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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/naturalista-sin-complejos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Concienciación sobre el ruido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/concienciacion-ruido_129_13189063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Basta detenerse un instante para percibir que el mundo humano est&aacute; lleno de abusos y absurdos. Quiz&aacute; siempre fue as&iacute;, pero ahora el estr&eacute;pito ha alcanzado una categor&iacute;a superior y parece haber triunfado. La globalizaci&oacute;n neocapitalista, con su prisa y su codicia, ha puesto la desagradable banda sonora. En la Espa&ntilde;a de ahora &mdash;pongamos por caso&mdash; apenas el 20% de las personas viven en el medio rural, mientras el 80% restante respiramos al ritmo sonoro de las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Y absurdamente, al mismo tiempo que los paisajes rurales se est&aacute;n quedando sin sus sonidos naturales, en las urbes &mdash;que ya los perdieron casi al completo&mdash; el ruido ha crecido hasta niveles ensordecedores, por mucho que la UE pretenda, ahora, renaturalizarnos. Dicho de otro modo: en el campo vamos acallando las voces que nos dan vida (incluida la del ser humano), mientras que en la ciudad toleramos todo tipo de estruendos desagradables.
    </p><p class="article-text">
        El ruido urbano es una de las injusticias m&aacute;s cotidianas y evidentes: unos lo producen y otros lo sufren. Y hasta la fecha ninguna mayor&iacute;a corporativa municipal ha querido &mdash;o sabido&mdash; ponerle freno, ampar&aacute;ndose en que crea empleo. Al contrario. Coches, motos, furgonetas del comercio electr&oacute;nico, camiones, autobuses, el martilleo de las obras y las terrazas y bares nocturnos disfrutan de una obscena impunidad. En pocas d&eacute;cadas hemos sido capaces de construir motores m&aacute;s potentes que reducen al m&iacute;nimo el consumo de combustible, pero el ruido que emiten sigue siendo enorme. Tal vez porque muchos lo consideran una molestia menor, e incluso les gusta.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el cuerpo humano no est&aacute; dise&ntilde;ado para vivir permanentemente con esta desafinad&iacute;sima melod&iacute;a urban&iacute;cola. La OMS lleva a&ntilde;os advirti&eacute;ndonos de que el ruido metropolitano es da&ntilde;ino por encima de los 65 decibelios, y que la exposici&oacute;n prolongada provoca estr&eacute;s, ansiedad, trastornos del sue&ntilde;o, hipertensi&oacute;n, enfermedades cardiovasculares, p&eacute;rdida auditiva cr&oacute;nica, deterioro cognitivo y, en los m&aacute;s j&oacute;venes, problemas de aprendizaje. Lo saben bien los sufridos vecinos de las zonas de ocio o de tr&aacute;fico constante.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ores alcaldes, se&ntilde;ores fabricantes de las m&aacute;quinas, se&ntilde;ores hosteleros: el ruido es un asesino silencioso que acorta la vida del ciudadano y, aunque no se vea, tiene efectos graves y permanentes sobre la salud f&iacute;sica y mental, comparables a la contaminaci&oacute;n del aire. Los m&aacute;s vulnerables son los ni&ntilde;os y los ancianos. Y los m&aacute;s est&uacute;pidos los del aceler&oacute;n chirriante, los del claxon airado, los moteros del estruendo por capricho, los ediles que firman ordenanzas que no hacen cumplir, las polic&iacute;as locales que miran (o escuchan) hacia otro lado, los hosteleros que reclaman derechos para molestar y los gamberros que se divierten a costa de no dejar dormir en paz.
    </p><p class="article-text">
        Resulta insufrible que las ciudades actuales acaben pareci&eacute;ndose tanto en este aspecto. Aunque sus monumentos sean diferentes, todas ofrecen lo mismo. Las corporaciones locales se han rendido al turismo, a que sus habitantes soporten el ruido o se muden al extrarradio si pueden. A lo f&aacute;cil. En lugar de generar tejido social, nuevos modelos productivos y condiciones favorables para el peque&ntilde;o comercio &mdash;que es el que menos ruido genera y m&aacute;s ciudad construye&mdash;, se promueven grandes superficies y un turismo desmedido.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, las estrategias municipales &ldquo;venden&rdquo; a su ciudad como abierta, acogedora, para&iacute;so del buen vivir y del buen comer, escenario perfecto para cine y televisi&oacute;n, sede de eventos multitudinarios, paradigma de la sostenibilidad y protectora de sus vecinos y su medio ambiente. Pero la realidad es otra: las ciudades cada vez est&aacute;n peor administradas para garantizar una vida saludable para sus ciudadanos. Solo piensan en atraer visitantes e inversores externos. Y ese &eacute;xito marketiniano termina por erosionar la convivencia y la habitabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo ha dejado escrito Pedro Bravo en su &uacute;ltimo libro: la vida urbana se est&aacute; convirtiendo en un espect&aacute;culo para disfrute de unos p&uacute;blicos que asisten a &eacute;l como clientes y no como habitantes. Me da lo mismo Nueva York, &Aacute;msterdam, Barcelona, Londres o Logro&ntilde;o: todas ofrecen a sus vecinos la misma masificaci&oacute;n, h&aacute;bitos de usar y tirar y sonidos abusivos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el campo sufre la incongruencia de estar qued&aacute;ndose mudo. Investigaciones recientes nos ha revelado un secreto a voces: en Europa, casi el 80% de las aves de los medios agrarios ha reducido su presencia en apenas una d&eacute;cada; Espa&ntilde;a est&aacute; entre las regiones m&aacute;s afectadas. El uso excesivo de pesticidas y fertilizantes agr&iacute;colas, la eliminaci&oacute;n de linderos, setos y barbechos, el cambio clim&aacute;tico y los monocultivos son las principales responsables de esta p&eacute;rdida tan abusiva como absurda.
    </p><p class="article-text">
        Los cantos de las aves, los de los saltamontes y grillos, siguen desapareciendo sin apenas hacer ruido social, mientras que en las ciudades se abusa de los cl&aacute;xones y altavoces. Tal vez por ello convendr&iacute;a recordar que, desde 1996, cada &uacute;ltimo mi&eacute;rcoles de abril se celebra El D&iacute;a Internacional de Concienciaci&oacute;n sobre el Ruido. Una efem&eacute;ride demasiado silenciosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/concienciacion-ruido_129_13189063.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 08:47:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Concienciación sobre el ruido]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madre Tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/madre-tierra_129_13167633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &ldquo;3-en-uno, y todo vuelve a funcionar&rdquo;. As&iacute; se anuncia el aceite mineral m&aacute;s conocido del mercado. Todo un cl&aacute;sico que lubrica mecanismos, elimina los chirridos, limpia el metal y protege contra el &oacute;xido y la corrosi&oacute;n. No estar&iacute;a nada mal que el D&iacute;a Internacional de la Madre Tierra, que hoy 22 de abril se celebra, dispusiera de un remedio equiparable. Algo capaz de lubricar nuestras decisiones, eliminar viejos h&aacute;bitos y proteger el planeta que habitamos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta jornada viene siendo promovida por la ONU desde 2009 con un objetivo claro: recordarnos que el bienestar humano depende de nuestra armon&iacute;a con la Naturaleza. Calentamiento global, contaminaci&oacute;n por tierra, mar y aire y p&eacute;rdida generalizada de biodiversidad forman parte del mismo problema. Un aut&eacute;ntico y colosal &ldquo;tres en uno&rdquo; de los desaf&iacute;os ambientales que exige soluciones integradas. 
    </p><p class="article-text">
        La ONU lo intenta de esta y otras maneras. Sin embargo, el esfuerzo global no avanza o lo hace con lentitud exasperante e indiferencia manifiesta. Pa&iacute;s a pa&iacute;s seguimos generando desigualdades, d&eacute;ficits democr&aacute;ticos, problemas de redistribuci&oacute;n de la riqueza, mermas de derechos humanos, conflictos armados, desequilibrios demogr&aacute;ficos y desastres ambientales. Fen&oacute;menos distintos pero profundamente conectados, como lo est&aacute; todo en la Madre Tierra. Desaciertos de tama&ntilde;o abismal m&aacute;s f&aacute;ciles de definir que de medir. En situaciones as&iacute; conviene recordar una idea sencilla atribuida al f&iacute;sico brit&aacute;nico <em>Lord Kelvin</em>: &ldquo;Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar&rdquo;. Por eso, si queremos cuidar el planeta, primero necesitamos medir c&oacute;mo lo estamos tratando. 
    </p><p class="article-text">
        Y para eso existe un indicador que a m&iacute; me gusta: la huella ecol&oacute;gica. &Iacute;ndice que utiliza para su c&aacute;lculo la superficie de tierra y agua necesarias para generar los recursos que consume un individuo o una poblaci&oacute;n (ciudad, regi&oacute;n o pa&iacute;s) y absorber los residuos que genera. Se expresa en hect&aacute;rea globales y ofrece una radiograf&iacute;a bastante acertada de nuestra relaci&oacute;n con el planeta. Y la imagen actual que proyecta no es tranquilizadora. Los humanos consumimos recursos como si dispusi&eacute;ramos de 1,75 planetas Tierra.&nbsp;En otras palabras, estamos agotando el capital natural en lugar de vivir de los muchos intereses que genera. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, como ya sabes, no todos en la Madre Tierra consumimos lo mismo ni de la misma manera. En los primeros puestos del ranking mundial del despilfarro planetario se encuentran Qatar, Luxemburgo, Emiratos &Aacute;rabes Unidos, Bahr&eacute;in, Kuwait, Estados Unidos, Canad&aacute;, Australia, Dinamarca, B&eacute;lgica, Singapur o Corea del Sur. Si toda la humanidad derrochara como ellos, necesitar&iacute;amos entre cuatro y ocho madres Tierra adicionales. Su huella ecol&oacute;gica por persona es descomunal y gastan naturaleza como si fuera confeti. Alemania aparece tambi&eacute;n en la parte alta. Francia no se queda muy atr&aacute;s. Italia y Espa&ntilde;a ocupan posiciones intermedias. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestra huella ronda las cuatro hect&aacute;reas globales por persona. Es menos que en el norte industrial. Pero consumimos muy por encima de lo sostenible. La Madre Tierra dispone de unas 1,6 hect&aacute;reas productivas por habitante. Todo lo que supera esta cifra est&aacute; en d&eacute;ficit ecol&oacute;gico. En el mundo entramos en ese d&eacute;bito en los a&ntilde;os 70, cuando nos dio por consumir masivamente todo tipo de productos de &ldquo;usar y tirar&rdquo;, se consolid&oacute; la &ldquo;obsolescencia programada&rdquo; de las m&aacute;quinas y practicamos el turismo masivo hasta los lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos. 
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses africanos y varios asi&aacute;ticos se encuentran con la menor huella ecol&oacute;gica per c&aacute;pita. La huella ecol&oacute;gica revela as&iacute; una contradicci&oacute;n inc&oacute;moda: el bienestar material suele venir acompa&ntilde;ado de mayor presi&oacute;n sobre la biosfera. Sin embargo, tambi&eacute;n se&ntilde;ala caminos para reducirla. Los pa&iacute;ses con mayor huella deben reducir consumo y emisiones. Los pa&iacute;ses con menor huella deben desarrollarse usando tecnolog&iacute;as sostenibles desde el inicio. Energ&iacute;as renovables, descarbonizaci&oacute;n, transferencia tecnol&oacute;gica limpia a pa&iacute;ses en desarrollo, econom&iacute;a circular, consumo responsable, restauraci&oacute;n de ecosistemas, agricultura regenerativa, urbanismo eficiente, movilidad sostenible y educaci&oacute;n ambiental forman parte de las soluciones y podr&iacute;an aplicarse ya. El problema es la escala del desaf&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        Ocho mil millones de personas aspiran a vivir mejor. Y con raz&oacute;n. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo hacerlo sin necesitar tres o m&aacute;s planetas. La ciencia tiene algunas respuestas. La pol&iacute;tica (con permiso de los imperios tecnol&oacute;gicos y de inversi&oacute;n) decide si se aplican. El tiempo ecol&oacute;gico, mientras tanto, sigue corriendo. Y el planeta, de momento, no dispone de repuesto. La Madre Tierra ya no tiene un aut&eacute;ntico &ldquo;tres en uno&rdquo; capaz de arreglarnos tanto y tan continuado estropicio humano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/madre-tierra_129_13167633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 15:03:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Madre Tierra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bosques]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bosques_129_13108627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entrar en una catedral g&oacute;tica es como adentrase en un viejo bosque. Ambos templos impresionan. La penumbra agiganta las enormes columnas de piedra que se elevan como interminables troncos centenarios. La frescura de la gran nave, o el dosel verde, despierta sensaciones de lejanas latitudes. La humedad se respira. A trav&eacute;s de las apuntadas vidrieras, o las rendijas del denso palio de hojas, los rayos del sol dibujan sombras y diminutas estrellas suspendidas en el sacrosanto &eacute;ter. Y el silencio -si no hay m&aacute;s turistas cerca- te envuelve y gozas agradecido. Pero esas catedrales, o esos bosques, adem&aacute;s de belleza, tienen tambi&eacute;n mucha historia. 
    </p><p class="article-text">
        Y donde hoy se alzan hasta casi tocar los cielos, en muchas ocasiones, antes hubo una iglesia rom&aacute;nica que, lustros atr&aacute;s, otros asentaron sobre las piedras de una mezquita, un templo visig&oacute;tico o unas termas romanas; y todas, una tras otra, siglo a siglo: sobre un templo pagano. A los bosques les pasa algo parecido. Desde la &uacute;ltima glaciaci&oacute;n, el paisaje ib&eacute;rico ha ido levant&aacute;ndose como una catedral viva. Primero llegaron los bosques abiertos de con&iacute;feras y abedules; luego, con el clima templ&aacute;ndose, saucedas y matorrales; m&aacute;s tarde, robles y, al final, los hayedos del norte. Mientras tanto, el sur se llen&oacute; de encinas, quejigos y alcornoques. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado no fue un bosque uniforme, sino un mosaico de claros y arboledas que, como las viejas catedrales, nunca dejaron de reformarse con el paso del tiempo. Y aunque a los urbanitas nos cueste reconocerlo, los grandes bosques &ldquo;naturales&rdquo; que hoy admiramos en Espa&ntilde;a no son los primeros ni son v&iacute;rgenes. Son preciosos paisajes culturales que conviven con aprovechamientos milenarios (o gracias a ellos), acumulando memoria forestal del mismo modo que en las catedrales se acumula memoria espiritual. Y, como valiosos paisajes humanizados que son, deben gestionarse garantizando la &ldquo;persistencia de la masa&rdquo; y la biodiversidad, sin cometer excesos ni plantar &aacute;rboles donde &ldquo;nunca&rdquo; los hubo. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, cuya superficie arbolada (incluidos los cultivos de con&iacute;feras, eucaliptos y chopos) ha venido creciendo desde hace d&eacute;cadas a un ritmo promedio superior al 2% anual, el problema no es que falten masas forestales, pues, en porcentaje, nuestro pa&iacute;s est&aacute; cerca de la media europea. Pero desde hace d&eacute;cadas, el &eacute;xodo rural ha generado mucha masa forestal, tanto por reforestaci&oacute;n como por recolonizaci&oacute;n natural. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado es que el 70 por ciento del terreno arbolado actual son bosques seminaturales, m&aacute;s o menos densos y ricos en diversidad biol&oacute;gica y, el 30 por ciento restante, mon&oacute;tonas y extensas reforestaciones mucho menos biodiversas y m&aacute;s vulnerables a las sequ&iacute;as, los megaincendios, los grandes vendavales y las plagas que, cada vez con m&aacute;s fuerza y recurrencia, amplifica el calentamiento global. Tambi&eacute;n en esto nos ha vuelto a pillar el tren del clima y la merma de biodiversidad. Hace mucho que la gesti&oacute;n forestal de los t&eacute;cnicos, administraciones y propietarios particulares qued&oacute; anticuada por ignorar lo que ya defini&oacute; como un &ldquo;problema urgente&rdquo; en 1979 la Primera Conferencia Mundial sobe el Clima. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a (salvo excepciones) no hacen falta m&aacute;s masas forestales sino gestionar correctamente las que hay. Y como sucede con las viejas catedrales que no se atienden a tiempo, cada nueva intervenci&oacute;n implica ya decisiones t&eacute;cnicas, econ&oacute;micas y culturales m&aacute;s complejas, en las que hay que huir de las propuestas &ldquo;salvadoras&rdquo;, hijas, como casi siempre, del cortoplacismo pol&iacute;tico, la improvisaci&oacute;n, los intereses particulares y el reduccionismo corporativista de los profesionales. Estamos ante un problema multidisciplinar y no creo que el remedio pueda ser r&aacute;pido, ni f&aacute;cil, ni uniformemente aplicable en todos los lugares, y no llegar&aacute; a tiempo a todos los bosques necesitados; ni, quiz&aacute; tampoco, a todas las catedrales.
    </p><p class="article-text">
        El 21 de marzo se celebr&oacute; el D&iacute;a Mundial de los Bosques.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bosques_129_13108627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 06:55:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Bosques]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Bosques,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/agua_129_13084610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No hace mucho coment&eacute; en este medio que en Espa&ntilde;a el respeto a los r&iacute;os es una gran asignatura pendiente y los embalses nuestra obsesi&oacute;n. No soy nada mit&oacute;mano, pero me declaro abiertamente admirador de Pedro Arrojo Agudo, un f&iacute;sico espa&ntilde;ol, ambientalista y profesor de la Universidad de Zaragoza. Lleva d&eacute;cadas dedicando su incansable trabajo a reflexionar, hacer reflexionar y escribir defendiendo una forma distinta de entender y gestionar el agua y los r&iacute;os, no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino globalmente. Es, adem&aacute;s, Relator Especial de la ONU sobre derechos humanos en relaci&oacute;n con el agua potable y el saneamiento. De la misma manera que el Pereira de Tabucchi (Anagrama, 1994) elige la acci&oacute;n y la verdad frente a la comodidad, Arrojo sostiene que el agua no debe ser tratada como una mercanc&iacute;a ni gestionada por intereses privados, sino como un bien p&uacute;blico accesible a todas las personas. Objetivo que no est&aacute; nada mal para generarse incomprensiones con tantos poderes f&aacute;cticos. 
    </p><p class="article-text">
        Sostiene tambi&eacute;n Pedro Arrojo, que la gesti&oacute;n del agua debe tener un enfoque prioritario de derechos humanos. Y que esa gesti&oacute;n democr&aacute;tica del agua exige que no sea apropiable ni explotable por unos pocos, adem&aacute;s de que no se vea simplemente como recurso econ&oacute;mico (para regar, como desag&uuml;e de nuestras inmundicias urbanas e industriales o en turbinar electricidad, a&ntilde;ado). Para Arrojo (yo sostengo lo mismo), los r&iacute;os no son s&oacute;lo canales de agua, sino ecosistemas vivos que integran una parte muy importante de los paisajes, de la biodiversidad y de las comunidades humanas que dependen ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Y propone (luego, sostiene) hacer las paces con los r&iacute;os y dem&aacute;s ecosistemas acu&aacute;ticos, primando la sostenibilidad ambiental frente a la sobreexplotaci&oacute;n y los desv&iacute;os masivos del agua; adem&aacute;s, como Pereira, nos anima a ser valientes para reconocer que, si se destruyen los r&iacute;os y lagos y se contaminan los acu&iacute;feros, estamos matando nuestro futuro ecol&oacute;gico y social. Por si fuera poco, Arrojo es promotor de la Fundaci&oacute;n Nueva Cultura del Agua que, desde Zaragoza, <em>urbi et orbi</em> aboga por fomentar las iniciativas I+D+i, educaci&oacute;n, cooperaci&oacute;n para el desarrollo y defensa del medio ambiente relacionados con el agua. 
    </p><p class="article-text">
        Desde los a&ntilde;os 90, Arrojo sostuvo (no s&oacute;lo &eacute;l) amplias discrepancias con la productivista y decimon&oacute;nica redacci&oacute;n del Plan Hidrol&oacute;gico Nacional, que implicaba construir decenas de presas y trasvases sin valorar los costos sociales y ambientales tan altos que ello supondr&iacute;a de llevarse a cabo. Pero, erre que erre (sosteniendo y no enmendando), la Administraci&oacute;n mantiene iniciativas de ese calado sin abordar de verdad temas decisivos como, por ejemplo, el calentamiento global. A cuyo respecto Arrojo sostiene y advierte que la variabilidad clim&aacute;tica y las sequ&iacute;as intensificadas por el cambio clim&aacute;tico exigen una gesti&oacute;n m&aacute;s racional y ecol&oacute;gica del agua. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, que hay que hacer una transici&oacute;n h&iacute;drica sostenible priorizando la conservaci&oacute;n del recurso, los usos equilibrados y el reciclaje del agua si fuera necesario, por encima de los intereses estrictamente econ&oacute;micos. Lo que sostiene Pedro Arrojo lo puedes encontrar en las decenas de informes, libros y art&iacute;culos cient&iacute;ficos y divulgativos que lleva escritos sobre econom&iacute;a del agua, en los que incide y explora una nueva &eacute;tica del uso del agua, su gesti&oacute;n democr&aacute;tica, la modernizaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas higrol&oacute;gicas y la justicia h&iacute;drica. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, por que sostiene lo que sostiene, Pedro Arrojo Agudo fue galardonado en 2003 por los premios Goldman (unos hermanos fil&aacute;ntropos americanos) que, entre otros objetivos, tienen el de dar el reconocimiento merecido a individuos de todo el planeta que trabajan para proteger y mejorar el medio ambiente, y para inspirar a otros para que sigan el ejemplo de los ganadores del galard&oacute;n. Espa&ntilde;a no es ning&uacute;n buen ejemplo en el uso sostenible del agua, y me da la impresi&oacute;n de que, de seguir as&iacute;, nunca recibir&aacute; premio alguno por ello. Aqu&iacute;, antes se hace un embalse que un plan de ahorro del agua. Hoy 22 de marzo es el D&iacute;a Mundial del Agua. Es una pena que no lo podamos celebrar con rotundidad. Las ideas de Pedro Arrojo son, hoy por hoy, demasiado renovadoras para nuestra sociedad. Sostengo que no hay mucho avance que celebrar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/agua_129_13084610.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 08:25:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Agua]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acción por los ríos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/accion-rios_129_13054300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una gran paradoja en nuestra relaci&oacute;n con los r&iacute;os: medimos al mil&iacute;metro su capacidad y caudal, pero ignoramos la vida que habita en ellos, excepto para ir a pescar. Cada semana consultamos el porcentaje de llenado de los embalses como quien mira el tr&aacute;fico rodante y, sin embargo, casi nadie sabr&iacute;a decir cu&aacute;ntas especies aut&oacute;ctonas han desaparecido de nuestros r&iacute;os en las ultimas d&eacute;cadas. Mucho menos, cu&aacute;les. El trato que dispensamos a los r&iacute;os aprueba en Matem&aacute;ticas, pero suspende en Biolog&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, m&aacute;s del 40% de los ecosistemas fluviales presentan un estado deplorable; y en los grandes r&iacute;os todav&iacute;a es peor. Esta cifra no habla s&oacute;lo de agua: habla de insectos, moluscos, peces, anfibios, aves, mam&iacute;feros o bosques de ribera. Habla de un patrimonio natural que vamos matando a sabiendas. Tres ejemplos. El uso que hacemos del r&iacute;o Tajo exhibe tramos con caudales deficientes que s&oacute;lo engordan la intensiva Econom&iacute;a Agraria, y a cambio -trasvasado y troceado por las presas-, catea en Sociolog&iacute;a, Geograf&iacute;a e Historia y Ciencias Naturales; nuestra actitud con el r&iacute;o Ebro -encorsetado por los diques, contaminado e infestado de especies ex&oacute;ticas invasoras, adem&aacute;s de falto de sedimentos que alimenten su delta-, ya no aprueba los ex&aacute;menes de F&iacute;sica, Qu&iacute;mica y Conocimiento del Medio Natural; y nuestra gesti&oacute;n del r&iacute;o Guadalquivir -asediado por los riegos ilegales que secan su fre&aacute;tico en Do&ntilde;ana-, cualquier profesor de Geolog&iacute;a o Biolog&iacute;a se la cargar&iacute;a en junio y septiembre. 
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de biodiversidad en los r&iacute;os espa&ntilde;oles (tambi&eacute;n del resto del mundo) tiene m&uacute;ltiples causas. La sobreexplotaci&oacute;n de sus aguas reduce los caudales hasta convertir kil&oacute;metros y kil&oacute;metros de r&iacute;o vivo en hilos medio muertos. Los trasvases alteran equilibrios ecol&oacute;gicos milenarios, oponi&eacute;ndose a cualquier ley natural. Las presas fragmentan los h&aacute;bitats fluviales impidiendo los flujos migratorios de las especies aut&oacute;ctonas y favoreciendo la proliferaci&oacute;n de las for&aacute;neas. A ello se suman otras causas invisibles para el ojo humano, como son la inmensa contaminaci&oacute;n difusa procedente de los fertilizantes y pesticidas agr&iacute;colas; o la que vertemos directamente a trav&eacute;s de las depuradoras convencionales, que tanto nos tranquilizan, pero que dejan escapar silenciosamente sustancias que envenenan lentamente a los peces e invertebrados, como son los metales pesados, nanopl&aacute;sticos, cosm&eacute;ticos, antibi&oacute;ticos, ansiol&iacute;ticos, anticonceptivos y antiinflamatorios. 
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico agrava cada uno de estos factores. Sequ&iacute;as largas concentran contaminantes. Avenidas torrenciales arrasan la biodiversidad a destiempo y con mayor furia. La temperatura media del agua aumenta y desplaza a nuestros peces, mientras proliferan decenas de especies no nativas rompiendo el equilibrio y la cadena tr&oacute;fica natural. Los sotos y riberas desaparecen al ser urbanizados o convertidos en plantaciones. Y lo que se pierde no s&oacute;lo es flora y fauna. Se pierde capacidad de depuraci&oacute;n natural. Se pierde resiliencia frente a las inundaciones. Se pierde paisaje, memoria y cultura fluvial. 
    </p><p class="article-text">
        El r&iacute;o ha dejado de ser un ecosistema para convertirse en una infraestructura. Un canal forzado a ceder un elevado porcentaje de su agua para regar cultivos subvencionados, la industria contaminante, las el&eacute;ctricas, la IA y la gran ciudad. As&iacute;, el r&iacute;o no es m&aacute;s que una tabla estad&iacute;stica: Matem&aacute;ticas.&nbsp;La biodiversidad, en cambio, no cabe en un porcentaje de agua embalsada. No genera titulares diarios ni comparecencias urgentes. Desaparece sin estridencias y sin la defensa de influyentes despachos de abogados. Abundan los ciudadanos s&oacute;lo pendientes del nivel de los pantanos. Pol&iacute;ticos y organizaciones agrarias centrados en promover trasvases o nuevas obras hidr&aacute;ulicas en vez de planes de ahorro de agua. Confederaciones hidrogr&aacute;ficas decimon&oacute;nicas que siguen utilizando m&aacute;s del 85% de sus presupuestos anuales en desnaturalizar r&iacute;os en vez de restaurarlos. Ayuntamientos que, cabezona y temerariamente, no adaptan sus planes urban&iacute;sticos a las necesidades del r&iacute;o y luego solicitan declaraciones de &ldquo;zona catastr&oacute;fica&rdquo;. Ingenieros que calculan con toda exactitud los metros c&uacute;bicos de una escollera o la altura de coronaci&oacute;n de cualquier gran presa, pero nunca recibieron clases de Ecolog&iacute;a Fluvial, y as&iacute; es muy dif&iacute;cil que la respeten. Medios de comunicaci&oacute;n que abren los informativos con el dato casi diario de las reservas embalsadas en vez del porcentaje de agua consumido innecesariamente por los ciudadanos. 
    </p><p class="article-text">
        Pocas veces se pregunta cu&aacute;ntas especies aut&oacute;ctonas quedan. Pocas veces se explica qu&eacute; significa que un r&iacute;o est&aacute; en &ldquo;mal estado ecol&oacute;gico&rdquo;. Pocas veces se recuerda que un r&iacute;o vivo vale tanto o m&aacute;s que un embalse lleno. El porcentaje de agua embalsada no informa sobre la biodiversidad. Es un dato hidrol&oacute;gico, no ecol&oacute;gico, por lo tanto, parcial e incompleto. No es toda la verdad; y sin embargo nos conformamos con su mitad. No aprendemos m&aacute;s all&aacute; de los n&uacute;meros: de ciertos n&uacute;meros. Contabilizamos matem&aacute;ticamente cu&aacute;nta agua almacenamos para nuestras necesidades y caprichos, pero olvidamos cu&aacute;ntas veces hemos suspendido en Biolog&iacute;a&hellip;, salvo cuando tenemos previsto ir a pescar ex&oacute;ticas invasoras, porque lo de los peces aut&oacute;ctonos y ba&ntilde;arse en un gran r&iacute;o es tarea pr&aacute;cticamente imposible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy es 14 de marzo, D&iacute;a Internacional de Acci&oacute;n por los R&iacute;os.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/accion-rios_129_13054300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 08:54:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Acción por los ríos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Ríos,Medio ambiente,Biodiversidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida silvestre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vida-silvestre_129_13009411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Contemplar el paisaje hace que nazcan en nosotros los mejores sentimientos y una gran sensaci&oacute;n de tranquilidad. Hasta nos notamos plenos. Y es verdad: lo han demostrado los neurocient&iacute;ficos. La observaci&oacute;n de los paisajes verdes reduce el estr&eacute;s, la ansiedad y la fatiga mental al disminuir la actividad de la am&iacute;gdala y la corteza prefrontal de nuestro urbano y atareado cerebro, provocadas por las prisas de la actual &ldquo;sociedad del cansancio&rdquo;, como as&iacute; la define Byung-Chul Han en uno de sus &uacute;ltimos libros. Y es que entre los espacios verdes y nosotros se establece una conexi&oacute;n ancestral que potencia la memoria, la atenci&oacute;n, la creatividad y regula -para bien- el estado de &aacute;nimo. Vamos, que dejarse envolver un buen rato por la Naturaleza es todo un refugio terap&eacute;utico para el cerebro. 
    </p><p class="article-text">
        Desde hace casi una d&eacute;cada viajo hasta las ant&iacute;podas y paso cada a&ntilde;o varios meses por all&iacute;. Para un viejo enamorado de la vieja Europa como yo, aquellos paisajes son diferentemente maravillosos. Sin duda que muy buenos tambi&eacute;n para los ojos y el cerebro. Parecen estar llenos de vida silvestre. Lo est&aacute;n, pero con la propia (a la baja) de aquellos lejanos pa&iacute;ses y la invasora (al alza) que los brit&aacute;nicos han ido llevando hasta all&iacute; desde hace poco m&aacute;s de dos siglos. Peligrosa pr&aacute;ctica -la de introducir especies ex&oacute;ticas- que se ha vuelto como un bumerang contra los propios humanos y la fauna y flora aut&oacute;ctonas de all&iacute; y de todo el Planeta. 
    </p><p class="article-text">
        Y a pesar de las apariencias, all&iacute; tambi&eacute;n ocurre como en el resto del mundo. Es lo que tiene simplificar los procesos naturales y modificarlos a nuestro antojo. Con la Naturaleza nos creemos dioses y no lo somos. La vida silvestre, los ecosistemas, son un entramado de numeros&iacute;simos elementos y conexiones que apenas hemos descifrado, como tampoco hemos sabido entender ese bill&oacute;n de sinapsis de nuestro cerebro de primate, por mucho que los cient&iacute;ficos se afanen en nuevos adelantos. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, pienso que tanto el cerebro como la vida silvestre son much&iacute;simo m&aacute;s complicados que la admiraci&oacute;n que despiertan en nosotros; de tal manera que solo accedemos a ellos mediante razonamientos y conclusiones reduccionistas. Est&aacute; demostrado que de la vida silvestre o biodiversidad, a la gente s&oacute;lo le atrae lo grande y espectacular, lo que nos favorece o se come, lo que causa da&ntilde;o, o lo escaso y &ldquo;bello&rdquo;: por las setas, las secuoyas o las orqu&iacute;deas, por el at&uacute;n rojo, las ballenas o los gorilas de monta&ntilde;a, por el tigre de Bengala, el oso panda o el c&oacute;ndor de los Andes y un grupo relativamente reducido de plantas y animales carism&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Pero todos ellos (con toda su innegable importancia) no son m&aacute;s que una min&uacute;scula parte del aut&eacute;ntico soporte de la vida silvestre. Como dijo el sabio naturalista Edward O. Wilson: &ldquo;son los peque&ntilde;os seres vivos los que hacen funcionar el mundo&rdquo;. En concreto los animales invertebrados y, entre ellos, los odiados insectos. No la hay (ni la habr&aacute; nunca) flota de drones o de m&aacute;quina humana que pueda igualar la productividad (a coste cero para nosotros los humanos) de las abejas y dem&aacute;s polinizadores. Se estima que el valor econ&oacute;mico de la polinizaci&oacute;n por insectos (abejas y abejorros, cole&oacute;pteros, d&iacute;pteros, mariposas, etc.) ronda los 600.000 millones de d&oacute;lares anuales (&iexcl;todo eso nos &ldquo;olvidamos&rdquo; en el c&aacute;lculo del PIB mundial!).  Se estima que en una hect&aacute;rea de selva tropical del Amazonas, del Congo o del Sudeste asi&aacute;tico, por cada p&aacute;jaro que escuchas o miras en su rama, hay miles de peque&ntilde;os gigantes &ldquo;trabajando para &eacute;l&rdquo;, bajo sus pies. Se sabe que tres cuartas partes de las especies que cultivamos necesitan ser polinizadas por insectos&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, para conservar los ecosistemas terrestres, la vida silvestre o la biodiversidad (como lo quieras llamar) no hay que olvidarse nunca de preservar a los insectos porque son el cemento que los une, la pieza fundamental del complicado engranaje de la cadena alimentaria. Representan, nada m&aacute;s y nada menos, que el 80% de toda la fauna conocida. Y todos los invertebrados el 99%. Sin embargo, los estamos haciendo desaparecer. Aunque todav&iacute;a nos quedan d&eacute;cadas para catalogar la inmensa diversidad de insectos (cada uno con su funci&oacute;n apropiada y necesaria aunque a&uacute;n sea desconocida por los doctos), ya hay varios estudios que han estimado su ritmo de extinci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y de la misma manera que se calcula que cada a&ntilde;o en el mundo vertemos casi cuatro millones de toneladas de pesticidas agr&iacute;colas: que los mata bien muertos, o que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas est&aacute; por encima del 5% la tasa anual promedio de la expansi&oacute;n urbana mundial: que les roba su h&aacute;bitat, se ha estimado que la masa total de insectos est&aacute; sufriendo una reducci&oacute;n media de alrededor del 3% por a&ntilde;o en todo el Planeta. Si te dan a elegir, &iquest;qu&eacute; prefieres, los pomposos paisajes mutilados o los que conservan la biodiversidad de los m&aacute;s peque&ntilde;os? Si has elegido lo primero, piensa que, aunque te ahorres el repelente de mosquitos, est&aacute;s poni&eacute;ndoselo todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil a las especies carism&aacute;ticas que tanto nos fascinan. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy es 3 de marzo. Feliz D&iacute;a Mundial de la Vida Silvestre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vida-silvestre_129_13009411.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2026 09:27:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vida silvestre]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Humedales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/humedales_129_12955075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No lo niegues. A ti esto de conservar los humedales te suena raro, lejano. En realidad, te importa un pito. Es seguro que hoy, D&iacute;a Mundial de los Humedales desde 1997, despu&eacute;s de decenas de &ldquo;celebraciones&rdquo;, ni sepas de qu&eacute; van ni por qu&eacute; les damos tanta importancia (algunos, s&oacute;lo algunos, muy pocos). 
    </p><p class="article-text">
        Si has llegado hasta aqu&iacute;, me apuesto un par de aguas del grifo, que te estar&aacute;s preguntando: &iquest;qu&eacute; diablos son los humedales? Y la pregunta de siempre... &iquest;para qu&eacute; co&ntilde;o sirven? &iquest;Acaso no son un criadero de molestos mosquitos? &iquest;Pero es que no hay que desecarlos para evitar enfermedades como el paludismo, el dengue, las diarreas o el c&oacute;lera? &iquest;Es que no est&aacute;n mejor desecados, como se ha hecho &ldquo;siempre&rdquo;, para crear m&aacute;s campos de cultivo, para urbanizarlos, para plantarlos de &aacute;rboles, para evitar la gripe aviar&hellip;? Pues mira: s&iacute; y no. 
    </p><p class="article-text">
        Los humedales pueden ser la fuente de todos esos males para la salud p&uacute;blica, sobre todo si se contaminan sus aguas por acci&oacute;n de la agricultura, la industria o las aglomeraciones urbanas (cosa muy habitual). El cambio clim&aacute;tico tambi&eacute;n amplifica el problema. Pero, como sabes, existen tratamientos m&eacute;dicos eficaces contra esas enfermedades. Y, sin embargo, los humedales son importantes para la Naturaleza, es decir, para ti, para todos nosotros. 
    </p><p class="article-text">
        Si se destruyen, se encorsetan o se rellenan, se pierde la barrera natural que reduce el exceso de agua en las grandes avenidas (acu&eacute;rdate de las danas). Si se drenan o se quema su vegetaci&oacute;n, liberan a la atm&oacute;sfera enormes cantidades del CO<sub>2</sub> que han acumulado durante milenios, intensificando el cambio clim&aacute;tico. Si se desecan, su suelo fangoso, con exceso de sales y propenso a inundarse no es el m&aacute;s apto para la agricultura ni para el urbanismo. Si se sobrecargan de nutrientes (abonos qu&iacute;micos), producen malos olores y problemas de calidad del agua superficial y del acu&iacute;fero asociado. Si se gestionan mal, se llenan de especies ex&oacute;ticas. Si no se regulan sus usos recreativos, las actividades al aire libre son menos placenteras. Aquella puesta de sol reflejada en espejo del agua, aquel atardecer en el que te enamoraste, ya no emocionar&aacute; m&aacute;s tus apasionados ojos. Y si tienes la suerte de que el humedal sigue existiendo, si vuelves, ya no oir&aacute;s el canto de tantos p&aacute;jaros, ni ver&aacute;s a las lib&eacute;lulas en su &uacute;ltimo vuelo del d&iacute;a, ni a los murci&eacute;lagos cazando mosquitos, ni a las ranas cantar, porque la urbanizaci&oacute;n lo habr&aacute; modificado todo o los motores de los tractores sacando agua le habr&aacute;n quitado toda la magia. 
    </p><p class="article-text">
        La Convenci&oacute;n de Ramsar, un tratado intergubernamental mundial, lleva peleando decenas de a&ntilde;os para conseguir el uso racional de los humedales naturales (marismas, pantanos, turberas, deltas, tablas, manglares, etc.). Pero, muy a su pesar, desde los a&ntilde;os 70 hasta ahora, hemos hecho desaparecer el 35% de los humedales de todo el mundo; en Espa&ntilde;a, cerca del 60%. Y t&uacute; en la inop&iacute;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/humedales_129_12955075.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 10:17:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Humedales]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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