<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - David González Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-gonzalez-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David González Martín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1055730/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Los universitarios se quedan sin pisos en La Laguna: ''Pierdes la esperanza porque te ves sin nada'']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/universitarios-quedan-pisos-laguna-pierdes-esperanza-ves_1_13475583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c82ab225-9fa7-46e2-ac5f-6bf4ba08b8df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1029y471.jpg" width="1200" height="675" alt="Los universitarios se quedan sin pisos en La Laguna: &#039;&#039;Pierdes la esperanza porque te ves sin nada&#039;&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El temor a no tener dónde vivir durante el curso lleva a los jóvenes a caer en estafas y a pagar precios desorbitados por una habitación: “Se aprovechan para ofrecer pisos muy antiguos por precios muy altos”
</p><p class="subtitle">Hemeroteca  - Intentos de fraude, 1.100 euros y dos meses de fianza con reserva: la especulación se extiende por los pisos de universitarios
</p></div><p class="article-text">
        La Laguna (Tenerife) es, por excelencia, la ciudad universitaria de Canarias. Sin embargo, las dificultades a las que se enfrentan los estudiantes a la hora de encontrar piso est&aacute;n haciendo tambalear este t&iacute;tulo. El precio disparado de los alquileres, la falta de pisos suficientes, las estafas o las cl&aacute;usulas abusivas de los contratos son algunos de los problemas que se&ntilde;alan los universitarios. &ldquo;Cada a&ntilde;o, al terminar el curso, es muy complicado y desesperante tener que buscar o ayudar a otros compa&ntilde;eros a encontrar pisos accesibles que no supongan un problema econ&oacute;mico para las familias y que sean habitables&rdquo;, subraya Acor&aacute;n Jes&uacute;s P&eacute;rez Guerra, estudiante de Biolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada a&ntilde;o suben m&aacute;s los precios, con la certeza de que finalmente los conseguir&aacute;n alquilar, ya que no hay otras opciones y no puedes transportarte de una isla a otra diariamente&rdquo;, a&ntilde;ade P&eacute;rez, nacido en Gran Canaria. Alquilar una habitaci&oacute;n en La Laguna cuesta a los estudiantes y a sus familias entre 300 y 500 euros, a pesar de que Canarias es una de las comunidades aut&oacute;nomas m&aacute;s empobrecidas del pa&iacute;s, con un 31,2% de la poblaci&oacute;n en riesgo de pobreza y exclusi&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        Al creciente precio de los alquileres se suma otra dificultad: el car&aacute;cter insular del territorio. Los estudiantes que no viven en las islas capitalinas tienen que mudarse para poder ir a la universidad, sumando el coste de la vivienda al gasto en billetes de avi&oacute;n o de barco para poder ver a sus familiares. Incluso los que han nacido en Tenerife y en Gran Canaria se ven obligados a salir de su isla para poder cursar la carrera que quieren o a buscar un piso m&aacute;s cerca de las facultades y sortear as&iacute; el colapso diario de las carreteras. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3d56bce8-8085-454a-92fc-4ef44d190dd0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Acorán Jesús Pérez Guerra, estudiante de Biología."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Acorán Jesús Pérez Guerra, estudiante de Biología.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tinguaro naci&oacute; en La Gomera y estudia Antropolog&iacute;a en la ULL. &ldquo;En todos estos a&ntilde;os he pasado por cinco pisos. Mi familia es pobre, por lo que siempre me preocup&eacute; por encontrar piso lo m&aacute;s barato posible. De dos de ellos me fui porque las condiciones eran demasiado abusivas a mi parecer&rdquo;, cuenta. 
    </p><p class="article-text">
        Una exalumna que prefiere no decir su nombre vive en el norte de Tenerife y se mud&oacute; a La Laguna para estudiar. &ldquo;Pagaba 400 euros por un piso en pleno centro con tres habitaciones. Compartiendo eran 130 euros por cabeza&rdquo;, recuerda. Con los a&ntilde;os, vio c&oacute;mo &ldquo;sub&iacute;a y sub&iacute;a el alquiler&rdquo;, lo que la llev&oacute; a trabajar mientras estudiaba para poder pagarlo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El miedo a no encontrar d&oacute;nde vivir</strong></h2><p class="article-text">
        El temor a no tener d&oacute;nde vivir durante el curso lleva a los j&oacute;venes a caer en estafas y a pagar precios desorbitados por una habitaci&oacute;n. Alejandra Ram&iacute;rez es de Gran Canaria, pero estudia Psicolog&iacute;a en la ULL porque en su isla la carrera no se oferta en la universidad p&uacute;blica. Este curso compartir&aacute; piso con diez personas en una casa con varias plantas cerca de su Facultad. Por su habitaci&oacute;n pagar&aacute; 350 euros con gastos incluidos, pero hasta encontrarlo ha tenido que hacer frente a varios obst&aacute;culos. Entre ellos, una estafa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me estafaron 95 euros. Mi amiga y yo ten&iacute;amos que hacer una reserva para poder ver un piso, y cuando llegamos all&iacute;, el piso no exist&iacute;a&rdquo;, cuenta.<strong> </strong>&ldquo;En mi caso personal y el de mi familia, buscar piso de alquiler en La Laguna ha sido desesperante a la vez que frustrante. Llega un punto en el que pierdes la esperanza porque te ves sin nada y no sabes si las cosas saldr&aacute;n bien&rdquo;, subraya.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8bb65606-c1df-4018-8ea2-6483180cdbc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La estudiante de Psicología Alejandra Ramírez."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La estudiante de Psicología Alejandra Ramírez.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En Canarias, este tipo de pr&aacute;cticas fraudulentas han aumentado en todo tipo de alquileres. Desde el Sindicato de Inquilinas de Tenerife explican c&oacute;mo las estafas han incrementado entre un 10% y un 12%, especialmente en Tenerife y Gran Canaria, afectando gravemente a los estudiantes: &ldquo;Son especialmente vulnerables porque suelen tener poco tiempo para encontrar alojamiento, poca experiencia alquilando y presupuestos limitados. La escasez de vivienda les obliga adem&aacute;s a aceptar r&aacute;pidamente ofertas, incluso sin poder comprobarlas bien. Esto demuestra c&oacute;mo la falta de vivienda p&uacute;blica y el mercado desregulado dejan a los j&oacute;venes expuestos a todo tipo de abusos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un problema estructural</strong></h2><p class="article-text">
        Las din&aacute;micas especulativas del mercado habitacional resultan especialmente llamativas entre los estudiantes j&oacute;venes debido a su vulnerabilidad e inexperiencia. No obstante, los movimientos por la vivienda en las islas hacen hincapi&eacute; en que tan solo se trata de &ldquo;la punta del iceberg&rdquo; de una problem&aacute;tica estructural donde se ven afectados todos los sectores de la poblaci&oacute;n y la clase trabajadora canaria.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la realidad actual, los estudiantes no son las &uacute;nicas personas que compiten (porque s&iacute;, se ha vuelto una competici&oacute;n) por estas vacantes: muchas familias, a veces con ingresos por parte de ambas figuras de tutores legales a los que se ha expulsado del mercado residencial, terminan vi&eacute;ndose en una situaci&oacute;n que les obliga a tener que considerar el vivir hacinados en estas condiciones, lo cual desemboca en una &lsquo;puja&rsquo; por conseguir un techo bajo el que vivir&rdquo;, detallan desde el colectivo Derecho al Techo (Gran Canaria).
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos publicados por el Observatorio del Alquiler, Canarias contin&uacute;a siendo una de las comunidades m&aacute;s caras para vivir de alquiler en todo el territorio espa&ntilde;ol, con un precio medio de 1.154 euros. Adem&aacute;s, el hist&oacute;rico de plataformas como Idealista demuestran que el precio de los pisos en ciudades universitarias como San Crist&oacute;bal de La Laguna o Las Palmas de Gran Canaria han aumentado estrepitosamente en la &uacute;ltima d&eacute;cada: en torno al 120% y el 87%, respectivamente. Una subida que contrasta en una comunidad <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/economia/canarias-sueldos-bajos-alquileres-vivienda-caros-pais_1_13384931.html?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con los sueldos m&aacute;s bajos del Estado</a>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Normativa &ldquo;inexistente&rdquo; en materia de vivienda</strong></h2><p class="article-text">
        Tanto el Sindicato de Inquilinas de Tenerife como Derecho al Techo remarcan la falta de pol&iacute;ticas dise&ntilde;adas para revertir esta situaci&oacute;n. Recuerdan que el Gobierno auton&oacute;mico no aplica &ldquo;ni siquiera&rdquo; la Ley de Vivienda estatal -aprobada en el Congreso de los Diputados en 2023- para poder limitar los precios de los alquileres ordinarios, especialmente, en zonas tensionadas como Las Palmas o La Laguna. En este contexto, el tope de los precios de las habitaciones, que en comunidades como Catalu&ntilde;a est&aacute;n incorporando a la normativa estatal, queda todav&iacute;a m&aacute;s lejos.
    </p><p class="article-text">
        Los alquileres de vivienda habitual y los de habitaciones est&aacute;n sujetos a marcos legales distintos, regulados principalmente por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y el C&oacute;digo Civil, seg&uacute;n el tipo de contrato y su finalidad. En este sentido, los colectivos por la vivienda explican que la proliferaci&oacute;n de alquileres por habitaciones o de temporada puede permitir eludir garant&iacute;as previstas para la vivienda habitual, como las relativas a duraci&oacute;n o actualizaci&oacute;n de rentas. Una f&oacute;rmula que puede resultar adem&aacute;s &ldquo;m&aacute;s rentable&rdquo; para los propietarios que alquilar una vivienda completa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d75c5674-65c9-4ae2-aee1-772f7ebf11ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen de archivo de una de las calles peatonales del casco histórico de La Laguna."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen de archivo de una de las calles peatonales del casco histórico de La Laguna.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Este fue el caso con el que se encontr&oacute; Tinguaro durante sus primeros a&ntilde;os estudiando en la ULL. Viv&iacute;a con otras ocho personas en una casa separada en dos plantas, donde el propietario fijaba la habitaci&oacute;n en 310 euros. En total, 2.480 euros de ganancia para una propiedad que, seg&uacute;n el &iacute;ndice de precios del Ministerio de Vivienda -y de acuerdo a la informaci&oacute;n catastral-, no deber&iacute;a de sobrepasar los 1.000 euros. Un precio que se sit&uacute;a hasta un 190% por encima del valor de referencia. &ldquo;Y este mismo casero tiene otras dos viviendas m&aacute;s cerca del campus Guajara con las que hace lo mismo&rdquo;, a&ntilde;ade el estudiante de La Gomera.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Estudiar, &iquest;un privilegio?</strong></h2><p class="article-text">
        El actual alza de precios en el mercado habitacional, y la falta de regulaci&oacute;n al respecto, parece estar determinando qui&eacute;nes pueden realmente mantener sus estudios. Los movimientos por la vivienda recuerdan que al coste del alquiler se suma el transporte, la alimentaci&oacute;n y otros gastos -como las famosas &ldquo;segundas matr&iacute;culas&rdquo;-, haciendo que estudiar dependa cada vez m&aacute;s de la capacidad econ&oacute;mica de la familia: &ldquo;Se acaba convirtiendo en un privilegio de clase&rdquo;. Desde Derecho al Techo aseguran que el actual panorama &ldquo;concluye en la mayor tasa de abandono en las universidades presenciales de Espa&ntilde;a, con un 21% en Canarias frente a un 13% de media nacional, seg&uacute;n ya reflej&oacute; en 2022 un informe del Ministerio de Universidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, el Sindicato de Inquilinas de Tenerife a&ntilde;ade que, en La Laguna, se han llegado a registrar en torno a 1.400 solicitudes para 550 plazas de alojamiento universitario: &ldquo;Esto supone una desigualdad territorial y de clase y el derecho a estudiar no deber&iacute;a depender de haber nacido en una familia con recursos. Si una persona de La Palma, La Gomera, El Hierro o Fuerteventura no puede permitirse una habitaci&oacute;n en Tenerife o Gran Canaria, su acceso a determinadas carreras queda limitado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Construir pisos</strong></h2><p class="article-text">
        Los centros de alojamiento p&uacute;blicos que ofrece la ULL tambi&eacute;n se han quedado peque&ntilde;os. La Universidad cuenta con tres colegios mayores y una residencia, que suman un total de 541 habitaciones entre individuales, dobles y adaptadas. Seg&uacute;n los datos publicados por el centro, hasta el momento se han matriculado para el pr&oacute;ximo curso 17.452 personas. En la ciudad universitaria tambi&eacute;n hay una residencia privada, la Residencia Universitaria Nazaret, de car&aacute;cter religioso y solo para mujeres.
    </p><p class="article-text">
        En enero de este a&ntilde;o, el rector de la ULL, Francisco Garc&iacute;a, y el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Guti&eacute;rrez, presentaron una iniciativa para construir 50 plazas de estudiantes en un terreno municipal en la zona de Guajara. Seg&uacute;n ha explicado a esta redacci&oacute;n Lidia Perera, gerenta de la ULL, la construcci&oacute;n consiste en un &ldquo;sistema industrializado con acero galvanizado&rdquo; por ser &ldquo;m&aacute;s r&aacute;pida&rdquo; que la tradicional. Sin embargo, estas plazas no estar&aacute;n disponibles este curso, ya que la instituci&oacute;n acaba de recibir la propuesta de proyecto. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/034df5bd-d1a1-429b-938c-78eb145560b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tinguaro, estudiante de Antropología en la Universidad de La Laguna. "
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tinguaro, estudiante de Antropología en la Universidad de La Laguna.                             </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Este documento tambi&eacute;n tiene una valoraci&oacute;n econ&oacute;mica, y de esta manera podemos conectar con la administraci&oacute;n de la comunidad aut&oacute;noma y con otras administraciones para poner una hoja de ruta al proyecto en cuanto horizonte temporal y ficha financiera&rdquo;, explica Perera. &ldquo;Pr&aacute;cticamente todas las administraciones est&aacute;n de acuerdo&rdquo;, asegura. 
    </p><p class="article-text">
        El Cabildo de La Palma tambi&eacute;n ha iniciado los tr&aacute;mites para crear una residencia propia en Tenerife para estudiantes palmeros y as&iacute; &ldquo;dar respuesta a las necesidades de alojamiento de los j&oacute;venes de la isla que se desplazan fuera para continuar sus estudios universitarios y de otras disciplinas&rdquo;. La corporaci&oacute;n insular se ampara en la Ley de Cabildos, que les permite ejecutar infraestructuras fuera de su &aacute;mbito territorial para prestar servicios directos a su poblaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Soluciones</strong></h2><p class="article-text">
        El activismo por la vivienda lo tiene claro: &ldquo;El problema no es solo la falta de viviendas, sino un modelo que prioriza el beneficio privado y la vivienda tur&iacute;stica frente al derecho a vivir y estudiar dignamente. La soluci&oacute;n pasa por aumentar la vivienda p&uacute;blica y las residencias universitarias, regular los alquileres en zonas tensionadas y garantizar que ning&uacute;n joven tenga que renunciar a estudiar por no poder pagar una habitaci&oacute;n. La educaci&oacute;n p&uacute;blica solo es realmente igualitaria si tambi&eacute;n se garantiza el derecho a la vivienda&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia G. Vargas, David González Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/universitarios-quedan-pisos-laguna-pierdes-esperanza-ves_1_13475583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 18:04:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c82ab225-9fa7-46e2-ac5f-6bf4ba08b8df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1029y471.jpg" length="2487110" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c82ab225-9fa7-46e2-ac5f-6bf4ba08b8df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1029y471.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2487110" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los universitarios se quedan sin pisos en La Laguna: ''Pierdes la esperanza porque te ves sin nada'']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c82ab225-9fa7-46e2-ac5f-6bf4ba08b8df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1029y471.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descubrirse en los guiris sin camiseta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/descubrirse-guiris-camiseta_132_13401810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6173d2b-9211-494e-aa80-441dcff1cd74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descubrirse en los guiris sin camiseta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En mitad de tantos discursos bélicos, del bombardeo de todo entendimiento, de si la invasión llega en avión o la recoge Salvamento, de reventar con desprecio síntomas como si fueran causas, las marikas de barrio seguimos buscando en los kinkis, los godos, las putas, los moros, los fachas, los viejos, los negros y las doñas la patria que nunca tuvimos. Hallando en “los enemigos”, también, cachitos que nos hablan de nosotras. Aunque duelan</p></div><p class="article-text">
        Los insultos hom&oacute;fobos que recib&iacute; de peque&ntilde;o ten&iacute;an acento canario. Maric&oacute;n, bujarra, trucha, mariquita, julandr&oacute;n. Antes de saber qu&eacute; me gustaba, los ni&ntilde;os del barrio y del colegio quer&iacute;an dejarme claro que yo era distinto, entre burlas, patadones y eses aspiradas. A finales de los 90, nuestras calles a&uacute;n normalizaban la homofobia; a principios de los 2000, Canarias no ten&iacute;a ni un cuarto de los referentes disidentes que tiene hoy. Conocer qui&eacute;n eras implicaba mantener una conversaci&oacute;n continua contigo mismo, sin la relaci&oacute;n honesta con los dem&aacute;s. Construir tu identidad era no poder construirla. 
    </p><p class="article-text">
        En los barrios de &ldquo;la zona metropolitana&rdquo; de Tenerife apenas exist&iacute;a m&aacute;s opci&oacute;n que cargar con la c&aacute;rcel de la heteronormatividad sobre los hombros, sin levantar sospechas. Que no cayera al pasar junto al grupo de t&iacute;os con TN, cadenas y gafas de sol en la nuca. Cruzar de largo, deprisa, sin que se notara el temblor de las piernas. Y al atravesar la plaza, m&aacute;s r&aacute;pido. No dar la oportunidad a ning&uacute;n &ldquo;pibe, &uacute;nete que nos falta uno&rdquo;. El f&uacute;tbol, el Tete, el canari&oacute;n el que no bote, Don Omar, Aventura, Tego Calder&oacute;n, los coches tuneados, el <em>co&ntilde;&oacute;s ese pibonaso</em> y el <em>vuelve a mirarme atravesado pa que t&uacute; veas</em> cimentaban nuestras calles, siendo esta la referencia de la canariedad, tambi&eacute;n, para muchas maricas, bolleras y travelos. 
    </p><p class="article-text">
        Las zonas tur&iacute;sticas funcionaban como oasis para esta realidad. No es casualidad que Puerto de la Cruz fuera cuna de la normalizaci&oacute;n marika en la isla. Para m&iacute;, Los Cristianos-Las Am&eacute;ricas significaba una huida del puto &ldquo;chacho loco&rdquo; que no quer&iacute;a seguir escuchando a nadie para referirse a m&iacute;. All&iacute; pod&iacute;a ser &ldquo;Deivid&rdquo; y performar una persona distinta. Una heterosexualidad, da igual, pero alejada de la homofobia arraigada al barrio canario. Si los guiris tambi&eacute;n insultaban a los mariquitas, la barrera del idioma imped&iacute;a entenderlos. Lo importante era la posibilidad de otro mundo donde las calles sonaban con la m&uacute;sica de Beyonc&eacute;, Rihanna y tantas otras artistas que supon&iacute;an un refugio para las desviadas como yo. 
    </p><p class="article-text">
        Al poco, los paseos por la avenida que un&iacute;a la playa de Los Cristianos con la de Las Am&eacute;ricas cobraron, adem&aacute;s, otro significado: t&iacute;os rubios de ojos claros, cuyos torsos definidos comenzaron a marcar tambi&eacute;n mis inclinaciones sexuales. &ldquo;Las t&iacute;as prefieren que se note la V antes que los abdominales&rdquo;. Lo dec&iacute;a uno de mis amigos cuando pas&aacute;bamos por el tramo donde estaba el Hotel Mediterranean Palace. Yo no era &ldquo;las t&iacute;as&rdquo;, pero a partir de entonces tendr&iacute;a otra parte del cuerpo en la que fijarme en los trayectos entre playas. Ese l&iacute;mite de los laterales donde acababa el abdomen y comenzaba el ba&ntilde;ador.
    </p><p class="article-text">
        Descubrir mi sexualidad en los guiris sin camiseta, libre de la hostilidad del barrio, me permiti&oacute; dos cosas. Dio alas a las fantas&iacute;as sexuales que mi mente personificaba en el cuerpo de un hombre europeo de Francia parriba y, a&ntilde;os despu&eacute;s de tantos mundos y escenas inventadas, la p&eacute;rdida del miedo a fantasear tambi&eacute;n con aquello que hab&iacute;a rechazado. Lo fascinante del deseo es que no responde a la l&oacute;gica o la raz&oacute;n y, sobre todo, que nos lleva hasta los lugares m&aacute;s oscuros e insospechados. 
    </p><p class="article-text">
        El rosario de cuentas negras que me regalaron por mi primera comuni&oacute;n era casi id&eacute;ntico al que luc&iacute;an los kinkis de la barriada de detr&aacute;s de San Honorato. Pon&eacute;rmelo y darle un uso que nunca antes le hab&iacute;a dado, ahora, me llevaba por uno de esos caminos tenebrosos. Y, en las mismas sendas de lo prohibido, tambi&eacute;n invent&eacute; fantas&iacute;as que comenzaron con un <em>&iquest;y c&oacute;mo ser&iacute;a con los matones de la placita?</em>, <em>&iquest;y con un facha?</em>, <em>&iquest;y con los canis que salen en las fotos del ordenador de mi hermana?</em>
    </p><p class="article-text">
        Algunas de aquellas ficciones sexuales dejaron de serlo para materializarse en la vida real, a lo largo de los a&ntilde;os. La realidad fue cambiando. En los barrios de la zona metropolitana se iban derribando las din&aacute;micas que nos marginaban a no pisar algunas calles seg&uacute;n qu&eacute; horas. Desaparecieron, como tambi&eacute;n lo hicieron aquellos vecinos. La homofobia de entonces se redujo con educaci&oacute;n y oleadas de gentrificaci&oacute;n. Kinkis, canis y sudacas expulsados de sus barrios, mientras el n&uacute;mero de guiris sin camiseta aumentaba entre r&eacute;cords de llegadas de viajeros.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, las pintadas que piden a los turistas que se manden a mudar son frecuentes en fachadas, muros y marquesinas. Un grito compartido de desesperaci&oacute;n que, por un lado, se encuentra con un aumento del 6,7% de turistas brit&aacute;nicos el pasado mes de junio y, por otro, con una respuesta que deja de dar verg&uuml;enza volver a pronunciar: &ldquo;El problema no son los turistas, sino los moros&rdquo;. Tensi&oacute;n en las calles, donde se reconstruye qui&eacute;nes son &ldquo;los otros&rdquo;. Y, al poco, un <em>tourists go home</em> que comienza a escribirse con la misma l&oacute;gica que los graffitis <em>machete al machote</em> y <em>todos los hombres son potenciales violadores</em>, para dejar de ser llamadas espont&aacute;neas de auxilio a utilizarse como m&aacute;ximas sobre las que construir imaginarios pol&iacute;ticos que se&ntilde;alan, culpan y moralizan, sin producir cambios en el orden de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas del reconocimiento, que me permitieron disfrutar de las divas pop m&aacute;s all&aacute; del sur turistificado, se quedaron, simplemente, en eso. En reconocer que la precariedad tambi&eacute;n se puede te&ntilde;ir con purpurina. En llenar las farolas de pegatinas que nos identificaban a la contra y que yo tambi&eacute;n pegu&eacute;. En no dejar espacio a comprender por qu&eacute; el mat&oacute;n que pasaba las tardes en las calles del barrio sin estudiar, ni yo, que invert&iacute;a las m&iacute;as bajo la promesa de tener un futuro, nos podemos comprar hoy una casa. 
    </p><p class="article-text">
        La pobreza en nuestros barrios, en la actualidad, es m&aacute;s diversa que nunca. Justo en el momento en que los ecos <em>cara al sol</em> resuenan, aproxim&aacute;ndose, tambi&eacute;n en los colegios. Ante este panorama, las trincheras comienzan a llenarse, apuntando siempre al otro para fusilar cualquier oportunidad en la que poder encontrarse tambi&eacute;n en &eacute;l. A veces, este dice <em>Al&aacute;</em>, <em>parse</em>, <em>Bar&ccedil;a o Barzakh</em>, otras, <em>ciao</em>, <em>vosotros</em>, <em>bye</em>, <em>au revoir</em>. Si el enemigo somos uno de nosotros, ahora tenemos una variedad de opciones donde elegir. Donde escoger, en el repliegue, al hombre de paja causante de todos nuestros males. Donde levantar los muros para estar a salvo de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Y en mitad de tantos discursos b&eacute;licos, del bombardeo de todo entendimiento, de si la invasi&oacute;n llega en avi&oacute;n o la recoge Salvamento, de reventar con desprecio s&iacute;ntomas como si fueran causas, las marikas de barrio seguimos buscando en los kinkis, los godos, las putas, los moros, los fachas, los viejos, los negros y las do&ntilde;as la patria que nunca tuvimos. Hallando en &ldquo;los enemigos&rdquo;, tambi&eacute;n, cachitos que nos hablan de nosotras. Aunque duelan.
    </p><p class="article-text">
        Y grito <em>machirulo de mierda</em> y quiero decir <em>la puta norma que te convierte en hombre desprendi&eacute;ndote de todo lo que nos hace personas</em> y chillo <em>hasta el co&ntilde;o de esta mierda de isla</em> y me refiero a <em>los cabrones de arriba que nos saquean, explotan y precarizan</em> y reviento en un <em>guiri, go home!</em> que, en los caminos de mis deseos, significa <em>entra padentro, a mi casa, por fin, mi casa, que quiero descubrirme de nuevo</em>. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David González Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/descubrirse-guiris-camiseta_132_13401810.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 11:42:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a6173d2b-9211-494e-aa80-441dcff1cd74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="57011" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a6173d2b-9211-494e-aa80-441dcff1cd74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="57011" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Descubrirse en los guiris sin camiseta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a6173d2b-9211-494e-aa80-441dcff1cd74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quevedo y la eterna búsqueda del baifo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/quevedo-eterna-busqueda-baifo_132_13194365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de conversaciones sobre ‘El Baifo’ se mantienen con los mismos enfoques de siempre. Debates, algunos, que nacen de la espontaneidad o la sencillez, y, otros, del rédito o hasta del interés por que sigamos hablando exclusivamente en esos términos</p></div><p class="article-text">
        Ni en la ropa vieja, ni en <strong>Los Gofiones</strong>, ni el ba&ntilde;ito en Las Canteras. El di&aacute;logo sobre la canariedad en el nuevo proyecto de <strong>Quevedo</strong> no se encuentra en las mil y una referencias a las islas que menciona en el mismo. Sino, m&aacute;s bien, en aquello que lo motiva a utilizarlas para empaquetar cada &aacute;pice del disco: la desesperanza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por fa, Diosito, env&iacute;ame un motivo. No te hablo de metas ni de objetivos&rdquo;. Pedro nos confiesa su vac&iacute;o existencial al inicio del &aacute;lbum, tanto en los versos como en la instrumental melanc&oacute;lica, bajada de revoluciones y en contraste con todo lo que se viene despu&eacute;s. Y eso es la <strong>verbena</strong>, el <strong>carnaval</strong>, los <strong>guachinches</strong>, el <strong>mar</strong> y las <strong>pintaderas</strong>. Porque si hay una forma de sobrellevar el desaliento es refugiarse en lo conocido; si existe un lugar al que huir cuando se est&aacute; perdido, ese, &ldquo;est&aacute; en casa&rdquo;. No es casualidad que as&iacute; titule el tema con que abre el &aacute;lbum.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el <em>El Baifo</em> no es m&aacute;s que la historia de un joven veintea&ntilde;ero, de barrio, que experimenta en sus propias carnes las promesas incumplidas de un sistema que te garantiza la plenitud, siempre que labres con esfuerzo tu camino sobre &eacute;l. La realidad es que, a pesar del &eacute;xito y de todo el dinero, puedes hallarte perdido, incluso, habiendo llegado a la meta. Es la crisis de sentido y de reproducci&oacute;n social que plantea la pensadora Nancy Fraser, cuando habla de c&oacute;mo el sistema reduce el valor de la vida a acumulaci&oacute;n, &eacute;xito y estatus: cuando esos objetivos se alcanzan, se descubre que eran fines vac&iacute;os e insuficientes. En este sentido, &ldquo;la canariedad&rdquo; es su bote salvavidas. La &ldquo;forma&rdquo; del &aacute;lbum. Pero no su &ldquo;fondo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su desesperanza no es un secreto: lo dej&oacute; claro, tambi&eacute;n, en una entrevista reciente donde habla de la depresi&oacute;n que pas&oacute;, de lo que le costaba levantarse de la cama cada d&iacute;a o de que a&uacute;n prefiere compartir piso para no sentirse solo. Entonces, si Quevedo se&ntilde;ala la Luna, &iquest;por qu&eacute; miramos su dedo? Si menciona ese mal que tambi&eacute;n azota Canarias, &iquest;por qu&eacute; nos distraemos solo en lo anecd&oacute;tico e identitario? La mayor&iacute;a de conversaciones sobre <em>El</em> <em>Baifo</em> se mantienen con los mismos enfoques de siempre. Debates, algunos, que nacen de la espontaneidad o la sencillez, y, otros, del r&eacute;dito o hasta del inter&eacute;s por que sigamos hablando exclusivamente en esos t&eacute;rminos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado de tomar este trabajo de Quevedo como referencia para el debate de la canariedad, tal y como quieren muchos medios y partidos, es que la discusi&oacute;n se limita a lo simb&oacute;lico y, de ah&iacute;, se construye la opini&oacute;n p&uacute;blica. Desde esta mirada, se aplauden las referencias &ldquo;canarias&rdquo; del disco, pero tambi&eacute;n se le critica que abuse de un imaginario canario de &ldquo;playa&rdquo; y &ldquo;munchitos&rdquo;; se agradece la proyecci&oacute;n internacional de una cultura canaria ninguneada, pero se reprocha la atracci&oacute;n tur&iacute;stica que ello pueda conllevar; se le excusa la ausencia de discurso reivindicativo, &ldquo;por su juventud&rdquo;, pero se le exige la responsabilidad de un pol&iacute;tico. Todos estos di&aacute;logos son v&aacute;lidos y, de ellos, seguro que hay algo provechoso de lo que aprender. No obstante, los c&oacute;digos desde donde nacen no responden a la cuesti&oacute;n que se deja entrever, tambi&eacute;n, en este disco: que el fondo no es la canariedad, sino la l&oacute;gica capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Partiendo de la idea de que nuestra identidad se encuentra inmiscuida en este sistema injusto y neoliberal, nos puede chirriar, entonces, que el debate sobre <em>El Baifo </em>se resuma en m&aacute;ximas que aseguran que Quevedo ha hecho m&aacute;s por la canariedad que Coalici&oacute;n Canaria en 30 a&ntilde;os. Sobre todo, porque los imaginarios que apela el artista son los mismos que ha promovido el nacionalismo de derechas durante todo ese tiempo. De ah&iacute;, incluso, que las juventudes del mismo partido reivindiquen su discurso, explicando que &ldquo;la identidad canaria no es moda&rdquo; y que &ldquo;como Quevedo, de aqu&iacute; pal mundo, sin olvidar de d&oacute;nde viene&rdquo;. Si hay algo que me preocupa en todo esto es que un proyecto que abusa de lo simb&oacute;lico sea el horizonte con el que la gente se conforme y construya su identidad. Si es as&iacute;, seguiremos andando en c&iacute;rculos en la misma casilla de salida.
    </p><p class="article-text">
        No solo es que no podamos dejar los debates de la identidad en manos de los mismos, sino que debemos superar los marcos desde donde los plantean, re-situ&aacute;ndolos. Y m&aacute;s en este caso. Porque ni los prejuicios sobre la m&uacute;sica urbana ni las contradicciones del <em>mainstream</em> para transformar el sistema tienen que ver con la canariedad, sino con una losa colonial y capitalista de la que, por supuesto, debemos hablar tambi&eacute;n desde las islas.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es que Quevedo haga el disco que quiera hacer, del que se desprenden temas interesant&iacute;simos sobre los que reflexionar: de la fiesta como refugio tras una ruptura, de las limitaciones del amor rom&aacute;ntico, de lo &ldquo;pol&iacute;ticamente incorrecto&rdquo; que supone mezclar a Los Gofiones en una canci&oacute;n donde hablas de tirarte a una t&iacute;a, de visiones feministas neopuritanas (que se&ntilde;alar&iacute;an versos como &ldquo;Yo no me merezco nada bueno, ma, cast&iacute;game&rdquo;) o de aquellas m&aacute;s transformadoras que razonar&iacute;an sobre el consentimiento situado, a pesar de la insistencia del cantante a la hora de conseguir acostarse con otra chica porque es &ldquo;un caprichoso&rdquo;. Todas estas cuestiones nos acercan al artista y todas sus contradicciones. Rebeldes y hermosamente imperfectas.
    </p><p class="article-text">
        Por contra, lo problem&aacute;tico es entender todo lo anterior en un debate exclusivo sobre &ldquo;la canariedad&rdquo;. En este sentido, si vinculamos la identidad y el tema de fondo del disco de Quevedo, deber&iacute;amos estar discutiendo sobre c&oacute;mo su condici&oacute;n de multimillonario le da acceso a la posibilidad de construirse a s&iacute; mismo con todas las facilidades de las que carecemos el resto. Tomando la crisis existencial que plantea al inicio del &aacute;lbum, en un contexto de precariedad laboral, turistificaci&oacute;n y gentrificaci&oacute;n, &iquest;qui&eacute;n tiene la ventaja de regresar a las islas sin impedimentos? &iquest;Qui&eacute;n puede llenar su vac&iacute;o vital sin prisas, sin trabajar? &iquest;Qui&eacute;n se puede permitir, a fin de cuentas, ser canario? Esta es la realidad que nos aleja del artista y todos sus privilegios. Innumerables e injustamente distribuidos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La justicia de ning&uacute;n pueblo, tampoco del canario, depende de la voluntad de ning&uacute;n rico. Sin embargo, s&iacute; podemos tomar una postura con ellos que no sea la que nos sit&uacute;e a la espera de sus actos, evitando as&iacute; futuras decepciones, sino a la delantera de sus (posibles) decisiones. Quevedo canta, en una de sus canciones, que odia el dinero y que, &ldquo;cualquier d&iacute;a&rdquo;, lo reparte por la isla. No se me ocurre mejor propuesta: Pedro, no habr&aacute; disco ni proyecto capaz de hacer m&aacute;s por &ldquo;lo de aqu&iacute;&rdquo; que invertir tu fortuna en una industria musical, del espect&aacute;culo. Una que contribuya a diversificar la econom&iacute;a y que pueda garantizar unas condiciones de vida materiales dignas para que todos aquellos que escuchan tu m&uacute;sica, y tambi&eacute;n los que no, tengan la oportunidad de tener un futuro y la libertad de decidir si mudarse en alg&uacute;n momento, o no hacerlo &ldquo;ni borracho&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquello que engloba la obra de la fil&oacute;sofa &Aacute;ngela Davis se resume en esta dicotom&iacute;a que mantiene Quevedo, cuando afirma que ser rico le encanta pero tambi&eacute;n le supone &ldquo;una condena&rdquo;: y es que la libertad individual no puede separarse de la liberaci&oacute;n colectiva. As&iacute;, para que el sentido de ninguna vida siga sujeto a la precariedad de ning&uacute;n pueblo, cabe resituar la canariedad en la escala global capitalista que sostiene toda identidad. Este art&iacute;culo no es m&aacute;s que una invitaci&oacute;n: al lector, a repensarnos desde estas coordenadas, y a Pedro, a encontrarse a s&iacute; mismo en la lucha de liberaci&oacute;n de nuestro pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que no hace falta buscar m&aacute;s, el baifo nunca se fue. Sigamos construyendo la canariedad en las calles, en cada reivindicaci&oacute;n. Con todo el baile, todo el disfrute y, por supuesto, con todo el reguet&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David González Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/quevedo-eterna-busqueda-baifo_132_13194365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 16:28:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Quevedo y la eterna búsqueda del baifo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando a la Ciudad Patrimonio la llamábamos, simplemente, nuestro barrio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ciudad-patrimonio-llamabamos-simplemente-barrio_132_13107473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Gentrificar no depende de un origen, sino, más bien, de una clase social. Y de estos procesos también han participado y se han beneficiado canarios y canarias con apellidos, alcaldías y concejalías</p></div><p class="article-text">
        Todo lugar tiene su historia. Cada historia, un narrador. En La Laguna, desde que el centro fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, la voz de vecinos y vecinas se ha ido dejando de escuchar, no obstante, en el relato de esa ciudad que un d&iacute;a fue un hogar. Poco a poco, otros intereses y motivaciones fueron prescribiendo el porvenir de un entorno que entend&iacute;an con mucho potencial, hasta ahora. El futuro ya es hoy. Y, hoy, hablar de La Laguna se ha convertido en mantener una conversaci&oacute;n sobre el pasado.
    </p><p class="article-text">
        Desde las instituciones, hacia afuera del municipio y del archipi&eacute;lago, se sigue narrando la cr&oacute;nica de la que fue la primera capital de Tenerife, amurallada por monta&ntilde;as, y cuyo plano urban&iacute;stico sirvi&oacute; de modelo para construir las primeras ciudades en la Am&eacute;rica de Col&oacute;n. Pero, hacia adentro, esa creciente promoci&oacute;n tur&iacute;stica fue introduciendo, tambi&eacute;n en el imaginario de la gente local, nuevas palabras, nuevas pr&aacute;cticas y hasta nuevos comportamientos que contribuyeron a modificar el n&uacute;cleo urbano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes, para referirnos a lo que hoy se repite constantemente como Casco Hist&oacute;rico -en anuncios, en carteles por la autopista y hasta en las conversaciones por la calle-, en mi casa de San Honorato solamente lo llam&aacute;bamos &ldquo;subir la subidita&rdquo;. Aun admirando la importancia hist&oacute;rica del lugar donde viv&iacute;amos, hac&iacute;amos justo eso: vivirlo. Y, como todo canario de barrio, nos invent&aacute;bamos palabras y expresiones redundantes. As&iacute;, desde Las Mercedes, &ldquo;Casco Hist&oacute;rico&rdquo; era &ldquo;bajar pabajo&rdquo; y, desde La Verdellada, &ldquo;subir parriba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Subidita es esa parte en pendiente de la calle Nu&ntilde;ez de la Pe&ntilde;a, antes de llegar a la Herradores. All&iacute; mi madre iba, de joven, a comprar el pescado; luego, conmigo de la mano, a mirarse algo de ropa; a&ntilde;os despu&eacute;s, a por fruta y, m&aacute;s tarde, juntos, a desayunar en la cafeter&iacute;a Santamarta unas tostadas con caf&eacute; y un zumo de naranja por menos de 4 euros cada uno. Lo que antes era una calle en la que estar, ahora es un tramo de paso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso que hab&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de la Subidita se sent&iacute;a barrio: una extensi&oacute;n m&aacute;s de tu casa por la que caminabas tambi&eacute;n en cholas. De adolescente, mi mejor fin de semana pod&iacute;a empezar con un barraquito en la terraza de cualquier bar de la Concepci&oacute;n -donde siempre ten&iacute;as mesa-, antes de un paseo tranquilo hasta el Adelantado, &ldquo;la plaza de abajo&rdquo;. Y ya de vuelta a casa, otra plaza, la de San Honorato. Donde el Colectivo La Estaci&oacute;n proyectaba sus <em>Barriometrajes</em> a modo cine de verano, donde los alumnos de L&aacute;zaro jugaban al voley con sus postes de hierro y neum&aacute;tico, donde Airam, Yamil, Omar, Fanny, Adriana, Zuri, mi hermana y yo, de ni&ntilde;os, invent&aacute;bamos cualquier momento. Entre mis favoritos, recorrer en bici las carreteras del barrio crey&eacute;ndome que conduc&iacute;a una moto. No hab&iacute;a peligro; apenas transitaban coches. Todav&iacute;a San Honorato no se hab&iacute;a consolidado en lo que es hoy: el p&aacute;rking de La Laguna.
    </p><p class="article-text">
        La gentrificaci&oacute;n iba ocurriendo a medida que, como yo, tantos laguneros y laguneras segu&iacute;amos viviendo la calle como un hogar del que, gradualmente, nos han ido expulsando. No solo &ldquo;gente de fuera&rdquo;, sino tambi&eacute;n &ldquo;gente de dentro&rdquo;. Gentrificar no depende de un origen, sino, m&aacute;s bien, de una clase social. Y de estos procesos tambi&eacute;n han participado y se han beneficiado canarios y canarias con apellidos, alcald&iacute;as y concejal&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os anteriores a la pandemia, la idea de la ciudad como centro de ocio insular ya se hab&iacute;a afianzado. Los fines de semana eran r&iacute;os de personas de cualquier parte de la isla, atra&iacute;dos por una actividad comercial feroz y la mayor oferta de locales de restauraci&oacute;n en Canarias. Con ello, una revalorizaci&oacute;n que fue produciendo el encarecimiento de la vida y la expulsi&oacute;n de unos vecinos por otros, de rentas m&aacute;s altas. Pero lleg&oacute; 2020 y a la gentrificaci&oacute;n se le sum&oacute; un proceso de turistificaci&oacute;n de espacios comunes nunca visto. El resultado es que, entre ambas fases, pre y post-covid, en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, solo el precio del alquiler ha subido un 120%. Si en 2016 la media de un piso de 60 m2 era de 330 euros, hoy, lo m&aacute;s habitual es encontrarlo, de temporada, por 1.000. As&iacute;, entre franquicias, tiendas de souvenirs y cierres de comercio local, es como han ido matando al barrio, en favor &uacute;nico de la Ciudad Patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        La investigadora Elena P&eacute;rez Gonz&aacute;lez recuerda que La Laguna no tuvo hasta 2021 un &oacute;rgano de asesoramiento que sirviera como &ldquo;cauce de participaci&oacute;n de vecinos y vecinas implicadas en la conservaci&oacute;n del patrimonio cultural&rdquo;. Se tardaron 22 a&ntilde;os para materializar esta petici&oacute;n de la UNESCO que, remiti&eacute;ndonos a los hechos, sigue sin responder a las demandas vecinales. La ciudad ya no se cuenta con nuestras voces, porque nuestras voces ya no las cuentan. Pero seguimos teniendo mucho que decir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La situaci&oacute;n es insostenible en todos los aspectos&rdquo;; &ldquo;poco queda ya del lugar que era&rdquo;; &ldquo;la ciudad est&aacute; perdiendo su identidad y se est&aacute; convirtiendo en una gran urbe del mont&oacute;n&rdquo;; &ldquo;ya lo normal es pasear e ir cruz&aacute;ndote a cada rato grupos enormes de turistas&rdquo;; &ldquo;no se puede vivir&rdquo;; &ldquo;se la han cargado como pueblo&rdquo;; &ldquo;la mentalidad continental no cabe en las islas&rdquo;; &ldquo;yo salgo poco porque me pongo de mal humor&rdquo;; &ldquo;es como una cr&oacute;nica de una muerte anunciada para todos los negocios&rdquo;; &ldquo;empec&eacute; a escribir y me cans&eacute;&rdquo;. Solo son algunos de tantos mensajes que recibo en mi perfil de redes sociales casi a diario.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos del ahora a&ntilde;orando lo que ya queda lejano. Lo &uacute;nico que nos han dejado es la nostalgia de la ciudad que un d&iacute;a fue. No obstante, es en estas conversaciones donde tambi&eacute;n nos estamos encontrando. Recuperando La Laguna a cada palabra. Nuestros representantes pol&iacute;ticos, aquellos que han gobernando las islas durante 30 a&ntilde;os, lo saben. As&iacute;, no es balad&iacute; que en los &uacute;ltimos meses hayan sumado, al debate, sus mon&oacute;logos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En sus comunicados tambi&eacute;n hablan de La Laguna como una realidad pret&eacute;rita y, desde ah&iacute;, nacen sus propuestas. Como individualizar un problema estructural -la ca&iacute;da de ventas del comercio local- culpabilizando a los vecinos que no llegamos a fin de mes, vaciar el potencial de la pol&iacute;tica eludiendo la responsabilidad que conservan en ayuntamientos, cabildos y gobiernos, o celebrar como &eacute;xito meros parches de contenci&oacute;n. La ciudad la han cimentado desde una mirada anclada en el pasado, desde donde la siguen erigiendo. Por eso, ninguna soluci&oacute;n llega a tiempo. Y, de tiempos, el suyo, ya qued&oacute; tarde.
    </p><p class="article-text">
        Porque todo lugar tiene su historia. Cada historia, un final. Y a pesar del desarraigo y de la falta de un hogar, los vecinos seguimos construyendo otra La Laguna posible con m&aacute;s vocablos inventados. Para que la fosa donde cavan la Ciudad Patrimonio no sea la tumba de nuestra ciudad. Para que de cada grieta del Casco Hist&oacute;rico salgan pafuera, de nuevo, todos nuestros barrios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David González Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ciudad-patrimonio-llamabamos-simplemente-barrio_132_13107473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 15:23:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando a la Ciudad Patrimonio la llamábamos, simplemente, nuestro barrio]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
