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    <title><![CDATA[elDiario.es - Hossein Zoghi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/hossein-zoghi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Hossein Zoghi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cómo funciona la maquinaria de ejecuciones en Irán y cómo el Gobierno esconde su alcance]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/funciona-maquinaria-ejecuciones-iran-gobierno-esconde-alcance_129_13513884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6538111-8d8e-4711-8984-f8837703814e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo funciona la maquinaria de ejecuciones en Irán y cómo el Gobierno esconde su alcance"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De la opacidad en las cifras a la división falsa entre ejecuciones políticas y ejecuciones por delitos comunes, los expertos sostienen que la maquinaria de la pena de muerte es un pilar estratégico del régimen para atemorizar al pueblo</p><p class="subtitle">La misión de la ONU señala a EEUU por crímenes de guerra y a Irán por crímenes de lesa humanidad
</p></div><p class="article-text">
        Septiembre de 1988. Hab&iacute;a ido con mi familia a Gohardasht, una zona de Karaj donde viv&iacute;a la mayor parte de la familia de mi padre. Las vacaciones de verano estaban terminando y los ni&ntilde;os quer&iacute;amos aprovechar los &uacute;ltimos d&iacute;as. Una de nuestras diversiones era un peque&ntilde;o parque de atracciones cerca de la tristemente c&eacute;lebre c&aacute;rcel de Gohardasht, con una gran noria en el centro. Al atardecer de un d&iacute;a entre semana, el parque estaba casi vac&iacute;o. Corrimos hacia la noria para subirnos y ver la ciudad desde arriba. Pero la noria no funcionaba: la hab&iacute;an apagado. Mi madre le pidi&oacute; al encargado que la encendiera, pero el hombre dijo que hab&iacute;a una orden de la polic&iacute;a municipal para que la noria no funcionara durante un tiempo. Nos pareci&oacute; extra&ntilde;o el parque vac&iacute;o, la atracci&oacute;n apagada y volvimos a casa decepcionados.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s entend&iacute; el motivo de aquel apag&oacute;n. Esos mismos d&iacute;as, en la c&aacute;rcel de Gohardasht, estaban fusilando a los opositores del r&eacute;gimen. Desde la noria se ve&iacute;a la c&aacute;rcel desde arriba; el r&eacute;gimen no quer&iacute;a que ning&uacute;n ojo presenciara su crimen. Hoy, en la medida de lo posible, sigue queriendo tapar la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado casi cuatro d&eacute;cadas desde aquel verano. Pero hoy, en el Ir&aacute;n de 2026, aquel recuerdo silencioso ha vuelto a cobrar vida esta vez no con el silencio de un parque de atracciones, sino con una m&aacute;quina que ha vuelto a ponerse en marcha y que ha arrebatado la paz a miles de familias.
    </p><h2 class="article-text">La frontera que no existe</h2><p class="article-text">
        Conozco a Maryam Mirza, periodista que documenta casos pol&iacute;ticos y de seguridad, desde hace a&ntilde;os, desde la &eacute;poca en que trabajaba en la revista Zanan (Mujeres) en Ir&aacute;n y ya entonces se preocupaba por los problemas sociales. Sali&oacute; de Ir&aacute;n tras las elecciones de 2009 y desde entonces vive en Europa. El d&iacute;a que hab&iacute;amos quedado para hablar, le&iacute; en las noticias que en Lyon, la ciudad donde ella lleva a&ntilde;os viviendo, se hab&iacute;a desatado una tormenta muy fuerte. Pens&eacute; que esa tormenta era una imagen apropiada del estado de &aacute;nimo de quienes, lejos de Ir&aacute;n, siguen cada d&iacute;a las noticias de ejecuciones y represi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En los informes oficiales y en buena parte de la cobertura medi&aacute;tica, las ejecuciones en Ir&aacute;n se dividen en dos categor&iacute;as: las &ldquo;pol&iacute;ticas&rdquo; que atraen la atenci&oacute;n mundial y las de &ldquo;narcotr&aacute;fico&rdquo; o &ldquo;delitos comunes&rdquo;, que se ejecutan en silencio. Mirza, que a lo largo de la conversaci&oacute;n responde con la precisi&oacute;n de una periodista que lleva a&ntilde;os siguiendo este asunto, rechaza esa distinci&oacute;n: &ldquo;Creo que se puede pensar el motivo del aumento de todas estas ejecuciones de manera conjunta, porque en realidad todas aumentan con un mismo objetivo: sembrar terror y p&aacute;nico&rdquo;.
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                    alt="Una mujer protesta por las ejecuciones de manifestantes en Irán delante de la embajada iraní en Ciudad de México, en diciembre de 2022."
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            <span class="title">
                Una mujer protesta por las ejecuciones de manifestantes en Irán delante de la embajada iraní en Ciudad de México, en diciembre de 2022.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Esto va m&aacute;s all&aacute; de un simple detalle estad&iacute;stico. Amiri-Moghaddam, director de Iran Human Rights, describe la proporci&oacute;n de ejecuciones por cargos de seguridad como &ldquo;una cifra peque&ntilde;a&rdquo;. El informe anual de Iran Human Rights de 2024 indica que solo 31 personas, menos del tres por ciento del total de ejecuciones de ese a&ntilde;o, fueron ejecutadas por cargos de seguridad: entre ellos, <em>moharebeh </em>(&ldquo;guerra contra Dios&rdquo;) y efsad-e fel-arz (&ldquo;corrupci&oacute;n en la Tierra&rdquo;), dos categor&iacute;as de vaga definici&oacute;n que la justicia iran&iacute; usa habitualmente contra opositores pol&iacute;ticos, frente a 419 personas (43%) ejecutadas por homicidio. Los datos completos y definitivos de este a&ntilde;o todav&iacute;a no se han publicado, pero es precisamente esa peque&ntilde;ez relativa la que revela el peligro de la clasificaci&oacute;n oficial entre &ldquo;pol&iacute;tico&rdquo; y &ldquo;com&uacute;n&rdquo;: cuando la atenci&oacute;n internacional se concentra &uacute;nicamente en esa cifra reducida, miles de casos &ldquo;no pol&iacute;ticos&rdquo; que constituyen la inmensa mayor&iacute;a de las ejecuciones totales se vuelven pr&aacute;cticamente invisibles. Un preso pol&iacute;tico resulta costoso para el r&eacute;gimen, porque los medios y los gobiernos extranjeros lo siguen de cerca; un trabajador afgano o baluchi condenado por narcotr&aacute;fico sale barato. Pero, seg&uacute;n Mirza, el efecto de ambos es id&eacute;ntico.
    </p><h2 class="article-text">Una escala que no se puede ocultar</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de Iran Human Rights, desde comienzos de 2026 al menos 525 personas han sido ejecutadas en Ir&aacute;n; desde 2010, la cifra asciende a 10.968. La Fundaci&oacute;n Abdorrahman Boroumand, en un informe independiente publicado en agosto de este a&ntilde;o, registr&oacute; para el mismo periodo de 2026 916 personas. La diferencia entre ambos datos es, en s&iacute; misma, una se&ntilde;al de que incluso las organizaciones especializadas apenas logran seguir el ritmo de esta maquinaria.
    </p><p class="article-text">
        Amiri-Moghaddam, siendo adolescente y en plena guerra entre Ir&aacute;n e Irak, lleg&oacute; a Noruega como refugiado en 1985, a trav&eacute;s de Pakist&aacute;n. Se gradu&oacute; en Medicina por la Universidad de Oslo en 1996 y recibi&oacute; la Medalla de Oro del Rey de Noruega a la mejor tesis doctoral en medicina de aquel a&ntilde;o; hoy es catedr&aacute;tico de neurociencia en la misma universidad. Quien de joven se vio obligado a abandonar su pa&iacute;s, como m&eacute;dico lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que la situaci&oacute;n de los derechos humanos en Ir&aacute;n ignorada durante d&eacute;cadas no pod&iacute;a quedar sin respuesta; el mismo sentido de responsabilidad que muchos activistas iran&iacute;es en el exilio llevan consigo, cada uno a su manera. En su trayectoria figura tambi&eacute;n el Premio de Derechos Humanos de Amnist&iacute;a Internacional Noruega (2007). Desde 2008 dirige y fund&oacute; Iran Human Rights, organizaci&oacute;n que, gracias a su amplia red dentro de Ir&aacute;n, se ha convertido en una de las fuentes independientes m&aacute;s fiables sobre ejecuciones en el pa&iacute;s.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estas ejecuciones no forman parte de una guerra contra las drogas, sino que son una de las líneas centrales de la guerra de la República Islámica contra el pueblo iraní</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mahmood Amiri-Moghaddam</span>
                                        <span>—</span> director de Iran Human Rights
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n &eacute;l, el punto de inflexi&oacute;n fue el inicio de la guerra: &ldquo;Desde que empez&oacute; la guerra, las cifras de ejecuciones subieron. Despu&eacute;s del 11 de marzo, las cifras de ejecuciones se dispararon&rdquo;. Mirza explica esa misma aceleraci&oacute;n desde otro &aacute;ngulo: &ldquo;Ahora mismo la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica tiene verdadero miedo de que, dadas las condiciones internas del pa&iacute;s y la sombra de la guerra, estallen nuevas protestas&rdquo;. Seg&uacute;n ella, la ejecuci&oacute;n en Ir&aacute;n ha dejado de ser un castigo en sentido jur&iacute;dico: &ldquo;Se ha convertido en una palanca de presi&oacute;n y de generaci&oacute;n de terror en la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese temor no es infundado. Siete meses antes del inicio de la guerra, en enero de 2025, Ir&aacute;n vivi&oacute; una de las mayores oleadas de protestas de su historia reciente. Dichas movilizaciones fueron respondidas a tiros y derivaron en las mismas detenciones masivas que hoy engrosan el corredor de la muerte. En lugar de resolver las causas de aquella protesta, el r&eacute;gimen ha afilado su aparato represivo para la siguiente ronda, antes incluso de que estalle una nueva.
    </p><h2 class="article-text">Qui&eacute;n muere</h2><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de estas cifras hay un patr&oacute;n de clase evidente. Amiri-Moghaddam dice que en sus veinte a&ntilde;os de trabajo no recuerda a ninguna persona conocida o con gran influencia financiera que haya sido ejecutada por narcotr&aacute;fico. Al contrario, las personas de comunidades marginadas baluchis, afganos, pobres representan una proporci&oacute;n alt&iacute;sima. Mirza lleva ese patr&oacute;n al plano geogr&aacute;fico: en provincias como Sist&aacute;n y Baluchist&aacute;n o Kurdist&aacute;n, las acusaciones pol&iacute;tico-securitarias suelen redefinirse como &ldquo;delito com&uacute;n&rdquo; para llamar menos la atenci&oacute;n del centro del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de julio de 2026, en la c&aacute;rcel central de Isfah&aacute;n, ese patr&oacute;n adquiri&oacute; dos nombres y dos destinos: Erfan Esfandiari, de Isfah&aacute;n, y Golmohammad Mohammadi, de veinticuatro a&ntilde;os, migrante de Herat, Afganist&aacute;n, y criado en Isfah&aacute;n desde la infancia, fueron ejecutados. Su juicio, presidido por los jueces Morteza Barati y Mohammad Reza Tavakoli, dur&oacute; apenas diez minutos.
    </p><p class="article-text">
        La noche anterior a la ejecuci&oacute;n, las familias de ambos j&oacute;venes esperaron frente a la c&aacute;rcel desde la medianoche hasta las cinco de la madrugada. Dos agentes le dijeron expl&iacute;citamente a la familia de Golmohammad que la ejecuci&oacute;n no se llevar&iacute;a a cabo. Las autoridades de la prisi&oacute;n se negaron a dar cualquier informaci&oacute;n. Las familias se vieron obligadas a volver a casa y poco despu&eacute;s recibieron una llamada inform&aacute;ndoles de que la sentencia ya se hab&iacute;a ejecutado.
    </p><p class="article-text">
        Los mismos jueces y la misma sala hab&iacute;an condenado, en un caso relacionado, a dos primos a sentencias fuera de lo com&uacute;n: Alireza Sepahi, de 25 a&ntilde;os, a cuatro condenas de muerte independientes, y Abolfazl Sepahi, de 23, a tres condenas a muerte. Abolfazl fue finalmente ejecutado el 28 de julio en la misma zona. Alireza, sin embargo, sufri&oacute; un infarto horas antes de la ejecuci&oacute;n y fue trasladado al hospital, seg&uacute;n la informaci&oacute;n disponible en el momento de esta entrevista, su ejecuci&oacute;n segu&iacute;a pendiente. La madre de Alireza y la suegra de Abolfazl son la misma persona: una mujer que en este mismo caso fue condenada a cinco a&ntilde;os de prisi&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Un pueblo que ha pagado el precio de una generaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        En un informe que Iran Human Rights public&oacute; a finales de 2025, el ejemplo m&aacute;s documentado de este patr&oacute;n de clase tiene nombre propio: un peque&ntilde;o pueblo de la provincia de Lorest&aacute;n llamado Sartarahan-e Chah-Khereh. Esta aldea, con una poblaci&oacute;n de menos de 400 habitantes, ha visto c&oacute;mo entre 2010 y 2025 las autoridades han ejecutado a unas 70 personas, todas por delitos relacionados con drogas; y ahora otras 100, entre ellas tres mujeres, esperan en el corredor de la muerte. Iran Human Rights, mediante geolocalizaci&oacute;n y verificaci&oacute;n independiente, ha confirmado que en varias l&aacute;pidas del cementerio local se repiten los mismos apellidos, se&ntilde;al de familias que han perdido a m&aacute;s de un miembro, con apenas unos a&ntilde;os de diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Amiri-Moghaddam, al hablar de esta aldea, la considera un ejemplo de un patr&oacute;n nacional, no una excepci&oacute;n: &ldquo;Estas personas solo tienen su foto en el cementerio local; son personas verdaderamente marginadas&rdquo;. Seg&uacute;n &eacute;l, el objetivo principal de estas ejecuciones son los sectores m&aacute;s d&eacute;biles de la sociedad, precisamente porque el coste de ejecutarlos es el m&aacute;s bajo para el r&eacute;gimen: &ldquo;Nadie da la voz de alarma, no tienen redes que puedan, por ejemplo, lanzar una campa&ntilde;a para salvar a alguien. Ni siquiera tienen abogado tras la detenci&oacute;n&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una mujer iraní vestida con un chador negro sostiene un cartel del Líder Supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jameneí, en una imagen del 2 de abril de 2026. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Los datos del mismo informe muestran la dimensi&oacute;n real de este patr&oacute;n. Entre enero de 2010 y el 30 de noviembre de 2025, al menos 5.356 personas fueron ejecutadas en Ir&aacute;n por delitos relacionados con drogas. Es m&aacute;s de la mitad del total de ejecuciones de este periodo de 15 a&ntilde;os. Entre ellas hay 121 mujeres y al menos siete personas que ten&iacute;an menos de dieciocho a&ntilde;os en el momento del presunto delito.
    </p><p class="article-text">
        La minor&iacute;a baluchi representa solo entre el 2% y el 5% de la poblaci&oacute;n iran&iacute;. Pero ha concentrado, desde 2021, el 26% de estas ejecuciones. Solo en 2025, la cifra lleg&oacute; a 795 personas, un 58% m&aacute;s que el a&ntilde;o anterior. Y de todos estos casos, &uacute;nicamente el 2,4% fue anunciado oficialmente por las autoridades, frente a una tasa del 23,44% para el resto de tipos de ejecuci&oacute;n. Si la ejecuci&oacute;n pol&iacute;tica se lleva a cabo en la sombra, la relacionada con drogas permanece casi por completo en la oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Amiri-Moghaddam, con motivo de la publicaci&oacute;n de este mismo informe, dijo una frase que coincide directamente con la tesis central de este reportaje: &ldquo;Estas ejecuciones no forman parte de una guerra contra las drogas, sino que son una de las l&iacute;neas centrales de la guerra de la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica contra el pueblo iran&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Destaca, a partir de estos mismos casos, otro patr&oacute;n: el papel de algunos abogados de oficio en acelerar la ejecuci&oacute;n de la sentencia. Estos abogados, en lugar de defender a su cliente, presentan a veces la apelaci&oacute;n apenas un d&iacute;a despu&eacute;s de dictada la condena en un gesto que aparenta ayudar, pero que priva al cliente del plazo legal de veinte d&iacute;as para una apelaci&oacute;n real. Un grupo de abogados de derechos humanos dentro de Ir&aacute;n, en una carta abierta, calific&oacute; a estas personas de &ldquo;c&oacute;mplices&rdquo;. &ldquo;En la mayor&iacute;a de los casos no existe un proceso ni una defensa efectivos&rdquo;, dice Amiri-Moghaddam. &ldquo;La mayor&iacute;a de los casos se basan en confesiones obtenidas bajo presi&oacute;n&rdquo;. Habla de sus conversaciones con personas que confesaron bajo tortura; personas para quienes esa experiencia se hab&iacute;a vuelto tan habitual que ni siquiera se sorprend&iacute;an al describirla.
    </p><p class="article-text">
        Ehsan Afrashteh, ejecutado en agosto de 2026, ten&iacute;a inicialmente una condena de dos a&ntilde;os; despu&eacute;s se cambi&oacute; a pena de muerte. Su familia hab&iacute;a reunido dinero para pagar un pr&eacute;stamo que hab&iacute;a pedido su padre; los agentes llamaron a ese dinero &ldquo;dinero del Mosad&rdquo; d&aacute;ndolo a entender como parte de un supuesto pago del servicio de inteligencia israel&iacute; a Afrashteh y exigieron a la familia devolver esa misma cantidad al poder judicial. Mirza resume el patr&oacute;n: &ldquo;O son de clases desfavorecidas, o en los casos de espionaje caen con un poder aplastante sobre las familias&rdquo;. Dos caminos distintos hacia el mismo destino.
    </p><p class="article-text">
        La capa m&aacute;s peligrosa de este sistema es, quiz&aacute;, aquella en la que hasta la protesta contra la ejecuci&oacute;n se reprime. En dos m&oacute;dulos de la c&aacute;rcel central de Isfah&aacute;n, los presos hicieron huelga de hambre en protesta por la ejecuci&oacute;n programada de varias sentencias; pero, seg&uacute;n un informe de Iran Human Rights, &ldquo;tras las presiones y amenazas graves de las autoridades penitenciarias, los presos se vieron obligados a romper la huelga&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Deshumanizaci&oacute;n, incluso despu&eacute;s de la muerte</h2><p class="article-text">
        Hace unos 17 a&ntilde;os, en plena campa&ntilde;a electoral de 2009 y las protestas que la siguieron y fueron reprimidas, yo trabajaba en el diario Shargh. Uno de los directivos del peri&oacute;dico, que hab&iacute;a sido responsable de log&iacute;stica durante la guerra entre Ir&aacute;n e Irak y manten&iacute;a amplias relaciones dentro del r&eacute;gimen, nos cont&oacute; que ten&iacute;a un amigo que hab&iacute;a hablado con uno de los responsables de esa misma c&aacute;rcel de Gohardasht sobre los fusilamientos de opositores y el traslado de los cuerpos al cementerio de Khavaran. Amontonaban a los ejecutados en un cami&oacute;n sin cubierta, sin ninguna lona. Aquel amigo hab&iacute;a protestado, pidiendo al menos que pusieran una lona sobre los cad&aacute;veres al amanecer, cuando el cami&oacute;n cruzaba la ciudad y la gente podr&iacute;a ver aquella cantidad de cuerpos. El responsable de la c&aacute;rcel hab&iacute;a respondido: que la vean; &iquest;acaso alguien va a creer que tantos cad&aacute;veres acribillados van amontonados en un solo cami&oacute;n? Pensar&aacute;n que han tenido una pesadilla.
    </p><p class="article-text">
        Lo que en aquellos a&ntilde;os se hac&iacute;a con un cami&oacute;n sin cubierta tiene hoy otra forma, pero persigue el mismo fin: no solo matar, sino borrar. La Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica, al no dar informaci&oacute;n precisa sobre los ejecutados de hoy y al ocultar o da&ntilde;ar el lugar de su entierro, priva de facto a los manifestantes incluso despu&eacute;s de la muerte del derecho m&aacute;s b&aacute;sico al duelo. La Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica, con este ocultamiento, env&iacute;a un mensaje doble a los familiares, dice Mirza: no solo os hemos arrebatado a vuestro ser querido, sino que tambi&eacute;n os negamos el derecho a llorarlo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El coste político de las ejecuciones ha bajado para el régimen. Ahora mismo el Gobierno quiere alinear sus relaciones con Europa y conseguir concesiones. Es una gran oportunidad. El problema principal es que la ejecución se ha convertido casi en algo normal</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mahmood Amiri-Moghaddam</span>
                                        <span>—</span> director de Iran Human Rights
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En medio de esta gran oleada de ejecuciones, &iquest;c&oacute;mo se sienten Amiri-Moghaddam y sus colegas en la organizaci&oacute;n? Dice que la mayor&iacute;a de los activistas de derechos humanos que han seguido estos meses han sufrido traumas. Sus compa&ntilde;eros, cada d&iacute;a, a las seis de la ma&ntilde;ana hora de Ir&aacute;n, cuando la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica ejecuta las sentencias de muerte, sientes c&oacute;mo la angustia les recorre el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Ese agotamiento plantea, por s&iacute; solo, una pregunta seria: &iquest;de verdad es eficaz este nivel de represi&oacute;n? Mirza, al preguntarle lo mismo, bass su argumento en una experiencia ya vivida: la masacre de los manifestantes del movimiento Mujer, Vida, Libertad tampoco sirvi&oacute; como elemento disuasorio. Si lo hubiera sido, enero de 2025 no se habr&iacute;a repetido. Incluso hoy, cuando el r&eacute;gimen ejecut&oacute; en p&uacute;blico las sentencias del caso de la Plaza Alikhani, la propia Isfah&aacute;n fue escenario de una concentraci&oacute;n de protesta. Seg&uacute;n ella, esto demuestra que el sistema de terror puede retrasar la protesta, pero no puede eliminarla; sit&uacute;a la ra&iacute;z de este fracaso en un patr&oacute;n hist&oacute;rico m&aacute;s amplio: &ldquo;El poder judicial ha demostrado durante todos estos a&ntilde;os, sobre todo cuando se enfrenta a activistas pol&iacute;ticos serios, que dicta condenas de muerte con total facilidad. Creo que nos enfrentamos a una tradici&oacute;n pol&iacute;tica, en realidad criminal, por parte del poder judicial&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Una presi&oacute;n que antes daba resultado</h2><p class="article-text">
        La historia de la presi&oacute;n internacional sobre Ir&aacute;n demuestra que esta situaci&oacute;n no siempre ha quedado sin respuesta. Amiri-Moghaddam se remonta a 1998 como el a&ntilde;o en que, tras el atentado de Mikonos en Berl&iacute;n, la Uni&oacute;n Europea rompi&oacute; por completo relaciones con Ir&aacute;n. Con la llegada de Jatam&iacute; a la presidencia, comenz&oacute; un intento de reconstruir las relaciones, pero cuando se difundi&oacute; un v&iacute;deo de una lapidaci&oacute;n, Europa impuso nuevas condiciones. El caso de Sakineh Mohammadi Ashtiani, a&ntilde;os despu&eacute;s, atrajo tal atenci&oacute;n mundial y, a partir de entonces, las sentencias de lapidaci&oacute;n dejaron de anunciarse oficialmente.
    </p><p class="article-text">
        Pero hoy esa presi&oacute;n se ha reducido al silencio. Amiri-Moghaddam dice que desde el inicio de la guerra, la reacci&oacute;n de los gobiernos occidentales ha sido casi inexistente: &ldquo;El coste pol&iacute;tico de las ejecuciones ha bajado para el r&eacute;gimen&rdquo;. Insiste especialmente en un punto: la crisis actual es, al mismo tiempo, una oportunidad. &ldquo;Ahora mismo el Gobierno quiere alinear sus relaciones con Europa y conseguir concesiones. Es una gran oportunidad&rdquo;. Seg&uacute;n &eacute;l, si los pa&iacute;ses europeos convirtieran la suspensi&oacute;n o la reforma del proceso de ejecuciones en condici&oacute;n de cualquier negociaci&oacute;n, podr&iacute;a tener efecto: &ldquo;El problema principal es que la ejecuci&oacute;n se ha convertido casi en algo normal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Amiri-Moghaddam, al final de la conversaci&oacute;n, menciona algo que, m&aacute;s que cualquier estad&iacute;stica o expediente, revela la l&oacute;gica oculta de esta maquinaria: &ldquo;Creo que uno de los objetivos de esta represi&oacute;n y de estas ejecuciones es que la gente sienta que est&aacute; desamparada, que no puede hacer nada&rdquo;. Y a&ntilde;ade de inmediato: &ldquo;Pero en la pr&aacute;ctica hemos visto que no es as&iacute;; no estamos desamparados y precisamente por eso redoblamos nuestros esfuerzos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa misma c&aacute;rcel de Isfah&aacute;n donde ejecutaron a Erfan y Golmohammad, otras setenta personas siguen en el corredor de la muerte. Por cada una de ellas hay una familia que, alg&uacute;n d&iacute;a, desde la medianoche hasta las cinco de la madrugada, esperar&aacute; detr&aacute;s de esa misma puerta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hossein Zoghi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/funciona-maquinaria-ejecuciones-iran-gobierno-esconde-alcance_129_13513884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2026 20:31:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo funciona la maquinaria de ejecuciones en Irán y cómo el Gobierno esconde su alcance]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Pena de muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida en Irán al paso de la guerra: "He aprendido lo fácil que es que te borren del mundo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/vida-iran-paso-guerra-he-aprendido-facil-borren-mundo_1_13473548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7a79d55-87c2-45f4-a347-29b594cd87fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1602y687.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida en Irán al paso de la guerra: &quot;He aprendido lo fácil que es que te borren del mundo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la guerra, el alto el fuego y la duda sobre el desenlace final en el estrecho de Ormuz, el pueblo iraní sigue siendo el gran perdedor</p><p class="subtitle">La guerra fallida de Trump en Irán cumple medio año de improvisación y objetivos incumplidos</p></div><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la guerra, del acuerdo y de la duda sobre si el estrecho de Ormuz sigue abierto, en los apartamentos de <a href="https://www.eldiario.es/temas/iran/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ir&aacute;n</a> pasa otra cosa: una mujer en Rasht le cuenta los bocados de comida a su gato. Otra, en Teher&aacute;n, se despierta a las tres de la madrugada con el latido de su propio coraz&oacute;n. Un hombre en Karaj termina su jornada en una agencia de publicidad y sale de nuevo a la calle, esta vez al volante, para trabajar en una aplicaci&oacute;n de transporte. La guerra, en la vida cotidiana de los iran&iacute;es, no ha hecho m&aacute;s que empezar.
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a del pa&iacute;s entr&oacute; en crisis en cuanto Estados Unidos impuso un bloqueo naval sobre Ir&aacute;n, cortando buena parte de las exportaciones de petr&oacute;leo y las importaciones de las que depende la vida diaria, desde medicinas hasta pienso para el ganado. El r&eacute;gimen saca a sus partidarios a la calle a cantar victoria, pero la vida de la gente cuenta otra historia. Todo empez&oacute; con un alto el fuego temporal que, de hecho, beneficiaba a Teher&aacute;n: la guerra terminaba, <a href="https://www.eldiario.es/economia/reapertura-ormuz-tardara-llegar-bolsillo_1_13302331.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estrecho de Ormuz se reabr&iacute;a</a>, ca&iacute;an las sanciones petroleras. El sector m&aacute;s radical del r&eacute;gimen no lo acept&oacute;. Las amenazas y las violaciones del alto el fuego <a href="https://www.eldiario.es/economia/aumento-hostilidades-estrecho-ormuz-vuelve-restringir-comercio-petroleo_1_13442219.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llevaron a Washington a atacar de nuevo</a>, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/iran-impone-seis-requisitos-reabrir-ormuz-dice-no-negociara-eeuu-incumpla-acuerdo-paz_1_13436776.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">y el bloqueo volvi&oacute;</a>. Ir&aacute;n no est&aacute; ni en guerra ni en paz, y esa situaci&oacute;n puede virar en cualquier direcci&oacute;n; lo que ocurre dentro de las casas, sin embargo, no se va a arreglar pronto con ninguno de los dos escenarios.
    </p><h2 class="article-text">La vida se ha vuelto dif&iacute;cil</h2><p class="article-text">
        Es de noche en Karaj y todav&iacute;a hace calor. Pouya conduce despacio, pendiente de la pantalla del m&oacute;vil por si aparece un pr&oacute;ximo pasajero, conectado a Internet con los datos de su tarjeta SIM porque el wifi de su barrio lleva d&iacute;as fallando. Se pasa un pa&ntilde;uelo por la cara, una y otra vez. Tiene unos treinta a&ntilde;os, trabaja de d&iacute;a en una agencia de publicidad del norte de Teher&aacute;n, pero el sueldo no le llega, as&iacute; que por las noches conduce su propio coche hasta tarde. El a&ntilde;o pasado se mud&oacute; de Teher&aacute;n a Karaj: el alquiler de la capital ya no le sal&iacute;a a cuenta. Se despide deprisa, casi disculp&aacute;ndose, porque acaba de entrarle un aviso y ma&ntilde;ana, otra vez, tiene que estar en la oficina temprano.
    </p><p class="article-text">
        Shabnam vive en Rasht, en un apartamento de la plaza principal. Es escritora y traductora. Daba clases en la universidad hasta que la expulsaron &ldquo;por indecencia&rdquo;, por hablar de un poema pol&eacute;mico. Cuando hablamos, baja la voz: su marido tiene un taller de escritura en la habitaci&oacute;n de al lado y no quiere interrumpirlo. Cuenta que algunas noches todav&iacute;a se oyen, desde la calle, canciones &eacute;picas que celebran la guerra. 
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                    alt="Una mujer iraní camina con sus bolsas de la compra junto a una pancarta antiestadounidense, en Teherán, Irán, el 25 de agosto de 2026. "
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            <span class="title">
                Una mujer iraní camina con sus bolsas de la compra junto a una pancarta antiestadounidense, en Teherán, Irán, el 25 de agosto de 2026.                             </span>
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        Maede vive en Teher&aacute;n, entre paredes de un verde claro que contrasta con la inquietud de su voz. Es actriz de teatro, pero dej&oacute; los escenarios hace cinco a&ntilde;os para decir no al <em>hiyab</em> obligatorio y a la censura. Est&aacute; sin trabajo desde que empez&oacute; la guerra. Se despierta a las tres de la madrugada, no por explosiones &mdash;la guerra, al parecer, ya termin&oacute; en Teher&aacute;n&mdash;, sino por los latidos de su propio coraz&oacute;n: &ldquo;Como un p&aacute;jaro encadenado. Tengo que quedarme quieta y calmarlo, mientras me pregunto si de verdad ha terminado la guerra.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Tres personas, tres ciudades, un solo pa&iacute;s al que la guerra ha derribado, no en el frente, sino dentro de sus propias casas. Los tres mencionan, sin que nadie se lo pregunte, el mismo problema: los cortes de luz, que pueden durar horas y les desbaratan la rutina entera, incluidas estas mismas llamadas.
    </p><h2 class="article-text">Un golpe a la clase media</h2><p class="article-text">
        El colapso econ&oacute;mico nunca hab&iacute;a sido tan visible: desde el apag&oacute;n de Internet que impuso el Gobierno hasta el desempleo y la inflaci&oacute;n. Para Shabnam, la guerra empez&oacute; con ese apag&oacute;n. Su trabajo depend&iacute;a de clases en l&iacute;nea para alumnos dentro y fuera de Ir&aacute;n, pero ha perdido a casi todos los que ten&iacute;a en el extranjero: &ldquo;Los ingresos en d&oacute;lares se esfumaron.&rdquo; Pouya resume la econom&iacute;a con una f&oacute;rmula: &ldquo;El ingreso se qued&oacute; fijo y el gasto se triplic&oacute;. Los gastos se calculan en d&oacute;lares, pero el ingreso sigue en riales. Ya no hay ninguna relaci&oacute;n entre lo que entra y lo que sale.&rdquo; Ni siquiera el aire acondicionado del coche se lo puede permitir ya de forma continua: lo enciende solo cuando lleva pasajeros, porque gasta demasiada gasolina y le castiga el motor. Shabnam y su marido, que siempre lograban ahorrar algo, ya han empezado a gastar esos ahorros.
    </p><p class="article-text">
        A Maede, los meses de paro le han robado las peque&ntilde;as alegr&iacute;as que le daban forma a su vida: &ldquo;Ya no puedo comprar libros, no puedo pisar un teatro.&rdquo; Antes de la guerra, unos pocos millones de tomanes [un tom&aacute;n equivale a 10 riales iran&iacute;es] cubr&iacute;an lo esencial del mes; ahora esa misma cantidad &ldquo;apenas alcanza para imprimir un solo ejemplar de la historia de 120 p&aacute;ginas que he escrito sobre la guerra&rdquo;. Su madre le repite que deber&iacute;a estar agradecida: &ldquo;Habla de familias que conoce, con ni&ntilde;os que llevan meses sin probar la carne. Para muchos, lo &uacute;nico que pueden comprar es carcasa de pollo, la hierven para poner algo s&oacute;lido en el est&oacute;mago de sus hijos.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El ingreso se quedó fijo y el gasto se triplicó. Los gastos se calculan en dólares, pero el ingreso sigue en riales. Ya no hay ninguna relación entre lo que entra y lo que sale</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pouya </span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Rasht era, antes de la guerra, una de las ciudades m&aacute;s alegres de Ir&aacute;n, con su bazar bullicioso y sus fines de semana de cenas fuera. Ahora, dice Shabnam, salir a cenar casi ha desaparecido: &ldquo;Quiz&aacute;s una vez al mes.&rdquo; Lo mismo le pasa con Pishook, el gato callejero al que da de comer en su barrio, del que en cierto modo es la madre adoptiva: &ldquo;Cuando le sirvo la comida, me sorprendo pensando si le estoy dando demasiado. Le cuento los bocados.&rdquo; Se r&iacute;e al decirlo, entre incr&eacute;dula y resignada: encuentra algo grotesco, dice, en que hasta la comida de un gato se haya convertido en un c&aacute;lculo desesperado. 
    </p><p class="article-text">
        En un sem&aacute;foro, Pouya gira la c&aacute;mara del m&oacute;vil hacia una valla publicitaria que acaba de dejar atr&aacute;s: el eslogan es suyo, lo escribi&oacute; &eacute;l en la agencia y, por un segundo, su voz suena distinta, casi orgullosa, antes de volver a la lista de lo que ya no puede pagar &mdash;caf&eacute;, comer afuera, cafeter&iacute;as&mdash; y algo que deja ver hasta d&oacute;nde llega el colapso: &ldquo;O no consigo mi medicaci&oacute;n para la osteoporosis, o se ha vuelto muy dif&iacute;cil.&rdquo; Cuando alguien de treinta a&ntilde;os ya no puede permitirse un medicamento, la crisis ha llegado a la salud.
    </p><p class="article-text">
        La guerra y el bloqueo naval no han golpeado al r&eacute;gimen, sino a la clase media profesional: la misma que llen&oacute; las calles durante el movimiento Mujer, Vida, Libertad. Shabnam, Maede y Pouya pertenecen a esa clase, y ahora los tres se est&aacute;n quedando sin ahorros, han tenido que buscar un segundo trabajo o pasan hambre. Nada de lo que han perdido era un lujo: era la base de una vida normal.
    </p><h2 class="article-text">La unidad que no existe</h2><p class="article-text">
        El coste de la guerra no es solo econ&oacute;mico. &ldquo;Ha abierto una grieta profunda entre mis viejos amigos y yo&rdquo;, dice Maede. &ldquo;A algunos ya casi no los reconozco. El fuego de esta guerra ha quemado las alas de nuestras amistades y ha obligado a la gente a elegir un bando del que colgarse, como marionetas en un teatro violento.&rdquo; Dos semanas despu&eacute;s de que empezara la guerra, qued&oacute; con un hombre que llevaba tiempo dici&eacute;ndole que sent&iacute;a algo por ella. No pasaron ni diez minutos antes de que le gritara: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedes ser tan est&uacute;pida como para decirle que no a esta guerra?&rdquo; &ldquo;Ojal&aacute; hubiera podido desaparecer&rdquo;, dice ella.
    </p><p class="article-text">
        Shabnam, en Rasht, lo ha vivido de otra manera: &ldquo;Conozco, de lejos, a gente que apoya la guerra. Pero aqu&iacute; mismo he visto a gente que la disfrutaba, que sal&iacute;a a gritar por ella en la calle. La mayor&iacute;a eran partidarios del r&eacute;gimen.&rdquo; Pouya responde distinto: &ldquo;La guerra ha agotado a la gente, y la mayor&iacute;a no la apoya.&rdquo; En los &uacute;ltimos meses, algunos analistas han escrito que la guerra gener&oacute; unidad nacional. Shabnam, Maede y Pouya, con tres voces distintas, cuentan la misma verdad: esa unidad existe solo dentro de un peque&ntilde;o c&iacute;rculo de radicales. En la mesa que se encoge de Shabnam, en las amistades quemadas de Maede, en las noches al volante de Pouya, no hay m&aacute;s que fractura, o como mucho, un sufrimiento compartido.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Resiliencia, un sufrimiento en todos los frentes&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Me da n&aacute;useas o&iacute;r la palabra 'resiliencia'. No quiero aguantar esto cien a&ntilde;os m&aacute;s. No quiero aguantarlo&rdquo;, dice Shabnam. Encuentra algo grotesco en su propia situaci&oacute;n: lo tr&aacute;gico y lo absurdo, dice, se le han vuelto la misma cosa. Pouya lo diagnostica con m&aacute;s dureza: &ldquo;Resiliencia significa una austeridad que nunca elegimos. Significa sufrimiento en todos los frentes.&rdquo; Y sobre el relato oficial de la victoria: &ldquo;Son tonter&iacute;as, palabrer&iacute;a vac&iacute;a. Una victoria pagada a costa de la ruina de la gente.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Maede lo dice de un modo m&aacute;s doloroso: &ldquo;Despu&eacute;s de cien d&iacute;as sin Internet, me he curado de la idea ingenua de que la democracia es posible para todos. He aprendido lo f&aacute;cil que es que te borren del mundo. Cortaron los lazos entre nosotros. Sin empat&iacute;a, sin poder verte reflejada en la historia de otro, el futuro se vuelve un vac&iacute;o. Y en ese vac&iacute;o solo se avanza con obediencia ciega.&rdquo; Es, quiz&aacute;s, la herida m&aacute;s honda que ha dejado esta guerra: el derrumbe del sue&ntilde;o de la libertad. Una mujer que pas&oacute; cinco a&ntilde;os peleando contra el <em>hiyab</em> y la censura dice ahora que ha renunciado a la idea de una democracia para todos. No por el r&eacute;gimen. Por la guerra. Por el apag&oacute;n de Internet. Porque cortaron la empat&iacute;a misma.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">He visto a gente que disfrutaba la guerra, que salía a gritar por ella en la calle. La mayoría eran partidarios del régimen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Shabnam</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Analistas occidentales han se&ntilde;alado que la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica logr&oacute; encarecerle esta guerra al resto del mundo con armamento barato, pero la factura real, la de los drones y los misiles, la pagaron los apartamentos de Rasht, Teher&aacute;n y Karaj. La apuesta de esta guerra, para quienes la impulsaron en Occidente, era golpear duro al r&eacute;gimen y abrir as&iacute; un espacio para el cambio. En la pr&aacute;ctica golpe&oacute; las dos cosas a la vez: al r&eacute;gimen, que hoy acepta condiciones que antes rechazaba, y al camino hacia la liberaci&oacute;n, que se deshace entre las manos de Maede, Shabnam y Pouya.
    </p><h2 class="article-text">Huir o quedarse, protestar o callar</h2><p class="article-text">
        Por primera vez en su vida, Shabnam dice que ha pensado en irse de Ir&aacute;n: &ldquo;Si aqu&iacute; terminamos muri&eacute;ndonos de hambre, comiendo corteza de &aacute;rbol, &iquest;por d&oacute;nde podr&iacute;a huir? Quiz&aacute;s por tierra, cruzando el Kurdist&aacute;n iraqu&iacute;.&rdquo; Ella, que siempre dec&iacute;a que no se ir&iacute;a a ning&uacute;n precio, ahora piensa en cruzar la frontera a pie. Pero en el fondo no quiere irse: &ldquo;Todav&iacute;a no quiero emigrar del todo, con toda la basura que estamos viviendo aqu&iacute;.&rdquo; Su forma de protestar es civil: el pa&ntilde;uelo suelto al cuello, subido cuando aparece la polic&iacute;a de la moral, bajado otra vez cuando se marchan. Ni revoluci&oacute;n ni calle: la vida cotidiana convertida en un acto de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        Pouya est&aacute; en otro lugar. Sobre la protesta habla sin rodeos: &ldquo;Cuesta demasiado. Ya no estoy dispuesto a pagar ese precio, prefiero una vida tranquila. Particip&eacute; lo suficiente en las protestas de Mujer, Vida, Libertad, y lo que me queda es desilusi&oacute;n. No hay una esperanza real de cambiar el n&uacute;cleo de la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica con protestas pac&iacute;ficas.&rdquo; Su conclusi&oacute;n es clara: &ldquo;La emigraci&oacute;n me queda lejos. El silencio forzado es donde estoy ahora. La salud de mi familia y una vida m&aacute;s o menos digna, eso es todo lo que me importa.&rdquo; 
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                    alt="Vehículos pasan junto a una valla publicitaria antiestadounidense en la Plaza Enghelab, en el centro de Teherán, Irán, este domingo 9 de agosto de 2026. "
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                Vehículos pasan junto a una valla publicitaria antiestadounidense en la Plaza Enghelab, en el centro de Teherán, Irán, este domingo 9 de agosto de 2026.                             </span>
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        Maede est&aacute; estudiando para un examen de doctorado. Dice que leer es lo &uacute;nico que le queda para encontrar algo parecido a la calma. Es un gesto peque&ntilde;o, casi terco, en medio de todo lo dem&aacute;s: seguir prepar&aacute;ndose para un futuro que ella misma no sabe si llegar&aacute;. Termina con una pregunta propia: &ldquo;&iquest;No somos todos h<em>omo sacer</em>?&rdquo; &mdash;en referencia al fil&oacute;sofo Giorgio Agamben, y a esa figura que queda fuera de la protecci&oacute;n de la ley, a la que se puede matar sin que cuente como un crimen. Es su diagn&oacute;stico del Ir&aacute;n de hoy: alguien que, sencillamente, no se ve.
    </p><p class="article-text">
        La guerra sigue suspendida en el frente. En la vida cotidiana, no ha hecho m&aacute;s que empezar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota: los testimonios de este reportaje proceden de videollamadas por WhatsApp mantenidas a lo largo de varias semanas con las tres personas retratadas, quienes deb&iacute;an usar una VPN para poder acceder a la aplicaci&oacute;n, bloqueada en Ir&aacute;n. Sus nombres son reales; se han omitido otros datos identificativos por su seguridad.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hossein Zoghi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/vida-iran-paso-guerra-he-aprendido-facil-borren-mundo_1_13473548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 19:57:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida en Irán al paso de la guerra: "He aprendido lo fácil que es que te borren del mundo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Estados Unidos,Guerra en Irán,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Huchas con forma de granada y misiles en mi patio: he vivido todas las guerras en Irán, pero ahora estoy fuera y esta es la más difícil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/huchas-forma-granada-misiles-patio-he-vivido-guerras-iran-ahora-fuera-dificil_129_13029689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/578a2afb-4838-4b00-a170-1f1ebf620bb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Huchas con forma de granada y misiles en mi patio: he vivido todas las guerras en Irán, pero ahora estoy fuera y esta es la más difícil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista iraní y director de teatro Hossein Zoghi (Teherán, 1980) recuerda todas las guerras que ha sufrido en primera persona en Irán y cómo sigue la agresión actual desde el exilio tras su salida del país hace unos meses</p></div><p class="article-text">
        Este s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana, al leer la noticia del ataque de Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n, lo primero que me vino a la mente fue que, probablemente, el Gobierno cortar&iacute;a internet. R&aacute;pidamente le envi&eacute; un mensaje a un amigo que vive en mi casa en Ir&aacute;n. Todav&iacute;a ten&iacute;a conexi&oacute;n; me dijo que hab&iacute;a escuchado dos explosiones cerca de la casa y que los gatos, asustados, se hab&iacute;an escondido debajo de los sof&aacute;s. &Eacute;l tambi&eacute;n ten&iacute;a miedo. 
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, la comunicaci&oacute;n se cort&oacute;. Una vez m&aacute;s, el pueblo de Ir&aacute;n se enfrenta al corte de internet mientras padecen bajo las bombas y los misiles estadounidenses e israel&iacute;es.
    </p><p class="article-text">
        En estos momentos no puedo parar de pensar en cu&aacute;nta guerra y derramamiento de sangre hemos visto en Ir&aacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Invierno de 1987</h2><p class="article-text">
        Diciembre de 1987. Irak atac&oacute; Teher&aacute;n con sus aviones. Fue mi primer encuentro directo con la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Nac&iacute; justo cuando empez&oacute; la guerra entre Ir&aacute;n e Irak. Los primeros ocho a&ntilde;os de mi infancia los pas&eacute; en medio de la guerra. Aunque no tengo recuerdos del ataque de Saddam Hussein a Teher&aacute;n al comienzo de la guerra, recuerdo muy bien aquel maldito invierno sangriento.
    </p><p class="article-text">
        O&iacute;mos un ruido aterrador y las ventanas de la casa vibraron con violencia. Segu&iacute;amos las noticias de la guerra por televisi&oacute;n. En la escuela nos hablaban constantemente de la guerra, a la que el r&eacute;gimen llamaba &ldquo;Defensa Sagrada&rdquo;. Recuerdo que cada semana nos daban una hucha de pl&aacute;stico con forma de granada de mano y ten&iacute;amos que devolverla llena a la escuela la semana siguiente para enviarla a los combatientes. Tambi&eacute;n nos ped&iacute;an que escribi&eacute;ramos cartas a los soldados en el frente para decirles que pens&aacute;bamos en ellos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Imagen de jóvenes iraníes con las huchas de plástico con forma de granada."
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            <span class="title">
                Imagen de jóvenes iraníes con las huchas de plástico con forma de granada.                            </span>
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        Yo ten&iacute;a a varios familiares en la guerra. Uno de mis t&iacute;os, Essi, fue alcanzado por una bala en los primeros d&iacute;as del conflicto. El proyectil le dio en la nuca y tuvo suerte de que saliera. Estuvo meses hospitalizado en Teher&aacute;n y despu&eacute;s no pudo volver al frente, aunque todav&iacute;a hoy lidia con las secuelas. Uno de mis primos, Behrouz, que recuerdo que de ni&ntilde;o era muy inquieto y alegre, fue a la guerra y regres&oacute; con la mente destruida y perturbada. Hablo de Behrouz porque en el colegio yo escrib&iacute;a todas mis cartas dirigidas a &eacute;l y se las daba a mi madre para que las enviara. Hace unos a&ntilde;os supe que mi t&iacute;a a&uacute;n conserva esas cartas. Behrouz todav&iacute;a carga con los traumas psicol&oacute;gicos de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        El invierno del 87 fue el primer golpe directo de la guerra para m&iacute;. &iexcl;Un ni&ntilde;o de 8 a&ntilde;os! Un ni&ntilde;o que hab&iacute;a crecido con la imagen de la guerra y que ahora estaba a punto de ver tambi&eacute;n su miseria. Muchos huyeron de Teher&aacute;n; se refugiaron en diferentes ciudades y pueblos que probablemente eran seguros, pero nosotros nos quedamos. Mi padre era militar y ten&iacute;a que ir a trabajar todos los d&iacute;as y mi madre insist&iacute;a en que deb&iacute;amos quedarnos: &ldquo;&iexcl;Nuestra casa est&aacute; aqu&iacute;!&rdquo;. Mi madre siempre fue una mujer fuerte y lo sigue siendo. Les hablar&eacute; de ella.
    </p><p class="article-text">
        Pero dos meses despu&eacute;s, las cosas cambiaron. Ahora los misiles se lanzaban desde Irak hacia Teher&aacute;n. Lo recuerdo exactamente. Era uno de los &uacute;ltimos d&iacute;as de enero de 1988, al mediod&iacute;a. Ten&iacute;amos una casa antigua y grande, al estilo de la arquitectura tradicional iran&iacute;. Dos habitaciones frente al patio, un patio grande y el edificio principal. Yo estaba durmiendo en una de las habitaciones de abajo. Entre el sue&ntilde;o y la vigilia, de repente el mundo se puso patas arriba. Hubo un estruendo tan terrible que salt&eacute; y, del miedo, me orin&eacute; encima. Todos los cristales de la ventana bajo la cual dorm&iacute;a cayeron sobre m&iacute;. Luego o&iacute; el grito de mi madre, que entr&oacute; en la habitaci&oacute;n, me abraz&oacute; y corri&oacute; hacia el patio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aquellas granadas que nos daban como huchas eran la semilla de la guerra que hoy volvemos a sufrir. He vivido mis 45 años en Irán, he pasado por todas estas miserias, pero esta vez sigo las noticias lejos de mi país. Créanme, esta vez es mucho más difícil que nunca</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todos nosotros, mis hermanos y mi madre, est&aacute;bamos de pie en el patio mirando las ventanas rotas del edificio. En ese momento, el sonido violento de algo golpeando el suelo detr&aacute;s de nosotros nos hizo darnos la vuelta. &iexcl;Un gran trozo de metal rojo hab&iacute;a ca&iacute;do a pocos metros de nosotros, en el suelo de nuestro patio! Est&aacute;bamos paralizados por el miedo y el shock. No pod&iacute;amos respirar. Era un pedazo de un misil, quiz&aacute;s la parte trasera que se hab&iacute;a desprendido y hab&iacute;a aterrizado en nuestro patio. 
    </p><p class="article-text">
        Os hab&iacute;a dicho que tengo una madre valiente, pero ella tampoco pudo aguantar m&aacute;s. En ese mismo instante entr&oacute; corriendo en casa, recogi&oacute; todas las cosas, llam&oacute; a mi padre y le dijo que ten&iacute;amos que irnos de Teher&aacute;n. Vivimos durante unos meses en nuestro pueblo, en un lugar entre las monta&ntilde;as de Alborz llamado Taleghan. Cr&eacute;anme, &iexcl;la herida de aquel suceso a&uacute;n permanece en mi mente!
    </p><h2 class="article-text">Oto&ntilde;o de 2024</h2><p class="article-text">
        Viernes 25 de octubre. Una noche algo fr&iacute;a en Teher&aacute;n; el insomnio se apoder&oacute; de m&iacute;.  Le&iacute; un libro, jugu&eacute; con los gatos. Estuve despierto casi hasta las 4 de la ma&ntilde;ana del 26 de octubre. Por fin, me qued&eacute; dormido. Una hora despu&eacute;s o&iacute; varios estruendos fuertes. Pens&eacute; que tal vez era el sonido de los fuegos artificiales del Gobierno por alguna ocasi&oacute;n religiosa y me volv&iacute; a dormir. A las 6 de la ma&ntilde;ana me despert&oacute; el sonido constante de los mensajes en mi m&oacute;vil. Amigos desde fuera de Ir&aacute;n me preguntaban preocupados. Otros en Teher&aacute;n preguntaban si Mahsa y yo est&aacute;bamos bien. Encend&iacute; la televisi&oacute;n y me enter&eacute; de que Israel hab&iacute;a atacado Ir&aacute;n. El primer ataque se produjo a unas pocas calles de donde vivimos.
    </p><p class="article-text">
        Desde esa ma&ntilde;ana hasta 12 d&iacute;as despu&eacute;s, casi todos los d&iacute;as varias explosiones enormes hac&iacute;an temblar nuestra casa. Desde el atardecer en adelante, pod&iacute;amos o&iacute;r el sonido de las defensas a&eacute;reas y el extra&ntilde;o zumbido de los drones. Mahsa, los gatos y yo nos acostumbramos a los ruidos a partir del segundo d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Apenas sal&iacute;amos de casa, excepto para hacer la compra en el supermercado que estaba al lado. El Gobierno hab&iacute;a cortado internet y solo ve&iacute;amos la televisi&oacute;n. Dorm&iacute;amos casi por turnos para no perdernos ninguna noticia. 
    </p><p class="article-text">
        Pens&aacute;bamos que, hab&iacute;endo vivido ataques con cohetes y bombardeos en Teher&aacute;n podr&iacute;amos soportar este ataque. Pero cuando termin&oacute;, nuestra crisis emocional apenas comenzaba. Esta vez se abri&oacute; una herida profunda en nuestra psique. Creo que nunca olvidarmeos aquello.
    </p><h2 class="article-text">Invierno de 2026</h2><p class="article-text">
        Han pasado casi 50 d&iacute;as desde la matanza de manifestantes en las calles. &iquest;C&oacute;mo se puede olvidar esto? Una represi&oacute;n severa contra el pueblo. &iexcl;Incre&iacute;ble y brutal! Estamos como locos con la cabeza metida en el m&oacute;vil para revisar las noticias. Se ha convertido en una enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero este s&aacute;bado me despert&eacute; a las 7 de la ma&ntilde;ana y vi que Israel y Estados Unidos estaban atacado Ir&aacute;n. &iexcl;He perdido la cuenta de las heridas que hemos recibido! He le&iacute;do en las noticias que en Minab, una ciudad al sur de Ir&aacute;n, una escuela de ni&ntilde;as situada junto a una base naval de la Guardia Revolucionaria ha sido blanco de un ataque con decenas de menores asesinadas.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas granadas que nos daban como huchas eran la semilla de la guerra que hoy volvemos a sufrir. He vivido mis 45 a&ntilde;os en Ir&aacute;n, he pasado por todas estas miserias, pero esta vez sigo las noticias lejos de mi pa&iacute;s. Cr&eacute;anme, esta vez es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que nunca.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; traer&aacute; esta guerra para el pueblo de Ir&aacute;n, adem&aacute;s de destrucci&oacute;n? &iquest;Un cambio de r&eacute;gimen? &iexcl;Tal vez! Pero el pueblo indefenso de Ir&aacute;n vuelve a ser asesinado. &iexcl;Hace cincuenta d&iacute;as por la dictadura de la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica y esta vez por los misiles y bombas israel&iacute;es y estadounidenses! &iquest;Qu&eacute; culpa tiene el pueblo iran&iacute;? 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; esta vez? 
    </p><p class="article-text">
        Pienso en lo extra&ntilde;o que es que la mayor&iacute;a de mis recuerdos de la guerra est&eacute;n relacionados con las estaciones fr&iacute;as del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hossein Zoghi (Teher&aacute;n, 1980) es periodista y director de teatro iran&iacute;. Su trayectoria en diversos diarios ha estado marcada por la censura y la clausura de medios. En el &aacute;mbito esc&eacute;nico, destaca por su teatro pol&iacute;tico y clandestino, por el cual fue vetado en su pa&iacute;s. Actualmente reside en Catalu&ntilde;a como Artist at Risk (AR) and Nocallarem.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hossein Zoghi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/huchas-forma-granada-misiles-patio-he-vivido-guerras-iran-ahora-fuera-dificil_129_13029689.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 18:02:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Huchas con forma de granada y misiles en mi patio: he vivido todas las guerras en Irán, pero ahora estoy fuera y esta es la más difícil]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Estados Unidos,Israel]]></media:keywords>
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