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    <title><![CDATA[elDiario.es - Adriana Abdenur]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/adriana-abdenur/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Adriana Abdenur]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La desigualdad nos está dividiendo, pero no tenemos por qué rendirnos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desigualdad-dividiendo-no-rendirnos_129_13005166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b755272-db37-4d38-a7d1-1f50af123c47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La desigualdad nos está dividiendo, pero no tenemos por qué rendirnos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es un problema económico estructural al que se enfrentan tanto las economías avanzadas como los países en desarrollo, un problema global que requiere cooperación global</p></div><p class="article-text">
        La desigualdad est&aacute; pasando de ser un tema marginal en el debate pol&iacute;tico a ocupar un lugar central. Como miembro del comit&eacute; creado bajo la presidencia sudafricana del G20 para promover la cooperaci&oacute;n internacional en materia de desigualdad, he sido testigo de ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante demasiado tiempo, la desigualdad se ha tratado en los debates europeos como un problema de otros lugares:&nbsp;los llamados Estados fr&aacute;giles, en el Sur Global, en pa&iacute;ses que carecen de instituciones s&oacute;lidas o de protecci&oacute;n social. Se ha enmarcado como una cuesti&oacute;n de desarrollo m&aacute;s que como una caracter&iacute;stica estructural de la econom&iacute;a mundial.
    </p><p class="article-text">
        Esa formulaci&oacute;n ya no es v&aacute;lida. En toda Europa, la desigualdad, especialmente la desigualdad de riqueza, est&aacute; remodelando las trayectorias econ&oacute;micas y distorsionando los sistemas pol&iacute;ticos. Si bien el modelo social europeo sigue siendo uno de los m&aacute;s protectores del mundo, se enfrenta a presiones cada vez mayores. La concentraci&oacute;n de la riqueza ha aumentado en muchas econom&iacute;as avanzadas. Los mercados inmobiliarios se han vuelto menos accesibles para las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. Persisten las divisiones territoriales entre las regiones metropolitanas din&aacute;micas y las zonas rezagadas. La movilidad intergeneracional, que en su d&iacute;a fue un sello distintivo de la promesa europea, se ha vuelto m&aacute;s lenta.
    </p><p class="article-text">
        No se trata simplemente de la brecha entre ricos y pobres. Es la creciente concentraci&oacute;n de activos, influencia y oportunidades. Cuando una parte cada vez mayor de la riqueza proviene de activos financieros e inmobiliarios en lugar de actividades productivas, los incentivos pueden distorsionarse. Cuando los trabajadores m&aacute;s j&oacute;venes se enfrentan a empleos precarios y a un acceso tard&iacute;o a la vivienda, los efectos se reflejan en las tasas de fertilidad, los patrones de consumo y el crecimiento a largo plazo. Cuando los ciudadanos perciben que las reglas econ&oacute;micas son desiguales, la confianza disminuye.
    </p><p class="article-text">
        El nivel de concentraci&oacute;n de la riqueza que se observa actualmente en varias econom&iacute;as avanzadas, en niveles extremos, corre el riesgo de traducirse en una influencia pol&iacute;tica desproporcionada. Cuando una parte significativa de la riqueza nacional est&aacute; en manos de un segmento reducido de la sociedad, tambi&eacute;n se vuelve desigual la capacidad de influir en el debate p&uacute;blico, los resultados legislativos y las prioridades pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Los cambios tecnol&oacute;gicos a&ntilde;aden otra capa a estas presiones. Los avances en inteligencia artificial y digitalizaci&oacute;n ofrecen importantes beneficios potenciales en productividad e innovaci&oacute;n. Sin embargo, sin las pol&iacute;ticas adecuadas, los beneficios pueden recaer de manera desproporcionada en los due&ntilde;os de capital y en los trabajadores altamente calificados. Esto puede reforzar las disparidades ya existentes entre regiones, empresas y grupos sociales.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por estas razones, el seminario de alto nivel &laquo;Desigualdad: es hora de actuar&raquo;, convocado esta semana en Madrid por la Presidencia del Gobierno espa&ntilde;ol, reviste especial importancia. El encuentro, que re&uacute;ne a destacados pensadores y altos cargos pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles, refleja el reconocimiento en las m&aacute;s altas esferas pol&iacute;ticas de que la desigualdad es fundamental para el futuro de Europa. La participaci&oacute;n del Gobierno espa&ntilde;ol al m&aacute;s alto nivel subraya que no se trata de un mero intercambio acad&eacute;mico, sino de un debate centrado en las pol&iacute;ticas y las respuestas institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Europa dispone de las herramientas pol&iacute;ticas necesarias para responder. Pero esas herramientas requieren cada vez m&aacute;s una coordinaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de las fronteras nacionales. El capital se mueve con facilidad entre jurisdicciones, pero los sistemas fiscales no. Los modelos de negocio digitales operan sin problemas en todos los mercados, a menudo superando los marcos regulatorios. Sin cooperaci&oacute;n en impuestos a las corporaciones, transparencia financiera y tratamiento de la riqueza transfronteriza, los pa&iacute;ses est&aacute;n limitados estructuralmente. Por eso son importantes los recientes esfuerzos de coordinaci&oacute;n europea e internacional en materia de fiscalidad m&iacute;nima de las empresas. No son proyectos ideol&oacute;gicos, sino mecanismos pr&aacute;cticos para preservar la integridad de nuestras econom&iacute;as y sociedades.
    </p><p class="article-text">
        El seminario de Madrid tambi&eacute;n llega en un momento internacional clave. La propuesta de crear un Panel Internacional sobre la Desigualdad &mdash;una idea que cobr&oacute; impulso durante la presidencia sudafricana del G20&mdash; marca un cambio de rumbo, pasando de un debate fragmentado a una cooperaci&oacute;n estructurada. El hecho de que este debate se celebre ahora en el coraz&oacute;n de una importante capital europea refleja c&oacute;mo ha evolucionado la geograf&iacute;a del debate sobre la desigualdad. Ya no se trata de una conversaci&oacute;n sobre &laquo;otras&raquo; econom&iacute;as, sino que concierne a la arquitectura del propio sistema global.
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad no es una cuesti&oacute;n humanitaria lejana. Es un problema econ&oacute;mico estructural al que se enfrentan tanto las econom&iacute;as avanzadas como los pa&iacute;ses en desarrollo, un problema global que requiere cooperaci&oacute;n global. Por eso el presidente S&aacute;nchez tiene raz&oacute;n al apoyar la creaci&oacute;n de un Panel Internacional sobre Desigualdad, y m&aacute;s pa&iacute;ses europeos deber&iacute;an sumarse a &eacute;l. Espa&ntilde;a es actualmente el s&eacute;ptimo pa&iacute;s con m&aacute;s desigualdad en Europa, con lo que es un reto importante a impulsar. El panel ofrece una forma pr&aacute;ctica de multilateralismo que puede ayudar a los responsables pol&iacute;ticos de gobiernos de todos los &aacute;mbitos. En un periodo de transici&oacute;n econ&oacute;mica e incertidumbre geopol&iacute;tica, abordar la desigualdad de riqueza es una elecci&oacute;n estrat&eacute;gica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adriana Abdenur]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desigualdad-dividiendo-no-rendirnos_129_13005166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 20:31:52 +0000]]></pubDate>
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