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    <title><![CDATA[elDiario.es - Maddi Bediaga Etxaide]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maddi-bediaga-etxaide/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Maddi Bediaga Etxaide]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El bilingüismo que solo funciona en una dirección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/bilinguismo-funciona-direccion_132_13085273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eed3f827-6043-4088-bd47-8b569f188b3d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1454y1255.jpg" width="1200" height="675" alt="El bilingüismo que solo funciona en una dirección"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La verdadera desigualdad está en que una persona castellanohablante puede vivir, trabajar y moverse por todo el país sin haber tenido que aprender nunca otra lengua. En cambio, quien quiere vivir en euskera debe justificarlo constantemente"</p></div><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica por los recursos judiciales contra varias oposiciones vascas que exig&iacute;an un nivel C1 de euskera ha abierto un debate que va mucho m&aacute;s all&aacute; de una cuesti&oacute;n sindical. Seg&uacute;n revel&oacute; 'Argia', detr&aacute;s de algunas de esas impugnaciones estar&iacute;an personas vinculadas a CCOO y a la asociaci&oacute;n Euskara Denontzat, dentro de una estrategia organizada para cuestionar la presencia del euskera en la funci&oacute;n p&uacute;blica. Tras las reacciones, la direcci&oacute;n vasca del sindicato compareci&oacute; en Bilbao y defendi&oacute; incluso la posibilidad de buscar candidatos &ldquo;sin inter&eacute;s real&rdquo; en las plazas para poder presentar los recursos. El gesto, m&aacute;s que aclarar, confirm&oacute; una sospecha: que el conflicto no es administrativo, sino cultural y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El euskera es lengua cooficial en Euskadi, pero ejercer ese derecho sigue siendo, en la pr&aacute;ctica, una carrera de obst&aacute;culos. Muchos ciudadanos pueden comprobarlo en su d&iacute;a a d&iacute;a: atenci&oacute;n m&eacute;dica que se ofrece casi siempre en castellano, tr&aacute;mites sin opci&oacute;n en euskera, servicios p&uacute;blicos que cambian de idioma en cuanto aparece un poco de prisa. Las leyes reconocen su oficialidad, pero carecen de mecanismos que garanticen su uso real. El resultado es un biling&uuml;ismo desequilibrado: los euskaldunes entendemos el castellano, pero buena parte de la sociedad no est&aacute; preparada para atendernos en euskera.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, cada intento de normalizar la lengua encuentra resistencias. Los cr&iacute;ticos de la exigencia de C1 la presentan como una barrera que impide la igualdad de oportunidades. Sin embargo, el planteamiento parte de una premisa falsa. La verdadera desigualdad est&aacute; en que una persona castellanohablante puede vivir, trabajar y moverse por todo el pa&iacute;s sin haber tenido que aprender nunca otra lengua. En cambio, quien quiere vivir en euskera debe justificarlo constantemente. En realidad, no estamos ante un conflicto sobre m&eacute;ritos, sino ante una asimetr&iacute;a estructural que convierte el uso del euskera en una excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, el C1 no favorece necesariamente a los hablantes nativos. Para obtenerlo, todo el mundo tiene que estudiar: dominar el euskera batua, la gram&aacute;tica normativa, la ortograf&iacute;a y los registros formales. Personas euskaldunes de toda la vida, acostumbradas a su variedad local, suspenden el examen, mientras otras con menos fluidez lo superan gracias a la preparaci&oacute;n acad&eacute;mica. Porque el C1 no mide identidad ni naturalidad, sino capacidad de estudio y disciplina. El est&aacute;ndar es exigente: no premia el origen, sino la formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo parad&oacute;jico es que la &uacute;nica lengua que nadie necesita acreditar &mdash;la que no se examina jam&aacute;s&mdash; es la que ya ocupa todos los espacios de poder. Esa asimetr&iacute;a se presenta como normalidad. Se asume que el castellano es &ldquo;neutral&rdquo; y que cualquier otra lengua tiene que justificarse. As&iacute;, bajo el discurso de la igualdad formal, se consolida una jerarqu&iacute;a hist&oacute;rica: el castellano como lengua de autoridad, el euskera como un a&ntilde;adido bonito, siempre pendiente de demostrar su utilidad.
    </p><p class="article-text">
        Esa relaci&oacute;n desigual no solo afecta a quienes usan el euskera. Tambi&eacute;n empobrece al conjunto de la sociedad. En una comunidad donde una parte de la poblaci&oacute;n vive encerrada en un solo idioma, se pierden referentes culturales, formas de mirar el mundo, matices que enriquecen la vida cotidiana. El monoling&uuml;ismo resta mundo, no lo ampl&iacute;a. Defender el euskera no es un gesto identitario, sino una forma de ampliar derechos y de asegurar que la diversidad cultural tenga espacio real. Quien vive solo en castellano tambi&eacute;n pierde: pierde acceso a otra manera de entender la realidad y de reconocerse como parte de un pa&iacute;s plural.
    </p><p class="article-text">
        Vemos que la legislaci&oacute;n actual proclama la igualdad ling&uuml;&iacute;stica; sin embargo, su arquitectura sigue asignando el poder al Estado central y a la lengua mayoritaria. Los derechos ling&uuml;&iacute;sticos se reconocen sobre el papel, pero no cuentan con garant&iacute;as colectivas que permitan a las lenguas minorizadas sostenerse por s&iacute; mismas. Por eso, aunque la Constituci&oacute;n y los estatutos auton&oacute;micos hablen de &ldquo;cooficialidad&rdquo;, la realidad es mucho menos sim&eacute;trica: el euskera depende de voluntades pol&iacute;ticas coyunturales, no de una estructura de derechos efectiva.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Bajo el discurso de la igualdad formal, se consolida una jerarquía histórica: el castellano como lengua de autoridad, el euskera como un añadido bonito, siempre pendiente de demostrar su utilidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El resultado es un espacio p&uacute;blico donde el biling&uuml;ismo solo funciona en una direcci&oacute;n. El castellanohablante vive sin obst&aacute;culos; el euskaldun se adapta. Los defensores del monoling&uuml;ismo consideran que el sistema actual ya es justo. Pero un modelo que obliga siempre a una de las partes a cambiar de lengua no es equilibrio: es subordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s que aspira a ser democr&aacute;tico y plural, la lengua no puede seguir siendo un factor de exclusi&oacute;n velada. Garantizar los derechos ling&uuml;&iacute;sticos no es privilegiar, sino hacer justicia. Y exigir competencia en euskera para trabajar en la administraci&oacute;n p&uacute;blica no es una barrera: es un paso l&oacute;gico para que toda la ciudadan&iacute;a pueda utilizar la lengua que elija.
    </p><p class="article-text">
        Si algo demuestra la controversia del C1 es precisamente eso: que el requisito no favorece a nadie por nacimiento, sino a quienes m&aacute;s estudian, m&aacute;s se esfuerzan y m&aacute;s apuestan por un biling&uuml;ismo real. La igualdad empieza ah&iacute;, cuando comprenderse mutuamente deja de ser un m&eacute;rito y se convierte, por fin, en un derecho compartido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maddi Bediaga Etxaide]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/bilinguismo-funciona-direccion_132_13085273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 20:46:49 +0000]]></pubDate>
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