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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Corrales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-manuel-corrales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Corrales]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Más solidaridad, más cohesión y más cooperación: reformar la financiación autonómica para gobernar mejor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/solidaridad-cohesion-cooperacion-reformar-financiacion-autonomica-gobernar-mejor_129_12943369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/297473f9-a5f5-48f6-88b6-83a2d48f076a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más solidaridad, más cohesión y más cooperación: reformar la financiación autonómica para gobernar mejor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reformar la financiación autonómica no resolverá por sí sola todos los problemas territoriales, pero es una condición necesaria para garantizar gobernabilidad, igualdad real y un proyecto común creíble</p></div><p class="article-text">
        El actual sistema de financiaci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas de r&eacute;gimen com&uacute;n, aprobado mediante la Ley 22/2009, de 18 de diciembre, entr&oacute; en vigor en 2009 y, aunque su aplicaci&oacute;n plena se despleg&oacute; progresivamente en los a&ntilde;os posteriores, no ha sido objeto de revisi&oacute;n ni actualizaci&oacute;n desde entonces, a pesar de que la propia normativa preve&iacute;a su revisi&oacute;n cada cinco a&ntilde;os. Este sistema, que afecta a todas las comunidades aut&oacute;nomas salvo Pa&iacute;s Vasco y Navarra, regidas por el Concierto y el Convenio Econ&oacute;mico respectivamente, se encuentra hoy claramente obsoleto y prorrogado de facto, al no responder adecuadamente a los cambios demogr&aacute;ficos, econ&oacute;micos y sociales producidos en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os. Su mantenimiento sin reforma ha generado crecientes desequilibrios territoriales, tensiones fiscales y problemas de suficiencia financiera, convirti&eacute;ndose en uno de los principales focos de debate pol&iacute;tico e institucional en Espa&ntilde;a y evidenciando la urgente necesidad de una reforma integral que garantice equidad, suficiencia y corresponsabilidad fiscal entre territorios. 
    </p><p class="article-text">
        Vuelve a ocupar el centro del debate pol&iacute;tico el sistema de financiaci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas, y conviene empezar subrayando una obviedad que no siempre se dice: que hoy estemos discutiendo sobre financiaci&oacute;n, equidad fiscal y gobernabilidad es, en s&iacute; mismo, un avance democr&aacute;tico. Especialmente si se compara con el clima pol&iacute;tico polarizado de 2017, cuando la conversaci&oacute;n p&uacute;blica estaba secuestrada por la confrontaci&oacute;n identitaria, la unilateralidad y el riesgo real de ruptura territorial del Estado. Debatir sobre c&oacute;mo se reparten los recursos, c&oacute;mo se garantiza la igualdad de servicios p&uacute;blicos y c&oacute;mo se refuerza la cohesi&oacute;n social es, sin duda, una discusi&oacute;n m&aacute;s sana y productiva para el conjunto del pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este debate vuelve a estar atravesado por dos pulsiones que lo empobrecen gravemente: el cinismo y la histeria. El cinismo aparece cuando se afirma, con solemnidad impostada, que cualquier reforma del sistema de financiaci&oacute;n solo puede plantearse en marcos estrictamente multilaterales, como si la historia reciente del Estado auton&oacute;mico no demostrara exactamente lo contrario. Ninguna reforma relevante del sistema de financiaci&oacute;n se ha gestado sin impulsos bilaterales previos, ni con gobiernos del PSOE ni del PP. Ocurri&oacute; con los grandes acuerdos de los a&ntilde;os noventa y con el modelo aprobado durante el primer gobierno de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, cuando el objetivo prioritario era consolidar una mayor&iacute;a parlamentaria estable y a eso se le llamaba, sin ning&uacute;n rubor, &ldquo;gobernabilidad&rdquo;. Lo que ayer se entend&iacute;a como pragmatismo pol&iacute;tico hoy se presenta interesadamente como claudicaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La histeria, por su parte, adopta varias formas. La m&aacute;s ruidosa es la del anticatalanismo expl&iacute;cito o latente, que reaparece de manera casi autom&aacute;tica cada vez que Catalu&ntilde;a entra en una negociaci&oacute;n relevante con el Estado. Se construye as&iacute; un relato de privilegios inexistentes, agravio comparativo y deslealtad permanente que ignora deliberadamente los datos b&aacute;sicos del sistema y alimenta una confrontaci&oacute;n emocional que apenas oculta objetivos partidistas. Esta histeria identitaria no solo distorsiona el debate, sino que bloquea cualquier posibilidad de acuerdo racional y duradero. 
    </p><p class="article-text">
        A esta se suma una segunda forma de histeria, aparentemente m&aacute;s t&eacute;cnica pero igual de enga&ntilde;osa: la de denunciar una supuesta ruptura de la igualdad territorial cuando las propuestas que se est&aacute;n discutiendo se basan, una vez m&aacute;s, en el criterio de poblaci&oacute;n ajustada y en el aumento de la participaci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas en los grandes impuestos del Estado, como el IRPF o el IVA. Es dif&iacute;cil sostener que se est&eacute; hablando de privilegios fiscales cuando lo que se plantea es reforzar la corresponsabilidad tributaria y mejorar la suficiencia financiera de los servicios p&uacute;blicos fundamentales, especialmente sanidad, educaci&oacute;n y dependencia. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto resulta llamativo el uso recurrente del fantasma del &ldquo;concierto econ&oacute;mico para Catalu&ntilde;a&rdquo;. Se invoca como amenaza inminente algo que no est&aacute; en ning&uacute;n texto, no figura en ning&uacute;n proyecto normativo y, sencillamente, no se le espera. El concierto econ&oacute;mico es un r&eacute;gimen singular, con ra&iacute;ces hist&oacute;ricas muy concretas, que afecta hoy al Pa&iacute;s Vasco y Navarra y que no forma parte del debate real sobre la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica. 
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                Financiación                            </span>
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        Agitar este espantajo sirve &uacute;nicamente para desinformar, generar miedo y desplazar el foco de la discusi&oacute;n sobre los verdaderos problemas del sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica. Lo que s&iacute; puede y debe ser objeto de debate es un elemento novedoso en Espa&ntilde;a, pero perfectamente conocido y aplicado en otros Estados descentralizados como Alemania: la introducci&oacute;n de una ordinalidad corregida. No se trata de que quien m&aacute;s aporta reciba m&aacute;s en t&eacute;rminos absolutos, sino de garantizar que ninguna comunidad vea deteriorada su posici&oacute;n relativa hasta niveles que queden claramente por debajo de la media tras el proceso de redistribuci&oacute;n. Es decir, preservar un suelo razonable de retorno para las comunidades con mayor capacidad fiscal, sin renunciar en ning&uacute;n caso a la solidaridad interterritorial. Esta idea, con distintos matices, ha sido defendida en programas electorales de diversas formaciones pol&iacute;ticas, y no solo en Catalu&ntilde;a, lo que demuestra que no responde a un capricho coyuntural, sino a un debate pol&iacute;tico maduro y transversal. 
    </p><p class="article-text">
        Resulta igualmente significativo lo que no aparece con fuerza en la discusi&oacute;n p&uacute;blica: la necesidad de avanzar en una cierta armonizaci&oacute;n fiscal. La competencia fiscal a la baja entre comunidades, especialmente en los impuestos patrimoniales, ha generado din&aacute;micas de dumping que erosionan la capacidad redistributiva del Estado y penalizan a los territorios que apuestan por mantener servicios p&uacute;blicos fuertes. Esta cuesti&oacute;n es inc&oacute;moda para muchos, pero indispensable si se quiere un sistema justo, sostenible y coherente con los principios de igualdad y solidaridad que proclama la Constituci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;a mezclarse, en ning&uacute;n caso, el leg&iacute;timo debate sobre el sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica con el ansia de parte de la oposici&oacute;n &mdash;y sorprendentemente tambi&eacute;n de alg&uacute;n presidente auton&oacute;mico socialista&mdash; por dar por acabada una legislatura antes de tiempo. Vincular la reforma de la financiaci&oacute;n a estrategias de desgaste pol&iacute;tico o a c&aacute;lculos electorales de corto plazo es profundamente irresponsable. El sistema actual est&aacute; caducado, genera desigualdades crecientes y castiga tanto a las comunidades infrafinanciadas como a aquellas que sienten que su esfuerzo fiscal no se ve razonablemente reconocido. Reformarlo no es una concesi&oacute;n coyuntural, sino una obligaci&oacute;n estructural del Estado. 
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva progresista y solidaria, la reforma del sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica debe entenderse como una herramienta para fortalecer la cohesi&oacute;n territorial, mejorar la calidad de los servicios p&uacute;blicos y reforzar la legitimidad democr&aacute;tica del Estado auton&oacute;mico. No se trata de enfrentar territorios, sino de construir un marco de reglas m&aacute;s justo, transparente y estable, capaz de adaptarse a los cambios demogr&aacute;ficos, econ&oacute;micos y sociales del pa&iacute;s. En ese sentido, resulta imprescindible introducir mejoras que reconozcan con mayor precisi&oacute;n las realidades territoriales diferenciales: la fragmentaci&oacute;n y la insularidad de comunidades como Baleares y Canarias, los sobrecostes derivados de la condici&oacute;n ultraperif&eacute;rica de Canarias, as&iacute; como los desaf&iacute;os estructurales de la despoblaci&oacute;n y el envejecimiento en amplias zonas del interior y del medio rural. Atender adecuadamente estas singularidades no significa privilegiar a unos territorios sobre otros, sino garantizar que todos dispongan de los recursos necesarios para prestar servicios p&uacute;blicos equivalentes en condiciones comparables. La solidaridad no puede basarse en agravios permanentes ni en discursos morales vac&iacute;os, sino en mecanismos objetivos, revisables y equitativos. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a necesita menos ruido y m&aacute;s pol&iacute;tica; menos histeria y m&aacute;s datos; menos cinismo y m&aacute;s voluntad de acuerdo. Reformar la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no resolver&aacute; por s&iacute; sola todos los problemas territoriales, pero es una condici&oacute;n necesaria para garantizar gobernabilidad, igualdad real y un proyecto com&uacute;n cre&iacute;ble. Y precisamente por eso, hacerlo bien &mdash;desde el di&aacute;logo, la corresponsabiilidad y la justicia fiscal&mdash; es una tarea inaplazable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, José Manuel Corrales]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 05:01:58 +0000]]></pubDate>
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