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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Herráez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel-herraez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Herráez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La risa de Mazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/risa-mazon_129_13325679.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d50d733-6131-4577-a79a-cf1122c61153_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La risa de Mazón"></p><p class="article-text">
        La risa no es otra cosa que una respuesta de nuestro organismo a una situaci&oacute;n de estr&eacute;s, dado que, en esos veinte m&uacute;sculos que se activan en una risa mediana, se libera dopamina, seg&uacute;n los expertos. Le quitamos el tap&oacute;n al hinchable y se arruga nuestra tensi&oacute;n interna como un flotador de playa. Entramos en una fase de relajaci&oacute;n, quienes nos re&iacute;mos; nos sentimos bien porque en ese instante oxigenamos de un modo completo los pulmones, al desprender &iacute;ndices de cortisol, que es un tinte negativo, si no se controla, para nuestro d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Uno puede re&iacute;rse visionando, o revisionando, &ldquo;To Be or Not to Be&rdquo;, la pel&iacute;cula de Lubitsch. Siempre le descubro algo, m&aacute;s all&aacute; de los chistes encubiertos o expl&iacute;citos. S&eacute; que de ella se cuestion&oacute; un poco, solo un poco, la (hipot&eacute;tica) frivolizaci&oacute;n de la tragedia hitleriana, pero tambi&eacute;n sabemos que su fecha de producci&oacute;n es de 1942. Nos hall&aacute;bamos (bueno, yo todav&iacute;a no hab&iacute;a nacido) encima de esa locura y nos faltaba perspectiva. Re&iacute;rnos tambi&eacute;n con Woody Allen, con sus paranoias, sus constantes obsesiones por la muerte, el sexo y la hipocondr&iacute;a; o re&iacute;rnos de la situaci&oacute;n del paleont&oacute;logo David Huxley en el filme de Howard Hawks, con un Cary Grant y una Katharine Hepburn descomunales. &iquest;Cu&aacute;ntas veces habr&eacute; revisado esa pel&iacute;cula? De igual modo, y esto no es un recuento, voy soltando las referencias al azar, nunca me siento ajeno ante las escenas del extraordinario filme de Berlanga, &ldquo;Pl&aacute;cido&rdquo;, que carece de desperdicio: todo est&aacute; cosido en esa historia perfecta que supo reproducir nuestra Espa&ntilde;a de finales de los a&ntilde;os cincuenta: esa escalera, con cl&iacute;nica dental y academia de opositores incluidas, por donde hacen descender el cad&aacute;ver del pobre, pobre de verdad, que ha fallecido de un infarto de miocardio en esa Nochebuena g&eacute;lida; el motocarro con el protagonista y la estrella que se balancea; el sorteo de pobres merced a las ollas Cocinex; el urinario donde trabaja Emila; por ah&iacute; Gabino Quintanilla, el hijo de Quintanilla, el de la serrer&iacute;a, qu&eacute; s&eacute;. Todo, como digo.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones hay risas que invitan a re&iacute;r. Puede ocurrir en un acto p&uacute;blico. Un amigo se r&iacute;e y t&uacute;, sin saber de qu&eacute; se r&iacute;e, te r&iacute;es a la espera de que te explique el motivo de su risa. Porque la risa es contagiosa, es emp&aacute;tica, enerva gratamente, busca complicidad con su imitaci&oacute;n. Pero hay risas que asustan porque ignoramos qu&eacute; las provoca, o, peor a&uacute;n, quiz&aacute; sabiendo qu&eacute; las provoca. Esas son risas siniestras. Como la risa de Maz&oacute;n, cuando se le se&ntilde;ala en les Corts Valencianes, y ni siquiera hace un gesto de comprensi&oacute;n, se refugia en su tel&eacute;fono m&oacute;vil (en qu&eacute; quedamos, no dec&iacute;a, en alg&uacute;n momento, que &eacute;l no ten&iacute;a tel&eacute;fono m&oacute;vil), hace como que atiende una llamada importante pero le salta el exabrupto de la risa cuando alguien (Joan Baldov&iacute;, por ejemplo) le recuerda que la tragedia de la DANA se llev&oacute; la vida de m&aacute;s de doscientas personas en octubre de 2024. &iquest;De qu&eacute; se r&iacute;e? Lo cierto es que &eacute;l no se r&iacute;e, &eacute;l se carcajea, que es algo m&aacute;s intenso e insultante que la risa porque la carcajada pone en movimiento no veinte m&uacute;sculos, como la risa, sino cuatrocientos. Pero esa carcajada no tapa lo que le perseguir&aacute; siempre. De por vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/risa-mazon_129_13325679.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2026 09:37:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La risa de Mazón]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La garúa y eso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/garua_129_13476058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A ver: la lluvia siempre me ha atrapado. Lo confieso, debo de conservar en la memoria cromos&oacute;mica un puntito activado de cuando &eacute;ramos medusas o delfines. Y me encandila desde mucho antes de que la gente la echara de menos, como ocurre ahora. Cuando la gente dec&iacute;a &ldquo;hace buen tiempo&rdquo;, yo pensaba, suspirando, lo opuesto: para esa persona que lo soltaba asomada al balc&oacute;n o al salir del portal, se&ntilde;alaba buen tiempo como sinonimia de sol. Yo nunca lo sent&iacute; as&iacute;. Buen tiempo era lluvia. Si se quiere, lluvia moderada, incluso esa que parece que flota ingr&aacute;vida, pero tambi&eacute;n lluvia desencadenada e intensa. De esta tambi&eacute;n era y soy fan. A distancia, por favor, de una DANA. Eso es una tragedia sin posibles v&iacute;nculos con la est&eacute;tica. Lo m&iacute;o es la lluvia que golpea el cap&oacute; de los coches, repiquetea en las marquesinas de los comercios y en las calzadas, avanza hasta los alcorques y los arbellones: un camarero agita un escob&oacute;n en la tripa de un toldo y se aleja de puntillas evitando que lo salpique o lo remoje. Desciende la lluvia en las aceras, esa lluvia que te despierta y te sorprende en la cama, tamborilea en el cristal de la ventana con un ronroneo mon&oacute;tono. 
    </p><p class="article-text">
        En los episodios de lluvia de los c&oacute;mics de los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado las gotas eran redondeadas con un piquito en el extremo superior. Igual que una l&aacute;grima. Eran lagrimadas, y no eran esf&eacute;ricas en su fisonom&iacute;a, como lo son en realidad, seg&uacute;n expertos. En el dibujo de las vi&ntilde;etas del tebeo se distingu&iacute;a a la perfecci&oacute;n el contorno de la masa de l&iacute;quido (la gota) con el v&eacute;rtice de arriba, igual que una d&oacute;cil uve, y chocaba en las cabezas de los personajes que aparec&iacute;an corriendo y cubri&eacute;ndose con las manos o con los paraguas, buscando protecci&oacute;n en los aleros de los edificios. Hoy, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, los f&iacute;sicos han concluido que eso era un error de base, ya que una l&aacute;grima y una gota de agua no poseen la misma apariencia, no son equiparables en su morfolog&iacute;a, pues la gota de lluvia no es ovalada ni esf&eacute;rica sino, m&aacute;s bien, es de configuraci&oacute;n plana. Me he informado, acabo de hacerlo en Google.
    </p><p class="article-text">
        He le&iacute;do y visionado algo m&aacute;s de &iquest;un centenar? de escenas de lluvia en novelas y en filmes, y una me asalta ahora, la de una pel&iacute;cula autobiogr&aacute;fica, menor si la comparamos, por ejemplo, con la ic&oacute;nica &ldquo;Breakfast at Tiffany&acute;s&rdquo; de Edwards, me refiero a una de Paul Mazursky y que no he revisado en m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Pero la recuerdo. La recuerdo porque s&eacute; que los protagonistas tienen un encuentro bajo la lluvia en una escena concreta, una lluvia que se impone a mares, se desliza por canalones y rellena imbornales de la ciudad, los satura. &ldquo;Next Stop, Greenwich Village&rdquo;, cuya trama se localiza a principios de los a&ntilde;os cincuenta, era adem&aacute;s la pel&iacute;cula apropiada para alguien que en el tardofranquismo ansiaba vivir precisamente en una pel&iacute;cula, en esa pel&iacute;cula, rodeado de esa gente bohemia, donde uno de los personajes, por cierto, amenazaba a diario (el personaje interpretado por Antonio Fargas) con suicidarse. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en este verano demoledor, en estos d&iacute;as repletos de temperaturas que han elevado la rayita del term&oacute;metro m&aacute;s all&aacute; de los cuarenta grados y de aquellos cuarenta y cinco que nos suger&iacute;a de un modo apocal&iacute;ptico, hiperb&oacute;lico, la ciencia ficci&oacute;n, con desatados incendios ac&aacute; y all&aacute;, terremotos, con los amenazados lagos glaciares, con el Rin y el Danubio bajo m&iacute;nimos que dejan al descubierto huesos de mamut de hace tres mil o cuatro mil a&ntilde;os y artefactos oxidados de la segunda guerra mundial, los parterres del Hyde Park amarillos y casas flotantes en los Pa&iacute;ses Bajos que ya no flotan porque recalan en el lecho de los canales por falta de agua, me ha llegado este empuj&oacute;n de nostalgias: el recuerdo de la gar&uacute;a a partir de la silueta de una gota, a partir de la fisonom&iacute;a de una gota, los matices de aspecto entre una l&aacute;grima, pura secreci&oacute;n de agua, enzimas y potasio, entre otros componentes, y una gota de lluvia, que contiene di&oacute;xido de nitr&oacute;geno y de azufre, y que es algo que baja del cielo y se estampa contra el pavimento y en su mismo y s&uacute;bito revent&oacute;n se desintegra, aquella gota lagrimada que no lo era. Esa nostalgia por aquellos a&ntilde;os en los que la lluvia no era una rareza, esa nostalgia quiz&aacute; tambi&eacute;n por ese aspirante a escritor que buscaba en Capsa 13, Cervecer&iacute;a Madrid, en El Forn o en Christopher Lee, en un reducido y atractivo per&iacute;metro de Val&egrave;ncia, lo que ofrec&iacute;a a seis mil kil&oacute;metros de distancia aquel distrito de Manhattan a los personajes de la pel&iacute;cula de Mazursky.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/garua_129_13476058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 08:33:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La garúa y eso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De mensajes y relecturas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/mensajes-relecturas_129_13381585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Como a todo el mundo, o a casi todo, tampoco se trata de parecer un radical, hay pel&iacute;culas que no me canso de revisar. Puedo visionarlas una y otra vez y otra m&aacute;s, y nunca pierden -al contrario, ganan- un &aacute;pice de inter&eacute;s. No todas las personas, y conozco muchas, est&aacute;n dispuestas a regresar sobre filmes o en torno a libros o revisitar sitios, quiz&aacute; porque interiorizan su tiempo vital en t&eacute;rminos de producci&oacute;n, de mercantilizaci&oacute;n, y la pel&iacute;cula vista ya est&aacute; vista, el libro ya le&iacute;do no admite relectura, est&aacute; le&iacute;do, y volver a Par&iacute;s no merece la pena si ya se ha estado en dos ocasiones (&iexcl;en dos ocasiones!), habiendo por descubrir o depredar tanto filme, libro y ciudad en esta Tierra que flota y flota perdida entre los 400 mil millones de sistemas planetarios, con sus agujeros negros y estrellas novas y pasillos intergal&aacute;cticos, que se supone existen. 
    </p><p class="article-text">
        Julio Cort&aacute;zar es un escritor para releer. Yo, al menos, lo releo. Me ocurre por voluntad propia o porque me llegan mensajes v&iacute;a internet que me ayudan, digamos que me empujan, a que vuelva a &eacute;l.  Me acuerdo de un invitante correo electr&oacute;nico que recib&iacute; meses atr&aacute;s desde la Argentina firmado por Alberto J. Bonati Salduna. De nada nos conoc&iacute;amos ni conocemos. Mi interlocutor hab&iacute;a le&iacute;do all&aacute; en su lejana provincia un libro m&iacute;o (perd&oacute;n por la referencia) sobre Cort&aacute;zar y se prestaba amablemente a facilitarme datos de cuando el escritor anduvo por San Carlos de Bol&iacute;var como docente. Cort&aacute;zar ejerci&oacute; la docencia en colegios de Bol&iacute;var y de Chivilcoy y, en grado universitario, en la UNC de Mendoza. Luego regres&oacute; a Buenos Aires y desde este, en 1951, salt&oacute; a Europa hasta su muerte. Cort&aacute;zar tuvo un nacimiento europeo, ya que naci&oacute; en B&eacute;lgica, y una muerte igualmente europea, dado que falleci&oacute; en Francia tras vivir en esta treinta y tres a&ntilde;os, si bien, es obvio, es un escritor argentino, alguien que siempre se sinti&oacute; argentino. Por cierto, &iquest;d&oacute;nde cabe aqu&iacute; la porquer&iacute;a esa del lugar de origen y la nacionalidad cruzada, el chip genuino de lo nacional, que ventea el reaccionarismo m&aacute;s cavern&iacute;cola? Siempre es grato recibir este tipo de mensajes de alguien, como el que se&ntilde;alo de Alberto J., alguien del que hasta su recepci&oacute;n no sabes que existe y ha lanzado ese mensaje como si fuese una botella prendida por el gollete, le ha dado el impulso hacia el ciberespacio, y la misiva ha alcanzado su destino, inicialmente dudoso, mi modesto buz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Con bastante an&aacute;rquica periodicidad en los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os me ha llegado uno de esos mensajes, otro y luego dos m&aacute;s seguidos, despu&eacute;s pasan algunos meses de silencio, y ninguno, hasta que el tema remonta y el propio ciclo se recicla y el azar (ese azar cortazariano) logra concentrar de nuevo dos o tres, de Santiago de Chile, de Bilbao, de Ushuaia, de Murcia, en mi caj&oacute;n virtual. Este de Alberto J. es conmovedor por su an&eacute;cdota menor pero sugestiva. Me habla de sus padres, Blanca y Alberto A. Ambos, reci&eacute;n casados (a&ntilde;os treinta del siglo pasado), coincidieron con Cort&aacute;zar en la pensi&oacute;n La Vizca&iacute;na, en aquel lugar en el centro norte de la provincia bonaerense y a nueve horas en tren desde la capital federal. Me cuenta, adem&aacute;s de adjuntarme fotograf&iacute;as, c&oacute;mo los tres, sus padres y Cort&aacute;zar, idearon un sistema para conseguir el planchado diario de los trajes del escritor, quien carec&iacute;a de plancha. Pactaron que, cuando sus padres se iban al trabajo a primera hora de la ma&ntilde;ana, en la victrola har&iacute;an sonar un determinado tango (las habitaciones eran contiguas), con lo que Cort&aacute;zar pod&iacute;a pasar y tomar la citada plancha. Hasta entonces, hasta ese acuerdo, Cort&aacute;zar antes de acostarse introduc&iacute;a cada d&iacute;a su traje y camisas entre el somier y el colch&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Estos mensajes con la Argentina de fondo siempre me revuelven por dentro, es una sensaci&oacute;n agridulce recordar esa Argentina y a ese Cort&aacute;zar y ese tiempo ya superado, me producen una mezcla de tristeza y afecto dif&iacute;cil de describir. Porque yo experimento tristeza y afecto, aut&eacute;ntica melancol&iacute;a, por la Argentina, por ese pa&iacute;s hoy maltratado por Javier Milei con sus privatizaciones, un Milei que anda desteji&eacute;ndolo fibra a fibra. Se me ocurre que lo que practica Milei es una relectura, en este caso de Carlos Menem y su Ley de Reforma del Estado, esa estrategia por la que el pa&iacute;s perdi&oacute; en los a&ntilde;os 90 el dominio en &aacute;reas esenciales como la de los ferrocarriles, el sector petrolero y gas&iacute;stico, las aerol&iacute;neas, la energ&iacute;a el&eacute;ctrica, el Correo nacional, qu&eacute; s&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; Milei no lee (no escribo relee, ojo) a Julio Cort&aacute;zar y aprende un poco a amar a su pa&iacute;s y no a esquilmarlo? Ojal&aacute; en diciembre del 27, fin del mandato institucional, Milei y su tropa sean no un mal sue&ntilde;o, en todo caso kafkiano, sino una pesadilla superada. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/mensajes-relecturas_129_13381585.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 09:27:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De mensajes y relecturas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se comenta por ahí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/comenta_129_13361705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Me cruzo con un vecino que se dirige, algo somnoliento, a no s&eacute; d&oacute;nde, y le comento en el ascensor, qu&eacute; piensa al respecto. Entonces se despabila. Me cruzo tambi&eacute;n con el conserje, que limpia con la mopa el portal, y le comento de pasada, como sin venir a cuento pero aprovechando que hace un receso y se pasa un pa&ntilde;uelo por la frente, qu&eacute; piensa sobre eso. En la panader&iacute;a de la esquina - donde he entrado a comprar un cruas&aacute;n- escucho a dos personas que comentan y se les une, terciando, la dependienta: ahora yo solo escucho, soy un observador pasivo, como manten&iacute;a Guy de Maupassant que hay que serlo para poder luego escribir, pero s&eacute; qu&eacute; comentan. Est&aacute;n en ello. En una oficina bancaria, me doy de bruces, al intentar reintegrarme unos billetes del cajero autom&aacute;tico, con un antiguo amigo; charlamos, pero enseguida le voy a comentar pero &eacute;l se me adelanta, me interrumpe, y es &eacute;l quien me comenta, me lo comenta. Todo el d&iacute;a he seguido oyendo de lejos y de cerca comentarios. Todo el d&iacute;a se podr&iacute;a sustanciar en un solo macrocomentario en torno a lo mismo. Es el mismo comentario. Un comentario tautol&oacute;gico, podr&iacute;amos sugerir. Que si en el trabajo, que en el garaje, que al tomar un capuchino en una cafeter&iacute;a del centro. En una librer&iacute;a (cliente y vendedor, yo escuchaba agazapado tras un volumen de E. F. Benson), en el supermercado, lo he comentado tambi&eacute;n con el taxista que me llevaba a coger el AVE. No ha dejado de rajar con su comentario. &iquest;Lo comentaba tambi&eacute;n el runr&uacute;n de la radio? En el tren he continuado captando el hilo de comentarios, dos se&ntilde;oras detr&aacute;s de m&iacute;, un joven comentando por el m&oacute;vil y un tipo que monologaba con otro, quien afirmaba con movimientos de cabeza. El comentario es gen&eacute;rico, c&oacute;mo es posible que eso ocurra. &iquest;C&oacute;mo?
    </p><p class="article-text">
        Hoy, los comentarios entre los que me he visto alcanzado, igual que en una enorme telara&ntilde;a, iban m&aacute;s all&aacute; de las telara&ntilde;as habituales que minuto a minuto nos entrampa a diario la coyuntura pol&iacute;tica y judicial de este bendito pa&iacute;s. Son comentarios que, la verdad, cada a&ntilde;o por estas fechas, coincidente con la declaraci&oacute;n de la renta, se reciclan, var&iacute;an un &aacute;pice, aparecen en la prensa, y la ciudadan&iacute;a, la aut&eacute;ntica, la que curra y se las ve en crudo para llegar a final de mes y abonar el alquiler de la vivienda, agita la esperanza de que la cosa, esa cosa (lo que se comenta), desaparezca finalmente, deje de ser noticia vergonzosa, ya que es una aut&eacute;ntica verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; comentarios son? Imposible no haber desencriptado a estas alturas, si alguien ha resistido hasta este tramo del texto, el enigma. Es muy f&aacute;cil. Hablo de los morosos con la Hacienda P&uacute;blica, esos listos de la lista, hablo de esos 5.853 morosos, sean empresas o personas f&iacute;sicas, y la deuda que arrastran y que nos afecta a todos de 15.432 millones de euros. Gente del postureo social, desde exfutbolistas y exbanqueros, tonadilleras, actrices, presentadores de televisi&oacute;n, gente que se pasea por las publicaciones de papel cuch&eacute; y por los medios y conducen coches de alta gama y lucen hogares de lujo, hablo de morosos cr&oacute;nicos que viven sin importarles en qu&eacute; d&iacute;a del mes est&aacute;n. Ellos, y son tantos que no caben en estas apenas seiscientas palabras de la columna, son los &uacute;nicos que no comentan absolutamente nada de nada sobre el tema, para qu&eacute;. Me viene al dedo una de las novelas de Concha Al&oacute;s, que le&iacute; hace un mill&oacute;n de a&ntilde;os pero cuya cita conserva su vigencia: &ldquo;Somos enanos rodeados de enanos, y los gigantes se esconden para re&iacute;rse&rdquo;. Adivinen qui&eacute;nes son los enanos y qui&eacute;nes los gigantes que se desternillan, aunque estos ya no se esconden.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/comenta_129_13361705.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 09:32:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Se comenta por ahí]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bumerán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/bumeran_129_13271543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aquella polic&iacute;a era visible, sus cascos y sus porras, por detr&aacute;s de los laureles y los setos de cipr&eacute;s y boj del Paseo de Valencia al Mar, que luego fue Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez ya en la Transici&oacute;n, y que simplific&aacute;bamos como Paseo al Mar. &nbsp;La diosa Minerva presente, entonces y ahora. Llegabas por la ma&ntilde;ana a la facultad, los ve&iacute;as (a los grises) descansando como garzas sobre una de las dos piernas, pertrechados de cabeza a pies con material antidisturbios, y en diagonal tambi&eacute;n descubr&iacute;as los land rovers, en doble fila con m&aacute;s de ellos fumando y charlando, cumpliendo su rutinaria jornada de trabajo. Recuerdo, quiero recordar ahora, esa fijaci&oacute;n en pleno invierno, quiz&aacute; porque as&iacute; se potencia m&aacute;s el blanco y negro y el grano de la foto, eso le da un toque de tiempo pasado filtrado en sepia. Esa era la mala polic&iacute;a: en realidad la que tocaba, porque era la polic&iacute;a de Franco. No, desde esos par&aacute;metros, pod&iacute;a actuar de otra manera. Ah&iacute; estaban, siempre, todos la descubr&iacute;amos cuando, somnolientos, atraves&aacute;bamos con libros en el macuto de pana el hall, aquel espacio en el que se pod&iacute;a respirar, para acudir a Lengua Cl&aacute;sica o Historia de la Espa&ntilde;a Moderna y Contempor&aacute;nea. El terror quedaba fuera. Hablo de lo que s&eacute;, de los principios de los a&ntilde;os setenta. Cincuenta a&ntilde;os. Medio siglo. Antes era peor.
    </p><p class="article-text">
        Hoy y ayer y anteayer y la semana pasada, he recuperado sensaciones de vuelta atr&aacute;s, ese bumer&aacute;n que me (nos) retrotrae a escenarios que ya cre&iacute;amos m&aacute;s que superados. Me refiero, claro, al recibimiento en Bilbao de los integrantes de la flotilla por parte de la Ertzaintza, una Ertzaintza desatada, que tanto nos ha remitido al ICE trumpista; y al suceso de la docente agredida con sa&ntilde;a, por la espalda, en Val&egrave;ncia (puntos de sutura en barbilla y tabique nasal afectado, m&aacute;s el l&oacute;gico impacto mental en la v&iacute;ctima) por un polic&iacute;a nacional que no merece ese uniforme que viste y que le presta la sociedad. Ese uniforme que ya no es gris.
    </p><p class="article-text">
        En lo de Bilbao, el consejero vasco de Seguridad ha argumentado no s&eacute; qu&eacute; vaguedades bizantinas para justificar lo injustificable en un sistema democr&aacute;tico: el apaleamiento de una persona sin que esta haya provocado ese caos vergonzoso entre familiares, activistas y gente de paso. &iquest;La gente por el suelo, las porras en alto? Gritos y confusi&oacute;n. Al ver en principio las noticias pens&eacute; en un atentado terrorista. Algo muy grave.
    </p><p class="article-text">
        En lo de Val&egrave;ncia, ya viralizado por toda Espa&ntilde;a y parte del extranjero, ignoro hasta d&oacute;nde, pero me consta que al menos hasta la C&oacute;rdoba austral, que dista a m&aacute;s de diez mil kil&oacute;metros, ese agente de la ley, o lo que sea (en todo caso, un mal polic&iacute;a), se ha cubierto de gloria y ha derramado la misma a toda la polic&iacute;a nacional en su conjunto, especialmente a esos dos sindicatos de polic&iacute;as que, de un modo inmediato e irracional (lo normal es que hubieran reflexionado un poco), han expresado por puro corporativismo su apoyo al de la porra implicado, con un a&ntilde;adido chulesco a la delegada del Gobierno en Val&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Nada, pero nada, puede justificar esas actuaciones que huelen a idearios preconstitucionales. Uno quiere pensar, y lo pienso, que son casos aislados, que la gran mayor&iacute;a de esos funcionarios del orden act&uacute;a seg&uacute;n patrones democr&aacute;ticos, por eso es preciso que se adopten medidas m&aacute;s all&aacute; de una simple amonestaci&oacute;n ante aquel que todav&iacute;a no se ha enterado de que el derecho a manifestarse y expresarse pac&iacute;ficamente es algo amparado por la constituci&oacute;n del 78, a no ser que ese alguien pertenezca a aquellos d&iacute;as, aquellos a&ntilde;os (m&aacute;s de cincuenta, medio siglo), en los que solo al abandonar el Paseo al Mar y subir los pelda&ntilde;os de la facultad te sent&iacute;as a salvo, protegido en aquel hall, donde el temor solo se divisaba a lo lejos, a trav&eacute;s de los ventanales, dentro se condensaba el saber.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/bumeran_129_13271543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 10:01:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El bumerán]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ruidos en la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/ruidos-ciudad_129_13246224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff7448d7-36f3-497e-98fe-ac6c3b4ef954_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ruidos en la ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay ruidos políticos, vecinales, judiciales, artísticos, amatorios, deportivos y escatológicos. Seguro que hay más, no quiero ser exhaustivo</p></div><p class="article-text">
        La cosa pretende centrarse en el ruido, y me he informado al respecto. No solo hay ruidos estructurales o aleatorios y a&eacute;reos, los hay tambi&eacute;n asignados a determinados colores: blanco, rosa, marr&oacute;n e incluso violeta y gris. Mi preferido es el gris, me suena po&eacute;ticamente a invierno, que es mi estaci&oacute;n favorita. Sean dom&eacute;sticos o ajenos, no importa, todos se inscriben en esa escala de densidades espectrales. Son esos ruidos que nos envuelven y de los que no podemos protegernos por mucho que lo deseemos porque los ruidos nacen con vocaci&oacute;n genocida, como Hern&aacute;n Cort&eacute;s, y nos colonizan. Pero intuyo, y voy a ser fuerte en el intento por evitarlo, que el asunto este de los ruidos se va torciendo conforme la columna crece, cristaliza, debido a la cantidad de noticiables que nos rodean por hora, qu&eacute; digo, por minuto, tantas noticias como agujeros presenta una porci&oacute;n de queso emmental: ya aprend&iacute; hace tiempo lo del gruy&egrave;re. Huelga de docentes, Trump y su narcisismo destructivo, Netanyahu y sus cr&iacute;menes, los miles de iran&iacute;es ejecutados por el r&eacute;gimen de los ayatol&aacute;s, Shakira y la devoluci&oacute;n de sesenta millones, los falsos periodistas ya sin credenciales en el Congreso, el brote de &eacute;bola y la OMS, la detenci&oacute;n de Jonathan Andic por la muerte de su padre, los 500.000 euros de multa impuesta a los futbolistas peleones, el calor que ya asoma. Y me paro.
    </p><p class="article-text">
        Hay ruidos pol&iacute;ticos, vecinales, judiciales, art&iacute;sticos, amatorios, deportivos y escatol&oacute;gicos. Seguro que hay m&aacute;s, no quiero ser exhaustivo. En ocasiones esos ruidos se entrecruzan y se complementan, como ocurre a veces con el ruido judicial y el escatol&oacute;gico. Esta combinaci&oacute;n es insoportable.
    </p><p class="article-text">
        Voy a ser concreto. &iquest;No hab&iacute;amos superado a&ntilde;os atr&aacute;s la tralla del escape abierto a cien decibelios de las motocicletas en nuestras calles? Volvemos a escucharlos. &iquest;No se prohibi&oacute; prender pirotecnia en esta ciudad, fundaba precisamente, ay, en el ruido, a la puerta de una iglesia tras una boda? Ha reaparecido. Escuchamos, no o&iacute;mos, la musiquilla hortera o no hortera, pero que no tenemos por qu&eacute; trag&aacute;rnosla, que nos lanzan los coches con las ventanillas bajadas. Camino por Col&oacute;n y escucho, asalt&aacute;ndome, veinte conversaciones que no van conmigo; la de dos mujeres que andan a diez pasos de m&iacute;, unos siete metros, una le relata a la otra sobre su yerno que es un antip&aacute;tico y un ro&ntilde;oso porque nunca lleva pastelillos a casa los domingos. Me llega tambi&eacute;n el taladro del tipo que habla a gritos con alguien por su m&oacute;vil y me entero de que le ha salido un for&uacute;nculo en el cuello, a la altura de la glotis. Lo miro (al tipo) por el rabillo del ojo en el paso de peatones, ambos codo con codo, y contin&uacute;a dale que dale con c&oacute;mo se unta el ung&uuml;ento y que ya cree que cicatriza, que le sale corteza a la p&uacute;stula. Aun hall&aacute;ndose a un palmo de mi cara, no se digna bajar el tono, por lo que hasta que cambia el sem&aacute;foro a verde todav&iacute;a me entero qu&eacute; pel&iacute;cula pusieron el &uacute;ltimo s&aacute;bado en el programa de televisi&oacute;n, la p&uacute;blica, Cine de Barrio. Vuelvo a mirar con disimulo (no puedo evitarlo y le busco el for&uacute;nculo, ahora s&iacute;) y pienso unos segundos en lo que acaba de decirle al otro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cine de Barrio? S&eacute; que con esto se me tuerce definitivamente la columna. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo Cine de Barrio? &iquest;Pero cu&aacute;ndo se va a enterar este progresista Ministerio de Cultura de que esa emisi&oacute;n semanal afianza el machismo y la reacci&oacute;n, heredados del franquismo, de la mano reiterada (todas las semanas est&aacute;n ah&iacute;, repiti&eacute;ndose los t&iacute;tulos de los filmes, uno tras otro) de Mart&iacute;nez Soria o Manolo Escobar o Lina Morgan? Debe reconsiderarse esa opci&oacute;n por muy (y mucho) cine espa&ntilde;ol que sea. Bien est&aacute; que haya un ciclo para saber qu&eacute; perfil de discurso cinematogr&aacute;fico nos gast&aacute;bamos en los a&ntilde;os sesenta y setenta, pero ya vale, &iquest;no? Y ya puestos a pedir, apoyo que se suprima, que se modifique, de las pasteler&iacute;as de una vez por todas, por favor, la expresi&oacute;n brazo de gitano por otro t&eacute;rmino. Quiz&aacute; por la palabra bizcocho, o como quieran nominalizar ese postre los profesionales de la reposter&iacute;a. Ah&iacute; no entro. Mantener entre nosotros eso que suena a residuo antropof&aacute;gico y supremacista tambi&eacute;n hace un ruido ensordecedor, un ruido dif&iacute;cil de clasificar en esa paleta de colores que dise&ntilde;a la ingenier&iacute;a ac&uacute;stica. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/ruidos-ciudad_129_13246224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 11:18:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ruidos en la ciudad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las orejas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/orejas_129_13173386.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Me parece siniestro, tan primitivo y elemental, eso de que el torero, con una chuler&iacute;a at&aacute;vica, alce las manos al final de una corrida con sendas orejas de un toro en cada una de ellas. He visto una foto de esas a ra&iacute;z de la cogida del torero Morante de la Puebla. A m&iacute;, m&aacute;s que una heroicidad, eso se me antoja de una cutrez sin fondo. &iquest;C&oacute;mo no le produce arcadas, all&iacute; mismo, con eso que llaman en plan ostentoso el traje de luces manchado de sangre, mostrar esos trozos de carne cercenados de su due&ntilde;o natural, un animal que nada ha hecho para merecer ese castigo mortal, que es un herb&iacute;voro y que lo que pretend&iacute;a media hora antes, en su ansiedad, no era m&aacute;s que intentar huir del ruedo? La verdad es que es tan viejo este viejo debate que aburre, si no fuese porque hablamos de crueldad gratuita y diversi&oacute;n a costa de la vida de un ser vivo. Por eso hay que insistir e insistir.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica esperanza, para quienes nos hallamos a este lado de la denuncia del maltrato animal, radica en que vamos ganando la partida y que las corridas tienen sus d&iacute;as contados. Alg&uacute;n forofo taur&oacute;maco (no conozco muchos, lo confieso) ha llegado a reconoc&eacute;rmelo en privado. Seg&uacute;n encuestas fiables, de entre ellas las ofrecidas bajo el amparo de la Humane World for Animals, cerca del ochenta por ciento de los espa&ntilde;oles muestra rechazo o indiferencia a ese sangriento espect&aacute;culo (y su subvenci&oacute;n con dinero p&uacute;blico), pero de cualquier modo nunca apoyo al mismo; ese sangriento espect&aacute;culo en el que sus momentos m&aacute;s elevados, o los aplausos m&aacute;s entusiastas emanados desde el tendido, arrancan cuando el toro agoniza y vomita sangre, cuando el animal se ahoga por el empuje de la sangre, en sus &uacute;ltimos estertores. Y se acab&oacute;. Luego suena un pasodoble.
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de este desprop&oacute;sito (me veo tentado de escribir carnicer&iacute;a, pero para qu&eacute; polemizar), que ciertamente en Espa&ntilde;a goza de blindaje legal, replican para su defensa que hay que preservar el cumplimiento de la tradici&oacute;n y de la cultura. A ver: se puede atesorar una tradici&oacute;n social como es el cultivo de champi&ntilde;ones en el  s&oacute;tano de tu chalet, o leerle cuentos de fantasmas a la familia en Navidad, o preparar un tiramis&uacute; cada uno del mes de mayo porque te apetece, pero hay tradiciones que deben desaparecer porque con el tiempo el ser humano se ha percatado de que arrojar gansos vivos desde un torre&oacute;n es una locura, como tambi&eacute;n lo son los cr&iacute;menes de honor, la mutilaci&oacute;n genital femenina, o las ceremonias de iniciaci&oacute;n consistentes en amputarte, sin un solo quejido, el dedo me&ntilde;ique de un pie porque eso demuestra hombr&iacute;a. Ocurre lo mismo con los facilones argumentos que esgrimen los taurinos cuando vinculan la denominada fiesta con la cultura, que si Garc&iacute;a Lorca, que si Picasso, que si Hemingway, que si Patat&iacute;n. Antes inclu&iacute;an tambi&eacute;n a Goya, hasta que los bi&oacute;grafos del pintor aragon&eacute;s demostraron que en realidad era antitaurino, nada extra&ntilde;o por su pensamiento de base ilustrada. Recordemos que la tauromaquia fue eliminada con buen criterio en la Europa de La Ilustraci&oacute;n y que ac&aacute; la mantuvo y apoy&oacute; el inenarrable Fernando VII, todo &eacute;l un patriota. Lo mismo que semanas atr&aacute;s hizo el rey em&eacute;rito, a su manera, en esa foto pat&eacute;tica en la que aparece rodeado de matadores de toros. En esta, a&ntilde;ado, no llevaban ninguna oreja necrosada ni bland&iacute;an estoques.
    </p><p class="article-text">
        No es necesario recurrir a la Declaraci&oacute;n de Cambridge de 2012, refrendada, entre otras personalidades, por Stephen Hawking (lo se&ntilde;alo por el elemento cientifista), ni a las l&uacute;cidas reflexiones sobre el merecido respeto para con los animales denunciado por el antrop&oacute;logo Jes&uacute;s Moster&iacute;n, o las no menos profundas y cl&aacute;sicas deliberaciones de Peter Singer, para determinar que los animales poseen sustratos neurol&oacute;gicos que son el fundamento de su conciencia; tampoco es preciso que recurramos al Parlamento espa&ntilde;ol, que modific&oacute; el c&oacute;digo civil en 2021, para reconocer legalmente que un animal es un ser sintiente. Solo hay que hacer el ejercicio de observar esa foto a la que me refiero al principio de esta columna: &iquest;qu&eacute; hay de rese&ntilde;able, m&aacute;s all&aacute; de un est&uacute;pido y pretendido rito supremacista, en ese tipo con los dos &oacute;rganos del toro entre los dedos? Dejemos que lo responda Jorge Luis Borges: &ldquo;una de las formas vigentes de la barbarie&rdquo;. Se dice que esta &uacute;ltima sentencia es ap&oacute;crifa. Me da lo mismo. Hoy la asumimos y la expresamos la inmensa mayor&iacute;a de la sociedad espa&ntilde;ola en este ya asentado y confuso siglo XXI. Ocho de cada diez empujamos a nuestra manera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/orejas_129_13173386.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 21:00:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las orejas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Alfredo Bryce Echenique pasó por València]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/alfredo-bryce-echenique-paso-valencia_129_13074051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique                            </span>
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        Bryce pas&oacute; por Val&egrave;ncia como una exhalaci&oacute;n. Hablo de los a&ntilde;os ochenta, finales, cuando lo conoc&iacute;. Aunque tengo una foto con &eacute;l, que observo mientras tecleo, no puedo considerarme amigo suyo. No por falta de ganas de serlo sino porque el destino posee sus caprichos y act&uacute;a a su aire. Dio una charla abierta al p&uacute;blico, cen&oacute; y se fue. Lo recuerdo, en esta breve evocaci&oacute;n tras su muerte, como un tipo muy educado, de cualidades lentas, pronunciaba la palabra &uml;Camus&uml; de una manera en extremo suave. Eso me llam&oacute; la atenci&oacute;n. No dec&iacute;a &uml;Cam&iacute;&uml;, incidiendo en la vocal cerrada de la &uacute;ltima s&iacute;laba, sino &uml;Camu&uml;, conservando la graf&iacute;a pero dulcific&aacute;ndola, sin la letra ese. Esa tarde aprend&iacute;, adem&aacute;s de mimar a partir de entonces el apellido del Nobel franc&eacute;s, que en Espa&ntilde;a a Bryce le castellaniz&aacute;bamos el apellido, ya que era un apellido de origen escoc&eacute;s, por lo que hab&iacute;a que citarlo como &uml;Brais&uml;. Con esto de los apellidos ajenos, es curioso. La primera vez que anduve por la Argentina me percat&eacute; de que si nombrada a Manuel Puig, pronunciado a la catalana, nadie sab&iacute;a qui&eacute;n era, y eso que era nativo de all&aacute;, de General Villegas, al noroeste de la provincia de Buenos Aires. Me miraban con extra&ntilde;eza, no fijaban esa referencia m&iacute;a con el autor de <em>Boquitas pintadas</em>. &iquest;Por qu&eacute;? Sencillamente porque hab&iacute;a que modular su apellido tal como se escribe: &uml;Puig&uml;.
    </p><p class="article-text">
        Sin alzarme como portavoz de nadie, me atrevo, no obstante, a precisar que a mi grupo generacional le pill&oacute; de lleno, ya en el tardofranquismo, el impacto del Boom latinoamericano, y eso cuando a&uacute;n estaba en vigor la llamada literatura social-realista espa&ntilde;ola. A m&iacute;, al menos. Ll&aacute;mesele atrevimiento, rebeld&iacute;a juvenil o cuesti&oacute;n de gustos, la novela y el cuento de posguerra espa&ntilde;oles poco me seduc&iacute;an frente a Mario Vargas Llosa, Julio Cort&aacute;zar, Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Carlos Fuentes: cito solo los cuatro capos, como los categoriz&oacute;, con gran cari&ntilde;o, Jos&eacute; Donoso. Bryce no hay que insertarlo en esa n&oacute;mina, que creci&oacute; y creci&oacute; como un merengue con ocho o diez o veinte narradores m&aacute;s, porque &eacute;l es posterior, &eacute;l pertenece al post-boom, pero retiene mucha de la energ&iacute;a de aquel y algunos, por eso, lo incluyen por comodidad en la misma promoci&oacute;n. No desprecio a la primera y segunda generaciones espa&ntilde;olas de posguerra, ojo, solo digo que a mis quince o diecis&eacute;is a&ntilde;os me sent&iacute;a m&aacute;s identificado con la forma de contar la vida que proyectaban los de aquel hemisferio que ante la narraci&oacute;n ideologizada, de un modo directo o indirecto, que practicaban los de ac&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Un mundo para Julius</em> fue el primer t&iacute;tulo que nos lleg&oacute;. Un relato delicioso, que no logr&oacute;, por cierto, el ic&oacute;nico Premio Biblioteca Breve, en el que se traza, a trav&eacute;s de la mirada de un ni&ntilde;o, un recorrido por la feliz oligarqu&iacute;a lime&ntilde;a de los a&ntilde;os cincuenta. La misma a la que pertenec&iacute;a el propio Bryce (entre sus familiares hab&iacute;a banqueros, un virrey y el v&iacute;nculo con un presidente de la Rep&uacute;blica, Jos&eacute; Rufino Echenique). En aquel encuentro dijo, m&aacute;s o menos, que compr&oacute; la libertad a su padre con la licenciatura en Derecho que obtuvo en la Universidad Nacional de San Marcos. Fue su pasaporte para Europa. Al poco circul&oacute; un volumen de cuentos, <em>Huerto cerrado</em>, que solo lo afianz&oacute;. Despu&eacute;s es el grueso de t&iacute;tulos, de entre los que destaco el d&iacute;ptico <em>La vida exagerada de Mart&iacute;n Roma&ntilde;a</em> y <em>El hombre que hablaba de Octavia de C&aacute;diz</em>, o <em>Reo de nocturnidad</em>, tambi&eacute;n <em>La amigdalitis de Tarz&aacute;n</em>. En todas esas novelas, con iron&iacute;a y burla hacia s&iacute; mismo, con un acerado humor melanc&oacute;lico, hallamos a Bryce, se produce esa transmigraci&oacute;n autofictiva que le asigna un toque personal&iacute;simo de antih&eacute;roe. Tres vol&uacute;menes m&aacute;s de memorias suyas, siendo los dos primeros, <em>Permiso para vivir</em> y <em>Permiso para sentir</em>, magn&iacute;ficos, cierran su ciclo vital. Bryce dio una vuelta de tuerca a una prosa, como la de los narradores del Boom, que (casi) nada debe a la espa&ntilde;ola del siglo XX, que fluye por v&iacute;a desacralizadora, aspecto que escoci&oacute; en su momento a muchos sectores intelectuales de la Espa&ntilde;a de mediados del siglo pasado. Activ&oacute;, sin pretenderlo, una especie de peque&ntilde;o supremacismo ib&eacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        Hay una sombra de plagio period&iacute;stico sobre Bryce, que no podemos eludir. Por puro azar, ha venido a coincidir su muerte con la muerte del plagiado. Bryce fue acusado de fusilar un art&iacute;culo del escritor gallego Jos&eacute; Mar&iacute;a P&eacute;rez &Aacute;lvarez. Este hab&iacute;a publicado el suyo en la semisecreta revista <em>Jano</em>, &lsquo;Las esquinas habitadas&rsquo;, y Bryce hizo lo propio, con el t&iacute;tulo &lsquo;La tierra prometida&rsquo;, en un diario lime&ntilde;o. No entro en pleitos ahora pero ambos textos se superponen clavados, menos en el r&oacute;tulo. P&eacute;rez, cuando salt&oacute; el esc&aacute;ndalo, lo soslay&oacute; con una enorme elegancia. Bryce, con disculpas, recurri&oacute; a conspiraciones fujimoristas. L&aacute;stima que esto ocurri&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s de conocerlo en Val&egrave;ncia, de lo contrario le habr&iacute;a insinuado lo indecoroso que es plagiar. Lo absurdo, adem&aacute;s, en su caso, en alguien como &eacute;l que, simplemente, grapando las facturas de la tintorer&iacute;a del &uacute;ltimo mes y firm&aacute;ndolas, solo con su firma, se las habr&iacute;a comprado cualquier agencia o peri&oacute;dico. O escribiendo, sin m&aacute;s, alguna de sus sugestivas y divertidas cr&oacute;nicas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/alfredo-bryce-echenique-paso-valencia_129_13074051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2026 06:21:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando Alfredo Bryce Echenique pasó por València]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Argentina, Milei, el rotulador y yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/argentina-milei-rotulador_129_13062430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Pat&eacute;tico este Javier Milei, che. A cada actuaci&oacute;n suya, cada actuaci&oacute;n m&aacute;s pat&eacute;tica, m&aacute;s nos sorprendemos quienes habitamos en este hemisferio y sentimos a la Argentina emocionalmente como propia, y eso que aqu&iacute; hay mil cien motivos para sorprenderse apenas despegas por la ma&ntilde;ana la cabeza de la almohada. No entro en el tema de las medidas econ&oacute;micas que impone, sin pesta&ntilde;ear, a la ciudadan&iacute;a a base de motosierra y demagogia. Me refiero a los rotuladores que obsequiaba a diestro y siniestro d&iacute;as atr&aacute;s Donald Trump, sentado en su trono ner&oacute;nico, a l&iacute;deres latinoamericanos despu&eacute;s de una de esas firmas p&uacute;blicas y llenas de espect&aacute;culo que hace el estadounidense. Milei intentaba prender (no puedo, en este contexto, escribir coger, lo s&eacute;) uno de esos rotuladores que pasaban por delante de sus narices y tem&iacute;a, como un cr&iacute;o al que se le escatima un Sugus, que a &eacute;l no le iba tocar ninguno. Cuando lo vi, pens&eacute;: &iquest;c&oacute;mo es posible que un sujeto as&iacute; ocupe la presidencia de un pa&iacute;s como es la Rep&uacute;blica Argentina? Se le sal&iacute;an los ojos detr&aacute;s de cada rotulador que volaba a otras manos. &iquest;Qu&eacute; ha hecho la Argentina para encajar a un tipo tan rid&iacute;culo en la Casa Rosada? Ya es muy viejo mencionar eso de que hablaba con su perro, Conan, un perro muerto (yo lo he hecho con los m&iacute;os, pero vivos), o aquel primer plano de sus pies desnudos que nos mostr&oacute; entrelazados con los de la novia de entonces, o el saber que era practicante de sexo t&aacute;ntrico (&iquest;es necesaria esa exhibici&oacute;n?), o c&oacute;mo se descansa las gafas hasta las aletas de la nariz y mira fijo a la c&aacute;mara fotogr&aacute;fica con gesto paranoide, intentando esconder la papada. Qu&eacute; s&eacute;. Terrible.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la Argentina no ha podido encontrar su acomodo y estabilidad en el mundo desde la &eacute;poca de Jos&eacute; Evaristo Uriburu, su escaque, con todo ese potencial de pa&iacute;s que es? A finales del siglo XIX y principios del XX, el emigrante europeo, embarcado a Am&eacute;rica con los bolsillos vueltos, se planteaba la disyuntiva de ingresar en el continente por abajo, por Puerto Madero, o por arriba, por Ellis Island. Buenos Aires y Nueva York, dos n&uacute;cleos polarizantes e igualmente atractivos. Tanto la Argentina como los EE UU eran espacios de seducci&oacute;n y prosperidad, un aliciente de oportunidad sociolaboral para italianos, espa&ntilde;oles o rusos, alemanes, polacos y turcos. Hay un dato que siempre me ha impactado relativo a esa &eacute;poca, y es la cantidad de cabeceras de peri&oacute;dicos, con tiradas que superaban los cien mil ejemplares, que se editaba solo en Buenos Aires. Cabe en este instante ese fraseo de Ortega y Gasset, por el cosmopolitismo que proyectaba la capital federal pero tambi&eacute;n por el espl&eacute;ndido interior del pa&iacute;s (pienso en la belleza rural descrita por W. H. Hudson), cuando all&iacute; mismo dijo que Buenos Aires &laquo;era la capital de un imperio que no existi&oacute;&raquo;, sentencia en la que queremos observar m&aacute;s su toque melanc&oacute;lico que una supremacista burla del espa&ntilde;ol. Me gusta recurrir al fot&oacute;grafo Horacio Coppola, y es solo un ejemplo, a sus testimonios dejados de la ciudad con sus avenidas, edificios, teatros, calles, caf&eacute;s, parques. Basta caminar por all&iacute;, visualizar sus im&aacute;genes, para apreciar la paradoja de hallarte en una Am&eacute;rica que es Europa. 
    </p><p class="article-text">
        Entre 1930 y 1976, la Argentina sufri&oacute; seis golpes de estado, y en la crisis furiosa de diciembre de 2001, cuando el verano m&aacute;s recalentaba, cinco presidentes pasaron por la Casa Rosada en once perplejos d&iacute;as. Terrible tambi&eacute;n. Hay que destacar, m&aacute;s all&aacute; de que no me parece &eacute;tico calibrar los autoritarismos seg&uacute;n el grado de violencia ejercido sobre la sociedad, ya que todos son abominables, lo que supuso la &uacute;ltima dictadura, la de Videla, Massera y Agosti. Su crueldad desaforada. &iquest;Se encuentra ah&iacute; el origen de cu&aacute;ndo se desorden&oacute; el pa&iacute;s? &iquest;Esa es la raz&oacute;n de que el pa&iacute;s se mueva en ese bucle en el que un simple rotulador de punta gruesa sea motivo de indignidad? Porque, si en vez del rotulador, hubiera sido un sanwichito de miga o una milanesa con papa frita o un tarro de dulce de leche Chimbote o una fr&iacute;a Quilmes o una caja de corazoncitos de frutilla Dorin&acute;s, a&uacute;n lo habr&iacute;a entendido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Herráez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/argentina-milei-rotulador_129_13062430.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 12:05:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Argentina, Milei, el rotulador y yo]]></media:title>
    </item>
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