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    <title><![CDATA[elDiario.es - David González Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-gonzalez-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David González Martín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Quevedo y la eterna búsqueda del baifo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/quevedo-eterna-busqueda-baifo_132_13194365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de conversaciones sobre ‘El Baifo’ se mantienen con los mismos enfoques de siempre. Debates, algunos, que nacen de la espontaneidad o la sencillez, y, otros, del rédito o hasta del interés por que sigamos hablando exclusivamente en esos términos</p></div><p class="article-text">
        Ni en la ropa vieja, ni en <strong>Los Gofiones</strong>, ni el ba&ntilde;ito en Las Canteras. El di&aacute;logo sobre la canariedad en el nuevo proyecto de <strong>Quevedo</strong> no se encuentra en las mil y una referencias a las islas que menciona en el mismo. Sino, m&aacute;s bien, en aquello que lo motiva a utilizarlas para empaquetar cada &aacute;pice del disco: la desesperanza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por fa, Diosito, env&iacute;ame un motivo. No te hablo de metas ni de objetivos&rdquo;. Pedro nos confiesa su vac&iacute;o existencial al inicio del &aacute;lbum, tanto en los versos como en la instrumental melanc&oacute;lica, bajada de revoluciones y en contraste con todo lo que se viene despu&eacute;s. Y eso es la <strong>verbena</strong>, el <strong>carnaval</strong>, los <strong>guachinches</strong>, el <strong>mar</strong> y las <strong>pintaderas</strong>. Porque si hay una forma de sobrellevar el desaliento es refugiarse en lo conocido; si existe un lugar al que huir cuando se est&aacute; perdido, ese, &ldquo;est&aacute; en casa&rdquo;. No es casualidad que as&iacute; titule el tema con que abre el &aacute;lbum.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el <em>El Baifo</em> no es m&aacute;s que la historia de un joven veintea&ntilde;ero, de barrio, que experimenta en sus propias carnes las promesas incumplidas de un sistema que te garantiza la plenitud, siempre que labres con esfuerzo tu camino sobre &eacute;l. La realidad es que, a pesar del &eacute;xito y de todo el dinero, puedes hallarte perdido, incluso, habiendo llegado a la meta. Es la crisis de sentido y de reproducci&oacute;n social que plantea la pensadora Nancy Fraser, cuando habla de c&oacute;mo el sistema reduce el valor de la vida a acumulaci&oacute;n, &eacute;xito y estatus: cuando esos objetivos se alcanzan, se descubre que eran fines vac&iacute;os e insuficientes. En este sentido, &ldquo;la canariedad&rdquo; es su bote salvavidas. La &ldquo;forma&rdquo; del &aacute;lbum. Pero no su &ldquo;fondo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su desesperanza no es un secreto: lo dej&oacute; claro, tambi&eacute;n, en una entrevista reciente donde habla de la depresi&oacute;n que pas&oacute;, de lo que le costaba levantarse de la cama cada d&iacute;a o de que a&uacute;n prefiere compartir piso para no sentirse solo. Entonces, si Quevedo se&ntilde;ala la Luna, &iquest;por qu&eacute; miramos su dedo? Si menciona ese mal que tambi&eacute;n azota Canarias, &iquest;por qu&eacute; nos distraemos solo en lo anecd&oacute;tico e identitario? La mayor&iacute;a de conversaciones sobre <em>El</em> <em>Baifo</em> se mantienen con los mismos enfoques de siempre. Debates, algunos, que nacen de la espontaneidad o la sencillez, y, otros, del r&eacute;dito o hasta del inter&eacute;s por que sigamos hablando exclusivamente en esos t&eacute;rminos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado de tomar este trabajo de Quevedo como referencia para el debate de la canariedad, tal y como quieren muchos medios y partidos, es que la discusi&oacute;n se limita a lo simb&oacute;lico y, de ah&iacute;, se construye la opini&oacute;n p&uacute;blica. Desde esta mirada, se aplauden las referencias &ldquo;canarias&rdquo; del disco, pero tambi&eacute;n se le critica que abuse de un imaginario canario de &ldquo;playa&rdquo; y &ldquo;munchitos&rdquo;; se agradece la proyecci&oacute;n internacional de una cultura canaria ninguneada, pero se reprocha la atracci&oacute;n tur&iacute;stica que ello pueda conllevar; se le excusa la ausencia de discurso reivindicativo, &ldquo;por su juventud&rdquo;, pero se le exige la responsabilidad de un pol&iacute;tico. Todos estos di&aacute;logos son v&aacute;lidos y, de ellos, seguro que hay algo provechoso de lo que aprender. No obstante, los c&oacute;digos desde donde nacen no responden a la cuesti&oacute;n que se deja entrever, tambi&eacute;n, en este disco: que el fondo no es la canariedad, sino la l&oacute;gica capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Partiendo de la idea de que nuestra identidad se encuentra inmiscuida en este sistema injusto y neoliberal, nos puede chirriar, entonces, que el debate sobre <em>El Baifo </em>se resuma en m&aacute;ximas que aseguran que Quevedo ha hecho m&aacute;s por la canariedad que Coalici&oacute;n Canaria en 30 a&ntilde;os. Sobre todo, porque los imaginarios que apela el artista son los mismos que ha promovido el nacionalismo de derechas durante todo ese tiempo. De ah&iacute;, incluso, que las juventudes del mismo partido reivindiquen su discurso, explicando que &ldquo;la identidad canaria no es moda&rdquo; y que &ldquo;como Quevedo, de aqu&iacute; pal mundo, sin olvidar de d&oacute;nde viene&rdquo;. Si hay algo que me preocupa en todo esto es que un proyecto que abusa de lo simb&oacute;lico sea el horizonte con el que la gente se conforme y construya su identidad. Si es as&iacute;, seguiremos andando en c&iacute;rculos en la misma casilla de salida.
    </p><p class="article-text">
        No solo es que no podamos dejar los debates de la identidad en manos de los mismos, sino que debemos superar los marcos desde donde los plantean, re-situ&aacute;ndolos. Y m&aacute;s en este caso. Porque ni los prejuicios sobre la m&uacute;sica urbana ni las contradicciones del <em>mainstream</em> para transformar el sistema tienen que ver con la canariedad, sino con una losa colonial y capitalista de la que, por supuesto, debemos hablar tambi&eacute;n desde las islas.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es que Quevedo haga el disco que quiera hacer, del que se desprenden temas interesant&iacute;simos sobre los que reflexionar: de la fiesta como refugio tras una ruptura, de las limitaciones del amor rom&aacute;ntico, de lo &ldquo;pol&iacute;ticamente incorrecto&rdquo; que supone mezclar a Los Gofiones en una canci&oacute;n donde hablas de tirarte a una t&iacute;a, de visiones feministas neopuritanas (que se&ntilde;alar&iacute;an versos como &ldquo;Yo no me merezco nada bueno, ma, cast&iacute;game&rdquo;) o de aquellas m&aacute;s transformadoras que razonar&iacute;an sobre el consentimiento situado, a pesar de la insistencia del cantante a la hora de conseguir acostarse con otra chica porque es &ldquo;un caprichoso&rdquo;. Todas estas cuestiones nos acercan al artista y todas sus contradicciones. Rebeldes y hermosamente imperfectas.
    </p><p class="article-text">
        Por contra, lo problem&aacute;tico es entender todo lo anterior en un debate exclusivo sobre &ldquo;la canariedad&rdquo;. En este sentido, si vinculamos la identidad y el tema de fondo del disco de Quevedo, deber&iacute;amos estar discutiendo sobre c&oacute;mo su condici&oacute;n de multimillonario le da acceso a la posibilidad de construirse a s&iacute; mismo con todas las facilidades de las que carecemos el resto. Tomando la crisis existencial que plantea al inicio del &aacute;lbum, en un contexto de precariedad laboral, turistificaci&oacute;n y gentrificaci&oacute;n, &iquest;qui&eacute;n tiene la ventaja de regresar a las islas sin impedimentos? &iquest;Qui&eacute;n puede llenar su vac&iacute;o vital sin prisas, sin trabajar? &iquest;Qui&eacute;n se puede permitir, a fin de cuentas, ser canario? Esta es la realidad que nos aleja del artista y todos sus privilegios. Innumerables e injustamente distribuidos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La justicia de ning&uacute;n pueblo, tampoco del canario, depende de la voluntad de ning&uacute;n rico. Sin embargo, s&iacute; podemos tomar una postura con ellos que no sea la que nos sit&uacute;e a la espera de sus actos, evitando as&iacute; futuras decepciones, sino a la delantera de sus (posibles) decisiones. Quevedo canta, en una de sus canciones, que odia el dinero y que, &ldquo;cualquier d&iacute;a&rdquo;, lo reparte por la isla. No se me ocurre mejor propuesta: Pedro, no habr&aacute; disco ni proyecto capaz de hacer m&aacute;s por &ldquo;lo de aqu&iacute;&rdquo; que invertir tu fortuna en una industria musical, del espect&aacute;culo. Una que contribuya a diversificar la econom&iacute;a y que pueda garantizar unas condiciones de vida materiales dignas para que todos aquellos que escuchan tu m&uacute;sica, y tambi&eacute;n los que no, tengan la oportunidad de tener un futuro y la libertad de decidir si mudarse en alg&uacute;n momento, o no hacerlo &ldquo;ni borracho&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquello que engloba la obra de la fil&oacute;sofa &Aacute;ngela Davis se resume en esta dicotom&iacute;a que mantiene Quevedo, cuando afirma que ser rico le encanta pero tambi&eacute;n le supone &ldquo;una condena&rdquo;: y es que la libertad individual no puede separarse de la liberaci&oacute;n colectiva. As&iacute;, para que el sentido de ninguna vida siga sujeto a la precariedad de ning&uacute;n pueblo, cabe resituar la canariedad en la escala global capitalista que sostiene toda identidad. Este art&iacute;culo no es m&aacute;s que una invitaci&oacute;n: al lector, a repensarnos desde estas coordenadas, y a Pedro, a encontrarse a s&iacute; mismo en la lucha de liberaci&oacute;n de nuestro pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que no hace falta buscar m&aacute;s, el baifo nunca se fue. Sigamos construyendo la canariedad en las calles, en cada reivindicaci&oacute;n. Con todo el baile, todo el disfrute y, por supuesto, con todo el reguet&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David González Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/quevedo-eterna-busqueda-baifo_132_13194365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 16:28:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Quevedo y la eterna búsqueda del baifo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando a la Ciudad Patrimonio la llamábamos, simplemente, nuestro barrio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ciudad-patrimonio-llamabamos-simplemente-barrio_132_13107473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Gentrificar no depende de un origen, sino, más bien, de una clase social. Y de estos procesos también han participado y se han beneficiado canarios y canarias con apellidos, alcaldías y concejalías</p></div><p class="article-text">
        Todo lugar tiene su historia. Cada historia, un narrador. En La Laguna, desde que el centro fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, la voz de vecinos y vecinas se ha ido dejando de escuchar, no obstante, en el relato de esa ciudad que un d&iacute;a fue un hogar. Poco a poco, otros intereses y motivaciones fueron prescribiendo el porvenir de un entorno que entend&iacute;an con mucho potencial, hasta ahora. El futuro ya es hoy. Y, hoy, hablar de La Laguna se ha convertido en mantener una conversaci&oacute;n sobre el pasado.
    </p><p class="article-text">
        Desde las instituciones, hacia afuera del municipio y del archipi&eacute;lago, se sigue narrando la cr&oacute;nica de la que fue la primera capital de Tenerife, amurallada por monta&ntilde;as, y cuyo plano urban&iacute;stico sirvi&oacute; de modelo para construir las primeras ciudades en la Am&eacute;rica de Col&oacute;n. Pero, hacia adentro, esa creciente promoci&oacute;n tur&iacute;stica fue introduciendo, tambi&eacute;n en el imaginario de la gente local, nuevas palabras, nuevas pr&aacute;cticas y hasta nuevos comportamientos que contribuyeron a modificar el n&uacute;cleo urbano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes, para referirnos a lo que hoy se repite constantemente como Casco Hist&oacute;rico -en anuncios, en carteles por la autopista y hasta en las conversaciones por la calle-, en mi casa de San Honorato solamente lo llam&aacute;bamos &ldquo;subir la subidita&rdquo;. Aun admirando la importancia hist&oacute;rica del lugar donde viv&iacute;amos, hac&iacute;amos justo eso: vivirlo. Y, como todo canario de barrio, nos invent&aacute;bamos palabras y expresiones redundantes. As&iacute;, desde Las Mercedes, &ldquo;Casco Hist&oacute;rico&rdquo; era &ldquo;bajar pabajo&rdquo; y, desde La Verdellada, &ldquo;subir parriba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Subidita es esa parte en pendiente de la calle Nu&ntilde;ez de la Pe&ntilde;a, antes de llegar a la Herradores. All&iacute; mi madre iba, de joven, a comprar el pescado; luego, conmigo de la mano, a mirarse algo de ropa; a&ntilde;os despu&eacute;s, a por fruta y, m&aacute;s tarde, juntos, a desayunar en la cafeter&iacute;a Santamarta unas tostadas con caf&eacute; y un zumo de naranja por menos de 4 euros cada uno. Lo que antes era una calle en la que estar, ahora es un tramo de paso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso que hab&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de la Subidita se sent&iacute;a barrio: una extensi&oacute;n m&aacute;s de tu casa por la que caminabas tambi&eacute;n en cholas. De adolescente, mi mejor fin de semana pod&iacute;a empezar con un barraquito en la terraza de cualquier bar de la Concepci&oacute;n -donde siempre ten&iacute;as mesa-, antes de un paseo tranquilo hasta el Adelantado, &ldquo;la plaza de abajo&rdquo;. Y ya de vuelta a casa, otra plaza, la de San Honorato. Donde el Colectivo La Estaci&oacute;n proyectaba sus <em>Barriometrajes</em> a modo cine de verano, donde los alumnos de L&aacute;zaro jugaban al voley con sus postes de hierro y neum&aacute;tico, donde Airam, Yamil, Omar, Fanny, Adriana, Zuri, mi hermana y yo, de ni&ntilde;os, invent&aacute;bamos cualquier momento. Entre mis favoritos, recorrer en bici las carreteras del barrio crey&eacute;ndome que conduc&iacute;a una moto. No hab&iacute;a peligro; apenas transitaban coches. Todav&iacute;a San Honorato no se hab&iacute;a consolidado en lo que es hoy: el p&aacute;rking de La Laguna.
    </p><p class="article-text">
        La gentrificaci&oacute;n iba ocurriendo a medida que, como yo, tantos laguneros y laguneras segu&iacute;amos viviendo la calle como un hogar del que, gradualmente, nos han ido expulsando. No solo &ldquo;gente de fuera&rdquo;, sino tambi&eacute;n &ldquo;gente de dentro&rdquo;. Gentrificar no depende de un origen, sino, m&aacute;s bien, de una clase social. Y de estos procesos tambi&eacute;n han participado y se han beneficiado canarios y canarias con apellidos, alcald&iacute;as y concejal&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os anteriores a la pandemia, la idea de la ciudad como centro de ocio insular ya se hab&iacute;a afianzado. Los fines de semana eran r&iacute;os de personas de cualquier parte de la isla, atra&iacute;dos por una actividad comercial feroz y la mayor oferta de locales de restauraci&oacute;n en Canarias. Con ello, una revalorizaci&oacute;n que fue produciendo el encarecimiento de la vida y la expulsi&oacute;n de unos vecinos por otros, de rentas m&aacute;s altas. Pero lleg&oacute; 2020 y a la gentrificaci&oacute;n se le sum&oacute; un proceso de turistificaci&oacute;n de espacios comunes nunca visto. El resultado es que, entre ambas fases, pre y post-covid, en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, solo el precio del alquiler ha subido un 120%. Si en 2016 la media de un piso de 60 m2 era de 330 euros, hoy, lo m&aacute;s habitual es encontrarlo, de temporada, por 1.000. As&iacute;, entre franquicias, tiendas de souvenirs y cierres de comercio local, es como han ido matando al barrio, en favor &uacute;nico de la Ciudad Patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        La investigadora Elena P&eacute;rez Gonz&aacute;lez recuerda que La Laguna no tuvo hasta 2021 un &oacute;rgano de asesoramiento que sirviera como &ldquo;cauce de participaci&oacute;n de vecinos y vecinas implicadas en la conservaci&oacute;n del patrimonio cultural&rdquo;. Se tardaron 22 a&ntilde;os para materializar esta petici&oacute;n de la UNESCO que, remiti&eacute;ndonos a los hechos, sigue sin responder a las demandas vecinales. La ciudad ya no se cuenta con nuestras voces, porque nuestras voces ya no las cuentan. Pero seguimos teniendo mucho que decir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La situaci&oacute;n es insostenible en todos los aspectos&rdquo;; &ldquo;poco queda ya del lugar que era&rdquo;; &ldquo;la ciudad est&aacute; perdiendo su identidad y se est&aacute; convirtiendo en una gran urbe del mont&oacute;n&rdquo;; &ldquo;ya lo normal es pasear e ir cruz&aacute;ndote a cada rato grupos enormes de turistas&rdquo;; &ldquo;no se puede vivir&rdquo;; &ldquo;se la han cargado como pueblo&rdquo;; &ldquo;la mentalidad continental no cabe en las islas&rdquo;; &ldquo;yo salgo poco porque me pongo de mal humor&rdquo;; &ldquo;es como una cr&oacute;nica de una muerte anunciada para todos los negocios&rdquo;; &ldquo;empec&eacute; a escribir y me cans&eacute;&rdquo;. Solo son algunos de tantos mensajes que recibo en mi perfil de redes sociales casi a diario.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos del ahora a&ntilde;orando lo que ya queda lejano. Lo &uacute;nico que nos han dejado es la nostalgia de la ciudad que un d&iacute;a fue. No obstante, es en estas conversaciones donde tambi&eacute;n nos estamos encontrando. Recuperando La Laguna a cada palabra. Nuestros representantes pol&iacute;ticos, aquellos que han gobernando las islas durante 30 a&ntilde;os, lo saben. As&iacute;, no es balad&iacute; que en los &uacute;ltimos meses hayan sumado, al debate, sus mon&oacute;logos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En sus comunicados tambi&eacute;n hablan de La Laguna como una realidad pret&eacute;rita y, desde ah&iacute;, nacen sus propuestas. Como individualizar un problema estructural -la ca&iacute;da de ventas del comercio local- culpabilizando a los vecinos que no llegamos a fin de mes, vaciar el potencial de la pol&iacute;tica eludiendo la responsabilidad que conservan en ayuntamientos, cabildos y gobiernos, o celebrar como &eacute;xito meros parches de contenci&oacute;n. La ciudad la han cimentado desde una mirada anclada en el pasado, desde donde la siguen erigiendo. Por eso, ninguna soluci&oacute;n llega a tiempo. Y, de tiempos, el suyo, ya qued&oacute; tarde.
    </p><p class="article-text">
        Porque todo lugar tiene su historia. Cada historia, un final. Y a pesar del desarraigo y de la falta de un hogar, los vecinos seguimos construyendo otra La Laguna posible con m&aacute;s vocablos inventados. Para que la fosa donde cavan la Ciudad Patrimonio no sea la tumba de nuestra ciudad. Para que de cada grieta del Casco Hist&oacute;rico salgan pafuera, de nuevo, todos nuestros barrios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David González Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ciudad-patrimonio-llamabamos-simplemente-barrio_132_13107473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 15:23:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando a la Ciudad Patrimonio la llamábamos, simplemente, nuestro barrio]]></media:title>
    </item>
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