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    <title><![CDATA[elDiario.es - Kiko Barroso]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/kiko-barroso/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Kiko Barroso]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El fútbol sale del armario… pero el miedo sigue en el vestuario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/futbol-sale-armario-miedo-sigue-vestuario_132_13135171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8cd297b-b327-47e0-9e5f-150e42e41ed0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fútbol sale del armario… pero el miedo sigue en el vestuario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es imprescindible seguir hablando, seguir visibilizando, seguir ocupando espacios. No para convertir la orientación sexual en noticia, ni para -como dice la ultraderecha- crear adeptos, sino para que deje de serlo. Para que venzamos el miedo. Para que algún día un futbolista diga que es gay y no haya artículos como este, ni titulares, ni debates. Solo fútbol
</p></div><p class="article-text">
        Hay gestos que, sin necesidad de gritar, hacen m&aacute;s ruido que un estadio lleno. La reciente salida del armario por parte del joven futbolista argentino Nacho Lago no es solo una decisi&oacute;n personal: es un acto profundamente pol&iacute;tico en el mejor sentido de la palabra. Porque en el f&uacute;tbol, ese territorio a&uacute;n demasiado anclado en c&oacute;digos de masculinidad r&iacute;gida, del pasado decir &ldquo;soy quien soy&rdquo; sigue siendo, tristemente, un gesto valiente.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta no es si es importante que los futbolistas hagan p&uacute;blica su orientaci&oacute;n sexual. La pregunta es por qu&eacute;, en pleno 2026, sigue si&eacute;ndolo tanto. 
    </p><p class="article-text">
        La respuesta est&aacute; en la repercusi&oacute;n. El f&uacute;tbol no es s&oacute;lo deporte; es una excelente atalaya, un altavoz global que moldea conductas, lenguajes y crea referentes. Cuando un jugador da el paso no lo hace solo por &eacute;l: lo hace por miles de j&oacute;venes que, en un vestuario, en una grada o frente a una televisi&oacute;n, necesitan saber que no est&aacute;n solos. (Como tantos y tantas nos hemos sentido) Porque la visibilidad no es exhibicionismo, como hay quienes as&iacute; lo piensa, visibilizarnos es refugio. Es abrir una puerta donde antes solo hab&iacute;a silencio y soledad. 
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; por eso resulta a&uacute;n m&aacute;s significativo que estos gestos est&eacute;n llegando desde categor&iacute;as m&aacute;s bajas. Lejos de los focos millonarios y de las direcciones de comunicaci&oacute;n, ah&iacute; donde el f&uacute;tbol es m&aacute;s crudo y menos filtrado, la decisi&oacute;n pesa m&aacute;s. Mucho m&aacute;s. Hay menos red, menos protecci&oacute;n, y por tanto m&aacute;s riesgo. Y, sin embargo, tambi&eacute;n hay m&aacute;s verdad. Que el cambio empiece desde abajo no lo hace m&aacute;s peque&ntilde;o; lo hace m&aacute;s aut&eacute;ntico, tambi&eacute;n m&aacute;s necesario.
    </p><p class="article-text">
        Pero conviene no enga&ntilde;arse: el miedo no se ha ido. De hecho, en muchos sentidos, ha vuelto. Lo vemos en la tibieza de algunos clubes, en los silencios c&oacute;mplices y, lo que es peor, en las agresiones. Resulta especialmente preocupante el episodio vivido por un &aacute;rbitro alem&aacute;n que, tras pedir matrimonio a su novio en un terreno de juego, fue objeto de ataques. Incre&iacute;ble. No hay romanticismo posible cuando la respuesta a un gesto de amor es la violencia. Ah&iacute; no hay debate: hay una condena firme y sin matices. Aunque siempre hay quien mire para otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Porque cada agresi&oacute;n, cada burla, cada insulto, no solo golpea a quien lo recibe. Env&iacute;a un mensaje al resto: &ldquo;Cuidado, esto te puede pasar a ti&rdquo;. Y ese mensaje es el que vuelve a instalar el miedo en el colectivo. Un miedo que cre&iacute;amos retrocediendo, pero que encuentra nuevas formas de colarse.
    </p><p class="article-text">
        Por eso es imprescindible seguir hablando, seguir visibilizando, seguir ocupando espacios. No para convertir la orientaci&oacute;n sexual en noticia, ni para -como dice la ultraderecha- crear adeptos, sino para que deje de serlo. Para que venzamos el miedo. Para que alg&uacute;n d&iacute;a un futbolista diga que es gay y no haya art&iacute;culos como este, ni titulares, ni debates. Solo f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Hasta entonces, cada paso cuenta. Y el de Nacho Lago, como el de tantos otros en silencio, es mucho m&aacute;s que un gesto: es una peque&ntilde;a victoria frente al miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kiko Barroso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/futbol-sale-armario-miedo-sigue-vestuario_132_13135171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 09:02:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fútbol sale del armario… pero el miedo sigue en el vestuario]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día de la Madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dia-madre_132_13183706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En ella no solo encontramos amor, sino validación. Y cuando falta, no solo se pierde a la madre, sino también a quien nos sostuvo en uno de los procesos más íntimos y valientes de la vida: ser uno mismo</p></div><p class="article-text">
        Hay frases que repetimos tanto que corren el riesgo de desgastarse. &ldquo;Una madre nunca se va del todo&rdquo; es una de ellas&hellip;. Suena a consuelo prefabricado, a t&oacute;pico de calendario. Y, sin embargo, cuando falta, cuando ya no est&aacute;, se presenta como una verdad inc&oacute;moda y rotunda. Porque una madre no se va, pero tampoco se queda de la forma en que quisi&eacute;ramos.
    </p><p class="article-text">
        Se queda en los gestos. En esa forma de lavar la ropa, en el plato que nunca vuelve a saber igual, en una palabra que solo ella pronunciaba con ese tono exacto.<em> (&iexcl;Kiko, por dios!)&nbsp;</em>Se queda en la memoria, s&iacute;, pero tambi&eacute;n en el cuerpo: en c&oacute;mo reaccionamos, en c&oacute;mo cuidamos, en c&oacute;mo tememos. Y ah&iacute; es donde empieza la paradoja. Su presencia es constante, pero su ausencia duele a diario. Siempre se le echa de menos.
    </p><p class="article-text">
        Da igual la edad. Uno puede tener veinte, cuarenta o sesenta a&ntilde;os; puede haber construido una vida s&oacute;lida, una carrera, una familia propia&hellip; pero cuando muere una madre, algo se descose por dentro. Es un desamparo silencioso, hasta dir&iacute;a que infantil. Una especie de orfandad que no entiende de madurez ni de l&oacute;gica. Porque no se trata solo de perder a una persona: se pierde el lugar al que uno pod&iacute;a volver sin condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Y es curioso c&oacute;mo, en ese vac&iacute;o, aparecen preguntas que cre&iacute;amos superadas. &iquest;Lo estar&eacute; haciendo bien? &iquest;Qu&eacute; me dir&iacute;a ahora? &iquest;Se sentir&iacute;a orgullosa? La muerte no corta ese di&aacute;logo; lo transforma. Seguimos habl&aacute;ndoles, pero ya sin respuesta. O quiz&aacute; con respuestas que nos inventamos, que tambi&eacute;n son una forma de mantenerlas vivas.
    </p><p class="article-text">
        En algunos casos, ese v&iacute;nculo adquiere matices a&uacute;n m&aacute;s profundos. Para muchos de nosotros, personas homosexuales, la madre no es solo madre: es refugio, aliada, primera trinchera contra un mundo que a veces no entiende. No siempre ocurre as&iacute;, claro, pero cuando ocurre, el lazo se vuelve especialmente intenso. Porque en ella no solo encontramos amor, sino validaci&oacute;n. Y cuando falta, no solo se pierde a la madre, sino tambi&eacute;n a quien nos sostuvo en uno de los procesos m&aacute;s &iacute;ntimos y valientes de la vida: ser uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso el duelo tiene capas. No es solo nostalgia; es tambi&eacute;n gratitud, rabia, ternura, culpa&hellip; todo mezclado. Y, sobre todo, es aprendizaje. Aprender a vivir sin su presencia f&iacute;sica, pero con su huella constante. Aprender que el amor no desaparece, solo cambia de forma.
    </p><p class="article-text">
        Decir que una madre nunca se va del todo no es negar la muerte. Es reconocer que hay v&iacute;nculos que trascienden lo tangible, que se quedan anclados en lo m&aacute;s profundo de lo que somos. Y eso, aunque no cure el dolor, lo acompa&ntilde;a de algo m&aacute;s llevadero: la certeza de que, de alg&uacute;n modo, seguimos siendo un poco de ellas. Siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te gust&oacute; mam&aacute;? &iexcl;Ay Lolita, la de Barroso!&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kiko Barroso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dia-madre_132_13183706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 17:49:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Día de la Madre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siempre con las víctimas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/victimas_132_13103202.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25ec8852-ad05-43b0-ad08-5374379c565a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siempre con las víctimas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la violencia del abuso se suma otra igual de cruel: la institucional. Y una tercera, devastadora, la social. Un menor que, además de sufrir, tiene que demostrar que dice la verdad mientras su entorno duda o mira hacia otro lado</p></div><p class="article-text">
        Hay frases que no deber&iacute;an pronunciarse jam&aacute;s. Frases que te dejan helado. &ldquo;Los menores me han provocado&rdquo; no es solo una aberraci&oacute;n: es el reflejo de una mentalidad que durante a&ntilde;os ha protegido a quien agrede y ha dejado sola a la v&iacute;ctima.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Tenerife, con la grabaci&oacute;n que ahora sale a la luz, no habla de un hecho aislado &iexcl;que va!, sino de una din&aacute;mica de encubrimiento. Un ni&ntilde;o de nueve a&ntilde;os denuncia abusos, un ni&ntilde;o&hellip; Su familia acude a la Iglesia&hellip; y la respuesta es pedir silencio y cambiar al cura de parroquia. No es soluci&oacute;n: es ocultaci&oacute;n. Es trasladar el problema y perpetuar el da&ntilde;o. Tremendo.
    </p><p class="article-text">
        A la violencia del abuso se suma otra igual de cruel: la institucional. Y una tercera, devastadora, la social. Un menor que, adem&aacute;s de sufrir, tiene que demostrar que dice la verdad mientras su entorno duda o mira hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s grave no es solo lo que ocurri&oacute;, sino c&oacute;mo se justific&oacute;. Culpar a los menores no es un error: es parte del mecanismo que permite que estos abusos se repitan.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no hay matices posibles. La v&iacute;ctima tiene raz&oacute;n. La v&iacute;ctima merece justicia. Y sobre todo, merece algo que durante demasiado tiempo se le neg&oacute;: ser escuchado.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es momento de exigir responsabilidades. No es suficiente con reconocer y decir son &ldquo;errores del pasado&rdquo;. Cuando se aconseja a una familia que no acuda a la justicia, se est&aacute; obstaculizando el derecho m&aacute;s b&aacute;sico: el de buscar protecci&oacute;n. Cuando se ocultan abusos, se est&aacute; colaborando con ellos. Eso es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Este caso, como tantos otros, nos obliga a mirar de frente una realidad inc&oacute;moda, que no gusta. Pero sobre todo, debe obligarnos a posicionarnos. Y en esto no hay equidistancia posible: o se est&aacute; con la v&iacute;ctima o se est&aacute; contribuyendo al silencio, que es lo mismo que ponerse de parte de quien agrede.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando se calla, cuando se encubre, cuando se mira hacia otro lado, no se protege a la instituci&oacute;n. Se protege al agresor.
    </p><p class="article-text">
        Y eso no est&aacute; bien. Yo dir&iacute;a que es pecado, y de los mortales.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kiko Barroso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/victimas_132_13103202.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 11:03:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Siempre con las víctimas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tefía: la memoria no es revancha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tefia-memoria-no-revancha_132_13073566.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No es solo un lugar en un mapa. Es un recordatorio de lo que ocurre cuando el odio se convierte en ley y cuando el silencio se vuelve cómplice
</p></div><p class="article-text">
        Hay historias que uno no ha vivido, pero que aun as&iacute; duelen porque forman parte de nuestra memoria com&uacute;n. Duelen porque, aunque no nos hayan tocado en primera persona, el dolor ajeno tambi&eacute;n es, de alguna manera, nuestro propio dolor.
    </p><p class="article-text">
        Hace no tanto tiempo, aqu&iacute; mismo, en Canarias, existi&oacute; un lugar llamado Tef&iacute;a. Una colonia penitenciaria perdida en el paisaje &aacute;rido de Fuerteventura donde el franquismo encerr&oacute; a personas consideradas &ldquo;peligrosas&rdquo;. Entre ellas, hombres cuyo &uacute;nico &ldquo;delito&rdquo; era ser homosexuales. A partir de 1954, la dictadura modific&oacute; la llamada Ley de Vagos y Maleantes para incluir la homosexualidad como motivo de persecuci&oacute;n y encierro.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en la Colonia Agr&iacute;cola Penitenciaria de Tef&iacute;a, aquellos hombres fueron obligados a trabajos forzados, a picar piedra bajo el sol, a sobrevivir al hambre, a las humillaciones y a las palizas. Algunos testimonios hablan de jornadas interminables, de comida en mal estado y de un sistema disciplinario basado en el miedo.
    </p><p class="article-text">
        Yo no estuve all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No tuve que esconder qui&eacute;n era.
    </p><p class="article-text">
        No tuve que temer que una ley me arrebatara la libertad por amar a alguien.
    </p><p class="article-text">
        Pero escuchar estas historias me conmueve profundamente. Porque no hablan solo del pasado: hablan de lo que una sociedad puede llegar a hacer cuando decide que hay personas que valen menos que otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso me preocupa tanto escuchar hoy, en pleno siglo XXI, voces que blanquean aquella &eacute;poca, que hablan de la dictadura con nostalgia, que repiten que &ldquo;antes se viv&iacute;a mejor&rdquo;, como si la libertad, la dignidad o la diversidad fueran detalles secundarios. Como si miles de vidas rotas fueran solo una nota al pie de p&aacute;gina.
    </p><p class="article-text">
        No, no se viv&iacute;a mejor.
    </p><p class="article-text">
        Se viv&iacute;a con miedo.
    </p><p class="article-text">
        Tef&iacute;a no es solo un lugar en un mapa. Es un recordatorio de lo que ocurre cuando el odio se convierte en ley y cuando el silencio se vuelve c&oacute;mplice. All&iacute; hubo personas que perdieron a&ntilde;os de su vida, su salud y muchas veces su dignidad, simplemente por ser quienes eran.
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s inquietante no es solo recordar aquello. Lo inquietante es comprobar que todav&iacute;a hay quien estar&iacute;a dispuesto a mirar hacia atr&aacute;s con indulgencia&hellip; y con la complicidad de algunos que todos conocemos.
    </p><p class="article-text">
        La memoria no es revancha.
    </p><p class="article-text">
        La memoria es defensa.
    </p><p class="article-text">
        Defensa de lo que somos hoy.
    </p><p class="article-text">
        Defensa de las libertades que costaron tanto conquistar.
    </p><p class="article-text">
        Defensa de una sociedad que no quiere volver a se&ntilde;alar, encerrar o humillar a nadie por ser diferente.
    </p><p class="article-text">
        Yo no sufr&iacute; Tef&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero no necesito haberla sufrido para saber que nunca, nunca deber&iacute;amos permitir que algo as&iacute; vuelva a ocurrir. Por eso tambi&eacute;n quiero reconocer el paso dado por el Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial y Memoria Democr&aacute;tica al declarar este enclave como Lugar de Memoria Democr&aacute;tica. Porque nombrar los lugares, se&ntilde;alarlos y explicarlos no es abrir heridas: es evitar que se repitan. Es un acto de justicia con quienes lo padecieron y un compromiso con las generaciones que vienen.
    </p><p class="article-text">
        Recordar Tef&iacute;a no es mirar atr&aacute;s con rencor: es mirar al futuro con dignidad. Olvidarla ser&iacute;a el primer paso para repetirla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kiko Barroso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tefia-memoria-no-revancha_132_13073566.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 20:45:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tefía: la memoria no es revancha]]></media:title>
    </item>
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