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    <title><![CDATA[elDiario.es - Isabel Fariñas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/isabel-farinas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Isabel Fariñas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La ciencia que se abre al mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/ciencia-abre-mundo_129_12989391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La ciencia ya no puede permitirse permanecer al margen del contexto social. La aceleraci&oacute;n tecnol&oacute;gica, la sobreabundancia informativa y desaf&iacute;os globales como el cambio clim&aacute;tico o las crisis sanitarias han cambiado las reglas del juego. Hoy, producir conocimiento no es suficiente: hay que compartirlo, contrastarlo y construirlo con la sociedad. En este nuevo escenario cobran fuerza tres ideas que marcan un rumbo claro: ciencia ciudadana, ciencia abierta y ciencia buena.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia ciudadana rompe con la imagen cl&aacute;sica del laboratorio herm&eacute;tico. Reconoce que la ciudadan&iacute;a no solo es destinataria de resultados, sino tambi&eacute;n potencial generadora de datos, preguntas e ideas. En la Universitat de Val&egrave;ncia esto se ve en iniciativas como los proyectos de seguimiento de biodiversidad en el Jard&iacute; Bot&agrave;nic, donde estudiantes y voluntarios colaboran en la identificaci&oacute;n de especies; o en proyectos de ciencias sociales en los que vecindarios enteros aportan informaci&oacute;n sobre movilidad, consumo energ&eacute;tico o bienestar emocional, integrando la experiencia cotidiana en la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica. El impacto va m&aacute;s all&aacute; de los datos. Cuando la gente participa en la creaci&oacute;n de conocimiento, entiende mejor c&oacute;mo funciona la ciencia, cu&aacute;les son sus l&iacute;mites y por qu&eacute; es esencial para la vida democr&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        La ciencia abierta responde a otra demanda creciente: que el conocimiento financiado con recursos p&uacute;blicos sea accesible para todos. Hasta hace poco, el acceso a las revistas cient&iacute;ficas era de pago. Hoy, las pol&iacute;ticas nacionales y europeas exigen que las publicaciones, los datos y las metodolog&iacute;as est&eacute;n disponibles de forma abierta tanto para la comunidad cient&iacute;fica como para la ciudadan&iacute;a. La apertura implica transparencia, reproducibilidad y rendici&oacute;n de cuentas. Permite que otros equipos contrasten resultados y reutilicen datos, acelerando descubrimientos. Y refuerza la confianza social en un momento en que la desinformaci&oacute;n circula m&aacute;s r&aacute;pido que nunca. 
    </p><p class="article-text">
        La ciencia abierta va mucho m&aacute;s all&aacute; de &ldquo;publicar en abierto&rdquo;: implica planificar, gestionar datos y compartir el conocimiento de forma responsable y transparente. Este cambio cultural requiere infraestructuras s&oacute;lidas: repositorios institucionales, plataformas de publicaci&oacute;n abiertas, sistemas de an&aacute;lisis bibliom&eacute;trico, servicios e infraestructuras de gesti&oacute;n y almacenamiento de datos y equipos profesionales capaces de acompa&ntilde;ar a la comunidad investigadora. En la Universitat, el Servei de Biblioteques i Documentaci&oacute; es ya un nodo clave de la ciencia abierta y nuestro Nodo Tirant de la Red Espa&ntilde;ola de Supercomputaci&oacute;n demuestra que nuestra comunidad investigadora est&aacute; preparada para trabajar al nivel de las mejores universidades europeas. Para que estas capacidades se traduzcan en una ciencia realmente abierta, necesitamos reforzar nuestras infraestructuras internas, con repositorios m&aacute;s robustos, servicios de datos alineados con los est&aacute;ndares europeos y equipos t&eacute;cnicos estables y especializados. Es decir, una gobernanza capaz de convertir ese potencial en una estrategia digital s&oacute;lida y sostenida.
    </p><p class="article-text">
        La apertura no puede confundirse con falta de rigor. Por eso hablamos tanto de buena ciencia como de ciencia buena: la que combina calidad, integridad y responsabilidad. Es la que aplica metodolog&iacute;as s&oacute;lidas y protege los datos personales; la que evita sesgos, promueve la igualdad de oportunidades y entiende que el conocimiento tiene efectos reales en la vida de las personas. En la Universitat ya existen proyectos que trabajan con datos sensibles, en salud, educaci&oacute;n o bienestar social. Pero para que esta cultura de integridad cient&iacute;fica sea realmente definitiva, necesitamos algo m&aacute;s que el esfuerzo individual de los equipos: hacen falta estructuras m&aacute;s robustas, m&aacute;s &aacute;giles y alineadas con los est&aacute;ndares internacionales. &nbsp;Por eso la rendici&oacute;n de cuentas debe convertirse en una prioridad institucional: indicadores claros, informes p&uacute;blicos y evaluaciones responsables que permitan a la sociedad saber c&oacute;mo se produce el conocimiento y qu&eacute; impacto genera. La comunidad investigadora ya est&aacute; haciendo su parte. Ahora toca que el gobierno de la universidad acompa&ntilde;e con decisi&oacute;n, recursos y visi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ciencia ciudadana, ciencia abierta y ciencia buena no son piezas aisladas. Se refuerzan mutuamente. La participaci&oacute;n ciudadana exige transparencia; la apertura requiere rigor; la buena ciencia se enriquece con la diversidad de miradas que aporta la sociedad. Juntas dibujan un modelo de investigaci&oacute;n m&aacute;s colaborativo, m&aacute;s accesible y m&aacute;s comprometido con los retos colectivos. En la Universitat de Val&egrave;ncia, esta visi&oacute;n debe suponer el reconocimiento decidido de la transferencia del conocimiento como una misi&oacute;n esencial, al mismo nivel que la investigaci&oacute;n y la docencia. Tambi&eacute;n implica apostar por proyectos interdisciplinares capaces de integrar ciencias experimentales, sociales y humanidades para abordar y dar soluci&oacute;n a problemas complejos, un aspecto que adquiere sus m&aacute;ximas posibilidades en una universidad diversa como la nuestra. Pero nada de esto ser&aacute; posible sin una gobernanza que est&eacute; a la altura. Una gobernanza que no se limite a gestionar lo existente, sino que impulse, acompa&ntilde;e y financie la transformaci&oacute;n que la comunidad acad&eacute;mica ya ha empezado por su cuenta. Una gobernanza que entienda que la ciencia abierta no es una moda, sino una exigencia internacional. Que la ciencia ciudadana no es un gesto, sino una responsabilidad democr&aacute;tica. Que la ciencia buena no es un ideal abstracto, sino un compromiso &eacute;tico con la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Isabel Fari&ntilde;as. Catedr&aacute;tica de Biolog&iacute;a celular, candidata a vicerrectora Investigaci&oacute;n y Pol&iacute;tica Cient&iacute;fica, en el equipo de Juan Luis Gand&iacute;a a la Universitat de Val&egrave;ncia</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Fariñas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/ciencia-abre-mundo_129_12989391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 15:46:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ciencia que se abre al mundo]]></media:title>
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