo su bondad y su capacidad para entender que todos somos iguales vengamos de donde vengamos. Y da igual el color de nuestra piel. Tal vez su visi&oacute;n de la vida se forj&oacute; en su colegio, donde conviv&iacute;an alumnos de distintas culturas y nacionalidades, y en casa. Le gustaba investigar sobre sus antepasados. Su abuelo paterno, Saturnino Paz, tambi&eacute;n emigr&oacute; a Venezuela y &eacute;l escuchaba atento sus historias. Pablo entend&iacute;a lo que supon&iacute;a emigrar para lograr una mejor vida. Nadie abandona su tierra por gusto. A la pregunta de qu&eacute; quer&iacute;a ser de mayor dec&iacute;a: &ldquo;Aventurero&rdquo;. So&ntilde;aba con viajar por el mundo buscando aventuras y cultivando aprendizajes. Ya de adolescente, deseaba hacer un Erasmus en alguna ciudad europea. &ldquo;Y quiz&aacute;s, me quede a vivir all&iacute;. &nbsp;Muchos profesionales est&aacute;n buscando trabajo fuera de Espa&ntilde;a&rdquo;, me dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Todos somos hijos de migrantes. Todos somos indianos busc&aacute;ndonos la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Se viaja por placer, pero se emigra por necesidad.
    </p><p class="article-text">
        Respetemos el derecho que todo ser humano tiene de encontrar su lugar en el mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Francisco Abreu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/indianos-canarios-vuelta_129_12974128.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 09:15:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Indianos: canarios de vuelta]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Cáncer silencioso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cancer-silencioso_129_12900078.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/007b641c-19ba-4809-935b-0ac89cf605d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cáncer silencioso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Y está la enfermedad silenciosa que camina por el cuerpo de un joven sin mostrarse. Agazapada, busca algún subterfugio y lo encuentra</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Pablo Paz Francisco.                            </span>
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        El 16 de enero Pablo cumple veintid&oacute;s a&ntilde;os. Es un chico sano y deportista. Nace en la semana 37 de gestaci&oacute;n con un nudo verdadero en el cord&oacute;n umbilical. La joven matrona comenta que viene con un angelito de la guarda. Pod&iacute;a haber nacido muerto si el parto no se hubiera adelantado, pero tiene prisa por venir al mundo y eso lo salva. Como madre primeriza, y un tanto ingenua, pienso que eso debe ser una se&ntilde;al. Pablo est&aacute; protegido por una especie de manto espiritual que lo gu&iacute;a en su camino y, tal vez, pueda disfrutar de una larga vida. 
    </p><p class="article-text">
        No se enferma nunca. De hecho, apenas recuerdo alg&uacute;n catarro o gripe. No se queja de nada. Tiene sus revisiones m&eacute;dicas, por supuesto, y su cartilla de vacunaci&oacute;n. A los 14 a&ntilde;os se lesiona una mu&ntilde;eca jugando al f&uacute;tbol y tiene que pasar por quir&oacute;fano. Se recupera bien en un par de meses. &nbsp;Muchas veces, bromeamos con &eacute;l y le decimos que tiene las defensas altas, quiz&aacute; por la ingesta de vitamina C de las naranjas de La Palma. 
    </p><p class="article-text">
        Deportista como su padre, siempre le ha gustado entrenar. De peque&ntilde;o practic&oacute; judo, luego estuvo federado en f&uacute;tbol en las categor&iacute;as de infantil y juvenil. Sale a correr, monta en bici y acude a un gimnasio cercano a casa.&nbsp;Come bien. Le encantan los potajes y las sopas de las abuelas. Nunca le han gustado las golosinas ni los refrescos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Si tenemos en cuenta todo lo anterior, podemos hacer un retrato de Pablo como un chico que goza de buena salud y que lleva un estilo de vida saludable. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; ha sido durante veinte a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estudia en la Universidad de La Laguna. Despu&eacute;s de terminar el &uacute;ltimo examen del primer cuatrimestre, sale a correr y siente un dolor en la espalda. Vamos a urgencias y volvemos a casa con el mismo dolor y con un informe (posible contracci&oacute;n o desgarro muscular). Esto se repite varias veces. Cuando por fin ingresa en el hospital llega un diagn&oacute;stico demoledor: rabdomiosarcoma alveolar. Es un tipo de c&aacute;ncer de partes blandas que afecta a ni&ntilde;os mayores y j&oacute;venes. Tiene un mal pron&oacute;stico y si se detecta en estadio IV, no hay tratamiento eficaz. Nos dicen que Pablo tiene un tumor que le ha fracturado una v&eacute;rtebra de la columna (de ah&iacute; el dolor) y que le est&aacute; aplastando la m&eacute;dula. 
    </p><p class="article-text">
        Y nos preguntamos c&oacute;mo es eso posible. Ha estado haciendo vida normal. Ha estado estudiando, ha pasado las Navidades en La Palma, no le ha dolido nada y ha tenido apetito igual que siempre. &iquest;C&oacute;mo puede un tumor crecer, da&ntilde;ar la espalda y aplastar la m&eacute;dula sin que la persona sienta alg&uacute;n s&iacute;ntoma? &iquest;C&oacute;mo es eso posible? La onc&oacute;loga da el diagn&oacute;stico a unos padres que no entendemos qu&eacute; pasa y que solo o&iacute;mos palabras sueltas que caen como pu&ntilde;ales: estadio IV, tumor, c&aacute;ncer, lesi&oacute;n medular. Y ya cuando buscamos alguna rama a la que agarrarnos, cae el iceberg. No tiene cura. Se muere.
    </p><p class="article-text">
        Pablo pregunta si se puede operar para extraer el tumor. La respuesta es que no. Le damos &aacute;nimos y le decimos que con la quimio se reduce, que no se preocupe. Y &eacute;l quiere que se la pongan r&aacute;pido. Y se enfada un d&iacute;a que tiene fiebre porque no le dan el tratamiento. Y se vuelve a enfadar otro d&iacute;a porque no tiene sangre ni plaquetas y tampoco. Y unos padres aterrados se preguntan qu&eacute; han hecho mal. &iquest;Por qu&eacute; el c&aacute;ncer est&aacute; tan avanzado? &iquest;De qu&eacute; manera se pod&iacute;a haber detectado antes? &iquest;Por qu&eacute; nada avis&oacute;? &iquest;Por qu&eacute; no hubo un indicio de que algo iba mal?
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, como zombis por el hospital, d&iacute;a y noche, acompa&ntilde;amos a nuestro hijo durante dos meses. Solo dos meses. &iquest;C&oacute;mo es posible que de la noche a la ma&ntilde;ana un joven pase de estar haciendo una vida normal a no poder levantarse de una cama? S&iacute;, fue as&iacute; de cruel. Entr&oacute; al hospital caminando, y de repente, ya no volvi&oacute; a poner sus pies en el suelo. 
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;n las preguntas sin respuestas. Y est&aacute;n las miradas de horror. Y est&aacute;n la angustia y la incertidumbre. Y est&aacute;n el desconsuelo, la agon&iacute;a y el amor verdadero.
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute; la enfermedad silenciosa que camina por el cuerpo de un joven sin mostrarse. Agazapada, busca alg&uacute;n subterfugio y lo encuentra.
    </p><p class="article-text">
        Y nos mantenemos fuertes. Tenemos que estarlo, nuestro hijo se desvanece ante nuestros ojos sin poder hacer nada. Solo podemos acompa&ntilde;arlo e intentar darle &aacute;nimo y fuerza. Le repetimos, una y otra vez, que va a recuperarse, que va a volver a caminar, que la quimio, ese tratamiento poderoso, va a quemar el tumor. &iquest;Qu&eacute; podemos hacer? Solo intentar que &eacute;l tenga un objetivo: su recuperaci&oacute;n. Y lo tiene. Y desea hacer los ex&aacute;menes del segundo cuatrimestre. Y desea volver a Italia alg&uacute;n d&iacute;a. Y desea ir a un concierto de Cruz Cafun&eacute; con sus amigos. Y sue&ntilde;a con hacer un Erasmus en Bruselas o &Aacute;msterdam. Y se propone estar en casa para la Eurocopa. Y quiere adoptar un gato que se llame Jake cuando le den el alta. Pero lo cierto es que no hay un regreso a casa. No hay esperanza. &Eacute;l no lo sabe. &nbsp;Nunca mencionamos la palabra muerte. Los m&eacute;dicos dicen que el paciente tiene que saber. Pero nos negamos. Los ni&ntilde;os y adolescentes no piensan en la muerte. No queremos que nuestro hijo a&ntilde;ada el miedo a su sufrimiento. Lo arropamos y consolamos con las armas que nos da la vida: nuestro amor de padres. 
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l sigue luchando igual que los personajes de los libros y tebeos que lee. Y sue&ntilde;a que es un superh&eacute;roe que se entrega a la dif&iacute;cil batalla de derrotar al maligno enmascarado, Darth Vader y su sable rojo. &ldquo;- &iexcl;Te destruir&eacute;, maldito! &iexcl;Luchar&eacute; con todo mi ser!&rdquo; Se enfrenta al lado oscuro con su espada l&aacute;ser blanca pero no consigue derribarlo. Y cuando cae al suelo desfallecido, oye que gritan su nombre. Levanta ligeramente la cabeza del suelo y no puede creer lo que ven sus ojos. Su pandilla ha venido a auxiliarlo armados con sus sables azules y verdes. &ldquo;- &iexcl;No me rendir&eacute; nunca!&rdquo; -grita Pablo- blandiendo su espada blanca, s&iacute;mbolo de la bondad y la pureza. Y Darth Vader es abatido por los intr&eacute;pidos luchadores y se retuerce en el suelo unos minutos antes de desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Pablo muere el 12 de mayo de 2024 despu&eacute;s de sesenta d&iacute;as ingresado en el HUC.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; que ning&uacute;n adolescente m&aacute;s pase por el horror del c&aacute;ncer. Ojal&aacute; que no queden hu&eacute;rfanos de sus hijos m&aacute;s padres.
    </p><p class="article-text">
        Por favor, m&aacute;s inversi&oacute;n en ciencia. Hay que investigar este tipo de c&aacute;ncer infantil &ndash; juvenil que de antemano tiene un mal pron&oacute;stico. Tiene que haber alg&uacute;n tratamiento eficaz. Por favor, m&aacute;s financiaci&oacute;n para sanidad. Es perentorio que se reduzcan las listas de espera, el colapso en las urgencias y el retraso en las pruebas diagn&oacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        Apoyemos a la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra el C&aacute;ncer que hace una gran labor con los enfermos y sus familias. Exijamos a los gobiernos que inviertan mucho m&aacute;s en investigaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pablo no tuvo cura, pero quiz&aacute;s otros j&oacute;venes si la tengan. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Francisco Abreu]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2026 08:40:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cáncer silencioso]]></media:title>
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